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<journal-title><![CDATA[Historia Crítica]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La crítica de arte en Colombia: los primeros años]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Escuela de Ciencias Humanas ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article explores some of the first examples of art criticism in Colombia. It traces the most relevant linguistic characteristics of art criticism, and shows that, in the second half of the 19th century, Colombias first critics established a standard procedure by which to critique art. By reconstructing the polemics of 1886 and 1899, the article suggests that art critics shared a set of expectations about art that were silenced when Andrés de Santa María organized, for the first time in the country, an exhibition of modern work. The articles thesis is that critics were forced to broaden their understanding of art in order to read this new type of work. Even if this process was gradual, it points to the need to reevaluate how criticism was practiced at the time, since it has been judged as superficial and anecdotal, and therefore, of little interest. This article takes the opposing position, arguing for the need to reexamine the roots of the tradition of art criticism in Colombia in order to avoid hasty readings and erroneous perceptions of our history.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Crítica de arte]]></kwd>
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<kwd lng="es"><![CDATA[estética de la recepción]]></kwd>
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<kwd lng="en"><![CDATA[aesthetic reception]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b>    <center>La cr&iacute;tica de arte en Colombia: los primeros a&ntilde;os</center></b></p>     <p><b>    <center>Art criticism in Colombia: the early years</center></b></p>     <p>V&iacute;ctor Alberto Quinche Ram&iacute;rez<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Profesor Asistente, Escuela de Ciencias Humanas, Universidad del Rosario, Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n &quot;Estudios sobre Identidad&quot;.</p>  <hr size="1">      <p><b><i>Resumen</i></b></p>     <p>   El art&iacute;culo explora algunos de los ejemplos iniciales de la cr&iacute;tica de arte en Colombia. Rastrea los rasgos   m&aacute;s relevantes en t&eacute;rminos de lenguaje, y muestra que en el nacimiento de la cr&iacute;tica en Colombia a partir   de la segunda mitad del siglo XIX se estableci&oacute; un procedimiento corriente en los cr&iacute;ticos. A partir de   la reconstrucci&oacute;n de las pol&eacute;micas de 1886 y 1899, indica que los cr&iacute;ticos de arte trabajaban desde un   horizonte de expectativas compartido, que enmudeci&oacute; frente a las primeras obras modernas presentadas   en el pa&iacute;s por Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a y sostiene la tesis de que los cr&iacute;ticos se vieron forzados a ampliar   su horizonte de expectativas para poder leer este tipo de obras. Si bien este proceso fue gradual, indica   la necesidad de revaluar el ejercicio de la cr&iacute;tica en esa &eacute;poca, que ha sido juzgado como superficial y   anecd&oacute;tico y por lo tanto, como carente de intereses. En este art&iacute;culo se toma el partido contrario y   se defiende la necesidad de releer adecuadamente los antecesores en la tradici&oacute;n de la cr&iacute;tica, con el   fin de evitar lecturas precipitadas y errores en la percepci&oacute;n de nuestra historia. </p>     <p><b>Palabras claves:</b> <i>Cr&iacute;tica de arte, arte colombiano, est&eacute;tica de la recepci&oacute;n.</i></p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><b>Abstract</b></i></p>     <p>   This article explores some of the first examples of art criticism in Colombia. It traces the most   relevant linguistic characteristics of art criticism, and shows that, in the second half of the 19th century,   Colombias first critics established a standard procedure by which to critique art. By reconstructing the   polemics of 1886 and 1899, the article suggests that art critics shared a set of expectations about art   that were silenced when Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a organized, for the first time in the country, an exhibition   of modern work. The articles thesis is that critics were forced to broaden their understanding of   art in order to read this new type of work. Even if this process was gradual, it points to the need to   reevaluate how criticism was practiced at the time, since it has been judged as superficial and anecdotal,   and therefore, of little interest. This article takes the opposing position, arguing for the need to reexamine   the roots of the tradition of art criticism in Colombia in order to avoid hasty readings and   erroneous perceptions of our history. </p>     <p><b>Keywords:</b><i> Art criticism, Colombian art, aesthetic reception.</i></p>  <hr size="1">      <p>Una imagen ingenua pero extendida acerca de la cr&iacute;tica de arte en Colombia ubica su   origen reci&eacute;n en la segunda mitad del siglo XX. En este, como en otros casos, se trata del   desconocimiento de nuestro pasado cultural. La cr&iacute;tica de las artes pl&aacute;sticas en Colombia   nace y se prolonga en la segunda mitad del siglo XIX, principalmente en Bogot&aacute;, aunque tambi&eacute;n presenta a finales de siglo algunos desarrollos en Medell&iacute;n<sup><a href="#1">1</a></sup>.</p>     <p>   Sin embargo, en los primeros intentos de historiar la cr&iacute;tica de arte en nuestro pa&iacute;s se tild&oacute;   como &quot;anecd&oacute;ticos&quot; o &quot;curiosos&quot; a algunos de los escritos del siglo XIX, reservando, as&iacute;, una   mejor calificaci&oacute;n para posteriores desarrollos<sup><a href="#2">2</a></sup>. Quiz&aacute;s sea tiempo de revisar este criterio.   El presente escrito se ocupa de la reconstrucci&oacute;n de algunos momentos relevantes del nacimiento de la cr&iacute;tica de arte en las publicaciones bogotanas de la segunda mitad   del siglo XIX. Se trata de indicar la forma como nace la cr&iacute;tica de las artes visuales   en nuestro pa&iacute;s, rastreando algunos de los elementos que la conformaron.   Este tipo de ejercicios no es meramente arqueol&oacute;gico; tiene relevancia a la hora   de juzgar la tarea y el valor de la cr&iacute;tica de arte en el tiempo presente. En efecto,   en el estado actual de la cr&iacute;tica de arte, cuando parece ser reemplazada por otras   instituciones de mediaci&oacute;n (la curadur&iacute;a o el discurso del mismo artista sobre su   obra), se hace necesario reconstruir las condiciones de origen de una actividad largo   tiempo desatendida. La tarea y funci&oacute;n del cr&iacute;tico de arte en Colombia se forj&oacute; a la par   de las dem&aacute;s actividades culturales en nuestro pa&iacute;s: lentamente, primero por sujetos   ilustrados no especialistas y bien entrado el siglo XX, por especialistas. Un vistazo a   las condiciones iniciales nos permite por una parte aclarar las condiciones de origen   de la pr&aacute;ctica cr&iacute;tica y, por otra parte, mostrar que la cr&iacute;tica de arte en Colombia   tiene una historia en la que ha habido saltos entre tradiciones, malos entendidos e   interesantes discusiones que acompa&ntilde;aron el nacimiento y consolidaci&oacute;n del arte   nacional en sus diferentes etapas.</p>     <p>   El orden de presentaci&oacute;n es el siguiente: introducir&eacute; la noci&oacute;n de &quot;cr&iacute;tica de arte&quot; que   se emplear&aacute; a lo largo del escrito, indicando las diversas tradiciones y los escritos m&aacute;s   frecuentes en los que podemos clasificar la actividad; luego, indicar&eacute; que el estilo de   las reconstrucciones de la historia de la cr&iacute;tica en Colombia previamente realizadas   puede ser complementado con algunos aspectos de teor&iacute;as recientes, presentar&eacute; la   forma en que, en la segunda mitad del siglo XIX, el ejercicio de la cr&iacute;tica de arte   adquiri&oacute; un procedimiento est&aacute;ndar que se ajustaba al arte acad&eacute;mico que se produc&iacute;a   en Colombia. Por &uacute;ltimo, mostrar&eacute; que ese procedimiento se quebr&oacute; cuando se vio   enfrentado a las obras de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a y; as&iacute; mismo, que la cr&iacute;tica enmudeci&oacute;   frente a la novedad, mientras ampliaba su horizonte de expectativas para que las obras   pudieran ser le&iacute;das por los cr&iacute;ticos.</p>     <p>   1. Acerca de la cr&iacute;tica de arte</p>     <p>   Por una parte, se entiende por cr&iacute;tica de arte la producci&oacute;n de todo tipo de escritos   reflexivos acerca del arte, desde la historia del arte hasta la est&eacute;tica<sup><a href="#3">3</a></sup>. Su origen se ubica   acorde con el de la filosof&iacute;a en Grecia, y las dos disciplinas presentan aproximadamente   los mismos desarrollos. Es la definici&oacute;n en sentido amplio.</p>     <p>La cr&iacute;tica de arte, en una tradici&oacute;n m&aacute;s &quot;moderna&quot;; hace referencia tan s&oacute;lo a escritos   publicados en medios de comunicaci&oacute;n especializados o generales, en los que se eval&uacute;a   una obra, un conjunto de obras, un artista, un grupo de artistas, un sal&oacute;n, etc.; en   general, cualquier tipo de evento relacionado con el &quot;mundo del arte&quot;. Esta tradici&oacute;n   ubica el origen de la disciplina en la modernidad, es la definici&oacute;n en sentido restringido<sup><a href="#4">4</a></sup>.   Por razones metodol&oacute;gicas, en lo sucesivo entiendo por cr&iacute;tica de arte una actividad   que alguien, en cuanto conocedor, ejercita en medios de comunicaci&oacute;n por medio de   escritos, que tienen como funci&oacute;n central evaluar, interpretar y ubicar en tradiciones   obras de arte o artistas. Esa actividad, como tal, es &quot;abstracta&quot; o mental. Lo que   de ella recogemos son los frutos: los escritos cr&iacute;ticos. Llamo escrito cr&iacute;tico<sup><a href="#5">5</a></sup> a un   trabajo publicado en un medio especializado, escrito en un estilo reconocible como   perteneciente al autor<sup><a href="#6">6</a></sup>, que tiene por objeto analizar acontecimientos relacionados   con el mundo del arte<sup><a href="#7">7</a></sup> . En esta definici&oacute;n, &quot;analizar&quot; es una funci&oacute;n amplia que recoge los distintos objetivos de la actividad<sup><a href="#8">8</a></sup>.</p>     <p>   Los escritos cr&iacute;ticos se presentan al menos en tres niveles. El primer nivel es el del escrito   cr&iacute;tico informativo; se trata de una rese&ntilde;a o noticia acerca de un acontecimiento del arte, cuyo objetivo es poner en conocimiento del p&uacute;blico lector la realizaci&oacute;n de una   actividad. En este tipo de escritos eventualmente se realizan evaluaciones d&eacute;biles<sup><a href="#9">9</a></sup> acerca   de las obras que se rese&ntilde;an. Est&aacute; presente en diarios y revistas no especializadas. Al ser   b&aacute;sicamente informativo, el n&uacute;mero de met&aacute;foras en este tipo de textos es reducido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El segundo nivel es el del art&iacute;culo evaluativo; el contenido informativo es secundario,   se trata en este caso de escritos que &quot;ilustran&quot; o &quot;forman&quot; la experiencia est&eacute;tica. En   ellos el cr&iacute;tico busca orientar la percepci&oacute;n de las obras. Las evaluaciones que se realizan   comportan el empleo de t&eacute;rminos evaluadores fuertes. Este es ya un ejemplo de la cr&iacute;tica   de arte; el lenguaje empleado contiene generalmente una gran cantidad de met&aacute;foras.</p>     <p>   La raz&oacute;n de esto es sencilla: las obras de arte manifiestan su contenido a trav&eacute;s de la   forma, la cr&iacute;tica transpone en lenguaje las im&aacute;genes. El veh&iacute;culo de esta transposici&oacute;n   suele ser la met&aacute;fora. Tal tipo de escritos circula en revistas especializadas.</p>     <p>   El tercer nivel es el del ensayo cr&iacute;tico. Se trata de la monograf&iacute;a razonada acerca de   un autor, obra o grupo de obras. Generalmente se publica en forma de libro, de   ensayo para los cat&aacute;logos razonados, o de art&iacute;culo largo en revista especializada. El   lenguaje del cr&iacute;tico en este nivel emplea los evaluadores fuertes; su consecuencia es   que el evaluador requiere de un principio clasificatorio &uacute;ltimo que, al ser aplicado a   una obra, permite decir de esta que es &quot;buena&quot; o &quot;mala&quot;.</p>     <p>   En este escrito, el tercer nivel se considera como el caso t&iacute;pico del texto cr&iacute;tico en   sentido fuerte; los dos niveles anteriores los caracterizar&eacute; como cr&iacute;ticas en sentido   d&eacute;bil. En los or&iacute;genes de la cr&iacute;tica de arte en Colombia encontramos los tres tipos   de textos. Estos son independientes de los autores, pueden responder a necesidades   editoriales distintas; es el caso de un autor que en un texto informa acerca de la   realizaci&oacute;n de una exposici&oacute;n (sentido &quot;d&eacute;bil&quot;) y en otro escrito comenta y eval&uacute;a   la calidad de la misma (sentido &quot;fuerte&quot;). Privilegiar&eacute; los denominados &quot;fuertes&quot; en   mi an&aacute;lisis debido a que, al estar referidos a marcos te&oacute;ricos, permiten establecer su   consistencia, coherencia y pertinencia tanto frente a la(s) obra(s) analizada(s) como   a las tradiciones te&oacute;ricas en las que se inscriben<sup><a href="#10">10</a></sup>.