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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UNA SUBESPECIALIZACIÓN PSIQUIÁTRICA: LA PSIQUIATRÍA FORENSE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This articleSdescribes Forensic Psychiatry in humorous terms. Forensic Psychiatry is a subspecialty of General PsychiatrySthat comprises,Samong others, the following topics: violence, fitness to stand trial, insanity defense, psychological harm, psychiatric malpractice, child custody, sexual abuse and confidentiality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="right">Articulos Originales </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p>        <center>     <b> <font size="4">UNA SUBESPECIALIZACI&Oacute;N PSIQUI&Aacute;TRICA:     LA PSIQUIATR&Iacute;A FORENSE<a href="#(*)">*</a> </font></b>    </center> </p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="3"><b>Forensic Psychiatry: A Subspecialtybof General    Psychiatry</b></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><b>Jorge &Oacute;scar Folino</b></p>     <p align="left">Perito de la Asesor&iacute;a Pericial, Departamento Judicial La    Plata; profesor adjunto de Psiquiatr&iacute;a y director de la Maestr&iacute;a    en   Psiquiatr&iacute;a Forense, Facultad de Ciencias M&eacute;dicas, Universidad    Nacional de La Plata; director del Programa Piloto de Evaluaci&oacute;n   de Riesgo de Liberados, Procuraci&oacute;n General de la Suprema Corte de Justicia    de la Provincia de Buenos Aires,   Argentina.<a href="mailto:folino@atlas.med.unlp.edu.ar"> folino@atlas.med.unlp.edu.ar</a></p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>     <p>En este art&iacute;culo se describe humor&iacute;sticamente la psiquiatr&iacute;a    forense como una subespecialidad   psiqui&aacute;trica que abarca, entre otros, temas como la violencia, la capacidad    ps&iacute;quica para   actuar en el proceso judicial, la inimputabilidad por trastornos mentales, el    da&ntilde;o ps&iacute;quico,   la responsabilidad profesional en el &aacute;rea de la salud mental, la custodia    y el r&eacute;gimen de   visitas cuando existen litigios por conflictos matrimoniales, el abuso sexual    y la   confidencialidad en la relaci&oacute;n profesional.</p>     <p> <b>Palabras clave</b>: psiquiatr&iacute;a, psiquiatr&iacute;a forense.</p> <hr size="1">     <p> <b>Abstract</b> </p>     <p>This articleSdescribes Forensic Psychiatry in humorous terms. Forensic Psychiatry    is a   subspecialty of General PsychiatrySthat comprises,Samong others, the following    topics: violence,   fitness to stand trial, insanity defense, psychological harm, psychiatric malpractice,    child   custody, sexual abuse and confidentiality.</p>     <p> <b>Key words:</b> Psychiatry, forensic psychiatry.</p> <hr size="1">     <p><b>La revista dominguera,   la inmnunohematolog&iacute;a   y la psiquiatr&iacute;a forense</b></p>     <p>   Estimado lector: lo invito a que lea   este art&iacute;culo de una manera informal.   Como si leyera un comentario   en la revista accesoria que viene con   el peri&oacute;dico los domingos. El art&iacute;culo   tiene como objetivo, precisamente,   contarle acerca de un &aacute;rea de la   medicina que, muy probablemente,   est&eacute; alejada de su pr&aacute;ctica m&eacute;dica,   pero que es interesante conocer. Por   eso, perm&iacute;tame la licencia de dirigirme   directamente a usted, como representante   de curiosos profesionales,   y olvidando, en beneficio de la   did&aacute;ctica, las formalidades del texto   cient&iacute;fico, que nos guarda y nos protege de introducir pecados intuitivos.</p>     <p>   Las revistas de los domingos aportan   informaciones que no suelen resultarnos   muy tangibles. Mientras   estamos tomando mate, extasiados   por permanecer en la cama a las   diez de la ma&ntilde;ana, leemos acerca   del &uacute;ltimo modelo Ferrari que nunca   manejaremos, de las islas &#8220;piripip&iacute;&#8221;   en cuyas playas viven peces de   colores dise&ntilde;ados por Dal&iacute; y tambi&eacute;n   alguna noticia sobre c&oacute;mo bailan   en el palacio del Loire &#8212;donde   nunca bailaremos&#8212; las damas y   caballeros con modelos de Ralph Lauren que nunca nos dir&aacute;n te quiero.</p>     <p>   El relato que sigue tambi&eacute;n tiene   bastante de inaccesible. Si usted se   dedica o planea dedicarse a operar   el abdomen con la nueva t&eacute;cnica &#8220;transsumanticamesentericadoble&#8221;, ver&aacute; muy alejada la posibilidad de contactarse con un juez en lo criminal para decirle que, en su opini&oacute;n, el que le rob&oacute; las gallinas al vecino no lo hizo para emular viejas tradiciones del barrio que otrora permit&iacute;an ingresar a la banda, sino porque, en su delirio finisecular, quer&iacute;a hacer un ritual que salvara al mundo de las cat&aacute;strofes que naturalmente hacen los pol&iacute;ticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Ya le digo, seguramente usted no   har&aacute; nada parecido, pero es bueno   saber que alg&uacute;n colega suyo est&aacute;   intentando ese tipo de misiones   imposibles (me refiero a que los abogados   entiendan semejantes cosas que casi no entendemos nosotros).</p>     <p>   Ahora bien, &iquest;por qu&eacute; la inmunohematolog&iacute;a   y la psiquiatr&iacute;a forense?   Porque se me ocurri&oacute; una adivinanza   y &eacute;ste era el mejor medio para dec&iacute;rsela   a mucha gente a la vez: &iquest;en   qu&eacute; se parecen la inmunohematolog&iacute;a   y la psiquiatr&iacute;a forense? Si me contesta   que en nada, debo decir: acert&oacute;.   Sin embargo, algo tienen en com&uacute;n y   es bueno reconocerlo porque se trata   de la trayectoria que siguen muchas   disciplinas a las que perseguiremos como el burro a la zanahoria.</p>     <p>   S&iacute; se&ntilde;or, en esta profusi&oacute;n de conocimientos   y aplicaciones que nos   depara la &eacute;poca, muchos cuerpos   te&oacute;ricos se desprenden y derivan   unos de otros, con lo que adquieren cierto permiso para andar solos y   estimul&aacute;ndonos a mantener la educaci&oacute;n   continua y la sucesiva acreditaci&oacute;n   que, adem&aacute;s de darnos elementos   para tapar agujeros de la   pared, nos habilita para ejercer funciones cada vez m&aacute;s especializadas.</p>     <p>   Siendo m&aacute;s claro, si quiere llegar a   ser inmunohemat&oacute;logo para sorprender   al vulgo con habilidades de muy   baja prevalencia, seguramente tendr&aacute;   que adquirir la especialidad b&aacute;sica en   hematolog&iacute;a &#8212;y ser preferentemente   bueno, para poder aprender lo que   sigue&#8212;, luego tendr&aacute; que gastar m&aacute;s   tiempo para estudiar lo que ya pocos   entienden y se animan a hacer con   la vinculaci&oacute;n de la inmunolog&iacute;a con   la hematolog&iacute;a; si puede, como broche   de oro a su aplicaci&oacute;n, descubrir&aacute;   el nuevo ant&iacute;geno que identifica los   aut&eacute;nticos eritrocitos de la sangre   azul; ya habr&aacute; adquirido entonces   una subespecialidad o especialidad   dependiente, tendr&aacute; un nuevo agujero   tapado en la pared y el barrio lo   mirar&aacute; como a Merl&iacute;n cruzando la avenida Nueve de Julio en escoba.</p>     <p>   Pues bien, con la psiquiatr&iacute;a forense   pasa algo similar, pero como &eacute;sta es   la estrella del cap&iacute;tulo, le cuento m&aacute;s detalles en el pr&oacute;ximo apartado.</p>     <p>   <b>La psiquiatr&iacute;a forense no s&oacute;lo es tema de pel&iacute;culas</b></p>     <p>   La psiquiatr&iacute;a forense resulta un   entretenido componente del argumento   de algunos <i>thrillers;</i> pero no   todo es diversi&oacute;n en la vida, tambi&eacute;n   es una herramienta de trabajo con   la que algunos nos ganamos la vida.   Para estos &uacute;ltimos efectos, decimos   solemnemente que la psiquiatr&iacute;a   forense es una subespecialidad m&eacute;dica   que incluye trabajo cl&iacute;nico y   estudio cient&iacute;fico en las m&uacute;ltiples &aacute;reas en que se interrelacionan cuestiones legales y de salud mental. Agregamos, para tener m&aacute;s legitimaci&oacute;n ante la cara desorbitada de nuestros interlocutores, que su matriz o especialidad b&aacute;sica es la psiquiatr&iacute;a general (1-4).</p>     <p>   Cuando queremos ser m&aacute;s contundentes   en el impacto que provocamos,   decimos que la psiquiatr&iacute;a   forense abarca diversos t&oacute;picos. Algunos   ejemplos son la violencia en   general y en la cancha, la capacidad   ps&iacute;quica para actuar en proceso judicial &#8212;ya sea para declarar que uno es inocente, como siempre, o discutir con el abogado para que lo represente adecuadamente&#8212;, la evaluaci&oacute;n del estado ps&iacute;quico al momento del hecho delictivo cuando alguno dice que rob&oacute; por mandato divino; el estudio del da&ntilde;o ps&iacute;quico, la responsabilidad profesional del psiquiatra cuando le recomienda verbalmente a su paciente amn&eacute;sico que no olvide tomar los remedios; la custodia y el r&eacute;gimen de visitas cuando los hijos est&aacute;n a punto de ser disecados para un buen reparto entre los padres, la confidencialidad en la relaci&oacute;n profesional que limita a los psiquiatras chismosos, la internaci&oacute;n involuntaria de quien dice que puede jugar al gallito ciego en la autopista, sin riesgos, porque es la versi&oacute;n gauchesca de Superman (5-16).