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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El cerdo en la gastronomía antioqueña]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Pork was introduced in Antioquia after 1530 when Jorge Robledo arrived, and it was accepted from that moment on, even by the Indians, in the diet of the region, first as fresh meat at the beginning and, later, prepared, as in the case of ham. Pork got more and more importance in the Antioquian feeding, especially from the XVIII Century, and it even became an essential component of the diet above cow meat. In the XIX Century, with the introduction of "Pará" ( Brachiaria mutica) and Guinea (Panicum maximum) cattle exploitation increases and, therefore, bovine meat improves its offer, fact that boosts its consumption due to the lowering of its price, displacing pork a little. Pork growth was made especially in the backyards of the houses, fact that required a law intervention de to its hygienic troublesome consequences. At the beginning of the XXth Century, pork is already regarded for many recipes and meals, and gets more important when the pork slaughtering becomes popular for every Christmas time. Nevertheless, as the century advances, pork with less fat is preferred due to health reasons, but its protagonist role does not decrease. The pork, with sausage and especially with chicharrón (fried pork skin) is a basic part of the ensign meal of the region: The Bandeja Paisa. Today, forage techniques have been improved in zones as Santa Rosa and La Unión, fact that allows the availability of healthier meats for consumers. Antioquia, nowadays, is the Colombian province with the highest consumption of pork meat, achieving three times the national media rate.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p><b>Ensayo</b></p>      <p align="center"><font size="4"><b>El cerdo en la gastronom&iacute;a antioque&ntilde;a</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Pork meat in Antioquian gastronomy</b></font></p>      <p>    <center>Fernando Aquiles Arango Navarro<sup>1</sup></center></p>     <br>  <sup>1</sup> Comunicador Social UPB, Mag&iacute;ster en Educaci&oacute;n de la Pontificia Universidad Javeriana, director ejecutivo de la Corporaci&oacute;n CORPOLUCES para la Investigaci&oacute;n y el Desarrollo, docente de la Universidad de Medell&iacute;n y de la Corporaci&oacute;n Universitaria Lasallista.    <br> Correspondencia: email: <a href="mailto:fearango@lasallista.edu.co">fearango@lasallista.edu.co</a>; <a href="mailto:faarango@udem.edu.co">faarango@udem.edu.co</a>.    <br>      <p>Fecha de recibo: 05-12-2006, fecha de aprobaci&oacute;n: 12-08-2007</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>El cerdo fue introducido en Antioquia despu&eacute;s de 1530 con la llegada de Jorge Robledo, y desde el principio tuvo aceptaci&oacute;n, incluso por parte de los ind&iacute;genas, en la dieta de la regi&oacute;n, ya fuera como carne fresca en un principio, o preparada, como en el caso de los jamones, tiempo despu&eacute;s.</p>      <p>El cerdo fue adquiriendo cada vez mayor importancia dentro de la alimentaci&oacute;n antioque&ntilde;a, sobre todo a partir del siglo XVIII, e incluso lleg&oacute; a ser componente esencial de la dieta por encima de la carne de res. En el siglo XIX con la introducci&oacute;n de semillas de pasto par&aacute; y guinea aumenta el hato ganadero y por tanto mejora la oferta de carne de res, lo que facilita su consumo por el consecuente abaratamiento del precio, y desplaza un poco el consumo de carne porcina. La cr&iacute;a de cerdos se realiza mayoritariamente en los solares de las casas, lo cual termina siendo reglamentado por las condiciones antihigi&eacute;nicas que genera esta pr&aacute;ctica. Cuando se inicia el siglo XX ya el cerdo figura en gran cantidad de recetas y preparaciones, y adquiere mayor protagonismo con la popularizaci&oacute;n de la <i>marranada</i> en el mes de diciembre. Sin embargo, en la medida en que avanza el siglo comienzan a preferirse cerdos con menos grasa por razones de salud, lo cual no significa que pierda protagonismo. Incluso el cerdo, con el chorizo y sobre todo con el chicharr&oacute;n, hace parte esencial del plato bandera de la regi&oacute;n: la bandeja paisa. Hoy en d&iacute;a se han mejorado las t&eacute;cnicas de engorde en zonas de producci&oacute;n como Santa Rosa y La Uni&oacute;n, por lo que se ofrecen carnes m&aacute;s saludables para el consumidor final. En la actualidad Antioquia es el departamento de Colombia con m&aacute;s alto consumo de carne de cerdo, triplicando el promedio nacional.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: Cerdo. Gastronom&iacute;a. Antioquia.    <p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>Pork was introduced in Antioquia after 1530 when Jorge Robledo arrived, and it was accepted from that moment on, even by the Indians, in the diet of the region, first as fresh meat at the beginning and, later, prepared, as in the case of ham.