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<journal-title><![CDATA[Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONSTRUCCIÓN DE TERRITORIOS: PERCEPCIONES DEL ESPACIO E INTERACCIÓN INDÍGENA Y COLONIAL EN EL CHACO AUSTRAL HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVIII]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the dynamics between social interactions and nature. It focuses on imaginary constructions around space, as well as on the different strategies unfolded by the abipones nomadic groups and the colonial actors. In the formation of the borderlands of the austral Chaco in the middle of the 18th century, this space was defined and understood as an "other "that offered a strong resistance to the colonizing project.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p >    <p align="center" ><font face="verdana" size="4"><b> CONSTRUCCI&Oacute;N DE TERRITORIOS:    <br> </b></font><font face="verdana" size="4">PERCEPCIONES DEL ESPACIO E INTERACCI&Oacute;N IND&Iacute;GENA Y COLONIAL EN EL CHACO AUSTRAL  HASTA MEDIADOS DEL SIGLO XVIII</font></p>      <p >    <br><b>Carina Lucaioli</b></p>      <p >Profesora en Ciencias Antropol&oacute;gicas de la Universidad de Buenos Aires  &#40;UBA&#41;,  <a  href="mailto:carinalucaioli@gmail.com">carinalucaioli@gmail.com</a></i> </p> <hr size="1">     <p ><b> RESUMEN </b></p>     <p > En este trabajo analizaremos el proceso de configuraci&oacute;n de los espacios de  frontera del chaco austral que, hacia mediados del siglo XVIII, hab&iacute;an delineado  un territorio entendido como &quot;otro&quot;, ajeno al dominio colonial. Para ello,  identificaremos las distintas pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n implementadas, las  din&aacute;micas de interacci&oacute;n de los grupos abipones y del sector hispanocriollo  –entre s&iacute; y con el escenario natural– y las implicancias de los distintos  imaginarios construidos en torno al espacio y el nomadismo sobre el proyecto  colonizador y las estrategias desplegadas por los grupos abipones para mantener  su autonom&iacute;a.</p>      <p ><b> PALABRAS CLAVE    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </b>Chaco austral, abipones, espacio de frontera, territorialidad, siglo XVIII.</p>  <hr size="1">     <p ><b> ABSTRACT </b></p>     <p > This article analyzes the dynamics between social interactions and nature. It  focuses on imaginary constructions around space, as well as on the different  strategies unfolded by the abipones nomadic groups and the colonial actors. In  the formation of the borderlands of the austral Chaco in the middle of the 18th  century, this space was defined and understood as an &quot;other &quot;that offered a  strong resistance to the colonizing project.</p>      <p ><b> KEY WORDS    <br> </b>Chaco, abipones, borderland, territoriality, 18th century.</p>     <p >FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: OCTUBRE DE 2008 / FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N: DICIEMBRE DE 2008</p> <hr size="1">     <p ><b> Pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n: el territorio chaque&ntilde;o como espacio de frontera<sup><a name= "s1" href="#1">1</a></sup></b></p>      <p > El territorio chaque&ntilde;o constituy&oacute; un espacio de dif&iacute;cil y tard&iacute;a colonizaci&oacute;n  por parte de la Corona espa&ntilde;ola que, hacia mediados del siglo XVIII, a&uacute;n no  hab&iacute;a podido conocer sus geograf&iacute;as ni sujetar a los numerosos grupos ind&iacute;genas  que lo habitaban. En sentido amplio, este territorio se extend&iacute;a de norte a sur,  desde la meseta del Mato Grosso hasta la llanura pampeana –limitada por los r&iacute;os  salado y Dulce–; y en direcci&oacute;n este-oeste, entre el sistema fluvial  Paran&aacute;-Paraguay y las sierras subandinas y los Andes bolivianos, abarcando parte  de los actuales pa&iacute;ses sudamericanos de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay.  En funci&oacute;n de sus recursos y las caracter&iacute;sticas de la vegetaci&oacute;n, este enorme  espacio conocido como Gran Chaco puede dividirse en tres subregiones  principalmente delineadas por los cursos de los grandes r&iacute;os que la surcan: el  Chaco boreal se extiende al norte del r&iacute;o Pilcomayo; el Chaco central hace  referencia al espacio delimitado por este &uacute;ltimo y el r&iacute;o Bermejo, y, hacia el  sur, la porci&oacute;n austral se extiende entre los r&iacute;os Bermejo y salado.</p>      <p > La amalgama compuesta por la geograf&iacute;a, los recursos y los grupos ind&iacute;genas  nativos, as&iacute; como las pol&iacute;ticas de apropiaci&oacute;n y ocupaci&oacute;n territorial  implementadas desde el siglo XVI por las distintas potencias colonizadoras en  puja –Espa&ntilde;a y Portugal–, dieron como resultado la con figuraci&oacute;n de espacios  fronterizos<sup><a name= "s2" href="#2">2</a></sup> con caracter&iacute;sticas sociopol&iacute;ticas espec&iacute;ficas y  particulares de cada coyuntura. En este trabajo analizaremos el proceso mediante  el cual las din&aacute;micas de la interacci&oacute;n social, los distintos imaginarios  construidos en torno al espacio y las estrategias desplegadas por los grupos  abipones y el sector hispanocriollo fueron configurando las fronteras del Chaco  austral y definiendo un espacio entendido como &quot;otro&quot; –ajeno al sector  colonial–, con una fuerte presencia ind&iacute;gena que opon&iacute;a una en&eacute;rgica resistencia  a las pol&iacute;ticas de dominaci&oacute;n por parte de la Corona espa&ntilde;ola. Durante el siglo  XVIII, los grupos n&oacute;mades abipones abarcaron con sus movimientos los extensos  territorios del Chaco austral, principalmente los espacios aleda&ntilde;os al r&iacute;o  Salado, la cuenca del r&iacute;o Paran&aacute; y las inmediaciones del r&iacute;o Bermejo, y si bien  hacia la segunda mitad del siglo los encontramos tambi&eacute;n en las orillas del r&iacute;o  Pilcomayo, entablando estrechas relaciones con la ciudad de Asunci&oacute;n, en este  estudio centraremos nuestra atenci&oacute;n en la zona sur de la frontera oriental. Las  primeras referencias al espacio chaque&ntilde;o se remontan a los inicios mismos de la  colonizaci&oacute;n, cuando los formidables recursos mineros de Potos&iacute; no alcanzaron  para saciar la sed de riqueza de los conquistadores, haci&eacute;ndoles volver la  mirada sobre geograf&iacute;as inexploradas. Es as&iacute; que este espacio fue en sus  comienzos, como tantos otros, un territorio m&iacute;ticamente construido sobre la  existencia de ilusorios tesoros y riquezas legendarias. Poco despu&eacute;s, una  expedici&oacute;n exploratoria llevada a cabo por Diego Rojas –que partiendo de Per&uacute;  habr&iacute;a rozado los l&iacute;mites de la gran regi&oacute;n chaque&ntilde;a– no s&oacute;lo demostrar&iacute;a la  inexistencia de tales recursos sino que pondr&iacute;a de manifest&oacute; que &quot;aquella ser&iacute;a  una frontera dif&iacute;cil, &aacute;spera e inh&oacute;spita&quot; &#40;Gull&oacute;n Abao, 1993: 30&#41;. As&iacute;, el  derrumbe del mito dio paso a los proyectos de colonizaci&oacute;n territorial,  explotaci&oacute;n de sus recursos y dominaci&oacute;n de sus habitantes.</p>      <p align=center><a name=m1><img src="img/revistas/antpo/n8/8a06m1.jpg"></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Este fue el inicio de la ocupaci&oacute;n hispanocriolla en el espacio chaque&ntilde;o. Hacia  el &uacute;ltimo cuarto del siglo XVI ya se contaba con la fundaci&oacute;n de varias ciudades  en este territorio: Asunci&oacute;n &#40;1541&#41;, Santiago del Estero &#40;1554&#41;, Tucum&aacute;n  &#40;1565&#41;,  Esteco &#40;1567&#41;, C&oacute;rdoba &#40;1573&#41;, Santa Fe &#40;1573&#41;, Salta &#40;1582&#41;, Concepci&oacute;n del  Bermejo &#40;1585&#41;, Corrientes &#40;1588&#41; y Jujuy<sup><a name= "s3" href="#3">3</a></sup>  &#40;1593&#41; &#40;Maeder y  Guti&eacute;rrez, 1995&#41;. Sin embargo, los documentos<sup><a name= "s4" href="#4">4</a></sup> dejan entrever un  endeble imaginario construido sobre este amplio territorio, apenas respaldado en  vagas referencias a geograf&iacute;as desconocidas y a la incontrovertible presencia de  las muchas naciones ind&iacute;genas que lo habitaban. Aunque sin un adecuado  conocimiento del territorio, las expediciones realizadas en la primera mitad del  siglo XVI permitieron vislumbrar las dificultades y grandes peligros que  encerraban esa regi&oacute;n y sus ind&oacute;mitos habitantes; pero, tambi&eacute;n, las grandes  ventajas que supondr&iacute;a incorporar ese espacio al dominio colonial y abrir as&iacute; un  camino directo que agilizara la comunicaci&oacute;n entre las principales ciudades de  las gobernaciones de Tucum&aacute;n, Paraguay y R&iacute;o de la Plata. Dentro de ese proyecto  se fund&oacute; la ciudad de Concepci&oacute;n del Bermejo &#40;1585&#41; en las inmediaciones del r&iacute;o  hom&oacute;nimo, en un sitio estrat&eacute;gico para impulsar el comercio entre las ciudades  de Tucum&aacute;n y Santiago del Estero, a la vez que acortar las distancias entre  Asunci&oacute;n, Tucum&aacute;n y el Per&uacute; &#40;Zapata Goll&aacute;n, 1966&#41;. Esta fue la primera y &uacute;nica  localidad que los conquistadores lograron emplazar en el interior del Chaco, y  su temprano despoblamiento &#40;1631&#41;, debido a los constantes ataques de grupos  ind&iacute;genas confederados, marc&oacute; el fin del asentamiento espa&ntilde;ol en medio de este  territorio hasta entrado el siglo XIX. Es as&iacute; que, durante el per&iacute;odo colonial,  el espacio chaque&ntilde;o apenas se defin&iacute;a por los imprecisos l&iacute;mites demarcados por  un anillo de distantes ciudades hispano-criollas emplazadas en sus m&aacute;rgenes.</p>      <p > La construcci&oacute;n colonial del &quot;espacio chaque&ntilde;o&quot; entendido como unidad  geopol&iacute;tica reci&eacute;n comienza a delinearse en el siglo XVII. Como parte  fundamental de este proceso, aparece sistem&aacute;ticamente en los documentos el uso  del t&eacute;rmino &quot;Chaco&quot; para nombrar este territorio que, aunque de l&iacute;mites difusos,  alud&iacute;a en l&iacute;neas generales al Gran Chaco, tal como lo hemos definido al inicio  de este trabajo. Asimismo, comenzaron a registrarse de manera pormenorizada los  distintos grupos &eacute;tnicos que lo conformaban, y las generalizaciones del tipo  &quot;naciones b&aacute;rbaras&quot;, &quot;indios rebeldes&quot; o &quot;enemigos&quot;, poco a poco cedieron su  lugar a numerosas voces ind&iacute;genas que sirven para designar nombres propios –como  guaycur&uacute;, abip&oacute;n, mocov&iacute;–, o a creaciones coloniales para tal fin –como  frentones–, terminolog&iacute;a que evidencia un conocimiento m&aacute;s preciso de la  poblaci&oacute;n ind&iacute;gena pero tambi&eacute;n, y fundamentalmente, una fuerte preocupaci&oacute;n por  someterla<sup><a name= "s5" href="#5">5</a></sup>.