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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Alumbrado público en Puebla y Tlaxcala y deterioro ambiental en los bosques de La Malintzi, 1820-1870]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the environmental deterioration of forest resources resulting from the introduction of technical innovations in street lighting in the mid-19th century. It shows how, in the 1850s, the growing use of turpentine, obtained by distilling the natural resin secreted by some tree species, replaced the burning of animal fats and oils in street lamps. This change had a damaging impact on the forests of the volcano La Malintzi, which towers above the two cities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p> <font size="4"><b>Alumbrado p&uacute;blico en Puebla y Tlaxcala y deterioro ambiental en los bosques de La Malintzi, 1820-1870 </b></font></p>     <p> <font size="3"><b>Street lighting in Puebla and Tlaxcala and environmental deteriorationin the forests of La Malintzi, 1820-1870 </b></font></p>     <p>Jos&eacute; Juan Ju&aacute;rez Flores</p>     <p> Profesor de Historia en el Departamento de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad Aut&oacute;noma de Tlaxcala, M&eacute;xico. Este art&iacute;culo es un avance de investigaci&oacute;n de un trabajo m&aacute;s amplio que el autor est&aacute; realizando como tesis doctoral en la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, Iztapalapa (UAM-I), M&eacute;xico, bajo la direcci&oacute;n del doctor Alejandro Tortolero Villase&ntilde;or y con el auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (CONACYT), bajo el registro No. 162642. El autor agradece la hospitalidad de Historia Cr&iacute;tica por acoger esta colaboraci&oacute;n; a los evaluadores an&oacute;nimos por la generosidad y pertinencia de sus observaciones y a Claudia Leal por su invitaci&oacute;n y amistad.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 6 de marzo de 2005 y aprobado el 12 de mayo de 2005.</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>  En este art&iacute;culo se analiza el deterioro ambiental generado sobre los recursos forestales, como consecuencia de las innovaciones t&eacute;cnicas introducidas en las formas de iluminaci&oacute;n urbana a mediados del siglo xix. Muestra c&oacute;mo hacia los a&ntilde;os cincuenta se sustituy&oacute; la manteca, aceites y sebos que se quemaban para generar el alumbrado p&uacute;blico de las ciudades mexicanas de Puebla y Tlaxcala, por el uso creciente del aguarr&aacute;s obtenido a partir de la destilaci&oacute;n de la resina natural o trementina secretada por algunas especies arb&oacute;reas. Este cambio impact&oacute; lesivamente los bosques del volc&aacute;n La Malintzi, que domina imponente a estas dos ciudades.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVE</b>: Alumbrado, luces, iluminaci&oacute;n, trementina, aguarr&aacute;s, gas luz, bosques, pino,  ocote, M&eacute;xico, Puebla, Tlaxcala, La Malintzi.</p> <hr size="1">     <p>  <b>ABSTRACT </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  This article analyzes the environmental deterioration of forest resources resulting from the introduction of technical innovations in street lighting in the mid-19th century. It shows how, in the 1850s, the growing use of turpentine, obtained by distilling the natural resin secreted by some tree species, replaced the burning of animal fats and oils in street lamps. This change had a damaging impact on the forests of the volcano La Malintzi, which towers above the two cities.</p>     <p><b>KEY WORDS</b>:   Lighting, lights, illumination, resin, turpentine, gas lighting, forests, pine trees, ocote pine, Mexico, Puebla, Tlaxcala, La Malintzi.</p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>      <p>A finales del siglo XVIII, como consecuencia de los afanes de los funcionarios ilustrados por imponer un control a las transgresiones y otras pr&aacute;cticas furtivas de los sectores bajos de la sociedad, se introdujo el alumbrado p&uacute;blico en las ciudades de mayor jerarqu&iacute;a de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola. De acuerdo con las reformas de los Borbones, la transformaci&oacute;n del viejo orden deb&iacute;a darse no s&oacute;lo en las estructuras pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas sino tambi&eacute;n, y de manera fundamental, en el modo de pensar y de actuar de la poblaci&oacute;n. Para ello, la administraci&oacute;n colonial difundi&oacute; los conceptos de belleza y de orden. Estos fueron decisivos para intervenir y controlar los espacios y las formas de expresi&oacute;n o de comportamiento de los diversos grupos sociales, particularmente en los centros urbanos<a href="#1" name="p1"><sup>1</sup></a>. Bajo estas pretensiones se impulsar&iacute;a la renovaci&oacute;n de la fisonom&iacute;a de las principales ciudades novohispanas con la ejecuci&oacute;n de proyectos como la iluminaci&oacute;n p&uacute;blica.     <br>       <br>   A comienzos del siglo XIX, despu&eacute;s de alcanzada la Independencia, el temor, la amenaza y el germen de violencia que representaba la masa plebeya para la &eacute;lite espa&ntilde;ola y criolla hicieron pertinente su continuaci&oacute;n. Sin embargo, uno de los problemas fundamentales que hubo que enfrentar fue su alto costo. Los recursos asignados para su mantenimiento fueron insuficientes ante las cantidades crecientes de grasa o manteca que se quemaban para generar la iluminaci&oacute;n. La manera de abaratarlo fue una de las preocupaciones recurrentes del ayuntamiento. Las innovaciones t&eacute;cnicas introducidas en los componentes de la iluminaci&oacute;n paliaron el problema del financiamiento, a costa de la explotaci&oacute;n y el deterioro de los recursos del medio ambiente.     <br>       <br>   Nuestro prop&oacute;sito en este trabajo es mostrar el impacto lesivo generado sobre los bosques con la innovaci&oacute;n t&eacute;cnica introducida en los faroles que alumbraban las ciudades de Puebla y Tlaxcala a mediados del siglo XIX. La sustituci&oacute;n, a partir de los a&ntilde;os cincuenta, de la manteca y del aceite de nabo, que hab&iacute;an sido utilizados para iluminar el casco urbano desde finales del siglo XVIII, por el uso creciente del aguarr&aacute;s, obtenido a partir de las destilaciones de la resina o trementina secretada por el pino y el ocote, implic&oacute; una explotaci&oacute;n extensiva de esas especies arb&oacute;reas que llev&oacute; al deterioro de los bosques. Nuestra atenci&oacute;n se centra en estas ciudades localizadas en la altiplanicie central de M&eacute;xico y dominadas por la figura imponente del volc&aacute;n La Malintzi.     <br>       <br>   En un primer momento nos ocupamos de la pol&iacute;tica seguida con el alumbrado p&uacute;blico a comienzos de la etapa independiente; llamamos la atenci&oacute;n sobre el hecho que uno de los problemas para su mantenimiento era su elevado costo, que se incrementaba con el aumento del n&uacute;mero de faroles y la mayor duraci&oacute;n del tiempo de iluminaci&oacute;n. Destacamos despu&eacute;s la innovaci&oacute;n t&eacute;cnica introducida en las l&aacute;mparas para que ardiera el "gas vegetal" o "esp&iacute;ritu de trementina", que represent&oacute; un abaratamiento de su costo. Para terminar, destacamos como la resinaci&oacute;n de pinos y ocotes, necesaria para esta forma de iluminaci&oacute;n, gener&oacute; el deterioro de los bosques de La Malintzi.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <b>1. La dimensi&oacute;n urbana y el alumbrado p&uacute;blico en el siglo XIX </b>    <br>       <br>   Despu&eacute;s de M&eacute;xico, Puebla fue la segunda ciudad en importancia de la Nueva Espa&ntilde;a. Fundada en 1531 para el asentamiento de los espa&ntilde;oles errantes que llegaban de la metr&oacute;poli, pronto se constituy&oacute; en un importante centro agr&iacute;cola, manufacturero y mercantil, lo que la proyect&oacute; como polo regional. A su influencia qued&oacute; sometida la ciudad prehisp&aacute;nica de Tlaxcala, junto con otros pueblos de indios. Hacia finales del gobierno colonial Puebla ya hab&iacute;a sido desplazada por la ciudad de Guadalajara, no obstante conserv&oacute; importancia en el siglo XIX.     <br>       <br>   Una idea sobre las dimensiones de las ciudades de Puebla y Tlaxcala en la &eacute;poca de estudio la da el tama&ntilde;o de su poblaci&oacute;n. En el cuadro 1 se observa que Puebla pas&oacute; de 50 mil habitantes a mediados del siglo XVIII, a casi 68 mil a finales de &eacute;ste, para despu&eacute;s precipitarse en una etapa de desplome demogr&aacute;fico durante la primera mitad del XIX. Recuperar&aacute; la poblaci&oacute;n que ten&iacute;a a finales de la etapa colonial hacia 1870. En contraste, Tlaxcala acusa una escasa concentraci&oacute;n poblacional que apenas superaba los dos mil habitantes. La cifra sugiere las dimensiones estrechas del espacio urbano en el que el estancamiento, y por momentos el retroceso de su poblaci&oacute;n, agobi&oacute; a esta ciudad de indios durante el siglo XVIII y a lo largo del XIX.     <br>     <p>    <center><img src="img/revistas/rhc/n30/n30a02cud1.gif"></center></p> La dimensi&oacute;n demogr&aacute;fica sugiere la celeridad con que se llevaban adelante los procesos. En la ciudad de Puebla el gobernador intendente Manuel de Flon, Conde de la Cadena, despu&eacute;s de tomar posesi&oacute;n de su cargo en 1787, promulg&oacute; un bando en el que ordenaba que los particulares costearan el alumbrado del frente de sus casas. Para que s&oacute;lo tuvieran el "ligero" costo de la luz, habilit&oacute; los faroles y los pies de gallo de fierro en los que aquellos ir&iacute;an colocados<a href="#2" name="p2"><sup>2</sup></a>. Sin embargo, el prop&oacute;sito de dotar de esta forma de iluminaci&oacute;n las oscuras calles de la ciudad enfrent&oacute; la desidia de los vecinos que se negaron a costear el medio cuartillo de aceite de nabo que se gastaba en encender cada farol<a href="#3" name="p3"><sup>3</sup></a>.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Despu&eacute;s de las guerras de Independencia (1810-1821) continu&oacute; el proyecto del alumbrado p&uacute;blico, ciertamente para el embellecimiento del cuadro urbano, pero tambi&eacute;n para disipar la amenaza que los sectores m&aacute;s desprovistos de la sociedad representaban para los grupos de poder. Hacia 1822 se denunciaba que la ciudad de Puebla se hab&iacute;a "inundado de malhechores" que "a favor de la oscuridad de la noche cometen todo g&eacute;nero de excesos, ahora m&aacute;s que antes, [pues] en esas horas atacan con facilidad la propiedad, seguridad y acaso la vida de los ciudadanos"<a href="#4" name="p4"><sup>4</sup></a>. Para prevenir "tan funestos efectos", en agosto el ayuntamiento acord&oacute; reestablecer el servicio de los serenos que eran guardias de polic&iacute;a nocturnos provistos de un farol o l&aacute;mpara de mano y, en septiembre, acord&oacute; poner el alumbrado en la ciudad<a href="#5" name="p5"><sup>5</sup></a>.     <br>     <br> El ornato que la iluminaci&oacute;n nocturna proporcionaba al espacio urbano, junto con el control que se intentaba imponer sobre la poblaci&oacute;n, justificaban la pertinencia del alumbrado. Sin embargo, este prop&oacute;sito hubo de enfrentar el problema de su financiamiento: &iquest;c&oacute;mo alumbrar y costear una iluminaci&oacute;n para un espacio urbano en disputa y, por consiguiente, conflictivo, que se prolongaba por diferentes rumbos o direcciones? El ayuntamiento recurri&oacute; a la imposici&oacute;n de contribuciones para solventar los costos, ya fueran directas a los vecinos acomodados o indirectas a partir de arbitrios o impuestos que gravaban el consumo. As&iacute;, para emprender la obra, en septiembre del mismo a&ntilde;o impuso una contribuci&oacute;n "espont&aacute;nea, liberal y proporcionalmente" a todos los vecinos para mandar hacer los faroles. Se colocar&iacute;an tres en las calles que fueran cabecera y cinco en las que fueran cuadra, con sus respectivos pies de gallo de fierro y similares a los que anteriormente se hab&iacute;an puesto<a href="#6" name="p6"><sup>6</sup></a>.     <br>     <br> Hacia 1830 el alumbrado p&uacute;blico de la ciudad de Puebla contaba con 322 faroles. En su interior albergaban los candiles en los que la manteca con una mecha de hilo o pabilo se quemaba para producir la iluminaci&oacute;n. Probablemente eran entre 15 y 20 los faroles "cuadrados grandes de cinco vidrios" que alumbraban los arcos del portal del Palacio del Ayuntamiento. Los 300 restantes, "de seis vidrios y seis boceles", estaban distribuidos en las calles del casco urbano<a href="#7" name="p7"><sup>7</sup></a>. Los del portal ard&iacute;an durante toda la noche; no as&iacute; los otros que s&oacute;lo alumbraban entre siete y once, aunque hab&iacute;a ocasiones en que a eso de las diez "estaba oscura casi toda la ciudad"<a href="#8" name="p8"><sup>8</sup></a>. Las prevenciones para guardar la seguridad interna planteaban la necesidad de prolongar la duraci&oacute;n del encendido. Ese mismo a&ntilde;o el gobierno del estado de Puebla le indic&oacute; al ayuntamiento que para que el alumbrado cumpliera su objetivo era necesario que por lo menos durara hasta las cuatro de la ma&ntilde;ana<a href="#9" name="p9"><sup>9</sup></a>. El exhorto planteaba otra vez el problema de los recursos o impuestos de los que se pod&iacute;a disponer para su financiamiento.     <br>     <br> De acuerdo con lo que manifestaron los tesoreros, al a&ntilde;o se gastaban 4.450 pesos para comprar manteca, 1.860 para el pago del mayordomo y mozos y 50 pesos por composturas, alcanzando as&iacute; un costo total de 6.360 pesos. Para estar mejor servido, se&ntilde;alaban, deber&iacute;an gastarse m&aacute;s de trece mil pesos porque se asumir&iacute;an los 7.200 que importaba el pago de los 24 guardias de polic&iacute;a o serenos que vigilar&iacute;an en la noche. &Eacute;stos cuidar&iacute;an que el alumbrado no se apagara, lo que no hac&iacute;an el mayordomo y sus mozos que dejaban encendidos los faroles y se retiraban; s&oacute;lo a eso de las diez volv&iacute;an a cargar de manteca los de los portales y as&iacute; el alumbrado quedaba abandonado hasta que amanec&iacute;a<a href="#10" name="p10"><sup>10</sup></a>.     <br>     <br> La orden del gobernador de que el alumbrado durara hasta las cuatro de la madrugada incrementaba el costo a 18 mil pesos: 7.713 para gastos de manteca y 10.265 pesos para el pago no de 24 sino de 50 guardias<a href="#11" name="p11"><sup>11</sup></a>. El impacto era lesivo para el fondo del alumbrado que, por la preferencia que ten&iacute;a sobre el de empedrado, gastaba entre siete y ocho mil pesos de los diez o doce que para ambos fondos estaban asignados<a href="#12" name="p12"><sup>12</sup></a>. Las dimensiones que alcazaba son a&uacute;n m&aacute;s significativas si consideramos que hacia 1830 el ingreso total de los recursos municipales de la ciudad de Puebla fue de 29.760 pesos<a href="#13" name="p13"><sup>13</sup></a>. El gasto de la iluminaci&oacute;n representaba as&iacute; el 60 por ciento de las entradas del municipio. Para cubrir la diferencia de cinco mil pesos y completar los 18 mil en que se incrementaba el costo del alumbrado, la propuesta de los tesoreros fue que se impusieran 1.50 pesos sobre los dos que ya pagaban por derecho municipal los barriles de licores extranjeros que se introduc&iacute;an en la ciudad. Estimaron en 4.500 pesos el rendimiento por la introducci&oacute;n de tres mil barriles al a&ntilde;o. Sin embargo, los "inconvenientes" que hab&iacute;a generado la situaci&oacute;n desecharon la propuesta de que los guardias de polic&iacute;a cuidaran el alumbrado<a href="#14" name="p14"><sup>14</sup></a>.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> A comienzos de 1841 el gobernador de Puebla volv&iacute;a a urgir al ayuntamiento para que se mejorara la iluminaci&oacute;n nocturna. Hab&iacute;a que aumentar el n&uacute;mero de faroles reemplazando los del centro por otros de mejor construcci&oacute;n, as&iacute; como destinar aquellos a los barrios y no descuidar la iluminaci&oacute;n<a href="#15" name="p15"><sup>15</sup></a>. Con la orden se volv&iacute;a a plantear el problema de qu&eacute; impuestos se deb&iacute;an asignar para costear su mantenimiento. La propuesta del ayuntamiento fue que se impusiera un gravamen de doce reales (1.50 pesos) sobre cada cabeza de ganado de cerda llamado cuino que se introdujera en la ciudad<a href="#16" name="p16"><sup>16</sup></a>. Este ganado proven&iacute;a de la llamada Tierra Caliente, extensa &aacute;rea geogr&aacute;fica en la que los circuitos mercantiles los dominaba ampliamente la regi&oacute;n de Veracruz<a href="#17" name="p17"><sup>17</sup></a>.     <br>     <br> El cobro de este impuesto, sin embargo, pronto se hizo "ilusorio", pues para no pagarla los comerciantes optaban por sacrificar a los cerdos en otro lugar e introduc&iacute;an solamente la carne salada y la manteca. En consecuencia, desde que se impuso el gravamen de los doce reales en marzo de 1841 "hasta la presente [abril de 1842] no hab&iacute;a ingresado cantidad alguna en la aduana por cuenta del citado arbitrio [...] y los fondos [del alumbrado] han perdido ya m&aacute;s de tres mil pesos"<a href="#18" name="p18"><sup>18</sup></a>.     <br>     <br> Hacia 1845 alumbraban a la ciudad de Puebla 490 faroles junto con 923 candilejas o vasos de barro vidriado y de lata que quemaban aceite lamparilla <a href="#19" name="p19"><sup>19</sup></a>. La iluminaci&oacute;n comenzaba en la plaza mayor: en los tres portales y el atrio de la iglesia que delimitaban el cuadro y terminaba en calles de los suburbios o barrios de la cuidad. Estaba atendida por un mayordomo y 30 sirvientes. Nada m&aacute;s los 490 faroles consum&iacute;an 1.500 arrobas de manteca o grasa al a&ntilde;o, unos 17.260 kilogramos, que importaban 6.937 pesos<a href="#20" name="p20"><sup>20</sup></a>.     <br>     <br> La expansi&oacute;n del alumbrado implicaba el incremento de su costo, pero tambi&eacute;n un mayor consumo de grasas. La sugerencia de los tesoreros para reducir gastos era comprar la manteca en enero y febrero que era la temporada de matanza. Durante esos meses su precio era barato, hasta tres pesos la arroba. Despu&eacute;s, desde marzo y hasta finalizar el a&ntilde;o, el precio sub&iacute;a a cuatro y hasta seis pesos la arroba<a href="#21" name="p21"><sup>21</sup></a>. Eso era lo habitual cada a&ntilde;o, aun cuando hab&iacute;a coyunturas en las que su precio aumentaba<a href="#22" name="p22"><sup>22</sup></a>.     <br>     <br> Lo que apremiaba a quienes ten&iacute;an la responsabilidad del alumbrado era lo inestable de los recursos asignados para este ramo, que adem&aacute;s nunca fueron suficientes. Hacia 1847 integraban el fondo la mitad del producto de la contribuci&oacute;n anual de casas y dos s&eacute;ptimas partes del derecho municipal de harinas, contribuciones eventuales que produc&iacute;an 1.106 y 3.857 pesos respectivamente, esto es, 4.963 en total. En el alumbrado se invert&iacute;an semanalmente 190 pesos, esto es, 9.880 pesos al a&ntilde;o; junto con los 360 asignados para reponer los faroles hac&iacute;an un total de 10.240 pesos. Resultaba as&iacute; un d&eacute;ficit anual de 5.277 pesos<a href="#23" name="p23"><sup>23</sup></a>. Como expon&iacute;an los responsables de este fondo:     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Por lo expuesto se ve el gravamen tan considerable que anualmente reportan los propios del E. Ayuntamiento por el d&eacute;ficit que tiene el fondo del alumbrado, d&eacute;ficit que ser&aacute; mayor por el precio a que se pagar&aacute;n las grasas en los meses venideros como ha insinuado ya el se&ntilde;or comisionado, pues si hoy [25 de febrero] que es el tiempo en que entran los efectos de las matabas que se acaban de hacer, vale la grasa a cuatro pesos seis reales y cinco pesos arroba, en los meses siguientes es muy natural que suba a seis pesos o seis y medio. Adem&aacute;s, seg&uacute;n los informes del administrador, es muy de temerse una baja en las introducciones de las harinas por la ninguna extracci&oacute;n que hay de ellas; por consiguiente bajar&aacute;n los productos del derecho municipal que reporta ese art&iacute;culo, el principal del fondo del alumbrado y de los arbitrios del E. Ayuntamiento y muy claro est&aacute; el mayor gravamen de los propios<a href="#24" name="p24"><sup>24</sup></a>.     <br>     <br> Los arbitrios asignados para el fondo del alumbrado eran siempre insuficientes ante las decisiones de ampliar el n&uacute;mero de faroles y de prolongar la duraci&oacute;n de su encendido. Lo costoso que resultaba as&iacute; la iluminaci&oacute;n urbana hac&iacute;a urgente un proyecto de reformas que conciliara un ahorro de los fondos municipales con un buen servicio p&uacute;blico<a href="#25" name="p25"><sup>25</sup></a>. En diferentes ocasiones se consider&oacute; la posibilidad de contratarlo por almoneda o subasta p&uacute;blica. As&iacute; se plante&oacute; en enero de 1831 e insisti&oacute; en 1832. En 1833 continu&oacute; bajo la responsabilidad de la Comisi&oacute;n de Alumbrado, que estaba a cargo del Ramo de Polic&iacute;a del Ayuntamiento, a pesar de que, al parecer, el gobernador hab&iacute;a autorizado contratar el servicio<a href="#26" name="p26"><sup>26</sup></a>. En 1848 continu&oacute; a cargo del ayuntamiento no obstante la disposici&oacute;n de cierto personaje de prestar el servicio por diez mil pesos anuales<a href="#27" name="p27"><sup>27</sup></a>. Para 1854, sin embargo, los argumentos del contratista persuadieron al ayuntamiento y &eacute;ste le contrat&oacute; el servicio del alumbrado.     <br>     <br> <b>2. De los aceites y manteca a la iluminaci&oacute;n con trementina </b>    <br>     <br> A comienzos de junio de 1854 don Sabino Ambr&iacute;z, de la vecindad de Puebla, le propon&iacute;a al ayuntamiento su "empresa" de alumbrar la ciudad con "gas vegetal"<a href="#28" name="p28"><sup>28</sup></a>. En su propuesta destacaba las virtudes de su "ensayo", el cual, se&ntilde;alaba, "ha correspondido perfectamente a mi invenci&oacute;n." La innovaci&oacute;n t&eacute;cnica estaba en las adaptaciones que hab&iacute;a hecho a las l&aacute;mparas, de las que refer&iacute;a:     <br>     <br> He discurrido unas l&aacute;mparas para arder el gas l&iacute;quido, o sea el esp&iacute;ritu de trementina, y aunque son de igual figura a las que se conocen hasta hoy, tienen sobre &eacute;stas la ventaja de hab&eacute;rseles dado m&aacute;s amplitud a la chimenea para que recibiendo menos impresi&oacute;n de fuego los vidrios estos no se rompan que es una de las causas por [las] que se incendian; tienen un tubo por el cual se ha regulado el aire que deba tener para que su luz sea m&aacute;s fija; los vidrios se han colocado de manera que hagan la luz radiante o de la manera que se requiera por medio de los reverberos que se le coloquen, propios para aumentar su luz al lugar que se trate de alumbrar; tiene as&iacute; mismo la &uacute;til ventaja, a[de]m&aacute;s de las dichas, de conservarse intactos los dep&oacute;sitos del l&iacute;quido a&uacute;n cuando llegue a incendiarse la l&aacute;mpara, pues esta bondad evita la destrucci&oacute;n completa del farol que la guarda y otras consecuencias mayores tales cual lo permita el lugar en que se halle colocado el aparato<a href="#29" name="p29"><sup>29</sup></a>.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Ah&iacute; mismo se&ntilde;alaba que pod&iacute;a vender 200 de esas l&aacute;mparas, proporcionando adem&aacute;s "el l&iacute;quido que las alimente" y que:     <br> quedando establecido este n&uacute;mero de luces, ir&eacute; aumentando los trabajos en los montes para la extracci&oacute;n de trementina, y en proporci&oacute;n [de la] que se vaya reuniendo se ir&aacute; proponiendo el n&uacute;mero de luces que puede aumentarse sucesivamente, lo mismo que al menos precio en que pueda darse el l&iacute;quido para las nuevas luces que despu&eacute;s se pongan<a href="#30" name="p30"><sup>30</sup></a>.     <br>     <br> El "empresario del alumbrado de gas luz", como Ambr&iacute;z se autodenominaba, se&ntilde;alaba que aquella era una industria nueva, pues llevaba seis o siete a&ntilde;os de conocerse en la rep&uacute;blica y en la ciudad de M&eacute;xico s&oacute;lo se hab&iacute;a usado en 500 l&aacute;mparas. Expresaba, asimismo, que con su propuesta de alumbrar de esa manera a Puebla deseaba "conciliar" las utilidades o beneficios que obtuviera con un ahorro a los fondos municipales<a href="#31" name="p31"><sup>31</sup></a>. Persuadido, el ayuntamiento facult&oacute; al comisionado del alumbrado para que junto con el prefecto celebraran la contrata con Ambr&iacute;z. &Eacute;sta se contrajo por el t&eacute;rmino de tres a&ntilde;os y gener&oacute; una demanda intensiva de trementina que impactar&iacute;a severamente los bosques de La Malintzi<a href="#32" name="p32"><sup>32</sup></a>.     <br>     <br> El uso de la trementina para el alumbrado p&uacute;blico fue ventajoso: abarat&oacute; el costo de la luz, favoreci&oacute; el incremento del n&uacute;mero de faroles, generaliz&oacute; la duraci&oacute;n de la iluminaci&oacute;n hasta las cuatro de la madrugada y, desde luego, otorg&oacute; beneficios al contratista. As&iacute; se percibe en los contratos adjudicados a Ambr&iacute;z en tres ocasiones sucesivas -en 1854-1857,1857-1860 y 1860-1863, sin completar esta &uacute;ltima debido a su deceso en septiembre de 1862- y en los celebrados con posterioridad.     <br>     <br> De conformidad con lo acordado en el primer convenio<a href="#33" name="p33"><sup>33</sup></a>, Ambr&iacute;z asisti&oacute; el alumbrado con grasas y aceite mientras instalaba farolas que utilizaban gas vegetal. Para ello, prometi&oacute; poner 300 l&aacute;mparas de gas durante los dos primeros meses de su gesti&oacute;n, las que le pag&oacute; el ayuntamiento a 16 pesos la docena No obstante, los nueve reales (1.12 pesos) mensuales que concert&oacute; por encender cada luz, ya fuera de gas, grasa o aceite, redujo el costo del alumbrado con relaci&oacute;n al que &eacute;ste ten&iacute;a en 1845. En aquel a&ntilde;o la luz de 490 faroles costaba 6.937 pesos, esto es, 14.15 pesos anuales cada uno. Con el nuevo contrato, a raz&oacute;n de 1.12 pesos mensuales que cobraba Ambr&iacute;z por encender cada luz, el precio anual de cada una habr&iacute;a sido de 13.44 pesos, es decir, un poco menor que el registrado en 1845. Sobre esta base, el monto anual del alumbrado contratado con Ambr&iacute;z habr&iacute;a sido de 6.586 pesos; 351 pesos menos que en 1845. Lo anterior, asumiendo que el n&uacute;mero de faroles era el mismo que en 1845, lo que en principio es factible pues hab&iacute;a que empezar por suplir los nuevos faroles. Las diferencias anotadas sugieren que el uso de trementina hizo rentable este primer contrato; los convenios posteriores as&iacute; lo constatan.     <br>     <br> A partir del segundo contrato<a href="#34" name="p34"><sup>34</sup></a> fueron renovados muchos faroles para que ardieran con trementina. As&iacute; le conven&iacute;a al contratista, que prometi&oacute; dar gratis 10 faroles grandes cada mes, con sus respectivas l&aacute;mparas, para alumbrarlas calles que carecieran de luz, pidiendo s&oacute;lo el pago del gas<a href="#35" name="p35"><sup>35</sup></a>. Pero tambi&eacute;n porque en marzo de 1857, antes de concluir el anterior compromiso, la ciudad fue asaltada por huestes desafectas al gobierno de turno que no simpatizaban con la Constituci&oacute;n liberal promulgada apenas el 5 de febrero de ese a&ntilde;o. Al evaluar los da&ntilde;os ocasionados por el saqueo, la Comisi&oacute;n de Alumbrado denunci&oacute; que s&oacute;lo hab&iacute;a 137 faroles servibles, 123 por componer y 537 hab&iacute;an desaparecido, lo mismo que 19 pies de gallo<a href="#36" name="p36"><sup>36</sup></a>. As&iacute;, en mayo de 1859 ard&iacute;an 598 luces: seis en el atrio de la catedral que pagaba el cabildo eclesi&aacute;stico; siete en la plaza del mercado a cargo de la comisi&oacute;n respectiva y 560 por cuenta de la tesorer&iacute;a municipal; de las 25 restantes se ignoraba de qui&eacute;n era la responsabilidad<a href="#37" name="p37"><sup>37</sup></a>.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> La convulsi&oacute;n civil ocasionada por la Guerra de Reforma o de Los Tres A&ntilde;os (1858-1861)<a href="#38" name="p38"><sup>38</sup></a> obstaculiz&oacute; el incremento de la cantidad de faroles. En agosto de 1863 estaban en servicio s&oacute;lo 590 a pesar de que eran 631 los que hab&iacute;a en toda la ciudad, sin incluir los seis del atrio de la catedral<a href="#39" name="p39"><sup>39</sup></a>. No obstante, el costo del alumbrado se reduc&iacute;a, aunque de manera modesta, a la par que se prolongaba su duraci&oacute;n. De acuerdo con el contrato de 1857-1860, a Ambr&iacute;z le pagaron ocho y medio reales mensuales por encender cada farol. En el de 1860-1863 el pago fue de siete reales<a href="#40" name="p40"><sup>40</sup></a>. Si tomamos los 560 faroles que en 1859 la tesorer&iacute;a municipal le pagaba al contratista a ocho y medio reales mensuales, costaba la luz 7.140 pesos anuales, esto es, 12.75 pesos cada farol. Los 590 faroles que estaban en servicio en agosto de 1863 al precio de siete reales cada uno costaban 6.195 pesos, esto es, 10.5 pesos cada farol. Observamos, as&iacute;, que el costo del alumbrado fue decreciendo desde que se us&oacute; la trementina para alumbrar a la ciudad: 13.44 pesos por farol en 1854; 12.75 pesos en 1859 y 10.50 en 1863. El costo en 1845, cuando todav&iacute;a se utilizaba la manteca, fue de 14.15 pesos.     <br>     <br> Otro beneficio fue que por el mismo costo se prolong&oacute; la duraci&oacute;n de la luz. Todav&iacute;a entre 1854 y 1857 las calles y suburbios de la ciudad se iluminaban cuando empezaba a oscurecer y se apagaban a la una de la ma&ntilde;ana. La &uacute;nica excepci&oacute;n era la de los tres portales que delimitaban la plaza principal, donde los faroles alumbraban hasta las cuatro de la madrugada. Pero a partir de 1858 todo el alumbrado, tanto el de las calles como el de los portales, durar&iacute;a hasta esa hora; desde luego el de las calles s&oacute;lo cuando las noches fueran oscuras, pues cuando fueran de luna, permanecer&iacute;a encendido hasta que &eacute;sta alumbrara con claridad<a href="#41" name="p41"><sup>41</sup></a>.     <br>     <br> El uso de la trementina para el alumbrado p&uacute;blico tambi&eacute;n benefici&oacute; al contratista. Una muestra evidente es que para ganar el contrato de 1860-1863 que le disput&oacute; Miguel L&oacute;pez, Ambr&iacute;z obsequi&oacute; 1.600 pesos de rebaja sobre el importe total del pago, que le descont&oacute; la tesorer&iacute;a de manera proporcional en cada uno de los abonos que le hizo<a href="#42" name="p42"><sup>42</sup></a>. As&iacute;, si el costo anual por encender los 590 faroles que estaban en servicio en agosto de 1863 fue de 6.195 pesos, a siete reales cada uno, por los tres a&ntilde;os que dur&oacute; el contrato el total fue de 18.585 pesos; descontados los 1.600 alcanzaba casi 1.700 pesos, esto es, poco m&aacute;s de 470 pesos mensuales. No podemos se&ntilde;alar qu&eacute; tanto contribu&iacute;an a acrecentar los intereses de Ambr&iacute;z<a href="#43" name="p43"><sup>43</sup></a>. Lo que s&iacute; se constata es que los costos decrecientes del alumbrado y las utilidades del contratista fueron sustentados a expensas de una explotaci&oacute;n intensiva de la trementina. As&iacute; lo hizo saber Ambr&iacute;z en la oferta que hizo en junio de 1854: el incremento en el n&uacute;mero de faroles, la prolongaci&oacute;n de la duraci&oacute;n del alumbrado y su costo menor ser&iacute;an posibles a costa de una utilizaci&oacute;n creciente de la trementina<a href="#44" name="p44"><sup>44</sup></a>. Lo mismo advirti&oacute; al ayuntamiento de la ciudad de Tlaxcala en diciembre de 1855, cuando le propuso iluminarla con gas l&iacute;quido<a href="#45" name="p45"><sup>45</sup></a>. Este tipo de alumbrado, sin embargo, se introducir&iacute;a ah&iacute; en 1861.     <br>     <br> El alumbrado p&uacute;blico de la ciudad de Tlaxcala tuvo dimensiones much&iacute;simo m&aacute;s modestas. Hacia 1832 la iluminaci&oacute;n consist&iacute;a en unos cuantos faroles que se encend&iacute;an "a la hora oportuna" al frente de las tiendas y de algunas cantinas que todav&iacute;a despachaban pulque. Es probable que se tratara de faroles privados, pues el mismo a&ntilde;o el ayuntamiento le pidi&oacute; a los comerciantes que pagaran 28 luces<a href="#46" name="p46"><sup>46</sup></a>. En 1841 ya se hab&iacute;a contratado un servicio p&uacute;blico sufragado con los donativos voluntarios de los "se&ntilde;ores acomodados" de la poblaci&oacute;n<a href="#47" name="p47"><sup>47</sup></a>. Sin embargo, el rezago en el aporte de las d&aacute;divas imped&iacute;a el pago puntual al contratista. Para que el alumbrado no faltara, el ayuntamiento tom&oacute; a su cargo el servicio a cuenta de los fondos municipales<a href="#48" name="p48"><sup>48</sup></a>.     <br>     <br> Desde 1841 hasta 1845, cuando tuvo el servicio Jos&eacute; Mariano Carpintero, la cantidad de faroles pas&oacute; de 32, que hab&iacute;a en 1843, a 42 al finalizar el contrato<a href="#49" name="p49"><sup>49</sup></a>. El n&uacute;mero de faroles no se increment&oacute; entre 1848 y 1851, cuando el alumbrado fue responsabilidad de Jos&eacute; Mar&iacute;a Herrer&iacute;as<a href="#50" name="p50"><sup>50</sup></a>. En comparaci&oacute;n con los 490 faroles y las m&aacute;s de 900 candilejas de barro que hacia estos a&ntilde;os alumbraban a Puebla, los 40 faroles de Tlaxcala apenas serv&iacute;an "para hacer m&aacute;s visibles las tinieblas"<a href="#51" name="p51"><sup>51</sup></a>. Diez faroles distribuidos alumbraban las arcadas de los tres portales que delimitaban la plaza p&uacute;blica. Los restantes, las calles inmediatas que desde all&iacute; se prolongaban y no llegaban m&aacute;s all&aacute; de cuatro o cinco cuadras. Era obligaci&oacute;n del "empresario del alumbrado" encenderlos s&oacute;lo cuando faltara la claridad de la luna. Pero como los fulgores de &eacute;sta no alcanzaban a penetrar el interior de los portales, los faroles ah&iacute; colocados duraban encendidos hasta las once de la noche, cuando se apagaba el alumbrado. Aunque se utilizaba la manteca para alumbrar, al parecer, se prefiri&oacute; el aceite de nabo<a href="#52" name="p52"><sup>52</sup></a>.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> No obstante la peque&ntilde;a cantidad de luces, su costo tambi&eacute;n era lesivo para las finanzas municipales. A diferencia de Puebla que en 1842 y 1849 tuvo un ingreso municipal total de 45.012 y 50.093 pesos respectivamente<a href="#53" name="p53"><sup>53</sup></a>, en Tlaxcala el ingreso fue de 5.797 pesos en 1841 y 5.290 en 1849<a href="#54" name="p54"><sup>54</sup></a>. Los 50 pesos recaudados en 1841 por contribuci&oacute;n de alumbrado acusan la dificultad de su financiamiento. As&iacute; lo denunci&oacute; el contratista Carpintero en 1842, cuando exigi&oacute; que el ayuntamiento hipotecara alguna de sus entradas municipales para garantizarle el pago mensual de 23 pesos y no tuviera que atenerse a la recaudaci&oacute;n de donativos<a href="#55" name="p55"><sup>55</sup></a>. Tambi&eacute;n el reclamo para que le cubrieran pagos rezagados constata esta situaci&oacute;n. A finales de diciembre de 1843 el ayuntamiento le hab&iacute;a pagado s&oacute;lo 321 pesos de los 432 que import&oacute; el total de su contrata, a raz&oacute;n de 36 pesos mensuales. Por lo "exhausto" de los fondos municipales le adeudaban 110 pesos, que junto con los 115 que a&uacute;n no le liquidaban del contrato de 1842, alcanzaban un total de 225 pesos<a href="#56" name="p56"><sup>56</sup></a>. En 1845 todav&iacute;a le deb&iacute;an 109 pesos que pidi&oacute; le pagaran para poder comprar "bastante" manteca o aceite<a href="#57" name="p57"><sup>57</sup></a>. Fue el caso tambi&eacute;n de Herrer&iacute;as, que en enero de 1864 segu&iacute;a reclamando que la Comisi&oacute;n de Alumbrado le pagara 145 pesos del contrato de 1850 y 1851<a href="#58" name="p58"><sup>58</sup></a>.     <br>     <br> Los datos sugieren que, lo mismo que en Puebla, era alto el costo de cada luz en Tlaxcala. Con excepci&oacute;n de 1841 y 1842, a&ntilde;os para los que no tenemos informaci&oacute;n sobre la cantidad de faroles, en 1843 el costo de 32 luces a 36 pesos mensuales fue de 432 pesos anuales, esto es, 13.50 pesos anuales cada una de ellas. En 1844 fueron 408 pesos anuales por 42 faroles a 34 pesos mensuales, esto es, 9.71 pesos la luz de cada farol. En 1845 fueron los mismos 42 faroles por 40 pesos mensuales, 480 anuales, esto es, 11.42 pesos cada luz al a&ntilde;o. De 1848 a 1851 tuvo el mismo costo que en 1845. As&iacute;, el precio de cada luz, particularmente en 1843 y de 1845 en adelante, era parecido al de Puebla donde en 1845 costaba 14.15 pesos cada una. El uso de aceite de nabo, que era de menor precio que el de la manteca, parece explicar la diferencia. En noviembre y diciembre de 1842 Carpintero compr&oacute; a 4.50 pesos la arroba de manteca, que era el mismo precio que ten&iacute;a en Puebla. Los 13.50 que cobr&oacute; por cada luz en 1843 sugieren que con ella hab&iacute;a llevado a cabo la iluminaci&oacute;n. Sin embargo, la disminuci&oacute;n del precio de las luces en 1844 y de 1845 en adelante, parece confirmar que se debi&oacute; al uso del aceite de nabo. Carpintero seguramente lo us&oacute; despu&eacute;s de 1843 para hacer menos riesgosa su inversi&oacute;n ante la falta de pago<a href="#59" name="p59"><sup>59</sup></a>. Durante sus contratos de 1848-1851, Herrer&iacute;as utiliz&oacute; aceite de nabo que &eacute;l mismo elaboraba para alumbrar la ciudad<a href="#60" name="p60"><sup>60</sup></a>.     <br>     <br> Seguramente el ayuntamiento ignor&oacute; la propuesta que le hab&iacute;a hecho Ambr&iacute;z en diciembre de 1855 de alumbrar con trementina la ciudad. Como propietario que era de una fracci&oacute;n considerable de los montes de La Malintzi, pensaba obtenerla de los pueblos arrendatarios a cuenta de las rentas para usarla en el alumbrado. La convulsi&oacute;n civil generada por la Guerra de Reforma, sin embargo, trastorn&oacute; la gesti&oacute;n de este servicio. Concluida aqu&eacute;lla en enero de 1861, el ayuntamiento acord&oacute; reparar el alumbrado p&uacute;blico. Mand&oacute; hacer 22 faroles nuevos, igual a los que hab&iacute;a en Puebla, con un costo de 65 pesos. Les exigi&oacute; a los propietarios de casas en los portales que blanquearan y pintaran el interior de &eacute;stos y a los comerciantes que tuvieran la bondad de poner una tea para suplir as&iacute;, mientras tanto, el alumbrado<a href="#61" name="p61"><sup>61</sup></a>. En Tlaxcala, entonces, el alumbrado con trementina se introdujo en 1861, siete a&ntilde;os despu&eacute;s que en Puebla.     <br>     <br> Como se aprecia en la gr&aacute;fica 1, la introducci&oacute;n del alumbrado modific&oacute; las dimensiones que hasta entonces hab&iacute;a tenido la iluminaci&oacute;n en Tlaxcala. En abril de ese a&ntilde;o ya ard&iacute;an once faroles de gas a cargo de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez, contratista del alumbrado entre 1861 y 1863<a href="#62" name="p62"><sup>62</sup></a>. Varios faroles m&aacute;s se acondicionaban para alojar las "bombas" que conten&iacute;an la trementina, compradas en la ciudad de Puebla, seguramente a don Sabino Ambr&iacute;z<a href="#63" name="p63"><sup>63</sup></a>. Mientras se supl&iacute;a el alumbrado, la iluminaci&oacute;n era como de costumbre: los faroles de los portales alumbraban todas las noches y los de las calles s&oacute;lo en las noches oscuras<a href="#64" name="p64"><sup>64</sup></a>. Para 1863, sin embargo, la luz en los portales ya duraba hasta romper la aurora<a href="#65" name="p65"><sup>65</sup></a>. En 1864 ya alumbraban a Tlaxcala 40 faroles de gas que se incrementaron a 50 en 1865, cantidad que permaneci&oacute; hasta 1868<a href="#66" name="p66"><sup>66</sup></a>. Hacia estos a&ntilde;os el alumbrado de los portales ya era "desde las oraciones de la noche hasta romper la aurora"<a href="#67" name="p67"><sup>67</sup></a>. En 1868 los faroles all&iacute; localizados se encend&iacute;an a partir de las seis de la tarde<a href="#68" name="p68"><sup>68</sup></a>.     <br>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><img src="img/revistas/rhc/n30/n30a02graf1.gif"></center></p> Aunque modesto en comparaci&oacute;n con Puebla, en Tlaxcala el incremento en la cantidad de faroles y la prolongaci&oacute;n de la duraci&oacute;n de la luz hasta el amanecer implicaron tambi&eacute;n un mayor consumo de trementina. &Eacute;ste se intensificaba con la oferta de los contratistas de poner m&aacute;s faroles sin pedir retribuci&oacute;n alguna. Por ejemplo, para ganarle el contrato de 1867 a Mariano Moreno que lo hab&iacute;a tenido de 1864 a 1866, Joaqu&iacute;n Parra ofreci&oacute; poner dos faroles grandes en una fuente p&uacute;blica, prendi&eacute;ndolos por su cuenta durante seis meses<a href="#69" name="p69"><sup>69</sup></a>. Para recuperar el contrato en 1868, Moreno ofreci&oacute; poner por su cuenta varias bombas adem&aacute;s de algunos quinqu&eacute;s<a href="#70" name="p70"><sup>70</sup></a>.     <br>     <br> Sin embargo, contrario al precio decreciente que hab&iacute;a tenido el alumbrado de gas en Puebla hasta 1865, en Tlaxcala se observa un coste elevado, aunque con tendencia a decrecer, entre 1861 y 1868. En el contrato de 1860-1863, Ambr&iacute;z cobr&oacute; siete reales (0.875 pesos) mensuales en Puebla por encender cada farol. En Tlaxcala el ayuntamiento le pago a Rodr&iacute;guez nueve reales (1.125 pesos) por la misma funci&oacute;n en 1861<a href="#71" name="p71"><sup>71</sup></a>. En 1864 la Comisi&oacute;n de Alumbrado del ayuntamiento de Puebla contrat&oacute; el servicio con Jos&eacute; Mar&iacute;a Aguilar y Compa&ntilde;&iacute;a por ocho reales (un peso) mensuales cada farol<a href="#72" name="p72"><sup>72</sup></a>. En enero de 1865 ya era de seis y medio reales (0.80 pesos) mensuales el costo de cada luz<a href="#73" name="p73"><sup>73</sup></a>. En contraposici&oacute;n, en Tlaxcala el precio de las luces fue m&aacute;s caro, aunque la tendencia era a la baja: 66 pesos mensuales por 40 faroles en 1864, esto es, 1.65 pesos (trece reales) cada farol; 70 pesos por 50 faroles en 1865, esto es, 1.40 pesos (once reales), y 60 pesos por 40 faroles en 1866, esto es, 1.50 pesos (doce reales). Esto fue en los a&ntilde;os que tuvo el contrato Mariano Moreno<a href="#74" name="p74"><sup>74</sup></a>. Lo mismo se observa en el contrato de 1867 que gan&oacute; Joaqu&iacute;n Parra<a href="#75" name="p75"><sup>75</sup></a>: 55 pesos por 40 faroles, esto es, 1.37 pesos (once reales) mensuales cada farol, y en el de 1868 que recuper&oacute; Moreno<a href="#7" name="p76"><sup>76</sup></a>: 65 pesos por 50 faroles, esto es, 1.30 pesos (diez reales) mensuales.     <br>     <br> No podemos precisar todav&iacute;a por qu&eacute; hubo estas desigualdades. Una hip&oacute;tesis que parece imponerse es que la idea de que los bosques de La Malintzi pertenec&iacute;an al ayuntamiento de Tlaxcala motiv&oacute; que los contratistas del alumbrado con gas luz, originarios y vecinos de la ciudad, trataran de conseguir los beneficios posibles en estos a&ntilde;os iniciales en que se explotaba con intensidad la trementina para alimentar el alumbrado p&uacute;blico. El mismo ayuntamiento fomentaba esta actitud al exigir que el pago de las rentas por el uso de los montes fuera con trementina. As&iacute;, &eacute;sta se volvi&oacute; objeto de inter&eacute;s para los especuladores que se beneficiaron con su empleo. Para poder alumbrar la ciudad de Puebla en los t&eacute;rminos en que se hab&iacute;a comprometido, Ambr&iacute;z contrat&oacute; desde 1853 el suministro de trementina con "los hijos" del pueblo de Tetlanohcan<a href="#77" name="p77"><sup>77</sup></a>, localizado en las faldas del volc&aacute;n La Malintzi. En 1860 la obten&iacute;a tambi&eacute;n compr&aacute;ndola al ayuntamiento de la ciudad de Tlaxcala<a href="#78" name="p78"><sup>78</sup></a>, que era propietario de una fracci&oacute;n considerable de esos montes. Es factible que tambi&eacute;n la adquiriera de aquellos individuos que se la quisieran vender. Como hab&iacute;a se&ntilde;alado en su oferta de 1854, para garantizar las entregas de trementina apresur&oacute; los trabajos de resinaci&oacute;n de pinos y ocotes en La Malintzi<a href="#79" name="p79"><sup>79</sup></a>.     <br>     <br> <b>3. Extracci&oacute;n de trementina y deterioro de los bosques </b>    <br>     <br> El volc&aacute;n La Malintzi, La Malinche<a href="#80" name="p80"><sup>80</sup></a> o Matlalcu&eacute;yetl<a href="#81" name="p81"><sup>81</sup></a>, se levanta majestuoso a una altitud de 4.460 metros sobre el nivel del mar. Su colosal silueta domina el paisaje del valle poblano-tlaxcalteca, meseta bastante plana que abarca la mayor parte del estado de Tlaxcala y la porci&oacute;n central del estado de Puebla. El volc&aacute;n cubre una extensi&oacute;n de 1.100 kil&oacute;metros cuadrados, de los que una tercera parte pertenecen a la entidad poblana. Forma parte del eje volc&aacute;nico que incluye hacia el este al Pico de Orizaba o Citlalt&eacute;petl (5.747 m.s.n.m.); en el centro al Popocat&eacute;petl (5.452 m.s.n.m.) y el Iztacc&iacute;hualt (5.286 m.s.n.m.) y en el extremo oeste los volcanes Nevado de Toluca o Xinant&eacute;catl (4.558 m.s.n.m.) y Nevado de Colima (4.380 m.s.n.m.).     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La Malintzi tiene un clima semifr&iacute;o, excepto en las cumbres m&aacute;s altas donde el clima puede clasificarse como fr&iacute;o. Ah&iacute; tienen mayor incidencia las heladas que se registran durante los meses de noviembre a febrero. Se distinguen pisos de vegetaci&oacute;n en las laderas de La Malintzi (v&eacute;ase esquema 1). La cumbre se localiza arriba de los 4.300 metros. Se trata de una superficie rocosa en la que predomina un clima fr&iacute;o y seco, por lo que casi no hay vegetaci&oacute;n; s&oacute;lo durante los meses c&aacute;lidos, cuando la temperatura media es menor de 6.5&deg; C, crecen algunos liq&uacute;enes, musgos y hierbas. M&aacute;s abajo de esta l&iacute;nea, entre los 4.000 y 4.300 metros de altitud, los suelos son poco f&eacute;rtiles y de escasa capacidad para la retenci&oacute;n del agua, por lo que s&oacute;lo posibilitan el desarrollo de pastos. De los 2.800 a los 4.000 metros de altitud se localiza la zona arbolada: un bosque mixto de pinos y encinos en esta franja de los 2.800 metros, luego de pinos y abetos hasta los 3.200 metros y por encima de esta altura un bosque s&oacute;lo de pinos hasta los 4.000 metros. En estas partes intermedias se encuentran dispersas otras especies arb&oacute;reas como son oyameles y ocotes. Abajo de los 2.800 metros de altitud, en la zona de piedemonte, la humedad capturada por la cresta del volc&aacute;n la ha prodigado generosamente en agua. En esta parte baja se entra en contacto con el valle, donde se localizan los asentamientos humanos y cultivos.     <br>     <p>    <center><img src="img/revistas/rhc/n30/n30a02esq1.gif"></center></p> Los habitantes de los pueblos del volc&aacute;n extra&iacute;an la trementina<a href="#82" name="p82"><sup>82</sup></a> de pinos y ocotes, dos coniferas, haciendo incisiones o entalladuras en la base de los troncos. Mediante un procesamiento de destilaci&oacute;n de esa resina natural se obten&iacute;a el aguarr&aacute;s, al que las fuentes se refieren como "gas l&iacute;quido o esp&iacute;ritu de trementina"<a href="#83" name="p83"><sup>83</sup></a>. La destilaci&oacute;n se realizaba en un peque&ntilde;o y r&uacute;stico horno construido de piedra y lodo, que aparentaba la forma de un igl&uacute; pero de dimensiones m&aacute;s peque&ntilde;as, cerca de 1x1.5 metros, en el que cab&iacute;a la cantidad de la le&ntilde;a a quemar. Por encima de esa cavidad y en la parte de en medio se dejaba un hueco u orifico por el que se desprend&iacute;a la lumbre que calentaba los recipientes que conten&iacute;an la resina o trementina. Estos se tapaban con la "montera" o alambique, especie de olla-sart&eacute;n de l&aacute;mina que por la parte de abajo recog&iacute;a las destilaciones de la trementina cocida a partir de un conducto que la depositaba en un recipiente. Por la parte de arriba, completamente independiente y sin que se mezclara, conten&iacute;a y se la alimentaba con agua para que por la parte de abajo las sudoraciones de la trementina se condensaran<a href="#84" name="p84"><sup>84</sup></a>. El m&eacute;todo de extracci&oacute;n y de destilaci&oacute;n de la resina era bastante anticuado y de bajo rendimiento, pues dejaba inservibles los troncos de los &aacute;rboles y desperdiciaba la obtenci&oacute;n de otros productos resin&iacute;feros como la brea o el aceite de pino<a href="#85" name="p85"><sup>85</sup></a>.     <br>     <br> La demanda de aguarr&aacute;s para alimentar las l&aacute;mparas de los faroles gener&oacute; una presi&oacute;n sobre los pinos y ocotes. &Eacute;stos fueron agredidos con las hachas y otros instrumentos punzo cortantes de los resineros, urgidos de extraer el l&iacute;quido vital de la resina. La resinaci&oacute;n fue una pr&aacute;ctica lesiva para esos &aacute;rboles. En Espa&ntilde;a, a mediados del siglo xIx, se efectuaba de acuerdo con dos procedimientos tradicionales: "a vida y a muerte”<a href="#86" name="p86"><sup>86</sup></a>.     <br>     <br> En la resinaci&oacute;n a muerte, a pila, o pino perdido el objetivo prioritario era extraer la mayor cantidad de miera [trementina] en el menor espacio de tiempo posible. El procedimiento consist&iacute;a en abrir simult&aacute;neamente todas las entalladuras posibles {caras) en el contorno del tronco, con lo cual, sacrificando la vida del &aacute;rbol, en unos pocos a&ntilde;os se agotaba su producci&oacute;n y el &aacute;rbol mor&iacute;a. Por lo general, a partir de la segunda mitad del siglo xIx la resinaci&oacute;n a muerte va siendo progresivamente abandonada y tan s&oacute;lo se sigue practicando cuando se reamaban cortas de mejora o en &aacute;rboles plenamente maderables. En la resinaci&oacute;n a vida, en lugar de abrir simult&aacute;neamente todas las caras, las incisiones se practicaban de forma ordenada en una sola entalladura, de acuerdo con unas dimensiones previamente establecidas e intercalando siempre periodos de reposo, de manera que el desarrollo del &aacute;rbol se ve menos afectado y su aprovechamiento puede prolongarse por un espacio superior, en ocasiones, a los cincuenta a&ntilde;os. Con ello, al tiempo que se ampliaba el aprovechamiento de la masa forestal y se reduc&iacute;a su deterioro, se hac&iacute;a compatible la extracci&oacute;n regular de la resina, con el crecimiento del arbolado y la producci&oacute;n &uacute;til de madera<a href="#87" name="p87"><sup>87</sup></a>.     <br>     <br> En M&eacute;xico, hacia la misma &eacute;poca y de acuerdo con las caracter&iacute;sticas de estos procedimientos, la resinaci&oacute;n era a muerte. No se ten&iacute;a ninguna consideraci&oacute;n con el &aacute;rbol. Para apurar la secreci&oacute;n de la resina se le causaban profundas incisiones. Adem&aacute;s, se desperdiciaban otros aprovechamientos. A manera de ilustraci&oacute;n, en 1870 el escritor y pol&iacute;tico mexicano Manuel Payno (1810-1894) denunciaba el "da&ntilde;o, o mejor dicho, muerte que [los indios] ocasionan a muchos &aacute;rboles con las incisiones para extraer la sustancia resinosa que consume la empresa [del alumbrado] del gas y la l&iacute;quida [el aguarr&aacute;s] que llaman gas luz ”<a href="#88" name="p88"><sup>88</sup></a>. Registros recientes a prop&oacute;sito de la tala clandestina en La Malintzi que consignan la pr&aacute;ctica de la resinaci&oacute;n, se&ntilde;alan que como:     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> el aprovechamiento de le&ntilde;a seca s&iacute; est&aacute; permitido, entonces, lo que la gente hace es descorte2ar las partes bajas de los &aacute;rboles en pie para que escurra la resina a grado tal que se les considere secos, y en esas condiciones ya pueden ser aprovechados legalmente. Un recorrido por la monta&ntilde;a nos muestra una gran canuda d de &aacute;rboles descorte2ados que 'lloran' (segregan sabia) esperando el hacha o la sierra motor&Iacute;2ada para ser derribados una ve2 que se secan<a href="#89" name="p89"><sup>89</sup></a> (v&eacute;ase foto 1).     <br>     <p>    <center><img src="revistas/rhc/n30/n30a02f1.gif"></center></p> El descortezamiento, que "es una pr&aacute;ctica tan cruel, como sacarle toda la sangre a un ser vivo cuando a&uacute;n respira"<a href="#90" name="p90"><sup>90</sup></a>, era el procedimiento habitual por el que los habitantes de Tetlanohcan obten&iacute;an la resina. La exigencia de Ambr&iacute;z de que le suministraran cantidades cada vez mayores, expand&iacute;a el &aacute;rea de troncos desgarrados en su base con esas hendiduras. Las cantidades anuales de aguarr&aacute;s que la iluminaci&oacute;n nocturna consum&iacute;a puede sugerirnos las dimensiones del deterioro causado sobre los bosques.     <br>     <br> En 1860 Ambr&iacute;z se&ntilde;alaba que consum&iacute;a m&aacute;s de mil arrobas de gas al a&ntilde;o en el servicio de 600 faroles en Puebla<a href="#91" name="p91"><sup>91</sup></a>. En 1865 el pueblo de Tetlanohcan, con el que Ambr&iacute;z ten&iacute;a contratado el aguarr&aacute;s, junt&oacute; 175 arrobas de este l&iacute;quido para el alumbrado de la ciudad de Tlaxcala. Si tomamos como referencia esta &uacute;ltima cantidad, equivale a 2.013 kilos, esto es, 168 kilos mensuales o si se quiere 42 kilos semanales. Las mil arrobas consumidas en Puebla equivalen a 11.500 kilos anuales, esto es, m&aacute;s de 240 kilos semanales. Las cifras indican la magnitud de la descomposici&oacute;n generada sobre los montes con la innovaci&oacute;n brillante de alumbrar con aguarr&aacute;s. Las denuncias sobre el impacto causado por la resinaci&oacute;n, acusan las dimensiones de explotaci&oacute;n a la que fueron sometidos los recursos forestales de La Malintzi.     <br>     <br> Tan pronto comenz&oacute; el uso del aguarr&aacute;s para la iluminaci&oacute;n de Puebla, se acus&oacute; el impacto lesivo que la extracci&oacute;n de la trementina hab&iacute;a acarreado sobre los bosques. En el cabildo del 28 de diciembre de 1855, uno de los asuntos "principales" que trat&oacute; el concejo de Tlaxcala, fueron los perjuicios que ya se notaban en el monte con "el picar los ocotes para extraer la trementina de donde los vecinos de Tetlanohcan hacen la aguarr&aacute;s que conducen a Puebla para el alumbrado de gas de aquella ciudad"<a href="#92" name="p92"><sup>92</sup></a>. Era tan notoria la intensidad, as&iacute; como las dimensiones que hab&iacute;a alcanzado la resinaci&oacute;n, que por circular del 26 de septiembre de 1860 el gobierno del Estado de Tlaxcala le ped&iacute;a a la Prefectura pol&iacute;tica que prohibiera "el destrozo que se est&aacute; haciendo en todos los montes que pertenecen al Estado y con particularidad en el monte de La Malinchi, por la excesiva extracci&oacute;n de la aguarr&aacute;s"<a href="#93" name="p93"><sup>93</sup></a>. La Prefectura orden&oacute; a las autoridades de los pueblos que prohibieran "la extracci&oacute;n de ese l&iacute;quido", concediendo que s&oacute;lo a aquellos individuos "que por su ancianidad u otra causa ya no puedan trabajar y cuando m&aacute;s a dos o tres de los m&aacute;s menesterosos" se les permitiera la siguieran sacando, cuidando "con mucha escrupulosidad que los palos que se cojan para este fin sean de los m&aacute;s in&uacute;tiles"<a href="#94" name="p94"><sup>94</sup></a>.