</p>     <p>   Una peculiaridad de esta disciplina   es que posee metas diferentes a las   de la psiquiatr&iacute;a general. No quiero   decir que la meta del psiquiatra   forense sea no cobrar el trabajo,   sino que funciona sin un rol terap&eacute;utico   y solamente para los efectos   de auxiliar a la justicia aclarando   lo poco que los abogados no saben.   Dicho de otra manera, no apunta   al tratamiento bueno y barato que   suele pedir el enfermo, sino a dar   su opini&oacute;n respecto a un tema puntual   que le consultaron, y ese trabajo   se lo tiene que cobrar a quien le pregunta o a quien diga el juez.</p>     <p>   Ahora bien, como buena hija, la <i>psiquiatr&iacute;a   forense </i>debe respetar algunos   designios de su madre, la <i>psiquiatr&iacute;a   general</i>. Los designios responden   a la historia y a la estructura   epistemol&oacute;gica de la psiquiatr&iacute;a.   Tener esto en claro permite diferenciar   lo que hacen los unos y los   otros que se acercan a la arena de la   salud mental, sin que deba interpretarse que all&iacute; todo es una lucha.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Como de la madre hay que hablar   en serio, diremos que la <i>psiquiatr&iacute;a   general </i>es una disciplina t&eacute;cnicocient&iacute;fica,   que tiene como ciencias   b&aacute;sicas la psicolog&iacute;a, la biolog&iacute;a, la   sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a<a href="#(fig1)"> (ver Figura   1)</a>. En sus diferentes &aacute;reas de   investigaci&oacute;n y de aplicaci&oacute;n se nutre   tambi&eacute;n de otras disciplinas.   Tiene un campo del conocimiento &iacute;nter y pluridisciplinario, con una estructura paradigm&aacute;tica continuamente puesta en tensi&oacute;n por su cabalgamiento entre las ciencias biol&oacute;gicas y humanas (17-19).</p>      <center>   <a name="#(fig1)"><img src="img/revistas/rcp/v35s1/v35s1a14fig1.gif"></a>  </center>    <p></p>        <p>   El estudio psiqui&aacute;trico forense parte   del n&uacute;cleo metodol&oacute;gico serio   aportado por la psiquiatr&iacute;a general   para responder a una necesidad   social orientada por el derecho, la   cual, no lo dude, es tambi&eacute;n muy   seria. Tambi&eacute;n se da licencias divertidas prest&aacute;ndose a la trama de  <i>El silencio de los inocentes.</i></p>     <p>   Como las preguntas que se intentan   responder desde la psiquiatr&iacute;a   forense son complejas, y como es   com&uacute;n que los &eacute;mulos de Perry   Mason infundan miedo con su sagacidad,   los psiquiatras consideramos   que la disciplina debe fortalecerse   con aportes de la criminolog&iacute;a, la   epidemiolog&iacute;a, la psicolog&iacute;a forense,   la bioqu&iacute;mica, la sexolog&iacute;a, entre otras materias.</p>     <p>   <b>&iexcl;Cuidado! El sistema   psiqui&aacute;trico forense llega   hasta donde usted no lo cree</b></p> </font>    <p><font size="2" face="Verdana">   Si bien no tiene un cartel luminoso   que lo indique, existe un sistema   psiqui&aacute;trico forense por el que transitan   los enfermos mentales, y otros no enfermos, que entran en contacto   con el sistema judicial.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   El sistema est&aacute; formado por sectores   del poder judicial, del servicio   correccional, del sistema de salud   p&uacute;blica y, adhiriendo a la corriente   de privatizaciones, tambi&eacute;n suma   sectores del sistema de salud privado   (20).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   La mayor parte de las preguntas y   sus momentos apropiados, y tambi&eacute;n   la movilizaci&oacute;n de los que transcurren   por el sistema psiqui&aacute;trico   forense, est&aacute; reglamentada en las   legislaciones penales. Los operadores   de justicia act&uacute;an siguiendo las   recetas de los c&oacute;digos, si bien nunca   falta el que quiere imponer alguna   inspirada improvisaci&oacute;n. Los peritos,   tambi&eacute;n llamados respetuosamente   expertos en psiquiatr&iacute;a forense y de   otras maneras originales, asesoran   a los jueces civiles y penales en cada   una de las instancias del proceso y   de la ejecuci&oacute;n de la pena. Algunos   ejemplos del funcionamiento del sistema   siguen a continuaci&oacute;n.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   En el fuero en lo criminal, apenas   se pesca a un amigo de lo ajeno, el   psiquiatra forense estar&aacute; listo para   realizar un examen del estado actual.   Si los sabuesos no encuentran   al sujeto que cada d&iacute;a muestra sus   partes pudendas a las muchachas   del barrio, sin que ellas lo quieran   claro est&aacute;, le pueden preguntar al   psiquiatra si con algunos datos colectados   puede conjeturar, razonablemente,   qu&eacute; otro tipo de conducta   ser&iacute;a esperable en personas con   tan malas costumbres. Todo para</font></p> <font face="Verdana" size="2">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>orientar la investigaci&oacute;n y evitar que   las muchachas se muden a otro   barrio (21),(22).</p>     <p>   Cuando una v&iacute;ctima hace una denuncia,   los investigadores y centros   de atenci&oacute;n a las v&iacute;ctimas pueden   requerir la opini&oacute;n acerca del estado   de &eacute;sta (verosimilitud de la denuncia,   grado de afectaci&oacute;n, qu&eacute; tipo de tratamiento conviene disponer, etc.).</p>     <p>   Cuando alguien dice que no recuerda   lo que hizo y que tampoco le refresca   la memoria que un vecino   describa c&oacute;mo lo vio meterse en un   auto ajeno, luego de abrirlo con ganz&uacute;a,   quitar el radio e irse m&aacute;s que   r&aacute;pido con el pan ganado bajo el   brazo, los jueces preguntan al psiquiatra   forense si, al momento del   hecho, ten&iacute;a alg&uacute;n tipo de enfermedad   que le imped&iacute;a comprender la   criminalidad de los actos o dirigir   sus acciones. Si el diagn&oacute;stico es   debilidad por los pasacasetes marca   Philco y que lo &#8220;enloquece&#8221; conseguir   plata f&aacute;cil, dif&iacute;cilmente la justicia lo considerar&aacute; inimputable (23-25).</p>     <p>   En diferentes fases del proceso en   lo criminal, se le pide al psiquiatra   que opine acerca de la peligrosidad.   Esto siempre le produce dolor de   cabeza a todo el mundo, pues es   tarea bien dif&iacute;cil que se orienta a   predecir o calcular el riesgo de que   alguien, en el futuro, resulte violento   de alguna manera contra un semejante   o contra s&iacute; mismo o, por   qu&eacute; no, contra cualquier cosa de   este mundo. Cuando la opini&oacute;n del   experto, en este momento h&iacute;brido   psiquiatra y calculista del futuro,   alerta acerca de alto riesgo, la justicia   indica una medida de seguridad en alg&uacute;n lugar apropiado.</p>     <p>   En ese instante, el psiquiatra forense   se funde con sus otras vocaciones   de arquitecto y &#8220;segur&oacute;logo&#8221; &#8212;&iquest;el que sabe de seguridad?&#8212; y sugiere que la medida se cumpla en un hospital, cl&iacute;nica, casa u hospital psiqui&aacute;trico del Servicio Penitenciario. Para modelar la mejor sugerencia, el perito tiene en cuenta las caracter&iacute;sticas y necesidades de la persona, qu&eacute; tipo de tratamiento necesita, cu&aacute;ntas ganas tiene de hacerlo, qu&eacute; colaboraci&oacute;n prestar&aacute; en b&uacute;squeda de su mejor&iacute;a, y, seg&uacute;n lo disponible, se tiende a buscar el m&aacute;ximo confort y la m&iacute;nima restricci&oacute;n posible (26-32).</p>     <p>   En el fuero en lo civil, los jueces les   preguntan a los expertos acerca de   si alguna enfermedad alter&oacute; la capacidad   del sujeto para dirigir su persona   o para administrar sus bienes.   Con su opini&oacute;n, el juez puede establecer   la incapacidad civil del sujeto   y luego nombrar un curador que debe   tomar las decisiones por el enfermo.   Por supuesto, al curador la justicia   lo pone de alguna manera bajo la lupa porque debe cumplir bien su rol.</p>     <p>   Es bueno que el lector sepa claramente   que: el esp&iacute;ritu de estas leyes   es la ayuda y la protecci&oacute;n al inca paz, para que no haga macanas en   su propio perjuicio, y para que ning&uacute;n   <i>vivillo</i>, que nunca falta, se aproveche de su vulnerabilidad.</p>     <p>   Aunque usted no lo crea, la justicia   est&aacute; tan bien dispuesta con estas   personas que se pone bajo el ala, que   a quienes no tienen recursos les   brinda un subsidio econ&oacute;mico. &iquest;Qu&eacute;   tal? Yo s&eacute; que no se lo esperaba. Es   bueno que toda la sociedad lo sepa,   y, especialmente, usted que se mueve   con las artes de mantener la salud.   Si lo aprendi&oacute;, asesore a quienes   le pregunten para que no vean   todo esto como un castigo o un perjuicio   judicializado; esto es nada m&aacute;s   ni nada menos que la institucionalizaci&oacute;n   de la ayuda y protecci&oacute;n que   le debe la sociedad a los que, por   enfermedades mentales, no pueden arregl&aacute;rselas solos (33).