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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Interacción entre la razón y las emociones en el ser humano según Santo Tomás de Aquino]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper approaches a well defined aspect of Aquinas' thought: the mutual influence between reason and emotions; that is, how human reason influences human emotions and vice versa. The subject itself is interesting, but also extremely important for psychology, ethics and pedagogy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <br>    <p align="center"><font size="4"><b>Interacci&oacute;n entre la raz&oacute;n y las emociones en el ser    <br> humano seg&uacute;n Santo Tom&aacute;s de Aquino</b></font></p>      <p><b>Patricia Astorquiza<a name="nota1"></a><a href="#nota_1"><sup>*</sup></a></b></p>      <p>Universidad Santo Tom&aacute;s, Chile</p>      <p><sup><a name="nota_1"></a><a href="#nota1">*</a></sup> Ph.D. En Filosof&iacute;a. Universidad Santo Tom&aacute;s de Santiago de Chile Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pastorquiza@santotomas.cl">pastorquiza@santotomas.cl</a>, <a href="mailto:patricia.astorquiza@gmail.com">patricia.astorquiza@gmail.com</a></p>      <p><b>Recibido: </b>abril 25 de 2008 - <b>Aceptado: </b>junio 28 de 2008</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p><b>Resumen</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> En el presente art&iacute;culo se aborda un aspecto bien delimitado del pensamiento del Aquinate: la mutua influencia entre la raz&oacute;n y las emociones; es decir, de qu&eacute; manera la raz&oacute;n del hombre influye en sus emociones y viceversa. El tema es por s&iacute; mismo interesante, pero adem&aacute;s sumamente importante para la psicolog&iacute;a, la &eacute;tica y la pedagog&iacute;a.</p>      <p><b>Palabras clave: </b>Santo Tom&aacute;s de Aquino, raz&oacute;n, emociones, psicolog&iacute;a, &eacute;tica, pedagog&iacute;a</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p align="center"><b>Interaction between human reason and    <br> emotions According to Saint Thomas    <br> Aquinas</b></p></font>  <font size="3">     <p><b>Abstrac</b></p></font>      <p align="justify"> This paper approaches a well defined aspect of Aquinas' thought: the mutual influence between reason and emotions; that is, how human reason influences human emotions and vice versa. The subject itself is interesting, but also extremely important for psychology, ethics and pedagogy.</p>      <p><b>Key words: </b>Saint Thomas Aquinas, reason, emotions, psichology, ethics, pedagogy.</p>  <hr> <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Problema de investigaci&oacute;n y m&eacute;todo</b></p></font>      <p align="justify"> En la actualidad existe un profundo desconocimiento del dinamismo interior de la psicolog&iacute;a humana. La psicolog&iacute;a experimental desarrollada en la actualidad se ha centrado en la conducta externa y en las manifestaciones afectivas exteriores de los individuos, en los datos y en las estad&iacute;sticas. Sabe explicar detalladamente c&oacute;mo siente y se conduce el hombre en determinadas circunstancias y seg&uacute;n determinados par&aacute;metros, pero no sabe claramente por qu&eacute; siente y se conduce as&iacute;. En general, la psicolog&iacute;a experimental explica la conducta humana desde ciertos instintos b&aacute;sicos y patrones de comportamiento. Por lo que muchas veces la libertad viene a ser, para la intenci&oacute;n explicativa de las ciencias, un gran escollo.</p>      <p align="justify"> En contraste, la sabidur&iacute;a antigua, en concreto, la filosof&iacute;a de la Grecia cl&aacute;sica y de la Edad Media, presenta un conocimiento bastante exhaustivo y unificado del dinamismo interior humano, explicado causal y esencialmente, y en armon&iacute;a con la libertad. Entre los pensadores medievales que presentan an&aacute;lisis penetrantes de la psicolog&iacute;a humana, destaca de manera eminente Tom&aacute;s de Aquino. Fil&oacute;sofo y te&oacute;logo, supo asumir, sintetizar, reformular y elevar lo mejor de la sabidur&iacute;a occidental hasta su &eacute;poca. Sus an&aacute;lisis de la mente y la conducta humana, repartidos entre sus numeros&iacute;simas obras: el tratado de las pasiones, de los h&aacute;bitos y de las virtudes en la Suma Teol&oacute;gica; sus cuestiones disputadas acerca del apetito, de la libertad, del intelecto; sus comentarios a las obras de Arist&oacute;teles, por citar algunos ejemplos; constituyen estudios brillantes, coherentes y sumamente apegados a la experiencia humana.</p>      <p> Para entender el desarrollo del tema, es preciso antes hacerse de un m&iacute;nimo marco conceptual.</p>  <ol>     <li>    <p align="justify"> - Para Santo Tom&aacute;s, el ser humano es una unidad substancial de cuerpo y alma. Esto significa que la persona humana no es s&oacute;lo su mente, sino tambi&eacute;n su cuerpo; existe una uni&oacute;n estrecha y esencial entre la mente y el cuerpo de cada persona. Sin el alma, el cuerpo no es cuerpo vivo ni humano, sin el cuerpo, la mente es incompleta y se encuentra como coartada en sus potencialidades.</p></li>      <li>    <p align="justify">- La raz&oacute;n y la voluntad son las potencias superiores en el ser humano. Constituyen las facultades por las que la persona est&aacute; capacitada para abrirse a toda la realidad y conocerla en su esencia -funci&oacute;n de la raz&oacute;n-, y para conducirse frente a dicha realidad, de manera libre y autodeterminativa -funci&oacute;n de la voluntad- En otras palabras, gracias a la raz&oacute;n y a la voluntad, el ser humano puede conocerse a s&iacute; mismo, a los dem&aacute;s y al mundo que le rodea, juzgar objetivamente de &eacute;l y determinarse a s&iacute; mismo en su conducta respecto a las dem&aacute;s personas y cosas. La raz&oacute;n y la voluntad son los fundamentos radicales de la libertad humana.</p></li>      <li>    <p align="justify">- Adem&aacute;s de estas potencias superiores, la persona humana goza tambi&eacute;n de otras potencias de conocimiento y de tendencia, a saber, los sentidos y los apetitos sensitivos. Unos y otros se encuentran tambi&eacute;n en los animales, aunque en &eacute;stos su funcionamiento es m&aacute;s simple y determina de manera absoluta la conducta del animal.</p></li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>      <blockquote>     <p align="justify"> a. Los sentidos son potencias cognoscitivas que permiten un contacto directo con el mundo material; los sentidos son de dos clases: los sentidos extermos y los sentidos internos. Los sentidos externos son cinco: tacto, gusto, olfato, o&iacute;do y vista; son los encargados de abrirnos al mundo exterior y de presentarnos las caracter&iacute;sticas de las cosas materiales, tales como color, olor, textura, figura, tama&ntilde;o, movimiento. Los sentidos internos son cuatro: sensorio com&uacute;n, imaginaci&oacute;n, cogitativa o estimativa, y memoria. La psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea s&oacute;lo conoce dos de &eacute;stos: imaginaci&oacute;n y memoria.</p> </blockquote>      <p align="justify"> Los &oacute;rganos de los sentidos internos se ubican principalmente en el cerebro. En general, las funciones de estos sentidos son las de recibir, unificar y retener la informaci&oacute;n dada por los sentidos extermos, formando as&iacute; las im&aacute;genes que luego, la imaginaci&oacute;n puede representar, completar y combinar; y emitir lo que Tom&aacute;s llama un 'juicio sensible' respecto de la informaci&oacute;n recibida<a name="1"></a><a href="#1a"><sup>1</sup></a>. La formaci&oacute;n del 'juicio sensible' es actividad propia de la cogitativa; m&aacute;s abajo trataremos un poco m&aacute;s de esta facultad. El conocimiento sensitivo no es lo mismo que el conocimiento racional; y para Tom&aacute;s de Aquino la diferencia no es simplemente de grado, sino esencial: s&oacute;lo por la raz&oacute;n el hombre es capaz de conocer la esencia de las cosas. Sin embargo, la raz&oacute;n humana toma de los sentidos internos las im&aacute;genes a partir de las cuales realiza su propia operaci&oacute;n; de manera que, aunque el sensitivo y el racional son dos tipos distintos de conocimiento, se encuentran &iacute;ntimamente ligados en el ser humano.</p>      <blockquote>     <p align="justify"> b. Los apetitos sensitivos son potencias apetitivas; es decir, capacidades por las cuales el hombre, y el animal, tienden hacia los objetos presentados por los sentidos. En la medida en que, mediante sus sentidos, el sujeto registra cosas, personas, situaciones... 