<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-0062</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Ideas y Valores]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-0062</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-00622011000300014</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Collins, Francis S. ¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la fe, 5ª ed. Madrid: Temas de Hoy, 2009. 317 pp]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[ROJAS C]]></surname>
<given-names><![CDATA[ARMANDO]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Católica de Colombia  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>60</volume>
<numero>147</numero>
<fpage>240</fpage>
<lpage>248</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-00622011000300014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-00622011000300014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-00622011000300014&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana">     <p   align="left" ><b>RESE&Ntilde;A</b></p > </font>     <p   align="center" ><font size="3" face="verdana"><b>Collins, Francis S</b>.    <BR>  <I>&iquest;C&oacute;mo habla Dios? La evidencia cient&iacute;fica de la fe</I>, 5<Sup>a </Sup>ed. Madrid: Temas de Hoy, 2009. 317 pp. </font></p > <font size="2" face="verdana"> <HR SIZE="1">     <P   align="justify" >Un mes despu&eacute;s del comienzo del nuevo milenio se anunci&oacute; en la radio, los noticieros y los peri&oacute;dicos m&aacute;s importantes del mundo, uno de los proyectos m&aacute;s ambiciosos de la mente humana: la elaboraci&oacute;n del primer borrador del genoma humano, que ordenaba y clasificaba el mapa gen&eacute;tico; algo as&iacute; como el primer libro de instrucciones sobre este ser tan complejo. El proyecto inici&oacute; como una idea incipiente en los a&ntilde;os ochenta. Francis Collins, una autoridad en gen&eacute;tica, asumi&oacute; su direcci&oacute;n en la d&eacute;cada de los noventa y, junto con un grupo destacado de cient&iacute;ficos, entreg&oacute; maravillosos resultados en los a&ntilde;os 2000 y 2005. </P >     <P   align="justify" ><I>C&oacute;mo habla Dios </I>-un escrito que apareci&oacute; en espa&ntilde;ol por primera vez en el 2008, y que para diciembre de 2009 cont&oacute; su quinta edici&oacute;n-, relata algunos aspectos de esa traves&iacute;a llevada a cabo en las ciencias biol&oacute;gicas. Su objetivo principal no es tanto informarnos de los desarrollos espectaculares de la gen&eacute;tica, como exponer ante el p&uacute;blico una reflexi&oacute;n sobre las relaciones existentes entre la ciencia y la fe. Desde este punto de vista, el autor no duda en agradecer a Dios por los resultados obtenidos en el desarrollo de su investigaci&oacute;n, pues piensa que la visi&oacute;n cient&iacute;fica del mundo no tiene por qu&eacute; re&ntilde;ir con la experiencia de la fe. </P >     <P   align="justify" >&iquest;En qu&eacute; consiste esta armon&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo ha llegado Francis Collins a ser al mismo tiempo un cient&iacute;fico riguroso y un hombre de fe? &iquest;Tiene algo nuevo que decir respecto a las relaciones entre ciencia y fe? En esta &eacute;poca moderna de singulares desarrollos en cosmolog&iacute;a, genoma humano, neurolog&iacute;a y en una particular compresi&oacute;n de la evoluci&oacute;n, &iquest;existe a&uacute;n la posibilidad de encontrar una armon&iacute;a satisfactoria entre la concepci&oacute;n cient&iacute;fica y espiritual del mundo? &iquest;Nos habla Dios a trav&eacute;s del lenguaje de la ciencia? Collins apuesta por la tradicional comprensi&oacute;n racional de la fe, por la complementariedad entre los principios de esa fe y de la ciencia. &iquest;Puede la mente abrazar ambos reinos sin caer en la tentaci&oacute;n de separarlos? &iquest;Es posible enriquecer e iluminar la existencia humana a partir de dicha