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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS DESDE UNA MIRADA DE LA DIDÁCTICA DE LA ESCUELA FRANCESA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In science teaching variety of knowledge takes part: that of sciences, that of the scientist, the academic, that of the professor, the daily one, that of the student. In this paper a journey for some models of constructivist&#39;s focus is carried out, until arriving to the didactics of the French school, in an attempt to show the elements of the didactic situations of important development in mathematics teaching. The intention is to show that this didactics could be welcomed in the teaching of sciences, since its proposal offers to the process of teaching-learning and in particular to the ternary relationship professor, student and object of the knowledge elements for a didactic development that can guarantee the appropriation of the knowledge on the part of the student.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">ENSE&Ntilde;ANZA DE LAS CIENCIAS DESDE UNA MIRADA   DE LA DID&Aacute;CTICA DE LA ESCUELA FRANCESA</font></b></p>      <p align="center"><b><font size="3">SCIENCE TEACHING FROM A LOOK OF THE DIDACTICS OF THE FRENCH SCHOOL</font></b></p>      <p><b>Juan Fernando Barros*</b></p>      <p>* Ingeniero Civil, Escuela de Ingenier&iacute;a de Antioquia. Mag&iacute;ster en Aprovechamiento de Recursos Hidr&aacute;ulicos, Universidad    Nacional de Colombia. Estudiante de Doctorado en Educaci&oacute;n, Universidad de Antioquia. Profesor-investigador,  Escuela de Ingenier&iacute;a de Antioquia. Grupo de investigaci&oacute;n Espiral EIA. <a href="mailto:pfjubar@eia.edu.co">pfjubar@eia.edu.co</a></p>      <p>Art&iacute;culo recibido 14-IX-2008. Aprobado 12-XII-2008<br />  Discusi&oacute;n abierta hasta junio de 2009</p>  <hr />      <p><font size="3" face="Verdana"><b>RESUMEN</b></font></p>      <p>En la ense&ntilde;anza de las ciencias intervienen variedad de conocimientos: el de las ciencias, el del cient&iacute;fico,    el acad&eacute;mico, el del profesor, el cotidiano, el del alumno. En este art&iacute;culo se lleva a cabo un recorrido por algunos    modelos de enfoque constructivista, hasta llegar a la did&aacute;ctica de la escuela francesa, en un intento por mostrar los    elementos de las situaciones did&aacute;cticas de importante desarrollo en la ense&ntilde;anza de las matem&aacute;ticas. Se pretende    con ello mostrar que esta did&aacute;ctica podr&iacute;a acogerse en la ense&ntilde;anza de las ciencias, dado que su propuesta ofrece    al proceso de la ense&ntilde;anza-aprendizaje y, en particular, a la relaci&oacute;n ternaria profesor, alumno y objeto del saber  elementos para un desarrollo did&aacute;ctico que puede garantizar la apropiaci&oacute;n del saber por parte del alumno.</p>      <p><b><font size="3">PALABRAS CLAVE:</font></b> ense&ntilde;anza de las ciencias; situaciones did&aacute;cticas; transposici&oacute;n did&aacute;ctica; constructivismo.</p> <hr />     <p><font size="3" face="Verdana"><b>ABSTRACT</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>In science teaching variety of knowledge takes part: that of sciences, that of the scientist, the academic,   that of the professor, the daily one, that of the student. In this paper a journey for some models of constructivist&#39;s   focus is carried out, until arriving to the didactics of the French school, in an attempt to show the elements of the   didactic situations of important development in mathematics teaching. The intention is to show that this didactics   could be welcomed in the teaching of sciences, since its proposal offers to the process of teaching-learning and   in particular to the ternary relationship professor, student and object of the knowledge elements for a didactic development that can guarantee the appropriation of the knowledge on the part of the student.</p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>KEY WORDS:</b></font> science teaching; didactic situations; didactic conversion; constructivism.</p> <hr />     <p><font size="3" face="Verdana"><b>1. INTRODUCCION</b></font></p>      <p>En Colombia la ense&ntilde;anza de la ciencia en   ingenier&iacute;a es realizada por profesionales, ingenieros   o especialistas en ciencias como la matem&aacute;tica, la   f&iacute;sica, la qu&iacute;mica o la biolog&iacute;a. Un elemento b&aacute;sico   de la ense&ntilde;anza es el conocimiento que tiene el   profesor de la asignatura a su cargo, sin embargo, es   reconocida por las instituciones y los propios docentes   la importancia de las consideraciones did&aacute;cticas   en la pr&aacute;ctica de la ense&ntilde;anza y del aprendizaje.   Por esta raz&oacute;n, se ofrecen en las instituciones de   educaci&oacute;n superior cursos de capacitaci&oacute;n docente   dirigidos principalmente a aspectos de la did&aacute;ctica.   Es com&uacute;n que el profesor elabore un plan de estudio,   escoja unos textos orientadores, elija unos materiales   complementarios, defina un sistema de evaluaci&oacute;n y   decida sobre la forma como desarrollar&aacute; su actividad   en el aula y hasta la que debe realizar el estudiante   (lo que se conoce como trabajo independiente).   Toda esta preparaci&oacute;n se hace, por supuesto, antes   de iniciar su curso, antes de conocer, por lo tanto, las   caracter&iacute;sticas de sus alumnos. Cuando el profesor   se encuentra ante estos, es normal que le asalten   muchas preguntas propias de su actividad como   ense&ntilde;ante, pero que surgen al reconocer que tiene   ante &eacute;l un grupo de personas con ideales comunes,   pero tambi&eacute;n, en alguna forma, diferentes y sobre   todo con identidades propias, distintas capacidades   y con variedad de maneras de percibir las cosas,   de sentirlas, de valorarlas, de entenderlas. Parte   de estos interrogantes del profesor es lo que aqu&iacute;   se intenta resolver desde las consideraciones que   pueden hacerse del alumno que quiere aprender   ciencias o, si se prefiere decir, del alumno al que se quiere ense&ntilde;ar ciencias.</p>     <p>Hoy en d&iacute;a se acepta el enfoque constructivista   para la ense&ntilde;anza de las ciencias. Por eso se   ha querido hacer un recorrido por las principales   propuestas que se acogen a este enfoque. En la did&aacute;ctica   de las matem&aacute;ticas ha habido un desarrollo   muy valioso por parte de la escuela francesa que vale la pena recoger y considerar para la ense&ntilde;anza de las ciencias en general. Por esto, en este art&iacute;culo se ha querido presentar algunos elementos de esta did&aacute;ctica con miras a su implantaci&oacute;n en la ense&ntilde;anza de las ciencias.</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>2. VISI&Oacute;N CONSTRUCTIVISTA   PARA LA ENSE&Ntilde;ANZA DE LAS CIENCIAS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>Los modelos de ense&ntilde;anza de las ciencias   hoy utilizados se apoyan en el enfoque constructivista.   El planteamiento de base en este enfoque es   que el individuo es una construcci&oacute;n propia que se   va produciendo como resultado de la interacci&oacute;n   de sus disposiciones internas y su ambiente, y su   conocimiento no es una copia de la realidad, sino   una construcci&oacute;n que hace la persona misma. Esta   construcci&oacute;n resulta de la representaci&oacute;n inicial de   la informaci&oacute;n y de la actividad, externa o interna.   Esto significa que el aprendizaje no es un asunto   sencillo de transmisi&oacute;n, internalizaci&oacute;n y acumulaci&oacute;n   de conocimientos, sino un proceso activo   del alumno para ensamblar, extender, restaurar e   interpretar y, por lo tanto, construir conocimiento   desde los recursos de la experiencia y la informaci&oacute;n   que recibe. Un aprendizaje eficaz requiere que los   alumnos operen activamente en la manipulaci&oacute;n de   la informaci&oacute;n, pensando y actuando sobre ella para   revisarla, expandirla y asimilarla (Chadwick, 2001; Gil y De Guzm&aacute;n, 1993; Sanmart&iacute;, 1995).</p>     <p>En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el constructivismo   ha servido de soporte, de un modo u otro, para la   mayor&iacute;a de los trabajos realizados en el &aacute;mbito de la   did&aacute;ctica de las ciencias. Contrasta la alta incidencia   del constructivismo para orientar los problemas de   la ense&ntilde;anza de las ciencias con el hecho de que   cualquier trabajo que declare su filiaci&oacute;n con esta   posici&oacute;n, sin m&aacute;s detalles, s&oacute;lo permite suponer cierto   compromiso con la afirmaci&oacute;n de que el alumno construye su conocimiento (Mar&iacute;n, 2003b).</p>     <p>Aunque en la literatura existe una buena   cantidad de t&eacute;rminos para matizar al constructivismo, por ejemplo, contextual, dial&eacute;ctico, emp&iacute;rico, metodol&oacute;gico, moderado, piagetiano, posepistemol&oacute;gico, pragm&aacute;tico, radical, realista, social, sociohist&oacute;rico, humanista, d&eacute;bil, trivial, etc., si se consideran s&oacute;lo las versiones que han tenido una influencia significativa en el &aacute;mbito de la did&aacute;ctica de las ciencias, la lista se reduce al <i>constructivismo piagetiano, humano, social y radical </i>(Mar&iacute;n, 2003b).</p>     <p>El <i>constructivismo piagetiano</i> se va conformando   cuando diversos autores aplican en el campo de la   ense&ntilde;anza de las ciencias diferentes partes del entramado   te&oacute;rico de las aportaciones de Piaget (niveles   cognitivos, formaci&oacute;n de las operaciones formales,   teor&iacute;a de equilibraci&oacute;n, etc.). Tuvo fuerte incidencia   en el dise&ntilde;o de proyectos para la ense&ntilde;anza de las   ciencias en la d&eacute;cada de los sesenta. A finales de los   setenta surgieron otros enfoques que llevaron a esta   familia constructivista a un segundo plano, en el que permanece en la actualidad (Mar&iacute;n, 2003b).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El<i> constructivismo humano</i> fue uno de los enfoques   que adquiri&oacute; m&aacute;s influencia a finales de los   setenta. Inicialmente se fundament&oacute; en la propuesta   de aprendizaje significativo de Ausubel. Poco a poco,   a lo largo de los ochenta, nuevas propuestas fueron   asumidas por los seguidores del constructivismo social (Mar&iacute;n, 2003b).