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<journal-title><![CDATA[El Ágora U.S.B.]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SOBRE LA MEMORIA, LA CONCIENCIA Y EL PENSAMIENTO EN AMÉRICA LATINA. ENTRE LA LAGUNA Y EL PANTANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Some routes of analyses around the following question: How to incorporate ethically the problem in their daily actions, and similarly, how to avoid the successful strategies of oblivion and indifference? are addressed in this paper. Certain emphasis is made on the gained importance that the popular processes have specially those related to the youth, while, thanks to their narratives, they increase and succeed, on a daily basis, over the authoritarian rhetoric seeking to silence memory.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">      <p>Tipo de art&iacute;culo: De Reflexi&oacute;n</p>      <p align="center"><font size="4"><b>SOBRE LA MEMORIA, LA CONCIENCIA Y EL PENSAMIENTO EN AM&Eacute;RICA LATINA. ENTRE LA LAGUNA Y EL PANTANO</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>ON THE MEMORY, CONSCIOUSNESS, AND THOUGHT IN LATIN AMERICA. BETWEEN THE LAGOON AND THE SWAMP</b></font></p>      <p align="center"><i>Por: Pablo Tasso</i><Sup>1</sup></p>      <p><sup>1</sup> Doctor en Historiograf&iacute;a. Director del Centro de Documentaci&oacute;n e Investigaci&oacute;n Hugo Zemelman (Ipecal-UM). M&eacute;xico. Contacto: <a href="mailto:pablotasso@gmail.com">pablotasso@gmail.com</a>; <a href="mailto:pablotaso@ipecal.edu.mx">pablotaso@ipecal.edu.mx</a>.</p>      <p align="center">Recibido: enero 2015. Revisado: abril 2015. Aceptado: 2 de mayo de 2015</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p>En el presente texto se desarrollan algunas rutas de an&aacute;lisis en torno a la pregunta &iquest;c&oacute;mo incorporar &eacute;ticamente el problema en sus acciones cotidianas, y del mismo modo, c&oacute;mo evitar las exitosas estrategias del olvido y la indiferencia?; Se hace &eacute;nfasis en la ganada importancia que tienen los procesos populares sobre todo juveniles, en tanto que, gracias a sus narrativas, acrecientan y triunfan cotidianamente sobre las ret&oacute;ricas autoritarias que buscan silenciar la memoria.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> Memoria, olvido, conciencia, j&oacute;venes.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>      <p>Some routes of analyses around the following question: How to incorporate ethically the problem in their daily actions, and similarly, how to avoid the successful strategies of oblivion and indifference? are addressed in this paper. Certain emphasis is made on the gained importance that the popular processes have specially those related to the youth, while, thanks to their narratives, they increase and succeed, on a daily basis, over the authoritarian rhetoric seeking to silence memory.</p>      <p><b>Key words:</b> Memory, oblivion, consciousness, and youth.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Las sociedades latinoamericanas se ven desafiadas por el antiguo problema de la memoria de sus v&iacute;ctimas y su exclusi&oacute;n de los relatos del presente. En este sentido, las memorias de la violencia contempor&aacute;nea se presentan como un s&iacute;ntoma de las pol&iacute;ticas del olvido, y a la vez, un s&iacute;ntoma de nuevas ciudadan&iacute;as que reclaman su lugar en la historia moderna. No est&aacute; claro si estas ciudadan&iacute;as lograr&aacute;n transformar las culturas pol&iacute;ticas latinoamericanas -puesto que esto hace a lo central de las din&aacute;micas pol&iacute;ticas del momento actual-, pero algunas sociedades parecen estar haciendo un giro cultural a partir de atribuirse la responsabilidad de construir sus propias memorias del pasado, por fuera de los relatos oficiales dominantes.