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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p >    <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b> RECONFIGURAR LA CULTURA</b></font></p>      <p >    <br> <b>Paul Stoller</b></p>     <p >  <i>West Chester University, <a href="mailto:pstoller@wcupa.edu">pstoller@wcupa.edu</a></i>, Traducci&oacute;n de Juan Manuel  Espinosa. </p>  <hr size="1">      <p >  Hay una hermosa historia suf&iacute; contada por primera vez en el siglo IX acerca del  enfrentamiento del agua con la arena. Las aguas del R&iacute;o, que flu&iacute;an alegremente  hacia su destino final, de pronto se vieron enfrentadas con las arenas del  Desierto. Al ver que el mar de arena absorb&iacute;a sus aguas, el R&iacute;o se pregunt&oacute;  desesperado:</p>  <ul>    <p > –&iquest;C&oacute;mo he de cruzar estas arenas? &iquest;Qu&eacute; me ocurrir&aacute;? &iquest;Me convertir&eacute; acaso en un  pantano de agua muerta?</p>    </ul>  <ul>    <p > Fue entonces cuando el R&iacute;o escuch&oacute; un susurro, la voz del Desierto:</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>  <ul>    <p > –Amigo m&iacute;o, &iquest;a qu&eacute; viene este desespero?</p>    </ul>  <ul>    <p > –Pues tengo toda esta agua y debo llegar a tu otro costado –respondi&oacute; el R&iacute;o–, y  si no lo hago, desaparecer&eacute;.</p>    </ul>  <ul>    <p > –Te preocupas demasiado. &iquest;Cu&aacute;l crees que es la esencia del agua?</p>    </ul>  <ul>    <p > –Pues fluir hasta su destino. &iquest;C&oacute;mo lograr&eacute; llevar mis aguas a trav&eacute;s del  desierto?</p>    </ul>  <ul>    <p > –Pero no hay raz&oacute;n alguna por la que no puedas llegar hasta tu destino, amigo  m&iacute;o –dijo el Desierto.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>  <ul>    <p > –No es verdad –protest&oacute; el R&iacute;o–. Tan pronto como mis aguas fluyan sobre tus  arenas, desaparecer&aacute;n.</p>    </ul>  <ul>    <p > –S&iacute; –arguy&oacute; el Desierto–, eso es verdad. &iquest;Pero acaso no es tambi&eacute;n verdad que  hay mucho m&aacute;s que el fluir del agua? Ella se puede evaporar sobre mis arenas y  ser llevada al cielo. All&iacute; el agua puede formar nubes, y las nubes podr&aacute;n ser  empujadas por el viento hacia el otro costado de mis arenas. La lluvia puede  caer en aquel lugar y el agua fluir&aacute; de nuevo.</p>    </ul>  <ul>    <p > –Pero yo no soy as&iacute; –se quej&oacute; el R&iacute;o–. Yo s&oacute;lo s&eacute; fluir. No s&eacute; nada de nubes,  vientos o lluvia. Las nubes, el viento y la lluvia no son de mi naturaleza  esencial.</p>    </ul>  <ul>    <p > –Pues entonces, amigo m&iacute;o –concluy&oacute; el Desierto–, si contin&uacute;as siendo tal como  eres, en efecto, has de desaparecer. O puedes aceptar una manera m&aacute;s amplia de  ver las cosas, y dejar que las aguas encuentren su camino hacia las tierras m&aacute;s  all&aacute; de mi arena, donde han de caer y fluir una vez m&aacute;s. &#40;Shah, 1993&#41;</p>    </ul>      <p > Al igual que muchas otras historias suf&iacute;es, la aplicabilidad de esta es muy  amplia. Nos habla tanto de los graves peligros de la rigidez existencial como de  los grandes poderes restaurativos de la adaptabilidad de la imaginaci&oacute;n. Es  obvio que esta historia tiene gran relevancia para la antropolog&iacute;a  contempor&aacute;nea. &iquest;Hay acaso una sola manera de hacer antropolog&iacute;a? O bien, como  acostumbraba decir mi profesor Adamu Jenitongo, un respetado sanador de los  Songhay en N&iacute;ger, &iquest;hay acaso m&aacute;s de una ruta para llegar a nuestro destino? Al  igual que el R&iacute;o, &iquest;no estamos enfrentados a un desierto disciplinario que  amenaza con absorber nuestras palabras y nuestros actos, torn&aacute;ndolos  irrelevantes –o peor a&uacute;n–, invisibles para las generaciones futuras de  acad&eacute;micos? Adamu Jenitongo tom&oacute; la ruta m&aacute;s flexible para vivir en el mundo.  Lo que importa en la vida, me dec&iacute;a a menudo, no es tanto el registro de  nuestros actos sino ser capaces de transmitir lo que sabemos a quienes deciden  seguirnos. Han de ser ellos, dec&iacute;a, quienes refinen lo que les hemos ense&ntilde;ado y  hagan del mundo un lugar mejor.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Me gustar&iacute;a discutir en este ensayo la tensi&oacute;n entre restricci&oacute;n institucional y  creatividad representacional. Al igual que el enfrentamiento entre el &quot;agua&quot; y  la &quot;arena&quot;, son ellas y la tensi&oacute;n que crean entre ambas las que definen la  historia de muchas disciplinas acad&eacute;micas, incluida, por supuesto, la de la  antropolog&iacute;a. En general, las instituciones definen lo que es importante; esto  quiere decir que quienes las controlan deciden qu&eacute; tipo de proyectos obtienen  financiaci&oacute;n, qu&eacute; tipo de libros y art&iacute;culos llegan a ser publicados, y qui&eacute;nes  son recompensados por sus esfuerzos. si uno se halla afuera del paradigma, el  cual delimita una cierta manera de hacer las cosas, uno entonces se encuentra en  un camino atestado de retenes. Y, no obstante –como espero hacer ver en este  ensayo–, la tensi&oacute;n entre la restricci&oacute;n institucional &#40;el agua&#41; y la  creatividad individual &#40;la arena&#41;, de vez en cuando puede llegar a ser  productiva.</p>      <p > Es usual que las instituciones acad&eacute;micas se aproximen a la producci&oacute;n de  conocimiento desde una perspectiva de corto plazo. Puesto que sigo las ideas de  mi mentor Adamu Jenitongo, prefiero tener una perspectiva de largo plazo para  aproximarme a la producci&oacute;n de conocimiento. &iquest;Qu&eacute; se dir&aacute; acerca de los libros  publicados este a&ntilde;o –o, en efecto, de este ensayo– dentro de cincuenta o setenta  y cinco a&ntilde;os? A trav&eacute;s del recuento de mis propias luchas con la tensi&oacute;n  productiva que proviene de la confrontaci&oacute;n entre restricci&oacute;n institucional y  creatividad individual, deseo demostrar que lo que le importa a la antropolog&iacute;a  –o a cualquier otra disciplina acad&eacute;mica– no son tanto las teor&iacute;as a las que uno  se adhiere sino las historias que uno cuenta. si estas historias crean una  conexi&oacute;n entre escritores y lectores, ser&aacute;n entonces recordadas, saboreadas y  usadas para precisar nuestra comprensi&oacute;n de unos mundos sociales cada vez m&aacute;s  complejos: una reescritura de la cultura.</p>      <p ><b> &Eacute;nfasis Estructuralistas</b></p>      <p > Alguna vez fui estructuralista. s&iacute;, lo admito. Es cierto. Ver&aacute;n: a principios de  los a&ntilde;os setenta comenc&eacute; mis estudios de postgrado en ling&uuml;&iacute;stica. En aquel  entonces los acad&eacute;micos cre&iacute;an que si utilizaban poderosas teor&iacute;as de las  ciencias sociales podr&iacute;an descubrir las constantes universales que habr&iacute;an de  explicar los grandes misterios del desarrollo cognitivo &#40;la noci&oacute;n de Chomsky de  la gram&aacute;tica transformacional, por ejemplo, que aparece en <i>Aspects of the  Teory of Grammar</i>&#41;; tambi&eacute;n podr&iacute;an comprender las din&aacute;micas del cambio  social &#40;las teor&iacute;as de Marx del materialismo hist&oacute;rico y dial&eacute;ctico aplicadas a  la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a&#41;, y llegar a entender los misterios de la mente  humana &#40;como en <i>La Pens&eacute;e sauvage </i>de L&eacute;viStrauss&#41;. Debajo de estas  variadas teor&iacute;as yac&iacute;a incrustado un racionalismo forjado desde los tiempos de  la Ilustraci&oacute;n. Con &eacute;l, los cient&iacute;ficos &#40;sociales&#41; utilizaban herramientas muy  precisas de cada uno de sus campos &#40;matem&aacute;ticas, estad&iacute;stica, l&oacute;gica,  observaci&oacute;n experimental&#41; para transformar el caos de una realidad observada en  una especie de orden casi formulista &#40;<i>cf</i>. Tambiah, 1994; Stoller, 1997a,  1998, 2008&#41;. Debido a ello, cuando comenc&eacute; a estudiar antropolog&iacute;a cultural con  una maestr&iacute;a de ling&uuml;&iacute;stica bajo el brazo, los apuntalamientos ling&uuml;&iacute;sticos de  la &quot;antropolog&iacute;a estructural&quot; de L&eacute;vi-Strauss resonaban con mi sensibilidad  hacia el lenguaje. En resumen, pensaba, la aproximaci&oacute;n de L&eacute;vi-Strauss podr&iacute;a  refinar nuestra comprensi&oacute;n de la cognici&oacute;n del ser humano, la cual, a su vez,  nos acercar&iacute;a un paso m&aacute;s a la explicaci&oacute;n de los porqu&eacute;s de su naturaleza.