<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-1263</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Escritos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Escritos - Fac. Filos. Let. Univ. Pontif. Bolivar.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-1263</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Pontificia Bolivariana]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-12632011000200010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DEL LEER Y ESCRIBIR Y LOS MITOS PARA NO HACERLO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[ON READING AND WRITING, AND THE MYTHS OF WHY NOT DOING IT]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villegas Bohórquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Farid]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Corporación Universitaria Remington Institución Educativa San Vicente de Paúl ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>19</volume>
<numero>43</numero>
<fpage>457</fpage>
<lpage>479</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-12632011000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-12632011000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-12632011000200010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este artículo busca situar la dicotomía entre leer y escribir, mediante una apropiación crítica de estos dos conceptos. Ambos participan de una doble implicación sin que uno pueda prescindir del otro y viceversa. La lectura y la escritura se aproximan como ejes de discusión a una definición intelectual de lector y de investigador, aspecto en el que constituyen un oficio de creación contingente y continua. Consecuente con esto, leer y escribir son en este caso objetos conjugados de un análisis que tangencialmente recupera la exégesis sobre la teoría comunicativa, pertinente y posible para una crítica conceptual y sustancialmente creativa.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper aims to locate the dichotomy between reading and writing through a critical approach to these two concepts. Both concepts share a double implication in which none of them could be understood without the other. Reading and writing are so close that they offer the foundation point to provide an intellectual definition of reader and researcher, in which an activity of contingent and continuous creation is constituted. In accordance to this, reading and writing are, in this particular case, combined objects of an analysis that indirectly recovers the exegesis on the Communication Theory, which is not only possible but pertinent to a conceptual and substantially creative criticism.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Hermenéutica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Código]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Comunicación]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Signo]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Texto]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Hermeneutics]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Code]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Communication]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Sign]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Text]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>DEL LEER Y ESCRIBIR Y LOS MITOS PARA NO HACERLO</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>ON READING AND WRITING, AND THE MYTHS OF WHY NOT DOING IT</b></font></center></p>     <p>    <center>Farid Villegas Boh&oacute;rquez<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Especialista en Cultura Pol&iacute;tica y Pedagog&iacute;a de los Derechos Humanos por la Universidad Aut&oacute;noma Latinoamericana, Medell&iacute;n-Colombia. Licenciado en Espa&ntilde;ol y Literatura de la Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n. Docente de la Corporaci&oacute;n Universitaria Remington y de la Instituci&oacute;n Educativa San Vicente de Pa&uacute;l (Medell&iacute;n-Colombia). Miembro del Grupo de Investigaciones Sociojur&iacute;dicas GIFICUR de la Corporaci&oacute;n Universitaria Remington.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:farid.villegas@remington.edu.co">farid.villegas@remington.edu.co</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 31 de mayo de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo busca situar la dicotom&iacute;a entre leer y escribir, mediante una apropiaci&oacute;n cr&iacute;tica de estos dos conceptos. Ambos participan de una doble implicaci&oacute;n sin que uno pueda prescindir del otro y viceversa. La lectura y la escritura se aproximan como ejes de discusi&oacute;n a una definici&oacute;n intelectual de lector y de investigador, aspecto en el que constituyen un oficio de creaci&oacute;n contingente y continua. Consecuente con esto, leer y escribir son en este caso objetos conjugados de un an&aacute;lisis que tangencialmente recupera la ex&eacute;gesis sobre la teor&iacute;a comunicativa, pertinente y posible para una cr&iacute;tica conceptual y sustancialmente creativa.</p>     <p><b>Palabras clave: </b>Hermen&eacute;utica, C&oacute;digo, Comunicaci&oacute;n, Signo, Texto.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This paper aims to locate the dichotomy between reading and writing through a critical approach to these two concepts. Both concepts share a double implication in which none of them could be understood without the other. Reading and writing are so close that they offer the foundation point to provide an intellectual definition of reader and researcher, in which an activity of contingent and continuous creation is constituted. In accordance to this, reading and writing are, in this particular case, combined objects of an analysis that indirectly recovers the exegesis on the Communication Theory, which is not only possible but pertinent to a conceptual and substantially creative criticism.</p>     <p><b>Keywords: </b>Hermeneutics, Code, Communication, Sign, Text.</p>  <hr>      <p align="right">-&iquest;Estas l&iacute;neas?    <br> -S&iacute;. Estas l&iacute;neas. Con todo lo que ellas representan las ofrezco al    <br> verdeocre que mira desde el iris de los ojos de Leny. Ahora siento que    <br> hemos coincidido, en estas voces de contradicci&oacute;n y ternura.    <br> Que se ti&ntilde;an mis manos de tinta, pero nunca de Sangre.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Pablo Neruda</p>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Leer y escribir forman una dualidad de car&aacute;cter existencial en el discurrir de la cultura y la transformaci&oacute;n del ser humano dentro de la misma. El objeto de an&aacute;lisis que aborda el siguiente escrito se apoya en estas dos categor&iacute;as de la hermen&eacute;utica y la creaci&oacute;n escrita del discurso, entendida esta &uacute;ltima como una entre las posibles formas de materializar las ideas. Su importancia radica en la reflexi&oacute;n de aquello que deriva el oficio lecto-escritural. El an&aacute;lisis se presenta en un lenguaje ligeramente simb&oacute;lico y literario, en ocasiones referenciando autores y provocando di&aacute;logos de saber desde la fundamentaci&oacute;n te&oacute;rica y la interpretaci&oacute;n hermen&eacute;utica. Al final, se sugiere un recorrido por tres estadios que determinan la metamorfosis de una lectura y una escritura fundamentada como propuesta de inter&eacute;s.</p>     <p>En una charla sostenida entre la escritora Isabel Allende y el periodista Dar&iacute;o Arismendi para el Canal Caracol de Colombia, ella jocosamente respondi&oacute; a la pregunta: "&iquest;Qu&eacute; es escribir?" con una escandalosa cl&aacute;usula, propia de su particular humor sure&ntilde;o: "escribir para m&iacute; es algo as&iacute; como hacer el amor sobre s&aacute;banas reci&eacute;n planchadas" (Allende 1999). Fue una respuesta espont&aacute;nea como ella en la vigencia de sus libros: Eva Luna, Paula, La Casa de los Esp&iacute;ritus..., en fin, tantos. De la crudeza de ese razonamiento es posible bifurcar dos componentes coyunturales para hablar del arte de las letras: la pasi&oacute;n y el mito. Lo primero es decir que para escribir no basta con saber distinguir los grafemas<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> de un alfabeto, ni poseer la musa que se aparece como rel&aacute;mpagos de un rayo que cuando se ve ya cay&oacute;, y mucho menos con hablar bonito. En ese caso, si fuera cierto lo anterior, las grandes composiciones de la humanidad no hubiesen agotado hasta el final la vida de los escritores que las concibieron (muchas de ellas en la juventud) y las entregaron a la humanidad cuando, ya implacable, el oto&ntilde;o les arrebataba lo que quedaba en ellos de existencia. En consecuencia, escribir es una actitud existencial, un oficio y un compromiso est&eacute;tico con la palabra para volver a acercarse a la humanidad con la porci&oacute;n de un concepto.