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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿HAY UN DILEMA ENTRE LIBERTAD E IGUALDAD?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper examines critically Ronald Dworkin's ideas about the apparent conflict between the political ideals of liberty and equality. Following a suggestion by Ruth Marcus, is argued that, contrary to Dworkin's idea, the acceptance of genuine valorative dilemmas don't imply an inconsistency in the agent's system of values.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>    <center><font size="4"><b>&iquest;HAY UN DILEMA ENTRE LIBERTAD E IGUALDAD?<sup>*</sup></b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>Is There a Conflict between Liberty and Equality?</b></font></center></p>     <p>    <center><b><i>Gabriel Eduardo Vargas Duque</i></b>    <br> Universidad de Cartagena    <br> Universidad Nacional de Colombia</center></p>     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup>*</sup>Recibido: mayo 2011    aprobado: junio 2011</b></p>  <hr>     <p><b><i>RESUMEN</i></b></p>     <p>El art&iacute;culo examina, cr&iacute;ticamente, la soluci&oacute;n que propone Ronald Dworkin para el problema de si los ideales pol&iacute;ticos de libertad e igualdad entran en conflicto. El n&uacute;cleo de mi cr&iacute;tica es que la soluci&oacute;n de Dworkin depende de un supuesto dudoso, a saber: que no puede haber casos de colisi&oacute;n entre dos obligaciones de igual importancia. Siguiendo una idea de Ruth Marcus, afirmo, finalmente, que la existencia de dilemas valorativos genuinos no implica, como pretende Dworkin, tener que reconocer que el sistema de principios del agente es internamente inconsistente, ya que esta clase de problema surge m&aacute;s bien de factores circunstanciales.</p>     <p><b>Palabras Clave</b>: Dilemas morales, libertad, igualdad, Dworkin, Marcus.</p> <hr>     <p><b><i>ABSTRACT</i></b></p>     <p>This paper examines critically Ronald Dworkin's ideas about the apparent conflict between the political ideals of liberty and equality. Following a suggestion by Ruth Marcus, is argued that, contrary to Dworkin's idea, the acceptance of genuine valorative dilemmas don't imply an inconsistency in the agent's system of values.</p>     <p><b>Key words</b>: moral dilemmas, liberty, equality, Dworkin, Marcus.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Algunos fil&oacute;sofos han pensado que debemos aceptar que la libertad y la igualdad entran en conflicto. Y lo que es a&uacute;n m&aacute;s problem&aacute;tico: tal conflicto s&oacute;lo se soluciona si sacrificamos uno de los valores o si restringimos en alguna medida la realizaci&oacute;n de ambos. Esto explica en parte por qu&eacute; a menudo se rechazan las pol&iacute;ticas redistributivas por parte de algunos grupos sociales. Del otro lado, esto tambi&eacute;n justifica la introducci&oacute;n de restricciones a la libertad en sociedades que defienden alguna forma de igualdad.</p>     <p>Los libertaristas, por ejemplo, sostienen que la redistribuci&oacute;n es un error porque viola el derecho fundamental a la posesi&oacute;n. Consideran que la redistribuci&oacute;n es injusta en principio, debido a que implica una sustracci&oacute;n indebida de bienes a quienes los han adquirido leg&iacute;timamente. El libertario suele creer que de su teor&iacute;a se desprenden consecuencias desagradables. Por eso est&aacute; dispuesto a aceptar que en una sociedad libre tendr&aacute; que haber desigualdades y que en el curso de tales desigualdades algunos ser&aacute;n empujados a la ruina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Eso es al parecer una consecuencia del libre mercado. Por ello no s&oacute;lo los libertaristas est&aacute;n dispuestos a aceptar las desagradables consecuencias. Tambi&eacute;n los conservadores que admiten el libre mercado creen que el respeto por las libertades civiles genera serias desigualdades. Sin embargo, tampoco est&aacute;n dispuestos a aceptar medidas redistributivas fuertes.