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</front><body><![CDATA[ <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="right" ><b>OBITUARIO</b> </P > </FONT>     <P   align="right" ><font size="3" face="VERDANA"><B>David Bushnell (1923-2010) </b></font></P > <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="justify" ><b>PABLO RODR&Iacute;GUEZ JIM&Eacute;NEZ    <BR>   </b>Universidad Nacional de Colombia    <BR> Bogot&aacute;, Colombia </P > <hr size="1">      <blockquote>       <p align="justify"><I>&quot;Este pa&iacute;s me va a gustar&quot;, fueron las palabras que estamp&eacute; en la primera carta dirigida a mis padres despu&eacute;s de pisar tierra colombiana. Hab&iacute;a llegado a </I><I>fines de diciembre de 1943, en vuelo de Panam&aacute; a Medell&iacute;n, y mientras el avi&oacute;n de h&eacute;lice daba vueltas para aterrizar en el angosto valle de Aburr&aacute; sufr&iacute; un ataque de mareo que l&oacute;gicamente me habr&iacute;a inclinado a formarme una opini&oacute;n menos optimista. Sin embargo, ven&iacute;a con unas expectativas muy positivas, basadas en mis lecturas de estudiante universitario, ya que por aquellos a&ntilde;os, a diferencia de tiempos m&aacute;s recientes, gozaba Colombia de una imagen internacional muy </I><I>de primera... es decir, entre las pocas personas que hab&iacute;an o&iacute;do hablar del pa&iacute;s. </I><I>Se perfilaba como un oasis de paz y democracia, o como una especie de Costa Rica andina. Y en realidad me gust&oacute;; aunque no todo, por supuesto</I>. <a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a> </p> </blockquote>     <P   align="justify" >CON ESTAS PALABRAS comentaba David Bushnell su primera impresi&oacute;n del pa&iacute;s en el lejano a&ntilde;o de 1943. Entonces, era un joven de veinte a&ntilde;os que descubr&iacute;a el pa&iacute;s al que dedicar&iacute;a buena parte de su vida como historiador. Colombia se convirti&oacute; en su objeto de estudio y reflexi&oacute;n, ejercicio que plasm&oacute; en diversidad de libros e innumerables art&iacute;culos. Su primera estancia de investigaci&oacute;n en el pa&iacute;s ocurri&oacute; en 1948, cuando a&uacute;n no se recog&iacute;an las cenizas de la conflagraci&oacute;n provocada por el asesinato de Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n el 9 de abril. Sus frecuentes visitas al pa&iacute;s le permitieron recorrer en tren, bus y barcazas las distintas geograf&iacute;as, y conocer de cerca las formas de ser de los colombianos y las costumbres populares. David Bushnell lleg&oacute; a comprender el pa&iacute;s tanto a trav&eacute;s de los libros y los documentos -que nunca dej&oacute; de leer y buscar- como en la conversaci&oacute;n atenta con acad&eacute;micos y gente corriente. Su extensa relaci&oacute;n con los colombianos, su calificado criterio sobre su historia y su trato cordial le valieron el reconocimiento de &quot;padre de los colombianistas&quot;. </P >     <P   align="justify" >Pero David Bushnell fue tambi&eacute;n un entusiasta promotor de Colombia en la academia norteamericana. Desde la sede en Gainsville de la Universidad de la Florida, donde pas&oacute; la mayor parte de su carrera docente, buscaba interesar a sus estudiantes en la historia de Colombia. Gracias a &eacute;l, y a otros acad&eacute;micos, claro est&aacute;, hubo estudiantes que se decidieron a hacer sus tesis doctorales sobre el pa&iacute;s. Esto sucedi&oacute; en un ambiente en el que optar por estudiar la historia de M&eacute;xico, Argentina y Brasil ten&iacute;a mayores atractivos y reconocimientos. Adem&aacute;s, el profesor Bushnell, como director de <I>Hispanic American Historial Review </I>durante casi una d&eacute;cada, alent&oacute; los estudios latinoamericanos en Norteam&eacute;rica. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   align="justify" >Existe consenso en reconocer que la obra m&aacute;s s&oacute;lida e influyente de David Bushnell es <I>El r&eacute;gimen de Santander en la Gran Colombia</I>, estudio de conjunto de nuestro primer gobierno republicano, lleno de voluntad en sus dirigentes, pero fundado en las tensiones y precariedades de una unidad heredada de la Colonia. Con abundante y novedosa informaci&oacute;n, esta obra ense&ntilde;&oacute; las dificultades que encontraron los primeros republicanos para construir un gobierno viable. Por supuesto, las hubo pol&iacute;ticas en la formaci&oacute;n de los bandos, pero especialmente se encontraron en la carencia de recursos para sostener la guerra y mantener una administraci&oacute;n con moral. La estrategia de conseguir pr&eacute;stamos en el extranjero y establecer un sistema fiscal que no chocara con la poblaci&oacute;n fueron hechos que comprometieron buena parte de la energ&iacute;a del gobierno de Santander. Recomponer la econom&iacute;a destruida en la guerra es otro tema en el que ahonda esta obra. Tema no menor, ya que se impon&iacute;a distanciarse del tradicional modelo colonial de dependencia econ&oacute;mica de las actividades mineras. La educaci&oacute;n y el problema religioso no son cap&iacute;tulos marginales en el libro. Respecto al tema religioso, la obra se ocupa