<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-0062</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-0062</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-00622009000300018</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Quintanilla, Pablo. "Wittgenstein y la autonomía de la voluntad: la presencia del pragmatismo", Revista de Filosofía 56 (2007): 67-104.]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[CARDONA SUÁREZ]]></surname>
<given-names><![CDATA[CARLOS ALBERTO]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario - Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<volume>58</volume>
<numero>141</numero>
<fpage>251</fpage>
<lpage>256</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-00622009000300018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-00622009000300018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-00622009000300018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="3"><b>Quintanilla, Pablo.    <br></b><i>&quot;</i>Wittgenstein y la   autonom&iacute;a de la voluntad:    <br>   la presencia   del pragmatismo<i>&quot;,    <br> Revista de Filosof&iacute;a</i> 56 (2007): 67-104.</font></p>    <hr size="1">      <p align="center"><font size="3"><b>Salvando a Wittgenstein de Quintanilla</b></font></p>      <p align="justify">En un reciente art&iacute;culo, el profesor Pablo Quintanilla ha expuesto una defensa de una forma de<i> teor&iacute;a del doble aspecto</i> para salvar las dificultades que entra&ntilde;a el libre albedr&iacute;o. Quintanilla pretende vislumbrar una defensa de dicha perspectiva en la obra de Wittgenstein, quien, a su juicio, recibi&oacute; dicha orientaci&oacute;n en virtud de su cercan&iacute;a con la obra de William James. En la primera parte del presente escrito, procurar&eacute; exhibir una debilidad estructural en la formulaci&oacute;n de la soluci&oacute;n que ofrece el autor; en tanto que en la segunda me separar&eacute; radicalmente de la presentaci&oacute;n que ofrece el autor acerca de Wittgenstein.</p>      <p align="center"><font size="3"><b>I</b></font></p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El problema que atormenta a   Quintanilla se   puede plantear as&iacute;:&iquest;c&oacute;mo   podemos hablar con sentido de una voluntad   libre, que antecede a nuestras   acciones, si el lenguaje de las ciencias   naturales parece imponernos cierta determinaci&oacute;n   atada a las leyes de la naturaleza?   La soluci&oacute;n, seg&uacute;n el autor, ha   de encontrarse en el &aacute;mbito de la defensa   de una teor&iacute;a del doble aspecto que se   puede resumir as&iacute;: &quot;el lenguaje f&iacute;sico y   el psicol&oacute;gico son dos descripciones del   ser humano, ambas leg&iacute;timas e irreducibles   entre s&iacute;, donde el concepto de determinismo   pertenece al lenguaje f&iacute;sico   y el concepto de libre albedr&iacute;o pertenece   al lenguaje intencional&quot; (Quintanilla   98). En otras palabras, la descripci&oacute;n fisicalista   de cierto estado de cosas en el   mundo (el comportamiento de agentes)   supone un compromiso con el determinismo   y, en ese sentido, no hay espacio   para hablar de libertad; en tanto que la   descripci&oacute;n intencional del mismo estado   de cosas en el mundo no implica   compromiso alguno con regularidades   n&oacute;micas y, en consecuencia, no hay tropiezo   alguno con cierta noci&oacute;n de libre   albedr&iacute;o. As&iacute; las cosas, determinismo y   voluntad son propiedades del individuo   que caen bajo descripciones diferentes e   irreductibles. No hay conflicto, siempre   que admitamos la posibilidad de contar   con descripciones leg&iacute;timas y diferentes   de lo mismo. No estoy interesado en discutir   los alcances y