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<publisher-name><![CDATA[Editorial Universidad del Norte]]></publisher-name>
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<article-id pub-id-type="doi">10.14482/ecoca.15.7192</article-id>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cultura e instituciones: ¿una relación indisoluble?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Culture and institutions: an indissoluble relationship?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the relationship between institutions and culture in order to characterize the conceptual difficulties of the separation of these terms. The definitions proposed by economists to address the institutions overlap with anthropological proposals on culture. Ignoring this fact, as economists usually do, involves erecting the institutional analysis on a fuzzy object. Regarding how to strengthen institutional studies, I argue that economists must focus on contributions of disciplines such as sociology and anthropology apropos culture, because the economic conceptual tools to address this subject could be narrow. Analyzing the relationship among culture and formal and informal institutions can shed light on the link between culture and institutions, and therefore where borders of the two concepts may be sought.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="right">DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.14482/ecoca.15.7192">http://dx.doi.org/10.14482/ecoca.15.7192</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>Cultura e instituciones: &iquest;una relaci&oacute;n indisoluble?</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Culture and institutions: an indissoluble relationship? </b></font></p>      <p><b>Antonio Camargo D&iacute;az*</b>    <br>  * Pol&iacute;tologo, Doctorando en Ciencias Sociales de la Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia). Bacerio Colciencias.    <br> E-mail: <a href="mailto:mdelapuente@uninorte.edu.co"><i>mdelapuente@uninorte.edu.co</i></a>. </p>      <p><b>Fecha de recepci&oacute;n:</b> septiembre de 2015    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n:</b> octubre de 2015 </p>  <hr>      <p><b>RESUMEN</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo analiza la relaci&oacute;n entre instituciones y cultura con el objeto de caracterizar las dificultades que entra&ntilde;a la separaci&oacute;n conceptual de estos t&eacute;rminos. Las definiciones propuestas por los economistas para abordar las instituciones se solapan con las propuestas antropol&oacute;gicas sobre la cultura, y omitir este hecho, como suelen hacer los economistas, supone erigir el an&aacute;lisis institucional sobre un objeto difuso. Para fortalecer los estudios institucionales se aduce que los economistas deben asumir una postura frente a los aportes de disciplinas como la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a a prop&oacute;sito de la cultura, pues el utillaje conceptual para abordar este objeto resulta insuficiente desde el &aacute;mbito disciplinar de la econom&iacute;a. Analizar la relaci&oacute;n entre instituciones formales e informales con la cultura puede arrojar luces sobre el v&iacute;nculo entre cultura e instituciones, y d&oacute;nde puede buscarse la frontera de los dos conceptos. </p>     <p><b>Palabras clave: </b> Instituciones, cultura. </p>     <p><b>Clasificaci&oacute;n JEL</b>: B5, O10, Y80. </p>  <hr>     <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>This article analyzes the relationship between institutions and culture in order to characterize the conceptual difficulties of the separation of these terms. The definitions proposed by economists to address the institutions overlap with anthropological proposals on culture. Ignoring this fact, as economists usually do, involves erecting the institutional analysis on a fuzzy object. Regarding how to strengthen institutional studies, I argue that economists must focus on contributions of disciplines such as sociology and anthropology apropos culture, because the economic conceptual tools to address this subject could be narrow. Analyzing the relationship among culture and formal and informal institutions can shed light on the link between culture and institutions, and therefore where borders of the two concepts may be sought. </p>     <p><b>Keyword: </b> Institutions, culture. </p>     <p><b>JEL Codes:</b> B5, O10, Y80. </p>  <hr>      <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>      <p>Aproximarse al estudio de la econom&iacute;a institucional desde una perspectiva no econ&oacute;mica deja una sensaci&oacute;n agridulce. La nota positiva es que se