complementariedad? </P >     <P   align="justify" >La primera parte del libro, &quot;El abismo entre la ciencia y la fe&quot;, refiere algunos acontecimientos centrales de la vida del autor: su camino intelectual y las circunstancias, dificultades y vivencias que motivaron el entendimiento y la aceptaci&oacute;n de su fe religiosa. Hijo de librepensadores, fue educado de un modo superficial en asuntos de fe; los primeros a&ntilde;os de ense&ntilde;anza estuvieron bajo la tutor&iacute;a de su madre. A la edad de catorce a&ntilde;os, nos dice Collins, empez&oacute; a vislumbrarse su entusiasmo por la qu&iacute;mica; pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, tras su graduaci&oacute;n universitaria, y motivado por los famosos en ciencia f&iacute;sica de la &eacute;poca (Albert Einstein, Niels B&ouml;hr, Werner Heisenberg y Paul Dirac, por mencionar algunos), inici&oacute; su doctorado en F&iacute;sico-qu&iacute;mica en la Universidad de Yale. Convencido de que todo en el universo se pod&iacute;a explicar con ecuaciones y principios de f&iacute;sica, al descubrir en la biograf&iacute;a de Albert Einstein que no cre&iacute;a en Yahv&eacute;, el dios de los jud&iacute;os, reforz&oacute; su idea de que ning&uacute;n cient&iacute;fico serio podr&iacute;a sostener la posibilidad de la existencia de Dios sin cometer alguna clase de suicidio intelectual. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, desilusionado de su carrera como f&iacute;sico, decidi&oacute; inscribirse en un curso de bioqu&iacute;mica e indagar en las ciencias de la vida. Para su sorpresa, este campo le ofreci&oacute; nuevo material y descubrimientos que lo dejaron maravillado: los principios del ADN, el ARN y la revelaci&oacute;n del c&oacute;digo gen&eacute;tico le brindaron la posibilidad de sumergirse en la investigaci&oacute;n y de aplicar ese conocimiento para beneficio de la humanidad. Con este deseo, y poco antes de terminar su doctorado, fue aceptado en la Universidad de Carolina del Norte para iniciar all&iacute; la carrera de Medicina. Llegado al camino del que ser&iacute;a su horizonte cient&iacute;fico, nos dice, &quot;adoraba el est&iacute;mulo intelectual, el reto &eacute;tico, el elemento humano y la sorprendente complejidad de su cuerpo&quot; (26). Esta nueva trayectoria le permiti&oacute; entrar en contacto con pacientes enfermos y agonizantes, a quienes cuidaba. La relaci&oacute;n sincera e &iacute;ntima que entabl&oacute; con algunos de ellos, le dio la posibilidad de observar la tenacidad y paz con la que sus pacientes enfrentaban su enfermedad apoyados en la fe religiosa. &iquest;Era esta fe algo m&aacute;s que una muleta psicol&oacute;gica? </P >     <P   align="justify" >La experiencia y el di&aacute;logo directo y abierto con sus pacientes le condujeron sin remedio a interrogantes religiosos fundamentales. No se trataba simplemente de una cuesti&oacute;n acad&eacute;mica entre ciencia y fe que hab&iacute;a que resolver, sino de aquello que implicaba su existencia personal, su vida concreta; era hora de tomarse en serio la evidencia a favor o en contra de la fe. Se embarc&oacute;, entonces, en el estudio directo de los textos de las grandes religiones del mundo; pero ello, aparte de ser dif&iacute;cil, era poco cautivante, ya que no encontraba bases racionales que sostuvieran esas creencias religiosas. </P >     <P   align="justify" >Fue espec&iacute;ficamente el contacto con los escritos de Clive Staples Lewis -conocido autor de las <I>Cr&oacute;nicas de Narnia</I>- el detonante que inclin&oacute; la balanza a favor de la fe, al brindarle argumentos que socavaban las bases de lo que Collins consideraba la raz&oacute;n de su ate&iacute;smo. &iquest;Cu&aacute;l fue el argumento que le llev&oacute; a considerar la fe como una opci&oacute;n racional? Lo que atrajo poderosamente su atenci&oacute;n, fue aquello que &eacute;l entendi&oacute; como &quot;ley moral&quot;, idea que est&aacute; presente a lo largo del libro, y que fue la clave que le ofreci&oacute; razones poderosas para comprender el significado del universo. Dicha ley se caracteriza porque la comparten todos los seres humanos, con independencia de sus nociones de bien o mal moral, es decir, las personas tienen conciencia del deber, de los valores; los seres humanos no pueden vivir como si las normas &quot;importaran un bledo&quot;. