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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ENTRE MARX Y ZULETA: PAUSA, CRISIS Y REVOLUCIÓN]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay is an attempt to show the analytical potentiality of the concept of pause suggested by Estanislao Zuleta in his reading of chapter 1 of Marx's Capital. By linking it to recent developments by Kojin Karatani and Slavoj Zizek, it claims that the concept of pause -equivalent to the breach or mortal jump of those last two philosophers- induces the emergence of many possible worlds into the metamorphosis of commodities into money and thus the ever present possibility of crisis. It follows that neither crisis lead into revolution, nor revolution can stop capital's reproduction: Revolution thus becomes a day-to-day task.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>ENTRE MARX Y ZULETA: PAUSA, CRISIS Y REVOLUCI&Oacute;N</b><sup>*</sup></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Between Marx and Zuleta: Pause, Crises and Revolution</b></font></p>      <p>    <center><b><i>Boris Salazar</b></i><sup>&dagger;</sup>    <br>  Universidad del Valle</center></p>      <p><sup>&dagger;</sup> El autor tiene dos deudas con Alberto Valencia: el acceso a los comentarios in&eacute;ditos de Zuleta al cap&iacute;tulo 1 de <i>El Capital</i>, sin el cual nunca habr&iacute;a podido encontrar el concepto de pausa, y sus observaciones y sugerencias a una versi&oacute;n anterior de este texto.</p>      <p><sup>*</sup> <b>Recibido</b> Agosto de 2010; <b>aprobado</b> Septiembre de 2010.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b><i>RESUMEN</i></b></font></p>      <p>Este ensayo intenta mostrar las posibilidades anal&iacute;ticas del concepto de pausa sugerido por Estanislao Zuleta, a partir de su lectura del cap&iacute;tulo 1 de <i>El Capital</i> de Marx. Enlaz&aacute;ndolo con desarrollos recientes de Kojin Karatani y Slavoj Zizek, muestra que el concepto de pausa &ndash;equivalente al de brecha o salto mortal de los dos &uacute;ltimos&ndash; introduce la emergencia de muchos mundos posibles en la metamorfosis de las mercanc&iacute;as en dinero, estableciendo la posibilidad permanente de la crisis. En consecuencia, ni las crisis conducen a la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica, ni &eacute;sta puede detener la reproducci&oacute;n del capital: la revoluci&oacute;n es una tarea de todos los d&iacute;as.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave</b>: Marx, Zuleta, metamorfosis, pausa, revoluci&oacute;n, crisis.    <p>  <hr>      <p><font size="3"><b><i>ABSTRACT</i></b></font></p>      <p>This essay is an attempt to show the analytical potentiality of the concept of pause suggested by Estanislao Zuleta in his reading of chapter 1 of Marx's <i>Capital</i>. By linking it to recent developments by Kojin Karatani and Slavoj Zizek, it claims that the concept of pause &ndash;equivalent to the breach or mortal jump of those last two philosophers&ndash; induces the emergence of many possible worlds into the metamorphosis of commodities into money and thus the ever present possibility of crisis. It follows that neither crisis lead into revolution, nor revolution can stop capital's reproduction: Revolution thus becomes a day-to-day task.</p>      <p><b>Key words</b>: Marx, Zuleta, metamorphosis, pause, revolution, crisis.</p>  <hr>      <p><b>1. Introducci&oacute;n</b></p>      <p>Todo pensador p&uacute;blico corre el riesgo de convertirse en mito. En ese momento deja de ser todo lo que habr&iacute;a podido ser para convertirse en lo que quieran hacer de &eacute;l sus lectores y sus no lectores. Los que lo que escucharon y los que no. Y los que quisieran tanto haberlo hecho que terminan escuch&aacute;ndolo a su manera, invent&aacute;ndolo una y otra vez. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, Estanislao Zuleta sigue siendo reinventado. Este texto no es ajeno a ese proceso de reinvenci&oacute;n colectiva, aunque ha tratado, con ingenuidad, de imponerse a s&iacute; mismo unas restricciones: un problema, unos textos y una perspectiva. El problema es el papel de la pausa en el pensamiento de Zuleta y en los desarrollos contempor&aacute;neos del pensamiento marxista. Los textos son de Zuleta y de Kojin Karatani y Slavoj Zizek &ndash;dos autores que, sospecho, Zuleta nunca alcanz&oacute; a leer.</p>      <p>La perspectiva es la de lector de Zuleta. Un lector que lee, con atenci&oacute;n y con sorpresa, lo que Zuleta escribi&oacute; y lo que otros, con esfuerzo y generosidad, han transcrito y reescrito a partir de sus charlas p&uacute;blicas. Un lector antiguo y tard&iacute;o, al mismo tiempo. Que lo ley&oacute; en versiones mimeografiadas de textos casi clandestinos que iluminaban las relaciones entre las formas del valor, la revoluci&oacute;n y la organizaci&oacute;n revolucionaria. O en la primera edici&oacute;n de <i>Thomas Mann, la monta&ntilde;a m&aacute;gica y la llanura prosaica</i>. Y que lo lee ahora, en el presente elusivo de la lectura, en nuevas viejas versiones ahora fotocopiadas, y en nuevas ediciones de su creciente trabajo de pensador en p&uacute;blico.</p>      <p>Un lector, en fin, que lee a destiempo, y que en ese destiempo encontr&oacute; que el concepto de pausa de Zuleta permit&iacute;a pensar, desde una perspectiva distinta, los problemas pasados de moda de la revoluci&oacute;n, la crisis y la reproducci&oacute;n del capitalismo. Una perspectiva con l&iacute;neas de fuga compartidas con la lectura de Marx que hoy hacen, desde puntos diversos, Kojin Karatani y Slajov Zizek. Tratar&eacute; de demostrar que el concepto de pausa implica releer la metamorfosis de las mercanc&iacute;as en dinero desde una perspectiva de muchos mundos posibles, en la que la posibilidad de la crisis est&aacute; en todos los puntos del sistema y puede materializarse en cualquier momento. Al introducir lo probabil&iacute;stico en la metamorfosis de las mercanc&iacute;as, Zuleta propone una lectura de Marx lejana del determinismo convencional que siempre domin&oacute; en ese campo. Yendo un poco m&aacute;s lejos, sugerir&eacute; que la pausa lleva a una relectura de la revoluci&oacute;n y del capitalismo con fuertes implicaciones pol&iacute;ticas. La m&aacute;s fuerte &ndash;y en la que coinciden Zuleta y Karatani, mas no Zizek&ndash; es la p&eacute;rdida de toda esperanza en la revoluci&oacute;n como un acto final de liberaci&oacute;n que borrar&iacute;a el dominio del capital para siempre. En su lugar, los dos proponen la tarea mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de resistir d&iacute;a a d&iacute;a el dominio del capital.