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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Pérez, D. "Política, religión y medicina en Kant: el conflicto de las proposiciones"]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>P&eacute;rez, D. "Pol&iacute;tica, religi&oacute;n y medicina     en Kant: el conflicto de las proposiciones",   Cinta de Moebio, Universidad de Chile 28 (marzo 2007): 91-103.</b></font></p>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> &iquest;C&oacute;mo entender la relaci&oacute;n entre la     reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y el poder pol&iacute;tico,     entre el ejercicio intelectual de la b&uacute;squeda     por la "verdad" y el ejercicio f&aacute;ctico     de la "autoridad"? Este es sin duda     el principal interrogante que despierta     la lectura del tard&iacute;o texto de Kant El     Conflicto de las Facultades (1798), cuya     primera parte, el ensayo m&aacute;s sistem&aacute;tico     y elaborado de los tres que lo componen,     fue escrita en 1794 en respuesta a     la censura gubernamental que acusara a     Kant de "distorsionar y desacreditar muchas     de las ense&ntilde;anzas cardinales de las     Sagradas Escrituras y el Cristianismo", y     de "actuar irresponsablemente en su deber     como instructor de la juventud". En     el Prefacio escrito para la publicaci&oacute;n de     El Conflicto, Kant reproduce el decreto     real firmado por "su majestad Federico     Guillermo II", con el que se le comunic&oacute;   la censura y se le exigi&oacute; rectificar su proceder     o atenerse a "desagradables medidas".     Leyendo al pie de la letra el decreto,     que fue ocasionado por los escritos tard&iacute;os     de Kant sobre el tema de la religi&oacute;n,     no puede uno dejar de sorprenderse ante     la coincidencia exacta entre estas acusaciones,     y los cargos por los que fuese     condenado, en su momento, S&oacute;crates:     impiedad, y corrupci&oacute;n de los j&oacute;venes.     Tal coincidencia simplemente resalta el     car&aacute;cter perenne de una serie de preguntas     que est&aacute;n estructuralmente vinculadas     a la tradici&oacute;n filos&oacute;fica en Occidente,     preguntas que podemos clasificar, como     el mismo Kant sol&iacute;a proceder, entre un     nivel de facto y uno de jure, una sobre lo     que es, y otra sobre lo que debe ser. Una     de facto: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre la filosof&iacute;a,     la instrucci&oacute;n p&uacute;blica y el poder pol&iacute;tico?     Una de jure: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n entre estas     instancias debe haber? Otra de facto: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre la autoridad gubernamental     y la religi&oacute;n? Otra de jure: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n entre estas instancias debe   haber?</p>     <p>   Estas preguntas, a la vez sencillas e insondables   como todas las preguntas perennes,   son las que Kant, en reacci&oacute;n al   incidente de la censura gubernamental,   aborda en el primero de los tres ensayos   (1794) que componen el texto que cuatro   a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a publicado como El   Conflicto de las Facultades. &Eacute;ste es uno   de varios textos tard&iacute;os (junto con La   Religi&oacute;n dentro de los l&iacute;mites de la mera   raz&oacute;n o La Paz Perpetua, entre otros) que   revisten un inter&eacute;s especial en el contexto   del corpus Kantiano, en tanto que nos   dan acceso al intento de Kant por articular   las implicaciones de su idealismo   trascendental, el sistema desarrollado   en las tres Cr&iacute;ticas, en el an&aacute;lisis