</p>     <p>   En el fuero en lo civil, tambi&eacute;n se   suelen presentar litigios que promueven   preguntas a los expertos   psiquiatras acerca de si alguien padece   una enfermedad mental que   altere su capacidad para casarse,   hacer un testamento o ceder un poder.   Imag&iacute;nese que nunca falta una   pitonisa que envuelva al anciano que   ya tiene m&iacute;nima memoria, est&aacute; dependiente   y no diferencia qui&eacute;n le   est&aacute; encima como &aacute;ngel de la guarda   y qui&eacute;n como expectante halc&oacute;n dispuesto a tirarse en picada.</p>     <p>   Esto no es simplemente an&eacute;cdota;   tiene mucho de ense&ntilde;anza. No se   olvide el m&eacute;dico, dir&iacute;a Mart&iacute;n Fierro,   ya ejerza psiquiatr&iacute;a o cualquier otra   destreza m&eacute;dica, que estar&aacute; obligado   a denunciar cuando encuentre   que un paciente incapaz es v&iacute;ctima   de alguna maniobra de este tipo o   mal trato de otro tipo. Es lo mismo   que pasa con los ni&ntilde;os. En ambas   situaciones, por estar involucrado   un sujeto incapaz que puede ser perjudicado,   si la obligaci&oacute;n del ciudadano   com&uacute;n se agiganta para promover   su protecci&oacute;n, la del m&eacute;dico m&aacute;s a&uacute;n (34),(35).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Pens&oacute; usted alguna vez que si, en   medio de la borrachera, el beodo   perdi&oacute; en la ruleta, firm&oacute; la venta   de su casa y cambi&oacute; su reloj de oro   por la &uacute;ltima ficha de cinco pesos, &iquest;podr&iacute;a merecer otra cosa que la extradici&oacute;n de la rep&uacute;blica familiar con las valijas llenas de soeces ep&iacute;tetos? Aunque le parezca mentira, la justicia y la psiquiatr&iacute;a forense tienen una especie de asilo pol&iacute;tico para cuando aquel gran productor de desdichas propias y familiares est&aacute; enfermo de tal manera que, sin llegar al supuesto de la incapacidad comentada arriba, no puede dejar de hacer semejante tipo de desatinos. El remedio es un estatus legal de inhabilitado que le cuida el patrimonio y que lo limita para disponer de sus bienes por actos entre vivos (36),(37).</p>     <p>   Querido lector, a&uacute;n falta m&aacute;s. &iexcl;Pocos   quedan fuera de esta red que   extiende el sistema psiqui&aacute;trico forense para que los expertos no nos   quedemos sin trabajo! Hasta aquel   que de ninguna manera es vulnerable   y que tampoco comete dolo   alguno puede quedar bajo la inspecci&oacute;n   aguda del psiquiatra forense   luego de ser v&iacute;ctima de alg&uacute;n tipo   de accidente o perjuicio. Ocurre que   nadie est&aacute; a salvo de tales infortunios   y, cuando tiene la mala pata   de sufrir alguno, lo que leg&iacute;timamente   querr&aacute; es que se compense   el da&ntilde;o sufrido. En ese momento se da la intervenci&oacute;n psiqui&aacute;trica.</p>     <p>   El demandante alega que sufri&oacute; un   da&ntilde;o ps&iacute;quico y pide que se eval&uacute;e   si es cierto y que se midan el da&ntilde;o y   los perjuicios. De esta manera, los   siempre bien dispuestos expertos   psiquiatras acuden con todas sus   habilidades a someterle a una serie   de pruebas para ver en qu&eacute; parte del   alma le qued&oacute; la aver&iacute;a y usted, que   nunca pens&oacute; en v&eacute;rselas con semejante   esp&eacute;cimen poseedor de ciencias   y apariencias, estar&aacute; colaborando   con &eacute;l, explic&aacute;ndole todo lo que   le ocurri&oacute; y cuidando que su interlocutor   no se distraiga con ninguna inspiraci&oacute;n extempor&aacute;nea (38).</p>     <p>   Despu&eacute;s de estas l&iacute;neas, supongo   que le habr&aacute; quedado claro que el   sistema psiqui&aacute;trico forense tiene   una gran extensi&oacute;n que se encuentra   subestimada en la opini&oacute;n p&uacute;blica y   en la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Se extiende   a trav&eacute;s de diversas instituciones   p&uacute;blicas y privadas, y comparte con   ellas variedad de aspectos beneficiosos   y deficitarios. La poblaci&oacute;n que   toma contacto con el sistema a trav&eacute;s   de los fueros civil y criminal activa,   aun sin saberlo, unos dispositivos   psiqui&aacute;trico forenses que son sumamente   din&aacute;micos, r&aacute;pidos y que exigen   s&oacute;lida formaci&oacute;n en la t&eacute;cnica   diagn&oacute;stica. A prop&oacute;sito de ello, le sugiero leer lo que viene.</p>     <p>   <b>&iquest;Se puede clonar   a un psiquiatra forense?</b></p>     <p>   El psiquiatra forense es un psiquiatra   general que ha logrado especial   conocimiento a trav&eacute;s de entrenamiento   y experiencia en el campo de   interrelaci&oacute;n entre la psiquiatr&iacute;a y el   derecho. Su trabajo profesional puede   incluir actividades cl&iacute;nicas, educacionales   y de investigaci&oacute;n. La tarea   puede desenvolverse en litigios   en lo criminal, civil o laboral. Los   lugares de trabajo incluyen hospitales,   cl&iacute;nicas, oficinas periciales judiciales   o de las instituciones penitenciarias,   prisiones, otras instituciones   p&uacute;blicas o privadas. Como queda   claro, la sociedad estar&iacute;a tristemente desprotegida sin psiquiatras forenses.</p>     <p>   Pero, si son tan buenos, &iquest;por qu&eacute; no   clonarlos?, y, tal como harina de distribuci&oacute;n   gratuita en <i>Un mundo feliz,</i> &iquest;por qu&eacute; esparcirlos generosamente a lo ancho y a lo largo del gran esferoide?  No se clonan por cuestiones de seriedad y diversi&oacute;n: al clonar no se obtendr&iacute;a un producto acorde con la seriedad de la demanda ni tampoco ser&iacute;a divertido. S&oacute;lo lo que cuesta llega a ser apreciado y s&oacute;lo con la experiencia se aprende bien. Lo mejor que puede hacerse es, en vez de clonaci&oacute;n, una intensa y extensa <i>preparaci&oacute;n</i>. Hay que pensar que el psiquiatra forense requiere capacitaci&oacute;n para la evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica de los datos psiqui&aacute;tricos, el conocimiento de algunas cuestiones legales y habilidades para la adecuada comunicaci&oacute;n interdisciplinaria, &iexcl;que no es moco de pavo!</p>     <p>   Por todo lo antedicho, cae de maduro   que las instancias necesarias   para su capacitaci&oacute;n son la formaci&oacute;n   te&oacute;rico-pr&aacute;ctica en psiquiatr&iacute;a   general y en psiquiatr&iacute;a forense y el   desarrollo de experiencia profesional   de aplicaci&oacute;n supervisada dentro   del &aacute;rea espec&iacute;fica.</p>     <p>   Hasta hace no mucho tiempo, en   Argentina, la formaci&oacute;n psiqui&aacute;trico-   forense se lograba trabajando en   alg&uacute;n lugar espec&iacute;fico y realizando   cursos de medicina legal. Esta tradici&oacute;n,   que tiene or&iacute;genes en concepciones   centroeuropeas, lamentablemente   fue restringiendo el desarrollo   aut&oacute;nomo de la disciplina.   Con gran esfuerzo de producci&oacute;n,   la psiquiatr&iacute;a general y la psiquiatr&iacute;a   forense en particular fueron   conformando en el mundo un cuerpo   te&oacute;rico sumamente vasto que   resulta imposible de abarcar con la   sola formaci&oacute;n que brindan los tradicionales   cursos de medicina legal,   tal vez suficientes en los comienzos   hist&oacute;ricos.</p>     <p>   En algunos pa&iacute;ses, unos pocos a&ntilde;os   atr&aacute;s, legitimaron la acreditaci&oacute;n en   psiquiatr&iacute;a forense con la constituci&oacute;n   de juntas evaluadoras, residencias   y estructuras pedag&oacute;gicas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En 1998, por primera vez en Argentina   y tambi&eacute;n en Latinoam&eacute;rica, se   institucionaliz&oacute; una carrera de posgrado   de capacitaci&oacute;n espec&iacute;fica en   psiquiatr&iacute;a forense; &eacute;sta contempla   las necesidades propias de los amplios   contenidos de la disciplina y de   sus peculiares formas de adquisici&oacute;n   y de aplicaci&oacute;n, asimismo, lo vital   que es la investigaci&oacute;n. Esta oferta   educativa de la Universidad Nacional   de La Plata, Maestr&iacute;a en Psiquiatr&iacute;a   Forense, refleja el estado &oacute;ptimo   de madurez que ha alcanzado la   psiquiatr&iacute;a forense en algunos medios   y es modelo para muchas otras   comunidades en v&iacute;as de desarrollo.</p>     <p>   Clonaci&oacute;n aparte, si se quieren hacer   las cosas en serio &#8212;as&iacute; ser&aacute;n   tambi&eacute;n divertidas&#8212;, deber&iacute;a atenderse   a lo que indica el proceso hist&oacute;rico   y el estado actual del avance   psiqui&aacute;trico. El psiquiatra forense   deber&iacute;a acreditar, en primer lugar,   su especializaci&oacute;n en psiquiatr&iacute;a   general, y, en segundo lugar, su   capacitaci&oacute;n espec&iacute;fica en el &aacute;mbito   forense, consider&aacute;ndose de peso   antecedentes tales como haber realizado   maestr&iacute;a o cursos espec&iacute;ficos.