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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El campo artístico colombiano en el Salón de Arte de 1910]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the Salon of 1910, an art exhibition organized during the Centennial Exposition. It examines the agents involved in this exposition such as the Academy, the artists, the critics, and the jurors’ awards. The article employs Bourdieu’s field theory to explain developments in the arts in Colombia and to explore the links between the idea of the nation promoted by the Centennial and the artistic works exhibited in the Salon. The article offers, in the end, a novel and suggestive approach to historic and social processes in the arts in Colombia at the beginning of the 20th century.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b>    <center><font size="4">El campo art&iacute;stico colombiano en el Sal&oacute;n de Arte de 1910</font></center></b></p>     <p><b>    <center><font size="3">The Colombian artistic field in the Art Salon of 1910</font></center></b></p>     <p>Alejandro Garay Celeita<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Historiador de la Pontificia Universidad Javeriana. Estudiante de la Maestr&iacute;a en Historia y Teor&iacute;a del Arte, la Arquitectura y la Ciudad en la Universidad Nacional de Colombia. </p>   <hr size="1">     <p><i>¿Qué diríais de un Concierto en que se tocará á Beethoven, Chopin, Hayden, Grieg, y en cuyo programa también hubiese número de pasillos y bambucos interpretados en tiples y dulzainas? No os lo explicarías. ¿Verdad?</i><sup><a href="#1">1</a></sup></p>      <p><i><b>Resumen</b></i></p>     <p>   Este art&iacute;culo analiza el Sal&oacute;n de 1910, muestra de arte realizada durante la Exposici&oacute;n del Centenario.   Examina los agentes involucrados en esta exposici&oacute;n, como la Academia, los artistas, los cr&iacute;ticos y el   fallo de los jurados. Aborda la teor&iacute;a del campo de Bourdieu para explicar el proceso que se estaba   desarrollando en el campo de las artes en Colombia y explora los v&iacute;nculos entre la propuesta de naci&oacute;n   del Centenario con el trabajo pl&aacute;stico que mostraron los artistas expositores. Propone, finalmente,   una mirada novedosa y sugestiva de los procesos hist&oacute;ricos y sociales de las artes en Colombia a   comienzos del siglo XX. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras claves:</b> <i>Campo art&iacute;stico colombiano, artistas, cr&iacute;ticos, Academia, Centenario, naci&oacute;n, Bourdieu.</i></p>  <hr size="1">      <p><i><b>Abstract</b></i></p>     <p>   This article analyzes the Salon of 1910, an art exhibition organized during the Centennial Exposition.   It examines the agents involved in this exposition such as the Academy, the artists, the critics, and   the jurors&rsquo; awards. The article employs Bourdieu&rsquo;s field theory to explain developments in the arts in   Colombia and to explore the links between the idea of the nation promoted by the Centennial and the   artistic works exhibited in the Salon. The article offers, in the end, a novel and suggestive approach to   historic and social processes in the arts in Colombia at the beginning of the 20th century. </p>     <p><b>Keywords: </b><i>Colombian artistic field, artists, critics, Academy, Centennial, nation, Bourdieu.</i></p>  <hr size="1">      <p><i>&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;ais de un Concierto en que se tocar&aacute; &aacute; Beethoven, Chopin, Hayden, Grieg, y en cuyo programa tambi&eacute;n hubiese n&uacute;mero de pasillos y bambucos   interpretados en tiples y dulzainas? No os lo explicar&iacute;as. &iquest;Verdad?1</i></p>     <p>El presente art&iacute;culo ofrece un an&aacute;lisis del Sal&oacute;n de Arte de 1910, a&ntilde;o de la Exposici&oacute;n   del Centenario. La muestra art&iacute;stica del Centenario constituy&oacute; un momento singular   en los procesos de configuraci&oacute;n del campo art&iacute;stico en Colombia y sus relaciones   con los proyectos de naci&oacute;n. En el Parque de la Independencia, lugar escogido para la   celebraci&oacute;n central, se construy&oacute; un pabell&oacute;n al estilo europeo con el fin de albergar   las piezas de arte que ser&iacute;an expuestas. Por primera vez, el Estado colombiano   dispuso parte de su presupuesto para mostrar lo m&aacute;s representativo de las artes. La   Exposici&oacute;n estuvo financiada por el gobierno, pero ideada y curada por destacados   artistas y conocedores del arte. Su director fue el reconocido pintor bogotano Andr&eacute;s Santamar&iacute;a (1860-1945).</p>     <p>   La Exposici&oacute;n del Centenario, feria realizada en 1910 con el fin de celebrar cien a&ntilde;os   de la Independencia, ser&aacute; analizada como el lugar por excelencia de representaci&oacute;n   de la naci&oacute;n colombiana en la primera d&eacute;cada del siglo XX, en tanto configur&oacute;</p>     <p>un espacio de escenificaci&oacute;n de un discurso narrativo dram&aacute;tico de la misma. Se   trat&oacute; de conformar, desde diferentes medios, aquello que era representativo para   definirla. No s&oacute;lo espacialmente, a ser el Parque de la Independencia el s&iacute;mbolo de la   Exposici&oacute;n, sino tambi&eacute;n desde sus distintas exposiciones y festejos, se logr&oacute; precisar   un proyecto de naci&oacute;n, ligado al Estado y a las clases dirigentes. De esta forma, la   Exposici&oacute;n de 1910 constituy&oacute; uno de esos momentos hist&oacute;ricos imprescindibles   para la conformaci&oacute;n y definici&oacute;n de lo que, por algunas d&eacute;cadas del siglo XX, ser&iacute;a   denominado como &quot;lo colombiano&quot;. Este proyecto estuvo ligado a una ideolog&iacute;a   espec&iacute;fica, que por sus rasgos concretos se vincula con la hegemon&iacute;a conservadora de   finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Esos rasgos estuvieron definidos a partir   de la inclusi&oacute;n de ciertas instituciones y estratos sociales y, desde luego, de la exclusi&oacute;n   de aquello que no se ajustaba a esas instituciones y a esas &eacute;lites. Por ejemplo, la Iglesia,   el referente hisp&aacute;nico, las &eacute;lites capitalinas y los dirigentes estuvieron incluidos dentro   del programa de representaci&oacute;n, mientras que el resto de la poblaci&oacute;n no cumpli&oacute; un papel activo y fue relegado en el proyecto de Estado-naci&oacute;n.</p>     <p>   El campo del arte, y espec&iacute;ficamente el Sal&oacute;n de Arte de 1910, cumpli&oacute; un papel   fundamental para consolidar el tipo de naci&oacute;n que se represent&oacute; en la Exposici&oacute;n   del Centenario. Mientras la Exposici&oacute;n industrial y agr&iacute;cola hablaba de los referentes   de civilizaci&oacute;n y progreso, que con tanto encomio ideaban los encargados de los   festejos, la Exposici&oacute;n de arte fue el medio de representaci&oacute;n m&aacute;s natural que   acusaba una vinculaci&oacute;n entre la forma pl&aacute;stica permitida y la tem&aacute;tica de las obras,   en otras palabras, entre la forma de hacer arte y aquellos temas que eran leg&iacute;timos y   reconocidos.</p>     <p>   El Sal&oacute;n de 1910 mostr&oacute; que el campo art&iacute;stico colombiano a&uacute;n ten&iacute;a relaciones   estrechas con otros campos como el pol&iacute;tico o el religioso, pero esto no logr&oacute; ocultar   los evidentes indicios de constituci&oacute;n del campo de las artes. Si bien los postulados   academicistas guiaban el discurso pl&aacute;stico, las nuevas tendencias art&iacute;sticas tej&iacute;an redes   entre los artistas y los cr&iacute;ticos, que aunque no fueron suficientes, s&iacute; lograron afincar   conceptos, ideas y teor&iacute;as propias de la disciplina art&iacute;stica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   1. Salones, artistas y pol&eacute;micas</p>     <p>   Los salones de arte en Colombia surgieron mediados por las exposiciones nacionales.   Fueron estos eventos los que permitieron la apertura de un lugar leg&iacute;timo donde los   artistas exhib&iacute;an sus obras no s&oacute;lo con fines comerciales, sino tambi&eacute;n como ejercicio   de valoraci&oacute;n y aceptaci&oacute;n. La obra expuesta era confrontada por un reducido grupo de cr&iacute;ticos que mediaban de alguna manera entre el artista, la obra y el p&uacute;blico:</p>     <p>   una nueva figura decisiva en la historia de las manifestaciones art&iacute;sticas nacionales.   Los llamados salones de arte -nombre que se le daba a las exposiciones de arte en   Europa<sup><a href="#2">2</a></sup>-, surgen dependientes de la realizaci&oacute;n de proyectos de exhibici&oacute;n nacional   y son generadores de un espacio que, por muchos a&ntilde;os, constituir&iacute;a el &uacute;nico lugar de   confrontaci&oacute;n de las nuevas propuestas en el arte, de sus relaciones con la pol&iacute;tica y   de su importancia con los proyectos de naci&oacute;n.</p>     <p>   En las primeras exposiciones nacionales, espec&iacute;ficamente las de 1841, 1842, 1845,   1848 y 1871, el arte no desempe&ntilde;&oacute; un papel importante y figuraba como una   muestra secundaria con relaci&oacute;n a la exhibici&oacute;n industrial y agr&iacute;cola. Es diciente   que en la Exposici&oacute;n de 1871, las obras de Alberto Urdaneta (1845-1887), Epifanio   Garay (1849-1903) y Ram&oacute;n Torres M&eacute;ndez (1809-1885), artistas claves del siglo   XIX, estuvieran ubicadas en la secci&oacute;n 12, titulada &quot;Objetos Varios&quot;; junto a estas,   adem&aacute;s, se encontraban productos artesanales de varias regiones del pa&iacute;s. Esta falta   de lugar propio para las artes no puede considerarse como una ligereza por parte de   las personas encargadas de las exposiciones. Para la &eacute;poca no s&oacute;lo se contaba con un   n&uacute;mero irrisorio de artistas, sino que, adem&aacute;s, no hab&iacute;a instituciones que apoyaran el   oficio como tal. Faltar&iacute;an varios a&ntilde;os para la fundaci&oacute;n de la Escuela de Bellas Artes   y, con ello, la llegada de un nuevo grupo de pintores y escultores que establecer&iacute;an,   entre otras cosas, los procesos de autonomizaci&oacute;n del campo del arte.</p>     <p>   En 1886, a&ntilde;o de creaci&oacute;n de la Escuela de Bellas Artes, se organiz&oacute; una exposici&oacute;n   sin precedentes. Alberto Urdaneta, fundador de la Escuela y presidente del Sal&oacute;n, hizo de la muestra una de las m&aacute;s significativas en la historia de la pl&aacute;stica nacional. As&iacute;   mismo, inaugur&oacute; una nueva etapa en las exposiciones de arte en el pa&iacute;s, caracterizadas   por su n&uacute;mero, su vinculaci&oacute;n con la Academia<sup><a href="#3">3</a></sup> y su influyente papel en la cultura   nacional. El Sal&oacute;n de 1886 estaba dividido en cuatro grandes grupos de obras: las   realizadas por los estudiantes de la Escuela; las de artistas colombianos o extranjeros   residentes en nuestro pa&iacute;s; las de algunos pintores de la Colonia y las de extranjeros   notables. El n&uacute;mero completo fue de 1.200 piezas<sup><a href="#4">4</a></sup>. Uno de los rasgos m&aacute;s acusados   de la exposici&oacute;n fue la muestra de un n&uacute;mero considerable de obras del pintor   santafere&ntilde;o Gregorio V&aacute;zquez de Arce y Ceballos. De la misma manera, en el Sal&oacute;n   se exhibieron obras de algunos artistas que por varias d&eacute;cadas ser&iacute;an los protagonistas   de la escena art&iacute;stica en Colombia; entre otros figuraron los pintores Epifanio Garay,   Ricardo Acebedo Bernal (1867-1930), Santiago P&aacute;ramo (1841-1915) y Ram&oacute;n Torres   M&eacute;ndez (1809-1885).