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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LIBERTAD Y DETERMINISMO GENÉTICO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The discoveries that are linked with the Project of the Human Genome, do not either decrease our sense of freedom or do they confirm that our condition of free beings is that of a fiction. What they really demand is a notion of moral liberty located in a natural world. The content of the exhibition is divided into two parts. In the first one, what is true and what is false in the relations between phenotype and genotype is examined. In the second part, following the modern tradition opened by Dr Hume and with the support and contributions made by Mr E. Tugendhat, it is held that the choices made by human beings can be identified with distinct empirical criteria of those characterizing the behavior of other animals, alien of giving them for this reason any responsibility at all.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>LIBERTAD Y DETERMINISMO GEN&Eacute;TICO<sup>*</sup></b></font></p>      <p><font size=4 face="verdana"><b>Freedom and Genetic Determinism</font></b></p>      <p><font size=2 face=verdana>    <p><b>Jos&eacute; Luis Vel&aacute;zquez Jordana</b>    <br> Universidad Aut&oacute;noma de Madrid</center></p>      <p><sup>*</sup> <b>Recibido</b> Junio de 2009; <b>aprobado</b> Octubre de 2009.</font></p>  <hr>  <font size=3 face="verdana">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Los descubrimientos vinculados al Proyecto Genoma Humano, ni merman nuestro sentido de la libertad ni confirman que nuestra condici&oacute;n de seres libres sea una ficci&oacute;n. Lo que realmente demandan es una noci&oacute;n de libertad moral ubicada en un mundo natural. El contenido de la exposici&oacute;n tiene dos partes. En la primera, se examina qu&eacute; hay de verdadero y de falso en el determinismo gen&eacute;tico respecto a las relaciones entre fenotipo y genotipo. En la segunda parte, siguiendo la tradici&oacute;n moderna inaugurada por D. Hume y con el apoyo de las aportaciones de E. Tugendhat, se sostiene que las acciones libres protagonizadas por los seres humanos pueden identificarse con criterios emp&iacute;ricos distintos a los que caracterizan la conducta de otros animales ajenos a la posibilidad de imputarles responsabilidad alguna.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: determinismo gen&eacute;tico, causalidad, voluntad, libertad, responsabilidad.</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>The discoveries that are linked with the Project of the Human Genome, do not either decrease our sense of freedom or do they confirm that our condition of free beings is that of a fiction. What they really demand is a notion of moral liberty located in a natural world. The content of the exhibition is divided into two parts. In the first one, what is true and what is false in the relations between phenotype and genotype is examined. In the second part, following the modern tradition opened by Dr Hume and with the support and contributions made by Mr E. Tugendhat, it is held that the choices made by human beings can be identified with distinct empirical criteria of those characterizing the behavior of other animals, alien of giving them for this reason any responsibility at all.</p>      <p><b>Keywords</b>: genetic determinism, causality, will, freedom, responsibility.