</p>      <p>Antes de plantearse el problema de c&oacute;mo se vinculan memoria con conciencia y pensamiento conviene advertir que c&oacute;mo ya plantearon muchos autores para la experiencia europea, tambi&eacute;n en Am&eacute;rica Latina hay una tensi&oacute;n clara entre los esfuerzos de la memoria y las pol&iacute;ticas de olvido que atraviesan todos los sectores de la vida social. Por un lado, muchas ciudadan&iacute;as latinoamericanas parecen expresarse contra la naturaleza y las dimensiones de la memoria <i>artificial</i> -como le llam&oacute; (Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, 2003)</p>      <p>que les avasalla con relatos que les son inaceptables. Esta memoria artificial, a trav&eacute;s de las que los poderes estatales lograron construir culturalmente cada pa&iacute;s, es ahora lograda a trav&eacute;s de una narrativa que impone y bloquea representaciones del pasado y por lo tanto, impide que las sociedades construyan y reflexionen no s&oacute;lo sobre sus memorias sino especialmente impidiendo que lo hagan sobre sus proyectos, que es en d&oacute;nde cobran sentido las ideas de conciencia y de pensamiento.</p>      <p>La tarea de obstaculizar la reflexi&oacute;n sobre los sucesos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y culturales supone tambi&eacute;n fragmentar, impedir o manipular los esfuerzos memoriales de las sociedades, dice Ricoeur. Es posible que esto marque nuestras &eacute;pocas, ya que las expectativas de un razonamiento colectivo a trav&eacute;s del consenso p&uacute;blico son parte de una representaci&oacute;n de los poderes dominantes que no se condice con el funcionamiento del mercado de ideas de las sociedades latinoamericanas. En realidad, lo que llamamos consenso social hace mucho que fue conceptualizado como resultado de un proceso de consentimiento de las acciones de los poderes constituidos (Ramonet, 1986) (Chomsky &amp; Herman, 1988)(Castells, 2009) Esto quiere decir, que no hay que suponer que las sociedades, sobre todo las nacionales, tienen muchas capacidades colectivas de razonamiento o incluso, capacidades de tomar decisiones, porque estas se encuentran muy condicionadas por el accionar de los poderes con capacidad de representaci&oacute;n. Esto, que supone un desaf&iacute;o en un plano pol&iacute;tico, tambi&eacute;n lo supone en otros planos, como el trabajo de los historiadores, sin los cuales no pueden operar la mayor&iacute;a de las disciplinas sociales.</p>      <p><b>La memoria como matriz de la representaci&oacute;n hist&oacute;rica</b></p>      <p>La riqueza del ejercicio y del debate en torno a la memoria en la regi&oacute;n (que abarca debates acerca de la naturaleza del fen&oacute;meno, conceptualizaciones, funcionamiento y posibilidades) son un s&iacute;ntoma de fuerza con que ciertas sociedades buscan incidir en los significados y organizaci&oacute;n de los relatos del pasado. Las razones por las que incidir en la construcci&oacute;n del pasado pueden parecer obvias: &quot;discutir el pasado es central porque sus representaciones configuran y validan, no s&oacute;lo los episodios y experiencias del pasado, sino tambi&eacute;n las opciones de futuro de una sociedad&quot; (Pappe, 2007). Este es el escenario en que se dan algunos debates, como los que hacen a las tareas de la historia y la memoria como dispositivos para pensar el pasado, que es el territorio colectivo de la intelecci&oacute;n, y uno de los sillones en la antesala del pensamiento social.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Antes de interpretar las tensiones entre ambos conceptos como oposiciones, como ha planteado Pierre Nora, conviene apreciar que siendo simbi&oacute;ticas, memoria e historia tienen problem&aacute;ticas en s&iacute; mismas adem&aacute;s de las problem&aacute;ticas que supone su propia relaci&oacute;n. Y siempre considerando que <i>c&rsquo;est la m&eacute;moire qui dicte et l&acute;histoire qui</i> &eacute;crit, como ha sostenido. Tambi&eacute;n Ricoeur coincide en el car&aacute;cter matricial de la memoria para la tarea de los historiadores, lo que no siempre se cumple por los intereses que se oponen a quienes hacen memoria (Ankersmit, 2001) Esto supone muchos desaf&iacute;os para quienes trabajamos con representaciones del pasado desde muchos campos de conocimiento, sobre todo porque las memorias impedidas tanto como las abusivas se manifiestan en la dificultad y &eacute;xito desigual para construir l&oacute;gicas de razonamiento propias, lo que es parte fundamental de las nacionalidades latinoamericanas y tambi&eacute;n del pensamiento personal.