</p>      <p><b>2. La pausa</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una de las versiones del mito dice que Zuleta no produjo ning&uacute;n concepto nuevo. Que no construy&oacute; ninguna teor&iacute;a. Que ni siquiera esboz&oacute; lo que habr&iacute;a podido llegar a ser, en manos m&aacute;s juiciosas y adaptadas, una teor&iacute;a defendible. Que lo m&aacute;s que el veredicto del tiempo puede concederle es la presencia de algunos destellos fulgurantes que nunca pasaron a m&aacute;s. Difiero de esa posici&oacute;n. Para ser un poco m&aacute;s inc&oacute;modo voy a sugerir que Zuleta s&iacute; produjo conceptos nuevos.</p>      <p>Me refiero al concepto de pausa y a sus implicaciones para las teor&iacute;as del capitalismo, la revoluci&oacute;n, y la lectura. No se trata de un concepto suelto, ni de un extra&ntilde;o destello en un cielo por dem&aacute;s despejado. Es un concepto que abre varias puertas y conecta varias dimensiones. Parte de la lectura de la forma valor, atraviesa la interpretaci&oacute;n de la l&oacute;gica del capital y termina en la teor&iacute;a de la posibilidad de la revoluci&oacute;n. Piensa a Marx desde Marx, pero difiere del Marx convencional al mostrar que el tiempo de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica no es id&eacute;ntico al de la destrucci&oacute;n del capitalismo, y que la lucha por infringir la l&oacute;gica del capital no cesa en ning&uacute;n momento, porque el &uacute;nico l&iacute;mite para la reproducci&oacute;n del capital es el capital mismo.</p>      <p>Sin duda el concepto de pausa hace parte de la lectura que Zuleta hizo de Marx, y de su estudio de las relaciones entre la l&oacute;gica del capital y la l&oacute;gica de los sue&ntilde;os de Freud. Pero no es un simple comentario a lo planteado por Marx y por Freud. Ni es una popularizaci&oacute;n de conceptos que ya estar&iacute;an presentes en esos autores. Es un descubrimiento con consecuencias para la filosof&iacute;a de la revoluci&oacute;n y para el estudio del capital. Y es tambi&eacute;n terriblemente actual, como le hubiera gustado decir a Zuleta, porque la reproducci&oacute;n ininterrumpida del capital, incluso en medio de la crisis financiera m&aacute;s grande de su historia, hace pertinente la pregunta por la acci&oacute;n pol&iacute;tica y por la revoluci&oacute;n.</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; es una pausa? Es lo que hay entre un acto y otro, "un intervalo durante el cual queda interrumpido una acci&oacute;n o fen&oacute;meno" (Moliner 1998, 606). Una pausa supone que algo se detiene, que no contin&uacute;a su movimiento tal como lo estaba haciendo hasta ese instante. Pero esa interrupci&oacute;n es mucho que la simple interrupci&oacute;n de una acci&oacute;n o de un fen&oacute;meno: es la clave de todo el proceso de reproducci&oacute;n del capital y de la necesidad de la crisis como mecanismo de reproducci&oacute;n. He aqu&iacute; la pausa en palabras de Zuleta:</p>  <ol>La mercanc&iacute;a es una interrupci&oacute;n particular de ese proceso, un momento en el que el resultado de la producci&oacute;n se presenta como destinado al cambio, se compara con otros objetos o se distribuye en t&eacute;rminos de propiedad, es una pausa. Lo que interesa es que el producto est&eacute; destinado a pasar por esa pausa antes de caer en el consumo donde probablemente ya no es mercanc&iacute;a. (Zuleta, 36)    </ol>      <p>&iquest;La mercanc&iacute;a es una pausa? &iquest;No es &eacute;sta una expresi&oacute;n un tanto extra&ntilde;a? &iquest;Qu&eacute; es lo que la convierte en una pausa? M&aacute;s a&uacute;n, &iquest;qu&eacute; es lo que la hace una interrupci&oacute;n? &iquest;Interrupci&oacute;n de qu&eacute;? &iquest;Del proceso de transformaci&oacute;n de mercanc&iacute;as en otras mercanc&iacute;as y en dinero, o de la comprensi&oacute;n, por parte de un probable lector, del mismo proceso o del proceso de construcci&oacute;n del texto? &iquest;O de los tres? La mercanc&iacute;a aparece como una interrupci&oacute;n porque est&aacute; fuera, tanto del proceso de producci&oacute;n o de trabajo, como del proceso de consumo. Interrumpe lo que ser&iacute;a un puro proceso f&iacute;sico, un proceso de creaci&oacute;n y destrucci&oacute;n de valores de uso. Al hacerlo reintroduce el car&aacute;cter social de la producci&oacute;n y del intercambio en lo que parecer&iacute;a ser un proceso de transformaci&oacute;n material. Dice Zuleta m&aacute;s abajo:</p>      <p><ol>La camisa pasa por una pausa, ese momento se puede denominar lo que de mercanc&iacute;a tiene la camisa. Es un momento en el que <i>se decide todo</i>, si el trabajo que la produjo fue &uacute;til o no. (Zuleta, <i>&Iacute;dem</i>., mis &eacute;nfasis)    </ol></p>      <p>&iquest;Por qu&eacute; es el momento "en el que <i>se decide todo</i>"? Porque es el momento en que el capital sabe si el trabajo incluido en la mercanc&iacute;a es &uacute;til o no, si la mercanc&iacute;a puede convertirse en dinero y si el cr&eacute;dito otorgado contra la venta futura de la producci&oacute;n realizada puede o no puede ser pagado. Si la mercanc&iacute;a no puede venderse no es mercanc&iacute;a, ni el trabajo contenido en ella tampoco es trabajo &uacute;til, ni el cr&eacute;dito pedido podr&aacute; ser pagado y las deudas contra&iacute;das por quienes esperaban el pago del cr&eacute;dito tampoco podr&aacute;n ser pagadas y la posibilidad de la crisis aparecer&aacute; en el horizonte del capital.</p>      <p>No es &eacute;ste el &uacute;nico lugar en el que problema de lo posible, como una estructura fundamental, es pensado por Zuleta. En su "A la memoria de Martin Heidegger", Zuleta al referirse a la muerte y al car&aacute;cter incompleto del hombre, dice:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><ol>El hombre es, pues, una estructura de posibilidades. Su vida est&aacute; impulsada, como dice Heidegger en la Esencia del Fundamento, por la fuerza silenciosa de lo posible. De nadie podemos decir qu&eacute; es si desconocemos esa dimensi&oacute;n de su ser que lo configura como una estructura de posibles. (Zuleta 2010, 47)    </ol></p>      <p>La pausa es, entonces, el momento de todo lo posible. Pero no es un momento &uacute;nico. Ocurre en cualquier punto del sistema capitalista y en todos sus puntos al tiempo. Puede o no puede producir reacciones en cadena. Puede generar flujos de cooperaci&oacute;n que conducen a periodos de extrema riqueza o a una crisis global del sistema y a su posterior reconversi&oacute;n. Ambas alternativas, sin embargo, hacen parte del conjunto de posibilidades abiertas por la pausa en la que la mercanc&iacute;a quiere convertirse en dinero, y el presente en futuro.