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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Carrasco, E. "Heidegger y el cristianismo",     Revista de Filosof&iacute;a. Universidad de Chile 60 (2004): 29-56.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   El art&iacute;culo de Eduardo Carrasco se   propone reconstruir la historia de la relaci&oacute;n   entre cristianismo y filosof&iacute;a tal   como &eacute;sta es narrada por Heidegger dentro   del marco de la historia del ser. Para   ello, Carrasco ubica los diferentes momentos   del cristianismo dentro de esta   historia y, a la di&aacute;fana y cuidadosa manera   de un tejido de filigrana, articula los   distintos momentos de la interpretaci&oacute;n   que Heidegger hace de la decisiva influencia   de la dogm&aacute;tica cristiana en la filosof&iacute;a   de Occidente. Tal trabajo reconstructivo   busca aclarar la comprensi&oacute;n de lo   que Heidegger ha llamado el "nuevo comienzo"   de un "pensar" que, al superar el   olvido del ser o "metaf&iacute;sica", caracter&iacute;stico   de la filosof&iacute;a, superar&iacute;a necesariamente   el cristianismo, si es que entendemos   por "cristianismo" la dogm&aacute;tica que   afianza una respuesta, sin siquiera haberse   hecho la pregunta por ser y haci&eacute;ndola   imposible.</p>     <p>Aclaro que &eacute;ste es el sentido en que   debe entenderse "cristianismo" en el art&iacute;culo   en menci&oacute;n, en el cual el autor no   entra a cuestionar la concepci&oacute;n impl&iacute;cita   en el uso de esta palabra por parte   de Heidegger. Semejante cuesti&oacute;n, replicar&iacute;a   probablemente Carrasco, caer&iacute;a   fuera del marco limitado de un trabajo   que, si bien puede servir de introducci&oacute;n   al tema de las relaciones entre el pensamiento   de Heidegger y el cristianismo,   no pretende de ninguna manera ofrecer   una cabal comprensi&oacute;n de lo que podr&iacute;amos   sin duda considerar un complejo asunto.</p>     <p> "Filosof&iacute;a", aclara al comenzar el propio     Carrrasco, es una palabra que termina     siendo usada por Heidegger para nombrar     esa forma peculiar del pensamiento     metaf&iacute;sico dominante en Occidente a     partir de Plat&oacute;n, una suerte de pensamiento     intermedio no asimilable al inicio     griego del pensar con Parm&eacute;nides o     Her&aacute;clito, ni tampoco a formas que pudieran     surgir posteriormente, a manera     de "nuevo comienzo". Se trata de un     pensamiento que "se mueve a partir de     la diferencia ontol&oacute;gica, sin llegar a pensarla", "piensa el ser del ente, sin llegar a     ocuparse de la pregunta por el ser mismo",     es "onto-teolog&iacute;a", en cuanto "interpreta     el ser del ente comprendiendo     como su fundamento un ente superior" y   es, en &uacute;ltimas, olvido del ser (cf. 30).</p>     <p>   Tampoco el pensamiento de Heidegger   es asimilable a una "filosof&iacute;a" en los sentidos   enunciados anteriormente, ya que &eacute;l pretende superar esos rasgos metaf&iacute;sicos y onto-teol&oacute;gicos. De all&iacute; que Heidegger hable del "fin de la filosof&iacute;a", y la tarea del "pensar" en el "nuevo comienzo", todo un horizonte de experiencias que &eacute;l se propone explorar por primera vez, pero que queda m&aacute;s bien como un anuncio esperanzado de lo porvenir.