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<journal-title><![CDATA[Escritos]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UN NUEVO IMAGINARIO DEL NUEVO MUNDO: LATINOAMÉRICA EN LA OBRA DE JACK KEROUAC]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[A NEW IMAGINARY OF THE NEW WORLD: LATIN AMERICA IN THE WORKS OF JACK KEROUAC]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper studies the imaginaries built around the wild America, as a counterpart of the civilising ideal of Western Culture. The aim of the paper is to reconstruct from literature the marks of the wild America, especially, from the works of Jack Kerouac. Kerouac's novels, which are inspired in travelling and escaping to the exotic, are used to recompose the representation of the relations, not only, between North and Central America, but also with South America. The relations are associated with the fable of an unknown and inhospitable world of adventures.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>UN NUEVO IMAGINARIO DEL NUEVO MUNDO: LATINOAM&Eacute;RICA EN LA OBRA DE JACK KEROUAC</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>A NEW IMAGINARY OF THE NEW WORLD: LATIN AMERICA IN THE WORKS OF JACK KEROUAC</b></font></center></p>     <p>    <center>Mauricio Echeverry<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Maestrando en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Docente de espa&ntilde;ol y Literatura en el Colegio Vermont de Medell&iacute;n. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:echeverryhurtado@gmail.com">echeverryhurtado@gmail.com</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 15 de junio de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>El art&iacute;culo estudia los imaginarios construidos alrededor de la Am&eacute;rica salvaje, como contraparte del ideal civilizatorio de la cultura occidental. Propone reconstruir sus huellas a partir de la literatura, y especialmente, en la obra de Jack Kerouac. Sus novelas, inspiradas en el motivo del viaje y en la fuga hacia lo ex&oacute;tico, sirven para recomponer la representaci&oacute;n de las relaciones entre la Am&eacute;rica del norte y Centroam&eacute;rica, pero tambi&eacute;n con Am&eacute;rica del Sur, relaciones asociadas a la f&aacute;bula de un mundo de aventuras, inh&oacute;spito y desconocido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Am&eacute;rica salvaje, Imaginarios, Viaje, William Burroughs, Droga.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This paper studies the imaginaries built around the wild America, as a counterpart of the civilising ideal of Western Culture. The aim of the paper is to reconstruct from literature the marks of the wild America, especially, from the works of Jack Kerouac. Kerouac's novels, which are inspired in travelling and escaping to the exotic, are used to recompose the representation of the relations, not only, between North and Central America, but also with South America. The relations are associated with the fable of an unknown and inhospitable world of adventures.</p>     <p><b>Keywords: </b>Wild America, Imaginaries, Travelling, William Burroughs, Drugs.</p>  <hr>      <p align="right">La senda en la que el hombre se ha internado, si pone en cuesti&oacute;n la    <br> naturaleza, es esencialmente negativa. Va de refutaci&oacute;n en refutaci&oacute;n.    <br> No podemos seguirla sino con movimientos r&aacute;pidos y abruptamente    <br> cortados. La excitaci&oacute;n y la depresi&oacute;n se suceden.    <br> G. Bataille. La voluntad de lo imposible.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>I.</b></font></p>     <p>Desde su descubrimiento Am&eacute;rica ha suscitado una fascinaci&oacute;n, una especie de encantamiento sobre el mundo europeo y su tradici&oacute;n. La novedad de su geograf&iacute;a, de su fauna, su vegetaci&oacute;n y sus gentes, como las incre&iacute;bles historias que hicieron parte de los procesos de descubrimiento y colonizaci&oacute;n, han logrado que a&uacute;n en nuestros d&iacute;as Am&eacute;rica, y en particular Centro y Sur Am&eacute;rica, sigan siendo revestidos en el imaginario popular de todo el mundo con un halo de exotismo y fecunda curiosidad.