</p>      <p > Paralelamente a la construcci&oacute;n del Chaco como espacio ajeno al dominio  colonial, tierra de ind&iacute;genas no dominados, se inici&oacute; el proceso de  configuraci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de sus distintos espacios fronterizos: la frontera  occidental, en la jurisdicci&oacute;n del Tucum&aacute;n; la frontera del Paraguay y la  frontera santafesina, que luego se convertir&iacute;a en el escenario protag&oacute;nico de  las relaciones inter&eacute;tnicas entre los grupos abipones y los funcionarios  coloniales. Areces <i>et al. </i>&#40;1993&#41; analizan, para el siglo XVII, la  conformaci&oacute;n de este espacio considerando la estrecha vinculaci&oacute;n entre la  incorporaci&oacute;n territorial y la conformaci&oacute;n de los procesos de producci&oacute;n y  estructuraci&oacute;n institucional y social. Reconociendo a la ciudad de Santa Fe como  frontera –&quot;&aacute;rea de contacto de formaciones sociales diversas&quot; &#40;Areces <i>et al.</i>,  1993: 75&#41;–, proponen analizar las relaciones inter&eacute;tnicas como un proceso que,  por un lado, habr&iacute;a generado un &aacute;rea de peligrosidad territorial latente  mientras que, por otro, habr&iacute;a delineado nuevas modalidades de interacci&oacute;n.  Siguiendo esta l&iacute;nea interpretativa, las autoras identifican diferentes espacios  de regionalizaci&oacute;n inter&eacute;tnica con grados de peligrosidad ascendente: el n&uacute;cleo  urbano, de baja peligrosidad y en donde conviv&iacute;an prestando servicios algunos  ind&iacute;genas fuertemente aculturizados y mimetizados con la sociedad colonial; un  &aacute;rea intermedia o &quot;colch&oacute;n&quot; conformada por reducciones de indios calchaqu&iacute;es y  mocoret&aacute;s, alternadas con chacras y estancias, y, finalmente, el espacio  controlado exclusivamente por los grupos ind&iacute;genas &#40;Areces <i>et al.</i>, 1993&#41;.  Este particular imaginario del espacio fronterizo santafesino en el siglo XVII  descansaba en gran medida en el grado de asiduidad y mestizaje cultural  alcanzado en las relaciones con los distintos grupos ind&iacute;genas del Chaco, entre  los cuales los abipones representaban el mayor grado de peligrosidad y autonom&iacute;a  respecto a la colonia.</p>      <p > La definici&oacute;n de las fronteras no debe entenderse como la imposici&oacute;n de  demarcaciones radicales que separaban ambos espacios sino que, por el contrario,  supuso la creaci&oacute;n de numerosas pol&iacute;ticas de contacto, sumada a que se cuenta  con la presencia de representantes de ambos sectores integrados a los espacios  percibidos como ajenos: ind&iacute;genas prestando servicios en las estancias  coloniales &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969&#41;; evangelizadores, mercaderes y forajidos  en el interior del Chaco &#40;Santamar&iacute;a, 2007&#41;. Esta realidad conduce a enfocar los  estudios de frontera como espacios transicionales y construidos, evitando la  ficci&oacute;n de un &uacute;nico principio de bipartici&oacute;n entre &quot;civilizados&quot; y &quot;salvajes&quot;  &#40;Boccara, 2003&#41;. Asimismo, es importante se&ntilde;alar que la violencia no fue la  &uacute;nica forma que adoptaron esos encuentros. si se desplaza el prejuicio que  construye a los grupos ind&iacute;genas como incapaces de escapar de su &quot;ethos  guerrero&quot; &#40;Susnik, 1981&#41;, se vuelven inteligibles muchas otras formas pac&iacute;ficas  de interacci&oacute;n: prestaciones de servicios, intercambio s comerciales y el  establecimiento o de di&aacute;logos entre funcionarios coloniales y grupos  ind&iacute;genas &#40;Nacuzzi, 2006; Nacuzzi <i>et al.</i>, 2008&#41;.</p>      <p > Paralelamente al establecimiento de contactos m&aacute;s asiduos y estrechos, en el  siglo XVII se avanz&oacute; en el conocimiento del territorio y sus habitantes. La  fundaci&oacute;n de reducciones ind&iacute;genas en el espacio fronterizo santafesino como  enclaves de mediaci&oacute;n entre el n&uacute;cleo urbano y el interior del Chaco, nos  permite considerar la implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de dominaci&oacute;n ensayadas  exitosamente en otros contextos –como las misiones guaran&iacute;ticas<sup><a name= "s6" href="#6">6</a></sup>– y  el establecimiento de nuevos v&iacute;nculos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y simb&oacute;licos con  algunos grupos ind&iacute;genas. Sin embargo, faltar&iacute;a m&aacute;s de un siglo para conocer por  extenso su geograf&iacute;a, explotar sistem&aacute;ticamente sus recursos, dominar a los  grupos n&oacute;mades y sentar una fuerte e irreductible presencia colonial.</p>      <p > As&iacute;, a principios del siglo XVIII, el espacio austral del Chaco todav&iacute;a  constitu&iacute;a un bols&oacute;n territorial habitado por numerosos grupos ind&iacute;genas con  notable autonom&iacute;a y que opon&iacute;an resistencia al avance colonial. Esta particular  soberan&iacute;a de los grupos ind&iacute;genas sobre el territorio, lejos de asentarse en una  separaci&oacute;n radical entre ambos tipos de sociedades, se fue conformando a trav&eacute;s  de un complejo entramado de relaciones inter&eacute;tnicas –violentas y pac&iacute;ficas–,  mestizajes culturales y adaptaciones relativas al uso del espacio &#40;Lucaioli,  2006; Nacuzzi <i>et al., </i>2008&#41;. Sin embargo, gran parte de estos encuentros  a&uacute;n constitu&iacute;a enfrentamientos armados que retroalimentaban un c&iacute;rculo  interminable de violencia: malones ind&iacute;genas en las estancias y ciudades se  segu&iacute;an de agresiones defensivas por parte del sector colonial, abriendo la  puerta a nuevos ataques ind&iacute;genas. Esta situaci&oacute;n era com&uacute;n a los tres espacios  fronterizos del Chaco austral: Tucum&aacute;n estaba asediada por los ataques de los  grupos tobas y mocov&iacute; &#40;Argando&ntilde;a, 10-01-1689; Zamudio, 28-12-1705&#41;; la ciudad de  Asunci&oacute;n recib&iacute;a el fuerte impacto de los grupos mbay&aacute;s-guaycur&uacute; y Payagu&aacute;s  &#40;Copias de Actas Capitulares del Cabildo de Asunci&oacute;n, 12-11-1692 y 01-12-1704&#41;,  mientras que la frontera sur sufr&iacute;a, en sus estancias y ciudades, la presi&oacute;n de  los abipones y otros grupos confederados atra&iacute;dos por la riqueza ganadera del  espacio santafesino &#40;Bando sobre muertes…, 1701; C&aacute;mara, 1710&#41;.</p>      <p > Los constantes asedios y el peligro inminente hac&iacute;an cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil  sostener la ocupaci&oacute;n territorial, realidad que se hac&iacute;a sentir fuertemente en  la frontera tucumana:</p>  <ul>    <p > Todo el tiempo que estuvieron retirados &#91;los indios&#93; se aprovecharon los  espa&ntilde;oles de muchas y excelentes tierras &#91;…&#93; poblando en ellas haciendas de  mucho precio, hasta que &#91;…&#93; permiti&oacute; Dios, saliesen a infestar las fronteras y  hallando descuidados a los espa&ntilde;oles ejecutaron en ellos y sus familiares  cruel&iacute;simas muertes &#91;…&#93; llev&aacute;ndose consigo &#91;...&#93; todos los ganados que ten&iacute;an  las haciendas y que cebados de la felicidad de los primeros sucesos y el robo de  los ganados, continuaron sus salidas hasta despoblar mucha parte del terreno.  &#40;Ur&iacute;zar y Arespacochaga, 24-11-1708&#41;</p>    </ul>      <p > En este contexto tuvo lugar la entrada perpetrada en 1710 por el gobernador de  Tucum&aacute;n, Esteban de Ur&iacute;zar y Arespacochaga, con el objetivo de someter a los  grupos mocov&iacute;. Dicha empresa pretend&iacute;a una acci&oacute;n conjunta con las milicias de  Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes y Asunci&oacute;n, aunque s&oacute;lo fue realizada  por Tucum&aacute;n. Los resultados fueron relativos: por un lado, lograron pacificar a  grupos Lule, a la vez que provocaron el desplazamiento hacia el sur de los  grupos mocov&iacute; &#40;Gull&oacute;n Abao, 1993; Vitar, 1997&#41;; por otra parte, la generosa  disponibilidad de ganados de la frontera santafesina atrajo a los mocov&iacute;  desplazados, que, en r&aacute;pida confederaci&oacute;n con los grupos abipones, hostigaron  con renovada fuerza los emplazamientos coloniales &#40;Lucaioli, 2005&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Para ese momento, la defensa de la frontera sur descansaba en unos escasos y  desprovistos puestos militares situados en los parajes del Rinc&oacute;n, Rosario,  Pergamino, Carcara&ntilde;&aacute;, Arroyos, Paran&aacute; y Coronda &#40;Alem&aacute;n, 1976; Cervera, 1981;  Damianovich, 1992&#41;. La poblaci&oacute;n de calchaqu&iacute;es aliados que ayudaba a contener  los ataques de los ind&iacute;genas no reducidos fue diezmada por una epidemia de  viruela en 1718, y sus pocos habitantes debieron ser relocalizados en  territorios m&aacute;s seguros al sur del ejido urbano, dejando a&uacute;n m&aacute;s debilitada la  defensa de Santa Fe &#40;Lozano, 1941 &#91;1733&#93;&#41;. La &uacute;nica salida era &quot;obligar a los  enemigos a que retrocedan y vuelvan con sus rancher&iacute;as a su habitaci&oacute;n antigua  desde donde como m&aacute;s retirados es cierto que ni ser&aacute;n tan frecuentes sus  invasiones ni lograr&aacute;n como hasta aqu&iacute; el sosiego que dichos enemigos han  tenido&quot; &#40;Actas del Cabildo de Santa Fe, 08-08-1724&#41;. Con este objetivo, se llev&oacute;  a cabo una entrada que s&oacute;lo demostr&oacute; la fragilidad de las tropas, desencadenando  que, en 1726, se creara la Compa&ntilde;&iacute;a de Blandengues –cuerpo de soldados pagos–  para la defensa de las fronteras &#40;Cervera, 1981; Damianovich, 1987-1991&#41;.  