derrumba el prejuicio seg&uacute;n el cual los economistas aparecen como obsesivos de los modelos matem&aacute;ticos, para quienes los caracteres simb&oacute;licos e idiosincr&aacute;ticos de la realidad son un asunto menor, pues los economistas institucionales reconocen el impacto de estas facetas en el desarrollo econ&oacute;mico. Sin embargo, la ligereza con que  abordan objetos de estudio como la cultura o las estructuras sociales llaman a la cautela al momento de juzgar los estudios institucionales; el entusiasmo propio de los economistas se convierte en reserva o suspicacia desde la perspectiva de otros cient&iacute;ficos sociales. Este art&iacute;culo surge por las inquietudes de autores como Alejandro Portes (2006) y Steven Heydemann (2008), quienes encuentran ambig&uuml;edades y tratamientos oscuros en ciertas &aacute;reas de los estudios institucionales, desde horizontes disciplinares ajenos a la econom&iacute;a. </p>      <p>Este art&iacute;culo busca evidenciar una de las falencias de ciertos estudios institucionales (dentro de los cuales se incluyen aproximaciones neo-institucionalistas) proveniente de la forma misma como se definen las instituciones. El desarrollo del institucionalismo ha estado signado por una profunda confusi&oacute;n en cuanto al significado mismo de las instituciones (Portes, 2006, p. 15; Searle, 2005, p. 1) y las apreciaciones relativas al trasplante institucional o el cambio institucional derivadas de una conceptualizaci&oacute;n d&eacute;bil de las instituciones pueden ser equ&iacute;vocas. Especialmente importante resulta distinguir instituciones de cultura, o por lo menos especificar su relaci&oacute;n, pues, de no hacerlo, determinados problemas urgentes del desarrollo pueden permanecer irresolutos. En efecto, el problema no es la definici&oacute;n de instituciones, lo grave son las soluciones inapropiadas para los problemas del desarrollo que, en &uacute;ltimas, devienen de aproximaciones insuficientes. Se propone contrastar las definiciones de instituciones y cultura desde los horizontes de la econom&iacute;a institucional y la antropolog&iacute;a, para develar las dificultades que entra&ntilde;a la separaci&oacute;n de dos fen&oacute;menos que en la pr&aacute;ctica aparecen inextricablemente unidos. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2. DEFINIR LAS INSTITUCIONES COMO TAREA INCONCLUSA </b></p>      <p>Sobre la definici&oacute;n de instituciones se ha discutido mucho (Lawson, 2004; Searle, 2005; Hodgson, 2006; North, 1991) y a&uacute;n parece no haber completa claridad sobre el fen&oacute;meno al que se alude. El uso ordinario asimila instituciones con entidades u organismos del &aacute;mbito estatal o privado, de suerte que en el lenguaje cotidiano se habla, por ejemplo, de "instituciones educativas" para referirse a colegios o universidades, mientras se mencionan "instituciones financieras" en alusi&oacute;n a los bancos. Esta interpretaci&oacute;n no ser&aacute; materia de an&aacute;lisis. Desde una perspectiva acad&eacute;mica, el t&eacute;rmino instituci&oacute;n toma fuerza a partir del trabajo de Douglas North (1991), especialmente en econom&iacute;a, puesto que en otras disciplinas sociales el t&eacute;rmino ya se estudiaba con al menos un siglo de antelaci&oacute;n. </p>      <blockquote> Las instituciones son restricciones que surgen de la inventiva humana para limitar las interacciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales. Incluyen restricciones informales (como las sanciones, los tab&uacute;es, las costumbres, las tradiciones y los c&oacute;digos de conducta), as&iacute; como tambi&eacute;n reglas formales (constituciones, leyes, derechos de propiedad). (North, 1991, p. 97)  </blockquote>      <p>La definici&oacute;n ya cl&aacute;sica de North divide las instituciones en formales e informales, y seg&uacute;n su criterio podr&iacute;an ser ejemplos de estas la tradici&oacute;n de celebrar la Noche Buena el 24 de diciembre o el C&oacute;digo Sustantivo del Trabajo. Primero que todo, la propuesta de North es tan amplia que no resulta tan promisoria como punto de partida. Simplemente son tantos los fen&oacute;menos incluidos en su definici&oacute;n, y tan variadas sus formas, que ser&iacute;a m&aacute;s apropiado apelar a teor&iacute;as espec&iacute;ficas seg&uacute;n la naturaleza de cada objeto. Es dif&iacute;cil pensar que se puedan explicar desde una misma perspectiva te&oacute;rica las normas morales, los derechos de propiedad y las patentes. </p>      <p>Segundo, la aproximaci&oacute;n a las instituciones como normas y el reconocimiento de su importancia no es algo tan novedoso como pudiera parecer; en las postrimer&iacute;as del siglo XIX Durkheim ya mostraba notable inter&eacute;s en la moral como "sistema de normas de conducta" (Durkheim, 2006, p. 36), y visto hoy podr&iacute;a considerarse un estudio institucional. La definici&oacute;n de North es tan amplia que se asemeja a la definici&oacute;n de cultura propuesta por el antrop&oacute;logo Marvin Harris (1990): </p>      <blockquote> ...