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >Bas&aacute;ndose en el estudio que adelant&oacute; Lewis en su libro <I>La abolici&oacute;n del hombre</I>, considera Collins que efectivamente es posible encontrar valores comunes en las culturas, una cierta unanimidad de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica en el hombre. Este es otro argumento que apoya su idea de la ley moral, de la conducta correcta; pues esta ley no ha podido ser borrada por la filosof&iacute;a de la posmodernidad, ni por la sociobiolog&iacute;a, a la hora de tratar de explicar la actitud &quot;altruista&quot; del ser humano. En efecto, el altruismo presenta un importante desaf&iacute;o a los partidarios de la evoluci&oacute;n: </P >     <blockquote>       <p align="justify">No se puede explicar por el impulso de los eg&oacute;latras genes individuales de perpetuarse a s&iacute; mismos. Muy por el contrario, podr&iacute;a llevar a los humanos a realizar sacrificios que implicar&iacute;an un gran sufrimiento o lesi&oacute;n personal, incluso la muerte, sin un evidente beneficio. (36) </p> </blockquote>     <P   align="justify" >Si esta ley de la conducta humana no se puede explicar como un producto de la cultura o de la evoluci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; la explica entonces? La respuesta supondr&iacute;a la intervenci&oacute;n de un Creador. &iquest;Ser&iacute;a este un Dios personal o el Dios de Albert Einstein? Es del todo plausible que el argumento que ofrece Collins como iniciativa para considerar la hip&oacute;tesis de la fe no logre convencer, y menos a&uacute;n a quien lleva un largo camino en el trasegar por los asuntos filos&oacute;ficos. Adem&aacute;s, porque el autor equipara en una misma reflexi&oacute;n la idea de lo bueno y de lo malo a la de lo correcto y lo incorrecto. Creo, sin embargo, que el argumento de la ley moral no deja de ser interesante, en la medida en que sigue estando presente en el debate contempor&aacute;neo, y el hecho de que no logre convencer a muchos, no significa que carezca de sentido. La idea de la ley moral no pretende ofrecer una prueba contundente a favor de la fe, porque si tal prueba fuera posible, la fe perder&iacute;a su raz&oacute;n de ser, lo mismo que el supuesto de la libertad humana. Pero, siguiendo la l&iacute;nea trazada por Kant, el autor muestra no s&oacute;lo que la raz&oacute;n no rechaza la idea de Dios, sino que, en cierta forma, &quot;recomienda&quot; la fe en su existencia. </P >     <P   align="justify" >Por otro lado, con independencia del argumento de la ley moral, merece atenci&oacute;n la manera en que el autor enfrenta sus conflictos internos y pasa de all&iacute; a la consideraci&oacute;n de la divinidad y, de esta, a la fe en un Dios personal. </P >     <P   align="justify" >Esta primera parte finaliza con cuestiones filos&oacute;ficas ampliamente conocidas: &iquest;es Dios fruto de nuestra fantas&iacute;a, de nuestras ilusiones y deseos? &iquest;Qu&eacute; hay de todo el da&ntilde;o hecho en nombre de la religi&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; un Dios amoroso permitir&iacute;a el sufrimiento en el mundo, o, lo que es lo mismo, por qu&eacute; es nuestra vida m&aacute;s un valle de l&aacute;grimas que un jard&iacute;n de las delicias? &iquest;C&oacute;mo puede una persona racional creer en los milagros? Lo interesante de estos interrogantes est&aacute;, no en que el autor los aborde desde una perspectiva original y novedosa, sino