</p>      <p>Pese a algunos de estos debates, el nuestro es tambi&eacute;n por qu&eacute; la memoria no ha funcionado como matriz de la historia de sus sociedades. Este podr&iacute;a situarse como problema del presente en el sentido de que lo que est&aacute; en juego es el triunfo de las pol&iacute;ticas del olvido. En el caso de las sociedades latinoamericanas, echar al olvido las voces de las v&iacute;ctimas de los estados modernos no solo parece la validaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de control represivo, sino tambi&eacute;n la invalidaci&oacute;n de las opciones de futuro contenidas imaginariamente en las sociedades reprimidas: sus valores, sus recuerdos, sus ideas y todo aquello que, am&eacute;n de ser o no amenazante, formaba parte de lo posible que se arrincona al silencio y a lo impensable. Olvidar el pasado, escribi&oacute; Zemelman, orilla a Am&eacute;rica Latina a &quot;destruirse e inventarse constantemente&quot;, erosionando las posibilidades de tener proyecto a partir del pensamiento colectivo (2000, p 131)</p>      <p><b>La memoria oficial como memoria artificial</b></p>      <p>Una de las posibilidades de trabajar sobre el t&eacute;rmino memoria es el de pensarla dentro de la trama cognitiva de una sociedad determinada, y como parte fundamental de la conciencia colectiva. El problema se ha abordado muchas veces, aunque no es nuestro objetivo rese&ntilde;ar d&oacute;nde ni c&oacute;mo. Caben sin embargo incorporar algunos asuntos acerca de los efectos de la manipulaci&oacute;n de la memoria para las sin&aacute;psis sociales que suponen el verdadero ejercicio democr&aacute;tico.</p>      <p>El primer problema tiene que ver con las dificultades de pensar con y m&aacute;s all&aacute; de nuestro colectivo, aspectos para los que la memoria funciona como condici&oacute;n para reproducir ciertos pensamientos, a recortar o a completar nuestros recuerdos como si se tratara de recuerdos propios y fidedignos. El individuo piensa al interior de los <i>marcos</i> que sociedad y grupos le construyen a los individuos (Halbawchs, 1992) y la reducci&oacute;n de esos marcos, o la construcci&oacute;n de otros nuevos, es la verdadera operaci&oacute;n pol&iacute;tica de los autoritarismos latinoamericanos. Por ello, los sujetos est&aacute;n desafiados a moverse de ellos con la conciencia de que se trata de marcos condicionantes de las subjetividades personales y colectivas. Por otro lado, con un esp&iacute;ritu m&aacute;s sociol&oacute;gico que antropol&oacute;gico, y como aporte a los problemas del lenguaje, Mills pensaba que estos marcos se traduc&iacute;an operativamente para regular las predisposiciones del individuo en &quot;vocabularios de motivo&quot;, para condicionar &quot;los t&eacute;rminos con los cuales se produce una interpretaci&oacute;n de la conducta por los actores sociales&quot; (Wrigth Mills, 1964). Y basta regular la interpretaci&oacute;n de una conducta, como afirman los estudiosos de las culturas pol&iacute;ticas, para que las pr&aacute;cticas se manifiesten al interior de esos encuadres.</p>      <p>Sin lugar a dudas, las historias coloniales y en especial la americana, fueron un escenario especial para el desarrollo de estos mecanismos de organizaci&oacute;n y control de la discursividad social. El siglo de dominaci&oacute;n norteamericana -su especial atenci&oacute;n a la cultura- y modernizaci&oacute;n de los estados autoritarios en la regi&oacute;n replantearon el problema del pasado que hoy emerge en el territorio de la memoria, que no s&oacute;lo es parte fundamental de la construcci&oacute;n hegemon&iacute;a sino tambi&eacute;n de la constituci&oacute;n de la conciencia hist&oacute;rica de los pueblos. La memoria social es entonces el territorio donde la conciencia colectiva siente la intervenci&oacute;n de los poderes. En este sentido, la lucha de las v&iacute;ctimas consiste en evitar que ciertos episodios sean replegados de la memoria, hacia la <i>laguna</i> y por lo tanto, hacia el olvido. En nuestro contexto, la lucha contra este repliegue busca evitar, quiz&aacute; no tan concientemente, que ciertas interpretaciones no sean arrinconadas al territorio de lo indecible e impensable (Angenot, 2010) Como proyecto, la cultura del capitalismo, es una m&aacute;quina eficiente de segregaci&oacute;n, o podr&iacute;a tambi&eacute;n decirse, de inutilizaci&oacute;n de las memorias de las v&iacute;ctimas. Y tambi&eacute;n, una m&aacute;quina capaz de obtener un alto grado de perfeccionamiento en la construcci&oacute;n insoslayable de sus nuevas v&iacute;ctimas, es decir, en la creaci&oacute;n de unas v&iacute;ctimas que ya no saben que lo son, o que el dolor ya no existe en ellas.