</p>     <p>   A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en la Exposici&oacute;n de 1899, los pintores bogotanos Epifanio Garay   y Ricardo Acebedo Bernal fueron los protagonistas del sal&oacute;n de 1899; sus obras   suscitaron una sugestiva controversia que lejos de tener un car&aacute;cter est&eacute;tico se redujo   a un claro enfrentamiento pol&iacute;tico. Los partidarios de la Regeneraci&oacute;n apoyaban a   Garay, quien entre sus numerosos cuadros hab&iacute;a enviado dos retratos: uno de Rafael   N&uacute;&ntilde;ez (1825-1894), m&aacute;ximo ide&oacute;logo de la Regeneraci&oacute;n, y el otro de Miguel Antonio   Sanclemente (1813-1902), Presidente de la Rep&uacute;blica e impulsor de las pol&iacute;ticas de   aquel. Estos dos trabajos fueron criticados por un sector pol&iacute;tico de liberales que,   adem&aacute;s, defend&iacute;a la obra de Acebedo Bernal. Esta confrontaci&oacute;n hizo del Sal&oacute;n de   1899 una de las muestras m&aacute;s interesantes para el tema de la cr&iacute;tica de arte y de las   relaciones entre arte y pol&iacute;tica en Colombia<sup><a href="#5">5</a></sup>. En este caso, los dos artistas confrontados pertenec&iacute;an al canon est&eacute;tico de la Academia; tanto Garay como Acebedo Bernal   ten&iacute;an presentes en sus cuadros la l&iacute;nea, el manejo cuidadoso del color y el realismo   en las figuras, es decir, que las cr&iacute;ticas de las obras suscitadas en aquel evento se   basaron en sus implicaciones pol&iacute;ticas y no en su trabajo pl&aacute;stico. En este sentido se   deduce que en el interior de los partidos pol&iacute;ticos no hab&iacute;a una divergencia por los   planteamientos est&eacute;ticos de la Academia. Tanto los liberales como los conservadores   encontraban un lugar &uacute;nico donde, como clase dirigente, se un&iacute;an excluyendo cualquier   otra tendencia pl&aacute;stica<sup><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p>   En 1904, a&ntilde;o de la primera exposici&oacute;n del siglo XX, el Sal&oacute;n de Arte se convirti&oacute;   nuevamente en el centro de una pol&eacute;mica que, en este caso, tuvo como protagonista   a Andr&eacute;s Santamar&iacute;a<sup><a href="#7">7</a></sup> , quien para los cr&iacute;ticos era un representante del Impresionismo.   Baldomero San&iacute;n Cano (1861-1957), Maximiliano Grillo (1868-1949) y Ricardo   Hinestroza Daza sostuvieron en la Revista Contempor&aacute;nea una fuerte disputa que,   seg&uacute;n el historiador &Aacute;lvaro Medina, autor de uno de los textos m&aacute;s notables sobre   el tema, marc&oacute; el ciclo de la apertura antiacademicista. El primero de ellos defendi&oacute;   la obra de Santamar&iacute;a y trat&oacute; de exponer los principales postulados de la escuela   impresionista. Por el contrario, Grillo y Daza arremetieron contra el Impresionismo y   afincaron los presupuestos academicistas y su actualidad e importancia en la historia   de la pl&aacute;stica nacional<sup><a href="#8">8</a></sup>.</p>     <p>Los antecedentes de la Exposici&oacute;n Nacional de Bellas Artes de 1910 mostraban   un escenario ambiguo para las artes, mientras era evidente que los postulados   academicistas guiaban el discurso pl&aacute;stico; nuevas propuestas estaban siendo discutidas y conocidas por algunos cr&iacute;ticos y artistas.</p>     <p>   2. La teor&iacute;a de los campos de Bourdieu   y el campo art&iacute;stico colombiano</p>     <p>   En Colombia, la producci&oacute;n del arte naci&oacute; influenciada por tendencias art&iacute;sticas   importadas de Europa. As&iacute; mismo, los artistas, sus obras y la cr&iacute;tica, se definieron y   justificaron por la importancia que tuvieron para el pueblo europeo. Europa constituy&oacute;   por d&eacute;cadas el referente por excelencia de nuestras &eacute;lites, las que ve&iacute;an en sus   instituciones (religiosas, estatales, industriales y art&iacute;sticas) el mejor modelo a imitar<sup><a href="#9">9</a></sup>. En   Colombia, ejemplo de ello fueron el establecimiento del Museo Nacional y la creaci&oacute;n   de exposiciones regulares, llamadas al modo europeo &quot;salones de arte&quot;. De la misma   forma, la fundaci&oacute;n de la Academia Nacional de Bellas Artes fue una abierta imitaci&oacute;n   de las prestigiosas Academia Juli&aacute;n de Par&iacute;s y la Academia San Fernando de Madrid.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Con la creaci&oacute;n de las instituciones art&iacute;sticas estatales, el campo art&iacute;stico en Colombia   hace su aparici&oacute;n y comienza una lucha por su autonom&iacute;a. Para el soci&oacute;logo franc&eacute;s   Pierre Bourdieu un campo -cualquiera que sea- es &quot;un espacio estructurado de   posiciones cuyas propiedades dependen de su posici&oacute;n en estos espacios, y que   pueden analizarse en forma independiente de las caracter&iacute;sticas de sus ocupantes&quot;<sup><a href="#10">10</a></sup>.</p>     <p>   Es decir, un campo es un espacio independiente, pero convive con otros, y sus reglas   tambi&eacute;n son independientes, pero coexisten con otras. Por otro lado, sus ocupantes o   las personas que hacen posible su existencia cumplen un papel esencial, sin embargo,   no son la raz&oacute;n de ser del campo. En otras palabras y parafraseando a Bourdieu,   un campo se define por aquello que est&aacute; en juego y por los intereses espec&iacute;ficos del   juego. En este sentido un campo es una lucha constante de agentes e instituciones que   desde distintas perspectivas, hacen de este un escenario de constantes confrontaciones por diferentes intereses, logrando que cualquier campo sea un espacio generador y   transformador de su propia historia.</p>     <p>   Para Bourdieu existen ciertos indicios que evidencian la constituci&oacute;n de un campo. Uno   de ellos y quiz&aacute;s el m&aacute;s importante es la &quot;aparici&oacute;n de un cuerpo de conservadores de   vida&quot;<sup><a href="#11">11</a></sup>; se trata de unas personas -bi&oacute;grafos, historiadores, fil&oacute;logos, etc&eacute;tera- cuyo   inter&eacute;s primordial es la conservaci&oacute;n de lo que se produce en el campo, &quot;su inter&eacute;s es   conservar y conservarse conservando&quot;<sup><a href="#12">12</a></sup>. Un segundo indicio del funcionamiento de   cualquier campo es la presencia de la historia del mismo en las obras que se realizan   en su interior. La historia es el primer recurso que se debe conocer para poder   ingresar al campo y hacer parte de &eacute;l. De esta forma un campo es el resultado de un   proceso hist&oacute;rico en el cual este adquiere &quot;sus propias tradiciones, sus propias leyes   de funcionamiento y de reclutamiento, y por ende su propia historia&quot;<sup><a href="#13">13</a></sup>.</p>     <p>   En el caso espec&iacute;fico del campo art&iacute;stico, el pensador franc&eacute;s anota que la autonom&iacute;a   del arte y del artista &quot;no es m&aacute;s que la autonom&iacute;a (relativa) de ese espacio de juego   que yo llamo campo, una autonom&iacute;a que se va instituyendo poco a poco y bajo ciertas   condiciones, en el transcurso de la historia&quot;<sup><a href="#14">14</a></sup>. Un proceso de autonom&iacute;a del campo   de la producci&oacute;n del arte toma como objeto no s&oacute;lo las relaciones entre el artista y su   arte, sino tambi&eacute;n entre el artista y los dem&aacute;s artistas y sus relaciones con el &quot;conjunto   de agentes envueltos en la producci&oacute;n de la obra, o al menos, en el valor social de la   obra (los cr&iacute;ticos, directores de galer&iacute;a, mecenas, etc&eacute;tera)&quot;<sup><a href="#15">15</a></sup>.</p>     <p>   Ese conjunto de agentes se gener&oacute; en mayor medida a partir de la creaci&oacute;n de la   Academia. Con la inauguraci&oacute;n de la Escuela de Bellas Artes (1886) se legitim&oacute; por   parte del gobierno el oficio del artista -pintor o escultor- y la importancia de su   producci&oacute;n art&iacute;stica para la naci&oacute;n. Con la creaci&oacute;n de un lugar oficial para los artistas   bogotanos, el estatus social del mismo no cambia dr&aacute;sticamente. El oficio de pintor   o escultor a comienzos del siglo XX a&uacute;n no es visto como una profesi&oacute;n estimable   como s&iacute; ocurre con otras disciplinas. Entre otras razones se encuentra el hecho de   que el artista basa su trabajo en las manos y su intelecto parece no involucrarse. Esto,   desde luego, es muy importante para las &eacute;lites intelectuales, para las que el intelecto   est&aacute; por encima de los oficios manuales<sup><a href="#16">16</a></sup>.</p>     <p>La nueva instituci&oacute;n era el s&iacute;mbolo nacional de las artes y el espacio oficial de un nuevo   grupo de personas conocedoras que de alguna manera actuaban como depositarios   y defensores de una est&eacute;tica particular impuesta, desde luego, por una clase social.   Un espacio donde profesores especializados y distinguidos alumnos con distintas   habilidades tej&iacute;an sus propias redes sociales y est&eacute;ticas, diferenci&aacute;ndolas de otras formas art&iacute;sticas como la literatura.</p>     <p>   En este sentido, el Sal&oacute;n de 1910 fue uno de los acontecimientos hist&oacute;ricos en la   conformaci&oacute;n de un campo art&iacute;stico en Colombia. All&iacute; no s&oacute;lo se tiene un lugar propio,   donde se muestra lo que el campo produce, sino tambi&eacute;n unas personas que hacen   posible que el campo exista: pintores, escultores, comentadores, cr&iacute;ticos, coleccionistas,   dise&ntilde;adores que poco a poco van armando unas propiedades espec&iacute;ficas y un discurso   propio del campo art&iacute;stico. En palabras de Bourdieu, aparecen &quot;un conjunto de agentes   que tienen intereses por el arte a quienes les interesa su existencia independiente de   las razones o de sus intereses particulares&quot;<sup><a href="#17">17</a></sup>. Un campo que surge en un contexto   pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico determinado que, en el caso colombiano, estuvo ligado con los   proyectos pol&iacute;ticos de naci&oacute;n y que, para 1910, supuso una marcada intervenci&oacute;n   en el contexto externo del campo; es decir, el campo art&iacute;stico se vio afectado por   los procesos pol&iacute;ticos del pa&iacute;s, pero esos mismos procesos ayudaron a delimitar y a   entender las significaciones de las obras de arte y sus influencias en la sociedad.</p>     <p>   La Academia, apoyada por la mayor&iacute;a de los profesores de la Escuela, empez&oacute; a   ser un espacio doblemente excluyente: por un lado, ahond&oacute; la diferenciaci&oacute;n de las   pr&aacute;cticas art&iacute;sticas en su especificidad disciplinaria y, por otro, constituy&oacute; un cuerpo   de expertos que perpetuaron la diferenciaci&oacute;n social de las &eacute;lites a trav&eacute;s del discurso   del arte. Las relaciones entre la Academia y la Escuela constituyen un tema amplio.   En nuestro caso, como se ha indicado, la Escuela apoy&oacute; la mayor&iacute;a de los postulados   de lo que se denomina &quot;la Academia&quot;, es decir, los temas de estudio, el tratamiento   del color, la idealizaci&oacute;n del arte. Sin embargo, se debe tener en cuenta que cuando   Andr&eacute;s Santamar&iacute;a fue director y profesor de la Escuela se colaron algunas ideas que   bien podr&iacute;an llamarse de vanguardia, pero que en definitiva no prosperaron, porque   la Escuela continu&oacute; apoyando los postulados academicistas.</p>     <p>   El Sal&oacute;n de Bellas Artes de 1910 fue un producto indiscutible de la Escuela, lugar   primario para el campo art&iacute;stico colombiano; all&iacute; fue, finalmente, donde el campo   art&iacute;stico se gest&oacute;. La Escuela no s&oacute;lo fue el espacio donde se form&oacute; a los jugadores   del campo, sino tambi&eacute;n desde donde se impuso la forma de jugar. En definitiva, la definici&oacute;n leg&iacute;tima de obra de arte. Los expositores y sus obras tuvieron su origen   en la Academia y estaban insertos en un campo que estaba tratando de manejar sus   propias din&aacute;micas y reglas, vistas desde un canon est&eacute;tico y que aparece una y otra   vez en cada una de las obras: la l&iacute;nea, el dibujo, el manejo del color, el volumen, las   sombras, la perspectiva lineal y el a&eacute;rea, el gesto y la luz; todo esto convierte al sal&oacute;n   en un lugar conservador y excluyente. Eran las personas con cierto bagaje cultural las   &uacute;nicas capaces de apreciar las obras desde sus caracter&iacute;sticas formales o pict&oacute;ricas, bien   fueran escenas b&iacute;blicas, retratos de santos, de dirigentes o de pr&oacute;ceres. Pocos eran los   que pod&iacute;an &quot;hablar&quot; de la obra con autoridad: sancionarla y construir p&uacute;blicamente   su sentido &quot;est&eacute;tico&quot;. En otras palabras, el arte, sus productos, el campo donde se   mov&iacute;a, las personas que hac&iacute;an parte de &eacute;l, las relaciones que surgieron entre artistas,   compradores y cr&iacute;ticos, hicieron del Sal&oacute;n y del campo art&iacute;stico un lugar excluyente   y exclusivo de la sociedad colombiana de comienzos del siglo XX y de la Exposici&oacute;n   del Centenario.