<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0121-1617</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Historia Crítica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[hist.crit.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0121-1617</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0121-16172005000100010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Irreverencias y suspicacias de historiador]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sánchez G]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gonzalo]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,IEPRI Universidad Nacional de Colombia ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Bogotá ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<numero>29</numero>
<fpage>204</fpage>
<lpage>209</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0121-16172005000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0121-16172005000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0121-16172005000100010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>MONCAYO, V&iacute;ctor Manuel, El Leviat&aacute;n Derrotado, Bogot&aacute;, Grupo Editorial   Norma, 2004, 387 pp.</p>     <p><b><font size="4">Irreverencias y suspicacias de historiador</font></b></p>     <p>Gonzalo S&aacute;nchez G.</p>     <p>Investigador del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales &ndash;IEPRI- de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;.</p> <hr size="1">     <p>El libro de V&iacute;ctor Manuel Moncayo es ante todo un campanazo de alerta a los   analistas sociales y militantes pol&iacute;ticos que abandonaron, se podr&iacute;a decir que por   d&eacute;cadas, la reflexi&oacute;n sistem&aacute;tica sobre la naturaleza y transformaciones del Estado   en Colombia. La ausencia de esta reflexi&oacute;n no s&oacute;lo ha retrasado nuestra compresi&oacute;n   de elementos esenciales del orden social, sino que ha tenido implicaciones decisivas   en el curso de la pol&iacute;tica: nos ha impedido, para no ir m&aacute;s lejos, afrontar con los   recursos conceptuales indispensables el momento actual. Al final de este recorrido   sugestivo y ambicioso, el autor nos advierte c&oacute;mo fue precisamente la ausencia de   concepciones de Estado y de sociedad, suplantadas por discusiones procedimentales,   tanto del lado del gobierno como del lado de la insurgencia, la que hizo imposible darle contenido a las frustradas negociaciones del Cagu&aacute;n.</p>     <p>M&aacute;s a&uacute;n, la ausencia de este tipo de debate le ha abonado entre nosotros el terreno   a todas las interpretaciones atomizadas de la realidad social preconizadas por el   discurso de la posmodernidad, que se propone y acoge como el nuevo paradigma de   las ciencias sociales, sin que se hubiera agotado a&uacute;n entre nosotros el discurso   mismo de la modernidad. Es una tendencia innovadora en muchos aspectos sobre   la cual no podemos ahondar en esta ocasi&oacute;n. Pero al igual que el autor de este libro,   desconf&iacute;o profundamente de las pretensiones posmodernistas de sustituir la vocaci&oacute;n   integradora de la causalidad social, inherente no s&oacute;lo al marxismo, sino a toda una   tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica conocida como la Escuela de los Anales, por una relaci&oacute;n   privilegiada con el lenguaje y con las mediaciones simb&oacute;licas, a menudo excluyente de las fuerzas e instituciones sociales.</p>     <p>Pero el libro trasciende desde luego el momento actual. Partiendo de las   consideraciones hist&oacute;ricas y te&oacute;ricas que llevaron al surgimiento de la forma particular   de poder pol&iacute;tico que constituye el Estado en la sociedad capitalista, el texto es   tambi&eacute;n un esfuerzo de reconstrucci&oacute;n geneal&oacute;gica del pensamiento del autor.   Dominado inicialmente por las visiones althusserianas del Estado como instancia,   con un lugar definido en el topos jer&aacute;rquico de base-superestructura, que en los   a&ntilde;os sesenta pretendi&oacute; dar respuesta tanto al subjetivismo de los actores hist&oacute;ricos   como al empirismo de la historia tradicional, el autor nos muestra c&oacute;mo pas&oacute; de   este dualismo a una concepci&oacute;n del Estado que lejos de tener un existencia separada   de la totalidad social, fuera el componente irrigador y constitutivo de la misma. Fue   lo que bajo m&uacute;ltiples variantes se llam&oacute; en las d&eacute;cadas siguientes la l&oacute;gica del   capital dentro de la cual el Estado y el derecho dejaban de ser un recurso instrumental   y externo a las funciones de dominaci&oacute;n, para convertirse en el lugar de definici&oacute;n del entramado de las relaciones sociales y pol&iacute;ticas de tal dominaci&oacute;n.