</p>      <p > No fui el &uacute;nico en experimentar aquella sensaci&oacute;n de entusiasmo intelectual.  Durante los setenta el estructuralismo franc&eacute;s despert&oacute; una gran exaltaci&oacute;n  entre cient&iacute;ficos sociales y cr&iacute;ticos literarios. Dado el ambiente, no fue  demasiado dif&iacute;cil que yo, un estudiante de postgrado inspirado por L&eacute;vi-Strauss,  ingenuo y –no hay que olvidarlo– extremadamente pobre, recibiera generosa  financiaci&oacute;n tanto para mi investigaci&oacute;n doctoral como postdoctoral. Ambas se  llevaron a cabo en las &aacute;reas songhay de la Rep&uacute;blica de N&iacute;ger. Acumul&eacute; datos  sobre el uso del lenguaje en la pol&iacute;tica local y comenc&eacute; un largo estudio de la  religi&oacute;n songhay, que inclu&iacute;a la investigaci&oacute;n sobre los mitos, la hechicer&iacute;a y  la posesi&oacute;n espiritual, temas que se prestaban para un an&aacute;lisis estructural.</p>      <p > Puesto que hab&iacute;a jugado bajo las reglas institucionales, mi propuesta &quot;de gran  sofisticaci&oacute;n te&oacute;rica&quot; recibi&oacute; financiaci&oacute;n y mi disertaci&oacute;n gan&oacute; una muy re&ntilde;ida  aprobaci&oacute;n por parte de mi comit&eacute; doctoral. Al haber recibido un doctorado, y  deseando continuar con mi investigaci&oacute;n, solicit&eacute; entonces una beca de  postdoctorado para estudiar los mitos y las pr&aacute;cticas de sanaci&oacute;n de los  songhay, obviamente, desde una perspectiva estructuralista. Imaginen mi  entusiasmo cuando descubr&iacute; que hab&iacute;a ganado una beca para trabajar en Par&iacute;s en  el Laboratoire d&#39;Anthropologie sociale &#40;LAs&#41; de Claude L&eacute;vi-Strauss. Por fin, me  dije, ser&eacute; capaz de absorber el estructuralismo en su lugar de origen. Tal  ambiente intelectual me ayudar&iacute;a a comprender los dif&iacute;ciles problemas  ontol&oacute;gicos con los que me enfrentaba al estudiar la hechicer&iacute;a songhay.</p>      <p > Luego de varios meses de vertiginosos seminarios, incluidos los de Claude  L&eacute;vi-Strauss, el estructuralismo comenz&oacute; a desilusionarme. sin lugar a dudas, el  armaz&oacute;n anal&iacute;tico que empezaba a entender con gran sutileza era  intelectual-mente elegante. Pero la gimnasia l&oacute;gica del an&aacute;lisis estructuralista  parec&iacute;a bastante alejada de la confusa realidad con la que me confrontaban los  hechiceros songhay. &iquest;se puede acaso detectar a una bruja con el olfato? &iquest;C&oacute;mo es  posible que los grandes hechiceros lleven en su est&oacute;mago una peque&ntilde;a cadena  met&aacute;lica? &iquest;C&oacute;mo pueden las conchas de molusco &quot;hablar&quot; con los adivinos? &iquest;Pueden  acaso las palabras cambiar el comportamiento? Un hechicero alguna vez me dijo:  &quot;T&uacute; miras, pero no ves. Oyes, pero no escuchas. Tocas, pero no sientes&quot;. Aquel  hombre sosten&iacute;a que para yo poder comprender la hechicer&iacute;a songhay deber&iacute;a  aprender a &quot;ver&quot;, a &quot;escuchar&quot; y a &quot;sentir&quot;, un aprendizaje que me tomar&iacute;a  veinte a&ntilde;os &#40;<i>cf</i>. Stoller, 2004, 2008; Stoller y Olkes, 1987&#41;. Los arcanos  debates estructuralistas no prove&iacute;an respuestas a estos asuntos  fundamentalmente existenciales.</p>      <p ><b> La fenomenal fenomenolog&iacute;a</b></p>      <p > Mi desilusi&oacute;n con el estructuralismo franc&eacute;s no se debi&oacute; a sus contornos  intelectuales; m&aacute;s bien, se deb&iacute;a a la distancia que hab&iacute;a entre este y los  imponderables de la experiencia vivida. Un poder en apariencia inexplicable que  proven&iacute;a de mis experiencias con la hechicer&iacute;a songhay me empuj&oacute; hacia la  fenomenolog&iacute;a, la cual era vista por L&eacute;vi-Strauss como un ejercicio problem&aacute;tico  que intentaba fusionar la realidad con la experiencia. seg&uacute;n &eacute;l, esos dos campos  deb&iacute;an permanecer separados el uno del otro. A principios de los ochenta s&oacute;lo un  pu&ntilde;ado de antrop&oacute;logos se adher&iacute;a a una orientaci&oacute;n fenomenol&oacute;gica del campo.  Con cr&iacute;ticos como L&eacute;vi-Strauss y Pierre Bourdieu &#40;1990&#41;, resultaba dif&iacute;cil  justificar, dadas las ya mencionadas constricciones institucionales, un proyecto  de investigaci&oacute;n –y mucho menos un ensayo o un libro– basado en principios y  m&eacute;todos fenomenol&oacute;gicos. Aun as&iacute;, ten&iacute;a sentido –al menos para m&iacute;– que la  investigaci&oacute;n y la escritura sobre las pr&aacute;cticas de hechicer&iacute;a deb&iacute;an poner en  primer plano la experiencia vivida, en vez de dejarla como trasfondo.</p>      <p > Es obvio que el espectro de la fenomenolog&iacute;a en las ciencias sociales, en  efecto, presenta una serie de problemas epistemol&oacute;gicos. En la cl&aacute;sica versi&oacute;n  de Husserl, la fenomenolog&iacute;a se enfocaba m&aacute;s que nada en un m&eacute;todo de m&uacute;ltiples  pasos, la <i>epoch&eacute;</i>, un camino para que el observador comprendiera la  inmediatez pura del objeto observado: &quot;volver a las cosas en s&iacute; mismas&quot;  &#40;Husserl, 1970: 12&#41;. Tal y como lo sugiri&oacute; Michael Jackson &#40;1996: 2&#41;, la  fenomenolog&iacute;a &quot;es un intento de describir la conciencia humana en su inmediatez  viva antes de que sea sujeta a la elaboraci&oacute;n te&oacute;rica y a la sistematizaci&oacute;n  conceptual&quot;. si bien muchos acad&eacute;micos ve&iacute;an con aprecio el logro filos&oacute;fico de  Husserl, muchos fil&oacute;sofos de persuasi&oacute;n m&aacute;s sociol&oacute;gica se hallaban preocupados  de que la aproximaci&oacute;n de Husserl no prestara atenci&oacute;n a c&oacute;mo una persona vive  en el mundo de todos los d&iacute;as. Fue por ello que acad&eacute;micos como Alfred Schutz  intentaron extender las agudezas fenomenol&oacute;gicas de Husserl al estudio de la  vida, lo que schutz denomin&oacute; &quot;la suma realidad&quot;: la vida diaria.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Yo me hab&iacute;a sumergido en este tipo de trabajo &#40;en especial, el de Maurice  Merleau-Ponty&#41; por primera vez siendo estudiante de pregrado en filosof&iacute;a. Y por  ello ten&iacute;a una respuesta –no importaba que fuera parcial– de c&oacute;mo podr&iacute;a yo  aprender a &quot;ver&quot;, a &quot;sentir&quot; y a &quot;escuchar&quot;. Comprend&iacute; entonces que el  aprendizaje songhay era una experiencia que se plasmaba en el cuerpo, en la cual  uno aprende no a trav&eacute;s de textos o an&aacute;lisis sino por medio del cuerpo mismo.  Esta revelaci&oacute;n me convenci&oacute; de que una fenomenolog&iacute;a m&aacute;s sociol&oacute;gica deb&iacute;a ser  un acto corp&oacute;reo, una inmersi&oacute;n en las &quot;cosas en s&iacute; mismas&quot;. si el trabajo de  campo en la hechicer&iacute;a –o en cualquier otra cosa– era un acto  fenomenol&oacute;gicamente incrustado, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a yo representar tal experiencia?  Intent&eacute; escribir ensayos sobre la hechicer&iacute;a songhay utilizando el estilo llano  sancionado como correcto por la instituci&oacute;n: la prosa exang&uuml;e de las ciencias  sociales y naturales. Al igual que el estructuralismo y la fenomenolog&iacute;a  husserliana, aquel tacto textual parec&iacute;a incongruente; el estilo alisaba las  accidentadas texturas de mis experiencias como estudiante de hechicer&iacute;a. Fue  entonces cuando empec&eacute; a experimentar con estructuras y estilos textuales  alternativos. Jugaba con narrativas, hil&aacute;ndolas junto a an&aacute;lisis acad&eacute;micos.  