</p>      <p>El caso mexicano, que hemos estudiado con mayor profundidad, revela los tempranos debates acerca de las interpretaciones colectivas y las posibilidades de las memorias de ser intervenidas mediante la renovaci&oacute;n del aparato narrativo de gobierno. Se trata de un caso d&oacute;nde la elite lleg&oacute; a advertir -hace medio siglo- que la necesidad de controlar las ideas no s&oacute;lo afectaba a las maniobras circunstanciales de un gobierno, sino de evitar que &quot;las opiniones de una generaci&oacute;n&quot; se transformaran &quot;en la pol&iacute;tica de la generaci&oacute;n siguiente&quot; (Tasso, 2014) La puesta en juego de ese gobierno en aquella situaci&oacute;n de descontento, como la que supuso el movimiento estudiantil de 1968 y su masacre en Tlatelolco, evidenci&oacute; las posibilidades de los poderes en la constituci&oacute;n de una trama de significados y motivaciones para los actores sociales que perdurar&iacute;a durante las d&eacute;cadas posteriores. Esta trama logr&oacute; anclar a miles de actores pol&iacute;ticos en el sitio que la ret&oacute;rica oficial necesitaba para explicar su colisi&oacute;n con ellos y, por supuesto, marcar el rumbo de lo tolerado con la eficacia que el cauce tiene con el agua que lo atraviesa. Y m&aacute;s all&aacute; de sus pol&iacute;ticas de olvido -hay que recordar que el lema pos-tlatelolco del movimiento estudiantil ser&iacute;a &quot;2 de octubre: no se olvida&quot;-, lo que el poder mexicano logr&oacute; con su justificaci&oacute;n de la matanza, fue trascender a ella. Y con ese aprendizaje decisivo, las elites autoritarias latinoamericanas en general, obtuvieron una referencia mod&eacute;lica para solucionar los descontentos.</p>      <p>Muchos son los factores que intervinieron en este momento autoritario, indudablemen la guerra fr&iacute;a colabor&oacute; en la construcci&oacute;n de un escenario simb&oacute;lico para esta forma de dirimir en la pol&iacute;tica. La ola de guerras libertarias, por otro lado, explic&oacute; la creencia de algunos grupos en que la opresi&oacute;n derivaba en rebeli&oacute;n. En el caso de 1968, sin embargo, lo que se supon&iacute;a un debate al interior de las fuerzas de lucha democr&aacute;tica, pudo ser trasladado a la <i>ilegalidad</i> por la v&iacute;a de la represi&oacute;n. La complejidad de este tr&aacute;nsito, insistimos, asoma en la regi&oacute;n como un s&iacute;ntoma traum&aacute;tico: imposici&oacute;n, negaci&oacute;n, amnesia, olvidos&hellip; memoria artificial. C&oacute;mo en muchos de los procesos de constituci&oacute;n de los estados-naci&oacute;n, las pol&iacute;ticas de olvido sobre las soluciones sanguinarias son aceptadas y resistidas (Palti, 2003) El problema son las actuales capacidades de los poderes modernos para imponer memorias que negativizan y velan aspectos de la sociedad, memorias que luego ocupan el lugar de la experiencia y de las que es muy dif&iacute;cil puede escapar en la vida cotidiana.</p>      <p><b>Quehacer y qu&eacute; hacer con la memoria</b></p>      <p>Como dijo Nora, mientras los trabajos del historiador pertenecen a la vida prosaica, la memoria pertenece al territorio de lo sagrado. Censurables y trastocables, los recuerdos guardan un tesoro, que aun cuando pueda ser temporalmente inaccesible, contiene lo necesario para reflexionar sobre la experiencia humana. A la vez, la memoria funciona como dique o l&iacute;mite de lo incoherente e inaceptable. Sin embargo, la memoria es un hecho de la experiencia y pueden hacer memoria de esa experiencia s&oacute;lo sus protagonistas. Para ellos, la memoria configura una realidad que no se puede abandonar, sino con la muerte o la locura. El problema lo plantearon tempranamente los <i>tlamatimine</i> aztecas en la ciudad de M&eacute;xico, como primera respuesta articulada a la nueva forma de interpretar el mundo que ofrec&iacute;an los curas y los administradores espa&ntilde;oles.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La respuesta de 1524 no refuta las creencias de sus conquistadores, se las declara inaceptables porque no honran la memoria. Los sabios aztecas cre&iacute;an que lo que los curas y espa&ntilde;oles les propon&iacute;an un relato que supone para ellos una ruptura con sus &quot;progenitores&quot;, con &quot;los que han vivido sobre la tierra&quot; y quienes les &quot;dieron su norma de vida&quot;. Y con una claridad asombrosa ante lo que parece la p&eacute;rdida del sentido de la existencia, se preguntan: &quot;Y ahora, nosotros, &iquest;destruiremos la antigua norma de vida?