</p>     <p>2. Acerca de las posibilidades te&oacute;ricas de reconstruir</p>     <p>   los or&iacute;genes de la cr&iacute;tica de arte en Colombia   Las clasificaciones acerca de la cr&iacute;tica de arte en nuestro pa&iacute;s provienen de dos fuentes: a)   los cr&iacute;ticos e historiadores del arte (Germ&aacute;n Rubiano, Gabriel Giraldo Jaramillo y otros)   y b) los &quot;soci&oacute;logos&quot; del arte (Carmen Mar&iacute;a Jaramillo, William L&oacute;pez, Alvaro Medina).   Exceptuando el caso de Medina y L&oacute;pez<sup><a href="#11">11</a></sup>, la constante en la reconstrucci&oacute;n es acentuar   la falta de profesionalismo de los primeros cr&iacute;ticos colombianos, la &quot;literaturizaci&oacute;n&quot;   de los escritos y su faz anecd&oacute;tica, mas no profesional. Los marcos te&oacute;ricos para el   objeto de estudio provienen de las diversas tradiciones de la sociolog&iacute;a del arte (con   un &eacute;nfasis en el concepto de &quot;campo&quot; en las investigaciones recientes).</p>     <p>   Sin embargo, si pensamos en que el paradigma dominante para la comprensi&oacute;n de   la cr&iacute;tica ha sido la sociolog&iacute;a, debe tenerse en cuenta la opini&oacute;n de Calabrese: &quot;El   an&aacute;lisis de los discursos cr&iacute;ticos sobre el arte nos ofrece la oportunidad de ir m&aacute;s all&aacute;   de lo que ser&iacute;a una sociolog&iacute;a de los cr&iacute;ticos y reflexionar sobre la forma en que se   producen los discursos valoradores&quot;<sup><a href="#12">12</a></sup>.</p>     <p>   Mi opci&oacute;n es complementar la lectura desde la sociolog&iacute;a con algunos elementos de   la est&eacute;tica de la recepci&oacute;n y de la hermen&eacute;utica<sup><a href="#13">13</a></sup>.</p>     <p>Un elemento com&uacute;n a las teor&iacute;as mencionadas es su &eacute;nfasis en que el significado de   las obras de arte no se encuentra en las obras como objetos aislados, que nos indican   sus propias lecturas, sino en la interacci&oacute;n entre obras y receptores. Esto es as&iacute;, porque   el significado de las obras de arte no es el resultado de su organizaci&oacute;n formal, sino   de su puesta en ejecuci&oacute;n en el contacto con el receptor. Una reconstrucci&oacute;n de las   diferentes lecturas de una obra de arte nos da razones para construir un significado a   partir de los m&uacute;ltiples juicios que acerca de ella se han formulado. Siendo los cr&iacute;ticos   de arte sujetos que formulan juicios en los medios de comunicaci&oacute;n y que de alguna   manera &quot;gu&iacute;an&quot; la experiencia de los dem&aacute;s lectores, una reconstrucci&oacute;n de sus   puntos de vista ofrece un panorama adecuado de la relaci&oacute;n entre las obras de arte y sus lectores en periodos de tiempo determinados.</p>     <p>   Si los receptores no son ejemplos aislados de experiencias individuales, sino entramados   de relaciones (sociales, cognitivas, sensibles), entonces un receptor es un conjunto de   creencias, opiniones, saberes, puntos de vista; es un &quot;horizonte&quot; que, sobre la base   de compartir o no aquellas creencias, opiniones, etc, con el resto de receptores, es   un colaborador activo en la experiencia de la obra, otorg&aacute;ndole significado. La obra   de arte misma es un resultado de su recepci&oacute;n<sup><a href="#14">14</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La est&eacute;tica de la recepci&oacute;n parte del anterior supuesto: una obra de arte solamente   es tal cuando es recibida por un lector e integrada al flujo de sus experiencias. En   sentido hermen&eacute;utico es un &quot;di&aacute;logo&quot;, en el que los elementos relevantes no son los   que dialogan, sino aquello sobre lo cual se dialoga. Esto vale para la constituci&oacute;n de   sentido de la obra de arte pl&aacute;stica: un cuadro es un objeto, adquiere sentido a trav&eacute;s   de los discursos que provoca. Siendo los cr&iacute;ticos quienes determinan el valor de la   obra en t&eacute;rminos de calidad, son lectores privilegiados. El registro escrito de sus   textos es el &iacute;ndice de construcci&oacute;n posterior de la historia del arte.</p>     <p>   La est&eacute;tica de la recepci&oacute;n ofrece m&uacute;ltiples clasificaciones de los lectores de las obras;   la utilidad de esta taxonom&iacute;a es evidente en t&eacute;rminos interpretativos: nos permite   distinguir las posibilidades de acceso al objeto pict&oacute;rico transformado en texto. En   dicho texto son de utilidad el lector hist&oacute;rico y el lector informado.</p>     <p>El lector hist&oacute;rico es un lector real: es el receptor de la obra en el tiempo hist&oacute;rico en el   que es producida, se trata del &quot;primer p&uacute;blico&quot;, es el cr&iacute;tico de arte contempor&aacute;neo de la obra que se juzga<sup><a href="#15">15</a></sup>.</p>     <p>   El lector informado es un constructo te&oacute;rico, pero es f&aacute;cilmente asimilable (al menos   en algunos casos) al cr&iacute;tico de arte. Se&ntilde;ala a un grupo de lectores que maneja   acertadamente el aparataje conceptual, que es &iacute;ndice del estado del saber en el tiempo   de su producci&oacute;n<sup><a href="#16">16</a></sup>.</p>     <p>   De la hermen&eacute;utica emplear&eacute; el concepto de horizonte en Gadamer<sup><a href="#17">17</a></sup>. Hace referencia   a la descripci&oacute;n del &quot;condicionamiento situacional de la comprensi&oacute;n, el lugar desde   el que necesariamente llevamos a cabo la interpretaci&oacute;n&quot;<sup><a href="#18">18</a></sup>. La comprensi&oacute;n de un   acontecimiento, hecho, valoraci&oacute;n, supone la existencia en el int&eacute;rprete de un conjunto de   saberes, representaciones, ideas claras o confusas que, conjuntados, son los &quot;prejuicios&quot;   a partir de los cuales se lee e interpreta aquello que busca ser comprendido.</p>     <p>   El caso del discurso cr&iacute;tico acerca de las artes pl&aacute;sticas es sintom&aacute;tico: un cr&iacute;tico   es un lector que interpreta una obra, su lectura se fundamenta en un conjunto de   saberes y en la situaci&oacute;n que conforman su horizonte de expectativas<sup><a href="#19">19</a></sup>. El horizonte   del historiador posterior comparte y diverge con respecto al horizonte hist&oacute;rico de   los cr&iacute;ticos primeros. Para evitar las malas interpretaciones, el historiador de la cr&iacute;tica   debe &quot;activar&quot; y tematizar sus propios prejuicios, para diferenciarlos de los que ten&iacute;a   el cr&iacute;tico. En este proceso de diferenciar y ser consciente de la diferencia, surge la posibilidad de establecer un verdadero di&aacute;logo con el escrito cr&iacute;tico envejecido: se   ven en &eacute;l las caracter&iacute;sticas de su horizonte propio y no se juzga desde los prejuicios   del horizonte del historiador. Solo as&iacute; puede haber una comprensi&oacute;n, que es un   &quot;encuentro&quot; en la cosa misma (la obra de arte) que nos interpela desde la tradici&oacute;n.</p>     <p>   3. Algunos ejemplos de los primeros a&ntilde;os de la cr&iacute;tica   de arte en Colombia<sup><a href="#20">20</a></sup></p>     <p>   Las primeras manifestaciones de la actividad de la cr&iacute;tica de arte podemos remitirlas a   las notas en peri&oacute;dicos acerca de las exposiciones nacionales que surgen con el inter&eacute;s   de presentar los logros alcanzados por la naci&oacute;n luego del per&iacute;odo de Independencia.   Hay dos &quot;per&iacute;odos&quot; en las exposiciones nacionales; el primero se presenta durante el   cuatrieno 1841-1845 en el gobierno de Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n (1800-1872), cuando   se llevan a cabo las exposiciones de 1841, 1842 y 1845; en 1848 se presentar&aacute; una   exposici&oacute;n nacional en el gobierno de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera (1798-1878).   Aqu&iacute; se suspende este &quot;primer per&iacute;odo&quot;. Se trataba, en palabras de Fr&eacute;d&eacute;ric Mart&iacute;nez   de &quot;esbozar una definici&oacute;n visual de la naci&oacute;n&quot;<sup><a href="#21">21</a></sup>. Aprovechar las festividades patrias   para mostrar el estado de las &quot;artes&quot; y la &quot;industria&quot;, as&iacute; como de los productos de   la ganader&iacute;a y la agricultura.</p>     <p>   Luego de un largo interregno, en el per&iacute;odo de los radicales, se reactivaron estas   exposiciones y se celebraron en los a&ntilde;os 1871, 1872, 1880, 1881, 1899, 1907 y 1910.   Los productos industriales, los agr&iacute;colas, las obras de arte y las artesan&iacute;as as&iacute; como   algunos objetos de los ind&iacute;genas, son presentados en pabellones espec&iacute;ficamente   dispuestos para tal fin: &quot;El tema de la revelaci&oacute;n de una riqueza y de una identidad   nacionales, existentes pero escondidas -un tema nacionalista por excelencia- recorre   la ret&oacute;rica de la exposici&oacute;n desde el comienzo&quot;<sup><a href="#22">22</a></sup>.</p>     <p>   Debido a presentar en conjunto obras de arte que de otra manera no estar&iacute;a enfrentadas   al p&uacute;blico, a su car&aacute;cter p&uacute;blico y a la relevancia en t&eacute;rminos de autorrepresentaci&oacute;n del pa&iacute;s, las exposiciones nacionales son ocasi&oacute;n de la escritura acerca del arte y   dan pi&eacute; a la aparici&oacute;n de los primeros escritos sobre el tema. Si bien en Colombia la   cr&iacute;tica de arte no nace junto con la instituci&oacute;n &quot;Sal&oacute;n de arte&quot;, de alguna manera las   exposiciones nacionales cumplieron con este papel.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Esto sucede en 1848. En la exposici&oacute;n de este a&ntilde;o, a diferencia de las anteriores, se &quot;reuni&oacute; exclusivamente a los artistas&quot;<sup><a href="#23">23</a></sup>. Fue rese&ntilde;ada por los pintores Jos&eacute; Miguel Figueroa (&iquest;?-1874) y Jos&eacute; Celestino Figueroa (&iquest;?-1870), quienes fueron nombrados jueces del certamen. Se trata de los hijos del pintor Pedro Jos&eacute; Figueroa<sup><a href="#24">24</a></sup> (ca. 1770-1838), quienes publicaron su art&iacute;culo en el peri&oacute;dico El d&iacute;a el 2 de agosto de ese a&ntilde;o<sup><a href="#25">25</a></sup>. La nota se presentaba como una mera &quot;descripci&oacute;n&quot;<sup><a href="#26">26</a></sup>, aunque introduc&iacute;a una breve evaluaci&oacute;n de las obras. En su escrito, los autores afirmaban la falta de los siguientes rasgos (que consideraban necesarios para escribir una presentaci&oacute;n adecuada del evento):</p>     <p align="CENTER"> &quot;[...] el conocimiento individual de cada una de las personas que han   presentado obras, la edad de cada una de ellas, el tiempo que hace   que est&aacute;n aprendiendo, los recursos, o la falta de ellos que han tenido   para su adelantamiento, y otras nociones conducentes a este fin como   premisas&quot;<sup><a href="27">27</a></sup>.</p>     <p>   Luego de esta introducci&oacute;n, presentaban un listado exhaustivo de los participantes,   indicando las obras que expusieron. Resaltaban las virtudes de los trabajos por medio   de los siguientes t&eacute;rminos descriptores y evaluadores: &quot;esmerada aplicaci&oacute;n al dibujo&quot;, &quot;bellamente ejecutados&quot;, &quot;colores mui bien imitados&quot; y &quot;mui bien trabajada&quot;.</p>     <p>   Hay un empleo de evaluadores fuertes que llama la atenci&oacute;n, porque los rasgos que   son considerados centrales se conservar&aacute;n en la cr&iacute;tica de arte del siglo XIX como   los elementos que determinan la calidad de una obra:</p>     <p align="CENTER">&quot;El se&ntilde;or Ignacio Beltr&aacute;n present&oacute; dos obras maestras... &eacute;l encierra en   si todos los caracteres de buena obra: el correcto dibujo, el claro   oscuro, la elegancia del colorido, y la esacta semejanza con su orijinal, todo contribuye a darle un m&eacute;rito sobresaliente&quot;<sup><a href="#28">28</a></sup>.</p>     <p>   Al leer esta nota, algunas caracter&iacute;sticas de los or&iacute;genes de la cr&iacute;tica en Colombia saltan   a la vista. Se trata de constantes que encontraremos hasta finales de siglo: los hermanos   Figueroa, como lectores hist&oacute;ricos, no se ven a s&iacute; mismos como cr&iacute;ticos, conocen   acerca del arte lo que su oficio como pintores les permite y aplican una serie razonada   de criterios. Si una obra cumple con esos criterios, entonces, es v&aacute;lido el empleo de   evaluadores fuertes. Se trata de los criterios acad&eacute;micos. Bajo su sombra se concebir&aacute;   el arte colombiano por parte de los cr&iacute;ticos durante el resto del siglo XIX.