<i>cultura</i> es el conjunto aprendido de tradiciones y estilos de vida socialmente adquiridos, de los miembros de una sociedad, incluyendo sus modos pautados y repetitivos de pensar, sentir y actuar (es decir, su conducta). (p. 19 - 20) </blockquote>      <p>N&oacute;tese que North incluye dentro de las instituciones, las costumbres y tradiciones, lo cual para Harris podr&iacute;an ser los "estilos de vida socialmente adquiridos", de suerte que las instituciones informales se traslapan con la cultura de manera clara. En otras palabras, donde North diga instituciones informales se puede pensar en cultura (incluyendo tradiciones, costumbres, creencias y valores), mientras las instituciones formales aluden a fen&oacute;menos un tanto distintos (constituciones, leyes y derechos de propiedad). Podr&iacute;a trasladarse un conjunto de leyes de un pa&iacute;s a otro, claro est&aacute; con algunos ajustes, pero ser&iacute;a pr&aacute;cticamente imposible exportar la costumbre de "llegar impuntual", de una comunidad a otra. La endoculturaci&oacute;n juega un papel fundamental a la hora de reproducir las instituciones informales, mientras las instituciones formales se pueden llevar de una sociedad a otra. Resulta que los fen&oacute;menos incluidos en la definici&oacute;n de North se vinculan de forma distinta con la cultura, es m&aacute;s, en el caso de las instituciones informales evidentemente son parte de la cultura, mientras las formales no necesariamente; de suerte que hablar de instituciones bajo esta conceptualizaci&oacute;n tan ambigua puede implicar dos cosas: primero, o se est&aacute; hablando de la cultura con otra terminolog&iacute;a (las instituciones importan = la cultura importa) o, segundo, se est&aacute; hablando de fen&oacute;menos que no est&aacute;n relacionados necesariamente con la cultura, combinados con elementos decididamente culturales (costumbres y leyes). </p>      <p>En medio de la ambig&uuml;edad reinante en las definiciones ha surgido un debate sobre si son las instituciones o la cultura el factor crucial para el desarrollo econ&oacute;mico. Acemoglu y Robinson (2001, 2012) consideran que por medio de las instituciones se puede explicar el desarrollo o atraso de ciertas regiones, mientras autores como Heydemann (2008), Tabellini (2010) o Billig (2000) consideran que la cultura es la clave. Los ejemplos de Acemoglu y Robinson sobre Korea del Norte y Korea del Sur, o Alemania Oriental y Alemania Occidental, donde, seg&uacute;n ellos, a pesar de no existir diferencias culturales relevantes tomaron caminos muy distintos en t&eacute;rminos de desarrollo, muestran la confusi&oacute;n original del t&eacute;rmino instituci&oacute;n. Lo que deber&iacute;a interpretarse de Acemoglu y Robinson es que estos pa&iacute;ses, a pesar de tener instituciones informales (cultura) muy similares, tomaron caminos divergentes en virtud de sus instituciones formales (lo que ellos llaman instituciones en general, ahondando en la confusi&oacute;n, pese a la prelaci&oacute;n de las instituciones pol&iacute;ticas en su an&aacute;lisis). En s&iacute;ntesis, la conclusi&oacute;n de los autores es que, al margen de la cultura, un gobierno autoritario que no garantiza el derecho de propiedad, que impide la libre transacci&oacute;n de bienes y servicios, y restringe las libertades individuales es nocivo para el desarrollo econ&oacute;mico. Por supuesto lo anterior apenas es una obviedad de la que se puede discutir muy poco. </p>      <p>Otras definiciones de instituciones tampoco logran deslindar el concepto de la cultura. Walton Hamilton (1932) interpreta las instituciones como "una manera de pensamiento o acci&oacute;n con cierto predominio y permanencia, incrustada en los h&aacute;bitos de un grupo o en las costumbres de un pueblo" (p. 84). Existe una cercan&iacute;a notable de la postura de Hamilton con la de Melville Herskovits (1952), antrop&oacute;logo heredero de la tradici&oacute;n relativista de Franz Boas: "Una cultura es el modo de vida de un pueblo" (p. 42). Los viejos y los nuevos institucionalismos, para utilizar la expresi&oacute;n de Hodgson (2007), proponen definiciones considerablemente amplias, aunque autores como Hamilton y Veblen (1919) se encuentran a&uacute;n m&aacute;s cerca de homologar instituciones con