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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In some libertarian's opinion, social rights are inexistent as 'rights'. In this paper, I will first identify some of the main libertarian's approaches to then show Locke's positions. This will allow tracing the conditions for the potential foundations of the economic and social rights back to the beginnings of the liberal thought. I argue that there is a contradiction between Locke's theoretical principles and the libertarian's radical approaches. Finally, I show how the need for an economic redistribution looking toward a greater political equality can be supported based on Locke.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.14482/eidos.22.4681">http://dx.doi.org/10.14482/eidos.22.4681</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Garant&iacute;as econ&oacute;micas y sociales en Locke  </b></font></p>      <p><b>Pedro Pablo Serna</b>    <br> <a href="mailto:pserna@uninorte.edu.com"><i>pserna@uninorte.edu.com</i></a>    <br> Universidad del Norte, Barranqullia, Colombia.</p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b>  Enero 14 de 2014    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> Junio 19 de 2014</p>   <hr>     <p><b>Resumen</b></p>      <p>En la posici&oacute;n de algunos libertarianos, los derechos sociales son inexistentes como &quot;derechos&quot;. Quiero ubicar primero los planteamientos principales de algunos libertarianos y posteriormente mostrar las posiciones de Locke. Esto nos permitir&iacute;a rastrear las condiciones de posibilidad de fundamentaci&oacute;n de los derechos econ&oacute;micos y sociales desde los or&iacute;genes del pensamiento liberal. Sostengo que existe una contradicci&oacute;n entre los principios te&oacute;ricos planteados por Locke y las propuestas radicales de los libertarianos y muestro el modo como desde Locke se sustenta la necesidad de la redistribuci&oacute;n econ&oacute;mica en aras de una mayor igualdad pol&iacute;tica.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PALABRAS CLAVE: </b><i>Liberalismo, democracia, derechos humanos, econom&iacute;a, Locke, libertarianos. </i></p> <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p>In some libertarian's opinion, social rights are inexistent as 'rights'. In this paper, I will first identify some of the main libertarian's approaches to then show Locke's positions. This will allow tracing the conditions for the potential foundations of the economic and social rights back to the beginnings of the liberal thought. I argue that there is a contradiction between Locke's theoretical principles and the libertarian's radical approaches. Finally, I show how the need for an economic redistribution looking toward a greater political equality can be supported based on Locke.</p>      <p><b>KEYWORDS: </b><i>Liberalism, democracy, Human Rights, economy, Locke, libertarians, redistribution.</i></p>  <hr>      <p><b>Garant&iacute;as econ&oacute;micas y sociales en locke</b></p>      <p>Temas como el de la Globalizaci&oacute;n, la privatizaci&oacute;n, la pobreza, el desarrollo sostenible son pan de cada d&iacute;a. Hacemos parte de una sociedad con un alto nivel de consumo y de capacidad destructiva que amenaza constantemente a la humanidad; pero tambi&eacute;n somos parte de una sociedad empobrecida econ&oacute;mica y culturalmente que refleja alt&iacute;simos niveles de irracionalidad y violencia. Esta realidad contrasta con los ideales b&aacute;sicos y fundadores de la Ilustraci&oacute;n en la que surge el pensamiento liberal como posibilidad de organizaci&oacute;n que permitir&iacute;a la coexistencia de todos los seres humanos en un mutuo respeto de su dignidad y sus derechos. Las llamadas revoluciones burguesas de mediados del siglo XVIII fueron realizando las ideas principales de los cl&aacute;sicos del pensamiento liberal, tanto en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos como econ&oacute;micos: libertades ciudadanas b&aacute;sicas, decisiones del Estado fundamentadas en la ley, separaci&oacute;n de poderes y una serie de derechos pol&iacute;ticos de los ciudadanos, como el derecho al voto y la libertad de pensamiento. Este liberalismo surge entonces por oposici&oacute;n al absolutismo reinante en la Europa de mediados del milenio. Seg&uacute;n el pensamiento liberal los derechos naturales cumplen un papel fundamental a la hora de establecer proyectos pol&iacute;ticos en los que se limita el poder del soberano; le traza unos l&iacute;mites y unas tareas en torno a la defensa de los derechos; pero lo m&aacute;s importante es que deja en manos de los seres humanos la responsabilidad que antes se dejaba en manos de Dios (Hobbes, 1994; Locke, 2005; Rousseau, 1989 ; Kant, 1995).</p>      <p>En el desarrollo del Estado moderno se constata la existencia, cada vez mayor, de espacios de control democr&aacute;tico de las acciones del Estado a nivel nacional y a nivel internacional que favorecen el desarrollo y calidad de los derechos humanos. Los Estados actuales, movidos tambi&eacute;n por las Naciones Unidas, se han puesto a la tarea de ampliar la concepci&oacute;n de los derechos humanos y, con ello, tambi&eacute;n de los mecanismos que har&iacute;an posible su defensa. La universalizaci&oacute;n de estos derechos tiene como fundamento el pensamiento liberal, que incluye aquellos derechos econ&oacute;micos y sociales que los liberales radicales no reconocen porque consideran que esto implicar&iacute;a la intervenci&oacute;n directa del Estado en las decisiones de los individuos, y afectar&iacute;a con ello las condiciones individuales de libertad y libre competencia. Es importante entonces que diferenciemos los principios del liberalismo pol&iacute;tico cl&aacute;sico planteado por Locke del liberalismo econ&oacute;mico actual, que tanta fuerza ha venido cobrando bajo la pretensi&oacute;n de ser una propuesta &eacute;tico - pol&iacute;tica para el mundo de hoy y que ha tenido efectos en los procesos econ&oacute;micos globalizadores.</p>      <p>En el contexto de la Revoluci&oacute;n Industrial y con fundamento en principios liberales se fue desarrollando un liberalismo econ&oacute;mico que explicaba las razones pol&iacute;ticas y antropol&oacute;gicas del desarrollo econ&oacute;mico e industrial alcanzado por algunos miembros selectos de la sociedad europea, por un lado y, por otro, pretend&iacute;a explicar tambi&eacute;n la excesiva pobreza que se fue concentrando alrededor de las grandes ciudades de la &eacute;poca (Smith, 2005), y que se justific&oacute; desde las teor&iacute;as planteadas sobre la poblaci&oacute;n, como la de R. Malthus (1846).</p>      <p>Frente a la amenaza que represent&oacute; el socialismo para el Estado liberal y su modelo econ&oacute;mico a finales del siglo XIX y el XX, que encontr&oacute; en la miseria de muchos el caldo de cultivo y la justificaci&oacute;n real para una modelo de Estado distinto, se respondi&oacute; con el Estado de bienestar. Los liberales pretend&iacute;an mostrar que los pobres y excluidos de los beneficios de una econom&iacute;a de mercado pod&iacute;an estar en mejores condiciones. Esto llev&oacute; a que el Estado comprometiera buena parte de los impuestos en programas sociales de alimentaci&oacute;n, vivienda, salud, educaci&oacute;n p&uacute;blica, garant&iacute;as sindicales, etc.; beneficios que han venido desapareciendo a partir de la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y de la desaparici&oacute;n del socialismo como amenaza permanente. Estos beneficios generaron, y siguen generando ahora, la protesta de las minor&iacute;as pudientes, que consideran que el Estado interviene indebidamente en los procesos de la econom&iacute;a en beneficio de un sector muy espec&iacute;fico de la poblaci&oacute;n, dando origen a lo que ellas llaman &quot;la tiran&iacute;a de las mayor&iacute;as&quot;.</p>      <p>Estos matices radicales originados en el interior del pensamiento liberal van mostrando los vac&iacute;os en torno a la defensa de ciertos derechos que tienen un efecto en el quehacer pol&iacute;tico, porque inciden en temas tan definitivos como el de la igualdad, del cual el Estado no se ocupa, y por ello, los ciudadanos afectados pierden visibilidad e influencia en el &aacute;mbito p&uacute;blico, y con ello la posibilidad de exigirlo con los mecanismos adecuados.