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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Guerras, Memoria e Historia: Una lectura polifónica]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,la Universidad Nacional de Colombia Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b>S&Aacute;NCHEZ G., Gonzalo, Guerras, memoria e historia, 2a ed., Medell&iacute;n,   Editorial La Carreta - IEPRI Universidad Nacional de Colombia, 200 ,   141 pp.</b></p>     <p>   <b><font size="4">Guerras, Memoria e Historia: Una lectura polif&oacute;nica</font></b></p>     <p>   Gonzalo S&aacute;nchez G.<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Profesor del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;.</p> <hr size="1">     <p>   Presentaci&oacute;n hecha por el autor en la Feria Nacional del Libro,   Bogot&aacute;, mayo de 2006, con motivo del lanzamiento   de la segunda edici&oacute;n ampliada de este libro.</p>     <p>   Me voy a permitir hacer algo inusual en un acto de esta naturaleza: no les voy a hablar   de lo que yo, como autor, pienso del texto, o de c&oacute;mo fue procesado, sino de lo que   otros, como lectores, han escrito sobre el mismo.   Lo que voy a presentar a continuaci&oacute;n tiene como base la lectura que hicieron   algunos estudiantes durante el Seminario de Maestr&iacute;a sobre &ldquo;Memoria, Conflicto y   Postconflicto&rdquo;, en la Universidad Nacional de Colombia (segundo semestre de 2005)   y en cuya sesi&oacute;n final todos debieron leer mi libro Guerras, Memoria e Historia. Ellos   fueron en cierto modo, al final del curso, mis jueces y mis int&eacute;rpretes. Ni a ellos ni a   m&iacute; se nos ocurri&oacute; en ese momento que su lectura pudiera volverse p&uacute;blica, como lo   es ahora, por cierto, sin su consentimiento.</p>     <p>   Los textos de los que se alimenta esta presentaci&oacute;n fueron escritos para una circulaci&oacute;n   privada, no para un p&uacute;blico, por lo cual responden a un contexto claramente   delimitado. Son simple y llanamente testimonios de lectura para un conversatorio, m&aacute;s   o menos informal, o m&aacute;s o menos formal, que tiene como trasfondo circunstancial   el ritual acad&eacute;mico de una clase. Quiero compartir con ustedes fragmentos de dichos&nbsp; textos que, aunque no fueron escritos como rese&ntilde;as de mi libro en cuesti&oacute;n (literalmente),   permiten, por una parte, acercarse a este o adivinarlo; por otra, pueden estimular, o   mejor, espero estimulen la lectura de ustedes, y finalmente, me han animado a una   relectura de mi texto.</p>     <p>   Vayamos pues al grano. Numerosos estudiantes se sintieron personalmente   interpelados por el libro y reaccionaron haciendo evocaciones o reflexiones sobre   sus propias experiencias del fen&oacute;meno de violencia en nuestro pa&iacute;s, o mejor, sobre el   impacto suscitado por el texto-contexto en sus vidas de hoy. Al respecto, al t&eacute;rmino   de las lecturas, pude constatar algunos sellos distintivos de g&eacute;nero en el abordaje del   texto: quienes m&aacute;s f&aacute;cilmente escrib&iacute;an sobre las emociones de identificaci&oacute;n, de   distancia, o eventualmente de rechazo, eran las estudiantes mujeres. Ellas hablaban con m&aacute;s frecuencia que los varones en un tono personal y singular de este tenor:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;el texto me&hellip;.impresion&oacute;, motiv&oacute;, me sugiri&oacute;, me evoc&oacute;&rdquo; etc.; por oposici&oacute;n al tono   uniformemente impersonal, objetivante, de exterioridad, que ten&iacute;an las lecturas de   los estudiantes varones, construidas en la clave as&eacute;ptica de &ldquo;El texto dice&hellip;; el texto   