'convenientes' o 'inconvenientes', se produce en &eacute;l una respuesta 'tendencial', lo que actualmente se llamar&iacute;a una 'emoci&oacute;n' y que Santo Tom&aacute;s, junto con toda la tradici&oacute;n de su &eacute;poca, llamaba 'pasi&oacute;n'; a saber, miedo, alegr&iacute;a, deseo, tristeza, ira... Las emociones o pasiones son la actividad o respuesta propia de los apetitos sensitivos. Como potencias, los apetitos son dos: el apetito concupiscible y el apetito irascible; y cada uno de ellos responde con sus respectivas pasiones. Tom&aacute;s de Aquino, en un an&aacute;lisis de f&eacute;rrea l&oacute;gica, clasifica las pasiones b&aacute;sicas en once: del apetito concupiscible: amor y odio, deleite o alegr&iacute;a, dolor o tristeza, deseo y aversi&oacute;n; y del apetito irascible: esperanza y desesperaci&oacute;n, temor y audacia, e ira<a name="2"></a><a href="#2a"><sup>2</sup></a>. Toda otra emoci&oacute;n puede reducirse a una de &eacute;stas once. Todas las pasiones son, esencialmente, afecciones que involucran lamente y el cuerpo; esto significa que las pasiones no s&oacute;lo implican un determinado estado mental o ps&iacute;quico, por ejemplo el gozo en una meta conseguida, sino tambi&eacute;n cambios corporales como el aumento o disminuci&oacute;n del calor corporal, sudoraci&oacute;n, mayor o menor frecuencia cardiaca, aumento o falta de fuerzas, y cambios similares. Es importante tener en cuenta que las pasiones no son, por lo general, estados premeditados y elegidos, sino m&aacute;s bien, respuestas 'autom&aacute;ticas' de los apetitos sensitivos frente a lo que es registrado o representado como un bien o como un mal. En este sentido, las pasiones tienen un cariz bastante 'pasivo', como su mismo nombre lo indica: no son, en s&iacute; mismas, determinaciones libres del individuo, sino m&aacute;s bien, modos de 'ser llevados hacia' o 'repelidos por' las cosas.</p> </blockquote>      <p align="justify"> Con estas breves pinceladas de algunas nociones fundamentales de la psicolog&iacute;a tomista, es posible entrar en materia: qu&eacute; influencia ejerce, por un lado, la raz&oacute;n y voluntad sobre las pasiones o emociones, y por otra, las pasiones sobre los juicios de la raz&oacute;n y las determinaciones de la voluntad.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Funcionamiento del apetito sensitivo</b></p></font>      <p>&quot;Si el apetito sensitivo no ayudara a efectuar el juicio de la raz&oacute;n, ser&iacute;a in&uacute;til en la naturaleza humana&quot;<a name="3"></a><a href="#3a"><sup>3</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Lo primero es aclarar cu&aacute;l es la funci&oacute;n propia y apropiada de las pasiones en el psico-dinamismo humano. Para Santo Tom&aacute;s, las pasiones no son acompa&ntilde;antes molestos de la libertad humana, a modo de perturbaciones que impiden actuar sensatamente. Muy por el contrario, lo propio de las emociones humanas es seguir el juicio de la raz&oacute;n, reafirmar la determinaci&oacute;n libre de la voluntad y complementar la realizaci&oacute;n de las acciones; en su ejercicio natural, las pasiones vienen a ser como 'facilitadores' de la elecci&oacute;n libre y 'condimento' de la vida. Es interesante destacar esto, para rechazar la idea, de raigambre plat&oacute;nica y estoica, de que todas las pasiones son, en s&iacute; mismas, ciertas 'enfermedades' del alma, que s&oacute;lo sirven para oscurecer y entorpecer las actividades de la vida superior.</p>      <p align="justify"> Los apetitos sensitivos del ser humano se encuentran, por naturaleza, subordinados al juicio de la raz&oacute;n y a las mociones de la voluntad. Esta subordinaci&oacute;n natural se manifiesta en los hechos de la vida cotidiana: en presencia ante un hecho juzgado injusto (incluso, si se lo dicen o hacen a otra persona), surge la indignaci&oacute;n; frente a una buena noticia o una meta conseguida despu&eacute;s de arduo esfuerzo, surge la alegr&iacute;a; si se quiere emprender con fuerza una tarea, se proponen razones para levantar el &aacute;nimo e, incluso, la persona se 'ordena' a s&iacute; misma a estar animosa, y as&iacute; muchas veces, el estado de &aacute;nimo se levanta y se renueva la esperanza. Lo evidente es que las emociones pueden seguir -y muchas veces lo hacen- de manera casi espont&aacute;nea a los juicios, ideales, prop&oacute;sitos e intenciones. Se trata de una subordinaci&oacute;n 'natural', de manera que los apetitos sensitivos humanos no requieren de una disposici&oacute;n especial sobrea&ntilde;adida a su propia naturaleza para estar capacitados para seguir el juicio de la raz&oacute;n<a name="4"></a><a href="#4a"><sup>4</sup></a>.</p>      <p align="justify"> Sin embargo, sobra la experiencia -y quiz&aacute;s en demas&iacute;a- de la 'rebeld&iacute;a' de las pasiones; pues no siempre se subordinan al juicio, sino que aparecen y alteran, no pocas veces muy a pesar. Los ejemplos de tales situaciones pueden ser interminables: el miedo paralizante al comenzar a responder un examen importante; unas palabras hirientes soltadas en un arrebato de ira; el deseo intenso de algo que claramente es perjudicial; el asco o la repulsa casi incontenible frente a una cosa beneficiosa -un medicamento, por ejemplo; la tristeza enfermiza, entre miles de casos similares. Aunque las emociones pueden seguir al juicio, tambi&eacute;n es cierto que, en muchas oportunidades, 'ellas se mandan solas'. Para describir esta curiosa 'independencia' de las pasiones respecto de XXXXWQ raz&oacute;n y voluntad, Tom&aacute;s de Aquino suele traer una met&aacute;fora de Arist&oacute;teles<a name="5"></a><a href="#5a"><sup>5</sup></a>: en relaci&oacute;n al juicio, los apetitos sensitivos son como los hombres libres de una ciudad; los hombres libres, por lo com&uacute;n, obedecen las leyes y los mandatos del gobernante, pero tambi&eacute;n pueden hacer lo que les parece y oponer resistencia; por eso, el gobernante no los puede mandar de manera 'desp&oacute;tica', sino que debe tener con ellos un dominio 'pol&iacute;tico'. As&iacute; tambi&eacute;n sucede en el interior del ser humano, en la interacci&oacute;n de sus potencias: &quot;el entendimiento o la raz&oacute;n se dice que imperan al apetito irascible y al concupiscible con imperio pol&iacute;tico, porque el apetito sensitivo tiene algo propio, que le permite resistir al mandato de la raz&oacute;n&quot;<a name="6"></a><a href="#6a"><sup>6</sup></a></p>      <p align="justify"> La causa de esta independencia de las emociones estriba tambi&eacute;n en la naturaleza misma de los apetitos sensitivos, puesto que es natural a tales potencias que sean movidas por su causa propia, que son las sensaciones y la imaginaci&oacute;n. Se pueden ver, o&iacute;r, sentir o imaginar cosas o situaciones al margen del juicio, sin haberlas previsto ni querido; y tales sensaciones e imaginaciones pueden producir, impulsivamente, ciertas emociones, ciertas pasiones. Incluso, puede suceder que tales movimientos pasionales 'independientes' sean, adem&aacute;s, 'subversivos', es decir, contrarios al juicio racional y a la voluntad. Los ejemplos del p&aacute;rrafo anterior son bastante claros. &quot;El apetito sensitivo no s&oacute;lo puede ser movido por la estimativa en los animales y por la cogitativa en el hombre, dirigida &eacute;sta por la raz&oacute;n universal, sino tambi&eacute;n por la imaginaci&oacute;n y los sentidos. De ah&iacute; que experimentemos la resistencia que el apetito concupiscible e irascible oponen a la raz&oacute;n, al sentir o imaginar algo deleitable que la raz&oacute;n proh&iacute;be, o algo triste que la raz&oacute;n manda&quot;<a name="7"></a><a href="#7a"><sup>7</sup></a>. El hecho de que la independencia de los apetitos provenga de causas proporcionadas a su naturaleza implica que, por las solas fuerzas del ser humano, las pasiones 'rebeldes' nunca puedan ser eliminadas del todo de la vida<a name="8"></a><a href="#8a"><sup>8</sup></a>, pero s&iacute; es posible que una persona se forme un car&aacute;cter tal que sea capaz de disminuir al m&aacute;ximo la sublevaci&oacute;n de las emociones, y esto es lo que se conoce, en moral, como una persona virtuosa.</p>      <p align="justify"> N&oacute;tese que la virtud no consiste en eliminar las pasiones, ni siquiera en reprimirlas, sino en ordenarlas seg&uacute;n el juicio de la raz&oacute;n, y disminuir al m&aacute;ximo los movimientos rebeldes del apetito sensitivo.</p>      <p align="justify"> Entonces, est&aacute; claro que lo natural del apetito sensitivo humano es subordinarse a la raz&oacute;n, pero tambi&eacute;n le es natural reaccionar frente a sus causas propias con emociones 'independientes', de manera que el gobierno racional de las pasiones no puede ser impositivo, sino pol&iacute;tico. &iquest;En qu&eacute; consiste dicho gobierno pol&iacute;tico?