Varios antrop&oacute;logos mayores, cuyas opiniones determinan el destino de un ensayo,  &aacute;vidamente rechazaron semejantes &quot;experimentos&quot;, arguyendo que los acad&eacute;micos no  estar&iacute;an interesados en leer &quot;cuentos&quot; en una revista cient&iacute;fica. Unos cuantos  de estos ensayos hallaron finalmente un lugar d&oacute;nde ser publicados, pero aprend&iacute;  la m&aacute;s fundamental lecci&oacute;n institucional: si sigues las reglas institucionales  con respecto a las cuestiones te&oacute;ricas, la metodolog&iacute;a de investigaci&oacute;n, o las  convenciones de representaci&oacute;n, las fundaciones ser&aacute;n mucho m&aacute;s proclives a  financiar tu proyecto de investigaci&oacute;n, las grandes revistas habr&aacute;n de aceptar  tu ensayo acad&eacute;mico con mayor facilidad, y habr&aacute; m&aacute;s posibilidades de que las  principales editoriales publiquen tu libro. si no sigues estas reglas, las  restricciones institucionales dificultar&aacute;n que tu proyecto tenga acceso a  financiaci&oacute;n, o que tu manuscrito llegue a ser publicado. Becas y publicaciones,  por supuesto, son factores determinantes clave en el avance institucional:  encontrar empleo como acad&eacute;mico y luego subir el escalaf&oacute;n profesoral.  Confrontado con esta realidad institucional, intent&eacute; jugar sin romper las reglas  y caminar a lo largo de un confuso sendero antropol&oacute;gico.</p>      <p ><b> Reescribir la cultura</b></p>      <p > A mediados de los a&ntilde;os ochenta, cuando luchaba con las maneras de representar  las realidades inexplicables con que me hab&iacute;a topado entre los hechiceros  songhay, y al igual que muchos antrop&oacute;logos en mi cohorte, comenc&eacute; a leer lo que  se habr&iacute;a de llamar &quot;Teor&iacute;a&quot;. La Teor&iacute;a me hab&iacute;a cautivado por primera vez  durante mis a&ntilde;os de becario <i>chez </i>L&eacute;vi-Strauss. si bien su seminarios  me parecieron fascinantes, fueron las ponencias de sus colegas en el College de  France, Michel Foucault y Roland Barthes, las que en verdad me inspiraron. Los  seminarios de Foucault sobre sexualidad y el curso de Barthes sobre fotograf&iacute;a  me impulsaron a leer una gran variedad de te&oacute;ricos franceses:  postestructuralistas, psicoan&aacute;lisis, al igual que a Derrida, quien, supongo, se  merece su propia categor&iacute;a.</p>      <p > La atracci&oacute;n por la Teor&iacute;a llev&oacute; a un grupo de afamados etn&oacute;grafos al School of  American Research en santa Fe, Nuevo M&eacute;xico, con el prop&oacute;sito de asistir a un  seminario avanzado sobre la representaci&oacute;n de la cultura. Tiempo despu&eacute;s los  art&iacute;culos del seminario se convirtieron en el volumen transformacional <i> Writing Culture</i>. Junto al muy importante volumen de George Marcus y Michael  Fischer, <i>Anthropology as Cultural Critique</i>, <i>Writing Culture </i> sacudi&oacute; las arenas antropol&oacute;gicas, una confrontaci&oacute;n productiva entre &quot;agua&quot; y  &quot;arena&quot;. Despu&eacute;s de estas cr&iacute;ticas de los a&ntilde;os ochenta, seg&uacute;n Marcus &#40;2008: 3&#41;,  &quot;los objetivos de la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica se vieron por completo formados  y definidos por los movimientos interdisciplinarios con los que se asociaron y  de los cuales surgieron: feminismo, estudios de medios audiovisuales,  postcolonialismo y subalternidad, estudios de la ciencia, etc., todos ellos  productos, a su vez, de los impulsos te&oacute;ricos de los setenta y ochenta  provenientes de Francia, y transmitidos en gran medida a trav&eacute;s de estudios  literarios en su proceso de transformaci&oacute;n en estudios culturales&quot;.</p>      <p > Sucedieron entonces varios cambios institucionales importantes. La aproximaci&oacute;n  a la antropolog&iacute;a basada en los cuatro campos se torn&oacute; menos relevante. El  concepto de cultura perdi&oacute; con el tiempo su lugar central en la identidad de la  disciplina misma. La discusi&oacute;n de las ramificaciones filos&oacute;ficas de la  representaci&oacute;n, incluidas, claro, las din&aacute;micas de su poder pol&iacute;tico, llen&oacute; las  p&aacute;ginas tanto de libros como de revistas acad&eacute;micas. Jurados conformados por  respetados acad&eacute;micos empezaron a aprobar investigaciones basadas en enfoques  provenientes del feminismo, de los estudios audiovisuales, poscoloniales, y de  los estudios de la ciencia. Lectores de importantes revistas y las m&aacute;s  prestigiosas editoriales terminaron aprobando ensayos m&aacute;s reflexivos y libros en  los cuales la narrativa y la descripci&oacute;n sensual desempe&ntilde;aban un papel mucho m&aacute;s  significativo.</p>      <p > Mucho se ha escrito sobre <i>Writing Culture</i>. Antrop&oacute;logos se han mofado del  libro como un texto que sirve de alimento a la postmodernidad y que socava  gravemente los fundamentos cient&iacute;ficos de la disciplina. Hay quienes han  se&ntilde;alado <i>Writing Culture </i>como un momento crucial en la evoluci&oacute;n de la  antropolog&iacute;a, pues hizo que la disciplina fuese m&aacute;s accesible en t&eacute;rminos de  legibilidad y, por ello, m&aacute;s pol&iacute;ticamente responsable. Muchos de estos debates  se enfocaron en la escritura de la etnograf&iacute;a, el bien fundamental de la  producci&oacute;n del conocimiento antropol&oacute;gico. Muchos de estos debates, a su vez,  consistieron en una extensa &quot;escritura sobre la escritura&quot;. Para un etn&oacute;grafo  que luchaba con escribir sobre hechicer&iacute;a, estos debates epistemol&oacute;gicos no eran  tan importantes como el cambio institucional que habr&iacute;a de permitir la  publicaci&oacute;n de narraciones etnogr&aacute;ficas. Este estimulante clima de cambio y  creatividad me indujo a escribir mi primer libro, <i>In Sorcery&#39;s Shadow</i>, no  tanto como un estudio antropol&oacute;gico de la hechicer&iacute;a Songhay, sino m&aacute;s bien como  unas memorias en las cuales una detallada etnograf&iacute;a era descrita por medio de  una narraci&oacute;n.</p>      <p > A algunos cr&iacute;ticos les encant&oacute; <i>In Sorcery&#39;s Shadow</i>, otros lo  aborrecieron. Aprend&iacute; dos cosas con la publicaci&oacute;n de mi primer libro como una  &quot;etnograf&iacute;a experimental&quot;. Primero, me di cuenta de que, desde una perspectiva  institucional, era m&aacute;s importante escribir sobre la escritura de la narraci&oacute;n  etnogr&aacute;fica que, en efecto, escribirla. segundo, aprend&iacute; que escribir  narraciones etnogr&aacute;ficas hac&iacute;a que la antropolog&iacute;a seria fuera m&aacute;s accesible a  una audiencia mucho m&aacute;s diversa. Debido a la fuerza de prioridades  institucionales, intent&eacute; encontrar una manera de escribir que no s&oacute;lo  contribuyera intelectualmente a la disciplina, sino que adem&aacute;s llegara a una  audiencia m&aacute;s variada de lectores. As&iacute; fue que intent&eacute; escribir los textos  subsiguientes ubicando la narraci&oacute;n, de una u otra manera, en un primer plano.  Al hacerlo descubr&iacute; que no hab&iacute;a una &uacute;nica manera, repetidamente usada y segura,  de escribir &#40;sobre&#41; la cultura. Cada cuerpo de materiales, llegu&eacute; a la  conclusi&oacute;n, requer&iacute;a estrategias textuales distintas. Para escribir sobre  haza&ntilde;as alucinantes de la hechicer&iacute;a songhay se requer&iacute;a –al menos en mi caso–  un texto a la usanza de las memorias, con una prosa fr&iacute;a que representase un  tema candente. El trabajo sobre la posesi&oacute;n espiritual, la cual en los Songhay  es un fen&oacute;meno social de complejidad oper&iacute;stica, me oblig&oacute; a escribir una mezcla  de narraci&oacute;n &#40;sobre m&eacute;diums, esp&iacute;ritus sacerdotales y deidades&#41;, de descripci&oacute;n  etnogr&aacute;fica &#40;de m&uacute;sica y danzas rituales, de poes&iacute;a laudatoria y sacrificios, de  s&iacute;mbolos rituales y su s referentes culturales&#41; y an&aacute;lisis cultural &#40;de la  relaci&oacute;n de la posesi&oacute;n espiritual con la cosmolog&iacute;a y la tesitura de la  experiencia Songhay en el mundo&#41;. Ensayos sobre la antropolog&iacute;a de los sentidos,  un proyecto m&aacute;s te&oacute;rico, se conformaban de manera m&aacute;s estricta a las  convenciones de los escritos acad&eacute;micos. No obstante, sin importar la audiencia  deseada para estos ensayos, usaba narraciones –e incluso humor, algunas veces–  como una manera de atraer a los lectores al texto, una estrategia propia de un  escritor y no tanto de un acad&eacute;mico &#40;<i>cf</i>. Stoller, 1989a, 1989b, 1992,  1997a&#41;. Los trabajos m&aacute;s etnogr&aacute;ficos, que inclu&iacute;an muchas narraciones y algo de  humor, atra&iacute;an a una audiencia de lectores m&aacute;s amplia que los ensayos acad&eacute;micos  sobre los sentidos. Estos ensayos acad&eacute;micos, que eran empresas mucho menos  imaginativas, recib&iacute;an mucha m&aacute;s atenci&oacute;n dentro de la disciplina. Dadas las ya  mencionadas prioridades institucionales, este patr&oacute;n no me sorprend&iacute;a.