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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La idea de la filosofía como liberación del pensamiento en la obra de José Gaos]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this paper is drawing an interpretation around the idea of philosophy understood as thought's liberation, just based on the work of José Gaos. We think that this is possible because in our author's work at least two mentions to this sense of emancipation of the philosophy can be found. The first one has to do with the collapse of the spirit of system as the only form and unique way of philosophical thinking. Likewise, the second mention to this emancipation is fulfilled when, through hypostatization of historical consciousness, the author sketches the horizon for the liberation of the individual existence and thinking, under the pretext of an immanentist philosophy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>La idea de la filosof&iacute;a como liberaci&oacute;n del pensamiento en la obra de Jos&eacute; Gaos</b></font></p>     <p>Roberto Gonz&aacute;lez*    <br>   Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico</p>     <p><i>*</i><a href="mailto:rushlogo@yahoo.com.mx"><i>rushlogo@yahoo.com.mx</i></a>    <br>     <i>Direcci&oacute;n: </i>Universidad Aut&oacute;noma del Estado de M&eacute;xico. Facultad de Humanidades. Paseo Tollocan y Avenida Universidad, Ciudad Universitaria. CP 50110 Toluca, M&eacute;xico.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: mayo 19 de 2010    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: agosto 20 de 2010</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En el presente trabajo nos hemos propuesto la factura de una interpretaci&oacute;n en torno a la idea de la filosof&iacute;a, entendida como liberaci&oacute;n del pensamiento, justamente a partir de la obra de Jos&eacute; Gaos. Consideramos que esta posibilidad es viable en virtud de que en la obra de nuestro autor pueden localizarse por lo menos dos alusiones a este sentido de emancipaci&oacute;n de la misma filosof&iacute;a. La primera de &eacute;stas tiene que ver con el derrumbe del esp&iacute;ritu de sistema como la forma y camino exclusivo del pensamiento filos&oacute;fico. Asimismo, la segunda alusi&oacute;n de esta emancipaci&oacute;n se ve satisfecha cuando mediante la hip&oacute;stasis de la conciencia hist&oacute;rica, el autor dibuja el horizonte para la liberaci&oacute;n de la existencia individual y el pensamiento, so pretexto de una filosof&iacute;a inmanentista.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PALABRAS  CLAVE</b>    <br>     <i>Filosof&iacute;a, raz&oacute;n, hombre, historia.</i></p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The purpose of this paper is drawing an interpretation around the idea of philosophy understood as thought's liberation, just based on the work of Jos&eacute; Gaos. We think that this is possible because in our author's work at least two mentions to this sense of emancipation of the philosophy can be found. The first one has to do with the collapse of the spirit of system as the only form and unique way of philosophical thinking. Likewise, the second mention to this emancipation is fulfilled when, through hypostatization of historical consciousness, the author sketches the horizon for the liberation of the individual existence and thinking, under the pretext of an immanentist philosophy.</p>     <p><b>KEYWORDS</b>    <br>     <i>Philosophy, reason, man, history.</i></p> <hr>     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>El objetivo del presente esfuerzo se encuentra enderezado hacia la construcci&oacute;n de una interpretaci&oacute;n que quiere ver en la obra filos&oacute;fica de Jos&eacute; Gaos (1900-1969) una pr&aacute;ctica de la libertad. Consideramos que en la obra de este autor se pueden encontrar elementos suficientes para la consecuci&oacute;n de este prop&oacute;sito. Y para muestra cabe mencionar que uno de los anhelos expresos del autor ha consistido en el trastocamiento de la idea cl&aacute;sica, que entiende a la filosof&iacute;a como sistema, en una filosof&iacute;a de corte personal.</p>     <p>Sabedores estamos que el nombre de Gaos se encuentra &iacute;ntimamente ligado al desarrollo filos&oacute;fico de las corrientes desplegadas en M&eacute;xico e Hispanoam&eacute;rica hacia mediados del siglo XX. De hecho, sobre la base de una de las maniobras metodol&oacute;gicas emprendidas en el discurso filos&oacute;fico de este autor se levanta la posibilidad de una filosof&iacute;a del ser propio. Consideramos que una de las condiciones que precisaba la viabilidad de una filosof&iacute;a del ser propio en Am&eacute;rica Latina consist&iacute;a justamente en la ampliaci&oacute;n del concepto de la misma filosof&iacute;a, abri&eacute;ndola al libre decurso de la reflexi&oacute;n de las circunstancias de la raz&oacute;n. Esta maniobra, en cierta manera, puede entenderse como una liberaci&oacute;n, es decir, como una emancipaci&oacute;n de la misma filosof&iacute;a.</p>     <p>Justamente por esto, desde nuestro particular punto de vista, consideramos que, en el fondo, lo que Gaos pretende al emancipar la filosof&iacute;a respecto del esp&iacute;ritu de sistema es resarcir la crispaci&oacute;n epistemol&oacute;gica que ha dominado a lo largo de toda la tradici&oacute;n. Pues hay que recordar que cada corriente filos&oacute;fica en cualquier tiempo asumi&oacute; como panacea una tesis principal y, a su vez, cada cual proclam&oacute; la superioridad de su respuesta. Gaos dir&aacute; que este estado de crispaci&oacute;n entre los sistemas filos&oacute;ficos se ha debido a que cada uno crey&oacute; en una verdad perenne, la cual resultaba intolerante hacia la palabra ajena. Nuestro autor dir&aacute; que todos los sistemas de alguna manera tienen raz&oacute;n, pero ninguno tiene la raz&oacute;n. La filosof&iacute;a es ante todo visi&oacute;n, esto es, cada filosof&iacute;a es una forma de ver el mundo. Y en este concierto, ninguna corriente puede proclamarse superior a otra, puesto que todas se encuentran en la ruta del conocimiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La otra liberaci&oacute;n acontece en el orden de la existencia y el conocimiento, y se encuentra fundada en el principio de la conciencia. Podr&iacute;a decirse que &eacute;sta es una filosof&iacute;a de la conciencia. Esta filosof&iacute;a, en nuestro autor, adquiere una matizaci&oacute;n peculiar, pues se trata de la factura de una filosof&iacute;a de la conciencia hist&oacute;rica, la cual permite, en primer lugar, que cada sujeto quede postrado frente a s&iacute; y, en segundo lugar, desde la conciencia de esta singularidad, el hombre queda finalmente liberado en la historicidad de su propia singularidad, quedando de esta manera cada cual al cuidado de su posici&oacute;n individual.