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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[URREGO MIGUEL ÁNGEL, INTELECTUALES, ESTADO Y NACIÓN EN COLOMBIA. DE LA GUERRA DE LOS MIL DIAS A LA CONSTITUCIÓN DE 1991, BOGOTÁ SIGLO DEL HOMBRE EDITORES, UNIVERSIDAD CENTRAL, DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES, 2002, 244 PP.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center" ><font size="4"><b>URREGO MIGUEL &Aacute;NGEL, INTELECTUALES, ESTADO Y NACI&Oacute;N EN COLOMBIA. DE LA GUERRA DE LOS MIL DIAS A LA CONSTITUCI&Oacute;N DE 1991, BOGOT&Aacute; SIGLO DEL HOMBRE EDITORES, UNIVERSIDAD CENTRAL, DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES, 2002, 244 PP.</b></font></p>     <p> <b>Fabio Zambrano</b>    <br>Profesor del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes  y de la Universidad Nacional.</p>  <hr  size="1">           <p>Si hasta la Revoluci&oacute;n de Independencia, Hispanoam&eacute;rica presentaba cierta  simultaneidad en la organizaci&oacute;n de sus estructuras sociales, econ&oacute;micas y  pol&iacute;ticas, as&iacute; como en sus manifestaciones culturales, en raz&oacute;n dominaci&oacute;n  espa&ntilde;ola, desde 1810 las divergencias empezaron a dejarse sentir. En buena  medida las eco exportadoras determinaron las velocidades con que cada uno de  estos pa&iacute;ses fueron insert&aacute;ndose en los procesos modernizadores y organizando  sus sociedades bajo las nuevas estructuras provenientes de la modernidad m&aacute;s  r&aacute;pido que otros, con mayores o menores intensidades, la naciente Am&eacute;rica Latina  fue acomod&aacute;ndose a Occidente, ya fuese por medio de la copia o adopci&oacute;n, m&aacute;s o  menos exitosa, de las instituciones, la cultura, la est&eacute;tica, en fin, en un  ajuste que no dej&oacute; de ser traum&aacute;tico por lo violento como fue la b&uacute;squeda del  consenso el grado de ingreso de la modernidad.</p>     <p>Nuestro caso no fue la excepci&oacute;n. Debido a la d&eacute;bil inserci&oacute;n en la divisi&oacute;n  internacional del trabajo, en raz&oacute;n de los ciclos exportadores del siglo XIX que  de crisis en crisis nos llevaban de conflicto en conflicto, las ventajas de  nuestra vinculaci&oacute;n a la globalizaci&oacute;n capitalista quedaban en duda. Esta  debilidad de las econom&iacute;as exportadoras se convirti&oacute; en una de las razones para  que las propuestas de profundizaci&oacute;n de las reformas liberales, n revoluci&oacute;n  liberal, que fue presentada como causante de estas crisis, fracasaran y fueran  sustituidas por una hegemon&iacute;a conservadora, que se dio a la tarea de contener la  modernidad.</p>     <p>No fue posible encontrar una paradoja mayor. Frente a una clara propuesta de  acelerar la modernidad, el encontr&oacute; con una d&eacute;bil modernizaci&oacute;n, contradicci&oacute;n  que llev&oacute; al triunfo conservador y a la instauraci&oacute;n Regeneraci&oacute;n, sistema que  desat&oacute; una verdadera cruzada contra las propuestas modernizadores que los  lideres radicales intentaron llevar a cabo en la segunda mitad del siglo XIX.  Con ello se dio inicio a otra paradoja precisamente cuando la econom&iacute;a  exportadora cafetera empez&oacute; a producir una fuerte y profunda modernizaci&oacute;n  generalizada en el pa&iacute;s, el sistema pol&iacute;tico se encarg&oacute; de apostarle al regreso  a los principios tradicional sirvieran de barricada a la modernidad. Es as&iacute; como  iniciamos nuestro tr&aacute;nsito al siglo XX, con una modernizaci&oacute;n sin modernidad.</p>     <p>Estos ritmos hist&oacute;ricos son estudiados por Miguel &Aacute;ngel Urrego en el libro que  estamos rese&ntilde;ando. Para autor escoge la relaci&oacute;n que se construye entre los  intelectuales, el Estado y la Naci&oacute;n en el transcurso de XX, para lo cual sigue  la propuesta te&oacute;rica que formula Antonio Gramsci en cuanto a la funci&oacute;n de los  llamados intelectuales org&aacute;nicos, encargados de la reproducci&oacute;n del sistema.  Para cumplir con la funci&oacute;n de le legitimador, con el encargo de mantener y  perfeccionar el orden social. Por supuesto que el autor tiene presente que  existe una especificidad hist&oacute;rica del intelectual y, en raz&oacute;n de ello, nos  presente esta investigaci&oacute;n organizada seg&uacute;n una periodizaci&oacute;n hist&oacute;rica  claramente definida, mostr&aacute;ndonos c&oacute;mo cada etapa hist&oacute;rica presenta un  intelectual espec&iacute;fico.