</p>     <p>Tierra de ciudades de oro, de animales m&iacute;ticos, de selvas inextricables como laberintos; el mundo en el que las historias de caballer&iacute;a se hicieron realidad y en el que las aventuras hicieron por siglos parte de lo cotidiano. El lugar en el que reyes y emperadores, caballeros y piratas, cl&eacute;rigos y desclasados alcanzaron la fama y la inmortalidad.</p>     <p>El mito, el arte y la raz&oacute;n han encontrado en el nuevo mundo, desde hace cinco siglos, un terreno f&eacute;rtil para desarrollarse, debatirse y confundirse como en pocos lugares del mundo, como en pocos momentos de la historia.</p>      <p><font size="3"><b>II.</b></font></p>     <p>Son m&uacute;ltiples las razones que llevaron a que Norteam&eacute;rica -entendiendo por esta a Estados Unidos y Canad&aacute;- fuera incluida dentro de la tradici&oacute;n europea de una manera que Suram&eacute;rica nunca logr&oacute;. No es el objetivo de este trabajo detenerse en un aspecto del que se ha hablado hasta el cansancio. El hecho es que, en cuesti&oacute;n de un par de siglos, el desarrollo cultural, pol&iacute;tico y social de los diferentes estados de la Am&eacute;rica latina tom&oacute; un rumbo totalmente diferente del de las naciones de tradici&oacute;n anglosajona. Mientras los estados del norte empezaron a participar lentamente de una historia que se cre&iacute;a exclusiva de las naciones del continente europeo, los pa&iacute;ses latinoamericanos fueron relegados a un lugar casi anecd&oacute;tico, por qu&eacute; no decir, exotista, en el que lo inveros&iacute;mil y fant&aacute;stico hac&iacute;a parte del diario acontecer.</p>     <p>El siglo XX marc&oacute; algunas diferencias en este sentido; los desarrollos en las comunicaciones y el transporte, sumados a acontecimientos hist&oacute;ricos de gran trascendencia -como las guerras mundiales y el conflicto civil espa&ntilde;ol- permitieron que lugares antes sometidos a un involuntario aislamiento entraran en contacto con el mundo civilizado europeo. Pronto, pa&iacute;ses y ciudades latinoamericanas empezaron a ser escenarios de acontecimientos de inter&eacute;s para el mundo occidental. No obstante estos cambios, el lugar otorgado en el imaginario europeo y norteamericano a Latinoam&eacute;rica segu&iacute;a, y sigue siendo en la actualidad, plagado de lugares comunes y clich&eacute;s que no se diferencian mucho de los que abarrotaban los textos de enciclopedistas e iluministas de los siglos XVIII y XIX.</p>     <p>Al afirmar esto no se pretende atribuir juicios de valor. El hacer o no parte de la denominada tradici&oacute;n occidental de una forma cabal no es una raz&oacute;n de orgullo o verg&uuml;enza. Tampoco se busca lanzar diatribas o apolog&iacute;as en contra de las tradiciones que hacen parte de este escenario cultural. Todo sea dicho, este lugar que se le ha otorgado a Latinoam&eacute;rica hace parte de un fen&oacute;meno ya instalado y que es alimentado por todos: desde el cient&iacute;fico europeo que s&oacute;lo ve en estas tierras un laboratorio para sus ideas, hasta el militante de izquierda latinoamericanista que pretende que los ind&iacute;genas sean encerrados en una capsula del tiempo para que sus tradiciones no se vean modificadas, pasando por los escritores del Boom, los agentes de viajes, los productores de Hollywood, los artesanos, y obviamente, los pol&iacute;ticos, ya sean aquellos que venden una imagen del para&iacute;so tercermundista o los que realizan una victimizaci&oacute;n hist&oacute;rica en espera de un pr&eacute;stamo del FMI.</p>      <p><font size="3"><b>III.</b></font></p>     <p>En este juego de imaginarios y representaciones, el arte siempre ha ocupado un lugar fundamental como testimonio y motor de las transformaciones que se dan tanto al interior de los fen&oacute;menos culturales como en su relaci&oacute;n con la exterioridad. La literatura latinoamericana, en particular, siempre respondi&oacute; a la influencia y a la mirada europea, unas veces buscando aceptaci&oacute;n, otras debati&eacute;ndola, pero en &uacute;ltima instancia siempre interpelando a esa tradici&oacute;n en la que sus lenguas y gran parte de su cultura tienen un origen. Esta din&aacute;mica hace de la literatura una de las fuentes privilegiadas en los estudios culturales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La mirada del otro siempre ha sido fundamental en la construcci&oacute;n de los imaginarios y en sus representaciones. Ahora bien, las diferencias al interior de este nuevo mundo siempre potenci&oacute; la otredad, el extra&ntilde;amiento, la sensaci&oacute;n de lo ominoso. Esto se hace obvio al analizar algunos pasajes de la obra del escritor norteamericano Jack Kerouac, en los que el mundo latinoamericano aparece revestido con las im&aacute;genes tradicionales de lo ex&oacute;tico, salvaje y m&iacute;tico, al tiempo que empieza a adoptar nuevas formas desde la mirada de j&oacute;venes que recurren a este nuevo mundo en busca de drogas y nuevas experiencias ajenas al primer mundo, siempre tan civilizado y en orden.