y la   comprensi&oacute;n de un &aacute;mbito que sus cr&iacute;ticos   (empezando por su contempor&aacute;neo   Herder, pasando por Hegel y llegando   hasta Adorno) le reprocharan por haber   ignorado la historia, o, m&aacute;s precisamente,   el &aacute;mbito de la contingencia hist&oacute;rica,   inseparable de la pregunta pol&iacute;tica   por las relaciones de poder y su relaci&oacute;n   con el problema de la "verdad" y la construcci&oacute;n   de sentido. Esta faceta del pensamiento   de Kant, un tanto brumosa y de dif&iacute;cil interpretaci&oacute;n, ha sido mayormente   ignorada. Hannah Arendt (quien   siguiendo a Jaspers era una de las pocas   excepciones a esta regla hasta hace apenas   tres d&eacute;cadas) sostiene que una de las   razones que pueden explicar la marginalidad   de estos textos tard&iacute;os en la ex&eacute;gesis   de la filosof&iacute;a Kantiana es que &eacute;stos "no pueden compararse, ni en cuanto a su calidad, ni a su profundidad, con los otros textos de Kant", al mismo tiempo que, sin embargo, sostiene la necesidad de recuperar la "filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Kant"; las claves de la cual deben, no obstante, sostiene Arendt, hallarse en la Cr&iacute;tica del Juicio (cf. Arendt 1982). Pero a&uacute;n m&aacute;s recientemente la lectura cuidadosa, novedosa y pol&eacute;mica elaborada por Derrida de varios de estos textos tard&iacute;os, en las que el fil&oacute;sofo franc&eacute;s identifica all&iacute; recursos conceptuales importantes que emplea en su propia aproximaci&oacute;n a los problemas de la instituci&oacute;n universitaria, la hospitalidad, la idea del cosmopolitismo, el concepto de la democracia, la globalizaci&oacute;n o el tema de la religi&oacute;n hoy, han revitalizado, quiz&aacute;s como nunca antes, y quiz&aacute;s a pesar del juicio de Arendt, la profundidad y la pertinencia de estos textos kantianos tard&iacute;os para interpretar nuestra actual coyuntura hist&oacute;rica (cf. Derrida 1992: 1-34; 1983).</p>     <p>   Por ello es de celebrar el esfuerzo de   lectura de El conflicto de las facultades   desarrollado por el profesor P&eacute;rez en este   art&iacute;culo, como una contribuci&oacute;n a la tarea   de revaluar la importancia de estos   textos a la luz de nuevas posibilidades de   aproximaci&oacute;n al pensamiento Kantiano,   que s&oacute;lo son posibles prestando una cuidadosa   atenci&oacute;n a lo que pasa cuando el   idealismo trascendental se "ensucia las   manos" de historia y de pol&iacute;tica. Este es   sin duda uno de los prop&oacute;sitos expl&iacute;citos   que animan la lectura del profesor P&eacute;rez,   quien afirma su deseo de mostrar c&oacute;mo "la filosof&iacute;a cr&iacute;tica no s&oacute;lo interviene en el debate de las ideas, sino tambi&eacute;n de las instituciones" (91). Sin embargo, el otro prop&oacute;sito de su lectura &ndash;mostrar c&oacute;mo los problemas que aborda Kant en este texto pueden "ser reducidos" (91) al nivel l&oacute;gico-sem&aacute;ntico de la posibilidad de los juicios sint&eacute;ticos a priori&ndash;, termina obstruyendo la tarea de profundizar en la pregunta por las consecuencias de la intervenci&oacute;n del "idealismo trascendental" en el an&aacute;lisis de la problem&aacute;tica hist&oacute;rico-pol&iacute;tica. Esta "reducci&oacute;n" de los problemas suscitados por el primer ensayo de El conflicto a la pregunta "l&oacute;gico-sem&aacute;ntica" por la posibilidad de los juicios sint&eacute;ticos a priori en el &aacute;mbito de la "religi&oacute;n", por ejemplo, es justamente eso, una "reducci&oacute;n" de estos problemas a preguntas abordadas y desarrolladas por Kant en otros textos (la Segunda