</p>      <p>Pork got more and more importance in the Antioquian feeding, especially from the XVIII Century, and it even became an essential component of the diet above cow meat. In the XIX Century, with the introduction of "Par&aacute;" ( Brachiaria mutica) and Guinea (Panicum maximum) cattle exploitation increases and, therefore, bovine meat improves its offer, fact that boosts its consumption due to the lowering of its price, displacing pork a little. Pork growth was made especially in the backyards of the houses, fact that required a law intervention de to its hygienic troublesome consequences. At the beginning of the XXth Century, pork is already regarded for many recipes and meals, and gets more important when the pork slaughtering becomes popular for every Christmas time. Nevertheless, as the century advances, pork with less fat is preferred due to health reasons, but its protagonist role does not decrease. The pork, with sausage and especially with chicharr&oacute;n (fried pork skin) is a basic part of the ensign meal of the region: The Bandeja Paisa. Today, forage techniques have been improved in zones as Santa Rosa and La Uni&oacute;n, fact that allows the availability of healthier meats for consumers. Antioquia, nowadays, is the Colombian province with the highest consumption of pork meat, achieving three times the national media rate.</p>      <p><b>Key words</b>: Pork. Gastronomy. Antioquia.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>En la segunda mitad del siglo XIX en Antioquia se comenz&oacute; una discusi&oacute;n acerca del supuesto origen jud&iacute;o del antioque&ntilde;o, con base en argumentos como el esp&iacute;ritu mercantilista del paisa y los nombres b&iacute;blicos de algunos pueblos, como Jeric&oacute; y Tarso, entre otros. Sin el &aacute;nimo de pretender meter una baza tard&iacute;a en el asunto, s&iacute; hay un argumento que tira al piso cualquier pretensi&oacute;n de apoyar ese origen semita: la devoci&oacute;n que tiene el antioque&ntilde;o por la carne de quien algunos han llamado "Su majestad el cerdo"<sup>1</sup>.</p>      <p>Debe recordarse que "Dos religiones, la jud&iacute;a y la musulmana, proh&iacute;ben a sus fieles comer carne de cerdo, considerada inmunda. Esta prohibici&oacute;n proviene del hecho de que el cerdo, si se le cr&iacute;a en condiciones poco higi&eacute;nicas, es vector de grandes enfermedades parasitarias"<sup>2</sup>. Si el antioque&ntilde;o fuera de ascendencia jud&iacute;a, seg&uacute;n la pretensi&oacute;n decimon&oacute;nica, no habr&iacute;a puesto en el altar gastron&oacute;mico, como lo ha hecho con verdadera fruici&oacute;n, a este mam&iacute;fero ungulado, de la familia suinos, del orden artiod&aacute;ctilo, perteneciente al g&eacute;nero suis, del suborden no rumiantes.</p>      <p>El origen del cerdo lo sit&uacute;an los cient&iacute;ficos en el primer per&iacute;odo de la &eacute;poca terciaria, como resultado del cruce de especies salvajes en Europa y Asia; en el neol&iacute;tico superior ya hab&iacute;a ejemplares domesticados. En el lenguaje popular se le denomina marrano, porcino y <i>cabeciagachado</i>, y en "la identificaci&oacute;n zool&oacute;gica se le nombra cerdo, puerco, gocho, verr&oacute;n, verraco, varraco, marranch&oacute;n, tunco, chancho, choncha, choncho, verriondo, gru&ntilde;ete, lech&oacute;n, lechona, cochinillo, porcach&oacute;n, guarro, gorrino"<sup>1</sup>.</p>      <p>La apariencia del cerdo muestra que su "cr&aacute;neo es muy desarrollado con relaci&oacute;n al tronco, y el rostro es por lo general largo y acaba con una jeta sostenida por un hueso t&iacute;pico. Al extremo del rodete encallecido, que tiene la forma de un disco, est&aacute;n los agujeros nasales"<sup>3</sup>.</p>      <p>La carne de este apetitoso cuadr&uacute;pedo es una generosa fuente de prote&iacute;na, al punto que se ha calculado que de ella procede m&aacute;s de un tercio de las prote&iacute;nas de origen animal que se consumen en Am&eacute;rica, &Aacute;frica, Australia y Europa. Esta cifra da una idea de la importancia del gru&ntilde;ete en la dieta del ser humano y porqu&eacute; su consumo.</p>      <p>En t&eacute;rminos econ&oacute;micos, el cerdo tiene ventajas:</p>      <p>Una, es una sofisticada m&aacute;quina capaz de transformar con rapidez pastos en carnes y grasas; que pesa en promedio una libra al nacer y en medio a&ntilde;o se convierte en un corpulento cuadr&uacute;pedo de m&aacute;s de cien kilos; con la ventaja adicional de que cada parto de una hembra reporta en promedio entre 8 y 10 lechones. Para darle rienda suelta a su capacidad omn&iacute;vora, el puerco utiliza su dentadura de 44 piezas: 12 incisivos, cuatro caninos, 16 premolares y 12 molares, y esa capacidad es la que permite configurar la riqueza de este animal, representada en la calidad y abundancia de su carne y su grasa. "El tejido subcut&aacute;neo, de gran espesor, forma el tocino. La grasa que se acumula en el peritoneo se denomina pella o empella y de esta se obtiene la manteca porcina que se utiliza para la preparaci&oacute;n de alimentos y en menor proporci&oacute;n, en la farmacolog&iacute;a. El residuo de la pella y del tocino fundido se denomina en Am&eacute;rica Latina el chicharr&oacute;n, delicadeza que acompa&ntilde;a o interviene en la preparaci&oacute;n de guisos regionales muy apetecidos"<sup>3</sup>.</p>      <p>Dos, del cerdo nada se pierde, todo se puede consumir. Aparte de su carne, grasas y huesos, utilizados en muchas formas dentro de las cocinas del mundo; sus intestinos se aprovechan para la fabricaci&oacute;n de embutidos, y su sangre sirve como relleno. Y sus cerdas se pueden usar para cepillos y pinceles<sup>4</sup>.</p>      <p>Tres, la carne se puede consumir fresca, en miles de recetas fruto de la inventiva gastron&oacute;mica de las diversas culturas; o procesada, en jamones y embutidos, que enriquecen la oferta para quienes la consumen.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y cuatro, por sus caracter&iacute;sticas, "el cerdo se est&aacute; utilizando en investigaciones en diferentes &aacute;reas: cardiolog&iacute;a, endocrinolog&iacute;a, neumolog&iacute;a, ortopedia, urolog&iacute;a y en el futuro, una vez se perfeccione la t&eacute;cnica y se solucionen los problemas de rechazo, se van a hacer clones de cerdos para xenotransplantes (trasplantes de &oacute;rganos de una especie a otra)"<sup>5</sup>.