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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="right"><b>Editorial</b></p>     <p align="center"><b><font size="4">Obituario Humberto Rosselli, paradigma del psiquiatra colombiano</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>Ha muerto Humberto Rosselli Quijano, uno de los psiquiatras que m&aacute;s hondo ha calado en la comunidad cient&iacute;fica colombiana. Naci&oacute; en Sogamoso (Boyac&aacute;) el 21 de febrero de 1923 y se doctor&oacute; como m&eacute;dico de la Universidad Nacional en el año 1948. Despu&eacute;s de probarse con &eacute;xito en el ejercicio libre de la profesi&oacute;n como psiquiatra, el cual nunca abandon&oacute;, comenz&oacute; a destacarse por sus s&oacute;lidos conocimientos y por su admirable talento cl&iacute;nico. Su bien ganado prestigio y su brillante inteligencia lo colocaron muy pronto en las posiciones m&aacute;s destacas de la vida acad&eacute;mica e institucional.</p>     <p>En 1959 fue nombrado profesor de psiquiatr&iacute;a de la Universidad Na-cional y en menos de dos años se convirti&oacute; en el primer jefe de la Secci&oacute;n de Psiquiatr&iacute;a de la Facultad de Medicina. Al mismo tiempo fue director del Hospital Neuropsiqui&aacute;trico de Bogot&aacute; y, un poco m&aacute;s adelante, director de la Unidad de Salud Mental del Centro Hospitalario de San Juan de Dios. Incansable en el logro de sus ideales profesionales, tuvo tiempo y energ&iacute;a para crear y tutelar importantes instituciones, entre las que se cuentan la Asociaci&oacute;n Colombiana de Psiquiatr&iacute;a, el Instituto Colombiano del Sistema Nervioso y la Asociaci&oacute;n Psicoanal&iacute;tica Colombiana, de las cuales fue adem&aacute;s su presidente y conductor egregio. Su liderato espont&aacute;neo, don de gentes, apreciable formaci&oacute;n human&iacute;stica y comprensi&oacute;n universal de la enfermedad mental, lo hicieron traspasar los l&iacute;mites de lo dom&eacute;stico para servir en el &aacute;mbito internacional y presidir de paso la Asociaci&oacute;n Psiqui&aacute;trica de Am&eacute;rica Latina (APAL) y el Consejo Interamericano de Asociaciones Psiqui&aacute;tricas. Con el mismo entusiasmo, seriedad y solvencia, fue miembro distinguido y leal colaborador de la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, la Academia Americana de Psicoan&aacute;lisis y las Asociaciones Psiqui&aacute;tricas de Estados Unidos, Canad&aacute;, M&eacute;xico, Venezuela, Per&uacute;, Brasil y de las de Historia de la Medicina de M&eacute;xico y Venezuela.</p>     <p>En los &uacute;timos años retorn&oacute; a la c&aacute;tedra de psiquiatr&iacute;a como profesor y director del Área Psicosocial de la Universidad El Bosque (1980-2004). Desde esa posici&oacute;n, con visi&oacute;n creativa e innovadora, traz&oacute; la ruta de la moderna docencia, propiciando el desarrollo de los programas de psiquiatr&iacute;a social y psiquiatr&iacute;a de enlace y organizando los Simposios Internacionales de Actualizaci&oacute;n en Psiquiatr&iacute;a, los cuales llevan hoy en d&iacute;a su nombre como homenaje y reconocimiento a esta meritoria labor. </p>       <p>A esta ya de por s&iacute; obra cicl&oacute;pea del profesor Rosselli, tanto en lo relativo a su extensi&oacute;n, como a su profundidad y diversidad tem&aacute;tica, hay que sumarle su producci&oacute;n escrita. Dos obras magnas brillan por su trascen-dencia: <i>Historia de la psiquiatr&iacute;a en Colombia </i>(1968) y <i>Psiquiatr&iacute;a en Am&eacute;rica </i><i>Latina </i>(1969). Le siguen numerosos aportes a la historia de la medicina y la psiquiatr&iacute;a a nivel latinoamericano y mundial, as&iacute; como contribuciones al texto <i>Psiquiatr&iacute;a </i>(Medell&iacute;n, 1982-1986) y la <i>Enciclopedia de Psiquiatr&iacute;a </i>(Buenos Aires, 1977), art&iacute;culos sobre salud mental y psicoan&aacute;lisis y un precioso libro &quot;La locura de Epifanio y otros ensayos&quot; (1989).