</p>     <p>   Sin embargo, no siempre distingue   Heidegger entre "pensar" y "filosof&iacute;a", y   esta &uacute;ltima palabra es usada ambiguamente   por &eacute;l: "Si bien la palabra 'filosof&iacute;a'   aparece a lo largo de su obra con diferentes   significaciones, y a veces incluso   hasta es utilizada en su uso tradicional   para denominar en forma general a estas   distintas formas del pensamiento, en   sentido m&aacute;s preciso, ella sirve para se&ntilde;alar   este enorme per&iacute;odo hist&oacute;rico ubicable entre Plat&oacute;n, Nietzsche y Marx" (30).</p>     <p>   Puesto que Carrasco no quiere renunciar   al sentido amplio de la palabra,   la usa a lo largo de su escrito sin comillas   cuando hace referencia a tal sentido,   y entre comillas cuando se refiere a la   acepci&oacute;n espec&iacute;ficamente heideggeriana equivalente a "metaf&iacute;sica".</p>     <p>   A continuaci&oacute;n, Carrasco se cuida de   exponer clara y ampliamente los distintos   momentos de la historia del ser, y en   especial de esa &eacute;poca intermedia que lleva el nombre de "filosof&iacute;a".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El comienzo, seg&uacute;n interpreta Carrasco,   es un comienzo absoluto, en cuanto tuvo   lugar en Grecia con el pensamiento presocr&aacute;tico,   y en ninguna otra parte. Esta &eacute;poca se caracteriza por la copertenencia entre ser y pensar, que Heidegger encuentra en la afirmaci&oacute;n de Parm&eacute;nides "to gar aut&oacute; noein est&iacute;n te kai einai" (lo mismo es, en efecto, pensar que ser), as&iacute; como en el "homologein" de Her&aacute;clito, esto es, en el hablar al un&iacute;sono con el Logos. Seg&uacute;n la visi&oacute;n de Heidegger, lejos de oponerse, Her&aacute;clito y Parm&eacute;nides piensan "lo mismo": su pensar es la experiencia de asombro ante la pertenencia del ente al ser.</p>     <p>   La segunda &eacute;poca s&iacute; pertenece a lo que   Heidegger ha llamado "filosof&iacute;a", y est&aacute;   marcada justamente por la separaci&oacute;n   o distanciamiento entre pensamiento y   ser. Este tipo de pensamiento funda la empresa de dominaci&oacute;n del ente, cuya   consumaci&oacute;n ser&aacute; la modernidad, y corresponde   al periodo que va desde Plat&oacute;n   hasta los tiempos de Heidegger. Carrasco   lo presenta como dividido en cuatro   sub&eacute;pocas: Platonismo-Aristotelismo,   filosof&iacute;a helen&iacute;stica, filosof&iacute;a medieval y modernidad.</p>     <p>   El inicio de esta extensa &eacute;poca de la filosof&iacute;a   se produce a causa de la sof&iacute;stica,   que con su populismo y ausencia de rigor   crea la apariencia del f&aacute;cil acceso al   saber, y "obliga al pensamiento a cambiar   de rumbo" (33), puesto que "la salvaguardia   de lo m&aacute;s asombroso hace salir a   los pensadores de la situaci&oacute;n de inmediata   unidad con el ser, para transformar   su prop&oacute;sito en una tensi&oacute;n hacia el sophon".   Esto da lugar al surgimiento de   la filosof&iacute;a en la &eacute;poca cl&aacute;sica (Plat&oacute;n y   Arist&oacute;teles). Posteriormente viene la filosof&iacute;a   helen&iacute;stica, en la que ocurre paralelamente   la romanizaci&oacute;n de la filosof&iacute;a,   que ser&aacute; la base para la "filosof&iacute;a cristiana".   El cristianismo adviene en este periodo   de romanizaci&oacute;n, en un &aacute;mbito en   principio ajeno a la filosof&iacute;a al interior de   la religiosidad jud&iacute;a; pasa a ser adoptado   por los gentiles gracias a la pr&eacute;dica de   San Pablo, y llega, finalmente, a establecerse   como la religi&oacute;n oficial del imperio,   despu&eacute;s de un complejo proceso en   el cual el cristianismo entra en contacto   con la filosof&iacute;a, para condenarla, asimilarla   a la nueva religi&oacute;n, o utilizarla   con los fines de la apolog&eacute;tica cristiana,   como sostiene Etienne Gilson. El &uacute;ltimo   momento de esta &eacute;poca de la "filosof&iacute;a" es el de la modernidad.