</p>      <p><font size="3"><b>IV.</b></font></p>     <p>Kerouac viaj&oacute; en diferentes ocasiones a M&eacute;xico en la d&eacute;cada del cincuenta. Realiz&oacute; varias incursiones en diferentes estados mexicanos simplemente con el objetivo de conocer ese otro mundo al rev&eacute;s que se encontraba cruzando la frontera. Algunos testimonios de estas incursiones se pueden encontrar en El libro de esbozos, M&eacute;xico city blues y En el camino entre otros. En realidad se podr&iacute;a ser m&aacute;s osado y afirmar que las experiencias de este autor en la otra Am&eacute;rica fueron tan fuertes que de una u otra forma atraviesan toda su obra, desde En el camino hasta Big Sur.</p>      <p><font size="3"><b>De Este a Oeste, de Norte a Sur: civilizaci&oacute;n y barbarie</b></font></p>     <p><font size="3"><b>I.</b></font></p>     <p>Como es bien sabido, el viaje como experiencia vital es fundamental en la narrativa y la poes&iacute;a de Kerouac. Toda su obra podr&iacute;a ser le&iacute;da como la bit&aacute;cora o el diario de viaje de un hombre a trav&eacute;s de las carreteras y las ciudades norteamericanas. As&iacute;, en este ir y venir por el territorio norteamericano se expone poco a poco, paso a paso una serie de discursos que plagan el imaginario estadounidense sobre su propio territorio. Y lo que queda claro es la marcada escisi&oacute;n de esta naci&oacute;n dada la vastedad de su territorio, su geograf&iacute;a y su historia.</p>     <p>Los protagonistas de las novelas de Kerouac, usualmente autoficcionalizaciones (la obra narrativa completa de Kerouac tiene, en sus mismas palabras, la pretensi&oacute;n de ser una saga al estilo de En busca del tiempo perdido de Proust, s&oacute;lo que las exigencias de los editores lo llevaron a cambiar el nombre de sus personajes en las diferentes novelas que &eacute;l esperaba reunir alg&uacute;n d&iacute;a bajo el nombre de La leyenda de los Duluoz), son hombres que nacieron y crecieron en el norte, en C&aacute;nada o los estados del noreste estadounidense -regiones que en el imaginario popular son el punto de partida de los procesos independentistas, colonizadores y civilizatorios-. Estos personajes en alg&uacute;n momento de su juventud emprenden un viaje al Suroeste, a ese viejo Oeste inh&oacute;spito y salvaje que plaga las historias y las pel&iacute;culas de vaqueros, y en el que incluso una ciudad moderna como San Francisco es revestida de un aire de misterio y fantas&iacute;a. Si dentro de Estados Unidos el Sur representa la barbarie, el territorio de la segregaci&oacute;n racial, de los grandes cultivos semifeudales, de la pobreza negra, el Suroeste representa la frontera, el l&iacute;mite mismo, lo siniestro u ominoso, y no s&oacute;lo por la obvia raz&oacute;n de su situaci&oacute;n lim&iacute;trofe con M&eacute;xico, sino que se presenta como esa tierra que a&uacute;n perteneciendo a su territorio hace parte de tradiciones ajenas e incomprensibles: la ind&iacute;gena y la espa&ntilde;ola. Texas, Nuevo M&eacute;xico, California y, cruzando la frontera, M&eacute;xico, ocupan en la obra de Kerouac un lugar ambiguo en la territorializaci&oacute;n cl&aacute;sica del dilema "civilizaci&oacute;n y barbarie".</p>      <p><font size="3"><b>II.</b></font></p>     <p>El discurso sobre la civilizaci&oacute;n y la barbarie establecido desde los inicios de la modernidad, y tan presente en toda la constituci&oacute;n de un imaginario sobre y en Am&eacute;rica, es minado en el siglo XX por las nefastas consecuencias que algunos de los procesos m&aacute;s emblem&aacute;ticos del mundo moderno -como el desarrollo cient&iacute;fico y las revoluciones- tuvieron en la vida humana. Las Guerras mundiales y la era nuclear, todas llevadas a cabo por los llamados pa&iacute;ses civilizados y sufridas en gran parte del globo, supusieron un cuestionamiento de la oposici&oacute;n maniquea y secular entre lo civilizado y lo b&aacute;rbaro.