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La visi&oacute;n de los liberales radicales</b></p>      <p>Por su concepci&oacute;n individualista, el liberalismo radical propone los derechos como inherentes a la persona individual, pero estos no tienen un referente de obligaci&oacute;n en ninguna otra instancia, ni referencia a la colectividad, ya que la sociedad se concibe como la superposici&oacute;n de voluntades individuales que la mueven en la medida en que buscan su propio inter&eacute;s. La relaci&oacute;n con lo que se llamar&iacute;a sociedad no es m&aacute;s que instrumental. Los derechos naturales son entonces el l&iacute;mite del poder pol&iacute;tico y se convierten en la raz&oacute;n de ser del mismo Estado, que tiene la responsabilidad de resguardarlos. Ahora los liberales radicales quieren proponer el debilitamiento de las formas pol&iacute;ticas que, consideran, amenazan la libertad que merecen los individuos y que poseen de manera ilimitada frente al Estado (Manent, 1977, p. 11). Estos libertaria-nos han buscado darle un sentido &eacute;tico - pol&iacute;tico a su propuesta, fundamentados en las ideas b&aacute;sicas del liberalismo, y desde mediados del siglo XX han venido fortaleciendo r&aacute;pidamente su proyecto y han incidido de manera importante en la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a. Sus principales propuestas giran en torno a: libertad individual pensada como libertad negativa, Estado reducido a brindar seguridad y justicia a los ciudadanos, sin ning&uacute;n control o influencia de los dem&aacute;s aspectos de la vida social, libre mercado y libre competencia. Los principales impulsores de este proyecto son parte de Mont Pelerin Society, organizaci&oacute;n encargada de formar y promover el pensamiento liberal radical y de la que han hecho parte Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Milton Friedman, Popper y otros.</p>      <p>Nozick (1988) considera que la justicia distributiva como tal no existe (p. 9) y que lo importante es que el Estado les deje espacio a los derechos individuales (p. 7), y por ello propone un Estado que intervenga lo menos posible y que solo se dedique a la protecci&oacute;n y a la justicia, porque de la redistribuci&oacute;n de los bienes materiales se encargan las leyes econ&oacute;micas determinadas por la oferta y la demanda; por ello considera que es una injusticia poner trabas al libre comercio y la libre empresa. Los impuestos constituyen un tipo de l&iacute;mite al desarrollo de la empresa y de la econom&iacute;a, y en este sentido cualquier modelo de redistribuci&oacute;n de los bienes por parte del Estado, y sobre todo porque se hace con fondos p&uacute;blicos, viola los derechos individualesdes de los ciudadanos. Nozick (1973, p. 47) considera que es el mercado lo que permitir&iacute;a el desarrollo de la civilizaci&oacute;n y las mayores posibilidades de la vigencia de todos los derechos de los individuos. La distribuci&oacute;n leg&iacute;tima ser&iacute;a aquella que surge de otra distribuci&oacute;n por medios legales, que a su vez ha sido fruto de otro proceso de distribuci&oacute;n leg&iacute;timo hasta la justa adquisici&oacute;n original de los bienes. Esta es tambi&eacute;n la posici&oacute;n de Hayek (2007) cuando afirma en el cap&iacute;tulo XIV que &quot;en el pasado, ha sido la sumisi&oacute;n a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilizaci&oacute;n&quot; (p. 248); intentar dominar esta fuerza es abonarle el camino al totalitarismo y bloquear el progreso, insiste. Es, por lo tanto, la econom&iacute;a y no el Estado la que organiza la sociedad de una manera natural, distribuyendo los bienes entre todos, dando m&aacute;s a aquellos que tienen las condiciones para producir m&aacute;s. Tal como lo conciben algunos, el tema de la redistribuci&oacute;n no es m&aacute;s que buscar solucionar, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y violando la libertad individual, las fallas en la competitividad.</p>      <blockquote>     <p>Bajo estas condiciones de perfecta competencia, cada uno tendr&aacute; &eacute;xito en hacerlo, en el sentido de que la maximizaci&oacute;n de la propia utilidad est&aacute; unida a la utilidad de los dem&aacute;s. ... La econom&iacute;a no distribuye fondos iniciales; de eso se encarga la pol&iacute;tica. (Coleman, 1990, p. 135)</p> </blockquote>      <p>El Estado, por lo tanto, no debe intervenir, trastocando este orden econ&oacute;mico a favor de quienes tienen poco, porque lo mucho que algunos tienen lo han obtenido justamente. Esto ser&iacute;a atentar contra la igualdad que propone el liberalismo, y que es aquella que encuentra su fundamento en la econom&iacute;a de mercado; es decir, en la igualdad ante la ley, igualdad ante el sistema judicial e igualdad ante el mercado. No es el contrato sino la mano invisible lo que resuelve las diferencias entre los ciudadanos, y llevar&iacute;a a la verdadera constituci&oacute;n de la civilidad. Las personas, al buscar la seguridad, definen un Estado m&iacute;nimo que les garantice la plena vivencia y disfrute de sus bienes (Nozick, 1988, p. 30).</p>      <p>Un elemento importante en el proceso fundacional de la Sociedad de Mont Pelerin es la necesidad de defender una concepci&oacute;n propia de derechos humanos. Su concepci&oacute;n apunta m&aacute;s a definirlos como inmanentes al mercado (Hayek, 2007) y no como una decisi&oacute;n del Estado. Tambi&eacute;n puede considerarlos como &quot;restricciones morales indirectas&quot; (Nozick, 1988, p. 40). Esta es la &uacute;nica manera de entender el apoyo directo e intervencionista (rompiendo con su esquema de dejar hacer, dejar pasar) que dieron al Chile de Pinochet, m&aacute;s espec&iacute;ficamente Friedman, imponiendo un modelo que caus&oacute; grandes da&ntilde;os a la econom&iacute;a chilena a lo largo de m&aacute;s de 10 a&ntilde;os. Friedman supuso que el mercado era suficiente para generar una distribuci&oacute;n &oacute;ptima de los recursos del pa&iacute;s y el pleno uso de la capacidad productiva de todos los miembros de la sociedad. Eso fue lo que sostuvo como consejero econ&oacute;mico de Pinochet. Al respecto, Toussaint (2010) afirma que</p>      <blockquote>     <p>Tras diez a&ntilde;os de aplicaci&oacute;n de estas recetas econ&oacute;micas, Chile sufri&oacute; una recesi&oacute;n que hizo caer el PIB en un 15&#37; entre 1982 y 1983, en un momento en que la tasa de desempleo alcanzaba el 30&#37;. Adem&aacute;s, si Chile conoci&oacute; en los a&ntilde;os noventa cierto &eacute;xito econ&oacute;mico, fue por romper netamente con las recetas de los <i>Chicago Boys. </i>(p. 79)</p> </blockquote>      <p>El liberalismo como tal propone unas condiciones de convivencia adecuadas para la vida p&uacute;blica. Las leyes se aplican a funcionarios p&uacute;blicos y ciudadanos por igual, porque presupone que priman las leyes en la defensa de los derechos individuales (Macedo, 1988, pp. 215-216), y con ellos alcanzar un puerto seguro o refugio para las tormentas pol&iacute;ticas o conflictos, y por ello, para algunos, debe reducirse el Estado, y para otros, desaparecer.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto a la afirmaci&oacute;n de que existe un libertarianismo econ&oacute;mico y otro pol&iacute;tico, los libertarianos insisten en que es falsa, porque consideran que es imposible separar esas dos dimensiones de la acci&oacute;n humana. Muchas decisiones pol&iacute;ticas tienen efectos econ&oacute;micos, lo cual afecta la vida de los individuos; pero igualmente, cualquier restricci&oacute;n a la libertad pol&iacute;tica del individuo es una interferencia en su libertad econ&oacute;mica (Van de Haar, 2009,p. 18).</p>      <p>Parte del problema real de este modelo econ&oacute;mico liberta-riano es que las grandes corporaciones econ&oacute;micas intervienen de manera directa en la misma definici&oacute;n del mercado y reciben ciertas ventajas directas propiciadas por algunas decisiones del Estado, lo cual evidencia una gran incoherencia con el discurso que lo sostiene.