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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Segregación laboral y discriminación salarial de género en Colombia: el caso de las trece áreas metropolitanas, 2001, 2005 y 2009]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Colombian labor market has increasingly embraced the female gender to the point of having women holding high-wage positions and recognition. To analyze this, we took into account the records of the Integrated Household Survey, official data for the second quarters of the years 2001, 2005 and 2009. It showed that segregation generates wage gaps, which answers the main question of this paper. Nevertheless the efforts of the women belonging to the labor market has reduced the wage gap between sectors where women are segregated and those where they are not. Their greatest professional preparation, the fewer people at home, their position as head of the family, among other factors have made them more involved in activities that were previously considered exclusive for men.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Segregaci&oacute;n laboral y discriminaci&oacute;n salarial de g&eacute;nero en Colombia: el caso de las trece &aacute;reas metropolitanas, 2001, 2005 y 2009</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Gender labor segregation and wage discrimination among women employed in the thirteen metropolitan areas from colombia: a comparison between 2001, 2005 and 2009</b></font></p>     <p><b>Luc&iacute;a F. Avenda&ntilde;o Gelves*</b>    <br> <a href="mailto:luavegel@gmail.com"><i>luavegel@gmail.com</i></a></p>     <p>Economista de la Universidad del Norte. Barranquilla-Colombia</p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> agosto de 2011    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> septiembre de 2011</p> <hr>      <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El mercado laboral colombiano ha acogido cada vez m&aacute;s al g&eacute;nero femenino hasta el punto de ocupar cargos de altos salarios y reconocimiento. Para analizar lo anterior, se tomaron en cuenta los registros de la Encuesta Integrada de Hogares, datos oficiales, para los segundos trimestres de los a&ntilde;os 2.001, 2.005 y 2.009. Se demostr&oacute; que la segregaci&oacute;n genera brechas salariales, respuesta para el cuestiona-miento principal de este documento. Pese a ello, los esfuerzos de las mujeres en pertenecer al mercado laboral han reducido la brecha salarial entre las que pertenecen a sectores donde son segregadas y las que no lo son. Su mayor preparaci&oacute;n profesional, el menor n&uacute;mero de personas en el hogar, su posici&oacute;n de jefe del mismo, entre otros factores han hecho que &eacute;stas participen m&aacute;s activamente de actividades que anteriormente eran consideradas exclusivas para los hombres.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> segregaci&oacute;n laboral, g&eacute;nero, mercado laboral. clasificaci&oacute;n.</p> <hr>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>Colombian labor market has increasingly embraced the female gender to the point of having women holding high-wage positions and recognition. To analyze this, we took into account the records of the Integrated Household Survey, official data for the second quarters of the years 2001, 2005 and 2009. It showed that segregation generates wage gaps, which answers the main question of this paper. Nevertheless the efforts of the women belonging to the labor market has reduced the wage gap between sectors where women are segregated and those where they are not. Their greatest professional preparation, the fewer people at home, their position as head of the family, among other factors have made them more involved in activities that were previously considered exclusive for men.</p>     <p><b>Keywords:</b> Labor segregation, gender, labor market.</p> <hr>       <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Colombia es un pa&iacute;s que ha venido perfilando sus esfuerzos econ&oacute;micos hacia una econom&iacute;a de servicios. No obstante, en el crecimiento econ&oacute;mico del pa&iacute;s y en su din&aacute;mica en el mundo globalizado diversos temas han venido tomando auge e importancia. Uno de ellos es el factor de g&eacute;nero; es decir, el comportamiento de hombres y mujeres y la equidad laboral entre los mismos.</p>     <p>Aunque las mujeres han logrado posicionarse en el mercado laboral a trav&eacute;s de los a&ntilde;os, a&uacute;n la integraci&oacute;n entre hombres y mujeres no es totalmente equitativa en las ramas de actividad econ&oacute;mica. Las mujeres incursionan cada vez m&aacute;s en actividades donde hay mayor concentraci&oacute;n del g&eacute;nero femenino y no de forma igualitaria en todos los sectores de la econom&iacute;a.</p>     <p>La discriminaci&oacute;n salarial ocurre cuando un individuo similar a otro, del cual solo difiere en raza, sexo u otras caracter&iacute;sticas personales, recibe una menor remuneraci&oacute;n por razones diferentes al desempe&ntilde;o en su actividad laboral. La segregaci&oacute;n laboral, por su parte, ocurre cuando a los individuos de un grupo espec&iacute;fico -mujeres, negros, ind&iacute;genas, etc&eacute;tera- se les asignan ciertas ocupaciones &uacute;nicamente por pertenecer a dicho grupo (Tenjo &amp; Herrera, 2009).