</p>  <hr>      <p><b>    <center>I</center></b></p>      <p>La vieja controversia sobre la posibilidad o imposibilidad de conciliar la libertad y el determinismo causal, ha vuelto a adquirir una cierta actualidad a ra&iacute;z de los descubrimientos realizados en el terreno de la gen&eacute;tica y la popularidad alcanzada por disciplinas como la gen&eacute;tica del comportamiento y la psicolog&iacute;a evolutiva. Lo que est&aacute; en litigio ahora es si un tipo de determinismo, el determinismo gen&eacute;tico, es conciliable con nuestra experiencia de la libertad moral. Comparto la opini&oacute;n de R. Dawkins<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> cuando afirma que, cualquiera que sea la postura que uno adopte en la cuesti&oacute;n filos&oacute;fica del determinismo, incluir el t&eacute;rmino "gen&eacute;tico" no va a suponer ninguna diferencia. Si los factores gen&eacute;ticos se presentan m&aacute;s ineludibles que los factores ambientales, se debe en parte a un error o a un tipo de vulgarizaci&oacute;n que en nada ayuda a comprender correctamente ni el mundo natural ni nuestro genoma. Esto es lo que ocurre cuando se aceptan sin precauci&oacute;n las predicciones sobre la erradicaci&oacute;n de algunas enfermedades mediante t&eacute;cnicas basadas en la terapia g&eacute;nica o cuando se interpretan incorrectamente las propuestas de algunos bi&oacute;logos sobre el gen como nueva unidad de selecci&oacute;n frente a la especie o el individuo. Estos y otros equ&iacute;vocos han contribuido a plantear la controversia libertad / determinismo gen&eacute;tico en forma de un falso dilema que, de manera sint&eacute;tica, puede resumirse as&iacute;: si nuestras acciones y rasgos socialmente significativos (g&eacute;nero, inteligencia, enfermedades, etc.) est&aacute;n determinados por los genes entonces la &eacute;tica y la libertad se convierten en una ficci&oacute;n. Y viceversa, si la &eacute;tica y la libertad siguen formando parte de nuestra experiencia cotidiana y existencial, es porque el funcionamiento de los genes es irrelevante para determinar nuestras decisiones y elecciones. Creo que la clave para deshacer ese dilema pasa por aclarar si la amenaza que representa el determinismo para libertad es un problema te&oacute;rico o es un problema pr&aacute;ctico. Decir que es un problema te&oacute;rico, significa que el conocimiento pudiera quitarnos en alg&uacute;n sentido nuestra libertad. Y decir, en cambio, que se trata de un problema pr&aacute;ctico significa que el conocimiento nos muestra que despu&eacute;s de todo no somos libres y que no podemos actuar de manera diferente a como actuamos<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      <p>Pretendo demostrar que los recientes descubrimientos vinculados de una u otra manera al Proyecto Genoma Humano, ni merman nuestro sentido de la libertad ni confirman que hayamos estado viviendo bajo la ficci&oacute;n de creer que somos libres cuando en realidad no lo somos. En realidad, estos y otros hallazgos han confirmado que nuestra experiencia moral requiere una noci&oacute;n de libertad moral como una libertad dentro de un mundo natural.</p>      <p>Esto es, no necesitamos aferrarnos a una idea de libertad que trascienda nuestra naturaleza, sino aclarar los presupuestos de una libertad entendida como la capacidad para deliberar sobre nuestros intereses como especie de seres morales y racionales dentro de un mundo natural.</p>      <p>Mi exposici&oacute;n tendr&aacute; dos partes. En la primera, me detendr&eacute; a examinar qu&eacute; hay de verdadero y de falso en el determinismo gen&eacute;tico centr&aacute;ndome en las relaciones entre fenotipo y genotipo. En la segunda parte, siguiendo la tradici&oacute;n moderna inaugurada por D. Hume y apoy&aacute;ndome en las aportaciones de E. Tugendhat, sostengo con &eacute;l que las acciones libres protagonizadas por los seres humanos pueden identificarse con criterios emp&iacute;ricos distintos a los que caracterizan la conducta de otros animales ajenos a la posibilidad de imputarles responsabilidad alguna.</p>      <p><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center>II</center></b></p>      <p>El conocimiento cada vez m&aacute;s detallado y preciso del genoma humano y la identificaci&oacute;n de las alteraciones gen&eacute;ticas que provocan algunas enfermedades, han llevado a creer que los genes determinan el destino de una persona. Son muchos los que piensan que como las acciones son producto de los genes heredados, hay que contemplar la posibilidad de que unas personas intervengan y decidan por otras sobre el modo como acabar&aacute;n actuando los genes. A este temor se ha unido el miedo a asistir a la desaparici&oacute;n de la moral cuando se deja en manos de los genes la tarea de elegir entre una decisi&oacute;n u otra. Nos convertir&iacute;amos, concluyen, en marionetas cuyos hilos mueven los genes y desaparecer&iacute;a de nuestra condici&oacute;n el sentimiento de libertad. Con el fin de contribuir a disipar esa ansiedad existencial, voy a examinar algunos aspectos del determinismo gen&eacute;tico.