</p>     <p>El comienzo del siglo XX es ilustrado como un momento en que la intelectualidad  estuvo girando alrededor necesidades, contradicciones y posibilidades de los dos  partidos pol&iacute;ticos, y en especial a las demandas espec&iacute;ficas que hac&iacute;a el  proyecto tradicionalista emanado de la rep&uacute;blica conservadora. Para el autor, la  estructuraci&oacute;n campo de poder, expresada en per&iacute;odos hist&oacute;ricos sucesivos, fue  creando un tipo de intelectual espec&iacute;fico.</p>     <p>La Regeneraci&oacute;n produjo un intelectual representado por el gram&aacute;tico, el poeta y  el abogado, cat&oacute; conservador, cuya vigencia va a durar buena parte del siglo XX.  Con ello se traza un camino que va a a trav&eacute;s siglo, como es el de la relaci&oacute;n,  con contadas excepciones, entre intelectualidad y partidos pol&iacute;tico  intelectuales org&aacute;nicos conservadores van a representar los valores que la  hegemon&iacute;a conservadora b imponer, como era el hispanismo y los valores  tradicionales. Para el autor, esta ausencia de preocupaciones te&oacute;ricas sobre  nuestros or&iacute;genes es s&iacute;ntoma de la fragilidad del intelectual de este per&iacute;odo,  pues fue reducido a fun espec&iacute;ficas dentro de las necesidades partidistas, lo  cual, nos muestra al intelectual sin autonom&iacute;a frente a necesidades hegem&oacute;nicas  partidistas. La escogencia del cachaco bogotano, y de Bogot&aacute; como la  Suramericana como el paradigma de la civilizaci&oacute;n, se convirti&oacute; en un fracasado  intento por construir u integrador fundador de la naci&oacute;n colombiana que  pretend&iacute;a construir el partido conservador. Como lo destaca Urrego, el supuesto  de que el clima fr&iacute;o aseguraba al Altiplano la condici&oacute;n de civilizado, frente a  una caliente b&aacute;rbara, frontera del esfuerzo civilizatorio del centro. Esta  dicotom&iacute;a es destacada por los intelectual se esfuerzan en demostrar las  virtudes bogotanas en el dominio del lenguaje, la cultura, y las virtudes  morales. Este esfuerzo signific&oacute; la imposibilidad de construir nuevos mitos  fundacionales que integraran la naci&oacute;n que se formando al ritmo de la econom&iacute;a  cafetera que estaba produciendo una profunda modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s paradoja,  que se&ntilde;alamos m&aacute;s arriba, es la que nos explica el camino que seguimos al  ingresar el siglo XX nos muestra la negaci&oacute;n a la construcci&oacute;n de una Naci&oacute;n  incluyente, donde se aceptara los valores modernidad como una ganancia  resultante de nuestra integraci&oacute;n efectiva a la econom&iacute;a mundial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El per&iacute;odo que sigue, la Rep&uacute;blica Liberal, no es presentada precisamente como  una etapa de soluci&oacute;n limitaciones anteriores. El autor nos muestra que la  temprana violencia, expresi&oacute;n de la radicalizaci&oacute;n enfrentamientos entre  liberales y conservadores, va a explicar la marginalidad que los intelectuales  colombianos presentaron en este per&iacute;odo, seg&uacute;n la comparaci&oacute;n que Urrego realiza  entre el papel cumplido por &eacute;stos, frente a sus pares latinoamericanos. Para el  autor, esta es una de las claves que permite explicar el que los intelectuales  colombianos no ejercieran la labor de proponer una reconfiguraci&oacute;n simb&oacute;lica de  la naci&oacute;n, que era lo de esp esta rep&uacute;blica liberal, sino que sus esfuerzos se  enfocaron a apoyar la movilizaci&oacute;n popular en torno a las re que se propugnaban.</p>     <p>Por supuesto que esta limitante no lleva al autor a descuidar las  transformaciones que se estaban presentando. Una creciente urbanizaci&oacute;n, la  ampliaci&oacute;n del sistema de educaci&oacute;n, el crecimiento de sectores medios, se  convirtieron en condiciones para comprender porqu&eacute; algunos intelectuales  lograran establecer sus propios medios de comunicaci&oacute;n, reflejado en la  explosi&oacute;n de publicaciones culturales en diferentes ciudades.