Amparado en este nuevo recurso, el gobernador de Santa Fe –Melchor Echag&uuml;e y  And&iacute;a– organiz&oacute; en 1728 y 1729 otras dos expediciones en el interior del Chaco  &#40;Damianovich, 1992&#41;. No obstante esta ofensiva y los esfuerzos por defender las  fronteras, en los a&ntilde;os posteriores se recrudecieron los ataques ind&iacute;genas. En  1730, un informe del Cabildo de Santa Fe expresa</p>  <ul>    <p > El evidente peligro en que se halla toda la vecindad &#91;…&#93; como de las  consecuencias que se seguir&aacute;n de cualquier invasi&oacute;n del enemigo pues de terror,  horror y espanto se despoblar&aacute;n y dem&aacute;s que desertar&aacute;n a las ciudades incumb&iacute;simas como ha acaecido con gran parte de la vecindad que resid&iacute;a en los  pagos de las Saladas por una y otra banda del Culucul&uacute;, Rinc&oacute;n, Ascochinga y  Coronda, quedaron estos parajes &uacute;nicos desiertos y despoblados y &#91;…&#93; se  apoderar&aacute; este enemigo de este territorio. &#40;Palafox y Cardoma, 14-11-1730&#41;</p>    </ul>      <p > La necesidad de encauzar estos ataques y afianzar el dominio del espacio  colonial adquiri&oacute; un renovado impulso en el marco de las reformas borb&oacute;nicas,  especialmente en lo relativo a conquistar nuevos territorios y sentar precedente  de la Corona espa&ntilde;ola en espacios a&uacute;n no incorporados –el Chaco, la Pampa y la  Patagonia– frente al acechante avance de otras potencias. Hemos se&ntilde;alado que,  hacia 1730, esa franja territorial estaba desprotegida y comenzaba a perderse el  dominio de terrenos ya colonizados, cedidos por la relocalizaci&oacute;n de las  diezmadas reducciones calchaqu&iacute;es y el repliegue de las estancias que  complementaban el frente defensivo &#40;Calvo, 1993; Areces, 2004&#41;. El vac&iacute;o  colonial en esta &aacute;rea era evidente, y las embestidas sistem&aacute;ticas de los grupos  abipones, en confederaci&oacute;n con los mocov&iacute;, habr&iacute;an subrayado a&uacute;n m&aacute;s esta  ausencia. Las presiones ejercidas impulsaron un nuevo giro en la empresa de  colonizaci&oacute;n que revitaliz&oacute; la posibilidad –siempre latente– de implementar  reducciones con los grupos n&oacute;mades abipones y mocov&iacute;. Probablemente, la  ejecuci&oacute;n de esta empresa se vio favorecida, desde el sector colonial, por la  experiencia previa con reducciones ind&iacute;genas en el siglo XVII, y su impronta en  la representaci&oacute;n fronteriza como espacios de amortiguaci&oacute;n de los conflictos  b&eacute;licos entre el Chaco no reducido y la ciudad de Santa Fe habr&iacute;a contribuido a  que se aprobasen los gastos para las fundaciones. Por otra parte, desde el  sector ind&iacute;gena, tambi&eacute;n estar&iacute;an dadas las condiciones para entablar este tipo  de negociaciones, y la aceptaci&oacute;n de conformar reducciones –muchas veces  disfrazada de solicitud en los documentos– se acompa&ntilde;aba de una serie de  oportunidades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que los grupos abipones supieron aprovechar  &#40;Lucaioli, 2006; Lucaioli y Nesis, 2007; Lucaioli, 2009&#41;.</p>      <p > Con el objetivo de entablar comunicaci&oacute;n con los grupos ind&iacute;genas y ofrecerles  reducirse, Echag&uuml;e y And&iacute;a emprendi&oacute; otra entrada en el interior del Chaco  &#40;1733&#41;, logrando negociar con uno de los principales caciques mocov&iacute; &#40;Cervera,  1907&#41;. Luego de dilatadas tratativas que duraron casi una d&eacute;cada, en 1743 se  fund&oacute; san Javier, para indios mocov&iacute; &#40;Cervera, 1907&#41;. Poco tiempo despu&eacute;s, y  como resultado de un complejo proceso signado por la entrega de regalos y  donaciones –principalmente ganados– &#40;Lucaioli, 2006&#41;, se logr&oacute; atraer a los  grupos abipones, fundando para ellos las reducciones de san Jer&oacute;nimo &#40;1748&#41;, en  Santa Fe; Concepci&oacute;n &#40;1749&#41;, en Santiago del Estero; san Fernando &#40;1750&#41;, en  Corrientes, y Timb&oacute; &#40;1763&#41;, en Asunci&oacute;n del Paraguay &#40;Maeder y Guti&eacute;rrez, 1995&#41;.  Hacia mediados del siglo XVIII la pol&iacute;tica fronteriza del Chaco austral  incorpora estos espacios de interacci&oacute;n con el ind&iacute;gena, iniciando una nueva  etapa en la percepci&oacute;n del espacio fronterizo chaque&ntilde;o. Las intensas  interacciones devenidas en estos contextos entre hispanocriollos e ind&iacute;genas  podr&iacute;an interpretarse como un antecedente temprano de la pol&iacute;tica de acuerdos y  tratados de la d&eacute;cada de 1770, que dieron inicio al proceso de ocupaci&oacute;n y  conquista efectiva del territorio chaque&ntilde;o. Estas cuestiones convocan futuras  investigaciones y su an&aacute;lisis sobrepasa los objetivos aqu&iacute; propuestos.</p>       <p ><b> El chaco austral: un espacio de imaginarios superpuestos</b></p>      <p > El proceso de construcci&oacute;n de la frontera chaque&ntilde;a nos permite sostener que,  para mediados del siglo XVIII, el espacio no sometido a&uacute;n constitu&iacute;a un  territorio hostil, fuertemente codiciado y muy poco conocido por parte de los  sectores coloniales. Esta realidad se ve reflejada gr&aacute;ficamente en los mapas de  la &eacute;poca, en donde el Chaco aparece como una zona en blanco vagamente delimitada  por un anillo de ciudades y enclaves coloniales &#40;D&aacute;vilo y Gotta, 2000&#41;. Sin  embargo, este espacio aparentemente vac&iacute;o, que denotaba la d&eacute;bil presencia  colonial y el conocimiento incompleto de su geograf&iacute;a, sus recursos y sus  habitantes, albergaba numerosos grupos ind&iacute;genas que conoc&iacute;an &iacute;ntimamente el  territorio, sus ciclos biol&oacute;gicos, sus paisajes y sus l&iacute;mites naturales o  culturales impuestos por otros grupos ind&iacute;genas o por la presencia  hispano-criolla. La noci&oacute;n de frontera como espacio socialmente construido  adquiere verdadera dimensi&oacute;n al considerar las distintas percepciones y  estrategias elaboradas en torno al territorio chaque&ntilde;o. si bien los documentos  representan fundamentalmente la cosmovisi&oacute;n de quien elabora el discurso  –funcionarios gubernamentales y eclesi&aacute;sticos–, los contactos asiduos y las  relaciones inter&eacute;tnicas cada vez m&aacute;s estrechas nos permiten acceder,  indirectamente, a esos otros imaginarios ind&iacute;genas solapados bajo el discurso  oficial<sup><a name= "s7" href="#7">7</a></sup>.</p>      <p > La frontera emerge como un espacio de imaginarios superpuestos que, en la  interacci&oacute;n de los grupos humanos, entran en di&aacute;logo, se combinan y reconfiguran  a lo largo del tiempo dando lugar a procesos de territorializaci&oacute;n: mientras que  simb&oacute;licamente se superpon&iacute;an distintas percepciones en torno al espacio  chaque&ntilde;o, en los hechos, el proyecto colonial busc&oacute; asentarse en terrenos  ocupados o incorporados a los circuitos socioecon&oacute;micos de los grupos nativos.  De esta manera, el inicio de la conquista marc&oacute; el comienzo de una puja  territorial de larga duraci&oacute;n entre las potencias europeas y los grupos nativos  caracterizada por la implementaci&oacute;n sistem&aacute;tica de diferentes pol&iacute;ticas de  colonizaci&oacute;n y el despliegue de estrategias ind&iacute;genas en respuesta a esta nueva  situaci&oacute;n. Este proceso vendr&iacute;a a sumarse al ya convulsionado espacio chaque&ntilde;o  que albergaba numerosos grupos ind&iacute;genas –sedentarios, semisedentarios y  n&oacute;mades– con sus propios enfrentamientos y conflictos territoriales<sup><a name= "s8" href="#8">8</a></sup>.  En este sentido, la presencia hispana en el espacio chaque&ntilde;o –las ciudades, los  fuertes y guardias defensivas, la relocalizaci&oacute;n de grupos ind&iacute;genas en pueblos  de reducci&oacute;n, la navegaci&oacute;n de los r&iacute;os y las expediciones por tierra–  signific&oacute;, esencialmente, la incorporaci&oacute;n de nuevos actores sociales al  entramado de las relaciones inter&eacute;tnicas y supuso readaptaciones en las  estrategias econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas de los grupos involucrados, sin que ninguno  lograra imponerse sobre otro con total hegemon&iacute;a.</p>      <p > As&iacute;, el Chaco continuaba siendo en el siglo XVIII un espacio no controlado por  el sector hispanocriollo, ya que &quot;poseen los infieles un territorio muy  extendido, en que nunca se pens&oacute; llegasen a ocupar&quot; &#40;Salcedo, 20-07-1734&#41;. Esta  particular autonom&iacute;a debe analizarse principalmente en funci&oacute;n de la resistencia  ofrecida en dos &oacute;rdenes simult&aacute;neos y, en cierta medida, solidarios entre s&iacute;:  por un lado, la rudeza de la geograf&iacute;a chaque&ntilde;a, que hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil su  conquista, y, por otro, la tenaz intransigencia y la alta movilidad de los  grupos ind&iacute;genas n&oacute;mades –abipones, mocov&iacute;, tobas, charr&uacute;as y payagu&aacute;s, entre  otros–, que dificultaba su localizaci&oacute;n y posterior sometimiento. El espacio  geogr&aacute;fico brindaba asilo y refugio a numerosos grupos ind&iacute;genas conocedores del  territorio, a la vez que ellos, en su lucha por su autonom&iacute;a, ofrec&iacute;an  resistencia al avance colonizador. La conjunci&oacute;n de estos aspectos preocupaba al  gobernador de Santa Fe, Francisco Antonio de Vera Mujica, quien en 1743 escribe:</p>  <ul>    <p > La distancia que tiene esta campa&ntilde;a es espaciosa y muy fragosa y s&oacute;lo se puede  penetrar con logro siendo el n&uacute;mero de gente crecida para ollarla toda en busca  de los indios infieles que ordinariamente andan fugitivos por los montes y  bosques. &#40;Vera Mujica, 08-03-1743&#41;</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>      <p > La despareja relaci&oacute;n entre el exhaustivo conocimiento y dominio del terreno por  parte de unos frente a la casi total ignorancia de otros constituye una pieza  clave para comprender el lento avance de las fronteras. Nicol&aacute;s Patr&oacute;n  –gobernador de Corrientes– ilustra hasta qu&eacute; punto en 1760 el Chaco constitu&iacute;a  un territorio apenas explorado:</p>  <ul>    <p > Todav&iacute;a quisiera tener m&aacute;s extensa relaci&oacute;n de los acontecimientos de la  referida entrada y espero que me comunicar&aacute; VM los que llegaren a su noticia,  &#91;…&#93; las marchas que ha hecho desde Salta hasta el paraje donde retrocedi&oacute;, la  calidad del terreno, los r&iacute;os que se han encontrado y todo lo dem&aacute;s que pueda  conducir a instruirme de aqu&eacute;l pa&iacute;s lo mejor que sea posible. &#40;Patr&oacute;n,  28-02-1760&#41;</p>    </ul>      <p > Cualquier informaci&oacute;n sobre el territorio era bienvenida a&uacute;n en 1767, cuando, en  medio de una excursi&oacute;n en el interior del Chaco, un encuentro no violento entre  las tropas y grupos ind&iacute;genas abipones y mocov&iacute; brind&oacute; &quot;la ocasi&oacute;n de informarse  de todas las distancias, que median desde La Cangay&eacute; a las ciudades de  Corrientes, Santa Fe, C&oacute;rdoba y Santiago&quot; &#40;Cevallos, 24-02-1767&#41;. Estas  cuestiones nos conducen a observar las caracter&iacute;sticas del espacio geogr&aacute;fico  chaque&ntilde;o atendiendo a las distintas relaciones que los grupos abipones y los  sectores coloniales entablaron con el entorno natural, y a analizar c&oacute;mo  influyeron estas variables en la autonom&iacute;a chaque&ntilde;a y el proceso de avance  colonial hacia mediados del siglo XVIII.