</p>      <p > A principios de los a&ntilde;os noventa, cuando mi investigaci&oacute;n me condujo a trabajar  con inmigrantes de &Aacute;frica Occidental en la ciudad de Nueva York, cre&iacute;a ya haber  encontrado un nicho profesional. El uso de la narraci&oacute;n les daba a mis libros la  posibilidad de alcanzar una audiencia m&aacute;s amplia, lo cual quer&iacute;a decir que un  grupo m&aacute;s diverso de lectores podr&iacute;a consumir los frutos de mi trabajo. Mientras  tanto, los trabajos m&aacute;s acad&eacute;micos que produc&iacute;a eran dirigidos a un espectro m&aacute;s  angosto de cuestiones te&oacute;ricas que de alguna manera contribu&iacute;an al debate de la  disciplina. De alguna manera, por lo tanto, sent&iacute;a que al utilizar g&eacute;neros  distintos –narraciones etnogr&aacute;ficas y el ensayo acad&eacute;mico– cumpl&iacute;a con mis  obligaciones tanto de escritor como de antrop&oacute;logo.</p>      <p ><b> Nueva York</b></p>      <p > El trabajo de campo etnogr&aacute;fico en Nueva York puso mi mundo antropol&oacute;gico al  rev&eacute;s. En N&iacute;ger me hab&iacute;a enfocado en un espectro bastante limitado de intereses:  la religi&oacute;n tradicional de los songhay, sin incluir factores tan importantes  como el islam, el poder estatal, el conflicto multi&eacute;tnico y las clases sociales.  Adem&aacute;s, en N&iacute;ger yo era responsable &eacute;ticamente pero no pol&iacute;ticamente. El  Presidente de la Rep&uacute;blica hab&iacute;a autorizado mi investigaci&oacute;n y su carta me daba  licencia para introducirme en la vida social de las villas songhay, cuyos  habitantes se sent&iacute;an obligados, sin importar que lo desearan o no, a responder  mis incesantes preguntas. Pocas de estas personas, muchas de ellas analfabetas,  habr&iacute;an de leer los resultados de mi investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica &#40;<i>cf</i>.  Stoller, 1997b, 2002&#41;. En Nueva York las condiciones del campo cambiaron  considerablemente. Yo era un etn&oacute;grafo blanco que trabajaba en las calles de  Harlem, un espacio sagrado en el imaginario afroamericano. En la Calle 125, la  avenida principal de Harlem y donde se halla el mercado de &Aacute;frica Occidental, mi  tez blanca despertaba sospechas.</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p > &quot;&iquest;Qui&eacute;n es este blanco?&quot;, les preguntaban los habitantes de Harlem a los  mercaderes africanos que se hab&iacute;an vuelto mis amigos.</p>    </ul>  <ul>    <p > &quot;Es nuestro amigo&quot;, respond&iacute;an. &quot;Vivi&oacute; en nuestro pa&iacute;s y viene ac&aacute; a comer  comida africana y hablar sobre ella&quot;.</p>    </ul>      <p > De la misma manera, el dudoso estatus inmigratorio de mis amigos africanos y el  hecho que sus pr&aacute;cticas econ&oacute;micas a menudo violaban las regulaciones de la  ciudad, los estatutos de propiedad intelectual y de marcas registradas, hac&iacute;an  que mi constante presencia les fuera inc&oacute;moda. Esta incomodidad me oblig&oacute; a  aproximarme gradual mente al trabajo de campo, permitiendo que el tiempo  transcurriera para ganarme el respeto de mis amigos. Mientras me sumerg&iacute;a en el  avido intercambio mercantil que alg&uacute;n d&iacute;a me ayudar&iacute;a a tener relaciones basadas  en el respeto mutuo, tambi&eacute;n me di cuenta de que para comprender a los  inmigrantes de &Aacute;frica Occidental tendr&iacute;a que ampliar mi campo etnogr&aacute;fico. En  N&iacute;ger me enfoqu&eacute;, de manera bastante detallada, en las pr&aacute;cticas religiosas  tradicionales de los songhay, excluyendo el estudio del islam, el poder estatal,  la econom&iacute;a y las clases sociales. En Nueva York, tendr&iacute;a que comprender las  particularidades etnogr&aacute;ficas de la vida del inmigrante de &Aacute;frica Occidental,  pero tambi&eacute;n entender los aspectos geogr&aacute;ficos, econ&oacute;micos y legales de sus  vidas. De esta manera podr&iacute;a tener una comprensi&oacute;n m&aacute;s refinada de las redes  multinacionales que hab&iacute;an construido para mejorar su calidad de vida en Estados  Unidos. Pronto descubr&iacute; que mis amigos de &Aacute;frica Occidental, cuya tenacidad  social y cultural era mi inspiraci&oacute;n, se enfrentaban a un mundo de una  complejidad econ&oacute;mica y personal asombrosa &#40;Stoller, 1997b, 2002, 2008&#41;.</p>      <p > Consideremos la complejidad de la vida personal de Boube Mounkaila. Boube ha  vivido y trabajado en Nueva York por m&aacute;s de quince a&ntilde;os. Al abandonar N&iacute;ger con  la esperanza de mejorar su vida, dej&oacute; atr&aacute;s a su esposa y a un beb&eacute;. En sus  primeros a&ntilde;os en Nueva York vendi&oacute; bolsos falsificados que exhib&iacute;a en una s&aacute;bana  sobre los andenes de la Calle 34 en Times Square, en Manhattan. Luego de que la  polic&iacute;a le confiscara sus productos en varias ocasiones decidi&oacute; probar suerte en  la Calle 125, la avenida principal de Harlem, donde vend&iacute;a bolsos &quot;de cuero&quot; y  gorras de b&eacute;isbol en los anchos andenes. Cuando el alcalde Rudolf Giuliani  clausur&oacute; el mercado de la 125 en 1995, Boube llev&oacute; su negocio a una tienda sin  calefacci&oacute;n en Canal Street, en el bajo Manhattan. Desde 1995 ha vendido sus  productos en un puesto en el Mercado Malcolm shabazz de Harlem, donde administra  su empresa <i>Te Kuru Store</i>.</p>      <p > Al igual que muchos inmigrantes de &Aacute;frica Occidental en Nueva York, Boube env&iacute;a  remesas a su familia, dinero que ayuda a sus padres, t&iacute;as, t&iacute;os y primos,  quienes viven en su mayor&iacute;a en Karma, una aldea en la ribera del r&iacute;o N&iacute;ger, a  unos cuarenta kil&oacute;metros de Niamey, la capital del pa&iacute;s. Cuando lleg&oacute; por  primera vez a Nueva York ten&iacute;a compa&ntilde;eros con quienes compart&iacute;a el apartamento y  los gastos de vivienda. su vida frugal le permit&iacute;a invertir en un mayor  inventario y enviar aun m&aacute;s dinero a casa. Cuando su negocio se desarroll&oacute;  gracias a la conformaci&oacute;n de una red multinacional y multicultural de socios,  Boube se mud&oacute; de su apartamento de una habitaci&oacute;n en la 127 a un espacio de tres  habitaciones en Lenox Avenue, entre la 126 y la 127. Este apartamento, situado  encima de un conocido restaurante de Harlem, Sylvia&#39;s, ha sido el hogar de Boube  por m&aacute;s de diez a&ntilde;os.</p>      <p > Si  en un principio su apartamento era bastante amplio, con el tiempo se ha tornado  m&aacute;s y m&aacute;s peque&ntilde;o. A finales de los noventa Boube conoci&oacute; a u naturista japonesa  que se fue a vivir con &eacute;l. Con el tiempo tuvieron hijos, una ni&ntilde;a y un ni&ntilde;o, y  han construido un hogar en verdad multicultural. Los ni&ntilde;os hablan japon&eacute;s con su  madre, quien trabaja en un restaurante japon&eacute;s en Midtown, e ingl&eacute;s con su padre  y amigos. Los ni&ntilde;os, ella de diez y &eacute;l de siete a&ntilde;os, van a un colegio p&uacute;blico  para estudiantes talentosos. Todos los martes reciben clases de japon&eacute;s en un  centro cultural en Midtown, donde mejoran su japon&eacute;s y aprenden caligraf&iacute;a. Los  s&aacute;bados estudian el Cor&aacute;n en una mezquita en Harlem, donde aprenden a hablar y  escribir en &aacute;rabe. En el verano de 2008 la hija de Boube pasar&aacute; m&aacute;s de dos meses  en Jap&oacute;n viviendo con su t&iacute;a y su abuela. si bien Boube est&aacute; contento con la  educaci&oacute;n musulmana de sus hijos, le gustar&iacute;a enviar a sus hijos &quot;americanos&quot; a  un centro cultural donde pudieran aprender la lengua y la cultura songhay. A&uacute;n  no lo encuentra. &quot;Quiero que hablen mi lengua y conozcan mis tradiciones&quot;, me  dijo Boube hace poco. &quot;si logro enviarlos a N&iacute;ger, <i>Inshallah</i>, mi familia  les ense&ntilde;ar&aacute; nuestra forma de vida. Tal vez ellos vayan all&aacute; cuando sean  mayores. Por ahora son ni&ntilde;os americanos que hablan ingl&eacute;s como neoyorquinos&quot;.