los or&iacute;genes de una   posici&oacute;n epistemol&oacute;gica abstracta que   pretenda defender la posibilidad de la   existencia de m&uacute;ltiples descripciones de   lo mismo. Quiero, m&aacute;s bien, ver si necesitamos   invocar un principio de tal naturaleza   con el &aacute;nimo de abrir el espacio para   hablar leg&iacute;timamente de libertad. El temor   de Quintanilla reside en que si aceptamos   el lenguaje f&iacute;sico para describir   ciertos estados de cosas en el mundo, no   podemos introducir la noci&oacute;n de libertad,   a no ser que admitamos hablar de lo mismo   con otro lenguaje y otro tipo de descripci&oacute;n.   Este temor exige que el lenguaje   f&iacute;sico est&eacute; comprometido con el determinismo.   Ahora bien, &iquest;es esto &uacute;ltimo cierto?   Creo que la respuesta categ&oacute;rica es: &quot;&iexcl;no!&quot;.   En ese sentido, el conflicto mencionado no surge de manera inmediata.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El eco de la respuesta categ&oacute;rica puede   hacerse m&aacute;s fuerte si se tienen en cuenta   el an&aacute;lisis y la distinci&oacute;n propuestos por Popper entre determinismo metaf&iacute;sico,   religioso y cient&iacute;fico (<i>cf.</i> Popper). Dado   que no hay forma de controvertir los dos   primeros, y en ese sentido no podr&iacute;amos   escapar a la defensa ideol&oacute;gica de formas   de hablar irreconciliables, nos centraremos,   entonces, en el contexto de   una defensa del determinismo cient&iacute;fico,   asumiendo que, en principio, ello no incomode   a Quintanilla. Una teor&iacute;a f&iacute;sica   se dice determinista (en lenguaje cient&iacute;fico)   si quien pretende realizar una predicci&oacute;n   basada en ella, y ajustada a cierto   grado de incertidumbre (que se puede   hacer tan peque&ntilde;o como queramos), est&aacute;   en condiciones de establecer con anterioridad   el grado de precisi&oacute;n con el que   debe conocer las variables que ha de considerar.   Popper denomina a esta segunda   exigencia el <i>principio de poder dar raz&oacute;n</i>.   Cuando el profesor Quintanilla habla de   descripciones f&iacute;sicas, no alude a ninguna   espec&iacute;fica; &eacute;l prefiere hablar en un lenguaje   abstracto, no comprometido con   nada en particular. Sin embargo, si aterrizamos   la alusi&oacute;n a descripciones f&iacute;sicas   de naturaleza cient&iacute;fica, el espectro   de posibilidades se reduce a: (i) mec&aacute;nica   cu&aacute;ntica, (ii) mec&aacute;nica cl&aacute;sica estad&iacute;stica,   (iii) mec&aacute;nica cl&aacute;sica newtoniana y   (iv) mec&aacute;nica cl&aacute;sica relativista. La primera   descripci&oacute;n est&aacute; comprometida estructuralmente   con el indeterminismo,   no est&aacute; sujeta a explicaciones nomol&oacute;gico-   deductivas e involucra el lenguaje   probabil&iacute;stico, no como un mal transitorio,   sino como el recurso leg&iacute;timo para   la predicci&oacute;n. La segunda incorpora el   lenguaje de las probabilidades; aunque   el fundamento que se esgrime no es estructural   como en el primer caso, sino   anclado a las limitaciones del sujeto humano   que se hace cargo de la empresa de   predicci&oacute;n. De cualquier manera, las explicaciones   no se adecuan a un modelo nomol&oacute;gico deductivo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana">La mec&aacute;nica cl&aacute;sica newtoniana   tampoco entra&ntilde;a <i>prima facie</i> compromiso   alguno con el determinismo cient&iacute;fico,   toda vez que no puede ajustarse   al principio de poder dar raz&oacute;n. Este   hecho se puede defender, entre otros   argumentos, a partir del resultado de   Hadamard (1898) y de la soluci&oacute;n aportada   por Poincar&eacute; al problema