</p>     <p>   Si consideramos esta afirmaci&oacute;n desde la hermen&eacute;utica, se trata del surgimiento y   posterior consolidaci&oacute;n de una estrategia interpretativa que viene acompa&ntilde;ada por la   estructuraci&oacute;n de un horizonte de expectativas. Los criterios acad&eacute;micos permanecer&aacute;n   inamovibles, ser&aacute;n los principios con base en los cuales se formular&aacute;n los juicios.   Act&uacute;an, por lo tanto, como los elementos compartidos de la comunidad de escritores   que se enfrenta con el arte. Al ser criterios acad&eacute;micos, imposibilitan el surgimiento   de una autonom&iacute;a del arte con respecto a los dem&aacute;s campos -principalmente el   religioso y el pol&iacute;tico-, como ha se&ntilde;alado Jaramillo<sup><a href="#29">29</a></sup>, son el horizonte hermen&eacute;utico   compartido por los cr&iacute;ticos. Una lectura d&eacute;bil de estos inicios de la cr&iacute;tica de arte indica   que los or&iacute;genes de la actividad vienen marcados por una tendencia a la descripci&oacute;n;   los desarrollos posteriores derivar&aacute;n hacia la evaluaci&oacute;n.</p>     <p>   En el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX, la situaci&oacute;n se modifica; el lenguaje empleado por   los cr&iacute;ticos colombianos ir&aacute; derivando hacia una &quot;literaturizaci&oacute;n&quot; del acontecimiento   cr&iacute;tico. Esta deriva, que resulta de la no profesionalizaci&oacute;n del cr&iacute;tico de arte   colombiano de aquel entonces (que tambi&eacute;n escribe acerca de poes&iacute;a, pol&iacute;tica y   actualidad) es compartida con los dem&aacute;s pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. Fevre se&ntilde;ala: &quot;La   falta de tradiciones formales propias hizo que la cr&iacute;tica, temerosa y mal informada,   se quedar&aacute; en los apoyos literarios que daban los temas pict&oacute;ricos o en el inventario   prolijo de todo aquel que alg&uacute;n d&iacute;a hab&iacute;a pintado un cuadro&quot;<sup><a href="#30">30</a></sup>.</p>     <p>Este proceso de &quot;literaturizaci&oacute;n&quot; es el resultado de escritores que derivaban hacia   la cr&iacute;tica de arte, sujetos que cumplen simult&aacute;neamente con diversas actividades sin   descollar necesariamente en todas. Es el caso corriente en el origen de la cr&iacute;tica de arte en Colombia.</p>     <p>   A lo largo de las d&eacute;cadas del cincuenta y del sesenta del siglo XIX, si bien hay   acontecimientos relevantes para la historia del arte nacional, no hay &quot;progresos&quot;   registrables en la cr&iacute;tica de arte, incluso puede hablarse de un interregno que durar&aacute;   hasta la d&eacute;cada de 18 0 cuando, bajo gobiernos liberales, se d&eacute; un impulso a lo   que actualmente conocemos como pol&iacute;ticas culturales (v. gr., resurrecci&oacute;n de las   exposiciones nacionales). Uno de los acontecimientos es la Comisi&oacute;n Corogr&aacute;fica,   en la que varios pintores hicieron la tarea de representar las caracter&iacute;sticas distintivas   de las diferentes regiones del pa&iacute;s. Pese a la relevancia que en t&eacute;rminos de imagen   poseen estas obras para el descubrimiento de una imagen global de naci&oacute;n, no son   en sentido estricto fundadoras de escuela. Otro acontecimiento es el surgimiento de   los &aacute;lbumes de viajes en la &eacute;poca y otro son los escasos intentos de fundar academias   privadas<sup><a href="#31">31</a></sup>. Para el periodo anterior a 1870 no hay propiamente academias de larga   duraci&oacute;n, sino clases privadas, anunciadas en los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, as&iacute; como   anuncios de pintores -originalmente de miniaturas, luego de formatos mayores- que   ofrecen sus servicios<sup><a href="#32">32</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Beatriz Gonz&aacute;lez propone tres caracter&iacute;sticas definitorias de las actividades del arte   colombiano anterior a 18 0, que explicar&iacute;an la insularidad del ejemplo que hemos   puesto anteriormente y explicar&iacute;an la ausencia casi total de notas cr&iacute;ticas sobre arte   en los peri&oacute;dicos, si exceptuamos cr&iacute;ticas en sentido d&eacute;bil distintamente repartidas   en aquella &eacute;poca.</p>     <p>Las caracter&iacute;sticas resaltadas por la autora son:</p>     <p align="CENTER"> &quot;En primer lugar, durante tres cuartas partes del siglo XIX, el arte   colombiano se desarroll&oacute; sin un contacto directo con el arte occidental   y universal [...] en segundo lugar, ning&uacute;n artista extranjero, venido al pa&iacute;s   antes de 1870, permaneci&oacute; aqu&iacute; con el &aacute;nimo de ense&ntilde;ar y conformar   una escuela [...] en tercer lugar, a excepci&oacute;n de la escuela gratuita de   dibujo de la Expedici&oacute;n Bot&aacute;nica, producto del siglo XVIII y aunque el   Estado cre&oacute; leyes para la ense&ntilde;anza de las artes, nunca se preocup&oacute; por   implementarlas para fundar una instituci&oacute;n de tipo acad&eacute;mico en que se   tratasen problemas formales y est&eacute;ticos y se capacitaran profesionalmente   arquitectos, escultores y pintores.&quot;<sup><a href="#33">33</a></sup>.</p>     <p>   Estas caracter&iacute;sticas explican que los pocos escritos acerca del arte -diferentes a   las referencias a cr&iacute;tica literaria- del periodo anterior a 18 0 si bien muestran las   caracter&iacute;sticas de las cr&iacute;ticas en sentido d&eacute;bil (que hemos indicado supra), a&uacute;n no alcanzan desarrollos relevantes. Estos se dar&aacute;n luego de 1870.</p>     <p>   Un primer ejemplo de desarrollo es la exposici&oacute;n nacional de 1871; sus comentaristas,   los escritores Leonidas Scarpetta (1828-1893) y Saturnino Vergara (&iquest;?-1893) act&uacute;an   como lectores hist&oacute;ricos y, a la vez, como &quot;lectores informados&quot;. Ambos han visto en   Europa los originales de las obras copiadas por los artistas nacionales y esto hace que   su apreciaci&oacute;n sea cualitativamente superior a la presentada por los hermanos Figueroa unos a&ntilde;os antes. En este sentido, parece v&aacute;lida la afirmaci&oacute;n de Alvaro Medina:</p>     <p align="CENTER"> &quot;[...] en una sociedad en formaci&oacute;n su arte sufri&oacute; las contingencias -   avances y retrocesos- de una cualificaci&oacute;n que fue lenta. Ese arte cre&oacute;   su cr&iacute;tica y no al rev&eacute;s, cr&iacute;tica que fue ascendiendo y ganando rigor en   la medida del avance general de ese arte y esa sociedad&quot;<sup><a href="#34">34</a></sup>.</p>     <p>   En 1874, ya establecida la Academia Guti&eacute;rrez<sup><a href="#35">35</a></sup>, se presenta una exposici&oacute;n con   400 obras. Los criterios acad&eacute;micos son nuevamente puestos en acci&oacute;n en la cr&iacute;tica&nbsp; que Rafael Pombo (1833-1912) hace a la exposici&oacute;n. Un buen ejemplo del lenguaje   en uso se encuentra en lo que escribe el conocido poeta (y menos reconocido como   cr&iacute;tico de arte, a pesar de haber publicado varios art&iacute;culos en el Papel Peri&oacute;dico Ilustrado)   con respecto a la Batalla de Boyac&aacute; presentada por el pintor Jos&eacute; Mar&iacute;a Espinosa<sup><a href="#36">36</a></sup>   (1796-1883):</p>     <p align="CENTER"> &quot;[...] respecto de la batalla de Boyac&aacute; por el pintor y pr&oacute;cer se&ntilde;or   Espinosa, no sabemos si el terreno est&aacute; fielmente representado, porque   no le conocemos; pero desde luego nos parece feliz la distribuci&oacute;n de   grupos de las diversas fuerzas, que indica bien que unos huyen y otros   persiguen. Pict&oacute;ricamente n&oacute;tanse algunos defectos en la composici&oacute;n, y   acaso no es muy correcta la perspectiva; pero en cambio hay esp&iacute;ritu en la   ejecuci&oacute;n y buen efecto en el conjunto, a lo cual se a&ntilde;ade el gran inter&eacute;s   hist&oacute;rico que siempre acompa&ntilde;ar&aacute; a cualquier recuerdo de esa jornada   redentora, y la fidelidad de actitudes, trajes y facciones que promete al   espectador la prodigiosa retentiva del se&ntilde;or Espinosa, a quien debe su pa&iacute;s   la idea que hoy tiene del aspecto de tantos c&eacute;lebres colombianos&quot;<sup><a href="#37">37</a></sup>.</p>     <p>   El caso es paradigm&aacute;tico con respecto al uso del lenguaje: &quot;ejecuci&oacute;n&quot;, &quot;perspectiva&quot;, &quot;conjunto&quot;, &quot;parecido&quot; y los elementos formales (insuficientemente explicados) se traban con consideraciones superficiales acerca del valor de las obras, que no es medido en t&eacute;rminos pict&oacute;ricos, sino a partir de la relaci&oacute;n obra de arte-mundo<sup><a href="#38">38</a></sup>.</p>     <p>   El empleo del lenguaje usado por los cr&iacute;ticos y el horizonte de expectativas tradicional   entraron en tensi&oacute;n cuando se enfrentaron a criterios dis&iacute;miles con respecto a la   valoraci&oacute;n de la obra de un pintor<sup><a href="#39">39</a></sup>. Esto sucedi&oacute; en el marco de la primera exposici&oacute;n anual de bellas artes<sup><a href="#40">40</a></sup>, en lo que se conoce como la pol&eacute;mica de 1886, alrededor de   la obra del pintor mexicano Felipe Santiago Guti&eacute;rrez (1822-1904).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Rafael Pombo<sup><a href="#41">41</a></sup> evalu&oacute; con entusiasmo las obras de su amigo pintor y lo juzg&oacute; a la   altura de los m&aacute;s grandes artistas de la historia. A esta calificaci&oacute;n respondi&oacute; el cr&iacute;tico   Rafael Espinosa Guzm&aacute;n<sup><a href="#42">42</a></sup> para quien el pintor mexicano &quot;aun cuando r&aacute;pido y feliz   para concebir y pintar, es grosero si no vulgar en la elecci&oacute;n de sus tonos y media   luces&quot;<sup><a href="#43">43</a></sup>. Esta fue la primera pol&eacute;mica entre cr&iacute;ticos de arte en Colombia en torno a   la valoraci&oacute;n de la obra de un reconocido pintor. La pol&eacute;mica tuvo consecuencias en   t&eacute;rminos de las modificaciones en el empleo del lenguaje (de un lenguaje literario a   un lenguaje m&aacute;s anal&iacute;tico). En el art&iacute;culo &quot;La exposici&oacute;n de pintura&quot;, Pedro Carlos   Manrique (1860-192 )<sup><a href="#44">44</a></sup> tercia en la discusi&oacute;n en contra de Pombo y del pintor   Guti&eacute;rrez. Refiri&eacute;ndose a la &quot;mala iluminaci&oacute;n&quot; que, seg&uacute;n Pombo, imped&iacute;a observar   adecuadamente las obras, escribe Manrique:</p>     <p align="CENTER">&quot;Y no se nos diga que la luz del claustro de San Bartolom&eacute; es desfavorable   &aacute; la obra del mexicano. En cualquiera parte, y con la luz m&aacute;s propicia,   las carnaciones del se&ntilde;or Guti&eacute;rrez no dejar&aacute;n de ser exageradamente   rojas, las medias tintas aparecer&aacute;n siempre sucias, las sombras carecer&aacute;n   de transparencia, y sus modelos permanecer&aacute;n mudos. En resumen,   alumbrados con la mejor luz perpendicular, y aun cuando el espectador   haga uso de la escalera de tijera que aconseja el se&ntilde;or Pombo, aquellos   retratos all&iacute; reunidos no dejar&aacute;n de parecernos los miembros de una misma familia alemana de bebedores de cerveza&quot;<sup><a href="#45">45</a></sup>.</p>     <p>   El lenguaje del cr&iacute;tico se remite tan s&oacute;lo de manera mediata al aparataje usual de   t&eacute;rminos literarios (con la comparaci&oacute;n final con los bebedores), que ahora es   incidental, ya que en el texto se presentan tesis relevantes, como la de la capacidad   creadora del arte, enfrentada a su funci&oacute;n mim&eacute;tica pasiva, que era la norma del academicismo:</p>     <p align="CENTER"> &quot;El pintor no debe ser un simple copista; &eacute;l inventa aun cuando se limite &aacute; traducir, porque lo que la naturaleza ejecuta por un sistema de medios y   valores, &eacute;l est&aacute; obligado &aacute; ejecutarlo por otro sistema diferente de valores   y medios. El artista es, pues, un int&eacute;rprete; el arte es la naturaleza vista   al trav&eacute;s de un temperamento: cuando ese temperamento no existe, la   obra de arte no puede existir tampoco. Aforismos son estos conocidos   de todos los que se ocupen de esta clase de estudios, y que el se&ntilde;or   Guti&eacute;rrez hac&iacute;a olvidar cuando empu&ntilde;aba sus pinceles&quot;<sup><a href="#46">46</a></sup>.</p>     <p>   Se trata de un lenguaje novedoso con respecto al simple inventario y al sobreempleo   de met&aacute;foras que, sin embargo, continuar&aacute;n apareciendo en la prensa de fines de siglo   en las cr&iacute;ticas en sentido d&eacute;bil. Este empleo del lenguaje indica una modificaci&oacute;n en el   horizonte de expectativas de los cr&iacute;ticos, que se va ampliando, al mismo tiempo que   se amplia el sistema de fuentes de los lectores. Tendr&iacute;amos el paso de un horizonte   cerrado y est&aacute;tico de expectativas (el propio del academicismo) a un horizonte   din&aacute;mico de expectativas en los primeros cr&iacute;ticos &quot;modernos&quot;, que se alejan del   empleo tradicional del lenguaje asociado a los criterios acad&eacute;micos.