</p>     <p>De esta manera, el psiquiatra que   responda con suficiente aval ser&aacute;   alguien que estudi&oacute;, por lo menos,   entre seis y siete a&ntilde;os su carrera   universitaria, luego hizo la especializaci&oacute;n   en psiquiatr&iacute;a general &#8212;que   en su versi&oacute;n m&aacute;s r&aacute;pida es de tres   a&ntilde;os, con un peso horario en la   Facul- tad de Ciencias M&eacute;dicas de   la Universidad Nacional de La Plata   de 7.000 horas, o que, en su versi&oacute;n   m&aacute;s habitual, le consumi&oacute; entre   cinco y ocho a&ntilde;os&#8212; y que, finalmente,   logra capacitaci&oacute;n psiqui&aacute;trico-   forense a lo largo del proceso   educativo formal de, por lo menos,   dos a&ntilde;os m&aacute;s. Indudablemente, se   trata de una capacitaci&oacute;n sumamente   prolongada y altamente especializada   que, fuera de toda broma,   merece la apropiada jerarquizaci&oacute;n   y respeto (39), (40).</p>     <p>   <b>&iquest;Qu&eacute; clase de relaci&oacute;n   es la relaci&oacute;n pericial?</b></p>     <p>   El psiquiatra forense establece una   relaci&oacute;n especial con la persona a   la que va a examinar por orden judicial.   La relaci&oacute;n pericial tiene   diferencias con la relaci&oacute;n terap&eacute;utica,   que es el tipo de relaci&oacute;n a la   que est&aacute; acostumbrado el m&eacute;dico   (adem&aacute;s de otras, por supuesto).</p>     <p>   En esta relaci&oacute;n no existe, en principio,   la b&uacute;squeda de alivio o cura   tal como es planteada cuando el sujeto   busca la asistencia del m&eacute;dico.</p>     <p>   La decisi&oacute;n de establecer la relaci&oacute;n   no depende libremente del sujeto.   Siempre media una decisi&oacute;n judicial,   est&eacute; o no interesado el sujeto   en vincularse con el psiquiatra   forense, por lo que no todos los datos   obtenidos en semejante relaci&oacute;n   poseen el &oacute;ptimo grado de confiabilidad.</p>     <p>   El objetivo del psiquiatra forense no   es curar alg&uacute;n pesar, sino obtener   informaci&oacute;n cient&iacute;fica para suministrar   al administrador de justicia,   vinculada con lo que &eacute;ste quiere   saber y con la ciencia de aqu&eacute;l. De   todas maneras, la voluntad terap&eacute;utica   que el m&eacute;dico tiene para con   todo el mundo &#8212;menos para s&iacute; mismo   cuando alg&uacute;n amigo le dice qu&eacute;   gordo est&aacute;&#8212; no deja de cumplirse.   La informaci&oacute;n obtenida en el peritaje,   aunque no se vuelca en el mismo   momento en terapia, moviliza,   si es necesario, el tr&aacute;mite que lleva   a la instauraci&oacute;n de un tratamiento   asistencial que deber&aacute;n practicar   otros profesionales.</p>     <p>   Al lado de esos aspectos peculiares   que operan en la relaci&oacute;n pericial   est&aacute;n otros de &iacute;ndole &eacute;tica y que   pertenecen al marco de respeto necesario   al sujeto (objeto) de estudio   y al profesionalismo. Aun cuando   la relaci&oacute;n pericial se establece por   orden judicial, existen determinados   l&iacute;mites &eacute;ticos al accionar m&eacute;dico   que deben ser contemplados por   el profesional y por la comunidad   que requiere sus servicios.</p>     <p>El psiquiatra forense debe alcanzar   un adecuado balance de los valores   que frecuentemente se ponen en   conflicto &#8212;por ejemplo, confidencialidad,   seguridad&#8212; y tambi&eacute;n ejercitar   su pr&aacute;ctica en un marco de   respeto por la voluntariedad del examinado   o de su representante legal   y por la intimidad de aqu&eacute;l (41-45).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Para muestra basta un bot&oacute;n.   Ejemplos de tareas psiqui&aacute;trico-forenses</b></p>     <p>   Cuando se entabla un proceso en   lo criminal o correccional, el procesado   tiene que actuar en algunas   circunstancias que exigen que est&eacute;   con todas las luces o, por lo menos,   con la mayor&iacute;a. Imaginemos a alguien   de 35 a&ntilde;os acusado de da&ntilde;o   por romper el vidrio de la ventana   del vecino; tendr&aacute; que ser lo suficientemente   maduro como para   poder comunicarse con su abogado   defensor para que le defienda; si no   lo es, y solamente llora porque el   vecino no quiso devolverle la pelota   con la que rompi&oacute; el vidrio, tendr&aacute;   que actuar seguramente el psiquiatra   forense para establecer si es capaz   para actuar en el proceso; si no   lo fuera, el proceso penal tomar&iacute;a   direcciones diferentes a la que hubiera   seguido si el pelotari hubiera sido normal.</p>     <p>   Tan importante son estos ex&aacute;menes   psiqui&aacute;trico-forenses que, en caso   de que el experto detecte una enfermedad   mental que genere peligrosidad,   la persona puede ser internada   aun en contra de su voluntad   y puede ser tratada hasta que est&eacute;   mejor y ya no genere riesgos. En los   casos en que se interrumpe el proceso,   si el acusado, gracias al tratamiento   o al susto o a lo que fuera,   recobra la capacidad mental, la causa penal prosigue a su respecto.</p>     <p>   Otra utilidad que tiene el servicio   psiqui&aacute;trico en esos momentos es   que permite constatar si el sujeto   tiene o no clara conciencia de la   trascendencia del acto de prestar   declaraci&oacute;n indagatoria y si puede   brindar informaci&oacute;n normalmente.   De lo contrario, puede ocurrir que,   por alguna enfermedad mental, un   acusado exponga elementos que resulten   perjudiciales para s&iacute; mismo &#8212;sean o no verdad&#8212; sin comprender que tiene determinados derechos, por ejemplo, negarse a declarar; o, tambi&eacute;n, que brinde informaci&oacute;n producto de una enfermedad mental, la cual resultar&iacute;a irrelevante para el juzgador (46-48).</p>     <p>   La justicia suele pedir a los expertos   en psiquiatr&iacute;a forense que traten   de descubrir cu&aacute;l era el estado   mental al momento del hecho, tal   como fuera anticipado arriba. La importancia   en este caso radica en que   ser&iacute;a muy injusto encontrar imputable,   culpable y penar a alguien   que actu&oacute; en un estado de enfermedad   ps&iacute;quica muy severa. Para   imputarle un delito, la justicia requiere que la persona tenga un m&iacute;nimo   de madurez y de salud mental   suficiente para que pueda comprender   la criminalidad del hecho y   dirigir su conducta. Si por la enfermedad   no pudo cumplir con alguno   de esos requisitos, los juzgadores   establecer&aacute;n que el sujeto es inimputable,   y, en funci&oacute;n de la peligrosidad,   decidir&aacute;n su internaci&oacute;n para   su protecci&oacute;n y la de terceros (23), (49-54).</p>     <p>   Dado que el diagn&oacute;stico es al momento   del hecho, es decir, retrospectivo,   el psiquiatra se enfrenta a   una tarea sumamente dif&iacute;cil. Busca   informaci&oacute;n en m&uacute;ltiples fuentes,   por ejemplo, en informes m&eacute;dicos   previos que pudieran constar en   el expediente o que alguien pudiera   brindar con autorizaci&oacute;n del juez,   en descripciones que pudieron haber   realizado testigos, en datos que   brinda el propio acusado, en m&eacute;todos   auxiliares de diagn&oacute;stico, etc.   Con todos ellos, razona y suministra   al juzgador una opini&oacute;n fundamentada.   Si no alcanza a lograr una   opini&oacute;n que est&eacute; fundamentada, responde que no sabe.</p>     <p>   Lo peor que puede hacer un experto   es forzar la realidad y tratar de interpretarla   sin fundamentos. Si as&iacute;   lo hiciera, les aseguro que desempe&ntilde;ar&aacute;   un rol m&aacute;s parecido al del   acusado que al del perito. Para saber   un poco m&aacute;s acerca de esas alternativas   les recomiendo que no dejen de leer el pr&oacute;ximo ac&aacute;pite.</p>     <p>   <b>&iquest;Qu&eacute; hace un psiquiatra   ante el estrado?</b></p>     <p>   El psiquiatra se arma de paciencia,   buena voluntad y serenidad, repasa   todo lo que puede y se presenta en   el estrado al que fue citado. All&iacute; se   lleva a cabo un juicio oral. Hay un   acusado, un defensor, un fiscal y un   tribunal. El psiquiatra es llamado   para que exponga sus conclusiones   y responda a las preguntas del tribunal   y de las partes, relacionadas con   el estudio que oportunamente le fuera   indicado, y, eventualmente, con   los nuevos elementos que pudieren   surgir en la audiencia. Al perito tambi&eacute;n   le pueden hacer preguntas te&oacute;ricas   planteando alguna hip&oacute;tesis   que contempla determinado aspecto   de la salud, terap&eacute;utica, efecto de t&oacute;xicos, etc. (55).</p> </font>    <p><font size="2" face="Verdana">   Usted lo podr&aacute; homologar al peor &#8220;final&#8221;   que hayan tenido que rendir   ante una mesa examinadora de la   facultad. La imaginaci&oacute;n no lo lleva   hacia la analog&iacute;a equivocada, pero,   en realidad, es insuficiente. La situaci&oacute;n   es m&aacute;s estresante a&uacute;n. Piense   que usted ya no es un alumno al que   se le puede contemplar con algo de   indulgencia; que si se equivoca fiero,   puede arrastrar al juzgador a una   decisi&oacute;n judicial err&oacute;nea y no solamente   sufrir&aacute; usted, sino el tercero</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">   Este tipo de consecuencias son las   que hacen imprescindible que los   psiquiatras forenses est&eacute;n bien en trenados y act&uacute;en con solvencia        y   prudencia. Su ejercicio pericial es   sumamente trascendente. As&iacute; deber&iacute;a   concebirlo el psiquiatra y as&iacute;   deber&iacute;a reconocerlo la comunidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">     <b>Sexo y drogas sin rock and roll</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Hay algunos fen&oacute;menos sociales   que son complejos y que tienen   mucha vinculaci&oacute;n con la salud   mental. Por ejemplo, el consumo de   drogas es algo que preocupa a toda   la sociedad y que, cuando se asocia   a alguna conducta reprochable,   motiva a que la justicia que interviene   le haga m&uacute;ltiples preguntas   al psiquiatra.