sostiene&hellip;; el texto demuestra&hellip;&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En efecto, las estudiantes analizan el texto con pasi&oacute;n, exteriorizan sus sensaciones y se las retransmiten al autor del libro. Una de ellas (Andrea &Aacute;vila Serrano) destaca que</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;es interesante y muy emotivo el esfuerzo que realiza el autor por   establecer una relaci&oacute;n estrecha con el lector, de invitarlo a entender las   razones que lo llevan a escribir un relato que no solamente es acad&eacute;mico,   sino que adem&aacute;s es personal. La historia vivida por S&aacute;nchez como   v&iacute;ctima de la Violencia me es muy cercana -como a la gran mayor&iacute;a de   los habitantes del Tolima y otras regiones de Colombia inmersos en este   conflicto armado- en tanto mis familiares comparten esos hechos, lo que   me hace reflexionar m&aacute;s de cerca el reto que se plantea al enfrentar el   pasado y no optar por el olvido&hellip;&rdquo;.</p>     <p>   Y me explica en una nota al pie de p&aacute;gina, para subrayar &ldquo;su cercan&iacute;a con mi   experiencia&rdquo;, que su familia materna viv&iacute;a en esa &eacute;poca en zona rural de Ibagu&eacute;,   capital de mi natal departamento del Tolima.</p>     <p>   Pero la cercan&iacute;a que se&ntilde;ala es s&oacute;lo de un campo de la experiencia. A rengl&oacute;n seguido la   estudiante destaca los vac&iacute;os y las arideces de mi texto, y de paso me acusa muy   discretamente y con cierta raz&oacute;n de anacr&oacute;nico, de demod&eacute;. Dice as&iacute;:</p>     <p align="CENTER">&ldquo;Lo que pienso que deja de lado por completo el autor es una reflexi&oacute;n   sobre aquellos procesos de memoria no institucionalizada, de memoria   inconsciente, -por llamarla de alg&uacute;n modo- que se gesta en las bases   populares a trav&eacute;s del arte y la cultura, como expresi&oacute;n de la cotidianidad,   que si bien no pretende tener un impacto acad&eacute;mico o formal sobre la   historia y la memoria colectiva lo hacen de forma t&aacute;cita al evocar los   acontecimientos de la violencia y la guerra como un grito de denuncia   que nos recuerda la realidad que vivimos y que han vivido otros. No la   deja morir, como los cantos de rap, de punk, de m&uacute;sica colombiana, las   obras de teatro callejero, las fotos y las pinturas pol&iacute;ticas de la guerra, la   poes&iacute;a militante, entre otros que tienen su mayor impacto en la juventud,   una juventud que se siente ajena a la guerra, que la desconoce y le da continuidad al olvido&hellip;&rdquo;.</p>     <p>La verdad, s&iacute; estoy muy lejos del rap, del punk y derivados. Yo por mi parte s&oacute;lo quisiera recordarle la ranchera &ldquo;La distancia entre los dos&hellip;&rdquo;.</p>     <p>   Me complace enormemente desde luego constatar que el texto haya despertado muchas   sensibilidades, que encuentren en &eacute;l alguna fuerza comunicativa identificable, y que hasta   los ponga a hablar de algo sobre lo cual habitualmente callan o poco hablan.</p>     <p>   Texto, acontecimientos y emociones resultan as&iacute; no s&oacute;lo el tejido que hace inteligible   la elaboraci&oacute;n de mi obra, sino tambi&eacute;n, la lectura que de ella hacen los estudiantes.   Destaco esto, porque lo que suele predominar es una separaci&oacute;n muy marcada entre   los textos, los entornos sociales y los momentos hist&oacute;ricos desde los cuales se escribe   o se interpreta un texto. Es al menos lo que nos ha recordado uno de los intelectuales   m&aacute;s notables de nuestra contemporaneidad, Edward Said.