</p>     <p>Cuando Ernest Hemingway, el escritor de la Guerra Civil Espa&ntilde;ola en tiempos del franquismo, quiso decidir por el oficio de la escritura (cansado de recibir la manila completa de sus trabajos devueltos por los diarios a los que enviaba art&iacute;culos peri&oacute;dicamente), de cara ante Gertrudis Stein, la maestra de los escritores de vanguardia, comprendi&oacute; que a escribir se aprende escribiendo. Le dice ella: "ah&iacute; est&aacute; la m&aacute;quina. S&oacute;lo debes sentarte al tinglado y escribir". Gustave Flaubert, por su parte, vaticinaba en los a&ntilde;os 30 del siglo XX que la escritura es un acto tan &iacute;ntimo como una necesidad fisiol&oacute;gica: defecar, comer o erotizarse. Se trata de cosas que nadie, aunque quisiera, puede hacer por uno. En consecuencia, si el arte de la escritura adquiere su epicentro en alg&uacute;n punto de las pasiones humanas, y si este mismo adviene con el trabajo, escribir est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de las impresiones espont&aacute;neas y pasa a ubicarse en la hermen&eacute;utica de la valoraci&oacute;n que aporca el trabajo lector: "creo que soy m&aacute;s un lector que un escritor", afirmaba Borges (1974), para ense&ntilde;ar que es imposible escribir cuando no se pone en el primer plano de la creaci&oacute;n la actividad de lectura cr&iacute;tica, y conclu&iacute;a: "si escribo una p&aacute;gina antes he le&iacute;do cien" (9). Por consiguiente, en el caso de que el escritor porte&ntilde;o tenga la raz&oacute;n, la tesis es que se escribe en la medida en que se lee. Pero &iquest;qu&eacute; se entiende por leer? &iquest;C&oacute;mo debe leer el sujeto que opta por la escritura? &iquest;Qu&eacute; debe leer? Son tres conjeturas en las que la primera alude a un objeto de estudio, la segunda remite a la indagaci&oacute;n del m&eacute;todo (o sea, el camino a seguir), y la tercera pregunta sobre la administraci&oacute;n del derecho de selectividad que con su madurez alcanza todo lector, respectivamente. De esta manera se afirma que, en t&eacute;rminos de hermen&eacute;utica, se avanza por el mundo mereciendo los espacios habitados, los amigos que se encuentran y los libros que se leen: nadie llega por casualidad a un libro.</p>     <p>Son m&uacute;ltiples las definiciones que describen el asunto de la lectura. No obstante, la hermen&eacute;utica, en t&eacute;rminos de Gadamer (2006), asume que leer es un proceso cognitivo que, partiendo del entender unos valores expl&iacute;citos en el texto (objeto hermen&eacute;utico), avanza al entender las radas de los valores impl&iacute;citos (campos profundos en t&eacute;rminos de la gram&aacute;tica generativa (Chomsky, 1968). Es claro que en la experiencia de la lectura, la dicotom&iacute;a gnoseol&oacute;gica resuma que en una primera esfera el lector pueda entender todos esos aspectos leg&iacute;timos del plano superficial del texto. As&iacute;, el lector primario accede a la historia de la Caperuza, identifica entre los roles al Lobo y la Abuela; puede incluso trazar el mapa itinerante de la ni&ntilde;a que va a llevar los panecillos y desobedece a su Madre. Reconoce el t&iacute;tulo sin un esfuerzo neuronal significativo y hasta ah&iacute; el Entender. Pero m&aacute;s all&aacute;, &iquest;qu&eacute; conceptos subyacen infratextuales dentro de la organizaci&oacute;n del componente textual?</p>     <p>Generar a partir de la Historia Narrada -de la ficci&oacute;n misma, que se hilvana en las tramas del tejido textual- un asunto cultural y pol&iacute;tico en torno al ejercicio de la variable poder/subordinaci&oacute;n/sublevaci&oacute;n, supone la disposici&oacute;n cr&iacute;tica de un lector actuante trascendiendo en las crines de la gram&aacute;tica textual vigente en ese accidentado sendero trazado de la tinta. Entonces, habr&aacute; espacio para un an&aacute;lisis metatextual, que le permitir&aacute; al lector desentra&ntilde;ar los monstruos (que no siempre ser&aacute;n los lobos) en forma de conceptos desde las criptas nigromantes del libro: "pensar deviene un "acto peligroso", una violencia que se ejerce en primer lugar sobre s&iacute; mismo. Melville dec&iacute;a: "los buceadores del pensamiento han regresado a la superficie con los ojos inyectados en sangre desde el comienzo del mundo'" (Deleuze, 1996). Siguiendo esta l&iacute;nea de an&aacute;lisis paraconvencional, &iquest;qu&eacute; tal proponer que el monstruo en el cuento de los Hermanos Grimm es con respecto al Lobo, el cazador que le asesina o que la Madre desde una perspectiva hobbesiana encarna el Estado, un monstruo marino al que &eacute;ste llam&oacute; Leviat&aacute;n? Es este el esca&ntilde;o donde el comprender se hace evidente en el lector, para dar paso a otras inquietudes sobre la base ideol&oacute;gica de un saber que madura: "la lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer" (Hegel). La tarde hermen&eacute;utica extiende en Minerva sus alas sobre un horizonte estoico al que accede como resultado de una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica en funci&oacute;n de ese tejido de ideas que se denomina texto (D&iacute;az 1999). Luego de un trabajo arduo, de la sublevaci&oacute;n en t&eacute;rminos de Arthur Schopenhauer, ah&iacute;, en el estado puro del ni&ntilde;o, se dilucida el concepto, y entonces el escribir fluye por los meandros del pensamiento precipitando en la tinta voces superiores a los silencios que se conservan discretos cuando no se tiene nada por decir. Queda claro hasta aqu&iacute; que para escribir hay que matricularse en la trilog&iacute;a dial&eacute;ctica de lo que ser&iacute;a una gram&aacute;tica comunicacional: se debe tener algo por decir, querer decirlo y tener los presupuestos te&oacute;rico-conceptuales para decirlo. En este caso, se plantea un nuevo problema formal: que aquello que se diga en las palabras s&iacute; sea lo que las ideas pensaron, que la estatura intelectual del texto s&iacute; coincida con la del lector a quien va dirigido, para no desencantar los ojos que ven desde el otro costado de la hoja.</p>     <p>Surge en esta parte, la cuesti&oacute;n por el m&eacute;todo planteada hace un momento: &iquest;c&oacute;mo debe leer el escritor? En gram&aacute;tica textual, se sugiere que se debe leer siempre a la luz de un problema, es decir, leer a partir de una preocupaci&oacute;n epistemol&oacute;gica, de una pregunta elemental, de un objeto a dilucidar. En ese orden de ideas, se lee para derivar otras categor&iacute;as de razonamiento -tal vez en la b&uacute;squeda de l&oacute;gicas, poco o nada convencionales- que permitan re-crear la realidad (o la imaginaci&oacute;n, que es tambi&eacute;n parte de la realidad en que se vive). Desde una afirmaci&oacute;n hist&oacute;rica, el escritor lee y se lee a s&iacute; mismo sobre la p&aacute;gina que escribe o la que le es dada por texto. Lee para descubrir en acci&oacute;n contrastada con todo lo que es a partir de sus presupuestos de lecturas anteriores, tal y como se concibe en el Constructivismo Dial&eacute;ctico de Lev Semi&oacute;novich Vigotsky (2000). As&iacute;, es absurdo creer que el lector llega al texto en condici&oacute;n de tabula rasa. No. El lector -y el lector en la c&aacute;tedra (entendiendo por c&aacute;tedra silla) de escritor-, lee con la totalidad de lo que es y tiene: lee tambi&eacute;n con los ojos, pero en simult&aacute;nea lo hace con la piel, los o&iacute;dos, la nariz y la boca; porque en la eventualidad hermen&eacute;utica quien lee es el cuerpo. As&iacute;, los m&eacute;todos de lectura van a variar con el penacho de inquietudes que se tengan, con las preguntas &iacute;ntimas a veces f&uacute;tiles a los dem&aacute;s, con el imaginario y las configuraciones creativas: hay una pregunta y una actividad lectora que arroja un marco de respuestas al parral de los contrastes, lo que en t&eacute;rminos de Marx ocupa el lugar dial&eacute;ctico de las Contradicciones Org&aacute;nicas. De todas esas tensiones que en el fondo se traducen en