Cr&iacute;tica o La Religi&oacute;n) sobre la relaci&oacute;n entre la moralidad y la religi&oacute;n, y, m&aacute;s a&uacute;n, es una "reducci&oacute;n" de estas preguntas a un interrogante planteado por Kant en la Primera Cr&iacute;tica acerca de la posibilidad "l&oacute;gico-sem&aacute;ntica" de los juicios sint&eacute;ticos a priori en los enunciados cognitivos de las matem&aacute;ticas y las ciencias naturales, interrogante que no es adecuado para abordar el tipo de preguntas que surgen con respecto a la moral y a su relaci&oacute;n con la religi&oacute;n o con las instituciones pol&iacute;ticas, precisamente porque aqu&iacute; no se trata de producir conocimiento sobre la realidad, sino de demarcar las pautas establecidas por la raz&oacute;n en su uso pr&aacute;ctico. Es cierto que en su tratamiento sobre la cuesti&oacute;n moral (y quiz&aacute;s tambi&eacute;n la cuesti&oacute;n religiosa y la pol&iacute;tica), Kant emplea a menudo el vocabulario de "proposiciones sint&eacute;ticas a priori", pero el significado que esta estructura de la "s&iacute;ntesis a priori" tiene en estos contextos debe ser tajantemente diferenciado del significado epistemol&oacute;gico que tiene en la Primera Cr&iacute;tica, cuando la pregunta es sobre las condiciones de posibilidad de enunciados que producen conocimiento del mundo. El ejemplo m&aacute;s claro para apreciar esta diferencia lo vemos cuando, en la Fundamentaci&oacute;n, Kant formula la pregunta acerca de la posibilidad del imperativo categ&oacute;rico (&iquest;ser&aacute; que s&iacute; existe una ley tal, o ser&aacute; que &eacute;sta es un mero fantasma de la imaginaci&oacute;n?) en t&eacute;rminos de la posibilidad de una uni&oacute;n "sint&eacute;tica a priori": pero la s&iacute;ntesis a priori por la que se pregunta Kant en este caso no es la dos conceptos en una proposici&oacute;n cognitiva (un sujeto y un predicado), sino entre la ley y la voluntad (en contraste con la relaci&oacute;n entre ley y voluntad en el caso del imperativo hipot&eacute;tico que Kant llama anal&iacute;tica, puesto que si quiero "x", y "z" es necesario para "x", ello implica que quiero "z") (cf. Fundamentaci&oacute;n, 4:420). La estructura de la "s&iacute;ntesis a priori", pues, es una estructura fundamentalmente distinta cuando se emplea en el uso de la raz&oacute;n te&oacute;rica, y cuando se emplea en el uso de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, y utilizarla como clave exeg&eacute;tica (de la manera como lo hace el profesor P&eacute;rez), sin reconocer y resaltar esta diferencia fundamental, es pasar por alto la distinci&oacute;n crucial que estructura la concepci&oacute;n kantiana del mundo y del ser humano, a saber, que el fundamento del sentido de lo que pensamos y decimos es diferente si se trata de producir conocimiento del mundo, o si se trata de orientarnos en el &aacute;mbito de la libertad: la acci&oacute;n y la voluntad (es esta distinci&oacute;n a la que Kant siempre se refiri&oacute; como "el enigma de la cr&iacute;tica").</p>     <p>   Veamos las consecuencias de este descuido   en la lectura que ofrece P&eacute;rez del   primer ensayo de El conflicto. A partir de   su "clave exeg&eacute;tica", P&eacute;rez afirma que el   conflicto entre la Facultad de teolog&iacute;a y   la Facultad de filosof&iacute;a es "pautada" por   la pregunta "&iquest;Como son posibles las proposiciones   sint&eacute;ticas a priori en la religi&oacute;n?",   y en particular la proposici&oacute;n "hay un Dios, luego hay un bien supremo en el mundo". De esta manera P&eacute;rez se desplaza de la discusi&oacute;n acerca de la relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y teolog&iacute;a como entes