cultura. Para Veblen, las instituciones aparecen como "h&aacute;bitos de pensamiento establecidos, comunes a la generalidad de los hombres" (p. 232). La inclusi&oacute;n de los h&aacute;bitos para definir la instituci&oacute;n se relaciona con la definici&oacute;n de Harris (1990), en la que alude a "los modos pautados y repetitivos de pensar, sentir y actuar". Estas similitudes indican que las instituciones han permanecido unidas con la cultura en los planteamientos de los economistas institucionales de vieja data, y, al parecer, el neoinstitucionalismo tampoco ha logrado deslindar el concepto. </p>      <p>Hodgson (2007) revisa varias definiciones de institucionalistas "viejos" y "nuevos", y encuentra los siguientes puntos comunes: </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> <ul>    <li> Todas las instituciones implican la interacci&oacute;n de los agentes, con retroalimentaciones cruciales de informaci&oacute;n.</li>     <li> Todas las instituciones tienen varias caracter&iacute;sticas, concepciones y rutinas comunes.</li>     <li> Las instituciones sustentan y son sustentadas por concepciones y expectativas compartidas.</li>     <li> Aunque no son inmutables ni inmortales, las instituciones tienen cualidades relativamente duraderas, autorreforzantes y persistentes.</li>     <li> Las instituciones incorporan valores y procesos normativos de evaluaci&oacute;n. Las instituciones refuerzan especialmente su propia legitimaci&oacute;n moral: aqu&eacute;lla que perdura se ve a menudo -correcta o incorrectamente- como moralmente justa. (p. 68)</li>    </ul> </blockquote>      <p>Las anteriores caracter&iacute;sticas institucionales pueden aplicarse a la cultura, especialmente aquella referida al cambio institucional. Herskovitz (1952) explica que "la cultura es estable, y no obstante, la cultura es din&aacute;mica tambi&eacute;n, y manifiesta continuo y constante cambio" (p.30). Evidentemente esta perspectiva del cambio cultural proveniente de la antropolog&iacute;a se corresponde con el planteamiento de Hodgson, y en ese sentido se refuerza la idea de que los economistas institucionales pueden estar confundiendo, en algunos an&aacute;lisis, las instituciones con la cultura. Se podr&iacute;a entender lo anterior a trav&eacute;s del siguiente esquema: </p>      <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n16/n16a06es1.jpg"></p>      <p>Se sugiere que las instituciones poseen una parte que no se disuelve completamente en la cultura pese a estar influida por ella, &oacute;igase instituciones formales. El sistema pol&iacute;tico, la organizaci&oacute;n administrativa territorial, las constituciones y las leyes son instituciones m&aacute;s o menos independientes de la cultura, susceptibles de ser exportadas de un pa&iacute;s a otro. La intersecci&oacute;n entre A y B se compone por las instituciones informales, concebidas como una expresi&oacute;n de la cultura. En t&eacute;rminos metodol&oacute;gicos podr&iacute;an ser abordadas desde el utillaje te&oacute;rico propio de disciplinas como la antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a, del cual los economistas institucionales deben nutrir su trabajo. Sin embargo, como se&ntilde;ala Searl (2005, p. 20), las caracter&iacute;sticas del estilo cognitivo de la econom&iacute;a como disciplina pueden dificultar el entendimiento de objetos que requieren un esfuerzo interdisciplinar. Las instituciones, cualquiera sea su significado, son un &aacute;rea de estudio vinculada con el derecho, la ciencia pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a, de manera que si se quiere alcanzar un entendimiento m&aacute;s cabal del fen&oacute;meno, ser&aacute; necesario adentrarse en las teor&iacute;as y m&eacute;todos de varias disciplinas. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El modelo propuesto por Alejandro Portes (2006) para entender los elementos de la vida social explica la relaci&oacute;n entre instituciones y cultura. Se propone una divisi&oacute;n b&aacute;sica entre cultura y estructura social, los economistas, a juicio de Portes, deben establecer una distinci&oacute;n entre realidad simb&oacute;lica y material al abordar las instituciones. </p>      <p align="center"><img src="img/revistas/ecoca/n16/n16a06g1.jpg"></p>      <p>En el nivel visible colectivo se encuentran las instituciones, lo cual significa que ellas son la expresi&oacute;n m&aacute;s inmediata de los valores y normas sustantivadas en roles sociales. Tales roles, sin embargo, no mantienen una relaci&oacute;n directa y lineal con determinado marco institucional, pues los valores subyacentes suelen impedir que efectivamente las instituciones moldeen la