de los   tres cuerpos. Esta &uacute;ltima mostr&oacute; la necesidad   de acudir a ecuaciones diferenciales   no lineales (sistemas din&aacute;micos),   que incorporan elementos de caos a nivel   microsc&oacute;pico. As&iacute; las cosas, y para   hacer uso de la bella met&aacute;fora de nubes   y relojes,<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a> mientras Newton y sus   seguidores iniciales quisieron hacernos   creer que el comportamiento de las   nubes ser&iacute;a explicable imaginando mecanismos   microsc&oacute;picos similares a la   relojer&iacute;a m&aacute;s fina, el esp&iacute;ritu newtoniano   de Poincar&eacute; mostr&oacute; que el comportamiento   de los relojes s&oacute;lo es explicable   asumiendo ca&oacute;ticos mecanismos microsc&oacute;picos similares a nubes.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Por &uacute;ltimo, dado que la teor&iacute;a de la   relatividad introduce un l&iacute;mite infranqueable   a la velocidad de transmisi&oacute;n   de informaci&oacute;n, un observador no puede   tener en un momento dado toda la   informaci&oacute;n relevante que le permitir&iacute;a   hacer una predicci&oacute;n confiable en grado   sumo. En ese orden de ideas, la mec&aacute;nica   relativista tampoco implica un   compromiso <i>prima facie</i> con el determinismo   cient&iacute;fico. En s&iacute;ntesis, si contamos   con una descripci&oacute;n f&iacute;sica de un   estado de cosas, no estamos obligados a   comprometernos con el determinismo   cient&iacute;fico. Es probable que podamos defender   el hecho de sentirnos libres sin   vernos amenazados por las descripciones f&iacute;sicas.</font></p> <font face="verdana" size="2">     <P></P>     <p align="center"><font size="3"><b>II</b></font></p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">El profesor Quintanilla pretende   convencernos de que en la obra de   Wittgenstein existe una defensa, o al   menos podr&iacute;a formularse, de la <i>teor&iacute;a     del doble aspecto</i>. Esta tarea se apoya en   dos movimientos. En primer lugar, arg&uuml;ir   que, a pesar de las anotaciones de   Wittgenstein, es posible formular teor&iacute;as   filos&oacute;ficas en el marco del pensamiento   wittgensteiniano. En segundo   lugar, anclar la supuesta teor&iacute;a wittgensteiniana   del doble aspecto en la, tambi&eacute;n   imaginada, influencia del pragmatismo.   Pretendo mostrar que las dos sugerencias carecen de una defensa s&oacute;lida.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Quintanilla afirma que Wittgenstein   est&aacute; en lo correcto cuando sostiene   (<i>cf</i>. cam 45), primero, que el ansia de generalidad   nos conduce a buscar algo com&uacute;n   a las entidades que caen bajo un   t&eacute;rmino general y, segundo, que con frecuencia   ese elemento com&uacute;n no existe   (<i>cf</i>. Quintanilla 68). Es Quintanilla quien   no est&aacute; en lo correcto a la hora de interpretar   esos c&eacute;lebres pasajes del fil&oacute;sofo   austriaco. En estos pasajes Wittgenstein   sostiene dos cosas, a saber: (i) el ansia de   generalidad es responsable de que se genere   el mayor n&uacute;mero de confusiones filos&oacute;ficas;   (ii) el ansia de generalidad en   la exploraci&oacute;n filos&oacute;fica se desprende   de: (a) la tendencia a buscar algo com&uacute;n   a las entidades que caen bajo un t&eacute;rmino   general, (b) la tendencia a creer que la   comprensi&oacute;n de un t&eacute;rmino general est&aacute;   arraigada en la contemplaci&oacute;n de una   imagen general, (c) la tendencia a conectar   dicha imagen general con un estado   mental, y, finalmente, (d) nuestro deseo   por emular el m&eacute;todo de la ciencia.   