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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Paciente con quiste pancreático incidental]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Fundación Sanitas Postgrado Gastroenterología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The editors of this review have taken this opportunity to present a clinical case history of an obese young adult female patient who was found to have an 18mm in diameter pancreatic cyst. Prior to performance of bariatric surgery a CAT scan was performed which revealed the existence of the cyst. This case is being presented in order to answer some of the most frequently asked questions which arise when a pancreatic cyst is found incidentally.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Quiste pancreático]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Pancreatic cyst]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <FONT FACE="Verdana" SIZE=3>    <P align="center"><B>Paciente con quiste pancre&aacute;tico incidental</B></P></FONT> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P align="center">Diego Aponte M, MD (1) </P>     <P>(1) Especialista Medicina Interna-Gastroenterolog&iacute;a. Coordinador Acad&eacute;mico de Postgrado Gastroenterolog&iacute;a Fundaci&oacute;n Sanitas. Bogot&aacute;, Colombia.</P>     <P>Fecha recibido:    07-09-10   Fecha aceptado:  15-09-10</P>     <P><B>Resumen</B></P>     <P>En esta oportunidad, los editores de la revista presentan el caso cl&iacute;nico de una paciente de sexo femenino, adulta joven, obesa, a quien en el estudio prequir&uacute;rgico de una cirug&iacute;a bari&aacute;trica, se le realiza una tomograf&iacute;a axial computarizada, con hallazgo de una lesi&oacute;n qu&iacute;stica del p&aacute;ncreas de 18 mm de di&aacute;metro. El caso se presenta con el objetivo del estudio del tema, basado en responder algunas de las preguntas que m&aacute;s frecuentemente nos planteamos cuando tenemos hallazgos de lesiones incidentales qu&iacute;sticas en p&aacute;ncreas.</P>     <P><B>Palabras claves </B></P>     <P>Quiste pancre&aacute;tico. </P>     <P><B>CASO CLINICO</B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Paciente de 55 a&ntilde;os, de sexo femenino, con obesidad grado III desde los 20 a&ntilde;os. M&uacute;ltiples complicaciones asociadas: diabetes mellitus tipo 2, hipertensi&oacute;n arterial, s&iacute;ndrome de apnea-hipopnea obstructiva del sue&ntilde;o e hipertensi&oacute;n pulmonar severa. En manejo farmacol&oacute;gico con orlistat, tiroxina, metformina, enalapril y furosemida. En estudio prequir&uacute;rgico para cirug&iacute;a bari&aacute;trica se documenta quiste pancre&aacute;tico. Al examen f&iacute;sico se encuentra a la paciente en buen estado general, obesidad grado III e &iacute;ndice de masa corporal de 37, sin otros hallazgos positivos. La tomograf&iacute;a axial de abdomen con contraste reporta un peque&ntilde;o quiste simple de 18 mm, sin septos intr&iacute;nsecos o componente s&oacute;lido en el proceso uncinado del p&aacute;ncreas. </P>     <P><B>¿Qu&eacute; tan com&uacute;n es el hallazgo de lesiones qu&iacute;sticas incidentales en p&aacute;ncreas y cu&aacute;les son sus s&iacute;ntomas?</B></P>     <P>En los a&ntilde;os recientes, se ha incrementado la realizaci&oacute;n de ex&aacute;menes radiol&oacute;gicos, y se ha logrado un mayor perfeccionamiento y resoluci&oacute;n de estas t&eacute;cnicas, con la obtenci&oacute;n de mayor sensibilidad diagn&oacute;stica. Estos dos elementos anteriores han generado paralelamente un incremento en el hallazgo de lesiones incidentales en la gl&aacute;ndula del p&aacute;ncreas; grandes series utilizando tomograf&iacute;a axial computarizada (TAC), o resonancia magn&eacute;tica (RNM), han reportado tasas de detecci&oacute;n de lesiones pancre&aacute;ticas qu&iacute;sticas que oscilan entre un 1,2% y casi un 20%, cercano a la tasa de prevalencia encontrada en autopsias que llega a 24,3% (1-3). Aunque la mayor&iacute;a de estas lesiones son pseudoquistes, una buena porci&oacute;n de las lesiones encontradas son tumores qu&iacute;sticos pancre&aacute;ticos, los cuales representan entre un 10 a 15% de todas las lesiones qu&iacute;sticas primarias (4).</P>     <P>Entre el 40 al 75% de los tumores qu&iacute;sticos pancre&aacute;ticos son asintom&aacute;ticos cuando se diagnostica la lesi&oacute;n incidentalmente en b&uacute;squeda de otra condici&oacute;n, y cuando estos s&iacute;ntomas se presentan generalmente son muy inespec&iacute;ficos y vagos como dolor abdominal leve, distensi&oacute;n, dispepsia, etc. (5). </P>     <P>En el caso en an&aacute;lisis, encontramos exactamente lo mismo, ya que en el estudio prequir&uacute;rgico de una cirug&iacute;a bari&aacute;trica, como hallazgo incidental, en una paciente sin s&iacute;ntomas se encuentra, en la tomograf&iacute;a, una lesi&oacute;n qu&iacute;stica peque&ntilde;a.