valoraciones (no en el marco de una etiolog&iacute;a occidental, sino en un &aacute;mbito de un materialismo deliberativo), el lector se abroga el derecho de la selectividad: tomar&aacute; para s&iacute; y para su texto en el rodillo, elementos de plataforma conceptual con los que abre di&aacute;logos de saber articulados a cada una de las voces que interlocutan en el escrito. Como quiera que el texto es una totalidad, el escritor lo hace rico cada vez que en &eacute;l da paso a una din&aacute;mica de di&aacute;logos de saber, que hablan en la armonizaci&oacute;n de fuentes bibliogr&aacute;ficas administradas en la categor&iacute;a de Propiedad Intelectual, de personajes que locutan o perlocutan como en Plat&oacute;n, que le dan sustancia epistemol&oacute;gica a los "Di&aacute;logos" y caracterizan sus contextos. Hay que tener en cuenta que en el texto hablan muchas voces, muchos discursos asumen identidad pol&iacute;tica, moral, intelectual o de g&eacute;nero. De esta manera, ser&aacute; la escritura un acontecimiento pol&iacute;tico que responde al ethos de quien le da vida sobre el universo abismal que representa una p&aacute;gina en blanco. As&iacute;, en blanco y evocando las palabras del poeta, se entrega la obra que es una d&aacute;diva destinada al otro, inc&oacute;gnito y por lo regular indefinido: "te doy mi coraz&oacute;n en blanco/ porque en blanco, en blanco se dan las cosas/ cuando no esperas nada a cambio" (Bejarano). Pero a diferencia de los versos anteriores, el escritor espera de los lectores una devoluci&oacute;n a la obra misma (o a &eacute;l en particular, como lo vaticin&oacute; el psicoan&aacute;lisis de los a&ntilde;os 20 en el siglo anterior). Una respuesta que puede oscilar de la diatriba a la apolog&iacute;a como una p&eacute;ndola sacudida sin prejuicios en el trapecio de la interpretaci&oacute;n. En ese sentido, no hay planos intermedios para el lector. Basta con tomar el texto para estar convocado a legitimar una postura ante el torbellino de significaciones articuladas. En consecuencia, ante la p&aacute;gina est&aacute; el Otro. Ese ser indefinido e innombrado, singular o colectivo, pero al fin y al cabo vigente. Como en el "principio de incertidumbre" (Heisenberg 2011), alguien del que se sabe que existe, pero no d&oacute;nde ni a qu&eacute; velocidad avanza, emancipado de los prejuicios con que se concibi&oacute; la obra, dar&aacute; paso a elucubraciones que ir&aacute;n a favor o en contra. Pero en la obra en s&iacute; se habr&aacute; producido un efecto de independencia patriarcal, en que el escritor ya no est&aacute; para escudarla de la hermen&eacute;usis con que la abordan los lectores: ella hablar&aacute; por sus propios medios, y en consecuencia, su margen de transtextualidad (vida en el tiempo) ser&aacute; determinado por la sustancialidad de los conceptos que propone.</p>      <p><font size="3"><b>Selectividad frente al texto &iquest;Derecho o Construcci&oacute;n?</b></font></p>     <p>En la analog&iacute;a lector/escritor (y entendiendo que estas categor&iacute;as son figuras simb&oacute;licas destinadas a intermitar en la dial&eacute;ctica de los roles), subyace la selectividad como categor&iacute;a de accesibilidad lectora en el marco de este dilecto acto de creaci&oacute;n graf&eacute;mica: la selectividad desarrollada en funci&oacute;n del objeto textual cuyo formato no se presenta exclusivamente escrito (vg. el cine es tambi&eacute;n en este caso una manera de problematizar la realidad), realiza el querer de una voluntad que responde a los constructos de saber vigentes: nadie opta por aquello que desconoce. Los antiguos griegos atribuyeron a la inteligencia la facultad de distinguir, diferenciar, acci&oacute;n que es consecuente con la expresi&oacute;n factual de optar: "Los dioses han hecho crecer en los hombres la inteligencia, la m&aacute;s preciada de cuantas posesiones tienen" (S&oacute;focles 1982). Tomando distancia con los parientes m&aacute;s cercanos (los vertebrados y mam&iacute;feros de todas las especies), el ser humano a diferencia puede decidir gran parte, dando una aparente satisfacci&oacute;n al albedr&iacute;o en que gravitan sus pasiones, sus convergencias y/o conveniencias. Aunque decidir es una competencia que deriva de la cultura y las din&aacute;micas emergentes que bordean el &aacute;mbito contextual de la existencia, la responsabilidad involucra desde una perspectiva cognoscitiva al sujeto. El actor lectoescrib&aacute;tico, es decir, aquel del que se ha venido disertando a lo largo de estas l&iacute;neas, traza -distinto al popul de sus contempor&aacute;neos-, la posibilidad de elegir lo que desea leer: sus textos merecidos, sus rutas de tinta accidentadas de significaci&oacute;n y concepto. En este sentido, Estanislao Zuleta reivindica que hay una categor&iacute;a de hermeneuta aut&oacute;nomo a la que todo lector consciente debe aspirar. Es algo as&iacute; como una simbiosis de postergado sujeto "m&aacute;s all&aacute; del bien y del mal", evocando los postulados de Nietzsche (2000): un bien puesto en la dimensi&oacute;n emancipada de los prejuicios, un mal reconocido m&aacute;s all&aacute; de las convenciones infundadas folcl&oacute;ricamente en el ethos del villorrio, tal y como lo leer&iacute;a Luis Carlos L&oacute;pez (2000): "Flota en el horizonte opaco dejo/ crepuscular. La noche se avecina/ bostezando. Y el mar, bilioso y viejo, duerme como un sue&ntilde;o de morfina" (19). De esta manera, en las libertades escaladas dentro de esa carrera al s&iacute; mismo (Imself), de un yo indefinido, los intelectuales se aventuran al texto ya no por una provocaci&oacute;n espont&aacute;nea, sino antecedidos por un deseo decidido, una determinaci&oacute;n consciente frente a la cognici&oacute;n ausente de un saber que no se basta y -&iquest;por qu&eacute; no expresarlo?- por una irrefrenable psicosis, en la que es imposible no decidir por un libro que espera elocuente en su silencio propio. Igual que las sensaciones, la posibilidad de selectividad no escapa al espejismo. A veces el texto elegido -que pareciera surgir de la determinaci&oacute;n b&aacute;sica de una voluntad esot&eacute;rica (en el sentido de lo subjetivo), de una conciencia vigente-, puede no ser tan clara al momento de optar. Como la sociedad de consumo, el objeto hermen&eacute;utico resulta como producto de voluntades externas que acometen cual c&eacute;firos al vaiv&eacute;n de la moda en la cultura. Entonces se lee y se escribe lo que ya ha sido elegido por otros (la clase dominante); y el escritor, en calidad de psicofante est&eacute;tico, apenas puede fungir como instrumento que la sociedad manipula. En este caso, ya no elige, es elegido. No se sienta a la mesa, lo ponen en el men&uacute;. Casos concretos, para escenificar esta tesis, se visualizan en &aacute;mbitos como el periodismo y la econom&iacute;a. Nadie niega que all&iacute; se ha producido un ejercicio de lectura de la realidad y de re-interpretaci&oacute;n en el texto que se propone. No obstante, ese acto no es tan emancipado: acontece propulsado por las corrientes emergentes en el parloteo de un sensacionalismo mercantil de la palabra. Entonces, de realidades en descomposici&oacute;n, fluctuantes como aquellas que se viven en contextos marginales, surge la materia prima para lo que se pondr&aacute; en los heraldos con r&oacute;tulo de vanguardia. Pensar por ejemplo en producciones tanto en la literatura como en el cine que indignan el ethos de un conglomerado cultural como lo es el antioque&ntilde;o: La vendedora de rosas, La virgen de los sicarios, producciones que, aunque incrustadas en una historia interesante, se vulgarizan en el improperio, las perversidades del h&eacute;roe, la trivialidad de los esquemas &eacute;ticos invertidos. Son estos textos en serie que salen en masa todos los d&iacute;as para alienar la conciencia colectiva (y posiblemente para minimizar los imaginarios por los cuales un pueblo comienza a sentirse grande), elaboraciones que fren&eacute;ticamente ponen en actividad el morbo, la desmesura, el pillaje, la corrupci&oacute;n rampante, la desnudez grotesca, la cultura criminalizada y est&eacute;ticamente maquillada. En este sentido, ser&aacute;n los principios etiol&oacute;gicos, insertados en el coraz&oacute;n selectivo de aquellos que han crecido en los contextos de familia, los reguladores ante el retorno vertiginoso de la sociedad a la barbarie. La pr&aacute;ctica demuestra, en consecuencia, que esas definiciones textuales son productos alcanzados de urgencia, de poco rigor investigativo y sustentados en un torbellino de casualidades medi&aacute;ticas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La sociedad est&aacute; convocada a la construcci&oacute;n de una hermen&eacute;utica popular que responda al principio de selectividad con emancipado altruismo. Hoy, cuando el texto cambia raudamente los formatos del papel a la pantalla de silicio, del grafema al &iacute;cono, de la transici&oacute;n de una est&eacute;tica est&aacute;tica a una est&eacute;tica m&oacute;vil, o sea, de la percepci&oacute;n plana a la configuraci&oacute;n cin&eacute;tica del concepto, es preciso optar por herramientas de lectura cr&iacute;tica. Seguramente estas conquistas har&aacute;n que la cultura abandone la minimizaci&oacute;n folcl&oacute;rica y se niegue a ser objeto criminalizado por quien dirige como un dios las categor&iacute;as del significado desde la p&aacute;gina y/o la pantalla.