agencia humana. El trasplante institucional, entendiendo las instituciones como una manifestaci&oacute;n de la cultura, puede analizarse desde los valores que constituyen el trasfondo de unas instituciones dadas. Trasladar legislaciones espec&iacute;ficas de una sociedad a otra parece razonable, pero el sustrato simb&oacute;lico de la sociedad que recibe el injerto tal vez no sea compatible con las instituciones nuevas, y en ese caso los resultados no ser&aacute;n los deseados. </p>      <p>Si bien Portes coloca en el centro de la discusi&oacute;n el trasfondo cultural de las instituciones, y c&oacute;mo sus formas interact&uacute;an con las instituciones mismas, se subraya aqu&iacute; la necesidad de radicalizar la frontera entre instituciones formales e informales para entender los problemas de trasplante y cambio institucional. En efecto, las disfunciones en determinadas pol&iacute;ticas del desarrollo pueden interpretarse a la luz de la confusi&oacute;n sem&aacute;ntica sobre las instituciones y su relaci&oacute;n con la cultura. Como dir&iacute;a Chang (2006): </p>      <blockquote> El problema es que no existe una definici&oacute;n ampliamente aceptada de las instituciones; y si no podemos estar de acuerdo en lo que entendemos por instituciones, es dif&iacute;cil imaginar un acuerdo sobre lo que se supone que &eacute;stas deben hacer, como promover el desarrollo econ&oacute;mico. (p. 126)  </blockquote>      <p><b>3. INSTITUCIONES, CULTURS Y DESARROLLO </b></p>      <p>Una de las &aacute;reas que produce mayores controversias se remite a las instituciones y el desarrollo, se consideren estas un vector, un obst&aacute;culo o un factor cuyo asocio con otros produce c&iacute;rculos virtuosos o estancamiento. Esquem&aacute;ticamente, se identifican tres enfoques desde los cuales interpretar las principales l&iacute;neas del debate: el primero de ellos incluye la vertiente conservadora de los Estados Fallidos, con autores como Robert Rotberg y Francis Fukuyama desde la ciencia pol&iacute;tica (Camargo et. al., 2010), as&iacute; como Acemoglu y Robinson con su c&eacute;lebre investigaci&oacute;n del fracaso de las naciones. Todos ellos comparten la idea de que existen fallas internas en los Estados que impiden generar desarrollo, se trate de incapacidad gubernamental para controlar el territorio y administrar justicia, o de &eacute;lites que acaparan la riqueza y se enquistan en el poder. </p>      <p>El segundo enfoque considera que el problema del desarrollo y las instituciones se debe m&aacute;s bien a las asimetr&iacute;as del capitalismo global y la forma como los &oacute;rganos multilaterales, controlados por los pa&iacute;ses poderosos, imponen pol&iacute;ticas que perpet&uacute;an la subordinaci&oacute;n de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos. En este grupo se encuentran figuras como Noam Chomsky, Joseph Stiglitz, Manfred Max Neef e Immanuel Wallerstein. El &uacute;ltimo enfoque asume que el monocultivo institucional<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> , visto como el traslado de instituciones de un pa&iacute;s a otro sin asumir el universo simb&oacute;lico vern&aacute;culo del receptor, puede generar consecuencias inesperadas e indeseables que truncan el objetivo del desarrollo. Autores como Portes, Heydemann, Tabellini y en cierto modo Chang, se adscriben a este enfoque, el cual se considera en este art&iacute;culo m&aacute;s adecuado que los dos primeros. </p>      <p>La explicaci&oacute;n del fracaso o falla estatal desde una perspectiva end&oacute;gena (la culpa es del pa&iacute;s y sus gobernantes) encuentra su culmen con la explicaci&oacute;n de Acemoglu y Robinson (2012) a partir de las instituciones inclusivas y extractivas. Para ellos, las instituciones inclusivas son aquellas que </p>      <blockquote> ...posibilitan y fomentan la participaci&oacute;n de la gran mayor&iacute;a de personas en actividades econ&oacute;micas que aprovechan mejor su talento y sus habilidades y permiten que cada individuo pueda elegir lo que desea. (Acemoglu &amp; Robinson, 2012, p. 56). </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Robinson afirmar&iacute;a que "es realmente un problema pol&iacute;tico el de crear las instituciones econ&oacute;micas que generen prosperidad" (Instituto de Econom&iacute;a de la USFQ, 2014, p. 2). En este curso de ideas, las instituciones extractivas permanecen porque las &eacute;lites locales usufruct&uacute;an esa situaci&oacute;n y se convierten en guardianes del <i>statu quo</i>. </p>      <p>El diagn&oacute;stico de Acemoglu y Robinson adolece de una ambig&uuml;edad se&ntilde;alada en el apartado anterior frente al concepto