</p>     <p>   Con San Agust&iacute;n se da el fundamental   paso de asimilaci&oacute;n de la filosof&iacute;a griega   por parte del cristianismo, paso que   constituye un alejamiento o deformaci&oacute;n   de la forma no filos&oacute;fica del cristianismo   original; aquel de las comunidades cristianas predicado por San Pablo.</p>     <p> "Para la filosof&iacute;a el cristianismo es impensable,     y para el cristianismo la filosof&iacute;a     es una locura", es la sugestiva frase     con la que Carrasco quiere expresar     la simpat&iacute;a de Heidegger por la versi&oacute;n     totalmente ajena a la filosof&iacute;a propia de     los primeros cristianos, as&iacute; como la desconfianza     de Heidegger frente a los resultados     teol&oacute;gicos posteriores. En palabras     de Heidegger: "siempre all&iacute; donde     la teolog&iacute;a emerge, Dios ha emprendido     ya su partida" (citado 36). Con estas palabras,     aclara Carrasco, Heidegger quiere "salvaguardar la autenticidad de lo religioso",     y no "esgrimir la autoridad del     pensamiento frente a la religi&oacute;n". "La relaci&oacute;n     con los dioses no puede estar mediada     por el pensamiento, y, a la inversa,     el pensamiento no puede tomar sus     puntos de apoyo en la experiencia religiosa"   (36).</p>     <p>   El tercer per&iacute;odo, que es el de la Edad   Media, est&aacute; marcado entonces por esta   particular asimilaci&oacute;n de lo griego a lo   cristiano, en la cual "los resultados de   la ontolog&iacute;a plat&oacute;nica y la aristot&eacute;lica se   mantienen, aunque dentro de un sistema   dogm&aacute;tico ajeno a su esp&iacute;ritu inicial"   (36), y llegan a convertirse en una doctrina   fija. La verdad pasa a ser entendida   como revelaci&oacute;n, el ente es creado y   Dios el Creador, un Dios personal y causa suprema.</p>     <p>   Carrasco destaca el lugar de la filosof&iacute;a   medieval como el momento cr&iacute;tico del   pensar, en que &eacute;ste se desv&iacute;a y abandona   su vocaci&oacute;n primera, transformando   peligrosamente su prop&oacute;sito. En ella se   ve m&aacute;s claramente que en ninguna otra &eacute;poca la oposici&oacute;n entre filosof&iacute;a y cristianismo (43), ya que en este per&iacute;odo la filosof&iacute;a se vuelve un instrumento para fijar la dogm&aacute;tica cristiana. Para la escol&aacute;stica los procedimientos discursivos formales adquieren gran importancia, y la ense&ntilde;anza deja de ser un movimiento de liberaci&oacute;n individual, para adquirir el car&aacute;cter autoritario que a&uacute;n hoy conserva. Las exigencias de la fe son ajenas a la filosof&iacute;a, como, por ejemplo, las pretensiones apost&oacute;licas, el proselitismo y la "comunidad en la verdad" (47).</p>     <p>   La modernidad es el cuarto periodo,   que se inicia con el pensamiento de   Descartes. El ente se convierte en representaci&oacute;n   y la verdad se vuelve certeza,   esto es, "la afirmaci&oacute;n que lleva a cabo un   sujeto, independientemente de toda autoridad,   de lo que se presenta clara y distintamente   a su conciencia" (37). Puesto   que ahora se da la b&uacute;squeda de nuevos   caminos en contra del magisterio doctrinal   de la Iglesia, en esta &eacute;poca comienza   el resurgimiento del esp&iacute;ritu de la aut&eacute;ntica   filosof&iacute;a. Realizando la forma superior   de dogm&aacute;tica cristiana, el idealismo   lleva hasta el extremo la modernidad, seg&uacute;n   Heidegger. De esta forma "conduce   la 'filosof&iacute;a' misma al extremo de sus posibilidades,   se&ntilde;alando con este l&iacute;mite la necesidad de su superaci&oacute;n" (38).