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<journal-title><![CDATA[Revista Ciencias de la Salud]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Editorial Universidad del Rosario]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Adoptar una posición que parece inadecuada: ¿es vicio postural o hace parte del desarrollo normal de la postura?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Adopting a position that seems inappropriate: Is it a postural bad habit or is it part of the normal development of the position?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Children adopt different postures as a normal consequence of their development, sometimes these attitudes are erroneously called postural vicious. This article summarizes the children postural development, explains why most of the positions adopted by children are normal, and invite health professionals to analyze critically postures before categorizing them as a postural vicious.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Adoptar una posici&oacute;n que parece inadecuada: &iquest;es vicio postural o hace parte del desarrollo normal de la postura?</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b><i>Adopting a position that seems inappropriate: Is it a postural bad habit or is it part of the normal development of the position?</i></b></p>     <p><i>Juan Carlos Rodr&iacute;guez*</i></p>     <p>* M&eacute;dico Ortopedista infantil. Profesor de la Universidad del Rosario. Especialista en Docencia Universitaria.</p>     <p>Recibido: octubre de 2002 Aceptado: febrero de 2003</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Los ni&ntilde;os adoptan diferentes posturas como consecuencia normal de su desarrollo, pero algunas de estas actitudes son, en ocasiones, llamadas err&oacute;neamente vicios posturales. Este art&iacute;culo resume el desarrollo de las posturas de los ni&ntilde;os, explica por qu&eacute; la gran mayor&iacute;a de las posiciones adoptadas por ellos son normales e invita a los profesionales de la salud a analizarlas cr&iacute;ticamente, antes de catalogarlas como vicios posturales.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> postura, vicio, ni&ntilde;os, normal, desarrollo.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Children adopt different postures as a normal consequence of their development, sometimes these attitudes are erroneously called postural vicious. This article summarizes the children postural development, explains why most of the positions adopted by children are normal, and invite health professionals to analyze critically postures before categorizing them as a postural vicious.</p>     <p><b>Key words:</b> Postures, vicious, children, normal, development.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Desde hace varias d&eacute;cadas es muy dado que muchas comunidades proh&iacute;ban a los ni&ntilde;os que duerman en ciertas posiciones, que se sienten sobre sus pies o que los coloquen atr&aacute;s y hacia los lados con las rodillas dobladas, posici&oacute;n com&uacute;nmente llamada en W (1),(2), en cambio, se obliga a que se sienten permanentemente con los pies hacia delante o cruzados en posici&oacute;n de indio o de Buda (<a href="#f1">Figura 1</a>).</p>     <p>No obstante, las diferentes posturas que adoptan los ni&ntilde;os en las distintas etapas de su crecimiento corresponden, en la mayor&iacute;a de los casos, simplemente al descubrimiento, por ensayo-error, de c&oacute;mo deben colocar sus extremidades para poder madurar e iniciar la siguiente etapa de su desarrollo, y para ello la naturaleza misma les ayuda proporcionando diferentes alineaciones, tanto rotacionales como en su eje longitudinal, que van cambiando durante el crecimiento. Para entender esto hay que remontarse a las primeras semanas de la vida intrauterina y hacer un seguimiento hasta los 15-16 a&ntilde;os, cuando termina este desarrollo postural, como lo sostienen todos los autores dedicados a este tema.</p>     <p>La postura que adoptan los ni&ntilde;os es m&aacute;s el efecto que una causa de estos cambios, y los llamados vicios posturales no cambian en nada su evoluci&oacute;n, s&oacute;lo podr&iacute;an retrasarlos un poco, cuando dichas posturas se mantienen permanentemente, que no es el caso de los ni&ntilde;os sanos.</p>     <p><b><a name="f1"></a>Figura 1.