en el modo personal como se enfrenta a ellos y los asume. </P >     <P   align="justify" >La segunda parte del libro nos introduce en la reflexi&oacute;n mediante una pregunta inquietante: &iquest;existe al menos un hecho singular extremadamente improbable e importante en la historia, que los cient&iacute;ficos de casi todas las disciplinas concuerden en que no se entiende y que nunca ser&aacute; entendido, y para el que las leyes de la naturaleza se quedan completamente cortas al ofrecer una explicaci&oacute;n? &iquest;Ser&iacute;a eso un milagro? &iquest;Puede explicarse todo a partir de las leyes de la naturaleza, incluso lo excesivamente improbable? </P >     <P   align="justify" >Los temas que se presentan en esta segunda parte nos informan sobre los desarrollos de la ciencia en tres &aacute;mbitos consecutivos: los or&iacute;genes del universo, la vida en la tierra y el descubrimiento del genoma humano. En el campo de la f&iacute;sica, de la mano de figuras como Einstein, Hubble, Heisenberg, Penzias, Wilson y Hawking la investigaci&oacute;n tuvo desarrollos sorprendentes en siglo XX, de modo que, por la v&iacute;a de la ciencia, se pas&oacute; de la cuesti&oacute;n cient&iacute;fica a la cuesti&oacute;n filos&oacute;fica. Un ejemplo de ello es que, gracias a los hallazgos cient&iacute;ficos, hoy en d&iacute;a el concepto de materia se sostiene a duras penas, ya que se sabe que los neutrones y protones, que antes se consideraban las part&iacute;culas fundamentales del n&uacute;cleo at&oacute;mico, est&aacute;n hechos de seis tipos de &quot;algo&quot; que los f&iacute;sicos llaman <I>quarks </I>(arriba, abajo, extra&ntilde;o, encanto, fondo y cima). Dichos nombres revelan, adem&aacute;s, que los cient&iacute;ficos suelen tener un buen sentido del humor. </P >     <P   align="justify" >Estos acercamientos a la comprensi&oacute;n de la materia y los descubrimientos de la f&iacute;sica en general, se constituyen en un puente que incentiva la pregunta filos&oacute;fica: &iquest;por qu&eacute; raz&oacute;n la materia se comporta de ese modo? &iquest;Cu&aacute;l podr&iacute;a ser la raz&oacute;n de la irrazonable efectividad de las matem&aacute;ticas en la descripci&oacute;n de la realidad? &iquest;C&oacute;mo empez&oacute; todo? A partir de modelos matem&aacute;ticos y de observaciones emp&iacute;ricas, f&iacute;sicas y cosmol&oacute;gicas se ha llegado a la conclusi&oacute;n de que el universo tuv&oacute; su origen en un solo momento, como un punto de energ&iacute;a pura, infinitamente denso y sin dimensiones; a este hecho le dieron el nombre de <I>Big Bang </I>o Gran Explosi&oacute;n. Dicha tesis ha conducido a unas conclusiones que dejan inquietos y perplejos a f&iacute;sicos, fil&oacute;sofos y te&oacute;logos por igual. Tales afirmaciones sugieren la necesidad de unas condiciones espec&iacute;ficas para que hubiera sido posible el universo, para que se generara nuestro sol y para que el planeta Tierra fuera un lugar hospitalario. Collins relata estas observaciones del siguiente modo: </P >     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Si hubiera habido una simetr&iacute;a completa entre la materia y la antimateria, el universo pronto se habr&iacute;a desarrollado hacia una radiaci&oacute;n pura, y la gente, los planetas, las estrellas y las galaxias, nunca habr&iacute;an existido &#91;...&#93;. Si un segundo despu&eacute;s del Big Bang la velocidad de expansi&oacute;n hubiera sido <I>menor </I>incluso en un cien mil millon&eacute;simo de millon&eacute;simo, el universo se hubiera vuelto a colapsar antes de que hubiera podido alcanzar su tama&ntilde;o actual. Por otro lado, si la velocidad de expansi&oacute;n hubiera sido <I>mayor</I> incluso en una millon&eacute;sima parte, las estrellas y los planetas no se hubieran podido formar &#91;...