</P>     <P><B>¿Cu&aacute;les son los diagn&oacute;sticos diferenciales y su relevancia cl&iacute;nica?</B></P>     <P>El diagn&oacute;stico diferencial de la lesi&oacute;n qu&iacute;stica del p&aacute;ncreas es amplio y se presentan en dos posibles grupos, por un lado el grupo de las lesiones no neopl&aacute;sicas, en el cual se encuentra la lesi&oacute;n m&aacute;s frecuente hallada, que es el pseudoquiste pancre&aacute;tico, y tambi&eacute;n los quistes infecciosos, cong&eacute;nitos, de duplicaci&oacute;n, de retenci&oacute;n y linfoepiteliales. En otro grupo se presentan las lesiones tumorales, con alg&uacute;n potencial neopl&aacute;sico donde se encuentran los tumores serosos, como el cistadenoma (CAS) y el cistadenocarcinoma (CACS), as&iacute; como los quistes mucinosos como la neoplasia qu&iacute;stica mucinosa (NCM), y el tumor papilar neopl&aacute;sico intraductal (IPMN); y otros, como los tumores pseudopapilares s&oacute;lidos, y finalmente tumores s&oacute;lidos con variante qu&iacute;stica, como los adenocarcinomas c&iacute;sticos, acinares y neuroendocrinos. (Ver <a href="#tabla1">Tabla 1</a>)</P>     <P align="center"><a href="#tabla1">Tabla 1</a>. Caracter&iacute;sticas diferenciales de las principales lesiones qu&iacute;sticas pancre&aacute;ticas (8).</P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v25n3/a08t1.JPG"><a name="tabla1"></a></P>     <P>El grupo es amplio y heterog&eacute;neo con un amplio rango de potencial maligno, que va desde quistes simples sin importancia, cistadenomas serosos, con casi ning&uacute;n potencial maligno, pasando por lesiones premalignas como son los tumores qu&iacute;sticos mucinosos, neoplasias mucinosas intraductales no invasivas hasta lesiones invasivas malignas (6). </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Las lesiones tumorales qu&iacute;sticas deben ser diferenciadas unas de otras, ya que claramente var&iacute;a entre ellas el pron&oacute;stico, el seguimiento y el tratamiento. Sin embargo, esta diferenciaci&oacute;n en muchas oportunidades no es f&aacute;cil, y una mala identificaci&oacute;n puede llevar a un manejo incorrecto, con todas las posibles consecuencias; y es por esta raz&oacute;n, que algunos grupos han propuesto resecci&oacute;n quir&uacute;rgica de todos las lesiones tumorales qu&iacute;sticas en pacientes en buen estado de salud (7); y aunque esta conducta agresiva minimizar&iacute;a el riesgo de pasar inadvertidas lesiones con componente maligno o evitar&iacute;a la evoluci&oacute;n de algunas lesiones a malignas, muchos sujetos sanos, con lesiones benignas ser&iacute;an sometidos a innecesaria morbilidad quir&uacute;rgica, que en ocasiones puede ser muy alta. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha ido aumentando la conciencia a este respecto, as&iacute; como tambi&eacute;n se ha ido mejorando el conocimiento de la historia natural de estas lesiones, con lo cual, se ha hecho posible perfeccionar la identificaci&oacute;n de las lesiones que realmente necesitan una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica.</P>     <P><B>¿Es un pseudoquiste?</B></P>     <P>La historia cl&iacute;nica adquiere para algunos casos importancia real, y es por esto que deben tenerse en cuenta datos clave como episodios previos de pancreatitis, o factores de riesgo asociados, como consumo de alcohol, patolog&iacute;a biliar, trauma, e historia familiar de pancreatopat&iacute;as, ya que estos datos pueden ayudar a dirigir el diagn&oacute;stico hacia un seudoquiste pancre&aacute;tico; sin embargo, para confirmar esta lesi&oacute;n adem&aacute;s de la historia cl&iacute;nica deben unirse elementos morfol&oacute;gicos de las im&aacute;genes como son la lesi&oacute;n redondeada, de pared gruesa, generalmente unilocular, bien circunscrita, macroqu&iacute;stica, asociados a hallazgos parenquimatosos de pancreatitis aguda o cr&oacute;nica, y en algunos casos complementar el estudio histopatol&oacute;gico con punci&oacute;n-aspiraci&oacute;n, donde se observa contenido hemorr&aacute;gico, necr&oacute;tico, turbio y rico en enzimas pancre&aacute;ticas principalmente amilasa. </P>     <P><B>¿Es un tumor qu&iacute;stico seroso?