</p>        <p>4. Los cr&iacute;ticos colombianos y el silencio sobre la obra de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a 1894-1899</p>     <p>   Los pocos ejemplos que hemos escogido nos se&ntilde;alan que el proceso germinal de la   cr&iacute;tica de arte en Colombia cumple con las caracter&iacute;sticas m&iacute;nimas, que nos permiten   hablar de cr&iacute;tica en sentido d&eacute;bil. Los a&ntilde;os siguientes no viven un desarrollo lineal   progresivo. El desenvolvimiento de la cr&iacute;tica de arte en Colombia est&aacute; sujeto a una de   las constantes en la historia del arte: la modificaci&oacute;n e innovaci&oacute;n en las condiciones   de producci&oacute;n de obras de arte y la introducci&oacute;n de novedades radicales en las formas   de hacer arte que caracterizan al arte moderno<sup><a href="#47">47</a></sup>.</p>     <p>   Este es el caso de la obra de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a (1860-1945). Ninguna de sus   obras (excepci&oacute;n hecha de los retratos m&aacute;s &quot;acad&eacute;micos&quot;) era remisible al arsenal   tradicional de interpretaci&oacute;n. El lenguaje po&eacute;tico no se adaptaba para hablar de los   cuadros de Santa Mar&iacute;a, porque un lenguaje cargado de clasicismo, pese a que hay   componentes &quot;po&eacute;ticos&quot; o poetizables en sus obras, no pod&iacute;a dar raz&oacute;n de temas   balad&iacute;es por modernos (un lavadero, un grupo de caballos, unas campesinas, una   tarde de t&eacute;). Estos temas deber&iacute;an estar remitidos a lenguajes po&eacute;ticos m&aacute;s complejos   y en cierto sentido, m&aacute;s &quot;modernos&quot;. Por otra parte, los retratos de Santa Mar&iacute;a no   se adaptan sino s&oacute;lo en sus superficialidades formales m&aacute;s evidentes a los retratos   de la tradici&oacute;n.</p>     <p>   Pese a estar en Colombia desde 1893 y participar en exposiciones, no hay cr&iacute;ticas sobre   la obra de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a en los primeros a&ntilde;os en que permanece en el pa&iacute;s.   Sin embargo, el artista particip&oacute; activamente en los eventos p&uacute;blicos relacionados   con el arte<sup><a href="#48">48</a></sup> y regenta en este periodo una c&aacute;tedra en la Escuela de Bellas Artes<sup><a href="#49">49</a></sup>. Los   cr&iacute;ticos como lectores hist&oacute;ricos no se hicieron cargo de su obra.</p>     <p>La cr&iacute;tica de arte en Colombia operaba en los dos tipos de escritos que hemos   referido anteriormente: una rese&ntilde;a constante de las actividades de los artistas y de las   exposiciones que se realizan y las primeras evaluaciones de la calidad del arte nacional.   Debe notarse que el lenguaje de los cr&iacute;ticos estaba determinado por el mismo material   producido acad&eacute;micamente y que esto permit&iacute;a tanto una normalizaci&oacute;n del trabajo,   como una homogeneizaci&oacute;n de los procedimientos. Pero el arte no es una actividad   est&aacute;tica, incluso si es arte acad&eacute;mico. El caso Santa Mar&iacute;a es una prueba de ello: su   presencia en Colombia ha sido un campo de batalla entre los lectores hist&oacute;ricos, as&iacute; como tambi&eacute;n entre los cr&iacute;ticos posteriores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La llegada de Santa Mar&iacute;a a Colombia en 1893 y su inserci&oacute;n en el medio del arte   criollo ha tenido al menos dos interpretaciones por parte de lectores informados: por   una parte Germ&aacute;n Rubiano Caballero<sup><a href="#50">50</a></sup>, Mario Rivero<sup><a href="#51">51</a></sup>, Eugenio Barney Cabrera<sup><a href="#52">52</a></sup> han   insistido en su car&aacute;cter de miembro de la elite y de extranjero en su propia tierra natal;   los cargos que desempe&ntilde;ar&iacute;a ser&iacute;an interpretados tan solo en virtud de los v&iacute;nculos   intraelitales y las redes sociales, y su trabajo no se adaptar&iacute;a org&aacute;nicamente al medio   colombiano. Estos autores mantienen que el periodo de Santa Mar&iacute;a en Colombia   ser&iacute;a s&oacute;lo una breve estancia sin consecuencias para la producci&oacute;n del artista y para   el arte nacional<sup><a href="#53">53</a></sup>.</p>     <p>   La atm&oacute;sfera pol&iacute;tica del periodo estaba caldeada debido a las medidas restrictivas a   la libertad de prensa que hab&iacute;a puesto en ejecuci&oacute;n Miguel Antonio Caro en ejercicio   de la &quot;Ley de los caballos&quot;; en medio de la represi&oacute;n, el ambiente se preparaba para   la guerra que estallar&iacute;a en 1895, cuando suceder&iacute;a un levantamiento liberal en gran   parte del territorio<sup><a href="#54">54</a></sup>. Se podr&iacute;a suponer que el ambiente no era propicio para un pintor formado en Par&iacute;s, sin embargo, Eduardo Serrano ofrece una segunda alternativa   con respecto a este hecho, alejada del panorama b&eacute;lico y referida a la situaci&oacute;n de la   escuela de artes en Bogot&aacute;:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Cuando el artista visita por primera vez la Escuela de Bellas Artes   era su director el escultor de origen italiano C&eacute;sar Sighinolfi (1845-   1902), quien fue sucedido brevemente por Epifanio Garay (1849-1915)   hasta el nombramiento en 1894 de Mariano Santa Mar&iacute;a, profesor de   Arquitectura, hombre de gran cultura y quien hab&iacute;a cursado su carrera   en Alemania. Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a fue nombrado profesor de paisaje,   cargo que desempe&ntilde;&oacute; conjuntamente con el pintor y diplom&aacute;tico espa&ntilde;ol   Luis de Llanos (1839-1894). Si tenemos en cuenta que en ese entonces   eran maestros igualmente los artistas espa&ntilde;oles Enrique Recio y Gil   (1856-&iquest;?), Antonio Rodr&iacute;guez (&iquest;?-1898) y el franc&eacute;s Gast&oacute;n Lelarge (&iquest;?-   1934), es posible concluir que la escuela contaba en ese momento con una   n&oacute;mina de profesores de extracci&oacute;n o formaci&oacute;n europea, cuya actitud y   conocimientos habr&iacute;an de influir directamente en el trabajo de la primera   generaci&oacute;n de artista colombianos del presente siglo&quot;<sup><a href="#55">55</a></sup>.</p>     <p>   Esta es la segunda posibilidad de interpretar la estancia de Santa Mar&iacute;a en Colombia:   adaptaci&oacute;n a un medio conformado por artistas con formaci&oacute;n europea, relevancia   del periodo en la producci&oacute;n posterior, influencia en los pintores colombianos (as&iacute;   fuera transitoria) y un acontecimiento hermen&eacute;uticamente central: la incorporaci&oacute;n   de un lenguaje moderno que modific&oacute; el trabajo de los cr&iacute;ticos y que preparaba la   posterior asimilaci&oacute;n de los lenguajes modernos.</p>     <p>   Estas son dos opciones de los historiadores del arte y de los cr&iacute;ticos del siglo XX.   Sin embargo, los lectores hist&oacute;ricos que nos ocupan no reaccionaron de acuerdo con   tales dos interpretaciones. En efecto, la presencia de Santa Mar&iacute;a en el pa&iacute;s pasar&iacute;a   totalmente desapercibida para los cr&iacute;ticos. Entre 1894 y 1899 su nombre no aparece   mencionado en las cr&iacute;ticas, que ensalzan a los artistas con m&aacute;s &eacute;xito entre el p&uacute;blico   bogotano con capacidad de adquisici&oacute;n: Felipe Santiago Guti&eacute;rrez, Pantale&oacute;n Mendoza   (&iquest;?-1909), Epifanio Garay (1849-1903) y Ricardo Acebedo Bernal (1867-1930).</p>     <p>   Una posible explicaci&oacute;n de este hecho consiste en que el lenguaje tradicional, que los   cr&iacute;ticos hab&iacute;an ejercitado en las p&aacute;ginas de los diarios y revistas que hemos descrito anteriormente (academicismo, idealismo est&eacute;tico, relieve del parecido, descripci&oacute;n   somera de las t&eacute;cnicas, lenguajes pseudopo&eacute;ticos), no estaba preparado para la   producci&oacute;n local de cuadros que no eran f&aacute;cilmente adaptables al l&eacute;xico com&uacute;n. Este   es el caso de los primeros paisajes que pintara Santa Mar&iacute;a en peque&ntilde;o formato con   caracter&iacute;sticas t&eacute;cnicas novedosas, como lo se&ntilde;ala Eduardo Serrano:</p>     <p align="CENTER"> &quot;[...] en parte, el inter&eacute;s de estas figuras radica precisamente en su   intenci&oacute;n pionera de fijar el paisaje colombiano con t&eacute;cnica y estilo   vanguardistas (cr&eacute;dito que le ha sido adjudicado con frecuencia a pintores   posteriores). En estas obras puede verse f&aacute;cilmente al artista ajustando   sus conocimientos a su vista, conciliando su saber con la experiencia   cotidiana, armonizando su designio innovador con la interpretaci&oacute;n   pict&oacute;rica de regiones y parajes que, al menos desde un punto de vista   primordialmente creativo, permanec&iacute;an pr&aacute;cticamente v&iacute;rgenes&quot;<sup><a href="#56">56</a></sup>.</p>     <p>   Dichas obras quebraron el lenguaje tradicional, o al menos, introdujeron una ruptura   en el l&eacute;xico usual. Las etapas descriptibles en el lenguaje de los cr&iacute;ticos intentando   superar esta ruptura nos permiten ahora leer de otra manera las disputas en torno   a Santa Mar&iacute;a, ya no como campo de desarrollo y profesionalizaci&oacute;n, sino como   adaptaci&oacute;n y ampliaci&oacute;n del horizonte de expectativas al nuevo material. En este   sentido, la traducci&oacute;n de art&iacute;culos de cr&iacute;ticos europeos sienta las bases ling&uuml;&iacute;sticas   que permitir&aacute;n entender el material novedoso y paulatinamente irlo incorporando al   desarrollo del arte nacional. Sin embargo, afirma Serrano, en el a&ntilde;o 1899, con motivo de la exposici&oacute;n nacional:</p>     <p align="CENTER"> &quot;La cr&iacute;tica no vio el trabajo de Santa Mar&iacute;a pero se lanz&oacute; en una agria   pol&eacute;mica a trav&eacute;s de los peri&oacute;dicos dirigida a encumbrar o demeritar   la exposici&oacute;n. Al r&eacute;gimen de Sanclemente se le identific&oacute; con la obra   de Garay, quien hab&iacute;a incluido un retrato del anciano mandatario entre   los cuadros que mand&oacute; a la exposici&oacute;n, y a la oposici&oacute;n con la obra de   Acebedo Bernal, quien era claramente el protegido de la prensa liberal.   Se repartieron entre ambos los primeros premios y se galardonaron los   trabajos de los alumnos de Santa Mar&iacute;a, pero la obra del artista no se   discuti&oacute; en ninguno de los recuentos de la muestra [&hellip;] La cr&iacute;tica, sin   embargo, era m&aacute;s que locuaz, vociferante, en los casos de Garay y de   Acebedo Bernal&quot;<sup><a href="#57">57</a></sup>.</p>      <p>En medio de las burlas de bando y bando los cr&iacute;ticos reproduc&iacute;an el arsenal ling&uuml;&iacute;stico,   al que ya nos hemos referido como l&eacute;xico com&uacute;n, y manten&iacute;an las constantes: rese&ntilde;a   de la exposici&oacute;n mediante un listado de participantes y obras<sup><a href="#58">58</a></sup>58, propuestas de premios,   como en el caso de la escultura de Policarpa Salavarrieta por Dioniso Cort&eacute;s para la que se ped&iacute;a el bronce<sup><a href="#59">59</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las posturas pol&iacute;ticas de los diarios se reflejaban en su lectura del acontecimiento est&eacute;tico; El   Conservador, por ejemplo, rese&ntilde;aba el sal&oacute;n y se hac&iacute;a partidario de un aparente realismo con   fines aleccionadores como tarea para los artistas, que en el fondo era una cr&iacute;tica al alejamiento de los temas ic&oacute;nicos de la historia patria y una ceguera frente a la modernidad est&eacute;tica:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Nos llam&oacute; la atenci&oacute;n una cosa: no vimos ning&uacute;n h&eacute;roe retratado, nada   de batallas de duelos, de sangre, de heridas; tampoco nada de robusto, de   grandioso, de fuerte, de poderoso, de hondo y de pesado; ninguna de esas   escenas solemnes y bellas de la vida, que revelan el alma en sus situaciones   m&aacute;s sublimes, cuando ella muestra no lo que es ordinariamente, pero lo   que puede ser; por ejemplo la lucha por la existencia en el fondo de las   f&aacute;bricas llenas de vapor; el sacrificio del pobre arrancado de su hogar   para ser llevado al cuartel; la Hermana de la Caridad, el proscrito, etc.   La ausencia de todo esto, la invitaci&oacute;n a argumentos dados por la vida   peque&ntilde;a del d&iacute;a &aacute; los objetos comunes, prueba lo que nos dice a cada   paso la historia: que en todo somos superficiales&quot;<sup><a href="#60">60</a></sup>.</p>     <p>   La discusi&oacute;n se centrar&aacute; en el caso de Epifanio Garay y de Ricardo Acebedo Bernal.   Los art&iacute;culos en la prensa se ocupan preferentemente de las obras de estos artistas,   separados por las posturas pol&iacute;ticas de los cr&iacute;ticos, pero igualmente academicistas.