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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El sujeto activo: Antropología política en Amartya Sen]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The paper presents Amartya Sen's critique of the anthropological model that underlies the conception of neoclassical economics (especially in its utilitarian and rational choice versions), in order to present the conception of subject offered by the abilities approach and then the notion of development as freedom.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>El sujeto activo: Antropolog&iacute;a pol&iacute;tica en Amartya Sen</b></font></p>     <p>Andr&eacute;s Eduardo Saldarriaga Madrigal*    <br>   Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n (Colombia)</p>     <p>*<a href="mailto:aesaldarriaga@gmail.com"><i>aesaldarriaga@gmail.com</i></a>    <br>     <i>Direcci&oacute;n: </i>Instituto de Filosof&iacute;a, Universidad de Antioquia. Calle 67 N&deg; 53-108, Medell&iacute;n (Colombia)</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: agosto 02 de 2010    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: agosto 20 de 2010</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>El art&iacute;culo presenta la cr&iacute;tica de Amartya Sen al modelo antropol&oacute;gico que subyace a la concepci&oacute;n de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica (sobre todo en sus versiones utilitarista y de la elecci&oacute;n racional), para exponer luego la concepci&oacute;n de sujeto que ofrece el enfoque de las capacidades y la noci&oacute;n del desarrollo como libertad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PALABRAS  CLAVE</b>    <br>     <i>Utilitarismo, elecci&oacute;n racional, capacidades, funcionamientos, desarrollo, antropolog&iacute;a pol&iacute;tica, sujeto.</i></p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The paper presents Amartya Sen's critique of the anthropological model that underlies the conception of neoclassical economics (especially in its utilitarian and rational choice versions), in order to present the conception of subject offered by the abilities approach and then the notion of development as freedom.</p>     <p><b>KEYWORDS</b>    <br>     <i>Utilitarianism, rational election, abilities, operations, development, political anthropology, subject.</i></p> <hr>     <p><b>La cr&iacute;tica al tonto racional</b></p>     <p>A pesar del hecho de que Amartya Sen no ha formulado una filosof&iacute;a de la persona ni una concepci&oacute;n completa de la justicia, sus investigaciones son de gran importancia para el programa de una concepci&oacute;n no reduccionista de la persona, es decir, para el desarrollo de una antropolog&iacute;a pol&iacute;tica coherente, la cual, en virtud de dicha coherencia, estar&iacute;a en el lugar favorable para conectarse de manera adecuada con reflexiones acerca del problema de la justicia social. Entre los elementos importantes de la formulaci&oacute;n de Sen se encuentran, a mi modo de ver, dos que constituyen el n&uacute;cleo de su propuesta, a saber: una concepci&oacute;n no econ&oacute;mica del desarrollo y una comprensi&oacute;n instrumental de la libertad, la cual, sin embargo, no se reduce a igualar libertad pr&aacute;ctica con racionalidad de medios y fines<a href="%231" name="s1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>Entre los dos elementos mencionados se establece una relaci&oacute;n de reciprocidad, la cual est&aacute; enmarcada en una concepci&oacute;n perfeccionista de la naturaleza humana, es decir, se considera que existe un n&uacute;cleo que define la naturaleza humana y que las facultades y capacidades agrupadas en dicho n&uacute;cleo son susceptibles de desarrollo y perfeccionamiento. La concepci&oacute;n no econ&oacute;mica del desarrollo personal tiene la funci&oacute;n de articular la tendencia perfeccionista de esta interpretaci&oacute;n, mientras que la comprensi&oacute;n instrumental de la libertad impulsa el aumento y el aseguramiento del desarrollo individual y social. La reciprocidad se expresa tambi&eacute;n mediante el hecho de que el desarrollo individual y social asegura las distintas libertades, es decir, las libertades pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, culturales, etc.</p>     <p>La concepci&oacute;n de Sen se orienta en primer lugar contra la reducci&oacute;n te&oacute;rico-econ&oacute;mica de la persona llevada a cabo bajo la figura del <i>homo oeconomicus. </i>Esta forma espec&iacute;fica de reduccionismo antropol&oacute;gico afirma &laquo;que cada agente est&aacute; movido s&oacute;lo por su propio inter&eacute;s&raquo; (Edgeworth, 1881, citado por Sen, 2004, p. 172). En el centro de esta visi&oacute;n del hombre encontramos la presuposici&oacute;n de que las personas, en situaciones donde deben tomar decisiones, siempre escogen la alternativa que maximiza su ganancia personal. El maximizador de utilidades observa a sus cong&eacute;neres como medios para el aumento de sus ventajas, y al mundo como un conjunto de recursos por los cuales es v&aacute;lido competir sin miramiento alguno. El supuesto de que las personas orientan su comportamiento electivo siempre hacia la maximizaci&oacute;n de sus ventajas hace de la socializaci&oacute;n un fen&oacute;meno imposible<a href="%232" name="s2"><sup>2</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tradicionalmente se ha denominado este modo de pensamiento <i>elecci&oacute;n racional. </i>Caracter&iacute;stico para este tipo de racionalidad es el establecimiento de una correlaci&oacute;n entre la decisi&oacute;n individual y una jerarqu&iacute;a de preferencias. Seg&uacute;n esta concepci&oacute;n, la racionalidad de una decisi&oacute;n se puede reconocer en el hecho de que articula aquellas preferencias que representan la alternativa preferida dentro de una escala de preferencias. Este modelo se basa en dos suposiciones b&aacute;sicas: primero, que existe una correspondencia absoluta entre decisiones y preferencias; y segundo, que todas las preferencias personales son de tipo ego&iacute;sta. Seg&uacute;n esto, las decisiones de una persona servir&iacute;an siempre s&oacute;lo para mejorar su situaci&oacute;n. La condici&oacute;n de esta correspondencia absoluta es expresada com&uacute;nmente bajo el criterio formal de la consistencia interna.