</p>     <p>El <i>constructivismo social</i> (inicialmente denominado   movimiento de las concepciones alternativas)   fue el otro enfoque que comenz&oacute; a tener presencia   a finales de los setenta. Lejos de grandes teor&iacute;as, esta   familia constructivista inici&oacute; su andadura desde su   inter&eacute;s por la mejora de la ense&ntilde;anza de las ciencias,   usando principios sencillos como el de que las concepciones   espec&iacute;ficas de los alumnos sobre los contenidos   de ense&ntilde;anza son importantes, o que el alumno debe   aprender ciencia en consonancia con la actividad   cient&iacute;fica. A lo largo de los ochenta los nuevos planteamientos   fueron ganando adeptos, hasta tomar una   posici&oacute;n hegem&oacute;nica en la Did&aacute;ctica de las Ciencias.   Alrededor de tales mensajes se desarroll&oacute; una notable actividad publicadora (Mar&iacute;n, 2003b).</p>     <p><i>El constructivismo radical</i>, con su peculiar posici&oacute;n   epistemol&oacute;gica, de corte idealista, promovi&oacute; a comienzos de los noventa cierta actividad en el &aacute;mbito   de la ense&ntilde;anza de las ciencias, m&aacute;s vinculada   a la especulaci&oacute;n y confrontaci&oacute;n filos&oacute;ficas que a   abordar cuestiones de aula (Mar&iacute;n, 2003b). El constructivismo   radical hace hincapi&eacute; en el aprendizaje   por descubrimiento, el aprendizaje en situaciones   complejas y el aprendizaje en contextos sociales y,   al mismo tiempo, desconf&iacute;a mucho de la evaluaci&oacute;n   sistem&aacute;tica de los resultados de la educaci&oacute;n (Anderson, Reder y Simon, 2001).</p>     <p>C&eacute;sar Coll delimita el marco psicol&oacute;gico del   constructivismo en seis enfoques cognitivos (Chadwick, 2001):</p>     <p>1. <i>Teor&iacute;a gen&eacute;tica de Piaget</i>, particularmente   en la concepci&oacute;n de los procesos de cambio, como   las formulaciones estructurales cl&aacute;sicas del desarrollo   operativo.</p>     <p>2.<i> Teor&iacute;a del origen sociocultural de los procesos   psicol&oacute;gicos superiores </i>de Vygotsky, en particular en lo   que se refiere a la manera de entender las relaciones   entre aprendizaje y desarrollo y la importancia de los procesos de interacci&oacute;n personal.</p>     <p>3.<i> Teor&iacute;a del aprendizaje verbal significativo</i> de Ausubel.</p>     <p>4. <i>Teor&iacute;a de asimilaci&oacute;n</i> de Mayer, dirigida en   especial a explicar los procesos de aprendizaje de conocimientos altamente estructurados.</p>     <p>5.<i> Teor&iacute;as de esquemas</i> de Anderson, Rumelhart   y otros, las cuales postulan que el conocimiento   previo es un factor decisivo en la realizaci&oacute;n de nuevos aprendizajes.</p>     <p>6.<i> Teor&iacute;a de elaboraci&oacute;n </i>de Merrill y Reigeluth,   de la cual Coll dice que constituye un intento loable de construir una teor&iacute;a global de la instrucci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta manera se puede presentar una   ubicaci&oacute;n frente al constructivismo, de forma que   se reconozca que su denominaci&oacute;n tiene muchos   matices. Se advierte que no se han agotado las   m&uacute;ltiples consideraciones que investigadores de la ense&ntilde;anza-aprendizaje han hecho al respecto, pero cabe, por lo menos, hacer expl&iacute;cita la importancia de este reconocimiento.</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>3. CONOCIMIENTOS QUE   INTERVIENEN EN LA ENSE&Ntilde;ANZA DE LAS CIENCIAS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>En una aproximaci&oacute;n a la identificaci&oacute;n de   los conocimientos que intervienen en el encuentro   del profesor con el alumno, podr&iacute;amos atenernos   a los presentados por Mar&iacute;n (2003a). Uno de ellos   es el <i>conocimiento cotidiano </i>del alumno, el cual   se adquiere de forma espont&aacute;nea e informal y se   construye en la constante interacci&oacute;n con el medio   natural y social. O tro conocimiento del alumno es el   <i>acad&eacute;mico asimilado</i>, que ya ha adquirido de forma   m&aacute;s dirigida, sistem&aacute;tica y formal a trav&eacute;s del profesor   que posee el <i>conocimiento acad&eacute;mico docente o   conocimiento acad&eacute;mico para ense&ntilde;ar</i>. As&iacute; mediante   el proceso de ense&ntilde;anza y aprendizaje se produce   una transformaci&oacute;n de un <i>conocimiento acad&eacute;mico</i> a   otro. Es posible reconocer algunos medios comunes   a ambos conocimientos del alumno, como pueden   ser los medios de divulgaci&oacute;n (programas de multimedia,   televisi&oacute;n, documentales) o los museos.   La diferencia entre el tipo de conocimiento que se   adquiere por estos medios ser&aacute; reconocida, seg&uacute;n si el proceso es espont&aacute;neo o dirigido.</p>     <p>Otro conocimiento es el de ciencias, el cual da   soporte de autenticidad al <i>acad&eacute;mico docente</i> y es el   que goza de un amplio consenso entre las comunidades   cient&iacute;ficas. Entre este y el <i>conocimiento acad&eacute;mico   docente</i> hay tambi&eacute;n un tipo de transformaci&oacute;n que   se ha denominado <i>transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i>, la que   permite que el conocimiento de ciencias sea administrado   en los distintos niveles educativos. Finalmente,   puede identificarse el <i>conocimiento del cient&iacute;fico</i> o experto,   que es quien realiza las aportaciones al cuerpo   de conocimientos de ciencias. Teniendo en cuenta   lo anterior, estos tipos de conocimientos podr&iacute;an   agruparse como los internos del alumno (cotidiano   y acad&eacute;mico asimilado) y los conocimientos externos (acad&eacute;mico docente, de ciencias, y del cient&iacute;fico).</p>     <p>Podr&iacute;a considerarse aqu&iacute; tambi&eacute;n un conocimiento   cotidiano externo que estar&iacute;a ubicado en el medio   natural y social. La <a href="#f1">figura 1</a> presenta un esquema de todos estos conocimientos.</p>     <p align="center"><a name="f1"><img src="img/revistas/eia/n10/n10a06f1.gif" /></a></p>     <p>Tener presente esta clasificaci&oacute;n permite acercarnos   a lo que han sido algunas visiones a partir de   las cuales se han propuesto distintos modelos para   la ense&ntilde;anza de las ciencias. La revista espa&ntilde;ola   Ense&ntilde;anza de las Ciencias propici&oacute; en 1999 el desarrollo   de un proyecto de comparaciones cognitivas   que alcanz&oacute; una extensi&oacute;n excesiva y que oblig&oacute; a   reducir la exposici&oacute;n de comparaciones entre los   distintos conocimientos a una sola: entre el conocimiento   de ciencias y el del alumno (Mar&iacute;n, 2003a).   Vale reconocer, sin embargo, que el conocimiento   cotidiano asimilado es muy significativo en el proceso   de aprendizaje, ya que puede ser utilizado por el   alumno para comprender las explicaciones del profesor,   pero tambi&eacute;n puede ser un obst&aacute;culo cuando   su cuerpo conceptual choca contra el establecido por la ciencia.</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>4. MODELOS PARA LA ENSE&Ntilde;ANZA DE LAS CIENCIAS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>Se han propuesto diversidad de modelos para   la ense&ntilde;anza de las ciencias, unos basados en el   alumno como cient&iacute;fico (AcC) (p. ej. el movimiento   de las concepciones alternativas, el modelo de   cambio conceptual, el modelo de ense&ntilde;anza por   investigaci&oacute;n) y otros en el alumno como aprendiz   (p. ej. la teor&iacute;a del aprendizaje significativo). Desde   los modelos del AcC se afirma con frecuencia que   la educaci&oacute;n cient&iacute;fica del alumno se debe plantear   acorde con el quehacer cient&iacute;fico. An&aacute;logamente,   desde la perspectiva del aprendiz, se podr&iacute;a afirmar   &quot;cuanto m&aacute;s ajustados y precisos se hagan los   dise&ntilde;os de ense&ntilde;anza a los procesos de aprendizaje   y desarrollo cognitivo que llevan al novato a convertirse   en experto en ciencias, mayores ser&aacute;n las   posibilidades para provocar esta transformaci&oacute;n   cognitiva&quot;. (Mar&iacute;n, 2003a). Tanto un argumento   como el otro gozan de similar evidencia l&oacute;gica. Si   la educaci&oacute;n cient&iacute;fica se entiende, m&aacute;s que como   adquisici&oacute;n de un saber disciplinado, elaborado y   formalizado, como un enriquecimiento del conocimiento   del alumno para actuar y comprender mejor   el medio, entonces un modelo para la ense&ntilde;anza   de las ciencias debe buscar concordancia, m&aacute;s que   con el modo con que se construye el conocimiento   de ciencias, con el modo de construir el alumno su   propio conocimiento. No se debe confundir un mayor   acuerdo entre ense&ntilde;anza de ciencias y quehacer   cient&iacute;fico con una mayor comprensi&oacute;n del alumno de los contenidos (Mar&iacute;n, 2003a).</p>     <p><b>4.1 Modelos basados en el alumno como cient&iacute;fico</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Veamos una breve descripci&oacute;n de los tres   modelos mencionados desde la visi&oacute;n de Mar&iacute;n (2003a).</p>     <p><i>Movimiento de las concepciones alternativas</i>.   