</p>     <p>Por otro lado, los llamados partidos de izquierda promulgan la necesidad de que el Estado se centre en la atenci&oacute;n de las necesidades b&aacute;sicas de la gente. De acuerdo con esta tendencia pol&iacute;tica, el primer valor que debe salvaguardar el Estado es la igualdad. Por eso una implicaci&oacute;n com&uacute;n de esta perspectiva pol&iacute;tica es que debemos sacrificar en alguna medida nuestras libertades individuales. Para evitar la miseria, debemos regular el mercado a trav&eacute;s del Estado.</p>     <p>Tanto en la versi&oacute;n libertaria como en la conservadora y la de izquierda, parece que tenemos un problema. Si protegemos la libertad tendremos que aceptar un sistema pol&iacute;tico que genera desigualdades sociales y econ&oacute;micas. O, de otro lado, si optamos por proteger la igualdad, tendremos que renunciar en alg&uacute;n grado a nuestras libertades. La pregunta que surge naturalmente en este punto es: &iquest;realmente entran en conflicto la libertad y la igualdad?</p>     <p><font size="3"><b>2. La respuesta de Dworkin</b></font></p>     <p>Ronald Dworkin sostiene que no. Seg&uacute;n &eacute;l, la idea de que hay, en principio, un conflicto entre ambos ideales, depende de interpretaciones inadecuadas de libertad e igualdad. As&iacute;, si definimos libertad como 'permitir que cada quien haga lo que quiera sin que se le restrinja'; e igualdad como 'dar a todos lo mismo', f&aacute;cilmente podremos mostrar que la libertad y la igualdad chocan. Esto se debe a que hemos definido los t&eacute;rminos de modo que se contradigan. En palabras de Dworkin: "&#91;...&#93; No hay duda de que los t&eacute;rminos 'igualdad' y 'libertad' pueden definirse de tal forma que, as&iacute; definidas, entren en conflicto de forma permanente e inevitable" (Dworkin, 2000: 58).</p>     <p>De acuerdo con Dworkin, interpretaciones de libertad e igualdad como las anteriores son inadecuadas, puesto que no tienen en cuenta los ideales pol&iacute;ticos que deber&iacute;an representar. As&iacute;, debemos buscar interpretaciones de libertad e igualdad que est&eacute;n en consonancia con los valores pol&iacute;ticos que representan. Las interpretaciones mencionadas atr&aacute;s no superan esta prueba, porque no tienen &eacute;xito al expresar los ideales pol&iacute;ticos que pretenden reflejar. Ninguna interpretaci&oacute;n de la libertad pol&iacute;ticamente aceptable permitir&iacute;a que los individuos hicieran lo que quisieran sin restricci&oacute;n, ya que el asesinato, el robo y la violaci&oacute;n tendr&iacute;an que ser permitidos. Del mismo modo, sostener que la igualdad consiste en distribuir por igual sin tener en cuenta los m&eacute;ritos, ser&iacute;a aceptar que es pol&iacute;ticamente correcto mantener al vago y castigar al trabajador.</p>     <p>Ninguna de estas interpretaciones se toma en serio lo que pensamos sobre libertad o igualdad. Pues terminan por tornar en vicio lo que consideramos una virtud. La libertad irrestricta conduce al abuso y la igualdad sin merecimiento, a lo injusto. En palabras de Dworkin:</p> <ol>"&#91;...&#93; No podemos aceptar ninguna interpretaci&oacute;n de la igualdad, sin importar lo atractiva que sea para otro objetivo, si afirma que la esclavitud es una instituci&oacute;n igualitaria. No podemos aceptar ninguna explicaci&oacute;n de la libertad que considere como una sociedad libre aquella en la que se da el trabajo forzoso" (Dworkin, 2000: 60).    </ol>     <p>Dworkin sostiene que primero debemos identificar los principios fundamentales en los que se afincan los ideales pol&iacute;ticos de libertad e igualdad, para poder ofrecer una interpretaci&oacute;n adecuada de estos valores. Propone como principios: i) el principio de igual valor y ii) el principio de responsabilidad especial. Con el primero, quiere insistir en que cuando surge una vida preferimos que prospere a que fracase. Con el segundo, que se acepta que cada persona tiene la responsabi lidad de elegir c&oacute;mo llevar su propia vida y que el entorno social debe ser sensible y respetar esta elecci&oacute;n. Se&ntilde;ala que el primero de estos principios tiene un contenido m&aacute;s igualitario que el segundo, mientras que el segundo tiene un &eacute;nfasis mayor en la libertad.