</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; hay de verdad y de falso en el determinismo gen&eacute;tico? La verdad del determinismo gen&eacute;tico descansa en algunos casos sencillos relacionados con enfermedades monogen&eacute;ticas. El determinismo gen&eacute;tico se comprende a la luz de una serie de rasgos gen&eacute;ticos espec&iacute;ficos que persisten a lo largo de cambios con independencia del entorno en que vive un organismo. Por ejemplo, un ser humano var&oacute;n jam&aacute;s podr&aacute; dar a luz y con el mismo grado de certeza sabemos que los grupos sangu&iacute;neos atados al genotipo permanecen invariables al margen del entorno en que viva un organismo. Hay enfermedades provocadas por trastornos gen&eacute;ticos como la ausencia o presencia de cromosomas o la alteraci&oacute;n de un solo gen. Un ejemplo es la enfermedad de Huntington, una patolog&iacute;a que responde con claridad al esquema del determinismo gen&eacute;tico. Al ser una enfermedad autos&oacute;mica dominante, si un individuo posee ese gen tendr&aacute; la enfermedad aunque el otro alelo sea normal. Es decir, si se tiene la mutaci&oacute;n de Huntington, se desarrolla la enfermedad y si no se tiene, no se desarrolla. La causa est&aacute; en los genes y la presencia de esa mutaci&oacute;n, hace inevitable la enfermedad. De ah&iacute; las palabras de M. Ridley<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>: "la enfermedad de Huntington es puro fatalismo, sin mezcla de variedad ambiental. Ni una buena vida, ni un buen tratamiento m&eacute;dico, ni una comida sana, ni una familia entregada, ni una gran fortuna pueden nada contra ella". Sin restar gravedad a esta terrible enfermedad y al pesimismo que puede cundir en generaciones venideras, es importante retener la orientaci&oacute;n que tendr&aacute; una posible intervenci&oacute;n para lograr su erradicaci&oacute;n. La enfermedad de Huntington se nos aparece como inevitable y ejemplo de determinismo gen&eacute;tico porque ignoramos el procedimiento para modificar los entornos que permiten una vida saludable. Pero para los investigadores, lo que est&aacute; gen&eacute;ticamente determinado no es la enfermedad sino el mecanismo que mantiene unidos los genes y los rasgos del fenotipo. Cuando se logre separar e identificar las condiciones moleculares fundamentales que la provocan mediante cambios en el entorno, entonces ya no seguiremos diciendo que est&aacute; gen&eacute;ticamente determinada<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> (en el sentido de inevitable).</p>      <p>Vayamos ahora a lo que hay de falso en el determinismo gen&eacute;tico que en esencia consiste en una forma equ&iacute;voca de entender las relaciones genotipo-fenotipo. Como ha repetido insistentemente R. Lewontin<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>, el error m&aacute;s elemental del determinismo, aparte de ser falso, es afirmar que dado el genotipo del organismo, su fenotipo est&aacute; fijado. La prueba que se aduce con m&aacute;s frecuencia es la de los gemelos. Los gemelos son individuos con la misma constituci&oacute;n gen&eacute;tica pero desarrollan, por ejemplo, tasas metab&oacute;licas muy diferentes si uno vive a nivel del mar y se entrega a una vida ociosa, y el otro a 3000 metros de altitud desempe&ntilde;ando trabajos forzados. Hoy nadie discute que el fenotipo, el conjunto de las manifestaciones externas de rasgos y caracteres, depende de los genes que lo determinan y de la presi&oacute;n que el entorno puede tener