Sugiere que uno de los factores relevantes para dise&ntilde;ar la ense&ntilde;anza, si no el que m&aacute;s, es lo que sabe el alumno del contenido que se ense&ntilde;a. Esta propuesta, a pesar de tener todo el sentido l&oacute;gico, ha recibido asociada la cr&iacute;tica de que sus medidas did&aacute;cticas son deficientes, por cuanto est&aacute;n basadas en informaci&oacute;n muy limitada y sesgada del estudiante. La principal raz&oacute;n que sostiene la anterior afirmaci&oacute;n se soporta en que cuando el investigador dise&ntilde;a cuestionarios para indagar sobre lo que sabe el alumno e interpreta despu&eacute;s sus respuestas, lo hace principalmente desde su formaci&oacute;n en el conocimiento de ciencias, de manera que provoca un sesgo. Por lo general, s&oacute;lo se percibe parte del conocimiento declarativo del alumno relacionado con el acad&eacute;mico o bien su desconocimiento del tema. Esta &uacute;ltima opci&oacute;n, muy frecuente, es una consecuencia de dise&ntilde;ar cuestionarios con preguntas formuladas en un lenguaje acad&eacute;mico y con un nivel de dificultad que dan poca oportunidad de expresi&oacute;n al conocimiento del alumno. Desde la visi&oacute;n de conocimiento de ciencias, no se percibe buena parte del bagaje cognitivo del alumno que ha construido, desde sus vivencias cognitivas y afectivas en escenarios cotidianos, justo aquellas ideas y contenidos cognitivos impl&iacute;citos de naturaleza procedimental distintos a los contenidos acad&eacute;micos. En definitiva, desde la perspectiva del conocimiento de ciencias se toma una informaci&oacute;n limitada y sesgada del alumno. Las orientaciones did&aacute;cticas que se deducen de esta informaci&oacute;n heredar&aacute;n tales deficiencias (Mar&iacute;n, 2003a).</p>     <p><i>Modelo de cambio conceptual</i>. Parte del supuesto   de que los conflictos cognitivos que se dan en   el progreso de las teor&iacute;as de ciencias tienen algunas   similitudes con los que sufre el aprendiz de ciencias.   Es posible que a cierto nivel de simplificaci&oacute;n se   pueda percibir cierta analog&iacute;a, pero la comparaci&oacute;n   entre el conocimiento de ciencias y el del alumno   muestra que las construcciones cognitivas de estos   conocimientos son diferentes. Esto permite afirmar   que el modelo de cambio conceptual ofrece una visi&oacute;n   del aprendizaje parcial y err&oacute;nea y su propuesta   de ense&ntilde;anza queda lejos de provocar el aprendizaje previsto. Por otro lado, la secuencia de ense&ntilde;anza que propone el modelo de cambio conceptual consiste en presentar una serie de evidencias para generar en el alumno cierto conflicto cognitivo. Se trata de crearle cierta insatisfacci&oacute;n con sus ideas, para despu&eacute;s presentar las nuevas como m&aacute;s plausibles y &uacute;tiles. Esta secuencia es discutible, puesto que las evidencias que prepara el docente para crear conflictos cognitivos usualmente no act&uacute;an como tales en los alumnos. Adem&aacute;s, admitiendo que el sujeto afronte el conflicto como tal, existen varios modos para compensar la perturbaci&oacute;n que, en cualquier caso, m&aacute;s que un cambio, supone modificaciones en los esquemas cognitivos (Mar&iacute;n, 2003a; Gil y De Guzm&aacute;n, 1993).</p>     <p><i>Modelo de ense&ntilde;anza por investigaci&oacute;n</i>. Sugiere   simular en clase la actividad de los grupos de   investigaci&oacute;n, en el supuesto de que tales condiciones   de ense&ntilde;anza favorecen el aprendizaje. El   primer problema que encuentra este modelo es el   de la simulaci&oacute;n en clase de la actividad cient&iacute;fica.   Esto supone implicar al alumno en el desarrollo de   actividades procedimentales (precisar problemas,   controlar variables, formular y contrastar hip&oacute;tesis,   etc.) para las que no tiene las capacidades cognitivas   adecuadas. La simulaci&oacute;n de la actividad de ciencias   en clase podr&iacute;a ser factible, si se consideran las diferencias   procedimentales entre el conocimiento del   alumno y el de ciencias. En concreto, el alumno no   s&oacute;lo presenta limitaciones procedimentales respecto   a las de ciencias, sino que tambi&eacute;n posee otras relevantes   capacidades operativas que ser&aacute;n tanto m&aacute;s   diferentes a las cient&iacute;ficas cuanto m&aacute;s bajo sea el nivel   cognitivo en el que se encuentre. Adem&aacute;s, creer que   la ense&ntilde;anza que simula la actividad cient&iacute;fica mejora   el aprendizaje de las ciencias supone aceptar cierto   isomorfismo entre la actividad de clase por investigaci&oacute;n   y la mec&aacute;nica de aprendizaje del alumno. Es   dudoso que los procesos constructivos del aprendiz   sean similares a los que se usan en la construcci&oacute;n   de las ciencias, dadas las diferencias notables entre unos y otros (Mar&iacute;n, 2003a).</p>     <p>La raz&oacute;n b&aacute;sica que soporta las anteriores   cr&iacute;ticas es com&uacute;n a los tres modelos revisados: la notable distancia entre el conocimiento de ciencias   y el del alumno que hace ver desde lejos la organizaci&oacute;n   cognitiva y el aprendizaje de &eacute;ste. Un contexto   te&oacute;rico fundamentado en datos psicol&oacute;gicos lo ver&iacute;a   m&aacute;s cerca y menos distorsionado. En esta misma   direcci&oacute;n cr&iacute;tica, se podr&iacute;a revisar el concepto que   se mantiene sobre aprendizaje y sus v&iacute;nculos con   la ense&ntilde;anza, que es com&uacute;n a todos los modelos   basados en la analog&iacute;a del AcC. En definitiva, desde   los modelos AcC se mantiene una visi&oacute;n optimista   de los efectos que prev&eacute;n sus dise&ntilde;os de ense&ntilde;anza,   a pesar de la falta de confirmaci&oacute;n de &eacute;stos (Mar&iacute;n, 2003a).</p>     <p><b>4.2 Modelos basados en el alumno como aprendiz</b></p>     <p>Tambi&eacute;n se han desarrollado diversidad de   modelos que fundamentan su teor&iacute;a en la met&aacute;fora   del alumno como aprendiz. Uno de ellos es el de la   <i>teor&iacute;a del aprendizaje significativo </i>propuesta por Ausubel,   que es una teor&iacute;a psicol&oacute;gica del aprendizaje   en el aula (Rodr&iacute;guez, 2004). Pone &eacute;nfasis en lo que   ocurre en el aula cuando los estudiantes aprenden,   en la naturaleza de ese aprendizaje, en las condiciones   que se requieren para que se produzca, en sus   resultados y, consecuentemente, en su evaluaci&oacute;n.   Para que se produzca aprendizaje significativo han   de darse dos condiciones fundamentales: la primera   es la predisposici&oacute;n para aprender de manera significativa,   y la segunda, que el material tenga significado   l&oacute;gico, que sea, pues, potencialmente relacionable   con la estructura cognitiva del que aprende y que   a la vez existan ideas de anclaje o subsumidores   adecuados en el sujeto que permitan la interacci&oacute;n   con el material nuevo que se presenta (Rodr&iacute;guez, 2004).</p>     <p>Para que este proceso sea posible, la teor&iacute;a   admite que se cuenta con el lenguaje como un important&iacute;simo   veh&iacute;culo: el aprendizaje significativo se   logra por intermedio de la verbalizaci&oacute;n y del lenguaje   y requiere, por tanto, comunicaci&oacute;n entre distintos individuos y con uno mismo (Rodr&iacute;guez, 2004).</p>     <p>Apoyadas en el modelo del aprendizaje significativo   como constructo, han surgido otras teor&iacute;as   como la <i>teor&iacute;a de la educaci&oacute;n de Novak</i> con su   aporte de los mapas conceptuales o la <i>teor&iacute;a de la   educaci&oacute;n</i> de Godwin que entrega como instrumento   de metaaprendizaje la V heur&iacute;stica o epistemol&oacute;gica (Rodr&iacute;guez, 2004).</p>     <p>La <i>teor&iacute;a del aprendizaje significativo</i> no ha   estado exenta de cr&iacute;ticas. Se trata de una construcci&oacute;n   te&oacute;rica que tiene tambi&eacute;n elementos y aspectos   que han sido cuestionados, como es el papel de la   transmisi&oacute;n verbal en la producci&oacute;n significativa del   conocimiento. O tras discrepancias son m&aacute;s profundas   y afectan a su propia concepci&oacute;n. Galagovsky   en el a&ntilde;o 2004 cuestion&oacute; algunas significaciones   atribuidas a esta teor&iacute;a. Algunas de estas confusiones   se corresponden con la atribuci&oacute;n err&oacute;nea del adjetivo   &quot;significativa&quot; a la motivaci&oacute;n. El aprendizaje   significativo requiere una actitud significativa de   aprendizaje, pero es mucho m&aacute;s que motivaci&oacute;n (Rodr&iacute;guez, 2004).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otra parte, la consideraci&oacute;n de la teor&iacute;a   de los modelos mentales de Johnson-Laird y la <i>teor&iacute;a   de los campos conceptuales</i> de Vergnaud ofrece   una s&oacute;lida base psicol&oacute;gica cognitiva a la <i>teor&iacute;a del   aprendizaje significativo</i>, que ampl&iacute;a as&iacute; su poder   predictivo y explicativo y su perdurabilidad (Rodr&iacute;guez, 2004).</p>     <p>Aprendizaje significativo puede considerarse   una idea suprate&oacute;rica que resulta compatible con   distintas teor&iacute;as constructivistas, tanto psicol&oacute;gicas   como de aprendizaje, subyaciendo incluso a ellas.   Es posible, por ejemplo, relacionar la asimilaci&oacute;n,   la acomodaci&oacute;n y la equilibraci&oacute;n piagetianas con   el aprendizaje significativo; se pueden tambi&eacute;n correlacionar   los constructos personales de Kelly con   los subsumidores; cabe interpretar la internalizaci&oacute;n   vygotskiana con la transformaci&oacute;n del significado   l&oacute;gico de los materiales en significado psicol&oacute;gico,   lo mismo que es destacable el papel de la mediaci&oacute;n   social en la construcci&oacute;n del conocimiento; podemos tambi&eacute;n concluir que el aprendizaje ser&aacute; tanto m&aacute;s significativo cuanto mayor sea la capacidad de los sujetos de generar modelos mentales cada vez m&aacute;s explicativos y predictivos (Rodr&iacute;guez, 2004).</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>5. DID&Aacute;CTICA DE LA ESCUELA FRANCESA</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>La Did&aacute;ctica de la Matem&aacute;tica de la Escuela   Francesa ha ofrecido el desarrollo de varias teor&iacute;as,   algunas de las cuales son la <i>teor&iacute;a de las Situaciones   Did&aacute;cticas </i>de Guy Brousseau de 1986 y la <i>teor&iacute;a de   la transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i> de Ives Chevallard de 1991   (Vargas, 2002). Seg&uacute;n Mich&egrave;le Artigue, ambas teor&iacute;as   comparten la premisa de considerar los sistemas   did&aacute;cticos compuestos de tres polos en continua   interacci&oacute;n: el conocimiento matem&aacute;tico, el alumno   y el profesor, pero difieren en el nivel en el que enfocan   el estudio de estos sistemas did&aacute;cticos. Mientras   que la <i>teor&iacute;a de las situaciones did&aacute;cticas</i> se sit&uacute;a en   un nivel local, la <i>teor&iacute;a de la transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i>   abarca desde las instituciones destinatarias de esa   ense&ntilde;anza, ofreciendo as&iacute; una visi&oacute;n de tipo global de los fen&oacute;menos did&aacute;cticos (Calvo, 2001).