</p>     <p>La estrategia de Dworkin consiste en hallar alguna definici&oacute;n de libertad y de igualdad que no choque con los ideales pol&iacute;ticos que valoramos. Esto significa que no pueden entrar en conflicto con los dos principios del individualismo &eacute;tico descritos atr&aacute;s. De esta manera, si definimos la igualdad pol&iacute;tica como aquella que busca que las personas tengan el mismo nivel de bienestar, fallamos. Pues esto contradice los dos principios del individualismo al insistir en que deber&iacute;a haber una identificaci&oacute;n colectiva del bienestar. Lo que sostienen los principios individualistas es precisamente que cada quien debe elegir sus propios fines de la manera que mejor le parezca.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se necesita, entonces, una definici&oacute;n de igualdad que no trate de comprometer a las personas con un fin colectivo de bienestar. La otra alternativa es buscar la igualdad de recursos. Sin embargo, tal igualdad debe ser sensible a los merecimientos individuales, puesto que una distribuci&oacute;n de recursos que d&eacute; lo mismo al trabajador que al vago viola el primer principio (olvida que cuando hacemos nuestras elecciones nos comprometemos con estilos de vida m&aacute;s c&oacute;modos o m&aacute;s sacrificados y, por consiguiente, con menores o mayores ingresos. Una definici&oacute;n de igualdad que ignore estas consecuencias debe fallar, porque supone que elijamos lo que elijamos siempre obtendremos lo mismo).</p>     <p>Dworkin sugiere que "una distribuci&oacute;n completamente igual de recursos es aquella en la que nadie 'envidia' los recursos que los otros tienen. La envidia en este contexto es un fen&oacute;meno econ&oacute;mico, no psicol&oacute;gico" (Dworkin, 2000: 65). Para ilustrarnos este punto de vista, recurre a una historia m&aacute;s o menos as&iacute;: si nos encontr&aacute;semos en una isla en la que hubiera suficientes y diversos recursos, podr&iacute;amos superar la prueba de la envidia si entr&aacute;semos a subastar los recursos de la isla. Cada uno deber&iacute;a poseer inicialmente cien valvas de almejas para poder pujar. La subasta deber&iacute;a repetirse hasta que nadie quisiera que continuara. En ese momento se habr&iacute;a superado la prueba de la envidia, porque nadie querr&iacute;a poseer lo de otro. Si as&iacute; fuera, hubiera pujado por ese recurso y no por el que adquiri&oacute;. Despu&eacute;s de la subasta, las personas podr&aacute;n comenzar a realizar transacciones libremente. Y aunque posean bienes distintos, la riqueza de cada uno ser&aacute; igual.</p>     <p>No obstante, Dworkin es consciente de que la prueba de la envidia no se supera totalmente, debido a que no se han compensado las desventajas naturales en el proceso de subasta. Pues "incluso si mis recursos impersonales son los mismos que los tuyos, envidiar&eacute; tu conjunto total de recursos que incluye tambi&eacute;n tu talento y tu salud" (Dworkin, 2000: p. 66). Este asunto es el que conduce a Dworkin a proponer una estrategia compensatoria para reparar las desigualdades naturales. Al realizar la subasta se debe pactar el pago de un seguro compensatorio. Dworkin se&ntilde;ala que:</p> <ol>"En las situaciones reales podemos plantear un sistema de impuestos y redistribuci&oacute;n, ya sea en forma de recursos monetarios, en oportunidades de empleo o en recursos del tipo de atenci&oacute;n m&eacute;dica, que tenga como modelo ese hipot&eacute;tico mercado de seguros" (Dworkin, 2000: 68).    </ol>     <p>Dworkin acepta que ese mecanismo compensatorio no lograr&iacute;a su objetivo plenamente, a saber: superar totalmente el test de la envidia. Sin embargo, con &eacute;l se lograr&iacute;a una compensaci&oacute;n de 'lo segundo-mejor' y esto es lo m&aacute;ximo que podremos lograr, pues hagamos lo que hagamos nunca podremos compensar totalmente las desigualdades naturales.</p>     <p>De este modo, la igualdad debe entenderse como igualdad de recursos siempre y cuando se supere el test de la envidia en el grado m&aacute;s alto posible. La propuesta de Dworkin es que solamente podremos alcanzar parcialmente la igualdad, y que es un error creer en la realizaci&oacute;n plena de la igualdad.