</p>     <p>   Con el fin de la modernidad se abre   el espacio de un nuevo comienzo, que   consiste en volver a plantear la pregunta   por ser, lo que presupone el fin de la influencia   de Plat&oacute;n y del cristianismo en   el pensamiento, es decir, la consumaci&oacute;n   de la metaf&iacute;sica, que Heidegger asocia   con la devastaci&oacute;n de la tierra a manos   de la t&eacute;cnica, del predominio del c&aacute;lculo y la organizaci&oacute;n.</p>     <p>   Con Heidegger se anunciar&iacute;a as&iacute; una   nueva &eacute;poca, en la que el pensamiento   se libera de la dualidad y entra en el "otro comienzo" o "pensamiento tautol&oacute;gico", que ser&iacute;a, seg&uacute;n Carrasco, "una suerte de reiteraci&oacute;n del inicio" (39), que "termina con la mutua exterioridad y la unilateralidad que caracteriza la relaci&oacute;n entre pensamiento y ser en el per&iacute;odo de la metaf&iacute;sica" (39). Hombre y ser se alcanzan el uno al otro, y pierden las determinaciones que les prest&oacute; la metaf&iacute;sica. A este acontecer, que devuelve a cada uno lo propio a la manera de mutua transpropiaci&oacute;n, lo denomina Heidegger Ereignis. Con el Ereignis se hace imposible pensar en un Dios persona, pues, como dice el autor, "esto ser&iacute;a el colmo de la antropomorfizaci&oacute;n de lo divino" (40). "El Ereignis, en cuanto lazo que une a hombre y ser (ser-ah&iacute;), presupone el redescubrimiento de la esencia del ser como irreductible a toda entidad, y de la esencia del ser-ah&iacute; (hombre) como irreductible a toda sustancialidad" (40). Por tanto, el Ereignis hace tambi&eacute;n imposible la explicaci&oacute;n del ser del ente en la fundaci&oacute;n operada por un ente supremo. Es as&iacute; como la forma teol&oacute;gica de pensar llega a su fin, y el cristianismo es superado. Tal es la interpretaci&oacute;n heideggeriana de la "muerte de Dios". En opini&oacute;n de Carrasco, "esto no significa que queden descartados nuevos dioses, y se refiere a manera de ejemplo a H&ouml;lderlin, quien "presinti&oacute; la presencia de lo divino m&aacute;s all&aacute; de la hu&iacute;da de los dioses", lo que no significa, de ninguna manera, que lo que Heidegger denomina "ser" pueda ser identificado con el Dios monote&iacute;sta (cf. 40).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En cuanto el cristianismo piensa a su   Dios como fundamento del mundo, la entidad   se extiende a toda forma de manifestaci&oacute;n,   de tal modo que la explicaci&oacute;n   de cualquier fen&oacute;meno se ve reducida a   la posici&oacute;n de un cierto tipo de relaciones   entre entes. "S&oacute;lo hay entes y relaciones   entre ellos, no hay ser. Por eso es que   Dios mismo se transforma en un ente"   (41). Por otra parte, con el cristianismo "la divinidad pierde su esencia propia y se antropomorfiza" (41), y as&iacute; "la verdadera experiencia de lo divino se pierde". Por eso considera con raz&oacute;n Carrasco, que "la recuperaci&oacute;n de una nueva experiencia de lo divino se hace posible a partir del pensamiento del ser mismo, y especialmente del 'olvido del ser' en el que consiste la esencia de la &eacute;poca anterior" (41).</p>     <p>   Buscando siempre una l&iacute;nea de continuidad   entre el pensamiento de Nietzsche   y el de Heidegger, Carrasco afirma que en   el pensamiento de este &uacute;ltimo el cristianismo   es considerado como una opci&oacute;n   esencialmente contrapuesta a la filosof&iacute;a.   