</p>     <p>Este replanteamiento se hace evidente en el arte del periodo de entre guerras y de la posguerra. Los l&iacute;mites se hacen difusos, y en medio de la desesperanza y las dudas los intelectuales empezaron a cuestionar la raz&oacute;n desde la raz&oacute;n misma como fundamento de la modernidad y la civilizaci&oacute;n. Sin embargo, este proceso no se dio de igual forma en todos los hemisferios. Mientras en la devastada Europa de la posguerra este proceso se desarroll&oacute; de una manera bastante autocr&iacute;tica a trav&eacute;s del existencialismo y el expresionismo -por mencionar tan s&oacute;lo dos de los movimientos m&aacute;s importantes-, en los Estados Unidos el proceso se dio entre el escepticismo frente a estos cuestionamientos y el triunfalismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este marco, la obra de Kerouac es una de las pocas que para la &eacute;poca se atreve a desafiar el triunfalismo norteamericano y a cuestionar los fundamentos mismos de la civilizaci&oacute;n al interior de Estados Unidos. Esto lo logra desde la narraci&oacute;n de su propia experiencia, y desde este lugar su obra cobra gran importancia como testimonio de toda esa generaci&oacute;n que varios lustros despu&eacute;s dar&iacute;a pie a los movimientos hippies y contraculturales de los sesenta.</p>      <p><font size="3"><b>III.</b></font></p>     <p>En las palabras de Kerouac, en la relaci&oacute;n que hace de sus viajes, la pretendida civilizaci&oacute;n y unidad del imperio de la posguerra se diluye en la experiencia que los personajes tienen de su naci&oacute;n. Los viajes emprendidos por los protagonistas de sus novelas revelan un pa&iacute;s que, desde su perspectiva, se ahoga en sus pretensiones y se salva en las dimensiones de esa otra Am&eacute;rica que es ignorada al interior de sus propias entra&ntilde;as.</p>     <p>Los personajes que recorren las p&aacute;ginas de esta saga van en busca de una alternativa a la American way of life. Y esa otra Am&eacute;rica la encuentran en un viaje hacia el Sur y el Oeste, horizontes que se presentan como salvajes e inh&oacute;spitos y que ofrecen la aventura como una opci&oacute;n diferente al mundo de las revistas y la televisi&oacute;n. Ahora bien, a diferencia de lo que se podr&iacute;a pensar, ese salvajismo representado por el Oeste no es equiparable con la barbarie moderna, sino m&aacute;s bien con lo indeterminado. Es un rechazo a la idea misma del progreso. Al principio de En el camino (2008a), origen de todos los viajes y de toda la saga, el narrador, Sal Paradise, ficcionalizaci&oacute;n de Kerouac, dice sobre Dean Moriarty, nombre con el que llama en este libro a Neal Cassidy:</p> <ol>(...) era el Oeste, el viento del Oeste, una oda procedente de las Praderas, algo nuevo, profetizado hace mucho, venido de muy lejos (...) Adem&aacute;s, todos mis amigos neoyorquinos estaban en la posici&oacute;n negativa de pesadilla de combatir la sociedad y exponer sus aburridos motivos librescos o pol&iacute;ticos o psicoanal&iacute;ticos, y Dean se limitaba a desplazarse por la sociedad, &aacute;vido de pan y de amor (19).    </ol>     <p>Esta postura plantea una dicotom&iacute;a, por qu&eacute; no decirlo, algo rom&aacute;ntica, entre la intelectualidad y la raz&oacute;n, representada por la ciudad de Nueva York y los amigos universitarios del narrador, y la vitalidad afirmativa del Oeste y su encarnaci&oacute;n, Dean Moriarty, ladr&oacute;n de autos y vagabundo de las autopistas, inspirador del por aquel entonces embrionario movimiento Beat.</p>      <p><font size="3"><b>Imagen y representaci&oacute;n</b></font></p>     <p><font size="3"><b>I.</b></font></p>     <p>Este viaje sin fin llevar&iacute;a al protagonista de la saga en varias ocasiones a cruzar la frontera con M&eacute;xico en busca de nuevas experiencias, las cuales ven&iacute;an predeterminadas en su imaginaci&oacute;n por las historias literarias y cinematogr&aacute;ficas del viejo Oeste, la influencia que los relatos de William Burroughs -ese otro monstruo de la contracultura norteamericana- hab&iacute;a tenido entre sus compa&ntilde;eros a ra&iacute;z de su paso por Suram&eacute;rica, la tradicional imagen que la cultura europea ofrec&iacute;a sobre Latinoam&eacute;rica, y la experiencia del inmigrante.