</p>     <p>La b&uacute;squeda de una interpretaci&oacute;n adecuada de la liberad tambi&eacute;n debe velar por no chocar con los principios del individualismo. Dworkin revisa la famosa distinci&oacute;n de Isaiah Berlin entre libertad positiva y negativa. De acuerdo con esta &uacute;ltima noci&oacute;n -la negativa-, la libertad no debe ser entendida como capacidad o potencialidad, sino como ausencia de interferencia. Para Dworkin, la libertad entendida as&iacute; va en contra del segundo principio del individualismo, porque niega que el Estado deba brindar oportunidades. Una interpretaci&oacute;n de la libertad que no tenga en cuenta el rango de oportunidades disponibles para m&iacute;, no puede representar el ideal pol&iacute;tico de libertad. La cr&iacute;tica de Dworkin a la popular distinci&oacute;n de Berlin queda bien sintetizada en el siguiente pasaje, en el que Dworkin se&ntilde;ala una implicaci&oacute;n problem&aacute;tica de la asunci&oacute;n del concepto negativo de la libertad:</p> <ol>"Mi libertad &#91;...&#93; se ver&iacute;a reducida por una ley que estableciera una nueva norma de tr&aacute;fico en una direcci&oacute;n, pero no por una ley que recortase mis beneficios asistenciales de manera que no me permitiera conducir de ninguna manera. Pero desde luego mi rango de elecci&oacute;n -el conjunto de oportunidades efectivamente disponibles para m&iacute;- se ve restringido de forma m&aacute;s severa por la segunda ley que por la primera. Si la libertad es un valor porque protege la oportunidad, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;amos aceptar una interpretaci&oacute;n que distingue de esa manera entre esas dos leyes?" (Dworkin, 2000: 69).    </ol>     <p>Dworkin sostiene tambi&eacute;n que debemos ser cuidadosos al defender una interpretaci&oacute;n de la libertad en la que no quepa ninguna restricci&oacute;n. Puesto que eso ser&iacute;a considerar que las acciones de los dem&aacute;s no interfieren con las m&iacute;as y viceversa. Pero eso es un error ya que hay muchas acciones que terminan por restringir las libertades de otros. No obstante, tambi&eacute;n hay que cuidarnos de caer en una interpretaci&oacute;n de la libertad demasiado restrictiva, ya que el gobierno terminar&iacute;a invadiendo las libertades m&aacute;s b&aacute;sicas so pretexto de la redistribuci&oacute;n o cualquier otra cosa. La interpretaci&oacute;n que da Dworkin de la libertad incluye tanto la libertad como ausencia de interferencia, cuanto la libertad como oportunidad. Dworkin cree que necesitamos una interpretaci&oacute;n de libertad que no disocie estos dos aspectos. Puesto que una interpretaci&oacute;n de la libertad que deje por fuera las oportunidades, entra en conflicto con el segundo principio del individualismo, al no potenciar las oportunidades para que la vida prospere. Y una definici&oacute;n de libertad sin restricciones abre la puerta a la arbitrariedad.</p>     <p>De este modo, Dworkin est&aacute; comprometido con una idea de libertad que incluye dos aspectos: la oportunidad y la no interferencia. Estos dos aspectos est&aacute;n en consonancia con los principios del individualismo, ya que lo que exige el primer principio es que la vida prospere, para lo cual es beneficioso que el Estado ofrezca oportunidades. Y lo que exige el segundo principio es que se me permita escoger mis propios fines, lo que est&aacute; implicado en la definici&oacute;n de libertad como ausencia de interferencia.</p> <ol>"&#91;...&#93; ahora nuestra interpretaci&oacute;n de la libertad empieza a depender de nuestra previa interpretaci&oacute;n de la igualdad. Esto no deber&iacute;a sorprendernos porque los dos principios del individualismo &eacute;tico que hemos venido perfilando son parte de una misma actitud &eacute;tica global, y as&iacute; debemos comprender la una a la luz de la otra" (Dworkin, 2000: 74).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Una conclusi&oacute;n que podemos extraer del punto de vista de Dworkin, es que al interpretar adecuadamente la libertad y la igualdad no hay ning&uacute;n conflicto genuino entre ellas. Dworkin considera que libertad e igualdad son como la cara y cruz de una misma moneda. Su estrategia consiste en mostrar que una interpretaci&oacute;n adecuada de la libertad debe incorporar un contenido igualitario y que una interpretaci&oacute;n aceptable de la igualdad debe contener su interpretaci&oacute;n de la libertad.