</p>       <p ><b> Geograf&iacute;a, recursos y personas</b></p>      <p > El Chaco austral est&aacute; conformado por una amplia llanura que, como hemos  se&ntilde;alado, se extiende entre los r&iacute;os salado y Bermejo. En la actualidad esta  regi&oacute;n abarca aproximadamente 270.000 km², ubicados dentro del territorio de la  Rep&uacute;blica Argentina, comprendiendo la totalidad de las provincias de Chaco y  Santiago del Estero y parte de las provincias de Tucum&aacute;n, Salta, Catamarca,  C&oacute;rdoba y Santa Fe. Para el siglo XVIII, su gran extensi&oacute;n hac&iacute;a sumamente  dif&iacute;cil la conquista, ya que</p>  <ul>    <p > Si de una sola, o de dos jurisdicciones se hiciera la entrada, los infieles se  retirar&iacute;an a las tierras fronterizas de la otra sin pod&eacute;rseles dar alcance,  respecto de que cuando llega la gente de cualquiera de las provincias a la  inmediaci&oacute;n de sus tolder&iacute;as, llegan fatigados sus caballos, teniendo los suyos  descansados los infieles, y por consiguiente en estado de retirarse, burl&aacute;ndose  como lo han hecho otras veces. &#40;Cevallos, 15-02-1759&#41;</p>    </ul>      <p > El Chaco austral y central son considerados por la bibliograf&iacute;a acad&eacute;mica como  el territorio natural de los grupos abipones &#40;Canals Frau, 1953; Susnik, 1971;  Saeger, 2000&#41;, y, si bien debemos considerar que la distinci&oacute;n entre las  distintas regiones del Chaco se debe a una clasificaci&oacute;n contempor&aacute;nea –sin  influencia en la percepci&oacute;n del espacio por parte de los grupos ind&iacute;genas–,  casualmente existe cierta correlaci&oacute;n entre los l&iacute;mites geogr&aacute;ficos impuestos  por los grandes r&iacute;os –principalmente, por los r&iacute;os salado y Pilcomayo– y los  l&iacute;mites territoriales<sup><a name= "s9" href="#9">9</a></sup> definidos por los circuitos de movilidad de  los abipones. En este sentido, aunque los cauces de agua no significaron  obst&aacute;culos infranqueables, pareciera ser que s&iacute; coinciden con demarcaciones  espaciales de los territorios considerados como propios y aquellos de  circulaci&oacute;n restringida &#40;Lucaioli, 2005&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > El espacio asociado a la movilidad de los grupos abipones consiste en una amplia  llanura salpicada de numerosas zonas deprimidas de origen tect&oacute;nico que forman  humedales. Las ondulaciones del terreno inciden en determinados segmentos de los  r&iacute;os salado y Bermejo generando la divagaci&oacute;n de sus cauces. Esta particularidad  transforma el paisaje creando abanicos de peque&ntilde;os r&iacute;os muertos &#40;ca&ntilde;adas&#41; que  s&oacute;lo se reactivan en la estaci&oacute;n de las grandes lluvias &#40;verano&#41; y, cuando lo  hacen, forman peque&ntilde;as lomadas &#40;albar-dones&#41; que, al alternarse con el terreno  deprimido de estos cauces &#40;madrejones&#41;, conforman superficies irregulares, en  las cuales suelen formarse esteros y ba&ntilde;ados &#40;Morello y Adamoli, 1974&#41;. Esta  combinaci&oacute;n del relieve con la hidrograf&iacute;a, adem&aacute;s de la marcada variabilidad  pluviom&eacute;trica que provocaba grandes sequ&iacute;as durante el invierno y fuertes  lluvias en verano, constituyeron algunos de los principales obst&aacute;culos del  avance colonizador<sup><a name= "s10" href="#10">10</a></sup>, haciendo dificultosa –si no imposible– la  circulaci&oacute;n:</p>  <ul>    <p > Todo a lo largo y a lo ancho hasta donde la vista abarcaba, no hab&iacute;a un palmo de  tierra donde posarse; de modo que podr&iacute;a considerarse un verdadero milagro poder  sacar los pies o las patas de sus caballos del cieno y del agua. No hab&iacute;a duda  de que los caminos por los que deber&iacute;a llegarse hasta los escondites de los  b&aacute;rbaros, hasta a ellos mismos les resultaban temibles. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93;  1969: 93&#41;</p>    </ul>      <p > Asimismo, &quot;los caballos, sumergidos d&iacute;a y noche en las aguas, con las pezu&ntilde;as  infectadas mor&iacute;an m&aacute;s de los que viv&iacute;an, no sosteni&eacute;ndose ya sobre sus patas.  Imposibilitados de proseguir la marcha debieron abandonar en el camino unos  trescientos&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 234&#41;, de manera que cada expedici&oacute;n  necesitaba contar con una amplia reserva de animales que la hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s  costosa. Otros inconvenientes complicaban el tr&aacute;nsito por este territorio:</p>  <ul>    <p > El camino que deb&iacute;amos recorrer est&aacute; lleno en su mayor parte de lagunas  cubiertas por juncos y ca&ntilde;as alt&iacute;simas que crecen enmara&ntilde;adas a causa de las  continuas lluvias; los caballos casi no pod&iacute;an vadearlas y eran constante motivo  de tropezones por sus profundos pozos y mont&iacute;culos de hormigas escondidos debajo  del agua. El resto del campo, cubierto de agua como un lago no nos dejaba lugar,  ni para dormir de noche ni para pacer los caballos. &#91;…&#93; una horrible lluvia nos  molest&oacute; d&iacute;a y noche. Las ropas, el mismo cuerpo, y hasta el breviario destilaban  agua. Nuestra &uacute;nica comida era carne de vaca ya putrefacta que empezaba a  llenarse de gusanos. &#91;…&#93; Pero como en tan vasta soledad no hab&iacute;a ni esperanza ni  abundancia de otras provisiones, debimos llevarnos esa carne, aunque podrida,  para no morir de hambre. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 212&#41;</p>    </ul>      <p > Sin embargo, en la &eacute;poca invernal sobreven&iacute;an largos per&iacute;odos de sequ&iacute;a, y  &quot;aquella vasta regi&oacute;n de tierra se seca de tal modo que no se encuentra ni una  gotita de agua dulce ni un ave&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 19&#41;, y la sed pod&iacute;a  saciarse &quot;s&oacute;lo con agua p&uacute;trida que encontraban en los charcos y que repel&iacute;a al  olfato&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 100&#41;. Con una adaptaci&oacute;n al medio  completamente opuesta,</p>  <ul>    <p > Los abipones se prove&iacute;an de todo lo que ata&ntilde;e al uso cotidiano de la vida. Si  debido al clima los arroyos se secaban, o los campos estaban desiertos, buscaban  bajo las hojas del caraguat&aacute; el agua que les quitar&iacute;a la sed. Frutos llenos de  jugo, semejantes a melones, nac&iacute;an bajo tierra. En los r&iacute;os secos cavaban con la  punta de la lanza un hoyo hasta ver brotar de &eacute;l agua suficiente para ellos y su  caballo. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 114&#41;</p>    </ul>      <p > Pero para la empresa colonial, tanto las lluvias y las crecidas de los r&iacute;os como  la &eacute;poca de sequ&iacute;as extremas supon&iacute;an innumerables contratiempos que, sumados al  escaso conocimiento del terreno, demoraban la conquista del Chaco. As&iacute;, mientras  los espa&ntilde;oles deb&iacute;an retroceder ante los extensos pantanos o las extenuantes  llanuras des&eacute;rticas, los abipones &quot;han cruzado a caballo, sin ninguna  dificultad, lagos y lagunas profund&iacute;simas que aquellos consideraron  absolutamente intransitables. &#91;…&#93; no los atemoriza ni la aspereza de los caminos  ni la extensi&oacute;n de la traves&iacute;a&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 19&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Los r&iacute;os constitu&iacute;an otra fuerte limitaci&oacute;n para las tropas. sol&iacute;an cruzarlos en  embarcaciones que aletargaban la marcha, y corriendo el peligro de perder  animales y pertrechos en las caudalosas aguas o humedecer la p&oacute;lvora de sus  armas de fuego. Contrariamente, esto no limitaba la movilidad de los grupos  ind&iacute;genas, que</p>  <ul>    <p > Mientras nadaban s&oacute;lo sacaban las cabezas de las aguas; y sin embargo hablaban  tranquilamente, como suelen hacerlo mientras descansan sobre el c&eacute;sped &#91;…&#93;.  Atraviesan cuantas veces quieren una gran extensi&oacute;n de agua &#91;…&#93;. Lo hacen a  caballo, ante el asombro de los espa&ntilde;oles al ver a estos animales desplazarse  por las aguas &#91;...&#93; regresando a sus hogares con los numerosos animales que  hab&iacute;an robado a los espa&ntilde;oles. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1968: 124&#41;</p>    </ul>      <p > Los grupos ind&iacute;genas prefer&iacute;an instalar sus campamentos sobre las m&aacute;rgenes de  los r&iacute;os &#40;Vitar, 1997&#41;, principalmente porque constitu&iacute;an una rica fuente de  recursos vegetales y animales, y por la disponibilidad de agua dulce. La  vegetaci&oacute;n del Chaco austral estaba condicionada por el clima, que, aunque  predominantemente c&aacute;lido en toda su extensi&oacute;n, favoreci&oacute; la presencia de  cerradas selvas subtropicales en las zonas h&uacute;medas del sector oriental y las  cuencas de los r&iacute;os Paran&aacute; y Paraguay. Este particular ecosistema de vegetaci&oacute;n  exuberante y enmara&ntilde;ada ofrec&iacute;a un excelente refugio para los grupos ind&iacute;genas,  que &quot;poni&eacute;ndose en fuga en las fragosidades de los bosques y r&iacute;o que mediaba&quot;  &#40;Vera Mujica, 06-04-1756&#41; escapaban de la vista y la sujeci&oacute;n de los espa&ntilde;oles:  &quot;En estos escondrijos defendieron su libertad los abipones. sus campamentos son  como fortalezas y trincheras que tuvieron selvas dens&iacute;simas como muros, r&iacute;os y  lagunas como fosas, &aacute;rboles alt&iacute;simos como atalayas y alg&uacute;n abip&oacute;n como vig&iacute;a y  esp&iacute;a&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 357&#41;.</p>      <p > En el otro extremo del territorio, el sector occidental –predominantemente  seco– estaba cubierto de extensas zonas de montes alternadas con bosques  abiertos de especies vegetales especialmente adaptadas a resistir las  prolongadas sequ&iacute;as: troncos de maderas muy duras, presencia de espinas y hojas  de cut&iacute;cula espesa para limitar la p&eacute;rdida de agua o bien caducas. Entre los m&aacute;s  importantes se encontraban el quebracho, el cha&ntilde;ar, el mistol, el palo santo y  el algarrobo &#40;Morello y Adamoli, 1974&#41;. Este &uacute;ltimo constitu&iacute;a una importante  fuente de recursos para los grupos ind&iacute;genas abipones, ya que con sus frutos  preparaban la bebida ritual que compart&iacute;an en las ceremonias y encuentros  multi&eacute;tnicos celebrados para concretar alianzas matrimoniales o planificar las  cuestiones b&eacute;licas &#40;Lucaioli, 2005&#41;. En estos paisajes</p>  <ul>    <p > El clima y el aire &#91;…&#93; son muy saludables, y el terreno es muy rico y f&eacute;rtil.  Por ac&aacute; se elevan colinas de suave ascenso, por all&aacute; se ven valles cubiertos de  altas hierbas que dan el mejor pastoreo a caballos y ganado de todas clases; por  el medio est&aacute;n situados bosques y &aacute;rboles alt&iacute;simos de toda clase. &#91;…&#93; los  campos y bosques, r&iacute;os y lagos y todo el aire ofrecen la m&aacute;s bella oportunidad  para cazar. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1967: 216&#41;</p>    </ul>      <p > En los sectores degradados por erosi&oacute;n natural o por la interacci&oacute;n del hombre y  los animales –proceso que tom&oacute; un ritmo vertiginoso durante los siglos XIX y XX  con la deforestaci&oacute;n a gran escala y la pr&aacute;ctica de cultivos intensivos–  predominaba una vegetaci&oacute;n arbustiva espinosa, como el chaguar, propia de las  estepas semi&aacute;ridas. As&iacute; como los grupos ind&iacute;genas supieron aprovechar los  escondrijos de las selvas como refugio, tambi&eacute;n recorrieron las extensas  llanuras semides&eacute;rticas en busca de presas de caza y ocuparon los bosques  abiertos y los montes que promet&iacute;an recursos espec&iacute;ficos como la miel o el  algarrobo. En cuanto a los recursos animales, la fauna aut&oacute;ctona del Chaco  austral –en la actualidad fuertemente diezmada– contaba con la presencia de  coipos &#40;aguarachay o nutria gigante&#41;, pecar&iacute;es, aguar&aacute;s, guaz&uacute;s, ciervos de los  pantanos, jaguares y yacar&eacute;s, para nombrar s&oacute;lo los m&aacute;s importantes, &quot;pues por  todas partes se encuentra una multitud tan incre&iacute;ble cuan variada de fieras  extra&ntilde;as, de peces, anfibios y aves&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1967: 216&#41;.