</p>     <p><font size="3"><b>II.</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un principio, la imagen que el protagonista de la saga se hace de M&eacute;xico y Latinoam&eacute;rica raya en la igorancia absoluta. Cuando cruza la frontera, en alg&uacute;n momento el personaje afirma: "...estos personajes eran indudablemente indios y en nada se parec&iacute;an a los Pedros y los Panchos del est&uacute;pido saber popular americano" (Kerouac, 2008a 332). Saber popular que se sostiene en la imagen que los famosos Westerns vend&iacute;an de un M&eacute;xico sin ley, guarida y refugio de los m&iacute;ticos pistoleros blancos, donde hombres gordos, sucios y perezosos esperaban la llegada de los bandidos para salir por un instante de su letargo, vender un trago o su mujer, o batirse en un duelo sin sentido.</p>     <p>En esta misma l&iacute;nea, pero m&aacute;s cercana a las representaciones literarias de los libros de aventuras del siglo XIX, aparece una imagen de una Am&eacute;rica salvaje y primitiva, no muy distante de la que dieron las primeras cr&oacute;nicas de la conquista. Uno de los sue&ntilde;os de Cassidy, por ejemplo, es recorrer la carretera que lleva de M&eacute;xico a Panam&aacute; y de &eacute;sta a la Tierra del Fuego "donde los indios miden dos metros y mascan coca en las monta&ntilde;as..." (Id. 274). Imagen que a su vez fue alimentada por algunas de las historias de Burroughs (2006), quien para entonces ya hab&iacute;a recorrido parte de M&eacute;xico "investigando" los efectos del mezcal y el peyote, y planeaba en alg&uacute;n momento viajar hasta Per&uacute; para continuar sus investigaciones con la ayahuasca y el yag&eacute;, en una especie de turismo cient&iacute;fico, narc&oacute;tico y m&iacute;stico. Porque todo sea dicho, la m&iacute;stica tambi&eacute;n terminar&iacute;a por ocupar un lugar importante en el imaginario de Kerouac sobre Latinoam&eacute;rica.</p>      <p><font size="3"><b>III.</b></font></p>     <p>Finalmente, el personaje principal de En el camino tiene la experiencia de un M&eacute;xico desde lo mexicano, esto es, a trav&eacute;s de los inmigrantes centroamericanos que trabajaban en los vi&ntilde;edos californianos y viv&iacute;an en los suburbios de Los &Aacute;ngeles. En un autob&uacute;s camino a la capital del estado de California, Paradise conoce a una chica mexicana de la cual se enamora y con la cual inicia una serie de periplos que lo llevar&iacute;an al interior de la cultura Pachuca.</p>     <p>En El laberinto de la soledad (1989) Octavio Paz describe al Pachuco como el joven mexicano o hijo de mexicano que vive en el Sur norteamericano, que desde una actitud rebelde se niega tanto a aceptar su tradici&oacute;n como a adoptar la cultura estadounidense, agrup&aacute;ndose en pandillas juveniles desde las cuales afirman su diferencia, segreg&aacute;ndose a ellos mismos de la cultura y la sociedad a las que pertenecen. No obstante, la imagen que Kerouac da de los Pachucos es algo diferente; si bien no hay una reflexi&oacute;n profunda de la otredad respecto a lo mexicano y lo norteamericano, en su descripci&oacute;n se aprecia un grupo de personas cuya principal caracter&iacute;stica es la de una inmanencia desesperanzada y pasiva en la que se vive el d&iacute;a a d&iacute;a postergando la acci&oacute;n para el ma&ntilde;ana, siempre el ma&ntilde;ana. Resulta curioso que en esta parte del texto no se deslicen ideas sobre su visi&oacute;n de lo mexicano; aunque las descripciones que hace de los barrios mexicas en Los &Aacute;ngeles, de los suburbios y granjas donde trabajan los inmigrantes, establecen una relaci&oacute;n con las representaciones que componen su imaginario de M&eacute;xico y lo latino.</p>     <p>Es necesario destacar que esta falta de reflexi&oacute;n sobre la otredad cultural recorre toda la saga. Al menos, no se encuentra en los intereses de sus personajes realizar una ideologizaci&oacute;n de esta. Cuando los protagonistas piensan en cruzar la frontera, o cuando se encuentran en M&eacute;xico no demuestran ning&uacute;n inter&eacute;s en relacionar desde la semejanza o la diferencia las culturas norteamericana y la mexicana. El af&aacute;n que los embarga es m&aacute;s descriptivo, m&aacute;s personal, en la medida en que lo que les concierne es la posibilidad de la aventura en ese otro mundo, como experiencia interior.