</p>     <p>   De la Academia se pasa a los salones y en los salones se llega a otro grupo de personas   que fue decisivo para el campo art&iacute;stico colombiano: los cr&iacute;ticos. Un grupo de &quot;agentes&quot;   no profesionales, en su mayor&iacute;a literatos, abogados o escritores aficionados, que   comentaban, discut&iacute;an, refutaban, argumentaban y, en otras palabras, daban vida a las   obras de arte. Con esta tetralog&iacute;a, entre Academia, salones, artistas y la cr&iacute;tica, el campo   art&iacute;stico en Colombia empez&oacute; a jugar un papel pol&iacute;tico fundamental en relaci&oacute;n con   otros campos y, espec&iacute;ficamente, en temas como el de la construcci&oacute;n nacional.   En este sentido, la creaci&oacute;n de instituciones art&iacute;sticas nacionales sujet&oacute; la promoci&oacute;n   de las artes con la producci&oacute;n de los artistas; la obra del artista fue el mejor medio   para representar el modelo de naci&oacute;n que construy&oacute; el Estado. Sus temas, escenarios,   protagonistas y colores, adem&aacute;s de ser reconocidos por la Academia, constituyeron   la representaci&oacute;n leg&iacute;tima de la naci&oacute;n colombiana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El arte se volc&oacute; a las calles y parques de la ciudad. En cada uno de los sitios representativos   de la capital se hallaba un busto o una estatua evocadora de alg&uacute;n protagonista de la nueva   historia que hab&iacute;a comenzado desde 1810. Dentro del Sal&oacute;n el arte representaba aquello   que se acercaba en su forma a la cultura europea, pero en su tem&aacute;tica a lo propiamente   colombiano; en cada rinc&oacute;n hab&iacute;an numerosos bustos y cuadros de todas las facturas y   tem&aacute;ticas, unas evocadoras de nuestro dirigentes, otras del poder de algunas instituciones   como la Iglesia, y muchas otras resaltaban al territorio como una forma &uacute;nica desde   donde sentirse orgullosos. Finalmente, el arte era la forma m&aacute;s visible para la sociedad   y de alguna manera fue el lugar leg&iacute;timo para representar aquello que se supon&iacute;a era lo   propiamente colombiano 3. El Sal&oacute;n de 1910   El 28 de julio de 1910 se inaugur&oacute; el Pabell&oacute;n de Bellas Artes en el Parque de la   Independencia. El edificio, construido en un &quot;estilo cl&aacute;sico profusamente enriquecido   con rejas, relieves y decoraciones que recordaban motivos del Art Nouveau&quot;<sup><a href="#18">18</a></sup>, fue   el orgullo de todos los bogotanos y mereci&oacute; el aplauso de sus visitantes, quienes lo   definieron como una &quot;obra llena de arte y patriotismo&quot;<sup><a href="#19">19</a></sup>.</p>       <p>    <center><a name="img1"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img1.gif"></center></p>      <p>En la Exposici&oacute;n de 1910, los espectadores tendr&iacute;an una visita &quot;obligatoria&quot; al   Pabell&oacute;n de Bellas Artes, no s&oacute;lo para observar la edificaci&oacute;n, que a ojos de muchos   colombianos no ten&iacute;a comparaci&oacute;n alguna, sino, adem&aacute;s, con el fin de contemplar   las innumerables piezas de arte ejecutadas por nuestros artistas. El Sal&oacute;n fue todo   un &eacute;xito. En ninguna de las anteriores exposiciones se hab&iacute;a trabajado tanto en la   promoci&oacute;n y divulgaci&oacute;n de la producci&oacute;n art&iacute;stica en cuanto a su autonom&iacute;a con   otros campos ni se hab&iacute;a tenido entre sus encargados a hombres de la talla de Andr&eacute;s   Santamar&iacute;a. Esto no quiere decir que los anteriores organizadores como Urdaneta o   Garay, artistas de sobrada importancia y reconocimiento social y art&iacute;stico, no hayan   cumplido un papel clave como gestores de la cultura en su momento. El punto   de diferencia radica en que Santamar&iacute;a estaba ligado a un habitus distinto al de sus   antecesores<sup><a href="#20">20</a></sup>. Santamar&iacute;a, adem&aacute;s de ser un conocido pintor perteneciente a una de   las familias m&aacute;s adineradas y prestantes de la capital, de haber cursado estudios en la   Escuela de Bellas Artes de Par&iacute;s, de ser reconocidas sus obras e incluso ser algunas   de ellas aceptadas en el c&eacute;lebre Sal&oacute;n de artistas franceses de 188 , fue a diferencia de   muchos de sus contempor&aacute;neos uno de los pocos artistas que actu&oacute; independiente de   las clases pol&iacute;ticas. Su producci&oacute;n art&iacute;stica no acus&oacute; una vinculaci&oacute;n con alg&uacute;n partido   pol&iacute;tico en especial: una autonom&iacute;a art&iacute;stica nunca antes vista en el pa&iacute;s. Santamar&iacute;a   fue, sin duda, el artista dotado con el habitus suficiente que implicaba el conocimiento   y reconocimiento de aquello que era propio del campo art&iacute;stico. El Sal&oacute;n de 1910 se   convirti&oacute; finalmente en un escenario &uacute;nico para demostrar aquella autonom&iacute;a que tanto profesaba el pintor bogotano.</p>      <p>    <center><a name="img2"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img2.gif"></center></p>      <p>A pesar de la actitud independiente de Santamar&iacute;a, la autonom&iacute;a del campo art&iacute;stico   para 1910 segu&iacute;a siendo relativa. De la labor cultural realizada por Urdaneta a finales   del siglo XIX, con la creaci&oacute;n de varias instituciones estatales de arte, se fund&oacute; la   diferenciaci&oacute;n del campo, pero eso no signific&oacute; una independencia radical de otros   campos como el pol&iacute;tico o el religioso. Esta caracter&iacute;stica se conserv&oacute; incluso hasta   la Exposici&oacute;n del Centenario y fue expl&iacute;cita durante la inauguraci&oacute;n del Sal&oacute;n en   el Parque de la Independencia. El encargado de pronunciar el discurso oficial de apertura de la Exposici&oacute;n de Bellas Artes fue el presb&iacute;tero Jos&eacute; Manuel Marroqu&iacute;n<sup><a href="#21">21</a></sup>.</p>     <p>   Este hecho, tan simple en apariencia, evidenci&oacute; la subordinaci&oacute;n del campo art&iacute;stico   frente al campo religioso. Si bien es cierto exist&iacute;a legitimidad disciplinaria o art&iacute;stica, el campo todav&iacute;a no gozaba de total autonom&iacute;a. El orden del d&iacute;a en la inauguraci&oacute;n y las   personas que intervinieron revelaron una subordinaci&oacute;n estructural significativa para   el campo de las artes. La Iglesia se present&oacute; a&uacute;n como una instancia legitimadora del   habitus art&iacute;stico y, en el mismo sentido, como un recurso fundamental del proyecto de naci&oacute;n, legado de la Regeneraci&oacute;n, cuyo esp&iacute;ritu todav&iacute;a estaba vigente para 1910.</p>     <p>   El padre Marroqu&iacute;n, en la celebraci&oacute;n oficial, empez&oacute; su discurso con unas palabras acerca de la importancia del arte para una civilizaci&oacute;n:</p>     <p> &quot;Colombia ha querido al celebrar la primera centuria de vida independiente   dar una muestra de cultura y progreso; y no pod&iacute;a faltar en esta exhibici&oacute;n   lo que se refiere al cultivo de las Bellas Artes. No pod&iacute;a faltar porque si   es noble y digno de encomio el esfuerzo del ingenio humano cuando se   aplica &aacute; las industrias que proporcionan al hombre el bienestar corporal,   es m&aacute;s noble a&uacute;n cuando busca en las artes el bienestar del alma y la   satisfacci&oacute;n de sus m&aacute;s elevadas aspiraciones&quot;<sup><a href="#22">22</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El arte hace parte de los pueblos &quot;civilizados&quot; y Colombia tuvo presente, desde la   preparaci&oacute;n de la Exposici&oacute;n General, que una muestra de Bellas Artes constitu&iacute;a   el mejor s&iacute;mbolo de una naci&oacute;n, que no s&oacute;lo dedicaba sus esfuerzos al bienestar   f&iacute;sico, sino tambi&eacute;n consideraba que la cultura era parte primordial de- un proceso   de civilizaci&oacute;n. La capital colombiana, adem&aacute;s de erigirse como un centro industrial   avanzado, tambi&eacute;n deb&iacute;a albergar a un pueblo culto, refinado y conocedor de las   distintas manifestaciones art&iacute;sticas del hombre. En estas se ver&iacute;an los sentimientos   m&aacute;s &iacute;ntimos del ser humano y se representar&iacute;an, adem&aacute;s, los ideales de la naci&oacute;n.</p>     <p>   El discurso del padre Marroqu&iacute;n evidencia c&oacute;mo el arte en Colombia, a&uacute;n para inicios   del siglo XX, mantiene v&iacute;nculos profundos con la religi&oacute;n y tiene connotaciones que   podr&iacute;an denominarse de evangelizaci&oacute;n. El arte se convierte en el mejor veh&iacute;culo   para catequizar a la sociedad en general. En el Sal&oacute;n se podr&iacute;an contemplar a los   h&eacute;roes nacionales revestidos de magnificencia; a dirigentes pol&iacute;ticos desde su trono   aterciopelado; a Jesucristo sumergido en el r&iacute;o Jord&aacute;n contagiado de una fuerza casi   sagrada; a Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s, enajenada junto al cuerpo de su hijo muerto en   una cruz y a los paisajes sabaneros que recuerdan la inigualable belleza de nuestras   tierras. Finalmente se quiere instruir a le grand public, a prop&oacute;sito de la diferencia entre   el buen arte y el que no lo es; aunque no s&oacute;lo desde su tem&aacute;tica pl&aacute;stica, sino tambi&eacute;n   desde sus representaciones sociales, pol&iacute;ticas y nacionales<sup><a href="#23">23</a></sup>.</p>     <p>3.1. Los alcances de la Academia</p>     <p>   En el a&ntilde;o de 1886, la Escuela de Bellas Artes de Bogot&aacute; inici&oacute; su labor con siete   secciones de estudio: arquitectura, escultura, ornamentaci&oacute;n, dibujo, pintura al &oacute;leo,   grabado en madera y m&uacute;sica. En 1910, las secciones de estudio de la Escuela eran   casi las mismas a las de su a&ntilde;o de fundaci&oacute;n. Solamente se hab&iacute;a creado la secci&oacute;n &quot;se&ntilde;oritas&quot; y la clase de anatom&iacute;a art&iacute;stica, y el cambio de la secci&oacute;n de arquitectura a otra escuela. En relaci&oacute;n con la creaci&oacute;n de la secci&oacute;n para se&ntilde;oritas a comienzos del siglo XX, algunas estudiantes solicitaron al entonces rector Andr&eacute;s Santamar&iacute;a se les permitiera ingresar a la clase de anatom&iacute;a art&iacute;stica y, adem&aacute;s, se instituyera una clase de paisaje para ellas. Dicho rector envi&oacute; una carta adjuntando la petici&oacute;n de las se&ntilde;oritas al ministro de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica solicitando su aceptaci&oacute;n. El Ministerio acept&oacute;, no sin antes recordar que la clase de anatom&iacute;a art&iacute;stica ten&iacute;a como &uacute;nico fin perfeccionar la clase de dibujo y correspond&iacute;a a estudiantes que ten&iacute;an suficientes conocimientos y dignidad para hacer copias de un modelo al vivo<sup><a href="#24">24</a></sup>. En cuanto al traslado de la secci&oacute;n de arquitectura, el mismo rector en 1904, a&ntilde;o de su llegada a la Escuela, manifest&oacute; al Ministerio la imposibilidad de dictar los estudios correspondientes a la arquitectura, Santamar&iacute;a afirm&oacute;: &quot;[...] la clase de arquitectura tal cual existe en esta Escuela, no corresponde absolutamente &aacute; la idea que esta palabra encierra. Ella se limit&oacute; a un estudio del Vignolo el cual es insuficiente porque apenas deja sospechar remotamente &aacute; los alumnos los estudios serios que se necesitan para formar un verdadero arquitecto&quot;<sup><a href="#25">25</a></sup>. Sostuvo, adem&aacute;s, que para formar arquitectos como en los pa&iacute;ses europeos se necesitar&iacute;a abrir nuevas clases, como geometr&iacute;a descriptiva, f&iacute;sica y qu&iacute;mica, levantamiento de planos, dibujo ornamental, entre otras. Terminaba diciendo que las anteriores materias hac&iacute;an parte del &quot;plan de estudios de la Escuela de Bellas Artes de Par&iacute;s, que es una escuela modelo&quot;<sup><a href="#26">26</a></sup>. Ese a&ntilde;o los estudios de arquitectura se trasladaron a la Escuela de Ingenier&iacute;a.</p>     <p>El plan de estudios, aunque hab&iacute;a tenido ciertas modificaciones, segu&iacute;a siendo a   grandes rasgos el mismo<sup><a href="#27">27</a></sup>. Los estudios ten&iacute;an una duraci&oacute;n de seis a&ntilde;os divididos   en cuatro cursos. El primer curso, con una duraci&oacute;n de dos a&ntilde;os, ten&iacute;a como &uacute;nica   clase el dibujo; el segundo a&ntilde;o y el tercero se tomaban clases de pintura, escultura,   ornamentaci&oacute;n, paisaje y acuarela. El &uacute;ltimo curso, con una intensidad de dos a&ntilde;os,   ten&iacute;a las mismas asignaturas, pero los estudiantes deb&iacute;an entregar un trabajo de mayor elaboraci&oacute;n sujeto a concurso con los dem&aacute;s alumnos.