</p>     <p>En lo que sigue intentar&eacute; mostrar que la soluci&oacute;n que propone Dworkin depende de una suposici&oacute;n dudosa, a saber: que no puede haber dilemas genuinos. Lo que Dworkin nos ha mostrado es que la idea de un conflicto entre libertad e igualdad es meramente aparente. Probablemente Dworkin cree que esto sucede en todos los casos en que surgen conflictos entre principios. Pues su teor&iacute;a del derecho considera que todos los conflictos tienen soluci&oacute;n. Esto se debe a que cree que, en el fondo, despu&eacute;s de una buena interpretaci&oacute;n, tiene que haber una respuesta correcta al conflicto. Pero &iquest;realmente hay una &uacute;nica soluci&oacute;n en todos los casos de conflicto?</p>     <p><font size="3"><b>3. Problemas</b></font></p>     <p>Fil&oacute;sofos tan diferentes como Kant y Mill comparten este punto de vista. Kant, en la <i>Metaf&iacute;sica de las costumbres, </i>afirma: <i>obligationes non colliduntur</i>. Por su parte, John Stuart Mill sostiene que, si no existiera un principio moral supremo, los conflictos entre valores ser&iacute;an insolubles.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> Pero Mill afirma que los conflictos tienen que tener una soluci&oacute;n (de otro modo, el razonamiento pr&aacute;ctico ser&iacute;a est&eacute;ril). Entonces concluye que s&oacute;lo puede haber un principio moral de importancia definitiva (i.e., los dem&aacute;s principios son aceptables s&oacute;lo si su observancia contribuye a la realizaci&oacute;n de lo que demanda el principio supremo).</p>     <p>Por su parte, Kant cree que los dilemas genuinos no existen, porque acepta una versi&oacute;n de las reglas morales que no permite colisi&oacute;n entre deberes:</p> <ol>"Un <i>conflicto de deberes </i>consistir&iacute;a en una relaci&oacute;n entre ellos, en virtud de la cual uno de ellos anular&iacute;a al otro (total o parcialmente). -Pero, dado que deber y obligaci&oacute;n en general son conceptos, que expresan la <i>necesidad </i>objetiva pr&aacute;ctica de determinadas acciones, y puesto que dos reglas opuestas entre s&iacute; no pueden ser a la vez necesarias, sino que cuando es deber obrar atendiendo a una, obrar siguiendo a la otra no s&oacute;lo no es deber alguno, sino incluso contrario al deber: es totalmente impensable una <i>colisi&oacute;n </i>de <i>deberes </i>y obligaciones"(Kant, 1993: 224).    </ol>     <p>En mi opini&oacute;n, este pasaje deja muy claro que para Kant la admisi&oacute;n de conflictos o dilemas morales implica la aceptaci&oacute;n de que la raz&oacute;n pr&aacute;ctica puede conducir a inconsistencias; un resultado que Kant encuentra inadmisible.</p>     <p>Sin embargo, incluso en la &eacute;tica kantiana pueden surgir conflictos. Tomemos, por ejemplo, el imperativo de siempre cumplir las promesas que hemos hecho. No s&oacute;lo es posible, sino que ocurre con frecuencia, que no podemos cumplir las promesas que hemos hecho, a pesar de que las hemos hecho <i>bona fide</i>. Por ejemplo, si uno le ha prometido a su &uacute;nico hermano que estar&aacute; con &eacute;l en caso de enfermedad, pero tambi&eacute;n le ha prometido a su hija que asistir&aacute; a su matrimonio, y resulta que, por circunstancias imprevistas, el hermano cae gravemente enfermo justo en la semana de la largamente planeada e inaplazable boda de la hija, es muy claro que no puedo cumplir ambas promesas (esta clase de contraejemplos supone que no es incorrecto hacer promesas o adquirir obligaciones futuras a despecho de la ignorancia sobre lo que ocurrir&aacute; en el futuro; una suposici&oacute;n que no examinar&eacute; pero que, con las debidas especificaciones, encuentro razonable).</p>      <p>Creo que hay un patr&oacute;n en este rechazo de la sola posibilidad de los dilemas. Me refiero a la idea subyacente, aunque muy identificable, de que la admisi&oacute;n de los dilemas implica una suerte de negaci&oacute;n de la utilidad, el sentido, el prop&oacute;sito del razonamiento normativo pr&aacute;ctico: &iquest;para qu&eacute; habr&iacute;amos de ocuparnos en razonar sobre lo que debemos hacer si siempre es posible que estemos enredados en un problema que no tiene soluci&oacute;n?