No hay, entonces, una condena al ansia   de generalidad <i>per se</i>; de hecho la exploraci&oacute;n   cient&iacute;fica no sabr&iacute;a c&oacute;mo darle la   espalda. Lo que ocurre es que cuando   adelantamos una exploraci&oacute;n filos&oacute;fica,   nos podemos sentir tentados a emular   el m&eacute;todo de la ciencia y a suponer que   debe existir algo com&uacute;n en las entidades   recogidas bajo un t&eacute;rmino general.   En otras palabras, seducidos por emular   el m&eacute;todo de la ciencia en la investigaci&oacute;n   filos&oacute;fica, caemos prisioneros del   ansia de generalidad. Ahora bien, cuando   el ansia de generalidad invade la reflexi&oacute;n   filos&oacute;fica, ello va acompa&ntilde;ado   de un desprecio hacia el caso particular.   Wittgenstein, en buena medida gracias   a la influencia de Goethe, inaugur&oacute;   un nuevo m&eacute;todo de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica   que hace de los casos ejemplares y particulares   los objetos que contribuyen con   mayor fuerza a la elucidaci&oacute;n filos&oacute;fica. Citemos al autor:</font></p> <font face="verdana" size="2">     <blockquote>La idea de que para lograr claridad   acerca del significado de un t&eacute;rmino general   haya que encontrar el elemento com&uacute;n   a todas sus aplicaciones ha sido una   traba para la investigaci&oacute;n filos&oacute;fica, pues   no s&oacute;lo no ha conducido a ning&uacute;n resultado,   sino que hizo adem&aacute;s que el fil&oacute;sofo   abandonase como irrelevantes los casos   concretos, que son los &uacute;nicos que podr&iacute;an   haberlo ayudado a comprender el uso del t&eacute;rmino general. (cam 47)</blockquote> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Dado que los problemas filos&oacute;ficos surgen siempre en lugares en donde no logramos divisar con claridad c&oacute;mo funciona el lenguaje, lo que se impone como tarea filos&oacute;fica no es el imperativo de poblar el escenario con nuevas o rejuvenecidas teor&iacute;as, sino practicar un m&eacute;todo que, atendiendo a los casos concretos y ejemplares, logre, gracias a la visi&oacute;n sin&oacute;ptica que proveen dichos casos, advertir el punto en donde se origina la confusi&oacute;n. La explicaci&oacute;n en filosof&iacute;a debe, entonces, ceder su lugar a la descripci&oacute;n (<i>cf</i>. if &sect;109). Esto lo sabe y lo advierte Quintanilla; pero, a continuaci&oacute;n interpreta <i>descripci&oacute;n</i> como si, no obstante, remitiera a una especie de explicaci&oacute;n que Wittgenstein no condena. Quintanilla cree que el t&eacute;rmino refiere a posibles formas de presentar fen&oacute;menos y, con ello, sugiere que el concepto alude a formas muy peculiares de reduccionismo (<i>cf</i>. Quintanilla 70). La descripci&oacute;n, cree Quintanilla, es leg&iacute;tima siempre que no pretenda ser la &uacute;nica plausible. En los contextos referidos al m&eacute;todo filos&oacute;fico, Wittgenstein alude a la descripci&oacute;n como un recurso para poner en el centro de la reflexi&oacute;n los modos como se usan los conceptos que nos atascan. De hecho, en ocasiones conviene advertir los usos cotidianos por contraste con los pretendidos usos metaf&iacute;sicos. Describir, entonces, es hacer patente un uso ya reconocido en nuestros juegos de lenguaje. La exploraci&oacute;n gramatical wittgensteiniana describe el uso de los signos (<i>cf</i>. IF 496) y para ello se vale de casos concretos que puedan servir a la manera de casos ejemplares. A esto Wittgenstein lo denomina la tarea de compilar recuerdos con una finalidad terap&eacute;utica (<i>cf</i>. IF 127). En ese sentido, las descripciones wittgensteinianas no son explicaciones o presentaciones de algo, tampoco son reducciones de algo a algo, como sugiere Quintanilla. La descripci&oacute;n que se