</p>     <p>   A comienzos del siglo XX, la Escuela de Bellas Artes constitu&iacute;a el &uacute;nico lugar de estudio   de las artes en Bogot&aacute;. All&iacute; se preparaban los futuros artistas con algunos de los m&aacute;s   consumados maestros de la pintura colombiana. Durante seis a&ntilde;os aprend&iacute;an el oficio,   la forma, los temas y, por consiguiente, adquir&iacute;an la suficiente habilidad y conocimiento para recibir encargos de aquellos que pod&iacute;an pagar un cuadro o una escultura.</p>     <p>   Desde sus salones de clase, la Escuela educaba a los nuevos artistas con una est&eacute;tica   particular. A partir del plan de estudios y de los trabajos finales de sus estudiantes   se concluyen algunos de sus postulados. El primero de ellos fue un rigor pleno y   casi dogm&aacute;tico del manejo del dibujo en la obra de arte. Los estudiantes ten&iacute;an que   dominar primero la l&iacute;nea para luego pintar o esculpir; un buen artista era ante todo   un cuidadoso dibujante. Un segundo postulado fue la imitaci&oacute;n de la naturaleza,   principio esencial del arte cl&aacute;sico. Solamente el arte pod&iacute;a acercarse a la naturaleza tal   cual era y esa era una de las habilidades m&aacute;s importantes que pod&iacute;a adquirir un pintor   a lo largo de su carrera. Un tercer postulado fue el sentido idealista y artesanal de las   artes pl&aacute;sticas; los artistas no estaban preocupados por registrar los problemas que   padec&iacute;a la sociedad colombiana a finales del XIX y comienzos del XX. Sus tem&aacute;ticas   predilectas -retrato y paisaje- estaban lejos de involucrar los delicados problemas   pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales que Colombia enfrentaba. Adem&aacute;s, el t&eacute;rmino &quot;arte&quot; ten&iacute;a connotaciones ambiguas, a&uacute;n se utilizaba para referirse a productos de la artesan&iacute;a manual. Expresiones como el &quot;arte de realizar zapatos&quot;, aquel &quot;arte de tejer&quot;, entre otras, eran t&iacute;picas de los discursos de la &eacute;poca<sup><a href="#28">28</a></sup>.</p>     <p>La est&eacute;tica de la Academia se hab&iacute;a fortalecido durante varias d&eacute;cadas y en 1910   ten&iacute;a una fuerza sin precedentes; no hab&iacute;a posibilidad alguna de que otra propuesta   art&iacute;stica fuera al menos discutida. Los fuertes enfrentamientos que se generaron en   el Sal&oacute;n de 1904 ya no ten&iacute;an cabida y s&oacute;lo se convirtieron en un referente m&aacute;s para fortalecer la propuesta de la Escuela.</p>     <p>   Los cr&iacute;ticos estuvieron empe&ntilde;ados en sustentar los planteamientos de la Academia   con el &uacute;nico fin de legitimarla y defenderla de las nuevas tendencias est&eacute;ticas en las que   incursionaban algunos artistas como en el caso de Andr&eacute;s Santamar&iacute;a. A prop&oacute;sito   del apoyo a la Academia, el Nuevo Tiempo public&oacute;, algunos d&iacute;as despu&eacute;s de abierta la   Exposici&oacute;n, una traducci&oacute;n de un comentarista franc&eacute;s sobre los salones parisinos   de 1910. En la introducci&oacute;n se advierte al lector de la importancia del texto &quot;por su buena doctrina&quot; y contin&uacute;a con los siguientes juicios:</p>     <p align="CENTER"> &quot;El principal defecto de los artistas modernos, seg&uacute;n hemos dicho y   es preciso repetirlo peri&oacute;dicamente, es contentarse con dise&ntilde;os hechos   r&aacute;pidamente [&hellip;] Muchos afectan creer que todo el arte de la pintura   consiste en sorprender un aspecto de la naturaleza y representarlo sin   cuidarse de otra cosa que de la impresi&oacute;n inmediata [&hellip;] la obra de   arte es aquella en que el artista dej&oacute; la huella de un esfuerzo, de una   composici&oacute;n, de un hermoso arreglo, de un dibujo cuidadoso. Los   pintores que desde&ntilde;an estas preocupaciones, desde&ntilde;an de hecho aquello   que caracteriza al artista&quot;<sup><a href="#29">29</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Al parecer aquello que caracterizaba a un verdadero artista era el manejo cuidadoso   de la composici&oacute;n y de sus elementos primordiales: la estructura, el dibujo y el color.   La verdadera destreza de un artista y la cr&iacute;tica que deb&iacute;a hacerse de su obra estar&iacute;an   enmarcadas en esos elementos. Para los defensores del academicismo, esta cr&iacute;tica deja m&aacute;s que concluida la disputa que se origin&oacute; en el Sal&oacute;n de 1904 con el Impresionismo   y sus revolucionarias ideas acerca del manejo de la l&iacute;nea y del color.</p>     <p>   En las tem&aacute;ticas de representaci&oacute;n estaba el gusto de las clases dirigentes. Un grupo   social empecinado en verse retratado con el m&aacute;ximo naturalismo y con gran severidad   que, adem&aacute;s de ser el protagonista del cuadro, era quien lo pagaba. Se estaba en el   cuadro y se pagaba por &eacute;l. Hay una protecci&oacute;n al verismo que finalmente se traduc&iacute;a   en una defensa por la comprensi&oacute;n &quot;tem&aacute;tica&quot; de la obra. El contenido y la forma del   arte fueron tem&aacute;ticamente pol&iacute;ticos y no s&oacute;lo hab&iacute;a una preocupaci&oacute;n por protegerse   de las nuevas tendencias art&iacute;sticas, sino tambi&eacute;n de lo que la obra representaba que,   para muchos, era su raz&oacute;n de ser. All&iacute; radicaba la importancia del arte como medio de   representaci&oacute;n del proyecto de naci&oacute;n de la Regeneraci&oacute;n y luego, de la hegemon&iacute;a   conservadora. Aunque s&oacute;lo unos pocos pod&iacute;an &quot;leer&quot; la obra, es claro que su sentido   era comprensible tanto para las &eacute;lites representadas como para las clases populares. El   arte actuaba como un mediador, los retratos no eran simples retratos, ni los paisajes   simples paisajes, ni las batallas hist&oacute;ricas carec&iacute;an de intenci&oacute;n. La exposici&oacute;n fue una   especie de veh&iacute;culo para reafirmar el poder, representado en el hombre conservador,   pensador, cat&oacute;lico -que se representaba en un retrato-, y en paisajes sabaneros que   reafirmaban la centralidad de los ideales emprendidos por la Regeneraci&oacute;n.</p>     <p>   3.2. Artistas expositores y ganadores</p>     <p>   De aquellos conservadores del campo art&iacute;stico, el grupo de artistas -hombres y mujeres,   maestros de la Escuela y estudiantes- constituy&oacute; un cuerpo s&oacute;lido fundamental para el   campo. Obras de maestros consagrados y j&oacute;venes artistas pod&iacute;an verse en cada uno de   las secciones que ten&iacute;a el Sal&oacute;n. Ya no se trataba solamente de Garay, Acebedo Bernal   y quiz&aacute;s una que otra obra de Andr&eacute;s Santamar&iacute;a; el grupo de pintores y escultores   hab&iacute;a crecido y al lado de estos maestros aparec&iacute;an nuevos nombres, cuyos trabajos   ser&iacute;an igualmente de celebrados por su evidente calidad y su compromiso con los   planteamientos academicistas. En buena medida est&aacute; eclosi&oacute;n de nuevos artistas se   debe al funcionamiento de la Academia, al establecimiento de un estudio riguroso de   las artes, a la evidente preocupaci&oacute;n y promoci&oacute;n nacional por el arte, al encuentro   de un lugar din&aacute;mico y propio para dedicarse tanto al estudio como a la ense&ntilde;anza,   al pago de un salario, concursos anuales, entre muchas otras razones<sup><a href="#30">30</a></sup>.</p>     <p>Poco se sabe de la mayor&iacute;a de los artistas que enviaron obras al Sal&oacute;n, pues los cr&iacute;ticos   hablaron solamente de unos cuantos, algunos de los cuales obtuvieron alg&uacute;n premio o   menci&oacute;n de honor en el Sal&oacute;n y sus obras a&uacute;n se conservan en ciertos museos. De esta   forma, cuando se habla de los artistas que hicieron parte del Sal&oacute;n se debe entender   que se trata s&oacute;lo de aquellos que, hasta donde la investigaci&oacute;n lo ha revelado, tienen   alguna referencia en una de las cr&iacute;ticas que se hizo de la Exposici&oacute;n. Un conjunto de   artistas presentes en el sal&oacute;n y marginados por los cr&iacute;ticos fueron los alumnos de la   Escuela de Bellas Artes, de los cuales ni siquiera se mencionaron aquellos que fueron ganadores de alguna secci&oacute;n en el concurso de 1910 de la Escuela<sup><a href="#31">31</a></sup>.</p>     <p>   Andr&eacute;s Santamar&iacute;a (1860-1945), Ricardo Acebedo Bernal (1867-1930), Eugenio   Zerda (1878-1945), Jes&uacute;s Mar&iacute;a Zamora (1875-1949), Ricardo Borrero &Aacute;lvarez (1874-   1931), F&iacute;dolo Alfonso Gonz&aacute;lez Camargo (1883-1941), Ricardo G&oacute;mez Campuzano   (1893-1981), Eugenio Pe&ntilde;a (1860-1944), Juan Jos&eacute; Rosas, Pablo Rocha (1863-1937),   Domingo Moreno Otero (1882-1948), Miguel D&iacute;az Vargas (1886-1956), Dar&iacute;o Rozo,   Roberto P&aacute;ramo (1858-1939), Dionisio Cort&eacute;s (1863-1934) y Margarita Holgu&iacute;n y Caro   (1875-1959) constituyeron el primer grupo de artistas colombianos con una s&oacute;lida   formaci&oacute;n acad&eacute;mica, dedicados exclusivamente a la producci&oacute;n y promoci&oacute;n de las   artes en nuestro territorio. De estos, algunos fueron ganadores de ciertos premios o   de alguna menci&oacute;n de honor en el Sal&oacute;n. Sus nombres estaban incluidos en las listas   de profesores de la Escuela de Bellas Artes; algunos hab&iacute;an viajado a Europa -Madrid   o Par&iacute;s- becados por el gobierno nacional o por sus propios medios. Viv&iacute;an de su   oficio de pintores o escultores, y para la sociedad bogotana eran maestros respetados   y admirados, pues su papel de &quot;agentes&quot; de las artes y la civilizaci&oacute;n era indispensable   para la &quot;refinada y culta capital&quot;<sup><a href="#32">32</a></sup>.</p>     <p>   Andr&eacute;s Santamar&iacute;a, Pablo Rocha y Margarita Holgu&iacute;n y Caro eran los &uacute;nicos artistas   de ese entonces que pertenec&iacute;an a ilustres familias capitalinas con una capacidad   social y econ&oacute;mica que les permit&iacute;a, entre otras cosas, dedicarse a su oficio sin estar   supeditados al gusto de los compradores. Los tres hab&iacute;an tenido largas estad&iacute;as en   Europa por cuenta de sus familias, hab&iacute;an estudiado en Par&iacute;s, Santamar&iacute;a en la Escuela   de Bellas Artes, como disc&iacute;pulo de los respetados pintores Henri Gervex (1852-1929) y Jacques Ferninad (1842-1934)<sup><a href="#33">33</a></sup>, y Rocha y Holgu&iacute;n y Caro en la Academia Julien de   Par&iacute;s, quienes fueron alumnos del pintor franc&eacute;s Puvis de Chavannes (1824-1898)<sup><a href="#34">34</a></sup>.</p>     <p>   De estos tres artistas el se&ntilde;or Rocha y la se&ntilde;orita Holgu&iacute;n y Caro obtuvieron el primer   premio en el Sal&oacute;n de 1910. Rocha con el cuadro titulado &quot;Paisaje&quot; y la se&ntilde;orita   Holgu&iacute;n y Caro &quot;por el conjunto de sus trabajos&quot;<sup><a href="#35">35</a></sup>.</p>     <p>   Los dem&aacute;s artistas fueron alumnos en la Escuela de Bellas Artes de Bogot&aacute;; la gran   mayor&iacute;a tuvo como profesores a Santamar&iacute;a y a Luis de Llanos. &Uacute;nicamente Gonz&aacute;lez   Camargo y P&aacute;ramo no visitaron Europa, el resto de ellos tendr&iacute;an largas estad&iacute;as en   el Viejo Continente, incluso algunos -G&oacute;mez Campuzano, D&iacute;az Vargas, Moreno   Otero y Borrero &Aacute;lvarez- estudiaron becados por el gobierno en alguna de estas   dos instituciones: la Academia San Fernando de Madrid o en la Academia Julien de   Par&iacute;s. Los dos centros constituyeron por d&eacute;cadas el lugar predilecto de llegada de los   artistas colombianos<sup><a href="#36">36</a></sup>.</p>     <p>   En general, los artistas que gozaban de aceptaci&oacute;n y estima en el campo art&iacute;stico para   las primeras d&eacute;cadas del siglo XX proven&iacute;an de familias modestas de clases media   y media alta, cuyo tr&aacute;nsito hacia el lenguaje pl&aacute;stico implicaba un cambio en sus   relaciones sociales; en la Escuela no solamente se adquir&iacute;an conocimientos b&aacute;sicos   sobre la pintura, la escultura, el dibujo, etc., sino tambi&eacute;n era el lugar preciso para   conocer y acceder al mundo propio de una &eacute;lite bogotana conocedora, compradora y   elitista. El artista de comienzos de siglo, por razones econ&oacute;micas, no pod&iacute;a oponerse al   gusto &quot;refinado&quot; de sus compradores, todo lo contrario. Sus obras ten&iacute;an que ajustarse   a sus exigencias y ello implicaba seguir los par&aacute;metros est&eacute;ticos de la Academia. Esto   para algunos artistas no fue trabajo imposible, pues sus rigurosos estudios ten&iacute;an como fin dominar los elementos propios de la pintura o la escultura. Para otros fue   quiz&aacute;s una de las formas evidentes de estancamiento en sus creaciones, temiendo   incursionar en otras tendencias pl&aacute;sticas<sup><a href="#37">37</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3.3. El fallo del jurado</p>     <p>   El jurado del Sal&oacute;n fue elegido por votaci&oacute;n entre todos los expositores. El resultado   arroj&oacute; seis nombres, los cuales tuvieron la funci&oacute;n de emitir un veredicto oficial   acerca de las mejores obras de la exposici&oacute;n: Pedro Carlos Manrique, Antonio G&oacute;mez   Restrepo, Guillermo Uribe, Sim&oacute;n Chaux, Ricardo Santamar&iacute;a y Rafael Duque Uribe<sup><a href="#38">38</a></sup>.   