&quot;. Y reflexionan que ya &quot;es bastante que hayamos perdido nuestro poder&hellip;&quot; como para admitirse sustituir sus interpretaciones hist&oacute;ricas. Y le advierten a los espa&ntilde;oles que seguir&aacute;n pensando lo que piensan &quot;aun cuando los ofendamos&quot;, porque &quot;nosotros sabemos a qui&eacute;n se debe la vida, a quien se debe el nacer&hellip;&quot; Y adem&aacute;s, haciendo uno de los primeres silogismos hist&oacute;ricos que conocemos de la modernidad ind&iacute;gena americana advierten, que si no son respetados en su derecho a pensar de acuerdo a su memoria perecer&aacute;n: &quot;si permanecemos &#91;sin memoria&#93; s&oacute;lo seremos prisioneros. Haced de nosotros los que quer&aacute;is. Esto es todo lo que respondemos&quot; (Dussel, 1994).</p>      <p>Como se desprende, los quehaceres de la memoria suponen desaf&iacute;os dram&aacute;ticos. Hacer memoria supone, como se ha dicho, poder. Porque hacer memoria no es s&oacute;lo &quot;recibir una imagen del pasado; es tambi&eacute;n buscarla, <i>hacer</i> algo&quot; con ella (Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, 2003), y hacer algo con ella supone poder hacer memoria primero. Los riesgos de esta operativa son y fueron grandes: la deformaci&oacute;n, la amnesia, las manipulaciones, las proyecciones, tal y como le preocup&oacute; a Freud. De ah&iacute; que la memoria no sea un hecho de la naturaleza al que podemos asistir como testigos, sino algo que asumir como lucha por evitar prohibiciones y negaciones. Acoger esta memoria para quienes no fueron directamente v&iacute;ctimas -conviniendo en la complejidad del t&eacute;rmino, y en las batallas de significado que acoge-, supone a&uacute;n m&aacute;s problemas. En primer t&eacute;rmino porque la memoria refiere a lo vivido, y en este sentido, el relato de las v&iacute;ctimas a muchos les resulta ajeno especialmente como memoria. Cabe entonces el desaf&iacute;o como apropiaci&oacute;n &eacute;tica, de descubrimiento de aquello que, sin ser experiencia personal, afecta los horizontes de vida como invalidaci&oacute;n de opciones de futuro. Esa puede ser una de las funciones de hacer historia con la memoria.</p>      <p>La creciente conciencia acerca de la capacidad de los aparatos culturales para obligar a sociedades enteras a subsistir sin memoria propia es alentador. Este malestar podr&iacute;a estar marcando una tendencia sobre en unos de los abusos m&aacute;s problem&aacute;ticos para las sociedades que aspiran a la democracia. Como contraparte al malestar y la incoherencia de los nuevos h&aacute;bitos y memorias conviene recordar que tambi&eacute;n hay grandes sectores que se adaptan avienen con entusiasmo a las nuevas propuestas de olvido y desmemoria: &quot;los naturales&quot; -escrib&iacute;a Fray Toribio Motolin&iacute;a en la misma d&eacute;cada en que los sabios aztecas se negaban a contradecir a su memoria-: &quot;est&aacute;n tan dispuestos e aparejados como cera blanda para imprimir en ellos toda la virtud&quot; (Bernard &amp; Gruzinski, 1996). De este modo, no es f&aacute;cil asegurar que las sociedades latinoamericanas vivan un giro memorial y se hayan curado de los proyectos de historia oficial.</p>      <p>En la trama de experiencias latinoamericanas lo mismo se ven tantos colectivos amn&eacute;sicos como de aquellos que no encuentran el sentido para hacer memoria. De este modo, el olvido funciona como el fracaso de las sociedades en su capacidad de producir futuro m&aacute;s all&aacute; de los poderes con capacidad de producir memorias y motivaciones. Por ello, la idea misma de memoria, no s&oacute;lo refiere a un problema de la cognici&oacute;n del pasado, sino que tambi&eacute;n refiere a un dilema de la historicidad de los colectivos sociales. Latinoam&eacute;rica, espacio de la &uacute;ltima oleada de institucionalidades modernas, es el territorio en el que el debate acerca de la memoria deber&aacute; transformarse en justicia, pero tambi&eacute;n en el gran problema de la colonizaci&oacute;n del imaginario, de la colonizaci&oacute;n del pensamiento. Especialmente porque conocimiento, razonamiento y pensamiento se encuentran determinadas en sus opciones y posibilidades por la existencia de una memoria utilizable.