</p>     <p>Sobre el asunto de la did&aacute;ctica es posible   encontrarse en una batalla de criterios que quiz&aacute;s   nunca tenga fin. Por nuestra parte preferimos intentar   comprender cada posici&oacute;n desde su contexto hist&oacute;rico   y cultural, de manera que pueda situarnos en una   y otra posici&oacute;n como un observador desprevenido.   Esta postura podr&iacute;a ser considerada ol&iacute;mpica, pero   a ello nos defender&iacute;amos aduciendo que tambi&eacute;n   debemos reconocernos como parte de un contexto   que, a diferencia de aquellos, no cuenta con un   acervo tan fuerte como para lidiar con la discusi&oacute;n   de la did&aacute;ctica. No ser&aacute; aqu&iacute; donde se libre esta   discusi&oacute;n. Sin embargo, para presentar la posici&oacute;n   de la did&aacute;ctica francesa tendremos que evocar la   explicaci&oacute;n que hace Yves Chevallard cuando quiere   situar la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas. Dice: &quot;La did&aacute;ctica,   las did&aacute;cticas, se inscriben en el campo de   la antropolog&iacute;a&quot; (Chevallard, 1991). Simplemente   porque la antropolog&iacute;a es el estudio del hombre. Chevallard distingue adem&aacute;s cuatro grandes tipos de manipulaci&oacute;n del saber:<i> la utilizaci&oacute;n, la ense&ntilde;anza</i>, la <i>producci&oacute;n</i> y destaca la <i>trasposici&oacute;n institucional</i>, que en tanto se trate de una instituci&oacute;n did&aacute;ctica har&aacute; de la transposici&oacute;n de los saberes una <i>transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i>. Lleg&oacute; a afirmar tambi&eacute;n que &quot;la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas adquiere su m&aacute;xima pertinencia fuera de ese &aacute;mbito, en otros niveles del sistema de producci&oacute;n de los sistemas de ense&ntilde;anza (&hellip;) en las empresas, las oficinas, los laboratorios; en la manipulaci&oacute;n, m&aacute;s general, de saberes que quiz&aacute;s no sean matem&aacute;ticos, pero que, sin embargo, funcionan con matem&aacute;ticas (&hellip;) la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas es una levadura que de ahora en adelante debe introducirse dentro de la masa de toda formaci&oacute;n fundamental en matem&aacute;ticas &hellip; especialmente en la formaci&oacute;n de los ingenieros&quot;. (Chevallard, 1991).</p>     <p>Resulta, pues, perfectamente justificada la mirada   que desde la did&aacute;ctica de la escuela francesa de   las matem&aacute;ticas se propone aqu&iacute; para la ense&ntilde;anza   de las ciencias experimentales. Presentaremos ahora   unas caracter&iacute;sticas de esta did&aacute;ctica explorando   sus posibilidades en la adopci&oacute;n de la ense&ntilde;anza en general.</p>     <p><b>5.1 Teor&iacute;a de las situaciones did&aacute;cticas</b></p>     <p>La <i>teor&iacute;a de las situaciones did&aacute;cticas</i> busca   estudiar, apoy&aacute;ndose en enfoques constructivistas   del aprendizaje, las situaciones de apropiaci&oacute;n del   conocimiento matem&aacute;tico a partir de la adaptaci&oacute;n   del alumno a ambientes que se le presentan en un   comienzo como problem&aacute;ticos (Panizza, 2003). La   variedad de situaciones presentadas debe cubrir   distintos tipos de respuestas de parte del alumno al   que se le proponen. Cada situaci&oacute;n puede ser de tres   clases: <i>de acci&oacute;n, de formulaci&oacute;n o de validaci&oacute;n</i>. Para   que alrededor de estas situaciones exista aprendizaje   y se asegure la transmisi&oacute;n de los conocimientos   culturales que se desea que adquieran los alumnos,   es necesaria la implementaci&oacute;n de dos tipos de intervenciones del profesor: la institucionalizaci&oacute;n y la devoluci&oacute;n. <i>La institucionalizaci&oacute;n</i> es la acci&oacute;n por la cual el profesor atribuye a un conocimiento aprendido mediante las situaciones escogidas la condici&oacute;n de objeto matem&aacute;tico digno de inter&eacute;s cient&iacute;fico; el profesor confirma que su actividad ha permitido que los alumnos encuentren saberes leg&iacute;timos fuera de la instituci&oacute;n-clase. Por medio de este proceso, los alumnos se convierten en controladores de la adquisici&oacute;n de sus saberes (Sensevy, 2007). La devoluci&oacute;n es la acci&oacute;n mediante la cual el profesor traspasa al alumno la responsabilidad de la situaci&oacute;n que le propone con relaci&oacute;n a un determinado conocimiento, aceptando aqu&eacute;l la responsabilidad de esa transferencia. Esta acci&oacute;n tiene lugar en el seno de la negociaci&oacute;n de un contrato muy particular: el <i>contrato did&aacute;ctico</i> espec&iacute;fico del conocimiento en cuesti&oacute;n (Calvo, 2001). El contrato did&aacute;ctico se refiere a la negociaci&oacute;n establecida entre profesor y alumno. Comprende el conjunto de comportamientos que el profesor espera del alumno y los que el alumno espera del docente (Chavarr&iacute;a, 2006). En el enfoque planteado por Brousseau intervienen tres elementos fundamentales: estudiante, profesor y medio did&aacute;ctico. En esta terna, el profesor es quien facilita el medio en el cual el estudiante construye su conocimiento. As&iacute;, <i>situaci&oacute;n did&aacute;ctica</i> se refiere al conjunto de interrelaciones entre tres sujetos: profesor-estudiante-medio did&aacute;ctico. Dentro de esta din&aacute;mica se identifica otra dimensi&oacute;n: la <i>situaci&oacute;n a-did&aacute;ctica</i>, el proceso en el que el docente le plantea al estudiante un problema que asemeje situaciones de la vida real que podr&aacute; abordar por medio de sus conocimientos previos y que le permitir&aacute;n generar, adem&aacute;s, hip&oacute;tesis y conjeturas que asemejan el trabajo que se realiza en una comunidad cient&iacute;fica. En otras palabras, el estudiante se ver&aacute; en una microcomunidad cient&iacute;fica resolviendo situaciones sin la intervenci&oacute;n directa del docente, con el prop&oacute;sito de institucionalizar posteriormente el saber adquirido (Chavarr&iacute;a, 2006).</p>     <p>Sobre las situaciones did&aacute;cticas dijo Brousseau en 1999:</p>     <p><i>(...) La descripci&oacute;n sistem&aacute;tica de las situaciones   did&aacute;cticas es un medio m&aacute;s directo para discutir   con los maestros acerca de lo que hacen o podr&iacute;an   hacer, y para considerar c&oacute;mo estos podr&iacute;an tomar   en cuenta los resultados de las investigaciones en   otros campos. La teor&iacute;a de las situaciones aparece   entonces como un medio privilegiado, no solamente   para comprender lo que hacen los profesores y   los alumnos, sino tambi&eacute;n para producir problemas   o ejercicios adaptados a los saberes y a los   alumnos y para producir finalmente un medio de   comunicaci&oacute;n entre los investigadores y con los profesores (Panizza, 2003)</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La situaci&oacute;n de acci&oacute;n la hace el alumno   cuando act&uacute;a sobre el medio (material o simb&oacute;lico)   poniendo en &quot;juego&quot; sus conocimientos. En la situaci&oacute;n   de <i>formulaci&oacute;n</i> los alumnos &quot;formulan&quot; mensajes   entre unos y otros, de manera que promueven la   comprensi&oacute;n y la acci&oacute;n hasta llegar a la situaci&oacute;n de   <i>validaci&oacute;n</i>, cuando los alumnos, o mejor los grupos de   alumnos, someten a consideraci&oacute;n de los dem&aacute;s las   afirmaciones propuestas y estos tienen la capacidad   de &quot;sancionarlas&quot;, es decir, de aceptarlas, rechazarlas,   pedir pruebas u oponer otras aserciones. Vale   aclarar que la validaci&oacute;n no es solo espec&iacute;fica de las   situaciones de <i>validaci&oacute;n</i>. Puede decirse que en las   situaciones de <i>acci&oacute;n </i>se validan acciones, en las de   <i>formulaci&oacute;n</i> se validan mensajes y en las de <i>validaci&oacute;n</i>   se validan afirmaciones. Brousseau en 1986 lo aclar&oacute;   de esta manera: &quot;Ciertamente la mayor&iacute;a de las informaciones   est&aacute;n impl&iacute;citamente acompa&ntilde;adas por   una afirmaci&oacute;n de validez. Pero en la medida en que   el emisor no indique expl&iacute;citamente esta validez, si &eacute;l   no espera ser contradicho o llamado a verificar su informaci&oacute;n,   si el contexto no da una cierta importancia   a la cuesti&oacute;n de saber si la informaci&oacute;n es verdadera,   c&oacute;mo y por qu&eacute; o si esta validez es susceptible de ser   establecida sin dificultad, entonces el mensaje ser&aacute;   clasificado como simplemente informativo&quot;. No hay   que pensar que para cada saber al que apunte la ense&ntilde;anza   hay que pasar necesariamente primero por   una situaci&oacute;n de acci&oacute;n, luego por una situaci&oacute;n de   formulaci&oacute;n y luego por una situaci&oacute;n de validaci&oacute;n.   Aunque esto pueda ser apropiado en algunos casos,   no se trata de una regla general. Por un lado, si bien una situaci&oacute;n de validaci&oacute;n supone la formulaci&oacute;n de una aserci&oacute;n, y la formulaci&oacute;n de una aserci&oacute;n supone una acci&oacute;n interiorizada, eso no significa que haya que pasar anteriormente por fases a-did&aacute;cticas de acci&oacute;n y de formulaci&oacute;n (Panizza, 2003).</p>     <p>Sensevy (2007) se refiere a la <i>teor&iacute;a de la acci&oacute;n   did&aacute;ctica</i> cuya funci&oacute;n esencial consiste en la producci&oacute;n   de un vocabulario que permita descripciones   sist&eacute;micas de los procesos de ense&ntilde;anza y aprendizaje.   As&iacute; dice: &quot;cuando hablo de <i>acci&oacute;n did&aacute;ctica</i>   quiero decir lo que los individuos hacen en lugares   (instituciones) en los que se ense&ntilde;a y aprende&quot;. La   acci&oacute;n did&aacute;ctica es, pues, una acci&oacute;n conjunta de dos   dimensiones particulares donde el t&eacute;rmino ense&ntilde;ar   remite al t&eacute;rmino aprender y viceversa, y donde la   <i>relaci&oacute;n did&aacute;ctica</i> est&aacute; constituida por la relaci&oacute;n   ternaria entre el saber, el profesor y los alumnos.   