</p>     <p>   Otra estudiante (Paola Garc&iacute;a Reyes) tambi&eacute;n deja ver sus v&iacute;nculos directos con el   tema, transmitidos por la v&iacute;a materna, en ese peculiar proceso ambulatorio de las   ideas y las experiencias:</p>     <p align="CENTER">&ldquo;Nac&iacute; en Bogot&aacute; en 1976. Mi mam&aacute; dej&oacute; su ciudad natal, el L&iacute;bano,   hacia finales de los a&ntilde;os treinta para radicarse, despu&eacute;s de unos a&ntilde;os de   residencia en Ibagu&eacute;, en la capital del pa&iacute;s. Cuando El Bogotazo, viv&iacute;a en   la carrera quinta con Jim&eacute;nez, pleno centro de la ciudad, y pleno centro   de la revuelta. Sin embargo, y por fortuna, los recuerdos de la violencia   de los a&ntilde;os anteriores al 9 de abril y de la violencia de la Violencia son anecd&oacute;ticos. De su memoria de esas &eacute;pocas se nutre la m&iacute;a. De la violencia m&aacute;s reciente, s&oacute;lo soy testigo externa. Como colombiana, mi historia personal y familiar no cuenta con v&iacute;ctimas atribuibles a ninguno de los per&iacute;odos de confrontaci&oacute;n vividos por el pa&iacute;s durante el siglo pasado. Ni siquiera puedo afirmar que alguno de mis familiares haya ca&iacute;do en manos de la violencia asesina de delincuentes comunes&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo notorio y sorprendente es que esta carencia de un contacto directo con la   violencia lo ve ella como un d&eacute;ficit, un d&eacute;ficit de una experiencia en el contexto de   la continuidad hist&oacute;rica de hechos de violencia en el pa&iacute;s. En este sentido, nuestra   identificaci&oacute;n nacional con la violencia, ha llegado a tal punto que parecer&iacute;a que   debi&eacute;ramos excusarnos por haber escapado indemnes a ella. Por eso agrega, no s&eacute; si con el pudor o con la culpa de quien ha sobrevivido a la tragedia.</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Mi vivencia puede ser entonces calificada como la de un outsider.   Incluso, he llegado a sentir algo parecido a la verg&uuml;enza cuando constato   que habito una parte importante de la realidad de mi pa&iacute;s s&oacute;lo desde   afuera. Mi memoria de la guerra no est&aacute; escrita en t&eacute;rminos de un   nosotros construido en funci&oacute;n de quien vivi&oacute; alg&uacute;n acontecimiento o   sufrimiento personal relacionado con la guerra. Esta sensaci&oacute;n se hace   aguda en momentos como los actuales en los que se habla de reparaciones,   v&iacute;ctimas, paz, amnist&iacute;a, perd&oacute;n o justicia, donde pareciera que la posici&oacute;n   de insider se convierte en elemento b&aacute;sico de la legitimidad. Aqu&iacute; los   llamados a realizar un ejercicio de memoria son aquellos&hellip; que pueden   relatar algo acerca de los acontecimientos.&rdquo;</p>     <p>   Para salir un tanto de su perplejidad establece una diferencia, a mi modo de ver muy   sugestiva entre la experiencia (colectiva) y la vivencia (personal). &ldquo;El hecho cierto   en este pa&iacute;s -dice- es que la guerra omnipresente nos atraviesa a todos, pero no su vivencia&rdquo;.</p>     <p>   El texto parece animar as&iacute; una tensi&oacute;n entre vivencias, proximidades con el objeto   del relato, y momentos generacionales, que sirve tambi&eacute;n de pretexto a reflexiones   sobre responsabilidades y tareas por realizar para los que cargan con los lastres de un pasado que no eligieron:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;El eje fundamental del libro -dice una tercera estudiante (Adriana   Mej&iacute;a Ram&iacute;rez)- es la guerra vista desde la vida misma. A mi modo   de ver -contin&uacute;a- este es un texto introspectivo en el que se hace una   reconstrucci&oacute;n de la vida de una persona en &eacute;poca de guerra partidista, en un espacio de guerra y con relaciones cercanas con actores de la   guerra y v&iacute;ctimas de la misma&hellip; Para el autor el conflicto es un aspecto   vital, en la medida que fue v&iacute;ctima del mismo y fue el eje articulador de   su catarsis...