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Supongamos que uno de los estudiantes   que vive en la pensi&oacute;n tiene   debilidad por la cerveza y la marihuana,   y que se pele&oacute; y lastim&oacute; al   propietario de la pensi&oacute;n, una noche   que volv&iacute;a a los tropezones y cuando &eacute;ste quer&iacute;a conservar el silencio en   la pensi&oacute;n. Aqu&iacute; se plantear&aacute;n al   juzgador diferentes dudas, por   ejemplo, si realmente estaba ebrio,   si la marihuana favoreci&oacute; o no alg&uacute;n   trastorno de conciencia, si no   hab&iacute;a consumido tambi&eacute;n hero&iacute;na,   si tendr&aacute; un s&iacute;ndrome de abstinencia   en la comisar&iacute;a adonde le habr&aacute;n   llevado para que se despeje, etc.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Drogas y alcohol est&aacute;n muy esparcidos   en la sociedad y se vinculan a   m&uacute;ltiples conductas no permitidas.   Cada vez que esa asociaci&oacute;n se produzca,   la opini&oacute;n pericial psiqui&aacute;trica   ser&aacute; valiosa (56-59).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   El sexo y la sexualidad, por su parte,   pueden ser tema de estudio de   ginec&oacute;logos u objeto de comercio de   cineastas y revisteros, pero, cuando   se asocian con conductas no permitidas   por las leyes, pasan tambi&eacute;n   a ser inter&eacute;s de la justicia y   materias de consultas para los psiquiatras   (60-63).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Los jueces piden a los psiquiatras   que eval&uacute;en a los acusados de delitos   sexuales con razonable e intensa   preocupaci&oacute;n, porque muchos de   los delitos sexuales plantean dificultades   probatorias al investigador y   complejas situaciones al juzgador.   Para muchos de estos delitos no hay   testigos y las lesiones pueden resultar   ambiguas. Ergo, los jueces buscan   por todos los medios lograr alguna   informaci&oacute;n cient&iacute;fica confiable   que oriente sus decisiones. El   experto psiquiatra forense intenta   colaborar aunque no siempre puede   hacerlo en la medida deseada.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">   Investigar a abusadores sexuales es   tarea dif&iacute;cil. Ellos saben que sus   conductas no son socialmente aceptables,   por lo que presentan resistencias   a revelar la real extensi&oacute;n   de sus cr&iacute;menes. La expresi&oacute;n de   esta resistencia es variable, puede   aparecer como negaci&oacute;n del hecho   e, incluso, de los intereses sexuales   desviados.</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p>La informaci&oacute;n que se obtiene puede   ser m&aacute;s confiable si se protege   la confidencialidad, lo que, por cierto,   plantea dificultades &eacute;ticas y legales.   &Eacute;stas no son las &uacute;nicas problem&aacute;ticas   que enfrenta el psiquiatra   forense. Otras surgen de la conceptualizaci&oacute;n   que vaya a administrar   sobre los abusos sexuales. Deber&aacute;   preguntarse y responderse si   son conductas patol&oacute;gicas o simplemente   delitos, si es razonable que a   los abusadores se les trate m&eacute;dicamente   o simplemente que se les   penalice judicialmente, si incluye la   violaci&oacute;n en la categor&iacute;a de las parafilia,   si el diagn&oacute;stico de alg&uacute;n tipo   de parafilia puede permitir que la   justicia considere al sujeto inimputable,   etc.</p>     <p>   Un fen&oacute;meno complejo dif&iacute;cilmente   tiene una respuesta sencilla. El experto   no podr&aacute; obtener de sus reflexiones   una conclusi&oacute;n un&iacute;voca   para todos los casos y deber&aacute; ajustarla   al caso particular. Sin embargo,   es bueno que el lector conozca   que si bien el perito puede haber   arribado en su estudio al diagn&oacute;stico   de alguna parafilia, no se desprende   necesariamente de ello que tenga   una opini&oacute;n a favor de la inimputabilidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Por el contrario, en t&eacute;rminos   epidemiol&oacute;gicos, es poco probable   que con el s&oacute;lo diagn&oacute;stico de parafilia   pueda sustentarse una opini&oacute;n   favorable a la inimputabilidad.   Las parafilias, como otros cuadros   cl&iacute;nicos que son reconocidos por la   psiquiatr&iacute;a, no implican autom&aacute;ticamente   un eximente de la imputabilidad   o de la responsabilidad que   es adjudicable al ciudadano com&uacute;n.</p>     <p>   Cuando hablamos de abusadores   sexuales infantiles se acaban las ganas   de hacer bromas. &Eacute;ste es un   problema muy severo que exalta la   sensibilidad social y preocupa a m&eacute;dicos   y a jueces. T&eacute;ngase en cuenta   que los menores no son competentes   para decidir acerca de las cuestiones   del sexo y que las consecuencias   del abuso sexual en los   ni&ntilde;os son catastr&oacute;ficas. Los peritos   intentan colaborar de diversas maneras.   Una forma es con la evaluaci&oacute;n   de los abusadores, para lo que   se intenta diagnosticar la naturaleza   espec&iacute;fica del inter&eacute;s desviado y   el subtipo de paidofilia, si es posible.   Ello brinda orientaci&oacute;n respecto   a los riesgos y a las medidas que   ser&iacute;an m&aacute;s aconsejables adoptar.</p>     <p>   La metodolog&iacute;a de evaluaci&oacute;n que   se utiliza en centros psiqui&aacute;tricos   forenses con experiencia espec&iacute;fica   incluye los siguientes m&eacute;todos:</p>     <p> &#8226; Estudio cl&iacute;nico psiqui&aacute;trico general.</p>     <p>&#8226; Estudio hormonal sexual.</p>     <p>&#8226; Evaluaci&oacute;n de la historia sexual.</p>     <p>&#8226; Evaluaci&oacute;n de conducta sexualdesviada.</p>     <p>&#8226; Testificaci&oacute;n general.</p>     <p>&#8226; Evaluaci&oacute;n intelectual.</p>     <p>&#8226; Evaluaci&oacute;n de respuesta fisiol&oacute;gica   y otras medidas objetivas   (medici&oacute;n de la intensidad de respuesta sexual a est&iacute;mulos auditivos   o visuales).  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque usted no vaya a trabajar   con medidas objetivas del inter&eacute;s   sexual, es importante saber que   existen, pues ellas han contribuido   muy bien a la investigaci&oacute;n de la   motivaci&oacute;n sexual, de la preferencia   de g&eacute;nero adulto y de intereses at&iacute;picos   como el inter&eacute;s sexual hacia los   ni&ntilde;os. Las medidas objetivas tradicionales   fueron la pletismograf&iacute;a   peniana para varones y la fotopletismograf&iacute;a   vaginal para mujeres.   Recientemente, se comenz&oacute; a utilizar   otro m&eacute;todo que consiste en la   medida del tiempo de reacci&oacute;n visual   ante determinada programaci&oacute;n   de est&iacute;mulos (64-66).</p>     <p>   La comunidad cient&iacute;fica ha reconocido   que la probabilidad de reincidencia   es alta entre los que cometen   abusos sexuales y que los adecuados   tratamiento y supervisi&oacute;n disminuyen   la reincidencia. Por esos   motivos, resultan muy importantes   todos los esfuerzos que puedan ser   hechos desde la comunidad m&eacute;dica   en general, ya sea evaluando, tratando   o, simplemente, estando alerta   para la detecci&oacute;n de elementos   sospechosos de victimizaci&oacute;n sexual   en los pacientes en general y, muy   especialmente, en los ni&ntilde;os, pues   son los m&aacute;s vulnerables.</p>     <p>   Con un mayor aporte realizado por   la comunidad m&eacute;dica, se obtendr&aacute;   mayor impacto en favor de la disminuci&oacute;n   del abuso sexual. Los m&eacute;dicos   pueden ofrecer recursos a los   jueces y contribuir con la seguridad   p&uacute;blica (67), (68).</p>     <p>   En lo concerniente al estudio de las   v&iacute;ctimas del abuso sexual, el psiquiatra   forense estudia las secuelas   ps&iacute;quicas, orienta hacia el establecimiento   de la terap&eacute;utica apropiada   y contribuye a la medida del   da&ntilde;o. El diagn&oacute;stico de algunos de   los trastornos que quedan como   secuela, y su puesta en relaci&oacute;n con   el conocimiento te&oacute;rico general,   puede contribuir, tambi&eacute;n, a la explicaci&oacute;n   de determinadas conductas   de las v&iacute;ctimas que, de otra manera,   quedan como inexplicables y   hasta pueden dificultar la visi&oacute;n   judicial del caso. As&iacute; ocurre con   atrasos en la denuncia o con reacciones   an&oacute;malas o sentimientos ambivalentes   hacia los abusadores.