</p>     <p>La teor&iacute;a de las preferencias reveladas ofrece una formalizaci&oacute;n de este enfoque. Cada preferencia personal es interpretada en el marco de este enfoque como si efectivamente revelara la preferencia m&aacute;s valorada. En este contexto las preferencias surgen a partir de la representaci&oacute;n de la persona de aquello que considera como lo m&aacute;s ventajoso para ella. El ego&iacute;sta racional conforma sus preferencias en el marco de una consideraci&oacute;n acerca de las estrategias para el mejoramiento de su situaci&oacute;n personal, sin tener en cuenta las consecuencias de ello para los dem&aacute;s. Las preferencias resultan entonces jerarquizadas seg&uacute;n maximicen la utilidad personal. A partir de la correlaci&oacute;n entre preferencias y decisiones surge la identificaci&oacute;n de las decisiones como &uacute;nica fuente sobre las preferencias y el bienestar personal. En este modelo la personalidad de los individuos se constituye s&oacute;lo a trav&eacute;s de decisiones y se expresa s&oacute;lo en ellas. Para la teor&iacute;a de las preferencias reveladas una decisi&oacute;n que no maximice la utilidad personal ser&iacute;a una <i>contradictio in adjecto: </i>las decisiones son siempre preferencias articuladas y la esencia de una preferencia se encuentra en la maximizaci&oacute;n de la utilidad propia; las decisiones son siempre en esencia m&aacute;ximas para la acci&oacute;n orientada a la multiplicaci&oacute;n del beneficio propio. De acuerdo a esto, dicho enfoque fundamenta una visi&oacute;n del hombre como un <i>animal ego&iacute;sta.</i></p>     <p>Si alguien en una situaci&oacute;n elige la opci&oacute;n a., y luego en una situaci&oacute;n semejante escoge la opci&oacute;n b., para luego en una situaci&oacute;n igual regresar a la opci&oacute;n a., se ha comportado entonces seg&uacute;n el modelo de la elecci&oacute;n racional de una manera irracional. El criterio de la coherencia interna exige que en situaciones similares se escoja siempre la misma alternativa. En este modelo las personas no pueden cambiar sus preferencias, no porque no sean capaces, sino porque —en tanto son seres racionales— no pueden querer cambiarlas. Si alguien cambiara sus preferencias, destruir&iacute;a con ello su propia racionalidad y a la vez los fundamentos de su estructura personal: en este modelo el cambio de preferencias equivale a la autodestrucci&oacute;n. La racionalidad en el sentido de este modelo est&aacute;tico exige elegir siempre las mismas opciones seg&uacute;n patrones de decisi&oacute;n pre-establecidos. La idea de racionalidad de este enfoque exige tambi&eacute;n que la cantidad de situaciones donde es necesario tomar decisiones permanezca siempre igual, ya que si se presentan situaciones inesperadas o desconocidas, en las cuales no es posible vislumbrar ning&uacute;n patr&oacute;n de elecci&oacute;n racional, el ego&iacute;sta racional no sabr&iacute;a qu&eacute; hacer. El ego&iacute;sta racional puede producir consistencia interna, pero no se puede desenvolver en el mundo real: el ego&iacute;sta racional es sencillamente un tonto racional. Seg&uacute;n Sen, este enfoque presupone a la vez demasiadas cosas y demasiado poco: &laquo;esto &uacute;ltimo porque hay algunas fuentes de informaci&oacute;n sobre la preferencia y el bienestar diferentes de las elecciones, tal como suelen entenderse estos t&eacute;rminos; y lo primero porque la elecci&oacute;n puede reflejar una transacci&oacute;n entre diversas consideraciones, una de las cuales puede ser el bienestar personal&raquo; (Sen, 2004, p.182).</p>     <p>El tonto racional es un ser moral y socialmente subdesarrollado. Para que s&oacute;lo las decisiones del individuo fueran la &uacute;nica fuente de informaci&oacute;n sobre su estructura motivacional y moral profunda, tendr&iacute;a que tratarse de una estructura personal extremadamente simple. S&oacute;lo as&iacute; se podr&iacute;a garantizar el cumplimiento constante de la condici&oacute;n de la consistencia interna. El mundo del tonto racional es igual de simple: contextos en donde se requiere la toma de decisiones son siempre cadenas de hechos predecibles, controlables y calculables que se repiten de manera inmutable. La concepci&oacute;n del hombre como un ego&iacute;sta racional desarrolla de este modo una simplificaci&oacute;n insostenible y exagerada tanto en el plano del individuo como en el plano del mundo objetivo.</p>     <p>La simplificaci&oacute;n subjetiva y objetiva del modelo de la elecci&oacute;n racional se expresa de dos modos. En el plano del sujeto implica la incapacidad moral del tonto racional para desarrollar compromisos, lazos sociales o compasi&oacute;n. El tonto racional, como buen representante de la especie <i>homo oeconomicus, </i>se encuentra totalmente aislado, ya que los otros son importantes para &eacute;l s&oacute;lo en la medida en que representan medios o contrincantes. Otro tipo de relaci&oacute;n social es inconcebible en el reino del <i>homo oeconomicus. </i>En el plano del mundo objetivo la simplificaci&oacute;n mencionada conlleva la imposibilidad de establecer cualquier criterio normativo con el fin de probar la calidad moral de las relaciones entre los individuos. Ya que al tonto racional s&oacute;lo le interesa realizar sus preferencias personales y maximizar sus beneficios, no est&aacute; capacitado para percibir el deterioro moral de las condiciones sociales, pol&iacute;ticas o econ&oacute;micas que le rodean. Al mismo tiempo, es imposible fundar y mantener algo como la esfera p&uacute;blica, es decir, un espacio donde la libertad pol&iacute;tica pueda ser ejercida, por ejemplo, bajo la forma de la autodeterminaci&oacute;n y la colegislaci&oacute;n, pues el tonto racional carece de las capacidades necesarias para establecer la pol&iacute;tica y la vida en sociedad. Ambos fen&oacute;menos, lo pol&iacute;tico y lo social, pueden incluso significar, desde esta &oacute;ptica particular, peligros para la maximizaci&oacute;n de beneficios individuales. Por lo tanto, el tonto racional encontrar&iacute;a su h&aacute;bitat correspondiente o en un estado de naturaleza puro o en la isla donde Ronald Dworkin (2000) supone su abstracto y a la vez extravagante experimento de la subasta. Con otras palabras: el tonto racional s&oacute;lo puede sobrevivir all&iacute; donde el c&aacute;lculo del beneficio y el atomismo son no s&oacute;lo aspectos