</p>      <p>Aun dentro de este liberalismo hay distintas tendencias: unas m&aacute;s abiertas, que algunos han llamado neoliberales, y otras que han alcanzado la categor&iacute;a de conservadoras, pero la diferencia fundamental radica en la distinta aceptaci&oacute;n de la incidencia del Estado en la vida de los individuos. Acudiendo al inter&eacute;s de los libertarianos por plantear un proyecto &eacute;tico-pol&iacute;tico, m&aacute;s que econ&oacute;mico, quisiera confrontar tales miradas con lo planteado por Locke, por ser el pensador liberal moderno m&aacute;s importante.</p>      <p><b>Locke y el modelo liberal</b></p>      <p>En nuestros pa&iacute;ses latinoamericanos el pensamiento liberal ha sido asociado m&aacute;s con la &eacute;lite y sus intereses que con una propuesta pol&iacute;tica igualitaria y con la generaci&oacute;n de oportunidades para todos.</p>      <p>Son varios los supuestos en los que se asienta la concepci&oacute;n liberal de la sociedad y que alimentan el debate en torno a los derechos econ&oacute;micos y sociales en el liberalismo. Uno podr&iacute;a hablar del principio de neutralidad &eacute;tica del derecho y del Estado (Heller, 2004, p. 79); o de la tesis de la prioridad de la justicia sobre la vida buena; o de la prioridad que se le da a la autonom&iacute;a privada (Papacchini, 1997, p. 545); del excesivo apego a la noci&oacute;n de derecho natural; de su visi&oacute;n universalizada de sujeto y de bien; o del sesgo antiestatal; de su insensibilidad frente a otros derechos de los ciudadanos; sobre todo de aquellos ligados a reivindicaciones econ&oacute;micas y sociales (Papacchini, 1997, p. 547). Lo que s&iacute; parece claro es que el empoderamiento del individuo frente al Estado ha venido generando mayores garant&iacute;as para los ciudadanos y controles para el Estado a lo largo de estos &uacute;ltimos siglos; pero la evoluci&oacute;n del pensamiento liberal ha llevado a que en algunos casos se enriquezca la vida social y pol&iacute;tica de los pueblos, pero en otros, y con fundamento te&oacute;rico en el pensamiento liberal cl&aacute;sico, ha llevado a que se justifiquen modelos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales de car&aacute;cter excluyente e injusto.</p>      <p>La justicia es una caracter&iacute;stica importante en el contexto en el que surge el pensamiento de Locke. Esta era una preocupaci&oacute;n fundamental de todos los te&oacute;ricos medievales. La justicia es concebida como el origen de toda autoridad y legitimidad (Fern&aacute;ndez, 2010, p. 243). Locke, uno de los pilares del pensamiento liberal y al que acuden los libertarianos para sustentar su propuesta, en su primer tratado del gobierno civil hace una cr&iacute;tica clara a la concepci&oacute;n del origen divino del poder de los reyes, dando as&iacute; la posibilidad de pensar en un destino pol&iacute;tico en las manos de los hombres, justificando el Estado desde la conveniencia y el bienestar de todos.</p>      <p>Fern&aacute;ndez (2011), confrontando dos interpretaciones distintas con respecto a Locke, considera que a pesar de la influencia de la teor&iacute;a de los derechos, sobre todo los individuales, fundamentados en la introducci&oacute;n de la ley de la naturaleza como un c&oacute;digo moral, lo fundamental son los deberes, porque &quot;su mera presencia conlleva a aceptar que existen ciertos fines que el hombre no elige por s&iacute; mismo. De eso sigue que la naturaleza humana posee impl&iacute;citamente una norma que obliga a los hombres a un determinado comportamiento&quot; (p. 31). Esta concepci&oacute;n de los deberes es fundamental, en la medida en que se establece una justa relaci&oacute;n entre deberes y derechos a partir del concepto de inalienabilidad; el mismo que puede regular tanto mi libertad y mis derechos frente a la libertad y derechos de otros (Fern&aacute;ndez, 2011, pp. 36-43). Locke (2005) concibe que todo hombre es libre para &quot;ordenar sus acciones, y disponer de sus personas y bienes como lo tuvieren a bien, dentro de los l&iacute;mites de la ley natural, sin pedir permiso o depender de la voluntad de otros hombres&quot; (&sect; 4).</p>      <p>La relaci&oacute;n con los hombres es de libertad y la relaci&oacute;n con la naturaleza es de posesi&oacute;n, y debe haber una adecuada armon&iacute;a que permita la convivencia social y la sobrevivencia de todos, permitiendo a cada uno procurarse las cosas que requiera para su subsistencia mediante la transformaci&oacute;n, por medio del trabajo, de los bienes de la naturaleza en bienes individuales. De esta manera, el paso al Estado civil estar&aacute; marcado por la noci&oacute;n de propiedad, que dar&iacute;a sentido a la defensa colectiva de &quot;la vida, la libertad y la hacienda&quot;; de ah&iacute; que el poder de los reyes tendr&iacute;a que estar supeditado al respeto por aquellas condiciones que hacen posible los derechos individuales, dando as&iacute; origen al liberalismo moderno.</p>      <p>En la concepci&oacute;n de estado de naturaleza en Locke se concibe al hombre como un ser racional, virtuoso y libre que goza de la propiedad dada a todos y sobre la que se tiene derecho mientras se intervenga la naturaleza; as&iacute; que nadie tomar&iacute;a m&aacute;s de lo debido en la tierra en perjuicio de otros, acumulando m&aacute;s de lo que necesita. En el estado de naturaleza, los individuos son iguales y detentan unos derechos naturales que son fundamentalmente el derecho a la vida, a la libertad y a la posesi&oacute;n. Para la defensa y garant&iacute;a de estos derechos se hace necesaria la constituci&oacute;n de un Estado que pueda dirimir cualquier conflicto que se presente. Estos derechos naturales son los que sirven de contrapeso al poder del soberano y son el fundamento de las leyes positivas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el estado de naturaleza, la propiedad tiene sentido en la medida en que el individuo es due&ntilde;o de lo que produce mediante su trabajo, pero de igual manera, solo debe poseer aquello que puede realmente trabajar y de lo que puede sacar provecho para su sostenimiento, sin afectar la posibilidad de sostenimiento de los dem&aacute;s y sin generar conflicto (Locke, 2005, &sect;&sect; 26, 30, 32); de ah&iacute; que Locke (2005) no conciba la posesi&oacute;n como ilimitada, ya que &quot;la misma ley natural que nos otorga la propiedad, es la que le pone l&iacute;mites a la misma&quot; (&sect; 31) porque al &quot;convertir algo en propiedad m&iacute;a, debe quedar suficiente de la misma calidad para que la compartan los dem&aacute;s&quot; (&sect; 26). El dejar a los dem&aacute;s no es un asunto ni de voluntad propia ni de generosidad, etc., es simplemente aplicar a los dem&aacute;s el mismo ejercicio racional que me ha permitido reconocer que tengo derecho a las condiciones que me permiten sobrevivir. No se puede justificar la posesi&oacute;n individual en exceso de aquello que a otros les hace falta para sobrevivir (Locke, 2005, &sect;&sect; 31-32).</p>      <p>Es claro en Locke que cada ser humano buscar&aacute; preservar su propiedad; de ah&iacute; que los conflictos comienzan cuando de manera irracional se atenta contra la propiedad de otros. El paso al Estado civil est&aacute; marcado por la existencia de una legislaci&oacute;n com&uacute;n que ordene los asuntos que permiten la sobrevivencia de todos mediante la defensa de la vida, la libertad y la posesi&oacute;n de todos, por medio de su sometimiento a unas normas establecidas para evitar el exceso de poder de alg&uacute;n individuo o de alg&uacute;n grupo sobre otro. El Estado es para Locke una creaci&oacute;n, fruto del consenso de personas libres e iguales que defienden una vida y propiedad, definida como aquello que garantiza la vida. Este ser&iacute;a el &aacute;mbito protegido del poder desp&oacute;tico.</p>      <p>Hay una funci&oacute;n social de la propiedad originada en el trabajo, ya que con el trabajo se aumenta la cantidad de recursos de la comunidad humana. Lo delicado del asunto es que se puede llegar a acumular tantos bienes, que la producci&oacute;n se perder&iacute;a y se deja de cumplir esta funci&oacute;n social. Esto se subsana con el surgimiento del dinero, que permite intercambiar bienes perecederos por bienes durables como el dinero, permitiendo unos altos niveles de acumulaci&oacute;n de riqueza y, por lo tanto, de desigualdad.