</p>      <p><font size="3"><b>Componentes de alteridad hermen&eacute;utica</b></font></p>     <p>Si se parte de la afirmaci&oacute;n semi&oacute;tica que entre el texto y el actor 'lecto-escritor' hay una relaci&oacute;n de comunicaci&oacute;n tendida, y si ambas categor&iacute;as coinciden en la vigencia de los lenguajes elaborados y las construcciones de pensamiento, es v&aacute;lido expresar que all&iacute; participan unos elementos expl&iacute;citos y/o impl&iacute;citos, desde lo que se podr&iacute;a denominar gram&aacute;tica textual, que con valores convencionales articulan la composici&oacute;n de los significados. Las categor&iacute;as lector-escritor, de las que se ha venido disertando, plantean un paralelo c&iacute;clico de roles activos: emisor-perceptor. &iquest;Qui&eacute;n emite y cu&aacute;l percibe en la conversaci&oacute;n trazada desde un ejercicio de lectura?</p>     <p>Ante esa conjetura, indiscutidamente lo que all&iacute; se presenta es una actividad perlocutiva -gnoseol&oacute;gica por las categor&iacute;as intelectuales vigentes-, motivada por inquietudes de conocimiento. No obstante, estos elementos no se hayan aleatoriamente solos. Su presencia est&aacute; mediada por un C&oacute;digo de Comunicaci&oacute;n, que si se quiere, lo introduce el escritor cada vez que este &uacute;ltimo es quien demanda el tipo de lector para su texto. Estanislao Zuleta (1996) lo predijo, cuando en Sobre la lectura escribi&oacute;:</p> <ol>Si nosotros no llegamos a definir qu&eacute; significa para Kafka el alimento, entonces nunca podremos entender La metamorfosis, Las investigaciones de un perro, El artista del hambre, nunca los podremos leer; cuando nosotros vemos que alimento significa para Kafka motivos para vivir y que la falta de apetito significa falta de motivos para vivir y para luchar, entonces se nos va esclareciendo la cosa. Pero, al comienzo no tenemos un c&oacute;digo com&uacute;n, ese es el problema de toda lectura seria, y ahora, ustedes pueden coger cualquier texto que sea verdaderamente una escritura, si no le logran dar una determinada asignaci&oacute;n a cada una de las manifestaciones del autor, sino que le dan la que rige en la ideolog&iacute;a dominante, no cogen nada (220).    </ol>     <p>El C&oacute;digo, que en Ferdinand de Saussure (1974) corresponde al lenguaje elegido para expresar un mensaje, an&aacute;logamente para el texto, se recupera en las part&iacute;culas estructurales de significaci&oacute;n contenida en los &aacute;mbitos semi&oacute;ticos y los hitos conceptuales, con las que entre el actor que lee y el actor que escribe oscila un punto angular de coincidencia, justo en el texto per se, o sea, el lenguaje com&uacute;n. Sobre esta base, cabe destacar que es d&iacute;scolo todo acercamiento hermen&eacute;utico cuando no se est&aacute; a la altura del c&oacute;digo locutativo creado, un factor que no depende meramente del afecto y el deseo. Se requiere un esp&iacute;ritu fraguado para leer, una voz convencional dual y de alguna forma interna, que actualice el evento de saber. Al respecto, es v&aacute;lido destacar que tanto leer y escribir son para el sujeto creador, en cualquiera de las dos esferas, eventos de delicada pesquisa que requieren ser emancipados de las urgencias, casi un reto milagresco para frente a la vida contempor&aacute;nea: "Leer un s&iacute;mbolo requiere algo m&aacute;s que una mirada r&aacute;pida y superficial sobre las apariencias de los objetos. Las cosas tienen un alma que se manifiesta tambi&eacute;n en su envoltura material (...) Las letras que forman una palabra act&uacute;an como una piel a trav&eacute;s de la cual se expresa el esp&iacute;ritu del mundo" (Stoppelman 1999 181).</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; hay, qu&eacute; cabalga entre las m&eacute;dulas del c&oacute;digo? De conformidad con las teor&iacute;as funcionales de la comunicaci&oacute;n, al interior del c&oacute;digo se encuentra el mensaje. Es un asunto de tanto inter&eacute;s hist&oacute;rico que por cientos de a&ntilde;os las comunidades acad&eacute;micas sincretizaron su verdad, y con pactos de sangre conservaron el mensaje bajo la sintaxis de un c&oacute;dice secreto. Un maravilloso ejemplo se puede rastrear al leer los pasajes sucedidos en la biblioteca de Melk, en El nombre de la rosa (Eco 2004). Pero, con todo y esto, el c&oacute;digo se debe a una convenci&oacute;n cifrada entre sujetos que se reconocen en la cotidianidad de algunos actos de habla<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. La pregunta sigue siendo: &iquest;qu&eacute; se embala al interior de esta entidad en el complexo proceso de producci&oacute;n textual?</p>     <p>Indudablemente que es el mensaje. Ni el m&aacute;s desprevenido lector pensar&iacute;a algo distinto. Esa entidad congruente a un objeto de an&aacute;lisis, que encierra el mansaje y que es elemento fundante en el proceso de la comunicaci&oacute;n, contiene entre las 'mu&ntilde;ecas rusas', aquella &iacute;ntima a la que solo se accede dentro de una relatividad connotativa y extensiva de sus significaciones a los actores involucrados: el sujeto que lee y el sujeto que escribe y el sujeto que lee y escribe y el sujeto que escribe y lee. He aqu&iacute; en el laberinto, el espiral de ciclos hermen&eacute;uticos, de los que habl&oacute; Nietzsche en la metamorfosis del lector: camello, le&oacute;n, ni&ntilde;o (Zuleta 1996). Es decir que en su dimensi&oacute;n limitada dentro de los esquemas materializados en el concepto -o la forma f&iacute;sica y sensorial que convierte el mensaje a un c&oacute;digo elaborado-, &eacute;ste opera como factor metaling&uuml;&iacute;stico de una articulaci&oacute;n ontog&eacute;nica, en el marco de una triangulaci&oacute;n formada entre lector-escritor-lector. As&iacute;, la suerte de un mensaje en el texto y/o en la descodificaci&oacute;n lectora, depende ahora de entidades actuantes, de zooms sapiens, que para el caso se hayan conformadas por el emisor y el perceptor: una tautolog&iacute;a estrechamente anal&oacute;gica presente en la oscilaci&oacute;n pendular que va del lector al escritor y se devuelve justo por el camino recorrido haciendo feed back (retroalimentaci&oacute;n).</p>      <p><font size="3"><b>De los contextos y las fuentes</b></font></p>     <p>La teor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica referencia en la categor&iacute;a de contextos "la red de situaciones o circunstancias que rodean el ejercicio de un acto comunicativo. Involucran las condiciones reales que los componentes tienen... tipo de c&oacute;digo, canal, participaci&oacute;n de los sujetos: su atenci&oacute;n, su voz, tono, mirada, distancia; tambi&eacute;n los factores de tiempo y espacio" (Ni&ntilde;o Rojas 1994). Aspecto que, ubicado en el campo de la gram&aacute;tica textual, permite visualizar para el proceso lectoescritural un marco de factores psicoambientales que determinan el acto creador en la cultura misma. Independiente de que la fuente est&eacute; en el texto que se lee, y de esta manera, se la perciba intr&iacute;nseca, o de que &eacute;sta advenga al escritor por la l&iacute;nea de sus memorias, de sus experiencias, de sus consultas y rastreos heur&iacute;sticos, siempre habr&aacute; un "contexto" en la fragua hermen&eacute;utica. Para ejemplificar esto, que venga el esp&iacute;ritu de Man&iacute;a (Bartra 1985), la antigua diosa de la esquizofrenia en Grecia a dar la mano: se narra que fue en la bruma de la locura que Ra&uacute;l G&oacute;mez Jattin, el poeta de Amanecer en el Valle del Sin&uacute;, se encontr&oacute; cara a cara con el espejo del que calc&oacute; su obra; de otra forma -y en sustantivos estados de cordura- no hubiera podido escribir. As&iacute; lo describe el periodista Oscar Collazos, citado en el libro Arde Ra&uacute;l: "En Ra&uacute;l hay una lucidez que es su propia locura... hay algo de m&eacute;todo. Ra&uacute;l que por momentos parece simplemente asistir por una temporada en el infierno decide quedarse all&iacute;, donde &eacute;l se corresponde con su propio modo de vida" (Fiorillo, 2004).