sino estructuras racionales de validez absoluta. Sen (2004) lo afirma de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p>Se asigna un ordenamiento de preferencias a una persona y, cuando es necesario, se supone que este ordenamiento refleja sus intereses, representa su bienestar, resume su idea de lo que debiera hacerse y describe sus elecciones y su comportamiento efectivo. &iquest;Podr&aacute; hacer todo eso un ordenamiento de preferencias? Una persona as&iacute; descrita puede ser <i>racional </i>en el sentido limitado de que no revele inconsistencias en su comportamiento de elecci&oacute;n, pero si no puede utilizar estas distinciones entre conceptos muy diferentes, diremos que es un tonto. En efecto, el hombre puramente econ&oacute;mico es casi un retrasado mental desde el punto de vista econ&oacute;mico. La teor&iacute;a econ&oacute;mica se ha ocupado mucho de este tonto racional arrellanado en la comodidad de su ordenamiento &uacute;nico de preferencias para todos los prop&oacute;sitos. Necesitamos una estructura m&aacute;s compleja para acomodar los diversos conceptos relacionados con su comportamiento&quot; (En: Hahn &amp; Hollis. 2004, pp. 172-217)<a href="%233" name="s3"><sup>3</sup></a>.</p> </blockquote>     <p>El tonto racional encarna lo que se podr&iacute;a denominar un monismo de preferencias, el cual, como se ve, no hace justicia a la compleja estructura que intuimos en la base de nuestra existencia en tanto nos designamos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s como personas. La autocomprensi&oacute;n de la persona, en la cual se articulan preguntas por la forma de una vida buena, as&iacute; como su relaci&oacute;n con los otros, donde toman forma sus valoraciones y actitudes pr&aacute;cticas ante los dem&aacute;s, son asuntos demasiado complejos como para ser reducidos al c&aacute;lculo de beneficios y a ordenamientos de preferencias. Sobre la base del modelo antropol&oacute;gico que nos ofrece la figura del tonto racional no se puede definir de manera adecuada ni lo que significa llevar una vida buena, ni lo que son relaciones intersubjetivas moralmente aceptables o por lo menos jur&iacute;dicamente estables. La superaci&oacute;n de este modelo exige otra definici&oacute;n de la naturaleza humana. La propuesta de Sen contiene, como se ver&aacute;, tambi&eacute;n una exigencia a la teor&iacute;a de la justicia social, pues su concepto de persona se refiere de manera expl&iacute;cita a las condiciones institucionales y econ&oacute;micas que son necesarias para el desarrollo de la naturaleza humana.</p>     <p><b>E</b><b>l sistema de las funciones y las capacidades</b></p>     <p>El tonto racional s&oacute;lo conoce una cara de la libertad. Si bien la maximizaci&oacute;n de beneficios s&oacute;lo es concebible bajo la condici&oacute;n de una ausencia de obst&aacute;culos, la funci&oacute;n constitutiva de la coherencia interna hace imposible generar una auto-relaci&oacute;n reflexiva. Gracias a una auto-relaci&oacute;n de este tipo ser&iacute;a posible superar el monismo preferencial. Pero el tonto racional, al igual que su padre arquet&iacute;pico, el <i>homo oeconomicus, </i>s&oacute;lo conoce la libertad en cuanto ausencia de determinaci&oacute;n externa y le es totalmente extra&ntilde;o el sentido positivo de la libertad, es decir, el de &eacute;sta como autonom&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La cr&iacute;tica al tonto racional lleva pues, de manera inevitable, a una nueva formulaci&oacute;n del concepto de persona o, dicho de manera m&aacute;s general, a la propuesta de una antropolog&iacute;a pol&iacute;tica distinta. El intento te&oacute;rico de Sen se basa en el argumento aristot&eacute;lico acerca de las capacidades humanas. Para este enfoque es definitiva la caracterizaci&oacute;n funcional de los recursos econ&oacute;micos en pos de la realizaci&oacute;n de oportunidades, tal como la presenta Arist&oacute;teles en la <i>&Eacute;tica Nicom&aacute;quea: </i>&laquo; &#91;...&#93; la vida de negocios &#91;destinada a hacer dinero&#93;, es algo violento &#91;es en s&iacute; algo forzado, artificial&#93; y es evidente que la riqueza no es el bien que buscamos, pues es &uacute;til en orden a otro &#91;es un medio para un fin&#93;&raquo; (Arist&oacute;teles, EN 1096a). El significado funcional de los recursos econ&oacute;micos consiste en que deben posibilitar la consecuci&oacute;n de ciertos fines. Arist&oacute;teles identifica el fin supremo, el m&aacute;ximo bien, con la felicidad y justifica esta identificaci&oacute;n mediante la definici&oacute;n de felicidad como aquel estado de perfeccionamiento de lo humano, donde se realiza la funci&oacute;n propia del hombre. Esta funci&oacute;n espec&iacute;fica del hombre, en cuanto ser dotado de raz&oacute;n, consiste en <i>una cierta vida, </i>considerada no como mera reproducci&oacute;n y conservaci&oacute;n, sino en un sentido activo: para Arist&oacute;teles la realizaci&oacute;n de este ideal de vida es &laquo;una actividad del alma de acuerdo con la virtud&raquo; (Arist&oacute;teles, EN 1098a).</p>     <p>Aqu&iacute; reside la diferencia fundamental entre el neoaristotelismo de corte comunitarista y el enfoque aristot&eacute;lico de Sen: el comunitarismo enfatiza el v&iacute;nculo constitutivo entre individuo y comunidad, Sen resalta el principio del perfeccionamiento de la naturaleza humana, sin por ello negar o absolutizar el valor del v&iacute;nculo comunidad-individuo. Mientras que la argumentaci&oacute;n comunitarista se orienta por un concepto de eticidad objetiva —por ejemplo bajo la forma de lealtades y obligaciones naturales respecto a la comunidad, o seg&uacute;n la idea de la naci&oacute;n, de la tradici&oacute;n o de la estructura interna de las esferas sociales— y con ello le cierra el paso a cualquier forma de universalismo, el enfoque aristot&eacute;lico de Sen va m&aacute;s all&aacute;, en tanto para &eacute;l lo decisivo es el rendimiento espec&iacute;ficamente humano. Con ello penetra en un nivel m&aacute;s profundo que el comunitarismo y, por decirlo de alguna manera, salta sobre el concepto de una eticidad objetiva, para formular la idea del desarrollo humano a un nivel de validez ostensiblemente m&aacute;s general, a saber, al nivel de unas ciertas caracter&iacute;sticas humanas definitorias, las cuales no dependen de formaciones culturales concretas, tales como raz&oacute;n, moralidad, socialidad, pol&iacute;tica. Lo espec&iacute;ficamente humano residir&iacute;a en el desarrollo de estas cualidades. La interpretaci&oacute;n de Sen refleja la tesis aristot&eacute;lica de que los recursos materiales constituyen las condiciones de posibilidad del desarrollo de una vida bien lograda. En s&iacute;ntesis: si el comunitarismo se puede definir como neoaristotelismo pol&iacute;tico, el enfoque de Sen puede ser caracterizado como un neoaristotelismo esencialista.