</p>      <p > Al igual que los &aacute;mbitos de muchos de los comerciantes de &Aacute;frica Occidental en  Nueva York, el mundo de Boube es, para no decir m&aacute;s, complejo cultural y  socialmente. Para moverse en Nueva York habla varios idiomas &#40;ingl&eacute;s, franc&eacute;s,  songhay, hausa, basmana, y algo de espa&ntilde;ol&#41;, y as&iacute; logra funcionar con &eacute;xito en  sus redes econ&oacute;micas, sociales y culturales, todas ellas transnacionales.  Trabaja muchas horas al d&iacute;a para poder cumplir con sus muchas obligaciones  econ&oacute;micas: matr&iacute;culas de sus ni&ntilde;os, alquiler, servicios, ropa, gastos del  negocio, impuestos, una membrec&iacute;a del YMCA para sus hijos y otra del gimnasio  Bally para su mujer. Adem&aacute;s, env&iacute;a con regularidad remesas a su esposa y a su  hijo, a sus t&iacute;as, t&iacute;os y primos en N&iacute;ger. Boube, como dicen mis amigos  africanos, es un &quot;New Yorkais&quot;, y la complejidad social y cultural de su  situaci&oacute;n es com&uacute;n entre sus hermanos y hermanas africanos. si este tipo de  complejidad social transnacional y transcultural es la regla y no la excepci&oacute;n,  &iquest;qu&eacute; debe hacer entonces un especialista en la di&aacute;spora africana? &iquest;C&oacute;mo debe  entonces escribir esta cultura?</p>      <p > Durante m&aacute;s de ocho a&ntilde;os de trabajo de campo en Nueva York, la verdad es que no  supe c&oacute;mo escribir sobre mis amigos en Harlem. Pero un d&iacute;a, sentado en un hangar  h&uacute;medo y oscuro en Manhattan donde los comerciantes africanos guardan sus  inventarios de m&aacute;scaras y estatuas, un vendedor de arte llamado Yaya Oumarou  decidi&oacute; hablar conmigo. Yo hab&iacute;a estado observando unas hermosas mantas de  &Aacute;frica occidental y le cont&eacute; que hab&iacute;a estado pensando sobre los tejedores  songhay.</p>  <ul>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p > –Ah, los tejedores –me dijo con entusiasmo–. Son grandes artistas. Se dice que  ellos tejen el mundo.</p>    </ul>  <ul>    <p > –Eso es lo que he escuchado –le dije. Luego le expliqu&eacute; las dificultades  expositivas que me preocupaban.</p>    </ul>  <ul>    <p > Yaya sonri&oacute;.</p>    </ul>  <ul>    <p > –Entonces, &iquest;por qu&eacute; no escribes sobre nosotros de la manera en que los tejedores  tejen las mantas? &iquest;Por qu&eacute; no tejes el mundo con palabras?</p>    </ul>      <p > Yaya Oumarou me dio la idea que me impuls&oacute; a escribir <i>Money Has No Smell </i> como si fuera una manta songhay. Produje un texto en tiras estampadas y una vez  estas tiras estaban listas, intent&eacute; tejerlas unas con otras. La urdimbre y la  trama de las tiras pusieron en un primer plano las historias de tres  comerciantes de &Aacute;frica Occidental, cuyas fascinantes historias de creatividad a  la hora de adaptarse a los dilemas alienantes de una Nueva York transnacional  –yo esperaba– le dar&iacute;an una textura humana al texto. He aqu&iacute; historias de  hombres que anduvieron el camino de la aventura cultural, el cual cruzaba un  territorio extra&ntilde;o y complejo. &iquest;C&oacute;mo llegaron del N&iacute;ger rural a Nueva York?  &iquest;C&oacute;mo construyeron redes de comercio multinacional? &iquest;Qu&eacute; papel cumpli&oacute; el islam  en su manera de comerciar? &iquest;C&oacute;mo respondieron al racismo norteamericano? &iquest;C&oacute;mo  se adaptaron a los aspectos alienantes de la cultura contempor&aacute;nea de  Norteam&eacute;rica, en especial, a la manera como est&aacute; organizada en la ciudad de Nueva York? Las tiras  revelaron un patr&oacute;n complejo y, sin embargo, deb&iacute;an ser conectadas para poder  tejer una manta completa, para poder tejer aquel mundo. Entonces intent&eacute;  utilizar el an&aacute;lisis social: del transnacionalismo, de la cultura comercial de  &Aacute;frica Occidental, de la inmigraci&oacute;n contempor&aacute;nea, del Estado norteamericano en  sus aspectos locales, regionales y nacionales, de la alienaci&oacute;n social de los  africanos musulmanes en un Estados Unidos secular. El resultado fue un libro en  el que intent&eacute;, al igual que un tejedor songhay, conectar al individuo con el  grupo, al barrio con el mundo, y a la narrativa con un contexto m&aacute;s amplio. Ese,  dir&iacute;a tal vez Yaya Oumarou, fue mi intento de reordenar un amasijo de datos  etnogr&aacute;ficos para poder tejer el mundo. Esta direcci&oacute;n fue un camino tanto  creativa como institucionalmente aceptable para describir complejas comunidades  urbanas en un mundo transnacional &#40;Stoller, 2008&#41;.</p>      <p ><b> Un extra&ntilde;o en la villa de los enfermos</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > No obstante, a&uacute;n no existe tal cosa como una manta perfecta que pueda ser usada  para toda ocasi&oacute;n. Con el tiempo las hebras de la manta terminan desgast&aacute;ndose.  En esas circunstancias, uno puede remendar la manta, lo que quiere decir que uno  usa nuevas hebras para producir el mismo patr&oacute;n. Trasladado a un contexto  acad&eacute;mico, uno puede darse cuenta de que est&aacute; utilizando distintas palabras,  pero termina diciendo lo mismo, un riesgo ocupacional bastante com&uacute;n. Algunas  veces, sin embargo, uno se encuentra rodeado de patrones que han perdido el  poder de unir la historia. Es en ese momento cuando uno no puede remendar m&aacute;s la  manta. Es en ese momento cuando uno comienza a tejer un nuevo trabajo y a contar  una nueva historia.</p>      <p > En mi caso, el haberme sido diagnosticado un c&aacute;ncer y el haber recibido  tratamiento –un linfoma no Hodgkin, para ser espec&iacute;fico– redefinieron mi  relaci&oacute;n conmigo mismo y con el mundo. Al uno enfrentarse con su propia  mortalidad, uno se ve obligado a enfocarse en lo que es importante en la vida  personal y profesional. De hecho, pronto aprend&iacute; que lo personal y lo  profesional no son campos distintos de la experiencia. Por un lado, la  experiencia corporal de una enfermedad mortal junto a un r&eacute;gimen horror&iacute;fico de  tratamiento me hicieron reconsiderar mi estudio de la hechicer&iacute;a songhay &#40;<i>cf</i>.  Stoller, 2004&#41;. Cuando comenc&eacute; el r&eacute;gimen de quimioterapia e inmunoterapia, me  di cuenta de que mi antigua comprensi&oacute;n de la hechicer&iacute;a como un mort&iacute;fero  ejercicio de poder hab&iacute;a sido muy superficial. Al igual que la confrontaci&oacute;n  descrita por Renato Rosaldo en &quot;Grief and the Headhunter&#39;s Rage&quot; con la tr&aacute;gica  muerte accidental de su esposa, yo no hab&iacute;a tenido el conjunto de experiencias  necesario para &quot;comprender&quot; las lecciones que Adamu Jenitongo me hab&iacute;a ense&ntilde;ado  25 a&ntilde;os antes. Luego de acercarme a la muerte, adquir&iacute; la perspectiva  experiencial para por fin comprender lo que &eacute;l me hab&iacute;a ense&ntilde;ado: que la  hechicer&iacute;a para los songhay es antes que nada una manera de comportarse en el  mundo, una manera de responder a la adversidad con dignidad, una manera de  sentirse c&oacute;modo consigo mismo, una manera de observar y no s&oacute;lo de mirar, una  manera de escuchar y no s&oacute;lo de o&iacute;r, una manera de sentir y no s&oacute;lo de tocar.</p>      <p > Mi experiencia con el linfoma cambi&oacute; tambi&eacute;n mi sentido de obligaci&oacute;n acad&eacute;mica.  