</p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>En estos d&iacute;as, M&eacute;xico vive conmovido a la muerte y desaparici&oacute;n de 43 j&oacute;venes estudiantes del magisterio rural. Este, como otros momentos de conmoci&oacute;n, parece despertar las conciencias. Pero corren los d&iacute;as y las organizaciones sienten que el esfuerzo siempre ha sido insuficiente. En ese contexto, una carta de los hijos de los desaparecidos de las d&eacute;cadas del setenta, expresa las dificultades de encontrar un sitio de lucha, incluso para ellos que hicieron de la memoria una categor&iacute;a colectiva:</p>      <blockquote>     <p>&#91;Tras estos acontecimientos&#93; H.I.J.O.S. M&eacute;xico anuncia que se replantear&aacute; su actuar (&hellip;) Esa alegr&iacute;a que algunos admiraban se nos borr&oacute; de golpe en Ayotzinapa; los colores que solemos usar se est&aacute;n quebrando entre nuestras muelas apretadas de dolor y rabia. Y no nos vengan a contar aquella historia de la alegr&iacute;a y la esperanza... (Hijos de M&eacute;xico, 2014)</p> </blockquote>      <p>Las preguntas pueden resultar obvias cuando regresan al problema de c&oacute;mo es una sociedad en la que sus memorias son impedidas y manipuladas.</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; efectos tiene en sus capacidades de pensar el presente? &iquest;Qu&eacute; tipo de sujeto es aqu&eacute;l que no puede acceder a su memoria, que en lo cultural es tambi&eacute;n parte de una memoria colectiva que enmarca la suya? &iquest;C&oacute;mo es pensar el presente y sobre todo, construir el futuro desde una memoria perdida? &iquest;Qu&eacute; efectos tiene en su localizaci&oacute;n hist&oacute;rica el no poder acceder a las naturalezas de los actores sociales y pol&iacute;ticos de la historia reciente?</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; significa construir conocimiento en el marco de una memoria controlada? &iquest;Cu&aacute;l es el papel de los maestros frente a j&oacute;venes con representaciones del pasado artificializadas?</p>      <p>&iquest;Cu&aacute;l es el papel del intelectual latinoamericano consciente de estas <i>fracturas de la memoria</i> en la regi&oacute;n? (Richard, 2007).</p> </blockquote>       <p>No hay respuestas simples. Zemelman abogaba por abjurar de la tarea &quot;f&aacute;cil&quot; de &quot;transferir responsabilidades&quot;. Y se&ntilde;alaba algunos rumbos: que ampli&aacute;ramos la conciencia &quot;de qu&eacute; fue lo que pas&oacute; con el pensamiento&quot; en Am&eacute;rica Latina. Que hab&iacute;a que &quot;asumir el problema en t&eacute;rminos de oficios, de las profesiones de cada cual, ya sea que construyan conocimiento, ya sea que ense&ntilde;en, o, en este caso, que trabajen la conexi&oacute;n entre ense&ntilde;ar y construir conocimiento&quot; (2000, 140) .La propuesta de IPECAL de trabajar a partir de la biograf&iacute;a personal hasta convertirla en un objeto did&aacute;ctico que estructure las tareas del conocer y del pensar son tambi&eacute;n un s&iacute;ntoma de una &eacute;poca en la que se est&aacute;n enfrentando estos problemas desde los sujetos. As&iacute;, el desaf&iacute;o de las sociedades latinoamericanas frente a la memoria de las v&iacute;ctimas puede estar abriendo muchos resquicios de luz. Las ciencias sociales tambi&eacute;n est&aacute;n viendo nacer nuevas formas de ejercer ciudadan&iacute;a sin que sea f&aacute;cil entrar en relaci&oacute;n con ellas.</p>      <p>La importancia de trabajar sostenidamente sobre los dilemas de esta din&aacute;mica de olvido y memoria, tienen su punto de mayor trascendencia en que si bien la reinvenci&oacute;n es un hecho maravilloso, tambi&eacute;n representa socialmente una p&eacute;rdida de poder frente a las construcciones que no re reinventan con la luz del d&iacute;a, como la propiedad, la capacidad de crear representaciones sociales, etc&eacute;tera. Nos toca enfrentar, en nuestra pr&aacute;ctica investigativa las tensiones existentes en un presente ensanchado que a fuerza de negar las memorias tambi&eacute;n niega la historia de nuestros colectivos. As&iacute; nuestro presente, como aquellas lagunas, que al secarse tienen por mucho tiempo forma de pantano. Enfrentar estos dilemas puede ser la diferencia entre hundirse y pisar firme.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas.</b></font></p>      <!