</p>      <p><font size="3"><b>Allende la frontera</b></font></p>     <p><font size="3"><b>I.</b></font></p>     <p>Ya cerca de la frontera, en las afueras de San Antonio, California, los personajes de En el camino sienten que se encuentran en M&eacute;xico, gracias a la pobreza del ambiente, las casuchas con mecedoras en el porche, las gasolineras paup&eacute;rrimas, la m&uacute;sica de todos los tipos que sale de todas partes, el espa&ntilde;ol que se escucha con frecuencia en las conversaciones. Mientras m&aacute;s se acercan al centro de la ciudad, m&aacute;s pulcras y americanas son las cosas; es en las periferias donde el desorden y la salvaje alegr&iacute;a tienen su lugar. Y esto llega a constituir un juego de macro y microcosmos en el que M&eacute;xico empieza a representar a los suburbios de la gran Norteam&eacute;rica. Su experiencia de M&eacute;xico, por momentos, no es m&aacute;s que una extensi&oacute;n de sus experiencias suburbanas norteamericanas.</p>     <p>Al cruzar el R&iacute;o Grande no hay una intenci&oacute;n, por decirlo de alguna forma, antropologizante; no van detr&aacute;s de la idea de conocer otra cultura. Son tan s&oacute;lo unos chicos que cruzan la frontera tras drogas, aventuras y nuevas experiencias. Ya en el otro mundo Dean y Sal tienen una visi&oacute;n del mexicano que se acerca a la del Buen Salvaje de Rousseau: una visi&oacute;n que se alimentaba de las corrientes indigenistas y primitivistas de la &eacute;poca que, en oposici&oacute;n a las ideas de civilizaci&oacute;n y progreso modernas, sosten&iacute;an que un regreso a los valores de las culturas primitivas de todo el mundo ofrecer&iacute;a al hombre la posibilidad de encontrar paz, sosiego, sabidur&iacute;a, en un equilibrio entre la m&iacute;stica y la inmanencia. En este sentido, el narrador llega a comparar al sujeto mexicano con Dean, por su supuesta capacidad de vivir en el instante y su desprendimiento de las necesidades impuestas por la civilizaci&oacute;n occidental (Kerouac 2008a 332).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con esta mirada y la experiencia de la carretera que les permite ascender por la Sierra Madre atravesando el desierto y la jungla, entre viajes de marihuana y pasos exuberantes por prost&iacute;bulos, llegan a ciudad de M&eacute;xico, "la grande y definitiva ciudad de los salvajes y desinhibidos indios" (Id. 355) donde Paradise enferma y es abandonado por Dean. Es curioso, pero el relato de su paso por M&eacute;xico adquiere en algunos momentos un ritmo fren&eacute;tico y delirante semejante al de Los de abajo (1995) de Mariano Azuela.</p>      <p><font size="3"><b>II.</b></font></p>     <p>De esta forma termin&oacute; la primera experiencia de Latinoam&eacute;rica del narrador de la saga escrita por Kerouac. No es dif&iacute;cil encontrar en otras de sus novelas la huella que estas primeras impresiones dejaron en sus personajes. Para ellos Latinoam&eacute;rica es el mundo de los mayas, los aztecas y los incas (cf. Kerouac 2008c 57), de la tradici&oacute;n ind&iacute;gena que hace posible una experiencia primigenia de la vida. Ya en Los subterr&aacute;neos Leo Percepied, nombre con el que Kerouac se denomina a s&iacute; mismo en esta novela, M&eacute;xico aparece como la alternativa al estilo de vida norteamericano, incluso al estilo underground en el que &eacute;l empieza a ser reconocido como escritor insignia de las nacientes contraculturas. Al final de esta novela, el protagonista reconoce que su fantas&iacute;a de una vida hermosa y sosegada, al lado de la mujer que amaba, s&oacute;lo hubiera sido posible si hubiera tenido el valor de viajar con ella al Sur de la frontera, a ese Sur que, en su imaginario, es la tierra en la que la inmanencia y la sencillez son posibles.</p>      <p><font size="3"><b>...de tradiciones populares y filos&oacute;ficas</b></font></p>     <p><font size="3"><b>I.</b></font></p>     <p>Esta imagen del mundo ind&iacute;gena y latinoamericano, pese a no hacer parte del imaginario m&aacute;s popular, sostiene una relaci&oacute;n directa con teor&iacute;as que durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX realizaron algunos pensadores europeos afines a la antropolog&iacute;a filos&oacute;fica.