El c&aacute;ncer se llev&oacute; consigo mi preocupaci&oacute;n por las constricciones  institucionales. Los debates herm&eacute;ticos me segu&iacute;an interesando y continu&eacute;  leyendo acerca de los desarrollos te&oacute;ricos en revistas, antolog&iacute;as y libros.  Pero despu&eacute;s de un roce con la muerte, me pregunt&eacute; por qu&eacute; gastamos tanto tiempo  debatiendo teor&iacute;as y desarrollos que parecen estar tan lejos de los intereses  del resto de las personas. Con un tiempo tan corto para estar en el mundo, &iquest;por  qu&eacute; gastarlo en debates arcanos que s&oacute;lo unos pocos consideran interesantes?  Termin&eacute; convenci&eacute;ndome de que mi obligaci&oacute;n principal como antrop&oacute;logo era  transformar mi particular conjunto de experiencias en historias, cuyas lecciones  podr&iacute;an hacer que el mundo fuera un poco m&aacute;s dulce para quienes las leyeran.  Escrib&iacute; <i>Stranger in the Village of the Sick </i>no como un tratado  antropol&oacute;gico, sino como una historia acerca de c&oacute;mo us&eacute; los principios de la  hechicer&iacute;a songhay para confrontar el espectro del c&aacute;ncer en mi vida. Escrib&iacute;  esas memorias como una historia plana y sencilla, de modo que los pacientes de  c&aacute;ncer que hayan de leerla puedan, si as&iacute; lo desean, usar algunos de esos  principios en sus propias luchas entre la enfermedad y la salud. Hab&iacute;a asumido  las obligaciones del narrador &#40;<i>cf</i>. Benjamin, 1968; Taussig, 2006&#41;.</p>      <p ><b> La imaginaci&oacute;n y el poder de las historias</b></p>      <p > En las ciencias humanas, el contar historias, as&iacute; como los narradores, son  siempre despachados sin rodeos. Los elementos centrales de la narrativa –la  descripci&oacute;n de un lugar, la construcci&oacute;n de un personaje, el parloteo del  di&aacute;logo– son vistos como fuera de lugar, o peor aun, como no cient&iacute;ficos. Estos  elementos no corresponden al ya mencionado estilo llano que ha sido el  fundamento del discurso cient&iacute;fico durante siglos. Tal y como lo dijo  recientemente Michael Taussig &#40;2006: VIII&#41;, uno puede &quot;&#91;...&#93; dejar al  descubierto lo que ocurre en el trabajo de campo antropol&oacute;gico como un encuentro  prolongado con otros, cargado de malentendidos que en efecto revelan el mundo de  una mejor manera que la comprensi&oacute;n misma&quot;. Aun as&iacute;, las fuerzas de la  modernidad –y de las instituciones sociales &#40;cient&iacute;ficas&#41;– han producido un  deterioro de la narraci&oacute;n de historias.</p>  <ul>    <p > El arte de narrar se acerca a su fin, porque el lado &eacute;pico de la verdad, la  sabidur&iacute;a, est&aacute; en trance de desaparecer. Se trata de algo que proviene de muy  lejos. Y nada ser&iacute;a m&aacute;s tonto que ver en ello &uacute;nicamente un &#39;fen&oacute;meno moderno&#39;.  M&aacute;s bien es un fen&oacute;meno accesorio de fuerzas de producci&oacute;n hist&oacute;ricas seculares  que han ido reduciendo progresivamente la narraci&oacute;n al campo de la lengua  hablada, haciendo perceptible, en su desaparici&oacute;n, una nueva hermosura.  &#40;Benjamin, 1986: 192&#41;.</p>    </ul>      <p > Y, sin embargo, contar historias es una fuerza muy poderosa. Los narradores</p>  <ul>    <p > &#91;...&#93; Tienen el don de poder abarcar toda una vida. &#40;Una vida, por lo dem&aacute;s, que  comprende no s&oacute;lo las propias experiencias, sino buena parte de las experiencias  ajenas. El narrador se incorpora a su propio ser lo que ha conocido de o&iacute;das&#41;.  Su don es poder narrar su vida, su dignidad: toda su vida entera. El narrador es  el hombre capaz de dejar consumirse completamente la mecha de toda su vida en la  dulce llama de su narraci&oacute;n. &#40;Banjamin, 1986: 211&#41;</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Michael Taussig extiende la agudeza de Benjamin para referirse a c&oacute;mo las  historias han mediado entre la burgues&iacute;a y el campesinado, entre lo civilizado y  lo primitivo, para luego reflexionar cr&iacute;ticamente sobre la importancia de las  narraciones en antropolog&iacute;a.</p>  <ul>    <p > Esta mediaci&oacute;n entre lo burgu&eacute;s y lo campesino obviamente ha sido crucial para  las historias con las que los antrop&oacute;logos han construido su trabajo desde que  E. B. Taylor public&oacute; en 1872 su innovador estudio <i>Primitive Culture. </i>Esto  se debe a que, aunque sea en el nivel m&aacute;s llano posible, en nuestro campo &#40;aquel  t&eacute;rmino tan sonoro&#41; es siempre por medio de historias &#40;por lo general llamadas  &#39;casos&#39;&#41; que la &#39;informaci&oacute;n&#39;, bien sea de &#39;parentesco&#39; o de &#39;mitolog&iacute;a&#39; o  &#39;econom&iacute;a&#39; o lo que sea, es de hecho transmitida al investigador &#91;...&#93; cuyo  trabajo es mediar aun m&aacute;s hacia los lectores burgueses. La antropolog&iacute;a es ciega  a que su misma pr&aacute;ctica se apoya en el arte de contar –muy mal– las historias de  otras personas. Lo que en verdad ocurre es que aquellas historias son elaboradas  como observaciones cient&iacute;ficas recogidas de &#39;informantes&#39;, y no de narradores. &#40;Taussig, 2006: 62&#41;</p>    </ul>      <p > Uno tiene que tener imaginaci&oacute;n para contar de nuevo una historia que conecte a  un narrador con su audiencia.</p>      <p > El recientemente fallecido Jean Rouch, el gran documentalista y antrop&oacute;logo,  sol&iacute;a decirme que jugara con mi imaginaci&oacute;n. Me instaba a correr riesgos. &eacute;l, en  efecto, los corri&oacute; al producir filmes antirracistas y anticoloniales con  estructuras creativas. sus cr&iacute;ticos lo condenaron por crear &quot;pel&iacute;culas  radicalmente originales que desafiaban el racismo descarado que dominaba el  discurso social y pol&iacute;tico durante la &eacute;poca colonial&quot; &#40;<i>cf</i>. Stoller, 2002,  2008&#41;. La perspectiva de Rouch enlaza con la creatividad art&iacute;stica. Desde su  perspectiva, la imaginaci&oacute;n, en todas sus permutaciones art&iacute;sticas, permite que  nos acerquemos al mundo de una nueva manera. Inspirados por la imaginaci&oacute;n, el  arte nos permite tejer el mundo, dise&ntilde;ar una nueva manta. Tal y como dir&iacute;a Jean  Rouch, la imaginaci&oacute;n nos ayuda a contar historias, las cuales dan a luz nuevas  historias, las cuales generan, a su vez, m&aacute;s historias. Al final, la imaginaci&oacute;n  siempre nos devuelve a la historia.</p>      <p ><b> Los encantos dog&oacute;n y la reescritura de la cultura</b></p>      <p > En palabras de la recientemente fallecida Germaine Dieterlen, una de las grandes  figuras de la antropolog&iacute;a francesa del siglo XX, el pueblo dog&oacute;n, en los  acantilados Bandiagara, en Mali, son &quot;los fil&oacute;sofos de &Aacute;frica Occidental&quot;. En  efecto, si uno lee las transcripciones de las canciones dog&oacute;n y sus refranes, se  hace evidente que ellos han meditado durante mucho tiempo acerca de los  misterios de la vida y la muerte. Pero es por medio de sus ceremonias <i>Sigui</i>,  llevadas a cabo cada sesenta a&ntilde;os, que los dog&oacute;n dramatizan sus pensamientos m&aacute;s  profundos acerca de los imponderables sobre la vida y la naturaleza de la  muerte. si bien antrop&oacute;logos como Marcel Griaule han escrito con autoridad sobre  los <i>Sigui</i>, ning&uacute;n antrop&oacute;logo hab&iacute;a sido testigo de las ceremonias. Dado  que se avecinaba una nueva secuencia de ceremonias en 1967, &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;an de  aproximarse los antrop&oacute;logos a algo tan complejo? Jean Rouch, quien condujo  trabajo de campo entre los dog&oacute;n, as&iacute; como los songhay, arg&uuml;&iacute;a que el cine, y no  el texto –una m&aacute;s &quot;aceptable&quot; evocaci&oacute;n–, era el medio m&aacute;s adecuado para  explorar los profundos misterios filos&oacute;ficos de las ceremonias.