</B></P>     <P>Los tumores qu&iacute;sticos serosos, descritos inicialmente en 1978 por Compango (8) son unos de los m&aacute;s comunes del p&aacute;ncreas llegando a presentarse en el 30% de todos los tumores qu&iacute;sticos; estos son considerados tumores benignos, sin embargo, la presentaci&oacute;n de algunos reportes de una versi&oacute;n maligna muy rara (3% de los tumores serosos), llev&oacute; a la OMS a clasificarlos en dos categor&iacute;as: el cistadenoma seroso y el cistadenocarcinoma. Ambos tumores serosos pueden llegar a tener grandes tama&ntilde;os, de hasta 5 a 7 cm en el momento del diagn&oacute;stico, en el cual podr&iacute;an generar s&iacute;ntomas vagos; se ubican equitativamente entre la cabeza, el cuerpo y la cola del p&aacute;ncreas. Un intento de diferenciar benignos de la variante maligna, muy rara, son la presencia de mayor sintomatolog&iacute;a (86% vs. 66%) y mayor edad (66 vs. 60) entre los malignos (9-11), las caracter&iacute;sticas imagenol&oacute;gicas corresponden a tumores poliqu&iacute;sticos, que son microquistes que recuerdan al panal de abejas, con una calcificaci&oacute;n central que es muy caracter&iacute;stica, pero que solo se presenta en el 30% de los casos. </P>     <P><B>¿Es un tumor qu&iacute;stico mucinoso?</B></P>     <P>Otro diagn&oacute;stico diferencial son los tumores mucinosos, dentro de los cuales sabemos que existen dos entidades diferentes: los NCMs, y los IPMNs, a los cuales los une algunas caracter&iacute;sticas como la producci&oacute;n de mucina y el definido potencial maligno; sin embargo, difieren en la distribuci&oacute;n por edad y sexo, as&iacute; como en sintomatolog&iacute;a y localizaci&oacute;n en el p&aacute;ncreas. Las NCM representan entre el 10 al 40% de todas las neoplasias qu&iacute;sticas del p&aacute;ncreas, y se encuentran localizadas en el cuerpo y la cola del p&aacute;ncreas en el 90% de las veces, casi exclusivamente en mujeres, en promedio de 50 a&ntilde;os y m&aacute;s j&oacute;venes que en los IPMN y serosos, pero cuando tienen componentes de adenocarcinomas, los pacientes son 15 a&ntilde;os mayores en edad, reflejando el proceso de progresi&oacute;n maligna. En estos &uacute;ltimos, los s&iacute;ntomas generalmente son m&aacute;s frecuentes, present&aacute;ndose en un 60% de los casos, los cuales son vagos e inespec&iacute;ficos, m&aacute;s por compresi&oacute;n que por invasi&oacute;n; la historia previa de pancreatitis se presenta en un 10 a 20% de los casos, igualmente la presencia de s&iacute;ntomas como ictericia, p&eacute;rdida de peso, anorexia, hipertensi&oacute;n portal o diabetes mellitus son m&aacute;s sugestivos de malignidad (12-15), en la TAC aparecen como una masa qu&iacute;sticas de paredes gruesas, usualmente septadas, con macroquistes mayores de 2 cm, generalmente no se comunican con el conducto pancre&aacute;tico, y pueden comprimirlo y dilatarlo confundiendo la lesi&oacute;n con IPMN, donde esta caracter&iacute;stica es m&aacute;s com&uacute;n. En la imagen se pueden observar n&oacute;dulos murales, que corresponden a un componente s&oacute;lido en la periferia, en un 20% de los casos, y calcificaciones en huevo estrellado en la periferia del quiste; la diferenciaci&oacute;n entre benignos y malignos es muy dif&iacute;cil, pero algunos elementos a favor de malignos son la invasi&oacute;n a estructuras vasculares, obstrucci&oacute;n biliar, lesiones metast&aacute;sicas hep&aacute;ticas y ascitis (16).</P>     <P>Los IPMN fueron descritos en 1982 por Oshhashi, y representan un 25% de los tumores qu&iacute;sticos del p&aacute;ncreas; su diagn&oacute;stico se ha ido incrementando en las 2 &uacute;ltimas d&eacute;cadas, t&iacute;picamente son asociados con edad avanzada, entre 60 y 70 a&ntilde;os y presentan un tiempo de trasformaci&oacute;n entre benigno a maligno entre unos 5 a 7 a&ntilde;os, afectan a hombres y mujeres en igual proporci&oacute;n y son localizados en la cabeza en el 50% de los casos, y la otra mitad es multifocal, 25% son asintom&aacute;ticos, la mayor&iacute;a de los pacientes experimenta s&iacute;ntomas inespec&iacute;ficos y vagos, m&aacute;s del 20% tiene historia de ataques recurrentes de pancreatitis aguda o cr&oacute;nica, por la obstrucci&oacute;n de los conductos por moco o tumor, y pueden obstruir igualmente el col&eacute;doco, as&iacute; como generar s&iacute;ntomas de disfunci&oacute;n endocrina o exocrina, aunque la presencia de s&iacute;ntomas puede hacer sospechar enfermedad invasiva. La diferenciaci&oacute;n entre IPMN del conducto principal y el de rama secundaria es muy importante, ya que el primero es mucho m&aacute;s agresivo y puede presentar lesi&oacute;n maligna m&aacute;s frecuentemente, al comparar los promedios (70% vs. 25%) (16-18).