adelanta por casos ejemplares, procurando compilar recuerdos, no est&aacute; anclada ni necesita de teor&iacute;a alguna; y tampoco es cierto, como lo formula Quintanilla, preso del ansia de generalidad, que toda terapia presupone una teor&iacute;a (<i>cf</i>. Quintanilla 71). Seg&uacute;n Quintanilla, las supuestas teor&iacute;as wittgensteinianas son instrumentos de esclarecimiento que nos permiten girar el orden en el que estamos acostumbrados a ver algo para sugerir otro orden diferente (<i>ib&iacute;d</i>). Olvida el autor que esta tarea se persigue haciendo uso de los casos ejemplares (los recuerdos compilados) y no del reconocimiento de un cuerpo te&oacute;rico que opera como visi&oacute;n alternativa a otra perspectiva te&oacute;rica que nos atasca.</font></p>      <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Una vez Quintanilla se ha dado   licencia para buscar teor&iacute;as en la obra   de Wittgenstein, pretende, a continuaci&oacute;n,   hallar en dicha obra los esbozos   de una forma de pragmatismo. La estrategia   de argumentaci&oacute;n de Quintanilla   se puede esbozar as&iacute;: William James,   quien es pragmatista, sostiene una teor&iacute;a   del doble aspecto; Wittgenstein es,   a pesar de que &eacute;l afirma no querer sostener   teor&iacute;a filos&oacute;fica alguna, un pragmatista;   por lo tanto, es plausible hallar   esbozos de una teor&iacute;a del doble aspecto   en la obra de Wittgenstein. El m&eacute;todo   de interpretaci&oacute;n de Quintanilla viola   la advertencia de mantenerse alejado   del ansia de generalidad y olvida que los   escrutinios de Wittgenstein aluden a casos   concretos que operan a la manera de   ejemplares que s&oacute;lo son esclarecedores   mientras se mantengan en el ambiente   restringido en el que fueron creados.   Quintanilla comete el error de muchos   int&eacute;rpretes, quienes fuerzan los pasajes   de Wittgenstein para que &eacute;stos hagan   eco de las posiciones filos&oacute;ficas que los   comentaristas quieren defender. La estrategia   suele ser similar, a saber, citar   fragmentos de la obra de Wittgenstein   sin aclarar el papel que desempe&ntilde;an,   usar los conceptos que emplea el fil&oacute;sofo   en dichos pasajes como si ellos pretendieran   sentar una posici&oacute;n filos&oacute;fica, y,   por &uacute;ltimo, pretender que dicha lectura   vale como una interpretaci&oacute;n universal   en la obra de Wittgenstein. A manera de   ejemplo, el autor cita el par&aacute;grafo 422 de <i>Sobre la certeza</i> (en adelante SC) con la intenci&oacute;n   de sugerir que Wittgenstein est&aacute;   comprometido con el pragmatismo. En   dicho pasaje, Wittgenstein anuncia que aquello que dice suena a pragmatismo.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Pero Quintanilla no aclara el caso que   se estudia. Wittgenstein quiere estudiar   all&iacute; qu&eacute; hay de particular en la proposici&oacute;n   &quot;Ahora s&eacute; que vivo en Inglaterra&quot;.<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a> El fil&oacute;sofo advierte dos cosas, primero,   que no se trata de un error, y, segundo,   que lo &uacute;nico que puede parecer un   fundamento de la proposici&oacute;n es el hecho   de que todo lo que hay alrededor, en   particular las consecuencias que se desprenden   de ello, lo confirman. Es precisamente   este &uacute;ltimo rasgo, en el contexto   espec&iacute;fico estudiado, el que Wittgenstein   asocia con alguna forma de pragmatismo.   Cualquier intento de convertir   este pasaje en un compromiso universal   es un yerro imperdonable. De hecho   Quintanilla omite el comentario con el   que Wittgenstein cierra el pasaje: &quot;&#91;a&#93;qu&iacute;   me enredo en una especie de concepci&oacute;n del mundo&quot; (SC 422).