La <i>acci&oacute;n did&aacute;ctica</i> es una acci&oacute;n de comunicaci&oacute;n,   por ello una manera productiva de considerar las   interacciones did&aacute;cticas es contemplarlas como transacciones   donde para comprenderlas es necesario   considerar el entorno. El contrato <i>did&aacute;ctico</i> propio de   una situaci&oacute;n did&aacute;ctica se concibe, entonces, como   un sistema de h&aacute;bitos que engendra por s&iacute; mismo   un sistema de expectativas. Al crearse una situaci&oacute;n   did&aacute;ctica, el contrato did&aacute;ctico est&aacute; destinado por   naturaleza a ser roto, ya que una <i>instituci&oacute;n did&aacute;ctica</i>   es en esencia un lugar en el que una buena parte de   las costumbres est&aacute;n condenadas a desaparecer o a   ser modificadas ampliamente con el progreso de los saberes (Sensevy, 2007).</p>     <p>A partir de lo anterior, introduce Sensevy la   noci&oacute;n de juego donde hace &eacute;nfasis en los aspectos   afectivos (el inter&eacute;s en el juego), efectivos y pragm&aacute;ticos   (cu&aacute;ndo y c&oacute;mo gano) de la acci&oacute;n. Un   <i>juego did&aacute;ctico</i> que se rige por un <i>contrato did&aacute;ctico</i>,   supone a la vez, de parte de los miembros de la   <i>transacci&oacute;n</i> un contexto cognoscitivo com&uacute;n y un   conjunto, propio de la situaci&oacute;n, de posibles y necesarios   que orienten la acci&oacute;n (Sensevy, 2007). Dentro   de las interacciones que acontecen en la <i>situaci&oacute;n   did&aacute;ctica</i>, Brousseau identifica algunos efectos que   pueden inhibir o interrumpir la construcci&oacute;n de conocimiento que lleva a cabo el estudiante dentro del medio did&aacute;ctico que el profesor elabora. B&aacute;sicamente, son actitudes que generan efectos negativos en el proceso ense&ntilde;anza-aprendizaje, o bien, en la definici&oacute;n del <i>contrato did&aacute;ctico</i>. Brousseau indica cuatro efectos: efecto Topaze, efecto Jourdain, el deslizamiento metadid&aacute;ctico y el uso abusivo de la analog&iacute;a (Chavarr&iacute;a, 2006; Brousseau, 1990). El <i>efecto Topaze </i>consiste en lo siguiente: la respuesta del alumno est&aacute; generalmente determinada, poco m&aacute;s o menos, de antemano, y el profesor negocia las condiciones en las que se producir&aacute; y que la dotar&aacute;n de sentido. El profesor intenta hacer las cosas de tal manera que ese sentido sea lo m&aacute;s rico y lo m&aacute;s exacto posible y, para ello, propone las preguntas m&aacute;s abiertas. En caso de fracaso, da informaci&oacute;n para hacer m&aacute;s f&aacute;cil la respuesta. Sucede entonces que acaba por aceptar unas condiciones que provocan la respuesta del alumno, sin que &eacute;ste tenga que invertir el menor sentido, como en la primera escena del profesor Topaze en la obra de Marcel Pagnol. Topaze es un profesor al que el director del colegio privado para ni&ntilde;os ricos en que trabaja le exige que obtenga mejores resultados. Agobiado por esta exigencia que pone en peligro su puesto de trabajo, para conseguir que sus alumnos no tengan faltas en los dictados, pronuncia con &eacute;nfasis todas las letras que, como las eses finales de &quot;moutons&quot; o &quot;r&eacute;unis&quot;, no se pronuncian en franc&eacute;s. El <i>efecto Jourdain</i> es una forma del efecto Topaze: para evitar un debate de conocimiento con el alumno, y eventualmente la constataci&oacute;n de un fracaso, el profesor acepta reconocer como &iacute;ndice de un saber genuino, o de un modo de actuar aut&eacute;ntico, una producci&oacute;n o un comportamiento del alumno que no es de hecho m&aacute;s que una respuesta que tiene causas triviales y, por tanto, desprovistas de valor, e incluso a veces, de sentido. Ejemplos: la escena de &quot;El burgu&eacute;s gentilhombre&quot; de Moli&egrave;re en la que el profesor de filosof&iacute;a revela al se&ntilde;or Jourdain que hace prosa. El<i> deslizamiento metadid&aacute;ctico</i> alcanz&oacute; una envergadura y tuvo consecuencias importantes en un pasado reciente; el fen&oacute;meno calificado con este nombre consiste en que, cuando un intento de ense&ntilde;anza fracasa, el profesor se ve conducido a volver a tomar su texto de ense&ntilde;anza para explicarlo y completarlo. Entonces, el primer intento, que era un medio de ense&ntilde;anza, deviene objeto de estudio, incluso en ocasiones, objeto de ense&ntilde;anza: la forma sustituye al fondo. As&iacute;, para explicar el lenguaje conjuntista, fundamental, pero en ruptura con el pensamiento natural, los profesores de los a&ntilde;os setenta quisieron utilizar, bajo la forma de los famosos diagramas de Venn y otros &quot;globitos&quot;, los esquemas que Euler hab&iacute;a inventado para Catalina de Rusia en sus &quot;Cartas a una princesa de Alemania&quot;. Pero, al no ser esta met&aacute;fora un buen modelo, y al ayudar la voluntad de vulgarizaci&oacute;n, hac&iacute;a falta fabricar sin cesar nuevas convenciones y ense&ntilde;ar el medio de ense&ntilde;anza como si fuera el objeto de ense&ntilde;anza: el lenguaje conjuntista en vez de la l&oacute;gica, el diagrama en vez del lenguaje formal, el vocabulario de los diagramas en vez de los dibujos, las convenciones en vez del vocabulario, etc. El <i>deslizamiento metadid&aacute;ctico</i> escap&oacute; al control de la comunidad, provocando enormes malentendidos a escala planetaria durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os, sin hablar de las secuelas que experimentamos todav&iacute;a en la epistemolog&iacute;a del p&uacute;blico y de los profesores. (Brousseau, 1990).</p>     <p>Sensevy (2007) presenta una &quot;tripleta fundamental&quot;   en la manera como el profesor construye   el juego en conjunto con los alumnos. Se refiere a   la <i>mesog&eacute;nesis</i>, la <i>cronog&eacute;nesis</i> y la <i>topog&eacute;nesis</i>. La   primera, la <i>g&eacute;nesis del medio</i> (<i>mesog&eacute;nesis</i>), significa   estudiar la manera en que el contenido de la interacci&oacute;n   se elabora continuamente de manera cooperativa   entre el profesor y los alumnos. Podemos considerar   esta categor&iacute;a como una manera de describir   espec&iacute;ficamente el trabajo conjunto del profesor y   los alumnos, pero de manera m&aacute;s amplia se trata de   una funci&oacute;n did&aacute;ctica (para que un juego did&aacute;ctico   se desarrolle, debe existir necesariamente creaci&oacute;n   de contenido) a cuyo ejercicio pueden contribuir (y   de hecho contribuyen) efectivamente los alumnos.   El juego did&aacute;ctico se caracteriza antes que nada por   el hecho de que su contenido se modifica incesantemente. Lo que le da forma a esa modificaci&oacute;n es el hecho de que el saber est&eacute; dispuesto en el eje del tiempo (<i>cronog&eacute;nesis</i>). Toda ense&ntilde;anza se concibe desde esta perspectiva como una progresi&oacute;n que organiza los cambios de juego. Puede verse que la mesog&eacute;nesis y la cronog&eacute;nesis est&aacute;n estrechamente relacionadas. Al tratar de describir la manera en que se comparten las responsabilidades en las <i>transacciones did&aacute;cticas</i> resulta la <i>topog&eacute;nesis</i>, donde se atribuye un agente a cada acci&oacute;n. Con el prop&oacute;sito de esbozar este sistema de descripci&oacute;n, podr&iacute;amos caracterizar las tres &quot;g&eacute;nesis&quot; de la manera siguiente: la <i>mesog&eacute;nesis</i> corresponde a la pregunta &iquest;qu&eacute;? o m&aacute;s precisamente &iquest;c&oacute;mo qu&eacute;? Nos lleva a identificar el contenido epist&eacute;mico preciso de las transacciones did&aacute;cticas. La <i>cronog&eacute;nesis</i> plantea la pregunta &iquest;cu&aacute;ndo? o m&aacute;s precisamente &iquest;c&oacute;mo cu&aacute;ndo?, nos propone identificar la naturaleza y las razones del cambio, en un determinado momento, de un contenido epist&eacute;mico a otro. La <i>topog&eacute;nesis</i> corresponde con la pregunta &iquest;qui&eacute;n? y m&aacute;s precisamente &iquest;c&oacute;mo qui&eacute;n? Nos lleva a identificar la manera en que el contenido epist&eacute;mico de la transacci&oacute;n se distribuye efectivamente entre los agentes de la transacci&oacute;n. La categor&iacute;a topog&eacute;nesis constituye as&iacute; un elemento de an&aacute;lisis privilegiado de la naturaleza &quot;conjunta&quot; de las transacciones (Sensevy, 2007).</p>     <p>A fin de dar m&aacute;s claridad a la teor&iacute;a de las   <i>situaciones did&aacute;cticas</i> traigamos un ejemplo ajeno   tanto a las ciencias experimentales como a las matem&aacute;ticas,   lo que una vez m&aacute;s refuerza la validez de la propuesta did&aacute;ctica en general (Sensevy, 2007).</p>     <p align="center"><i>Supongamos que un profesor practica el dictado   leyendo en voz alta los enlaces&hellip; Existen   h&aacute;bitos muy espec&iacute;ficos en relaci&oacute;n con el   conocimiento al que nos referimos (hacer los   enlaces influye en la construcci&oacute;n y en la manifestaci&oacute;n   de los conocimientos ortogr&aacute;ficos),   expectativas del profesor hacia los alumnos,   de los alumnos hacia el profesor, un contrato   did&aacute;ctico espec&iacute;fico a la situaci&oacute;n de dictado.   Imaginemos ahora que este profesor (&iquest;quiz&aacute;s   influenciado por un te&oacute;rico de la did&aacute;ctica?)   decide suprimir el enunciado de los enlaces   en su dictado. Podemos prever las dificultades,   las negociaciones que quiz&aacute;s haya que entablar con los alumnos aferrados al mantenimiento del statu quo ante. Este cambio de contrato did&aacute;ctico es de cierta manera una ruptura del contrato inicial. El nuevo contrato supone otra configuraci&oacute;n de las transacciones did&aacute;cticas: determinadas acciones did&aacute;cticas, hasta entonces bajo la responsabilidad del profesor, pasar&iacute;an a ser asumidas por el alumno, quien deber&iacute;a asumirlas. Y este nuevo rol podr&iacute;a o no ser logrado por el alumno&hellip; Retomemos el ejemplo particular de este profesor que pas&oacute; de un dictado en el que hac&iacute;a los enlaces, a un dictado en el que ya no los hace. El territorio del alumno se ampl&iacute;a, porque ahora debe hacerse cargo de una responsabilidad m&aacute;s grande, dado que es m&aacute;s f&aacute;cil escribir algo que se dicta &quot;je montrais-z-&agrave; mes amis&quot;, con enlaces, que algo que se dicta &quot;je montrais &agrave; mes amis&quot; sin los enlaces. Para que el juego did&aacute;ctico se desarrolle, el alumno debe aceptar actuar all&iacute; donde se ubica el enlace, y nada nos dice a priori que va a asumir esta nueva responsabilidad...