El cristianismo, en cuanto fundado en la   fe, "se mueve en un terreno que hace in&uacute;til   al pensamiento, o al menos lo saca de sus impulsos esenciales" (44).</p>     <p>   Amparado en esta comprensi&oacute;n del cristianismo   propia de Heidegger, Carrasco concluye que:</p>     <p>   [E]l pensamiento, contrariamente a las religiones   de creencia, habita precisamente   en ese lugar que el cristianismo abandona,   en el territorio del "opinar y errar contingentes   del hombre". El pensamiento no accede,   ni siquiera pretende de ning&uacute;n modo   hacerlo, a ese territorio superior en el que   se mueve la fe. Por tanto, ambos se muestran   como antit&eacute;ticos [&hellip;] la fe cristiana   pretende haber respondido ya a eso que el   pensamiento busca con ah&iacute;nco [&hellip;] da por   respondida la pregunta que le da su direcci&oacute;n   esencial a la filosof&iacute;a [&hellip;]. Ah&iacute; donde   reina el cristianismo, no hay cabida para la   filosof&iacute;a, y all&iacute; donde reina la filosof&iacute;a, no hay cabida para el cristianismo. (44)</p>     <p>   Con penetrantes frases como las anteriores,   Carrasco cree estar mostrando   la "direcci&oacute;n claramente no cristiana en   el pensamiento de Heidegger" (53), y la   tajante oposici&oacute;n entre filosof&iacute;a y cristianismo.   Mucho de verdad hay en ello,   siempre y cuando se entienda el cristianismo   como el dogmatismo de una doctrina   institucionalizada en el curso de   la historia, y se entienda por filosof&iacute;a el   ejercicio del asombro y la pregunta que   no se deja institucionalizar, ni puede ser jam&aacute;s objeto de proselitismo.</p>     <p>   Aunque no existe en el pensamiento   de Heidegger una distinci&oacute;n paralela   a aquella entre filosof&iacute;a (entendida   como el ejercicio del pensar que surge   del asombro y se mueve en el &aacute;mbito   del preguntar) y "filosof&iacute;a" (entendida   como "metaf&iacute;sica") a la hora de referirse   al "cristianismo", me pregunto si el autor   no tendr&iacute;a que haberse valido menos   desprevenidamente de una palabra con   m&uacute;ltiples acepciones, que abarca un amplio   espectro de realizaciones hist&oacute;ricas,   y que no deber&iacute;a reducirse a los malabarismos   teol&oacute;gicos de lo que es hoy la doctrina   oficial de la Iglesia Cat&oacute;lica, consolidada   s&oacute;lo tras una larga historia, que   tambi&eacute;n es la historia de todas aquellas   visiones que fueron condenadas y relegadas   al olvido. Para dar tan s&oacute;lo un ejemplo, "Cristiano" es el m&iacute;stico Eckhart, cuya comprensi&oacute;n de la divinidad dif&iacute;cilmente ser&iacute;a asimilable a la idea de un Dios creador, propia de la dogm&aacute;tica teol&oacute;gica, y cuya visi&oacute;n de Cristo est&aacute; muy lejos de ser una antropomorfizaci&oacute;n de lo divino.</p>     <p>   Sin duda, valerse de la palabra "cristianismo"   en un &uacute;nico sentido es optar   por una concepci&oacute;n que permite extraer   ciertas consecuencias y no otras en torno   a las relaciones entre cristianismo y "filosof&iacute;a" (es decir, "metaf&iacute;sica"), pero tambi&eacute;n, y esto es decisivo, entre "cristianismo" y esa filosof&iacute;a que, a la manera de Heidegger, bien puede definirse en los t&eacute;rminos en que lo hace Carrasco, como el ejercicio de un pensar siempre consciente de su condici&oacute;n finita.