</p>     <p>Finalmente, un tercer momento de la liberaci&oacute;n del pensamiento por la obra filos&oacute;fica a partir del ministerio de Gaos consistir&iacute;a en que su filosof&iacute;a no se encuentra anclada a la idea fija de una verdad permanente. Toda verdad, en la tradici&oacute;n, se ha identificado con una suerte de tesis; sin embargo, en estricto sentido parece que en esta filosof&iacute;a no hay tesis, entendida como trinchera frente a los otros sistemas. Luego entonces, al carecer de una tesis, esta filosof&iacute;a no interpela ni cierra el paso a ninguna otra posibilidad, por el contrario, abre el camino para todas las perspectivas y formas posibles de la filosof&iacute;a hacia el porvenir.</p>     <p><b>El derrumbe del esp&iacute;ritu de sistema: la emancipaci&oacute;n filos&oacute;fica de la idea de sustancia</b></p>     <p>Podr&iacute;a decirse que una de las caracter&iacute;sticas, probablemente la principal, de la pr&aacute;ctica filos&oacute;fica realizada por Gaos ha consistido en una suerte de liberaci&oacute;n de esta misma, es decir, en &eacute;ste la filosof&iacute;a viene a experimentar una liberaci&oacute;n por partida doble, a saber: en su definici&oacute;n formal, &eacute;sta es desanclada del esp&iacute;ritu de sistema al tiempo que es abierta a nuevas formas de despliegue y, en segundo lugar, la pr&aacute;ctica de &eacute;sta no se encuentra constre&ntilde;ida exclusivamente al &aacute;mbito acad&eacute;mico, sino que abarca tambi&eacute;n al hombre de la calle. Con Gaos la filosof&iacute;a es llevada hasta el domicilio de todos los mortales, acometiendo con esto la apertura de una posibilidad que se cierne a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples horizontes. La filosof&iacute;a, en cierta manera, libera al hombre, en la misma medida en que por el hombre la filosof&iacute;a tambi&eacute;n se libera abri&eacute;ndose paso hacia m&uacute;ltiples formas y hacia el porvenir.</p>     <p>Consideramos que mediante la tematizaci&oacute;n de estas dos liberaciones podemos encontrar simult&aacute;neamente los elementos m&aacute;s significativos de la idea de la filosof&iacute;a asumida por Gaos. Porque si bien es cierto que el autor rechaza el esp&iacute;ritu de sistema como la v&iacute;a exclusiva de la filosof&iacute;a, tambi&eacute;n resulta cierto que las caracter&iacute;sticas esbozadas por &eacute;ste para con la filosof&iacute;a se encuentran parad&oacute;jicamente incidiendo de un modo sistem&aacute;tico a cada momento en el desarrollo de la misma. La idea asistem&aacute;tica de la filosof&iacute;a, a su vez, formar&iacute;a parte de un esbozo sistem&aacute;tico de la teor&iacute;a de esta misma.</p>     <p>Podr&iacute;a decirse que estas dos liberaciones de la filosof&iacute;a acontecen de una manera simult&aacute;nea, ya que sin la orquestaci&oacute;n de la una tampoco suceder&iacute;a la otra. Para entender un poco esto es necesario comenzar diciendo que de acuerdo con Gaos la filosof&iacute;a no es asunto de unos cuantos privilegiados o superdotados: &laquo;no porque el filosofar haya sido &#91;...&#93; cosa de algunos tan solo&raquo; (Gaos, 1995, p. 101) significa que deba seguirlo siendo. La filosof&iacute;a es teor&iacute;a y teor&iacute;a en sentido original significa visi&oacute;n: la filosof&iacute;a es una manera de ver, es un posicionamiento en el mundo. Desde luego, resulta evidente que no existe ni ha existido una manera exclusiva de ver. Existen m&uacute;ltiples maneras de ver. Esto quiere decir que la tradici&oacute;n filos&oacute;fica se encuentra trazada por el contraste entre las diferentes maneras de posicionarse en el mundo, es decir, la tradici&oacute;n es la historia de los diferentes puntos de vista. En el concierto de la tradici&oacute;n se puede asistir al debate que han venido sosteniendo las diferentes corrientes, proclamando cada cual la posesi&oacute;n de la verdad. Cada corriente ha luchado contra las otras defendiendo la superioridad de su punto de vista. Este concierto se puede apreciar todav&iacute;a con mayor claridad en la modernidad, en donde subyace el esp&iacute;ritu revolucionario como com&uacute;n denominador en la intercalaci&oacute;n de las diferentes corrientes. El esp&iacute;ritu revolucionario que se ha generado en la filosof&iacute;a moderna, desde Descartes, parece abonar elementos suficientes para concebir la tradici&oacute;n como un contraste de puntos de vista. La tradici&oacute;n no est&aacute; compuesta por una voz, sino por un concierto de voces, las cuales se encuentran en abierta brega apostando cada cual por su verdad.</p>     <p>Esta imagen de la tradici&oacute;n, desde luego, le confiere un tinte hostil al di&aacute;logo, en el entendido de que cada sistema se encuentra en abierto desaf&iacute;o frente a los dem&aacute;s. Muchos autores, hacia finales del XIX y principios del XX, han tomado conciencia de este panorama hostil por el que se ha venido resolviendo la tradici&oacute;n filos&oacute;fica, Dilthey se refiere a este contraste en los siguientes t&eacute;rminos: &laquo;en realidad toda &eacute;poca manifiesta la lucha de estos sistemas entre s&iacute;. Esto incluye a la &eacute;poca actual, la cual no muestra signo alguno de que esta lucha de los sistemas est&eacute; disminuyendo&raquo; (citado por Rescher, 1995, p. 13). Podr&iacute;a decirse que una de las consignas que podemos leer, y que embozadamente se ha propuesto Gaos, es revertir justamente este ambiente de hostilidad sistem&aacute;tica para liberar al pensamiento. Este anhelo del autor lo podemos leer entre l&iacute;neas ah&iacute; donde dice que cuando se invalidan los principios pac&iacute;ficos &laquo;el simple prevalecer de los impulsos violentos &#91;invalida los principios y&#93; da a nuestra vida una &iacute;ndole, de siniestra catadura, de vida sin principios &#91;.