institucionales, o entre la fe racional (filos&oacute;fica) y la fe eclesial (basada en la creencia en la Biblia como verdad revelada) que cada una de estas instituciones representa, a la discusi&oacute;n acerca de la relaci&oacute;n entre la moral y la religi&oacute;n tal y como Kant la articula en la Segunda Cr&iacute;tica. Con este desplazamiento se pasa por alto la muy importante diferencia entre el problema de la relaci&oacute;n entre moral y religi&oacute;n, por un lado, y el problema de la relaci&oacute;n entre la fe racional pura y la fe eclesial, por otro; as&iacute; como la diferencia entre &eacute;ste &uacute;ltimo problema, y el problema por las relaciones de poder entre las facultades de filosof&iacute;a y de teolog&iacute;a en la instituci&oacute;n universitaria de la Prusia de Kant. Esta es la diferencia entre una pregunta de orden trascendental y otra de orden hist&oacute;rico-pol&iacute;tico. Si pasamos por alto esta diferencia y reducimos el sentido de la segunda a la primera, perdemos de vista tambi&eacute;n la complejidad de la pregunta por la relaci&oacute;n entre ellas.</p>     <p>   Por ejemplo, Kant insiste en El conflicto   que la "religi&oacute;n" (tal y como &eacute;l la entiende)   no se diferencia de ninguna manera   de la moral en cuanto a su objeto   se refiere: las dos est&aacute;n basadas en las leyes   morales internas derivadas de la raz&oacute;n   (7:36). En consecuencia, la pregunta   por las condiciones de posibilidad de la   Idea del Bien Supremo como el v&iacute;nculo   que le ha permitido a Kant en la Segunda   Cr&iacute;tica explicar c&oacute;mo la moral, si bien   no puede estar basada en la religi&oacute;n, no   obstante "conduce inevitablemente" a la religi&oacute;n, no es una pregunta central en   este texto de 1798 que, asumiendo este   v&iacute;nculo como dado por sentado, se pregunta   m&aacute;s bien por la relaci&oacute;n y el conflicto   entre esta "religi&oacute;n racional" (fundada   en la conciencia de la ley moral e   institucionalmente representada por la   Facultad de Filosof&iacute;a en la Universidad),   y la "religi&oacute;n eclesial / estatutaria" (es decir,   la iglesia que en un contexto hist&oacute;rico   y cultural determinado tiene como su   finalidad fomentar la religiosidad del p&uacute;blico   en miras al inter&eacute;s del Estado, representada   por la Facultad de teolog&iacute;a   en la Universidad). Este "conflicto entre   las facultades", que interesa a Kant   en este texto, ocurre pues precisamente   en la coyuntura en la cual el problema   de la "verdad" y el "conocimiento racional"   (en este caso, de orden pr&aacute;ctico), y el   problema de la autoridad y el poder pol&iacute;tico,   no pueden ser deslindados. Al "reducir"   este conflicto al problema abordado   por Kant en la Segunda Cr&iacute;tica acerca   de necesidad moral de concebir la Idea   de un Bien Supremo y de los postulados   de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica como condiciones   de posibilidad de su realizaci&oacute;n, y, m&aacute;s   a&uacute;n, al formular la pregunta por la validez   de esta Idea en t&eacute;rminos de las condiciones   l&oacute;gico-sem&aacute;nticas de un juicio   sint&eacute;tico a priori, P&eacute;rez no s&oacute;lo introduce   como clave exeg&eacute;tica de este texto una   problem&aacute;tica que le es anacr&oacute;nica y que   no est&aacute; alineada con su motivaci&oacute;n principal.   