Se trataba de seis hombres cercanos a las artes, respetados por los artistas y con el   suficiente conocimiento como para elegir las mejores telas. Aunque ninguno era   artista propiamente, algunos eran pintores aficionados, cr&iacute;ticos o comentadores. Esto   les permit&iacute;a actuar como un grupo de &quot;agentes&quot; imparciales que lograr&iacute;an su misi&oacute;n   satisfactoriamente. Y eso fue lo que ocurri&oacute;. Luego de sucesivas reuniones el 20, 22,   23, 25 y 29 de agosto los jurados enviaron al diario el Nuevo Tiempo el resultado. No   hubo ninguna sorpresa. La &uacute;nica medalla de honor fue concedida al pintor Ricardo   Acebedo Bernal &quot;por el conjunto de su obra, en la cual sobresale el fresco que   representa al Evangelista San Marcos, que se encuentra en la c&uacute;pula de la catedral   de esta ciudad&quot;<sup><a href="#39">39</a></sup>. Tambi&eacute;n se habl&oacute; de su cuadro Mater Dolorosa, que muestra un   delicado manejo del dibujo y de la gama crom&aacute;tica. La decisi&oacute;n del jurado consolid&oacute;   a Acebedo Bernal como el pintor m&aacute;s representativo de las primeras d&eacute;cadas del siglo   XX. Esto le vali&oacute;, entre otras cosas, m&uacute;ltiples encargos de obras y cargos prestigiosos   no s&oacute;lo en el campo del arte. En 1911 ocup&oacute; el puesto dejado por Santamar&iacute;a en la   direcci&oacute;n de la Escuela de Bellas Artes hasta 1918 y un a&ntilde;o antes de su muerte, en   1929, fue nombrado c&oacute;nsul en Roma<sup><a href="#40">40</a></sup>.</p>     <p>Los primeros premios le fueron otorgados a Eugenio Zerda por dos cuadros El Ba&ntilde;o   (ver <a href="#img3">imagen 3</a>, <a href="#img4">imagen  4</a>) y Costureras; a Jes&uacute;s Mar&iacute;a Zamora por un lienzo titulado   1819; a Margarita Holgu&iacute;n y Caro por el conjunto de sus trabajos; a Domingo Moreno   Otero y a Pablo Rocha cada uno con un cuadro que llevaban por nombre Paisaje. Sin   duda fueron las obras protagonistas del sal&oacute;n de 1910, aunque no las m&aacute;s comentadas. Dos paisajes, dos temas hist&oacute;ricos y dos escenas intimistas.</p>      <p>    <center><a name="img3"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img3.gif"></center></p>      <p>    <center><a name="img4"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img4.gif"></center></p>      <p>Los temas de las obras fueron el paisaje, el retrato, los temas hist&oacute;ricos y algunas   escenas interiores. El paisaje gana terreno y se convierte en el tema predilecto de los   mejores artistas nacionales, relegando a las escenas b&iacute;blicas y a los retratos. Quiz&aacute;s   sea esta una reacci&oacute;n l&oacute;gica a la valiosa tarea que realiz&oacute; Santamar&iacute;a al implementar   la clase de Paisaje en la Escuela. No se puede olvidar adem&aacute;s que estos artistas   conocieron de primera mano la influencia que estaba teniendo el paisaje en la escena pl&aacute;stica europea.</p>     <p>   En la Exposici&oacute;n de 1910, el paisaje se consolida como el tema de referencia   nacionalista por excelencia. El paisaje supuso una apertura, aunque d&eacute;bil, en el campo   formal, pero importante en cuanto signific&oacute; un di&aacute;logo entre la forma pict&oacute;rica y el   tema. Los paisajes mostraban el territorio colombiano. Hab&iacute;a una identificaci&oacute;n y un   gusto por sus paisajes, sus &aacute;rboles, sus r&iacute;os, sus amaneceres, sus tardes, sus llanuras,   etc. En pocas palabras, en el paisaje el arte logr&oacute; una moderada autonom&iacute;a en sus   formas pl&aacute;sticas y fue, adem&aacute;s, el mejor medio para hacer realidad aquel discurso que   estuvo presente en los ide&oacute;logos del Centenario que sosten&iacute;an las particularidades y riquezas de nuestro territorio. Desde luego, la est&eacute;tica paisaj&iacute;stica empez&oacute; a ser   importante y para las familias bogotanas era imprescindible tener un cuadro de las   sabanas bogotanas, de algunos de nuestros r&iacute;os o quiz&aacute;s de los llanos colombianos.</p>     <p> 3.4. La cr&iacute;tica en el Sal&oacute;n</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Numerosos cr&iacute;ticos, en su mayor&iacute;a con seud&oacute;nimos, escribieron acerca del Sal&oacute;n   de 1910 y emitieron opiniones acerca de los artistas, sus obras e incluso sobre los   postulados que deb&iacute;an regir las pr&aacute;cticas art&iacute;sticas. Los peri&oacute;dicos capitalinos abrieron   sus puertas a estos conocedores del arte y varias de sus reflexiones aparecieron en   primera p&aacute;gina. Hubo todo tipo de cr&iacute;ticas y opiniones. Algunas solamente de car&aacute;cter   informativo en las cuales se anotaba, por ejemplo, el nombre de uno que otro expositor   y de algunas de sus obras; otras, por el contrario, tuvieron un contenido propio de   la cr&iacute;tica art&iacute;stica. Adem&aacute;s de juicios de valor sobre los artistas m&aacute;s representativos   del Sal&oacute;n, algunos art&iacute;culos inclu&iacute;an importantes referentes desde donde los cr&iacute;ticos enjuiciar&iacute;an la calidad o inferioridad de una obra de arte.</p>     <p>   Los postulados de los cr&iacute;ticos acerca del arte muestran varias caras acerca del proceso   de consolidaci&oacute;n del campo art&iacute;stico en Colombia. Por un lado, el concepto de la obra   de arte est&aacute; relacionado a&uacute;n con la utilidad que este tiene para otros campos, es decir,   que, aunque el arte tenga conceptos propios y distintos de otras esferas, para muchos   sigue siendo un objeto que tiene sentido por otros campos de la cultura. A prop&oacute;sito   de esto, La Unidad, peri&oacute;dico dirigido por el ultraconservador Laureano G&oacute;mez, public&oacute; un an&aacute;lisis de Alberto Borda Tanco, quien hizo la siguiente apreciaci&oacute;n:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Creo yo que en la Exposici&oacute;n, hecha para celebrar un acontecimiento   notable, deber&iacute;a haber varios cuadros aleg&oacute;ricos &aacute; la fecha memorable,   episodios patri&oacute;ticos &oacute; hist&oacute;ricos, todo lo cual hubiera servido para   formar un museo, que si no llamar&iacute;a la atenci&oacute;n de los extranjeros por la   maravilla de la composici&oacute;n &oacute; del colorido, si infundir&iacute;a el respeto &aacute; que es   acreedor todo el pueblo que tributa homenaje, por medio de las artes, &aacute; sus   hombres grandes. Los temas balad&iacute;es, los cuadros llamados &quot;de g&eacute;nero&quot;,   salvo que representen escenas originales, locales, raras y atractivas por   sus vestidos &oacute; costumbres, no sientan muy bien en Exposiciones como   esta de que me ocupo. De aqu&iacute; mi predilecci&oacute;n por los cuadros que   representan estudio, meditaci&oacute;n y, en general, instrucci&oacute;n&quot;<sup><a href="#41">41</a></sup>.</p>     <p>En otras palabras, para Borda Tanco la exposici&oacute;n podr&iacute;a haber sido mejor si las   obras expuestas hubieran tenido como protagonistas a nuestros valientes h&eacute;roes y   a sus loables batallas, esto sin importar la calidad de la obra. En tal caso, lo esencial   era el tema y no los medios de su representaci&oacute;n. Borda Tanco fue mucho m&aacute;s   all&aacute; y pretendi&oacute; definir el arte a punta de comparaciones academicistas, criticando abiertamente las &quot;novedades&quot; art&iacute;sticas:</p>     <p align="CENTER">&quot;Arte es ver en los &aacute;rboles el viento que mueve las hojas y hace mecer   los nidos; arte es hacer comprender que hay una armon&iacute;a que habla y   vibra en el espacio, que el himno colosal y tierno de los horizontes es   m&aacute;s fuerte y po&eacute;tico que el lenguaje de los seres y las cosas [&hellip;]. Es   Verdad que no hay que momificarse en el clasicismo, pero el camino de   Atenas y de Roma ser&aacute; siempre el seguro para llegar &aacute; la novedad y la   personalidad. Es necesario poner el arte en su trono; es mejor que reine   la tiran&iacute;a antigua que el libertinaje. Es preferible el dibujo neto y fr&iacute;o al   ampuloso &eacute; incorrecto. Solo siguiendo las huellas del pasado se obtiene   una cima. La educaci&oacute;n oficial debe preparar al arte, pero haciendo   entender la poes&iacute;a del sentimiento, afirmada sobre las seducciones del pensamiento&hellip;&quot;<sup><a href="#42">42</a></sup>.</p>     <p>   Este argumento recuerda que una obra de arte deb&iacute;a ser el resultado formal, acad&eacute;mico   y meditado de la apropiaci&oacute;n de la naturaleza. En ello radicaba, adem&aacute;s, la habilidad   del artista, para quien el dibujo y el buen manejo del color y la perspectiva eran las   mejores maneras de ser novedoso. La novedad residir&iacute;a en perfeccionar las propiedades   establecidas por la Academia y cualquier otro cambio fuera de los ya instituidos   implicar&iacute;a un error para el buen gusto en la obra de arte. Con este razonamiento   qued&oacute; cerrado el combate hacia cualquier novedad, principalmente en contra de los   vientos impresionistas tra&iacute;dos por Santamar&iacute;a, reforzando la que se consideraba la &uacute;nica v&iacute;a por donde podr&iacute;a transitar el arte colombiano en la &eacute;poca<sup><a href="#43">43</a></sup>.</p>     <p>   No ser&iacute;a este el &uacute;nico texto que abiertamente estaba en contra de las nuevas propuestas   art&iacute;sticas. En los mismos d&iacute;as, el Nuevo Tiempo public&oacute; una traducci&oacute;n de una cr&iacute;tica   que entre sus &quot;doctrinas&quot; mencionaba la decadencia a la que habr&iacute;a llegado el Impresionismo:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Ciertos pintores, empleando una t&eacute;cnica especial, como los impresionistas,   sea dando un aspecto particular, de acuerdo con su temperamento a la   interpretaci&oacute;n que nos dan de la naturaleza [&hellip;] sucede que extraviados   por un primer triunfo, pierden m&aacute;s y m&aacute;s de vista la naturaleza que les   sirvi&oacute; de punto de partida, exageran la t&eacute;cnica artificial que han adoptado   y acaban por caer en una f&oacute;rmula que no tiene base ninguna&quot;<sup><a href="#44">44</a></sup>.</p>     <p>   La cr&iacute;tica iba dirigida al pintor Andr&eacute;s Santamar&iacute;a, quien representaba esa &quot;t&eacute;cnica   artificial&quot;, alejada cada vez m&aacute;s del &quot;buen&quot; arte. En el Sal&oacute;n de 1910, los cr&iacute;ticos se   olvidaron de la obra de Santamar&iacute;a y los pocos que la mencionaron, la desaprobaron.   De los dos comentarios que se hizo a su obra -ambos son desafortunados e incluso   ofensivos-, el primero hablaba de su realismo y lo comparaba con el pintor acad&eacute;mico Acebedo Bernal:</p>     <p align="CENTER"> &quot;[...] m&aacute;s realista es Santamar&iacute;a que Acebedo, [&hellip;] a veces los precisos   rasgos del dibujante se pierden bajo el derroche de desd&eacute;n que   acostumbra el colorista [&hellip;]. Los cuadros de este artista se reducen &aacute;   una idea, exclusiva, por lo general sencilla, en torno de la cual todo es   accidental m&aacute;s bien que accesorio&quot;<sup><a href="#45">45</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Un segundo comentarista refiri&eacute;ndose al conjunto de los artistas y, en especial, a los &quot;seguidores&quot; de Santamar&iacute;a afirmaba: &quot;en medio de aquel diluvio de ripios s&oacute;lo se detienen mis ojos en un grupo de retratos trabajados por Acebedo Bernal&quot;<sup><a href="#46">46</a></sup>. Y aqu&iacute; no terminaba su descomunal descarga de agravios. De los Llaneros, obra presentada por Santamar&iacute;a, dec&iacute;a:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Malicio que el estilo de esta pintura sea el estilo impresionista de la   brillante escuela de Manet, que tanto ha llamado la atenci&oacute;n en los museos   europeos [&hellip;], pero sin el car&aacute;cter y la factura suave de los buenos artistas   que han sabido con talento seguir la huella del maestro franc&eacute;s [&hellip;]. La   composici&oacute;n del Sr. Santamar&iacute;a, a m&aacute;s de alejarse de lo veros&iacute;mil, es   pobre, escasa de inspiraci&oacute;n art&iacute;stica y de ejecuci&oacute;n delicada&quot;<sup><a href="#47">47</a></sup>.