</p>     <p>Pero es la Violencia la que va a marcar la pauta de las nuevas din&aacute;micas de la  producci&oacute;n simb&oacute;lica. Ahora, es la pintura la forma est&eacute;tica preferente que  asume la representaci&oacute;n de las nuevas realidades. Sin embargo, como se&ntilde;ala  Urrego, el trabajo de los intelectuales no produjo la generaci&oacute;n de una  producci&oacute;n simb&oacute;lica que significara una interpretaci&oacute;n alternativa, debido a  que no hubo un cambio en el orden pol&iacute;tico. Adem&aacute;s, se produjo el  fortalecimiento de la visi&oacute;n m&aacute;s conservadora de la vida nacional.</p>     <p>Hay que esperar los a&ntilde;os sesenta para que se considere ese momento como en el  cual se crea un campo intelectual. En este texto se se&ntilde;ala que es desde 1962  cuando los intelectuales rompen la tutela que el bipartidismo impuesto y se  adquiere una autonom&iacute;a plena, luego de una etapa de transici&oacute;n. Se destacan  varios cambios i y externos para comprender la transformaci&oacute;n sustancial del  mundo de los intelectuales. Es el momento surge el cient&iacute;fico social que ahora  puede expresarse por medio de publicaciones aut&oacute;nomas, donde no d aparecer  expresiones de rechazo al orden establecido y la manifestaci&oacute;n de proyectos  ut&oacute;picos. Se subraya q momento en que aparece una nueva raz&oacute;n de ser del  intelectual. Este auge s&oacute;lo dura hasta 1982, cuando d gobierno conservador se  recompuso la atadura entre la pol&iacute;tica y la cultura y surge una nueva  instrumental de los intelectuales. La paz surge como la nueva tem&aacute;tica que  permite este proceso, que el autor denomina la cooptaci&oacute;n de los intelectuales  disidentes, lo cual permiti&oacute; regresar a los v&iacute;nculos que hab&iacute;an existido e  Estado, la pol&iacute;tica y los intelectuales. Para el autor, la Constituci&oacute;n de 1991  se convirti&oacute; en el nuevo m unifica e integra a los intelectuales funcionales a  los intereses del Estado.</p>     <p>En conclusi&oacute;n, nos encontramos frente a una interpretaci&oacute;n novedosa sobre  nuestro transcurrir en el siglo X sus p&aacute;ginas desfilan las dificultades de la  construcci&oacute;n de un Estado moderno, de la casi imposibilidad de conformaci&oacute;n de  un imaginario nacional independiente de los partidos pol&iacute;ticos, de la  fragmentaci&oacute;n de lo n en porciones repartidas entre las provincias y una capital  que no puede proyectar lo que considera como proyecto civilizatorio, y las  dificultades de la construcci&oacute;n de una especificidad del campo del intelectual.</p>     <p>Una caracter&iacute;stica que consideramos importante destacar de este trabajo es el  referente comparativo que constantemente se utiliza. En efecto, la experiencia  acad&eacute;mica de Miguel &Aacute;ngel Urrego en pa&iacute;ses como M&eacute;xico y Puerto Rico quedan  consignadas en las constantes referencias a los procesos de los intelectuales de  estos comparaciones que permiten otorgarle a este trabajo una profundidad de  campo que no es com&uacute;n en n reflexiones historiogr&aacute;ficas. Adem&aacute;s de la amplia  bibliograf&iacute;a te&oacute;rica consultada, el autor realiz&oacute; una investigaci&oacute;n en revistas  y libros que recogen la producci&oacute;n de los intelectuales que son analizados en  este trabajo.</p>     <p>No deja de ser pesimista el cuadro que resulta de la lectura de este libro. De  una parte, tenemos unos partidos p que construyen sus representaciones  simb&oacute;licas que atraviesan la formaci&oacute;n de la Naci&oacute;n como recipiente d  unificadores. De otra, una historia de los intelectuales que no logran construir  su propio campo, independiente intereses del Estado, condici&oacute;n que ha impedido  la formulaci&oacute;n de utop&iacute;as. El autor nos ofrece otra mirada s construcci&oacute;n de  nuestra v&iacute;a de formaci&oacute;n de la Naci&oacute;n moderna, o m&aacute;s bien, de la imposibilidad  de la constru cabalidad de la modernidad en nuestro pa&iacute;s, ilustrada con las  dificultades de la independencia de los intelectuales.</p>   </font>      ]]></body>
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