</p>      <br>      <p><font size="3"><b>El cerdo colonial</b></font></p>      <p>Cuando los espa&ntilde;oles zarparon en el segundo viaje de Col&oacute;n a las islas del Caribe, en 1493, adem&aacute;s de la espada y la cruz, embarcaron algunos animales dom&eacute;sticos: caballos, vacas, aves de corral y cerdos. Pensaban enriquecer la dieta, como quiera que al llegar por primera vez a Am&eacute;rica, encontraron que la base de la alimentaci&oacute;n ind&iacute;gena eran ma&iacute;z, pl&aacute;tano, papa y yuca, adem&aacute;s de "productos alimenticios que el hombre europeo (...) no considerar&iacute;a comida: insectos, semillas silvestres, ciertos frutos (...), hierbas, hojas, entre otros"<sup>6</sup>.</p>      <p>Seg&uacute;n el investigador Poveda Ramos, "El ganado hab&iacute;a llegado con los espa&ntilde;oles, quienes lo introdujeron al Per&uacute; por la v&iacute;a de Panam&aacute; y posteriormente lo llevaron a Quito"<sup>7</sup> , y complementa Moreno Blanco: "En cita de D. Vicente D. Sierra, el historiador Carlos Pereyra evoca al capit&aacute;n Belalc&aacute;zar penetrando desde Quito a Cundinamarca, no al paso airoso ni avasallador del que anda con afanes de conquista, sino al que permiten las piaras de cerdo que marchan tras los soldados y constituyen la seguridad de no morir de hambre"<sup>8</sup>.</p>      <p>Despu&eacute;s de Cundinamarca fueron llevados a Popay&aacute;n. "De esta &uacute;ltima ciudad, despu&eacute;s de 1530, vinieron a Antioquia vacunos, cerdos y algunas ovejas"<sup>7</sup>, acompa&ntilde;ando al ej&eacute;rcito de de Robledo. Es de suponer que los espa&ntilde;oles trajeron la raza de las Islas Baleares, cerdos de cuerpo alargado, de cuello corto y ancho, de cerdas color negro; y la raza extreme&ntilde;a, de h&aacute;bitos montaraces, de carne magra muy estimada, la raza m&aacute;s extendida en la Pen&iacute;nsula. El sabor porcino fue bien recibido en el continente americano en general y en Antioquia en particular, al punto que "los se&ntilde;ores cerdos (...) fueron preferidos por los ind&iacute;genas m&aacute;s que la carne de res"<sup>8</sup>.</p>      <p>En los primeros tiempos de la Colonia, en el siglo XVI, "En Antioquia se produc&iacute;an solamente ma&iacute;z, yuca, fr&iacute;jol, pl&aacute;tano y ca&ntilde;a de az&uacute;car, que constitu&iacute;an la base de la alimentaci&oacute;n com&uacute;n, pero todo ello era en peque&ntilde;as cantidades. No se daban carne, ni cacao, que se tra&iacute;an dif&iacute;cilmente desde las sabanas de Ayapel, del bajo Magdalena y de la provincia de Popay&aacute;n". En las familias antioque&ntilde;as, aparte de estos cultivos de pancoger, se criaban aves de corral, y eventualmente cerdos y vacas; animales con que reemplazaron los consumos de la carne de monte a que se vieron obligados en los primeros tiempos, sobre todo de micos, guaguas y paujiles.</p>      <p>En el siglo XVII ya se sabe que los cerdos hacen parte del paisaje dom&eacute;stico, y son alimentados con ma&iacute;z y sobras de alimentos, adem&aacute;s, "En cada rancho exist&iacute;an las bellotas como sidrallotas, ahuyama, patilla y victorias, las cuales se usaban en la alimentaci&oacute;n y serv&iacute;an adem&aacute;s para el engorde de los cerdos"<sup>9</sup>.</p>      <p>Ya estaban habitados los valles de Aburr&aacute;, Rionegro, Guarne y Marinilla, en los cuales los hacendados y los peque&ntilde;os y medianos propietarios cultivaban ma&iacute;z, ca&ntilde;a y pl&aacute;tanos, manten&iacute;an ganado, caballo y mulas, y la vida transcurr&iacute;a sin mayores novedades. "Muchos alimentos, ropas y utensilios se tra&iacute;an desde Espa&ntilde;a y de las provincias vecinas (...) Los mercaderes (...) se aprovisionaban de herramientas, vinos, jamones, aceite de oliva (...) para vender en las provincias. De Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, Tunja, Socorro, Honda, Popay&aacute;n, Pasto y Quito tra&iacute;an mulas, cerdos, ganado vacuno, granos (...) La gente adquir&iacute;a los dem&aacute;s v&iacute;veres, bebidas, esteras, sombreros y canastas en las pulper&iacute;asV , o en el mercado semanal en la plaza principal"<sup>10</sup>.</p>      <p>Para esta &eacute;poca el cerdo hace parte de la gastronom&iacute;a cotidiana, pues no s&oacute;lo se consume su carne fresca, sino que hay un cierto consumo de carnes curadas importadas, espec&iacute;ficamente de jamones, aunque es de suponer que por sus costos seguramente eran consumos restringidos a las clases altas, due&ntilde;os de minas y a los funcionarios de la Corona.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La literatura regional, como complemento a los datos de los historiadores e investigadores, por su car&aacute;cter descriptivo de las costumbres y usos sociales, ayuda mucho a entender la importancia que fue adquiriendo el cerdo dentro de la cotidianidad antioque&ntilde;a, sobre todo a partir del siglo XVIII. El escritor Tom&aacute;s Carrasquilla dice de uno de sus personajes situado en ese siglo, una mujer de notables artes culinarias, que "Cuando hay matanza del cerdo, interviene en el aderezo de morcilla, tamales y chorizos"<sup>11</sup>. Esto permite entender que ya hab&iacute;a preparaciones muy elaboradas del cerdo, que iban m&aacute;s all&aacute; de los usos en sopas o como trozos fritos.</p>      <p>Es posible percibir incluso que el cerdo, aparte de ser uno de los protagonistas dentro de la cocina como espacio de la casa, pasa a ser, aunque suene un poco a ligereza, un animal con cierto rol en algunos grandes eventos sociales: "Los matrimonios eran fiestas p&uacute;blicas, con matanzas de terneros y de cerdos, sin contar las carnicer&iacute;as en montes y corrales"<sup>12</sup>.