</p>     <p>Teniendo en cuenta los anteriores conceptos, la principal motivaci&oacute;n para la realizaci&oacute;n del presente documento correspondi&oacute; a dos factores. El primero, el hecho de que la literatura de corte econ&oacute;mico en el pa&iacute;s aborda los temas de g&eacute;nero fundamentados en la comparaci&oacute;n t&aacute;cita entre hombres y mujeres, y el segundo, el estudio de las transformaciones internas que se han suscitado en el campo laboral enfocado exclusivamente al g&eacute;nero femenino.</p>     <p>Las principales teor&iacute;as que cobijan este trabajo son de corte neocl&aacute;sico, la del capital humano y las de discriminaci&oacute;n estad&iacute;stica, expuestas por Becker en 1962 y Bergmann en 1974, respectivamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teor&iacute;a del capital humano afirma que las brechas salariales entre agentes econ&oacute;micos est&aacute;n basadas en los factores que afectan la productividad de los mismos, tales como la educaci&oacute;n y la experiencia laboral. Esta teor&iacute;a expone que las mujeres perciben salarios menores porque su productividad es m&aacute;s baja debido a que su acumulaci&oacute;n de <i>stocks </i>tiene el mismo comportamiento, lo cual se basa en que las mujeres dedican m&aacute;s tiempo al hogar y a otras actividades que no representan una inversi&oacute;n en capital humano.</p>     <p>Por su parte, Becker en 1962 califica el esfuerzo laboral como actividades realizadas por fuera del hogar, lo que, en principio, pone en desventaja al g&eacute;nero femenino. Por otro lado, Bergmann en 1962 desarroll&oacute; una teor&iacute;a denominada <i>crowding model, </i>que supone que hay informaci&oacute;n imperfecta en el mercado laboral, que las diferencias entre la productividad de hombres y mujeres existen debido a las diferencias en educaci&oacute;n, capacitaci&oacute;n y experiencia laboral, y que las mujeres dedican mayor parte de su tiempo a las labores del hogar y a los hijos.</p>     <p>Al revisar los estudios que se han venido llevando a cabo sobre econom&iacute;a laboral, ligados a la econom&iacute;a de g&eacute;nero en distintos lugares y momentos del tiempo, se ha encontrado que a nivel conceptual Barbara Reskin (1993) ha compuesto un nuevo t&eacute;rmino que traducido se podr&iacute;a definir como sexo tipicidad, que obedece a que si bien es cierto que las brechas de discriminaci&oacute;n se han venido cerrando, permitiendo que las mujeres se inserten m&aacute;s en el mercado laboral, este proceso se ha venido enmascarando bajo el fen&oacute;meno de la segregaci&oacute;n, pues aunque las mujeres participen laboralmente, quedan rezagadas a los mismos oficios y con los mismos salarios.</p>     <p>As&iacute; mismo, es importante tener en cuenta el componente cultural, que es un factor que, aunque es dif&iacute;cil de cuantificar, fundamenta gran parte de las explicaciones que se derivan de los temas de g&eacute;nero, por ello se estudi&oacute; la evidencia rusa en este contexto y para esta se afirma que el tema de la segregaci&oacute;n laboral de g&eacute;nero tiene un corte m&aacute;s hist&oacute;rico, ya que aun prevalecen las condiciones y preconcepciones en el &aacute;mbito laboral de la era sovi&eacute;tica, en la que las mujeres siguen ostentado los trabajos del hogar, que son menos remunerados, y los trabajos que requieren mayor fuerza f&iacute;sica son mejores pagados y realizados por hombres (Oglobin, 2005).</p>     <p>Por otro lado se encuentran posiciones m&aacute;s tajantes en el &aacute;mbito p&uacute;blico que contribuyen al presente an&aacute;lisis y que ponen en la palestra la posici&oacute;n del Estado. Las mujeres en su realizaci&oacute;n laboral han venido hist&oacute;ricamente desarrollando en su mayor&iacute;a los mismos oficios con ciertas variaciones, dadas algunas variables crecientes como la educaci&oacute;n de las mismas, esta carga hist&oacute;rica se ha venido enfrentado a procesos de globalizaci&oacute;n acelerados que poco a poco y de manera soslayada van haciendo de la segregaci&oacute;n laboral de g&eacute;nero un problema mayor (Hassan, 2007).</p>     <p>De la misma manera, otros estudios avalan que el Estado no ha ejecutado pol&iacute;ticas fuertes que regulen las decisiones de los empleadores a la hora de contratar hombres y mujeres. El hecho de la casi nula aplicaci&oacute;n y respeto por la ley de igualdad humana dentro de los contextos laborales es una falla netamente p&uacute;blica, que el Estado no ha tenido en cuenta y que actualmente se le ha convertido en un problema mayor (Bayard, Hellerstein, Newmark, Troske, 2003).</p>     <p>En la investigaci&oacute;n adelantada por Iglesias y Llorente (2010), uno de los documentos fundamentales para la realizaci&oacute;n de este estudio, no hay segregaci&oacute;n por las decisiones previas de las mujeres sino que es la discriminaci&oacute;n misma la que condiciona las decisiones laborales de ellas. Los investigadores pudieron concluir que la segregaci&oacute;n no se debe a las mujeres como tal sino que la incrementada conformaci&oacute;n y diversificaci&oacute;n de trabajos 'feminizados' rezagan la fuerza laboral femenina a ciertos sectores.</p>     <p><b>2.   HECHOS ESTILIZADOS</b></p>     <p>Los datos utilizados para el presente trabajo de investigaci&oacute;n corresponden a la Encuesta Continua de Hogares (ECH) recolectada por el Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;stica (DANE) en los a&ntilde;os 2001, 2005 y 2009, exclusivamente para los segundos trimestres de cada a&ntilde;o.