</b> Posici&oacute;n frecuentemente corregida y la adoptada luego de que se lo ordenan. N&oacute;tese en este la misma posici&oacute;n intrauterina.</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f1.jpg"></p>     <p><b>DESARROLLO NORMAL</b></p>     <p>Hacia la quinta semana de gestaci&oacute;n, al asomar los botones germinales de los miembros inferiores, el grueso artejo est&aacute; colocado en posici&oacute;n cef&aacute;lica, por lo cual toda la extremidad rota hacia la l&iacute;nea media del cuerpo para llevarlo a la parte interna; posteriormente, tanto el segmento tibial como el femoral rotan hacia el lateral o afuera (5),(6),(7),(8),(9), tal como se puede observar en la <a href="#f5">Figura 5</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los &uacute;ltimos meses de embarazo, el beb&eacute; adopta una posici&oacute;n en flexi&oacute;n de toda la columna, es decir, con una curva anterior; los miembros superiores hacia el frente del t&oacute;rax, brazos en flexi&oacute;n y rotaci&oacute;n interna; codos en flexi&oacute;n con las manos hacia el pecho y las palmas en oposici&oacute;n, como si fueran a aplaudir, o hacia abajo (antebrazos en neutro o en pronaci&oacute;n). Los miembros inferiores se encuentran doblados hacia el abdomen (flexi&oacute;n de caderas) con una discreta rotaci&oacute;n externa y abducci&oacute;n de muslos, rodillas en flexi&oacute;n a los lados del abdomen, las piernas cruzadas al frente en rotaci&oacute;n interna, el retropi&eacute; en varo y la punta de los pies hacia adentro en aducci&oacute;n de antepi&eacute;, esto hace que en el momento del nacimiento, por las retracciones musculares y las fuerzas deformantes de la cavidad uterina, el ni&ntilde;o se vea con las caderas y rodillas en ligera flexi&oacute;n, rodillas varas, piernas en torsi&oacute;n interna y pies aductos, generalmente uno m&aacute;s que el otro, debido a que estaba sobre el otro en la cavidad uterina (1),(3),(4).</p>     <p>Esta posici&oacute;n va cambiando con el tiempo hasta la adolescencia, edad en la cual se logra la postura definitiva y cuando la alineaci&oacute;n de los diferentes segmentos est&aacute;n influidos de manera importante por factores hereditarios; por esto es esencial que en la anamnesis se interrogue sobre la “forma de las extremidades y el cuerpo”, lo mismo que sobre las caracter&iacute;sticas de la marcha de los miembros cercanos de la familia (1),(5),(6), as&iacute; como se puede observar en la <a href="#f2">Figura 2</a>.</p>     <p><b><a name="f2"></a>Figura 2.</b> Madre e hija con las mismas caracter&iacute;sticas de alineaci&oacute;n de sus miembros inferiores.</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f2.jpg"></p>     <p>Al nacer toda la columna est&aacute; incurvada hacia adelante en una gran cifosis. El neonato no es capaz de controlar la cabeza, y s&oacute;lo hasta alrededor del segundo mes logra mantener la extensi&oacute;n de la columna cervical, es decir, es cuando aparece la primera curva de la espina con eje posterior: la lordosis cervical; hacia el cuarto o quinto mes descubre que se puede colocar boca abajo si cruza una de sus manos hacia el lado contrario y apoya el pie del mismo lado atr&aacute;s sobre la cama, y en esta posici&oacute;n dec&uacute;bito prono se empiezan a fortalecer los m&uacute;sculos de la espalda y a disminuir la curva anterior o cifosis del resto de la columna (<a href="#f3">Figura 3</a>).</p>     <p><b><a name="f3"></a>Figura 3a.</b> Lactante de un mes con gran cifosis de toda la columna, a&uacute;n no controla cabeza</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f3a.jpg"></p>     <p><b><a name="f3"></a>Figura 3b.</b> Lactante de cuatro meses que controla la cabeza y extiende el tronco</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f3b.jpg"></p>     <p>Simult&aacute;neamente, al estar en dec&uacute;bito supino, comienza a intentar sentarse y a hacer fuerza con sus m&uacute;sculos abdominales, con lo cual prepara su tronco para la posici&oacute;n sedente que logra alrededor del s&eacute;ptimo mes y para mantener su estabilidad lateral con el apoyo en abducci&oacute;n de los miembros inferiores. En este momento las madres generalmente colocan almohadas en la parte posterior del ni&ntilde;o, puesto que &eacute;ste se cae hacia atr&aacute;s y se puede golpear la cabeza. A esta edad ya tiene bien formada la lordosis de la columna cervical, pero el resto de la columna a&uacute;n est&aacute; incurvada hacia delante o est&aacute; recta, sin embargo, ya es capaz de jugar sin perder el equilibrio, con objetos que tenga entre sus miembros inferiores, los cuales mantienen la forma de par&eacute;ntesis.