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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">       <p><b>Nota Editorial</b></p>       <p align=center><font size="4"><b>Antropolog&iacute;a y Literatura</b></font></p>  <hr size="1">     <p><b>TANTO LA LITERATURA COMO LA ANTROPOLOG&Iacute;A </b>comparten una experiencia similar: el encuentro con &quot;el otro&quot; y la preocupaci&oacute;n por describir y narrar su mundo. Desde antes que la disciplina antropol&oacute;gica existiera como tal, la literatura ya le hab&iacute;a abierto las puertas a la imaginaci&oacute;n europea sobre seres y mundos que exist&iacute;an m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras culturales. Basta con recordar a Robinson Crusoe, el personaje creado por Daniel Defoe a comienzos del siglo XVIII, quien se convirti&oacute; en un mito que aun hoy es recreado con fuerza en el cine y la literatura. Una pervivencia que para la antropolog&iacute;a es tambi&eacute;n importante, en la medida en que nos permite conocer c&oacute;mo y por qu&eacute; representaciones del mundo no europeo, transmitidas por personajes de ficci&oacute;n, han servido para establecer relaciones de diferencia, o en ocasiones de cercan&iacute;a, con esos &quot;otros&quot; que habitaban los territorios que los imperios colonizaban. Si el h&eacute;roe europeo de Defoe viajaba por las costas americanas, m&aacute;s adelante, en el siglo XIX Haggard lo ubicar&iacute;a en el &Aacute;frica durante la &eacute;poca victoriana. Las narraciones de estos escritores, entre otros, no s&oacute;lo alimentaron la imaginaci&oacute;n popular europea sino que tambi&eacute;n sirvieron de referencia a los cient&iacute;ficos de la &eacute;poca. Recordemos a Malinowski, personaje m&iacute;tico &eacute;l tambi&eacute;n, y quien m&aacute;s expl&iacute;citamente evidenci&oacute; su cercan&iacute;a con la literatura. En su muy citada frase, en la cual hizo referencia a que Rivers era el Rider Haggard de la antropolog&iacute;a y &eacute;l ser&iacute;a el Conrad, mostr&oacute;, una vez m&aacute;s, su admiraci&oacute;n por Conrad, quiz&aacute;s el novelista m&aacute;s citado y analizado por los antrop&oacute;logos. Sin embargo, no deja de ser una declaraci&oacute;n problem&aacute;tica, en la medida en que contrapone las dos disciplinas de forma poco diferenciada. Esta relaci&oacute;n cercana ha sido resaltada en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Seg&uacute;n Robert Hamp-son, estudioso de Conrad, la posici&oacute;n de este novelista era similar a aquella que enfrentaban los antrop&oacute;logos cuando regresaban a sus pa&iacute;ses a escribir sobre su investigaci&oacute;n. Porque es precisamente en ese momento cuando, ya lejos de sus zonas de investigaci&oacute;n, los antrop&oacute;logos deben narrar y realizar el proceso de la escritura con las formas de representaci&oacute;n exigidas por su disciplina. &iquest;Cu&aacute;les son estas formas de representaci&oacute;n? En el caso de Am&eacute;rica Latina, donde la relaci&oacute;n entre el etn&oacute;grafo y &quot;el otro&quot; adquiere una dimensi&oacute;n diferente, &iquest;c&oacute;mo se da la intersecci&oacute;n entre antropolog&iacute;a y literatura?</p>     <p>&Eacute;stas y otras preguntas que apuntan a problematizar el v&iacute;nculo entre las dos disciplinas son el tema del presente n&uacute;mero. En su notable presentaci&oacute;n, nuestros editores invitados, Juan Carlos Orrego y Margarita Serje, hacen una importante reflexi&oacute;n del tema a trav&eacute;s de un detallado recorrido sobre la historia de esta relaci&oacute;n, a la vez que se refieren a otras formas narrativas influenciadas por el quehacer antropol&oacute;gico.</p>     <p>La obra del artista Miler Lagos tiene una gran relevancia para este n&uacute;mero. Algunas de sus obras parten de un profundo inter&eacute;s por explorar uno de los elementos claves para la narraci&oacute;n escrita: el papel. A la vez, utiliza este material para construir piezas que nos remiten al encuentro, a trav&eacute;s de los libros, con otras formas de creaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil no pensar, cuando vemos su hermoso igl&uacute; de libros, en la pel&iacute;cula documental de Robert Flaherty hecha en 1922, <i>Nanook of the North. </i>Evocamos la inolvidable y hermosa secuencia que muestra la construcci&oacute;n de un igl&uacute; por parte de Nanook en el &Aacute;rtico canadiense. A la vez, de nuevo constatamos la vers&aacute;til relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a, el arte, el cine y la literatura.</p>     <p>Para nuestros editores invitados, as&iacute; como para los autores que aparecen en este n&uacute;mero, un agradecimiento muy especial. Para Miler  Lagos tambi&eacute;n nuestros agradecimientos, no s&oacute;lo por permitirnos utilizar sus  fotograf&iacute;as sino tambi&eacute;n por su generosidad al compartir sus ideas y opiniones  sobre los temas de los que trata su obra.</p>  </font>      ]]></body>
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