</p>     <p>Esta encuesta se empez&oacute; a implementar en 2000 y cubre las trece &aacute;reas metropolitanas del pa&iacute;s. A partir del a&ntilde;o 2001 se incluy&oacute; el total nacional, cabecera y resto del pa&iacute;s. La ECH est&aacute; dise&ntilde;ada principalmente para la inclusi&oacute;n de informaci&oacute;n de corte laboral. No obstante, presenta resultados sobre otros temas de calidad de vida. La encuesta fue reemplazada por la Gran Encuesta Integrada de Hogares desde 2006.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n la Encuesta Integrada de Hogares del segundo trimestre de 2001, per&iacute;odo de estudio en la presente investigaci&oacute;n, las mujeres representaban el 53,6% de la poblaci&oacute;n desempleada contra el 46,4% que representaban los hombres. El 46,15% de la poblaci&oacute;n ocupada para ese mismo per&iacute;odo de tiempo correspondi&oacute; al g&eacute;nero femenino mientras que para su opuesto fue de 53,85%. Los datos anteriores deben ser contrastados con la Poblaci&oacute;n Econ&oacute;micamente Activa (PEA), la cual para ese mismo a&ntilde;o fue de 46,41% en el caso de las mujeres y 53,59% en el caso de los hombres.</p>     <p>Asimismo, en el segundo trimestre de 2005 el 57% de la poblaci&oacute;n desempleada estaba representada por las mujeres, mientras el 43% de dicha poblaci&oacute;n era representado por los hombres. El 45,14% de los ocupados para ese mismo per&iacute;odo de tiempo fueron mujeres contra el 54,86% de hombres. En cuanto a la Poblaci&oacute;n Econ&oacute;micamente Activa (PEA), el 46,41% correspondi&oacute; al g&eacute;nero femenino y el 53,59% al masculino.</p>     <p>Para el segundo trimestre de 2009 el 55,69% de los desempleados eran mujeres y el 44,31% eran hombres. El 46,15% de los ocupados para ese mismo per&iacute;odo de tiempo fueron mujeres contra el 53,85% que fueron hombres. A su vez, la Poblaci&oacute;n Econ&oacute;micamente Activa (PEA) fue representada en un 47,48% por las mujeres y en un 52,52% por los hombres.</p>       <p align="center"><a name="t1"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f01.jpg"></p>     <p>En primera instancia es evidente que las mujeres componen casi el doble de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente inactiva que corresponde a los hombres. La PEI no present&oacute; cambios dr&aacute;sticos en los tres a&ntilde;os de estudio. El mismo comportamiento lo tuvo la poblaci&oacute;n en edad de trabajar. No obstante, la diferencia entre la PET de hombres y la PET de mujeres es menor que la registrada en la PEI para ambos grupos.</p>     <p align="center"><a href="t2"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f02.jpg"></p>       <p>Una de las variables m&aacute;s relevantes a la hora de describir el mercado laboral es el desempleo. Durante los a&ntilde;os de estudio del presente trabajo de investigaci&oacute;n este fue mayor en las mujeres que en los hombres. No obstante, mientras que en 2009 este indicador disminuy&oacute; para los hombres, contrariamente aument&oacute; para las mujeres. Al contrastar los datos anteriores con los de la poblaci&oacute;n ocupada, para ese mismo a&ntilde;o la poblaci&oacute;n femenina aument&oacute; su participaci&oacute;n en casi 1,5% en el mercado laboral.</p>     <p align="center"><a name="t3"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f03.jpg"></p>     <p>Seg&uacute;n los datos correspondientes al tipo de ocupaci&oacute;n, las mujeres han aumentado su participaci&oacute;n laboral como particulares y en el trabajo dom&eacute;stico durante el tiempo de an&aacute;lisis. Por su parte, los hombres han incrementado sus labores en ocupaciones como patr&oacute;n, empleado del Gobierno o cuenta propia. De lo anterior, es posible inferir que aunque las mujeres hayan aumentando su inserci&oacute;n al mercado laboral, la calidad de sus trabajos no es la mejor, ya que las ocupaciones donde se encuentran mayormente congregadas no gozan, en la mayor&iacute;a de los casos, ni de un ingreso permanente ni de la seguridad y estabilidad de un empleo de calidad.</p>     <p align="center"><a  name="t4"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f04.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se presenta en la <a href="#t4">tabla 4</a>, hay mayor concentraci&oacute;n del ingreso en los hombres seg&uacute;n el &iacute;ndice de Gini para los dos primeros a&ntilde;os. No obstante, para la &uacute;ltima vigencia la concentraci&oacute;n salarial es mayor en las mujeres. Lo anterior puede dar cuenta de que, si bien los resultados para las mujeres evidencian mayor equidad, es posible presumir que se deba a que la mayor&iacute;a de estas ganan salarios bajos en los que no existen diferencias tan significativas como las que se presentan en los hombres, para quienes es posible asumir, asimismo, que devengan salarios m&aacute;s altos que los de las mujeres.