-- ref --><p>Angenot, M. (2010). <i>El discurso social. Los l&iacute;mites hist&oacute;ricos de lo pensable y lo decible.</i> Buenos Aires: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S1657-8031201500020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ankersmit, F. (2001). <i>&quot;The postmodernist privatization of de past&quot;, en historical representation.</i> Stanford: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S1657-8031201500020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Bernard, C., &amp; Gruzinski, S. (1996). <i>Historia del nuevo mundo, del descubrimiento a la conquista. La experiencia europea 1492-1550.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S1657-8031201500020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Castells, M. (2009). <i>Comunication power.</i> New York: Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S1657-8031201500020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Chomsky, N., &amp; Herman, E. (1988). <i>Manufacturing consent: The political economy of mass media.</i> New York: Pantheon Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1657-8031201500020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dussel, E. (1994). <i>El encubrimiento del indio:1492. (Hac&iacute;a el origen de la modernidad).</i> M&eacute;xico: Editorial Cambio XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1657-8031201500020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Halbawchs, M. (1992). <i>On collective memory.</i> Chicago: The University Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1657-8031201500020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Hijos de M&eacute;xico. (14 de Octubre de 2014). Obtenido de hijosdemexico.org: <a href="http://www.hijosmexico.org/index-ayotzinapa" target="_blank">http://www.hijosmexico.org/index-ayotzinapa</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1657-8031201500020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nora, P. (1984). <i>Entre m&eacute;morie et histoire. La problematique des lieux&quot;, en Lex Lieux de m&eacute;morie.</i> Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1657-8031201500020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Palti, E. (2003). <i>La naci&oacute;n como problema Los historiadores y la &quot;Cuesti&oacute;n nacional&quot;.</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1657-8031201500020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pappe, S. (2007). &quot;Memoria versus historia&quot;. En M. Aguiluz Ibarguen, &amp; G. Waldman M, <i>Memorias inc&oacute;gnitas. Contiendas en la historia.</i> M&eacute;xico: UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1657-8031201500020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ramonet, I. (1986). <i>La tiran&iacute;a de la comunicaci&oacute;n.</i> Buenos Aires: Ramonet.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1657-8031201500020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Richard, N. (2007). <i>Fracturas de la memoria. Arte y pensamiento cr&iacute;tico.</i> Buenos Aires: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1657-8031201500020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (1999). <i>La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido.</i> Par&iacute;s: Arrecife Producciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S1657-8031201500020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (2003). <i>La memoria, la historia, el olvido.</i> Madrid: Editorial Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1657-8031201500020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Tasso, P. (2014). <i>&quot;La historiograf&iacute;a oficial de 1968&quot; Tesis de doctorado en historiograf&iacute;a.</i> M&eacute;xico: Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1657-8031201500020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wrigth Mills, C. (1964). <i>&quot;Acciones situadas y vocabularios de motivos&quot;, en Poder, pol&iacute;tica, pueblo.</i> M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1657-8031201500020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Zemelman, H. (2000). &quot; En torno de la memoria y el futuro&quot;. <i>Contextos: Revista de humanidades y ciencias sociales</i>, 131-140.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1657-8031201500020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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