&#93;. Si la atracci&oacute;n nuclear fuerte que mantiene juntos a protones y neutrones hubiera sido incluso ligeramente m&aacute;s d&eacute;bil, solamente se hubiera formado hidr&oacute;geno en el universo. Si la atracci&oacute;n nuclear fuerte hubiera sido ligeramente m&aacute;s fuerte, todo el hidr&oacute;geno se habr&iacute;a convertido en helio, y por lo tanto los hornos de fusi&oacute;n de las estrellas y su capacidad de generar elementos pesados nunca hubieran nacido. Parece que la fuerza nuclear est&aacute; ajustada justo lo suficiente para que se forme carbono, que es cr&iacute;tico para las formas de vida en la Tierra. Si la atracci&oacute;n hubiera sido ligeramente m&aacute;s fuerte, todo el carbono se hubiera convertido en ox&iacute;geno. (83-84) </p> </blockquote>     <P   align="justify" >Lo que muestran estas constantes es que la existencia de nuestro universo es ampliamente improbable, casi infinitesimal. A esta serie de condiciones se la llama en f&iacute;sica <I>el principio antro</I><I></I><I>poc&eacute;ntrico</I>, que constituye un fuerte argumento a favor de la idea de que nuestro universo est&aacute; afianzado para dar vida a los seres humanos y, por supuesto, aunque se ofrecen otras explicaciones, permite postular la intervenci&oacute;n de un Creador. &iquest;Hechos tan extraordinarios como el <I>Big Bang</I>, la vida en la tierra y el posterior descubrimiento del mapa gen&eacute;tico corresponden con el sentido del milagro? </P >     <P   align="justify" >En esta misma direcci&oacute;n, el argumento de la <I>complejidad </I>de la vida terrestre y de un <I>dise&ntilde;ador inteligente </I>ha cautivado a gran parte de la humanidad; sin embargo, la revoluci&oacute;n, en este &uacute;ltimo siglo, de los estudios en paleontolog&iacute;a, biolog&iacute;a molecular y gen&oacute;mica han contribuido al desplazamiento de nuestra creencia en un Dios, pues aunque la naturaleza se ha mostrado indescifrable -todav&iacute;a lo sigue siendo-, cada vez se van obteniendo nuevas y mejores respuestas. En consecuencia, tienen poco valor para la racionalidad de la fe los argumentos que se inspiran en los agujeros que todav&iacute;a no han sido llenados por la ciencia. A este respecto nos dice Collins: &quot;Ninguna hip&oacute;tesis actual se acerca a explicar c&oacute;mo en el espacio de apenas ciento cincuenta millones de a&ntilde;os el ambiente prebi&oacute;tico que hab&iacute;a en la Tierra dio lugar a la vida&quot; (101). No obstante, seg&uacute;n se ha dicho, el que no haya por el momento explicaciones satisfactorias, no quiere decir que m&aacute;s adelante no puedan darse desarrollos espectaculares y descubrimientos cient&iacute;ficos insospechados. &iquest;Supone el avance de la ciencia la destrucci&oacute;n del misterio, o una prueba en contra de la fe? El autor considera que la <I>elegancia </I>que se esconde tras la complejidad de la vida es realmente causa de asombro y de fe en Dios. Por ejemplo, la <I>elegan</I><I></I><I>cia </I>digital del ADN, los componentes de las cosas vivas, desde el ribosoma que traduce el ARN en prote&iacute;na, a la metamorfosis de la oruga en mariposa, son elementos est&eacute;ticamente atractivos, e incluso sublimes. En particular, lo que se quiere hacer ver es que no es posible valerse de la ciencia para desbancar la creencia en Dios, ella no es un peligro para la fe; a su vez, el argumento est&eacute;tico tampoco constituye una prueba fehaciente para tener que aceptar dicha existencia. Pero la manera como est&aacute; constituida la vida y lo que las ciencias develan ofrecen m&aacute;s bien razones para asombrarse por su belleza y para pensar en la existencia de un Creador. </P >     <P   align="justify" >La segunda parte culmina con un informe detallado de lo que fue el desciframiento de la secuencia del genoma humano, tras un largo y arduo trabajo de cient&iacute;ficos comprometidos en distintos pa&iacute;ses del mundo, y las consecuencias que ello reporta para la humanidad. La comparaci&oacute;n entre el ser humano y otros