</i></p>     <p>Pasa Sansevy a relatar un cambio en las reglas del juego:</p>     <p align="center"><i>Supongamos que nuestro profesor est&aacute; procediendo   a su dictado; al pasar por las filas y   observar el trabajo de los alumnos, el profesor   considera que el ejercicio es demasiado dif&iacute;cil,   y que los errores (de ortograf&iacute;a) abundan. Toma   entonces una decisi&oacute;n: pide a los alumnos que   detengan el trabajo y les dice que, a partir de la   siguiente frase, deber&aacute;n utilizar su diccionario.   Si se sigue la met&aacute;fora teatral, se podr&aacute; decir   entonces que se tratar&aacute; de una nueva escena en   la situaci&oacute;n. Esta nueva escena estar&aacute; caracterizada   por un nuevo juego. Quiz&aacute;s lo implicado no   cambiar&aacute; sustancialmente (escribir las palabras   dictadas sin errores), pero el nuevo juego supondr&aacute;   un nuevo contrato, es decir, una aclaraci&oacute;n   de las nuevas expectativas del profesor hacia   los alumnos y de los alumnos hacia el profesor.   Por ejemplo, los alumnos deber&aacute;n integrar el   diccionario en su trabajo, lo que supondr&aacute; que   sean capaces de valorar su desconocimiento ortogr&aacute;fico   en relaci&oacute;n con determinadas palabras   (en efecto, buscar en el diccionario consume   tiempo y energ&iacute;a, y es mejor no comprobar   la ortograf&iacute;a de las palabras de las que se est&aacute;   razonablemente seguro). Se ve entonces que   el contrato &quot;dictado con uso del diccionario&quot;,   aunque comporta muchos puntos comunes con   el contrato &quot;dictado sin diccionario&quot;, supone una   especificaci&oacute;n, un cierto n&uacute;mero de h&aacute;bitos de   acci&oacute;n que le son propios. Este nuevo contrato, espec&iacute;fico del nuevo juego, est&aacute; acompa&ntilde;ado por un nuevo medio. El diccionario es un nuevo objeto &quot;introducido&quot; en el medio, es un objeto material, que implica cierto n&uacute;mero de condiciones materiales, pero tambi&eacute;n es un objeto simb&oacute;lico, un artefacto cognitivo cuyo empleo no es transparente y supone tambi&eacute;n un aprendizaje. Podemos notar que el contexto cognitivo del dictado se encontrar&aacute; modificado de manera importante, al igual que el contexto afectivo, seg&uacute;n la relaci&oacute;n que tengan los alumnos con el uso del diccionario&hellip;Continuando con nuestro ejemplo, podr&iacute;amos insistir en el hecho de que el diccionario que acaba de ser introducido en la pr&aacute;ctica del alumno que escribe su dictado cambia el medio, de igual manera ser&iacute;a posible describir el nuevo medio instituido (valor mesogen&eacute;tico). Tambi&eacute;n ser&iacute;a posible proceder a una descripci&oacute;n sobre la manera en que dicho &quot;cambio de juego&quot; (paso del dictado sin diccionario al dictado con diccionario) responde a la necesidad de hacer avanzar el tiempo did&aacute;ctico (valor cronogen&eacute;tico), desde el punto de vista del profesor y de su evaluaci&oacute;n del &quot;estado del sistema&quot;. O podr&iacute;amos intentar comprender, por ejemplo, la manera en que el nuevo medio se convierte en portador de un nuevo tiempo did&aacute;ctico (la manera en que los alumnos van &quot;a progresar&quot; en el uso del diccionario)&hellip; Para nuestro ejemplo anterior, podr&iacute;amos preguntarnos qui&eacute;n introdujo determinada manera de actuar (dictado con diccionario en la clase) e igualmente qui&eacute;n valid&oacute; dicha manera de actuar. En general, podr&iacute;amos tratar de describir la manera en que se comparten las responsabilidades en las transacciones did&aacute;cticas, de esta manera el profesor puede decidir escribir en el tablero una palabra dif&iacute;cil cuya escritura no estar&aacute; ya bajo la responsabilidad did&aacute;ctica del alumno. El estudio in situ de las interacciones did&aacute;cticas, desde el punto de vista de la categor&iacute;a de la topog&eacute;nesis (&hellip;) nos lleva de esta manera a describir la fuerza de las transacciones, es decir, a evaluar hasta qu&eacute; punto estas mismas se sustentan org&aacute;nicamente en una actividad compartida por el profesor y el alumno, diferenciando perfectamente la necesidad de la acci&oacute;n del alumno de su densidad cognitiva&quot;. </i></p>     <p>El <i>contrato did&aacute;ctico</i>, como &quot;regla de decodificaci&oacute;n   de la actividad did&aacute;ctica&quot;, constituye, entonces,   un sistema de normas; algunas de estas, en su   mayor&iacute;a gen&eacute;ricas, pueden ser perdurables; otras, en   su mayor&iacute;a espec&iacute;ficas del saber, deben ser definidas en funci&oacute;n de los progresos del saber.</p>     <p>La noci&oacute;n de <i>contrato did&aacute;ctico</i> es, desde esta   perspectiva, esencial para el proceso de descripci&oacute;n de las transacciones did&aacute;cticas (Sensevy, 2007):</p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2">-</font><font size="2" face="Verdana"> Nos ayuda a comprender el peso de las costumbres   de acci&oacute;n en su formaci&oacute;n y promueve la consideraci&oacute;n de los h&aacute;bitos de transacci&oacute;n;</font></p> <font face="Verdana" size="2"></font>    <p><font size="2">-</font><font size="2" face="Verdana"> ayuda tambi&eacute;n a comprender de qu&eacute; manera   las transacciones did&aacute;cticas se sustentan en las   expectativas rec&iacute;procas que existen entre maestro y alumno;</font></p> <font face="Verdana" size="2"></font>    <p><font size="2">-</font><font size="2" face="Verdana"> suministra un marco al estudio gen&eacute;tico de la   constituci&oacute;n de las normas en la clase y a la   manera en que estas normas en determinado   momento deben ser superadas o redefinidas en la dial&eacute;ctica entre lo antiguo y lo novedoso.</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>Sensevy (2007) define cuatro verbos para   caracterizar los juegos: <i>definir, hacer devoluci&oacute;n,   regular, institucionalizar</i>. En el ejemplo precedente,   se ve claramente que el profesor introduce algunos   cambios a partir del momento en que constata que   el juego, tal como lo hab&iacute;a planteado, no permite   alcanzar los objetivos de la clase. Para cambiar de   juego (o para iniciar un juego dado, en el comienzo   de una sesi&oacute;n de aprendizaje-lecci&oacute;n, curso),   podemos considerar que el profesor debe al mismo   tiempo definir el juego y hacer la debida restituci&oacute;n.   Cuando hablamos de &quot;definici&oacute;n del juego&quot;, nos   referimos a la transmisi&oacute;n de reglas constitutivas,   definitorias del juego (en nuestro ejemplo anterior,   decir expl&iacute;citamente a los alumnos que pueden   utilizar el diccionario para ayudarse en la escritura).   Sin embargo, este nuevo juego s&oacute;lo podr&aacute;   ser desarrollado a partir del momento en que los   alumnos acepten jugar con las nuevas condiciones;   el profesor tendr&aacute; entonces la tarea de cerciorarse   de que exista la &quot;restituci&oacute;n&quot; de una relaci&oacute;n adecuada   de los alumnos con los objetos del medio en   el marco de cierto contrato. En el &uacute;ltimo ejemplo,   los alumnos asumen el uso del diccionario. Podemos   ver que los alumnos tienen dos opciones: no usar el diccionario corriendo el riesgo de afectar el conocimiento (de hecho insuficiente) de las palabras que deben escribir, o &quot;perderse&quot; en el diccionario en una especie de &quot;rigor&quot; que podr&iacute;a ocasionar el olvido del ejercicio mismo del dictado... Un juego debe ser necesariamente definido, los alumnos deben comprender, por lo menos en el primer nivel del juego efectivo, a qu&eacute; est&aacute;n jugando. Debe ser restituido: los alumnos deben asumir el juego de una manera adecuada. Esta &quot;manera adecuada&quot; encuentra su sentido en el hecho de que el juego did&aacute;ctico es un juego de aprendizaje que se centra en el saber. Eso traduce que debe permitir la producci&oacute;n de comportamientos did&aacute;cticamente significativos: en nuestro ejemplo, la utilizaci&oacute;n pertinente del diccionario les permitir&aacute; a los alumnos escribir correctamente palabras que van m&aacute;s all&aacute; de lo que les permite su nivel y familiarizarse al mismo tiempo con el empleo de este instrumento. Por supuesto, el profesor debe poder <i>regular</i>, a lo largo de la duraci&oacute;n del juego, los comportamientos de los alumnos en aras de la producci&oacute;n de estrategias ganadoras que se pretende que ellos produzcan (&hellip;) En el ejemplo estudiado, el profesor, al comprobar que ciertos alumnos utilizan mal el diccionario, podr&aacute; decidir hacer una aclaraci&oacute;n del funcionamiento de ese instrumento (por ejemplo, la primera palabra en la parte superior de la p&aacute;gina designa la primera palabra de la p&aacute;gina, y la segunda palabra designa la &uacute;ltima palabra de la p&aacute;gina), recordar una regla de clasificaci&oacute;n alfab&eacute;tica o precisar nuevamente el sentido de la actividad que es la de escribir correctamente las palabras del dictado y no la de buscar en el diccionario (hablamos de una especie de &quot;redefinici&oacute;n del juego&quot;). Esta acci&oacute;n de <i>regulaci&oacute;n</i>, que reconocemos como el centro mismo de la actividad de ense&ntilde;anza <i>in situ</i>, caracterizar&aacute; de tal manera todo comportamiento del profesor producido con la intenci&oacute;n de facilitar la adopci&oacute;n de estrategias ganadoras por parte de los alumnos y la comprensi&oacute;n de las reglas estrat&eacute;gicas del juego (&hellip;) El juego did&aacute;ctico, en la sucesi&oacute;n de las jugadas espec&iacute;ficas que lo conforman, s&oacute;lo toma sentido en los