</p>      <p>A primera vista la pausa es una bifurcaci&oacute;n compuesta por dos estados: la mercanc&iacute;a se convierte o no se convierte en dinero. Si no ocurre as&iacute; la reproducci&oacute;n del capital est&aacute; en peligro, como lo est&aacute; tambi&eacute;n la apuesta sobre el futuro realizada por muchos capitales. Pero esa bifurcaci&oacute;n sencilla contiene m&aacute;s estados y m&aacute;s bifurcaciones, convirti&eacute;ndose en un &aacute;rbol cargado de posibilidades, como se encargar&aacute; de demostrarlo Zuleta m&aacute;s adelante. En este momento decisivo los productores saben si lo que produjeron es o no es mercanc&iacute;a y en qu&eacute; medida ha llegado a serlo, y si, por &uacute;ltimo, ha logrado convertirse en objeto de consumo para sus compradores. Es una pausa decisiva que ocurre en dos dimensiones distintas: como interrupci&oacute;n necesaria del proceso de producci&oacute;n en camino de convertirse en proceso de consumo, y en el proceso de exposici&oacute;n y de escritura de Marx. Y hace parte, adem&aacute;s, de la l&oacute;gica m&aacute;s fundamental del sistema: al hacerse dinero, la circulaci&oacute;n reproduce al mismo tiempo al capital y al trabajador. O no lo hace, anunciando la posibilidad de la crisis.</p>      <p>Lo que Zuleta hace visible es la compleja operaci&oacute;n de los dispositivos formales que constituyen la construcci&oacute;n l&oacute;gica de la mercanc&iacute;a y sus consecuencias para el mundo real. Esos dispositivos formales incluyen la simetr&iacute;a, la sustituci&oacute;n, la inversi&oacute;n formal y la multiplicidad de la representaci&oacute;n. La operaci&oacute;n de esos dispositivos permite entender la emergencia de m&uacute;ltiples mundos posibles en lo que parec&iacute;a ser el tr&aacute;nsito inocuo y determinista de la mercanc&iacute;a al dinero. Derivar la existencia de muchos mundos posibles, con todas sus consecuencias probabil&iacute;sticas, de la disyuntiva que convierte, o no, a las mercanc&iacute;as en dinero, es quiz&aacute;s el momento m&aacute;s alto de la lectura que Zuleta hace del estilo y de la teor&iacute;a de Marx:</p>  <ol>Ese momento es <i>una cantidad de momentos</i>. El car&aacute;cter de mercanc&iacute;a se debe pensar como pausa y no como cosa. Momentos que son muchos y, sin embargo, <i>cualquiera de ellos decide la historia futura y pasada</i>: retrospectivamente, si se realiza como mercanc&iacute;a en un cambio, si el trabajo era productivo y si se va a producir algo. En la pausa de la mercanc&iacute;a se relaciona con otra, el oro, y a trav&eacute;s del oro con muchas otras, como sus equivalentes, se piensan sus relaciones. (Zuleta, 37, mis &eacute;nfasis)    </ol>      <p>Texto notable y enigm&aacute;tico, lleno de posibilidades, muy poco le&iacute;do y mucho menos considerado como fundamento para pensar la construcci&oacute;n del estilo de Marx y del pensamiento de Zuleta y sus implicaciones para el mundo de las mercanc&iacute;as y del capital. Todas las relaciones del sistema, y de hecho la existencia misma del capital como proceso de valorizaci&oacute;n, dependen de esta pausa, de este momento que es, como dice Zuleta, una cantidad de momentos. &iquest;Qu&eacute; quiere decir con esto? Que esa interrupci&oacute;n, en la que se decide si la mercanc&iacute;a se convierte en dinero ocurre, al mismo tiempo, en todos los puntos del sistema de valorizaci&oacute;n del capital. En un momento una cierta mercanc&iacute;a puede convertirse o no en dinero, puede alcanzar o no el valor esperado, y el valor excedente puede reinvertirse en la producci&oacute;n de m&aacute;s mercanc&iacute;as. Pero al hacerlo est&aacute; interactuando con todas las mercanc&iacute;as y todos los procesos de valorizaci&oacute;n del sistema. Cada interrupci&oacute;n individual est&aacute; relacionada con todos los dem&aacute;s actos de interrupci&oacute;n que ocurren, en forma simult&aacute;nea, en todos los puntos del sistema. Cuando una mercanc&iacute;a potencial no llega a ser dinero, los efectos de esa interrupci&oacute;n, en la que todo se decide, pueden afectar a todas las dem&aacute;s mercanc&iacute;as, a trav&eacute;s de su no conversi&oacute;n en dinero, o en oro y sus equivalentes, como lo dice Zuleta en el pasaje citado.</p>      <p>Y &eacute;ste tambi&eacute;n es el momento de momentos que hace siempre posible la crisis del capital. Es en la valorizaci&oacute;n de m&uacute;ltiples capitales que compiten entre s&iacute; en donde est&aacute; la posibilidad permanente de la crisis del sistema capitalista. La memoria del sistema est&aacute; en su capacidad de producir crisis en el cruce entre el trabajo productivo y su realizaci&oacute;n o no en el intercambio. Es una condici&oacute;n de incertidumbre estructural: la crisis siempre est&aacute; all&iacute;, a punto de ocurrir, pero s&oacute;lo es visible en ciertas ocasiones, en los eventos de mayor magnitud.</p>      <p><b>3. El tiempo de la pausa</b></p>      <p>Ahora veamos la forma en que Zuleta pensaba el tiempo en el contexto de la pausa. No hay coincidencia entre el tiempo de la producci&oacute;n, de un lado, y el del intercambio y la reproducci&oacute;n, del otro. S&oacute;lo "retrospectivamente" es posible saber si el trabajo que produjo la mercanc&iacute;a es &uacute;til o no. Al mismo tiempo el resultado de la producci&oacute;n s&oacute;lo es posible "como destinado al cambio", en un futuro incierto, cuyo desenlace s&oacute;lo conoceremos cuando todos los mundos posibles hayan colapsado en uno solo. La oposici&oacute;n entre lo proyectivo y lo retrospectivo es planteada en forma directa por Zuleta:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><ol>Por tanto, sino encuentra quien la compre, su trabajo no fue &uacute;til, <i>retrospectivamente</i> durante la pausa se clasifica el car&aacute;cter del trabajo que la produjo y <i>proyectivamente</i> se determina, en ese momento, si su valor ser&aacute; un valor de uso o no. (Zuleta, 36, mis &eacute;nfasis)    </ol></p>      <p>Observen que en la pausa confluyen lo proyectivo (el valor de uso que todav&iacute;a no es, y que podr&iacute;a no serlo, "porque depende de lo que pueda ocurrir en el futuro") y lo retrospectivo (el trabajo que ya fue realizado, pero que puede resultar in&uacute;til). Pero lo proyectivo y lo retrospectivo s&oacute;lo existen como instantes de la pausa que los define. El capitalista que ha echado a andar el proceso de producci&oacute;n no puede saber si los bienes producidos ser&aacute;n o no valor de uso, es decir, si ser&aacute;n consumidos eventualmente. Tampoco sabe si el trabajo realizado por sus trabajadores, en el proceso productivo que dirigi&oacute;, ser&aacute; o no ser&aacute; &uacute;til. Por lo tanto, el pasado y el futuro del capital s&oacute;lo existen como instancias de la pausa en la que la mercanc&iacute;a y el trabajo toman una u otra trayectoria. El colapso del tiempo del capital sobre el instante de la pausa contiene la posibilidad de la crisis y abre la pregunta fundamental sobre la inevitabilidad de la revoluci&oacute;n.