organismos es un punto realmente fascinante de esta secci&oacute;n: al observar el gran tama&ntilde;o del genoma humano (tres mil cien millones de letras de c&oacute;digo de ADN distribuidas a lo largo de 24 cromosomas) surgen varias sorpresas. Baste aqu&iacute; se&ntilde;alar una de ellas: la secuencia del genoma en otros organismos ha podido mostrar que somos un 99,9% id&eacute;nticos y que tenemos una secuencia similar, prueba de que somos parte de una misma familia, a la vez que proporciona un poderoso soporte para la teor&iacute;a de Darwin de que provenimos de un ancestro com&uacute;n. En todo caso, estos sorprendentes resultados de las ciencias biol&oacute;gicas no pueden ignorar que la especie humana es el &uacute;nico organismo que ha secuenciado su propio genoma; de ah&iacute; que lo fundamental de dicho contraste no radique en el n&uacute;mero de genes o en la articulaci&oacute;n de la informaci&oacute;n gen&eacute;tica. </P >     <P   align="justify" >Por otra parte, la comparaci&oacute;n entre la secuencia de un ser humano y de un chimpanc&eacute;, que es id&eacute;ntica en un 96%, no nos dice lo que significa un ser humano; en otras palabras, la biolog&iacute;a por s&iacute; sola no puede explicar ciertos atributos del ser humano, como el conocimiento o la libertad; s&oacute;lo nos dice algo de la forma como funciona. As&iacute;, resulta perfectamente factible, al menos para el creyente, que pueda formularse el siguiente interrogante: &iquest;no ha sido por medio del lenguaje del ADN, el m&aacute;s importante de los textos biol&oacute;gicos, que Dios dict&oacute; vida al ser? Es claro que a trav&eacute;s de la ciencia se han resuelto cuestiones fascinantes, &iquest;pero puede ella, de todas maneras, responder a la cuesti&oacute;n de por qu&eacute; existe la vida o de por qu&eacute; estamos nosotros aqu&iacute;? </P >     <P   align="justify" >En la tercera parte se profundiza en las cuestiones relativas al entendimiento entre la ciencia y la fe, relaci&oacute;n que por cierto es m&aacute;s bien problem&aacute;tica, en particular en Estados Unidos. Un representante de esta hostilidad es el destacado evolucionista Richard Dawkins, para quien la aceptaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n en biolog&iacute;a implica la negaci&oacute;n de la teolog&iacute;a. Tras revisar cuatro de los argumentos principales que se encuentran en la obra de Dawkins (<I>El gen ego&iacute;sta, El relojero ciego, Ascenso a Monte improbable</I> y el <I>Capell&aacute;n del Diablo</I>), Collins concluye que es imposible valerse de la ciencia, en particular de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n o de los descubrimientos en gen&eacute;tica, para refutar las religiones monote&iacute;stas o para fundamentar una opci&oacute;n decididamente atea. Del mismo modo, se&ntilde;ala las dificultades que puede acarrear la idea de un creacionismo mal comprendido, o sin la coherencia suficiente para sustentarse desde el punto de vista de la ciencia, as&iacute; como de la problematicidad que entra&ntilde;a la reciente teor&iacute;a del Dise&ntilde;o Inteligente (DI), al no poder sostenerse cient&iacute;ficamente, ni ofrecer argumentos que sean evaluables emp&iacute;ricamente. Adem&aacute;s, desde la perspectiva teol&oacute;gica, el DI presenta fallos sustanciales para la racionalidad de la fe, al introducir a Dios en los espacios en blanco que la ciencia no ha escrito todav&iacute;a. </P >     <P   align="justify" >&iquest;Puede darse, a pesar de la hostilidad, un entendimiento razonable entre la ciencia y la fe? Para acercarse a esta armon&iacute;a habr&iacute;a que tener en cuenta varias consideraciones. En primer lugar, la <I>evidencia </I>de la ley moral -se&ntilde;alada en la primera parte del libro- posibilita el entendimiento de los seres humanos y la pr&aacute;ctica del altruismo. Argumento al que Collins le otorga una centralidad determinante. En