</p>      <p>Es ah&iacute; donde algunos autores encuentran cierta contradicci&oacute;n en el planteamiento lockeano. Es por ello que considera que el gobierno debe intervenir para mediar entre la acumulaci&oacute;n de la propiedad y la distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa de la riqueza; claro, sin poner l&iacute;mites a la acumulaci&oacute;n de la riqueza. Ese parece ser el punto de quiebre de su propuesta.</p>      <p>En la descripci&oacute;n que Locke (2005) hace del estado de naturaleza se hace referencia a esa situaci&oacute;n de igualdad que se buscar&iacute;a y legitimar&iacute;a mediante el establecimiento de un juez com&uacute;n; por ello es impensable crear un Estado, mediante un contrato, que pueda atentar contra una visi&oacute;n de igualdad en la que todos se sirven de la naturaleza. Por eso afirma que</p>      <blockquote>     <p>En la medida en que el hombre es libre como ya hemos explicado en el estado de naturaleza y es se&ntilde;or absoluto de su propia persona y de sus bienes, igual al hombre m&aacute;s alto y libre de toda sujeci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; raz&oacute;n va a renunciar a esa libertad, a ese supremo poder para someterse al gobierno y a la autoridad de otro poder? La respuesta evidente es que, a pesar de disponer de tales derechos en el estado de naturaleza, es muy inseguro en ese estado el disfrute de los mismos, encontr&aacute;ndose expuesto constantemente a ser atropellado por otros hombres. Siendo todos tan reyes como &eacute;l, cualquier hombre es su igual; como la mayor parte de los hombres no observan estrictamente los mandatos de la equidad y la justicia, resulta muy inseguro y mal salvaguardado el disfrute de los bienes que cada cual posee en ese estado. (&sect; 123)</p> </blockquote>      <p>&iquest;Puede querer alguien buscar un Estado marcado por la desigualdad y la exclusi&oacute;n de la propiedad? Concluye entonces que todo poder pol&iacute;tico leg&iacute;timo se funda en un acuerdo. Es de ah&iacute; desde donde puedo afirmar que no es tanto una miop&iacute;a lockeana sino libertariana, ya que se hace una interpretaci&oacute;n conveniente para sus criterios e intereses de resguardar te&oacute;ricamente su seguridad econ&oacute;mica.</p>      <p>Para Locke, los derechos fundamentales no se entregan al Estado; estos deben mantenerse en manos de los individuos para mantener el poder suficiente para controlarlo. La funci&oacute;n principal que tendr&iacute;a el Estado es la de corregir los limitantes del estado de naturaleza; constituirse en un juez imparcial, dirimir los conflictos y hacer cumplir la ley. De esta manera, los hombres se ven impulsados a participar del Estado civil, porque se requiere realizar, con un gobierno y unas normas positivas, aquello que no se pudo lograr en el estado de naturaleza (Fasso, 1982, p. 141); por ello Locke se pregunta &iquest;por qu&eacute; el hombre puede querer cambiar de estado si all&iacute; tiene el poder y la libertad que la naturaleza le da? Su respuesta muestra que no hay disfrute real en el estado de naturaleza; es un goce incierto. De ah&iacute; que nuestro autor tenga claro que el ser humano debe unirse con otros en sociedad para la mutua conservaci&oacute;n de su vida, libertad y bienes (Locke, 2005, &sect; 123).</p>      <p>Esta referencia a la mutua preservaci&oacute;n no se puede limitar a aquellos que son propietarios. La preservaci&oacute;n es general y es tarea espec&iacute;fica del magistrado, que debe resguardar, a todo el pueblo en general y a cada individuo en particular, la posesi&oacute;n leg&iacute;tima de cuantas cosas miran a esta vida (Fern&aacute;ndez, 2009, p. 54). Y es m&aacute;s radical aun cuando dice que una vez que se han agotado todos los medios posibles para lograr la preservaci&oacute;n de todos sus miembros, el inter&eacute;s individual deber&aacute; ceder al colectivo (Locke, 1999, &sect; 3 y &sect; 96). Esta es la manera como se garantiza la seguridad y la paz para todos. Se hace necesario, por lo tanto, controlar el poder que pueden alcanzar los particulares cuando acumulan muchos bienes y amenazan, con ello, la seguridad de todos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La percepci&oacute;n de que en Locke las posesiones privadas son el criterio de asignaci&oacute;n de los derechos pol&iacute;ticos se consolid&oacute; a partir del siglo XIX, cuando equiparan el derecho a la posesi&oacute;n con el derecho a la vida y a la libertad (Fern&aacute;ndez, 2009, p. 38), lo que lleva a imponerle a la pol&iacute;tica y al Estado la simple tarea de salvaguardar la seguridad de los individuos racionales en sus interacciones (Waldron, 1990, pp. 232-243). La imagen que siempre se ha tenido de su propuesta es que es un contrato exclusivamente entre propietarios; entonces se considera que la posesi&oacute;n es el elemento fundamental en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica lockeana, insistiendo en su car&aacute;cter individualista. Por ello es importante diferenciar la posesi&oacute;n de la propiedad, ya que esta &uacute;ltima incluye la vida y la libertad. Una mayor claridad en esta visi&oacute;n es la que se logra a partir de 1947, despu&eacute;s de que la Bodleain Library adquiere en ese a&ntilde;o los manuscritos personales de Locke. Surgen entonces otras nuevas interpretaciones sobre el consenso y los deberes sociales en el marco del contrato social. Autores como Tully (1980) van a insistir m&aacute;s en el sentido de los deberes que los miembros de una comunidad tienen con el resto de la sociedad para que funcione el contrato y se puedan generar condiciones de libertad y sobrevivencia individual, no solamente en t&eacute;rminos de competencia, sino en el sentido en que sea m&aacute;s consecuente con sus principios puritanos.</p>      <p>Con respecto a la libertad, es importante resaltar la necesidad de la positivizaci&oacute;n de la norma que regula las libertades de las personas. Esta es la garant&iacute;a de la estabilidad e imparcialidad requeridas:</p>      <blockquote>     <p>La libertad de los hombres bajo un gobierno consiste en tener una norma permanente que concierte sus vidas, com&uacute;n a todo miembro de tal sociedad y formulada por el poder legislativo erigido en ella. Libertad de seguir mi voluntad en todas las cosas que tal norma no coh&iacute;be sin estar sujeto a la voluntad arbitraria desconocida, incierta e inconstante de otro hombre. La libertad en el estado de naturaleza consiste en no hallarse bajo m&aacute;s restricci&oacute;n que por la ley de naturaleza impuesta. (Locke, 2005,&sect; 21)</p> </blockquote>      <p>Indudablemente, la propuesta Lockeana es plenamente democr&aacute;tica, y seg&uacute;n Fasso (1982, p. 144) representa la primera sistematizaci&oacute;n te&oacute;rica democr&aacute;tica moderna, porque el poder de hacer y aplicar las leyes el Estado lo posee en cuanto se lo ha transmitido el pueblo, en el que, por tanto, reside la soberan&iacute;a; por esto, el pueblo, para actuar y garantizar la validez de la ley natural, que como ley dictada por la raz&oacute;n es raz&oacute;n ella misma, pone l&iacute;mites que traspasan cualquier tipo de voluntad.