</p>      <p > A su vez, el ecosistema chaque&ntilde;o hab&iacute;a incorporado a la flora y fauna aut&oacute;ctonas  numerosas especies ex&oacute;genas tra&iacute;das por los colonizadores. Algunas de estas  nuevas especies, como los cereales o el cultivo de la vid, se mantuvieron por  mucho tiempo casi exclusivamente dentro del circuito de explotaci&oacute;n hispanocriolla<sup><a name= "s11" href="#11">11</a></sup>; pero muchas otras, como el ganado bovino y equino,  se reprodujeron con notable rapidez ocupando las extensas llanuras de pastoreo y  fueron incorporadas por los grupos ind&iacute;genas como importantes recursos  econ&oacute;micos<sup><a name= "s12" href="#12">12</a></sup>. Por otra parte, las caracter&iacute;sticas del espacio  propiciaron la orientaci&oacute;n ganadera del sector productivo colonial &#40;Schindler,  1985&#41;, lo que favorec&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s la presencia de una gran cantidad de animales en  el territorio: &quot;Es en toda esta provincia benigno el temple m&aacute;s c&aacute;lido que fr&iacute;o,  y por eso a prop&oacute;sito para todo g&eacute;nero de frutos y cr&iacute;a de ganados mayores, a  que se aplican con mayor cuidado sus habitadores&quot; &#40;Ur&iacute;zar y Arespacochaga,  24-11-1708&#41;.</p>      <p > As&iacute;, para el siglo XVIII, el paisaje inclu&iacute;a la presencia de vacas, caballos,  mulas y ovejas, que en poco tiempo se hab&iacute;an convertido en una importante fuente  de recursos –coloniales e ind&iacute;genas–, en calidad de alimento, transporte,  objetos para el intercambio y/o aprovechamiento de productos derivados como el  cuero, los cuernos y la lana. Es interesante se&ntilde;alar la ajustada adaptaci&oacute;n  lograda por los grupos ind&iacute;genas en el uso de estos animales respecto al medio  natural. En poco tiempo, se volvieron diestros jinetes que circulaban a caballo  por terrenos en donde no se atrev&iacute;an o no pod&iacute;an cabalgar los espa&ntilde;oles.  Asimismo, desarrollaron estrategias originales para transportar miles de cabezas  de ganado arri&aacute;ndolas a trav&eacute;s de los caudalosos r&iacute;os &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93;  1968&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > Por otra parte, el paisaje tambi&eacute;n se vio modificado por la incorporaci&oacute;n de  estas especies y su veloz ritmo de crecimiento:</p>  <ul>    <p > Infinitos reba&ntilde;os de vacas que estaban expuestos sin ning&uacute;n due&ntilde;o colmaban todos  los campos, cuando los toros se enfurecen suelen clavar los cuernos en tierra;  de all&iacute; que por todas partes haya esos pozos tanto m&aacute;s peligrosos cuanto que,  cubiertos por el agua, no pueden ser descubiertos ni evitados por los jinetes.  Miden m&aacute;s de un codo de ancho y de profundidad. Si uno de los cordobeses llega a  caer con su caballo en uno de esos pozos oculto bajo el agua, lo seguir&aacute;n todos  sus compa&ntilde;eros. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 95&#41;</p>    </ul>      <p > Esta degradaci&oacute;n del terreno constituy&oacute; otro obst&aacute;culo para el tr&aacute;nsito de las  tropas coloniales, reforzando la disparidad en la capacidad para circular por el  territorio respecto a los grupos ind&iacute;genas, quienes no s&oacute;lo transitaban a diario  por estos espacios sino que lo hac&iacute;an llevando consigo sus familias,  pertenencias y numerosas cabezas de ganado destinadas al consumo y, mayormente,  al intercambio &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1968&#41;.</p>       <p ><b> El nomadismo: una cuesti&oacute;n de perspectivas encontradas</b></p>      <p > Si para los colonizadores el paisaje chaque&ntilde;o constitu&iacute;a &quot;un laberinto, inmensa  planicie &aacute;rida, muchas veces con selvas, lagunas, lagos, pantanos y r&iacute;os que  impiden el acceso a los espa&ntilde;oles, o la salida; siempre arduo, muchas veces  peligroso&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 357&#41;, para los grupos abipones estos  espacios eran conocidos y visitados en diferentes &eacute;pocas del a&ntilde;o, seg&uacute;n la  disponibilidad de los recursos:</p>  <ul>    <p > Supieron por la pr&aacute;ctica y la experiencia en qu&eacute; lugar y en qu&eacute; tiempo pod&iacute;an  buscar y encontrar jabal&iacute;es, ciervos, gamos, distintos tipos de conejos,  avestruces, huevos de avestruz, osos hormigueros, carpinchos, nutrias, ra&iacute;ces  comestibles, frutos de palmeras y otros &aacute;rboles. Y cuando la tierra no les  ofrec&iacute;a todo esto en una &eacute;poca, emigraban aqu&iacute; o all&aacute;, cambiando consigo sus  casas. &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969: 352&#41;</p>    </ul>      <p > El nomadismo le permiti&oacute; a los grupos ind&iacute;genas maximizar sus posibilidades  sociopol&iacute;ticas<sup><a name= "s13" href="#13">13</a></sup> y econ&oacute;micas en sentido  amplio, m&aacute;s all&aacute; de las actividades tradicionales de caza y recolecci&oacute;n  orientadas a la subsistencia &#40;Lucaioli,  2005; Nacuzzi et al., 2008&#41;. En este sentido, constitu&iacute;a una herramienta clave  que hac&iacute;a posible, mediante din&aacute;micos y programados movimientos territoriales,  adaptar la conformaci&oacute;n de las unidades sociales a las distintas estaciones del  a&ntilde;o<sup><a name= "s14" href="#14">14</a></sup>; conseguir recursos para el consumo o para el intercambio por otros  productos codiciados de valor econ&oacute;mico o simb&oacute;lico; renovar o quebrar las  alianzas inter&eacute;tnicas celebrando encuentros con otros grupos e, indirectamente,  fortalecer el liderazgo de determinados individuos mediante el despliegue de  acciones b&eacute;licas exitosas. El nomadismo, entonces, podr&iacute;a ser considerado un  &quot;hecho social total&quot; –a la manera de Mauss &#40;1979&#41;–, en cuanto atravesaba y  cohesionaba aspectos relativos a la organizaci&oacute;n territorial, social, pol&iacute;tica,  econ&oacute;mica y ceremonial de los grupos abipones.</p>      <p > Esta din&aacute;mica y su representaci&oacute;n por parte del sector colonial ejercieron  presiones contradictorias en el proyecto de ocupaci&oacute;n territorial: por un lado,  el nomadismo constituy&oacute; una estrategia clave en el mantenimiento de la autonom&iacute;a  ind&iacute;gena, en cuanto obstaculiz&oacute; por largo tiempo la localizaci&oacute;n de los grupos y  el establecimiento de relaciones duraderas; por otro, la particular  interpretaci&oacute;n del sector colonial –que asoci&oacute; la movilidad con ausencia de  territorialidad– sirvi&oacute; como justificativo moral de la conquista como  apropiaci&oacute;n de &quot;espacios vac&iacute;os&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p > En ambos casos, subyace la noci&oacute;n de que los grupos ind&iacute;genas carec&iacute;an de  territorios, probablemente como resultado de una construcci&oacute;n fuertemente  referenciada en el imaginario occidental tendiente a hacer coincidir los l&iacute;mites  &eacute;tnicos con los territoriales. As&iacute;, la incongruencia planteada entre estos  par&aacute;metros interpretativos y el nomadismo de los grupos abipones, que &quot;no tienen  casa fija&quot; &#40;Lozano, 1941 &#91;1733&#93;: 62&#41; y &quot;vagueaban por el Chaco&quot; &#40;Arnau,  s/f&#41;, llev&oacute; a negar otras formas posibles de territorialidad &#40;Nacuzzi, 1991; Lucaioli,  2005&#41;. A su vez, esta construcci&oacute;n simb&oacute;lica habr&iacute;a repercutido negativamente en  los proyectos fronterizos, evidenciando la ineficacia de aplicar aqu&iacute; pol&iacute;ticas  de dominaci&oacute;n hist&oacute;ricamente ensayadas en otros contextos. Desde la perspectiva  occidental, la relaci&oacute;n dicot&oacute;mica entre grupo &eacute;tnico y territorio supon&iacute;a que  la colonizaci&oacute;n pod&iacute;a comenzar por la conquista de cualquiera de estos aspectos  y extenderse al otro transitivamente, posibilitando de forma conjunta dominar a  los grupos humanos y ocupar sus espacios, como ocurri&oacute; con los grupos ind&iacute;genas  sedentarios, r&aacute;pidamente incorporados a las colonias y repartidos en reducciones  o encomiendas. Ciertamente, el nomadismo ind&iacute;gena dificultaba –a&uacute;n a fines del  siglo XVIII– el encuentro pac&iacute;fico o violento con los grupos y, paralelamente,  obstaculizaba la construcci&oacute;n de un mapa &eacute;tnico y territorial. Al respecto, el  explorador F&eacute;lix de Azara advierte:</p>  <ul>    <p > Cuando yo designe los lugares habitados por estas naciones, no debe creerse que  ellas sean estables, sino que el lugar indicado es como el centro del pa&iacute;s que  habitan: porque todas son errantes m&aacute;s o menos, en la extensi&oacute;n de cierto  distrito. &#40;Azara, &#91;1789-1801&#93; 1846: 139&#41;</p>    </ul>      <p > Esta pr&aacute;ctica compleja –que supon&iacute;a un alto poder de organizaci&oacute;n y previsi&oacute;n y  un conocimiento preciso del territorio, la distribuci&oacute;n de sus recursos<sup><a name= "s15" href="#15">15</a></sup>  y sus ciclos de disponibilidad– fue parad&oacute;jicamente interpretada por el sector  colonizador como sin&oacute;nimo de barbarie, salvajismo e imprevisibilidad &#40;Nacuzzi,  1991; Lucaioli, 2005; Nacuzzi <i>et al.