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo anterior es para colegir que el espacio conceptualizado y singularizado de la lectura y la escritura se vuelve &uacute;nico, y a la manera de William Shakespeare, irrepetible: aquello que se escribe y lo que se lee s&oacute;lo se producen en ese &uacute;nico y elemental instante. Probablemente Ernesto S&aacute;bato, despu&eacute;s de quemar sus manuscritos de los que tanto habla, se recuper&oacute; en su propia catarsis para retomar lo perdido y hasta cre&oacute; nuevamente prolongaciones de lo que fue El t&uacute;nel o Sobre h&eacute;roes y tumbas. Pero aquellas que sucumbieron abrasadas en un arrebato faquir, "esas", como lo pronostic&oacute; el Poeta, "esas no volver&aacute;n" (B&eacute;cquer Rima LIII). El contexto, en este orden de ideas, define el macram&eacute; de las sensaciones y los significados, est&aacute; en la revelaci&oacute;n cultural, es supratextual y contrastable con la historia misma. De esta manera, para cada obra hay ambientes que gradan en el tiempo y son de singular importancia cuando el ex&eacute;geta se remite a hacer valoraci&oacute;n de la obra. Contemplar, por ejemplo, el cuadro Horizontes de Francisco Antonio Cano (1913). No es lo mismo para un joven pintor v&iacute;ctima del desplazamiento en Colombia que para otro en el mismo oficio, cuya diferencia es que no ha sufrido en carne propia esos vej&aacute;menes, producto de la descomposici&oacute;n social. En consecuencia, el acto creador integrado se debe a un contexto. &iquest;Cu&aacute;l es el papel entonces de las fuentes?</p>     <p>Las fuentes son los fluidos de informaci&oacute;n. De su margen de autenticidad o falsedad ser&aacute; posible determinar categor&iacute;as &eacute;ticas para la legitimaci&oacute;n contextual del proceso. No obstante lo anterior, que supone un asunto ontol&oacute;gico, viene al respecto determinar que hay un punto al que se remite, un lugar de donde emerge la motivaci&oacute;n de un mensaje destinado y al que se aproxima el hablante (y coincidiendo que tanto el lector como el escritor lo son por antonomasia). La fuente aporta el dato, la informaci&oacute;n pertinente, aunque la vigencia dependa de una circunstancia. Sin fuentes no habr&aacute; nada para decir y se puede establecer que el evento comunicativo adscribe en estas su punto de partida.</p>     <p>Pero la partida supone la instrumentalizaci&oacute;n de pistas. El mensaje configurado, codificado en la obra o el informe de lectura, o en la creaci&oacute;n que surge a partir de tantas lecturas, demanda canales de desplazamiento. Antiguamente lo fue la tradici&oacute;n oral. El cuento se trag&oacute; a los autores, pero prevaleci&oacute; en la voz de los juglares: "Si Am&eacute;rica Latina desapareciera en un cataclismo, inmediatamente reaparecer&iacute;a en la voz de sus poetas", dijo Eliseo Reclus alguna vez, refiri&eacute;ndose a la fuerza narrativa de los pueblos hispanoparlantes de Am&eacute;rica del Sur. Un canal siempre es un medio para garantizar que la emisi&oacute;n conceptual s&iacute; llegue a su destino de perlocuci&oacute;n. A&uacute;n en el mon&oacute;logo, este busca las vertientes para afectar a un interlocutor y provocar sensaciones, conceptos, deseos. El escritor Mario Benedetti lo recrea bellamente en R&eacute;quiem con tostadas, un cuento del que, al iniciar, es imposible desprenderse hasta finalizar la an&eacute;cdota de Eduardo:</p> <ol>S&iacute;, me llamo Eduardo. Usted me lo pregunta para entrar de alg&uacute;n modo en conversaci&oacute;n, y eso puedo entenderlo. Pero usted hace mucho que me conoce, aunque de lejos. Como yo lo conozco a usted. Desde la &eacute;poca en que empez&oacute; a encontrarse como mi madre en el caf&eacute; de Larra&ntilde;aga y Rivera, o en &eacute;ste mismo. No crea que los espiaba. Nada de eso. Usted a lo mejor lo piensa, pero es porque no sabe toda la historia... (1968).    </ol>     <p>Coherente con lo anterior, la ex&eacute;gesis, en ese marco de continua dial&eacute;ctica que plantea el universo textual exige canales metaling&uuml;&iacute;sticos que no se pueden valorar s&oacute;lo en la dicotom&iacute;a espacio/tiempo, de una realidad revelada en el plano de la p&aacute;gina. Hay entre esos dos l&iacute;mites cartesianos un abismo complexo que se singulariza en cada circunstancia, creando un fluido comunicante propio, un artista &uacute;nico. El canal, por tanto, se reivindica en la sustancia de los "constructos", en las experiencias y las sensaciones, en las historias retrospectivas que abren sus &aacute;ngulos desde el referente significativo trazado por la senda de la tinta. Se trata de un elemento sustancial y determinante en la categorizaci&oacute;n interpretativa, sobre el que cabalga el signo sustituyendo referentes propios en los acontecimientos, los eventos y las cosas y lo que se abstrae de estas con la adjetivaci&oacute;n derivativa en la configuraci&oacute;n del concepto. As&iacute;, hablar de canales (pistas en algoritmos inform&aacute;ticos) supone legitimar la convenci&oacute;n no s&oacute;lo del signo, sino de las rutas y medios, los ambientes y los dem&aacute;s factores propios de un acontecimiento interpretativo. Es por ello que el aprestamiento al canal, la actualizaci&oacute;n de los instrumentos con que se lee y se escribe, articulan el andamio en el habilitamiento de la competencia -lecto/escritural, por su puesto.</p>      <p><font size="3"><b>Oscilaci&oacute;n pendular: Emisor-perceptor y vigencia en el acto creativo</b></font></p>     <p>En este eslab&oacute;n de la lectura, el acto involucra en sus sustancias elementales dos roles en intermitente posici&oacute;n locutiva: el rol del emisor/ escriba y el rol del lector/hermeneuta. Son categor&iacute;as emancipadas que no se reducen a las personas como entidades sustantivas que se deben a un &uacute;nico desempe&ntilde;o en el proceso de la emulaci&oacute;n textual: lo m&iacute;nimo que se espera de un lector obstinado es que escriba. El lector, lo mismo que el escritor, lee y se lee entre l&iacute;neas (no se entienda esto como una tendencia apolog&eacute;tica que recupera al sujeto -estos sujetos- en el div&aacute;n), crea y es creado por un texto que lo elige en la especificidad del c&oacute;digo (los libros no est&aacute;n escritos a la medida de todos para todos los individuos; como en los centros comerciales, todos los individuos pueden ingresar, pero no a todos les es dado el privilegio de salir a la calle con las canastas llenas). Ambos son actuantes que poseen por autocracia una porci&oacute;n de mensaje que queda del reparto en la disertaci&oacute;n de los conceptos: se escribe de la manera en que se lee, desde una concepci&oacute;n, con una intenci&oacute;n, encriptando dentro del signo como producto un mensaje. Pero en esta parte &uacute;ltima, surge el dilema: &iquest;puede el mensaje prevalecer a las corazas del c&oacute;digo y estandarizarse en un concepto com&uacute;n a los actores que lo legitiman en el proceso de la comunicaci&oacute;n? Problema hermen&eacute;utico.</p>     <p>Nada garantiza que sea as&iacute;. Es a partir de ello que una rama de la argumentaci&oacute;n en las ciencias ling&uuml;&iacute;sticas, la hermen&eacute;utica, asume por objeto de an&aacute;lisis el complejo campo de las interpretaciones. El texto que se lee y el lector que lee han llegado a un punto de coincidencia por tradiciones distintas. Aquel ha creado el texto bajo motivaciones y sobre la base de objetos hermen&eacute;uticos que de ninguna manera tienen que ser homog&eacute;neos a los del lector. Pero este &uacute;ltimo se aproxima con un prop&oacute;sito del que considera debe existir respuesta en el primero. De esta manera, pensadores a la altura de Beccaria (2008) hablan de una hermen&eacute;utica de incertidumbres, puesto que tantos textos como lectores para ellos haya, se corresponder&aacute;n con igual o superior n&uacute;mero de interpretaciones, pero jam&aacute;s uno menos.