sobre la constituci&oacute;n gen&eacute;tica del individuo. Por eso, interrogarse por el grado de incidencia de uno y de otro es tan absurdo como preguntarse si a la hora de construir un muro es m&aacute;s importante la tarea del alba&ntilde;il que trae los elementos de construcci&oacute;n o el trabajo del alba&ntilde;il que ensambla los ladrillos con el cemento. Esta es la raz&oacute;n por la que los genetistas en lugar de tratar de averiguar si son los genes o el entorno las causas m&aacute;s importantes del fenotipo resultante, se preguntan c&oacute;mo contribuyen las diferencias gen&eacute;ticas y medioambientales a los distintos fenotipos encontrados en la poblaci&oacute;n<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>.</p>      <p>Si en evidencia qued&oacute; la versi&oacute;n reduccionista de las relaciones genotipofenotipo, ocurri&oacute; lo mismo con la relaci&oacute;n entre la complejidad morfol&oacute;gica y el contenido del ADN. Cuando en febrero del a&ntilde;o 2001 se public&oacute;<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> que la secuencia del genoma humano no tiene 142.634 genes sino entre 30.000 y 40.000, volvieron a aparecer las dudas sobre c&oacute;mo era posible que un n&uacute;mero tan escaso de genes pudiera dar lugar a un organismo tan complejo como el ser humano. Si el n&uacute;mero de genes es 30.000 pero el n&uacute;mero de prote&iacute;nas es 142.634, entonces algo fallaba en el llamado dogma central de la biolog&iacute;a: el gen produce al final otro elemento (una prote&iacute;na), y a su vez el c&uacute;mulo de prote&iacute;nas produce el organismo humano. Quedaba as&iacute; al descubierto el error de haber dado por hecho que cada prote&iacute;na proven&iacute;a de un gen. Las conclusiones que se derivan de aqu&iacute; son, como a&ntilde;ade tambi&eacute;n S. Jay Gould<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>, que la complejidad de un organismo no radica en el n&uacute;mero de genes sino en las combinaciones e interacciones, y que lo que determina la complejidad de los organismos son extraordinarios imprevistos de la evoluci&oacute;n no sujetos a las leyes de la f&iacute;sica como ha quedado demostrado por las extensas &aacute;reas de AD N no codificadoras denominadas AD N basura. &iquest;Supone todo esto un hecho afortunado o una humillaci&oacute;n para el ser humano? Un sentimiento de humillaci&oacute;n se despert&oacute; en muchas personas al constatar que el n&uacute;mero de genes del ser humano apenas si superaba los de la plantita <i>Arabidopsis thaliana</i> y en algo m&aacute;s al n&uacute;mero de genes del gusano <i>Caernohabditis elegans</i> (19.000). Otros, sin embargo, interpretaron este acontecimiento de otra manera y creyeron que al reducirse el n&uacute;mero de genes en esas proporciones se evaporaba tambi&eacute;n la posibilidad de que nuestra conducta estuviera determinada por ellos<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>. Pero, &iquest;no resulta extra&ntilde;o y hasta cierto punto falaz creer que mientras 100.000 genes son capaces de determinar nuestras acciones, 30.000 son capaces de hacernos m&aacute;s libres? Y si ni 100.000 ni 30.000 nos hacen ser m&aacute;s o menos libres, &iquest;c&oacute;mo nos afecta todo esto a nuestra comprensi&oacute;n moral como seres vivos, &eacute;ticamente libres e iguales que se gu&iacute;an por normas y razones? Como se pregunta P. Kitcher<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>, &iquest;seremos capaces, despu&eacute;s de conocer las explicaciones causales y menos causales de la biolog&iacute;a del desarrollo, la neurociencia y la psicolog&iacute;a de mantener que nuestras vidas tienen un valor especial?