en tres cap&iacute;tulos de la revisi&oacute;n del papel de los religiosos en la Independencia y del patronato eclesi&aacute;stico en la sociedad. Fue en este gobierno en el que se inici&oacute; la secularizaci&oacute;n, en la b&uacute;squeda tanto de tolerancia como de recortar los antiguos privilegios eclesi&aacute;sticos. </P >     <P   align="justify" >Publicada en 1954 en su versi&oacute;n en ingl&eacute;s, y traducida al castellano y publicada por la Universidad Nacional de Colombia en 1966, <I>El r&eacute;gimen de Santander en la Gran Colombia</I> fue una obra renovadora de nuestra historiograf&iacute;a. Rescat&oacute; una &eacute;poca dominada por visiones patri&oacute;ticas, descubriendo el oculto proceso de formaci&oacute;n de la rep&uacute;blica. Finalmente, conviene decir que este es un libro hecho con extremo rigor, tanto por su rico fundamento documental como por el tratamiento cuidadoso de los problemas tratados, siempre atento a ofrecer distintos razonamientos y puntos de vista sobre los hechos estudiados. </P >     <P   align="justify" >Otras dos obras importantes de David Bushnell fueron su estudio sobre el gobierno del presidente liberal Eduardo Santos y su biograf&iacute;a de Sim&oacute;n Bol&iacute;var. El primero se ocupa esencialmente de estudiar las relaciones diplom&aacute;ticas de Colombia con los Estados Unidos en los a&ntilde;os cruciales de 1938 a 1942. Basado en la privilegiada documentaci&oacute;n del Departamento de Estado, la obra describe la extensi&oacute;n de la pol&iacute;tica del buen vecino, en un momento en que Estados Unidos necesitaba asegurar la lealtad de los gobiernos latinoamericanos y Colombia buscaba pactos favorables para su pol&iacute;tica de exportaci&oacute;n. En su breve biograf&iacute;a de Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Bushnell se interesa tanto en el propio personaje como en comprender el complejo proceso de la formaci&oacute;n de los nuevos Estados independientes. Concibe un Bol&iacute;var de ideas progresistas y liberales que vivi&oacute; la seducci&oacute;n de las alternativas mon&aacute;rquicas. En forma rigurosa y con una escritura esmerada, Bushnell repasa la extraordinaria vida del Libertador. Sin falsas exaltaciones, reconoce que se trata de un personaje excepcional, cuya acci&oacute;n y pensamiento resultan incomparables. </P >     <P   align="justify" >Adicionalmente, el profesor Bushnell trat&oacute; distintos temas de la historia colombiana, que normalmente present&oacute; en congresos y reuniones acad&eacute;micas. Uno de ellos fue el de la historia del sistema electoral. Por supuesto que explic&oacute; sus falencias, pero lo que m&aacute;s le interes&oacute; fue mostrar su persistencia. Sin embargo, la obra que lo acerc&oacute; a un p&uacute;blico masivo fue su <I>Colombia, una naci&oacute;n a pesar de s&iacute; misma</I>. Escrito para estudiantes norteamericanos, en Colombia se convirti&oacute; en libro de texto de todas las carreras universitarias. Su fundado conocimiento de la historia del pa&iacute;s le permiti&oacute; escribir una obra de s&iacute;ntesis y explicar hechos complejos de su devenir. No cabe duda que parte de su atractivo est&aacute; en la clave que se anuncia en el t&iacute;tulo: la existencia de una naci&oacute;n con graves contradicciones y dificultades, cuyos enormes potenciales, en sus m&uacute;ltiples recursos naturales y humanos, siempre le ofrecen una salida. Y eso es algo que debe nombrarse: el profesor Bushnell fue un historiador optimista. </P >     <P   align="justify" >David Bushnell no solo estudi&oacute; el pa&iacute;s, en &eacute;l ancl&oacute; buena parte de su vida. Su car&aacute;cter sencillo y generoso lo acerc&oacute; a distintas generaciones de historiadores colombianos. Siempre respond&iacute;a con amabilidad y entusiasmo a las invitaciones que se le hac&iacute;an. En su esposa Virginia Starkes tuvo una compa&ntilde;era siempre dispuesta a acompa&ntilde;arlo en sus aventuras investigativas en el pa&iacute;s. Peter, el menor de sus hijos varones, naci&oacute; en Bogot&aacute;. </P >     <P   align="justify" >Este a&ntilde;o, la Universidad Nacional de Colombia decidi&oacute; otorgarle un <I>Doctorado Honoris Causa</I> en reconocimiento a su enorme legado a la historia del pa&iacute;s. Lamentablemente, el profesor Bushnell falleci&oacute; el pasado 5 de septiembre, d&iacute;as antes de la ceremonia de entrega. No obstante, las palabras expresadas por su hija Cathy, quien viaj&oacute; a recibir la distinci&oacute;n, exaltan su memoria: &quot;&Eacute;l nos ense&ntilde;&oacute; que no existen las barreras culturales mientras se respeten la diferencia y las costumbres de los dem&aacute;s&quot;. Los historiadores colombianos siempre le recordaremos con gratitud y afecto. </P > <hr size="1">      <P   align="left" ><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> Ver &quot;El ojo ajeno: relato autobiogr&aacute;fico de David Bushnell&quot;, <I>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico </I>XIX (Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica, 1992). </P > </FONT>      ]]></body>
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