</p>     <p>   Las obras eran captables con facilidad en el lenguaje normalmente empleado. Usando   el lenguaje establecido e inclin&aacute;ndose por un retrato de Acevedo, Max Grillo (1868-   1949)<sup><a href="#61">61</a></sup> escribe:</p>     <p align="CENTER">&quot;[...] ha logrado trasfundir una alma en un retrato y estampar en &eacute;l toda   una vida cuyos resortes se escapan a los que no poseen la magia del arte,   harto bien se alcanza c&oacute;mo un retrato puede, no s&oacute;lo ser obra de arte, sino la obra maestra, el n&uacute;mero primero de toda una exposici&oacute;n&quot;<sup><a href="#62">62</a></sup>62.</p>     <p> En el diario El Heraldo, tomando partido por Garay, leemos:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Epifanio Garay exhibe sus mejores retratos. All&iacute; est&aacute;n el del Dr. N&uacute;&ntilde;ez   y el de D. Ricardo Carrasquilla, &aacute; nuestro juicio los mejores de todos.   Cu&aacute;n llenas de verdad y de expresi&oacute;n son esas dos efigies del gran   pol&iacute;tico y del ameno literato. La frase sibilina se est&aacute; elaborando en la   frente del pensador, y la copla festiva parece salir &aacute; los labios del poeta   epigram&aacute;tico. En algunos de sus recientes retratos, como el del Dr.   Sanclemente, ha exagerado quiz&aacute;s Garay el colorido, y ha dado brochazos   demasiado bruscos. Su cuadro de la mujer del Levita que est&aacute; en el sal&oacute;n   del desnudo, es su obra maestra, y la mejor de la Exposici&oacute;n. Se siente   uno al ver aquel cad&aacute;ver como si estuviese en un anfiteatro. Tanta verdad   tiene aquel cuerpo inanimado que se estremece el espectador al verlo.   Garay no solo le dio el color, la palidez de la muerte, sino que al tocarlo   sentir&iacute;amos lo yerto de las carnes; y le puso el olor, esa fetidez de los   cuerpos en descomposici&oacute;n&quot;<sup><a href="#63">63</a></sup>.</p>     <p>   En todo caso, las rese&ntilde;as y cr&iacute;ticas mencionan siempre los casos de los paisajistas   Zamora (1875-1948) y Pablo Rocha (1863-1937), as&iacute; como Ricardo Moros Urbina   (1865-1942), disc&iacute;pulos de Santa Mar&iacute;a (aunque este no es nunca mencionado). En   tales casos, no hay tampoco necesidad de un lenguaje nuevo. Sin embargo, algo hab&iacute;a   comenzado a cambiar como reacci&oacute;n de los cr&iacute;ticos ante la novedad que, en el fondo,   era una expresi&oacute;n externa del &quot;cambio de paradigma&quot; representaci&oacute;n/impresi&oacute;n: la discusi&oacute;n estuvo acompa&ntilde;ada por la traducci&oacute;n de varios art&iacute;culos que apuntaban a   las discusiones est&eacute;ticas, que escapaban a la clausura acad&eacute;mica, y que representaban   posturas m&aacute;s modernas, como mencionaremos a continuaci&oacute;n.</p>     <p>   El 27 de noviembre de 1898, en El Autonomista, diario liberal, Ricardo Hinestrosa   Daza traduce la introducci&oacute;n del texto que Ugo Ogetti produjera con ocasi&oacute;n de la   exposici&oacute;n de pintura en Venecia en 1897. En el texto se afirma la tesis que las obras   de arte producen pensamientos en el espectador en virtud del hecho que ellas mismas   son expresi&oacute;n de la relaci&oacute;n entre inteligencia y sentimiento. Es la tesis del &quot;arte de   ideas&quot;, corriente a finales del siglo XIX. Es por esta raz&oacute;n que Ogetti iniciaba el escrito   con una cita de Ruskin: &quot;El objeto del arte excelso, es despertar la inteligencia por   conducto de los sentimientos. Por eso jam&aacute;s ser&aacute; arte una cantidad de labor t&eacute;cnica encerrada en una escena dada&quot;<sup><a href="#64">64</a></sup>.</p>     <p>   As&iacute; en el texto se desarrolla una cr&iacute;tica a la consideraci&oacute;n mim&eacute;tica del arte, que   considera secundaria, as&iacute; como a los criterios formales de evaluaci&oacute;n de las obras. La   idea defendida con respecto al arte es que las ideas filos&oacute;ficas han ido &quot;invadiendo&quot; el   terreno del arte; al ser esto as&iacute;, la funci&oacute;n del arte moderno no es embellecer la idea,   sino hacerla m&aacute;s profunda. Una consecuencia de ello es que los estilos se aceptan en sus m&uacute;ltiples variedades y que surge una funci&oacute;n nueva para la cr&iacute;tica:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &quot;En la inundaci&oacute;n del simple miope verismo, desterrada toda idea, y   desterrado todo sentimiento de la obra de arte, no se pod&iacute;a discutir sino   sobre la diversidad de las t&eacute;cnicas; y aun hoy mucha cr&iacute;tica contin&uacute;a por   la misma v&iacute;a, usando s&oacute;lo los ojos para juzgar &aacute; artistas que s&oacute;lo usaban   los suyos para crear.</p>     <p>   Pero hoy es necesario mirar &aacute; otros puntos, y mirar m&aacute;s profundamente:   es necesario buscar el alma de los artistas. La cr&iacute;tica puramente t&eacute;cnica va   en retirada. S&oacute;lo despu&eacute;s de haber examinado lo que el artista ha querido   decir, se examina c&oacute;mo lo ha dicho.</p>     <p align="CENTER">   Este m&eacute;todo de cr&iacute;tica me parece el m&aacute;s sencillo y el m&aacute;s moderno,   porque la psicolog&iacute;a es de hoy m&aacute;s la maestra de la cr&iacute;tica, y los cuadros   no son &iacute;dolos que tengan el milagroso poder magn&eacute;tico de conmover,   sino puros &iacute;ndices ps&iacute;quicos&quot;<sup><a href="#65">65</a></sup>.</p>      <p>En 1899, El Autonomista present&oacute; otras traducciones de art&iacute;culos directamente   vinculados con el arte, en los que se adoptaban las ideas modernas de est&eacute;tica. En   mayo de 1899 traduc&iacute;a un art&iacute;culo de Pedro Emilio Coll (1872-1947)<sup><a href="#66">66</a></sup>, publicado en   Inglaterra en 1898, cuya validez era justificada &quot;en un momento en que su reproducci&oacute;n   sirve para moderar un poco el estr&eacute;pito ingrato que han hecho &uacute;ltimamente algunos   escritores alrededor de las palabras decadencia y simbolismo&quot;<sup><a href="#67">67</a></sup>, con las que la   cr&iacute;tica menospreciaba los gestos modernistas en literatura. Comparando el caso con   la pintura, el autor afirmaba que las influencias provenientes de Par&iacute;s (en las que,   obviamente, clasificaba la obra de Santa Mar&iacute;a) se aclimataban adecuadamente en   Am&eacute;rica Latina debido a las &quot;&iacute;ntimas afinidades de los pueblos que las adoptan&quot;, y propon&iacute;a para la cr&iacute;tica en el momento hist&oacute;rico lo siguiente:</p>     <p align="CENTER"> &quot;No niego la virtud de una cr&iacute;tica severa, pero prefiero una cr&iacute;tica   tolerante que tenga el santo amor de equivocarse; como en el viejo   Campoamor: &quot;doy todos los justos por un bueno,&quot; sin que quiera decir   que tengo raz&oacute;n. Entre nosotros la cr&iacute;tica implacable y dogm&aacute;tica es   menos justificada que en los pa&iacute;ses en donde la literatura es una manera   de luchar por la existencia&quot;<sup><a href="#68">68</a></sup>.</p>     <p>   A este sentido de flexibilidad de la cr&iacute;tica moderna, apuntando ahora directamente   al arte, en septiembre el mismo diario traduce un art&iacute;culo que el escritor y cr&iacute;tico   de arte italiano Angelo Conti (1860-1930) hab&iacute;a publicado en Il Marzocco, en el que   la idea del dibujo, esto es, la correcci&oacute;n acad&eacute;mica como criterio para enjuiciar una   obra de arte es criticado, aunque se destacan sus posibilidades como veh&iacute;culo de la expresi&oacute;n art&iacute;stica,</p>     <p align="CENTER"> &quot;Pero el dibujo, como la pintura, como la poes&iacute;a, como el arte en general,   no se ense&ntilde;a y nadie lo ha ense&ntilde;ado jam&aacute;s. Lo que se puede ense&ntilde;ar   en las escuelas es una habilidad que puede conducir con un poco de   paciencia a ver y reproducir mec&aacute;nicamente y con suficiente exactitud   los objetos en las proporciones y relaciones con que se presentan en la realidad exterior. Pero el dibujo no es la copia exacta de lo que los ojos   ven: es dibujo solamente lo que expresa una visi&oacute;n y un sentimiento; lo   que el artista puede hacer, pero jam&aacute;s ense&ntilde;ar a nadie&quot;<sup><a href="#69">69</a></sup>.</p>     <p>Con esto, en defensa de un criterio moderno, enfrentado al criterio acad&eacute;mico que era   pan corriente en las publicaciones conservadoras, se operaba una nueva ampliaci&oacute;n   del horizonte de expectativas, una &quot;modernizaci&oacute;n&quot; del mismo. Estas traducciones   son ejemplos de los intentos de superaci&oacute;n del vac&iacute;o de lenguaje frente a la obra de   Santa Mar&iacute;a y, en general, cara a la modernidad. Sin embargo, s&oacute;lo abonaban el terreno   de las sensibilidades y del lenguaje, y son el trasfondo para la discusi&oacute;n que se llevar&iacute;a   a cabo en 1904, esta vez en torno a la noci&oacute;n de &quot;impresionismo&quot;, que requerir&aacute; de   una nueva ampliaci&oacute;n de horizonte de expectativas, directamente dirigido a evaluar la obra de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a.</p>     <p>   Al finalizar la discusi&oacute;n acerca de si el triunfador de la exposici&oacute;n nacional de 1899   deber&iacute;a ser Garay o Acebedo, se produjo el primer intento de cr&iacute;tica de arte en sentido   fuerte: Jacinto Albarrac&iacute;n public&oacute; Los artistas y sus cr&iacute;ticos<sup><a href="#70">70</a></sup>. En este texto, reconstruy&oacute;   las posturas de los cr&iacute;ticos, hizo un balance de sus falencias, destac&oacute; los aspectos   centrales que deber&iacute;an tenerse en cuenta a la hora de juzgar una obra de arte y se&ntilde;al&oacute;   los errores comunes cometidos por los colegas del oficio. Este texto indica que   pese al estado germinal de la cr&iacute;tica, al poco numeroso grupo de cr&iacute;ticos, al ser una   actividad b&aacute;sicamente bogotana y a todas las dem&aacute;s posibles limitaciones, la situaci&oacute;n   hermen&eacute;utica estaba suficientemente desarrollada para efectuar evaluaciones hist&oacute;ricas;   tales evaluaciones revelan las posibilidades de una lectura autoconsciente por parte de   los lectores hist&oacute;ricos que revisan sus propios prejuicios. En 1904 una nueva situaci&oacute;n   suceder&aacute; en torno al impresionismo de la obra de Santa Mar&iacute;a, su trabajo dejar&aacute; de pasar   desapercibido y se convertir&aacute; en el centro de inter&eacute;s de los cr&iacute;ticos.</p>     <p>   Mi tesis es que el car&aacute;cter de fundaci&oacute;n de modernidad en el lenguaje pl&aacute;stico que tiene   correspondencia con la obra de Santa Mar&iacute;a en Colombia, sirvi&oacute; para que la cr&iacute;tica   de arte se consolidara en el sentido de un mejoramiento en algunos de los cr&iacute;ticos,   que debieron ampliar el horizonte de expectativas a partir del cual le&iacute;an los cuadros   de las exposiciones y que esta ampliaci&oacute;n del horizonte abr&iacute;a paso a la recepci&oacute;n de   lenguajes art&iacute;sticos no tradicionales al mismo tiempo que aclimataba la producci&oacute;n   de obras de arte, que podr&iacute;an circular en el contexto nacional de los compradores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los primeros escritos de cr&iacute;tica de arte producidos en Colombia en el siglo XIX   pronto encontraron el procedimiento com&uacute;n academicista y heredero de los   c&aacute;nones neocl&aacute;sicos, lo que hoy suena deficitario. Sin embargo la b&uacute;squeda de   fuentes, la ampliaci&oacute;n del horizonte de expectativas y la consolidaci&oacute;n de un lenguaje   literariamente cargado, son elementos que, al ser los intentos iniciales de la pr&aacute;ctica,   es conveniente no perder de vista a la hora de juzgar el pasado de una actividad que hoy contin&uacute;a siendo solicitada.</p>     <p>   Los ejemplos que hemos mostrado no son simplemente una muestra de la historicidad   de los enunciados, deben ubicarse en el origen de una tradici&oacute;n que desde entonces ha   acompa&ntilde;ado a las manifestaciones art&iacute;sticas. Los aciertos y desaciertos de esa &eacute;poca   deben integrarse como elementos de juicio a la hora de efectuar evaluaciones del estado   actual de la disciplina. Pese a lo historicista que pueda resultar una reconstrucci&oacute;n   de este tipo, la posibilidad de observar el pasado desde marcos te&oacute;ricos recientes   permite apreciar en su justa medida el valor que pueda tener para el presente efectuar   constantes revisiones de los hechos que conforman nuestra identidad.</p>    <hr size="1">      <p><a name="1">1</a> Aparte de los art&iacute;culos en los peri&oacute;dicos regionales, Francisco Antonio Cano (1865-1935) y Marco Tob&oacute;n   Mej&iacute;a (1876-1933) fundan en Medell&iacute;n la revista &quot;Literatura y Arte&quot; (1903-1906), en la que publicar&aacute;n algunos   art&iacute;culos de cr&iacute;tica de arte (entre otros el art&iacute;culo en que Cano se refiere a la pintura de Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a (1860-1945), en el n&uacute;mero 1 de la publicaci&oacute;n).</p>     <p>   <a name="2">2</a> Es el caso de GIRALDO JARAMILLO, Gabriel, Notas y documentos sobre el arte en Colombia, Bogot&aacute;, A.B.C.,   1954, especialmente en el art&iacute;culo &quot;La cr&iacute;tica arte en el siglo XIX&quot;, pp. 262-267.