</p>      <p > Jean Rouch y Germaine Dieterlen sortearon numerosos obst&aacute;culos y filmaron la  secuencia entera de las ceremonias <i>Sigui </i>entre 1967 y 1973. En 1967,  Rouch, Dieterlen, el music&oacute;logo Gilbert Rouget y el t&eacute;cnico de sonido Guindo  Ibrahim viajaron a Yougou para filmar la primera de las siete partes de la  ceremonia. Amparados por la sombra de un gigantesco &aacute;rbol baobab, el <i>Sigui </i>inicia con los hombres con el torso desnudo, bailando en una procesi&oacute;n  serpentina. Rouch escribi&oacute;:</p>  <ul>    <p > Siempre recordar&eacute; la secuencia panor&aacute;mica &#91;...&#93; de varios minutos, en la que  descubr&iacute; la paulatina invasi&oacute;n de la plaza Tai por una l&iacute;nea serpentina de  hombres, estrictamente en fila de acuerdo a sus edades, todos vestidos con un  pantal&oacute;n &iacute;ndigo de algod&oacute;n, sin camisa, llevando en sus cuellos y orejas y  brazos los adornos de sus esposas o hermanas, sus cabezas cubiertas por bonetes  blancos con bordados &#91;...&#93; en su mano derecha un matamoscas y en la izquierda el <i>dunno</i>, la silla en forma de T, y cantando al ritmo de los tambores: &quot;El <i>Sigui </i>inicia su vuelo en las alas del viento&quot;. &#40;Rouch, 1978: 17-18&#41;</p>    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Al igual que el <i>Sigui</i>, Rouch y la c&aacute;mara comenzaron a volar &quot;en las alas  del viento&quot;, y lo hicieron durante siete a&ntilde;os.</p>      <p > Antes de la pel&iacute;cula, los dog&oacute;n ten&iacute;an una visi&oacute;n muy particular del Sigui.  sab&iacute;an c&oacute;mo poner en escena las ceremonias Sigui celebradas en sus propias  villas. Al utilizar las im&aacute;genes tomadas de toda la secuencia ceremonial, la  cual inclu&iacute;a metraje simb&oacute;licamente distinto de las siete villas de los  acantilados, Bandiagara, Rouch y Dieterlen pudieron interpretar el Sigui desde  una perspectiva m&aacute;s amplia. Descubrieron que el Sigui era, en lo fundamental,  acerca de la vida, de la muerte y del renacimiento. Durante los primeros tres  a&ntilde;os del ciclo las ceremonias en Yougou, Tyougou y Bongo evocaban los porqu&eacute;s de  la muerte-en-el-mundo. Las cuatro ceremonias finales de Amani, Ideyli, Yami y  songo evocaban temas de vida-en-el-mundo. Los sesenta a&ntilde;os entre los ciclos  ceremoniales representaban los sesenta a&ntilde;os de vida del primer ser humano,  Diounou serou. El Sigui, de hecho, celebra durante siete a&ntilde;os la reencarnaci&oacute;n  del alma inmortal de Diounou serou en una gran serpiente. La serpiente,  simbolizada por la l&iacute;nea serpentina de bailarines descrita arriba, vuela en las  alas del viento. El Sigui despega en Yougou. Despu&eacute;s de un viaje de siete a&ntilde;os a  lo largo de las principales villas dog&oacute;n, el Sigui regresa de songo a Yougou, el  lugar de su muerte y renacimiento. All&iacute;, luego de sesenta a&ntilde;os m&aacute;s, el ciclo se  repite de nuevo y el mundo renacer&aacute;, en 2027.</p>      <p > Tal y como los dog&oacute;n que viven entre los ciclos de sesenta a&ntilde;os del <i>Sigui</i>,  entre la muerte y el renacimiento, Rouch grab&oacute; estas tensiones t&aacute;citas para  enfrentar las complejas cuestiones de poder y raza. &eacute;l lo hizo al elaborar  filmes provocativamente imaginativos, filmes que &eacute;l llam&oacute; &quot;etnoficci&oacute;n&quot;. <i> Jaguar </i>&#40;1957-67&#41;, <i>Les maitres fous </i>&#40;1955&#41;, <i>Moi, un noir </i>&#40;1958&#41;  y <i>La pyramide humaine </i>&#40;1959&#41;, <i>Chronique d&#39;un &eacute;t&eacute; </i>&#40;1960&#41;, y la  hermosamente graciosa <i>Petit &agrave; petit </i>&#40;1969&#41;. En todos estos filmes Rouch  colaboraba en gran medida con amigos y colegas africanos. Al situarse en la  incertidumbre de la colaboraci&oacute;n activa, la cual involucra todos los aspectos de  grabaci&oacute;n y producci&oacute;n, Rouch utiliz&oacute; la c&aacute;mara –un instrumento entre el  cineasta y la pel&iacute;cula– para participar por completo en las vidas de la gente  que filmaba. Esta colaboraci&oacute;n produjo un nuevo tipo de cine que indujo a un  gran n&uacute;mero de personas a imaginar nuevas dimensiones de la experiencia  sociocultural. Muchas de las pel&iacute;culas de este per&iacute;odo van directamente a la  m&eacute;dula del colonialismo europeo, oblig&aacute;ndonos a reflexionar sobre nuestro  racismo latente, nuestra represi&oacute;n sexual y nuestras suposiciones de herencia  intelectual que damos por sentadas.</p>      <p > Por medio de este cine provocador, Jean Rouch desvel&oacute; la manera como las  relaciones de poder moldean nuestros sue&ntilde;os, pensamientos y acciones. Utiliz&oacute; el  cine como un veh&iacute;culo que enlaza los espacios que hay entre las cosas, los  cuales le permitieron tomar riesgos para poder as&iacute; contar sus historias,  historias que hac&iacute;an posible que los muertos vivieran de nuevo, que permit&iacute;an a  los j&oacute;venes conectarse con su pasado e imaginar su futuro. Este es el trabajo de  la etnograf&iacute;a. Este es el legado de la narraci&oacute;n. Este es el regalo del  antrop&oacute;logo al mundo.</p>      <p > Los antrop&oacute;logos por lo general han querido &quot;escribir la cultura&quot; como si esto  pudiera hacerse de manera desapasionada: un texto sin contaminaci&oacute;n alguna de  prosa imaginativa. Dada la compleja naturaleza de los mundos sociales de hoy en  d&iacute;a, y de los desaf&iacute;os representacionales a los que debemos hacer frente, tal  vez sea necesario que reescribamos la cultura de la misma manera que los  artistas contin&uacute;an reelaborando su imaginer&iacute;a expresiva para captar perspectivas  cambiantes de una realidad compleja. Para los antrop&oacute;logos, semejante rumbo  significa utilizar una variedad de g&eacute;neros –etnograf&iacute;a, memorias, ficci&oacute;n,  drama– para crear enlaces entre nuestra conciencia antropol&oacute;gica y la de una  audiencia cada vez m&aacute;s amplia y que cada d&iacute;a que pasa necesita un mayor  conocimiento intercultural.</p>      <p > Para el ep&iacute;logo de mi primer libro, <i>In Sorcery&#39;s Shadow</i>, escog&iacute; uno de  mis aforismos favoritos de Wittgenstein en <i>Investigaciones filos&oacute;ficas: </i> &quot;&#91;...&#93; vemos ante nosotros la avenida recta, pero sin que la podamos utilizar,  porque est&aacute; permanentemente cerrada&quot; &#40;426&#41;. La avenida recta es un camino  tentador. Llegamos r&aacute;pidamente a nuestro destino y en &eacute;l hallamos, si acaso,  pocos imprevistos. si bien nuestras experiencias &quot;en el campo&quot; pueden llevarnos  al desv&iacute;o de &quot;estar-all&iacute;&quot;, nuestras instituciones de &quot;estar-aqu&iacute;&quot; nos devuelven  a la manida y verdadera avenida –la avenida institucional–, que por lo general  deja a un lado los encantos de lo inexplicable.</p>      <p > Pero, despu&eacute;s de todo, hay algo irreductiblemente poderoso en los mundos  sociales con los que nos topamos en nuestro camino antropol&oacute;gico. Pese a mis  mejores esfuerzos de explicaci&oacute;n cient&iacute;fica, los mundos de la hechicer&iacute;a y de la  posesi&oacute;n de esp&iacute;ritus de los songhay se resisten a la fuerza reductora de la  teorizaci&oacute;n. Las complejas formas sociales construidas por los inmigrantes de  &Aacute;frica Occidental en Nueva York tambi&eacute;n han desafeado la reducci&oacute;n te&oacute;rica. si  bien el poder de estos fen&oacute;menos sociales fundamentales me empuja hacia los  peque&ntilde;os caminos de la experiencia, mi socializaci&oacute;n intelectual siempre me ha  devuelto a la recta avenida, al lugar donde se han construido las contribuciones  –y las reputaciones– acad&eacute;micas. si bien he intentado representar mis  experiencias etnogr&aacute;ficas de diversas maneras –ficci&oacute;n, ensayos, etnograf&iacute;a y  memorias–, yo, al igual que muchos otros acad&eacute;micos, siempre he querido producir  un tratado te&oacute;rico que mis colegas hubieran de citar en sus debates  disciplinarios.</p>      <p > Las lecciones de una vida vivida en medio de la antropolog&iacute;a sugieren que los  tratados te&oacute;ricos, el aut&eacute;ntico sello de la instituci&oacute;n, no son tan importantes.  