</p>      <p><b>    <center>III</center></b></p>      <p>La imagen del mundo que nos brinda la ciencia hasta comienzos del siglo XX es la imagen de un mundo con una composici&oacute;n espec&iacute;fica de elementos sujetos a leyes basadas en la causalidad. Posteriormente, la f&iacute;sica o mec&aacute;nica cu&aacute;ntica puso de manifiesto que la causalidad no era un presupuesto necesario para la ciencia ya que en el nivel subat&oacute;mico tienen lugar fen&oacute;menos de car&aacute;cter aleatorio. &iquest;En cu&aacute;l de los dos planteamientos hay que ubicar la conducta humana? Cabe pensar inicialmente que si los seres humanos forman parte del mundo natural, sus acciones tienen que estar sujetas a las mismas leyes que el resto de los objetos y la conducta se tiene que describir y explicar en t&eacute;rminos puramente f&iacute;sicos. Si es as&iacute;, entonces la consecuencia es que tanto las elecciones como la imprevisibilidad quedan en evidencia. Si por el contrario, sostenemos que nuestra conducta no es previsible hasta el extremo en que lo son la mayor&iacute;a de los fen&oacute;menos naturales, para derrotar al determinismo causal y garantizar la libertad, tenemos que comprometernos con la idea de un sujeto o un yo metaf&iacute;sico desvinculado del mundo natural. Esta aparente simplicidad no responde a la realidad. En primer lugar, porque de alg&uacute;n modo podemos afirmar que en el conjunto de nuestros motivos y deseos que determinan nuestra conducta existen los que son naturales, y en este sentido cabe albergar la posibilidad de compatibilizar de alg&uacute;n modo determinismo y libertad<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>. Y en segundo lugar, si bien es cierto que nuestra conducta est&aacute; atravesada por un amplio margen de imprevisibilidad y un amplio campo de posibilidades, no es tan grande hasta el punto de equipararlo con el de la f&iacute;sica o la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica. Si los acontecimientos subat&oacute;micos aleatorios pudieran desencadenar acontecimientos mentales influyentes sobre nuestra conducta, esto significar&iacute;a equiparar nuestro comportamiento al de una ruleta, lo cual har&iacute;a imposible, entre otras cosas, la elaboraci&oacute;n de historiales cl&iacute;nicos. Adem&aacute;s, desde el punto de vista evolutivo no puede admitirse que el ser humano elija arbitrariamente, si fuera as&iacute; no se podr&iacute;a entender o quedar&iacute;a anulada la conducta adaptativa. Por todo ello, el modelo indeterminista no sirve para dar cuenta de las acciones humanas o para probar su libertad. Los seres humanos pertenecemos al mundo natural.</p>      <p>Para reconfigurar la idea de la libertad, tomar&eacute; como punto de partida la perspectiva evolucionista en un sentido amplio pues es la perspectiva que nos pone en el mejor camino para comprender c&oacute;mo est&aacute; empotrada la experiencia de la libertad en la misma estructura de la conducta humana intencional, voluntaria y consciente<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>      <p>La especie humana es una especie gen&eacute;ticamente estructurada como resultado de un proceso evolutivo lo cual ha supuesto entre otras cosas la adquisici&oacute;n de una serie de aptitudes intelectuales. El tama&ntilde;o del cerebro y la complejidad de la corteza cerebral, han dotado al ser humano de una capacidad para obtener y procesar informaci&oacute;n del entorno. Esta capacidad, localizada en el sistema nervioso y en las reglas epigen&eacute;ticas, le han singularizado frente otras especies en lo que se refiere a la posibilidad de abstracci&oacute;n y a tener conciencia de s&iacute; mismo. El rasgo evolutivo m&aacute;s distintivo es el lenguaje que representa tres aspectos fundamentales de su condici&oacute;n. En primer lugar, significa una ventaja evolutiva; en segundo lugar, es la base de la racionalidad y, por &uacute;ltimo, determina un tipo de evoluci&oacute;n que ya no es exclusivamente gen&eacute;tica. Animales no humanos poseen una capacidad comunicativa basada en la expresi&oacute;n de signos que sirven para comunicarse y para informar de la presencia de alguna cosa o de alg&uacute;n cambio. La diferencia esencial estriba, como se&ntilde;al&oacute; Arist&oacute;teles<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup> en su <i>Pol&iacute;tica</i>, en