</i>, 2008&#41;. Nuevamente, la  interpretaci&oacute;n occidental del nomadismo hizo foco en la ausencia de pueblos  fijos, principal obst&aacute;culo para la conquista, por el </p> <ul>    <p > Sumo trabajo y desmedida  fatiga que cuesta el haber de encontrar con este infame enemigo que habita en  tan apartadas distancias y viviendo como fieras amparados de impenetrables  montes anegados, pantanos y caudalosos r&iacute;os, proceden como rel&aacute;mpagos en sus  acometimientos e inmediatamente se desaparecen y no tienen asistencia ni  habitaci&oacute;n fija en ninguna parte. &#40;&aacute;ngeles, 06-11-1737&#41;</p>    </ul>      <p > El nomadismo, entonces, estorbaba la conquista territorial pero a su vez serv&iacute;a  como justificativo por partida doble: para apropiarse de estas tierras &quot;sin  due&ntilde;o&quot; y para someter a los ind&iacute;genas a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica civilizatoria  &quot;que los conduzca a dejar, con la vida montaraz y silvestre, la viciosa y  malvada de sus delitos&quot; &#40;Arriaga, 06-10-1759&#41;. Dentro de este contexto, el  etnocentrismo espa&ntilde;ol tuvo la certeza de que civilizar era sin&oacute;nimo de  sedentarizar a los grupos n&oacute;mades. As&iacute;, a mediados del siglo XVIII, se convirti&oacute;  en el objetivo principal de las pol&iacute;ticas fronterizas orientadas a &quot;conquistar  infieles, descubrir sus tierras, fundarles pueblo, mantenerlos en &eacute;l&quot; &#40;Patr&oacute;n,  06-07-1751&#41;. Como consecuencia, hacia 1743, en las fronteras del Chaco austral  comenzaron a fundarse reducciones ind&iacute;genas destinadas especialmente a  relocalizar a los grupos n&oacute;mades abipones y mocov&iacute;. Dentro de este proyecto, las  misiones crear&iacute;an un entorno estable de interacci&oacute;n con los grupos ind&iacute;genas que  facilitar&iacute;a el adoctrinamiento cristiano y civilizatorio &#40;Castillos de Ara&uacute;jo  Cypriano, 2000&#41;. A su vez, y creemos que estas fueron cuestiones de mayor peso  en la coyuntura chaque&ntilde;a, estos pueblos cumplir&iacute;an funciones defensivas actuando  como antemural entre las ciudades coloniales y los grupos no reducidos del  Chaco, a la vez que permitir&iacute;an un flujo de intercambios m&aacute;s fluido y  beneficioso, en donde los grupos abipones se posicionar&iacute;an principalmente como  dadores de ganado, obteniendo del sector hispanocriollo objetos codiciados de  origen europeo como telas, herramientas de hierro, yerba y tabaco &#40;Lucaioli,  2006; Lucaioli y Nesis, 2007&#41;. En este sentido, dichos enclaves fueron espacios  de estrecha interacci&oacute;n y mestizaje cultural entre los sectores hispanocriollos  e ind&iacute;genas &#40;Saeger, 2000; Lucaioli, 2006; Nesis, 2005; Lucaioli y Nesis, 2007&#41;.  si bien este estudio escapa de los objetivos de nuestro trabajo, nos arriesgamos  a sostener que las reducciones habr&iacute;an generado percepciones espaciales  originales por parte de los distintos actores implicados –espacios defensivos,  de refugio, de aprovisionamiento, de uso estacional, de relaci&oacute;n con otros  grupos–; asimismo, en este contexto los grupos abipones habr&iacute;an generado  originales estrategias socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas para mantener su autonom&iacute;a e  integrar, a su vez, estos nuevos dispositivos de colonizaci&oacute;n a sus propios  paradigmas. Nos contentamos aqu&iacute; con dejar planteadas estas hip&oacute;tesis, en vista  de futuras investigaciones.</p>  <hr size="1">    <p><b>Comentarios</b></p>      <p ><sup><a name="1" href="#s1" >1</a></sup>. Este estudio fue realizado en el m arco de los proyectos de investigaci&oacute;n UBACYT F 016  &#40;UBA&#41; Y PIP 5567 &#40;CONICET&#41;, dirigidos por la Dra. Lidia R.  Nacuzzi, y PICT 34431 &#40;ANPCYT&#41;, dirigido por la Dra. Ingrid de Jong. Agradezco  especialmente a la Dra. Nacuzzi por su incondicional apoyo y asesoramiento en el  desarrollo de mi investigaci&oacute;n.</p>      <p ><sup><a name="2 href="#s2" ">2</a></sup>. Por espacios fronterizos entendemos las zonas de contacto e interacci&oacute;n entre hispanocriollos e ind&iacute;genas, porosas, permeables y flexibles  &#40;Gruzinski, 2000&#41;,  con l&iacute;mites geogr&aacute;fico-culturales indefinidos y m&uacute;ltiples &#40;Weber, 2003&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup>. Hemos citado a las ciudades por sus nombres actuales. las fechas corresponden  a las primeras fundaciones, ya que posteriormente las ciudades de Tucum&aacute;n &#40;en  1685&#41;, Esteco &#40;en 1609&#41; y Santa Fe &#40;en 1662&#41; fueron trasladadas y refundadas en  otros espacios cercanos, en busca de terrenos m&aacute;s favorables. la ubicaci&oacute;n de  estas ciudades en el mapa que acompa&ntilde;a este art&iacute;culo corresponde a sus  emplazamientos actuales. Cabe se&ntilde;alar que Esteco y Concepci&oacute;n del bermejo fueron  destruidas y abandonadas durante el per&iacute;odo colonial, en 1692 y 1632,  respectivamente.</p>      <p ><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup>. Para abordar las cuestiones relativas a la construcci&oacute;n de espacios de  frontera e imaginarios territoriales, hemos recurrido al an&aacute;lisis y ponderaci&oacute;n  conjunta de documentos in&eacute;ditos localizados en el archivo General de indias  &#40;AGI&#41; –Espa&ntilde;a–, el archivo nacional de asunci&oacute;n &#40;Ana&#41; –Paraguay–, el archivo  General de la naci&oacute;n &#40;AGN&#41; –argentina– y el archivo Provincial de Santa Fe  &#40;APSF&#41; –Argentina–; as&iacute; como a distintas fuentes impresas de jesuitas y  viajeros.</p>      <p ><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup>. En otra ocasi&oacute;n hemos presentado un an&aacute;lisis de los gentilicios utilizados en  los documentos para referirse a los grupos abipones atendiendo a sus distintos  or&iacute;genes y el grado de generalizaci&oacute;n de los mismos &#40;Lucaioli, 2005&#41;.</p>      <p ><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup>. Si bien estas misiones fueron el modelo por excelencia, no deben  interpretarse las reducciones del Chaco desde este paradigma. la realidad  sociocultural de los grupos –n&oacute;mades y sin pr&aacute;cticas agr&iacute;colas– y las  caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas no habr&iacute;an permitido alcanzar el grado de  organizaci&oacute;n econ&oacute;mica ni el adoctrinamiento religioso logrado con los grupos  guaran&iacute;es.</p>      <p ><sup><a name="7" href="#s7" >7</a></sup>. Acordamos con Bartolom&eacute; &#40;2007&#41; en que, en la interacci&oacute;n prolongada y el  compromiso de involucrarse &iacute;ntimamente con otras culturas, los paradigmas simb&oacute;licos de los &quot;otros&quot; inevitablemente se  imponen al observador, comenzando a matizar las propias perspectivas. As&iacute;, el  extenso y detallado relato del jesuita Martin Dobrizhoffer &#40;&#91;1784&#93; 1967, 1968 y 1969&#41; –pr&aacute;cticamente una etnograf&iacute;a de los grupos abipones basada en una  larga convivencia en las reducciones del Chaco– nos ha permitido asomarnos, m&aacute;s  que ning&uacute;n otro documento, al esquivo imaginario ind&iacute;gena.</p>      <p ><sup><a name="8" href="#s8" >8</a></sup>. Para el estudio de la territorialidad de los grupos n&oacute;mades –cuesti&oacute;n invisibilizada por las fuentes– se deben considerar, por un lado, los amplios  espacios involucrados en los movimientos estacionales que no implicaban relaci&oacute;n  de pertenencia, aunque s&iacute; de libre usufructo, y, por otro, la presencia de  espacios m&aacute;s acotados, que presentan indicios de haber sido considerados como  propios &#40;Lucaioli, 2005; Nesis, 2005&#41;. Complejizando a&uacute;n m&aacute;s esta cuesti&oacute;n, el  territorio chaque&ntilde;o albergaba numerosos grupos ind&iacute;genas sin n&iacute;tidas  separaciones territoriales, y los espacios reconocidos por cada uno de ellos no  necesariamente se restring&iacute;an a un continuum de tierras, lo que nos conduce a  una representaci&oacute;n fragmentada y superpuesta de la territorialidad de los grupos  n&oacute;mades del Chaco &#40;Saeger, 2000; Lucaioli, 2005; Latini, 2008, y Braunstein,  2008&#41;.</p>      <p ><sup><a name="9" href="#s9" >9</a></sup>. Nacuzzi &#40;1998&#41; se&ntilde;al&oacute; esta posible correlaci&oacute;n entre grandes l&iacute;mites  geogr&aacute;ficos y &eacute;tnicos en su estudio sobre la territorialidad de los grupos  n&oacute;mades de la Pampa y norte de la Patagonia.</p>      <p ><sup><a name="10" href="#s10" >10</a></sup>. Adem&aacute;s de estas caracter&iacute;sticas generales, el siglo XVIII fue  particularmente variable. varios autores se&ntilde;alan per&iacute;odos an&oacute;malos de grandes  lluvias acompa&ntilde;adas de crecidas extraordinarias, cambios en los cursos de los  r&iacute;os e inundaciones en la zona austral del Chaco desde la segunda mitad del  siglo XVII hasta 1710, aproximadamente, y nuevamente a partir de 1750 hasta  1770. Por el contrario, para las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XVIII se reconoce un  nuevo per&iacute;odo clim&aacute;tico an&oacute;malo, esta vez acompa&ntilde;ado de profundas sequ&iacute;as y  fr&iacute;os extremos &#40;Prieto, 1997; Dussel y Herrera, 1999&#41;.</p>      <p ><sup><a name="11" href="#s11" >11</a></sup>. Si bien contamos con indicios de abipones que prestaban servicios personales  en las estancias santafesinas para la cosecha de cereales o las distintas  actividades vitivin&iacute;colas de la regi&oacute;n mendocina &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1969&#41;, el  cultivo de cereales o vi&ntilde;edos no fue una pr&aacute;ctica adoptada y desarrollada por  los grupos ind&iacute;genas, al menos no por fuera de los &aacute;mbitos reduccionales, en  donde constituyeron actividades impuestas por los jesuitas como parte del  proyecto civilizador.</p>      <p ><sup><a name="12" href="#s12" >12</a></sup>. No desarrollaremos aqu&iacute; las importantes adaptaciones asociadas a la  movilidad o en lo relativo a las pr&aacute;cticas econ&oacute;micas y alimentarias de los  grupos n&oacute;mades como consecuencia de la incorporaci&oacute;n de estos ganados. Un  completo estudio sobre el &quot;complejo ecuestre&quot; aplicado a los grupos n&oacute;mades de  las llanuras de Am&eacute;rica del sur puede encontrarse en Palermo &#40;1986&#41;. Asimismo,  otros estudios han analizado esta cuesti&oacute;n desde un enfoque m&aacute;s pormenorizado  para los grupos abipones &#40;Schindler, 1985; Saeger, 2000; Lucaioli, 2005&#41;. La  adopci&oacute;n del ganado vacuno y sus ventajas asociadas en relaci&oacute;n con la  subsistencia, el intercambio y el valor simb&oacute;lico en cuanto objetos de prestigio  han sido trabajadas por Lucaioli y Nesis &#40;2007&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a name="13" href="#s13" >13</a></sup>. Nesis y Lucaioli &#40;2005&#41; han analizado la particular correlaci&oacute;n entre la  din&aacute;mica social y pol&iacute;tica de los grupos abipones y mocov&iacute;, para quienes la  organizaci&oacute;n social era flexible y favorec&iacute;a la segmentaci&oacute;n de grandes grupos  en unidades menores, o bien la fusi&oacute;n de varias familias en grupos m&aacute;s amplios  &#40;Susnik, 1971 y 1981; Vitar, 1997 y 2003; Saeger, 2000; Braunstein, 2008&#41;.  Paralelamente, si bien cada unidad reconoc&iacute;a el liderazgo de alguno de sus  integrantes, ten&iacute;an libertad de sujetarse o no a su autoridad, de manera que  pod&iacute;an abandonarlo o agregarse a otro grupo, retroalimentando el proceso de  reconfiguraci&oacute;n social.</p>      <p ><sup><a name="14" href="#s14" >14</a></sup>. Los grupos n&oacute;mades abipones y mocov&iacute; habr&iacute;an desarrollado un ciclo anual de  movilidad y estados sociales paralelo a los ciclos estacionales &#40;Paucke,  &#91;1749-67&#93; 1943&#41;. en la primavera, &eacute;poca de la recolecci&oacute;n de la algarroba, las  distintas familias se agrupaban y manten&iacute;an una intensa actividad social  –establecimiento de alianzas, matrimonios, enfrentamientos y celebraciones–; en  la &eacute;poca invernal se dispersaban en peque&ntilde;os grupos para dedicarse a actividades  de caza y recolecci&oacute;n &#40;Nesis, 2005&#41;.