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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Corb&iacute;, Josep E.</b></font>    <br><font size="3"><I>Morality, Self-Knowledge and Human Suffering. An Essay on the Loss of Confidence in the World</I>. New York: Routledge, 2012. 253 pp.</font></p> <hr>     <p>En los libros sobre su propia experiencia en Auschwitz, Primo Levi cuenta que, mientras estuvo preso, ten&iacute;a una pesadilla recurrente: los ej&eacute;rcitos de aliados lo liberar&iacute;an a &eacute;l y a sus compa&ntilde;eros, &eacute;l regresar&iacute;a a su casa y querr&iacute;a contar a todos la historia de lo vivido en el lugar. Nadie sabr&iacute;a escucharlo. Nadie estar&iacute;a dispuesto a o&iacute;r sobre c&oacute;mo se vive realmente la experiencia de ser deportado y permanecer durante un a&ntilde;o en un campo de extermino nazi. Una de las voces de una guerra olvidada le cuenta a Svetlana Alexievich (en <I>Zinky Boys: Soviet Voices from a Forgotten War</I> 1992) que a su regreso a casa, despu&eacute;s de haber sido soldado en el campo de batalla en Afganist&aacute;n, nadie quiso o&iacute;r sobre c&oacute;mo es estar por meses escondido en una trinchera y en la mitad de una guerra infinita. La consecuencia de esto es que aquello que fue tan esperado por &eacute;l mientras estuvo en Afganist&aacute;n se convierte, a la hora de la verdad, en una pesadilla: a su regreso, el soldado experimenta que su casa, con la que tanto so&ntilde;&oacute;, dej&oacute; de existir para siempre; se siente como un verdadero extra&ntilde;o entre quienes lo ven regresar. La contundencia con la que tiene lugar la realidad de la historia que cuenta el soldado sovi&eacute;tico confirma la verosimilitud del contenido de la pesadilla que narra Primo Levi. Su temor, expl&iacute;cito en el sue&ntilde;o, no se funda en razones que remiten a condiciones traum&aacute;ticas, aisladas e incomunicables. El desamparo del soldado sovi&eacute;tico que regresa a su casa no se explica por razones que remitan a las particularidades del contexto de ese regreso. En <I>Morality, Self-Knowledge and Human Suffering</I>, Josep Corb&iacute; deja ver que la distancia entre el soldado y su gente, y la actitud evasiva de quienes no oir&iacute;an a un Primo Levi liberado, no son m&aacute;s que unas entre las muchas manifestaciones de una incapacidad muy arraigada entre nosotros. No solemos saber c&oacute;mo responder apropiadamente al da&ntilde;o que los perpetradores infligen contra las v&iacute;ctimas. Este no saber c&oacute;mo responder por el dolor que sufren las v&iacute;ctimas, todas las v&iacute;ctimas, promueve, a su vez, la ocurrencia de m&aacute;s da&ntilde;o. En cierto sentido, lo legitima. &iquest;Qu&eacute; es lo que nos separa de las historias sobre el dolor producido voluntariamente? &iquest;Podr&iacute;a, acaso, llegar a ser superada esa distancia? En el curso del desarrollo de los argumentos que contiene el libro de Corb&iacute;, estas dos preguntas van tomando la forma de una &uacute;nica pregunta: &iquest;c&oacute;mo debemos responder a cierta forma de da&ntilde;o? </p>      <p>Es verdad que en filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica hay hoy extensas discusiones acerca del modo como debemos crear v&iacute;nculos ordenados que garanticen condiciones m&iacute;nimas de convivencia. Sin embargo, &iquest;en qu&eacute; medida est&aacute;n contenidas las respuestas a la perplejidad en relaci&oacute;n con la persistencia del da&ntilde;o en las respuestas a las preguntas que surgen de estas discusiones? </p>     <p>En su libro, Josep Corb&iacute; lleva a cabo una honda y bien fundada cr&iacute;tica a lo que &eacute;l llama "el enfoque moral kantiano" en dichos debates. El kantismo contempor&aacute;neo, seg&uacute;n &eacute;l, es evasivo en relaci&oacute;n con la pregunta por el da&ntilde;o. Esta forma de evasi&oacute;n sigue el mismo curso de la sordera de los terceros en relaci&oacute;n con las historias de regreso de las v&iacute;ctimas. Si, por ejemplo, John Rawls