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Alrededor de los siete o nueve meses descubre que si voltea uno de sus miembros inferiores en rotaci&oacute;n interna y fleja su rodilla, colocando la pierna detr&aacute;s del tronco (media posici&oacute;n en W), no se cae hacia atr&aacute;s y puede girar su cuerpo hacia el lado opuesto. De esta manera comienza a manejar sus espacios f&iacute;sicos y logra tomar los objetos que est&aacute;n a sus lados y a sus espaldas, sin caerse. Unas semanas despu&eacute;s coloca ambos pies hacia atr&aacute;s, cae en cuenta que en esta posici&oacute;n es capaz de inclinar su tronco hacia delante, puede tomar objetos que est&aacute;n un poco lejos del alcance de sus manos y regresar a la posici&oacute;n de sentado, y si apoya adelante las dos manos logra desplazarse: comienza el gateo. Como puede deducirse, es imposible iniciar el gateo si el ni&ntilde;o no coloca los pies atr&aacute;s y &eacute;sta es la posici&oacute;n que le corrigen (<a href="#f4">Figura 4</a>).</p>     <p>Poco tiempo despu&eacute;s, alrededor de los diez meses, aprende a arrodillarse –posici&oacute;n indispensable en la preparaci&oacute;n muscular y para el equilibrio del tronco y la pelvis– y paso previo a la parada, al tiempo que la parte baja de la columna, su sector lumbar, empieza a encurvarse hacia delante for - mando la lordosis lumbar que, al principio, es muy pronunciada porque las caderas tienen unas retracciones musculares normales, especialmente las del psoas-iliaco, que las mantienen en flexi&oacute;n; para esto tambi&eacute;n el ni&ntilde;o requiere colocar las piernas por detr&aacute;s de su tronco, ya que es muy dif&iacute;cil pararse si se tienen las extremidades inferiores hacia delante (<a href="#f4">Figura 4</a>).</p>     <p><b><a name="f4"></a>Figura 4.</b> Secuencia normal del ni&ntilde;o para gatear y para pararse</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f4.jpg"></p>     <p>Cuando al fin se para, tiene que sostenerse en algo y agarrarse con ambas manos, debido a que mantiene los pies unidos en la l&iacute;nea media, en consecuencia, no puede mantener el equilibrio si se suelta. Al intentar desplazarse, se pisa un pie con el otro y esto le genera m&aacute;s inestabilidad, as&iacute; descubre que el que pisa y el pisado son de &eacute;l, por lo tanto, ensaya hasta aprender a alejar uno del otro en sentido lateral, pues esto le da tal estabilidad que empieza a soltar inicialmente una y luego la otra mano. Las caderas y las rodillas adoptan una posici&oacute;n de semiflexi&oacute;n y el ni&ntilde;o tiene que abrir mucho las extremidades al tiempo que las rota hacia adentro, “mete las puntas de los pies”, y aumenta su pol&iacute;gono de susten - taci&oacute;n, como si estuviera borracho, para poder mantener el equilibrio; es la misma posici&oacute;n que adoptamos los adultos cuando vamos parados en un veh&iacute;culo en movimiento, acto que produce el efecto &oacute;ptico de un ni&ntilde;o muy ‘cascorvo’ (piernas arqueadas), que sumado a los pocos grados normales, inquieta mucho a los padres y a las personas inexpertas (3),(5),(8),(14). Es normal que hasta alrededor de los 18-20 meses las rodillas sean varas.</p>     <p>Alrededor de los 12-14 meses el ni&ntilde;o inicia la marcha, la cual es demasiado inestable por falta de equilibrio y, como ya se mencion&oacute;, &eacute;ste se cuida abriendo las extremidades inferiores, doblando caderas y rodillas y ‘triangulando’ los pies, es decir, orient&aacute;ndolos hacia adentro, la mayor&iacute;a, o hacia fuera, como Charlott (el personaje de Chaplin en el cine mudo) en los primeros d&iacute;as de su marcha independiente (3). Es importante notar que la marcha la deben iniciar, normalmente, antes de los 18 meses; as&iacute; que un ni&ntilde;o que camine a los 15 meses no es ‘atrasadito’, ni uno que camine a los 10 meses, ‘muy inteligente’.