de instituci&oacute;n, y otorga toda la prelaci&oacute;n a las instituciones formales, de suerte que la soluci&oacute;n pol&iacute;tica es apenas una conclusi&oacute;n l&oacute;gica si el problema se reduce a reformas constitucionales, legales y org&aacute;nicas. El inconveniente es que "algunas instituciones formales que parecen funcionar bien en un pa&iacute;s desarrollado solo pueden funcionar bien porque est&aacute;n respaldadas por un conjunto de instituciones informales que no son f&aacute;ciles de observar" (Chang, 2006, p. 134). Entonces, como no son f&aacute;ciles de observar se omiten habitualmente en el an&aacute;lisis y se concluye que no son importantes, o se analizan superficialmente desde indicadores globales. Siguiendo a Voigt (2009), el contenido de muchas instituciones informales nunca es publicado, y su medici&oacute;n resulta muy dif&iacute;cil para personas ajenas al contexto. </p>      <p>La explicaci&oacute;n ex&oacute;gena sobre las fallas del desarrollo (el subdesarrollo es culpa del sistema capitalista y las organizaciones multilaterales) tampoco ofrece una mirada adecuada sobre la relaci&oacute;n entre instituciones y cultura. Seg&uacute;n Stiglitz (2002, p. 35), existen tres instituciones principales que gobiernan la globalizaci&oacute;n: el FMI, el Banco Mundial y la OMC. </p>      <blockquote> Estas instituciones est&aacute;n dominadas no solo por los pa&iacute;ses industrializados m&aacute;s ricos sino tambi&eacute;n por los intereses comerciales y financieros de esos pa&iacute;ses, lo que naturalmente se refleja en las pol&iacute;ticas de dichas entidades (Stiglitz, 2002, p. 35). </blockquote>      <p>As&iacute; las cosas, la presi&oacute;n para liberalizar los mercados, abrir las econom&iacute;as subdesarrolladas a los productos del norte, y el <i>pool</i> de medidas conocidas como "ajuste estructural", termina por debilitar las bases productivas de los pa&iacute;ses pobres. </p>      <p>Nuevamente, como en la explicaci&oacute;n end&oacute;gena, las fallas se atribuyen a las instituciones formales, esta vez impuestas desde instancias multilaterales al servicio de los pa&iacute;ses ricos y sus multinacionales. Las &eacute;lites locales puede que no tengan culpa en las desavenencias de su naci&oacute;n, como el caso del Primer Ministro Meles Zenawi de Etiop&iacute;a (Stiglitz, 2002, p. 49-50), v&iacute;ctima de las presiones de los organismos multilaterales, o, por el contrario, puede que est&eacute;n coaligadas con las multinacionales e intereses externos, cerrando filas para expoliar al grueso de la poblaci&oacute;n (Chomsky, 2012). Finalmente, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las instituciones informales? Desde esta perspectiva no se recaba en los valores y creencias de las &eacute;lites, ni de la poblaci&oacute;n que, en muchos casos, no solo se muestra complaciente, sino que participa en din&aacute;micas m&aacute;s amplias de corrupci&oacute;n y aprovechamiento. Se sabe, por ejemplo, que el clientelismo en Colombia funciona a trav&eacute;s de un tinglado que discurre por m&uacute;ltiples niveles, donde candidatos, l&iacute;deres locales y votantes interact&uacute;an bajo pautas altamente informales cristalizadas en una cultura pol&iacute;tica singular, en la que las normas legales tienen escasa incidencia. </p>      <p>El tercer enfoque clama por la comprensi&oacute;n de las instituciones en su relaci&oacute;n con la cultura, el hecho de que las definiciones se traslapen es suficiente para pensar que los dos fen&oacute;menos est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionados y quienes plantean la antinomia de "instituciones o cultura", est&aacute;n planteando un falso dilema. Retomando las palabras de Heydemann, </p>      <blockquote> ...es necesario (...) vincular argumentos sobre la persistencia de instituciones ineficientes con una concepci&oacute;n de la cultura informada sociol&oacute;gicamente, entendida como un grupo de recursos que aumenta, m&aacute;s que restringe, el &aacute;mbito de la agencia individual. (2008, p. 27) </blockquote>      <p>Por supuesto, al no existir una teor&iacute;a acabada de la agencia individual ser&aacute; imposible determinar hasta d&oacute;nde influye la cultura; sin embargo, un buen comienzo ser&iacute;a reconocer que buena parte de lo que hoy se denominan instituciones hace parte de los que los antrop&oacute;logos hace mucho tiempo han llamado cultura. De ser cierto lo que sugiere este art&iacute;culo, los economistas deber&iacute;an inmiscuirse en estrategias antropol&oacute;gicas, como "la descripci&oacute;n densa", y t&eacute;cnicas, como la etnograf&iacute;a, si desean obtener una imagen m&aacute;s