hubiese intentado responder a la pregunta sobre c&oacute;mo atender a ciertas formas de da&ntilde;o, habr&iacute;a dicho que el resultado de un proceso de deliberaci&oacute;n entre iguales ser&iacute;a una serie de principios justos y, por lo tanto, v&aacute;lidos para todos. El reino de la justicia en sociedades plurales conducir&iacute;a a la minimizaci&oacute;n de las circunstancias en las que podr&iacute;a llegar a tener lugar el da&ntilde;o. Entonces, la respuesta de Rawls a la pregunta no es directa. Lo que se dice solamente es que gentes distintas unas de otras y que piensan sobre lo moral pueden imaginarse a s&iacute; mismas deliberando, en t&eacute;rminos deductivos, sobre la justicia. Dado que el proceso de deliberaci&oacute;n es deductivo y que transcurre bajo las condiciones impuestas por una situaci&oacute;n hipot&eacute;tica, en la deliberaci&oacute;n no intervendr&aacute; nada que pueda entorpecer lo que se espera de ella: el acuerdo. Cada quien, convencido de la validez de lo acordado, cree Rawls, vuelve al mundo real y hace valer los principios. Seg&uacute;n esta perspectiva, esto &uacute;ltimo garantiza, a su vez, que habr&aacute; las condiciones para vivir en un mundo humano, en un mundo confiable. Es decir, en un mundo en el que nadie le har&aacute; da&ntilde;o a nadie ileg&iacute;timamente, en un mundo en el que si el da&ntilde;o ileg&iacute;timo tiene lugar, los terceros acudir&aacute;n en ayuda de la v&iacute;ctima. La relaci&oacute;n entre lo imaginado y lo real, entonces, es causal, seg&uacute;n esta perspectiva. Esto ocurre porque el contenido de los principios acordados en la situaci&oacute;n hipot&eacute;tica (pero sobre todo la forma como se deliber&oacute; sobre ellos) resultan ser suficientes para la constituci&oacute;n de lo moral, para la motivaci&oacute;n en favor de lo moral. El presupuesto del enfoque kantiano puesto en estos t&eacute;rminos es, entonces, el siguiente: el juicio de un agente en la situaci&oacute;n imaginada coincide con su juicio en la situaci&oacute;n que el agente enfrenta realmente. Esta coincidencia y el hecho de que el enfoque kantiano crea decididamente en la situaci&oacute;n (en t&eacute;rminos de Corb&iacute;: <I>the matching assumption</I>) no solamente son infundados, sino que lo son de un modo peligroso. </p>      <p>Para dar sentido a esta honda cr&iacute;tica a Rawls, Corb&iacute; se pregunta en su libro, una y otra vez, &iquest;qu&eacute; lugar hay en la situaci&oacute;n hipot&eacute;tica y en las deliberaciones por deducci&oacute;n para la vida de Primo Levi en Auschwitz? &iquest;Qu&eacute; lugar hay en la situaci&oacute;n imaginada para la verg&uuml;enza (irracional, desde el punto de vista del enfoque kantiano) que siente Levi frente quienes no sobrevivieron a Auschwitz? &iquest;Qu&eacute; lugar hay en el experimento mental de Rawls para la contundencia con la que es sufrida la tortura por Jean Am&eacute;ry en manos de la Gestapo? &iquest;Qu&eacute; tiene para decir un procedimiento deductivo sobre la impronta moral que hay en el desamparo del soldado sovi&eacute;tico? Despu&eacute;s de todo, el problema moral, dice Corb&iacute;, no es el del desacuerdo. El problema moral es el de la desconfianza que queda en el mundo de vivir experiencias como la del soldado sovi&eacute;tico, como la de Primo Levi, como la de Jean Am&eacute;ry y como tantas otras. </p>     <p>Christine Korsgaard, asumiendo tambi&eacute;n el punto de vista del kantismo contempor&aacute;neo, cree, por su parte, que de la integridad del car&aacute;cter en los agentes (y, por deducci&oacute;n, de la posibilidad de evitar el da&ntilde;o) son constitutivos no solamente los principios morales, sino su origen en una voluntad aut&oacute;noma. La solidez de la relaci&oacute;n entre la voluntad y los principios y, con ella, la pretensi&oacute;n de universalidad que es constitutiva de estos &uacute;ltimos, seg&uacute;n Korsgaard, salvaguarda a la agencia contra el poder de las inclinaciones y de los compromisos dispersos. El t&eacute;rmino "fuerza