</p>     <p>   En mi opini&oacute;n, un art&iacute;culo que lleve   el t&iacute;tulo de "Heidegger y el cristianismo"   no puede dejar sin mencionar las incursiones   de Heidegger en la m&iacute;stica cristiana,   as&iacute; Heidegger se hubiera movido en la ambig&uuml;edad de llamar a Eckhart su "Maestro de vida", y de descalificarlo injustamente, asimilando, sin m&aacute;s, su concepto de Dios con el Dios personal de la teolog&iacute;a. Una omisi&oacute;n de tan tensas relaciones s&oacute;lo ser&iacute;a justificable bajo un t&iacute;tulo como "Heidegger y la dogm&aacute;tica cristiana". No establecer esta distinci&oacute;n supone haber tomado partido, sin cuestionarla, por una versi&oacute;n de lo que es el cristianismo, y hacer caso omiso del potencial de la m&iacute;stica, que no s&oacute;lo nutri&oacute; de manera decisiva al pensamiento de Heidegger, sino que tambi&eacute;n ofrece una visi&oacute;n del cristianismo af&iacute;n al pensar del ser, y por lo tanto al nuevo comienzo.</p>     <p>   Mientras resulta evidente que dogm&aacute;tica   (de cualquier proveniencia) y pensar   son mutuamente excluyentes, es menos   evidente que lo sean la posible relaci&oacute;n   entre la experiencia de un "pensar" que   es &eacute;l mismo asombro que nos saca de lo   sobreentendido, de lo ya siempre dado y   de la absolutizaci&oacute;n de lo ente, y una experiencia   m&iacute;stica que tambi&eacute;n trasciende   dicho &aacute;mbito, sin caer, a mi parecer,   en una onto-teolog&iacute;a, y que comprende   lo divino, no como un super-ente o causa   primera, sino m&aacute;s bien como ese misterio   innombrable que, estando presente   por doquier, juega al escondite, y no   resulta inaccesible, ni a un pensamiento   que se entienda como mero ejercicio   teol&oacute;gico de argumentaci&oacute;n en pro de   la fijaci&oacute;n del dogma, como suced&iacute;a en   la Edad Media, ni a la filosof&iacute;a entendida   como mero ejercicio racional, en el estrecho   sentido que la modernidad le dio a esta palabra.</p>     <p>   De all&iacute; que el contraste entre filosof&iacute;a   y cristianismo me parezca un tanto desequilibrado.   Tan desequilibrado como   hubiera sido oponer la experiencia directa   de un m&iacute;stico como Eckhart al ejercicio   de la filosof&iacute;a en &aacute;mbitos acad&eacute;micos,   que aun a su pesar tiende a degenerar   en formas impregnadas de dogmatismo,   y amparadas en un supuesto uso de   la raz&oacute;n para asentar prejuicios y visiones   que valen t&aacute;citamente como dogma   en la "comunidad en la verdad" respectiva.   Me refiero al hecho simple de que,   en los mentados &aacute;mbitos de la academia   se tiende a negar sin m&aacute;s un lugar para   la divinidad, y a reemplazarlo con el uso   de la "raz&oacute;n finita" que, como vemos, se   apoya en una respuesta, en lugar de dejar abierta la pregunta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Tal vez son ese tipo de opiniones sin   cuestionar las que dan lugar a la conclusi&oacute;n   de que en el nuevo comienzo filosof&iacute;a   y cristianismo se oponen, y a la   extrapolaci&oacute;n de las conclusiones que   Carrasco ha obtenido acerca de las relaciones   entre filosof&iacute;a y una cierta versi&oacute;n   de lo que es el cristianismo, al &aacute;mbito,   m&aacute;s amplio sin duda, de las relaciones entre filosof&iacute;a y religi&oacute;n.</p>     <p>   Perdiendo el pudor que s&iacute; ten&iacute;a el   mismo Heidegger, quien habr&iacute;a salvaguardado   un lugar para la experiencia   religiosa, a pesar de sus ataques al "cristianismo",   Carrasco habla ahora de la   superioridad de la filosof&iacute;a frente a la religi&oacute;n: "El cristianismo no es filos&oacute;fico, porque es una respuesta, y la filosof&iacute;a no puede ser cristiana, porque es una pregunta&hellip; ni la filosof&iacute;a puede llegar a la plenitud de su esencia en el marco de la religi&oacute;n, ni la religi&oacute;n puede cumplir su esencia propia en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a" (45). "La filosof&iacute;a [&hellip;] es la vocaci&oacute;n de quedarse dentro de los l&iacute;mites finitos del hombre" (49). El fondo de la condici&oacute;n humana es "filos&oacute;fico", no religioso, inquisitivo, no dogm&aacute;tico, por eso puede decirse que la filosof&iacute;a es "superior" a la religi&oacute;n (cf. 52).