</p>     <p>En realidad, fue un afamado y afortunado escritor. Su mundo giraba alrededor de los libros. Organiz&oacute; varias bibliotecas, entre las cuales se cuenta la &quot;Erasmo de Rotterdam&quot; de la Cl&iacute;nica Montserrat. Se ech&oacute; sobre sus hombros la responsabilidad de varias publicaciones, entre estas la Revista Colombiana de Psiquiatr&iacute;a, orgullo de la especialidad. A esta &uacute;ltima le dedic&oacute; 15 años de su vida con empeño inusual y &eacute;xito comprobado.</p>     <p>Un buen d&iacute;a, en pleno ejercicio de sus obligaciones acad&eacute;micas y responsabilidades cl&iacute;nicas, la senectud con sus enfermedades caracter&iacute;sticas fren&oacute; abruptamente el transcurrir armonioso de sus envidiables capacidades. Sus funciones intelectuales y sus procesos creativos entraron en receso y, poco a poco, se redujo a su hogar, en donde encontr&oacute; el amor y la protecci&oacute;n de Helenita, su esposa, y sus amados hijos y nietos, hasta el d&iacute;a de su muerte acaecida el 10 de marzo de 2009.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En medio de un duelo tan reciente m&aacute;s que los recuerdos de la cronolog&iacute;a, me llegan los del contenido, motivo por el cual pido excusas por cualquier omisi&oacute;n en la que hubiese incurrido al relatar sus m&uacute;ltiples realizaciones. Espero que el an&aacute;lisis de lo impl&iacute;cito compense las posibles fallas de la secuencia y la enumeraci&oacute;n.</p>     <p>No ser&iacute;a extraño que ante un maestro con tantos t&iacute;tulos, con quien adem&aacute;s existi&oacute; una amistad y un colegaje respetuoso, comprensivo y generoso, mis sentimientos, hoy en d&iacute;a regidos por la gratitud, me llevasen al vuelo libre de las asociaciones, y perdiera la capacidad de concretar lo substancial de la obra de Humberto, o lo m&aacute;s preciado, el contenido fundamental de su gran contribuci&oacute;n a la psiquiatr&iacute;a colombiana.</p>      <p>Creo, y espero no equivocarme al decir que su gran contribuci&oacute;n fue ha-ber cohesionado el gremio de los psiquiatras colombianos. Cuando inici&eacute; mi ejercicio profesional, las disputas entre los representantes de las diferentes tendencias psiqui&aacute;tricas hab&iacute;an hecho tr&aacute;nsito al debate p&uacute;blico, con utilizaci&oacute;n de los medios y abandono del intercambio cient&iacute;fi co y de la controversia acad&eacute;mica. Humberto Rosselli, se mantuvo distante, pero alerta y emp&aacute;tico, capt&oacute; el signifi cado de los desencuentros, entendi&oacute; la idiosincrasia del grupo y confi &oacute; en que su habitual mesura y fl exibilidad favorecer&iacute;an el di&aacute;logo constructivo que llevar&iacute;a a la integraci&oacute;n deseada. Para el logro de este fi n, ning&uacute;n elemento m&aacute;s propicio que la organizaci&oacute;n y desarrollo de los con-gresos nacionales de la especialidad, el foro donde brillaban al m&aacute;ximo sus buenas maneras, su talante pol&iacute;tico y su preclara inteligencia. En ese espacio privilegiado toler&oacute; las divergencias y estimul&oacute; las convergencias, hasta que por el puntual y repetido ejercicio anual, este evento cient&iacute;fi co se convirti&oacute; en un encuentro grato, amistoso y productivo, durante el cual transcurr&iacute;a el cambio perenne de las generaciones sin lugar para confl ictos extremos o divisiones irreparables. Mientras en otras latitudes las agremiaciones psiqui&aacute;tricas se vieron sometidas a constantes escisiones, en Colombia ten&iacute;a lugar un admirable proceso de continuidad y estabilidad. Esta coherencia, no com&uacute;n en otras instituciones del pa&iacute;s, se reflej&oacute; ejemplarmente en noviembre de 1968, cuando bajo su coordinaci&oacute;n se reunieron en Bogot&aacute; el V Congreso Latinoamericano y VIII Colombiano de Psiquiatr&iacute;a.