</p>      <p>La extra&ntilde;a conclusi&oacute;n de que el valor (y con &eacute;l, el capital) s&oacute;lo existe en el futuro permite conectar el pensamiento de Zuleta con el trabajo del fil&oacute;sofo esloveno Slavoj Zizek (2006) y, a trav&eacute;s de &eacute;l, con el pensamiento del fil&oacute;sofo japon&eacute;s Kojin Karatani (2006). En lugar de la pausa de Zuleta, Zizek habla de la brecha que separa a la producci&oacute;n de la circulaci&oacute;n. Sugiero que la brecha, como ocurre con la pausa, no es una cosa, es un operador de mundos posibles y de relaciones que separa en forma permanente lo que es de lo que no es, lo que pudo ser de lo que no fue, lo que habr&aacute; de ser de lo que ya no fue. Un operador de relaciones que trabaja, al mismo tiempo, en las dimensiones ling&uuml;&iacute;stica y econ&oacute;mica. En la primera, los cambios en los tiempos verbales son el efecto del trabajo de la pausa o de la brecha. En la segunda, tanto los auges como las crisis, sin importar su magnitud, reflejan la separaci&oacute;n potencial permanente entre la producci&oacute;n y la circulaci&oacute;n. Zizek define el tiempo verbal asociado al valor como futuro anterior:</p>      <p>Esta <i>brecha</i> temporal entre la producci&oacute;n de valor y su concreci&oacute;n es crucial: aun cuando el valor se genera en la producci&oacute;n sin el cierre exitoso del proceso de circulaci&oacute;n, no hay valor <i>stricto sensu</i> &ndash;el tiempo verbal es aqu&iacute; el del <i>futuro anterior</i>, es decir que el valor no es inmediatamente, su &uacute;nico "habr&aacute; de ser" es concretado retrospectivamente, puesto en pr&aacute;ctica performativamente. (Zizek 2006, 86, &eacute;nfasis en el original.)</p>      <p><b>4. La pausa es un salto mortal: La conexi&oacute;n Zizek y Karatani</b></p>      <p>Ahora bien, Zizek escribe lo que acabo de citar casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de la muerte de Zuleta, adivino que sin haberlo le&iacute;do nunca. Lo hace desde una perspectiva muy controversial, en la que se mezclan Marx, Lacan, Lenin, los antiguos disc&iacute;pulos y asociados de Althusser, el cine y el ya mencionado Karatani. No indagar&eacute; las probables conexiones entre pensadores situados en las m&aacute;rgenes de Occidente, ni har&eacute; ninguna hip&oacute;tesis acerca de la s&uacute;bita aparici&oacute;n de un pensador oriental tan cercano, como Karatani lo est&aacute;, a las reflexiones de Zuleta. Quiero, sin embargo, seguir la pista te&oacute;rica abierta por el concepto de brecha o pausa para pensar el problema de la actualidad de la revoluci&oacute;n, y para mostrar las muy fuertes implicaciones filos&oacute;ficas y pol&iacute;ticas del concepto de pausa introducido por Zuleta. Y se&ntilde;alar, de paso, una pista que otros podr&iacute;an seguir: el tiempo de los encuentros del pensamiento no es id&eacute;ntico al tiempo de los calendarios. Mucho se ha hablado de la falta de interlocutores de Zuleta. Ahora, de pronto, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de su ausencia f&iacute;sica, dos pensadores lejanos resultan muy cercanos, trabajando en las mismas dimensiones, realizando conexiones similares, abriendo brechas comunes.</p>      <p>Que la supervivencia del capital se decide en ese "momento de momentos" es interpretado por Zizek, siguiendo a Karatani, como el salto mortal que los productos del trabajo deben realizar para convertirse en mercanc&iacute;as y que el capital debe dar en todo momento para convertirse, o no, en capital expandido, y para seguir siendo capital. Zizek lo plantea as&iacute;:</p>      <p><ol>En una lectura del an&aacute;lisis de Marx de la forma-mercanc&iacute;a, Karatani establece la insuperable persistencia de la brecha de paralaje en el salto mortal que debe cumplimentar un producto para considerarse como una mercanc&iacute;a. (Zizek 2006, 82)    </ol></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Qu&eacute; es brecha de paralaje? Paralaje es un t&eacute;rmino que viene de la astronom&iacute;a y que designa el &aacute;ngulo que forman las l&iacute;neas lanzadas desde un observador hacia dos planetas distintos. La clave est&aacute; en el cambio inducido en la posici&oacute;n de los objetos por un cambio en la posici&oacute;n del observador. Para Zizek, siguiendo a Karatani, es la imposibilidad de reducir un objeto a otro, de colocarlos en el mismo plano, de hacerlos equivalentes, en fin, de hacerlos Uno, a pesar de la relaci&oacute;n permanente que los une. Nunca habr&aacute; s&iacute;ntesis entre la producci&oacute;n y de circulaci&oacute;n, nunca habr&aacute; identidad entre la realizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y el cr&eacute;dito, nunca habr&aacute; correspondencia perfecta entre las expectativas de los capitalistas y los resultados de sus acciones. La definici&oacute;n que Zizek sugiere en la introducci&oacute;n de su libro puede ser &uacute;til para entender el alcance de lo que propone:</p>      <p><ol>El primer movimiento cr&iacute;tico ser&aacute; reemplazar ese t&oacute;pico de la polaridad de los opuestos por el concepto de tensi&oacute;n inherente, brecha, no coincidencia del propio Uno. Este libro se basa en una decisi&oacute;n pol&iacute;tico-filos&oacute;fica de designar a esta brecha que separa al Uno de s&iacute; mismo con el t&eacute;rmino paralaje. (Zizek 2006, 16.)    </ol></p>      <p>La brecha, o salto mortal, que deben dar los productos del trabajo para devenir en mercanc&iacute;as o el capital en capital expandido es an&aacute;logo a la pausa que deben tomar los productos del trabajo antes de convertirse, o no, en mercanc&iacute;as, en la lectura que hace Zuleta del pensamiento de Marx. En ese momento de momentos, que hace parte estructural del capitalismo, se juegan todos los d&iacute;as, en todos los puntos, la supervivencia y la expansi&oacute;n del capital. Zizek y Karatani van m&aacute;s all&aacute;: la sed de expansi&oacute;n de capital, condensada en la f&oacute;rmula es decir, el movimiento del capital financiero no es una falsa representaci&oacute;n de una verdad que s&oacute;lo existir&iacute;a en el mundo de la producci&oacute;n.</p>      <p>Por el contrario, es la producci&oacute;n la que se ve sometida a la necesidad de pura expansi&oacute;n del capital financiero. Para Karatani los capitalistas semejan acr&oacute;batas capaces de saltar al vac&iacute;o con los ojos cerrados sabiendo que sobrevivir&aacute;n o perecer&aacute;n como capital s&oacute;lo cuando conozcan el resultado del salto. Y claro, para muchos, ya ser&aacute; muy tarde. Por eso se trata de un salto mortal: si recupera el valor del cr&eacute;dito con ganancia habr&aacute; sobrevivido, si no desaparecer&aacute; sin remedio, y con &eacute;l todos con quienes est&aacute; conectado por lazos similares. De all&iacute; la f&oacute;rmula radical de Zizek que invierte la dominaci&oacute;n de la producci&oacute;n sobre lo financiero o especulativo:</p>      <p><ol>En el capitalismo el proceso de producci&oacute;n es apenas un desv&iacute;o en el proceso especulativo del dinero que engendra m&aacute;s dinero, es decir, la l&oacute;gica parasitaria es en definitiva lo que tambi&eacute;n sostiene el incesante impulso a revolucionar y expandir la producci&oacute;n. (Zizek 2006, 88)    </ol></p>      <p>Si la producci&oacute;n est&aacute; sometida a la expansi&oacute;n especulativa, y si el capital depende de la brecha, o de la pausa, para su supervivencia, y si esta pausa, a trav&eacute;s de una reacci&oacute;n en cadena previsible en el contexto de la teor&iacute;a, condujera a un desenlace catastr&oacute;fico, &iquest;no tendr&iacute;amos, entonces, una teor&iacute;a completa de la inevitabilidad de la revoluci&oacute;n? No, responde Karatani. No, respondi&oacute; tambi&eacute;n Zuleta hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os.</p>      <p>La respuesta de Karatani es simple y contundente: En el Marx de El Capital<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> no hay una teor&iacute;a de la inevitabilidad de la revoluci&oacute;n, v&iacute;a el mecanismo de la crisis del capital. Para &eacute;l, el mecanismo de la crisis, activado por la brecha entre la circulaci&oacute;n y la producci&oacute;n, funciona como una enfermedad cr&oacute;nica que garantiza su supervivencia:</p>      <p><ol>La crisis es una <i>enfermedad cr&oacute;nica</i> inherente a la econom&iacute;a capitalista, y sin embargo tambi&eacute;n una <i>soluci&oacute;n</i> a sus defectos internos. En otras palabras, el capitalismo realiza reparaciones temporales a su problema innato mediante la crisis, y por tanto nunca colapsar&aacute; a causa de ella. Puede ser comparada con la histeria, el trampol&iacute;n del psicoan&aacute;lisis Freudiano. Para un enfermo, la histeria es una soluci&oacute;n en s&iacute; misma, gracias a lo cual la estabilidad del paciente es asegurada por el tiempo que sea. Pero, para Freud, m&aacute;s crucial que la histeria es el mecanismo del inconsciente que la causar&iacute;a &ndash;que existe en una persona, est&eacute; o no est&eacute; enferma. De la misma forma, para Marx la crisis ya no es la enterradora de la econom&iacute;a capitalista. S&oacute;lo deviene importante porque revela la verdad de la econom&iacute;a capitalista que es invisible en la econom&iacute;a cotidiana. De all&iacute; la posici&oacute;n de Marx de ver la econom&iacute;a capitalista mediante el pronunciado paralaje provocado por la crisis. (Karatani, 157, &eacute;nfasis en el original)    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol></p>      <p>Karatani encuentra una f&oacute;rmula a&uacute;n m&aacute;s dura y contundente: el capitalismo, afirma, no morir&aacute; de muerte natural. Morir&aacute;, si muere, la muerte que le puedan dar, d&iacute;a a d&iacute;a, aquellos que no quieran vivir de acuerdo a su l&oacute;gica y puedan organizar una comunidad que supere el imperio de la brecha que separa a la producci&oacute;n de la circulaci&oacute;n, o a la producci&oacute;n del cr&eacute;dito. El que el capitalismo no muera de muerte natural implica que ni la espera de una revoluci&oacute;n por cat&aacute;strofe econ&oacute;mica, ni la llegada real de una revoluci&oacute;n pol&iacute;tica pueden sustituir la actividad permanente de los que no quieren vivir bajo el dominio del capital. Lo que implica la actualidad de la revoluci&oacute;n, pero no su inevitabilidad. Por lo menos no la inevitabilidad de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica como un efecto de la ruptura catastr&oacute;fica del orden econ&oacute;mico<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      <p>La aparici&oacute;n de Freud en la lectura que Karatani hace de Marx no es gratuita. Sale del isomorfismo entre las secuencias on&iacute;ricas, de desplazamiento y sustituci&oacute;n de los intereses de clase, con las que Marx describe, en <i>El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</i>, los eventos que llevaron al sobrino de Napole&oacute;n al poder en 1851, y el trabajo de condensaci&oacute;n y transferencia de los sue&ntilde;os expuestos por Freud en <i>La Interpretaci&oacute;n de los Sue&ntilde;os</i>. Karatani va un poco m&aacute;s lejos: en cierta forma, Marx se habr&iacute;a adelantado al an&aacute;lisis de los sue&ntilde;os de Freud, al mostrar c&oacute;mo todas clases &ndash;subalternas y dominantes&ndash; terminaron, contra sus intereses reales, llevando al poder a su enemigo m&aacute;s obvio. No es un problema de interpretaci&oacute;n. Karatani no cree que Marx, el pensador de la lucha de clases, haya encontrado, detr&aacute;s de las acciones reales de las clases comprometidas en la lucha pol&iacute;tica, sus verdaderos, y hasta ese momento, no revelados intereses de clase. Si hubiera sido as&iacute;, Marx no habr&iacute;a tenido que escribir el cap&iacute;tulo 1 de <i>El Capital</i>, y todo habr&iacute;a terminado en el materialismo hist&oacute;rico de Engels. Lo que encontr&oacute; fue exactamente lo opuesto: el rico y complejo proceso de sustituci&oacute;n e inversi&oacute;n mediante el cual las clases subalternas y fracciones de la clase dominante, en contra de sus intereses m&aacute;s evidentes, terminaron llevando al poder a Luis Bonaparte.