</p>     <p>Le segu&iacute; la pista a las primeras fases de esta evoluci&oacute;n intelectual, cuando por all&aacute;   a comienzos de los setentas V&iacute;ctor Manuel y yo intercambi&aacute;bamos libros e ideas   sobre estos t&oacute;picos y sobre la necesidad de darle un lugar en la Universidad a estos   debates. Fruto de estos intercambios fue la fundaci&oacute;n, bajo su direcci&oacute;n, de un   ef&iacute;mero Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, de car&aacute;cter interdisciplinario, antecedente   del actual IEPRI. Lo puedo decir por haber estado con &eacute;l en el momento inaugural   de ambos proyectos. A la fase siguiente le perd&iacute; el hilo, pero la pude rastrear en las   publicaciones de la revista Ideolog&iacute;a y Sociedad, probablemente la revista colombiana   de m&aacute;s vuelo te&oacute;rico en los a&ntilde;os setentas. Estando en Inglaterra en aquellos a&ntilde;os   siempre me pregunt&eacute; por qu&eacute; los debates que se daban en esta revista no tuvieron   mayor impacto nacional e internacional, cuando en gran medida eran los mismos   debates de punta (sobre el Estado, sobre el derecho, sobre las ideolog&iacute;as) que se daban en la prestigiosa New Left Review, animada entre otros por Perry Anderson.</p>     <p>Pero los tiempos han cambiado: entonces la preocupaci&oacute;n de los historiadores era   por los procesos de transici&oacute;n y formaci&oacute;n del Estado capitalista. La preocupaci&oacute;n   central en este libro es, por el contrario, esencialmente contempor&aacute;nea. Se indaga   en &eacute;l por la transmutaci&oacute;n de los atributos caracter&iacute;sticos de soberan&iacute;a y   territorializaci&oacute;n que fueron inherentes al Estado desde su fundaci&oacute;n en la era   moderna. El Estado nacional, el gran derrotado al final del milenio, se nos muestra   aqu&iacute;, de nacional ha pasado a ser imperial, esto es, desnacionalizado y   desterritorializado. En otras palabras, y para retomar el sentido sugestivo del t&iacute;tulo, derrotado el Leviat&aacute;n soberano, resucita hoy bajo la forma del Estado-Imperio. La naturaleza del debate, insisto, es muy distinta a la que nos plante&aacute;bamos en los a&ntilde;os setenta. V&iacute;ctor Manuel ha permanecido atento a estas transformaciones. Son el meollo de su libro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre tanto, yo me fui inclinando cada vez m&aacute;s por los estudios hist&oacute;ricos, en   particular de los actores sociales, y empec&eacute; a tener dificultades para conciliar mis   preocupaciones investigativas con esa, por lo dem&aacute;s intrigante, coherencia de la   perspectiva de la l&oacute;gica del capital. Me dej&eacute; contagiar del escepticismo profesional   de los historiadores. Lo que sigue es pues un intento de restablecer la conversaci&oacute;n   interrumpida hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Y lo har&eacute; extrapolando las discrepancias,   casi de manera provocadora, para poner de relieve los grandes debates que suscita el texto, intencionalmente pol&eacute;mico.</p>     <p>Para comenzar dir&eacute; que el pensamiento de V&iacute;ctor Manuel es admirablemente   sist&eacute;mico, es su fuerza, pero al mismo tiempo nos introduce en un territorio en el   cual dif&iacute;cilmente se resuelven las tensiones entre l&oacute;gica e historia. Veamos una   primera formulaci&oacute;n del problema: haci&eacute;ndole eco a Toni Negri, se plantea en las   p&aacute;ginas iniciales que el &ldquo;Estado es un elemento m&aacute;s de la oposici&oacute;n capital-trabajo,   y que sus especificidades y configuraciones hist&oacute;ricas son, en lo esencial   reorganizaciones o reestructuraciones que siempre reiteran y reconstituyen la forma&rdquo;   (p. 76)<a href="#1"><sup>1</sup></a> , que pese a sus variaciones permanece id&eacute;ntica a si misma. Un &eacute;nfasis muy   marcado en la coherencia y capacidad de reproducci&oacute;n del sistema, frente a la cual   el historiador estar&iacute;a m&aacute;s tentado a ver las fracturas, las mediaciones, las   inestabilidades, las posibilidades de desplome, las inconsistencias del sistema y, en   &uacute;ltimas, la caducidad esencial de las formas de organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica. Frente   a las pretensiones de estabilidad del Leviat&aacute;n, el historiador resaltar&iacute;a las fragilidades del tigre de papel.