que la conciencia del ser humano est&aacute; estructurada lingü&iacute;sticamente y posibilita la expresi&oacute;n diferenciada de creencias, deseos y razones para actuar<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. Cuando un gato, acorralado por un perro, se sube a un &aacute;rbol, su conducta se puede explicar diciendo que es el resultado de un deseo (salvarse de un ataque mortal) y de una creencia (trepar por el &aacute;rbol le alejar&aacute; moment&aacute;neamente del peligro). Pero ni la creencia ni el deseo tienen representaciones distintas en su conciencia. En cambio, el ser humano y como consecuencia de la estructura proposicional de su conciencia, es capaz de distinguir entre lo que sabe o cree y lo que quiere o desea; es decir, es capaz de distinguir un contenido te&oacute;rico de un contenido pr&aacute;ctico. Esto queda reflejado en dos tipos de proposiciones: las proposiciones que expresan creencias u opiniones sujetas a verificaci&oacute;n y las proposiciones desiderativas, volitivas o imperativas. El lenguaje, sin embargo, representa en el ser humano algo m&aacute;s importante que la mera funci&oacute;n comunicativa ya que determina la capacidad de deliberar. El sistema de relaciones que establecen los animales humanos sobre la base del lenguaje articula un marco de conducta donde confrontan sus creencias con las creencias de los dem&aacute;s y sus deseos con los deseos de los dem&aacute;s, propiciando as&iacute; la acci&oacute;n de deliberar. La deliberaci&oacute;n tiene por objeto esgrimir las razones a favor o en contra de las creencias y los deseos. A esto se une el hecho de que una vez que el individuo tiene conciencia para adoptar una posici&oacute;n u otra frente afirmaciones te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas, se hace consciente de una multiplicidad de opciones, lo que equivale a decir que tiene conciencia de libertad. En resumen, atendiendo a lo dicho, la libertad descansa sobre tres pilares: la capacidad de identificar y deliberar sobre las opciones que se le presentan al individuo, la capacidad para su ejercicio y, finalmente, la oportunidad para ponerla en pr&aacute;ctica<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>. Ahora bien, &iquest;descarta todo esto la idea de que el comportamiento est&aacute; causalmente determinado? Creo que no.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si volvemos a los animales no humanos, nos encontramos con ejemplos meridianamente claros de determinismo y m&aacute;s concretamente de determinismo gen&eacute;tico en el que puede detectarse que el genotipo condiciona el fenotipo. La conducta de la avispa Sphex<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>, que repite mec&aacute;nicamente el proceso de comprobar la situaci&oacute;n de la madriguera antes de volver a colocar el grillo que servir&aacute; de alimento a las larvas, o la conducta altruista de las abejas est&eacute;riles, ha llevado a aceptar la existencia de un programa gen&eacute;tico regulador del comportamiento. En el caso de animales no humanos y m&aacute;s pr&oacute;ximos a nosotros como son los chimpanc&eacute;s, gorilas y orangutanes, la conducta no responde a una relaci&oacute;n de causa efecto entre el genotipo y el fenotipo, pero observamos que falta un elemento clave del comportamiento normativo. Estos hom&iacute;nidos heredan mediante transmisi&oacute;n cultural pautas de comportamiento que mantienen y refuerzan un peculiar modo de vida que no se ve alterado por cuestionamiento alguno a riesgo, entre otras cosas, de poner en peligro su propia supervivencia. Si comparamos esto con la conducta humana, nos encontramos que, en efecto, no hay un programa gen&eacute;tico que determine nuestra conducta social y en ese sentido decimos que los seres humanos no son de alambre r&iacute;gido (<i>hardwired</i>). Los seres humanos son m&aacute;s flexibles y tienen la capacidad de aprender a resistirse a las reglas injustificadas e introducir modificaciones en el conjunto de la sociedad. Y