</p>      <p>Desde ese tiempo, las fiestas siempre fueron un escenario para lucir apetitosas preparaciones del cerdo, aprovechando sus carnes jugosas y su general aceptaci&oacute;n. Carrasquilla hace una sugestiva descripci&oacute;n que ratifica lo anterior:</p>      <p><ul>"Esos s&iacute; son olores del para&iacute;so. Por las mesas y tarimas, damajuanas, botellas, cestas de pan, bandejas con ave y caza, pilas de aceitunas, ensaladas (...) Es la lechona (...) Sus entra&ntilde;as ya son hierbas y carnes ajenas (...) Encubre la costura del vientrecillo el colch&oacute;n de lechugas en que reposa; vela la mortal herida un collar regio de huevo hilado, amarillo que ni el oro. Lleva en las mand&iacute;bulas, cual si fuese el olivo de esa paz eterna, un manojillo de perejil y de or&eacute;gano"<sup>13</sup>.    </ul></p>      <p>Se encuentran referencias al tocino en lonjas, a los embutidos de tocino, a los chicharrones de a diez cortes, a veces combinados con patacones. Hacia 1760 "El ma&iacute;z, el pl&aacute;tano, el fr&iacute;jol, la yuca, la arracacha, el chocolate, la panela, la leche y la carne de cerdo eran los elementos de la alimentaci&oacute;n. La carne de buey era solamente para las personas ricas. Las dehesas para la cr&iacute;a y engorde de ganado eran entonces muy escasas; no hab&iacute;a otros cebaderos que los rastrojos de ma&iacute;z en las tierras fr&iacute;as y algunos peque&ntilde;os prados en el Valle de Medell&iacute;n"<sup>14</sup>.</p>      <p>Y aunque este texto no se ocupar&aacute; en extenso del tema, vale la pena precisar que las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII y la primera del siglo XIX pusieron en evidencia el retraso de Antioquia con relaci&oacute;n al resto del Virreinato del Nuevo Reino de Granada.</p>      <p><ul>"...en varios a&ntilde;os de aquellas &eacute;pocas se perdieron las escasas cosechas por obra del verano, y los habitantes se vieron muchas veces en apuros para mitigar el hambre. El de 1766 se recordaba como a&ntilde;o de una gran carest&iacute;a de v&iacute;veres. Los productos agr&iacute;colas relativamente abundantes del valle del Aburr&aacute; se llevaban a los pueblos de occidente y del norte para suplir la escasez. En este tr&aacute;fico surgieron algunos de los que posteriormente ser&iacute;an comerciantes pr&oacute;speros en Medell&iacute;n. Pero estas medidas eran insuficientes y la penuria de alimentos se prolong&oacute; mucho tiempo; en 1807, 1808 y 1809 la escasez fue mucho mayor y hubo hambrunas que trajeron numerosas v&iacute;ctimas"<sup>15</sup>.    </ul></p>      <p>En tiempos de la Reconquista, el gobernador realista Vicente S&aacute;nchez Luna orden&oacute;, en 1816, el que fue el primer censo agropecuario realizado en Antioquia, que calcul&oacute; en 16.785 el n&uacute;mero de cerdos en la regi&oacute;n, en 28.535 las cabezas de ganado y en 645 el total de cabras"<sup>16</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En esa segunda d&eacute;cada del siglo, la ganader&iacute;a era tan escasa como la agricultura en Antioquia, "eran contadas las personas que com&iacute;an carne diariamente; algunos la consum&iacute;an una o dos veces en la semana, y los m&aacute;s pobres no la probaban sino por rareza. Esta &uacute;ltima clase sustitu&iacute;a aquel alimento esencial con el ma&iacute;z y los fr&iacute;joles" (...) la &uacute;nica especie animal que se hab&iacute;a propagado r&aacute;pidamente eran las gallinas. Todav&iacute;a 10 a&ntilde;os despu&eacute;s del censo (...) en 1826, la provincia solamente contaba con 27.700 cabezas de vacunos, o sea una por cada cuatro habitantes"<sup>17</sup>.</p>      <p>Pero llegar&aacute; un cambio notable que permitir&aacute; el aumento del consumo de carne de res por el crecimiento definitivo del hato ganadero: "El pasto de guinea y el de par&aacute; (...) han producido la revoluci&oacute;n m&aacute;s importante y feliz en la agricultura de Antioquia (...) el primero lleg&oacute; a Antioquia en el a&ntilde;o 1825, y el segundo 20 a&ntilde;os despu&eacute;s (...) la semilla que vino a Antioquia fue introducida o remitida por los Sres. Juli&aacute;n V&aacute;squez Calle, Vicente B. Villa y Manuel V&eacute;lez Barrientos"<sup>14</sup>. Ya no habr&aacute; m&aacute;s escasez de carne de res, el aumento de la oferta implicar&aacute; descenso de los costos y su consumo ir&aacute; en aumento hasta lograr a finales de siglo, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, tener mucha mayor demanda, lo cual no quiere decir que el cerdo fuera despreciado ni mucho menos, simplemente aument&oacute; la oferta de carne de res.</p>      <br>      <p><font size="3"><b>El cerdo republicano</b></font></p>      <p>Tras la Independencia, Medell&iacute;n fue declarada capital de Antioquia en 1826 y su din&aacute;mica aument&oacute; en todos los &aacute;mbitos por el consecuente crecimiento de la poblaci&oacute;n. Los cerdos consumidos por la poblaci&oacute;n son levantados en los espacios dom&eacute;sticos, a diferencia del ganado vacuno cuyo engorde y manutenci&oacute;n se lleva a cabo en fincas o en casa fincas: "los matarifes se prove&iacute;an de reses en las fincas vecinas, especialmente en Envigado, y los cerdos engordados en los solares de las casas bastaban para el consumo de los vecinos (...) para vender esos ganados, se formaron n&uacute;cleos de ferias en las Avenidas del arroyo Santa Elena, as&iacute;: el de ganado gordo, en la Avenida derecha, abajo del Puente de Mej&iacute;a; el de cerdos, en una vieja casa"<sup>18</sup>.