</p>     <p>   Usted podr&iacute;a sorprenderse con lo   que sigue, pero a efectos de aumentar   su cultura general psiqui&aacute;trica   forense, que es el objetivo del cap&iacute;tulo,   debo agregar que existe una   faceta completamente diferente de   este fen&oacute;meno. El abuso infantil   tambi&eacute;n puede ser falsamente alegado,   especialmente, cuando existen   conflictos intrafamiliares. Dada   semejante posibilidad, los jueces   pueden pedir la colaboraci&oacute;n psiqui&aacute;trica   para evaluar si existe alguna   caracter&iacute;stica en el ni&ntilde;o que   pueda promover la falsa alegaci&oacute;n,   lo que le facilita al psiquiatra realizar los diagn&oacute;sticos diferenciales                de   aquellos trastornos que pueden generar   tendencias mit&oacute;manas u otras   expresiones patol&oacute;gicas y, tambi&eacute;n,   en algunos casos, si determinados   aspectos del ni&ntilde;o normal, o de su   conducta, orientan a sospechar falsedad   en el relato.</p>     <p>   La evaluaci&oacute;n de la veracidad puede   brindar luz no s&oacute;lo sobre la eventual   existencia de acusaciones deliberadamente   falsas, sino, tambi&eacute;n, a la   posible existencia de interpretaciones   err&oacute;neas de conductas infantiles   o adultas.  </p>     <p><b>Cuando la comunidad teme   peligro, acude al psiquiatra</b>   </p>     <p>Lo m&aacute;s aconsejado cuando uno   tiene miedo es buscar a alguien que   lo proteja, sea Bruce Willis o el gordo   de la esquina. &iquest;A qui&eacute;n se le ocurrir&iacute;a   llamar al psiquiatra? Pues   bien, aunque usted lo dude, el psiquiatra   forense es muy requerido,   si bien no es llamado precisamente   para enfrentar al malhechor con sus   habilidades de yudo, tal como har&iacute;an   Batman y Robin inmediata y   elegantemente.</p>     <p>   El psiquiatra forense es llamado   para colaborar evaluando el riesgo   que tiene alguna persona de actuar   violentamente en alg&uacute;n futuro, ya   sea contra s&iacute; mismo, contra otros o   contra algo.</p>     <p>   Semejante ejercicio intelectual es   llevado a cabo costosamente por el   psiquiatra en varias circunstancias:   en la emergencia o en la internaci&oacute;n   involuntaria del enfermo mental,   cuando el paciente internado involuntariamente   est&aacute; pronto a acceder   al alta condicional o incondicional   o cuando la justicia debe decidir   la hospitalizaci&oacute;n de los inimputables   por enfermedad mental.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Tambi&eacute;n hay otras circunstancias,   com&uacute;nmente menos visibles para el   m&eacute;dico com&uacute;n, pero que no es malo   conocerlas porque en alg&uacute;n momento   pueden hac&eacute;rsele visibles. Recuerdo   la oportunidad en que me llamaron,   no como psiquiatra forense, sino   como psiquiatra asistencial, porque   un paciente en del&iacute;rium tr&eacute;mens   hab&iacute;a roto el lavatorio del ba&ntilde;o de   una cl&iacute;nica. La desesperaci&oacute;n cund&iacute;a   cuando, como cataratas urbanizadas,   bajaba el agua prolijamente   por la escalera.</p>     <p>   La emergencia hizo que acudieran   prestos tanto el plomero como el   psiquiatra. Con la an&eacute;cdota, quiero   ejemplificar que la opini&oacute;n psiqui&aacute;trica   suele ser tambi&eacute;n requerida   para evaluar el traslado de aquellos   enfermos de peligro o de dificultoso   cuidado en hospitales comunes a   hospitales de mayor seguridad. Ya   que usted ser&aacute; un iluminado por   haber ampliado su horizonte con   este cap&iacute;tulo, sepa tambi&eacute;n que la   opini&oacute;n psiqui&aacute;trica puede aportar   algo bueno en el momento del ingreso de algunos pacientes &#8212;como   el de la an&eacute;cdota&#8212; originando medidas   preventivas. De esa manera,   se evita el llamado a los plomeros.</p>     <p>   Otro momento en que se busca la   ayuda psiqui&aacute;trica es cuando hay   temor de que los adictos incurran   en delitos para sostener el consumo   y se eval&uacute;a su internaci&oacute;n involuntaria.   Tambi&eacute;n se requiere la opini&oacute;n   psiqui&aacute;trica en la fase de decisi&oacute;n   de la pena y antes de otorgar   libertades bajo fianza u otras medidas   de excarcelaci&oacute;n de procesados   o penados.</p>     <p>   Si bien es razonable considerar que   el psiquiatra, en tanto escudri&ntilde;ador   de la mente y conductas humanas,   puede colaborar en gran medida,   tambi&eacute;n es importante anticipar que   hay muchos problemas en la t&eacute;cnica,   eficiencia y &eacute;tica del proceso que   lleva a la predicci&oacute;n de conductas   violentas. A&uacute;n no hay instrumentos   confiables, los eventos que se   intentan predecir suelen tener baja   frecuencia en la vida del individuo,   a veces se manejan las definiciones   con ambig&uuml;edad y, como si todo   fuera poco, las conductas violentas   son fen&oacute;menos multidimensionales   en los que intervienen m&uacute;ltiples factores,   y muchos est&aacute;n fuera del alcance   de los psiquiatras (28),(29),   (32),(47),(69-78).</p>     <p>   Por todo ello, es conveniente considerar   la opini&oacute;n psiqui&aacute;trica y el   trastorno mental como subsectores   dentro de la sistem&aacute;tica de evaluaci&oacute;n   de la peligrosidad, que involucra   perspectivas sociales, pol&iacute;ticas   y judiciales, entre algunas otras.</p>     <p>   Como corolario, es bueno tener presente   al psiquiatra para intentar   predecir la conducta violenta; pero   no deje de tener en su libreta el tel&eacute;fono   del plomero o del gordo de la   esquina.</p>     <p>   Por &uacute;ltimo, considere que los psiquiatras   forenses ofrecen posibilidades   de asesoramiento extendidas   m&aacute;s all&aacute; de los temas puntuales tratados   arriba, para intentar brindar   una aproximaci&oacute;n t&eacute;cnica del conocimiento   del estilo conductual y de   la personalidad del sujeto que, por   alguna raz&oacute;n, le interesa a la justicia.   Si no los necesita, mejor; si los   necesita, sabe ad&oacute;nde ir a buscarlos   y para qu&eacute; sirven. Si quiere ser uno   m&aacute;s de ellos, ya tiene un panorama de c&oacute;mo lograrlo. Buena suerte.</p>     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a href="#(*)">*</a> Art&iacute;culo adaptado del original: Folino J. Una subespecializaci&oacute;n    psiqui&aacute;trica: la psiquiatr&iacute;a forense. In: Manuel Su&aacute;rez    Richards,   et al. Introducci&oacute;n a la psiquiatr&iacute;a. 2nd. ed. Buenos Aires: Salerno;    2000. pp. 441-9. Publicado con autorizaci&oacute;n del autor.</p>     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 1. Folino JO. Interfase psiqui&aacute;trico judicial. Buenos Aires: Lema Editorial, SRL; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0034-7450200500050001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Gutheil TG, Appelbaum PS, editors. Clinical   handbook of psychiatry and the law.   3nd ed. Philadelphia: Lippincott Williams &amp; Wilkins; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0034-7450200500050001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Gutheil TG. legal issues in psychiatry.   Kaplan H, Sadock B, editors. Baltimore: Williams &amp; Wilkins; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0034-7450200500050001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Nedopil N. Forensische psychiatrie. Munich: Georg Thieme Verlag; 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0034-7450200500050001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Heilbrun AB, Heilbrun MR. Dangerousness   and legal insanity. J Psychiatry Law.   1989;(17):39-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0034-7450200500050001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Dittmann V. Substance abuse, mental disorders   and crime: comorbidity and   multi-axial assessment in forensic psychiatry. Eur Addict Res. 1996;2(1):3-10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0034-7450200500050001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Mullen PE. The specialist of forensic mental   health. Curr Opin Psychiatry. 1995;8 (6):366-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0034-7450200500050001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Armitage DT, Townsend GM. Emergency   medicine, psychiatry, and the law. Emerg Med Clin North Am. 1993;11(4):869-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0034-7450200500050001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Eronen M, Angermeyer MC, Schulze B.   The psychiatric epidemiology of violent   behaviour. Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol. 1998;33(Suppl 1):S13-S23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0034-7450200500050001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Dyer JAT. Treatment in the community in   the absence of consent. Psychiatr Bull. 1998;22(2):73-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0034-7450200500050001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Ormerod D. Psychiatric harm and criminal   law. J Forensic Psychiatry. 1997;8(3): 645-51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0034-7450200500050001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Mezey GC. Victims of crime. Curr Opin Psychiatry. 1996;9(6):401-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0034-7450200500050001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Barratt ES, Slaughter L. Mental illness and   violence. Curr Opin Psychiatry. 