</p>      <p>La visi&oacute;n de los libertarianos no es coherente con la visi&oacute;n de Locke, en la que se preocupa por los excesos; es decir, es tan reprochable la tiran&iacute;a como la anarqu&iacute;a. El ser humano est&aacute; llamado a la vida en sociedad, y por ello nuestro l&iacute;mite es el otro (Locke, 2005, &sect; 15). Efectivamente, hay una preocupaci&oacute;n fundamental de Locke por la libertad, pero esta libertad individual no puede contradecir la voluntad divina evidenciada en la ley natural (Locke, 2005, &sect; 59). Aun en el estado de naturaleza no es debido da&ntilde;ar a otros; es necesario ayudarlos en su preservaci&oacute;n. Locke (2005) considera que</p>      <blockquote>     <p>Tiene el estado de naturaleza ley natural que lo gobierne y a cada cual obligue; y la raz&oacute;n, que es dicha ley, ense&ntilde;a a toda la humanidad, con solo que &eacute;sta quiera consultarla, que siendo todos iguales e independientes, nadie, deber&aacute; da&ntilde;ar a otro en su vida, salud, libertad o posesiones... y pues todos nos descubrimos dotados de iguales facultades, participantes de la comunidad de la naturaleza, no cabe suponer entre nosotros una subordinaci&oacute;n tal que nos autorice a destruirnos unos a otros, como si estuvi&eacute;ramos hechos los de ac&aacute; para los usos de estotros, o como para el nuestro han sido hechas las categor&iacute;as inferiores de las criaturas. Cada uno est&aacute; obligado a preservarse a s&iacute; mismo y a no abandonar su puesto por propio albedr&iacute;o, as&iacute; pues, por la misma raz&oacute;n, cuando su preservaci&oacute;n no est&aacute; en juego, deber&aacute; por todos medios, preservar el resto de la humanidad. (&sect; 6)</p> </blockquote>      <p>Los males en la humanidad comienzan cuando se rompe la relaci&oacute;n entre lo conveniente y lo legal. El hombre aumenta sus posesiones en un contexto en el que aumenta la poblaci&oacute;n y cae en la tentaci&oacute;n de tomar m&aacute;s de lo que requiere para su sobrevivencia, porque donde falta el pacto es posible que se presente una posesi&oacute;n desproporcionada y desigual de la tierra (Locke, 2005, &sect; 50). Por ello considero que, contrario a la percepci&oacute;n de Macpherson (1962), en la propuesta liberal de Locke no hay un derecho incondicional a la propiedad. &Eacute;l afirma, haciendo referencia a Locke, que &quot;como el individuo es esencialmente el propietario de su propia persona y capacidades, por ello no debe nada a la sociedad&quot; (p.263). Considero que de lo primero no podemos inferir lo segundo. Hay l&iacute;mites en la convivencia social que no se pueden traspasar a riesgo de perder la estabilidad pol&iacute;tica. El mismo Locke (2007) mencionaba que aunque todos los hombres est&eacute;n dotados del uso de la raz&oacute;n por naturaleza, tanto las pasiones como el descuido y la degeneraci&oacute;n de las costumbres pueden llevarlos a guiarse por su propio inter&eacute;s en lugar de la justicia y la equidad (p. 9); por ello se requiere la presencia del Estado, porque es la garant&iacute;a de la preservaci&oacute;n del individuo; insisto, no de uno, sino de todos los individuos (Locke, 2007, ensayo VIII, p. 94; 2005, &sect; 134).</p>      <p>Hasta algunos derechos econ&oacute;micos deben ceder frente a la necesidad de subsistencia de otros. Este es el caso del conquistador y del vencido, que necesita compensar al vencedor y sostener a sus propios hijos:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Por ello quien tenga ya bienes de sobra para mantenerse habr&aacute; de ceder algo de su completa indemnizaci&oacute;n, y d&aacute;rselo a quienes tienen mayor y m&aacute;s urgente derecho, debido a que estar&iacute;an en peligro de perecer si careciesen de esos bienes. (Locke, 2005, &sect; 183)</p> </blockquote>      <p>El uso del dinero podr&iacute;a desbocar al hombre y le permitir&iacute;a acumular posesiones. Con ello se generar&aacute;n los conflictos, en la medida en que los l&iacute;mites a la propiedad no son claros. En el &sect; 50 Locke (2005) nos muestra la importancia del magistrado a la hora de regular la propiedad sobre la tierra. Esta es funci&oacute;n del Estado civil (&sect; 88); de ah&iacute; que la posesi&oacute;n desproporcionada de la tierra sea concebible donde falten los elementos adecuados de la vida en sociedad. La propiedad de la tierra incid&iacute;a en la vida del individuo y de la comunidad; pero tambi&eacute;n era importante que todos los que deb&iacute;an someterse a la ley estuvieran en capacidad de usarla y apelar a ella (&sect; 89). Es importante, por lo tanto, insistir en que el establecimiento de un gobierno leg&iacute;timo limita y modera el poder que pueda tener un individuo sobre los dem&aacute;s, en la medida en que se constituye un espacio para lo p&uacute;blico. Por ello es necesario renunciar a los poderes que se tienen en el estado de naturaleza y aceptar el poder constituido leg&iacute;timamente (&sect;&sect; 128-131), asumiendo que es imposible que por voluntad propia los hombres vivan pac&iacute;ficamente. Disminuir, por lo tanto, el poder del Estado y delegar algunas funciones que deber&iacute;an cumplir las leyes, sea respecto al libre mercado, a la empresa privada o a algunos particulares espec&iacute;ficos, es confiar excesivamente en la buena voluntad de los hombres.</p>     <p>Ser&iacute;a incoherente con los derechos b&aacute;sicos que se detentan en el estado de naturaleza el inmoderado poder que un particular (o varios) llegan a alcanzar con la acumulaci&oacute;n de bienes. Por ello, el pacto est&aacute; sustentado en la racionalidad de sus miembros, que buscan autopreservarse, aunque el ejercicio pleno de los derechos pol&iacute;ticos solo pueda ser ejercido por quienes tienen posesiones (Fern&aacute;ndez, 2009, pp. 60-61; Macpherson, 1962, pp. 234-246), no puede excluirse a los no propietarios del disfrute de tales derechos, porque el fundamento de los mismos es la libertad y la igualdad, y dice el mismo Locke (2005) que &quot;nadie en la sociedad civil puede quedar exceptuado de sus leyes&quot; (&sect; 94). La cesi&oacute;n de derechos para la constituci&oacute;n del Estado civil est&aacute; supeditado al bien superior que es la vida y, por lo tanto, a todo aquello que lo sostiene.</p>      <p>En la medida en que identifico como deber y derecho fundamental preservar la vida, reconozco en los dem&aacute;s el mismo derecho, que se convierte en un deber para m&iacute;; es decir, el deber principal, por encima de cualquier otro, es preservar mi vida y, en la medida en que no ri&ntilde;e con el m&iacute;o, preservar la de los dem&aacute;s (&sect; 6). En este sentido, no puedo, por mandato natural, imponer a otros unas condiciones econ&oacute;micas y sociales indignas de su valor como persona y que lo anular&iacute;an pol&iacute;ticamente. Preservar la vida humana, y la sociedad pol&iacute;tica que la garantiza, merece la cesi&oacute;n de parte de mis bienes para este fin (&sect; 120 y &sect; 130). Por ello es claro para Locke &quot;que el fin del gobierno sea la preservaci&oacute;n de todos, del modo m&aacute;s completo&quot; (&sect; 159).</p>      <p><b>La contradicci&oacute;n liberal</b></p>      <p>&iquest;Lleva el liberalismo obligatoriamente la semilla de la indiferencia frente a los problemas de los dem&aacute;s o cabr&iacute;a alguna alternativa?</p>      <p>&iquest;Es la solidaridad simplemente un acto de la voluntad de los individuos? &iquest;Podr&iacute;amos pensar en que es razonable que el Estado asuma una posici&oacute;n frente a los excluidos de la sociedad? &iquest;La igualdad pol&iacute;tica de la que habla el liberalismo tiene consecuencias reales en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y sociales? &iquest;El hecho de que haya una diferencia abismal en t&eacute;rminos econ&oacute;micos entre unos ciudadanos y otros se traduce necesariamente en inequidad pol&iacute;tica? &iquest;El exceso de respeto por el individualismo llevar&iacute;a a la inexistencia de un sentido de lo com&uacute;n y a la anarqu&iacute;a frente a la producci&oacute;n, de tal modo que afecte irresponsablemente al medio ambiente? &iquest;Los acuerdos t&aacute;citos sobre los que funciona el Estado tal cual lo conocemos podr&iacute;an ser aprobados por los ciudadanos en las condiciones actuales de libertad e igualdad?</p>      <p>Queda una cosa clara para los autores en general: el Estado debe regular lo p&uacute;blico. El &aacute;mbito de lo privado no puede ser objeto de regulaci&oacute;n por parte de este. Mientras yo no tome decisiones que afectan negativamente la vida de otros, el Estado no debe intervenir. Ni mis creencias, ni mis costumbres, ni mis preferencias sexuales pueden ser objeto de la intervenci&oacute;n del Estado; pero la pregunta justificada que tenemos que hacernos es si el Estado debe intervenir frente a situaciones sociales tan graves como las de millones de ciudadanos que viven en situaciones de extrema pobreza y que en semejante situaci&oacute;n son proclives a la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica por parte de quienes concentran en sus manos las riquezas del pa&iacute;s.