</P>     <P>En los estudios de im&aacute;genes se observa c&oacute;mo una lesi&oacute;n tumoral poliqu&iacute;stica, con macroquistes, y la mayor importancia es la comunicaci&oacute;n con el conducto principal o secundario.</P>     <P>En el caso planteado por los editores, se observa una lesi&oacute;n qu&iacute;stica, poco definida en la imagen, en una mujer adulta joven y no sabemos el sitio de localizaci&oacute;n de la lesi&oacute;n lo cual hace imposible plantear exactamente los diagn&oacute;sticos diferenciales, pero por las caracter&iacute;sticas de ausencia de s&iacute;ntomas, o historia, en una mujer joven es probable que represente un quiste simple cong&eacute;nito o menos probable un quiste seroso; sin embargo, debe llevarse a un estudio m&aacute;s completo, donde se defina mejor la morfolog&iacute;a, como es la USE y se precise la necesidad de punci&oacute;n.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B>¿TAC, resonancia o Ultrasonido endosc&oacute;pico? </B></P>     <P>La TAC es considerada como una herramienta excelente como test de primera l&iacute;nea en la evaluaci&oacute;n de los quistes del p&aacute;ncreas, con una buena caracterizaci&oacute;n de la morfolog&iacute;a del quiste, y con una t&eacute;cnica adecuada, con equipos de gran capacidad y alta resoluci&oacute;n se pueden diferenciar las lesiones qu&iacute;sticas adecuadamente; sin embargo, en los casos que presenten dificultad de identificaci&oacute;n, la RNM confiere ventajas en la determinaci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas, posiblemente mejora la evaluaci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n entre quistes y el sistema ductal, que puede ayudar a diferencial MCN de IPMN, principalmente cuando se asocia con el uso de colangiorresonancia (CRMP), que tiene la ventaja de evaluar muy bien estas comunicaciones, sin ser invasiva como la CPRE, la cual solo podr&iacute;a tener un posible papel si se sospecha IPMN, en casos individuales especiales, ya que mejora la sensibilidad de la comunicaci&oacute;n con los ductos pancre&aacute;ticos, y podr&iacute;a ver salida de material mucinoso por la papila, que ayudar&iacute;a al diagn&oacute;stico de IPMN. El USE tiene la ventaja de definir muy claramente con gran tama&ntilde;o y claridad las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas de los quistes, sin embargo, tiene la limitante de la subjetividad, y de la larga curva de aprendizaje. </P>     <P><B>¿Tiene utilidad adicional puncionar las lesiones para profundizar su estudio?</B></P>     <P>La tomograf&iacute;a con emisi&oacute;n de positrones ha mostrado que podr&iacute;a ayudar a la diferenciaci&oacute;n entre lesiones malignas de benignas especialmente combinada con TAC; sin embargo, el papel exacto en general a&uacute;n no es claro. La principal ventaja de la USE, adicional al estudio de la morfolog&iacute;a de las lesiones del p&aacute;ncreas, que influye en el perfeccionamiento del diagn&oacute;stico de los tumores qu&iacute;sticos del p&aacute;ncreas, es la de permitir la aspiraci&oacute;n y toma de muestras para estudio citol&oacute;gico, bioqu&iacute;mico y de ant&iacute;genos tumorales. Se ha planteado un riesgo te&oacute;rico como ser&iacute;a la siembra de c&eacute;lulas tumorales durante el paso de la aguja para punci&oacute;n, pero esto no se ha encontrado, en diferentes series (19), y adem&aacute;s el riesgo es minimizado con respecto a la toma de muestras percut&aacute;neas (20).</P>     <P>En el material obtenido por punci&oacute;n en la USE, los estudios iniciales encontraron una sensibilidad del estudio citol&oacute;gico de tan solo 50%, aunque m&aacute;s recientemente se han publicado sensibilidades del 93% (21, 22). En mi forma de ver, esto se debe al perfeccionamiento de la t&eacute;cnica de punci&oacute;n-aspiraci&oacute;n, la mejor evaluaci&oacute;n de la muestra obtenida durante el procedimiento, as&iacute; como la lectura por parte de citopat&oacute;logos expertos en el tema. Por otro lado, el aspecto m&aacute;s usado en la obtenci&oacute;n del l&iacute;quido es el estudio de los niveles de amilasa y marcadores tumorales. Un incremento en el nivel de amilasa indica que la lesi&oacute;n se comunica con el sistema ductal y es frecuentemente asociado con seudoquiste o con IPMNs, y menos probable con NCMs comunicados con el ducto pancre&aacute;tico, por lo tanto el valor de amilasa orienta, pero no es totalmente preciso en la diferenciaci&oacute;n de las lesiones. Diversos marcadores tumorales han sido evaluados, en el diagn&oacute;stico de tumores qu&iacute;sticos del p&aacute;ncreas, entre ellos: Ca 19,9, Ca 125, Ca 72,4 y el m&aacute;s estudiado y aplicado cl&iacute;nicamente de lejos, el ant&iacute;geno carcinoembrionario (ACE), el cual tiene varios estudios y diferentes puntos de corte, en los cuales se ha querido mejorar sensibilidad y especificidad tratando de diferenciar lesiones mucinosas de no mucinosas (23-25). Como todos sabemos, el aumentar el punto de corte mejora la sensibilidad, pero a costa de la disminuci&oacute;n de la especificidad, y aunque no existen claramente valores estandarizados, el estudio m&aacute;s reconocido y mayormente empleado es el del Dr. Bruggue y colaboradores (25), que utiliza un valor mayor a 192 ng/ml en el estudio del l&iacute;quido aspirado, para establecer diagn&oacute;stico de lesiones mucinosas con una precisi&oacute;n diagn&oacute;stica del 79%, con una sensibilidad de 75% y especificidad de 84%. En el otro espectro, lesiones con valores menores de 5 mg/ml es muy poco probable que correspondan a lesiones mucinosas. Esos autores demostraron que solo este valor tiene mayor precisi&oacute;n diagn&oacute;stica que la citolog&iacute;a, la morfolog&iacute;a y niveles de Ca 19,9. Los niveles de ACE tambi&eacute;n pueden ayudar a diferenciar tumores mucinosos invasivos de no invasivos; cuando los valores son mayores de 6000 mg/ ml son m&aacute;s sugestivos de cistadenocarcinomas. </P>     <P>Es importante recordar que estos valores son solamente gu&iacute;as y no criterios de diagn&oacute;stico definitivo. Por lo cual se le debe dar el justo valor a cada una de las herramientas diagn&oacute;sticas con que contamos, desde la historia cl&iacute;nica, pasando por los estudios radiol&oacute;gicos en el perfeccionamiento de la morfolog&iacute;a del quiste y los valores bioqu&iacute;micos y de ant&iacute;genos tumorales, con el fin de obtener el mejor rendimiento diagn&oacute;stico. </P>     <P>En el caso actual presentado por los editores de la revista, se plantea un quiste peque&ntilde;o, sin que se establezcan claramente las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas, las cuales son muy importantes en el an&aacute;lisis inicial, al igual que el sitio de localizaci&oacute;n, de tener claras las caracter&iacute;sticas podr&iacute;a corresponder a un quiste simple, cong&eacute;nito, que no tiene ning&uacute;n potencial maligno, pero de no tener claras estas caracter&iacute;sticas en la TAC, deber&iacute;a estudiarse mejor la lesi&oacute;n para caracterizarla con una USE, con el fin de aclarar, si es una lesi&oacute;n simple, de ser as&iacute; no tendr&iacute;a un potencial patol&oacute;gico, que es lo m&aacute;s probable en este caso, con lo cual solamente se debe realizar un seguimiento en 1 a&ntilde;o. </P>     <P><B>¿C&oacute;mo es el tratamiento de estas lesiones. Vigilancia vs. cirug&iacute;a?</B></P>     <P>El aspecto m&aacute;s crucial en el manejo de los tumores qu&iacute;sticos del p&aacute;ncreas es el establecimiento del diagn&oacute;stico correcto. </P>     <P>En los tumores serosos, los manejos son selectivos; la mayor&iacute;a de los investigadores est&aacute;n de acuerdo con que la cirug&iacute;a debe solo realizarse en pacientes que presentan s&iacute;ntomas, crecimiento tumoral r&aacute;pido, o cambios en las apariencias imagenol&oacute;gicas, o en aquellos en los que el diagn&oacute;stico preciso no se haya establecido; en contraste, otros investigadores han impulsado el manejo quir&uacute;rgico en todos los tumores serosos excepto en malos candidatos quir&uacute;rgicos. Sin embargo, debido a los baj&iacute;simos hallazgos de lesiones malignas, esta conducta parece ser demasiado agresiva. Otros autores han planteado la decisi&oacute;n quir&uacute;rgica cuando las lesiones son sintom&aacute;ticas o tienen m&aacute;s de 4 cm, aduciendo que estas crecen m&aacute;s r&aacute;pido en este punto, pero no es una conducta aceptada com&uacute;nmente. La m&aacute;s frecuente, aceptada y soportada recomendaci&oacute;n planteada por la mayor&iacute;a de expertos en el tema es la vigilancia con TAC o USE, en caso de que no existan s&iacute;ntomas, y las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas sean muy claras, as&iacute; como el resultado benigno citol&oacute;gico y antig&eacute;nico bajo o ausente, en caso de haber sido necesario realizarlos. De presentar s&iacute;ntomas o haber cambios durante la vigilancia, se deber&aacute; evaluar el manejo quir&uacute;rgico, siempre teniendo en cuenta la relaci&oacute;n riesgo beneficio. Una vez la resecci&oacute;n sea realizada, es curativa y la sobrevida a largo tiempo es excelente, y la mayor&iacute;a de los investigadores no consideran vigilancia postoperatoria, si se ha confirmado el diagn&oacute;stico de tumor seroso (26-28).