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La propuesta de Dworkin est&aacute; inspirada en una idea similar. Consideremos por ejemplo lo que dice en el escrito que he estado comentando:</p> <ol>"La proposici&oacute;n de que algunos de nuestros ideales pol&iacute;ticos est&aacute;n en conflicto con otros es significativa y preocupante porque, <i>en caso de ser cierta, una comunidad deber&iacute;a tener razones para el remordimiento moral en algunas circunstancias con independencia de lo que haga</i>. Debe elegir entre dos males" (Dworkin, 2000: 59, cursivas a&ntilde;adidas).    </ol>     <p>Considerando el contexto en el que est&aacute; esta declaraci&oacute;n (i.e., el argumento cuya conclusi&oacute;n es que no puede haber una colisi&oacute;n entre libertad 170 e igualdad), podemos interpretar las palabras de Dworkin en la cita como una aceptaci&oacute;n de la idea cl&aacute;sica de que los dilemas valorativos no existen. Sin embargo, el punto de vista de Dworkin sobre lo que se conoce en la literatura de la filosof&iacute;a del derecho como "casos dif&iacute;ciles" es, en mi opini&oacute;n, una confirmaci&oacute;n de la inscripci&oacute;n de las ideas de Dworkin en esta tradici&oacute;n de rechazo de los dilemas. En efecto, Dworkin ha argumentado intensa e insistentemente que todos los casos de conflicto legal tienen una &uacute;nica soluci&oacute;n. En la literatura a la que me refiero, tales casos son llamados "casos dif&iacute;ciles". Un caso dif&iacute;cil es una situaci&oacute;n en la cual la ley no es clara acerca del resultado, pero aun as&iacute; parece haber razones extralegales para determinar una decisi&oacute;n judicial. Dworkin argumenta apasionadamente en contra de la idea positivista seg&uacute;n la cual el derecho queda completamente expresado en la ley escrita y, por tanto, en los casos dif&iacute;ciles el juez tiene total discreci&oacute;n para decidir. Dworkin piensa que esta posici&oacute;n positivista es equivocada, por varias razones. En primer lugar, mantiene que la ley escrita debe reflejar los principios de la "moralidad p&uacute;blica" de las sociedades. En segundo lugar, argumenta que la admisi&oacute;n de la idea de que cuando la ley no da una respuesta, entonces el juez puede decidir discrecionalmente, es una negaci&oacute;n de esa primera idea fundamental (i.e., que la ley debe reflejar y respetar los principios b&aacute;sicos de la moralidad p&uacute;blica).<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> Lo que quiero se&ntilde;alar es que Dworkin acepta la l&iacute;nea general de razonamiento, com&uacute;n a Kant y a Mill, que presupone que el razonamiento normativo pr&aacute;ctico s&oacute;lo es fruct&iacute;fero si todos los problemas a los que se aplica tienen una soluci&oacute;n.</p>     <p>Sin embargo, el problema con los dilemas no parece residir en las relaciones l&oacute;gicas entre los principios que uno acepta. Ruth Marcus, por ejemplo, ha argumentado que un sistema moral perfectamente coherente puede verse expuesto a los dilemas. Esto es as&iacute; porque los conflictos entre valores o principios morales no surgen por una incompatibilidad entre los principios del sistema, sino m&aacute;s bien por contingencias emp&iacute;ricas. Marcus define un sistema moral consistente como uno para el que, por lo menos, hay un "mundo posible en el cual todas las reglas del sistema pueden ser observadas en todas las circunstancias de ese mundo"<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> (Marcus, 1980: 128). En este sentido, tanto la &eacute;tica utilitarista de Mill como la &eacute;tica kantiana son consistentes. Pero a&uacute;n as&iacute; pueden dar lugar a dilemas genuinos, debido a contingencias emp&iacute;ricas que el agente no puede prever.</p>     <p>Para entender mejor la propuesta de Marcus consideremos algunos detalles de la caracterizaci&oacute;n que ella hace de los dilemas y la consistencia. Para ilustrar su defensa de la posibilidad de los dilemas, ella compara un sistema de reglas o normas morales con un juego. En la comparaci&oacute;n que plantea, el juego -uno de cartas, por ejemplo- podr&iacute;a dar lugar a inconsistencias, aunque tambi&eacute;n podr&iacute;a ser jugado sin que se produjeran las inconsistencias. El siguiente pasaje ilustra claramente su idea:</p> <ol>"Consideremos, por ejemplo, un tonto juego de cartas de dos personas. El mazo se baraja y se reparte por igual entre los jugadores. &Eacute;stos van destapando las cartas del tope hasta que todas las cartas hayan sido descubiertas. Dos reglas se aplican: las cartas negras