en un sentido, tambi&eacute;n podemos afirmar que no est&aacute; casualmente determinado en la medida en que no existe una relaci&oacute;n causal necesaria como la que presenta el esquema de est&iacute;mulo-reacci&oacute;n. Afirmar que como el individuo percibe X y desea Y, entonces tiene que comportarse de un modo determinado significar&iacute;a negar precisamente ese componente de la racionalidad que media entre el deseo y la acci&oacute;n que es la deliberaci&oacute;n y le confiere una dimensi&oacute;n de imprevisibilidad a la acci&oacute;n. De ah&iacute; que se haya insistido tanto desde Moore<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup> que lo caracter&iacute;stico de una acci&oacute;n libre es "poder actuar de otro modo"; es decir: depende de la voluntad de uno si una acci&oacute;n va a tener lugar o no, recordando que la acci&oacute;n realizada es una entre una multiplicidad de ellas.</p>      <p>Pero en otro sentido, el ser humano si est&aacute; gen&eacute;ticamente determinado y hasta cierto punto tambi&eacute;n lo est&aacute; su conducta. Respecto a lo primero, cabe afirmar que adem&aacute;s de algunos rasgos a los que me refer&iacute;a antes como el grupo sangu&iacute;neo y algunas enfermedades monogen&eacute;ticas; "lo gen&eacute;ticamente condicionado - como acertadamente escribe Tugendhat<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>- no son los rasgos sino las facultades del comportamiento racional y las disposiciones a actividades formales y no las caracter&iacute;sticas de contenido". Y respecto a lo segundo hay que examinar qu&eacute; alternativas existen a los planteamientos que describen la libertad como una condici&oacute;n metaf&iacute;sica y a priori, o a los planteamientos basados en una metaf&iacute;sica del yo o en alg&uacute;n n&uacute;cleo extra&ntilde;o de la persona<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. Si rechazamos que la libertad o la libre actuaci&oacute;n sea algo sobrenatural o una condici&oacute;n previa a nuestra existencia como la ley de la gravedad, entonces no queda otra orientaci&oacute;n que la marcada por Arist&oacute;teles, Darwin y Hume y admitir que la libertad responde a un modo del suceder natural que se distingue, a partir de criterios emp&iacute;ricos, de otros acontecimientos naturales a los que no se les puede asignar libertad y responsabilidad<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. La tripleta que mencion&eacute; antes (elecci&oacute;n, capacidad y oportunidad) queda ahora m&aacute;s clara cuando se afirma que las acciones libres dependen no de un yo, sino de la "persona misma como individuo f&iacute;sico" y "consisten en un tipo de comportamiento". Que un hecho acaezca depende de otro acontecimiento no menos natural que depender&aacute; de la voluntad de la persona, de s&iacute; lo quiere o no lo quiere para lo cual se requiere no s&oacute;lo el mero querer sino la deliberaci&oacute;n en torno a las posibilidades<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. He dejado fuera de una manera deliberada la idea de responsabilidad pero no hasta el punto de olvidarla completamente. Y es que a diferencia del resto de los sucesos naturales, las acciones de los seres humanos est&aacute;n expuestas a la demanda de razones sobre lo que hace o no hace y por eso puede imput&aacute;rseles la responsabilidad. Si estamos constituidos como una especie racional y dotada de voluntad para determinar nuestra propia existencia con un modo de comportamiento basado en la raz&oacute;n y en un querer abierto, &iquest;por qu&eacute; seguimos vistiendo a la libertad con el rid&iacute;culo frac de la metaf&iacute;sica?</p>  <hr> <font face="verdana" size=2>      <p><b>Pie de P&aacute;gina</b></p>      <p> <sup><a href="#nu1">1</a><a name="num1"></a></sup> Dawkins, R. <i>The Extended Phenotype</i>. Oxford University Press, Oxford- Nueva York (1983), p.11.    <br>  <sup><a href="#nu2">2</a><a name="num2"></a></sup> Korsgaard, C. <i>Las fuentes de la normatividad</i>, UNAM, M&eacute;jico (2000): 123-4.    <br>  <sup><a href="#nu3">3</a><a name="num3"></a></sup> Ridley, M., <i>Genoma</i>, Taurus, Madrid (2000): p. 70.    <br>  <sup><a href="#nu4">4</a><a name="num4"></a></sup> Cfr. P. Kitcher, <i>Las vidas por venir</i>, UNAM, M&eacute;jico (2002): p.239.    <br>  <sup><a href="#nu5">5</a><a name="num5"></a></sup> R. Lewontin, <i>La Diversidad Humana</i>, Biblioteca Scientific American, Barcelona (1984): pp. 14-19.    <br>  <sup><a href="#nu6">6</a><a name="num6"></a></sup> Elliot Sober, "Ap&eacute;ndice Uno. El significado de la causalidad gen&eacute;tica" en Allen Buchanan, Dan W. Brock, Norman Daniels y Daniel Wikler, <i>Gen&eacute;tica y Justicia</i>, Cambridge University Press, Barcelona (2002): pp. 323-345, p. 332.    <br>  <sup><a href="#nu7">7</a><a name="num7"></a></sup><i> Science</i> 16 February 2001: Vol. 291. Number 5507 y <i>Nature</i> 16 February 2001: 409 Number 6822 pp. 745-964.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu8">8</a><a name="num8"></a></sup> S.J. Gould, "Humbled by Genomer's Mysteries", New York Times, Section A, February 19 (2001), p.15.    <br>  <sup><a href="#nu9">9</a><a name="num9"></a></sup> Sigo aqu&iacute; a J.L. Heredero en su art&iacute;culo "Biofalacias", <i>Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica</i>, n&uacute;m.125, septiembre (2002): 41-49, p.42.    <br>  <sup><a href="#nu10">10</a><a name="num10"></a></sup> P. Kitcher, <i>op. cit</i>., p. 265-6.    <br>  <sup><a href="#nu11">11</a><a name="num11"></a></sup> Este ser&iacute;a el planteamiento de Hobbes que hace compatible estados mentales con la libertad, el determinismo psicol&oacute;gico con la libertad, al precio de incurrir en dos errores: primero, no distingue entre seres irracionales y sujetos racionales, y segundo, implica una concepci&oacute;n no cr&iacute;tica de los estados mentales. <i>Cfr</i>. A. Kenny, <i>Will, Freedom and Power</i>, Basil Blackwell, Oxford (1975): p.147.    <br>  <sup><a href="#nu12">12</a><a name="num12"></a></sup> Se trata de la opini&oacute;n de J. Searle con la que coincido plenamente. V&eacute;ase su <i>Mentes, Cerebros y Ciencia</i>, publicado en C&aacute;tedra, Madrid (1994): p.111.    <br>  <sup><a href="#nu13">13</a><a name="num13"></a></sup> <i>Cfr. Pol&iacute;tica</i>, 1253&ordf; 9-17.    <br>  <sup><a href="#nu14">14</a><a name="num14"></a></sup> Se trata de la interpretaci&oacute;n de E. Tugendhat al que sigo de cerca en su libro <i>Problemas</i>, Gedisa, Barcelona (2002). El autor se detiene a analizar estas y otras cuestiones en dos cap&iacute;tulos: "La moral en perspectiva evolucionista" y "No somos de alambre r&iacute;gido".    <br>  <sup><a href="#nu15">15</a><a name="num15"></a></sup> <i>Cfr</i>. A. Kenny, <i>o.c</i>., p. 151 y E. Tugendhat, <i>Ser, Verdad, Acci&oacute;n</i>, o.c., p. 242.    <br>  <sup><a href="#nu16">16</a><a name="num16"></a></sup> <i>Cfr</i>. D. Woodrige, <i>The machinary of the brain</i>, New York: McGraw Hill (1963), p.82 y D. Dennett, <i>Elbow Room: The varieties of free will worth wanting</i>. Cambridge, MA: MIT Press. (1996), p. 10.    <br>  <sup><a href="#nu17">17</a><a name="num17"></a></sup> <i>Cfr</i>. G.E. Moore, "El libre albedr&iacute;o" en <i>&Eacute;tica</i>, Labor, Barcelona (1989).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu18">18</a><a name="num18"></a></sup> <i>Cfr</i>. E. Tugendhat, <i>Problemas</i>, o.c., p.146.    <br>  <sup><a href="#nu19">19</a><a name="num19"></a></sup> <i>Cfr</i>. E. Tugendhat, "El yo", <i>Revista Latinoamericana de Filosof&iacute;a</i>, Buenos Aires, Vol. XIX, n&uacute;m.1 (Oto&ntilde;o, 1993): 3-16.    <br>  <sup><a href="#nu20">20</a><a name="num20"></a></sup> Sobre esto v&eacute;ase el art&iacute;culo de L. Arnhart, "The New Darwinian Naturalism in Political Theory", <i>The American Political Science Review</i>, Vol. 89, 2 (Jun., 1995): 389-400.    <br>  <sup><a href="#nu21">21</a><a name="num21"></a></sup> E. Tugendhat, "El yo", <i>o.c</i>., pp.15-16.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