</p>      <p>La clave de lo ocurrido estuvo en la puesta en marcha de un operador social de una efectividad sorprendente: la democracia representativa &ndash;realizada en la conjunci&oacute;n de la democracia parlamentaria y el sufragio universal. Es la democracia representativa la que permite la metamorfosis de los intereses de clase de todas las clases sociales en su opuesto, al elegir por abrumadora mayor&iacute;a al sobrino de Napole&oacute;n. Vale la pena citar la exposici&oacute;n que hace Karatani del papel de este operador pol&iacute;tico y del descubrimiento anal&iacute;tico de Marx:</p>  <ol>&#91;Lo que Marx&#93; descubri&oacute; en la serie de eventos fue lo opuesto: Las coyunturas se desarrollaron en forma independiente de, o incluso contraria a, la estructura econ&oacute;mica de clases. Lo que &eacute;l busc&oacute; dilucidar fue las "operaciones" aut&oacute;nomas de los eventos como tales. Y el agente de las operaciones era obviamente la instituci&oacute;n del sistema representativo &#91;<i>Vertretung</i>&#93;. En el sistema parlamentario, basado en el sufragio universal, el sistema representativo es totalmente ficticio comparado con el <i>Standeversammlung</i> &ndash;una asamblea de distintas castas/profesiones de la Europa preindustrial, como Hans Kelsen lo planteara m&aacute;s tarde. Esto quiere decir que no hay relaci&oacute;n apod&iacute;ctica entre el representante y el representado en la instituci&oacute;n de los representativos. El punto que Marx subray&oacute; aqu&iacute; era que los actos y los discursos de los partidos eran independientes de las clases reales. (Karatani 2006, 144, it&aacute;licas en el original)    </ol>      <p>Pero ese operador institucional no hace m&aacute;s que realizar, en la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, las reglas de la metamorfosis de las mercanc&iacute;as y puede ser interpretado como una instancia de la operaci&oacute;n de los procesos de metamorfosis de las mercanc&iacute;as en dinero. Cuando los intereses reales de clase toman la forma de su opuesto y son representados por el menos leg&iacute;timo entre todos los posibles representantes, lo que est&aacute; en acci&oacute;n es el mecanismo original de metamorfosis analizado por Marx en el cap&iacute;tulo 1 de <i>El Capital</i>. Con una consecuencia crucial desde el punto de vista de la pol&iacute;tica: toda representaci&oacute;n supone la posibilidad de la sustituci&oacute;n y de la inversi&oacute;n, y por tanto, de la ilegitimidad desde el punto de vista de los intereses reales de las clases. Es m&aacute;s: supone la eliminaci&oacute;n de cualquier lazo entre representados y representantes, y la p&eacute;rdida de cualquier control de las actividades de los elegidos por parte de sus electores. El papel decisivo de las clases medias<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> en el triunfo de Bonaparte, y en el ascenso de Hitler y del fascismo al poder, por la v&iacute;a electoral, tienen una relaci&oacute;n &iacute;ntima con la operaci&oacute;n de la democracia representativa. Y aunque Zuleta nunca extendi&oacute; su an&aacute;lisis de la pausa al problema de la lucha pol&iacute;tica, es f&aacute;cil ver la potencialidad del concepto de pausa para analizar las posibilidades de desplazamiento y de sustituci&oacute;n que toda lucha pol&iacute;tica impone. En el estudio de las decisiones pol&iacute;ticas, la pausa permitir&iacute;a ver las posibilidades existentes en cada momento y las trayectorias reales tomadas por la interacci&oacute;n entre los contendientes. Quiz&aacute;s los resultados reales y los patrones agregados, tan esquivos en apariencia a la explicaci&oacute;n racional, podr&iacute;an adquirir sentido con la ayuda del concepto de pausa.</p>      <p><b>5. La causa de las causas</b></p>      <p>La respuesta de Zuleta a la pregunta por la inevitabilidad de la revoluci&oacute;n es tan contundente como la de Karatani, y est&aacute; en un texto, que comenz&oacute; a circular en 1977, en mime&oacute;grafo, con el muy metaf&iacute;sico t&iacute;tulo, "Causa de las causas" y que, luego, con el tiempo, se convirti&oacute; en el menos controversial, y quiz&aacute;s m&aacute;s correcto, "Reflexiones sobre el fetichismo" (Zuleta 1987). Dif&iacute;cil, sin embargo, encontrar un texto menos metaf&iacute;sico en sus implicaciones reales y te&oacute;ricas. All&iacute; estaba, para los probables militantes de una improbable organizaci&oacute;n revolucionaria, lo que Zuleta pensaba de la teor&iacute;a marxista de la revoluci&oacute;n, de su inevitabilidad y del car&aacute;cter de la organizaci&oacute;n revolucionaria. Le&aacute;moslo en sus palabras:</p>      <p><ol>Hay que decir tambi&eacute;n que el car&aacute;cter internamente contradictorio del movimiento del conjunto no conduce a una s&iacute;ntesis de las contradicciones ni a una explosi&oacute;n catastr&oacute;fica, sino a crisis m&aacute;s o menos graves que son al mismo tiempo formas de reajuste y reequilibrio relativo. En ese sentido el proceso no tiende por s&iacute; mismo hacia su propio depasamiento &#91;<i>sic</i>&#93;. Sin duda crea y desarrolla elementos que pueden venir a opon&eacute;rsele: el proletariado, la ciencia que no logra controlar por completo ni puede evitar, el arte, etc. (Zuleta 1987, 177)    </ol></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si no hay explosi&oacute;n catastr&oacute;fica, como s&iacute;ntesis Hegeliana de todas sus contradicciones, entonces no habr&aacute; revoluci&oacute;n causada por el salto mortal que enfrenta el capital en todos sus puntos. De all&iacute; el t&iacute;tulo original &ndash;la causa de las causas: no hay una causa que sea la causa de todos los efectos, y menos de sus propios efectos. No es la econom&iacute;a, es decir, las fluctuaciones en la expansi&oacute;n del capital la que llevar&aacute; al colapso del capitalismo. Las crisis del capital no son, ni llevan a, la revoluci&oacute;n. &iquest;No habr&iacute;a entonces revoluci&oacute;n? &iquest;Y las revoluciones que todos conocemos? S&iacute;, por supuesto, contestar&iacute;a Zuleta, hay revoluciones pol&iacute;ticas, pero no son causadas por las inevitables crisis econ&oacute;micas del capitalismo. La superestructura no caer&aacute; como un castillo de naipes al fallar