</p>      <p>Esa cr&iacute;a en los solares ser&aacute; una pr&aacute;ctica vigente hasta muy avanzado el siglo XX y, es posible afirmar, que a&uacute;n subsisten en este siglo esas pr&aacute;cticas, sobre todo en los pueblos. Las casas de los sectores populares de Medell&iacute;n ser&aacute;n espacios de convivencia entre el hombre y diversos animales, como una recreaci&oacute;n urbana del ambiente del campo. "De ah&iacute; hasta La Toma segu&iacute;a un arrabal de casas pajizas con arboledas y zarzales por delante, en donde viv&iacute;a la gente con sus perros, marranos y gallinas"<sup>19</sup>.</p>      <p>    <center><a name="img1"><img src="img/revistas/rlsi/v4n1/v4n1a09img1.jpg"></center></p>      <p>En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo, ya hacen parte de las preparaciones populares de la culinaria paisa el almuerzo de espinazo, los huesos ali&ntilde;ados de cerdo –fueron famosas las Peruchas, que los vend&iacute;an en los alrededores del barrio Guanteros-, las comidas de fr&iacute;joles con tropez&oacute;n (trozos) de marrano y el pernil de cerdo, el cual se presenta "entre espesores de tomate y frondas de perejil"<sup>20</sup>. Esto ayuda a comprender la manera como esta carne fue ocupando cada vez lugares m&aacute;s destacados en la carta culinaria regional.</p>      <p>Un an&aacute;lisis realizado por el ingeniero Francisco Cisneros -citado por Poveda Ramos-, dentro de los estudios para la construcci&oacute;n del Ferrocarril de Antioquia arroj&oacute; que la raci&oacute;n de un pe&oacute;n antioque&ntilde;o en 1879 estaba compuesta por una pucha (libra y media) de ma&iacute;z, un cuarto de libra de frisol, tres cuartos de libra de panela, un dieciseisavo de libra de chocolate, un cuarto de libra de arroz, media libra de carne, un quinto de onza de manteca, y 1/100 de libra de sal<sup>21</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque con ese dato de Cisneros no es posible saber de esa libra qu&eacute; porcentaje corresponder&iacute;a a carne de cerdo, s&iacute; se puede afirmar que el consumo de res es m&aacute;s alto. Seg&uacute;n datos aportados por Poveda Ramos, en 1888, la venta de carne de res en los mercados de Antioquia fue de 575.704 arrobas, mientras que la venta de carne de cerdo fue de 206.270 arrobas<sup>22</sup>. Eso arroja que del total de carne consumida en Antioquia en ese a&ntilde;o, el 73,6 % fue de res, mientras el 26,3 % fue de cerdo. En ese mismo a&ntilde;o, se calcul&oacute; en 411.967 el n&uacute;mero de cabezas de ganado, mientras el de cerdos fue de 112.864 en total<sup>23</sup>.</p>      <p>Para finales de siglo, los cerdos segu&iacute;an engordando en las casas, tal como lo describi&oacute; Carlos Escobar al referirse a una zona del centro de Medell&iacute;n: "...terreno todo aquel convertido hoy en modernos edificios, entre ellos el "Palacio de Bellas Artes" (...) se encontraba la habitaci&oacute;n donde viv&iacute;a la familia de las Bustamantes (...) De aquella casa para abajo, hab&iacute;a seis antihigi&eacute;nicos chiqueros donde se acorralaban los cerdos tra&iacute;dos de varios lugares para el consumo de sus carnes por los habitantes de la Villa"<sup>24</sup>.</p>      <br>      <p><font size="3"><b>El cerdo del siglo XX</b></font></p>      <p>Iniciando el siglo XX, el distrito de Andes, en el suroeste antioque&ntilde;o tiene como unos de sus "principales art&iacute;culos de (...) exportaci&oacute;n: (...) ganado vacuno, caballar y de cerda"<sup>25</sup>, lo que da cuenta de la importancia adquirida por el gru&ntilde;ete como actividad econ&oacute;mica.</p>      <p>En esos a&ntilde;os, en Medell&iacute;n se comienza a legislar para generar mejores condiciones de higiene en la cr&iacute;a del cerdo, porque no era raro ver a &eacute;stos revolcarse en el fango formado en las calles por las lluvias. "S&oacute;lo en 1908 se reglamenta que los cerdos sean ubicados a cien metros de distancia de toda casa de habitaci&oacute;n, "y eso con piso firme, con techo y ventilaci&oacute;n amplia, de pavimento impermeable y con los debidos desagües, provistas las porquerizas con agua suficiente tanto para la bebida de los animales como para el aseo del local". Resoluci&oacute;n de mayo 6, 1908, Junta Central de Higiene"<sup>26</sup>.</p>      <p>Por ese tiempo ya hacen parte de la carta culinaria la fritanga del tocino y del solomo del marrano, como cena del domingo, y el frisol verde con tocino. Los campesinos salen a comprar la carne cada semana y all&iacute; llegan, entreverados con la de res, los infaltables trozos de cerdo:"All&aacute; viene pap&aacute;" gritan en coro los ni&ntilde;os (...) la reina del hogar, se da a la tarea de cerciorarse del contenido de la bendita j&iacute;quera (...) Tropieza con dos envoltorios de hojas de BIAO; en el uno est&aacute; la carne para la semana, de marrano y de vaca; en el otro el tocino y la empella para sacar los chicharrones y la manteca"<sup>27</sup>.</p>      <p>Vale precisar ac&aacute; que la manteca de cerdo era un componente importante para dar sabor a ciertos alimentos. Seg&uacute;n Delio Arango V&aacute;squez<sup>+</sup> "en los a&ntilde;os 30, cuando yo era ni&ntilde;o, el marrano mientras m&aacute;s gordo era m&aacute;s apreciado porque daba m&aacute;s manteca y era m&aacute;s apetitoso el chicharr&oacute;n. Hab&iacute;a cerdos que engordaban tanto que ten&iacute;an que matarlos en el chiquero porque no los pod&iacute;an sacar. En mi casa al momento de servir se le echaban cucharadas de manteca a los fr&iacute;joles, que ya de todas maneras ten&iacute;an pezu&ntilde;a". Seg&uacute;n el testimonio, la manteca de cerdo era vendida en las tiendas, tal como hoy se vende la mantequilla. Con los a&ntilde;os, el consumo de la manteca de cerdo se desestimul&oacute; por los avances m&eacute;dicos que permitieron detectar los efectos del colesterol en la salud humana.