</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Influencia de la raz&oacute;n sobre el apetito sensitivo</b></p></font>      <p align="justify"> Los apetitos sensitivos <i>&quot;obedecen </i>a la parte superior, en la cual residen el entendimiento, o raz&oacute;n, y la voluntad, de dos maneras: una, con respecto a la <i>raz&oacute;n; </i>otra, con respecto a la <i>voluntad.&quot;</i><a name="9"></a><a href="#9a"><sup>9</sup></a></p>      <p align="justify"> Siendo dos las facultades superiores del ser humano, cada una de ellas tiene su propio modo de influenciar o 'mandar' a los apetitos inferiores: la <i>inteligencia </i>(o <i>raz&oacute;n) </i>influye en la configuraci&oacute;n del <i>objeto </i>de las pasiones, y la <i>voluntad </i>influye directamente en el <i>ejercicio </i>de la pasi&oacute;n y de las mociones exteriores consecuentes.</p>  <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b>A- La influencia de la raz&oacute;n</b></p></font>      <p align="justify"> &quot;El intelecto o raz&oacute;n conoce, en universal, el fin, al cual ordena, imper&aacute;ndolos, el acto del concupiscible y el acto del irascible. Pero aplica este conocimiento universal a lo singular <i>mediante la cogitativa&quot;</i><a name="10"></a><a href="#10a"><sup>10</sup></a></p>      <p align="justify"> Los apetitos sensitivos, por esencia, siguen al conocimiento sensitivo; por tanto, para que se produzca una pasi&oacute;n o afecto a nivel sensitivo es preciso que preceda a dicha pasi&oacute;n alg&uacute;n tipo de captaci&oacute;n por parte de los sentidos internos. Por este motivo, la influencia de la raz&oacute;n sobre los apetitos se da en tanto y en cuanto la raz&oacute;n puede influir en los sentidos internos. &quot;En los animales el apetito sensitivo est&aacute; ordenado, por naturaleza, a ser movido por la potencia estimativa, y as&iacute; la oveja teme al lobo porque le estima como enemigo suyo. Pero, como anteriormente hemos dicho, el hombre tiene, en lugar de la estimativa, la cogitativa, llamada por algunos, <i>raz&oacute;n particular, </i>porque compara las intenciones individuales; de manera que en el hombre, por naturaleza, el apetito sensitivo es movido por ella. Ahora bien, la raz&oacute;n particular es movida y dirigida naturalmente por la raz&oacute;n universal, y por esto, en la argumentaci&oacute;n silog&iacute;stica se deducen de las proposiciones universales conclusiones particulares&quot;<a name="11"></a><a href="#11a"><sup>11</sup></a>.</p>      <p align="justify"> La cogitativa es el sentido m&aacute;s cercano a la raz&oacute;n; como sentido c&aacute;ptalo singular y concreto, pero por su grado de perfecci&oacute;n, es un sentido muy cercano a las operaciones de la raz&oacute;n. Por esto, mediante su acto, el hombre puede aplicar los conceptos universales, que son los propiamente racionales, a las cosas particulares. Si por la raz&oacute;n es posible <i>saber </i>qu&eacute; significa el concepto 'ser humano', gracias a la cogitativa, se puede sostener: &quot;Este individuo que estoy viendo ahora (o que estoy imaginando o recordando) es un ser humano&quot; o &quot;S&oacute;crates es hombre&quot;.</p>      <p align="justify"> De manera que la raz&oacute;n humana puede gobernar las emociones, en primer lugar, influyendo en la cogitativa. Esto significa, haciendo que dicho sentido centre la atenci&oacute;n en determinados aspectos de la realidad que tiene en frente, seg&uacute;n el sentimiento que interese rechazar o producir. &quot;Es evidente que la raz&oacute;n universal impera el apetito sensitivo, que se divide en concupiscible e irascible, y que este apetito le obedece. (...) Lo que puede experimentar cada uno en s&iacute; mismo, pues recurriendo a algunas consideraciones universales se mitigan, o se exacerban, la ira, el temor y otras pasiones similares&quot;<a name="12"></a><a href="#12a"><sup>12</sup></a>. Por ejemplo, se puede tener muy claro lo perjudicial que es para la convivencia el hablar cuando se est&aacute; irritado. Esta idea es un cierto conocimiento universal, abstracto porque es un principio general, no referido a ninguna situaci&oacute;n concreta. Pero en determinado momento del d&iacute;a, dado el enojo con alguien por algo que est&aacute; haciendo o diciendo, la ira impulsa a 'decirle unas cuantas verdades'. En ese momento, puede considerarse la presencia actual de la irritaci&oacute;n y aplicar, mediante la cogitativa, el juicio universal a la situaci&oacute;n concreta: 'que mal ser&iacute;a hablar, ahora y aqu&iacute;, en este estado, se puede echar todo a perder'. Y en la perspectiva de un mal mayor, aplacar la ira y los deseos de hablar. Es lo que hoy se llamar&iacute;a, 'pensar antes de actuar', 'antes de dejarme llevar por un impulso'. Y es la manera m&aacute;s directa que tiene la raz&oacute;n de moderar o dominar las emociones.</p>      <p align="justify"> Pero la inteligencia influye en los apetitos sensitivos no s&oacute;lo mediante la cogitativa, sino tambi&eacute;n mediante los dem&aacute;s sentidos internos superiores, especialmente la <i>imaginaci&oacute;n: </i>la inteligencia puede intervenir en la actividad de la imaginaci&oacute;n y formar ciertas im&aacute;genes seg&uacute;n lo determine<a name="13"></a><a href="#13a"><sup>13</sup></a>. &quot;El apetito sensitivo puede ser movido por la raz&oacute;n universal tambi&eacute;n mediante la imaginaci&oacute;n particular&quot;<a name="14"></a><a href="#14a"><sup>14</sup></a>. El Aquinate es muy gr&aacute;fico en su explicaci&oacute;n: &quot;La raz&oacute;n pone delante de la sensualidad, mediante la imaginaci&oacute;n, una cosa bajo el aspecto de deleitable o repelente, seg&uacute;n ella le parece; y de esta manera, la sensualidad es movida hacia el gozo o hacia la tristeza&quot;<a name="15"></a><a href="#15a"><sup>15</sup></a>, o cualquier otra pasi&oacute;n. En este caso, no se trata de 'reflexionar' o aplicar consideraciones universales, sino de traer a, o alejar de, la mente ciertas im&aacute;genes que producen determinadas emociones. Si, por ejemplo, ante una cirug&iacute;a en las pr&oacute;ximas horas, para evitar el miedo excesivo, se evita imaginar la operaci&oacute;n. O por el contrario, para aumentar el &aacute;nimo para realizar determinada acci&oacute;n, se forma en la mente la imagen de lo alg&uacute;n resultado agradable debido a dicha acci&oacute;n, y aumenta as&iacute; el deseo.</p>      <p> En resumen, la raz&oacute;n influye en las emociones siempre influyendo en el objeto, causa formal, de tales emociones.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>B- Del gobierno de las emociones mediante la voluntad</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Dos son los efectos del apetito sensitivo: las pasiones y las mociones exteriores. El apetito sensitivo produce, como su efecto propio y directo, determinados afectos del alma llamados 'pasiones'; pero las pasiones producen un segundo efecto: impulsan a realizar, o evitar, una determinada acci&oacute;n. El mucho miedo -pasi&oacute;n-, impulsa a huir -acci&oacute;n-; los grandes deseos de algo -pasi&oacute;n-, empujan a adquirirlo -acci&oacute;n-. Respecto a ambos efectos, la voluntad ejerce su dominio, pero de manera diversa.</p>      <p align="justify"> Respecto a las acciones externas, el dominio es absoluto: no se hace nada si, de alguna manera, la voluntad no lo consiente, por mucho que las pasiones impulsen a ello. &quot;El apetito sensitivo se subordina a la voluntad en el orden de la ejecuci&oacute;n, que se realiza por la fuerza motriz. En los animales, a la actividad concupiscible e irascible sigue inmediatamente el movimiento; por ejemplo, en la oveja, que huye al instante por temor al lobo; pues no hay en ellos un apetito superior que oponga resistencia. El hombre, en cambio, no se mueve inmediatamente a impulso del apetito irascible y concupiscible, sino que espera el imperio de la voluntad, que es el apetito superior. Pues en todas las potencias motoras ordenadas la una a la otra, la segunda no se mueve sino en virtud de la primera; por eso el apetito inferior no basta para mover mientras que el superior no lo consienta&quot;<a name="16"></a><a href="#16a"><sup>16</sup></a>. Por este motivo, las acciones que se realizan u omiten, impulsadas por la pasi&oacute;n, pueden llamarse realmente 'voluntarias', puesto que la voluntad accedi&oacute; a ellas. Aunque, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, tal voluntariedad es inferior a la de aquellas acciones plenamente decididas. Debido a este dominio soberano de la voluntad, es posible incluso actuar en contra de aquello a lo cual inclinan las pasiones.