</p>     <p>En realidad, Humberto Rosselli fue un maestro en resolver antagonismos y en impedir la degradaci&oacute;n de los debates. Esta cualidad no se basaba solamente en su dotaci&oacute;n natural para el liderazgo, sino que era tambi&eacute;n refl ejo de su propia cohesividad e integridad, as&iacute; como de su madurez mental. Pose&iacute;a un pensamiento de amplio espectro y mirada abarcadora que le permit&iacute;a explorar y cultivar muchos campos. En tan amplias perspectivas cab&iacute;an todas las tendencias y en su criterio ecl&eacute;ctico se conjugaban todas las escuelas sin contradicciones insalvables. Iba desde la observaci&oacute;n detallada del individuo enfermo hasta el planteamiento colectivo y societario sin que los dos enfoques se opusieran; conceb&iacute;a el funcionamiento mental como un fl uido que emana de las ra&iacute;ces biol&oacute;gicas, transcurre por el grueso tronco de lo psicol&oacute;gico y expande sus nutrientes en las ramas de lo social. A estas relevantes aptitudes se sumaba una pl&aacute;stica concordancia entre la forma de su discurso y el contenido de su pensamiento, preciso y ordenado. En la c&aacute;tedra, en la reuni&oacute;n cient&iacute;fi ca, o en el grupo social, fl u&iacute;an sus palabras bien moduladas, a la vez que sus gestos y ademanes transmit&iacute;an tranquilidad, sereno equilibrio y calidez. Sobrio, seguro y humano, recto, modesto y persistente. Hombre de grandes empresas y entendimiento l&uacute;cido, uni&oacute; las voluntades de los colegas e hizo respetable la ciencia de la psiquiatr&iacute;a.</p>       <p>Es obvio, que en el caso del profesor Rosselli cada una de sus obras merecer&iacute;a un cap&iacute;tulo especial; sin embargo, una tarea de esa dimensi&oacute;n requerir&iacute;a no s&oacute;lo tiempo y dedicaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la contribuci&oacute;n de todos aquellos colegas que lo conocieron e interactuaron con &eacute;l en diversos momentos de su vida y de su producci&oacute;n cient&iacute;fi ca, acad&eacute;mica y gremial. Habr&iacute;a que estudiarlo como docente, como cl&iacute;nico, como historiador y como terapeuta. Solamente para abordar una inspirada intervenci&oacute;n que tuvo en el año 1986 en la Junta Directiva del Instituto Colombiano del Sistema Nervioso, escrib&iacute; un art&iacute;culo en el Bolet&iacute;n de la Cl&iacute;nica Montserrat de marzo de 2007. En esa ocasi&oacute;n, en una carta memorable dej&oacute; sentado su criterio magistral, lleno de conceptos sabios que solamente pueden surgir de un individuo que se constituy&oacute; en fuerza vital para su grupo humano, dada la calidad de sus ideales y valores. Para estudiar otras intervenciones y muchas de sus realizaciones se requerir&iacute;a una extensa y juiciosa obra de recopilaci&oacute;n.</p>     <p>Aparte queda el nivel que supo infundirle a todas sus actuaciones profesionales y a su conocimiento psiqui&aacute;trico. Su seriedad cient&iacute;fi ca y el rigor metodol&oacute;gico. Su trabajo como psicoanalista y sus condiciones sobresalientes como docente. En fi n, en todas sus intervenciones se marcaba una tendencia, una particular intenci&oacute;n y un prop&oacute;sito defi nido que dej&oacute; honda huella en quienes fuimos sus disc&iacute;pulos y admiradores.</p>     <p>Ojal&aacute; haya podido transmitir en este obituario una m&iacute;nima parte de la vivencia completa del Rosselli psiquiatra. Pagar&iacute;a algo de mi deuda de gratitud con este maestro ecum&eacute;nico, si otros colegas confi rman mi tesis de que Humberto nos prest&oacute; el mejor de los servicios como miembros de este conglomerado, al cohesionar la instituci&oacute;n rectora de los psiquiatras colombianos. Ese es un componente vital, estructurante y sufi ciente para nuestro desarrollo y para nuestro futuro. Cohesionar un gremio con tan diversos intereses y motivaciones s&oacute;lo es posible en manos de un conductor con la mentalidad de quien ahora comienza a formar parte de nuestros introyectos m&aacute;s valiosos y transcendentes.</p>     <p>S&iacute;... Humberto Rosselli fue un gran conductor, busc&oacute; en la historia las fuentes que alimentaron la ciencia en Colombia e hizo historia en nuestra psiquiatr&iacute;a por su &iacute;nclito proceder, su enjundia profesional, su sapiencia universal y su eximia personalidad. Un dechado de condiciones ejemplares para quienes seguimos en la b&uacute;squeda de la plenitud como psiquiatras.</p>     <p><i>Mario Gonz&aacute;lez Vel&aacute;squez Bogot&aacute;, 20 de marzo de 2009</i></p>  </font>      ]]></body>
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