</p>     <p>Para el maestro, esta cr&iacute;tica debi&oacute; constituir otra entre las muchas que hab&iacute;a recibido.   Pero, esta vez, &eacute;l era el encargado de la secci&oacute;n art&iacute;stica de la Exposici&oacute;n, director   de la Escuela, protagonista de la nueva tendencia y profesor de la mayor&iacute;a de los   expositores, lo que lo hac&iacute;a una de las personas m&aacute;s respetadas y conocedoras del arte.   Sin embargo, para los ojos de los cr&iacute;ticos, sus obras no ten&iacute;an el suficiente trabajo y   delicadeza, y parec&iacute;an no ser dignas del maestro europeo. Esto constituy&oacute; una grave   desilusi&oacute;n para Santamar&iacute;a, quien un a&ntilde;o despu&eacute;s volver&iacute;a a fijar su residencia en   Europa, lejos del altiplano. La siguiente fue una recia cr&iacute;tica que le hicieron a una de sus obras expuesta en el Sal&oacute;n de 1910:</p>     <p align="CENTER"> &quot;Perdi&oacute; de vista el artista la verdad de la naturaleza y pint&oacute; unas figuras   demasiado alargadas, quiz&aacute; caricaturizando al Greco, trepadas sobre   unos caballos que bien pudieran servir de modelo para las figuras de una   baraja. Las bestias, que ya dije, parecen del Apocalipsis; chapalean entre   una especie de r&iacute;o te&ntilde;ido de sulfato de cobre, y al fin y al cabo aquella   variedad de matices y colores que han exagerado lo artificial del arte, no le   dicen al observador si representan cielo o tierra, agua o vegetaci&oacute;n, rocas   o troncos; y todos aquellos desdibujos y aquella constante lucha entre   armon&iacute;a y el car&aacute;cter, la vaguedad y la forma definitiva, hacen del cuadro   un simple lienzo de tama&ntilde;o colosal, pintado amaneradamente,   pr&oacute;digo de falsedades y rid&iacute;culos toques&quot;<sup><a href="#48">48</a></sup>.</p>     <p>   Al lado de los &quot;amanerados&quot; cuadros de Santamar&iacute;a se encontraban los de sus   seguidores: Zerda, Borrero &Aacute;lvarez, D&iacute;az, entre otros, para quienes la cr&iacute;tica encontr&oacute;   algunos pocos rasgos positivos, no obstante sus evidentes cambios. Para los cr&iacute;ticos,   los cambios se registraban de una forma menos directa que los hechos por Santamar&iacute;a.   T&eacute;rminos como &quot;color afectado&quot;, &quot;l&iacute;nea desdibujada&quot;, &quot;tonos violentos&quot;, &quot;rudeza de   contrastes&quot;, &quot;afectaci&oacute;n en claroscuro&quot;, eran las formas como se defin&iacute;a un trabajo que   ten&iacute;a algunas cercan&iacute;as con la pintura de Santamar&iacute;a. A prop&oacute;sito de esto, El Ba&ntilde;o, obra   premiada en el Sal&oacute;n y realizada por Eugenio Zerda, no tuvo una abundante cr&iacute;tica   y la &uacute;nica que se registr&oacute; tampoco elogiaba su composici&oacute;n: &quot;El color, en general, es   bueno, aunque afectado todav&iacute;a de amaneramiento, menos exagerado que en &eacute;pocas   anteriores; la perspectiva es satisfactoria, aunque hay una vaguedad exagerada en los   objetos de segundo t&eacute;rmino&quot;<sup><a href="#49">49</a></sup>. Lo mismo le ocurri&oacute; a Paisaje de Pablo Rocha, espl&eacute;ndida   composici&oacute;n, ganadora tambi&eacute;n del primer premio, pero para los cr&iacute;ticos estaba lejos   de merecerlo: &quot;[...] la frialdad del conjunto y los &aacute;rboles mal tratados quitan al cuadro mucho de la belleza que pudiera haber tenido sin tales defectos&quot;<sup><a href="#50">50</a></sup>. Paisaje fue una obra   olvidada por la cr&iacute;tica pues sin duda su manejo del dibujo y del color eran atrevidos,   aunque en algunas partes se nota su cercan&iacute;a con la Academia, en otras partes no lo era   del todo, la l&iacute;nea de los &aacute;rboles se perd&iacute;a con el color, las hojas eran simples manchas   de verde oliva y el piso parece retocado por una esp&aacute;tula.</p>         <p>    <center><a name="img5"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img5.gif"></center></p>        <p>Los cuadros que se llevaron los honores de los cr&iacute;ticos fueron 1819 de Zamora,    un cuadro de Se&ntilde;orita de Acebedo Bernal y un retrato de Vel&aacute;squez, hoy pintor    desconocido. En una cr&iacute;tica que public&oacute; La Unidad, titulada &quot;Cu&aacute;les son los tres    mejores cuadros de la Exposici&oacute;n&quot;<sup><a href="#51">51</a></sup>, se mencionaba estas tres obras como las m&aacute;s    importantes expuestas en el Sal&oacute;n. Ninguna de las tres fueron grandes composiciones.    Sin embargo, todas cumpl&iacute;an las exigencias que los cr&iacute;ticos cre&iacute;an que deb&iacute;a tener  una obra de arte.</p>        <p>    <center><a name="img6"></a><img src="img/revistas/rhc/n32/n32a12img6.gif"></center></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En palabras de los mismos cr&iacute;ticos, las obras ten&iacute;an que ser un reflejo del trabajo    minucioso y concienzudo del artista y no un experimento r&aacute;pido y sin meditaci&oacute;n.    Un cr&iacute;tico se refiere a que las obras deber&iacute;an tener un jurado de admisi&oacute;n y con ello  no tener porqu&eacute; admirar trabajos balad&iacute;es al lado de consumadas obras de arte:</p>      <p align="CENTER"> &quot;Constantemente hemos visto en nuestras Exposiciones de Pintura al   lado de un retrato de Garay una copia oleogr&aacute;fica; un estudio serio, hondo,   sentido, de un artista que puso mucho de su ser &iacute;ntimo en la investigaci&oacute;n   de la l&iacute;nea y del color para llegar despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os &aacute; interpretar   un estado del alma, ese esfuerzo pasa desapercibido, porque junto &aacute; esa   nota de gran sentido psicol&oacute;gico, hay una tela chillona donde andan   mezcladas flores, arracachas y cintas de colores crudos y abominables   que tanto encanto tiene para los ojos vulgares, pero que destruyen el   efecto de ese estudio de an&aacute;lisis y de conciencia&quot;<sup><a href="#52">52</a></sup>.</p>          <p>La &quot;capital refinada y culta&quot; conden&oacute; las nuevas tendencias art&iacute;sticas y consolid&oacute; los     postulados academicistas como la &uacute;nica forma permitida de hacer arte y de representar     la naci&oacute;n. Si algunos artistas estaban experimentando nuevas formas en sus pinturas,     la cr&iacute;tica los acall&oacute; y no les permiti&oacute; continuar con sus avances. Llegar&iacute;a Acebedo     Bernal a la direcci&oacute;n de la Escuela y con ello el fortalecimiento de la propuesta   ultraconservadora de la Academia se prolongar&iacute;a por varias d&eacute;cadas m&aacute;s.</p>       <p>     Conclusiones</p>       <p>     El campo del arte para la primera d&eacute;cada del siglo XX estaba adquiriendo ciertos     indicios que, como indica Bourdieu, evidencian la constituci&oacute;n y relativa autonom&iacute;a     del campo art&iacute;stico en Colombia. Adem&aacute;s de ser este el medio m&aacute;s leg&iacute;timo de     representaci&oacute;n nacional, fijaba sus propias reglas, conceptos, agentes, artistas,     relaciones, etc. En pocas palabras, el campo del arte, aunque actuaba como un     mediador de representaci&oacute;n, no dejaba de hacer su propia historia. Una historia que     ya pod&iacute;a contar con numerosos artistas, educados cr&iacute;ticos, gestores del arte e, incluso,     vientos de apertura hacia nuevas propuestas pl&aacute;sticas; un florecimiento de las artes y de     la producci&oacute;n art&iacute;stica que tuvo como referencia los estudios profesionales en las artes     y el cambio de estatus social que, a su vez, estaba teniendo la disciplina art&iacute;stica.</p>       <p>     Esta aproximaci&oacute;n al Sal&oacute;n de 1910 es un acercamiento interdisciplinario que abre     nuevas discusiones no s&oacute;lo en el interior de la disciplina art&iacute;stica, sino a otras &aacute;reas     del saber, como la historia y la sociolog&iacute;a. El manejo de los distintos recursos que     ofrecen disciplinas human&iacute;sticas hizo posible aportar luces al conocimiento de las     artes de una &eacute;poca un poco esquiva para los investigadores.</p>       <p>     Por &uacute;ltimo, es importante mencionar algunas problem&aacute;ticas que deja abiertas el     texto. La primera de ellas es el concepto de Academia en el arte colombiano. Se trata,     sin duda, de una de las nociones art&iacute;sticas que, para el caso nacional, ha sido poco     problematizada; muchas veces el concepto se ajusta a unas circunstancias espec&iacute;ficas     que son distintas a las de su origen. Las relaciones de la Academia con la Escuela,     con los artistas y el campo art&iacute;stico en general es un tema que abre posibilidades de     an&aacute;lisis, y debate la idea presente en muchos y conocidos estudiosos de que las dos     primeras d&eacute;cadas del siglo XX, las artes en Colombia estuvieron en una especie de     aletargamiento. El segundo de ellos es la ausencia de investigaciones acerca de los     salones art&iacute;sticos de comienzos de siglo XX; este trabajo realiz&oacute; una importante     b&uacute;squeda documental. No obstante, nuevas hip&oacute;tesis pueden generar intercambios     fruct&iacute;feros en el conocimiento y reconocimiento de uno de los campos frecuentemente     olvidados en la historiograf&iacute;a tradicional.</p> 	 <hr size="1">     <p><a name="1">1</a> HERRERA COPETE, Jorge, &quot;La exposici&oacute;n de Bellas Artes en el Centenario&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, [1910].</p>     <p><a name="2">2</a> Los salones de arte tienen su origen en la exposici&oacute;n celebrada en 166 para conmemorar la fundaci&oacute;n de la   Acad&eacute;mie Royale de Peinture et de Sculpture, instituci&oacute;n creada por la monarqu&iacute;a francesa destinada a engrandecer   la figura del monarca y su gobierno por medio de las artes. Los salones cobraron impulso en el a&ntilde;o de 1751,   a partir del cual se celebraron los famosos salones franceses. Su inauguraci&oacute;n se realizaba el 25 de agosto, d&iacute;a   de san Luis, y duraban aproximadamente un mes. El sal&oacute;n de arte en su comienzo fue fundamentalmente   franc&eacute;s. Sin embargo, poco tiempo despu&eacute;s se fundaron muestras de arte en otros pa&iacute;ses, como el caso del   Sal&oacute;n de 1 69, organizado por la Royal Academy of Arts de Londres. Los salones fueron una instituci&oacute;n real,   aunque los efectos que produjo desbordaron esos contextos gubernamentales. Uno de los efectos no buscados   fue la configuraci&oacute;n de un p&uacute;blico que contemplaba y valoraba las obras de arte, es decir, las obras estaban   expuestas al p&uacute;blico y ya no eran privilegio cortesano. En este sentido, los salones constituyeron la primera   forma de democratizaci&oacute;n de las obras de arte. En buena medida, esta democratizaci&oacute;n supuso una definici&oacute;n   de la cr&iacute;tica del arte, un nuevo g&eacute;nero que estuvo en directa relaci&oacute;n con la producci&oacute;n art&iacute;stica, con la industria   period&iacute;stica alrededor de los salones y, finalmente, con un grupo de lectores. BOZAL, Valeriano, &quot;Or&iacute;genes de   la est&eacute;tica moderna&quot;, en BOZAL, Valeriano (ed.), Historia de las ideas est&eacute;ticas y de las teor&iacute;as art&iacute;sticas contempor&aacute;neas, Vol. I, Madrid, Gr&aacute;ficas R&oacute;gar, 2000, pp. 22-23.</p>     <p><a name="3">3</a> &quot;La Academia&quot; es un t&eacute;rmino que ser&aacute; utilizado en este texto para referirse a una serie de caracter&iacute;sticas pl&aacute;sticas   del arte colombiano de finales de siglo XIX y comienzos del XX. Las particularidades m&aacute;s evidentes fueron   la idealizaci&oacute;n de la obra art&iacute;stica, su solemnidad, su vinculaci&oacute;n directa con el retrato, su armon&iacute;a en la gama   crom&aacute;tica y su consideraci&oacute;n hacia principios est&eacute;ticos como la belleza, la bondad y la verdad. Si bien es cierto   que hist&oacute;ricamente las escuelas de Bellas Artes estuvieron emparentadas con los principios de la Academia,   para 1910 hubo una serie de cruces propiciados por Andr&eacute;s Santamar&iacute;a que hace pensar que en la Escuela se   estaba fomentando formas pl&aacute;sticas de la vanguardia europea. Esto no tendr&iacute;a consecuencias considerables   en el campo art&iacute;stico colombiano de la primera d&eacute;cada del siglo XX, pues su discusi&oacute;n se propicio cuando   Santamar&iacute;a permaneci&oacute; en Bogot&aacute;. Despu&eacute;s de 1911, a&ntilde;o de su viaje definitivo a Europa, poco se volvi&oacute; a hablar de las controvertidas maneras del maestro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="4">4</a> MEDINA, &Aacute;lvaro, Procesos del arte en Colombia, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Cultura, 1983, p. 257.