</p>      <p>De otro lado, es en este siglo donde aparece con fuerza una costumbre que distinguir&aacute; al antioque&ntilde;o de otros consumidores de carne en Colombia: la <i>marranada</i>, entendida como ese evento en el cual se sacrifica un cerdo como parte de las actividades decembrinas, tal como lo cuentan dos escritos de la d&eacute;cada del treinta. Uno de ellos, Jaime San&iacute;n, en un libro que marc&oacute; una &eacute;poca en la literatura regional, <i>Una mujer de cuatro en conducta</i>: "Se trata de sacrificar el cerdo navide&ntilde;o. En lugar del voluminoso y solemne de a&ntilde;os anteriores, Roque Alfaro trajo en 1930 un lech&oacute;n. El helecho abunda en las cercan&iacute;as y la pira est&aacute; lista para chamuscarlo. Yo he dictado la sentencia con un largo discurso, muchos trozos de &eacute;l en rima, y Roque le ha dado la pu&ntilde;alada feliz con el garbo de un torero"<sup>28</sup>.</p>      <p>"La matada del marrano en todas las casas es un n&uacute;mero extraordinario de tan alegres festivales (...) beneficiaron el animal por la ma&ntilde;ana; fuimos invitados todos a tamales; fuera de exquisitos vinos, whisky y otros licores, nos obsequiaron con espl&eacute;ndida comida, hecha del marrano en todas sus formas; los tamales de cola de cerdo, los chicharrones, las morcillas, los chorizos y otras cosas deleitosas llegaron a nuestro paladar, en compa&ntilde;&iacute;a de espumoso chocolate"<sup>29</sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El antrop&oacute;logo e investigador Juli&aacute;n Estrada Ochoa considera la <i>marranada decembrina</i> antioque&ntilde;a como un acontecimiento <i>sui generis</i>, de origen no muy definido y el m&aacute;s representativo de la culinaria navide&ntilde;a paisa. Y se pregunta: "&iquest;de d&oacute;nde ac&aacute;, la costumbre paisa de sacrificar marrano el d&iacute;a que nace el Ni&ntilde;o Dios?, y a&uacute;n m&aacute;s, &iquest;c&oacute;mo es eso que el marrano, animal s&iacute;mbolo de la impureza y suciedad y con el desprestigio de contaminar a quien lo prueba o toca, lo convertimos de buenas a primeras en ofrenda divina?"<sup>30</sup>.</p>      <p>De otro lado, despu&eacute;s de mediados de siglo era com&uacute;n que las vendedoras callejeras de alimentos cocidos ofrecieran el cerdo como uno de los atractivos para sus clientes:</p>      <p>"Y surcando la barriada se alzaba una voz morena con su oferta enmantecada:    <br> -"&iexcl;Morcilla pa' la rellena!    <br> &iexcl;Llevo chunchurria y mondongo!    <br> Aproveche mi se&ntilde;ora, que en la puerta se lo pongo.    <br> (...)    <br>     <p>&iexcl;A los bu&ntilde;uelos calientes! &iexcl;Con este caldo s&iacute; suda!    <br> &iexcl;Chicharr&oacute;n con aguardiente! &iexcl;Oreja'e Rosa Peluda!    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &iexcl;Compre el tamal con pezu&ntilde;a! &iexcl;A los pl&aacute;tanos maduros!    <br> &iexcl;Hay empanada sin u&ntilde;a! &iexcl;Ya sirvo los huevos duros!    <br> (...)    <br>      <p>Pa largarnos bien comidos peguemos otros griticos    <br> -Lechuga fresca, encurtidos! &iexcl;Aj&iacute; Pique "Pajaritos"!    <br> Sin olvidar, no qu&eacute; tal! La acuerpada pregonera    <br> que sal&iacute;a de Guayabal a gritar a su manera:    <br> "-Mis aguacates sin pepa!    <br> &iexcl;Hay gelatina de marrano!    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &iexcl;Vendo pl&aacute;tanos en mano!    <br> &iexcl;Delgada llevo la arepa"<sup>31</sup>.</p>      <p>Con el avance del siglo se comenzaron a presentar cambios en la dieta regional, con la llegada de los electrodom&eacute;sticos en los a&ntilde;os 40, que ampliaron las posibilidades de conservaci&oacute;n y procesamiento de alimentos, y con la consolidaci&oacute;n de las industrias de alimentos en el pa&iacute;s. Pero el cerdo continu&oacute; como un componente principal, al punto que la denominada <i>bandeja paisa</i> no se concibe sin un chicharr&oacute;n de varios cortes. A pesar de los cambios en los h&aacute;bitos, el cerdo no perdi&oacute; vigencia, aunque los productores debieron adelantar procesos m&aacute;s t&eacute;cnicos para lograr unas carnes menos grasas que pudieran permanecer en el gusto de las personas sin afectar su salud. "La carne de cerdo procedente de granjas tecnificadas tiene menos porcentaje de grasa que el que ten&iacute;a hace muchos a&ntilde;os que de todas maneras las grasas saturadas son menores y son comparables con las carnes blancas, siempre y cuando sea carne magra"<sup>32</sup>.</p>       <br>      <p><font size="3"><b>&Uacute;ltimos hervores</b></font></p>      <p>Al cerrar el milenio e iniciarse el siglo XXI, el campo antioque&ntilde;o produce "ma&iacute;z, fr&iacute;jol, ca&ntilde;a de az&uacute;car, frutales y hortalizas para el consumo local; cacao y ca&ntilde;a de az&uacute;car para la industria, y caf&eacute;, banano y flores para exportar. Las t&eacute;cnicas para la explotaci&oacute;n de las ganader&iacute;as vacuna, porcina y equina han mejorado durante los &uacute;ltimos decenios, como se percibe al recorrer las zonas de Santa Rosa de Osos y La Uni&oacute;n"<sup>33</sup>.</p>      <p>Los tiempos actuales exigen producciones m&aacute;s tecnificadas, y el cerdo no escapa a ello. Son esos procesos los que generan confianza en el consumidor. Hoy en d&iacute;a, "China produce el 49 por ciento del cerdo que se consume en el mundo"<sup>34</sup>, aunque valga precisar que Antioquia no importa carne de cerdo, pues se autoabastece.