</p>       <p>Por otro lado, el &iacute;ndice de Theil muestra que la desigualdad salarial entre hombres y mujeres ha venido disminuyendo desde el 2001 hasta en 2009. No obstante, sin dejar de tener en cuenta lo anterior, la dispersi&oacute;n salarial se mantiene mayor en hombres que en mujeres. El a&ntilde;o 2005 es especialmente particular en el c&aacute;lculo de este &iacute;ndice, ya que en los salarios masculinos se evidenci&oacute; un aumento en la desigualdad de los mismos y en los de las mujeres una disminuci&oacute;n. Sin embargo, es importante resaltar que las cifras dan cuenta de la dr&aacute;stica reducci&oacute;n de aproximadamente 0,26 en el caso de los salarios de los hombres y 0,16 en el de las mujeres, para as&iacute; llegar a tener indicadores similares.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f05.jpg"></p>       <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f06.jpg"></p>     <p align="center"><a  name="g1"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f07.jpg"></p>      <p>En los <a href="#g1">gr&aacute;ficos</a> se puede observar que, si bien la l&iacute;nea azul sobrepasa a la roja en los tres a&ntilde;os de estudio, es decir, los hombres han devengado salarios m&aacute;s altos que las mujeres, en dicho tiempo los salarios del g&eacute;nero femenino han venido alcanzando a los de los hombres. De la misma forma es posible afirmar que la desigualdad salarial entre los hombres es mayor que en las mujeres. Las l&iacute;neas azules muestran picos m&aacute;s altos y frecuentes con respecto a las rojas. Es importante destacar que en la imagen correspondiente al &uacute;ltimo a&ntilde;o hay momentos en los que los salarios de las mujeres superan a los de los hombres, lo cual permite intuir que durante el per&iacute;odo estudiado menos mujeres devengan sueldos bajos y m&aacute;s mujeres empiezan a ganar altos, lo que hace que la situaci&oacute;n entre las mismas sea m&aacute;s equitativa. De igual manera ha ocurrido con el g&eacute;nero masculino. Se aprecia adem&aacute;s que durante el a&ntilde;o 2005 la concentraci&oacute;n salarial, tanto en hombres como en mujeres, fue mayor con respecto a los otros dos a&ntilde;os analizados y alcanz&oacute; altos picos en los que hubo una importante similitud en la dispersi&oacute;n de ambos g&eacute;neros.</p>     <p>Por otro lado, la dispersi&oacute;n entre mujeres segregadas y no segregadas se presentar&aacute; en las gr&aacute;ficas que se encuentran posteriormente.</p>       <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f08.jpg"></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f09.jpg"></p>     <p>En primera medida es importante destacar que la dispersi&oacute;n salarial entre mujeres segregadas y no segregadas ha venido disminuyendo a trav&eacute;s del per&iacute;odo de tiempo estudiado. De esta manera es correcto afirmar que la concentraci&oacute;n del salario tanto en mujeres segregadas como en las que no est&aacute;n en esa condici&oacute;n ha venido cayendo, lo que permite inferir que existe mayor equidad salarial y que estas han obtenido mejores sueldos. Sin embargo, los salarios altos en las mujeres segregadas son m&aacute;s concentrados que los de las que no lo son, dicha concentraci&oacute;n es m&aacute;s notoria en 2001, primer a&ntilde;o de estudio. Es importante se&ntilde;alar que, si bien es cierto que en 2009 la concentraci&oacute;n del salario en ambos grupos es m&aacute;s similar, tambi&eacute;n lo es que en dicho a&ntilde;o hay m&aacute;s mujeres que ganan un salario bajo (en la gr&aacute;fica correspondiente al 2009 hay ciertos picos en el eje del 0), lo cual permite inferir que las mujeres devengan salarios menores y que ello ha sido la raz&oacute;n por la cual su dispersi&oacute;n salarial es parecida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3.   METODOLOG&Iacute;A DEL TRABAJO</b></p>     <p>El curso de los c&aacute;lculos que se llevaron a cabo con el prop&oacute;sito de fundamentar las conclusiones de este documento se estableci&oacute; de la siguiente manera: en primera instancia se estableci&oacute; el &iacute;ndice de Duncan para separar a las mujeres ocupadas de cada a&ntilde;o de estudio en dos grupos de trabajo: segregadas y no segregadas.</p>     <p>El &iacute;ndice desarrollado por Duncan y Duncan en 1995, indicador m&aacute;s utilizado y que permite comparaciones con la literatura internacional, es uno de los recursos de este documento que contar&aacute; con la abreviatura de IDD.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f10.jpg"></p>     <p>Seguidamente, despu&eacute;s de contar con ambos grupos focales, se desarrollaron tres modelos de probabilidad estad&iacute;stica, uno por cada a&ntilde;o de estudio. La variable dependiente de este modelo dise&ntilde;ado para cada a&ntilde;o de estudio corresponde a <i>mujer segregada, </i>la cual toma el valor de 1 si la mujer pertenece a una ocupaci&oacute;n donde hay baja presencia del g&eacute;nero femenino y 0 en otro caso. Las variables independientes corresponden a la edad, la edad al cuadrado, los a&ntilde;os de educaci&oacute;n, el n&uacute;mero de personas en el hogar y una variable dicot&oacute;mica que toma el valor de 1 si la mujer es jefe de hogar y 0 en otro caso.</p>     <p>Lo anterior con el prop&oacute;sito de observar si las variables independientes, que comprenden b&aacute;sicamente las caracter&iacute;sticas observables de las mujeres, hacen que aumente o disminuya su probabilidad de pertenecer a un sector donde la segregan.