Durante muchos a&ntilde;os busqu&eacute; respuestas concretas a los dilemas de la condici&oacute;n  humana. semejante trabajo intelectual es en extremo importante, pero al final su  camino sinuoso no me ha llevado a una grandiosa conclusi&oacute;n acerca de la  naturaleza del ser humano; en cambio, me ha llevado a aceptar la transitoriedad  final de las cosas. Me ha llevado no a un viaje semiconsciente en la recta  avenida sino a un vuelo apasionado en &quot;las alas del viento&quot;. Tal y como las  aguas del R&iacute;o, me ha llevado a confrontar las arenas del Desierto, donde las  condiciones me han forzado a adaptarme a una siempre cambiante y mutable  realidad. Entre la arena y el agua se halla el lugar de la obligaci&oacute;n en la cual  podremos atrevernos a reescribir la cultura, de tal manera que las huellas de  nuestro conocimiento puedan ser dejadas all&iacute; para la Siguiente generaci&oacute;n de  acad&eacute;micos, para que las usen, si acaso, de la manera que mejor les convenga.</p>     <p >     <br> <b> AGRADECIMIENTOS</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Este ensayo est&aacute; basado en treinta a&ntilde;os de experiencia en antropolog&iacute;a. Estoy  muy agradecido con muchas instituciones que han apoyado mi investigaci&oacute;n y que  me han dado tiempo para escribir.  Estas son West Chester University, National science Foundation, National  Endowment for the Humanities, John simon Guggenheim Foundation, Wenner-Gren  Foundation, American Philosophical society y School of Advanced Research.  Las cuestiones exploradas en este ensayo son tratadas en mayor detalle en mi  nuevo libro, <i>Te Power of the Between: An Anthropological Odyssey, </i> publicado en 2008 por Te University of Chicago Press.</p>  <hr size="1">     <p ><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p ><b>   Benjamin, Walter </b>1986 . <i>Sobre el programa de la filosof&iacute;a futura y otros ensayos. </i>Barcelona, Planeta-Agostini.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1900-5407200900010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Bourdieu, Pierre </b>1990. <i>The Logic of Practice. </i>Stanford, Stanford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S1900-5407200900010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Chomsky, A. Noam </b>1965. <i>Aspects of a Theory of Syntax. </i>Cambridge, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200900010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Clifford, James y George E. Marcus &#40;eds.&#41; </b>1986 . <i>Writing Culture</i>. Berkeley y Los Angeles, University of California  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1900-5407200900010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Husserl, Edmund </b>1970. <i>Logical Investigations. </i>London, Routledge y Kegan Paul&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200900010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Jackson, Michael, ed. </b>1996. <i>Things as They Are: New Directions in Phenomenological Anthropology. </i>Bloomington, Indiana University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1900-5407200900010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> L&eacute;vi-Strauss, Claude </b>1973. <i>The Savage Mind. </i>Chicago, The University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200900010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Marcus, George E. </b>2008 Entrevista en <i>Cultural Anthropology. </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1900-5407200900010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Marcus, George E. y Michael M. J. Fischer </b>1985. <i>Anthropology as Cultural Critique. </i>Chicago, The University of  Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200900010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Rouch, Jean </b>1955. <i>Les maitres fous. </i>Paris, Films de la Pl&eacute;iade.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1900-5407200900010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1957-67. Jaguar.    Paris, Films de la Pl&eacute;iade.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200900010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1958. <i>Moi, un noir. </i>Paris, Films de la Pl&eacute;iade.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1900-5407200900010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1959. <i>La pyramide humaine. </i>Paris, Films de la Pl&eacute;iade.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200900010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1969. <i>Petit &agrave;    petit. </i>Paris, Films de la Pl&eacute;iade.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1900-5407200900010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br>   1978. &quot;Jean Rouch Talks about His Films to John Marshall and John W. Adams&quot;, <i> American Anthropologist V</i>ol. 80, No. 4: 1005-1020. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200900010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b>   Shah Idries </b>1993. <i>Tales of the Dervishes. </i>London, Penguin &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200900010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Stoller, Paul </b>1989a. <i>Fusion of the Worlds: An Ethnography of Possession among the Songhay  of Niger. </i>Chicago, The University of Chicago Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200900010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1989b. <i>The Taste of  Ethnographic Things: The Senses in Anthropology. </i>Philadelphia, University of  Pennsylvania Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200900010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1992. <i>The Cinematic Griot: The Ethnography of Jean Rouch. </i>Chicago, The  University of Chicago Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200900010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1997a. &quot;Globalizing Method. The Problems of Doing Ethnography in Transantional  Spaces&quot;, <i>Anthropology and Humanism </i>22 &#40;1&#41;, pp. 81-95.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200900010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1997b. <i>Sensuous Scholarship. </i>Philadelphia: University of Pennsylvania  Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1900-5407200900010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1998. &quot;Rationality&quot;, en Mark Taylor &#40;ed.&#41;, <i>Critical Terms in Religious  Studies. </i>Chicago, The University of Chicago Press, pp. 239-256.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1900-5407200900010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2002. <i>Money Has No Smell: The Africanization of New York City. </i>Chicago,  The University of Chicago Press.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1900-5407200900010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2004. <i>Stranger in the Village of the Sick. </i>Boston, Beacon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1900-5407200900010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2008. <i>The Power of the Between: An Anthropological Odyssey. </i>Chicago, The  University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1900-5407200900010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Stoller, Paul y Cheryl Olkes</b>  1987. <i>In Sorcery&#39;s Shadow: A Memoir of Apprenticeship Among the Songhay of  Niger. </i>Chicago, The University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1900-5407200900010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Tambiah, Stanley </b>1994. <i>Magic, Science, Religion and the Scope of Rationality. </i>Cambridge,  UK: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200900010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Taussig, Michael </b>2006. <i>Walter Benjamin&#39;s Grave. </i>Chicago: The University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200900010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Wittgenstein, Ludwig </b>1953. <i>Philosophical Investigations. </i>New York, MacMillan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200900010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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<source><![CDATA[Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos]]></source>
<year>1986</year>
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