</p>     <p>Sen presenta una reconstrucci&oacute;n de la estructura de la naturaleza humana de la mano de los conceptos <i>junciones </i>y <i>capacidades. </i>Dichos conceptos poseen un potencial tanto descriptivo como evaluativo, ya que gracias a ellos es posible, de un lado, describir las condiciones espec&iacute;ficas de una vida humana y, de otro lado, examinar mediante su aplicaci&oacute;n formaciones sociales concretas en cuanto a su est&aacute;ndar y a su calidad de vida. Este par conceptual posee, pues, tanto ventajas te&oacute;ricas como pr&aacute;cticas.</p>     <p>Las <i>junciones </i>y las <i>capacidades </i>se relacionan de manera rec&iacute;proca. Sen describe las <i>capacidades </i>como el conjunto de posibilidades que est&aacute;n a disposici&oacute;n de una persona respecto a lo que ella puede hacer o ser. Las posibilidades realizadas constituyen las funciones de la persona. Las <i>capacidades </i>son entonces combinaciones alternativas de <i>junciones </i>y pueden ser definidas como las posibilidades de elecci&oacute;n con las que cuenta una persona. La opci&oacute;n realizada consiste en la funci&oacute;n correspondiente. Esta divisi&oacute;n conceptual est&aacute; basada en una definici&oacute;n espec&iacute;fica de <i>vida bien lograda, </i>seg&uacute;n la cual la combinaci&oacute;n de varios modos de hacer y de ser conforma la calidad de una vida en concreto. Con otras palabras: la calidad de vida consiste en la capacidad de realizar actividades o formas de vida elegidas de manera aut&oacute;noma. La ra&iacute;z aristot&eacute;lica del enfoque se deja comprobar tambi&eacute;n desde una perspectiva terminol&oacute;gica, y es as&iacute; como en el art&iacute;culo &quot; <i>Capacidad y bienestar&quot; </i>afirma Sen en una nota al pie lo siguiente: &laquo;Aunque en el momento que me propuse este enfoque no me di cuenta de sus relaciones aristot&eacute;licas, es interesante observar que la palabra griega <i>dunamin, </i>que Arist&oacute;teles emple&oacute; para tratar un aspecto del bien humano y a la que a veces se traduce como <i>potencialidad, </i>puede tambi&eacute;n traducirse como <i>capacidad para existir o actuar&raquo; </i>(Sen, 1996, p. 54).</p>     <p>Se debe tener en cuenta que el concepto de <i>funci&oacute;n </i>presenta una diferenciaci&oacute;n interna: de un lado tenemos un tipo de funciones que podemos denominar basales, las cuales posibilitan la disposici&oacute;n sobre la propia persona, como por ejemplo estar bien nutrido o saludable. Este tipo de funciones forman el fundamento biol&oacute;gico de toda existencia personal y consecuentemente son tenidas por valiosas de un modo irrestricto. De otro lado existen funciones estructuradas, gracias a las cuales son posibles formas complejas de existencia personal como, por ejemplo, la consecuci&oacute;n de autoestima o la integraci&oacute;n social. En este punto Sen argumenta desde la base de la antropolog&iacute;a aristot&eacute;lica: mientras que las funciones basales nos remiten de manera inmediata a la autoconservaci&oacute;n, las funciones estructuradas tienen que ver con contextos de toma de decisiones y de acci&oacute;n que van m&aacute;s all&aacute; de la mera autoconservaci&oacute;n. Para Arist&oacute;teles el campo de las funciones basales fue de modo expl&iacute;cito el de la supervivencia; el campo de las funciones estructuradas, el de la vida buena. Dentro de las m&aacute;s importantes en este &uacute;ltimo &aacute;mbito se cuenta la realizaci&oacute;n de opciones electivas.</p>     <p>En el centro del enfoque de las capacidades se encuentra el concepto de la libertad positiva. En el estudio de 1987 titulado <i>&quot;Commodities and Capabilities&quot; </i>Sen define el asunto as&iacute;: &laquo;Es importante enfatizar que esta libertad no es vista aqu&iacute; en el sentido <i>negativo </i>que usualmente es presentado en la literatura que trata de libertad y no interferencia. El punto aqu&iacute; es la habilidad positiva para elegir&raquo; (Sen, 1999 a., p. 58). La libertad de las personas se reconoce precisamente en las capacidades que pueden realizar. De esta manera, dir&aacute; Sen en &quot;Capacidad y bienestar&quot;, que &laquo;la libertad de llevar diferentes tipos de vida se refleja en el conjunto de capacidades de la persona&raquo; (Sen, 1996, p. 44). El desarrollo de la libertad depende entonces de las capacidades de la persona: si la persona dispone de suficientes funciones para desarrollar sus capacidades, entonces su est&aacute;ndar de vida es de manera correlativa alto; si por el contrario le faltan las funciones necesarias, ya no se puede hablar m&aacute;s de una vida con calidad.</p>     <p>Sin embargo, se debe tener en cuenta que hay una distinci&oacute;n fundamental entre bienes <i>(commodities) </i>y el par conceptual <i>capacidades-funciones. </i>Ninguno de estos dos &uacute;ltimos t&eacute;rminos designa recursos materiales, sino que se refieren a estados determinados en la vida de las personas, en los cuales los bienes tienen un rol determinado. Con ello Sen quiere evitar el <i>fetichismo de los recursos </i>—tal como &eacute;ste aparece por ejemplo en Ronald Dworkin (2000)— y, m&aacute;s exactamente, en la medida en que centra su an&aacute;lisis en el hacer humano. Seg&uacute;n el enfoque de las capacidades, no es posible por consiguiente medir el est&aacute;ndar de vida seg&uacute;n criterios como el ingreso, el bienestar o la propiedad, sino seg&uacute;n una comprobaci&oacute;n de las posibilidades de elecci&oacute;n y de las posibilidades realizadas. Los bienes son sencillamente medios que mediante el ejercicio de funciones, posibilitan el desarrollo de capacidades. La diferencia espec&iacute;fica se puede formular entonces de la siguiente manera: &laquo;Una funci&oacute;n es un logro de una persona: lo que ella o &eacute;l consiguen ser o hacer. Ello refleja una parte del <i>estado </i>de esa persona. Se lo debe distinguir de los bienes, los cuales son empleados para conseguir dichas funciones&raquo; (Sen, 1999 a., p. 6).