1996;9(6): 393-97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0034-7450200500050001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Dietz PE. The quest for excellence in forensic   psychiatry. Bull Am Acad Psychiatry Law. 1996;24(2):153-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0034-7450200500050001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Griffith EEH. Ethics in forensic psychiatry:   a cultural response to stone and   appelbaum. J Am Acad Psychiatry Law. 1998;26 (2):171-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0034-7450200500050001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Kraut AJ. Responsabilidad profesional de   los psiquiatras [Professional responsibility   of psychiatrists ]. Buenos Aires: La Rocca; 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0034-7450200500050001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fielding N. Bias in criminological research. J Forensic Psychiatry. 1996;7(1):5-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0034-7450200500050001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Allebeck P. Forensic psychiatric studies   and research ethical considerations. Nord J Psychiatry Suppl. 1997;51(39):53-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0034-7450200500050001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Elliott C. Ethics of psychiatric treatment   and research. Curr Opin Psychiatry. 1992; 5(5):735-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0034-7450200500050001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Folino JO. Sexual homicides and their   classification according to motivation: A   report from Argentina. Int J Offender Ther Comp Criminol. 2000;44(6):740-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0034-7450200500050001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Da&eacute;id NN. Differences in offender profiling   in the United States of America and   the United Kingdom. Forensic Sci Int. 1997;90:25-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0034-7450200500050001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Ressler RK, Burgess AW, Douglas JE.   Homicide: patterns and motives. New York: Lexington Books; 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0034-7450200500050001400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Cirincione C. Revisiting the insanity defense:   contested or consensus? Bull Am Acad Psychiatry Law. 1996;24:165-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0034-7450200500050001400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Folino JO, Urrutia MI. Mental disturbances   and criminological characteristics in   crime-accused insane as recorded at the   Judiciary Office in La Plata, Argentina, for   10 years. Int J Law Psychiatry. 2001;24: 411-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0034-7450200500050001400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Folino JO. Interfase psiqui&aacute;trico judicial.   Folino JO, editor, Buenos Aires: Lema Editorial, SRL; 1994. p. 186-235.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0034-7450200500050001400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Hart SD, Hare RD, Forth AE. Psychopathy   as a risk marker for violence: development   and validation of a screening   version of the revised psychopathy checklist.   In: Monahan J, Steadman HJ,   editors. Violence and mental disorder:   developments in risk assessment. Chicago:   The University of Chicago Press; 1994. p. 81-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0034-7450200500050001400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Quinsey VL, Harris GT, Rice ME, Cormier   CA. Violent offenders: appraising and   managing risk. Washington: American Psychological Association; 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0034-7450200500050001400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Monahan J, Steadman H. Violence and   mental disorder: developments in risk   assessment. Chicago: The University of Chicago Press; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0034-7450200500050001400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Folino JO. Evaluaci&oacute;n de riesgo de violencia   &#8212;HCR 20&#8212;. Versi&oacute;n en espa&ntilde;ol,   adaptada y comentada. La Plata: Interfase Forense; 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0034-7450200500050001400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Douglas KS; Webster CD. Predicting violence   in mentally and personality   disordered individuals. In: Roesch R, Hart   SD, Ogloff JRP, editors. Psychology and   law: the state of the discipline. New York: Plenum. En prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0034-7450200500050001400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Folino JO, Escobar-C&oacute;rdoba F. Nuevos   aportes a la evaluaci&oacute;n de riesgo de violencia.   MedUNAb [Especial salud   mental]. Revista de la Facultad de Medicina   de la Universidad Aut&oacute;noma de Bucaramanga. 2004;7(20):99-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0034-7450200500050001400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Folino JO. Risk assessment and violent   recidivism risk management in convicts   from Argentina. Research in Social Problems   and Public Policy. 2005;12:75-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0034-7450200500050001400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Slobogin C, Fondacaro M. Rethinking   deprivations of liberty: possible contributions   from therapeutic and ecological   jurisprudence. Behav Sci Law. 2000;18: 499-516.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0034-7450200500050001400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Spar JE, Garb AS. Assessing competency   to make a will. Am J Psychiatry. 1992; 149(2):169-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0034-7450200500050001400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Dragomirescu VT, Popa MD. &#8220;Documentary&#8221;   medico-legal psychiatric expertise in   civil suits: methodological framework. Rom J Leg Med. 1997;5(4):391-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0034-7450200500050001400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Zabal&iacute;a VP, editor. C&oacute;digo Civil de la Naci&oacute;n Argentina. Buenos Aires; 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0034-7450200500050001400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. C&aacute;rdenas EJ, Grimson R, &Aacute;lvarez JA. El   juicio de insania y la internaci&oacute;n psiqui&aacute;trica.   Buenos Aires: Astrea de Alfredo y Ricardo Depalma SRL; 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0034-7450200500050001400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Brodsky CM. A psychiatrist&#8217;s reflections   on the workers compensation system. Behav Sci Law. 1990;8(4):331-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0034-7450200500050001400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Folino JO. Argentine master in forensic   psychiatry. Presented at the University of   Munich, Department of Forensic Psychiatry. Munich, Germany; 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0034-7450200500050001400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Folino JO. Educational challenge in forensic   psychiatry. Proceedings of the XXV   International Congress on Law and Mental Health, Siena, Italia 2000. p. 19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0034-7450200500050001400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Taylor RWM, Buchanan A. Ethical problems   in forensic psychiatry. Curr Opin Psychiatry. 1998;11(6):695-702.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0034-7450200500050001400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Weinstock R, Leong GB. Ethical issues in   psychiatry. Curr Opin Psychiatry. 1996;9 (6):407-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0034-7450200500050001400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Simon RI, Wettstein RM. Toward the development   of guidelines for the conduct   of forensic psychiatric examinations. J Am Acad Psychiatry Law. 1997;25(1):17-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0034-7450200500050001400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Folino JO, Escobar-C&oacute;rdoba F, Telles L.   Latin American aspects of refusal to undergo   court ordered forensic psychiatric   examination. Curr Opin Psychiatry. 2005; 18:542-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0034-7450200500050001400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Folino JO, Arboleda-Fl&oacute;rez J. La evaluaci&oacute;n   psiqui&aacute;trica del imputado de delito   contra la integridad sexual que se niega   a la evaluaci&oacute;n. Doctrina Judicial Editorial. Ley 2004 (34):1309-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0034-7450200500050001400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Robbins E, Waters J, Herbert P. Competency   to stand trial evaluations: a study   of actual practice in two states. J Am Acad Psychiatry Law. 1997;25(4):469-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0034-7450200500050001400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Folino JO, Castillo JL, Roesch R. Escala   de evaluaci&oacute;n de capacidad para actuar   en proceso penal &#8212;EECAPAPP&#8212;. La Plata: Interfase Forense; 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0034-7450200500050001400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Folino JO, Castillo J, Roesch R. Evaluaci&oacute;n   de capacidad para actuar en   proceso penal en Argentina y adaptaci&oacute;n   de la escala canadiense Fitness Interview   Test, Revised edition. Medicina Forense   Argentina-Bolet&iacute;n de la Asociaci&oacute;n de   M&eacute;dicos Forenses de la Rep&uacute;blica Argentina. 