</p>      <p>Despu&eacute;s de identificar la visi&oacute;n de quienes defienden el liberalismo econ&oacute;mico y de plantear los fundamentos te&oacute;ricos desde una propuesta fundamental del liberalismo cl&aacute;sico, debemos revisar tres aspectos que considero necesario tratar en este momento porque son el fundamento del control que se debe hacer a un manejo neocl&aacute;sico de la econom&iacute;a; es decir, a la propuesta libertariana que defiende el individualismo por encima de todo. Tratar&eacute; estos aspectos a continuaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Los excesos que afectan el medio ambiente</b></p>      <p>El exceso de respeto por el individualismo (como ego&iacute;smo pleno), m&aacute;s que por la individualidad, ha generado altos niveles de consumo y producci&oacute;n que ha venido causando el deterioro del medio ambiente por parte de un reducido n&uacute;mero de individuos. El descontrol del consumo individual en algunos pa&iacute;ses y regiones nos ha llevado a situaciones de amenaza real de la subsistencia humana a mediano y largo plazo, con lo que se constata el efecto social de los excesos de ciertos individuos escudados en un concepto de libertad individual. Las acciones y decisiones de algunos individuos pueden generar situaciones inmanejables por parte del Estado y, adem&aacute;s, afectar la vida y libertad de muchos, aun por fuera de las fronteras nacionales.</p>      <p>En la propuesta de Locke es claro el respeto debido a las posesiones privadas, pero los argumentos con respecto a la comunidad tambi&eacute;n son claros. La importancia de las posesiones est&aacute; ligada a la sobrevivencia tanto del individuo como de la comunidad social. Si en el estado de naturaleza, la misma raz&oacute;n reconoce que todos tienen derecho a la sobrevivencia y a todo aquello que se la facilite, entonces no puede ser pensable un pacto en el que muchos individuos quedan sin nada y en el que de todos modos tienen que sufrir las consecuencias del deterioro ambiental por el exceso de consumo de los recursos naturales de los m&aacute;s ricos:</p>      <blockquote>     <p>En contra de lo que pens&oacute; el liberalismo cl&aacute;sico, la tradici&oacute;n socialista acert&oacute; al afirmar que la libertad individual se ver&iacute;a amenazada, no por el crecimiento desmesurado del Estado, sino por un mercado que se expande de manera incontrolada siguiendo los imperativos del capital. En la actualidad se percibe una impotencia cada vez mayor del Estado para enfrentar los peligros que amenazan no solo a la libertad, sino a la supervivencia del g&eacute;nero humano. La disoluci&oacute;n de la simbiosis entre el Estado nacional y el mercado marca una diferencia central de las condiciones contempor&aacute;neas respecto al modelo de modernidad cl&aacute;sica. (Serrano, 2005, p. 19)</p> </blockquote>      <p>Esta realidad exige reflexionar a partir de las mismas realidades y de c&oacute;mo los gobiernos del mundo y las ideolog&iacute;as que los sustentan responden a esta necesidad de asegurar la vida y la libertad a largo plazo. Hacemos parte de una sociedad con un alto nivel de consumo y de capacidad destructiva que amenaza constantemente a la humanidad; pero tambi&eacute;n hacemos parte de una sociedad empobrecida econ&oacute;mica y culturalmente, que refleja unos altos niveles de irracionalidad y violencia. Esta realidad contrasta con los ideales b&aacute;sicos y fundadores de la Ilustraci&oacute;n, en los que surge el pensamiento liberal como la posibilidad de organizaci&oacute;n que permitir&iacute;a la coexistencia de todos los seres humanos en un mutuo respeto por la dignidad y los derechos de los dem&aacute;s, determinados por una nueva manera de hacer pol&iacute;tica y de ser moralmente. Esta visi&oacute;n se instal&oacute; en los procesos revolucionarios del siglo XVIII y sirvi&oacute; de modelo a los procesos de democratizaci&oacute;n y organizaci&oacute;n de muchos Estados tal y como los conocemos hoy en d&iacute;a, pues aument&oacute; los niveles de control sobre el poder del soberano por parte de los ciudadanos y, consecuentemente, mejor&oacute; las condiciones para hacer viables los derechos humanos.</p>      <p><b>El tema de la igualdad pol&iacute;tica y la desigualdad econ&oacute;mica</b></p>      <p>La igualdad frente a la ley sustentaba gran parte de las demandas ciudadanas hasta finales del siglo XIX. La exigencia fundamental era que los acusados tuvieran todas las garant&iacute;as procesales y no estuvieran en desventaja frente a los pudientes. Se pretend&iacute;a evitar un trato desigual y un irrespeto a los derechos individuales m&aacute;s que una demanda social o econ&oacute;mica. En todas las revoluciones que se hicieron a partir del siglo XVIII faltaban los derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales, debido a lo cual se manten&iacute;an altos niveles de desigualdad.</p>      <p>A pesar de algunas prebendas alcanzadas en lo que muchos llamaron el &quot;Estado de bienestar&quot;, el favorecimiento a los grandes empresarios ha sido evidente. Al contrario de lo que concibieron muchos pensadores &quot;liberales&quot; de los siglos XIX y XX, lo que el gran capital ha venido haciendo con el Estado es limitar su accionar en beneficio de la totalidad de la sociedad y ha venido decidiendo por &eacute;l y afectando la libertad y la propiedad real de muchos ciudadanos. Ellos, los liberales radicales, que defienden una posici&oacute;n m&aacute;s economicista, se han apropiado, de manera unilateral e inmerecidamente, del lenguaje de la libertad (Waldron, 1987, p. 129). Lo que hay que repensar decididamente es la autonom&iacute;a del Estado frente al poder econ&oacute;mico: liberalizarlo. Esto implica hacerlo coherente con su funci&oacute;n p&uacute;blica y no dejarlo al servicio de los que saben y tienen.</p>      <p>El Estado debe ofrecerse como la garant&iacute;a de lo p&uacute;blico. En las condiciones actuales se hace m&aacute;s necesaria la diferenciaci&oacute;n de lo p&uacute;blico y lo privado, por lo que un mayor control de los bienes p&uacute;blicos por parte de la ciudadan&iacute;a mejorar&iacute;a indudablemente las condiciones de vida de todos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los derechos civiles y pol&iacute;ticos de los ciudadanos no atentan contra el Estado, lo fortalecen. Esto es posible en la medida en que el Estado cumple la funci&oacute;n real de preservar la vida y bienestar de sus ciudadanos. Es en este contexto en que cabr&iacute;an las garant&iacute;as econ&oacute;micas y sociales que responden a la sobrevivencia de los individuos y al crecimiento cultural.</p>      <p>El fundamento b&aacute;sico de los derechos humanos en el pensamiento liberal es la igualdad. Todos los derechos pierden su sentido cuando se demuestra que no hay trato igual por parte del Estado. Las garant&iacute;as m&iacute;nimas que permiten al ciudadano com&uacute;n ser escuchado, es decir, reconocido, abren un abanico de posibilidades para los derechos humanos. Por lo tanto, sin reconocimiento no hay liberalismo, y este reconocimiento debe hacerse no solamente en t&eacute;rminos de individualidad, ya que est&aacute; relacionado tambi&eacute;n con demandas colectivas, grupales, comunitarias y /o culturales.</p>      <p><b>Ventajas para todos y contrato</b></p>      <p>Martha Nussbaum (2007) considera que uno de los grandes aportes que desde la filosof&iacute;a pol&iacute;tica se ha hecho a la tradici&oacute;n occidental ha sido la concepci&oacute;n del contrato social (p. 30). Este permite, por un lado, el reconocimiento de la igualdad de las personas que participan de &eacute;l y, por otro, se alcanza cierta reciprocidad o mutua conveniencia. La autora considera que la tradici&oacute;n del contrato hace dos contribuciones espec&iacute;ficas: por un lado, que los intereses de los seres humanos quedan bien servidos a trav&eacute;s de la sociedad pol&iacute;tica y, por el otro, que al eliminar ciertas ventajas artificiales es m&aacute;s f&aacute;cil concertar unos principios equitativos (pp. 30-31) que satisfagan las necesidades de todos. La base es, entonces, la igualdad y el valor intr&iacute;nseco de la persona. Los resultados del contrato, por lo tanto, deben ser equitativos.