prolija de las instituciones informales y su impacto en el desarrollo. </p>      <p><b>4. CONCLUSIONES </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La relaci&oacute;n entre instituciones y cultura parece indisoluble; es necesario resolver si el problema es una metonimia donde se habla de cultura bajo el r&oacute;tulo de instituciones, o si en realidad cultura e instituciones son algo diferente. En el art&iacute;culo se ha sugerido que las instituciones informales podr&iacute;an asumirse como cultura, mientras las formales obedecen a otras din&aacute;micas m&aacute;s o menos independientes de la cultura. Hodgson (2006, p. 20) se&ntilde;ala la ambig&uuml;edad en el an&aacute;lisis de North a la hora de distinguir instituciones formales e informales, que a la postre genera un &eacute;nfasis en las instituciones formales, las cuales, al ser expl&iacute;citas y reconocidas legalmente, son m&aacute;s f&aacute;ciles de aprehender. Siguiendo a Hodgson (2006), si se asume que todas las reglas son formales y las instituciones son reglas, entonces todas las instituciones ser&iacute;an formales; sin duda ser&iacute;a una forma radical de resolver la ambig&uuml;edad del t&eacute;rmino instituci&oacute;n, y restringir los valores y costumbres al &aacute;mbito cultural. </p>      <p>Las respuestas dadas al problema de las instituciones y el desarrollo desde los enfoques end&oacute;geno y ex&oacute;geno representados en este art&iacute;culo parecen insuficientes, por cuanto no consideran en profundidad las instituciones informales. Cierta dosis de razonamiento conspirativo aparece en ambas perspectivas, se trate de simple expoliaci&oacute;n por parte de &eacute;lites nacionales interesadas en perpetuar las instituciones extractivas, o sean los organismos multilaterales los encargados de dirigir las econom&iacute;as de los pa&iacute;ses pobres en provecho de las econom&iacute;as m&aacute;s poderosas. El evangelio que no debe olvidar el cient&iacute;fico social es que la realidad siempre es m&aacute;s compleja de lo que parece, y justamente este es el llamado de autores como Portes o Heydemann. </p>      <p>Al margen de la confusi&oacute;n surgida al conceptualizar las instituciones, y la incapacidad para deslindarlas de la cultura, lo cierto es que la econom&iacute;a institucional, en especial aquella denominada Econom&iacute;a Institucional Original, supuso un desplazamiento del paradigma ortodoxo por aproximaciones m&aacute;s abiertas y holistas (Parada, 2003, p. 95). A las otras disciplinas sociales les corresponde la tarea de capitalizar los hallazgos de los economistas institucionales, y enriquecerlos a partir de sus propias teor&iacute;as y enfoques. </p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup> Peter Evans (2007) plantea que "el monocultivo institucional descansa sobre la premisa general de que la eficiencia no depende de la adecuaci&oacute;n al entorno sociocultural local y sobre la premisa m&aacute;s espec&iacute;fica de que las versiones idealizadas de las instituciones angloestadounidenses son los instrumentos &oacute;ptimos para el desarrollo, con independencia del nivel de desarrollo o la posici&oacute;n de un pa&iacute;s dentro de la econom&iacute;a global" (p. 279).    <br></P>  <hr>      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>Acemoglu, D. &amp; Robinson, J. A. (2012). <i>Por qu&eacute; fracasan los pa&iacute;ses: los or&iacute;genes del poder, la prosperidad y la pobreza.</i> Madrid: Deusto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969894&pid=S2011-2106201500020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Acemoglu, D., Johnson, S. &amp; Robinson, J. A. (2001). The colonial origins of comparative development: An empirical investigation. <i>The American Economic Review, 91</i> (5), 1369-1901.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969896&pid=S2011-2106201500020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Billig, M. S. (2000). Institutions and culture: neo-Weberian economic anthropology. <i>Journal of Economic Issues, 34</i>(4), 771-788.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969898&pid=S2011-2106201500020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Camargo, A. M., Gu&aacute;queta, F. A. &amp; Ram&iacute;rez, J. F. (2010). Estados fallidos: &iquest;amenaza global o regional? <i>Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad</i>, <i>5</i>(2), 73-108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969900&pid=S2011-2106201500020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Chang, H. J. (2006). La relaci&oacute;n entre las instituciones y el desarrollo econ&oacute;mico. 