</p>      <p align="justify"> En cuanto a la pasi&oacute;n misma, la influencia de la voluntad es distinta, y m&aacute;s compleja: aqu&iacute; se trata propiamente de un dominio pol&iacute;tico. Es bien distinto dominar las acciones que dominar las emociones. Respecto a este segundo aspecto, sostiene el Aquinate que la influencia de la voluntad sobre las pasiones se da de dos maneras: por <i>redundancia </i>o por <i>elecci&oacute;n.</i></p>      <p align="justify"> &quot;Primero, a modo de <i>redundancia, </i>a saber: porque, cuando la parte superior del alma se mueve hacia alguna cosa intensamente, sigue su movimiento tambi&eacute;n la parte inferior; y as&iacute;, la pasi&oacute;n que surge de modo consiguiente en el apetito sensitivo es se&ntilde;al de una voluntad m&aacute;s intensa (...). Segundo, a manera de <i>elecci&oacute;n: </i>esto es, cuando el hombre por el juicio de la raz&oacute;n procura ser afectado por una pasi&oacute;n para, mediante la cooperaci&oacute;n del apetito sensitivo, obrar m&aacute;s prontamente (...)&quot;<a name="17"></a><a href="#17a"><sup>17</sup></a>.</p>      <p align="justify"><i> Por redundancia </i>de afectos. Siendo el apetito sensitivo cierta participaci&oacute;n del apetito superior, le compete por naturaleza seguir su influjo: el querer intenso de la voluntad influye necesariamente en las apetencias inferiores. &quot;Y as&iacute;, lo que alegra en gran medida a la voluntad no puede dejar de confortar al cuerpo y hacerlo <i>sentirse </i>gozoso: la noticia del &eacute;xito de una persona muy amada, el logro de una meta que ha significado muchos a&ntilde;os de sacrificio, encontrar una verdad que se ha buscado con ansias... <i>reconfortan </i>el &aacute;nimo, no s&oacute;lo la voluntad, sino toda la sensibilidad del individuo; y lo mismo debe decirse de las dem&aacute;s afecciones de la voluntad: todo lo que afecte intensamente a la voluntad acaba traduci&eacute;ndose en alguna pasi&oacute;n&quot;<a name="18"></a><a href="#18a"><sup>18</sup></a>.</p>      <p align="justify"> La voluntad ejerce su dominio <i>por elecci&oacute;n </i>cuando el hombre <i>elige </i>ser o no afectado por una determinada pasi&oacute;n. Esta influencia por elecci&oacute;n es <i>indirecta, </i>porque la voluntad no puede imperar directamente <i>sentir </i>tal o cual pasi&oacute;n, pero puede imperar a la inteligencia, a la cogitativa y a la imaginaci&oacute;n, para que consideren y representen aquellos juicios e im&aacute;genes que pueden provocar una determinada pasi&oacute;n. En este sentido, la influencia de la voluntad 'por elecci&oacute;n' coincide con la influencia de la raz&oacute;n. Yendo m&aacute;s lejos, cada uno puede decidir buscar o evitar ciertas situaciones y circunstancias que sabe de antemano le mover&aacute;n a determinados afectos. Ejemplos: una persona golosa que libremente evita ir a la cocina; quien siente una inclinaci&oacute;n deshonesta respecto de alguien, evitar&aacute; el trato con esa persona, dentro de lo que sea posible. Con esto queda claro que el hombre tambi&eacute;n es responsable de sus pasiones, emociones, sentimientos, aunque no de manera tan absoluta como de sus elecciones.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Influencia de los apetitos inferiores sobre la raz&oacute;n y la voluntad</b></p></font>      <p align="justify"> Tras considerar la influencia de las facultades superiores sobre los apetitos sensitivos, ahora corresponde exponer la influencia en direcci&oacute;n contraria: de las pasiones sobre las facultades superiores.</p>      <p align="justify"> Los modos en que los apetitos sensitivos pueden influir en las facultades superiores son dos: de manera <i>actual y directa </i>o de manera <i>habitual e indirecta.</i></p>  <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b>A- Influencia actual y directa.</b></p></font>      <p align="justify"> Las pasiones pueden influir directamente sobre las potencias superiores de una manera actual, cuando se dan de manera repentina o moment&aacute;nea, modificando el juicio de la raz&oacute;n. En general, parece que la influencia de las pasiones sobre la actividad de la raz&oacute;n es negativa: las pasiones alteran o deforman la captaci&oacute;n de la realidad, y si son muy intensas, pueden obstruir del todo ese juicio.</p>      <p align="justify"> Como ha sido dicho antes, la elecci&oacute;n de la persona humana est&aacute; precedida de un razonamiento -deliberaci&oacute;n- para determinar los medios adecuados en orden a un fin buscado. Este razonamiento 'pr&aacute;ctico' se construye, b&aacute;sicamente, con tres juicios: una premisa universal o premisa mayor, un juicio singular o premisa menor, y un juicio conclusivo; del cual se sigue inmediatamente una elecci&oacute;n, porque se trata de un juicio esencialmente unido a la voluntad del sujeto. La premisa mayor de dicho razonamiento ser&aacute; un <i>principio universal </i>o <i>casi universal </i>de acci&oacute;n, asumido en conformidad con el fin que se ama; por ejemplo, lodo lo deshonesto debe ser evitado' o 'todo lo placentero debe ser experimentado'. El primer ejemplo puede constituir una premisa universal de acci&oacute;n para aquel que ama la justicia, o que ama a su pr&oacute;jimo, o a Dios; en cambio, la premisa 'todo lo placentero debe ser experimentado' puede ser una norma de acci&oacute;n para quien ha elegido el placer como su fin &uacute;ltimo y se ha vuelto indiferente a realidades superiores. Por su parte, la premisa menor viene a ser el juicio singular de la cogitativa, que permite reconocer en un objeto sensible o en una acci&oacute;n determinada, la concreci&oacute;n de fin anhelado. Y cuando entre la premisa universal y la singular se reconoce una conexi&oacute;n real que lleva a una determinada conclusi&oacute;n pr&aacute;ctica, entonces de dicha conclusi&oacute;n se sigue inmediatamente la acci&oacute;n, si nada lo impide. &quot;De manera que, si la opini&oacute;n universal dice que es preciso gustar de todo lo dulce y, presentada una cosa particular, la opini&oacute;n singular dice que esta cosa es dulce, es necesario que aquel que puede probarla inmediatamente la coma, si no hay nada que lo impida&quot;<a name="19"></a><a href="#19a"><sup>19</sup></a>.</p>      <p align="justify"> Este es el esquema explicativo elemental de la deliberaci&oacute;n previa a la elecci&oacute;n; un esquema que, claro est&aacute;, no suele darse con esa simplicidad en la vida real. Pero es muy &uacute;til para comprender la influencia de las pasiones sobre la raz&oacute;n, porque las pasiones vienen a alterar este razonamiento. La pasi&oacute;n, en concreto, impide o dificulta el razonar de acuerdo a la premisa universal correcta; dicho de otra manera, hace elegir sin considerar el fin verdadero. Y no se trata de que este oscurecimiento actual del verdadero fin se d&eacute; en una persona pervertida e incapaz ya de conocer y querer ideales nobles; el efecto enturbiador de la pasi&oacute;n se manifiesta de manera m&aacute;s sensible y dram&aacute;tica en aquellas personas que todav&iacute;a tienen las ideas claras respecto de lo bueno y de lo malo, pero son d&eacute;biles de car&aacute;cter; aquellas personas que Santo Tom&aacute;s, siguiendo a Arist&oacute;teles, llama 'incontinentes'.</p>      <p align="justify"> &quot;En el incontinente, la raz&oacute;n no est&aacute; tan obstruida por la concupiscencia que ignore el principio universal de la verdadera ciencia moral. Supongamos, por tanto, que, <i>por parte de la raz&oacute;n, </i>se propusiese (al incontinente) una premisa universal que prohibiese gustar desordenadamente de las cosas dulces, como diciendo 'nada dulce debe ser gustado fuera de hora'; pero que, <i>por parte de la concupiscencia </i>(es decir, por parte del apetito sensitivo), se presentase el juicio 'todo lo dulce es deleitable', siendo el deleite lo que de suyo busca la concupiscencia. Entonces, como respecto a lo particular la concupiscencia traba a la raz&oacute;n, no se asumir&iacute;a (la premisa particular) de acuerdo con la premisa universal de la raz&oacute;n, de manera que se dijese 'esto est&aacute; fuera de hora', sino que se asumir&aacute; conforme a la premisa universal de la concupiscencia, diciendo 'esto es dulce'. Y as&iacute; se seguir&aacute; la conclusi&oacute;n pr&aacute;ctica&quot;<a name="20"></a><a href="#20a"><sup>20</sup></a>.</p>      <p align="justify"> El incontinente sabe lo que es realmente bueno, al menos lo sabe 'en universal' -hoy se dir&iacute;a 'lo sabe en teor&iacute;a'- y quiere actuar correctamente, al menos, lo quiere 'en general'; siguiendo el ejemplo anterior, el incontinente sabe que no es conveniente comer fuera de hora y sin necesidad. Pero cuando se presenta la ocasi&oacute;n, por ejemplo, se encuentra con una comida que le gusta, entonces se olvida de lo que sabe y quiere, y elige y hace lo que le dicta el gusto, las ganas, las pasiones. En el momento de la tentaci&oacute;n, su deseo nubla el juicio recto de la inteligencia, y la impulsa a razonar en conformidad con tal deseo, aunque no sea ordenado seg&uacute;n la raz&oacute;n<a name="21"></a><a href="#21a"><sup>21</sup></a>.