</p>     <p>En este mismo orden de ideas, corporativismo, maquinismo, taylorismo,   keynesianismo y las tendencias m&aacute;s modernas de desterritorializaci&oacute;n de la   producci&oacute;n y la consiguiente atomizaci&oacute;n del mundo de los trabajadores, hasta   llegar a la fase reciente de informatizaci&oacute;n de la sociedad, analizadas y documentadas   con erudici&oacute;n y precisi&oacute;n a lo largo de varios cap&iacute;tulos, son vistas como parte de   ajustes racionalizados de renovadas exigencias de productividad y de especializaci&oacute;n   en la naturaleza de la explotaci&oacute;n, cuyas crisis tienen un significado muy peculiar   en el an&aacute;lisis del profesor Moncayo. Mientras para el historiador las crisis marcan los l&iacute;mites de funcionamiento de una determinada sociedad, Moncayo aten&uacute;a sus alcances present&aacute;ndolas como oportunidades de revitalizaci&oacute;n y soluci&oacute;n funcional a las necesidades de reproducci&oacute;n del sistema. Me pregunto si al privilegiar el desarrollo l&oacute;gico sobre el desarrollo contradictorio del capital, V&iacute;ctor Manuel, sin propon&eacute;rselo, no contribuye a alimentar un cierto teleologismo de las crisis en forma tal que el capitalismo deja de ser percibido como una forma hist&oacute;rica de organizaci&oacute;n de la sociedad, para convertirse en la forma casi inevitable de la misma.</p>     <p>Advert&iacute; este mismo tipo de tensiones en el enfoque cuando V&iacute;ctor Manuel traslada   su reflexi&oacute;n al terreno de las formaciones nacionales latinoamericanas, a la luz de   las tendencias universalizadoras del capital y de la ideolog&iacute;a liberal. En tanto que el   autor del Leviat&aacute;n Derrotado se empe&ntilde;a en definir los terrenos comunes entre las   formaciones nacionales euro-occidentales y las latinoamericanas del siglo XIX, vistas   las &uacute;ltimas casi como extensiones org&aacute;nicas de las primeras, en t&eacute;rminos de   configuraci&oacute;n de estados, de reg&iacute;menes pol&iacute;ticos, de sistemas de representaci&oacute;n,   de construcci&oacute;n de los sujetos sociales y pol&iacute;ticos, de oscilaciones entre la idea   democr&aacute;tica y la tentaci&oacute;n autoritaria, de los avatares de la monopolizaci&oacute;n de la   fuerza y la formaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos, el historiador y probablemente el activista   ser&iacute;an por el contrario m&aacute;s propensos a reconocer los m&uacute;ltiples procesos de   apropiaci&oacute;n cultural y las enormes diferencias de uno y otro lado del Atl&aacute;ntico en   materia de organizaci&oacute;n, de pr&aacute;cticas, de mediaciones pol&iacute;ticas, de formas y niveles   de violencia, y de posibilidades y l&iacute;mites de la acci&oacute;n social y pol&iacute;tica, incluida la contestataria.</p>     <p>As&iacute; mismo, entrado ya el siglo XX, dentro de su marco de an&aacute;lisis, experiencias   hist&oacute;ricas tan dispares como los populismos, las dictaduras, las revoluciones, las   democracias formales, terminan inscribi&eacute;ndose en un continuum de readaptaci&oacute;n de   la organizaci&oacute;n estatal a las exigencias de una matriz com&uacute;n, un gran invariante,   tambi&eacute;n leviat&aacute;nico: el neoliberalismo, cuyos impactos se hacen visibles en la   administraci&oacute;n del gasto, el reordenamiento territorial, las reformas de la justicia,   las privatizaciones y muchos otros campos sobre los cuales se trazan aqu&iacute; l&iacute;neas   fundamentales de interpretaci&oacute;n, que todos habr&aacute;n de leer con inmenso provecho,   pero que ser&iacute;an apenas el punto de partida del historiador y del activista para construir   las especificidades, los rasgos distintivos, los nexos con las sociedades y las culturas   locales, y las tareas pol&iacute;ticas de ellos derivadas. Pi&eacute;nsese no m&aacute;s en las implicaciones   te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas de la tesis fuerte, ampliamente aceptada por los historiadores,   seg&uacute;n la cual, a diferencia del modelo cl&aacute;sico, en Am&eacute;rica Latina se construyeron   primero los estados que las naciones, tesis que desde luego no cambia s&oacute;lo el orden, sino la configuraci&oacute;n misma de los elementos constitutivos. Soy consciente, desde luego, que respecto de muchos de estos temas no se ha avanzado lo necesario, precisamente porque los rasgos generales del desarrollo social y pol&iacute;tico han sido crecientemente relegados de los estudios hist&oacute;ricos. Y poner de bulto esos vac&iacute;os es otro de los tantos m&eacute;ritos de este libro.