&#93;, la cuesti&oacute;n de la guerra radica, pues, tambi&eacute;n en esta invalidaci&oacute;n de los principios pac&iacute;ficos&raquo; (Gaos, 1995, p. 102). En principio, tiene que existir alguna manera que permita distender la crispaci&oacute;n te&oacute;rica entre las diferentes posturas filos&oacute;ficas.</p>     <p>Gaos descubre que una de las fuentes, probablemente la causa principal, del enfrascamiento entre los diversos sistemas filos&oacute;ficos es precisamente el esp&iacute;ritu de sistema que los ha animado desde la antigua Grecia. Este anhelo se retiene inclusive hasta en la filosof&iacute;a de Ortega, pues &eacute;ste &laquo;habi&eacute;ndose nutrido directamente en las rigurosas fuentes de la filosof&iacute;a alemana, deseaba desesperadamente ser y que lo consideraran un fil&oacute;sofo sistem&aacute;tico&raquo; (Alfaro, 1993, p. 14). Sin embargo, este deseo de Ortega no fue correspondido por la cr&iacute;tica, su filosof&iacute;a transita tambi&eacute;n contra el m&eacute;todo y el sistema. Podr&iacute;a decirse que la idea de sistema en filosof&iacute;a siempre ha sido animada por un anhelo de clausura; esta clausura es el inconveniente m&aacute;s egregio de esta idea de tradici&oacute;n. Por otra parte, podr&iacute;a agregarse que la idea de sistema se encuentra &iacute;ntimamente asociada con el concepto de una verdad inmutable, es decir, con el anhelo de una verdad universal y objetiva, v&aacute;lida para todos los hombres en cualquier lugar y tiempo. Esta es la idea de una verdad sin representante e indiferente a las circunstancias materiales e hist&oacute;ricas de quien la pronuncia.</p>     <p>Para Gaos, la verdad que no precisa de un representante es la que concierne propiamente a las ciencias naturales, las cuales, am&eacute;n de que siempre versan sobre lo ajeno (los objetos) su conocimiento, formalmente, puede definirse como un conjunto de proposiciones l&oacute;gicamente relacionadas, probadas y demostradas; la indiferencia de lo ajeno ser&iacute;a lo que permite llamar a lo otro con el nombre de objeto, por esto sus verdades pueden trastocarse en objetivas. En torno a esto el autor dice: &laquo;Las proposiciones integrantes de una ciencia deben ser <i>universalmente validas. </i>En un doble sentido. Primero, en el sentido de una validez <i>objetiva, </i>deben ser v&aacute;lidas de, o para, <i>todos los objetos </i>de la ciencia correspondiente. Y segundo, en el sentido de una validez <i>subjetiva, </i>a saber, deben ser v&aacute;lidas para <i>todos los sujetos&raquo; </i>(Matute, 2000, pp. 118-119). Cuando la ciencia dice por ejemplo que <i>todo organismo nace, crece y luego muere, </i>no se est&aacute; refiriendo a un n&uacute;mero determinado de organismos, sino a todos los organismos en general; esta proposici&oacute;n se aplica a todos sus objetos: la ley natural no hace excepciones. As&iacute; tambi&eacute;n, la validez epistemol&oacute;gica que puede desprenderse de una afirmaci&oacute;n como la inmediatamente referida, posee una fuerza universal, pues vale independientemente de quien la pronuncia. Se dir&iacute;a que esta verdad posee una validez objetiva en tanto que atemporal, pues valdr&iacute;a indistintamente en todas las &eacute;pocas. La descripci&oacute;n l&oacute;gica del ciclo del agua, por ejemplo, no posee una validez relativa o epocal, vale en cualquier momento.</p>     <p>Sin embargo, para Gaos el procedimiento de la filosof&iacute;a contrasta con la arquitectura trazada por la ciencia, pues si bien esta &uacute;ltima se ha peculiarizado por la objetividad, el m&eacute;todo y el sistema, por el contrario, la filosof&iacute;a habr&aacute; de caracterizarse justamente por su conciencia entendida como tiempo. En el pr&oacute;logo de <i>Historia de nuestra idea del mundo, </i>el autor afirma que &laquo;la historia es esencialmente historia <i>de </i>algo (...). Con la palabra <i>idea </i>pasa lo que con la palabra <i>historia, idea </i>es, tambi&eacute;n esencialmente, idea de algo&raquo; (citado por Matute, 2002, pp. 140-141). Esto es, toda comprensi&oacute;n o explicaci&oacute;n en filosof&iacute;a se refiere siempre a algo, indudablemente esta es una de las huellas imborrables de Husserl en el pensamiento de nuestro autor. As&iacute; tambi&eacute;n, toda comprensi&oacute;n constituye una actividad hist&oacute;rica, en el entendido de que acontece como comprensi&oacute;n o explicaci&oacute;n precisamente hist&oacute;rica. Pero esta &uacute;ltima comprensi&oacute;n, justamente por ser hist&oacute;rica, precisa de un representante, es decir, requiere de alguien en situaci&oacute;n. Esto quiere decir que toda explicaci&oacute;n, facturada desde la filosof&iacute;a, al ser hist&oacute;rica deber&aacute; ser necesariamente relativa. Nuestro autor reconoce que el t&eacute;rmino <i>raz&oacute;n </i>posee una connotaci&oacute;n diferente en la filosof&iacute;a que en la ciencia: &laquo;No me he reducido a decir que la filosof&iacute;a es raz&oacute;n, sino que he dicho repetidamente raz&oacute;n filos&oacute;fica en el sentido de la intuici&oacute;n de esencias y ulterior desarrollo discursivo de &eacute;stas, pero la raz&oacute;n puede consistir en otras actividades, por ejemplo, en generalizar experiencias en leyes, &#91;esta es&#93; la raz&oacute;n propiamente cient&iacute;fica&raquo; (Gaos, 1993b, p. 98). La raz&oacute;n cient&iacute;fica estar&iacute;a enderezada a la generalizaci&oacute;n de experiencias y a la configuraci&oacute;n simb&oacute;lica de leyes. Mientras que la raz&oacute;n filos&oacute;fica estar&iacute;a volcada, ante todo, hacia la interpretaci&oacute;n de