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En los tumores mucinosos, dados los riesgos reales o latentes de malignidad, y la dificultad para diferenciar entre lesi&oacute;n benigna de maligna o en proceso de malignizaci&oacute;n, la mayor&iacute;a de los expertos est&aacute;n de acuerdo con las gu&iacute;as de la Asociaci&oacute;n internacional de pancreatolog&iacute;a del 2006, en que el manejo primario de los tumores mucinosos debe ser quir&uacute;rgico. Una observaci&oacute;n puede ser una opci&oacute;n razonable para pacientes ancianos, o con alto riesgo quir&uacute;rgico, sobre todo en lesiones peque&ntilde;as y que no tengan claramente caracter&iacute;sticas que sugieran malignidad. Como la mayor&iacute;a de los MCNs se localizan en el cuerpo y la cola, el riesgo quir&uacute;rgico generalmente es bajo (<a href="#figura1">figura 1</a>) (29, 30).</P>     <P align="center"><a name="figura1"></a><img src="img/revistas/rcg/v25n3/a08f1.JPG"></P>     <P align="center"><a href="#figura1">Figura 1</a>. Algoritmo recomendado para estudio, seguimiento y manejo de lesiones qu&iacute;sticas de los p&aacute;ncreas incidentales. QS: Quistes serosos. QM: Quistes mucinosos. USE: Ultrasonido endosc&oacute;pico. ACE: Ant&iacute;geno carcinoembrionario. * Siempre y cuando exista mucha claridad por parte de la TAC, de lo contrario, se debe profundizar con USE para mejorar las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas, y aumentar la claridad de la lesi&oacute;n. Modificado de (33).</P>     <P>Dados los diferentes cursos cl&iacute;nicos patol&oacute;gicos entre los IPMNs que comprometen el ducto pancre&aacute;tico principal, incluyendo el mixto, de aquellos IPMNs que comprometen solamente ramas secundarias del conducto pancre&aacute;tico, se plantean dos algoritmos diferentes (<a href="#figura2">figura 2</a>). La recomendaci&oacute;n corriente para el tratamiento de los IPMNs, de conducto principal o mixto, es la cirug&iacute;a con resecci&oacute;n de la lesi&oacute;n, obviamente si es candidato quir&uacute;rgico y tiene una razonable expectativa de vida; esta recomendaci&oacute;n est&aacute; asociada al alto riesgo de malignizaci&oacute;n (70%) de los tumores de ducto principal en 5 &oacute; 6 a&ntilde;os. Esta recomendaci&oacute;n no es igual en los tumores qu&iacute;sticos de rama secundaria, ya que no es tan clara esa progresi&oacute;n maligna, generando recomendaciones m&aacute;s conservadoras en algunos casos, y sugiriendo manejo quir&uacute;rgico cuando se presente alguno de los siguientes: </P>     <P>1. Presencia de s&iacute;ntomas </P>     <P>2. Dilataci&oacute;n del conducto pancre&aacute;tico principal de m&aacute;s de 10 mm</P>     <P>3. Tama&ntilde;o del quiste mayor de 30 mm </P>     <P>4. Presencia de n&oacute;dulos intramurales</P>     <P>5. Citolog&iacute;a sospechosa de malignidad, ya que estas caracter&iacute;sticas se han asociado a riesgo de malignidad. </P>     <P align="center"><img src="img/revistas/rcg/v25n3/a08f2.JPG"><a name="figura2"></a></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="center"><a href="#figura2">Figura 2</a>. Algoritmo para IPMN.</P>     <P>Por otro lado, los IPMNs peque&ntilde;os, asintom&aacute;ticos, de ramas peque&ntilde;as secundarias pueden ser manejados m&eacute;dicamente, con vigilancia cuidadosa peri&oacute;dica (29, 31, 32).</P>     <P>Un concepto, que a mi parecer es clave, es la evaluaci&oacute;n y an&aacute;lisis de 2 conceptos:</P>     <P>1. El riesgo quir&uacute;rgico del paciente </P>     <P>2. El potencial de malignizaci&oacute;n de la lesi&oacute;n. </P>     <P>Si el riesgo quir&uacute;rgico es bajo, por ejemplo pacientes j&oacute;venes, con quistes localizados en cuerpo o cola del p&aacute;ncreas; con un riesgo de malignizaci&oacute;n alto, por ejemplo, IPMN, o NCM, la conducta claramente ser&aacute; quir&uacute;rgica, y en otro espectro alto riesgo quir&uacute;rgico y bajo potencial maligno, por ejemplo anciano de 85 a&ntilde;os con EPOC, y coronario, con un tumor qu&iacute;stico seroso en la cabeza del p&aacute;ncreas, obviamente la conducta ser&iacute;a m&eacute;dica no quir&uacute;rgica. La dificultad mayor est&aacute; en los puntos intermedios, donde deber&aacute; acudirse a todas las herramientas que se tienen, evaluando individualmente cada caso, en una junta m&eacute;dica con gastroenter&oacute;logos, radi&oacute;logos, cirujanos, pat&oacute;logos, con la intenci&oacute;n de ofrecer el mejor desenlace posible.