</p>      <p align="justify"> Muchas veces, el sujeto incontinente no s&oacute;lo sabe en general lo que es correcto racional, sino que tambi&eacute;n lo sabe en particular; seg&uacute;n el ejemplo, sabe que comer este alimento en este momento no es conveniente. &iquest;Porqu&eacute;, entonces, si lo sabe no hace lo que ve, en teor&iacute;a y en concreto, que es mejor? Tom&aacute;s de Aquino explica que la fuerza de la pasi&oacute;n en el incontinente hace que &eacute;ste mantenga el razonamiento correcto en un estado de conocimiento 'habitual', sin actualizarlo para el caso concreto en que se encuentra<a name="22"></a><a href="#22a"><sup>22</sup></a>. Y esto puede suceder por un mecanismo muy propio de la psicolog&iacute;a humana: distracci&oacute;n de la atenci&oacute;n respecto del juicio recto y concentraci&oacute;n de las fuerzas del alma en lo que es objeto de la pasi&oacute;n.</p>      <p align="justify"> &quot;Que el hombre no considere en particular lo que sabe por h&aacute;bito, a veces ocurre por la mera falta de intenci&oacute;n de considerarlo; as&iacute; por ejemplo, cuando un ge&oacute;metra no trata de considerar las conclusiones de la geometr&iacute;a, cuya consideraci&oacute;n tiene inmediatamente al alcance. Sin embargo, a veces tambi&eacute;n el hombre no considera aquello que tiene en h&aacute;bito a causa de un impedimento sobrea&ntilde;adido, como por ejemplo, a causa de una ocupaci&oacute;n exterior, a causa de una enfermedad corporal. De esta manera, aquel que est&aacute; sometido a una pasi&oacute;n, no considera en particular aquello que sabe en universal, en cuanto la pasi&oacute;n impide tal consideraci&oacute;n; y la impide de tres modos. En primer lugar, por cierta <i>distracci&oacute;n, </i>como se ha expuesto m&aacute;s arriba. Segundo, por <i>contrariedad; </i>porque muchas pasiones inclinan a lo contrario de aquello que dice la ciencia universal. En tercer lugar, por cierta <i>inmutaci&oacute;n corporal, </i>por la cual la raz&oacute;n queda ligada, en cierto modo, y no puede ejercer libremente su acto; as&iacute; como tambi&eacute;n el sue&ntilde;o o la ebriedad, produciendo cierta alteraci&oacute;n corporal, impiden el uso de la raz&oacute;n. Y que este efecto lo producen las pasiones queda manifiesto en el hecho de que, a veces, cuando las pasiones son muy intensas, el hombre pierde totalmente el uso de la raz&oacute;n, y as&iacute; muchos, por el exceso de amor o de ira, se han vuelto dementes. Y de este modo la pasi&oacute;n lleva a la raz&oacute;n a juzgar en lo particular contra la ciencia que tiene en universal&quot;<a name="23"></a><a href="#23a"><sup>23</sup></a>.</p>      <p align="justify"> &iquest;Qu&eacute; entiende el Aquinate por 'distracci&oacute;n'? Al parecer el t&eacute;rmino 'distracci&oacute;n' no indica necesaria ni directamente una falta de atenci&oacute;n por parte de la raz&oacute;n, sino m&aacute;s bien, una 'desconcentraci&oacute;n' de las fuerzas del alma: una desviaci&oacute;n de las energ&iacute;as an&iacute;micas desde un 'objetivo' a otro. Lo que se podr&iacute;a llamar 'dispersi&oacute;n de fuerzas'. &quot;Como, en efecto, todas las potencias del alma radican en una &uacute;nica esencia del alma, es necesario que cuando una potencia tiende a su acto, la otra se debilite en su acto, o quede totalmente impedida de &eacute;l; ya sea porque toda fuerza dispersa en muchas cosas se hace menor, mientras que, al contrario, cuando tiende a una sola cosa, menos se puede dispersar a otras; o ya sea porque en las operaciones del alma se requiere cierta intenci&oacute;n, que mientras se aplica vehementemente a una cosa, no puede atender con vehemencia a otra. Y seg&uacute;n este modo, como por cierta distracci&oacute;n, cuando el apetito sensitivo se fortalece respecto a cualquier pasi&oacute;n, es necesario que se debilite, o que se vea totalmente impedido, el movimiento propio del apetito racional, que es la voluntad&quot;<a name="24"></a><a href="#24a"><sup>24</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Cuando las energ&iacute;as del alma se reparten entre muchas operaciones de objetos diversos, necesariamente son menores para cada operaci&oacute;n, y saldr&aacute; perdiendo, finalmente, aquella facultad cuya actividad sea menos intensa. Y en el caso del incontinente, la facultad d&eacute;bil es la voluntad. De manera que todas las fuerzas y atenci&oacute;n de su mente quedan como polarizadas hacia el objeto de la pasi&oacute;n, y no hacia el querer recto de la voluntad.</p>      <p align="justify"> El efecto impeditivo de la pasi&oacute;n es semejante en el caso de la 'contrariedad'. Las pasiones <i>contrarias </i>a la inclinaci&oacute;n de la raz&oacute;n, ya no simplemente distintas, arrastran a la imaginaci&oacute;n y a la estimativa a atender &uacute;nicamente aquello que agrada al afecto sensible, de manera que no se atienda el juicio recto de la raz&oacute;n. &quot;De aqu&iacute; vemos que los hombres sometidos al influjo de una pasi&oacute;n no apartan f&aacute;cilmente su imaginaci&oacute;n de aquellas cosas a las que est&aacute;n aficionados; de manera que el juicio de la raz&oacute;n muchas veces sigue a la pasi&oacute;n del apetito sensitivo, y por consiguiente, tambi&eacute;n el movimiento de la voluntad, a la cual le es connatural seguir el juicio de la raz&oacute;n&quot;<a name="25"></a><a href="#25a"><sup>25</sup></a>.</p>      <p align="justify"> La tercera manera en que puede ser impedido el saber recto acerca de la acci&oacute;n es 'por alteraci&oacute;n corp&oacute;rea'. Como toda pasi&oacute;n implica cambios corporales, si la pasi&oacute;n es muy intensa puede provocar serios trastornos f&iacute;sicos, hasta el punto de 'hacer perder el juicio'. &quot;Vemos que las pasiones de la ira o de los deseos carnales o cualquiera por el estilo alteran manifiestamente el cuerpo exterior, por ejemplo, calent&aacute;ndolo; y a veces tanto lo calientan que a algunos los llevan a enfermar&quot;<a name="26"></a><a href="#26a"><sup>26</sup></a>. Este trastorno del juicio se debe a que la aplicaci&oacute;n de los conocimientos racionales a las situaciones particulares y concretas requiere de la mediaci&oacute;n de la cogitativa, cuyo &oacute;rgano puede ser gravemente da&ntilde;ado por una pasi&oacute;n excesivamente intensa.</p>      <p align="justify"> Exceptuando la p&eacute;rdida de la raz&oacute;n por alteraci&oacute;n f&iacute;sica, parece que todos los dem&aacute;s modos de impedir u obstaculizar el juicio racional, pueden reducirse al modo de la 'distracci&oacute;n de &aacute;nimo', es decir, la descentraci&oacute;n de las energ&iacute;as y de la atenci&oacute;n respecto del juicio y querer recto, para concentrarlas en el objeto de la pasi&oacute;n. Se trata del mecanismo propio de quien cae en la tentaci&oacute;n: seguir el impulso del momento 'sin pensar', porque si se piensa y atiende a lo que dice la raz&oacute;n, no se podr&aacute; seguir el impulso<a name="27"></a><a href="#27a"><sup>27</sup></a>. As&iacute; puede sostener Tom&aacute;s de Aquino, &quot;la concupiscencia (enti&eacute;ndase las pasiones), cuando es vehemente, puede mover cualquier parte del alma, tambi&eacute;n a la raz&oacute;n, si no est&aacute; sol&iacute;cita para resistir&quot;<a name="28"></a><a href="#28a"><sup>28</sup></a>.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>B- Influencia habitual e indirecta: la pasi&oacute;n en la formaci&oacute;n del h&aacute;bito.</b></p></font>      <p align="justify"> Ha sido visto como la pasi&oacute;n puede oscurecer, en un momento determinado, el juicio recto de la raz&oacute;n y debilitar el consecuente querer de la voluntad. Pero la influencia de la pasi&oacute;n puede ser m&aacute;s radical. En los casos analizados en el punto anterior, la persona sometida a las pasiones conoce correctamente lo bueno y lo malo, y quiere el bien y rechaza el mal, al menos en general, cuando no est&aacute; sometido a la influencia moment&aacute;nea de una pasi&oacute;n. Sin embargo, las pasiones pueden ir 'modelando' un car&aacute;cter (es decir, una forma de ser, de pensar, de sentir y de actuar) que no est&eacute; orientado a un verdadero bien; la actuaci&oacute;n 'por pasi&oacute;n' puede ir configurando un sujeto vicioso.