aprendizajes que permiten, a la vez, producir y reconocer por parte de los alumnos. Estereconocimiento &quot;final&quot; del proceso desarrollado por ellos tiene un primer momento de reconocimiento de los saberes emergentes en la actividad diaria y en el curso de esta actividad espec&iacute;fica. Es el proceso de <i>institucionalizaci&oacute;n</i> por medio del cual el profesor confirma que su actividad ha permitido que los alumnos encuentren saberes leg&iacute;timos fuera de la instituci&oacute;n-clase, seg&uacute;n plante&oacute; Brousseau en 1998. Por medio de este proceso, los alumnos se convierten en &quot;controladores&quot; de la adquisici&oacute;n de sus saberes. Los juegos de aprendizaje pueden tener diferentes grados de &quot;densidad&quot; en el nivel de la<i> institucionalizaci&oacute;n</i>. Sin embargo, nadie puede abstenerse del todo de la necesidad de fijar (en forma temporal), en el conjunto de la clase, las maneras de hacer y de pensar que resultan adecuadas en el juego. En nuestro ejemplo del dictado, el profesor podr&iacute;a notar que un alumno determinado, a diferencia de los dem&aacute;s, no lee las definiciones de las palabras que encontr&oacute; (lo contrario ser&iacute;a contraproducente dada la naturaleza del juego), sino que las anota directamente en cuanto las encuentra en el diccionario. Esto podr&iacute;a conducirlo a detener la clase y a <i>institucionalizar</i> este procedimiento, pidiendo a los dem&aacute;s alumnos que lo adopten (<i>institucionalizaci&oacute;n</i> de una manera de actuar). Tambi&eacute;n podr&iacute;a decidir, luego de observar el trabajo de los alumnos, que una palabra determinada debe &quot;escapar&quot; al aprendizaje, y escribirla en el tablero indicando que en esta palabra no se admitir&aacute; ning&uacute;n error (<i>institucionalizaci&oacute;n</i> de un objeto). Para describir &quot;la manera de jugar&quot; un juego did&aacute;ctico, la categor&iacute;a &quot;<i>institucionalizar</i>&quot; parece haber mostrado su pertinencia (&hellip;) Quisi&eacute;ramos agregar (&hellip;) lo siguiente: &quot;puede ser &uacute;til el utilizar categor&iacute;as de descripci&oacute;n (<i>definir, hacer devoluci&oacute;n, regular, institucionalizar</i>) que tengan el prop&oacute;sito de dar cuenta de la gram&aacute;tica interna de estos juegos&quot;. M&aacute;s all&aacute; de la desconfianza hacia todo esencialismo que nos llevar&iacute;a a <i>confundir el mapa con el territorio</i>, esto significar&iacute;a la utilizaci&oacute;n de la noci&oacute;n de juego de aprendizaje &uacute;nicamente a partir del momento en que nos permita describir aspectos del proceso did&aacute;ctico que de otra manera no podr&iacute;an ser percibidos. </p>     <p>A <i>contrario sensu</i>, no existe ninguna duda de que la   noci&oacute;n de juego (y las categor&iacute;as inherentes) no es la   m&aacute;s apropiada para describir algunos acontecimientos o comportamientos did&aacute;cticos (Sensevy, 2007).</p>     <p>Con estas cuatro categor&iacute;as (<i>definir, hacer   devoluci&oacute;n, regular, institucionalizar</i>), Sensevy (2007)   propone considerar las &quot;escenas did&aacute;cticas&quot; como   juegos de aprendizaje y comprender mejor los modos   de construcci&oacute;n del saber en la clase. Su prop&oacute;sito   es mejorar, con el uso de la noci&oacute;n de juego, la   sensibilidad de nuestra observaci&oacute;n a los cambios   de <i>foco</i> sobre un objeto determinado (saber como   objeto, saber como manera de hacer) y en los h&aacute;bitos   de acci&oacute;n (con diversos grados de especificidad) y   diferentes tipos de medio implicados por esos cambios de <i>foco</i>.</p>     <p><b>5.2 Transposici&oacute;n did&aacute;ctica</b></p> </font>     <p><font size="2" face="Verdana">Seg&uacute;n la <i>teor&iacute;a de la transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i> de   Yves Chevallard (1991), el trabajo del profesor consiste   en realizar para sus alumnos el proceso inverso   al que realiza el matem&aacute;tico; su labor ser&aacute; buscar el   problema o los problemas de donde surgi&oacute; el saber   sabio, con el fin de recontextualizarlo, adaptar estos   problemas a la realidad de sus alumnos, de modo   que los acepten como &quot;sus problemas&quot;, es decir,   repersonalizarlos y luego provocarlos, mediante problemas   adecuados, para que los integren al cuerpo   te&oacute;rico conocido, emulando al matem&aacute;tico en su   nueva descontextualizaci&oacute;n y despersonalizaci&oacute;n. En   palabras de Yves Chevallard, <i>transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i>   es &quot;el conjunto de las transformaciones que sufre   un saber con el fin de ser ense&ntilde;ado&quot; (Vargas, 2000).   Brousseau en 1986 explic&oacute; que esta transformaci&oacute;n   comienza en el seno de la comunidad matem&aacute;tica   como respuesta a exigencias impuestas por la comunicaci&oacute;n,   para permitir que el receptor conozca los    resultados a los que ha llegado su colega y se convenza   de su validez, sin verse obligado a invertir tiempo y   esfuerzo en redescubrir cada uno de estos resultados.   As&iacute; es como el matem&aacute;tico debe distinguir entre la totalidad de sus reflexiones un trayecto que conduzca al conocimiento que quiere transmitir, descartando los intentos que no tuvieron &eacute;xito, ocultando las razones subjetivas que lo guiaron, suprimiendo las pausas y los retrocesos que tuvieron lugar durante su b&uacute;squeda, aunque esto signifique esconder el hilo conductor de su investigaci&oacute;n, la l&oacute;gica de su descubrimiento. Se produce de esta manera una despersonalizaci&oacute;n, descontextualizaci&oacute;n y destemporalizaci&oacute;n del conocimiento. En la selecci&oacute;n del subconjunto de conocimientos matem&aacute;ticos que ser&aacute; ense&ntilde;ado, participan (directa o indirectamente y con distintos grados de implicaci&oacute;n) diversas personas e instituciones: profesores, matem&aacute;ticos con inter&eacute;s en la ense&ntilde;anza, representantes pol&iacute;ticos, asociaciones de padres, editores y autores de libros de texto, etc.; integran lo que Chevallard (1991) denomina <i>noosfera</i>, es decir, la esfera donde se debate acerca de los contenidos y m&eacute;todos de la ense&ntilde;anza y cuyas opiniones influyen en alguna medida en las decisiones que a este respecto se toman (Calvo, 2001; Brousseau, 1991).</font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>As&iacute; Yves Chevallard introdujo la expresi&oacute;n   <i>transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i> para nombrar el proceso de   transformaci&oacute;n de un conocimiento desde que es   &quot;objeto de saber&quot;, propio de la comunidad matem&aacute;tica,   pasando a ser despu&eacute;s &quot;objeto por ense&ntilde;ar&quot; y   llegando a ser, por &uacute;ltimo, un &quot;objeto de ense&ntilde;anza&quot;   cuando alcanza al alumno, destacando que las   transformaciones a las que se hace referencia no   son en ning&uacute;n caso simplificaciones del saber propio   de la comunidad cient&iacute;fica, sino que se trata de   adaptaciones del saber que pretenden hacer posible   su integraci&oacute;n en la ense&ntilde;anza (Calvo, 2001). La   transformaci&oacute;n del saber comienza en el <i>saber erudito   o saber sabio</i> del cient&iacute;fico, pasando por el <i>saber   institucionalizado</i> en los textos de estudio, el <i>saber   ense&ntilde;ado</i> del profesor, para convertirse finalmente   en el <i>saber del alumno</i> (<a href="#f2">figura 2</a>) (Vargas, 2000). La   <i>transposici&oacute;n did&aacute;ctica</i> es, pues, un proceso y no una pr&aacute;ctica individual (Cardelli, 2004).</p>     <p>Con respecto a la transposici&oacute;n did&aacute;ctica,   Brousseau (1990) deja estas preguntas para la reflexi&oacute;n: &quot;Pero, &iquest;c&oacute;mo transformar el saber para convertirlo provisionalmente en inteligible, sin hacerlo demasiado falso, ya que quedar&aacute;n huellas que no podr&aacute;n ser borradas? &iquest;Y c&oacute;mo rectificar a continuaci&oacute;n esos errores? &iquest;Y de qu&eacute; derecho podr&iacute;a arrogarse un profesor para hacer sufrir <i>transposiciones did&aacute;cticas</i> al saber cultural com&uacute;n? &iquest;C&oacute;mo regular las distorsiones inevitables? &iquest;Puede estar esta tarea totalmente a cargo de un profesor o incluso de los profesores? &iquest;Se les puede imponer que ense&ntilde;en conocimientos falsos, incluso provisionalmente, sin un acuerdo cultural a ese respecto? &iquest;Se puede conseguir tal acuerdo si cada uno de los protagonistas se ve conducido a tener que ignorar cualquier an&aacute;lisis serio? &iquest;Qui&eacute;n se encarga de esta transacci&oacute;n, qu&eacute; organizaci&oacute;n social puede permitirla en condiciones honestas para todos? Estas son algunas de las preguntas &lsquo;sencillas&#39;, casi ingenuas, que se plantean en did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas a prop&oacute;sito de un fen&oacute;meno corriente que compete a su campo&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="f2"><img src="img/revistas/eia/n10/n10a06f2.gif" /></a></p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>6. IMPLEMENTACI&Oacute;N DE LA   DID&Aacute;CTICA DE LA ESCUELA   FRANCESA EN LA ENSE&Ntilde;ANZA DE LAS CIENCIAS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>Presentados algunos de los elementos de las   teor&iacute;as de la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas de la escuela   francesa nos queda por proponer su acogida   desde el trabajo de los docentes de las ciencias.   