</p>     <p><a name="3">3</a> En este sentido emplean el t&eacute;rmino VENTURI, Lionello, Historia de la cr&iacute;tica de arte, Barcelona, Gustavo Gili, 1979 y BENJAMIN, Walter, El concepto de cr&iacute;tica de arte en el romanticismo alem&aacute;n, Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1988.</p>     <p><a name="4">4</a> En CALABRESE, Omar, C&oacute;mo se lee una obra de arte, Madrid, C&aacute;tedra, 1993, se indica este doble sentido de las definiciones de &quot;cr&iacute;tica de arte&quot;.</p>     <p>   <a name="5">5</a> La diferencia entre cr&iacute;tica como actividad y escrito cr&iacute;tico como producto es relevante. A cada una le corresponde   una teor&iacute;a particular. Por una parte, una teor&iacute;a acerca de la cr&iacute;tica de arte que es uno de los momentos de   la teor&iacute;a est&eacute;tica. Por otra parte, hay una teor&iacute;a del texto cr&iacute;tico que difiere de la anterior en que se analizan   enunciados o discursos, no formas de pensar o de juzgar. En este escrito combinar&eacute; ambas estrategias te&oacute;ricas:   emplear&eacute; momentos reconocibles en una tradici&oacute;n te&oacute;rica que permite leer al cr&iacute;tico como lector (la est&eacute;tica   de la recepci&oacute;n) y emplear&eacute; fragmentos de cr&iacute;ticas producidas en los primeros a&ntilde;os como indicadores de la   forma como se producen enunciados en un per&iacute;odo hist&oacute;rico determinado.</p>     <p>   <a name="6">6</a> Me refiero al &quot;estilo&quot; como reconocible, debido a que una de las posibilidades fuertes de interpretaci&oacute;n de la   cr&iacute;tica es la de pensar el mismo texto cr&iacute;tico como un g&eacute;nero de escritura.</p>     <p>   <a name="7">7</a> Esta definici&oacute;n no obsta los m&uacute;ltiples problemas y posibilidades de tratamiento de la cr&iacute;tica de arte, los   siguientes autores se ocupan de los problemas m&aacute;s relevantes que tiene el enfrentarse con este objeto de estudio:   ACHA, Juan, Cr&iacute;tica del arte: teor&iacute;a y pr&aacute;ctica, M&eacute;xico, Trillas, 1992; GU&Eacute;DEZ, V&iacute;ctor, &quot;Fundamentos te&oacute;ricos   y metodol&oacute;gicos de la cr&iacute;tica de arte&quot;, en Revista del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Vol. 80, No. 538,   Bogot&aacute;, abril-junio de 1987, pp. 38-47; GONZ&Aacute;LEZ, Alberto, &quot;En torno a la cr&iacute;tica de arte&quot;, en Revista de   extensi&oacute;n cultural, No. 32 y 33, Medell&iacute;n, diciembre de 1994, pp. 15-25 y CALVO SERRALLER, Francisco, &quot;La   cr&iacute;tica de arte&quot;, en Los espect&aacute;culos del arte, Barcelona, Tusquets, 1993, pp. 13-74.</p>     <p>   <a name="8">8</a> Al hacer un an&aacute;lisis de los objetivos del texto cr&iacute;tico, ACHA, Juan, op. cit., p. 94, caracteriza cuatro operaciones:   informar, describir, cualificar, argumentar. GU&Eacute;DEZ, V&iacute;ctor, op. cit., p. 43, ubica, en lo que denomina &quot;punto   de vista nominativo&quot;: apreciar, analizar, comparar, diferenciar, estudiar, evaluar y juzgar. Re&uacute;no todas estas   operaciones en &quot;analizar&quot; por razones de espacio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="9">9</a> Los t&eacute;rminos &quot;evaluadores fuertes&quot; y &quot;evaluadores d&eacute;biles&quot; son intuitivamente comprensibles. Siguiendo a   Dickie, se puede afirmar que hay s&oacute;lo dos evaluadores fuertes: &quot;bueno&quot; y &quot;malo&quot;, y todos los t&eacute;rminos con   carga sem&aacute;ntica similar. Los otros calificativos, que no implican un juicio valorativo &uacute;ltimo, son d&eacute;biles. En   este texto se emplean en el sentido en que los usa Dickie: estamos en presencia de un evaluador fuerte cuando   en la base del juicio se encuentra un principio general. La tesis de Dickie es que los cr&iacute;ticos emplean tan solo   evaluadores d&eacute;biles, los fuertes son formas complejas de evaluadores d&eacute;biles. DICKIE, George, Evaluating Art, Filadelfia, Temple University Press, 1988, pp. 53-80.</p>     <p>   <a name="10">10</a> Los primeros a&ntilde;os de la cr&iacute;tica de arte en Colombia est&aacute;n atravesados por escritos &quot;d&eacute;biles&quot;, tanto en peri&oacute;dicos   como en revistas, donde se rese&ntilde;aban juntos arte, literatura y moda; por ejemplo, en la Revista Ilustrada (1898-1899) y la Revista Colombiana (1895-189 ). La cr&iacute;tica literaria encontraba espacio en Revista Literaria (1890-1894), Revista   Gris (1892-1895) y la revista La Gruta (1903). Las primeras cr&iacute;ticas en sentido fuerte se publican en la Revista   Contempor&aacute;nea (1905), dirigida por Baldomero San&iacute;n Cano (entre los socios estaban Maximiliano Grillo y Ricardo   Hinestrosa Daza, cr&iacute;ticos literarios que tambi&eacute;n escribieron acerca de arte, como veremos posteriormente), aunque   el antepasado debe datarse en el Papel Peri&oacute;dico Ilustrado (1881-1888), fundado por Alberto Urdaneta. Un momento   central de cr&iacute;ticas en sentido fuerte viene constituido por el primer estudio acerca de las cr&iacute;ticas en torno a un   evento, que public&oacute; Jacinto Albarrac&iacute;n (Albar) con el nombre Los artistas y sus cr&iacute;ticos en 1899.</p>     <p>   <a name="11">11</a> El caso de William L&oacute;pez es destacable en la elaboraci&oacute;n te&oacute;rica del tema, pese a no ser un autor editorialmente   prol&iacute;fico, la seriedad de su documentaci&oacute;n, especialmente de su tesis de maestr&iacute;a en la Universidad Nacional (L&Oacute;PEZ,   William, La cr&iacute;tica de arte en el sal&oacute;n de 1899. Una aproximaci&oacute;n a los procesos de configuraci&oacute;n del campo art&iacute;stico en Colombia,   Tesis de maestr&iacute;a, Bogot&aacute;, Universidad Nacional 2005) y algunos desarrollos posteriores de su postura (de una   elaboraci&oacute;n acerca de los p&uacute;blicos en la conferencia Los p&uacute;blicos de la cr&iacute;tica de arte: apuntes sobre la historia de una pr&aacute;ctica   cultural localizada, presentada en la Universidad de Antioquia, 2004, a defensa de la consolidaci&oacute;n del campo del arte,   en torno a la figura de Alberto Urdaneta presentada en la conferencia La cr&iacute;tica de arte en el sal&oacute;n de 1899, Universidad   del Rosario, 2005) hacen de su caso el centro de referencia obligado de todos los interesados en el tema.</p>     <p>   <a name="12">12</a> CALABRESE, Omar, C&oacute;mo se lee una obra de arte, Madrid, C&aacute;tedra, 1993, p. 11.</p>     <p>   <a name="13">13</a> Una presentaci&oacute;n del conjunto de la est&eacute;tica de la recepci&oacute;n se encuentra en S&Aacute;NCHEZ ORTIZ DE URBINA,   Ricardo, &quot;La recepci&oacute;n de la obra de arte&quot;, en BOZAL, Vale </p>     <p><a name="14">14</a> ISER, Wolfgang, &quot;El proceso de lectura&quot;, en MAYORAL, Jos&eacute; Antonio (comp.), Est&eacute;tica de la Recepci&oacute;n, Madrid,   Visor, 1989, pp. 149 y ss.</p>     <p><a name="15">15</a> O &quot;Lector contempor&aacute;neo&quot; en ISER, Wolfgang, The Act of Reading, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1980, pp. 27-33.</p>     <p>   <a name="16">16</a> Stanley Fish inventa el t&eacute;rmino y lo describe de esta manera: &quot;El lector informado es alguien que: 1. es un   hablante del lenguaje en el que est&aacute; construido el texto. 2. est&aacute; en posesi&oacute;n completa de los conocimientos   sem&aacute;nticos que un lector adulto aporta a su tarea de comprensi&oacute;n. Ello incluye el conocimiento (es decir,   la experiencia, como emisor y receptor) de las unidades l&eacute;xicas, las posibilidades combinatorias, expresiones   idiom&aacute;ticas, profesionales, dialectales, etc. 3. posee competencia literaria&quot;. FISH, Stanley, &quot;La literatura en el   lector: estil&iacute;stica afectiva&quot;, en MAYORAL, Jos&eacute; Antonio (comp.), op. cit., p. 124.</p>     <p>   <a name="17">17</a> GADAMER, Hans-Georg, Verdad y m&eacute;todo, Salamanca, S&iacute;gueme, 1993, especialmente pp. 372 y ss. y 452 y ss.</p>     <p>   <a name="18">18</a> IGLESIAS SANTOS, Montserrat, &quot;La est&eacute;tica de la recepci&oacute;n y el horizonte de expectativas&quot;, en VILLANUEVA,   Dar&iacute;o (comp.), Avances en teor&iacute;a de la literatura, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela,   1994, p. 68.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="19">19</a> Otra lectura del concepto que complementa los rasgos presentados es esta: &quot;El horizonte de preguntas   de Gadamer es llamado por H. R. Jauss horizonte de expectativas que es la suma de comportamientos,   conocimientos e ideas preconcebidas que encuentra una obra en el momento de su aparici&oacute;n y a merced del   cual es valorada&quot;. ROTHE, Arnold, &quot;El papel del lector en la cr&iacute;tica alemana contempor&aacute;nea&quot;, en MAYORAL,   Jos&eacute; Antonio (ed.), Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n, Madrid, Arco Libros, 198 , p. 1 .</p>     <p><a name="20">20</a> He escogido la mayor parte de los ejemplos de la obra de MEDINA, &Aacute;lvaro, Procesos del arte en Colombia, Bogot&aacute;,   Procultura, 1979. En todos los casos se ha consultado el texto en su edici&oacute;n original. El criterio de Medina es   el de las exposiciones nacionales; este es un punto fuerte de partida, porque generalmente en ocasi&oacute;n de estos acontecimientos los cr&iacute;ticos suelen publicar notas.</p>     <p>   <a name="21">21</a> MART&Iacute;NEZ, Fr&eacute;d&eacute;ric, &quot;&iquest;C&oacute;mo representar a Colombia? De las exposiciones universales a la Exposici&oacute;n del   Centenario 1851-1910&quot;, en S&Aacute;NCHEZ G&Oacute;MEZ, Gonzalo, et. al. (comp.), Museo, memoria y naci&oacute;n. Misi&oacute;n de   los museos nacionales para los ciudadanos del futuro, Bogot&aacute;, Mincultura, 2000, p. 324.</p>     <p>   <a name="22">22</a> CALABRESE, Omar, C&oacute;mo se lee una obra de arte, Madrid, C&aacute;tedra, 1993, p. 11.</p>     <p><a name="23">23</a> MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., p. 213.</p>     <p>   <a name="24">24</a> Uno de los pintores de caballete m&aacute;s importantes de la primera mitad del siglo XIX, al respecto v&eacute;ase   LONDO&Ntilde;O, Santiago, Breve historia de la pintura en Colombia, Bogot&aacute;, FCE, 2005, p. 65.</p>     <p>   <a name="25">25</a> No es el caso inicial ni el primer art&iacute;culo producido, esto es irrelevante en t&eacute;rminos geneal&oacute;gicos: recu&eacute;rdese   el t&oacute;pico el origen no es el lugar de la verdad. Adem&aacute;s, el cr&iacute;tico es un part&iacute;cipe en los procesos del arte, no alguien   que espor&aacute;dicamente rese&ntilde;a una actividad. Sin embargo, como simple ejemplo el texto escogido cumple con   su prop&oacute;sito.</p>     <p>   <a name="26">26</a> &quot;Descripci&oacute;n de las obras de dibujo y pintura que se presentaron en la exhibici&oacute;n de los d&iacute;as 20, 21 y 22 de   Julio de 1848&quot;, en El D&iacute;a, No. 533, Bogot&aacute;, 2 de agosto de 1848, p. 3.</p>        <p><a name="27">27</a> Ibid., p. 3.</p>     <p><a name="28">28</a> Ibid., p. 4. La negrilla es m&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="29">29</a> JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, &quot;Una mirada a los or&iacute;genes del campo de la cr&iacute;tica de arte en Colombia&quot;, en   Artes La Revista, Vol. 4, No. 7, Medell&iacute;n, enero-junio de 2004, pp. 5-8.</p>     <p>   <a name="30">30</a> FEVRE, Ferm&iacute;n, &quot;Las formas de la cr&iacute;tica y la respuesta del p&uacute;blico&quot;, en BAY&Oacute;N, Dami&aacute;n (relator), Am&eacute;rica Latina en   sus artes, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1989, p. 50.</p>     <p><a name="31">31</a> BARNEY CABRERA, Eugenio, &quot;Rese&ntilde;a del arte en Colombia durante el siglo XIX&quot;, en Anuario colombiano   de historia social y de la cultura, Vol. 2, No. 3, Bogot&aacute;, Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, 1965, pp. 71 y ss.</p>     <p>   <a name="32">32</a> Algunos ejemplos: &quot;El que suscribe deseoso de contribuir con su parte al adelanto i propagaci&oacute;n de los   conocimientos en un arte tan &uacute;til cual es el dibujo ofrece a la juventud aficionada de esta capital consagrarse a   dar las lecciones de que se cree capaz en los distintos ramos que abraza.....siguiendo en todo un m&eacute;todo sencillo,   i de suma facilidad para el principiante&quot;. El Tiempo, Bogot&aacute;, 16 de enero de 1855. Los anuncios de ofrecimiento   de servicios suelen ser como este: &quot;Rafael Roca, profesor de pintura, miembro de varias Academias de m&eacute;rito   en Europa, restaurador de cuadros antiguos i compositor de cuadros de historia, tiene el honor de anunciar   al p&uacute;blico que retrata al &oacute;leo i en miniatura, i ejecuta cuadros de familia en todos tama&ntilde;os&quot;. El Neogranadino,   Bogot&aacute;, 16 de diciembre de 1848.</p>     <p><a name="33">33</a> GONZ&Aacute;LEZ, Beatriz, El arte colombiano en el siglo XIX. Colecci&oacute;n Bancaf&eacute;, Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Cafetero, 2004, p. 81.</p>     <p>   <a name="34">34</a> MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., p. 206. La negrilla es m&iacute;a.