</p>     <p>Tal vez sea ese fondo del vac&iacute;o en el horizonte interpretativo aquello que vuelve rica la vigencia textual: "Por diversos caminos se llega a Roma", dice el adagio. El objeto significador, en calidad de elemento sem&aacute;ntico, entra ahora a integrar la manzana de la discordia en el marco de una tensi&oacute;n gnoseol&oacute;gica tendida entre categor&iacute;as que van del v&eacute;rtice de la subjetividad al plano de la objetividad y viceversa, como un p&eacute;ndulo. Los valores expl&iacute;citos, perceptibles en los planos superficiales, son penetrados por la azada hasta alcanzar otros niveles fre&aacute;ticos en el vano de las estructuras profundas. La hermen&eacute;utica especular&aacute; sin hilos de Ariadna por intersticios cada vez m&aacute;s estrechos, en busca de eso que en el alba de los griegos Hermes determin&oacute; en la condici&oacute;n de gnost, o sea, el saber en su sustancia compuesta y compleja por el efecto cultural que resulta de la interacci&oacute;n del ser en la ocupaci&oacute;n de los tiempos y los espacios.</p>     <p>Esa relaci&oacute;n de alteridad semi&oacute;tica, de la que se ha venido disertando, no acontece s&oacute;lo en funci&oacute;n del otro ego. Tambi&eacute;n est&aacute; planteada en "lo otro", y en suma, formando el cosmos, idea ca&oacute;tica de una perfecta armon&iacute;a. Por lo tanto, el acto creador troquela su forma entre la vigilia y el sue&ntilde;o, entre las cosas y la conciencia que la abstracci&oacute;n permite de ellas: la abstracci&oacute;n como contemplaci&oacute;n del objeto, descodificaci&oacute;n y recomposici&oacute;n particular subjetivamente &iacute;ntima. Los elementos de contexto se singularizan en esta parte y forman extensiones de otros conceptos que se derivan sin la negaci&oacute;n de su sustancia. As&iacute;, la monta&ntilde;a no deja de ser monta&ntilde;a para empezar a ser la monta&ntilde;a de Siervo Joya (Calder&oacute;n 1994), en el relato de destierro en Colombia y de retorno en su &uacute;ltimo d&iacute;a que Eduardo Caballero Calder&oacute;n construye desde la conciencia de los desterrados. En ese caso, se hace necesario ir a la obra para comprender que el contexto y el objeto en el contexto han configurado desde la subjetividad del narrador un concepto, una nueva palabra sobre la palabra seca del lexic&oacute;n. Es que si los diccionarios tienen el privilegio de estivar palabras, &eacute;stas permanecer&aacute;n all&iacute;, muertas entre l&iacute;neas hasta que se pongan en contexto. As&iacute;, la gram&aacute;tica textual aprovecha para desarrollar la idea del valor de ciertos determinismos en ubicaciones contextuales. En el marco de esas transfiguraciones, las voces que se expresan en el texto surgen emancipadas de la etimolog&iacute;a, algo as&iacute; como en una suerte de sublevaci&oacute;n con identidad propia, por lo que resulta compleja en esta parte la labor del traductor.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Los mitos</b></font></p>     <p>La palabra mito -un antiguo vocablo originado del griego mythos- sit&uacute;a su concepto en la idea de falso. De ah&iacute; que la psicolog&iacute;a designe el goce de mentir con el t&eacute;rmino mitoman&iacute;a. As&iacute; las cosas, el concepto de mito epistemol&oacute;gicamente tiende una tensi&oacute;n respecto a otras connotaciones en las cuales la misma palabra abre su margen de transtextualidad en la cultura. La idea de "creaci&oacute;n", por ejemplo, es asimilada al referente teologal de "mito", cada vez que se trata de explicar el origen de un fen&oacute;meno natural para el cual la l&oacute;gica o el logos no tienen una definici&oacute;n cient&iacute;fica; en este caso, es claro que no es precisamente mentir lo que resignifica.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; es un mito? En t&eacute;rminos del escritor argentino Ernesto S&aacute;bato, un mito es una met&aacute;fora colectiva que explica el origen de un fen&oacute;meno. En tal orden de ideas, la raz&oacute;n para describir el origen del universo, los elementos y los fen&oacute;menos encuentra en el mito la fusi&oacute;n conveniente de un componente real con uno imaginario:</p> <ol>Del Caos al Universo</p>     <p>Antes de existir el mar, la tierra y el cielo, continentes de todo, exist&iacute;a el Caos. El sol no iluminaba a&uacute;n el mundo. Todav&iacute;a la luna no estaba sujeta a sus vicisitudes. La tierra no se encontraba todav&iacute;a suspensa en el vac&iacute;o, o tal vez quieta por su propio peso. No se conoc&iacute;an las riberas de los mares. El aire y el agua se confund&iacute;an con la tierra, que todav&iacute;a no hab&iacute;a conseguido solidez. Todo era informe. Al fr&iacute;o se opon&iacute;a el calor. Lo seco a lo h&uacute;medo. El cuerpo duro se hincaba en el blando. Lo pesado era ligero a la vez. Los dioses, o la naturaleza, pusieron fin a estos desprop&oacute;sitos, y separaron al cielo de la tierra, a &eacute;sta de las aguas y al aire pesado del cielo pur&iacute;simo. Y, as&iacute;, el caos dej&oacute; de ser. Los dioses pusieron a cada cuerpo en el lugar que les correspond&iacute;a y establecieron las leyes que hab&iacute;an de regirlos. El fuego, que es el m&aacute;s ligero de los elementos, ocup&oacute; la regi&oacute;n m&aacute;s elevada. M&aacute;s abajo, el aire. La tierra encontraba su equilibrio, la m&aacute;s profunda (Ovidio).    </ol>     <p>Luego, el aspecto de lo imaginario revierte a otra realidad ic&oacute;nica en la conciencia individual del sujeto. Determinar, por ejemplo, que la imaginaci&oacute;n es una extensi&oacute;n de la realidad, constituye una verdad que no requiere mayor esfuerzo. En este caso, se trata de un asunto suficientemente demostrado por el psicoan&aacute;lisis. Para ilustrarlo cabr&iacute;a decir que, si bien en el universo sensible de las cosas que funcionalmente llamamos reales no existen caballos alados, s&iacute; est&aacute;n presentes all&iacute; las alas y los caballos. En la realidad tangible hay alas y caballos, componentes que la mente asocia para formar el Pegaso, en la dimensi&oacute;n de los imaginarios en el universo senciente.</p>     <p>Asimilando toda la construcci&oacute;n realizada del t&eacute;rmino "mito", ya como imaginario, ya como significante de lo falso o pretexto, en la pertinencia del objeto hermen&eacute;utico de la lectura y la escritura lo propio surge para determinar que se construye en los escenarios academicistas ciertas seudorazones que son &oacute;bice en torno a la identidad del escritor y/o del lector <i>per se </i>en su oficio de producci&oacute;n. As&iacute;, se impostan palos en la rueda para impulsar la renuncia frente a una propuesta seria de lectura cr&iacute;tica y de escritura art&iacute;stica. Para alegorizar este <i>pathos </i>presente la cultura, ese malestar que se toma los entornos intelectuales, la trivializaci&oacute;n del ejercicio que trae el espasmo, viene bien al imaginario hacer an&aacute;foras desde psicol&oacute;gicas contextualizaciones a aquello que configur&oacute; la percepci&oacute;n simb&oacute;lica de los griegos. En consecuencia, los mitos para no leer y para el NO inconsciente y colectivizado del escribir se despliegan en este an&aacute;lisis en tres categor&iacute;as, que se inician en el olvido, se afirman en el dolor y se consuman en la desesperanza aprendida. Veamos:</p> <ul>    <li><i>El torbellino de Leteo<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. </i>Hay quienes leen y al hacerlo manifiestan s&iacute;ntomas de olvido: "Cuando avanzo por la p&aacute;gina 33, siento que no recuerdo el inicio del libro, que no recuerdo nada", dicen. El olvido como <i>pathos, </i>dentro en la hermen&eacute;utica, revela la ausencia de m&eacute;todo en el ejercicio lector: se olvida lo que la mente humana no legitima como sustancia estructural. Es un asunto de conceptos m&aacute;s que de unidades aisladas. Recurrentemente el lector distra&iacute;do se aproxima al objeto textual bajo la mec&aacute;nica <i>step by step, </i>o sea, palabra por palabra. En este esfuerzo hueco los conceptos se disgregan perdiendo la cohesi&oacute;n sem&aacute;ntica, lo que hace que la actividad de lectoescritura se torne hostil, y el sujeto d&iacute;scolo frente a la fluidez intelectual del texto.