</P>     <P>Adem&aacute;s, es importante definir en general el potencial maligno y el riesgo quir&uacute;rgico. En los casos diferentes, deber&aacute; evaluarse multidisciplinariamente cada caso individual. </P>     <P><B>CONCLUSIONES</B></P>     <P>Las lesiones qu&iacute;sticas del p&aacute;ncreas son reconocidas incidentalmente con una mayor frecuencia y se han convertido en un hallazgo com&uacute;n en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Varios avances radiol&oacute;gicos, endosc&oacute;picos, en el conocimiento del comportamiento biol&oacute;gico e historia natural se han logrado en los diferentes subgrupos de lesiones qu&iacute;sticas, lo cual ha generado nuevas recomendaciones en el estudio, vigilancia y manejo de estas lesiones. El conocimiento actual soporta que la gran mayor&iacute;a de las lesiones encontradas puedan ser observadas, sin manejo quir&uacute;rgico. Sin embargo, deben evaluarse muy bien todas las herramientas disponibles, para detectar lesiones premalignas, y malignas en un momento oportuno para emplear la cirug&iacute;a cuando se encuentre indicada. Para ello debe realizarse una aproximaci&oacute;n multimodal y multidisciplinaria en el estudio de este tipo de lesiones; adem&aacute;s, se debe establecer claramente el potencial maligno de la lesi&oacute;n y el riesgo del manejo, para tomar la mejor decisi&oacute;n. En cuanto a la vigilancia y seguimiento hay insuficiente evidencia de soporte para decidir la modalidad ideal, la intensidad, la frecuencia. Por lo tanto, por ahora, se debe usar la evidencia cient&iacute;fica disponible, con el fin de ofrecer el mejor desenlace posible en todos nuestros pacientes. </P>     <P><B>REFERENCIAS</B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>1. Spinelli KS, Fromwiller TE, et al. Cyst pancreatic neoplasms: observe or operate. Ann Surg 2004; 239(5): 651-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-9957201000030000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2. Zhang XM, Mitchel DG, et al, Pancreatic cysts depiction on single shot fast spin-echo MR images. Radiology 2002; 223(2): 547-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-9957201000030000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3. Kimura W, Nagai H, Koruda A, et al. Analysis of small cyst lesions of the pancreas . Int J Pancreatol 1995: 18(3): 197-206.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-9957201000030000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4. Fern&aacute;ndez del Castillo C, Warshaw AL, et al. Cystic neoplasms of the pancreas. Pancreatology 2001; 1 (6): 641-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-9957201000030000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5. Sarr MG, Murr M, Smyrc TC, et al. Primary Cystic neoplasms of the pancreas. Neoplastic disorders of emerging importance-current state of the art, and unanswered questions. J Gastrointest Surg 2003; 7(3): 417-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-9957201000030000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>6. Brugge WR, Lawers GY, et al. Cystic neoplasms of the pancreas. N Eng J Med 2004; 351(12): 1218-26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-9957201000030000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>7. Horvath KD, Chaboth JA, et al. An aggressive resectional approach to cystic neoplasms of the pancreas. Am J Surg 1999; 178(4): 269-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-9957201000030000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>8. Hop S, Tran Cao, et al. Cystic Neoplasms of the pancreas. Surg Oncol Clin N Am 2010; 19: 267-295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-9957201000030000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>9. Le Borgne J, De Calan L, et al. Cystadenomas and cystadenocarcinomas of the pancreas: a multiinstitutional retrospective study of 398 cases. French Surgical Association. Ann Surg 1999; 230(2): 152-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-9957201000030000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>10. Galanis C, Zamani A, et al. Resected serous cystic neoplasms of the pancreas: a review of 158 patients with recommendations for treatment. J Gastrointest Surg 2007; 11(7): 820-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-9957201000030000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>11. Strobel O, Zgraggen K, et al. Risk of malignancy in seros cystic neoplasms of the pancreas. Digestion 2003; 68(1): 24-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-9957201000030000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>12. Fern&aacute;ndez-del Castillo C, Targarona J, Thayer SP, et al. Incidental pancreaticcysts: clinicopathologic characteristics and comparison with symptomatic patients. Arch Surg 2003; 138(4): 427-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-9957201000030000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>13. Zamboni