</p>      <p>Un dato que muestra la presencia tan importante del cerdo en la gastronom&iacute;a regional es el siguiente. El cl&aacute;sico libro <i>La buena mesa</i><sup>35</sup>, de do&ntilde;a Sof&iacute;a Ospina, que puede considerarse el referente obligado de esta gastronom&iacute;a regional, y que ya va tiene 30 ediciones, incluye 863 recetas, de las cuales 132 involucran el cerdo como protagonista principal o como comparsa, lo que nos arroja un 15,3 % de presencia de este animal en la gastronom&iacute;a m&aacute;s reconocida.</p>      <p>Pero si en el total de recetas no incluimos las secciones de Cocteles, Tortas, dulces y compotas, Frutas, helados y sorbetes, Bizcocher&iacute;a y Postres, dulces y pasteles, quedan 545 recetas.</p>      <p>En este universo, las 132 recetas en las que participa el cerdo representan el 24,2% de total de recetas, casi la cuarta parte del recetario, lo cual habla muy bien del apetito que despierta el gru&ntilde;ete entre los antioque&ntilde;os. El cerdo es el actor principal en 37 recetas de do&ntilde;a Sof&iacute;a, y adem&aacute;s participa con alguna de sus partes en 22 recetas de Tortas, souffl&eacute;s y pasteles de sal; en 14 de Sopas, 13 de Aves, 13 de Legumbres, 12 de V&iacute;sceras, 9 de Carnes de res, 6 de Pastas, 3 de Postres, pasteles y dulces; y 3 de Ensaladas. Incluso hay un queso de cabeza de cerdo<sup>36</sup> que prueba hasta d&oacute;nde se han aprovechado las partes de este animal.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, esta regi&oacute;n es la principal consumidora de cerdo, y una serie de cifras de los &uacute;ltimos a&ntilde;os lo ratifican: Antioquia consumi&oacute; en promedio 8,3 kilos por habitante en 1997, 7,0 kilos en 2000 y 8,6 kilos en 2004; mientras en esos mismos a&ntilde;os el promedio nacional era de 2,4 kilos en 1997 y 2000, y de 2,9 kilos en 2004<sup>37</sup>. En otras palabras, Antioquia es la zona de Colombia donde m&aacute;s se consume la carne de cerdo. As&iacute; ha sido desde el principio de esta historia, y as&iacute; parece que seguir&aacute; siendo.</p>  <hr>      <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>1. MORENO BLANCO, L&aacute;cides. <i>Su majestad el cerdo</i>. Lecturas Dominicales. Peri&oacute;dico El Tiempo, 30 de diciembre: 2001: Bogot&aacute;. Pg. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1794-4449200700010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. PORCICULTURA COLOMBIANA. Vol. 5, No. 30. Bogot&aacute;. 1993. Pg. 13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1794-4449200700010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Ibid. Pg.14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1794-4449200700010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. WIKIPEDIA. Pintura de aceite.&#91;ONLINE&#93;. s.l.: Wikipedia, 2006. &#91;Citado 14 de diciembre de 2006&#93; URL disponible en  <a href="http://enes.explicatus.org/wiki/Oil_painting" target="_blank">http://enes.explicatus.org/wiki/Oil_painting</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1794-4449200700010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. LOMBANA, &Aacute;ngela. <i>Al rescate de la carne magra</i>. En. Porcil&iacute;neas. Vol. 3, No. 31 (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1794-4449200700010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. JARAMILLO URIBE, Jaime. <i>Ensayos de historia social</i>. Tomo II. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores y Ediciones Uniandes, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1794-4449200700010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. POVEDA RAMOS, Gabriel. <i>Dos siglos de historia econ&oacute;mica de Antioquia</i>. Medell&iacute;n: Biblioteca Pro Antioquia; Ed. Colina, 1976. P. 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1794-4449200700010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. TAMAYO JARAMILLO, Humberto. <i>Tras las huellas del abuelo. Historia de Antioquia</i>. Medell&iacute;n: Biblioteca Jur&iacute;dica Dik&eacute;, 1999. p. 29-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1794-4449200700010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. FUNDACI&Oacute;N RAT&Oacute;N DE BIBLIOTECA. <i>Breve historia de Antioquia</i>. Medell&iacute;n: Fundaci&oacute;n Rat&oacute;n de Biblioteca, 2002. p. 25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1794-4449200700010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. CARRASQUILLA, Tom&aacute;s. <i>La marquesa de Yolomb&oacute;</i>. Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de Lectores, 1984. p. 29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1794-4449200700010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Ib&iacute;d., p. 84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1794-4449200700010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Ib&iacute;d., p. 102-103.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1794-4449200700010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. BRAVO BETANCUR, Jos&eacute; Mar&iacute;a. <i>So&ntilde;emos con el Medell&iacute;n de anta&ntilde;o</i>. Medell&iacute;n: Concejo de Medell&iacute;n, 1994. p.19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1794-4449200700010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. POVEDA RAMOS, Gabriel. <i>Dos siglos de historia econ&oacute;mica de Antioquia</i>. Medell&iacute;n, Biblioteca Pro Antioquia; Ed. Colina, 1976. p. 27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1794-4449200700010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. POVEDA RAMOS, Gabriel. <i>Agricultura y ganader&iacute;a antioque&ntilde;as en el siglo XIX</i>. En: Revista ANDI. No. 44 (1979); p. 103.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1794-4449200700010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Ib&iacute;d., p.104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1794-4449200700010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. BETANCUR, Agapito. <i>La ciudad</i>. 