</li>     <li><i>Los ardores del Phirifleton<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. </i>Entre el mundo griego, la tendencia a creer en Caronte les condujo a la idea de que las almas sufr&iacute;an en carne propia el ardor del desarraigo cuando eran alejadas en aquel viaje definitivo al Hades junto al Barquero. Esta palabra, que proviene de la ra&iacute;z <i>pira </i>(fuego), sirve como alegor&iacute;a para la construcci&oacute;n del segundo mito: <i>el dolor de leer. </i>Hay quienes dicen que al leer les duele en los ojos. Al respecto, la cita de Gilles Deleuze habla de los intelectuales como aquellos que emergen con los ojos inyectados de sangre. En este sentido, viene al caso plantear que la lectoescritura supone poner los ojos frente al fuego con una decisi&oacute;n sin renuncia, aunque ello suponga enrojecer las c&oacute;rneas hasta trascender el l&iacute;mite del constructo. Es esta la raz&oacute;n por la cual en Estanislao Zuleta la caracterizaci&oacute;n del lector apunta hacia una actitud seria y met&oacute;dica: se lee para descodificar y codificar una experiencia con el conocimiento, y esto es realmente doloroso.</li>     <li><i>El rostro de Cerbero<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. </i>Ante la presencia de este terrible monstruo tricapita, era imposible escapar. Todo esp&iacute;ritu, ante la desesperanza aprendida que puede suponer el texto, se enfrenta al impostor superlativo: el desencanto. Decidir de nuevo en un proyecto lectoescritural es el resultado de una decisi&oacute;n tit&aacute;nica. Si este revertimiento es posible, el sujeto hermeneuta se fortalecer&aacute; con la experiencia y superar&aacute; al troglodita de todos los tiempos, para definirse en el inmortal sobre los recorridos grafol&oacute;gicos: "Otro es el r&iacute;o que persigo... el r&iacute;o secreto que purifica de la muerte a los hombres". (Borges 1980).</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>      <p><font size="3"><b>Conclusi&oacute;n</b></font></p>     <p>La lectura, tanto como la escritura, pertenecen al sue&ntilde;o de inmortalidad humana. Estos dos inventos tan anhelados vienen al caso con la civilizaci&oacute;n, y se puede determinar que pautan el paso definitivo de un estado de barbarie (o de naturaleza, conocido as&iacute; en la ciencia pol&iacute;tica) a un Estado pol&iacute;tico. Aunque son categor&iacute;as de significativa admiraci&oacute;n, requieren para su aprestamiento como competencias el esfuerzo y la deleitaci&oacute;n del artista. Si bien es cierto que un alto porcentaje de la sociedad lee y escribe, aquello representa anaf&oacute;ricamente el mismo problema del pensar para cada individuo: pese a que todo el mundo piensa, pocos son los que entre la multitud saben hacerlo. El leer y el escribir son facultades que requieren formaci&oacute;n y no se llega a ellas espont&aacute;neamente. La aspiraci&oacute;n del sujeto para incursionar en estos oficios sugiere una ruta trazada por los meandros de la interpretaci&oacute;n, una sublevaci&oacute;n declarada contra la esterilizaci&oacute;n del pensamiento positivo (o sea, el no ser ante un deber ser consetudinalmente predeterminado), para conservar aquello por lo que la vida tiene sentido: la capacidad de asombro y el sentido cr&iacute;tico. Lo m&aacute;s remoto a todo esto estar&iacute;a en incorporar elementos de casualidad dentro de lo pudiera ser un an&aacute;lisis, por esencia conceptual y cr&iacute;tico. Al respecto, "cuando el autor dice que ha trabajado por el reto de la inspiraci&oacute;n miente" (Eco 1993 72). Lo anterior, palabras m&aacute;s palabras menos, conduce a la idea del ejercicio denodado con los ojos tan abiertos como para reconocer en cada concepto la sustancia de un cron&oacute;pio desde la variopinta piel de la palabra.</p>     <p>Hay mitos y pretextos que funcionan en doble l&iacute;nea: tanto para negar la posibilidad de leer y ecribir, como para provocarla. Al final, todo ello est&aacute; en el h&aacute;lito de una necesidad comprendida: la urgencia de saber. Por lo tanto, no es suficiente el alfabeta, ni el intelectual funcional. Se requiere una pasi&oacute;n y problema. S&iacute;, un problema para encender los deseos de encontrar y construir sobre el horizonte textual. Al respecto, ermita&ntilde;os orientales coligen que "no basta un monton de plumas para que un p&aacute;jaro vuele, se requiere un esp&iacute;ritu".</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p> <a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> De la voz gr. grafo = rayado. Nombre dado al dibujo de una letra en el alfabeto.    <br> <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Un acto de habla es toda relaci&oacute;n mediada entre un 'hablante emisor' y un 'hablante perceptor', donde se produzca un destino comunicativo que involucre desde cualquier l&oacute;gica elementos comunicacionales en la vigencia de procesos interlocutivos socializadores.    <br> <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> Fuente o r&iacute;o del Averno. El que beb&iacute;a sus aguas se olvidaba de su vida en la tierra (Bartra 1985).    <br> <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> En griego, "r&iacute;o del dolor".    <br> <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Perro que cuidaba las Puertas del Hades (Bartra 1985).    <br>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Allende, Isabel. Entrevista Cara a Cara con Dario Arismendi. Bogot&aacute;: 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-1263201100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bartra, Agust&iacute;. Diccionario de Mitolog&iacute;a. Barcelona: Grijalbo, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-1263201100020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Beccaria, Cesare. De los delitos y de las penas. Bogot&aacute;: Universales, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-1263201100020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>B&eacute;cquer, Gustavo Adolfo. Gustavo Adolfo B&eacute;cquer 1836-1870. <a href="http://www.poesia-inter.net/gabrim53.htm" target="_blank">http://www.poesia-inter.net/gabrim53.htm</a> Recuperado el 29 de Abril de 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-1263201100020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Benedetti, Mario. "R&eacute;quiem con tostadas". La muerte y otras sorpresas. Madrid: Alfaguara, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-1263201100020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Borges, Jorge Luis. El Aleph. Buenos Aires: Alianza/Emec&eacute;, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-1263201100020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . El Inmortal. Bogot&aacute;: Norma, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-1263201100020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Calder&oacute;n, Eduardo Caballero. Siervo sin tierra. Santa F&eacute; de Bogot&aacute;: Panamericana, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-1263201100020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chomsky, Noam. Gram&aacute;tica generativa y transformacional. M&eacute;xico.: F.C.E., 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-1263201100020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>                                                 <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Deleuze, Gilles. "Un Retrato de Foucault". Conversaciones. Valencia: PreTextos, 1996. 165-193.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-1263201100020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>D&iacute;az, &Aacute;lvaro. Aproximaci&oacute;n al texto escrito. Medell&iacute;n: Universidad de Antioquia, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-1263201100020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Eco, Umberto. Lecto in f&aacute;bula. Madrid, Espa&ntilde;a: Lumen, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-1263201100020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . El nombre de la rosa. Bogot&aacute;: Casa Editorial El Tiempo, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-1263201100020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gadamer, Hans-Georg. Est&eacute;tica y hermen&eacute;utica. Madrid: Tecnos, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-1263201100020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>L&oacute;pez, Luis Carlos. "De mi villorrio". Poes&iacute;a completa. Bogot&aacute;: El &Aacute;ncora Editores, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-1263201100020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nietzsche, Friedrich. M&aacute;s all&aacute; del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-1263201100020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ovidio Nason, Publio. Metamorfosis. Libros I-IV. Madrid: Gredos, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-1263201100020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ni&ntilde;o Rojas, Victor Miguel. Los procesos de la comunicaci&oacute;n y del lenguaje. Santa f&eacute; de Bogot&aacute;: Ecoe, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-1263201100020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Saussure, Ferdinand de. Curso de lingu&iacute;stica general. Buenos Aires: Losada, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-1263201100020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&oacute;focles. Ant&iacute;gona. Bogot&aacute;: Skala, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-1263201100020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Stein, Gertrudis. "Escritores contempor&aacute;neos". Malpensante. 