Adem&aacute;s, al hacerlo, pierde de vista   la especificidad del reto que la lectura de   este texto plantea: esta coyuntura en la   cual la pregunta por la "verdad" y la pregunta   por la "autoridad" pol&iacute;tica se vuelven   inseparables. El car&aacute;cter sumamente   complejo, &aacute;lgido y urgente de una tal   coyuntura se desvanece cuando el "conflicto"   detectado por Kant precisamente   all&iacute;, en esa coyuntura, se reformula   como un problema epistemol&oacute;gico acerca   de las condiciones l&oacute;gico-sem&aacute;nticas   de posibilidad de los juicios sint&eacute;ticos a   priori.</p>     <p>   Pero adem&aacute;s, la l&iacute;nea argumentativa   de este art&iacute;culo tiende a pasar por alto   algunas diferencias importantes entre   los distintos textos a los que hace referencia.   Por ejemplo, la diferencia entre   la manera como se explica el v&iacute;nculo entre   moralidad y religi&oacute;n en la Segunda   Cr&iacute;tica, y en el argumento de La religi&oacute;n   que apela a la idea, no ya de la existencia   del Bien Supremo, sino de la necesidad   de una "comunidad &eacute;tica" como &uacute;nica   manera de contrarrestar la propensi&oacute;n al   mal en la naturaleza humana, y la necesidad   de entender esta comunidad &eacute;tica   como una "iglesia invisible" (La Religi&oacute;n,   6:94-6:100). De nuevo, dado que la cuesti&oacute;n   que preocupa a Kant en este segundo   caso es c&oacute;mo entender y articular la   relaci&oacute;n entre esta "iglesia invisible" y las   instituciones eclesiales hist&oacute;ricas, el yuxtaponer   la segunda problem&aacute;tica con la   primera es justamente perder de vista la   diferencia entre el argumento trascendental   ("sint&eacute;tico a priori", si se quiere)   y un argumento hist&oacute;rico-pol&iacute;tico acerca   de ciertas instituciones como la Iglesia   y el Estado en la coyuntura espec&iacute;fica de   la Prusia de Kant (en nuestra coyuntura,   hablar&iacute;amos de otras configuraciones   institucionales). De nuevo aqu&iacute;, reducir   el sentido del segundo argumento al sentido   del primero, es pasar por alto una   diferencia sin la cual no es posible apreciar   la complejidad de la pregunta por la   relaci&oacute;n entre &eacute;stos dos &aacute;mbitos o niveles   sem&aacute;nticos, si se quiere. Es, entonces,   quedarse un paso atr&aacute;s del prop&oacute;sito   que el mismo P&eacute;rez anuncia al comienzo   de su ensayo: el de mostrar "c&oacute;mo la   filosof&iacute;a cr&iacute;tica interviene no s&oacute;lo en el   debate de las ideas, sino tambi&eacute;n de las instituciones", prop&oacute;sito en la direcci&oacute;n   del cual es, sin duda, menester seguir   avanzando. Y es tambi&eacute;n pasar por   alto rupturas y discontinuidades cruciales   entre los distintos textos del corpus   Kantiano, discontinuidades cuyo examen   es quiz&aacute;s, desde el punto de vista   exeg&eacute;tico, mucho m&aacute;s provechoso que la   insistencia en la "unidad sistem&aacute;tica" de   su pensamiento.</p>      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Arendt H. Lectures on Kant's Political   Philosophy. Chicago: The University   of Chicago Press, 1982.</p>     <p>   Derrida J. "Mochlos: or The Conflict   of the Faculties". Logomachia, ed.   R. Rand. Lincoln: University of   Nebraska Press, 1992. 1-34.</p>     <p>   Derrida J. D'un ton apocalyptique adopt&eacute;   nagu&egrave;re en philosophie. Paris: Galil&eacute;e,   1983. Traducido al ingl&eacute;s por Leavy   J.P. "On a Newly Arisen Apocalyptic   tone in Philosophy". Raising the   Tone of Philosophy: Late essays by   Immanuel Kant, Transformative   Critique by Jacques Derrida, ed. Peter   Fenves. Baltimore: John Hopkins   University Press, 1993.</p>     <p>   <b>Carlos Manrique</b></p>     <p>   Universidad de Chicago, USA   <a href="mailto:manrique@uchicago.edu">manrique@uchicago.edu</a> </p> </font>      ]]></body>
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