segundo lugar, los hallazgos de la ciencia y la <I>elegancia </I>de la evidencia cient&iacute;fica que se esconde en las constituci&oacute;n de los organismos son una ocasi&oacute;n para el asombro y ofrecen razones positivas que alientan la racionalidad de la fe y propician el di&aacute;logo sincero y abierto con el saber cient&iacute;fico, dando a entender con ello que la fe es una experiencia que tambi&eacute;n ofrece razones, al igual que lo hace la ciencia. En tercer lugar, y a partir de lo que Collins llama &quot;la evoluci&oacute;n te&iacute;sta&quot; (que descansa en un conjunto de postulados l&oacute;gicamente consistente), es plausible afirmar que: </P >     <blockquote>       <p align="justify">Dios, quien no est&aacute; limitado ni por el espacio ni por el tiempo, cre&oacute; el universo y estableci&oacute; las leyes naturales que lo gobiernan. Al tratar de poblar con seres vivos este universo que de otro modo ser&iacute;a est&eacute;ril, Dios eligi&oacute; el <I>elegan</I><I></I><I>te</I> mecanismo de la evoluci&oacute;n para crear microbios, plantas y animales de toda clase. Lo m&aacute;s notable es que Dios eligi&oacute; intencionalmente el mismo mecanismo para dar lugar a criaturas especiales, dotadas de inteligencia, conocimiento del bien y del mal, libre albedr&iacute;o y un deseo de buscar amistad con &eacute;l. (215) </p> </blockquote>     <P   align="justify" >Es claro que no se trata de una demostraci&oacute;n enf&aacute;tica de la realidad de esta presencia, sino de una postura defendible, en tanto que no podemos juzgar como algo irracional o carente de sentido la inclusi&oacute;n de un Dios que pone en marcha el universo a trav&eacute;s de un proceso evolutivo. Sin embargo, esta perspectiva te&iacute;sta de la evoluci&oacute;n debe enfrentar cuestionamientos serios, tales como: &iquest;por qu&eacute; Dios se ha valido de un proceso cruel e ineficiente como la evoluci&oacute;n para dar vida al ser? &iquest;C&oacute;mo afirmar que el universo ha sido pensado para que existan seres inteligentes y que no son simplemente el resultado del azar? En efecto, el estado de cosas actual ha podido ser fruto de la casualidad, tal como lo aseguran muchos bi&oacute;logos, lo que dar&iacute;a a entender un descuido por parte del Creador y nos llevar&iacute;a a pensar que quiz&aacute;s el universo no tenga un sentido, como el que la religi&oacute;n pretende atribuirle. Estas y otras cuestiones se abordan de un modo sucinto en el texto, y buscan, por supuesto, mostrar que el Dios de la Biblia es tambi&eacute;n el Dios del genoma y de las leyes que configuran el universo. De modo metaf&oacute;rico, lo expresaba Annie Dillard al preguntar: &quot;&iquest;cu&aacute;l es la diferencia entre una catedral y un laboratorio de f&iacute;sica? &iquest;No est&aacute;n ambos diciendo: &iexcl;Hola!?&quot; (47). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >Proponer a Dios como principio de todas las cosas o como respuesta a preguntas que la ciencia nunca pretendi&oacute; abordar (&iquest;c&oacute;mo lleg&oacute; aqu&iacute; el universo?, &iquest;cu&aacute;l es su sentido?, &iquest;cu&aacute;l es el significado de la vida?, &iquest;hay algo despu&eacute;s la muerte?) no nos dice nada del Dios personal que se ocupa de nosotros, del universo en general, y del cual nos hablan las religiones monote&iacute;stas. El autor se detiene en este punto para introducir la reflexi&oacute;n acerca de la experiencia de la fe a la que &eacute;l ha accedido tras una vivencia y decisi&oacute;n personal. Las razones que ofrece el conocimiento racional y los hallazgos de la ciencia alientan la fe religiosa, pero es la comuni&oacute;n personal con esa presencia amorosa la que le otorga verdadero sentido. En efecto, para quien cree, la ciencia se convierte en una oportunidad para el asombro; para el no creyente, la ciencia podr&iacute;a ser un motivo que inspire su opci&oacute;n por la