de voluntad" tiene, al parecer, sentido para ella. Sin embargo, &iquest;sobre qu&eacute; cosa en los agentes ejerce la voluntad su fuerza? &iquest;De qu&eacute; forma es concebida, en este contexto, la integridad del car&aacute;cter de los agentes? El punto de partida sobre la reflexi&oacute;n moral es, para Korsgaard, la convicci&oacute;n sobre el hecho de que las emociones y otra serie de compromisos tienden a transitar por caminos distintos de aquellos por los que debe transitar la voluntad. &iquest;C&oacute;mo se concibe la integridad del car&aacute;cter en este contexto? Si el punto de partida para lo moral es el yo no &iacute;ntegro, su punto de llegada dif&iacute;cilmente ser&aacute; el de la integridad. </p>      <p>Las cr&iacute;ticas de Corb&iacute; al enfoque kantiano conducen, por una parte, a una conclusi&oacute;n general negativa y, por otra, a una respuesta positiva a la pregunta que gu&iacute;a el hilo de su argumentaci&oacute;n en el libro (&iquest;c&oacute;mo debemos responder a cierta forma de da&ntilde;o?). La conclusi&oacute;n es formulada m&aacute;s o menos en los siguientes t&eacute;rminos: al enfoque kantiano subyace una concepci&oacute;n fragmentada del yo. Dicho yo est&aacute; constituido por una instancia activa (la que propone y se dispone para acoger una serie de principios) y otra pasiva (aquella a pesar de la cual vivimos y que habr&aacute; de atenerse a la autoridad de lo establecido por la voluntad). De dicha concepci&oacute;n del yo resulta tambi&eacute;n una concepci&oacute;n fragmentada de la agencia y, por lo tanto, una respuesta pobre a la pregunta por el da&ntilde;o </p>     <p>Solemos saber acerca de la ocurrencia del da&ntilde;o. Sabemos que en la guerra la gente muere, sabemos (como lo sabe el propio soldado antes de partir hacia el campo de batalla) que en la guerra hay heridos, hay hambre y hay miedo. Sabemos que hay torturados. En t&eacute;rminos de Corb&iacute;, solemos tener, sobre todo eso, una conciencia declarativa (<I>declara</I><I>tive awareness</I>). Tengo, por ejemplo, una conciencia declarativa acerca del hecho de que el &iacute;ndice general de la bolsa de valores baj&oacute; esta semana. Porque no soy accionista, entre otras razones, el hecho es apenas un dato para m&iacute;. Tengo, del mismo modo, una conciencia declarativa acerca de la experiencia del soldado en la trinchera. Vivo en Bonn, en 1946, y s&eacute; que durante la guerra hubo muchos que fueron torturados por los agentes de la Gestapo. Estos hechos son para m&iacute; apenas una serie de datos. Nadie oblig&oacute; al soldado a ir a la guerra, &eacute;l parti&oacute; lleno de entusiasmo, y finalmente no es poco plausible que Jean Am&eacute;ry haya cometido un crimen que pareciera justificar la tortura. Despu&eacute;s de todo, las autoridades (quienes lo torturaron) son la garant&iacute;a de la salvaguarda del orden y la convivencia. La serie de reflexiones que proceden de este modo tiende a proteger a los terceros de tener que responder afectivamente a la suerte de emplazamiento que tiene lugar cuando Jean Am&eacute;ry y el soldado regresan de la guerra; tiende a protegerlos cuando son emplazados por las historias sobre el da&ntilde;o, en general. Tener, entonces, una conciencia declarativa sobre la ocurrencia del da&ntilde;o es estar bien protegido contra las particularidades y contra las condiciones afectivas concretas en las que aquel tiene lugar. En &uacute;ltimas, la conciencia declarativa sobre el da&ntilde;o protege a los terceros contra el temor (causado por historias concretas sobre el dolor) de verse a s&iacute; mismos como posibles v&iacute;ctimas. All&iacute; donde el dolor de las v&iacute;ctimas verdaderamente concierne, los terceros pierden la confianza en un mundo ordenado, seguro y predecible. Sin embargo, estos mecanismos de protecci&oacute;n resultan agresivos para quienes sufren el da&ntilde;o. Su resultado es que de ese mundo confiable han sido desplazados Jean Am&eacute;ry, el soldado sovi&eacute;tico, Primo Levi y tantos otros. El desamparo de las v&iacute;ctimas es, entonces, la otra cara del temor de los terceros. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La firmeza en la decisi&oacute;n con la que solemos adoptar una serie de principios morales abstractos es una parte constitutiva de esta suerte de ignorancia deliberada. Desde el punto de vista de Corb&iacute;, la asunci&oacute;n de la coincidencia (<I>matching assumption</I>) que promueve la adhesi&oacute;n a ese tipo de principios y el hecho de que ellos basten para la moral son expresiones agresivas de nuestro temor a perder la confianza en el mundo. Dado que a todo esto subyace una concepci&oacute;n fragmentada del yo, los principios y sus defensas filos&oacute;ficas no pasan de ser, tambi&eacute;n, manifestaciones estereotipadas de nuestros temores arraigados y de nuestra incapacidad para responder a las historias de dolor. "One way in which philosophy may help is by unmasking how a certain conception of morality which presents itself as being extremely concerned with morality (and thereby with harm) is, in the end, the product of fear and consequently, favors our submission to the torturer and strengthens our tendency to endorse her legitimizing" (154). </p>     <p>Si para responder al da&ntilde;o no basta con tener una conciencia declarativa de este, si esta no es lo suficientemente atenta a las condiciones concretas en las que &eacute;l tiene lugar, &iquest;c&oacute;mo entonces debemos responder por el da&ntilde;o? En el libro, Josep Corb&iacute; deja ver que una respuesta articulada a esta pregunta pasa por dos momentos. El primero de ellos (<I>self-kowledge</I>) es una condici&oacute;n para el segundo (<I>expresive awareness</I>). Para quien lo moral es una preocupaci&oacute;n genuina, &eacute;l ha de empezar, en primer lugar, por dejar de verse a s&iacute; mismo como constituido a partir de dos instancias que, con frecuencia, son puestas en conflicto: la que ordena y la que obedece. Ha de saber que la integridad de su car&aacute;cter no depende de la cantidad de fuerza que su voluntad consiga ejercer sobre su tendencia a contravenir los principios. Atender&aacute; cuidadosamente a sus propias emociones y a la naturaleza de sus propias experiencias. Se dispondr&aacute; afectivamente para responder a la pregunta sobre qui&eacute;n quiere ser &eacute;l en relaci&oacute;n con todo lo que hace y con todo lo que ve. La condici&oacute;n de su integridad pasa, entonces, por una forma de atenci&oacute;n sobre el espacio en el que se mueve y sobre las circunstancias precisas que le dan lugar. Esta forma de atender a uno mismo es an&aacute;loga a la forma como un bailar&iacute;n se detiene en los movimientos de su propio cuerpo para establecer entre ellos y la m&uacute;sica una relaci&oacute;n de armon&iacute;a creativa. Los movimientos del cuerpo del bailar&iacute;n son respuestas atentas a la m&uacute;sica que oye. No ser&aacute;n r&iacute;gidos, si no est&aacute;n determinados solamente por la serie de reglas del manual, quiz&aacute;s consigan ser m&aacute;s arm&oacute;nicos y m&aacute;s creativos, en la medida en la que &eacute;l busque atender a la situaci&oacute;n que impone la m&uacute;sica sobre su cuerpo, en la medida en que se deje llevar por la emoci&oacute;n que despierta en &eacute;l la m&uacute;sica. Quien quiera ser un buen bailar&iacute;an sabr&aacute; de antemano, sin embargo, que dif&iacute;cilmente conseguir&aacute; responder plenamente a la situaci&oacute;n propuesta por la m&uacute;sica con los movimientos de su cuerpo: sabr&aacute; solamente que tendr&aacute; que intentarlo, una y otra vez. </p>      <p>El aspecto m&aacute;s propositivo del texto de Corb&iacute; est&aacute;, como lo veo, en esta analog&iacute;a. Hay quienes se disponen y hay quienes no se disponen para desarrollar la habilidad con la que se atiende emocionalmente a una situaci&oacute;n de da&ntilde;o. M&aacute;s all&aacute; de los principios, quien quiera ser h&aacute;bil moralmente sabr&aacute; estar atento al hecho de que el da&ntilde;o se produce