</p>     <p>   <a name="5">5</a> L&Oacute;PEZ, William Alfonso, La cr&iacute;tica de arte en el Sal&oacute;n de 1899: una aproximaci&oacute;n a los procesos de configuraci&oacute;n de la   autonom&iacute;a del campo art&iacute;stico en Colombia, Bogot&aacute;, Programa de Maestr&iacute;a en Historia y teor&iacute;a del arte y la arquitectura,   Facultad de Artes y Arquitectura, Universidad Nacional de Colombia, 2005, tesis sin publicar.</p>     <p><a name="6">6</a> Para ver el proceso de la pol&eacute;mica, los comentaristas, sus referencias, sus cr&iacute;ticas est&eacute;ticas y sus consecuencias pol&iacute;ticas, v&eacute;ase MEDINA, &Aacute;lvaro, op. cit., pp. 32-57.</p>     <p>   <a name="7">7</a> Andr&eacute;s Santamar&iacute;a es considerado por la cr&iacute;tica como el primer pintor modernista de nuestro pa&iacute;s. Santamar&iacute;a   nace en Bogot&aacute; en 1860, pero la mayor&iacute;a de su vida vivi&oacute; en Europa, espec&iacute;ficamente en Par&iacute;s, Gran Breta&ntilde;a   y B&eacute;lgica. Luego de culminar sus estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes de Par&iacute;s, regres&oacute; al pa&iacute;s en   1893 y se qued&oacute; hasta 1901, a&ntilde;o en el que decidi&oacute; volver a B&eacute;lgica. En 1903 regres&oacute; a Bogot&aacute;. Un a&ntilde;o despu&eacute;s   fue nombrado director de la Escuela Nacional de Bellas Artes hasta 1911, fecha en la cual parti&oacute; hacia Europa   de donde no regres&oacute;. ORTEGA RICAURTE, Carmen, Diccionario de artistas en Colombia, Bogot&aacute;, Plaza &amp; Jan&eacute;s,   19 9, pp. 448-449.</p>     <p>   <a name="8">8</a> Para seguir de cerca el proceso de la cr&iacute;tica, v&eacute;ase SAN&Iacute;N CANO, Baldomero, &quot;El Impresionismo en Bogot&aacute;&quot;,   en Revista Contempor&aacute;nea, Vol. I, No. II, Bogot&aacute;, 1904, pp. 145-156; Vol. I, No. IV, Bogot&aacute;, 1905, pp. 354-361;   GRILLO, Maximiliano, &quot;Psicolog&iacute;a del Impresionismo&quot;, en Revista Contempor&aacute;nea, Vol. II, No. I, Bogot&aacute;, 1905,   pp. 32-37 e HINESTROSA DAZA, Ricardo, &quot;El Impresionismo en Bogot&aacute;&quot;, en Revista Contempor&aacute;nea, Vol.   II, No. III, Bogot&aacute;, 1905, pp. 193-224. De la pol&eacute;mica de 1904, conocida como la del &quot;impresionismo&quot;, se   pueden encontrar ya varias referencias serias de estudio. El historiador &Aacute;lvaro Medina es quiz&aacute;s el primero   que establece una tesis acerca de las consecuencias que trajo consigo la discusi&oacute;n sobre la obra de Andr&eacute;s   Santamar&iacute;a. MEDINA, op. cit., pp. 6 - 6. Por otro lado, la investigadora Carmen Mar&iacute;a Jaramillo, al hablar de   los or&iacute;genes de la cr&iacute;tica de arte en Colombia, se detiene en la postura de San&iacute;n Cano, la cual es pr&oacute;xima a la   defensa de la autonom&iacute;a del arte. JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, &quot;Una mirada a los or&iacute;genes del campo de la   cr&iacute;tica de arte en Colombia&quot;, en Artes La Revista, Vol. 4, No. 7, Medell&iacute;n, enero-junio 2004, pp. 3-38. El &uacute;ltimo acercamiento lo realiza el fil&oacute;sofo V&iacute;ctor Quinche, quien abre nuevas posibilidades de discusi&oacute;n del tema, a   partir de conceptos de la filosof&iacute;a, espec&iacute;ficamente desde elementos de la est&eacute;tica de la recepci&oacute;n y la filosof&iacute;a   anal&iacute;tica del lenguaje. QUINCHE, V&iacute;ctor, Una lectura de la &quot;pol&eacute;mica del impresionismo&quot; desde la filosof&iacute;a del arte,   Reporte de investigaci&oacute;n No. 67, Escuela de Ciencias Humanas, Universidad del Rosario, 2005, pp. 6-19.</p>     <p>   <a name="9">9</a> MART&Iacute;NEZ, Fr&eacute;d&eacute;ric, El nacionalismo cosmopolita, la referencia europea en la construcci&oacute;n nacional en Colombia 1845-   1900, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica-Instituto Franc&eacute;s de Estudios Andinos, 2001, p. 281.</p>     <p>   <a name="10">10</a> BOURDIEU, Pierre, &quot;Algunas propiedades de los campos&quot;, en BOURDIEU, Pierre, Sociolog&iacute;a y cultura, M&eacute;xico,   Grijalbo, 1990, p. 135.</p>     <p><a name="11">11</a> Ibid., p. 138.</p>     <p>   <a name="12">12</a> Ibid., p. 139.</p>     <p>   <a name="13">13</a> BOURDIEU, Pierre, Cuestiones de sociolog&iacute;a, Madrid, Ediciones Istmo, 2000, p. 207. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="14">14</a> BOURDIEU, Pierre, &quot;&iquest;Y qui&eacute;n cre&oacute; a los creadores?&quot;, en BOURDIEU, Pierre, Sociolog&iacute;a y cultura, op. cit., p. 22 . </p>     <p><a name="15">15</a> Ibid., p. 22 . </p>     <p><a name="16">16</a> MEDINA, &Aacute;lvaro, Procesos en el arte en Colombia, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Cultura, 1983, p. 83.</p>     <p><a name="17">17</a> BOURDIEU, Pierre, Cuestiones..., op. cit., p. 219.</p>     <p><a name="18">18</a> NI&Ntilde;O MURCIA, Carlos, Arquitectura y Estado, Bogot&aacute;, Facultad de Arte, Universidad Nacional de Colombia, p.   59. El Art Nouveau es el primer movimiento art&iacute;stico que se desprende casi por completo de estilos anteriores   como el Barroco, el Neoclasicismo, el Romanticismo, entre otros. Se desarroll&oacute; principalmente en la arquitectura   y en el dise&ntilde;o; las obras pretend&iacute;an mostrar una identidad con lo urbano y lo moderno. Por ello, sus t&eacute;cnicas   estuvieron ligadas a la reproducci&oacute;n mec&aacute;nica: xilograf&iacute;a, cartelismo, impresi&oacute;n, etc. Este movimiento estuvo   emparentado con el auge de la industrializaci&oacute;n y de las exposiciones universales. VV. AA., Historia del arte, Madrid, Espasa Calpe, 1999, pp. 1127-1130.</p>     <p>   <a name="19">19</a> El Republicano, Bogot&aacute;, 28 de julio de 1910, p. 4.</p>     <p><a name="20">20</a> Bourdieu se&ntilde;ala que el funcionamiento de un campo se debe, entre otras cosas, al habitus de las personas que   hacen parte de este. El habitus, seg&uacute;n &eacute;l, es un sistema de disposiciones adquiridas por medio del aprendizaje   expl&iacute;cito o impl&iacute;cito que funciona como un sistema de esquemas generadores: &quot;es a la vez un oficio un c&uacute;mulo   de t&eacute;cnicas, de referencias, un conjunto de creencias&quot;. El habitus es distinto del h&aacute;bito. Mientras este se considera   como algo que sugiere continuidad, repetitividad y mecanicidad, el habitus es &quot;poderosamente generador&quot;,   lo cual hace del campo un lugar din&aacute;mico y en constante lucha. En pocas palabras, es el capital adquisitivo   inconsciente de una persona o grupo que tiene como consecuencia la participaci&oacute;n en un determinado campo. BOURDIEU, Pierre, &quot;&iquest;Algunas propiedades de los campos?&quot;, op. cit., pp. 136-137.</p>     <p><a name="21">21</a> Jos&eacute; Manuel Marroqu&iacute;n naci&oacute; en 1874 y muri&oacute; en 1943 en Bogot&aacute;. Monse&ntilde;or Marroqu&iacute;n pertenec&iacute;a a un selecto   clero que ten&iacute;a una s&oacute;lida formaci&oacute;n acad&eacute;mica, como lo atestigua sus estudios teol&oacute;gicos en el Seminario de   San Sulpicio de Par&iacute;s y su doctorado en derecho can&oacute;nico en el Apolinar de Roma. Adem&aacute;s de haber ocupado   importantes cargos eclesi&aacute;sticos, tambi&eacute;n se destac&oacute; como un escritor prol&iacute;fico: varios de sus art&iacute;culos fueron   publicados en el Bolet&iacute;n de Historia y Antig&uuml;edades. RESTREPO POSADA, Jos&eacute;, Arquidi&oacute;cesis de Bogot&aacute;, cabildo eclesi&aacute;stico, t. IV, Bogot&aacute;, Editorial Kelly, 1971, pp. 323-324.</p>     <p><a name="22">22</a> ISAZA, Emiliano y MARROQU&Iacute;N, Lorenzo, Primer Centenario de la independencia de Colombia 1810-1910, Bogot&aacute;, Escuela Tipogr&aacute;fica Salesiana, 1911, p. 344.</p>     <p>   <a name="23">23</a> Esta argumentaci&oacute;n entre el buen arte diferenciado del que no lo es estuvo presente en la pluma de los cr&iacute;ticos.   Es claro, por ejemplo, que una de las funciones del cr&iacute;tico era enjuiciar la obra de arte en t&eacute;rminos de aceptaci&oacute;n o desaprobaci&oacute;n. Sin embargo, algunos comentarios se extendieron no s&oacute;lo a las obras espec&iacute;ficas, sino tambi&eacute;n   al conjunto de la Exposici&oacute;n. Una muestra de arte deb&iacute;a tener una funci&oacute;n educadora; un paso peque&ntilde;o hacia   la apertura del arte como un bien democr&aacute;tico, aunque matizado categ&oacute;ricamente por aquello que es admisible   en contra de lo que no lo es. Estas son las palabras de un cr&iacute;tico refiri&eacute;ndose a la funci&oacute;n de la exposici&oacute;n de   arte del centenario: &quot;Dir&aacute;se que los inteligentes no confundir&aacute;n jam&aacute;s una verdadera manifestaci&oacute;n de arte   con una composici&oacute;n idiota: s&iacute;, es verdad; pero las Exposiciones de Bellas Artes deben ser un medio para   instruir &aacute; los profanos, para desarrollar en ellos el gusto por el arte selecto, para conseguir que el gros public se   inicie poco &aacute; poco en lo bueno y llegu&eacute; al fin a diferenciarlo de lo malo&quot;. HERRERA COPETE, Jorge, &quot;La   exposici&oacute;n de Bellas Artes en el Centenario&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, [1910].</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="24">24</a> AGN, Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades culturales, carpeta 3, caja 1, f. 84. </p>     <p><a name="25">25</a> AGN, Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades culturales, carpeta 3, caja 1, f. 116. </p>     <p><a name="26">26</a> AGN, Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades culturales, carpeta 3, caja 1, f. 118.</p>     <p><a name="27">27</a> Para ver detenidamente los cambios entre los programas de estudio de 1886, a&ntilde;o de fundaci&oacute;n de la Escuela,   con el a&ntilde;o de 1913, v&eacute;ase para la primera fecha AGN, Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades   culturales, carpeta 2, caja 1, ff. 1-24. Para 1913, AGN Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades   culturales, carpeta 3, caja 1, ff. 164-168, 172-174 y 178. Es importante tambi&eacute;n mencionar la Escuela de   Artes y Oficios. Esta instituci&oacute;n era independiente de la de Bellas Artes. All&iacute; se dictaban clases de litograf&iacute;a,   ornamentaci&oacute;n, grabado, fundici&oacute;n, plater&iacute;a y qu&iacute;mica industrial. ESCOVAR, Alberto, MARI&Ntilde;O, Margarita y   PE&Ntilde;A, C&eacute;sar, Atlas hist&oacute;rico de Bogot&aacute;, 1538-1910, Bogot&aacute;, Editorial Planeta - Fundaci&oacute;n La Candelaria, 2004, pp. 1 6-1.</p>     <p>   <a name="28">28</a> En la Exposici&oacute;n del Centenario se presentaron varios casos donde se utilizaba la palabra arte como una   expresi&oacute;n que implica una labor manual cualquiera que fuera. Veamos un ejemplo. En el Nuevo Tiempo se patrio la selecta exposici&oacute;n caligr&aacute;fica que el profesor Manuel Campillo ha presentado de sus disc&iacute;pulas, damas   de lo m&aacute;s culto de nuestra capital&quot;. Posterior a esto, el supuesto &quot;cr&iacute;tico&quot; decide defender dicha muestra con   la siguiente argumentaci&oacute;n: &quot;[...] y ya que de buen gusto nos ocupamos, hacemos esta observaci&oacute;n: es ley de   progreso en el sentido grafol&oacute;gico de la expresi&oacute;n, y signo de gran cultura saber escribir bien, lo cual determina   el car&aacute;cter moral de los individuos y las sociedades&quot;. Termina su presentaci&oacute;n, no sin antes anotar lo siguiente:   &quot;[...] insertamos los nombres de las se&ntilde;oras y se&ntilde;oritas autoras de las obras de arte que hemos apuntado y nos   congratulamos de presentar en esta exposici&oacute;n al siguiente grupo de distinguidas damas [&hellip;]&quot;, LADR&Oacute;N   DE GUEVARA, Teodoro, &quot;Exposici&oacute;n nacional de Bellas Artes&quot;, en Diario de Colombia, Bogot&aacute;, 1 de agosto   de 1910, p. 5.