</p>     <p>La inestabilidad en la marcha del ni&ntilde;o hace que &eacute;ste camine en zig-zag y que las rotaciones de los pies hacia adentro (progresi&oacute;n interna) aumenten si el terreno es irregular o si acelera la marcha, con el fin de mantener el equilibrio y la direcci&oacute;n (5),(7),(8). La evoluci&oacute;n de la postura, por s&iacute; misma, ayuda a que esto sea as&iacute;, puesto que normalmente la anteversi&oacute;n femoral, es decir, el &aacute;ngulo que existe entre el eje transverso de los c&oacute;ndilos femorales con el eje del cuello del f&eacute;mur est&aacute; aumentando, lo mismo que la torsi&oacute;n tibial interna, como ya se expuso (<a href="#f5">Figura 5</a>). Esta anteversi&oacute;n femoral, que al nacimiento est&aacute; alrededor de 50&deg; -60&deg;, disminuye; al a&ntilde;o llega aproximadamente a los 35&deg; y se estabiliza entre los 12&deg; a 17&deg;, en la adolescencia (1), (5), (8), (9), (14). Por lo tanto, la anteversi&oacute;n femoral obliga a que el ni&ntilde;o se siente en posici&oacute;n W o se acueste con los pies en rotaci&oacute;n interna (la cadera est&aacute; hecha para adoptar esta posici&oacute;n); el sentarse en posici&oacute;n W es el efecto y no la causa de la anteversi&oacute;n femoral. En cuanto a la torsi&oacute;n tibial interna, al nacimiento puede estar alrededor de los 15&deg;; a los 18 meses, en 0&deg;, y en la adolescencia (generalmente es externa), llegar a los 15&deg;, es decir, puede corregir hasta 30&deg; entre el nacimiento y el final del crecimiento (1), (5), (8), (9), (10). Adem&aacute;s, siempre va a tener un pie m&aacute;s rotado que el otro, porque en la vida intrauterina, una pierna estaba por delante de la otra y las hac&iacute;a discretamente asim&eacute;tricas: todos somos asim&eacute;tricos.</p>     <p><b><a name="f5"></a>Figura 5a.</b> Bot&oacute;n germinal a la cuarta semana (4)</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f5a.jpg"></p>     <p><b><a name="f5"></a>Figura 5b.</b> Sexta semana: pie con primer dedo hacia cef&aacute;lico. Rotaci&oacute;n del miembro inferior (4)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f5b.jpg"></p>     <p><b><a name="f5"></a>Figura 5c.</b> Novena semana: primer dedo casi en alineaci&oacute;n definitiva (4)</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f5c.jpg"></p>     <p><b><a name="f5"></a>Figura 5d.</b> Cuarto mes (4) el proceso de orientaci&oacute;n de los pies ha terminado</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f5d.jpg"></p>     <p>La motricidad fina est&aacute; dada b&aacute;sicamente por la integridad neurol&oacute;gica y la interacci&oacute;n entre la visi&oacute;n, las manos y las distancias; la &uacute;nica manera de lograrla es trabajando esta integraci&oacute;n. Los ojos est&aacute;n en el frente, las manos funcionan por delante del cuerpo y los miembros superiores son m&aacute;s cortos que los inferiores, por eso cuando el ni&ntilde;o est&aacute; jugando en el piso, ya sea con carros, armando un rompecabezas, etc. (<a href="#f6">Figura 6</a>), efect&uacute;a sus acciones por delante de &eacute;l, por lo tanto, necesita ese espacio libre, y eso lo logra colocando sus piernas atr&aacute;s. Hay que notar, que cuando al ni&ntilde;o se le hace sentar en el piso con los miembros inferiores al frente, le cuesta trabajo jugar o desarrollar su actividad investigadora y creadora, le toca de medio lado y sus extremidades interfieren en el juego, lo cual hace que lo suspenda, porque sabe que es muy dif&iacute;cil hacerlo con los pies al frente, adem&aacute;s, la misma forma de las extremidades inferiores hace que el sentarse como indio sea complicado.</p>     <p><b><a name="f6"></a>Figura 6.</b> En las tres fotos, la ni&ntilde;a de la izquierda adopta una posici&oacute;n que le permite manejar mejor el espacio, lo cual facilita su actividad; a la de la derecha, al mantener sus extremidades inferiores al frente, tiene dificultad en sus actividades. Estas ni&ntilde;as son gemelas y de los 2 a 3 a&ntilde;os a la ni&ntilde;a de la izquierda se le permiti&oacute; sentarse como quisiera, mientras que a la de la derecha se le “correg&iacute;a” su postura.