1675-1925. Edici&oacute;n facsimilar. Medell&iacute;n: ITM, 2003. (Biblioteca B&aacute;sica de Medell&iacute;n no. 8). p. 96-97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1794-4449200700010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. LATORRE MENDOZA, Luis. <i>Historia e historias de Medell&iacute;n. Siglos XVII, XVIII y XIX</i>. Medell&iacute;n: Biblioteca de Autores Antioque&ntilde;os, 1972. (Ediciones "Tom&aacute;s Carrasquilla", segunda &eacute;poca, volumen 1). P. 401.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1794-4449200700010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. CARRASQUILLA, Tom&aacute;s. <i>Obras completas</i>. Editor: Benigno A. Guti&eacute;rrez. Edici&oacute;n Primer Centenario, tomo I. Medell&iacute;n: Ed. Bedout; 1958. 812 p&aacute;ginas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1794-4449200700010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. POVEDA RAMOS, <i>Dos siglos de historia econ&oacute;mica de Antioquia</i>, Op. Cit. p. 98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1794-4449200700010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. POVEDA RAMOS, <i>Dos siglos de historia econ&oacute;mica de Antioquia</i>. Op. Cit., p. 102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1794-4449200700010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Ib&iacute;d., p. 102-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1794-4449200700010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. ESCOBAR G., Carlos. <i>Medell&iacute;n hace 60 a&ntilde;os</i>. (1946). Edici&oacute;n facsimilar reducida. Medell&iacute;n: ITM, 2003. (Biblioteca B&aacute;sica de Medell&iacute;n no. 4). p. 33-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1794-4449200700010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. SILVA, Isidoro. <i>Primer Directorio general de la ciudad de Medell&iacute;n para el a&ntilde;o de 1906</i>. Edici&oacute;n facsimilar reducida. Medell&iacute;n: ITM, 2003. (Biblioteca B&aacute;sica de Medell&iacute;n no. 9). p. 181-183.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1794-4449200700010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. REYES C&Aacute;RDENAS, Catalina. <i>La vida cotidiana en Medell&iacute;n</i>. 1890-1930. Premio Nacional de Colcultura 1995. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, 1996. Pie de p&aacute;gina en p&aacute;gina 119.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1794-4449200700010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. FRANCO, Lumaro. <i>La j&iacute;quera</i>. En: CORREA PALACIO, Rodrigo. Arrieros somos. Medell&iacute;n: Editorial Llano y C&iacute;a Ltda., 1973. p. 71-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1794-4449200700010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. SAN&Iacute;N ECHEVERRI, Jaime. <i>Una mujer de cuatro en conducta</i>. 6 ed. Medell&iacute;n: Ed. Bedout, 1981. p. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1794-4449200700010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. ECHAVARR&Iacute;A ECHAVARR&Iacute;A, Enrique. <i>Cr&oacute;nicas e historia bancaria de Antioquia</i>. (1946). Edici&oacute;n facsimilar. Medell&iacute;n: ITM, 2003. (Biblioteca B&aacute;sica de Medell&iacute;n no. 3). p. 99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1794-4449200700010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. ESTRADA OCHOA, Juli&aacute;n. <i>La f&ecirc;te inolvidable</i>. En: Revista La Hoja, No. 16 (dic. 1993); p. 19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1794-4449200700010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. CORREA PALACIO., Op. cit., p. 99-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1794-4449200700010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. LOMBANA, &Aacute;ngela. <i>Al rescate de la carne magra</i>. En: Porcil&iacute;neas. Vol. 3, No. 31 (2003).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1794-4449200700010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. FUNDACI&Oacute;N RAT&Oacute;N DE BIBLIOTECA., Op. Cit., p. 72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1794-4449200700010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. EN AGRO, <i>sus flores (de China) ya no asustan</i>. Peri&oacute;dico El Tiempo, 3 de diciembre de 2006. Bogot&aacute;. Pg.1-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1794-4449200700010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. OSPINA DE NAVARRO, Sof&iacute;a. <i>La buena mesa</i>. 13 edici&oacute;n. Medell&iacute;n: Gustavo Navarro J. y C&iacute;a, 2005. 221 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1794-4449200700010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Ib&iacute;d., p. 77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1794-4449200700010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. ASOCIACI&Oacute;N COLOMBIANA DE PORCICULTORES. <i>Consumo per c&aacute;pita departamental de carne de cerdo en Colombia (kg/hab). &#91;online&#93;. s.l.</i>: La Asociaci&oacute;n, 2006. &#91;Citado 14 de diciembre de 2006&#93; URL disponible en  <a href="http://www.porcinoscolombia.org.co/area_economica/contenido_3erNivel.php?Id_Categoria=88&Id_Supercategoria=83&Contenido=100" target="_blank">http://www.porcinoscolombia.org.co/area_economica/contenido_3erNivel.php?Id_Categoria=88&Id_Supercategoria=83&Contenido=100</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1794-4449200700010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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