</p>     <p>   <a name="35">35</a> Fundada por el pintor mexicano Felipe Santiago Guti&eacute;rrez (1824-1904), la Academia se convirti&oacute; en &quot;centro   de reuni&oacute;n de artistas y poetas y obligado lugar de cita de la elite capitalina&quot;, como lo refiere GIRALDO   JARAMILLO, Gabriel, La pintura en Colombia, M&eacute;xico, FCE, 1948, p. 143. En el a&ntilde;o 1886 la Academia pasa a   manos del Estado y se convierte en la Escuela de Bellas Artes.</p>     <p><a name="36">36</a> Conocido miniaturista, particip&oacute; en las batallas de independencia; si bien no particip&oacute; en la Batalla de Boyac&aacute;,   este cuadro hace parte de las diez batallas pintadas por &eacute;l a mediados del siglo XIX. Al respecto, LONDO&Ntilde;O, Santiago, Breve historia de la pintura en Colombia, Bogot&aacute;, FCE, 2005, pp. 68-70.</p>     <p>   <a name="37">37</a> POMBO, Rafael, &quot;La exposici&oacute;n de bellas artes&quot;, en MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., p. 24 .</p>     <p>   <a name="38">38</a> Gil Tovar se&ntilde;ala la pobreza de este tipo de comentarios: &quot;Muchos cr&iacute;ticos se dedican a hablar de la excelente   composici&oacute;n de un cuadro, de su armonioso colorido, de su buen dibujo... Si no se puede decir m&aacute;s que   eso de un cuadro, es que apenas se puede decir nada. Porque si un cuadro no posee al menos esas condiciones   elementales, no es tal cuadro. Esas son condiciones m&iacute;nimas que se habr&iacute;an de dar por supuestas, y de las que   no habr&iacute;a ni que hablar en una cr&iacute;tica seria. Es como si un cr&iacute;tico literario elogiara el que tal o cual escritor   publicase sus novelas sin faltas de ortograf&iacute;a&quot;. GIL TOVAR, Francisco, &quot;Para un breviario de cr&iacute;tica art&iacute;stica&quot;,   en Revista Bol&iacute;var, No. 25, Bogot&aacute;, noviembre-diciembre de 1953, p. 889.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="39">39</a> Medina, Barney Cabrera y Jaramillo ponen de presente la importancia que tiene este enfrentamiento en t&eacute;rminos   del desenvolvimiento de la cr&iacute;tica de arte en Colombia. MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, op. cit. y BARNEY CABRERA, Eugenio, El arte en Colombia temas de ayer y de hoy, Bogot&aacute;, Fondo Cultural   Cafetero, 1980, pp. 4 -54.</p>     <p><a name="40">40</a> Organizada por Alberto Urdaneta (1845-1887) como director de la Escuela de Bellas Artes, fue un certamen   muy relevante, en el que se expusieron alrededor de 1600 obras de artistas de la &eacute;poca y una muestra de artistas   previos. Urdaneta solicit&oacute; del gobierno decreto para dividir la exposici&oacute;n en las siguientes secciones: &quot;1&deg; Obras   producidas por esta Escuela en los meses que tiene de establecida, 2&deg; Obras de los artistas colombianos o   residentes en Colombia contempor&aacute;neos, 3&deg; Obras del arte antiguo en Colombia y 4&deg; Obras notables extranjeras   que existan en el pa&iacute;s&quot;. URDANETA, Alberto, &quot;Primera exposici&oacute;n anual de la escuela de Bellas Artes&quot;, en Papel Peri&oacute;dico Ilustrado, Bogot&aacute;, 1 de febrero de 1887.</p>     <p>   <a name="41">41</a> La relaci&oacute;n entre el poeta Pombo y el pintor mexicano es relevante; el pintor Guti&eacute;rrez hab&iacute;a venido por primera   vez al pa&iacute;s (1873) gracias a los oficios del poeta Pombo, quien lo recomendar&aacute; nuevamente en su segundo viaje   (1881). Al respecto ver GONZ&Aacute;LEZ, Beatriz, op. cit., pp. 106-10 .</p>     <p>   <a name="42">42</a> Conocido por su seud&oacute;nimo REG, se trata del poeta modernista en cuya casa iniciar&aacute; el movimiento de la Gruta   Simb&oacute;lica, hombre de negocios simult&aacute;neamente, ser&aacute; socio de las primeras empresas de alumbrado el&eacute;ctrico   de Bogot&aacute; (1890 y 1905). P&Eacute;REZ SILVA, Vicente, &quot;La bohemia de anta&ntilde;o en Bogot&aacute; y Medell&iacute;n&quot;, en Revista   Credencial Historia, Bogot&aacute;, No. 142, octubre de 2001, en http://www.lablaa.org/blaavirtual/revistas/credencial/   octubre2001/labohem.htm y VV. AA., Historia de la Empresa de Energ&iacute;a de Bogot&aacute;, Vol. I (1896-1970), Bogot&aacute;,   Universidad Externado de Colombia - EEEB, 1999, pp. 77-78.</p>     <p>   <a name="43">43</a> ESPINOSA GUZM&Aacute;N, Rafael (REG), &quot;Cr&oacute;nica Bogotana&quot;, en El Semanario, No. 20, Bogot&aacute;, 8 de diciembre   de 1888.</p>     <p>   <a name="44">44</a> Abogado, periodista, cr&iacute;tico de arte y pol&iacute;tico liberal. Fundador y director de la Revista Ilustrada (1898-1899),   primera publicaci&oacute;n en que se emple&oacute; el fotograbado en Bogot&aacute;. CADAVID, Jorge Hernando, &quot;Revista   Ilustrada (1898-1899): De la ilustraci&oacute;n al modernismo&quot;, en Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico, Vol. 31, No. 36,   Bogot&aacute;, Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango, 1994, pp. 29-43.</p>     <p><a name="45">45</a> MANRIQUE, Pedro Carlos, &quot;La exposici&oacute;n de pintura&quot;, en Papel Peri&oacute;dico Ilustrado, No. 106, a&ntilde;o V, Bogot&aacute;, 15 de diciembre de 1886, p. 150.</p>     <p>   <a name="46">46</a> Ibid.</p>     <p><a name="47">47</a> No he empleado alusiones hist&oacute;ricas al estado de la naci&oacute;n en la &eacute;poca que me ocupa, remito al lector a las   excelentes reconstrucciones en MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, &quot;Una mirada a los   or&iacute;genes del campo de la cr&iacute;tica de arte en Colombia&quot;, en Artes La Revista, Vol. 4, No. 7, Medell&iacute;n, enero-junio   2004, pp. 3-38 y L&Oacute;PEZ ROSAS, William Alfonso, La cr&iacute;tica de arte en el sal&oacute;n de 1899. Una aproximaci&oacute;n a los   procesos de configuraci&oacute;n del campo art&iacute;stico en Colombia, Tesis de maestr&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia, sede   Bogot&aacute;, 2005. Me ocupo solamente de algunos escritos para indicar momentos espec&iacute;ficos en el desarrollo del lenguaje de la cr&iacute;tica de arte.</p>     <p>   <a name="48">48</a> Act&uacute;a como jurado en la exposici&oacute;n de 1894 y muestra sus obras en peque&ntilde;o formato. Al respecto SERRANO,   Eduardo, Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a pintor colombiano de resonancia universal, Bogot&aacute;, Museo de Arte Moderno, 1988,   p. 13.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="49">49</a> Se trata de la c&aacute;tedra Paisaje, que dicta los primeros meses en compa&ntilde;&iacute;a del pintor Luis de Llanos (ca. 1845-1894).   Esta c&aacute;tedra fue fundamental para la reorientaci&oacute;n del arte nacional hacia el paisaje y los temas propios, como lo pone de relieve GONZ&Aacute;LEZ, Beatriz, El arte colombiano en el siglo XIX, Bogot&aacute;, Fondo Cultural Cafetero,   2004, pp. 14 -149.</p>     <p><a name="50">50</a> RUBIANO CABALLERO, Germ&aacute;n, &quot;Aproximaci&oacute;n a la cr&iacute;tica de arte en Colombia&quot;, en BARNEY CABRERA, Eugenio (director cient&iacute;fico), Historia del Arte Colombiano, Vol. 5, Bogot&aacute;, Salvat, 1978, pp. 1341-1382.</p>     <p>   <a name="51">51</a> RIVERO, Mario, Artistas pl&aacute;sticos en Colombia: los de ayer y los de hoy, Bogot&aacute;, Stamato, 1982.</p>     <p>   <a name="52">52</a> BARNEY CABRERA, Eugenio, Andr&eacute;s Santamar&iacute;a y su &eacute;poca, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 1968.</p>     <p>   <a name="53">53</a> En este sentido hay que recordar que Santa Mar&iacute;a hab&iacute;a residido en Europa desde los dos a&ntilde;os de edad y   volv&iacute;a a su tierra natal ya en los 33 a&ntilde;os cumplidos. Bogot&aacute; era una ciudad de menos de 100.000 habitantes, en   la que reci&eacute;n empezaba una primera industrializaci&oacute;n incipiente, con una banca en nacimiento tambi&eacute;n, pero   que continuaba una vida semirural. Al respecto ver, BORDA TANCO, Alberto, Bogot&aacute;, Bogot&aacute;, Escuela Tip.   Salesiana, 1911.</p>     <p>   <a name="54">54</a> Al respecto v&eacute;ase JARAMILLO, Carlos Eduardo, &quot;Antecedentes generales de la guerra de los Mil D&iacute;as y golpe   de estado del 31 de julio de 1900&quot;, en TIRADO MEJ&Iacute;A, Alvaro (director cient&iacute;fico), Nueva Historia de Colombia,   Vol. I, Bogot&aacute;, Planeta, 1989, pp. 65-67.</p>     <p><a name="55">55</a> SERRANO, Eduardo, Andr&eacute;s de Santa Maria: pintor colombiano de resonancia universal, Bogot&aacute;, Museo de Arte Moderno de Bogot&aacute;, Novus Ediciones, 1988, p. 13.</p>     <p><a name="56">56</a> Ibid., p. 14.</p>     <p>   <a name="57">57</a> Ibid., p. 15.</p>     <p><a name="58">58</a> El Heraldo, 17 y 22 de agosto de 1899.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="59">59</a> Este es un buen ejemplo de los lenguajes en uso: &quot;Adm&iacute;rase en esta obra la armon&iacute;a en el conjunto, el movimiento apropiado,   la expresi&oacute;n adecuada, la plegadura blanda y art&iacute;sticamente dispuesta, desarrollado todo con una ejecuci&oacute;n franca y moderna   [...] Temas nacionales como el de Policarpa Salabarrieta, son los que deben desarrollar nuestros artistas, si quieren mostrarse   verdaderamente originales y evitar cualquier asomo de plagio. La Biblia y la Mitolog&iacute;a est&aacute;n demasiado tratadas por las   primeras eminencias del arte&quot;. &quot;Merece los honores del bronce&quot;, en El Heraldo, Bogot&aacute;, 29 de agosto de 1899.</p>     <p>   <a name="60">60</a> &quot;Exposici&oacute;n de Bellas Artes&quot;, en El Conservador, No. 18, Bogot&aacute;, 23 de agosto de 1899.</p>     <p>   <a name="61">61</a> Maximiliano Grillo es un representante del modernismo en la poes&iacute;a colombiana y de los intelectuales   colombianos de finales del siglo XIX; abogado, periodista, &quot;atildado escritor&quot; como lo caracterizara Baldomero San&iacute;n Cano, fundador de las revistas Gris y Contempor&aacute;nea, y de los peri&oacute;dicos El Autonomista y El Vig&iacute;a; fue   tambi&eacute;n miembro de la C&aacute;mara y del Senado de la Rep&uacute;blica y diplom&aacute;tico. SAN&Iacute;N CANO, Baldomero, &quot;Max   Grillo&quot;, en GRILLO, Max, Granada entreabierta, Bogot&aacute;, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1946, pp.   VII-VIII.</p>     <p><a name="62">62</a> GRILLO, Max, &quot;En la exposici&oacute;n&quot;, en El Diario, Bogot&aacute;, 24 de agosto de 1899. Esta descripci&oacute;n ser&aacute; refutada   severamente por el cr&iacute;tico de arte Jacinto Albarrac&iacute;n (1876-&iquest;?), de quien afirma Medina: &quot;Jacinto Albarrac&iacute;n   -Albar-, un cat&oacute;lico de evidentes simpat&iacute;as con el conservatismo en 1899, tras la guerra critic&oacute; a la Regeneraci&oacute;n   y posteriormente fue un activo divulgador del socialismo ut&oacute;pico, el cual asoci&oacute; a los preceptos del cristianismo.   En 1919 Albarrac&iacute;n se convirti&oacute; en uno de los fundadores del Partido Socialista Revolucionario, organizado al calor del entusiasmo que despert&oacute; el triunfo de la revoluci&oacute;n rusa&quot;. MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., p. 64.</p>     <p>   <a name="63">63</a> &quot;Bellas Artes&quot;, en El Heraldo, No. 842, Bogot&aacute;, 24 de agosto de 1899.</p>     <p><a name="64">64</a> &quot;Para comenzar&quot;, en El Autonomista, No. 58, Bogot&aacute;, 27 de noviembre de 1898.</p>     <p>   <a name="65">65</a> Ibid.</p>     <p><a name="66">66</a> Ensayista y escritor venezolano, reconocido como uno de los iniciadores del modernismo a trav&eacute;s de la revista Cosmopolis (1894-1895), con una trayectoria com&uacute;n a varios de los intelectuales latinoamericanos, miembro del parlamento venezolano y representante diplom&aacute;tico en Europa (el art&iacute;culo al que hacemos menci&oacute;n fue publicado mientras Coll fung&iacute;a como c&oacute;nsul de Venezuela en Southampton). &Aacute;NGEL INSAUSTI, Rafael, &quot;Un nuevo libro de Pedro Emilio Coll&quot;, en COLL, Pedro Emilio, La colina de los sue&ntilde;os, Caracas, Artes Gr&aacute;ficas, 1959, pp. 11-13.</p>     <p>   <a name="67">67</a> El Autonomista, No. 173, Bogot&aacute;, 7 de mayo de 1899. </p>     <p><a name="68">68</a> Ibid.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="69">69</a> &quot;Ideas Fundamentales&quot;, en El Autonomista, No. 272, Bogot&aacute;, 3 de septiembre de 1899.</p>     <p>   <a name="70">70</a> ALBARRAC&Iacute;N, Jacinto (Albar), Los artistas y sus cr&iacute;ticos, Bogot&aacute;, Imprenta y librer&iacute;a de Medardo Rivas, 1899.</p> <hr size="1">        <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>     <!-- ref --><p>1. El Autonomista, Bogot&aacute;, 1898-1899. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-1617200600020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. El Conservador, Bogot&aacute;, 1899. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-1617200600020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. El D&iacute;a, Bogot&aacute;, 1848. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-1617200600020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. El Diario, Bogot&aacute;, 1899. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-1617200600020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. El Heraldo, Bogot&aacute;, 1899. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-1617200600020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. El Neogranadino, Bogot&aacute;, 1848. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-1617200600020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. El Semanario, Bogot&aacute;, 1888. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-1617200600020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. El Tiempo, Bogot&aacute;, 1855. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-1617200600020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Papel Peri&oacute;dico Ilustrado, Bogot&aacute;, 1886-1887.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-1617200600020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. ALBARRAC&Iacute;N, Jacinto (Albar), Los artistas y sus cr&iacute;ticos, Bogot&aacute;, Imprenta y librer&iacute;a de   Medardo Rivas, 1899. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-1617200600020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BORDA TANCO, Alberto, Bogot&aacute;, Bogot&aacute;, Escuela Tip. Salesiana, 1911.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-1617200600020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. ACHA, Juan, Cr&iacute;tica del arte: teor&iacute;a y pr&aacute;ctica, M&eacute;xico, Trillas, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-1617200600020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. &Aacute;NGEL INSAUSTI, Rafael, &quot;Un nuevo libro de Pedro Emilio Coll&quot;, en COLL, Pedro   Emilio, La colina de los sue&ntilde;os, Caracas, Artes Gr&aacute;ficas, 1959, pp. 11-13. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-1617200600020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. BARNEY CABRERA, Eugenio, &quot;Rese&ntilde;a del arte en Colombia durante el siglo XIX&quot;, en   Anuario colombiano de historia social y de la cultura, Vol. 2, No. 3, Bogot&aacute;, Departamento   de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, 1965, pp. 71-118. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-1617200600020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. ________, Eugenio, Andr&eacute;s Santamar&iacute;a y su &eacute;poca, Bogot&aacute;, Universidad Nacional, 1968. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-1617200600020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. ________, El arte en Colombia temas de ayer y de hoy, Bogot&aacute;, Fondo Cultural Cafetero, 1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-1617200600020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. BENJAMIN, Walter, El concepto de cr&iacute;tica de arte en el romanticismo alem&aacute;n, Barcelona, Pen&iacute;nsula,   1988. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-1617200600020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. CADAVID, Jorge Hernando, &quot;Revista Ilustrada (1898-1899): De la ilustraci&oacute;n al modernismo&quot;,   en Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico, Vol. 31, No. 36, Bogot&aacute;, Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango,   1994, pp. 29-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-1617200600020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. CALABRESE, Omar, C&oacute;mo se lee una obra de arte, Madrid, C&aacute;tedra, 1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-1617200600020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. CALVO SERRALLER, Francisco, &quot;El Sal&oacute;n&quot;, en BOZAL, Valeriano (ed.), Historia de las ideas   est&eacute;ticas y de las teor&iacute;as art&iacute;sticas contempor&aacute;neas, Madrid, Visor, 1999, Vol. 1, pp. 172-185. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-1617200600020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. ______, &quot;La cr&iacute;tica de arte&quot;, en CALVO SERRALLER, Francisco (ed.), Los espect&aacute;culos del   arte, Barcelona, Tusquets, 1993, pp. 13-74. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-1617200600020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. DICKIE, George, Evaluating Art, Filadelfia, Temple University Press, 1988. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-1617200600020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. FEVRE, Ferm&iacute;n, &quot;Las formas de la cr&iacute;tica y la respuesta del p&uacute;blico&quot;, en BAY&Oacute;N, Damian   (relator), Am&eacute;rica Latina en sus artes, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1989, pp. 45-61. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-1617200600020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. FISH, Stanley, &quot;La literatura en el lector: estil&iacute;stica afectiva&quot;, en WARNING, Rainer (ed.),   Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n, Madrid, Visor, 1989, pp. 111-132. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-1617200600020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. GADAMER, Hans-Georg, Verdad y m&eacute;todo, Salamanca, S&iacute;gueme, 1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-1617200600020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. GIL TOVAR, Francisco, &quot;Para un breviario de cr&iacute;tica art&iacute;stica&quot;, en Revista Bol&iacute;var, No. 25,   Bogot&aacute;, noviembre-diciembre de 1953, pp. 889-895. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-1617200600020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. GIRALDO JARAMILLO, Gabriel, La pintura en Colombia, M&eacute;xico, FCE, 1948. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-1617200600020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. _________ , Notas y documentos sobre el arte en Colombia, Bogot&aacute;, A. B. C., 1954. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-1617200600020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. GONZ&Aacute;LEZ, Alberto, &quot;En torno a la cr&iacute;tica de arte&quot;, en Revista de extensi&oacute;n cultural, No. 32   y 33, Medell&iacute;n, diciembre de 1994, pp. 15-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-1617200600020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. GONZ&Aacute;LEZ, Beatriz. El arte colombiano en el siglo XIX. Colecci&oacute;n Bancaf&eacute;, Bogot&aacute;, Fondo   Cultural Cafetero, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-1617200600020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. GU&Eacute;DEZ, V&iacute;ctor, &quot;Fundamentos te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos de la cr&iacute;tica de arte&quot;, en Revista   del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Vol. 80, No. 538, Bogot&aacute;, abril-junio de   1987, pp. 38-47. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-1617200600020001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. IGLESIAS SANTOS, Montserrat, &quot;La est&eacute;tica de la recepci&oacute;n y el horizonte de expectativas&quot;,   en VILLANUEVA, Dar&iacute;o (comp.), Avances en teor&iacute;a de la literatura, Santiago de   Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1994, pp. 35-117. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-1617200600020001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. ISER, Wolfgang, &quot;El proceso de lectura&quot;, en MAYORAL, Jos&eacute; Antonio (comp.), Est&eacute;tica de   la Recepci&oacute;n, Madrid, Visor, 1989, pp. 215-244.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-1617200600020001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. _____, The Act of Reading, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-1617200600020001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. JARAMILLO, Carlos Eduardo, &quot;Antecedentes generales de la guerra de los Mil D&iacute;as y golpe   de estado del 31 de julio de 1900&quot;, en TIRADO MEJ&Iacute;A, &Aacute;lvaro (director cient&iacute;fico),   Nueva Historia de Colombia, Bogot&aacute;, Planeta, 1989, pp. 65-88. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-1617200600020001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, &quot;Una mirada a los or&iacute;genes del campo de la cr&iacute;tica de arte   en Colombia&quot;, en Artes La Revista, Vol. 4, No. 7, Medell&iacute;n, enero-junio de 2004, pp.   3-38. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-1617200600020001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. L&Oacute;PEZ ROSAS, William Alfonso, Los p&uacute;blicos de la cr&iacute;tica de arte: apuntes sobre la historia de una   pr&aacute;ctica cultural localizada, fotocopias de ponencia presentada en Medell&iacute;n, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-1617200600020001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. ______, La cr&iacute;tica de arte en el sal&oacute;n de 1899. Una aproximaci&oacute;n a los procesos de configuraci&oacute;n del   campo art&iacute;stico en Colombia, Tesis de maestr&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia, sede   Bogot&aacute;, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-1617200600020001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. MART&Iacute;NEZ, Fr&eacute;d&eacute;ric, &quot;&iquest;C&oacute;mo representar a Colombia? De las exposiciones universales   a la Exposici&oacute;n del Centenario 1851-1910&quot;, en, S&Aacute;NCHEZ G&Oacute;MEZ, Gonzalo, et.   al. (comps.), Museo, memoria y naci&oacute;n. Misi&oacute;n de los museos nacionales para los ciudadanos del   futuro, Bogot&aacute;, Mincultura, 2000, pp. 317-333. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-1617200600020001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">40. MAYORAL, Jos&eacute; Antonio, (ed.), Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n, Madrid, Arco-Libros, 1987. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-1617200600020001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. MEDINA, &Aacute;lvaro, Procesos del arte en Colombia, Bogot&aacute;, Procultura, 1979. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-1617200600020001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. P&Eacute;REZ SILVA, Vicente, &quot;La bohemia de anta&ntilde;o en Bogot&aacute; y Medell&iacute;n&quot;, en Revista Credencial   Historia, N&deg; 142, Bogot&aacute;, octubre de 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-1617200600020001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. RIVERO, Mario, Artistas pl&aacute;sticos en Colombia: los de ayer y los de hoy, Bogot&aacute;, Stamato, 1982. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-1617200600020001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. ROTHE, Arnold, &quot;El papel del lector en la cr&iacute;tica alemana contempor&aacute;nea&quot;, en MAYORAL,   Jos&eacute; Antonio (comp.), Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n, Madrid, Arco-Libros, 1987, pp. 13-30. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-1617200600020001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">45. BARNEY CABRERA, Eugenio (director cient&iacute;fico), Historia del Arte Colombiano, Vol. 5, Bogot&aacute;, Salvat, 1978, pp. 1341-1360. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-1617200600020001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">46. S&Aacute;NCHEZ ORTIZ DE URBINA, Ricardo, &quot;La recepci&oacute;n de la obra de arte&quot;, en BOZAL,   Valeriano (ed.), Historia de las ideas est&eacute;ticas y de las teor&iacute;as art&iacute;sticas contempor&aacute;neas, Madrid,   Visor, 1999, pp. 213-228. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-1617200600020001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">47. SAN&Iacute;N CANO, Baldomero, &quot;Max Grillo&quot;, en GRILLO, Max, Granada entreabierta, Bogot&aacute;,   Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1946, pp. VII-VIII. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0121-1617200600020001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">48. SERRANO, Eduardo, Andr&eacute;s de Santa Maria: pintor colombiano de resonancia universal, Bogot&aacute;,   Museo de Arte Moderno de Bogot&aacute;, Novus Ediciones, 1988. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-1617200600020001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. VV.AA. Historia de la Empresa de Energ&iacute;a de Bogot&aacute;, Vol. I (1896-1970), Bogot&aacute;, Universidad   Externado de Colombia - EEEB, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0121-1617200600020001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">50. VENTURI, Lionello, Historia de la cr&iacute;tica de arte, Barcelona, Gustavo Gili, 1979. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-1617200600020001100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">51. WARNING, Rainer (ed.), Est&eacute;tica de la recepci&oacute;n, Madrid, Visor, 1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0121-1617200600020001100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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