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana">El profesor Quintanilla, cautivo   nuevamente por el ansia de generalidad,   enumera despu&eacute;s 12 rasgos que definen   lo que hemos de entender como pragmatismo.   Acto seguido, invita al lector   a descubrir esos rasgos en la obra de   Wittgenstein. No cuento con el espacio   para detenerme en cada uno de los doce   rasgos. En consecuencia, voy a limitarme   a comentar s&oacute;lo dos. El autor sostiene   que criticar el dualismo ontol&oacute;gico entre   lo corporal y lo mental es un rasgo del   pragmatismo &mdash;asunto &eacute;ste que no voy a   discutir&mdash; y agrega que es precisamente   este rasgo el que conduce a Wittgenstein   a sostener una doctrina (!) del doble aspecto,   que asume que los lenguajes f&iacute;sico   y mental son lenguajes alternativos de lo   mismo. Quintanilla pretende desprender   esta conclusi&oacute;n de la c&eacute;lebre dicotom&iacute;a   del pato-conejo. Esta dicotom&iacute;a surge en   la segunda parte de las <i>Investigaciones Filos&oacute;ficas</i> como un intento por elucidar   los usos de ‘ver’. El problema consiste   en ocuparse de la descripci&oacute;n de   la experiencia inmediata asociada con   la vivencia visual. Wittgenstein subraya   la noci&oacute;n del &quot;fulgurar&quot; de un aspecto   para mostrar que hay formas de ver   que no comprometen la descripci&oacute;n de   lo visto con alguna suerte de interpretaci&oacute;n.   &Eacute;l cree que, por v&iacute;a de comparaci&oacute;n,   el fulgurar de un aspecto puede arrojar   luz acerca del complejo caso de seguimiento   de reglas. Se espera mostrar que   si yo entiendo el fulgurar de un aspecto,   no me sienta presionado a exigir, entonces,   una interpretaci&oacute;n en el seguimiento   de reglas. Pero el profesor Quintanilla,   sin advertir el contexto de la exploraci&oacute;n   wittgensteiniana, como ya lo hemos indicado,   pretende arg&uuml;ir que la dicotom&iacute;a   mencionada le autoriza a hablar (en   nombre de Wittgenstein) de m&uacute;ltiples interpretaciones   te&oacute;ricas de un mismo fen&oacute;meno,   como si se tratara de un dilema   de inconmensurabilidad a la manera de   Kuhn. Nada m&aacute;s alejado de las pretensiones de aclaraci&oacute;n wittgensteiniana.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Otro rasgo estudiado por el autor   sugiere que algo com&uacute;n que subyace al   pragmatismo es el rechazo al fundacionalismo.   Tambi&eacute;n sugiere el autor que   dicho rasgo se halla presente en <i>Sobre     la certeza</i> y que ello lo evidencia la c&eacute;lebre   met&aacute;fora del lecho del r&iacute;o (<i>cf</i>. SC 96).   Quintanilla define en forma muy limitada   el fundacionalismo, lo define como la   doctrina que asume la posibilidad de dar   una fundamentaci&oacute;n &uacute;ltima a nuestras   creencias. El fundacionalismo exige,   realmente, que las creencias justificadas   se dividan en dos grupos disjuntos: de   un lado, aquellas que no se pueden fundamentar   en otras &mdash;creencias b&aacute;sicas&mdash;   y, del otro, las que se fundamentan en   las primeras (<i>cf</i>. Haack 14). La meditaci&oacute;n   cartesiana exhibe un claro ejemplo de fundacionalismo. En ese orden de   ideas, la met&aacute;fora del lecho del r&iacute;o, expuesta   en <i>Sobre la certeza</i>, es un claro   ejemplo de pretensiones fundacionalistas,   toda vez que sugiere que ciertas   proposiciones, que comparten la forma   gramatical de las proposiciones emp&iacute;ricas,   funcionan como un canal para   que fluyan las proposiciones emp&iacute;ricas   no solidificadas. Tal met&aacute;fora no es,   pues, un ejemplo de antifundacionalismo,   como pretende Quintanilla. Uno de   los hallazgos m&aacute;s