</p>      <p>Ahora bien, &iquest;por qu&eacute; es importante la igualdad en el momento del contrato? De acuerdo con Nussbaum (2007), hay dos importantes razones:</p>      <p>1.&nbsp;Evitar las ventajas que destruir&iacute;an el contrato (p. 31) al conceder mayor poder social y pol&iacute;tico a algunos.</p>      <p>2.&nbsp;Le dar&iacute;a mayor legitimidad a las decisiones tomadas (p. 31).</p>      <p>Estas condiciones de igualdad son descritas de manera importante en el <i>Leviat&aacute;n </i>de Hobbes, pero tambi&eacute;n en el texto de Rawls <i>Una teor&iacute;a de la Justicia </i>cuando aborda el tema de la posici&oacute;n original. Los pactantes son similares en t&eacute;rminos f&iacute;sicos y mentales, como en capacidades y debilidades; pero en lo que principalmente deben coincidir es en el inter&eacute;s del pacto que resolver&iacute;a los vac&iacute;os que presenta una situaci&oacute;n precontractual. Es el ser humano, solo, con su humanidad, sin poder y sin riquezas que se enfrenta a otros seres humanos en la misma condici&oacute;n; con las mismas necesidades e intereses (Rawls, 1995, pp. 126 -127).</p>      <p>Reducir la justicia a un criterio de ventaja mutua podr&iacute;a ser improcedente (Conill, 2001); pero no por ello se puede negar que en t&eacute;rminos econ&oacute;micos y sociales, un individuo participa de un contrato cuando adem&aacute;s de permitir la organizaci&oacute;n de la vida en sociedad puede encontrar alg&uacute;n beneficio en ello, tal como afirma Santos (2007): &quot;El contrato social encierra, por lo tanto, una tensi&oacute;n dial&eacute;ctica entre regulaci&oacute;n social y emancipaci&oacute;n social,tensi&oacute;n que se mantiene merced a la constante polarizaci&oacute;n entre voluntad individual y voluntad general, entre inter&eacute;s particular y bien com&uacute;n&quot; (p. 291).</p>      <p>Un aporte importante de Nussbaum (2007) en este sentido es cuando plantea los tres problemas no resueltos en las propuestas de contrato social, ya que estos se centran en los procedimientos justos y no tienen en cuenta los resultados para identificar su validez moral (p. 93), y por ello la autora de manera muy creativa propone un elemento que se debe introducir en el contrato: el asunto de las capacidades.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto permitir&iacute;a la inclusi&oacute;n y beneficio de muchas personas que no pueden aportar al mismo nivel de otros en esta sociedad de cooperantes. Efectivamente, para Locke esto no es un asunto de justicia; es, m&aacute;s bien, un asunto de beneficencia, pero que indudablemente implica el control oficial, porque es el Estado el que debe procurar las condiciones que les permitan a todos la consecuci&oacute;n de los bienes requeridos para el sostenimiento de la vida. El Estado moderno ha sido incapaz de resolver adecuadamente las necesidades de ciudadanos con ciertas discapacidades. Esto ha sido as&iacute; porque el modelo pol&iacute;tico original es el del beneficio mutuo.</p>     <p>Cualquier individuo racional puede estar interesado en obedecer ciertos compromisos que cobran, adem&aacute;s, un tinte moral, porque le benefician; saca m&aacute;s provecho obedeci&eacute;ndolos que infringi&eacute;ndolos (Gauthier, 1986). Es contrario a la raz&oacute;n participar de un contrato en el que puedo, literalmente, quedar en la calle, abandonado a mi suerte. A partir de esta situaci&oacute;n nos podr&iacute;amos preguntar: &iquest;por qu&eacute;, si la mayor&iacute;a ha sido despojada y empobrecida, no se produjo un cambio radical de Estado o un proceso revolucionario generador de nuevas realidades a lo largo de tantos pa&iacute;ses con grandes niveles de inequidad e injusticia? A esto no podemos responder con claridad todav&iacute;a, pero podr&iacute;amos decir, en principio, que en el Estado liberal siempre se da la esperanza de que las cosas van a mejorar, y se ha insistido que esto no depende tanto del Estado como del esfuerzo individual.</p>      <p><b>Los </b><b>umbrales econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos</b></p>      <p>El equilibrio de poderes que sostienen una rep&uacute;blica no solo depende del legislativo, el ejecutivo y el judicial. El ilimitado poder econ&oacute;mico que empresas transnacionales y personas espec&iacute;ficas han venido logrando alcanzar a lo largo de los a&ntilde;os se ha convertido en una seria amenaza contra la estabilidad pol&iacute;tica y democr&aacute;tica de los Estados. Cuando el poder econ&oacute;mico es tan excesivo que puede poner a su disposici&oacute;n el poder jur&iacute;dico y pol&iacute;tico (pagando campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, exigiendo leyes que regulen la econom&iacute;a con normas que posiblemente le favorezcan) limita la posibilidad que tienen los dem&aacute;s ciudadanos de decidir; es decir, disminuye la capacidad democr&aacute;tica del Estado. Los libertarianos, al proponer la l&oacute;gica de un libre mercado radical, conf&iacute;an excesivamente en la buena voluntad del empresario y en que este no intervendr&iacute;a para que las decisiones se tomen a su favor. Esta es la manera como la desigualdad excesiva en el interior de los Estados amenaza seriamente la estabilidad democr&aacute;tica de un pa&iacute;s. Pero es imposible que exista una democracia sin garantizar a los ciudadanos un &quot;m&iacute;nimo &oacute;ptimo&quot; de sus derechos pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos. Si en el interior del Estado prima el valor de la libertad sobre el de la igualdad, se destruir&iacute;a el proyecto pol&iacute;tico liberal en el sentido de la falta de representatividad de las grandes mayor&iacute;as de los ciudadanos. La autonom&iacute;a pol&iacute;tica se ver&iacute;a diezmada y se dar&iacute;an las condiciones para la manipulaci&oacute;n indebida de la pol&iacute;tica y los asuntos p&uacute;blicos. Las decisiones que se tomar&iacute;an beneficiar&iacute;an indudablemente a unos pocos, que decidir&iacute;an sobre la inmensa mayor&iacute;a, debido a lo cual sus decisiones ser&iacute;an ileg&iacute;timas (Goodhart, 2007).</p>      <p>La ley se convierte en el l&iacute;mite de los excesos; por ello es impensable la vida en sociedad sin un poder suficiente del Estado que regule las acciones y los intereses de los individuos. Esta no existe solo para proteger la propiedad de unos cuantos, sino la de todos, porque tal como dice Bobbio (1993), el tema de la libertad se debe plantear en el nivel de los poderes de la sociedad civil, porque se debe tener en cuenta no solo la relaci&oacute;n con el Estado, sino tambi&eacute;n con el resto de la sociedad; porque ella puede llegar a ser desp&oacute;tica y llevar al individuo al sometimiento y a la p&eacute;rdida de su libertad (p. 143).</p>      <p>Cuando el Estado garantiza los derechos econ&oacute;micos y sociales de todos los ciudadanos es menos probable un desequilibrio democr&aacute;tico. Hay unos umbrales econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que no se pueden traspasar sin poner en riesgo la democracia. El exceso de pobreza puede volver al ciudadano objeto de manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica, que unido al exceso de riqueza en nuestras sociedades, generan una concentraci&oacute;n de poder excesivo y ego&iacute;sta. Este desequilibrio hace incoherente el libertarianismo con la democracia, porque, por un lado, puede afectar las libertades civiles de la mayor&iacute;a en beneficio de los m&aacute;s pudientes y, adem&aacute;s, porque su fundamento real radica en la sobreproducci&oacute;n y el consumo, lo que puede llevarnos a una cat&aacute;strofe ambiental. Un contrato justo no puede permitir semejantes posibilidades. Se hace necesario, por lo tanto, un Estado fuerte que controle los excesos mediante las leyes que intervienen el mercado. No me cabe duda de la necesidad de una justa reciprocidad. Esta permitir&iacute;a que las sociedades alcanzaran un mayor nivel de desarrollo humano si la abundancia excesiva de unos cuantos no estuviera cimentada en la miseria de muchos millones; pero el problema principal es el que tiene que ver con las condiciones de ilegitimidad de un conjunto de decisiones que puede tomar un Estado leg&iacute;timamente constituido en beneficio de pocos y en detrimento de la calidad de vida de la mayor&iacute;a.