nuestra propia vida, descubriendo a cada uno de los hombres la singularidad en su esencial historicidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La raz&oacute;n filos&oacute;fica como raz&oacute;n hist&oacute;rica</b></p>     <p>Esta es una de las apuestas m&aacute;s caras de nuestro autor: afianzar la idea de la filosof&iacute;a como historia. Erigir la historia como filosof&iacute;a constituye el meollo de los problemas filos&oacute;ficos. En torno a esto el autor afirma: &laquo;El saber de la historia de la filosof&iacute;a plantea el problema de las relaciones entre la filosof&iacute;a y su historia como problema esencial de la filosof&iacute;a, como problema de la esencia misma de la filosof&iacute;a&raquo; (Gaos, 2002, p. 118). Podr&iacute;a decirse que la esencia de la filosof&iacute;a se encuentra justamente en la meditaci&oacute;n de la historia y en la relaci&oacute;n entre &eacute;sta y la filosof&iacute;a, y viceversa, en la relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y la historia. La filosof&iacute;a debe pensarse ante todo como siendo en la historia, transfiriendo a esta toma de postura el adjetivo de hist&oacute;rica a la vez. La filosof&iacute;a es una realidad hist&oacute;rica, al tiempo que la historia constituye la realidad filos&oacute;fica. &laquo;Incluso el ocuparse hist&oacute;rico, dice Gaos, hist&oacute;ricamente con la filosof&iacute;a, incluso la historia de la filosof&iacute;a, es la filosof&iacute;a: la historia de la filosof&iacute;a ha de ser filos&oacute;fica&raquo; (Gaos, 1993b, p. 48). Desde luego, el dato de la historicidad como condici&oacute;n de la comprensi&oacute;n del hombre no ha sido descubierto por Gaos, ha sido propiciado por la filosof&iacute;a desde el siglo XIX: Hegel, Marx, Weber, etc. Sin embargo, lo que Gaos ahora quiere agregar a esta tradici&oacute;n es la, por as&iacute; decirlo, personificaci&oacute;n del pensamiento en el tiempo; esto es, Gaos quiere trastocar el pensamiento literalmente en una autobiograf&iacute;a. Sobre este punto volveremos m&aacute;s adelante.</p>     <p>Por otra parte, resulta evidente que la filosof&iacute;a de nuestro autor avanza a contrapelo del sistematismo y universalismo. En las &quot;Confesiones profesionales&quot; dice: &laquo;es que no he desarrollado mis ideas en la forma al parecer requerida de una verdadera filosof&iacute;a: sistem&aacute;tica, <i>objetiva&raquo; </i>(Gaos, 2002, p. 13). Desde luego, aqu&iacute; el autor se encuentra ironizando contra el esp&iacute;ritu de sistema y confiesa que su filosof&iacute;a no posee la formalidad que precisa un sistema y, por lo mismo, sus verdades no pueden ser objetivas, ni universales; pues la filosof&iacute;a ha ingresado en esta &eacute;poca por la vereda de una nueva ruta. La filosof&iacute;a, despu&eacute;s de Hegel ha experimentado el camino allende al esp&iacute;ritu absoluto. Justo por esto, ahora, m&aacute;s que sistema, la filosof&iacute;a habr&aacute; de entenderse como un camino incesante que se extiende por la ruta de diferentes accesos. La devoci&oacute;n del pensar, dec&iacute;a Heidegger, es el interrogar. La filosof&iacute;a no es un puerto de llegada, sino una marcha incesante, un interrogar permanente. En suma, desde la &oacute;ptica de Gaos, la filosof&iacute;a no puede ser ahora sistem&aacute;tica ni objetiva por dos simples razones, a saber, porque toda comprensi&oacute;n filos&oacute;fica se da en el tiempo (hist&oacute;rico), siendo ya hist&oacute;rica tambi&eacute;n esta idea particular concebida. Esto es lo que impedir&iacute;a en esencia la conclusi&oacute;n de la verdad; y, en segundo lugar, la explicaci&oacute;n filos&oacute;fica no puede ser objetiva justamente porque no puede ser universal, en tanto que siempre es un sujeto quien construye circunstancialmente la proposici&oacute;n l&oacute;gica del conocimiento. Por esto, &laquo;&#91;esta filosof&iacute;a&#93; supone la fe en la validez, en el valor de eficacia pr&aacute;ctica &#91;...&#93;, una posici&oacute;n excepcional muy a contrapelo del desenfreno universalizado&raquo; (Gaos, 1995, p. 103); por esto toda explicaci&oacute;n poseer&aacute; un alcance y envergadura limitados; esta es la idea de una filosof&iacute;a fundada en el valor y la eficacia pr&aacute;ctica de quien la construye a cada momento. En este punto, consideramos, se puede apreciar uno de los aspectos preeminentes de la liberaci&oacute;n de la filosof&iacute;a que se lleva a cabo en Gaos al emancipar a &eacute;sta del cerco tendido por la idea de sistema. La filosof&iacute;a, en esta etapa final, ha descubierto que existen diferentes caminos para el decurso de la misma. La filosof&iacute;a no es un sistema de verdades conclusas, sino camino, movimiento, en cuyo trayecto se van sucediendo la construcci&oacute;n y destrucci&oacute;n de las diferentes opiniones. Esta ruta, que se ha abierto a diferentes horizontes en el tiempo, posibilita y exige la incursi&oacute;n de nuevas formas de la filosof&iacute;a y de nuevas filosof&iacute;as. En suma, ni siquiera cabr&iacute;a hablar de la filosof&iacute;a, sino de las filosof&iacute;as.</p>     <p>Sin embargo, preguntemos: &iquest;de qu&eacute; manera se distiende, en la filosof&iacute;a de Gaos, la esencial hostilidad que ha dominado el decurso de la tradici&oacute;n? A lo cual podr&iacute;a responderse diciendo que todas las corrientes filos&oacute;ficas, en alguna medida, poseen raz&oacute;n, pero ninguna posee la raz&oacute;n; es decir, todas poseen parte de raz&oacute;n, m&aacute;s no la respuesta final a los problemas. Si alguna corriente poseyera la respuesta final a los problemas, la filosof&iacute;a hace mucho habr&iacute;a dejado de ser una realidad. Pero la pregunta ahora es, &iquest;por qu&eacute; ninguna corriente filos&oacute;fica, en espec&iacute;fico, ha pose&iacute;do la &uacute;ltima palabra? Por una simple raz&oacute;n, a saber, porque todas han sido orquestadas en el marco de una preocupaci&oacute;n que obedece a un espacio y a un tiempo espec&iacute;ficos. Gaos dir&aacute;, por ejemplo, que <i>La Rep&uacute;blica </i>de Plat&oacute;n puede explicarse a