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Pero la recomendaci&oacute;n qued&oacute; en letra muerta. A mediados de mayo de 1861, con motivo de un conflicto por linderos de montes entre Huamantla y Tetlanohcan, la Comisi&oacute;n de Terrenos del ayuntamiento de Tlaxcala hizo una vista de ojos al paraje en disputa. El d&iacute;a &uacute;ltimo de ese mes los comisionados informaron por escrito lo deteriorado que se encontraba el monte por el "n&uacute;mero considerable" de &aacute;rboles que vieron derrumbados. Denunciaban que los vecinos de aquellos lugares s&oacute;lo trataban de "exterminar aquellos preciosos frutos", pues despu&eacute;s que a los &aacute;rboles se les extra&iacute;a ese l&iacute;quido "indispensablemente se secan"<a href="#95" name="p95"><sup>95</sup></a>.     <br>     <br> La misma situaci&oacute;n acusaba el resinero Albino Flores en su confrontaci&oacute;n contra Felipe de la Cruz Cuapio, al culparle en junio de 1864 de que m&aacute;s de mil &aacute;rboles est&aacute;n agujerados en un lugar donde no le era permitido a Felipe [sacar la trementina], am&eacute;n de los que tambi&eacute;n lo est&aacute;n en otro lugar m&aacute;s all&aacute; de una barranca en que se le concedi&oacute; permiso para que usase de algunos y subviniera a sus necesidades particulares, en compensaci&oacute;n del cuidado que tuviera para que otros no usasen de ninguno de dichos &aacute;rboles<a href="#96" name="p96"><sup>96</sup></a>.     <br>     <br> La severidad con la que se deterioraban los montes hizo que las autoridades locales emitieran disposiciones que, al parecer, insist&iacute;an en que se prohibiera la explotaci&oacute;n de la trementina. En julio de 1864 el prefecto pol&iacute;tico Jos&eacute; Ignacio de Ormaechea conmin&oacute; al ayuntamiento de Tlaxcala y al prefecto de Huamantla para que dictaran &oacute;rdenes que prohibieran la destrucci&oacute;n del monte de La Malintzi<a href="#97" name="p97"><sup>97</sup></a>. La misma recomendaci&oacute;n hac&iacute;a un a&ntilde;o despu&eacute;s don Jos&eacute; Bibiano Bertr&aacute;n como prefecto superior del Departamento de Tlaxcala, cuando preven&iacute;a que las autoridades municipales deb&iacute;an evitar la tala de los montes y de las arboledas aunque fueran de dominio particular, as&iacute; como impedir el abuso que se comet&iacute;a al cortarse y desmontarse los &aacute;rboles y bosques "al capricho de los vecinos o transe&uacute;ntes de los pueblos, rancher&iacute;as y congregaciones"<a href="#98" name="p98"><sup>98</sup></a>.     <br>     <br> Por el lado de Huamantla tambi&eacute;n se denunciaba hacia 1870 la destrucci&oacute;n severa que se hab&iacute;a acarreado sobre los montes de La Malintzi, fundamentalmente porque "resineros, carboneros, le&ntilde;eros y vigueros son los que la esquilman"<a href="#99" name="p99"><sup>99</sup></a>.     <br>     <br> <b>A manera de conclusi&oacute;n </b>    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> El alumbrado p&uacute;blico fue la expresi&oacute;n de la pol&iacute;tica de centralizaci&oacute;n del poder y de control social que se quiso imponer a finales del siglo XVIII con las Reformas Borb&oacute;nicas. Su continuidad durante el siglo XIX fue una manera de garantizar el nuevo orden, con sus jerarqu&iacute;as y sus derechos. Sin embargo, su expansi&oacute;n y lo alto de su costo hac&iacute;an insostenible su financiamiento. Una forma de abaratarlo fue la introducci&oacute;n de cambios t&eacute;cnicos que impactaron el medio ambiente. En efecto, las innovaciones t&eacute;cnicas introducidas en el alumbrado paliaron su costo, pero fue a expensas de la descomposici&oacute;n de los recursos forestales con la resinaci&oacute;n de pinos y ocotes.     <br>     <br> As&iacute;, frente a esa concepci&oacute;n optimista de la historia, es necesario y deseable plantearse una m&aacute;s imbricada de sus procesos: s&iacute; la de sus logros y realizaciones, pero tambi&eacute;n la de sus costes o contradicciones. El desaf&iacute;o que el deterioro del medio ambiente le ha planteado al historiador, con el cuestionamiento severo a las explicaciones e interpretaciones de los procesos hist&oacute;ricos de que se ha ocupado, sugieren la pertinencia de volver a pensar los problemas tradicionales. La petici&oacute;n nos parece saludable en tanto potencia nuestra capacidad de an&aacute;lisis y hace a&uacute;n m&aacute;s urgente la necesidad de interrogar el pasado para orientar el sentido de la historia. </p> <hr size="1">     <p><a name="1" href="#p1"><sup>1</sup></a>Para una visi&oacute;n de los preceptos ilustrados que plantearon la reestructuraci&oacute;n del funcionamiento urbano, v&eacute;ase HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina, "Ideolog&iacute;a, proyectos y urbanizaci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico, 1760-1850", en HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina (comp.), La ciudad de M&eacute;xico en la primera mitad del siglo xIx, tomo I. Econom&iacute;a y estructura urbana, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1998, pp. 116-160; VIQUEIRA ALB&Aacute;N, Juan Pedro, &iquest;Relajados o reprimidos? Diversiones p&uacute;blicas y vida social en la ciudad de M&eacute;xico durante el Siglo de las Luces, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001; S&Aacute;NCHEZ DE TAGLE, Esteban, "La relectura de la traza urbana americana en el siglo de las luces", en Entorno Urbano. Revista de Historia, M&eacute;xico, Vol. 3, N&uacute;ms. 5-6, enero-dic. 1997, pp. 65-74; CRUZ BARRERA, Nydia E., "Pensamiento ilustrado y expresiones de modernidad en Puebla de los &Aacute;ngeles. 1789" en CONTRERAS CRUZ, Carlos y PARDO HERN&Aacute;NDEZ, Claudia Patricia, (coords.), De Veracrui a Puebla. Un itinerario hist&oacute;rico entre la coloniaj elporfiriato, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1999, pp. 118-128; LEMOINE VILLACA&Ntilde;A, Ernesto, "El alumbrado p&uacute;blico en la ciudad de M&eacute;xico durante la segunda mitad del siglo XVIII. Documentos compilados y precedidos de una Introducci&oacute;n por...”, en Bolet&iacute;n del Archivo General de la Naci&oacute;n, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, Tomo IV, N&uacute;m. 4,1963, pp. 783-818; JU&Aacute;REZ FLORES, Jos&eacute; Juan, "Malintzin Matlalcu&eacute;yetl. Bosques, alumbrado p&uacute;blico y conflicto social en la desarticulaci&oacute;n de un entorno ecol&oacute;gico (Puebla-Tlaxcala, 1760 1870)", tesis de maestr&iacute;a, UAM-1,2005.     <br>       <br>   <a name="2" href="#p2"><sup>2</sup></a>Archivo del Ayuntamiento de Puebla (en adelante AAP), Expediente Alumbrado, 1.100 (1791 -1865), ff. 2-3.     <br>       <br>   <a name="3" href="#p3"><sup>3</sup></a>Esta apat&iacute;a tambi&eacute;n se present&oacute; en la ciudad de M&eacute;xico, v&eacute;ase VILLARROEL, Hip&oacute;lito, Enfermedades pol&iacute;ticas que padece la capital de esta Nueva Espa&ntilde;a, estudio introductorio de Beatriz Ruiz Gayt&aacute;n, M&eacute;xico, CONACULTA, 1994, pp. 176-177; GARC&Iacute;A CUBAS, Antonio, El libro de mis recuerdos, Narraciones hist&oacute;ricas, anecd&oacute;ticas y de costumbres mexicanas anteriores al actual estado social, M&eacute;xico, Editorial Patria, 1960, p. 196.     <br>       <br>   <a name="4" href="#p4"><sup>4</sup></a>AAP, Libros de Leyes y Decretos, t. 3 (1822-1825), ff. 101,109.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="5" href="#p5"><sup>5</sup></a>Ibid.     <br>       <br>   <a name="6" href="#p6"><sup>6</sup></a>AAP, Libros de Leyes y Decretos, t 3 (1822-1825), ff. 108-109.     <br>       <br>   <a name="7" href="#p7"><sup>7</sup></a>Esto lo conjeturamos a partir del inventario del menaje del alumbrado p&uacute;blico de fecha 1 de julio de 1854, AAP, Expediente Alumbrado, 1.100 (1791-1865), f 238.     <br>       <br>   <a name="8" href="#p8"><sup>8</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100 (1791-1865), f. 16.     <br>       <br>   <a name="9" href="#p9"><sup>9</sup></a>Ibid.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="10" href="#p10"><sup>10</sup></a>Ibid., ff. 17v., 19v.,20,24,25.     <br>       <br>   <a name="11" href="#p11"><sup>11</sup></a>Ibid., &iacute; 20.     <br>       <br>   <a name="12" href="#p12"><sup>12</sup></a>Ibid, ff. 17v.,32v.-33.     <br>       <br>   <a name="13" href="#p13"><sup>13</sup></a>T&Eacute;LLEZ GUERRERO, Francisco, De reaksj granos. Las finanzasy el abasto de &iexcl;a Puebla de los &Aacute;ngeles 1820-1840, Puebla, M&eacute;xico, UAP, 1986, p. 32.     <br>       <br>   <a name="14" href="#p14"><sup>14</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100, ff 19-19v., 26-26v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="15" href="#p15"><sup>15</sup></a>Ibid, &iacute; 59.     <br>       <br>   <a name="16" href="#p16"><sup>16</sup></a>Ibid.,&iacute; 65.     <br>       <br>   <a name="17" href="#p17"><sup>17</sup></a>GARAVAGLIA, Juan Carlos y GROSSO, Juan Carlos, Puebla desde una perspectiva microhist&oacute;rica. Tepeaca y su entorno agrario: poblaci&oacute;n, producci&oacute;n e intercambio, M&eacute;xico, Claves Latinoamericanas, 1994, p. 121.     <br>       <br>   <a name="18" href="#p18"><sup>18</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1. 100, ff. 65, 68.     <br>       <br>   <a name="19" href="#p19"><sup>19</sup></a>La lamparilla era el residuo mantecoso que quedaba al hacer las velas de sebo de res, v&eacute;ase LEICHT, Hugo, Las calles de Puebla, Puebla, Junta de Mejoramiento Moral, C&iacute;vico y Material del Municipio de Puebla, 1986, p. 47.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="20" href="#p20"><sup>20</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100, ff. 71-78v     <br>       <br>   <a name="21" href="#p21"><sup>21</sup></a>Ibid, f 78v     <br>       <br>   <a name="22" href="#p22"><sup>22</sup></a>En marzo de 1848, en plena invasi&oacute;n estadounidense a la ciudad de Puebla, se denunciaba que "desgraciadamente el precio de las grasas y aceites han sido superiores a los de los a&ntilde;os pasados", Ibid., f 135.     <br>       <br>   <a name="23" href="#p23"><sup>23</sup></a>Ibid ., f. 12.     <br>       <br>   <a name="24" href="#p24"><sup>24</sup></a>Ibid, f 127v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="25" href="#p25"><sup>25</sup></a>Ibid, ff. 126v.-128.     <br>       <br>   <a name="26" href="#p26"><sup>26</sup></a>Ibid, ff. 32v.-36v.     <br>       <br>   <a name="27" href="#p27"><sup>27</sup></a>Ibid, ff 138, 150.     <br>       <br>   <<a name="28" href="#p28"><sup>28</sup></a>Ibid,&Iacute;W.     <br>       <br>   <a name="29" href="#p29"><sup>29</sup></a>29 </a>Ibid, ff. 169-169v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="30" href="#p30"><sup>30</sup></a>Ibid, ff. 169v.-170.     <br>       <br>   <a name="31" href="#p31"><sup>31</sup></a>Ibid ., ff. 169-171.     <br>       <br>   <a name="32" href="#p32"><sup>32</sup></a>Aunque en este apartado empleamos el vocablo trementina para se&ntilde;alar el uso que de ella se hace en el alumbrado p&uacute;blico, en realidad nos estamos refiriendo al aguarr&aacute;s, que es el producto l&iacute;quido obtenido de la destilaci&oacute;n de la resina o trementina secretada de los pinos y ocotes. En el siguiente apartado explicamos la t&eacute;cnica de la destilaci&oacute;n.     <br>       <br>   <a name="33" href="#p33"><sup>33</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, t. 100, v&eacute;anse las condiciones del contrato en ff. 172 176v, tambi&eacute;n en ff 293-294v.     <br>       <br>   <a name="34" href="#p34"><sup>34</sup></a>Ibii, v&eacute;anse las condiciones en ff. 199-206.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="35" href="#p35"><sup>35</sup></a>Esto fue "demasiado favorable" para el ayuntamiento, Ibii, f 205v.     <br>       <br>   <a name="36" href="#p36"><sup>36</sup></a>Ibii, f 244v     <br>       <br>   <a name="37" href="#p37"><sup>37</sup></a>Ibii, f. 252.     <br>       <br>   <a name="38" href="#p38"><sup>38</sup></a>Etapa de la historia de M&eacute;xico marcada por la culminaci&oacute;n de la guerra entre conservadores y liberales, originada por reformas pol&iacute;ticas y religiosas que, en gran parte, fueron hostiles a la Iglesia y quedaron incorporadas en la Constituci&oacute;n liberal de 1857.     <br>       <br>   <a name="39" href="#p39"><sup>39</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100, f 356v     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="40" href="#p40"><sup>40</sup></a>Ibii, v&eacute;anse las condiciones en ff. 221-225,233-235.     <br>       <br>   <a name="41" href="#p41"><sup>41</sup></a>lbii, v&eacute;anse las condiciones de los contratos.     <br>       <br>   <a name="42" href="#p42"><sup>42</sup></a>lbii, f 224.     <br>       <br>   <a name="43" href="#p43"><sup>43</sup></a>Adem&aacute;s del alumbrado de Puebla, Sabino Ambr&iacute;z ten&iacute;a contratado en 1861 el de la ciudad de Orizaba por el que cobraba doce reales mensuales la luz de cada farol; al parecer, no eran m&aacute;s de 200 los faroles que asist&iacute;a. Tambi&eacute;n Miguel L&oacute;pez tuvo contratado el servicio de esta ciudad en 1857. V&eacute;ase RIBERA CARB&Oacute;, Eulalia, "Modernidad y servicios p&uacute;blicos en la conformaci&oacute;n del espacio urbano del siglo xIx”, en Semenda, Revista de Historia y Ciencias Sociales, M&eacute;xico, N&deg; 50, Instituto Mora, mayo-agosto de 2001, p. 185.     <br>       <br>   <a name="44" href="#p44"><sup>44</sup></a>"[...] en proporci&oacute;n [de la trementina] que se vaya reuniendo se ira proponiendo el n&uacute;mero de luces que puede aumentarse sucesivamente, lo mismo que al menos precio en que pueda darse el l&iacute;quido para las nuevas luces que despu&eacute;s se pongan". AAP, Expeiiente Akmbraio, 1.100, ff 169v-170.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="45" href="#p45"><sup>45</sup></a>Archivo Hist&oacute;rico del Estado de Tlaxcala, Fondo Archivo del Ayuntamiento, (en adelante AHET, FAA) C94/1855. 46 AHET,FAA, C49/1832, Expediente 3.     <br>       <br>   <a name="47" href="#p47"><sup>47</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, 6 de diciembre de 1842, C73/1842.     <br>       <br>   <a name="48" href="#p48"><sup>48</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, Sesiones de febrero de 1843, C74/1843.     <br>       <br>   <a name="49" href="#p49"><sup>49</sup></a>AHET, FAA, C72/1841, Expediente 10, C79/1845, Exp. 6.     <br>       <br>   <a name="50" href="#p50"><sup>50</sup></a>AHET, FAA, C79/1845, Expediente 6, Cabildos, L. 4,5 de enero de 1864, f. 13v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="51" href="#p51"><sup>51</sup></a>Expresi&oacute;n citada en RIVERA, Jos&eacute; Mar&iacute;a, "El sereno", en Los mexicanos pintados por s&iacute; mismos (secci&oacute;n), M&eacute;xico, CONACULTA, 1997, p. 71.     <br>       <br>   <a name="52" href="#p52"><sup>52</sup></a>AHET, FAA, C79/1845, Expediente 6, Cabildos, L. 4,5 de enero de 1864, f. 13v.     <br>       <br>   <a name="53" href="#p53"><sup>53</sup></a>T&Eacute;LLEZ GUERRERO, Francisco y &Aacute;LVAREZ G&Oacute;MEZ, Cristina, "Las finanzas municipales y la guerra. El impacto de la intervenci&oacute;n estadunidense en la ciudad de Puebla", en HERRERA SERNA, Laura, M&eacute;xico en guerra (1846-1848) Perspectivas regionales, M&eacute;xico, CONACULTA, 1997, p. 542.     <br>       <br>   <a name="54" href="#p54"><sup>54</sup></a>AHET, FAA, Estados Cortes de Caja, Cuentas Provisionales de Cargo y Data y Comprobantes de Entradas y Erogaciones, C72/1841, C86/1849.     <br>       <br>   <a name="55" href="#p55"><sup>55</sup></a>AHET, FAA, C73/1842, Expediente 1.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="56" href="#p56"><sup>56</sup></a>Ibid.     <br>       <br>   <a name="57" href="#p57"><sup>57</sup></a>AHET, FAA, C79/1845, Expediente 6     <br>       <br>   <a name="58" href="#p58"><sup>58</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 4, Sesi&oacute;n del 5 de enero de 1864, f. 13v. Para octubre de 1867 se le adeudaban 56 pesos "desde el tiempo que fue a su cargo el alumbrado p&uacute;blico".     <br>       <br>   <a name="59" href="#p59"><sup>59</sup></a>AHET, FAA, C73/1842, Expediente 1, C79/1845, Expediente 6.     <br>       <br>   <a name="60" href="#p60"><sup>60</sup></a>AHET, FAA, C79/1845, Expediente 6, Cabildos, L. 4,5 de enero de 1864, f. 13v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="61" href="#p61"><sup>61</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 2, ff. 14-14v., 17v.     <br>       <br>   <a name="62" href="#p62"><sup>62</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 2, 5 de abr&ntilde; de 1861, ff. 28v.-29fte., L. 4, Sesiones del 2,11 y 18 de septiembre de 1863, ff. 7v.,8v., llv.     <br>       <br>   <a name="63" href="#p63"><sup>63</sup></a>AHET, FAA, C105/1862, Expediente marzo, Comprobantes de gastos de polic&iacute;a.     <br>       <br>   <a name="64" href="#p64"><sup>64</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 2,5 de abril de 1861, ff 28v.-29f.     <br>       <br>   <a name="65" href="#p65"><sup>65</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 4, Sesiones del 2,11 y 18 de septiembre de 1863, ff 7v., 8v., 11 v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="66" href="#p66"><sup>66</sup></a>AHET, FAA, C107/1864, Expediente marzo; C109/1865, Expediente mayo, Clll/1866, Expediente junio, C115/1868, Expediente marzo.     <br>       <br>   <a name="67" href="#p67"><sup>67</sup></a>AHET, FAA, C114/1867, Expediente agosto.     <br>       <br>   <a name="68" href="#p68"><sup>68</sup></a>AHET, FAA, C115/1868, Expediente marzo.     <br>       <br>   <a name="69" href="#p69"><sup>69</sup></a>AHET, FAA, C114/1867, Expediente agosto.     <br>       <br>   <a name="70" href="#p70"><sup>70</sup></a>AHET, FAA, C115/1868, Expediente marzo.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="71" href="#p71"><sup>71</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L. 2,5 de abril de 1861, ff. 28v.-29fte.     <br>       <br>   <a name="72" href="#p72"><sup>72</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado 1.100, ff. 416v.-420.     <br>       <br>   <a name="73" href="#p73"><sup>73</sup></a>Ibid, ff. 435v.     <br>       <br>   <a name="74" href="#p74"><sup>74</sup></a>AHET, FAA, C107/1864, Expediente marzo; C109/1865, Expediente mayo, Clll/1866, Expediente junio.     <br>       <br>   <a name="75" href="#p75"><sup>75</sup></a>AHET, FAA, C114/1867, Expediente agosto.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <<a name="76" href="#p76"><sup>76</sup></a>AHET, FAA, C115/1868, Expediente marzo.     <br>       <br>   <a name="77" href="#p77"><sup>77</sup></a>AHET, FAA, C94/1855, Expediente diciembre.     <br>       <br>   <a name="78" href="#p78"><sup>78</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100, f 225 v.     <br>       <br>   <a name="79" href="#p79"><sup>79</sup></a>"...ir&eacute; aumentando los trabajos en los montes para la extracci&oacute;n de trementina". AAP, Expediente Alumbrado, ti 00, ff 169v.-170.     <br>       <br>   <a name="80" href="#p80"><sup>80</sup></a>Malintzin-Malinche fue el nombre de una mujer ind&iacute;gena entregada a Hern&aacute;n Cort&eacute;s, conquistador de M&eacute;xico, en 1519; su presencia al lado de &eacute;ste ayud&oacute; al desarrollo de la conquista. Como otros tantos imaginarios populares y leyendas que en torno a este personaje han sido creadas, su nombre subsiste en montes y r&iacute;os como los del espacio poblano-tlaxcalteca.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="81" href="#p81"><sup>81</sup></a>Matlalcu&eacute;yetl, "la de las faldas azules" en lengua n&aacute;huatl o mexicana, era el nombre que los indios de Tlaxcala le daban a la diosa de las aguas dulces que veneraban en la cima del volc&aacute;n.     <br>       <br>   <a name="82" href="#p82"><sup>82</sup></a>VELASCO, Alfonso Luis, Geograf&iacute;a y estad&iacute;stica del estado Tlaxcala, Versi&oacute;n facsimikr del original publicado en 1892, M&eacute;xico, Gobierno del Estado Tlaxcala, 1998, p. 28.     <br>       <br>   <a name="83" href="#p83"><sup>83</sup></a>El Diccionario de Autoridades (1726) de la Real Academia Espa&ntilde;ola, Madrid, Editorial Gredos, 1990, define "Aguarr&aacute;s: el esp&iacute;ritu de trementina, que sirve para hacer barnices y otras operaciones."     <br>       <br>   <a name="84" href="#p84"><sup>84</sup></a>Para estos se&ntilde;alamientos nos hemos basado en la informaci&oacute;n proporcionada, en un primer acercamiento y con las consecuentes reservas de nuestro informante, por el se&ntilde;or Esteban Rodr&iacute;guez Rodr&iacute;guez (n. 1932), de la poblaci&oacute;n de San Francisco Tetlanohcan, que "aprendi&oacute; de sus abuelos y ejerci&oacute; el oficio de resinero", en entrevista realizada el domingo 4 de abril de 2004. Para profundizar sobre las t&eacute;cnicas de extracci&oacute;n, el tratamiento y las transformaciones en los usos de la resina, trementina o miera como se la conoce en Espa&ntilde;a, v&eacute;ase el estimulante ensayo de URIARTE AYO, Rafael, "La industrializaci&oacute;n del bosque en la Espa&ntilde;a interior: producci&oacute;n y cambio t&eacute;cnico en la industria resinera (1860-1914)" en Revista de Historia Econ&oacute;mica, A&ntilde;o XIII, n&uacute;m. 3, 1995, pp. 509-551.     <br>       <br>   <a name="85" href="#p85"><sup>85</sup></a>Diccionario Porr&uacute;a de Historia, Biograf&iacute;a y Geograf&iacute;a de M&eacute;xico, 5a. Ed., M&eacute;xico, 1986, p. 2444.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="86" href="#p86"><sup>86</sup></a>URIARTE AYO, Rafael, op. cit., p. 514.     <br>       <br>   <a name="87" href="#p87"><sup>87</sup></a>"En realidad, los diferentes sistemas de resinaci&oacute;n a vida conocidos segu&iacute;an da&ntilde;ando, en mayor o menor medida, el desarrollo vegetativo del &aacute;rbol: &laquo;sabido es que la extracci&oacute;n de resinas, aunque por ello no desmerece la calidad de la madera, siempre queda inutilizada o de escaso valor la troza m&aacute;s inferior o sea la que al resinar ha sido herida; recomend&aacute;ndose siempre por esta causa para ser resinados, aquellos montes en que abunden los pinos mal conformados, torcidos, defectuosos o de escasas dimensiones de altura&raquo;" {Ibid.).     <br>       <br>   <a name="88" href="#p88"><sup>88</sup></a>Junto con "el m&eacute;todo imperfecto que siguen los indios para labrar la madera [...], el desperdicio al hacer el carb&oacute;n y los incendios frecuentes”, calculaba en un mill&oacute;n anual el n&uacute;mero de &aacute;rboles que se destru&iacute;an tan s&oacute;lo para abastecer a la ciudad de M&eacute;xico (PAYNO, Manuel, "Bosques y arbolados" en Obras completas, Vol V, Panorama de M&eacute;xico, M&eacute;xico, CONACULTA, 1999, p. 251. Subrayado en el original).     <br>       <br>   <a name="89" href="#p89"><sup>89</sup></a>INEA, Ecolog&iacute;a del Estado de Tlaxcala. Regi&oacute;n Malinche, M&eacute;xico, SEP-INEA, 1995, p. 38.     <br>       <br>   <a name="90" href="#p90"><sup>90</sup></a>Ibid.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="91" href="#p91"><sup>91</sup></a>AAP, Expediente Alumbrado, 1.100, f. 233v.     <br>       <br>   <a name="92" href="#p92"><sup>92</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, C94/1855, f. 24.     <br>       <br>   <a name="93" href="#p93"><sup>93</sup></a>AHET, FAA, C104/1861, Expediente marzo, f. s. La circular &iacute;ntegra en Legislaci&oacute;n del Estado Libre y Soberano de Tlaxcala de 1857 a 1866, cit. en Tlaxcala: textos de su historia, vol. 11, Siglo xIx, M&eacute;xico, Gobierno del Estado de Tlaxcala, 1990, pp. 391 393.     <br>       <br>   <a name="94" href="#p94"><sup>94</sup></a>AHET, FAA, C104/1861, Expediente marzo, f. s.     <br>       <br>   <a name="95" href="#p95"><sup>95</sup></a>AHET, FAA, Cabildos, L.2, Sesiones del 17 y 31 de mayo de 1861, ff. 35,37-37v.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   <a name="96" href="#p96"><sup>96</sup></a>AHET, FAA, C107/1864, Expediente julio.     <br>       <br>   <a name="97" href="#p97"><sup>97</sup></a>AHET, FAA, "Comunicaciones...", C107/1864, Expediente julio, f. 2.     <br>       <br>   <a name="98" href="#p98"><sup>98</sup></a>AHET, FAA, "Comunicaciones...", C109/1865, Expediente mayo, f. 15.     <br>       <br>   <a name="99" href="#p99"><sup>99</sup></a>Archivo Municipal de Huamanda, Secci&oacute;n Presidencia-Sene Terrenos, C/70, f. s. </p>   <hr size="1">     <p><b>Bibliograf&iacute;a </b>    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <b>Fuentes primarias </b>    <br>       <br>   <b>Archivos: </b>    <br>       <!-- ref --><br>   AAP, Archivo del Ayuntamiento de Puebla&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000337&pid=S0121-1617200500020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  Serie Libros de expedientes, Alumbrado, t. 100 (1791-1865); &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000338&pid=S0121-1617200500020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  Libros de Leyes y Decretos, t. 3 (1822-1825). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000339&pid=S0121-1617200500020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  AHET, FAA, Archivo Hist&oacute;rico del Estado de Tlaxcala, Fondo Archivo del Ayuntamiento&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000340&pid=S0121-1617200500020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  AMH, SP-ST, Archivo Municipal de Huamanda, Secci&oacute;n Presidencia-Serie Terrenos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000341&pid=S0121-1617200500020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>  <b>Libros: </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>LEMOINE VILLACA&Ntilde;A, Ernesto, "El alumbrado p&uacute;blico en la ciudad de M&eacute;xico durante la segunda mitad del siglo XVIII. Documentos compilados y precedidos de una Introducci&oacute;n por...”, en Bolet&iacute;n del Archivo General de la Naci&oacute;n, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, Tomo IV, N&uacute;m. 4, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000343&pid=S0121-1617200500020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PAYNO, Manuel, "Bosques y arbolados", en Obras completas, Vol V, Panorama de M&eacute;xico, M&eacute;xico, CONACULTA, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000344&pid=S0121-1617200500020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VELASCO, Alfonso Luis, Geograf&iacute;a y estad&iacute;stica del estado Tlaxcala, Versi&oacute;n facsimilar del original publicado en 1892, M&eacute;xico, Gobierno del Estado Tlaxcala, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000345&pid=S0121-1617200500020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VILLARROEL, Hip&oacute;lito, Enfermedades pol&iacute;ticas que padece la capital de esta Nueva Espa&ntilde;a, estudio introductorio de Beatr&Iacute;2 Ru&Iacute;2 Gayt&aacute;n, M&eacute;xico, CONACULTA, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000346&pid=S0121-1617200500020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>         <br>     <b>Fuentes secundarias </b></p>     <!-- ref --><p>CUENYA, Miguel &Aacute;ngel, "Puebla en su demograf&iacute;a, 1650-1850. Una aproximaci&oacute;n al tema", en CUENYA, Miguel &Aacute;ngel, et. al, Puebla de la Colonia a la Revoluci&oacute;n. Estudios de historia regional, M&eacute;xico, UAP, 1987, pp. 9-72; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000349&pid=S0121-1617200500020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CONTRERAS CRUZ, Carlos, Ea ciudad de Puebla. Estancamientoj modernidad de un perfil urbano en el siglo XIX, M&eacute;xico, UAP, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000350&pid=S0121-1617200500020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CRUZ BARRERA, Nydia E., "Pensamiento ilustrado y expresiones de modernidad en Puebla de los &Aacute;ngeles. 1789", en CONTRERAS CRUZ, Carlos y PARDO HERN&Aacute;NDEZ, Claudia Patricia (coords.), De Veracruz a Puebla. Un itinerario hist&oacute;rico entre la colonia y el porfinato, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000351&pid=S0121-1617200500020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A CUBAS, Antonio, El libro de mis recuerdos, Narraciones hist&oacute;ricas, anecd&oacute;ticas y de costumbres mexicanas anteriores al actual estado social, M&eacute;xico, Editorial Patria, 1960. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000352&pid=S0121-1617200500020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina, "Ideolog&iacute;a, proyectos y urban&Iacute;2aci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico, 1760-1850", en HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina (comp.), La ciudad de M&eacute;xico en la primera mitad del siglo XIX, tomo I. Econom&iacute;a y estructura urbana, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000353&pid=S0121-1617200500020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>INEA, Ecolog&iacute;a del Estado de Tlaxcala. Regi&oacute;n Malinche, M&eacute;xico, sep-inea, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000354&pid=S0121-1617200500020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JU&Aacute;REZ FLORES, Jos&eacute; Juan, "La Hacienda municipal y el Segundo Imperio en la regi&oacute;n Puebla-Tlaxcala. Los intereses econ&oacute;micos y las actitudes pol&iacute;ticas de la oligarqu&iacute;a de la ciudad de Tlaxcala, 1853-1870”, tesis de licenciatura en Historia, BUAP, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000355&pid=S0121-1617200500020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JU&Aacute;REZ FLORES, Jos&eacute; Juan, "Malint2in Matlalcu&eacute;yefl. Bosques, alumbrado p&uacute;blico y conflicto social en la desarticulaci&oacute;n de un entorno ecol&oacute;gico (Puebla-Tlaxcala, 1760-1870)", tesis de maestr&iacute;a, UAM-I, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000356&pid=S0121-1617200500020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LEICHT, Hugo, Las calles de Puebla, Puebla, Junta de Mejoramiento Moral, C&iacute;vico y Material del Municipio de Puebla, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000357&pid=S0121-1617200500020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RIBERA CARB&Oacute;, Eulalia, "Modernidad y servicios p&uacute;blicos en la conformaci&oacute;n del espacio urbano del siglo XIX”, en Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, M&eacute;xico, n&uacute;m. 50, mayo-agosto de 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000358&pid=S0121-1617200500020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RIVERA, Jos&eacute; Mar&iacute;a, "El sereno", en Los mexicanos pintados por s&iacute; mismos (selecci&oacute;n), M&eacute;xico, CONACULTA, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000359&pid=S0121-1617200500020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ DE TAGLE, Esteban, "La relectura de la tra2a urbana americana en el siglo de las luces”, en Entorno Urbano. Revista de Historia, M&eacute;xico, Vol. 3, N&uacute;m. 5-6, enero dic. 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000360&pid=S0121-1617200500020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>T&Eacute;LLEZ GUERRERO, Francisco y G&Oacute;MEZ &Aacute;LVAREZ, Cristina, "Las finabas municipales y la guerra. El impacto de la intervenci&oacute;n estadunidense en la ciudad de Puebla", en HERRERA SERNA, Laura, M&eacute;xico en guerra (1846-1848) Perspectivas regionales, M&eacute;xico, CONACULTA, 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000361&pid=S0121-1617200500020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>T&Eacute;LLEZ GUERRERO, Francisco, De realesy granos. Las finanzas y el abasto de la Puebla de los &Aacute;ngeles 1820-1840, Puebla, M&eacute;xico, UAP, 1986. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000362&pid=S0121-1617200500020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>THOMSON, Guy P. C, Puebla de los Angeles. Industria y sociedad de una ciudad mexicana, 1700-1850, M&eacute;xico, BUAP, 2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000363&pid=S0121-1617200500020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>TORTOLERO VLLLASE&Ntilde;OR, Alejandro, "Presentaci&oacute;n: Historia, espacio y medio ambiente en el M&eacute;xico central", en TORTOLERO VILLASE&Ntilde;OR, Alejandro (coord.), Tierra, agua y bosques: Historia y medio ambiente en el M&eacute;xico central, M&eacute;xico, CEMCA Instituto Mora-Potrerillos Editores-Universidad de Guadalajara, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000364&pid=S0121-1617200500020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>URIARTE AYO, Rafael, "La industrializaci&oacute;n del bosque en la Espa&ntilde;a interior: producci&oacute;n y cambio t&eacute;cnico en la industria resinera (1860-1914)", en Revista de Historia Econ&oacute;mica, A&ntilde;o XIII, n&uacute;m. 3, 1995, pp. 509-551. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000365&pid=S0121-1617200500020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>VIQUEIRA ALB&Aacute;NJuan Pedro, &iquest;Relajados o reprimidos? Diversiones p&uacute;blicas y vida social en la ciudad HISTORIA CR&Iacute;TICA NO. 30, BOGOT&Aacute;, JULIO-DICIEMBRE 2005, pp. 13-38 de M&eacute;xico durante el Siglo de las Luces, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001. </p> </font>      ]]></body><back>
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