</p>      <p>Lo que algunos autores consideran que es <i>ambiguo y contradictorio </i>en Locke, lo percibo m&aacute;s como una interpretaci&oacute;n inadecuada que hacen de &eacute;l autores de distintas tendencias (Nozick, 1988; Macpherson, 1962).</p>  <hr>     <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>Bobbio, N. (1993). <i>Igualdad y libertad. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1692-8857201500010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Coleman, J. (1990). Constitutional contractarianism. <i>Constitutional political economy, </i>1(2), 135-148. DOI: 10.1007/BF02393046&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1692-8857201500010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Conill, J. (2001). &iquest;Contrato de esclavitud? Una versi&oacute;n del contractualismo (de Hobbes a Buchanan). <i>Pensamiento, 57 </i>(219), 353-372.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S1692-8857201500010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fasso, G. (1982). <i>Historia de la filosof&iacute;a del derecho. </i>(Tomo II <i>: La edad moderna) </i>(J. Lorca, trad.). Madrid: Pir&aacute;mide.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1692-8857201500010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez, D. (2009). John locke: las posesiones o los derechos pol&iacute;ticos como garant&iacute;a de la libertad. <i>Colecci&oacute;n, 20, </i>15-74&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1692-8857201500010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez, D. (2010). La <i>justicia </i>como pretensi&oacute;n pol&iacute;tica. John Locke entre el Medioevo y la Modernidad. <i>Bajo Palabra, </i>II &eacute;poca, 5, 239-250.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1692-8857201500010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez, D. (2011). El concepto de Derecho en Locke. <i>Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosof&iacute;a, Pol&iacute;tica y Humanidades, </i>a&ntilde;o 13, <i>26, </i>26-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1692-8857201500010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gauthier, D. (1986). <i>Moral by agreement. </i>Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1692-8857201500010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Goodhart, M. (2007). &quot;None So Poor That He Is Compelled to Sell Himself&quot;: Democracy, Subsistence, and Basic Income. En S. Herte &amp; L. Minkler (Eds.), <i>Economic Rights. Conceptual, measurement, and policy issues </i>(pp. 94-114). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1692-8857201500010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hayek, F. (2007). <i>Camino de servidumbre </i>(J. Vergara, trad.). Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1692-8857201500010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Heller, H. (2004). <i>Las ideas pol&iacute;ticas contempor&aacute;neas </i>(M. Pedroso, trad.).Granada: Comares.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1692-8857201500010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hobbes, T. (1994). <i>Leviat&aacute;n </i>(M. S&aacute;nchez, trad.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1692-8857201500010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> Kant, I. (1995). <i>La metaf&iacute;sica de las costumbres </i>(A. Cortina y J. Conill,trad.). Bogot&aacute;: Rei Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1692-8857201500010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Locke, J. (1999). <i>Escritos sobre la Tolerancia. </i>Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1692-8857201500010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Locke, J. (2005). <i>Ensayo sobre el gobierno civil </i>(J. Carner, trad.). M&eacute;xico:Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1692-8857201500010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Locke, J. (2007). <i>La ley de la naturaleza </i>(C. Mellizo, trad.). Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1692-8857201500010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Macedo, S. (1988). Liberal Virtues, Constitutional Community. <i>The Review of Politics, 50 </i>(2), 215-240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1692-8857201500010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Macpherson, C. B. (1962). <i>The Political theory of Possessive Indiuidualism.</i>Londres: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1692-8857201500010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Malthus, R. (1846). <i>Ensayo sobre el principio de la poblaci&oacute;n </i>(J. M. Noguera,trad.). Madrid: Lucas Gonz&aacute;lez y Compa&ntilde;&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1692-8857201500010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Manent, P. (1977). <i>Naissance de la politique moderne. </i>Par&iacute;s: Payot.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1692-8857201500010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Nozick, R. (1973). Distributive Justice. <i>Philosophy and Public Affairs, 3</i>(1), 45-126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1692-8857201500010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nozick, R. (1988). <i>Anarqu&iacute;a, Estado y utop&iacute;a </i>(R. Tamayo, trad.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1692-8857201500010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Nussbaum, M. (2007). <i>Las fronteras de la justicia </i>(R. Vila, trad.). Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1692-8857201500010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Papacchini, A. ( 1997). <i>Los derechos humanos, un desaf&iacute;o a la violencia. </i>Bogot&aacute;: Altamir.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1692-8857201500010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rawls, J. (1995). <i>Teor&iacute;a de la justicia </i>(M.D. Gonz&aacute;lez, trad.). Mexico:Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1692-8857201500010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Rousseau, J. (1989). <i>Del contrato social. Discursos </i>(M. Armi&ntilde;os, trad.).Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1692-8857201500010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Santos, B. (2007). <i>Conocer desde el Sur. </i>Buenos Aires: Plural.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1692-8857201500010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Serrano, E. (2005). Modernidad y libertad. <i>Estudios pol&iacute;ticos, 26, </i>9 - 24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1692-8857201500010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Smith, A. ( 2005). <i>La riqueza de las naciones </i>(C. Rodr&iacute;guez, trad.). Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1692-8857201500010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Toussaint, E. (2010). <i>Una mirada al retrovisor. El neoliberalismo desde sus or&iacute;genes hasta la actualidad. </i>Barcelona: Icaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1692-8857201500010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Tully, J. (1980). <i>A Discourse on Property: John Locke and His Adversaries. </i>Cambridge, MA: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1692-8857201500010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Van de Haar, E. (2009). <i>Classical liberalism and international relations theory. </i>New York: Palgrave Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1692-8857201500010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Waldron, J. (1987). Theoretical Foundations of Liberalism. <i>The Philosophical Quarterly, 37</i>(147), 127-150.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1692-8857201500010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Waldron, J. (1990). <i>Liberal rights. Collected papers. </i>Cambridge, MA: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1692-8857201500010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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