&rdquo;.</p>     <p>Y enseguida marca la diferencia, enuncia su reclamo e incluso su pesimismo frente al futuro:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Desde mi punto de vista, una generaci&oacute;n distinta, urbana, que no ha   tenido que lidiar con la Violencia (hist&oacute;rica), ni con el conflicto actual,   la generaci&oacute;n que representa el autor se centr&oacute; en un c&aacute;lculo de suma   cero, de todo o nada, y el resultado, tal como lo expresa el autor es una   violencia (no hist&oacute;rica) cr&oacute;nica que no parece tener una soluci&oacute;n viable en   el corto plazo y s&iacute; muchas preguntas para generaciones desgastadas, que   sin la militancia activa del pasado ven pasar el tiempo y la oportunidad   de construir naci&oacute;n&hellip;&rdquo;.</p>     <p>   Pero la herencia inc&oacute;moda y perturbadora de ese pasado indomable, nos advierte, no   sirve de atenuante de las responsabilidades que deben asumir las nuevas generaciones. Simplemente hay que cambiar los t&eacute;rminos del debate:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;La discusi&oacute;n, entonces, no se centra en qu&eacute; nos aport&oacute; la generaci&oacute;n   precedente, que creo que mucho, sino qu&eacute; tiene que decir la actual sobre   un problema que han heredado ya varias generaciones y que parece   circunscribirse m&aacute;s al &aacute;mbito econ&oacute;mico, en la medida que se privilegia   el inter&eacute;s privado y la posibilidad de encontrar en la guerra una forma de   vida y un conjunto de oportunidades tambi&eacute;n en el &aacute;mbito social&rdquo;.</p>     <p>   Me parece adivinar en estas l&iacute;neas una clara invitaci&oacute;n de los j&oacute;venes de hoy a un   necesario y justo balance en t&eacute;rminos de memoria con la generaci&oacute;n nuestra, entre   el debe y el haber, la cual est&aacute;n dispuestos a entender pero no necesariamente a   aplaudir, a justificar, o a llevar por siempre a sus espaldas. Es el mismo af&aacute;n de romper   con, o de olvidar, el pasado doloroso y distante de la Guerra Civil que en los a&ntilde;os   setenta y ochenta exteriorizaron las nuevas generaciones espa&ntilde;olas tras la muerte   del dictador Francisco Franco. La memoria de nuestra guerra reciente o si se quiere   contempor&aacute;nea (y m&aacute;s comprensible, puesto que la partidista de los a&ntilde;os cincuenta   les suena a decimon&oacute;nica), les parece a nuestros j&oacute;venes de hoy suficiente fardo, como   para tener que cargar tambi&eacute;n con las memorias de las guerras de sus abuelos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Volvamos a nuestro sal&oacute;n de clase. Una cuarta estudiante (Magally Hern&aacute;ndez Ospina)   enuncia las preguntas que se hace recurrentemente, pero ubica las dificultades del   colombiano com&uacute;n con la memoria, m&aacute;s all&aacute; de la experiencia personal, en las carencias   institucionales y en particular las derivadas del sistema pedag&oacute;gico. Comienza ella su relato as&iacute;:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Encontrar una explicaci&oacute;n a las causas del conflicto interno colombiano   del presente ha sido una tarea dif&iacute;cil. Personalmente, durante mucho   tiempo me he preguntado &iquest;Por qu&eacute; ocurre lo que ocurre en este pa&iacute;s? Y   sobre todo &iquest;Por qu&eacute; hemos sido tan impotentes para superarlo? &iquest;Qu&eacute;   le falta a Colombia para que despierte?