</p>      <p ><sup><a name="15" href="#s15" >15</a></sup>. Siguiendo a Nacuzzi &#40;1991&#41;, reconocemos indicios del &iacute;ntimo conocimiento del  espacio en la existencia de voces nativas utilizadas para denominar determinados  paraje s frecuentados por los grupos ind&iacute;genas en funci&oacute;n de sus recursos:  &quot;Netagranac Lpat&aacute;ge, nido de aves, porque a semejanza de las cig&uuml;e&ntilde;as cada a&ntilde;o  anidan en un gran &aacute;rbol de este lugar. &#91;…&#93; Atopeh&eacute;nra Lauat&eacute;, albergue de los  lobos marinos&quot; &#40;Dobrizhoffer, &#91;1784&#93; 1968: 17&#41;.</p>  <hr size="1">     <p ><b> REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p ><b> Alem&aacute;n, Bernardo E. </b>1976 &quot;Caciques ind&iacute;genas de la &eacute;poca colonial santafesina&quot;, <i>Revista de la  Junta Provincial de Estudios Hist&oacute;ricos de Santa Fe, </i>Vol. XLVIII, pp. 67-95. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1900-5407200900010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Areces, Nidia R. </b>2004 &quot;La Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Santa Fe, 1610-1767. Las tramas del poder&quot;, en  Teresa Su&aacute;rez y Nidia Areces &#40;comps.&#41;, <i>Estudios hist&oacute;ricos regionales en el  espacio rioplatense. De la Colonia a mediados del siglo XIX. </i>Rosario, Universidad Nacional del Litoral. pp. 13-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S1900-5407200900010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Areces, Nidia, Silvana L&oacute;pez, Beatriz Nu&ntilde;ez Regueiro, Elida Regis y Griselda  Tarrag&oacute; </b>1993 &quot;Relaciones inter&eacute;tnicas, Santa Fe La Vieja. Sociedad y frontera&quot;, <i> Revista de la Junta Provincial de Estudios Hist&oacute;ricos de Santa Fe, </i>Vol. LIX,  pp. 71-106. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1900-5407200900010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Azara, F&eacute;lix de </b>&#91;1789-1801&#93; 1846 <i>Viaje por la Am&eacute;rica del Sur. </i>Montevideo, Biblioteca del  Comercio del Plata. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S1900-5407200900010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Bartolom&eacute;, Miguel &Aacute;ngel </b>2007. <i>Librar el camino. Relatos sobre antropolog&iacute;a y alteridad. </i> Buenos Aires, Antropofagia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1900-5407200900010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Boccara, Guillaume </b>2003 &quot;Fronteras, mestizaje y etnog&eacute;nesis en las Am&eacute;ricas&quot;, en Ra&uacute;l Mandrini y  Carlos D. Paz &#40;comps.&#41;, <i>Las fronteras hispanocriollas del mundo ind&iacute;gena  latinoamericano en los siglos XVI-XIX. </i>Tandil, CEHIR-UNS-IEHS , PP. 63-108. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S1900-5407200900010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Braunstein, Jos&eacute; </b>2008 &quot;&#39;Muchos caciques y pocos indios&#39;, en Conceptos y categor&iacute;as del liderazgo  ind&iacute;gena chaque&ntilde;o&quot;, en J. Braunstein y N. Meichtry &#40;eds.&#41;, <i>Liderazgo,  representatividad y control social en el Gran Chaco. </i>Corrientes, Editorial  Universitaria de la Universidad Nacional del Nordeste, pp. 5-32. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1900-5407200900010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Calvo, Luis Mar&iacute;a </b>1993 <i>La Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Santa Fe. La ocupaci&oacute;n del espacio urbano y  rural durante el dominio hisp&aacute;nico. </i>Santa Fe, Ediciones Culturales  santafesinas-subsecretar&iacute;a de cultura-fundaci&oacute;n ARCIEN. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S1900-5407200900010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Canals Frau, Salvador </b>1953 <i>Poblaciones ind&iacute;genas de la Argentina: su origen, su pasado, su  presente. </i>Buenos Aires, Sudamericana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1900-5407200900010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Castillos de Ara&uacute;jo Cypriano, Doris </b>2000 <i>Os toba de Chaco: Missão e Identidade. S&eacute;culos XVI, XVII e XVIII</i>,  disertaci&oacute;n de Maestr&iacute;a, Universidad do Vale do Rio dos Sinos-UNISINOS, Mimeo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S1900-5407200900010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Cervera, Federico  </b>1981 &quot;Los blandengues de Santa Fe&quot;, <i>Revista de la Junta Provincial de  Estudios Hist&oacute;ricos de Santa Fe, </i>Vol. LI, pp. 61-79. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1900-5407200900010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Cervera, Manuel </b>1907 <i>Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, 1573-1853. </i>Santa Fe,  R. Ib&aacute;&ntilde;ez. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S1900-5407200900010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Damianovich, Alejandro </b>1991 &quot;Origen y primeros tiempos de los blandengues de Santa Fe&quot;, <i>Revista de  la Junta Provincial de Estudios Hist&oacute;ricos de Santa Fe, </i>Vol. l VII, pp.  105-130.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1900-5407200900010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1992 &quot;Los inicios de la guerra ofensiva contra mocov&iacute;es y abipones: las campa&ntilde;as  santafesinas de 1728 y 1729&quot;, <i>Revista de la Junta Provincial de Estudios  Hist&oacute;ricos de Santa Fe, </i>Vol. lVIII, pp. 153-167.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S1900-5407200900010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Davilo, Beatriz y Claudia Gotta &#40;comps.&#41; </b>2000 <i>Narrativas del desierto. Geograf&iacute;as de la alteridad. Viajes de  cronistas, misioneros y exploradores de la Patagonia y el Chaco &#40;siglos XVIII y  XIX&#41;. </i>Rosario, UNR-REUN-EDITORIALES DE LA A.U.G.M.-UNESCO. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1900-5407200900010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Dobrizhoffer, Martin </b>1967 &#91;1784&#93; <i>Historia de los abipones, </i>Vol. I. Resistencia, Universidad  Nacional del Nordeste.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S1900-5407200900010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1968 &#91;1784&#93; <i>Historia de los abipones, </i>Vol. II. Resistencia, Universidad  Nacional del Nordeste.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1900-5407200900010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1969 &#91;1784&#93; <i>Historia de los abipones, </i>Vol. III. Resistencia, Universidad  Nacional del Nordeste.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S1900-5407200900010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Dussel, Patricia y Roberto Herrera </b>1999 &quot;Repercusiones socioecon&oacute;micas del cambio del curso del r&iacute;o salado en la  segunda mitad del siglo XVIII&quot;, en Bernardo Garc&iacute;a y Alba Gonz&aacute;lez &#40;comps.&#41;, <i> Estudios sobre historia y ambiente en Am&eacute;rica Latina. </i>Argentina, Bolivia,  M&eacute;xico, Paraguay, M&eacute;xico D.F, El Colegio de M&eacute;xico, Centro de Estudios  Hist&oacute;ricos-Instituto Panamericano de Geograf&iacute;a e Historia, pp. 137-149.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1900-5407200900010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Gruzinski, Serge </b>2000 <i>El pensamiento mestizo. </i>Barcelona-Buenos Aires-M&eacute;xico, Paid&oacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S1900-5407200900010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Gull&oacute;n Abao, Alberto </b>1993 <i>La frontera del Chaco en la gobernaci&oacute;n del Tucum&aacute;n, 1750-1810. </i> C&aacute;diz, Servicio de Publicaciones Universidad de C&aacute;diz. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1900-5407200900010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Latini, Sergio </b>2008 <i>&quot;</i>R&iacute;os y fronteras territoriales: la banda del norte, la banda de los  Charr&uacute;as<i>&quot;, </i>Mimeo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S1900-5407200900010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Lozano, Pedro </b>1941 &#91;1733&#93; <i>Descripci&oacute;n corogr&aacute;fica del Gran Chaco Gualamba. </i>Tucum&aacute;n,  Instituto de Antropolog&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1900-5407200900010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Lucaioli, Carina </b>2005 <i>Los grupos abipones hacia mediados del siglo XVIII. </i>Buenos Aires,  Sociedad Argentina de Antropolog&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S1900-5407200900010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2006 &quot;Desenredando sujetos, objetos e intereses: una primera aproximaci&oacute;n al  estudio de las relaciones de intercambio en el Chaco santafesino &#40;siglo XVIII&#41;&quot;,  en <i>Actas XX Jornadas de Historia Econ&oacute;mica, </i>publicaci&oacute;n en CD.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1900-5407200900010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2009 &quot;Alianzas y estrategias de los l&iacute;deres ind&iacute;genas abipones en un espacio  fronterizo colonial &#40;Chaco, Siglo XVIII&#41;&quot;, <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a  Americana </i>39 &#40;1&#41;, pp. 77-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S1900-5407200900010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Lucaioli, Carina y Florencia Nesis </b>2007 &quot;El ganado de los grupos abipones y mocov&iacute; en el marco de las reducciones  jesuitas &#40;1743-1767&#41;&quot;, <i>Andes, </i>Vol. 18, pp 129-152.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1900-5407200900010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Mauss, Marcel </b>1979 <i>Sociolog&iacute;a y Antropolog&iacute;a. </i>Madrid, Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S1900-5407200900010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Maeder, Ernesto y Ram&oacute;n Guti&eacute;rrez </b>1995 <i>Atlas hist&oacute;rico del nordeste argentino. </i>Resistencia, Instituto de  Investigaciones Geohist&oacute;ricas/CONICET/FUNDANORD/Universidad Nacional del  Nordeste.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1900-5407200900010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Morello, Jorge y Jorge Adamoli </b>1974 <i>La vegetaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Argentina, Las grandes unidades de  vegetaci&oacute;n y ambiente del Chaco argentino. </i>Segunda parte: <i>Vegetaci&oacute;n y  ambiente de la provincia del Chaco. </i>Serie fitogeogr&aacute;fica 13. Buenos Aires,  Secretar&iacute;a de Estado de Agricultura y Ganader&iacute;a de la Naci&oacute;n. Instituto Nacional  de Tecnolog&iacute;a Agropecuaria. Centro de Investigaciones de Recursos Naturales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S1900-5407200900010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Nacuzzi, Lidia R. </b>1991 &quot;La cuesti&oacute;n del nomadismo entre los tehuelches&quot;<i>, Memoria Americana, </i> Vol. 1, pp. 103-134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1900-5407200900010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1998 <i>Identidades impuestas. </i>Buenos Aires, Sociedad Argentina de  Antropolog&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S1900-5407200900010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2006 &quot;Tratados de paz, grupos &eacute;tnicos y territorios en disputa a fines del siglo  XVIII&quot;, <i>Investigaciones Sociales </i>Vol. X, No. 17, pp. 433-453.