Chevallard (1991), en su an&aacute;lisis sobre d&oacute;nde situar   la did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas, demuestra como se   inscribe en el campo de la <i>antropolog&iacute;a</i>: &quot;En pocas   palabras, la did&aacute;ctica pertenece al continente antropol&oacute;gico,   que gracias a esta se impone sobre el mar   de la ignorancia. No es una isla sino un istmo que tal   vez ma&ntilde;ana ser&aacute; considerado como nuevo territorio   altamente conquistado. En ese sentido, obviamente,   la did&aacute;ctica modifica el poder&iacute;o de la antropolog&iacute;a   y la idea misma que nos hacemos de ella. Podr&iacute;a ser   que ma&ntilde;ana se convirtiera en el principio de una   revoluci&oacute;n&quot;. Es as&iacute; como bien podemos, desde esa   misma antropolog&iacute;a, hacer el intento de acoger los   elementos que han venido desarroll&aacute;ndose desde la   did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas y utilizarlos en el proceso   de ense&ntilde;anza-aprendizaje de las ciencias en ingenier&iacute;a. Como tambi&eacute;n lo expone Brousseau (1990):</p> </font>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><i>La did&aacute;ctica puede, en un cierto plazo, ayudar   al profesor a modificar su estatuto, su formaci&oacute;n y sus relaciones con la sociedad:</i></font></p>     <p align="center"><i><font size="2" face="Verdana">- Actuando directamente sobre la consideraci&oacute;n   social de los conocimientos que utiliza.</font></i></p>     <p align="center"><i><font size="2" face="Verdana">- Actuando sobre los conocimientos de sus colegas   profesionales, y sobre los de los padres y el p&uacute;blico en general.</font></i></p>     <p align="center"><i><font size="2" face="Verdana">- Desarrollando posibilidades mejores, para el   p&uacute;blico y para los ciudadanos, de utilizar la   ense&ntilde;anza de manera m&aacute;s satisfactoria para ellos.</font></i></p>     <p align="center"><i><font size="2" face="Verdana">- Dando mejores posibilidades a los poderes   p&uacute;blicos o privados de gestionar la ense&ntilde;anza mediante medios m&aacute;s apropiados.</font></i></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>Esta parte de las aportaciones de la did&aacute;ctica   ciertamente no est&aacute; lista para ser realizada, ya   que exige una evoluci&oacute;n considerable de las   estructuras escolares y de las mentalidades, pero   todo nos permite pensar que &eacute;se es su papel social y que progresamos en esa direcci&oacute;n.</p>     <p>La vocaci&oacute;n de la did&aacute;ctica se opone a las   intervenciones atronadoras. A menudo, la explicaci&oacute;n   de un fracaso o de una dificultad permite   exculpar al ense&ntilde;ante y al alumno y orientarles   hacia actitudes m&aacute;s positivas. En medicina, la   atribuci&oacute;n de la tuberculosis a un microbio no   permiti&oacute; de inmediato vencer la enfermedad,   pero permiti&oacute;, por fin, exculpar a los enfermos,   sospechosos durante mucho tiempo de haber   ofendido a la naturaleza de alguna manera y   de ser castigados por ello; accesoriamente, la   medicina sugiri&oacute; que un cierto tipo de higiene podr&iacute;a prevenir muchos casos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No queda duda de las condiciones antropol&oacute;gicas   de la teor&iacute;a de las situaciones did&aacute;cticas y   de la teor&iacute;a de la transposici&oacute;n did&aacute;ctica. Hacen un   valioso aporte a la relaci&oacute;n profesor-alumno-saber.   Acercarnos a estas teor&iacute;as y desarrollarlas en el quehacer   docente podr&aacute; permitirnos avanzar a la par   con nuestros alumnos, no s&oacute;lo en la construcci&oacute;n y   apropiaci&oacute;n del saber, sino adem&aacute;s en la construcci&oacute;n   de una sociedad m&aacute;s democr&aacute;tica. As&iacute; lo piensa   Brousseau (1991): &quot;Soy de 1os que piensan que la   educaci&oacute;n matem&aacute;tica y, en particular, la educaci&oacute;n   matem&aacute;tica de la que acabo de hablar, es necesaria   para la cultura de una sociedad que quiere ser una democracia&quot;.</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>7. CONCLUSIONES</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <p>En la ense&ntilde;anza de las ciencias se proponen   diferentes modelos apoyados en la visi&oacute;n constructivista.   Debe reconocerse, sin embargo, que existen a   su vez dentro del constructivismo diversos enfoques   de los cuales los m&aacute;s destacados son: el piagetiano, el humano, el social y el radical.</p>     <p>Se acepta que en la ense&ntilde;anza de las ciencias   intervienen variedad de conocimientos: el de ciencias,   el del cient&iacute;fico, el acad&eacute;mico, el del profesor, el cotidiano, el del alumno. Los modelos propuestos para la ense&ntilde;anza adoptan la met&aacute;fora del alumno como cient&iacute;fico o la del alumno como aprendiz.</p>     <p>La did&aacute;ctica de las matem&aacute;ticas de la escuela   francesa ha propuesto, con Brousseau, Chevallard,   Sensevy y otros, importantes aportaciones al proceso   de ense&ntilde;anza-aprendizaje que se propone aqu&iacute; sean   acogidos en la ense&ntilde;anza de las ciencias. Las condiciones   antropol&oacute;gicas de la teor&iacute;a de las situaciones   did&aacute;cticas y de la teor&iacute;a de la transposici&oacute;n did&aacute;ctica   hacen una valiosa contribuci&oacute;n a la relaci&oacute;n ternaria   profesor-alumno-saberes. El estudio de estas teor&iacute;as   y su aplicaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica docente permitir&aacute;n al   profesor avanzar con sus alumnos en la difusi&oacute;n del   conocimiento y en el afianzamiento de la democracia en la sociedad.</p> </font>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>REFERENCIAS</b></font></p> <font face="Verdana" size="2">     <!-- ref --><p>Anderson, John R.; Reder, Lynne M.; Simon, Herbert A.   (2001). Educaci&oacute;n: el constructivismo radical y la psicolog&iacute;a   cognitiva. Estudios P&uacute;blicos, 81. Disponible en   Internet: <a href="http://www.infoamerica.org" target="_blank">http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/ anderson_01.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1794-1237200800020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brousseau, Guy (1990). &iquest;Qu&eacute; pueden aportar a los ense&ntilde;antes   los diferentes enfoques de la did&aacute;ctica de las   matem&aacute;ticas?: (Primera parte). Revista Ense&ntilde;anza de   las Ciencias. Vol. 8 No. 3, p. 259-267. Disponible en   Internet: <a href="http://www.raco.cat" target="_blank">http://www.raco.cat/index.php/Ensenanza/ article/view/51335/93083</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S1794-1237200800020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brousseau, Guy (1991). &iquest;Qu&eacute; pueden aportar a los ense&ntilde;antes   los diferentes enfoques de la did&aacute;ctica de las   matem&aacute;ticas?: (Segunda parte). Revista Ense&ntilde;anza   de las Ciencias. Vol. 9 No. 1, p. 10-21. Disponible en   internet: <a href="http://www.raco.cat" target="_blank">http://www.raco.cat/index.php/Ensenanza/article/ view/51351/93100</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1794-1237200800020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Calvo Pesce, Cecilia (2001). Un estudio sobre el papel de las   definiciones y las demostraciones en cursos preuniversitarios   de c&aacute;lculo diferencial e integral. Tesis doctoral.   Universitat Aut&ograve;noma de Barcelona. Disponible en   Internet: http://www.tdx.cbuc.es/TESIS_UAB/available/ TDX-1018101-165309//ccp1de1.pdf&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S1794-1237200800020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cardelli, Jorge (2004). Reflexiones cr&iacute;ticas sobre el concepto   de transposici&oacute;n did&aacute;ctica de Chevallard. Cuadernos   de Antropolog&iacute;a Social. No. 19, p. 49-61. 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Argentina.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-1237200800020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gil P&eacute;rez, Daniel y De Guzm&aacute;n Oz&aacute;miz, Miguel (1993).   Ense&ntilde;anza de las ciencias y la matem&aacute;tica. Madrid:   Popular, 140 p. Disponible en Internet: <a href="http://www.oei.org.co" target="_blank">http://www.oei. org.co/oeivirt/ciencias.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-1237200800020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mar&iacute;n Mart&iacute;nez, Nicol&aacute;s (2003a). Conocimientos que   interaccionan en la ense&ntilde;anza de las ciencias. Revista Ense&ntilde;anza de las Ciencias, 21 (1), p. 65-78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-1237200800020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mar&iacute;n Mart&iacute;nez, Nicol&aacute;s (2003b). Visi&oacute;n constructivista   din&aacute;mica para la ense&ntilde;anza de las ciencias. 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La teor&iacute;a del aprendizaje   significativo. Memorias del Primer Congreso   Internacional Sobre Mapas Conceptuales. Pamplona,   Espa&ntilde;a. Disponible en Internet: <a href="http://www.cmc.ihmc.us" target="_blank">http://cmc.ihmc.us/papers/ cmc2004-290.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-1237200800020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sanmart&iacute; Puig, Neus (1995). Proyecto docente e Investigador   de Did&aacute;ctica de las Ciencias. Concurso oposici&oacute;n   a Profesora Titular de Universidad. Departamento de   Did&aacute;ctica de la Matem&aacute;tica y las Ciencias Experimentales. Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona. Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1794-1237200800020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sensevy, G&eacute;rard (2007). Categor&iacute;as para describir y   comprender la acci&oacute;n did&aacute;ctica. Traducci&oacute;n de Juan   Duque y revisi&oacute;n de Ren&eacute; Rickenmann del cap&iacute;tulo   de Agir ensemble. &quot;L&#39;action didactique conjointe du professeur et des &eacute;l&egrave;ves&quot;. PU Rennes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1794-1237200800020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vargas Calvert, Isabel M. (2000). Did&aacute;ctica I de la Matem&aacute;tica.   Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educaci&oacute;n.   Chile. Disponible en Internet: <a href="http://www.mat.uv.cl" target="_blank">http://mat.uv.cl/   profesores/apuntes/archivos_publicos/7543144551_ art_Didcactica%20de%20la%20matematica.doc</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-1237200800020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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