</p>     <p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f6.jpg"></p>     <p>Alrededor de los dos a&ntilde;os, la evoluci&oacute;n de los miembros inferiores hace que pase de rodilla valga o ‘cascorvo’ a rodilla valga o ‘rodillijuntos’ o ‘patiapartados’ (<a href="#f7">Figura 7</a>), conformaci&oacute;n normal que aumenta hasta alrededor de los tres o cuatro a&ntilde;os, al parecer como ‘truco de la naturaleza’ para que el pol&iacute;gono de sustentaci&oacute;n sea amplio mientras se logra la madurez del equilibrio, no s&oacute;lo ocular, sino tambi&eacute;n por parte del cerebelo y del vest&iacute;bulo; por ello el valgo comienza a decrecer r&aacute;pidamente hasta los siete-ocho a&ntilde;os, y su &uacute;ltima modificaci&oacute;n es hacia los doce-catorce a&ntilde;os (1), (6), (8), (11), (12). Es normal que las rodillas del adulto sean valgas, m&aacute;s en las mujeres, porque la pelvis femenina es m&aacute;s ancha que la masculina, caracter&iacute;stica anat&oacute;mica que obliga a las cabezas del f&eacute;mur a estar m&aacute;s alejadas de la l&iacute;nea media que las rodillas. En las mujeres adultas se acepta como normal hasta ocho grados de valgo y en los hombres hasta cinco grados (11),(12).</p>     <p><b><a name="f7"></a>Figura 7.</b> Rodilla valga fisiol&oacute;gica (las ni&ntilde;as de esta foto son las hermanas gemelas que aparecen en la <a href="#f6">Figura 6</a>). Podemos evidenciar la misma evoluci&oacute;n de sus miembros inferiores en ambas</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="/img/revistas/recis/v1n1/v1n1a6f7.jpg"></p>     <p><b>DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Despu&eacute;s de revisar el desarrollo normal, podemos deducir que no son las posiciones en W (<a href="#f1">Figura 1</a>), sentarse sobre los pies o dormir bocabajo las que producen valgo en las rodillas, anteversi&oacute;n femoral o torsi&oacute;n tibial, sino que &eacute;stas son posiciones que se adaptan a la evoluci&oacute;n de la postura. Por otro lado, la posici&oacute;n de indio permanente (<a href="#f1">Figura 1</a>), que tambi&eacute;n es contraria a la evoluci&oacute;n normal de las rodillas y las torsiones femoral y tibial, podr&iacute;a considerarse como un vicio postural, incluso m&aacute;s grave que los primeros, puesto que de esta forma se mantienen las posiciones fetales de los miembros inferiores y la columna, que normalmente desaparecen con el crecimiento.</p>     <p>Como se ha explicado, cada uno de los segmentos del cuerpo sufre importantes cambios durante el crecimiento y mucho de lo que se cree patol&oacute;gico o inadecuado es normal en determinadas etapas de la ni&ntilde;ez; por lo tanto, la <i>adopci&oacute;n moment&aacute;nea</i>  de ciertas posturas modela el cuerpo hasta llegar a la adolescencia. De esta manera adoptar una por poco tiempo no deforma el cuerpo ni las extremidades; las deformidades se producen cuando esto sucede por tiempos muy prolongados, y los ni&ntilde;os normales no hacen esto. A modo de ver del autor, algunas de estas creencias surgieron porque algunos estudiosos dicen que colocar espicas de yeso en malas posiciones por tiempos prolongados (varias semanas o meses) pueden producir alteraciones en los huesos, pero ni siquiera esto se ha comprobado (13). Revisando adem&aacute;s la literatura m&eacute;dica (1),(2),(3),(5),(6),(7),(8),(9),(12), (13),(14), los diferentes autores coinciden en que todas estas ‘deformidades’ se corrigen espont&aacute;neamente y que en algunos casos la adopci&oacute;n de las ‘malas posturas’ puede simplemente demorar un poco este proceso.</p>     <p>Estos comentarios son ciertos para los ni&ntilde;os normales y no se pueden transpolar a ni&ntilde;os con alguna patolog&iacute;a que les altere el neurodesarrollo, para ellos la situaci&oacute;n es diferente, porque la adopci&oacute;n de posturas se realiza por un tiempo muy prolongado. Por otro lado, el que este hecho sea demasiado evidente puede hacer sospechar la existencia de una patolog&iacute;a subyacente, y en este caso la postura seguramente no es la causa, sino la consecuencia de la patolog&iacute;a.</p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Teniendo en cuenta el desarrollo normal de los ni&ntilde;os, podemos asumir que las posturas que adoptan, muchas veces en contra del alineamiento m&uacute;sculo-esquel&eacute;tico, corresponden simplemente a un proceso de aprendizaje. &Eacute;ste culmina en la adolescencia y es hasta este momento cuando se llega obtener la postura definitiva del adulto.</p>     <p>Por otro lado, despu&eacute;s de efectuar una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica extensa, s&oacute;lo se encuentra a dos autores (3),(15) que citan estas posturas como vicios posturales, pero no se encuentra un estudio cient&iacute;fico o una referencia bibliogr&aacute;fica en los cuales hayan basado esta informaci&oacute;n.