</p>      <p align="justify"> El vicio es un h&aacute;bito malo. Pero el concepto aristot&eacute;lico-tomista de 'h&aacute;bito' no equivale a la mera costumbre; aunque la mayor&iacute;a de los h&aacute;bitos se adquieren por costumbre. El h&aacute;bito es una disposici&oacute;n interior para actuar de una determinada manera; una disposici&oacute;n del alma que implica, por una parte, una inclinaci&oacute;n a un determinado fin y, por otra, la facilidad para escoger todo lo que est&eacute; ordenado hacia ese fin. Si la disposici&oacute;n interior se refiere a un fin malo, entonces se trata de un h&aacute;bito malo, o vicio; si la disposici&oacute;n interior se refiere a un fin bueno, entonces se trata de un h&aacute;bito bueno, o virtud.</p>      <p align="justify"> Cuando hay h&aacute;bito -bueno o malo-, existe una determinada apreciaci&oacute;n de lo que es bueno y de lo que es malo; para el vicioso ser&aacute; bueno, como correspondiente al fin al cual se inclina, algo que es s&oacute;lo un bien aparente y, en la realidad, es malo; el virtuoso, en cambio, entender&aacute; como bueno lo que en realidad es bueno y no s&oacute;lo un bien aparente. Sucede as&iacute; porque el h&aacute;bito es como una segunda naturaleza, configura el car&aacute;cter de una persona, significa un modo de ser sobrea&ntilde;adido a la mera naturaleza del sujeto; y como dice Arist&oacute;teles, &quot;as&iacute; como es cada uno, as&iacute; le parece el fin&quot;<a name="29"></a><a href="#29a"><sup>29</sup></a>. &quot;Porque para aquel que posee un h&aacute;bito es amable <i>de suyo </i>aquello que le es conveniente conforme a su propio h&aacute;bito, porque se le ha hecho connatural, en cuanto la costumbre y el h&aacute;bito se transforman en naturaleza&quot;<a name="30"></a><a href="#30a"><sup>30</sup></a>. Seg&uacute;n sus h&aacute;bitos, la persona se encuentra inclinada a adherir a un bien u a otro: por ejemplo, el lujurioso tiene su fin en los placeres ven&eacute;reos; el codicioso, en la posesi&oacute;n de bienes materiales y en el poder; el virtuoso, en el bien de la raz&oacute;n; y el santo, en Dios. Pero aquello a lo que todos en principio se encuentran inclinados como por naturaleza parece que es un bien, y si es una inclinaci&oacute;n radical, se entiende como el fin &uacute;ltimo de la vida.</p>      <p align="justify"> Ahora bien, el fin tiene la funci&oacute;n de 'principio' en los razonamientos pr&aacute;cticos: la premisa universal pr&aacute;ctica, que constituye la norma universal de acci&oacute;n, surge de aquello a lo que se est&aacute; inclinados como a al fin en la vida. Por consiguiente, si el car&aacute;cter es vicioso, informado de h&aacute;bitos malos, el fin es malo, y, por lo tanto, los principios de la acci&oacute;n est&aacute;n pervertidos. Dicho en t&eacute;rminos simples, el vicioso es un sujeto que no sabe ni entiende, ni en general ni en concreto, que lo que quiere y elije es objetivamente malo, sino que piensa que es bueno y se deleita en ello sin miramientos ni verg&uuml;enza. Por este motivo, el incontinente -que sabe lo que es bueno y lo quiere en general, pero elije lo malo- no puede considerarse un vicioso 'acabado', pues no est&aacute; del todo corrupto el juicio recto de la raz&oacute;n y el querer de la voluntad; &eacute;l conoce la norma moral verdadera; lo que sucede es que es d&eacute;bil: elije el mal por debilidad, porque su amor al verdadero bien es d&eacute;bil. En cambio, el que es acabadamente vicioso no conoce la norma moral verdadera, ni ama en absoluto el verdadero bien, de lo que se sigue que los principios de su obrar no son aquellos que le podr&iacute;a proponer la recta raz&oacute;n, sino aquellos que le proponen sus pasiones. El vicioso elije el mal, pero no por debilidad, sino por malicia; los principios universales de su elecci&oacute;n son aquellos que a &eacute;l le parecen seg&uacute;n sus apetencias, y convierte su propia opini&oacute;n errada en norma de su obrar; porque su fin no es ya el verdadero bien sino lo que a &eacute;l le apetezca.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> &iquest;C&oacute;mo se ha llegado a la formaci&oacute;n del h&aacute;bito vicioso? Al modo como se forman todos los h&aacute;bitos morales: por repetici&oacute;n de actos semejantes al h&aacute;bito<a name="31"></a><a href="#31a"><sup>31</sup></a>. En el caso del vicio, por repetici&oacute;n de actos y elecciones semejantes a actos y elecciones viciosas. &iquest;Cu&aacute;les son esos actos 'semejantes al vicio'? Aquellos que no surgen de una voluntad buena ni de una raz&oacute;n recta, sino que se realizan a impulsos de la pasi&oacute;n desordenada. De manera que si una persona se acostumbra a actuar bajo el impulso de sus pasiones descontroladas, sin oponer resistencia verdadera y sin intentar obrar conforme a raz&oacute;n, acabar&aacute;, evidentemente poniendo su fin &uacute;ltimo en el bien del sentido, en aquello que m&aacute;s atraiga a sus apetitos inferiores. Aunque, en un principio pudiese reconocer cu&aacute;l es el bien de la raz&oacute;n, e incluso cu&aacute;l es el bien de la felicidad eterna y pudiese quererlo, si acostumbra a no obedecer el juicio racional, acabar&aacute; poniendo toda la intenci&oacute;n de su voluntad en los bienes particulares sensibles: de hecho, estos bienes ser&aacute;n su fin, porque ya no entender&aacute; la bondad del bien racional ni de Dios, ya no ser&aacute; capaz de experimentar estos bienes.</p>      <p align="justify"> Queda manifiesto, por tanto, que las pasiones tambi&eacute;n pueden influir, a nivel de la formaci&oacute;n de h&aacute;bitos, en el actuar de la raz&oacute;n, alterando el conocimiento de los principios universales de la acci&oacute;n, y en el querer m&aacute;s profundo de la voluntad, haciendo que &eacute;sta quede orientada hacia un fin desordenado, pues el vicioso ha convertido el objeto de sus pasiones en el objeto absoluto de su voluntad. Los apetitos sensitivos no sometidos al juicio recto de la raz&oacute;n llevan a adherir a un bien particular como a fin &uacute;ltimo, y a aceptar como v&aacute;lidas las premisas universales de la sensualidad; y esto no s&oacute;lo en un momento determinado en que la pasi&oacute;n sea muy intensa, sino de manera estable, <i>habitual.</i></p>  <font size="3">     <br>    <p><b>Conclusiones</b></p></font>  <font size="3">     <p><b>&iquest;Es posible una influencia positiva de las pasiones antecedentes al juicio de la raz&oacute;n?</b></p></font>      <p align="justify"> En s&iacute;ntesis, las relaciones entre las facultades superiores y las pasiones del alma, siguiendo a Santo Tom&aacute;s, se dan de dos maneras: o las pasiones son anteriores al juicio de la raz&oacute;n, <i>pasiones antecedentes, </i>o las pasiones siguen al juicio y al querer de la voluntad, <i>pasiones consecuentes</i><a name="32"></a><a href="#32a"><sup>32</sup></a>. Los adjetivos 'antecedente' y 'consecuente' no designan tanto un orden temporal como un orden causal. Las pasiones 'antecedentes' son aquellas que se originan con independencia del juicio racional. Puede ser antes o al mismo tiempo que tal juicio, pero no causadas por la raz&oacute;n ni por la voluntad. Las pasiones consecuentes son aqu&eacute;llas que est&aacute;n provocadas o inducidas por la raz&oacute;n y la voluntad.</p>      <p align="justify"> Cuando se habla de la influencia de las facultades superiores sobre las pasiones del apetito sensitivo, se est&aacute; hablando de pasiones consecuentes, y cuando se habla de la influencia de las pasiones sobre las facultades superiores se refiere a pasiones antecedentes. N&oacute;tese, sin embargo, que esta divisi&oacute;n de las pasiones no es, estrictamente hablando, una clasificaci&oacute;n moral: no se trata de que las pasiones antecedentes sean siempre malas y las consecuentes siempre buenas, moralmente hablando. La divisi&oacute;n establecida por Santo Tom&aacute;s tiene un cariz m&aacute;s bien psicol&oacute;gico, que redunda secundariamente en la moralidad de las acciones; lo que se&ntilde;ala Tom&aacute;s de Aquino es que las pasiones antecedentes no son voluntarias, o son menos voluntarias, y las pasiones consecuentes implican mayor voluntariedad; de ah&iacute; que las acciones motivadas por pasiones antecedentes son menos voluntarias y las acciones acompa&ntilde;adas de pasiones consecuentes sean m&aacute;s voluntarias. Esta mayor o menor voluntariedad puede aplicarse tanto a la buena como a la mala elecci&oacute;n: si las pasiones son antecedentes, disminuye la moralidad de la acci&oacute;n, es decir, la acci&oacute;n es menos mala, o menos buena, seg&uacute;n el caso; si las pasiones son consecuentes pasa lo contrario, la elecci&oacute;n, y la acci&oacute;n, es m&aacute;s mala o m&aacute;s buena, seg&uacute;n se elija el mal o el bien.