los cimientos econ&oacute;micos porque los cimientos econ&oacute;micos no dejan de reproducirse, a&uacute;n fallando: all&iacute; est&aacute;n la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y la generaci&oacute;n de cr&eacute;dito y de poder de compra para garantizar su recuperaci&oacute;n y expansi&oacute;n<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>Si el capital s&oacute;lo enfrenta los l&iacute;mites fijados por &eacute;l mismo, &iquest;cu&aacute;les son esos l&iacute;mites? Zuleta habla de leyes inmanentes a la estructura de conjunto del capital, pero nunca llega a una formulaci&oacute;n directa de esos l&iacute;mites. Karatani parece intuir que esos l&iacute;mites no son discernibles o, mejor, que esos l&iacute;mites no son l&iacute;mites concretos o alcanzables y que el capitalismo, por tanto, podr&iacute;a existir para siempre, salvo en aquellas comunidades en las que sus miembros intercambiaran por fuera de la l&oacute;gica de la circulaci&oacute;n del capital. Esta discusi&oacute;n queda abierta. Implica desarrollar una teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n global del capitalismo para contestar preguntas como &eacute;sta: &iquest;Produce el operador de mundos posibles los l&iacute;mites de su propia operaci&oacute;n? &iquest;Producir&iacute;a, por ejemplo, un capitalismo sin crecimiento, sin expansi&oacute;n de las ganancias, sin acumulaci&oacute;n? Y mientras se acerca a su l&iacute;mite &ndash;si lo tuviese&ndash; &iquest;c&oacute;mo agrega los miles, millones de saltos mortales que relacionan el pasado con el futuro y se las arregla para mantener el orden?</p>      <p>&iquest;De d&oacute;nde viene entonces la revoluci&oacute;n? Para Zuleta la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica es un evento probabil&iacute;stico, que puede ocurrir en cualquier momento, debido a factores y relaciones que van m&aacute;s all&aacute; de lo econ&oacute;mico y tienen que ver, sospecho, con alcanzar una combinaci&oacute;n de fuerzas opuestas al sistema lo suficientemente grande como para derrocar el poder pol&iacute;tico existente. En ese sentido la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica es fortuita y no requiere de ning&uacute;n tipo de relaci&oacute;n directa con la destrucci&oacute;n catastr&oacute;fica de las relaciones econ&oacute;micas capitalistas. M&aacute;s a&uacute;n, el momento de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica nunca ser&aacute; compatible con el estado real del sistema capitalista. Ese desajuste en el tiempo es estructural:</p>      <p><ol>En ese sentido cualquiera que sea el momento en que las fuerzas opuestas al sistema lleguen a predominar y a tomar el poder pol&iacute;tico, este momento ser&aacute; siempre anacr&oacute;nico, <i>prematuro</i> en unos sentidos, y <i>tard&iacute;o</i> en otros. (Zuleta 1987, 177, mis &eacute;nfasis)    </ol></p>      <p>Por lo tanto, ni hay compatibilidad entre el tiempo del capital y el tiempo de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica, ni la toma del poder pol&iacute;tico interfiere, <i>per se</i>, con la reproducci&oacute;n de las condiciones del capital y, por tanto, la resistencia a la l&oacute;gica del capital <i>no</i> termina con la toma del poder pol&iacute;tico. El anacronismo es inevitable y de all&iacute; los fracasos de las revoluciones socialistas del siglo pasado. Ese anacronismo estructural guarda una relaci&oacute;n con el salto mortal y con la pausa: la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica no resuelve el misterio de la pausa.</p>      <p>El problema del anacronismo de la revoluci&oacute;n, de su desfase temporal con respecto al tiempo del capital y de sus contradicciones ya hab&iacute;a sido enfrentado por Marx (1852), al notar, tanto la tendencia de las revoluciones del presente a tomar su poes&iacute;a de la poes&iacute;a de las revoluciones del pasado, como el peso de las ideas de los muertos sobre el cerebro de los vivos. La inevitabilidad de ese desfase viene de un hecho simple: las revoluciones abren de repente el espacio pol&iacute;tico para que todas las ideas atrapadas en la sociedad, y en el cerebro de sus miembros, emerjan en forma violenta e inesperada. Esas ideas pertenecen al pasado, a la tradici&oacute;n y a la simple evoluci&oacute;n del cerebro humano. No tienen porque ser nuevas: las nuevas ideas s&oacute;lo son descubiertas &ndash;si lo son&ndash; durante el proceso revolucionario mismo. Pero Zuleta no se refer&iacute;a al peso del pasado y de la tradici&oacute;n en las revoluciones. Tampoco al peso del pasado en las revoluciones burguesas y a su probable superaci&oacute;n por la revoluci&oacute;n proletaria, como lo supon&iacute;a Marx con optimismo.</p>      <p>Su anacronismo era de tipo estructural. No hab&iacute;a, no pod&iacute;a haber una correspondencia exacta entre el estado de las contradicciones econ&oacute;micas del capital y la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica. El tiempo de la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica correspond&iacute;a al tiempo en el que pod&iacute;a formarse la coalici&oacute;n de fuerzas sociales y pol&iacute;ticas suficiente para derrocar al r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Esa agregaci&oacute;n de fuerzas respond&iacute;a a circunstancias probabil&iacute;sticas independientes de la formaci&oacute;n de crisis sist&eacute;micas del capitalismo. La crisis financiera m&aacute;s profunda podr&iacute;a coincidir (como, de hecho, lo acaba de hacer) con un periodo de estabilidad pol&iacute;tica relativa y con la incapacidad de las fuerzas contrarias al r&eacute;gimen para formar una coalici&oacute;n efectiva para derrocarlo. Las dos, por tanto, pertenec&iacute;an a tiempos distintos y respond&iacute;an a l&oacute;gicas diversas.</p>      <p>&iquest;Es insuperable ese anacronismo, entonces? Sospecho que la respuesta tiene que ver con la idea de la temporalidad de la revoluci&oacute;n que ten&iacute;a Zuleta. Para &eacute;l, la revoluci&oacute;n, m&aacute;s que un acto &uacute;nico o un conjunto de eventos hist&oacute;ricos, era una actividad cotidiana, un estado permanente de los que hab&iacute;an elegido vivir sus vidas por fuera de la l&oacute;gica del capital. Por eso afirmaba:</p>      <p><ol>Una pol&iacute;tica revolucionaria deber&aacute; saber que la estructura tender&aacute; siempre por s&iacute; misma a reproducir las formas capitalistas de producci&oacute;n y que su l&oacute;gica deber&aacute; ser infringida en cada actividad y en cada instituci&oacute;n en lugar de esperar que algunas medidas econ&oacute;micas cambien por s&iacute; mismas el sentido del conjunto cuando es &eacute;ste, al contrario, el que podr&aacute; reinterpretarlas y finalmente hacerlas funcionar. (Zuleta 1987, <i>Ib&iacute;d</i>.)    