&rdquo;</p>     <p>   Y anota luego que &ldquo;leer Guerras, Memoria e Historia conduce a un encuentro con el pasado   y con pistas que permiten entender el presente de Colombia. Presente &iacute;ntimamente   ligado con el pasado; con un pasado que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de cinco d&eacute;cadas&rdquo;.   A rengl&oacute;n seguido postula una tesis fuerte: &ldquo;Colombia, sin duda alguna, es una naci&oacute;n   carente de memoria. Cada generaci&oacute;n crece con un presente, pero sin pasado.&rdquo;   Esa afirmaci&oacute;n tan contundente la obliga a dar una explicaci&oacute;n: &ldquo;La historia de los   libros de primaria y secundaria, en ciencias sociales, que ense&ntilde;an sobre la Violencia   y el Frente Nacional, entre otros hechos, es una historia que carece de contenidos&rdquo;.   Y luego nos hace saber c&oacute;mo se llega tard&iacute;amente a enfrentar ese problema de la   memoria no resuelta: &ldquo;Una historia fr&aacute;gil. S&oacute;lo hasta que se llega a la educaci&oacute;n   superior se logra encontrar una explicaci&oacute;n, mejor narrada, de los hechos de sesenta a&ntilde;os atr&aacute;s.&rdquo;</p>     <p>   Pero este proceso, podemos agregar nosotros, adem&aacute;s de tard&iacute;o, es tambi&eacute;n selectivo.   No todos tienen acceso a ese requerido nivel de conocimiento. Avanza ella en su argumentaci&oacute;n:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Cabe anotar, sin embargo, que este privilegio s&oacute;lo queda para aquellos   que se deciden por una carrera profesional de las ciencias sociales o para   aquellos que gozan del beneficio de ser estudiantes de universidades   p&uacute;blicas, pues para los dem&aacute;s en su formaci&oacute;n como profesionales no   se involucra el contexto de nuestra historia colombiana...&rdquo;.</p>      <p>Hay pues razones suficientes para quejarse: &ldquo;Crecemos y nos formamos sin   una cultura pol&iacute;tica s&oacute;lida que nos ayude a entender el pa&iacute;s y a hacer parte de su   transformaci&oacute;n&rdquo;. De ah&iacute; que al postulado anteriormente enunciado de que carecemos   de memoria, se puede sumar este, que establece una atribuci&oacute;n precisa al tema de la   ausencia o la presencia de memoria y que pudi&eacute;ramos enunciar as&iacute;: &ldquo;Es la falta de   ejercicio de memoria la que nos impide transformar la sociedad en el sentido que quisi&eacute;ramos&rdquo;.</p>     <p>   Desde luego, de vez en cuando, al lado de las sesudas reflexiones, tambi&eacute;n hay florecitas   para el autor. Por qu&eacute; habr&iacute;an de faltar y por qu&eacute; ocultarlas&hellip; Dice otra estudiante   (Martha Luc&iacute;a Quiroz Rubiano) relacionando el libro con el conjunto del Seminario dentro del cual este fue una lectura m&aacute;s, la &uacute;ltima por cierto.</p>     <p align="CENTER">&nbsp; &ldquo;La construcci&oacute;n de nuestro identitario como colombianos&hellip; es sin   duda uno de los temas que m&aacute;s reflexi&oacute;n despertaron en m&iacute;, a lo largo   de ese seminario. La lectura del texto del profesor dej&oacute; impresiones que   dudo mucho se borrar&aacute;n con facilidad&hellip;   En otras palabras, pocas veces se pueden encontrar lecturas que concluyan   con tanta precisi&oacute;n las hip&oacute;tesis y argumentos que sesi&oacute;n tras sesi&oacute;n   se fueron generando. Adem&aacute;s, encontrar temas que ineludiblemente   tenemos deber de conocer y trascender a la luz de nuestra realidad   nacional&hellip;.&rdquo;.