partir de la preocupaci&oacute;n de &eacute;ste para con cierta circunstancia an&oacute;mala en la Grecia cl&aacute;sica. En este sentido, Plat&oacute;n estar&iacute;a esgrimiendo una serie de respuestas puntuales v&aacute;lidas para los griegos de ese preciso momento; el diagn&oacute;stico y la respuesta sugerida poseen validez y sentido s&oacute;lo ante semejante circunstancia, m&aacute;s no para todo lugar y tiempo. Cada planteamiento filos&oacute;fico se encuentra supeditado a su contexto. Esto tambi&eacute;n lo sab&iacute;a Hegel cuando afirmaba que ning&uacute;n fil&oacute;sofo puede estar por encima de su tiempo. De esta manera tenemos entonces que cada propuesta filos&oacute;fica se explica por sus circunstancias y, en este sentido, tambi&eacute;n, cada una es v&aacute;lida pero de una manera restringida o limitada, debido a que cada una dice verdad. Digamos que en esta idea que esgrime Gaos ning&uacute;n sistema filos&oacute;fico se encuentra crispado frente a otro, justamente porque no existir&iacute;a ninguna verdad o tesis inmutable qu&eacute; defender. Ning&uacute;n sistema ser&iacute;a superior a otro, porque cada cual representar&iacute;a un punto de vista y nada m&aacute;s. Hemos mencionado m&aacute;s arriba que la imagen cl&aacute;sica de la filosof&iacute;a estuvo caracterizada por la vinculaci&oacute;n directa entre la idea de verdad perenne y la idea de sistema. No obstante, en esta otra idea, cada filosof&iacute;a se encuentra de camino hacia la construcci&oacute;n del conocimiento, sin apostar a una conclusi&oacute;n o resoluci&oacute;n de la verdad. En esta idea, todo fil&oacute;sofo viene a ser un trabajador que permanentemente se encuentra construyendo y destruyendo sus juicios desde la humildad de su perspectiva (Gaos, 1993b, p. 49). De esta manera podemos ver que el sentido de la verdad, en esta imagen de la filosof&iacute;a, adquiere una connotaci&oacute;n restringida y transitoria, debido a que la validez de cada proposici&oacute;n estar&iacute;a circunscrita justamente a un espacio y a un tiempo determinado; tan pronto como se ha terminado de formular un juicio habr&iacute;a que volver a plantearlo, pues la caducidad ser&iacute;a la caracter&iacute;stica esencial del conocimiento. El reconocimiento de la estructura din&aacute;mica de la realidad y la historicidad del hombre, obligan ahora a constre&ntilde;ir el alcance epistemol&oacute;gico del conocimiento. Y justamente por esto, ninguna verdad filos&oacute;fica conviene ya con el adjetivo de perenne. En suma, en este &uacute;ltimo argumento se cifrar&iacute;a la raz&oacute;n m&aacute;s contundente de la imposibilidad de la idea de filosof&iacute;a como sistema. M&aacute;s que sistema, la filosof&iacute;a ahora es concebida, por nuestro autor, como una gama de m&uacute;ltiples caminos repletos de matices que se proyectan hacia la pluralidad y hacia el porvenir.</p>     <p><b>La liberaci&oacute;n de la filosof&iacute;a mediante la figura de un pensamiento inmanentista</b></p>     <p>En este sentido, como bien se ha apuntado m&aacute;s arriba, la filosof&iacute;a no es incumbencia exclusiva de unos cuantos, sino una actividad cuasi natural de todo hombre. No obstante, la viabilidad de esta idea se encuentra montada en dos supuestos, o m&aacute;s bien, debe cumplir con dos condiciones, a saber: por un lado, debe existir en el hombre la capacidad para intuir o interpretar las cosas; y en segundo lugar, &eacute;ste debe estar colocado en situaci&oacute;n. Es as&iacute; que, a partir de esta &oacute;ptica, el hombre puede conceptuarse como el ser que configura interpretaciones; toda interpretaci&oacute;n es una creaci&oacute;n, luego el hombre ser&iacute;a el ser que existe configurando mundos desde alg&uacute;n rinc&oacute;n del cosmos. Existir, dec&iacute;a Heidegger, es poseer una preconcepci&oacute;n del ser. El hombre transcurre en la barca de la filosof&iacute;a aun cuando no tenga la menor noci&oacute;n de lo que sea la filosof&iacute;a. Esta preconcepci&oacute;n del ser que todo ser humano tiene demuestra, por un lado, que todo hombre est&aacute; capacitado para la factura de cualquier suerte de interpretaci&oacute;n; mientras que, por otro, demuestra tambi&eacute;n que el hombre, en cualquier situaci&oacute;n que se encuentre, tiene de cualquier forma ya una posici&oacute;n. De esta manera, dir&iacute;a Gaos, es como todos los hombres concursan de la filosof&iacute;a. Este concurso puede explicarse en virtud de que para nuestro autor la filosof&iacute;a es, ante todo, una interpretaci&oacute;n del mundo, es decir, una preconcepci&oacute;n de la realidad. Todo hombre ha menester de una preconcepci&oacute;n del ser precisamente para ser, luego entonces, de alguna u otra manera, todo hombre concursa de la filosof&iacute;a. La posici&oacute;n, que es lo que caracteriza la existencia, da de s&iacute; a cada singular una postura y un punto de vista frente al mundo y frente a la vida misma. Nuestro autor define al hombre en los siguientes t&eacute;rminos: &laquo;el individuo es un punto de vista sobre el universo&raquo; (Gaos, 2002, p. 153). Se dir&aacute; que por cuanto que todo hombre se encuentra posicionado en el mundo resulta asimismo irrepetible, esto es, por cuanto que cada individuo despliega su existencia en un espacio y en un tiempo intransferible e irrepetible, resulta singular en el m&aacute;s estricto de los sentidos.</p>     <p>Existir es poseer un punto de vista, esto quiere decir, por un lado, que el hombre es de suyo en todo momento un hermeneuta y, por lo mismo, se encuentra interpretando su entorno, mientras que, por otro, al ser un hermeneuta significa al mismo tiempo que el rasgo m&aacute;s distintivo de &eacute;ste, filos&oacute;ficamente hablando, es la <i>conciencia. </i>Consideramos que este punto resulta de capital importancia, pues a trav&eacute;s de este t&oacute;pico nos enfrentamos por lo menos a tres sentidos imbricados en la noci&oacute;n de raz&oacute;n, a saber:</p>     <blockquote>       <p>un sentido epistemol&oacute;gico, el cual de alguna manera ya hemos venido desarrollando; un sentido vital y un sentido entendido como conciencia.