</p>     <p>Pasando a una tercera observaci&oacute;n y a sabiendas precisamente de que V&iacute;ctor Manuel   quiere hacer de sus escritos un arma de lucha, me perturba constatar c&oacute;mo su   instrumental te&oacute;rico parece operar determinantemente a favor de los recursos de la   dominaci&oacute;n y s&oacute;lo marginalmente de los recursos de la resistencia, dejando siempre   invulnerable al Leviat&aacute;n nacional, derrotable s&oacute;lo desde fuera por el Leviat&aacute;n   triunfante, el del imperio. El militante pol&iacute;tico y el luchador social parecer&iacute;an   enfrentados a una m&aacute;quina que triunfa inexorablemente en sus designios de ajuste,   en t&eacute;rminos de V&iacute;ctor Manuel, al momento hist&oacute;rico, a la nueva fase, a las nuevas   exigencias del r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Por todos lados tales luchadores se encuentran   rodeados de Leviatanes, que pueden producir un indeseado efecto inhibitorio y   paralizante. Punto controvertible a este respecto me parece el excesivo esfuerzo en   demostrar las conexiones entre las transformaciones institucionales, particularmente   las de la Constituci&oacute;n de 1991, y las exigencias del mercado y del capital,   demostrables ciertamente respecto a muchos aspectos de la misma, pero sacrificando   a mi modo de ver una valoraci&oacute;n adecuada de los rasgos democratizadores igualmente presentes en la misma, jalonados por la Corte Constitucional.</p>     <p>La actual arremetida contra la Corte sugiere precisamente que &eacute;sta es inc&oacute;moda   para la realizaci&oacute;n de los intereses que se le atribuyen. Preferir&iacute;a verla m&aacute;s que   como un simple proceso de adaptaci&oacute;n, como un campo de tensiones y de   negociaciones en el cual se pueden expresar tambi&eacute;n nuevas fuerzas sociales,   pol&iacute;ticas y culturales: minor&iacute;as &eacute;tnicas, religiosas, demandas de g&eacute;nero, de   participaci&oacute;n comunitaria, de control ciudadano, dotadas todas de armas de lucha   hasta ahora desconocidas. Incluso si se acepta la idea de un proyecto hegem&oacute;nico   de Estado por parte de las elites, es preciso reconocer la pluralidad de resistencias   antihegem&oacute;nicas al mismo<a href="#2"><sup>2</sup></a> , as&iacute; estas &uacute;ltimas se encuentren en relaciones desiguales   de poder, entre la autonom&iacute;a y la subordinaci&oacute;n. Para no hablar de las formas no   organizadas de resistencia cotidiana; de las que se expresan en el lenguaje mismo de   la dominaci&oacute;n; o de las que se manifiestan en lenguajes ininteligibles para el discurso   dominante, a las cuales el an&aacute;lisis social presta creciente atenci&oacute;n desde los trabajos seminales del antrop&oacute;logo James Scott. Es tambi&eacute;n la conclusi&oacute;n a la que habr&iacute;a</p>     <p>llegado la llamada corriente de Estudios Subalternos al demostrar, con base en categor&iacute;as   de estirpe gramsciana, c&oacute;mo en la India colonial la dominaci&oacute;n coercitiva de los   poderes metropolitanos fue incapaz de establecer su hegemon&iacute;a persuasiva y sus   pretensiones y estrategias homogenizadoras sobre la sociedad civil de los colonizados.   Los valores de la obediencia, el deber, la colaboraci&oacute;n, la lealtad patri&oacute;tica a la   madre patria y la coexistencia sin antagonismo, fueron contrarrestados eficazmente   por sentimientos crecientes de identidad, de resistencia, de autodeterminaci&oacute;n, y finalmente de afirmaci&oacute;n nacional.</p>     <p>Desde luego, en p&aacute;ginas esclarecedoras sobre el momento actual el autor nos pone   al final del texto frente a un hecho incontrovertible, el alineamiento del &ldquo;Estado   comunitario&rdquo; del presidente con el Imperio. Pero me niego a pensar que &eacute;ste sea un hecho inevitable y que sea el &uacute;nico camino posible para Colombia.</p>     <p>Tal vez el no haber conversado con V&iacute;ctor Manuel sobre estos temas desde hace   tantos a&ntilde;os me haya llevado a tergiversar o a forzar muchas de las apreciaciones   contenidas en este libro denso como pocos. Pero de lo que s&iacute; estoy seguro es que   todos ganar&iacute;amos iniciando con el ex Rector de la Nacional el debate que dejamos suspendido hace ya varias d&eacute;cadas.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Notas al Pie</b></p>     <p><a name="1"><sup>1</sup></a> Las cursivas son del autor de la rese&ntilde;a. </p>     <p><a name="2"><sup>2</sup></a> SCOTT, James, &ldquo;Pr&oacute;logo&rdquo;, en JOSEPH, Gilberth Michael, Everyday forms of state formation: revolution and    <br> the negotiation of rule in modern Mexico, Durham, London, Duke University Press, 1999, p. XI.</p> </font>      ]]></body>
</article>