</p>     <p>De otra parte, el v&iacute;nculo entre bienes y capacidades es de naturaleza relativa: var&iacute;a de persona a persona y mucho m&aacute;s de sociedad a sociedad. El car&aacute;cter definitorio de las capacidades se puede identificar, sin embargo, como un estado de cosas universalmente v&aacute;lido. Ellas encarnan una tendencia teleol&oacute;gica que se puede comprobar de manera general independientemente de los medios utilizados para su realizaci&oacute;n. El enfoque de las capacidades logra evitar las limitaciones del contextualismo en la medida en que se apoya en elementos fundamentales de la naturaleza humana.</p>     <p>El v&iacute;nculo entre capacidades y funciones toma forma en el concepto de bienestar <i>(well-being). </i>Sen utiliza este t&eacute;rmino de manera consciente para apartarse de algunas concepciones del bienestar, por ejemplo de aquellas que pretenden medir dicho estado seg&uacute;n el establecimiento de cuotas de satisfacci&oacute;n, como en el caso del utilitarismo en general o de aquellas otras que intentan determinar el bienestar seg&uacute;n criterios objetivos, por ejemplo, seg&uacute;n la cantidad de recursos disponibles, tal como sucede en la teor&iacute;a de Ronald Dworkin (2000). En ambos casos se debe hablar m&aacute;s bien de bienestar en el sentido del vocablo ingl&eacute;s <i>welfare.</i></p>     <p>El concepto de bienestar utilizado por Sen puede, en contraste, ser denominado un concepto amplio, es decir, no limitado a la satisfacci&oacute;n de las necesidades, al <i>quantum </i>de placer o a categor&iacute;as econ&oacute;micas, sino que hace alusi&oacute;n al estado total y, por lo tanto, complejo de la persona. El bienestar en sentido limitado tiene que ver con la medici&oacute;n de factores y se basa en una concepci&oacute;n reduccionista de la naturaleza humana, seg&uacute;n la cual s&oacute;lo un aspecto es relevante y revelador. En una perspectiva &eacute;tica amplia, ambos conceptos conducen a distintos lugares: la idea amplia del bienestar lleva a una concepci&oacute;n de la vida buena que encuentra su expresi&oacute;n contempor&aacute;nea en la denominaci&oacute;n <i>est&aacute;ndar de vida, </i>mientras que el bienestar en sentido limitado se puede encontrar resumido en la noci&oacute;n de <i>nivel de vida. </i>Si bien a primera vista puede parecer un simple juego de sin&oacute;nimos que no afecta en nada el asunto en cuesti&oacute;n, se trata de una diferencia que resume la separaci&oacute;n o convergencia entre una concepci&oacute;n econ&oacute;mica y el problema fundamental de la &eacute;tica, a saber, <i>&iquest;c&oacute;mo debo vivir?</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La noci&oacute;n <i>est&aacute;ndar de vida </i>considera elementos que no son cuantificables, con lo cual facilita su inclusi&oacute;n en una antropolog&iacute;a pol&iacute;tica no reduccionista, mientras que la idea de <i>nivel de vida, </i>en cuanto se centra en indicadores cuantificables, como por ejemplo el ingreso o la propiedad, excluyendo de su foco de visi&oacute;n otros elementos, reduce la multiplicidad y complejidad de la vida de una persona a criterios objetivos. Bienestar en sentido amplio remite, por lo tanto, a las capacidades realizadas mediante el ejercicio de funciones.</p>     <p>La tesis del perfeccionamiento de la naturaleza humana tiene un significado fundamental para este enfoque y determina su estructura —mediante el par conceptual <i>funciones-capacidades</i>— as&iacute; como la interpretaci&oacute;n del ser humano que est&aacute; a la base del enfoque mismo. As&iacute;, puede verse que el enfoque de las capacidades est&aacute; organizado alrededor del concepto positivo de libertad, cuyo contenido consiste en el desarrollo de potencialidades y facultades humanas, y cuya figura concreta se presenta bajo la forma de una vida conducida de manera aut&oacute;noma. Gracias a la introducci&oacute;n de las nociones <i>capacidad </i>y <i>funci&oacute;n, </i>Sen logra sortear el economicismo que termina por obstaculizar las buenas intenciones de otras teor&iacute;as de la justicia social. Al mismo tiempo, logra reconducir la reflexi&oacute;n acerca del problema de la pobreza y de la justicia a su base antropol&oacute;gica, en cuanto enfatiza el valor que tiene el concepto de libertad positiva para una concepci&oacute;n adecuada de la persona. Por esta raz&oacute;n, Sen caracteriza la totalidad de su proyecto como una comprensi&oacute;n de la econom&iacute;a y del proceso de desarrollo desde la perspectiva de la libertad.</p>     <p>En el n&uacute;cleo de esta concepci&oacute;n encontramos las capacidades necesarias para un hacer y ser aut&oacute;nomos. De esta manera, los elementos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos del enfoque de las capacidades se encuentran resumidos en la visi&oacute;n de la persona como agente, como un sujeto activo:</p>     <blockquote>       <p>Bas&aacute;ndonos en la distinci&oacute;n medieval entre <i>el paciente &#91;patiens&#93; </i>y <i>el agente &#91;agens&#93;, </i>esta interpretaci&oacute;n de la econom&iacute;a y del proceso de desarrollo basada en la libertad es una teor&iacute;a que se apoya en gran medida en el concepto de agente. Con suficientes oportunidades sociales los individuos pueden configurar en realidad su propio destino y ayudarse mutuamente. No tienen por qu&eacute; concebirse como receptores pasivos de las prestaciones de ingeniosos programas de desarrollo. Existen, de hecho, poderosas razones para reconocer el papel positivo que desempe&ntilde;a la agencia libre y viable, e incluso la impaciencia constructiva (Sen, 2000, p. 28).