</p>     <p>El sentarse en posici&oacute;n en W o como indio, al igual que el dormir en ciertas posiciones no se ha definido como vicios posturales. La evoluci&oacute;n de la postura desde el nacimiento hasta la adultez nos indica que estas posiciones son normales dentro del desarrollo, por lo tanto, no se considera pertinente prohibirlas a los ni&ntilde;os.</p>     <p>Nota: este art&iacute;culo tambi&eacute;n est&aacute; basado en la observaci&oacute;n que el autor ha hecho por m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, no solamente de sus pacientes, sino tambi&eacute;n de sus familiares y amigos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El autor obtuvo la autorizaci&oacute;n por parte de los padres de todos los ni&ntilde;os que aparecen en las fotos para su publicaci&oacute;n.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Malag&oacute;n V, Soto D. Tratado de ortopedia y fracturas. Bogot&aacute;: Celsus; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1692-7273200300010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Kendall&acute;s. M&uacute;sculos: pruebas, funciones y dolor postural. 4th ed. Marban; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1692-7273200300010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Malag&oacute;n V, Arango R. Ortopedia infantil. 2nd ed. Barcelona: JIMS; 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1692-7273200300010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Nilsson L, Hamberger L. Nacer: la gran aventura. Barcelona: Salvat; 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1692-7273200300010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Staheli L. Rotational problemns of the lower extremities. Orthopedic Clinics of North America 1987;18:503-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1692-7273200300010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Cahuzac J, Vardon D, Sales de Gauzy J. Development of the clinical tibiofemoral angle in normal adolescents. J Bone Joint Surg Br 1995;77B:729-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1692-7273200300010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Robledo LG. Marcha en el ni&ntilde;o y adolescente. Usuario pedi&aacute;trico. 6th ed. Bogot&aacute;: Celsus, Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1692-7273200300010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Tachdjian MO. Ortopedia pedi&aacute;trica. M&eacute;xico: Interamericana; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1692-7273200300010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Staheli L. Medial femoral torsion. Orthopedic Clinics of North America 1980; 11:39- 50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1692-7273200300010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Kumar SJ, Macewen GD. Torsional abnormalities in children&acute;s lower extremities. Orthopedic Clinics of North America 1982; 13:629-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S1692-7273200300010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Kling TF Jr. Angular deformities of the lower limbs in children. Orthopedic Clinics of North America 1987;18:513-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S1692-7273200300010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Heath CH, Stheli L. Normal limits of knee angle in white children- genu varum and genu valgum. J Pediatric Orthop 1993; 13:259-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S1692-7273200300010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Tachdjian M. Pediatrics orthopedics. W.B. Saunders Co; 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S1692-7273200300010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Thometz J. Rotational and angular deformities of the lower extremities. In: Richards S. Orthopaedic knowledge update: pediatrics. American Academy of Orthopaedic Surgeons; 1996. p. 29-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1692-7273200300010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Turek S. Ortopedia principios y aplicaciones. Barcelona: Salvat; 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1692-7273200300010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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