</p> </blockquote>     <p>Dice Ram&oacute;n Xirau que &laquo;la palabra raz&oacute;n significa en la obra de Gaos ya una forma de la raz&oacute;n ligada a la vida humana&raquo; (Xirau, 1980, p. 307). La raz&oacute;n en Gaos posee un corte vital, esto es, se encuentra inmersa en todas las empresas del hombre. La raz&oacute;n no es objeto de una alternativa, ni una propiedad taxon&oacute;mica del ser de &eacute;ste. El hombre siempre es raz&oacute;n cualquiera que sea su puesto en el cosmos. Ahora bien, cabe aclarar que cuando decimos que el hombre siempre es raz&oacute;n, no queremos afirmar que siempre haya de tener la raz&oacute;n; no, no todo lo que se piensa en la existencia es edificante o resulta convincente. Epistemol&oacute;gicamente hablando, el hombre se desenvuelve entre alternativas, debido a que cada uno puede ser acertado o bien puede estar errado en sus juicios. Am&eacute;n de que cada juicio habr&aacute; de ser v&aacute;lido para un preciso momento. La descripci&oacute;n, por ejemplo, que yo hago en esta ma&ntilde;ana acerca de la posici&oacute;n del sol, vale exclusivamente para esta ubicaci&oacute;n del planeta y no para la de hace un rato o la de la tarde. Se dir&iacute;a que la raz&oacute;n, en el horizonte epistemol&oacute;gico, se encuentra obligada al despliegue de una mirada atenta, pues cada cambio en el ser, que de suyo acontece, precisar&aacute; del planteamiento de un nuevo juicio que obedezca a la nueva situaci&oacute;n de la realidad aludida. Esta condici&oacute;n como estado de despierto de la raz&oacute;n en griego se entiende como <i>Al&eacute;theia. </i>As&iacute;, ante la evanescencia de la realidad y la premura de los juicios, el hombre en Gaos poseer&iacute;a la consigna de un estado permanente de vigilia. Por la filosof&iacute;a se instaurar&iacute;a la facticidad existencia de esta <i>Al&eacute;theia </i>en el mundo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, pese a este riesgo y tarea que el hombre experimenta en lo epistemol&oacute;gico, existe un sentido de la raz&oacute;n que se sustrae al riesgo de la alternativa del error o el acierto, &eacute;sta es la raz&oacute;n vital, de hecho la presencia del error nos habla justamente de esta vida que tiene que vivirse como raz&oacute;n, siendo el error una alternativa de la misma raz&oacute;n. No obstante, ni el acierto ni el error ponen en suspenso el magisterio de la raz&oacute;n. As&iacute;, la raz&oacute;n opera en todos los &oacute;rdenes de la existencia, independientemente de cualquier posici&oacute;n, es decir, independientemente de cualquier forma de vida que cada uno lleve. El existencialismo hablaba de dos maneras antropol&oacute;gicas de estar en el mundo, la existencia aut&eacute;ntica y la inaut&ecirc;ntica. Gaos dir&iacute;a que la raz&oacute;n vital se encuentra igualmente presente en uno u otro modo de la existencia.</p>     <p>El hombre ser&iacute;a racional no porque piense correctamente, sino ante todo porque piensa, es decir, porque se representa la realidad a partir de una precomprensi&oacute;n de s&iacute;. La raz&oacute;n tampoco posee una connotaci&oacute;n org&aacute;nica como parte taxon&oacute;mica del ser del hombre, tal como lo quiso alguna vez Nietzsche, pues esta visi&oacute;n evidentemente har&iacute;a suprimible, con la mayor facilidad del mundo, la raz&oacute;n. Lo cierto es que Nietzsche ha querido ver en la raz&oacute;n una parte del cuerpo que en el mejor de los casos, al igual que el h&iacute;gado o los ri&ntilde;ones, puede ser prescindible. No obstante, el sentido vital de la raz&oacute;n en Gaos impide la reducci&oacute;n de &eacute;sta a una de sus funciones o a una de las partes del cuerpo. Desde Gaos podr&iacute;a decirse, contraviniendo a Nietzsche, que el hombre tiene por naturaleza una raz&oacute;n que de suyo intuye lo propio y lo ajeno, o si se quiere, rememorando una f&oacute;rmula de Cassirer, la raz&oacute;n posee una naturaleza simb&oacute;lica, la cual hace apto al hombre para el ejercicio de una vida l&oacute;gica y de sentido (Gaos, 1993b, p. 133). La idea de raz&oacute;n vital le permite a Gaos ampliar los horizontes de comprensi&oacute;n de la misma y, al mismo tiempo, le permite integrar las diferentes partes y funciones que puedan tener lugar en la noci&oacute;n de raz&oacute;n, sin que por ello pierda su dinamicidad y capacidad intelectual.</p>     <p>Por otra parte, extremando un poco los t&eacute;rminos, y en virtud a esta alusi&oacute;n de una raz&oacute;n vital, el pensamiento filos&oacute;fico de Gaos podr&iacute;a entenderse tambi&eacute;n como una <i>filosof&iacute;a de la conciencia. </i>En t&eacute;rminos generales, la conciencia puede definirse como la propiedad de un ser capaz de existir frente a s&iacute; mismo, es as&iacute; que s&oacute;lo el hombre puede definirse por esta cualidad, ya que es el &uacute;nico ser que puede existir, y de hecho existe, frente a s&iacute; teniendo una idea de lo propio y de lo ajeno: el hombre existe diferenci&aacute;ndose a cada momento. Esta diferenciaci&oacute;n existencial es prueba de que el hombre vive como un ser para s&iacute;. Que el hombre es un ser que existe frente a s&iacute;, es un dato que no requiere mayor justificaci&oacute;n porque constituye una realidad de experiencia com&uacute;n. De hecho, podr&iacute;a decirse que desde el momento en que &eacute;ste despliega cotidianamente su capacidad hermen&eacute;utica en la existencia, confirma a cada momento que la conciencia no es mero accidente, sino la nota preeminente que subyace modalmente a cada transformaci&oacute;n hist&oacute;rica en cada sujeto.