</p> </blockquote>     <p>Por naturaleza le corresponde al hombre la capacidad para ser de un modo activo y &eacute;ste es el principio fundamental de la antropolog&iacute;a aristot&eacute;lica, el cual reproduce el enfoque de las capacidades de forma compacta bajo la idea del agente o del sujeto activo. El concepto de actividad, o de agencia, es b&aacute;sico en ambos enfoques. El modo en que Sen usa el t&eacute;rmino concomitante agente lo hace a&uacute;n m&aacute;s evidente. En <i>Desarrollo y libertad </i>se&ntilde;ala lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p>La expresi&oacute;n <i>agente </i>a veces se emplea en la literatura sobre econom&iacute;a y sobre la teor&iacute;a de los juegos para referirse a una persona que act&uacute;a en representaci&oacute;n de alguna otra (dirigida quiz&aacute; por un <i>principal) </i>y cuyos logros deben evaluarse a la luz de los objetivos de alguna otra (el principal). Aqu&iacute; no utilizamos el t&eacute;rmino <i>agente </i>en este sentido, sino en el m&aacute;s antiguo —y <i>elevado</i>— de la persona que act&uacute;a y provoca cambios y cuyos logros pueden juzgarse en funci&oacute;n de sus propios valores y objetivos, independientemente de que los evaluemos o no tambi&eacute;n en funci&oacute;n de algunos criterios externos (Sen, 2000, p. 35).</p> </blockquote>     <p>Es por esto que la reflexi&oacute;n de Sen &laquo;se refiere especialmente al papel de agencia del individuo como miembro del p&uacute;blico &#91;de la esfera p&uacute;blica&#93; y como participante en actividades econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas (que van desde participar en el mercado hasta intervenir directa o indirectamente en actividades individuales o conjuntas en el terreno pol&iacute;tico y de otros tipos)&raquo; (Sen, 2000, p. 35).</p>     <p>La capacidad, tomada en el sentido general de poder ser de un modo activo, necesita estar rodeada por condiciones que la posibiliten. Por ello no basta con disponer de muchas y variadas opciones para elegir, sino que se trata ante todo de estar en condiciones de hacerse con las posibilidades y realizarlas de manera aut&oacute;noma. En este punto se revela de manera fugaz la dial&eacute;ctica entre libertad negativa y libertad positiva: la ausencia de determinaci&oacute;n externa no genera por s&iacute; sola autonom&iacute;a y esta &uacute;ltima no puede realizarse sin que la primera est&eacute; dada. La pol&iacute;tica de la justicia social se ve entonces confrontada con la tarea de ofrecerle al individuo las condiciones materiales e institucionales necesarias para que pueda realizar las opciones que libremente ha escogido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La capacitaci&oacute;n de la persona como tarea de la teor&iacute;a de la justicia</b></p>     <p>La capacitaci&oacute;n de la persona para un modo de ser aut&oacute;nomo conforma el objetivo pr&aacute;ctico y pol&iacute;tico del enfoque de las capacidades. Las libertades individuales obtienen de esta manera una funci&oacute;n cr&iacute;tico-social. En palabras de Sen, dichas libertades son la piedra angular del enfoque mismo y, en un sentido m&aacute;s amplio, &laquo;el &eacute;xito de una sociedad ha de evaluarse, desde este punto de vista, principalmente en funci&oacute;n de las libertades fundamentales de que disfrutan sus miembros&raquo; (Sen, 2000, p. 35). Mediante esta distinci&oacute;n el enfoque de las capacidades crea una base de informaci&oacute;n esencialmente distinta a la utilizada por los enfoques normativos usuales, los cuales utilizan variantes como el beneficio (utilitarismo), la libertad de procedimientos (Nozick) o los recursos (Dworkin, 2000).</p>     <p>Sen interpreta la libertad positiva en un sentido doble: en dicho concepto est&aacute; contenida, por un lado, la idea de ciertos procedimientos, los cuales hacen posible la libertad de elecci&oacute;n y la libertad de acci&oacute;n, y, por otro lado, la noci&oacute;n de las oportunidades reales que las circunstancias espec&iacute;ficas ofrecen a las personas, entre &eacute;stas se cuentan tanto las circunstancias individuales como las sociales y pol&iacute;ticas. La igualdad formal, que constituye el resultado al que penosamente arriban la &eacute;tica del discurso, as&iacute; como las teor&iacute;as de Rawls y de Dworkin, es introducida en el enfoque de las capacidades bajo la figura de las oportunidades reales y con ello se le da la forma de un criterio material. La igualdad en este caso no queda ya limitada al aseguramiento de igual seguridad jur&iacute;dica (como sucede por ejemplo en Hobbes y Kant), sino que recibe una nueva definici&oacute;n, en el sentido de un poner a disposici&oacute;n las condiciones necesarias para un funcionamiento aut&oacute;nomo. El enfoque de las capacidades vincula las perspectivas institucionales y subjetivas, en la medida en que el entramado institucional de la sociedad se ve reforzado mediante el desarrollo de las libertades individuales, y en cuanto el desarrollo de las libertades individuales est&aacute; influido por el entramado institucional. Sen lo refiere as&iacute;:</p>     <blockquote>       <p>La libertad individual es esencialmente un producto social, y existe una relaci&oacute;n de doble sentido entre 1. los mecanismos sociales para expandir las libertades individuales y 2. el uso de las libertades individuales no s&oacute;lo para mejorar las vidas respectivas sino tambi&eacute;n para conseguir que los mecanismos sociales sean mejores y m&aacute;s eficaces. Las concepciones individuales de la justicia y de la propiedad, que influyen en el uso espec&iacute;fico que hacen los individuos de sus libertades, dependen, adem&aacute;s, de conexiones sociales, especialmente de la formaci&oacute;n interactiva de la opini&oacute;n p&uacute;blica y de la comprensi&oacute;n compartida de los problemas y de las soluciones. El an&aacute;lisis y la evaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social ha de ser sensible a estas diversas conexiones (Sen, 2000, p. 49).</p> </blockquote>     <p>La idea de la libertad recibe una funci&oacute;n instrumental, en tanto se le otorga el estatus de una fuerza para el desarrollo social y pol&iacute;tico. La ampliaci&oacute;n de las libertades individuales puede ser entonces examinada seg&uacute;n dos aspectos: como fin supremo y como medio m&aacute;s importante del desarrollo. En raz&oacute;n de esto se puede hablar de una auto-teleologizaci&oacute;n de la libertad: se trata de un medio que es a la vez fin. La acumulaci&oacute;n de este medio se denomina precisamente desarrollo <i>(development).