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol></p>      <p>Este pasaje sugiere un problema m&aacute;s fuerte y que deber&aacute; ser discutido en otro contexto. Es el problema de la incapacidad de las revoluciones pol&iacute;ticas conocidas para superar la inmanencia de las leyes de reproducci&oacute;n del capitalismo. Si el capitalismo no deja de reproducirse en forma espont&aacute;nea, por diversas v&iacute;as y en bajo diversas formas, las tareas de resistencia a la l&oacute;gica del capital no dejan de existir con la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica. Esta s&oacute;lo trastoca, en el mejor de los casos, su operaci&oacute;n hasta que &ndash;no importa a trav&eacute;s de qu&eacute; trayectoria de eventos hist&oacute;ricos&ndash; el capitalismo vuelve a operar a plenitud. Queda, entonces, abierta la discusi&oacute;n acerca de la persistencia de la estructura econ&oacute;mica y de sus leyes inmanentes. Si, como lo plantean Zuleta y Karatani, la estructura econ&oacute;mica del capitalismo no hace m&aacute;s que reproducirse, y la probabilidad de su ruptura espont&aacute;nea es igual a cero, &iquest;estamos ante una estructura insuperable? &iquest;Una estructura situada fuera de la historia?</p>      <p><b>6. Cierre</b></p>      <p>Le&iacute; por primera vez el texto de Zuleta que acabo de comentar hace 32 a&ntilde;os. Entend&iacute;, o cre&iacute; haber entendido, que la dominaci&oacute;n estaba en todas partes y que deb&iacute;amos resistirla en todos los lugares, incluso en la organizaci&oacute;n que proclamaba superarla en forma revolucionaria. Sin duda una pista correcta. Pero debieron pasar m&aacute;s de treinta a&ntilde;os para que esta conversaci&oacute;n, que comenzara pensando en la revoluci&oacute;n, pudiera ser reanudada hoy, al regresar a ella, con la ayuda del concepto de pausa. Aqu&iacute;, entonces, la pausa y sus implicaciones para la metamorfosis de las mercanc&iacute;as, la reproducci&oacute;n del capital y la revoluci&oacute;n. Y las l&iacute;neas de fuga que deja abiertas: pensar la revoluci&oacute;n sin el ancla de la crisis &uacute;ltima, en un universo hecho de muchos mundos posibles, en el que el capital no deja de reproducirse a pesar de sus m&uacute;ltiples crisis.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Karatani distingue entre el Marx de <i>El Capital y El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</i>, y el Marx materialista hist&oacute;rico, creado por Engels. Las consecuencias de la distinci&oacute;n de Karatani son fundamentales. Entre ellas est&aacute;n la interpretaci&oacute;n equ&iacute;voca de la revoluci&oacute;n como el paso necesario de una sociedad a otra, y la c&eacute;lebre secuencia determinista de modos de producci&oacute;n que siempre han alimentado la vulgata marxista.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Y conduce, de paso, a otro problema que tratar&eacute; de abordar al presentar la respuesta de Zuleta: si la revoluci&oacute;n pol&iacute;tica y social no es un efecto de la explosi&oacute;n catastr&oacute;fica de las contradicciones econ&oacute;micas (Zuleta 1987, 176), &iquest;C&oacute;mo se produce, entonces? &iquest;Es la revoluci&oacute;n &ndash;entendida como un evento &uacute;nico e irreversible de ruptura de las relaciones de poder por efecto de las contradicciones econ&oacute;micas y sociales&ndash; cosa del pasado?    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Vale la pena leer el an&aacute;lisis preciso que hace Marx, en <i>El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</i>, de las razones estructurales que llevaron a la peque&ntilde;a burgues&iacute;a francesa a buscar en la figura del sobrino la figura tranquilizadora de su t&iacute;o, el emperador. Entre ellas estaban la falta de partidos y organizaciones propias y el aislamiento en que viv&iacute;an, unos de otros, y del resto de la sociedad.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Uno podr&iacute;a especular, incluso, que al aparecer el salto mortal en todos los puntos del sistema, la revoluci&oacute;n, entendida como resistencia a la l&oacute;gica del capital, deber&iacute;a tambi&eacute;n ocurrir en todo momento. La idea de Zuleta de resistencia cotidiana a las reglas del capitalismo, podr&iacute;a ir en ese sentido. Por supuesto, esta idea de revoluci&oacute;n difiere del concepto de revoluci&oacute;n como una secuencia extrema de eventos que transforman las relaciones de poder en una sociedad.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias Bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>      <!-- ref --><p>Karatani, K. (2006): <i>Transcritique. On Marx and Kant</i>, Cambridge, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-4688201000020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Marx, K. (1852/2008): <i>The 18th Brumaire of Louis Bonaparte</i>, New York, International Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-4688201000020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moliner, M. (1998): <i>Diccionario de uso del espa&ntilde;ol</i>, Madrid, Gredos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4688201000020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zizek, S. (2006): <i>Visi&oacute;n de paralaje</i>, Buenos Aires, FCE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-4688201000020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Zuleta, E. (2010): "A la memoria de Martin Heidegger", en <i>Tres culturas, tres familias y otros ensayos</i>, Medell&iacute;n, Hombre Nuevo Editores, pp. 39-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4688201000020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_ (1987): <i>Ensayos sobre Marx</ik>, Medell&iacute;n, Editorial Percepci&oacute;n. Edici&oacute;n a cargo de Luis Alberto Restrepo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-4688201000020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_ S/f. "Notas sobre el cap&iacute;tulo 1 de El Capital", in&eacute;dito, 57 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4688201000020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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