</p>     <p>   Con todo, al final las flores toman una tonalidad de flores negras y de a&ntilde;oranza de una s&oacute;lida conciencia cr&iacute;tica:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Porque para m&iacute;, dice ella, a pesar de que el camino es cada vez m&aacute;s   estrecho y cuesta arriba, s&oacute;lo me queda agradecer el haber asistido al   seminario y haber tenido el chance de leer tantos textos que denuncian   todo lo triste, inhumano, indigno e injusto que sucede en nuestras   sociedades. Todos tenemos nuestro temor propio frente al ejercicio de   la memoria: el m&iacute;o es el del desconocimiento de los hechos&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Tal vez sea este un homenaje desmesurado a la funci&oacute;n pedag&oacute;gico-pol&iacute;tica de la historia, &ldquo;maestra de la vida&rdquo;, seg&uacute;n la can&oacute;nica definici&oacute;n de Cicer&oacute;n, en la cual las sociedades contempor&aacute;neas tan volcadas sobre el presente y el futuro poco creen. Pero a&uacute;n as&iacute;, contra todos los postmodernismos, un estudiante tiene todo el derecho a postular que el pasado debe seguir teniendo un m&iacute;nimo sentido orientador de la vida.</p>     <p>Una sexta lectora (Diana Patricia Saldarriaga Bilbao) destaca el car&aacute;cter militante y   movilizador del libro, agreg&aacute;ndole al t&iacute;tulo de sus reflexiones La Memoria en el contexto   colombiano, este subt&iacute;tulo Entre los ap&aacute;ticos y los transformadores, es decir entre los que   desarrollan sus propias estrategias, incluidas las de la memoria, para sobrevivir, y los   que convierten el largo y doloroso pasado en una oportunidad de aprendizaje para construir el futuro deseado.</p>     <p>   No falta quien considere el texto (Martha Stella Serrano R.) como un intento   afortunado de dar expresi&oacute;n -a partir de la experiencia y las vivencias de autor- a los que no han tenido voz.</p>     <p>   La &uacute;ltima lectura femenina, a la cual quisiera darle voz aqu&iacute; (Juanita Cu&eacute;llar B.) destaca   c&oacute;mo el libro constituye un reto y una invitaci&oacute;n a que cada colombiano escriba la   memoria de sus propias vivencias, no en busca de un relato &uacute;nico, sino de una gran polifon&iacute;a nacional:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;El libro de Gonzalo S&aacute;nchez Guerras, memoria e historia se&ntilde;ala desde el   principio uno de los puntos m&aacute;s importantes, que se refiere al encuentro   con la violencia que hace parte de la vida de todos los colombianos. El   prefacio de este libro hace referencia a una vivencia personal; en este   sentido, de una u otra forma, todos los colombianos tendr&iacute;amos la   posibilidad de escribir ese particular encuentro con la violencia, que en &uacute;ltimas genera tensiones al compartir las vivencias con el otro&rdquo;.</p>     <p>   Dejemos de lado por un momento estas aproximaciones, en las cuales lo personal   se ha imbricado de mil maneras con la pol&iacute;tica y con la historia contempor&aacute;nea del   pa&iacute;s y pasemos al segundo bloque de lecturas del texto, en donde se pasa n&iacute;tidamente   del &ldquo;yo&rdquo; al &ldquo;se&rdquo;. Son las lecturas que ponen en evidencia los h&aacute;bitos mentales, las   convenciones y las estrategias masculinas de narraci&oacute;n. Se&ntilde;alo de antemano que no   pretendo establecer jerarqu&iacute;as, sino simplemente diferencias de aproximaci&oacute;n a nivel del lenguaje.</p>     <p> Veamos la primera de ellas (Juan Felipe Espinosa):</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Existe (no dice &ldquo;yo que he estado en la guerra&rdquo;) por lo tanto una   gran cantidad de personas a las que la guerra y sus brotes de violencia   les han dejado una huella en su memoria. Si se trata de procesos de   independencia o revoluci&oacute;n, la guerra se presenta como una fuerza que   impulsa la creaci&oacute;n de la naci&oacute;n. Se interpreta como un acto por un fin determinado y esto alivia en alguna medida las lesiones que deja la   guerra. En Colombia, tras una larga serie de conflagraciones en el siglo   XIX, el per&iacute;odo de la Violencia a mediados del siglo XX y el conflicto   armado entre el ej&eacute;rcito y los grupos armados irregulares, todo (no &ldquo;Yo&rdquo;)   ciudadano tiene un m&iacute;nimo de &ldquo;memoria de guerra&rdquo;.