</i></p>     <p>Para precisar la noci&oacute;n de desarrollo y distinguirla de una concepci&oacute;n meramente instrumental, t&eacute;cnica o econ&oacute;mica, se puede hacer la siguiente comparaci&oacute;n: en el estado de naturaleza hobbesiano encontramos la misma l&oacute;gica de la acumulaci&oacute;n, pero referida a un objeto distinto y organizada desde una perspectiva diferente. En el estado de naturaleza es el poder el medio por excelencia y su objetivo es precisamente adquirir m&aacute;s poder. Tambi&eacute;n aqu&iacute; hay un proceso de auto-teleologizaci&oacute;n, dentro del cual el medio acumulado es condici&oacute;n de s&iacute; mismo, siendo as&iacute; el fin supremo al mismo tiempo. Bajo las condiciones del estado de naturaleza, la acumulaci&oacute;n de poder se puede caracterizar entonces como progreso <i>(progress), </i>con el fin de se&ntilde;alar el car&aacute;cter mecanicista y fisicalista que subyace a esta concepci&oacute;n. En Sen encontramos la l&oacute;gica de la acumulaci&oacute;n, pero desde una perspectiva pr&aacute;ctica y org&aacute;nica, ajena a una reducci&oacute;n monetarista de la idea de desarrollo: &laquo; &#91;...&#93; la expansi&oacute;n de la libertad es tanto el fin primordial del desarrollo como su medio principal. El desarrollo consiste en la eliminaci&oacute;n de algunos tipos de falta de libertad que dejan a los individuos pocas opciones y escasas oportunidades para ejercer su agencia razonada. La eliminaci&oacute;n de la falta de libertades fundamentales &#91;...&#93; es una parte constitutiva del desarrollo&raquo; (Sen, 2000, p. 16).</p>     <p>Hay que se&ntilde;alar que el car&aacute;cter no monetarista del enfoque no implica una subvaloraci&oacute;n de los factores econ&oacute;micos en el proceso de desarrollo de las libertades, sino que enfatiza la idea de su papel relativo y de la funci&oacute;n central de otros factores. Escuchemos en extenso a Sen:</p>     <blockquote>       <p>El crecimiento del PNB o de las rentas personales puede ser, desde luego, un medio muy importante para expandir las libertades de que disfrutan los miembros de la sociedad. Pero las libertades tambi&eacute;n dependen de otros determinantes, como las instituciones sociales y econ&oacute;micas (por ejemplo, los servicios de educaci&oacute;n y de atenci&oacute;n m&eacute;dica), as&iacute; como de los derechos pol&iacute;ticos y humanos (entre ellos, la libertad para participar en debates y escrutinios p&uacute;blicos). La industrializaci&oacute;n, el progreso tecnol&oacute;gico o la modernizaci&oacute;n social pueden contribuir significativamente a expandir la libertad del hombre, pero la libertad tambi&eacute;n depende de otros factores. Si lo que promueve el desarrollo es la libertad, existen poderosos argumentos para concentrar los esfuerzos en ese objetivo general y no en algunos medios o en una lista de instrumentos especialmente elegida. La concepci&oacute;n del desarrollo como un proceso de expansi&oacute;n de las libertades fundamentales lleva a centrar la atenci&oacute;n en los fines por los que cobra importancia el desarrollo y no s&oacute;lo en algunos de los medios que desempe&ntilde;an, entre otras cosas, un destacado papel en el proceso. El desarrollo exige la eliminaci&oacute;n de las principales fuentes de privaci&oacute;n de libertad: la pobreza y la tiran&iacute;a, la escasez de oportunidades econ&oacute;micas y las privaciones sociales sist&eacute;micas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios p&uacute;blicos y la intolerancia o el exceso de intervenci&oacute;n de los Estados represivos. A pesar de que la opulencia mundial ha experimentado un aumento sin precedentes, el mundo contempor&aacute;neo niega libertades b&aacute;sicas a un inmenso n&uacute;mero de personas, quiz&aacute; incluso la mayor&iacute;a (Sen, 2000, p. 19).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se puede decir entonces que el progreso no es en s&iacute; mismo condici&oacute;n suficiente para el desarrollo y que, en muchos casos, las sociedades llegan incluso a sacrificar el desarrollo en aras del progreso.</p>     <p>Las faltas de libertades a las que alude Sen se refieren a la negaci&oacute;n de las llamadas libertades pol&iacute;ticas y civiles, las cuales fungen como condiciones de posibilidad de otro tipo de libertades, como por ejemplo las econ&oacute;micas y culturales. De manera concreta las libertades individuales designan 1. Libertades pol&iacute;ticas, 2. beneficios econ&oacute;micos, 3. oportunidades sociales, 4. garant&iacute;as de transparencia y 5. seguridad social. Todas estas libertades se refuerzan las unas a las otras: &laquo;Las libertades pol&iacute;ticas (en forma de libertad de expresi&oacute;n y elecciones libres) contribuyen a fomentar la seguridad econ&oacute;mica. Las oportunidades sociales (en forma de servicios educativos y sanitarios) facilitan la participaci&oacute;n econ&oacute;mica. Los servicios econ&oacute;micos (en forma de oportunidades para participar en el comercio y la producci&oacute;n) pueden contribuir a generar riqueza personal general, as&iacute; como recursos p&uacute;blicos para financiar servicios sociales&raquo; (Sen, 2000, p. 28).</p>     <p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>El enfoque de las capacidades se muestra como una empresa te&oacute;rica coherente, en la medida en que por un lado introduce el problema de las circunstancias concretas de la persona y por otro lado puede aspirar a la validez general de un argumento racional. En su estructura no encontramos una divisi&oacute;n te&oacute;rica entre principios ahist&oacute;ricos de la libertad, fundados en la mera raz&oacute;n, y sistemas de valoraci&oacute;n concretos determinados social e hist&oacute;ricamente. No hay, pues, ni una fundamentaci&oacute;n jur&iacute;dico-racional ni una reducci&oacute;n comunitarista, sino una reciprocidad constitutiva entre libertades fundamentales y sus articulaciones concretas. El rasgo aristot&eacute;lico del enfoque de las capacidades se muestra en el papel del modo de ser activo en cuanto elemento constitutivo de la existencia personal y en el principio de la perfeccionabilidad de la naturaleza humana. Los supuestos universalistas que suscribe se dejan resumir en el valor preponderante de la libertad: como tal la libertad —en tanto modo activo de ser— representa un valor que podr&iacute;a permitir a individuos de diversas culturas y tradiciones ponerse de acuerdo en torno a la idea de dicho valor como base de un discurso transcultural.