interesantes y profundos   en la &uacute;ltima obra del fil&oacute;sofo austriaco   consisti&oacute; en poner en evidencia   que las denominadas proposiciones emp&iacute;ricas,   o contingentes en el sentido de   Hume, no constituyen una masa homog&eacute;nea;   algunas de estas proposiciones   desempe&ntilde;an papeles l&oacute;gicos alejados   de la descripci&oacute;n positiva de un estado   de cosas en el mundo. En palabras del fil&oacute;sofo:</font></p> <font face="verdana" size="2">     <blockquote>Puede suceder, por ejemplo, que toda   nuestra investigaci&oacute;n se establezca de tal   modo que ciertas proposiciones, una vez   formuladas, queden al margen de la duda.   Permanecen en los m&aacute;rgenes del camino que recorre la investigaci&oacute;n. (sc 88)</blockquote> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Es cierto que, en un sentido,   Wittgenstein sostiene que todas las creencias   son revisables y ello lo acerca a perspectivas   pragmatistas; pero tambi&eacute;n es   claro que nuestra pr&aacute;ctica de distinguir   entre lo verdadero y lo falso est&aacute; anclada   en el hecho de reconocer que ciertas   formulaciones, en apariencia emp&iacute;ricas,   constituyen el trasfondo a partir del cual   adelantamos dicho escrutinio. Estas formulaciones   constituyen nuestra <i>imagen     del mundo</i> (<i>Weltbild</i>), y ello no implica   adquirir un compromiso con un cuerpo   de creencias recogidas bajo la forma   de una concepci&oacute;n te&oacute;rica del mundo (<i>Weltanschauung</i>).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">En conclusi&oacute;n, la pretensi&oacute;n de   Quintanilla de hallar teor&iacute;as insinuadas   en la obra de Wittgenstein est&aacute; fundada   en una interpretaci&oacute;n d&eacute;bil de la   dicotom&iacute;a explicar-describir. El intento   de hallar visos pragmatistas en la obra   de Wittgenstein se apoya en una estrategia   que consiste en evaluar las anotaciones   de Wittgenstein por fuera de los   contextos particulares en los que fueron   concebidas y en caer bajo el embrujo   del ansia de generalidad. En ese   orden de ideas, querer ver en la obra de   Wittgenstein, como lo hace Quintanilla,   una defensa de la teor&iacute;a del doble aspecto,   enraizada en las orientaciones pragmatistas   de James, fracasa por principio   y porque tergiversa la metodolog&iacute;a elucidatoria del fil&oacute;sofo austriaco.</font></p> <font face="verdana" size="2"> <hr size="1">      <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Explotada por Popper y sugerida por Peirce.</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Aludiendo a Wittgenstein en las vecindades de 1951.</p> <hr size="1">      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <p>Haack, S. <i>Evidence and Inquiry</i>. Malden: Blackwell, 1993.</p>     <p>Popper, K. <i>El universo abierto</i>. Madrid: Tecnos, 1986.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quintanilla, P. &quot;Wittgenstein y la autonom&iacute;a   de la voluntad: la presencia del   pragmatismo&quot;, <i>Revista de Filosof&iacute;a</i> 56 (2007): 67-104.</p>     <p>Wittgenstein, L. <i>Los cuadernos azul y marr&oacute;n</i> &#91;CAM&#93;. Madrid: Tecnos, 1968.</p>     <p>Wittgenstein, L. <i>Investigaciones filos&oacute;ficas</i> &#91;IF&#93;. M&eacute;xico: Cr&iacute;tica, UNAM, 1988.</p> </font>     <p><font size="2" face="verdana">Wittgenstein, L. <i>Sobre la certeza</i> &#91;SC&#93;. Barcelona: Gedisa, 1988.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font size="2" face="verdana"><b>CARLOS ALBERTO CARDONA SU&Aacute;REZ</b>    <br> Universidad del Rosario - Colombia    <br> <a href="mailto:carcardona@sky.net.co"><i>carcardona@sky.net.co</i></a></font></p>      ]]></body>
</article>