sobre gentes concretas en circunstancias determinadas. Sabr&aacute; no enga&ntilde;arse sobre el hecho de que el da&ntilde;o tiene lugar. Esta forma de saber determinar&aacute; su disposici&oacute;n para proyectar su preocupaci&oacute;n desde unas circunstancias concretas hacia otras similares o comparables. La habilidad en esta forma de entender el car&aacute;cter, entonces, traza la diferencia entre ser consciente del da&ntilde;o infringido a otro como algo que se suma a los hechos del mundo (<I>declarative awareness</I>)y ser consciente de ese da&ntilde;o de un modo que es expresivo y acogedor (<I>expresive awareness</I>). La actitud hacia uno mismo y hacia los otros, para la que tiende a disponerse la integridad del car&aacute;cter, podr&iacute;a, seg&uacute;n Corb&iacute;, llegar a hacer menos honda la brecha entre la primera y la segunda forma de ser conscientes del da&ntilde;o. Como en el caso del bailar&iacute;n, querr&aacute; intentarlo una y otra vez. Sabr&aacute;, sin embargo, que el abismo entre la perspectiva de la v&iacute;ctima y su propia perspectiva no se cerrar&aacute; nunca. </p>     <p>No creo haber le&iacute;do antes un libro en el que quedara mejor articulada una cr&iacute;tica al enfoque kantiano en filosof&iacute;a moral y la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea. La forma como Corb&iacute; convierte a Rawls y Korsgaard en sus interlocutores pasa con mucho de resolverse en los lugares comunes tan insistente y, a estas alturas, ya tan tediosamente repetidos. Quiz&aacute;s el enfoque kantiano delata, como afirman muchos, una suerte de atomismo social que vulnera intereses y apegos comunitarios. Quiz&aacute;s, tambi&eacute;n, es el &uacute;ltimo heredero nada m&aacute;s que de una particularidad hist&oacute;rica (el liberalismo decimon&oacute;nico) y que, por lo tanto, no pude leg&iacute;timamente promover la universalidad de los principios que postula. El enfoque kantiano es aquello que Corb&iacute; deja ver realmente: un estereotipo arraigado, ingenuo y peligroso. Instalado en las conciencias de quienes de una u otra forma lo avalamos, dicho enfoque no hace m&aacute;s que promover la ceguera cotidiana con la cual solemos despreciar el da&ntilde;o infligido contra otros. </p>     <p>Sin pasar de su dura cr&iacute;tica al kantismo hacia una determinada corriente en filosof&iacute;a moral, Corb&iacute; traza el camino para su propia propuesta, acogiendo de otros autores (Simone Weil, Bernard Williams, entre otros) solo lo m&aacute;s pertinente para cumplir con la promesa hecha en los primeros cap&iacute;tulos: proponer instancias de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica que sirvan para hacer menos abismalmente abierta la brecha entre la atenci&oacute;n declarativa y la atenci&oacute;n expresiva ante la ocurrencia de da&ntilde;os voluntarios. </p>     <p>Gran parte de los recursos argumentativos de los que se vale Corb&iacute; en su libro (esa suerte de emplazamiento que nos hace a trav&eacute;s del uso reiterado de los ejemplos) no es suntuaria, tampoco es anecd&oacute;tica ni prescindible en el prop&oacute;sito de buscar persuadirnos de su posici&oacute;n en relaci&oacute;n con aquello que est&aacute; realmente contenido en lo moral. Si en los experimentos mentales (<I>&agrave; la </I>Rawls) y en otra serie de recursos abstractos de argumentaci&oacute;n filos&oacute;fica no hay <I>Un lugar para la moral</I>,<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> entonces, las historias sobre el da&ntilde;o ir&aacute;n abriendo un t&iacute;mido paso hacia ese lugar. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>V&eacute;ase, Corb&iacute;, J. <I>Un lugar para la moral</I>. Madrid: Antonio Machado Editores, 2003. </p> <hr>     <p align="right"><b>&Aacute;NGELA URIBE BOTERO</b>    <br> Universidad Nacional de Colombia.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <I><a href="mailto:auribeb@unal.edu.co">auribeb@unal.edu.co</a></I></p>  </font>      ]]></body>
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