triunfan sobre las rojas y las cartas mayores ganan sobre las de menor valor sin importar el color. Cuando ninguna regla se aplica, e.g., dos rojas iguales, hay indiferencia y los jugadores pueden continuar. Podr&iacute;amos definir al ganador como el jugador con el mayor n&uacute;mero de triunfos cuando las cartas son descubiertas. Hay una inclinaci&oacute;n a llamar a tal serie de reglas 'inconsistente'. Porque sup&oacute;ngase que el par descubierto son un as rojo y un dos negro; &iquest;cu&aacute;l gana? &Eacute;ste no es un caso de indiferencia a las reglas, como en un par de dos rojos. M&aacute;s bien, dos reglas se aplican pero no pueden satisfacerse las dos. Pero, desde la definici&oacute;n propuesta, las reglas son consistentes porque hay circunstancias posibles donde, en el curso del juego, el dilema no surgir&iacute;a y el juego seguir&iacute;a hasta concluir. Es posible que las cartas se distribuyan de tal modo que cuando una carta negra aparezca junto a una carta roja, la carta negra sea de igual o mayor valor" (Marcus, 1996: 26-27).    </ol>     <p>Desde luego, como lo se&ntilde;ala la propia Marcus, la probabilidad de que surjan dilemas o 'inconsistencias' en el juego hipot&eacute;tico por ella ideado es bastante alta. Pero tambi&eacute;n podr&iacute;an dise&ntilde;arse juegos en los que la probabilidad de las inconsistencias es muy baja. Para resumir, entonces, la idea de la analog&iacute;a de Marcus es que las inconsistencias producidas por los dilemas morales no son necesariamente un asunto de las reglas que un agente acepta, sino que dependen tambi&eacute;n de factores circunstanciales. Ella dice que una moraleja general que deber&iacute;amos extraer de esto es que "como agentes racionales deber&iacute;amos configurar nuestras vidas e instituciones con la intenci&oacute;n de reducir tales conflictos" (<i>op</i>. <i>cit</i>.: 23). Esto no significa, sin 172 embargo, que los dilemas sean eliminables. Siempre tendremos que contar con su posibilidad (ni tampoco significa que todos los conflictos sean casos de dilema).</p>     <p><font size="3"><b>A manera de conclusi&oacute;n</b></font></p>     <p>Si realmente Dworkin hubiera resuelto la vieja confrontaci&oacute;n entre libertad e igualdad, entonces quienes aceptamos la existencia de conflictos reales entre valores estar&iacute;amos en un error. Esta consecuencia me parece inaceptable. No creo que seres igualmente racionales que llegamos a conclusiones opuestas sobre este problema estemos en una situaci&oacute;n en la que uno de los bandos est&aacute; irremediablemente equivocado. No hay ning&uacute;n hecho o serie de hechos que alguno de los bandos desconozca. A&uacute;n m&aacute;s, pienso que los 'hechos' se&ntilde;alan que la idea de que en algunas ocasiones nos vemos confrontados a dilemas juegan a favor de quienes pensamos que tales dilemas no s&oacute;lo son posibles sino que ocurren efectivamente. A continuaci&oacute;n presentar&eacute; brevemente el punto de vista del pensador que ha insistido, quiz&aacute; m&aacute;s que nadie, en esta idea.</p>     <p>Isaiah Berlin ha argumentado convincentemente que la negaci&oacute;n de la sola posibilidad de los conflictos entre valores descansa en la suposici&oacute;n de que todas las cosas que valoramos se pueden obtener sin p&eacute;rdida. En este punto vale la pena citar sus palabras extensamente:</p> <ol>"Hay una creencia que es, m&aacute;s que ninguna otra, responsable de la masacre de individuos en los altares de los grandes ideales hist&oacute;ricos -justicia, progreso, la felicidad de las generaciones futuras, la sagrada misi&oacute;n de la emancipaci&oacute;n de una naci&oacute;n, una raza o una clase, o hasta la libertad misma, que exige el sacrificio de los individuos por la libertad de la sociedad-. Esta creencia es la de que en alguna parte, en el pasado o en el futuro, en la revelaci&oacute;n divina o en la mente del pensador, en los pronunciamientos de la historia o de la ciencia o en el coraz&oacute;n simple de un buen hombre no corrompido, hay una soluci&oacute;n definitiva. Esta fe antigua se apoya en la convicci&oacute;n de que todos los valores positivos en que han cre&iacute;do los hombres tienen que ser, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, compatibles, e incluso implicarse unos a otros. La verdad, la virtud y la felicidad est&aacute;n unidas "a la cadena eterna de los destinos humanos", dijo uno de los mejores hombres que haya vivido nunca, y habl&oacute; en t&eacute;rminos parecidos de la libertad, la igualdad y la justicia" (Berlin, 2001: 108).