</p>     <p>De los estudios que antrop&oacute;logos como Roger Caillois y Joan Huizinga hicieron en comunidades "primitivas" africanas y norteamericanas, se desprendieron una serie de reflexiones filos&oacute;ficas sobre la relaci&oacute;n del hombre con lo trascendente y lo inmanente que hicieron parte de los debates y las propuestas de los intelectuales del periodo de entreguerras. Muchas de estas teor&iacute;as segu&iacute;an una l&iacute;nea de pensamiento que opon&iacute;a las tradiciones m&iacute;sticas de las culturas n&oacute;mades primitivas, con la tradici&oacute;n sedentaria que establece a la producci&oacute;n como fundamento de las relaciones sociales.</p>     <p>Estas propuestas fueron &uacute;tiles a buena parte de las corrientes art&iacute;sticas que se dieron a la tarea de cuestionar las bases del sistema capitalista moderno. Esto supuso una revaloraci&oacute;n del imaginario sobre lo salvaje y lo primitivo que lleg&oacute; incluso a sustentar nuevas teor&iacute;as y propuestas de orden econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y moral.</p>      <p><font size="3"><b>II.</b></font></p>     <p>En la obra de Kerouac, si bien no hay una teorizaci&oacute;n estructurada y consecuente, es posible encontrar rastros de este ideario. Algunos de sus personajes buscan con desenfreno la forma y el camino que les permita sublimar la culpa y el sufrimiento, el sentimiento religioso, desde una experiencia extrema de la inmanencia, de la acci&oacute;n misma. Es lo que en alguna medida pretenden encontrar en el budismo, como se ve en Los vagabundos del Dharma (Kerouac 2008d). Sin embargo, sus deseos de inmanencia absoluta chocan con los deseos de trascendencia propios de una educaci&oacute;n cristiana, con el deseo, e incluso la necesidad, de la experiencia m&iacute;stica (que se vislumbra en ocasiones a trav&eacute;s de las drogas o el sexo). La posibilidad que les ofrece en su imaginaci&oacute;n el mundo primitivo de los ind&iacute;genas mexicanos es precisamente la de conciliar las experiencias m&iacute;stica y la inmanente. El vivir el d&iacute;a a d&iacute;a, como lo hizo Paradise en los vi&ntilde;edos californianos con su mujercita mexicana o en las carreteras de M&eacute;xico al lado de Dean, y al mismo tiempo sentir que participan de un plan universal y natural, como supuestamente lo hacen los ind&iacute;genas, m&aacute;s all&aacute; delos imperativos categ&oacute;ricos de la producci&oacute;n y la plusval&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este sentido, el nuevo imaginario de Latinoam&eacute;rica que se vislumbra en la obra de Kerouac, aunque se presenta en oposici&oacute;n a la American way of life, no entrar&iacute;a a representar la barbarie en el tradicional discurso moderno, sino m&aacute;s bien el punto de fuga que permitir&iacute;a salir de las din&aacute;micas dial&eacute;cticas del mundo moderno y comenzar a hacer parte de una experiencia vital y afirmativa en s&iacute; misma.</p>      <p><font size="3"><b>Ep&iacute;logo: De lo m&iacute;tico y lo narc&oacute;tico</b></font></p>     <p align="right">...les Pr&ecirc;tres du Peyotl m'ont fait assister au Mythe meme du Myst&egrave;re,    <br> plonger dans les arcanes mythiques originals, entrer par eux dans le    <br> Myst&egrave;re des myst&egrave;res, voir la figure des operations extremes par les    <br> quelles L'HOMME P&Egrave;RE, NI HOMME NI FEMME a tout cr&eacute;&eacute;.    <br> A. Artaud</p>     <p>A trav&eacute;s de William Burroughs y remont&aacute;ndose a Antonin Artaud es posible acceder a una de las im&aacute;genes que plagan el intrincado imaginario que los Beat tienen de Suram&eacute;rica. Para estos j&oacute;venes lectores y devoradores de experiencias, uno de los atractivos m&aacute;s grandes de la exuberancia latinoamericana es la posibilidad de acceder a todo tipo de "para&iacute;sos artificiales", desde la marihuana a la hero&iacute;na, pasando por el mezcal, el peyote y el alcohol. Ahora bien, la experiencia narc&oacute;tica, por llamarla de alguna manera, puede ser vivida de dos formas que no son excluyentes: una, que tiene un fin m&iacute;stico y espiritual, a la que recurren aquellos que buscan en las p&oacute;cimas m&iacute;ticas ind&iacute;genas -como el yag&eacute;, la ayahuasca o el peyote- una especie de iluminaci&oacute;n que altere sus sentidos y su vida de una forma definitiva. La otra, que tiene su fin en el consumo mismo, es la del adicto, que ve en las poblaciones y ciudades suramericanas El Dorado del yonki, donde las drogas son baratas y se consiguen a la vuelta de la esquina.