</p>     <p>En otro texto (Eduardo Ignacio G&oacute;mez) se toma incluso m&aacute;s distancia frente a las experiencias personales y se nos revela c&oacute;mo:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Casi todos los colombianos tienen alg&uacute;n tipo de historia personal   que haga referencia a hechos violentos ocurridos a familiares o amigos   cercanos. Secuestros, asesinatos, masacres, bombardeos, combates,   amenazas, miedo y terror, son algunas de las motivaciones de esas   remembranzas. En Bogot&aacute;, por citar solo un ejemplo, muchos de los   barrios populares son la consecuencia de esa violencia, tal y como dice   Gonzalo en su libro en otro tiempo se les llam&oacute; exiliados, hoy gracias a   la internacionalizaci&oacute;n y a la globalizaci&oacute;n de las comunicaciones y de   los procesos, se ha impuesto un nombre creado para otras latitudes y   para otras realidades: desplazados&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Cabe la pregunta: &iquest;se trata de una experiencia excepcional, singular, &uacute;nica, irrepetible,   o por el contrario, de una memoria representativa, ejemplar, en el sentido que   Todorov le da al t&eacute;rmino, es decir, de una memoria que ilustra la trayectoria de una   buena parte de la sociedad colombiana? A darle soluci&oacute;n a esa otra trilog&iacute;a latente   en el texto Guerra, identidad y memoria responden varias rese&ntilde;as. Escuchen esta (la de Andr&eacute;s A. Salazar):</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Es indudable que la memoria es un elemento importante de lo que   constituye nuestra identidad, as&iacute; lo hemos visto de forma sugerente a   lo largo del seminario en textos como el de Primo Levi y Todorov. Sin   embargo, el texto del profesor Gonzalo S&aacute;nchez resulta determinante a   la hora de articular la memoria con la identidad y c&oacute;mo esta se construye   a trav&eacute;s de la impresi&oacute;n y percepci&oacute;n del largo y conflictivo proceso   hist&oacute;rico que hemos vivido como colombianos&rdquo;.</p>     <p>   El mismo estudiante, tomando la cautelosa distancia del juez, trata de develar las   estrategias narrativas del libro, y prosigue:</p>     <p align="CENTER">&ldquo;Ya Gonzalo S&aacute;nchez desde el principio del libro nos muestra c&oacute;mo   su identidad ha estado mediada por el contexto violento que padeci&oacute;   al lado de su familia, y c&oacute;mo esos hechos traum&aacute;ticos lo marcaron no   s&oacute;lo como individuo, sino tambi&eacute;n como acad&eacute;mico, militante pol&iacute;tico   y colombiano. Podr&iacute;a decirse que tan s&oacute;lo con ese relato resume lo que   va a desarrollar en su libro: c&oacute;mo la memoria ha sido, es y ser&aacute; objeto   central del proceso de reconstrucci&oacute;n de una identidad nacional que   hasta ahora ha estado marcada por las guerras que no han podido ser   superadas, precisamente porque a la memoria no se le ha dado el lugar correspondiente en la resoluci&oacute;n de nuestros propios conflictos&rdquo;.