</p>      <p align="justify"> Lo que queda bastante patente es que para Tom&aacute;s de Aquino la acci&oacute;n es plena y perfectamente voluntaria cuando va acompa&ntilde;ada de las pasiones consecuentes; mientras que la acci&oacute;n y elecci&oacute;n movida por pasiones antecedentes -lo que se llama 'obrar por pasi&oacute;n'-es menos voluntaria, es decir, no es perfectamente voluntaria, tanto si es moralmente buena como si es mala. &iquest;Qu&eacute; significa esto? Que una acci&oacute;n perfectamente buena o perfectamente mala va seguida de pasiones consecuentes, queridas y elegidas por el sujeto; mientras que la elecci&oacute;n y la acci&oacute;n realizadas 'por pasi&oacute;n' nunca pueden ser perfectamente malas, ni perfectamente buenas. El malo, el verdadero malo, es decir, el vicioso, no obra pasionalmente cuando elije el mal, sino con la cabeza fr&iacute;a; y el bueno, el verdadero bueno, el virtuoso, tampoco obra pasionalmente cuando elije el bien usando su virtud: nunca una elecci&oacute;n virtuosa, en un sentido cabal, puede ser una elecci&oacute;n 'por pasi&oacute;n', porque entonces ya no es una elecci&oacute;n tan buena, y no puede llamarse virtuosa.</p>      <p align="justify"> Pero, esto &iquest;es realmente as&iacute;? Santo Tom&aacute;s, siguiendo en esto a San Agust&iacute;n, es bastante claro al respecto: <i>aunque la pasi&oacute;n inclinase hacia la misma acci&oacute;n a la cual inclinar&iacute;a el juicio racional recto, </i>cuando la acci&oacute;n se hace movida por la pasi&oacute;n, es menos voluntaria y, por lo mismo, menos buena y, por tanto, no es perfectamente buena. &quot;Es m&aacute;s laudable hacer una obra de misericordia por el juicio de la raz&oacute;n que hacerla por la sola pasi&oacute;n de la misericordia&quot;<a name="33"></a><a href="#33a"><sup>33</sup></a>. La elecci&oacute;n perfectamente buena, la elecci&oacute;n virtuosa, no s&oacute;lo debe ser una elecci&oacute;n 'seg&uacute;n la raz&oacute;n', sino todav&iacute;a m&aacute;s, una elecci&oacute;n 'a partir de la raz&oacute;n'.</p>      <p align="justify"> En realidad, esta l&oacute;gica puede sonar extra&ntilde;a y un poco chocante porque una acci&oacute;n buena realizada pasionalmente parece m&aacute;s espont&aacute;nea y, en este sentido, m&aacute;s &iacute;ntima y propia del sujeto: parece que el perfecto bueno, el virtuoso se mueve como instintivamente hacia el bien, casi sin pensar lo que hace. Y esto tiene parte de raz&oacute;n, porque el virtuoso es un hombre de unos buenos sentimientos 'como naturales', pero no toda la raz&oacute;n, porque la virtud hace al hombre sensato y reflexivo, todo menos instintivo en su obrar. Y si se piensa un poco se ve la causa: actuar 'por pasi&oacute;n' es actuar con independencia del juicio racional, pero, el apetito sensitivo con independencia de la raz&oacute;n, tiene sus propios motivos, sus propios objetos de tendencia, que son siempre bienes particulares y objetos singulares. En el caso de dar limosna 'por compasi&oacute;n', resulta que el que da limosna movido por la pena que siente al ver a un miserable hombre necesitado, lo hace m&aacute;s para disminuir o quitar de s&iacute; la pena que siente que por ayudar al pr&oacute;jimo, pues la tristeza nunca es agradable. Si hiciera ese mismo acto por el juicio recto de la raz&oacute;n mirar&iacute;a sinceramente el bien del pr&oacute;jimo, y pensar&iacute;a si darle esa limosna en ese momento es lo que m&aacute;s le conviene al pobre; y quiz&aacute;s ver&iacute;a que no, porque se ve claramente que el hombre es un borracho, por ejemplo, y que lo que debe hacer, si est&aacute; en su mano, es llevar a ese hombre a una instituci&oacute;n donde le puedan ayudar, o donar una buena cantidad a una instituci&oacute;n de beneficencia. En cualquier caso, una acci&oacute;n plenamente voluntaria es aquella en que la voluntad elije movida por sus propios motivos, y estos siempre son aquellos que le presenta con lucidez la raz&oacute;n. Por este motivo, de cara a la elecci&oacute;n entre hacer un acto bueno movido 'por pasi&oacute;n' y hacerlo por el juicio de la raz&oacute;n, es preferible este segundo modo de acci&oacute;n, porque es mejor <i>-m&aacute;s bueno-.</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> No significa esto que la pasi&oacute;n cumpla un mero papel negativo en la elecci&oacute;n. Como m&aacute;s arriba se dijo, las pasiones consecuentes al juicio de la raz&oacute;n no s&oacute;lo son apropiadas, sino necesarias para el acto voluntario perfecto, y por tanto, para el perfecto acto de virtud. &quot;As&iacute; como es mejor que el hombre no s&oacute;lo quiera el bien, sino que lo realice por un acto exterior, de igual modo pertenece a la perfecci&oacute;n del bien moral que el hombre se mueva al bien no s&oacute;lo seg&uacute;n la voluntad, sino tambi&eacute;n seg&uacute;n el apetito sensitivo, conforme a aquello del Salmo 83, 3: <i>Mi coraz&oacute;n y mi carne se regocijaron en el Dios vivo, </i>entendiendo por coraz&oacute;n el apetito intelectivo (voluntad), y por <i>carne, </i>el apetito sensitivo&quot;<a name="34"></a><a href="#34a"><sup>34</sup></a>.</p>  <hr> <font size="3">     <br>    <p><b>Notas</b></p></font>      <p><sup><a name="1a"></a><a href="#1">1</a></sup> Cf. <i>S. Th., </i>1, 76.</p>      <p><sup><a name="2a"></a><a href="#2">2</a></sup> Cf. <i>S.Th., </i>1-2, 23.</p>      <p><sup><a name="3a"></a><a href="#3">3</a></sup> <i>In IV Ethic.</i>, lec. 13, n.560.</p>      <p align="justify"><sup><a name="4a"></a><a href="#4">4</a></sup> Cf. <i>S.Th. </i>1-2, 74, 3 adlum. De sensualitate aa. 4 y 5. Los apetitos sensitivos son racionales por participaci&oacute;n. Cf. S. Th. 1, q.81 Debemos, precisar, que las virtudes en los apetitos inferiores no disponen, sin m&aacute;s, a &eacute;stos para seguir el juicio de la raz&oacute;n, sino para seguirlo <i>siempre </i>y <i>f&aacute;cilmente.</i></p>      <p><sup><a name="5a"></a><a href="#5">5</a></sup> Pol&iacute;tica, libro I.</p>      <p><sup><a name="6a"></a><a href="#6">6</a></sup> <i>S. Th., </i>1, 81, 3 ad 2.</p>      <p><sup><a name="7a"></a><a href="#7">7</a></sup> <i>S. Th., </i>1, 81, 3 ad 2.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="8a"></a><a href="#8">8</a></sup> Cf. <i>De sensualitate </i>a. 7.</p>      <p><sup><a name="9a"></a><a href="#9">9</a></sup> <i>S. Th., </i>1, 81, a.3.</p>      <p align="justify"><sup><a name="10a"></a><a href="#10">10</a></sup> &quot;Intellectus sive ratio cognoscit in universali finem ad quem ordinat actum concupiscibilis et actum irascibilis imperando eos. Hanc autem cognitionem universalem mediante vi cogitativa ad singulariam applicat&quot;. <i>De Verit., </i>q.10, a.5 ad 4.</p>      <p align="justify"><sup><a name="11a"></a><a href="#11">11</a></sup> &quot; Rationi quidem obediunt quantum ad ipsos suos actus. Cuius ratio est, quia appetitus sensitivus in aliis quidem animalibus natus est moveri ab aestimativa virtute; sicutovis aestimans lupum inimicum, timet. Loco autem aestimativae virtutis est in homine, sicut supra dictum est, vis cogitativa; quae dicitur a quibusdam <i>ratio particularis, </i>eo quod est collativa intentionum individualium. Unde ab ea natus est moveri in homine appetitus sensitivus. Ipsa autem ratio particularis nata est moveri et dirigi secundum rationem universalem: unde in syllogisticis ex universalibus propositionibus concluduntur conclusiones singulares. &raquo;. <i>STh., </i>1, 81, a.3.</p>      <p align="justify"><sup><a name="12a"></a><a href="#12">12</a></sup> &laquo;Hoc etiam quilibet experiri potest in seipso: applicando enim aliquas universales considerationes, mitigatur ira aut timor aut aliquid huiusmodi, vel etiam instigate&raquo;. <i>STh., </i>1, .81, .3.</p>      <p><sup><a name="13a"></a><a href="#13">13</a></sup> Cf. <i>S. Th., </i>1, 81, 3 ad 3.</p>      <p align="justify"><sup><a name="14a"></a><a href="#14">14</a></sup> &quot;Et praeterea appetitus sensitivus potest etiam a ratione universali moveri, mediante imaginatione particulari&quot;. <i>S. Th., </i>1-2, 30, 3 ad 3.</p>      <p><sup><a name="15a"></a><a href="#15">15</a></sup> De sensualitate, 4, c.</p>      <p><sup><a name="16a"></a><a href="#16">16</a></sup> Voluntati etiam subiacet appetitus sensitivus, quantum ad executionem, quae fit per vim motivam. In aliis enim animalibus statim ad appetitum concupiscibilis et irascibilis sequitur motus, sicut ovis timens lupum statim fugit: quia non est in eis aliquis superior appetitus qui repugnei. Sed homo non statim movetur secundum appetitum irascibilis et concupiscibilis; sed expectatur imperium voluntatis, quod est appetitus superior. In omnibus enim potentiis motivis ordinatis, secundum movens non movet nisi virtute primi moventis: unde appetitus inferior non sufficit mover&eacute;, nisi appetitus superior consentiat&quot;. <i>S. Th., </i>1, 81, 3.      <p><sup><a name="17a"></a><a href="#17">17</a></sup> <i>S. Th., </i>1-2, 24, 3 ad 1.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><sup><a name="18a"></a><a href="#18">18</a></sup> Astorquiza, P. &quot;Ser y amor. Fundamentaci&oacute;n metaf&iacute;sica del amor en Santo Tom&aacute;s de Aquino&quot;. Tesis doctoral. Universidad de Barcelona, edici&oacute;n electr&oacute;nica, p. 199.</p>      <p align="justify"><sup><a name="19a"></a><a href="#19">19</a></sup> &quot;Ut si opinio universalis sit quod omne dulce oportet gustare, opinio autem particularis sit quod hoc, demostrato aliquo particulare, sit dulce, necesse est quod ille qui potest gustare statim gustet, nisi sit aliquid prohibens. Et hoc quidem fit in syllogismo temperati, qui non habet concupiscentiam repugnantem rationi proponenti quod omne inhonestum est vitandum. Et similiter in syllogismo intemperati, cuius ratio concupiscentiae non repugnant proponenti, quae inclinat ad hoc quod omne delectabile sit sumendum&quot;. <i>In VII Ethic, </i>lec. 3, n. 1346.</p>      <p><sup><a name="20a"></a><a href="#20">20</a></sup> <i>In VII Ethic, </i>lec. 3, n.1347.</p>      <p align="justify"><sup><a name="21a"></a><a href="#21">21</a></sup> &quot;Que, a veces, el apetito parezca no seguir al conocimiento, se debe a que el apetito y el juicio del conocimiento no se refieren alo mismo, pues el apetito se refiere a las acciones particulares, y en cambio, el juicio de la raz&oacute;n se refiere a veces a algo universal que es, a veces, contrario al apetito. Sin embargo, el juicio de esto particular que debe realizarse ahora nunca puede ser contrario al apetito. Efectivamente, el que quiere fornicar, aunque sepa en universal que la fornicaci&oacute;n es mala, sin embargo, juzga que ahora es bueno para &eacute;l el acto de fornicaci&oacute;n&quot;.    <br> &quot;Et quod quandoque appetitus videatur cognitionem non sequi, hoc ideo est, quia non circa idem accipitur appetitus et cognitionis iudicium: est enim appetitus de particulari operabili, iudicium vero rationis quandoque est de aliquo universali, quod est quandoque contrarium appetitui. Sed iudicium de hoc particulari operabili, ut nunc, nunquam potest esse contrarium appetitui. Qui enim vult fornicari, quamvis sciat in universali fornicationem malum esse, tamen iudicat sibi ut nunc bonum esse fornicationis actus. <i>De Verit, </i>q. 24, a. 2.</p>      <p align="justify"><sup><a name="22a"></a><a href="#22">22</a></sup> &quot;Dos son los modos de juicio que usa la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, a saber, la proposici&oacute;n <i>universal </i>y la <i>singular, </i>y por esto, parece que nada impide que alguien que act&uacute;a sin considerar la ciencia (es decir, sin considerar el recto juicio de la raz&oacute;n), en realidad conozca <i>en h&aacute;bito </i>ambas proposiciones, pero <i>en acto </i>considere s&oacute;lo la universal y no la particular, porque las acciones son acerca de lo singular. De aqu&iacute; que, si una persona no considera el juicio singular, no sea de admirar que act&uacute;e de manera distinta (a lo que manda la ciencia pr&aacute;ctica). Debe saberse tambi&eacute;n que lo <i>universal </i>puede considerarse en dos sentidos. De un modo, como es en s&iacute; mismo, por ejemplo, cuando decimos que a todo hombre le convienen las cosas secas. De otro modo, en cuanto est&aacute; en el singular, como cuando decimos que este hombre o tal comida es seca. Ahora bien, puede suceder que alguien conozca, en h&aacute;bito y en acto, la premisa universal considerada en s&iacute; misma, pero el principio universal considerado en este caso individual o no lo tenga -es decir, no lo conozca ni siquiera en h&aacute;bito -, o no lo actualice -esto es, no lo conozca en acto&quot;. <i>In VII Ethic, </i>lec.3, nn.1339-1340.</p>      <p align="justify"><sup><a name="23a"></a><a href="#23">23</a></sup> &quot;Quod homo non considerei in particulari id quod habitualiter scit, quandoque quidem contingit ex solu defectu intentionis. Puta cum homo sciens geometriam, non intendit ad considerandum geometriae conclusiones, quas statim in promptu habet considerare. Quandoque autem homo non considerat id quod habet in habitu propter aliquod impedimentum superveniens: puta propter aliquam occupationem exteriorem, vel propter aliquam infirmitatem corporale. Et hoc hoc modo ille qui est in passione constituitus, non considerat in particulari id quod scit in universali, inquantum passio impedit talem considerationem. Impedit autem tripliciter. Primo, per quandam distractionem: sicut supra expositum est. Secundo, per contrarietatem: quiaplerumque passio inclinat ad contrarium huius quod scientia universalis habet. Tertio, per quandam immutationem corporalem, ex qua ratio quodammodo ligatur, ne libere in actum exeat: sicut etiam somnus vel ebrietas, quadam corporali transmutatione facta, ligant usum rationis. Et quod hoc contingat in passionibus, patet ex hoc quod aliquando, cum passiones multum intenduntur, homo amittit totaliter usum rationis: multi enim propter abundantiam amoris et irae, sunt in insaniam conversi. Et per hunc modum passio trahit rationem ad iudicandum in particulari contra scientiam quam habet in universali&quot;. <i>S. Th., </i>1-2, 77, 2.</p>      <p align="justify"><sup><a name="24a"></a><a href="#24">24</a></sup> &quot;Cum enim omnes potentiae animae in una essentia animae radicentur, necesse est quod quando una potentia intenditur in suo actu, altera in suo actu remittatur, vel etiam totaliter impediatur. Turn quia omnis virtus ad plura dispersa fit minor: inde e contrario, quando intenditur circa unum, minus potest ad alia dispergi. Turn quia in operibus animae requiritur quaedam intentio, quae dum vehementer applicatur ad unum, non potest alteri vehementer attendere. Et secundum hunc modum, per quandam distractionem, quando motus appetitus sensitivi fortificatur secundum quamcumque passionem, necesse est quod remittatur, vel totaliter impediatur motus proprius appetitus rationalis, qui est voluntas&quot;. <i>S. Th., </i>1-2, 77, 1.</p>      <p align="justify"><sup><a name="25a"></a><a href="#25">25</a></sup> &quot;Unde videmus quod homines in aliqua passionem existentes, non facile imaginationem avertunt ab his circa quae afficiuntur. Unde per consequens iudicium rationis plerumque sequitur passionem appetitus sensitivi; et per consequens motus voluntatis, qui natus est sequi iudicium rationis&quot;. S <i>Th., </i>1-2, 77, 1.</p>      <p align="justify"><sup><a name="26a"></a><a href="#26">26</a></sup> &quot;Videmus enim quod irae et concupiscentiae venereorum et quaedam huiusmodi passiones manifeste transmutant corpus exterius, puta cum ex his incalescit. Et quandoque tantum incalescunt huiusmodi passiones quod quosdam in insanias deducunt. Et sic manifestum est quod incontinentes similiter disponuntur dormientibus, aut maniacis, aut ebriosis, qui scilicet habent habitum scientiae practicae in singularibus ligatum&quot;.<i> In VII Ethic, </i>lec.3, n.1342.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><sup><a name="27a"></a><a href="#27">27</a></sup> Aunque el incontinente diga exteriormente afirmaciones juiciosas (por ejemplo, 'seguir esta inclinaci&oacute;n ahora es deshonesto y no conviene'), sin embargo, interiormente <i>no las entiende en acto, </i>porque aquello que dice no lo siente as&iacute;. Cfr. <i> In VII Ethic, </i>lec.3, n. 1344.</p>      <p align="justify"><sup><a name="28a"></a><a href="#28">28</a></sup> &quot;Quia concupiscentia quando est vehemens potest mover&eacute; quamlibet particulam animae, etiam rationem, ni non sit sollicita ad resistendum&quot;. <i>In VII Ethic, </i>lec.3, n. 1348.</p>      <p><sup><a name="29a"></a><a href="#29">29</a></sup> ARIST&Oacute;TELES, <i>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco, </i>III, C.5, 1114 a32; cfr. In III Ethic., lec 13, nn. 519, 520 y 523.</p>      <p align="justify"><sup><a name="30a"></a><a href="#30">30</a></sup> &quot;Quia unicuique habenti habitum, est per se diligibile id quod est ei conveniens secundum proprium habitum: quia fit ei quodammodo connaturale, secundum quod consuetudo et habitus vertitur in naturam&quot;. <i>S. Th., </i>1-2, 78, 2.</p>      <p><sup><a name="31a"></a><a href="#31">31</a></sup> Cf. <i>S. Th., </i>1-2, 51, 2.</p>      <p><sup><a name="32a"></a><a href="#32">32</a></sup> Cf. <i>S. Th., </i>1-2, 24, 3 ad 1.</p>      <p><sup><a name="33a"></a><a href="#33">33</a></sup> <i>S. Th., </i>1-2, 24, 3 ad 1.</p>      <p><sup><a name="34a"></a><a href="#34">34</a></sup> <i>S. Th., </i>1-2, 24, 3 c.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