fe. En &uacute;ltimas, la visi&oacute;n cient&iacute;fica del mundo y la religiosa pueden coexistir en una misma persona y estimular su propia vida. </P >     <P   align="justify" >El libro culmina con una serie de apreciaciones inquietantes en torno a los dilemas bio&eacute;ticos planteados por los desarrollos de la gen&eacute;tica y a los pron&oacute;sticos prometedores que dicha ciencia nos puede otorgar para la prevenci&oacute;n o curaci&oacute;n de enfermedades como el c&aacute;ncer, la diabetes, el alzheimer, las enfermedades cardiacas, la esquizofrenia, la fibrosis qu&iacute;stica y muchas otras dolencias que experimenta el ser humano. Se incluye un an&aacute;lisis sugerente en relaci&oacute;n con las implicaciones que el material hereditario pudiera tener en la conducta humana, el ejercicio de la inteligencia y en temas tan pol&eacute;micos como la homosexualidad. </P >     <P   align="justify" >Llegados a este punto, habr&iacute;a que decir que hay varios motivos por los cuales valdr&iacute;a la pena leer el libro: si bien no ofrece argumentos propiamente originales respecto a los problemas de la fe religiosa o la existencia de un Creador, es un escrito lleno de vivacidad, en el que se expone la experiencia personal mediante la cual un cient&iacute;fico respetable ha llegado a abrazar la fe religiosa como una opci&oacute;n vital que complementa su trabajo de investigador riguroso. La b&uacute;squeda de la armon&iacute;a entre la concepci&oacute;n espiritual y cient&iacute;fica del mundo es una iniciativa interesante y prometedora; ambos pilares pueden muy bien enriquecerse y fortalecerse mutuamente, y llevar a la especie humana a mayores niveles de comprensi&oacute;n. </P >     <P   align="justify" >El escrito no dispone de una argumentaci&oacute;n que renueve el debate filos&oacute;fico, pero cumple con el objetivo de estimular el planteamiento de preguntas centrales, como aquellas que indagan por la existencia de una presencia amorosa que se ocupa de nosotros, o aquella otra que interroga por los cimientos de nuestra indiferencia religiosa, ate&iacute;smo o agnosticismo. Es un texto inquisitivo, que pone al lector ante la tarea de tomarse la cuesti&oacute;n en serio. Tambi&eacute;n es una narraci&oacute;n de car&aacute;cter divulgativo, que nos informa sobre los adelantos de la gen&eacute;tica en ciencias biol&oacute;gicas y las implicaciones que ello puede tener para la fe, la &eacute;tica y el bienestar de los seres humanos. Tanto el creyente, el cultivador de la filosof&iacute;a, el te&oacute;logo o el cient&iacute;fico son llamados a estar al tanto, por igual, de los nuevos y recientes hallazgos cient&iacute;ficos, como de la problematicidad de los asuntos filos&oacute;ficos y teol&oacute;gicos. Con ello se evitar&iacute;a correr el riesgo de poner en rid&iacute;culo la racionalidad de la fe al atacar hechos cient&iacute;ficos que se desconocen en su totalidad, ver en la ciencia un enemigo innecesario, de modo que &eacute;sta considere la fe como una postura caduca, irracional o sin sentido.</P >     <P   align="justify" >&iquest;Es, finalmente, la armon&iacute;a entre la concepci&oacute;n espiritual y cient&iacute;fica del mundo una necesidad, o es tan s&oacute;lo el deseo de ciertos cient&iacute;ficos legos en materia de filosof&iacute;a y teolog&iacute;a? &iquest;Puede la reflexi&oacute;n y los hallazgos del cient&iacute;fico propiciar el di&aacute;logo con el fil&oacute;sofo y el te&oacute;logo, o se trata de dos &aacute;reas del saber que han de caminar por su propia parcela con el pretexto de evitar confusi&oacute;n? &iquest;No es posible acaso que esta comprensi&oacute;n nos haga un poco m&aacute;s sabios? </P > <HR SIZE="1">     <P   align="right" ><b>ARMANDO ROJAS C</b>.    <BR>Universidad Cat&oacute;lica de Colombia    <BR> <a href="mailto:arojas@ucatolica.edu.co"><i>arojas@ucatolica.edu.co</i></a></P > </font>      ]]></body>
</article>