2001;(48):26-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0034-7450200500050001400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Davis S. Changes to the criminal code   provisions for mentally disordered offenders   and their implications for Canadian   psychiatry. Can J Psychiatry. 1993;38: 122-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0034-7450200500050001400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Ciccone JR, Clements C. The insanity   defense: Asking and answering the ultimate   question. Bull Am Acad Pychiatry Law. 1987;15:329-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0034-7450200500050001400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Boehnert CE. Typology of men unsuccessfully   raising the insanity of defense. J Psychiatry Law. 1987;15:417-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0034-7450200500050001400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Spring RL. The return to mens rea. Salvaging   a reasonable perspective on mental   disorder in criminal trials. Int J Law Psychiatry. 1998;21:187-96.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0034-7450200500050001400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Appelbaum KL, Appelbaum PS. Criminaljustice-   related competencies in defendants   with mental retardation. J Psychiatry Law. 1994;22(4):483-503.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0034-7450200500050001400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Barnard PG. Diminished capacity and   automatism as a defense. Am J Forensic Psicol. 1998;16(2):27-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0034-7450200500050001400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Folino JO. El psiquiatra y el juicio oral. In:   Folino JO, editor. Interfase psiqui&aacute;trico   judicial. Buenos Aires: Lema Editorial, SRL; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0034-7450200500050001400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. Spunt B, Brownstein HH, Crimmins SM,   Langley S. Drugs and homicide by women. Subst Use Misuse. 1996;31:825-45.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0034-7450200500050001400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Fine EW. Violence, aggression and alcohol.   Am J Forensic Psychiatry. 1998;19(4): 9-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0034-7450200500050001400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Hayes S. Alcohol, criminal behaviour and   mental abnormality: an overview. Alcoholism. 1996;32(2):97-106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0034-7450200500050001400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Folino JO. Violencia y drogas. Actas de   las Novenas Jornadas M&eacute;dico Legales y   Criminol&oacute;gicas. Tucum&aacute;n: Edici&oacute;n Sociedad   de Ciencias Criminales y Medicina   Legal; 1989. p. 189-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0034-7450200500050001400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Curtin F, Niveau G. Psychosocial profile   of Swiss sexual offenders. J Forensic Sci. 1998;43(4):755-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0034-7450200500050001400060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. Firestone P, Bradford JM, Greenberg DM,   Larose MR. Homicidal sex offenders: psychological,   phallometric, and diagnostic   features. J Am Acad Psychiatry Law. 1998; 26(4):537-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0034-7450200500050001400061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. Grayston AD, De Luca RV. Female perpetrators   of child sexual abuse: a review   of the clinical and empirical literature.   Aggression Violent-Behav. 1999;4(1):93- 106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0034-7450200500050001400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. Folino JO, Sarmiento DR, Montero-V&aacute;zquez   J. Forensic system in the Province   of Buenos Aires, Argentina. Int J Law Psychiatry. 2000;23:567-78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0034-7450200500050001400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. Marshall WL, Fernandez YM. Phallometry   in forensic practice. J For Psychol Prac. 2001;1(2):77-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0034-7450200500050001400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. Abel GG, Jordan A, Rouleau JL, Emerick   R, Barboza-Whitehead S, Osborn C. Use   of visual reaction time to assess male   adolescents who molest children. Sex Abuse. 2004;16(3):255-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0034-7450200500050001400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. Letourneau EJ. A comparison of objective   measures of sexual arousal and   interest: visual reaction time and penile   plethysmography. Sex Abuse. 2002;14(3): 207-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0034-7450200500050001400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. Witt PH, Del Russo J, Oppenheim J, Ferguson   G. Sex offender risk assessment   and the law. J Psychiatry Law. 1996;24(3): 343-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0034-7450200500050001400067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. Bartosh DL, Garby T, Leis D, Gray S. Differences   in the predictive validity of   actuarial risk assessments in relation to   sex offender type. Int J Offender Ther Comp Criminol. 2003;47:422-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0034-7450200500050001400068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. Douglas KS, Ogloff JRP. Multiple facets of   risk for violence: the impact of judgmental   specificity on structured decisions about   violence risk. International Journal of Forensic Mental Health. 2003;2(1):19-34.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0034-7450200500050001400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. Hart SD, Hare RD. Psychopathy and risk   assessment. Curr Opin Psychiatry. 1996;9 (6):380-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0034-7450200500050001400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. Webster CD, Douglas KS, Eaves D, Hart   SD. HCR: 20 assessing risk for violence   version 2. Burnaby: Mental Health, Law,   and Policy Institute, Simon Fraser University; 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0034-7450200500050001400071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. Tardiff K. A model for the short-term prediction   of violence potential. In: Brizer DA   Crowner ML, editors. Current approaches   to the prediction of violence. Washington: American Psychiatric Press; 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0034-7450200500050001400072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73. Kropp PR, Hart SD, Webster CD, Eaves   D. Manual for the spousal assault risk   assessment guide. 2nd ed. Vancouver:   British Columbia Institute on Family Violence; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0034-7450200500050001400073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>74. Folino JO. Gu&iacute;a para la evaluaci&oacute;n del riesgo   de violencia conyugal &#8211;SARA&#8211;. Versi&oacute;n   en espa&ntilde;ol adaptada y comentada. La Plata: Editorial Interfase Forense; 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0034-7450200500050001400074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75. Dietz PE. The quest for excellence in forensic   psychiatry. Bull Am Acad Psychiatry Law. 1996;24(2):153-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0034-7450200500050001400075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>76. Ressler RK, Burgess AW, Douglas JE.   Homicide: patterns and motives. New York: Lexington Books; 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0034-7450200500050001400076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. Slobogin C, Fondacaro M. Rethinking   deprivations of liberty: possible contributions   from therapeutic and ecological   jurisprudence. Behav Sci Law. 2000;18: 499-516.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0034-7450200500050001400077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. Tardiff K. A model for the short-term prediction   of violence potential. In: Brizer DA,   Crowner ML, editors. Current approaches   to the prediction of violence. Washington:   American Psychiatric Press; 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0034-7450200500050001400078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp; </p>     <p>Recibido para publicaci&oacute;n: 11 de agosto de 2005     ]]></body>
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