</p>     <p>Pero &iquest;de qu&eacute; tipo de filosof&iacute;a de la conciencia estamos hablando? Resulta evidente que, pese a la admiraci&oacute;n que Gaos profesa por Descartes o por Kant, no estamos hablando de una filosof&iacute;a de la conciencia tal. La admiraci&oacute;n que nuestro autor siente hacia un autor como Descartes, por ejemplo, no es por el sentido que en &eacute;ste pueda tener una filosof&iacute;a de la conciencia, sino m&aacute;s bien porque en el autor franc&eacute;s la filosof&iacute;a adquiere el adjetivo de autobiograf&iacute;a, &laquo;haciendo incompatibles con ella todas las dem&aacute;s autobiograf&iacute;as dadas por fil&oacute;sofos&raquo; (Gaos, 1993b, p. 51). Desde luego que en un autor como Descartes existe una filosof&iacute;a de la conciencia, su filosof&iacute;a representa el modelo de las subsecuentes filosof&iacute;as de la conciencia; en este sentido, Gaos tambi&eacute;n se encuentra prendido del ejemplo del franc&eacute;s. Nuestro autor dice: &laquo;La obra filos&oacute;fica de Descartes constituye un documento &uacute;nico en la historia entera de la filosof&iacute;a &#91;pues en &eacute;sta&#93; adquiere &#91;la filosof&iacute;a&#93; la expresi&oacute;n personal del filosofar subjetivamente los filosofemas&raquo; (Gaos, 1993b, p. 51).</p>     <p>Gaos piensa que la circunstancia actual exige que a la reflexi&oacute;n subjetiva modulada por Descartes, en el horizonte de una filosof&iacute;a de la conciencia, le sea agregada la conciencia de la historia. De esta manera, la filosof&iacute;a de la conciencia, derivable del autor de las &quot;Confesiones profesionales&quot;, adquirir&aacute; un rostro propio, consiguiendo con esto, a un mismo tiempo, un avance de la misma filosof&iacute;a y retener el adjetivo tambi&eacute;n de filosof&iacute;a personal o autobiogr&aacute;fica. La filosof&iacute;a de la conciencia, entonces, en nuestro autor precisar&aacute; la fusi&oacute;n de la noci&oacute;n de subjetividad y de historicidad. Cabe aclarar que si bien es cierto que en Descartes el sujeto pensante posee una perspectiva, no obstante, resulta cierto tambi&eacute;n que esta perspectiva se encuentra privada de una posici&oacute;n hist&oacute;rica.</p>     <p>El ser del hombre es hist&oacute;rico por definici&oacute;n, pero no lo es porque acontezca en la historia, sino antes bien porque es temporal en el fondo de su ser. Esta idea ya la hab&iacute;a expresado Heidegger hacia 1927: &laquo;El an&aacute;lisis de la historicidad del <i>ser ah&iacute; </i>trata de mostrar que este ente no es <i>temporal </i>por <i>estar dentro de la historia, </i>sino que a la inversa, s&oacute;lo existe y puede existir hist&oacute;ricamente por ser temporal en el fondo de su ser&raquo; (Heidegger, 1951, p. 407). El tiempo no es una estructura mental <i>a priori </i>para el conocimiento, sino la forma de la realidad, la cual a trav&eacute;s de y por el hombre se vuelve historia. La historia es la forma del tiempo del ser del hombre. Dice Gaos que por el simple hecho de que el hombre posee una historia se encuentra volcado frente a s&iacute; mismo: &laquo;Al repetido menor esfuerzo por filosofar sobre nuestra vida se le descubre &eacute;sta como caracterizada &uacute;ltima, decisivamente por su <i>historicismo. </i>Tenemos un saber hist&oacute;rico, un saber de nuestra historia &#91;...&#93; Este saber nos ha dado una conciencia hist&oacute;rica nueva en la historia&raquo; (Gaos, 1995, p. 103). Digamos que ha sido la conciencia de la historia la que ha propiciado un nuevo posicionamiento del hombre en el mundo, caracterizado por la emergencia de una nueva conciencia, a saber, que la realidad del hombre es una realidad hist&oacute;rica. Este apercibimiento ha llegado con cierta demora a la filosof&iacute;a. No obstante, esto no significa que a partir del mismo hallazgo las creaciones culturales hayan comenzado a ser en el tiempo, no, sino que como lo dice nuestro autor, este saber nos ha dado una conciencien nueva en la misma historia. El apercibimiento de la historia ha permitido, por un lado, el ensanchamiento de la cultura y, por otro, la integraci&oacute;n de esta misma, en el entendido de que la diversidad cultural tiene como factor com&uacute;n justamente la historicidad. La historicidad ha venido a liberar a la cultura, pues &eacute;sta no precisa de un modelo espec&iacute;fico para ser; ahora cada cultura tendr&aacute; que desarrollarse dentro de sus propias posibilidades. Cada cultura habr&aacute; de ser lo que es y lo que puede llegar a ser en la relatividad de sus circunstancias.</p>     <p>De esta manera tenemos que el hombre finalmente se encuentra presente frente a s&iacute; mismo y, parad&oacute;jicamente, descubre que siempre lo ha estado. La conciencia de la historia ha ocasionado la emergencia del individuo y ha propiciado el resquebrajamiento de los diferentes ideales de bronce o sustancialistas del hombre. Esta nueva conciencia de la historia ha tra&iacute;do consigo una liberaci&oacute;n antropol&oacute;gica, es decir, ha permitido que todos los hombres posean la consigna de buscar y responder por su propia posici&oacute;n en el mundo. Esta vida de libertad se entiende justamente porque &laquo;el hombre no tiene naturaleza, sino historia&raquo; (Gaos, 1995, p. 105), este principio rompe las cadenas de la determinaci&oacute;n y da cauce a la liberaci&oacute;n de todos los hombres para que cada cual sea relativamente en su esencial historicidad. De esta manera podemos ver, una vez m&aacute;s, c&oacute;mo se ve satisfecha la idea de Gaos de una filosof&iacute;a como liberaci&oacute;n, entendida no s&oacute;lo como liberaci&oacute;n del pensamiento, sino que mediante la conciencia hist&oacute;rica los hombres tambi&eacute;n se han visto liberados existencialmente varados frente a s&iacute;.</p>     <p>La realidad hist&oacute;rica, por principio, apuesta por una l&oacute;gica de la diferencia. La historia siempre es de alguien, quien por ser hist&oacute;rico ya es diferente desde s&iacute;. Cada fragmento de historia constituye un punto de vista exclusivo. En este sentido, la perspectiva de cada hombre se singularizar&iacute;a no s&oacute;lo por el pensamiento, sino tambi&eacute;n por la realidad hist&oacute;rica en la que cada cual se encuentra. Podr&iacute;a decirse que esta imagen de la filosof&iacute;a, que se dibuja a partir de la conciencia hist&oacute;rica en nuestro autor, nos ofrece el espect&aacute;culo de un concierto de perspectivas hist&oacute;ricas irreductibles entre s&iacute; e irrepetibles para consigo mismas. La filosof&iacute;a se ha trastocado al fin en una autobiograf&iacute;a.