</p>     <p>Para finalizar, se efectu&oacute; el modelo de Blinder y Oaxaca (1973), con el que es posible descomponer las condiciones que explican las brechas salariales entre hombres y mujeres, pero que son igualmente aplicables a grupos poblacionales distintos. Este modelo se explica en dos partes: una corresponde al diferencial causado por las diferencias en las caracter&iacute;sticas observadas de los individuos y la otra corresponde al diferencial entre los salarios que no es explicado por las caracter&iacute;sticas de los individuos y, por lo tanto, se asocia con la discriminaci&oacute;n (Barraza, 2010).</p>     <p>Las barras por encima de las variables indican la estimaci&oacute;n de los coeficientes en los valores promedios de las variables. Al sumar y restar el t&eacute;rmino se obtiene la siguiente expresi&oacute;n:</p>     <p>El t&eacute;rmino corresponde a la brecha salarial entre las mujeres segregadas y no segregadas explicada por las caracter&iacute;sticas observadas de las mismas. Por su parte, el t&eacute;rmino refleja la parte no explicada de la brecha, es decir, lo que se puede interpretar como los efectos de la discriminaci&oacute;n. Finalmente, el &uacute;ltimo t&eacute;rmino de la ecuaci&oacute;n corresponde al resultado del ajuste por efectos de la presencia de sesgo de selecci&oacute;n generado por las diferencias entre el patr&oacute;n de incorporaci&oacute;n al mercado laboral que tienen las mujeres segregadas y no segregadas.</p>       <p><b>4. RESULTADOS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="t5"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f11.jpg"></p>     <p>Los resultados del &iacute;ndice de disimilitud de Duncan y Dun-can, explicado anteriormente en la secci&oacute;n correspondiente a la metodolog&iacute;a, registran que las tres principales actividades donde se presenta mayor segregaci&oacute;n de g&eacute;nero son la <u>agricultura, la construcci&oacute;n y el transporte.</u> Es evidente que en otros sectores como el comercio y los servicios comunales hay &iacute;ndices mayores que los registrados por las actividades principalmente descritas. No obstante, ello se debe a la alta concentraci&oacute;n de mujeres en las mismas, fen&oacute;meno que no pertenece al objetivo principal de este documento, puesto que lo que se analiza en el mismo son las ocupaciones donde las mujeres son segregadas y no los hombres.</p>      <p>Los modelos <i>probit </i>que se estimaron y cuyos resultados se presentar&aacute;n posteriormente permiten explicar la probabilidad de que una mujer pertenezca a una actividad donde es segregada, teniendo en cuenta variables importantes como los a&ntilde;os de educaci&oacute;n, la edad, la edad en su t&eacute;rmino al cuadrado, el n&uacute;mero de personas en el hogar, una variable dict&oacute;mica que toma el valor de 1 si la mujer es jefe de hogar y 0 en otro caso, y cuatro <i>dummies </i>m&aacute;s correspondientes a las formas que constituyen la variable estado civil. <a name="n1"></a><a href="#n_1"><sup>1</sup></a></p>     <p>Antes de los c&aacute;lculos de las brechas salariales existentes entre las mujeres segregadas y las que no lo son, se llevaron a cabo los modelos <i>probit, </i>cuya metodolog&iacute;a fue explicada previamente y en los que se estudiar&aacute; qu&eacute; hace que una mujer se encuentre en una ocupaci&oacute;n segregada.</p>     <p>Seg&uacute;n los datos del segundo trimestre del 2001, las &uacute;nicas variables que son significativas para que una mujer pertenezca a una ocupaci&oacute;n donde hay mayor concentraci&oacute;n masculina son los a&ntilde;os de educaci&oacute;n y la <i>dummy </i>de la mujer como jefe de hogar. Las dem&aacute;s variables no resultaron significativas para la muestra<a name="n2"></a><a href="#n_2"><sup>2</sup></a>.</p>       <p align="center"><a name="t6"></a><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f12.jpg"></p>     <p>Ahora bien, un a&ntilde;o m&aacute;s de educaci&oacute;n aumenta la probabilidad de que una mujer pertenezca a una ocupaci&oacute;n en donde es segregada en un 0,29%. Por otro lado, un a&ntilde;o m&aacute;s en la edad hace que dicha probabilidad aumente en 0,082%. El hecho de que la mujer se desenvuelva como jefe de hogar hace que la probabilidad de que esta se encuentre en una actividad donde hay mayor segregaci&oacute;n sea de 1,5%. Una persona adicional en el n&uacute;mero de las mismas que compone el hogar hace que la probabilidad que de que una mujer se ocupe en un sector donde es segregada disminuya en 0,05%. Si hay un a&ntilde;o adicional a la edad donde se considera que sus rendimientos marginales son decrecientes (medida por la edad al cuadrado) la probabilidad de pertenecer a una ocupaci&oacute;n donde es segregada disminuye en 0,002%.</p>     <p>El hecho de que una mujer viva en uni&oacute;n libre aumenta la probabilidad de que pertenezca a una actividad donde la segregan en 1,4% con respecto a una mujer soltera. Si una mujer est&aacute; casada tiene una probabilidad de 0,025% de estar en una actividad donde es segregada en comparaci&oacute;n con una mujer soltera. Si es viuda, la probabilidad de que pertenezca a un sector donde hay menor integraci&oacute;n entre hombres y mujeres disminuye en 0,03%, y si es separada o divorciada la probabilidad se incrementa en 0,4%. Los signos de todas las variables anteriormente descritas son los esperados.