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>A mi modo de ver, una raz&oacute;n por la cual el pesimismo de Berlin con respecto a la posibilidad de obtener una visi&oacute;n unitaria que no d&eacute; lugar a conflictos est&aacute; justificado, es que una parte importante de nuestras vidas depende de factores que no podemos controlar. Como lo ha enfatizado Marcus, los conflictos surgen debido a contingencias emp&iacute;ricas y no a una inconsistencia en el sistema de principios del agente. Si esto es as&iacute;, tenemos una raz&oacute;n para pensar, en contra de lo que pretende Dworkin, que la aceptaci&oacute;n de la libertad y la igualdad como ideales que deber&iacute;amos realizar s&oacute;lo puede hacerse efectiva si sacrificamos una parte de cada uno de los ideales.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Mill dice: "debe existir alg&uacute;n principio o ley fundamentales &uacute;nicos o, de no ser as&iacute; y existir varios, debe darse un orden determinado de prioridad entre ellos; y el principio o regla &uacute;nicos para decidir entre los diversos principios cuando entran en conflicto debe ser auto-evidente". <i>Utilitarismo</i>, Altaya, Barcelona, 1994. p. 25.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Dworkin plantea dos l&iacute;neas de razonamiento en contra de la tesis positivista seg&uacute;n la cual en los casos dif&iacute;ciles el juez tiene plena discrecionalidad para decidir. La primera sugiere que esa idea implica un error l&oacute;gico. La segunda sugiere que la tesis positivista implica una violaci&oacute;n de la divisi&oacute;n de poderes (porque si el positivista est&aacute; en lo cierto, entonces en los casos dif&iacute;ciles el juez estar&iacute;a suplantando al legislador). V&eacute;ase Dworkin (1977).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Marcus hace una importante aclaraci&oacute;n sobre este punto: "N&oacute;tese que utilizo la expresi&oacute;n 'pueden ser observadas' en lugar de 'son observadas', porque quiero permitir la divisi&oacute;n de los casos en los cuales una acci&oacute;n gobernada por una regla no es realizada entre aquellos en los cuales la falla es una falla personal del agente &#91;...&#93; y aquellos en los que las circunstancias 'externas' le impiden al agente satisfacer obligaciones conflictivas" (<i>op. Cit</i>.: 128).    <br>  <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias Bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p>BERLIN, Isahia (2001). "Dos conceptos de libertad". En: <i>Dos conceptos de libertad y otros escritos</i>. Madrid, Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-4688201100010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DWORKIN, Ronald (2000). "&iquest;Entran en conflicto la libertad y la igualdad?", en: <i>Vivir como iguales</i>, editado por P. Barker, Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-4688201100010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_____ (1977). <i>Taking rights seriously</i>. Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-4688201100010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KANT, Inmanuel (1993). <i>Metaf&iacute;sica de las costumbres. </i>Barcelona, Altaya.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-4688201100010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MARCUS, Ruth. B (1980). "Moral dilemmas and consistency", en: <i>The Journal of Philosophy</i>, Vol. 77., No. 3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-4688201100010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_____ (1996) "More about moral dilemmas", en: <i>Moral dilemmas and moral theory</i>, editado por H. E. Mason, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-4688201100010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MILL, John.Stuart (1994). <i>Utilitarismo</i>. Barcelona, Altaya.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-4688201100010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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