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Granada, Espa&ntilde;a: Comares.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969906&pid=S2011-2106201500020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><P>Evans, P. B. (2007). Instituciones y desarrollo en la era de la globalizaci&oacute;n neoliberal. Bogot&aacute;: ILSA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969908&pid=S2011-2106201500020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hamilton, W.H. (1932). Institution. In Edwin R. A. Seligman y A. Johnson (Eds.). <i>Encyclopedia of the Social Sciences</i>, vol. 8 (pp. 84-89). New York: Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969910&pid=S2011-2106201500020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Herskovits, M. J. (1952).&nbsp;<i>El hombre y sus obras: la ciencia de la antropolog&iacute;a cultural</i>. M&eacute;xico D.F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969912&pid=S2011-2106201500020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Heydemann, S. (2008). Institutions and economic performance: the use and abuse of culture in new institutional economics. <i>Studies in Comparative International Development</i>, <i>43</i>(1), 27-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969914&pid=S2011-2106201500020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hodgson, G. (2006, marzo). What are institutions? <i>Journal of Economic Issues</i>, <i>40</i> (1), 1-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969916&pid=S2011-2106201500020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hodgson, G. M. (2007). <i>Econom&iacute;a institucional y evolutiva contempor&aacute;nea</i>. M&eacute;xico D.F.: Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Cuajimalpa-Xochimilco, Divisi&oacute;n de Ciencias Sociales y Humanidades.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969918&pid=S2011-2106201500020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Instituto de Econom&iacute;a de la USFQ (2014). &iquest;Por qu&eacute; fracasan los pa&iacute;ses? Entrevista con James Robinson. <i>Bolet&iacute;n Koyuntura</i>, <i>41</i>(5), 1-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969920&pid=S2011-2106201500020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p> Lawson, T. (2004). What is an institution. Mimeograph, Cambridge, UK. Ontological theorising and the assumptions issue in economics, 67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969922&pid=S2011-2106201500020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>North, D. C. (1991). Institutions. <i>Journal of Economic Perspective</i>, <i>5</i>(1), 97-112.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969924&pid=S2011-2106201500020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Parada, J. (2003). Econom&iacute;a institucional original y nueva econom&iacute;a institucional: semejanzas y diferencias. <i>Revista de econom&iacute;a institucional</i>, <i>5</i>(8), 92-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969926&pid=S2011-2106201500020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Portes, A. (2006). Instituciones y desarrollo: una revisi&oacute;n conceptual. <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>, <i>25</i>(45), 13-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969928&pid=S2011-2106201500020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Searle, J. R. (2005). What is an institution? <i>Journal of institutional economics</i>, <i>1</i>(1), 1-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969930&pid=S2011-2106201500020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Stiglitz, J. (2002). <i>El malestar en la globalizaci&oacute;n</i>. Bogot&aacute;: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969932&pid=S2011-2106201500020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Tabellini, G. (2010). Culture and institutions: economic development in the regions of Europe. <i>Journal of the European Economic Association</i>, <i>8</i>(4), 677-716.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969934&pid=S2011-2106201500020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Veblen, T. (1919). <i>The place of science in modern civilisation and other essays</i>. New York: Huebsch.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969936&pid=S2011-2106201500020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Voigt, S. (2009). How (not) to measure institutions. Joint discussion<i>. Paper Series in Economics, 37</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4969938&pid=S2011-2106201500020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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