78. 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-1263201100020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Stoppelman,   Gabriela   &amp;   Baudelaire,   Charles.   Cuadernos   de   un disconforme. Buenos Aires: Lonseller, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-1263201100020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vigotsky, Lev Semi&oacute;novich. El desarrollo de los procesos psicol&oacute;gicos superiores. Espa&ntilde;a: Cr&iacute;tica, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-1263201100020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zuleta,  Estanislao.  "Sobre  la  lectura".  Ensayos  selectos.  Medell&iacute;n: Gobernaci&oacute;n de Antioquia, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-1263201100020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Allende]]></surname>
<given-names><![CDATA[Isabel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Entrevista Cara a Cara con Dario Arismendi]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bartra]]></surname>
<given-names><![CDATA[Agustí]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario de Mitología]]></source>
<year>1985</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Grijalbo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beccaria]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cesare]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De los delitos y de las penas]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universales]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bécquer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gustavo Adolfo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gustavo Adolfo Bécquer 1836-1870]]></source>
<year>29 d</year>
<month>e </month>
<day>Ab</day>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Benedetti]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mario]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA["Réquiem con tostadas". La muerte y otras sorpresas.]]></source>
<year>1968</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alfaguara]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Borges]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jorge Luis]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Aleph]]></source>
<year>1974</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza/Emecé]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Borges]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jorge Luis]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Inmortal]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Norma]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Calderón]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eduardo Caballero]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Siervo sin tierra]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santa Fé de Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Panamericana]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chomsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[Noam]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gramática generativa y transformacional]]></source>
<year>1968</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[F.C.E.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Deleuze]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gilles]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA["Un Retrato de Foucault"]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>165-193</page-range><publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PreTextos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Díaz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Álvaro]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aproximación al texto escrito]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad de Antioquia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Eco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Umberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Lecto in fábula]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lumen]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Eco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Umberto]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El nombre de la rosa]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Casa Editorial El Tiempo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gadamer]]></surname>
<given-names><![CDATA[Hans-Georg]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estética y hermenéutica]]></source>
<year>2006</year>
<page-range>Tecnos</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[López]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De mi villorrio]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[El Áncora Editores]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nietzsche]]></surname>
<given-names><![CDATA[Friedrich]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Más allá del bien y del mal]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza Editorial]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ovidio Nason]]></surname>
<given-names><![CDATA[Publio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Metamorfosis]]></source>
<year>2008</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Niño Rojas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Victor Miguel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los procesos de la comunicación y del lenguaje]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santa fé de Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ecoe]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Saussure]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ferdinand de]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Curso de linguística general]]></source>
<year>1974</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Losada]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sófocles]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Antígona]]></source>
<year>1982</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Skala]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stein]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gertrudis]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Escritores contemporáneos"]]></article-title>
<source><![CDATA[Malpensante]]></source>
<year>1998</year>
<volume>78</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stoppelman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gabriela]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Baudelaire]]></surname>
<given-names><![CDATA[Charles]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cuadernos de un disconforme]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Lonseller]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vigotsky]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lev Semiónovich]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El desarrollo de los procesos psicológicos superiores]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-name><![CDATA[Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Zuleta]]></surname>
<given-names><![CDATA[Estanislao]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA["Sobre la lectura"]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Medellín ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gobernación de Antioquia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