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S1900-5407200900010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2008 &quot;Revisando y repensando el concepto de cacicazgo en las fronteras del sur  de Am&eacute;rica &#40;Pampa y Patagonia&#41;&quot;, <i>Revista Espa&ntilde;ola de Antropolog&iacute;a Americana, </i>Vol. 39, pp. 75-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S1900-5407200900010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Nacuzzi, Lidia R., Carina Lucaioli y Florencia Nesis </b>2008 <i>Pueblos n&oacute;mades en un estado colonial. </i>Buenos Aires,  Antropofagia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S1900-5407200900010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Nesis, Florencia </b>2005 <i>Los grupos mocov&iacute; en el siglo XVIII. </i>Buenos Aires, Sociedad  Argentina de Antropolog&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1900-5407200900010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Nesis, Florencia y Carina Lucaioli </b>2005 &quot;Transformaciones en torno a los liderazgos abip&oacute;n y mocov&iacute; &#40;Siglo XVIII&#41;&quot;,  en <i>Actas III Jornadas de Investigaci&oacute;n en Antropolog&iacute;a Social. </i> Publicaci&oacute;n en CD.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S1900-5407200900010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Palermo, Miguel </b>1986 &quot;Reflexiones sobre el llamado &#39;complejo ecuestre&#39; en la argentina&quot;, <i>Runa</i>,  Vol. XVI, pp. 157-178.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S1900-5407200900010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Paucke, Flori&aacute;n </b>1943 &#91;1749-67&#93; <i>Hacia All&aacute; y para Ac&aacute;. Una estad&iacute;a entre los indios Mocob&iacute;es, </i>1749-1767, Vol. II. Tucum&aacute;n, Universidad Nacional. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S1900-5407200900010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Prieto, Mar&iacute;a del Rosario </b>1997 &quot;Variaciones clim&aacute;ticas en el NOA durante el per&iacute;odo colonial&quot;, en Carlos  Reboratti &#40;comp.&#41;, <i>De hombres y tierras, una historia ambiental del noroeste  argentino. </i>Salta, Proyecto desarrollo agroforestal en Comunidades rurales  del noroeste Argentina, pp. 60-75. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S1900-5407200900010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Saeger, James </b>2000 <i>The Chaco Mission Frontier. The Guaycuruan Experience. </i>Tucson,  Arizona, The University of Arizona Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S1900-5407200900010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Santamar&iacute;a, Daniel </b>2007 <i>Chaco Gualamba. Del monte salvaje al desierto ilustrado. </i>Jujuy,  Cuadernos del Duende. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S1900-5407200900010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Schindler, Helmut </b>1985 &quot;Equestrian and not equestrian Indians of the Gran Chaco during the  Colonial Period&quot;, <i>Indiana, </i>Vol. 10, pp. 451-464. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S1900-5407200900010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Susnik, Branislava </b>1971 &quot;Dimensiones migratorias y pautas culturales de los pueblos del Gran Chaco  y su periferia &#40;enfoque etnol&oacute;gico&#41;&quot;, <i>Suplemento Antropol&oacute;gico, </i>Vol. 7,  No. 1, pp. 85-107.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S1900-5407200900010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 1981 <i>Los abor&iacute;genes del Paraguay. </i>Asunci&oacute;n, Museo  etnogr&aacute;fico Andr&eacute;s Barbero. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S1900-5407200900010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Vitar, Beatriz </b>1997 <i>Guerra y misiones den la frontera chaque&ntilde;a del Tucum&aacute;n &#40;1700-1767&#41;. </i> Madrid, CSIC, Biblioteca de la Historia de Am&eacute;rica.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S1900-5407200900010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2003 &quot;Algunas notas sobre las figuras de los l&iacute;deres chaque&ntilde;os en las  postrimer&iacute;as del siglo XVIII&quot;, en R. Mandrini y C. Paz &#40;comps.&#41;, <i>Las  fronteras hispanocriollas del mundo ind&iacute;gena latinoamericano en los siglos XVI-XIX. </i>Tandil, CEHIR-UNS-IEHS, pp. 407-428. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S1900-5407200900010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Weber, David </b>2003 &quot;Las fronteras espa&ntilde;olas de Norteam&eacute;rica: su historiograf&iacute;a&quot;, en R. Mandrini y C. Paz  &#40;comps.&#41;, <i>Las fronteras hispanocriollas del mundo ind&iacute;gena  latinoamericano en los siglos XVI-XIX. </i>Tandil, CEHIR/UNS/IEHS, pp. 109-119 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S1900-5407200900010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Zapata Goll&aacute;n, Agust&iacute;n </b>1966 <i>El Chaco Gualamba y la ciudad de Concepci&oacute;n del Bermejo. </i>Santa Fe,  Castellv&iacute; S. A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S1900-5407200900010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ><b> Documentos Citados</b></p>      <!-- ref --><p > <b>Actas del Cabildo de Santa Fe</b> 08-08-1724. <i>Actas del Cabildo de Santa Fe del 8 de agosto de 1724. </i>APSF,  Actas de Cabildo IX.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S1900-5407200900010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p > <b>&Aacute;ngeles, Mat&iacute;as de</b> 06-11-1737. <i>Carta de Mat&iacute;as de &aacute;ngeles al gobernador de Buenos Aires. </i> C&oacute;rdoba, 6 de noviembre de 1737. AGI, Buenos Aires 301. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S1900-5407200900010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p > <b>Arriaga, Juli&aacute;n de</b> 06-10-1759. <i>Real Orden. </i>Madrid, 6 de octubre de 1759. AGI, Buenos Aires  49. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S1900-5407200900010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p > <b>Argando&ntilde;a, Tom&aacute;s F&eacute;lix</b> 10-01-1689. <i>Carta de Tom&aacute;s F&eacute;lix Argando&ntilde;a al Rey. </i>Tucum&aacute;n, 10 de enero  de 1689. AGI, Charcas 283. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S1900-5407200900010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p > <b>Arnau, Tom&aacute;s</b> s/f. <i>Carta de Tom&aacute;s Arnau al gobernador de Buenos Aires. </i>AGN IX,  Corrientes 3-3-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S1900-5407200900010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Bando sobre muertes…</b>&nbsp; 1701 <i>Bando sobre muertes hechas por abipones en el paraje de Los Algarrobos. </i>APSF, Legajos Numerados, Carpeta 80. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S1900-5407200900010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> C&aacute;mara, Juan de la  </b>1710 <i>Testimonio en Relaci&oacute;n sobre las hostilidades hechas por los indios y  providencias dadas en conformidad de Reales &Oacute;rdenes</i>. AGI, Charcas 284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S1900-5407200900010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Cevallos, Pedro de </b>24-02-1767. <i>Carta de Pedro de Cevallos al Rey. </i>s/d, 24 de febrero de  1767. AGI, Buenos Aires 18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S1900-5407200900010000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 15-02-1759. <i>Carta de Pedro de Cevallos a Juli&aacute;n de Arriaga. </i>San Borja, 15  de febrero de 1759. AGI, Buenos Aires 18. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S1900-5407200900010000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Copias de Actas Capitulares del Cabildo de Asunci&oacute;n  </b>12-11-1692. <i>Copia de Actas Capitulares del Cabildo de Asunci&oacute;n. </i>Ana.      &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S1900-5407200900010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 01-12-1704. <i>Copia de Actas Capitulares del Cabildo de Asunci&oacute;n. </i>Ana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S1900-5407200900010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Palafox y Cardoma, Frutos de </b>14-11-1730. <i>Informe firmado por Frutos de Palafox y Cardoma. </i>Santa Fe, 14  de noviembre de 1730. AGN IX, Santa Fe 4-1-1. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S1900-5407200900010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Patr&oacute;n, Nicol&aacute;s  </b>06-07-1751. <i>Carta de Nicol&aacute;s Patr&oacute;n al gobernador de Buenos Aires. </i> Corrientes, 6 de julio de 1751. AGN IX, Corrientes 3-3-6.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S1900-5407200900010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 28-02-1760. <i>Carta  de Nicol&aacute;s Patr&oacute;n al gobernador de Buenos Aires. </i>San Borja, 28 de febrero de  1760. AGN IX, Corrientes 3-3-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S1900-5407200900010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Salcedo, Miguel  </b>20-07-1734. <i>Carta de Miguel Salcedo a Don Joseph Pati&ntilde;o. </i>Buenos Aires, 20  de julio de 1734. AGI, Buenos Aires 523. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S1900-5407200900010000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Ur&iacute;zar y Arespacochaga, Esteban</b>    <strong>de</strong> 24-11-1708. <i>Carta de Esteban de Ur&iacute;zar y Arespacochaga al Rey. S</i>alta, 24  de noviembre de 1708. AGI, Charcas 210. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S1900-5407200900010000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Vera Mujica, Francisco Antonio de </b>08-03-1743. <i>Carta de Francisco Antonio de Vera Mujica al gobernador de  Buenos Aires. </i>Santa Fe, 8 de marzo de 1743. AGN IX, Santa Fe 4-1-1.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S1900-5407200900010000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 06-04-1756. <i> Carta de Francisco Antonio de Vera Mujica al gobernador de Buenos Aires. </i> Santa Fe, 6 de abril de 1756. AGN IX, Santa Fe 4-1-2. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S1900-5407200900010000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ><b> Zamudio, Juan de </b>28-12-1705. <i>Carta de Juan de Zamudio al Rey. </i>Buenos Aires, 28 de  diciembre de 1705. AGI, Charcas 284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S1900-5407200900010000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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