</p>     <p>Para el segundo trimestre de 2005 el n&uacute;mero de a&ntilde;os de educaci&oacute;n fue la &uacute;nica variable que se constituy&oacute; como significativa, a diferencia de lo encontrado en el a&ntilde;o 2001. En cuanto a dicha variable, un a&ntilde;o de estudio adicional aumenta la probabilidad de que una mujer pertenezca a una ocupaci&oacute;n segregada en promedio en 0,4%. Con respecto a la edad y a la edad al cuadrado, ambas cuentan con los signos esperados. Para interpretar sus resultados, un a&ntilde;o m&aacute;s de edad disminuye la probabilidad de que una mujer labore en una ocupaci&oacute;n masculina en 0,08%. El porcentaje de probabilidad de que una mujer pertenezca a una actividad donde es segregada despu&eacute;s de los 45 a&ntilde;os de edad es significativamente bajo. Asimismo, una persona adicional en el hogar disminuye la probabilidad de que la mujer se ocupe en una actividad donde la segregan en 0,073%. Si es jefe de hogar, la probabilidad de que pertenezca al grupo de labores donde hay mayor segregaci&oacute;n disminuye en promedio en 0,33%.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f13.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a las <i>dummies </i>de estado civil, solo si la mujer es viuda tiene mayor probabilidad de pertenecer a una actividad donde hay mayor concentraci&oacute;n laboral masculina. Si vive en uni&oacute;n libre, en promedio, la probabilidad de que trabaje en construcci&oacute;n, transporte o agricultura disminuye en 1% con respecto a una mujer soltera. Si por el contrario est&aacute; casada, dicha probabilidad disminuye en 0,42% con respecto a una mujer soltera. En el caso en que la mujer sea viuda, la probabilidad aumenta en promedio en 2,5% y si es separada o divorciada disminuye en 0,6%, en comparaci&oacute;n con una mujer soltera.</p>     <p>En 2009, &uacute;ltimo a&ntilde;o de estudio, las probabilidades de que una mujer perteneciera a un sector donde fuera segregada eran menores teniendo en cuenta las variables estimadas para el modelo. Un a&ntilde;o m&aacute;s de educaci&oacute;n en una mujer en aquel a&ntilde;o aumentaba en promedio la probabilidad de que estuviera en una actividad donde fuera segregada en 2,2%. Por el contrario, un a&ntilde;o m&aacute;s de edad hac&iacute;a que se disminuyera dicha probabilidad en promedio en 0,12% y un a&ntilde;o m&aacute;s de edad despu&eacute;s de los 45 a&ntilde;os hac&iacute;a que la mujer disminuyera dr&aacute;sticamente la probabilidad de que perteneciera a una actividad laboral donde la segregaran. Si la mujer era jefe de hogar, se reduc&iacute;a en promedio dicha probabilidad en 0,14%.</p>     <p>Si viv&iacute;a en uni&oacute;n libre, la probabilidad de que estuviera en una actividad donde hubiera mayor concentraci&oacute;n masculina en promedio era menor en 0,31% y si estaba casada, en 0,2%. Por el contrario, si la mujer era viuda la probabilidad aumentaba, en promedio, en 0,2% y si era separada o divorciada en 4,25%. Todo lo anterior, con respecto a una mujer soltera.</p>       <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f14.jpg"></p>     <p>Mediante las ecuaciones de Mincer<sup>3</sup> es posible registrar las diferencias salariales a trav&eacute;s del procedimiento de Oaxaca y establecer si estas provienen por efectos de la discriminaci&oacute;n, de las diferencias de capital humano entre las mujeres que pertenecen a ambos grupos o por sesgo de selecci&oacute;n. Tal como se indic&oacute; previamente, el t&eacute;rmino corresponde a la brecha salarial entre las mujeres segregadas y no segregadas, explicada por las caracter&iacute;sticas observadas de las mismas. Por su parte, el t&eacute;rmino refleja la parte no explicada de la brecha, es decir, lo que se puede interpretar como los efectos de la discriminaci&oacute;n. Finalmente, el &uacute;ltimo t&eacute;rmino de la ecuaci&oacute;n corresponde al resultado del ajuste por efectos de la presencia de sesgo de selecci&oacute;n generado por las diferencias entre el patr&oacute;n de incorporaci&oacute;n al mercado laboral que tienen las mujeres segregadas y no segregadas.</p>     <p>Es importante destacar que la prueba de Heckman para la detecci&oacute;n de sesgo de selecci&oacute;n fue realizada para las estimaciones de los tres a&ntilde;os de estudios y se encontr&oacute; que estos carec&iacute;an del problema, por lo cual fue posible estimar los modelos sin la correcci&oacute;n del mismo.</p>     <p>En la tabla que se presentar&aacute; a continuaci&oacute;n se encuentran las diferencias salariales entre mujeres segregadas y no segregadas.</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n8/n8a06f15.jpg"></p>     <p>En 2001 una mujer segregada ganaba 57,38% menos que una mujer que estaba en una actividad donde no era segregada. La cifra se debe m&aacute;s a los efectos de la discriminaci&oacute;n que a las diferencias en capital humano de ambos grupos femeninos. Ahora bien, en 2005 la cantidad anterior se redujo a 39,76%. En este a&ntilde;o se registr&oacute; mayor equilibrio entre las dos razones que explican la brecha. Las cifras son parecidas, lo que indica que la discriminaci&oacute;n hab&iacute;a descendido y que las condiciones de productividad de ambos grupos tomaron importancia. No obstante, en 2009 la reducci&oacute;n de la diferencia salarial entre mujeres segregadas y no segregadas fue importante, qued&oacute; en 8,03%. En este a&ntilde;o las diferencias en las caracter&iacute;sticas observables de las mujeres, tales como la edad, los a&ntilde;os de educaci&oacute;n, etc. resultaban m&aacute;s significativas que la discriminaci&oacute;n misma.