</p>     <p>El individuo alcanza el nivel de sujeto activo en tanto trabaja en el desarrollo de sus libertades y en cuanto colabora en el desarrollo de su sociedad mediante el ejercicio de sus capacidades. Por lo dem&aacute;s, el rol fundamental de la participaci&oacute;n en procesos sociales y pol&iacute;ticos es un rasgo com&uacute;n a las teor&iacute;as antropol&oacute;gicas que se apoyan en la tesis de la perfeccionabilidad de la naturaleza humana, pues para ellas es la socialidad un medio insuperable para el perfeccionamiento de las facultades y las potencialidades humanas. S&oacute;lo mediante el actuar en com&uacute;n, la toma de decisiones en conjunto y el habla compartida pueden llegar a desarrollarse las facultades y potencialidades que posibilitan tanto la conducci&oacute;n aut&oacute;noma de la propia vida como la vida con otros. Sen lo dice de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p>Tenemos razones para valorar los derechos humanos y la libertad de expresi&oacute;n y de acci&oacute;n en nuestra vida, y es razonable que los seres humanos —como criaturas sociales que somos— valoremos la libre participaci&oacute;n en las actividades pol&iacute;ticas y sociales. Adem&aacute;s, la formaci&oacute;n documentada y no reglamentada de nuestros valores requiere la posibilidad de comunicarnos y de debatir los argumentos, y las libertades pol&iacute;ticas y los derechos humanos pueden ser fundamentales para este proceso. Adem&aacute;s, para expresar p&uacute;blicamente lo que valoramos y para exigir que se le preste atenci&oacute;n, necesitamos tener libertad de expresi&oacute;n y poder elegir democr&aacute;ticamente (Sen, 2000, p. 190).</p> </blockquote>     <p>El enfoque de las capacidades presenta exigencias normativas tanto a la pol&iacute;tica como a la posible teor&iacute;a de la justicia social construida sobre su base y que ser&iacute;a la encargada de realizar sus dos pilares en las sociedades existentes. Y aunque Sen dice m&aacute;s bien poco en esta direcci&oacute;n, el programa de una teor&iacute;a de la justicia basada en el enfoque de las capacidades se podr&iacute;a estructurar a partir de lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p>Hay toda una variedad de instituciones sociales —relacionadas con el funcionamiento de los mercados, las administraciones, los parlamentos, los partidos pol&iacute;ticos, las organizaciones no gubernamentales, la judicatura, los medios de comunicaci&oacute;n y la comunidad en general— que contribuyen al proceso de desarrollo al aumentar y mantener las libertades individuales. El an&aacute;lisis del desarrollo exige una comprensi&oacute;n integrada de los respectivos papeles de estas diferentes instituciones y de sus interacciones. La formaci&oacute;n de los valores y la aparici&oacute;n y la evoluci&oacute;n de la &eacute;tica social tambi&eacute;n forman parte del proceso de desarrollo que es necesario examinar, junto con el funcionamiento de los mercados y de otras instituciones (Sen, 2000, p. 355).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La apuesta por el desarrollo como libertad no es un simple compromiso institucional, no es un eslogan que haga parte de la manida ret&oacute;rica reinante; al contrario, tiene que ver con nosotros mismos, es un compromiso con lo que somos y con lo que podemos llegar a ser.</p> <hr>     <p><a href="%23s1" name="1"><sup>1</sup></a>Esta concepci&oacute;n de la libertad se puede resumir bajo la f&oacute;rmula <i>ser libre para: </i>se trata de la libertad para decidir y para actuar. Esta idea corresponde a la divisi&oacute;n cl&aacute;sica entre libertad positiva y libertad negativa. Aqu&iacute; me refiero a la primera, la segunda se identifica con la ausencia de obst&aacute;culos para decidir y para actuar, o con la ausencia de heteronom&iacute;a.</p>     <p><a href="%23s2" name="2"><sup>2</sup></a> Sen ilustra la negaci&oacute;n de una vida social que conlleva esta perspectiva con el siguiente di&aacute;logo entre dos representantes de la especie del <i>homo oeconomicus: </i>&laquo;&iquest;D&oacute;nde queda la estaci&oacute;n del tren? —pregunt&oacute; &eacute;l. —All&aacute; —respond&iacute; yo, mostr&aacute;ndole la oficina de correos —&iquest;y podr&iacute;a usted despachar esta carta por m&iacute;? —Claro —respondi&oacute; &eacute;l, con la intenci&oacute;n de abrir el sobre para verificar si hab&iacute;a algo adentro que pudiera ser de valor para &eacute;l&raquo; (Sen, 2004, p. 196).</p>     <p><a href="%23s3" name="3"><sup>3</sup></a> Para la cr&iacute;tica de Sen a la econom&iacute;a neocl&aacute;sica v&eacute;ase tambi&eacute;n Sen, A. (1999 b).</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Arist&oacute;teles. (1993). <i>&Eacute;tica Nicom&aacute;quea. </i>Madrid: Gredos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1692-8857201000020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dworkin, R. (2000). <i>Sovereign Virtue. The theory and practice of equality.</i> Cambridge (Massachusetts)/Londres: Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S1692-8857201000020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Edgeworth, F. Y. (1881). <i>Mathematical Psychics: An essay on the application of mathematics to the moral sciences. </i>Londres (sin editorial). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1692-8857201000020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, A. (1996). Capacidad y bienestar. En Nussbaum M. C. &amp; Sen A. (Comps.), <i>La calidad de vida. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. 54-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S1692-8857201000020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, A. (1999 a). <i>Commodities and capabilities. </i>New Delhi: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1692-8857201000020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, A. (1999 b). <i>Sobre &eacute;tica y econom&iacute;a. </i>Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S1692-8857201000020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, A. (2000). <i>Desarrollo y libertad. </i>Barcelona: Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1692-8857201000020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, A. (2004). Los tontos racionales: una cr&iacute;tica de los fundamentos conductistas de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. En Hahn F. &amp; Hollis M. (Comps.), <i>Filosof&iacute;a y teor&iacute;a econ&oacute;mica. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S1692-8857201000020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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