</p>     <p>   <a name="29">29</a> DOUMIC, Max, &quot;Una exposici&oacute;n de Bellas Artes&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, 9 de agosto de 1910, p. 4.</p>     <p><a name="30">30</a> El Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica en su decreto N&ordm; 1469 crea los premios anuales en dinero para las artes.   En 1906, primer a&ntilde;o de la entrega, fueron favorecidos algunos artistas de lo que hoy d&iacute;a tenemos noticia. Es el caso de Miguel D&iacute;az, secci&oacute;n pintura, por figura de mujer, quien se hizo acreedor de 100 pesos; el otro ganador fue Domingo Otero, secci&oacute;n dibujo, figura de hombre, favorecido con 50 pesos. AGN, Secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, actividades culturales, carpeta 3, caja 1, f. 64.</p>     <p>   <a name="31">31</a> Ello podr&iacute;a explicarse no tanto por las tendencias est&eacute;ticas de sus obras, sino m&aacute;s bien por la falta de un   reconocimiento del que s&iacute; gozaban los mayores, entre los cuales figuraban sus maestros.</p>     <p>   <a name="32">32</a> M.G., &quot;Bellas Artes&quot;, en Diario de Colombia, Bogot&aacute;, 11 de agosto de 1910, p. 3.</p>     <p><a name="33">33</a> Para mayor informaci&oacute;n sobre la vida del artista v&eacute;ase SERRANO, Eduardo, Andr&eacute;s de Santamar&iacute;a, Bogot&aacute;, Museo de Arte Moderno, 19 8.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <a name="34">34</a> ORTEGA RICAURTE, Carmen, Diccionario de artistas en Colombia, Bogot&aacute;, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1979, pp. 407-408.</p>     <p>   <a name="35">35</a> SANTAMAR&Iacute;A, Ricardo, &quot;Jurado de Calificaci&oacute;n de la Exposici&oacute;n nacional de Bellas Arte de 1910&quot;, en El   Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, 9 de septiembre de 1910, p. 3.</p>     <p>   <a name="36">36</a> La investigadora del arte latinoamericano Ivonne Pini, al respecto de la influencias externas, afirma: &quot;Desde   finales del siglo XIX dos escuelas fueron especialmente miradas por los artistas colombianos: la francesa y la   espa&ntilde;ola. Pero no era una mirada a las nuevas propuestas que se estaban impulsando. En lugar de interesarse   por variantes del impresionismo, o por otros de los ismos de la vanguardia, siguieron siendo fieles a los   modelos acad&eacute;micos. Dicha academia -fuera la de Julien en Par&iacute;s o la de San Fernando de Madrid- constitu&iacute;a   la garant&iacute;a de no romper con la configuraci&oacute;n cl&aacute;sica, con la perfecci&oacute;n del oficio, pero adem&aacute;s no chocar   con la conservadora sociedad de la &eacute;poca y su concepci&oacute;n de est&eacute;tica&quot;. PINI, Ivonne, En busca de lo propio.   Inicios de la modernidad en el arte de Cuba, M&eacute;xico, Uruguay y Colombia, 1920-1930, Bogot&aacute;, Facultad de Artes de la   Universidad Nacional de Colombia, 2000, p. 208.</p>     <p><a name="37">37</a> De los disc&iacute;pulos de Santamar&iacute;a (D&iacute;az Vargas, Moreno Otero, Zamora, G&oacute;mez Campuzano, Gonz&aacute;lez Camargo)   ninguno apoy&oacute; abiertamente al maestro. De estos, el m&aacute;s cercano a la vanguardia fue Gonz&aacute;lez Camargo.   Serrano, a prop&oacute;sito de la pintura de Gonz&aacute;lez Camargo, afirma que &quot;no s&oacute;lo manifiesta una gran libertad   crom&aacute;tica, sino tambi&eacute;n una pincelada generosa, suelta y definida que emparenta sus obras con las de Santa   Mar&iacute;a&quot;. SERRANO, Eduardo, Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a, pintor colombiano de resonancia universal, Bogot&aacute;, Museo de Arte Moderno de Bogot&aacute;, 1989, p. 119.</p>     <p>   <a name="38">38</a> &quot;Jurados de la Exposici&oacute;n de Pintura, quienes lo componen&quot;, en La Unidad, Serie IV, No. 36, Bogot&aacute;, 17 de   agosto de 1910, p. 2.</p>     <p>   <a name="39">39</a> Toda la informaci&oacute;n acerca de las obras ganadoras se encuentra en SANTAMAR&Iacute;A, Ricardo, &quot;Jurado de Calificaci&oacute;n   de la Exposici&oacute;n nacional de Bellas Arte de 1910&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, 9 de septiembre de 1910, p. 4.</p>     <p>   <a name="40">40</a> ORTEGA, Carmen, Diccionario de artistas en Colombia, Madrid, Plaza y Jan&eacute;s, 1979, pp. 14-16. De los comentarios   que se hicieron de los artistas expositores del Sal&oacute;n de 1910, al que mejor valoraron fue a Acebedo Bernal. Todas   sus obras, a los ojos de los cr&iacute;ticos, estaban delicadamente ejecutadas, con precisi&oacute;n en el dibujo y su utilizaci&oacute;n</p>     <p><a name="41">41</a> BORDA TANCO, Alberto, &quot;De la exposici&oacute;n. Opini&oacute;n del Doctor Borda Tanco sobre la exposici&oacute;n de Pintura&quot;, en la Unidad, Serie IV, No. 88, Bogot&aacute;, 20 de agosto de 1910, p. 1.</p>     <p><a name="42">42</a> Ibid.</p>     <p>   <a name="43">43</a> Aunque los cr&iacute;ticos defienden un academicismo cl&aacute;sico, algunas obras del Sal&oacute;n reflejan un esp&iacute;ritu abierto;   desde unas pinceladas sueltas hasta el manejo de colores poco realistas, lo que sin duda est&aacute; lejos de constituir   el querer de la Academia. Es decir, mientras los cr&iacute;ticos defienden algo que s&oacute;lo algunos artistas ponen en   pr&aacute;ctica, otros -los m&aacute;s conocidos- dan rienda suelta a uno que otro trazo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="44">44</a> DOUMIC, Max, &quot;Una exposici&oacute;n de Bellas Artes&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, 9 de agosto de 1910, p. 5.</p>     <p>   <a name="45">45</a> R.M., &quot;Sal&oacute;n de Bellas Artes. Pintura&quot;, en La Unidad, Serie IV, No. 85, Bogot&aacute;, 13 de agosto de 1910, p. 1.</p>     <p>   <a name="46">46</a> TIBERO GALVIS, Joaqu&iacute;n, &quot;Pabell&oacute;n de Bellas Artes&quot;, en El Artista, No. 172, Bogot&aacute;, 27 de agosto de 1910, p. 2.</p>     <p>   <a name="47">47</a> Ibid.</p>     <p><a name="48">48</a> Ibid. La negrilla es m&iacute;a.</p>     <p>   <a name="49">49</a> R.M., &quot;Sal&oacute;n de Bellas Artes. Pintura&quot;, en La Unidad, Serie IV, No. 85, Bogot&aacute;, 13 de agosto de 1910, p. 1.</p>     <p><a name="50">50</a> R.M.O., &quot;Bellas Artes. Pintura&quot;, en La Unidad, Serie IV, N&ordm; 86, Bogot&aacute;, 17 de agosto de 1910, p. 1</p>     <p>   <a name="51">51</a> DE P. BARRERA, Francisco, &quot;Cu&aacute;les son los tres mejores cuadros de la exposici&oacute;n&quot;, en La Unidad, Serie IV,   No. 86, Bogot&aacute;, 17 de agosto de 1910, p. 1.</p>     <p><a name="52">52</a> HERRERA COPETE, Jorge, &quot;La exposici&oacute;n de Bellas Artes en el Centenario&quot;, en El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, [1910].</p> <hr size="1">      <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Archivo General de la Naci&oacute;n, secci&oacute;n Archivo Anexo II, Instrucci&oacute;n P&uacute;blica. Actividades culturales,   carpeta 2, caja 1; carpeta 3, caja 1 y carpeta 4, caja 2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-1617200600020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Diario de Colombia, Bogot&aacute;, 1910.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-1617200600020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. El Artista, Bogot&aacute;, 1910. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-1617200600020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. El Nuevo Tiempo, Bogot&aacute;, 1910. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-1617200600020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. El Republicano, Bogot&aacute;, 1910. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-1617200600020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. La Unidad, Bogot&aacute;, 1910.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-1617200600020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. ISAZA, Emiliano y MARROQU&Iacute;N, Lorenzo, Primer Centenario de la Independencia de Colombia,     1810-1910, Bogot&aacute;, Escuela Tipogr&aacute;fica Salesiana, 1911.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-1617200600020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. ALBARRAC&Iacute;N, Jacinto (Albar), Exposici&oacute;n nacional de bellas artes de 1899. Los artistas y sus cr&iacute;ticos,     Bogot&aacute;, Imprenta y Librer&iacute;a de Medardo Rivas, 1899.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-1617200600020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->          9. BOURDIEU, Pierre, Sociolog&iacute;a y cultura, M&eacute;xico, Grijalbo, 1990.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-1617200600020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. __________, Cuestiones de sociolog&iacute;a, Madrid, Ediciones Istmo, 2000.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-1617200600020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. BOZAL, Valeriano (ed.), Historia de las ideas est&eacute;ticas y de las teor&iacute;as art&iacute;sticas contempor&aacute;neas, Vol.     I, Madrid, Gr&aacute;ficas R&oacute;gar, 2000.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-1617200600020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. JARAMILLO, Carmen Mar&iacute;a, &quot;Una mirada a los or&iacute;genes del campo de la cr&iacute;tica de arte en     Colombia&quot;, en Artes La Revista, Vol. 4, No. 7, Medell&iacute;n, enero-junio 2004, pp. 3-38.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-1617200600020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. L&Oacute;PEZ, William Alfonso. La cr&iacute;tica de arte en el Sal&oacute;n de 1899: una aproximaci&oacute;n a los procesos de     configuraci&oacute;n de la autonom&iacute;a del campo art&iacute;stico en Colombia, Bogot&aacute;, Programa de Maestr&iacute;a en     Historia y teor&iacute;a del arte y la arquitectura, Facultad de Artes y Arquitectura, Universidad     Nacional de Colombia, 2005 (tesis sin publicar).   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-1617200600020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. MART&Iacute;NEZ, Fr&eacute;d&eacute;ric, El nacionalismo cosmopolita. La referencia europea en la construcci&oacute;n nacional     en Colombia. 1845-1900, Bogot&aacute;, Banco de la Rep&uacute;blica - Instituto Franc&eacute;s de Estudios     Andinos, 2001.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-1617200600020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">15. MEDINA, &Aacute;lvaro, Procesos del arte en Colombia, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Cultura,   1978.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-1617200600020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. NI&Ntilde;O MURCIA, Carlos, Arquitectura y Estado, Bogot&aacute;, Facultad de Artes, Universidad     Nacional de Colombia, 1991.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-1617200600020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">17. ORTEGA RICAURTE, Carmen, Diccionario de artistas en Colombia, Bogot&aacute;, Plaza &amp; Jan&eacute;s,     1979. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-1617200600020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. PINI, Ivonne, En busca de lo propio. Inicios de la modernidad en el arte de Cuba, M&eacute;xico, Uruguay     y Colombia, 1920-1930, Bogot&aacute;, Facultad de Artes de la Universidad Nacional de     Colombia, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-1617200600020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. QUINCHE, V&iacute;ctor, Una lectura de la &quot;pol&eacute;mica del impresionismo&quot; desde la filosof&iacute;a del arte, Reporte     de investigaci&oacute;n N&ordm; 67, Bogot&aacute;, Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del     Rosario, 2005, pp. 6-19. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-1617200600020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. RESTREPO POSADA, Jos&eacute;, Arquidi&oacute;cesis de Bogot&aacute;, cabildo eclesi&aacute;stico, t. IV, Bogot&aacute;, Editorial     Kelly, 1971. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-1617200600020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. SERRANO, Eduardo, La Escuela de la Sabana, Bogot&aacute;, Museo de Arte Moderno de Bogot&aacute;,     1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-1617200600020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. __________, Andr&eacute;s de Santa Mar&iacute;a, pintor colombiano de resonancia universal, Bogot&aacute;, Museo de     Arte Moderno de Bogot&aacute;, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-1617200600020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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