</p> </font>    <p><font size="2" face="verdana"><b>5. Conclusiones</b></font></p> <font face="verdana" size="2">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La participaci&oacute;n del sexo femenino en la din&aacute;mica econ&oacute;mica mundial y de Colombia ha venido en aumento. No obstante, a&uacute;n persisten los rasgos de discriminaci&oacute;n hacia las mujeres en su acceso al trabajo de actividades donde existe mayor concentraci&oacute;n de fuerza laboral masculina.</p>     <p>Se demostr&oacute; que la tasa de ocupaci&oacute;n de las mujeres fue menor que la de los hombres y la tasa de desempleo mayor que la de los mismos en los tres a&ntilde;os de estudio. Asimismo, se evidenci&oacute; en las comparaciones de dispersi&oacute;n salarial que si bien la concentraci&oacute;n de salario es mayor en los hombres y que aquellos devengan salarios mayores a los de las mujeres, dicha dispersi&oacute;n ha venido siendo m&aacute;s equitativa a lo largo de los a&ntilde;os estudiados.</p>     <p>En los c&aacute;lculos de disimilitud de Duncan y Duncan se demostr&oacute; que para los tres a&ntilde;os las actividades donde hay mayor segregaci&oacute;n de g&eacute;nero son la construcci&oacute;n, transporte y agricultura, labores que, culturalmente, han sido siempre vistas como exclusivas para el g&eacute;nero masculino.</p>     <p>En cuanto a la evidencia emp&iacute;rica arrojada por el an&aacute;lisis de los datos oficiales, la probabilidad de que una mujer pertenezca a un sector donde es segregada es cada vez m&aacute;s determinada por los a&ntilde;os de educaci&oacute;n, su posici&oacute;n como jefe de hogar y el hecho de que sea viuda, separada o divorciada. Lo anterior es coherente con la realidad observable.</p>     <p>Para la determinaci&oacute;n de existencia de brechas salariales entre mujeres segregadas y no segregadas se emple&oacute; el procedimiento de Oaxaca, corrigiendo previamente el posible sesgo de selecci&oacute;n que se detecta a trav&eacute;s del m&eacute;todo de Hec-kman. Las muestras no arrojaron tener problemas de sesgo de selecci&oacute;n, por lo que se procedi&oacute; a llevar a cabo las estimaciones.</p>     <p>Dado lo anterior, es importante destacar que los esfuerzos de las mujeres en pertenecer al mercado laboral han reducido la brecha salarial entre las que pertenecen a sectores donde son segregadas y las que no lo est&aacute;n. Su mayor preparaci&oacute;n profesional, el menor n&uacute;mero de personas en el hogar, su posici&oacute;n de jefe del mismo, entre otros factores han hecho que participen m&aacute;s activamente de actividades que anteriormente eran consideradas exclusivas para los hombres.</p>     <p>Con lo anterior qued&oacute; demostrado que la segregaci&oacute;n s&iacute; genera brechas salariales, respuesta a la pregunta principal de este documento. Para evitar dicha situaci&oacute;n se deber&iacute;an aplicar pol&iacute;ticas que permitan el acceso laboral de las mujeres a todas las actividades econ&oacute;micas.</p>     <p>De la misma manera, ser&iacute;a recomendable eliminar de los formatos de hojas de vida la informaci&oacute;n referente al estado civil de la mujer, ya que esta variable no est&aacute; directamente relacionada con las capacidades laborales de la mujer y no deber&iacute;a ser del inter&eacute;s del empleador (Barraza, 2010). Tambi&eacute;n deber&iacute;an fortalecerse los programas de educaci&oacute;n para las mujeres que no tienen posibilidades significativas de acceder a la misma, ya que la variable a&ntilde;os de educaci&oacute;n present&oacute; un comportamiento significativo en la diferencia de sueldos entre mujeres segregadas y no segregadas y en la constituci&oacute;n de la brecha salarial entre las mismas.</p> <hr>     <p><a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a> Las interpretaciones dadas para las estimaciones del modelo probit para el a&ntilde;o 2001 deben ser consideradas como los promedios de las cantidades arrojadas como resultados.</p>     <p><a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a> La significancia de las variables se analiz&oacute; en el 95%.</p> <HR>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></p>     <!-- ref --><p>Actis, A; Atucha, A. (2002). Brechas salariales: Discriminaci&oacute;n o diferencias de productividad. <i>Revista Momento Econ&oacute;mico. </i>Vol 126,23-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S2011-2106201100020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Amuedo-Dorantes, C. De La Rica, S.(2005). The Impact of Gender Segregation on Male-Female Wage Differentials: Evidence from Matched Employer- Employee Data for Spain. <i>Institute for Study of Labor. </i>Discussion Paper No. 1742.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S2011-2106201100020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bargain, O. Gonz&aacute;lez, L. Keane, C. Ozcan, B. (2010). Female Labor Supply and Divorce: New Evidence from Ireland. <i>Institute for Study of Labor. </i>Discussion Paper No. 4959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S2011-2106201100020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bar&oacute;n, J. (2010). Diferencias de g&eacute;nero en los salarios de los graduados en Colombia (y algunos comentarios sobre la base de graduados del OLE). <i>Cuadernillos del Banco de la Rep&uacute;blica.