</p>     <p>Finalmente, hay que decir que con esto el pensamiento filos&oacute;fico se trastoca en inmanentismo. La filosof&iacute;a de Gaos, por todo lo arg&uuml;ido, es un inmanentismo cuya virtud se despliega sobre la existencia y sobre el conocimiento. De cierta forma podr&iacute;a decirse que el inmanentismo tambi&eacute;n conlleva hacia una suerte de liberaci&oacute;n conceptual. En donde la filosof&iacute;a ya no gira alrededor de una tesis propiamente dicha, sino m&aacute;s bien en pos de un camino que se antoja inagotable. Justo por esto nuestro autor remata diciendo que &laquo;el inmanentismo es la &uacute;nica filosofia posible&raquo; (Gaos, 1995, p. 213), pues &eacute;ste, al no depender de una tesis central, no bloquea ning&uacute;n acceso, no le cierra el paso dial&eacute;cticamente a ninguna otra corriente; por el contrario le abre camino al pensamiento hacia la pluralidad y hacia el porvenir.</p>     <p>Consideramos que la virtud y la vigencia de una apuesta filos&oacute;fica como la vertida por nuestro autor se cifra no en la aportaci&oacute;n o posesi&oacute;n de una tesis propiamente dicha, sino en el esbozo de una idea del quehacer filos&oacute;fico, entendida como una empresa de permanente emancipaci&oacute;n, en la cual tienen lugar de una manera intercalada la construcci&oacute;n y la destrucci&oacute;n del conocimiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Abell&aacute;n, Jos&eacute; Luis. (1999). M&eacute;xico y el pensamiento mexicano. En Homenaje a Jos&eacute; Gaos. <i>Bolet&iacute;n Editorial, 79. </i>M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S1692-8857201000020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Abell&aacute;n, Jos&eacute; Luis. (1998). <i>El exilio filos&oacute;fico en Am&eacute;rica. Los transterrados de 1939. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S1692-8857201000020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Alfaro L&oacute;pez, H&eacute;ctor Guillermo. (1993). Jos&eacute; Ortega y Gasset y Jos&eacute; Gaos: consonancias y disonancias. Dos visiones de Am&eacute;rica. En Panoramas de Nuestra Am&eacute;rica. <i>Filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n. Hacia una pedagog&iacute;a para Am&eacute;rica Latina, 7. </i>M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S1692-8857201000020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (2002). <i>Confesiones profesionales. </i>M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1692-8857201000020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1996). <i>Sobre la filosof&iacute;a y la cultura en M&eacute;xico, O. C., T. VIII. </i>M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1692-8857201000020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1995). <i>Las ideas y las letras. Selecci&oacute;n de textos, Fernando Salmer&oacute;n. </i>M&eacute;xico: UNAM. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1692-8857201000020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1993a). <i>Curso de metaf&iacute;sica 1944. Historicismo e inmanentismo, T. I. </i>M&eacute;xico: UAEM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1692-8857201000020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1993b). <i>Curso de metaf&iacute;sica 1944. Mi filosof&iacute;a, T. II. </i>M&eacute;xico: UAEM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1692-8857201000020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1973). <i>Historia de nuestra idea del mundo. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica/El Colegio de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1692-8857201000020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1959). &iquest;Qu&eacute; clase de ciencias son las pol&iacute;ticas y sociales? En <i>Discurso de filosof&iacute;a y otros trabajos sobre la materia. </i>M&eacute;xico: Universidad Veracruzana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1692-8857201000020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1957). <i>Sobre Ortega y Gasset y otros trabajos de historia de las ideas en Espa&ntilde;a y la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola. </i>M&eacute;xico: UNAM. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1692-8857201000020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaos, Jos&eacute;. (1951). De paso por el historicismo y el existencialismo. En <i>Cuadernos Americanos, 2, </i>a&ntilde;o X, marzo-abril. pp. 129-139. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1692-8857201000020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heidegger, Martin. (1951). <i>El ser y el tiempo, </i>trad. por Jos&eacute; Gaos. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1692-8857201000020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Matute, &Aacute;lvaro. (2002). <i>El historicismo en M&eacute;xico. Historia y antolog&iacute;a.</i> M&eacute;xico: UNAM. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1692-8857201000020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rescher, Nicholas. (1995). <i>La lucha de los sistemas. </i>M&eacute;xico: UNAM. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1692-8857201000020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vargas Lozano, Gabriel. (2001). La filosof&iacute;a mexicana: las sendas de Gaos. En <i>Cuadernos Americanos, 4, </i>a&ntilde;o XV. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1692-8857201000020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Villoro, Luis. (2001). Jos&eacute; Gaos y el giro de la filosof&iacute;a iberoamericana. En <i>Di&aacute;noia, XLVI, 47, </i>noviembre. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1692-8857201000020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Xirau, Ram&oacute;n. (1980). Los fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles transterrados. En <i>Historia de la filosof&iacute;a en M&eacute;xico. </i>M&eacute;xico: UNAM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1692-8857201000020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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