</p>     <p>Esta imagen, aunque no se expl&iacute;cita tanto en la obra de Kerouac como en la de Burroughs, se reconoce en las expectativas que los protagonistas de las novelas del primero tienen de sus expediciones al otro lado del R&iacute;o Grande. La diferencia principal radica en que la experiencia de Burroughs fue m&aacute;s cercana a comunidades ind&iacute;genas originales, lo que le permiti&oacute; vivir de cerca la dimensi&oacute;n m&iacute;tica que tiene el consumo de ciertas p&oacute;cimas, mientras que Kerouac nunca se alej&oacute; de las carreteras y las ciudades. La m&iacute;stica para este &uacute;ltimo estaba en la posibilidad de alterar su percepci&oacute;n y llevar las situaciones al l&iacute;mite. Pero el hecho es que las drogas empezaron a constituir parte inalienable del imaginario que los j&oacute;venes norteamericanos ten&iacute;an de la otra Am&eacute;rica, imaginario que se ha arraigado con el paso del tiempo alimentado por el tr&aacute;fico de drogas promovido en y desde diferentes naciones. La saga de Don Juan narrada por Castaneda (1995) es consumida por j&oacute;venes de todo el mundo que creen que en las selvas americanas se podr&aacute;n encontrar a s&iacute; mismos con ayuda de los hongos y el yag&eacute;; y ya en la d&eacute;cada del setenta se ejerc&iacute;a una especie de turismo narc&oacute;tico por parte de j&oacute;venes norteamericanos y europeos que viajaban a pa&iacute;ses como Colombia y Per&uacute; en busca de coca&iacute;na pura y marihuana barata, como lo narra Andr&eacute;s Caicedo (2008) en su novela Qu&eacute; viva la m&uacute;sica.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Azuela, Mariano. Los de abajo. M&eacute;xico: F.C.E., 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-1263201100020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castaneda, Carlos. Las ense&ntilde;anzas de Don Juan. M&eacute;xico: F.C.E., 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-1263201100020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Caicedo, Andr&eacute;s. Que viva la m&uacute;sica. Bogot&aacute;: Editorial Norma, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-1263201100020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bataille, George. La felicidad, el erotismo y la literatura. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-1263201100020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Burroughs, William. El almuerzo desnudo. Barcelona: Anagrama, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-1263201100020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>______ . Las cartas de la ayahuasca. Barcelona: Anagrama, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-1263201100020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ginsberg, Allen. Aullido. Barcelona: Anagrama, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-1263201100020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kerouac, Jack. La vanidad de los Duluoz. Barcelona: Anagrama, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-1263201100020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . En el camino. Barcelona: Anagrama, 2008a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-1263201100020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Libro de esbozos. Barcelona: Bruguera, 2008b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-1263201100020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>______ . Los subterr&aacute;neos. Barcelona: Anagrama, 2008c.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-1263201100020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Los vagabundos del Dharma. Barcelona: Anagrama, 2008d.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-1263201100020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. M&eacute;xico: F.C.E., 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-1263201100020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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