</i> Art&iacute;culo No. 143960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S2011-2106201100020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barraza, Nacira. (2010). Discriminaci&oacute;n salarial y segregaci&oacute;n laboral por g&eacute;nero en las &aacute;reas metropolitanas de Barranquilla, Cartagena y Monter&iacute;a. Serie Documentos IEEC No. 31. 1- 44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S2011-2106201100020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bayard, K; Hellerstein, J; Newmark, D; Troske, K. (2003). New Evidence on Sex Segregation and Sex Differences inWages from Matched Employee-Employer Data. <i>Journal of Labor Econom&iacute;as,</i> Vol. 21, No. 4, pp. 887-922.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S2011-2106201100020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Becker, Gary (1962). Investment in Human Capital: A Theoterical Analysis. <i>Jstor. </i>The Journal of Political Economy. Vol 70, No.5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S2011-2106201100020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bergman, B. (1974). Occupational segregation, wages and profits when employers discriminate by race and sex&quot;. <i>Eastern Econom&iacute;a</i> Journal </i>Vol No 1, pp. 103-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S2011-2106201100020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Carlson ,M. Rooth, D.(2008). An Experimental Study of Sex Segregation in the Swedish Labour Market: Is Discrimination the Explanation?. <i>Inst&iacute;tute for Study of Labor. </i>Discussion Paper No. 3811.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S2011-2106201100020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Carrington, W; Troske, K.(1998). Sex Segregation in U.S. Manufacturing. <i>Industrial and Labor Relations Review, </i>Vol. 51, No. 3, 445-464.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S2011-2106201100020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De la Rica.S. (2003). Descomposing the gender wage gap: The effects of firm, occupation and job stratification. <i>Universidad del Pa&iacute;s Vasco. </i>1 - 41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S2011-2106201100020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Dolado, J. Felgueroso. F. Jimeno. J. (2002). Recent Trends in Occupational Segregation by Gender: A Look Across the Atlantic. <i>Institute for Study of Labor. </i>Discussion Paper No. 524.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S2011-2106201100020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Duncan, O; Duncan,B (1955). A methodological analysis of segregation indexes. <i>American Sociological Review, </i>Vol. 20, N&deg;. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S2011-2106201100020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hassan, A. (2007). Desigualdad de g&eacute;nero.La segregaci&oacute;n de las mujeres en la estructura ocupacional. <i>La Ventana. </i>Vol 25, 140 -167.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S2011-2106201100020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, P. (1996). Segregaci&oacute;n Ocupacional de la mujer y discriminaci&oacute;n salarial. <i>Revista de Econom&iacute;a Aplicada. </i>Vol 6. 57 -80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S2011-2106201100020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hirsch, B; Macpherson, D. ( 1995). Wages and Gender Composition: Why Do Women's Jobs Pay Less?. <i>Journal of Labor Economics, </i>Vol. 13, No. 3, 426-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S2011-2106201100020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Iglesias, C; Llorente, R. (2008). Evoluci&oacute;n Reciente de la Segregaci&oacute;n Laboral por G&eacute;nero en Espa&ntilde;a. <i>Serie Documentos</i> <i>de Trabajo, Instituto Universitario de An&aacute;lisis Econ&oacute;mico y Social, Universidad de Alcal&aacute;. </i>Vol 13, 1-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S2011-2106201100020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Kooreman, Peter (2005). The Persistent Segregation of Girls into Lower-Paying Jobs while in School. <i>IZA Discussion paper No.1535. </i>Ministerio de Planeaci&oacute;n de Chile ( 2008). Informe Seminario Protecci&oacute;n Social y G&eacute;nero. 1-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S2011-2106201100020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Palacio. J; Sim&oacute;n. H (2006). Segregaci&oacute;n laboral y diferencias salariales por Raz&oacute;n de sexo en Espa&ntilde;a. <i>Revista Estad&iacute;stica Espa&ntilde;ola. </i>Vol. 48, 493 - 524.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S2011-2106201100020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Plantenga, J; Remmery, C. (2006). The gender pay gap. Origins and policy responses. A comparative review of thirty European countries. <i>Utrecht School of Economics. </i>1-60.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S2011-2106201100020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Oglobin, C.(2005). The Sectoral Distribution of employment and job segregation by gender in Russia. <i>Regional and Sectoral Economics</i> <i>Studies. </i>Vol 5-2, 1-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S2011-2106201100020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Reskin, B.(1993). 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