G, Scarpa A, Bogina G, et al. Mucinous cystic tumors of the pancreas: clinicopathological features, prognosis and relationship to other mucinouscystic tumors. Am J Surg Pathol 1999; 23(4): 410-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-9957201000030000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>14. Warshaw AL, Compton CC, Lewandrowski K, et al. Cystic tumors of the pancreas. New clinical, radiologic, and pathologic observations in 67 patients. Ann Surg 1990; 212(4): 432-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-9957201000030000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>15. Yamaguchi K, Ogawa Y, Chijiiwa K, et al. Mucin-hypersecreting tumors of the pancreas: assessing the grade of malignancy preoperatively. Am J Surg 1996; 171(4): 427-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-9957201000030000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>16. Sakorafas GH, Sarr MG. Cystic neoplasms of the pancreas: what a clinician should know. Cancer Treat Rev 2005; 31(7): 507-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-9957201000030000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>17. Fritz S, Warshaw AL, Thayer SP. Management of mucin-producing cystic neoplasms of the pancreas. Oncologist 2009; 14(2): 125-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-9957201000030000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>18. Salvia R, Fern&aacute;ndez-del Castillo C, Bassi C, et al. Main-duct intraductal papillary mucinous neoplasms of the pancreas: clinical predictors of malignancy and long-term survival following resection. Ann Surg 2004; 239(5): 678-85.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-9957201000030000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>19. Le Borgne J, de Calan L, Partensky C. Cystadenomas and cystadenocarcinomas of the pancreas: a multiinstitutional retrospective study of 398 cases. French Surgical Association. Ann Surg 1999; 230(2): 152-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-9957201000030000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>20. Edirimanne S, Connor SJ. Incidental pancreatic cystic lesions. World J Surg 2008; 32(9): 2028-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-9957201000030000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>21. van der Waaij LA, van Dullemen HM, Porte RJ. Cyst fluid analysis in the differential diagnosis of pancreatic cystic lesions: a pooled analysis. Gastrointest Endosc 2005; 62(3): 383-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-9957201000030000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>22. Moparty B, Logrono R, Nealon WH, et al. The role of endoscopic ultrasound and endoscopic ultrasound-guided fine-needle aspiration in distinguishing pancreatic cystic lesions. Diagn Cytopathol 2007; 35(1): 18-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-9957201000030000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>23. Linder JD, Geenen JE, Catalano MF. Cyst fluid analysis obtained by EUS-guided FNA in the evaluation of discrete cystic neoplasms of the pancreas: a prospective single-center experience. Gastrointest Endosc 2006; 64(5): 697-702.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-9957201000030000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>24. van der Waaij LA, van Dullemen HM, Porte RJ. Cyst fluid analysis in the differential diagnosis of pancreatic cystic lesions: a pooled analysis. Gastrointest Endosc 2005; 62(3): 383-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-9957201000030000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>25. Brugge WR, Lewandrowski K, Lee-Lewandrowski E, et al. Diagnosis of pancreatic cystic neoplasms: a report of the cooperative pancreatic cyst study. Gastroenterology 2004; 126(5): 1330-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-9957201000030000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>26. Salvia R, Festa L, Butturini G, et al. Pancreatic cystic tumors. Minerva Chir 2004; 59(2): 185-207.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-9957201000030000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>27. Bassi C, Salvia R, Molinari E, et al. Management of 100 consecutive cases of pancreatic serous cystadenoma: wait for symptoms and see at imaging or vice versa? World J Surg 2003; 27(3): 319-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-9957201000030000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>28. Reese SA, Traverso LW, Jacobs TW, et al. 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