</p>     <p>   Sin duda es &eacute;ste un exceso propiciado   por el mismo Heidegger y su concepci&oacute;n   reduccionista del cristianismo y de   la religi&oacute;n. Ese mismo Heidegger, sin embargo, con su cr&iacute;tica a las formas dogm&aacute;ticas   de la religi&oacute;n cristiana, abri&oacute; las   puertas a una nueva experiencia religiosa,   af&iacute;n no s&oacute;lo a la m&iacute;stica cristiana, sino   tambi&eacute;n a experiencias de otras religiones   y visiones de mundo, como el tao&iacute;smo   y el budismo. Por eso tal vez podr&iacute;amos,   con Heidegger y contra Heidegger,   leer la historia del cristianismo y, porqu&eacute;   no, de otras formas religiosas, como la   historia del olvido de una genuina experiencia   que asoma en el inicio, para quedar   inmediatamente oculta en el dogma,   y despuntar, a la manera de un nuevo comienzo,   como asombro ante el misterio   de la existencia, asombro que nos saca   fuera del &aacute;mbito acostumbrado de lo solamente   ente y nada m&aacute;s que ente, y que,   en mi opini&oacute;n, nos devolver&iacute;a a "lo mismo"   de la mutua pertenencia entre lo divino   y lo humano, lo infinito y lo finito, lo inmanifiesto y lo manifiesto.</p>     <p>   Una tal lectura de las relaciones entre   el ejercicio del pensar y la experiencia   religiosa, no dar&iacute;a lugar a la pretensi&oacute;n   de superioridad de la una sobre la otra,   de modo que ni la religi&oacute;n dar&iacute;a por respondidas   e innecesarias las cuestiones filos&oacute;ficas,   ni la filosof&iacute;a pretender&iacute;a refrenar   desde una desmedida confianza en   la raz&oacute;n ese impulso de cu&ntilde;o religioso   que nos conmina a preguntarnos por lo incomprensible.</p>     <p>   Para no caer de nuevo en la unilateralidad   de las dicotom&iacute;as, y hacer justicia   a lo que ser&iacute;a un "pensamiento tautol&oacute;gico",   termino este comentario a un art&iacute;culo   que da que pensar, con el siguiente   comentario de un gran racionalista de   origen jud&iacute;o, en torno a las relaciones entre   la b&uacute;squeda de la unificaci&oacute;n racional   de lo m&uacute;ltiple y la experiencia religiosa: "Todo el que haya pasado por la profunda experiencia de un avance positivo en este campo, se siente conmovido por una profunda reverencia hacia la racionalidad que se manifiesta en la vida. Mediante la comprensi&oacute;n, logra emanciparse en gran medida de los grilletes de las esperanzas y los deseos personales, alcanzando as&iacute; esa actitud mental humilde ante la grandeza de la raz&oacute;n encarnada en la existencia, que es inaccesible al hombre en sus profundidades m&aacute;s hondas. Sin embargo, esta actitud me parece religiosa en el sentido m&aacute;s elevado del t&eacute;rmino" (Einstein 2007: 42 - 43).</p>      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <p>   Einstein, A. Mis ideas y opiniones.   Barcelona: Bon Ton, 2007.</p>     <p>   <b>Margarita Cepeda</b></p>     <p>   Universidad de los Andes, Colombia   <a href="mailto:marceped@uniandes.edu.co">marceped@uniandes.edu.co</a></p> </font>      ]]></body>
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