</p>     <p>   Pese a que en el libro se insiste en la co-presencia de tradiciones de confrontaci&oacute;n   y tradiciones pactistas, en todos los comentarios ha quedado m&aacute;s marcada la huella   de la primera tradici&oacute;n, la guerrera, que la segunda, la civilista (en ello comparten   la cr&iacute;tica de Ren&aacute;n Silva<sup><a href="#1">1</a></sup>1): &ldquo;Colombia existe gracias a la violencia ejercida sobre sus   propios ciudadanos&rdquo; dice uno de ellos (Eduardo Ignacio G&oacute;mez); &ldquo;Pese a que el   autor es claro en se&ntilde;alar la existencia de per&iacute;odos de calma en la historia colombiana,   para &eacute;l la guerra ha sido un factor determinante y dominante en la construcci&oacute;n de   la identidad nacional&rdquo;, dice otro. Habr&iacute;a pues una inclinaci&oacute;n estructural del texto   hacia la tradici&oacute;n guerrera, seg&uacute;n lo subray&oacute; tambi&eacute;n el profesor Ren&aacute;n Silva en el comentario referido al comienzo de esta presentaci&oacute;n<sup><a href="#2">2</a></sup>.</p>     <p>   La vigencia y la utilidad pol&iacute;tica del texto constituye la forma de abordar Guerras,   Memoria e Historia de otro estudiante (Vladimir Sanabria) que diferencia tres planos: el   de las definiciones, el de los modos de valorar el pasado, y el de las tensiones abiertas hacia el futuro inmediato. En cuanto a lo primero, las definiciones, observa:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;En el libro Guerras, Memoria e Historia, el profesor Gonzalo S&aacute;nchez realiza   unas importantes distinciones que se vuelven cada d&iacute;a m&aacute;s necesarias   para que tanto la sociedad civil como los combatientes se puedan mover   dentro de los laberintos intrincados de la guerra en Colombia. La primera   de estas definiciones esenciales es la que tiene que ver con memoria e   historia. Constituye un instrumento de facilitamiento pedag&oacute;gico el   asocio que el autor hace de la memoria a la huella y de la historia al acontecimiento. Aunque de manera modesta el autor declara que el libro   no pretende ser coyuntural, quienes diariamente vemos la coyuntura   violenta en se desarrollan las negociaciones de cese de hostilidades en   el pa&iacute;s, s&iacute; podemos considerar coyuntural su aporte definitorio. As&iacute; pues,   ahora cuando el Estado ha facilitado la conformaci&oacute;n de una comisi&oacute;n   que defina lo justo y lo reparable, es muy importante para todos los   actores involucrados en la toma de tales decisiones poseer precedentes   acad&eacute;micos como los que Gonzalo S&aacute;nchez aporta en este libro. Muy   &uacute;til ser&aacute; que el fruto de a&ntilde;os de experiencia investigativa que aparece   plasmado en las p&aacute;ginas de este libro se pudiera volver de dominio p&uacute;blico   para ya no confundir m&aacute;s la investigaci&oacute;n de los acontecimientos con la   valoraci&oacute;n de los mismos.&rdquo;</p>     <p>En cuanto al segundo aspecto, el de las valoraciones del pasado, el comentarista se&ntilde;ala con mucha seguridad que</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;La lectura de este libro y, en general, todo el seminario de Guerra y   Memoria, me ha dejado una claridad acerca de la manera de entender el   pasado. Yo cre&iacute;a que la historia se encargaba de estudiarlo, y punto; que   todas las negociaciones relacionadas con la clarificaci&oacute;n de violencias   del pasado pasan por la investigaci&oacute;n de los acontecimientos y que   mientras m&aacute;s exacta fuera esta &uacute;ltima mayor equidad se obtendr&iacute;a de los   veredictos. Ahora opino que la equidad no es posible sin el equilibrado   aporte de la memoria, y que es &eacute;sta la que colorea los grises mapas que   traza la historia.&rdquo;</p>     <p> Y en cuanto al car&aacute;cter anticipatorio del texto, puntualiza:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="CENTER"> &ldquo;Merece especial menci&oacute;n el hecho de que aunque el libro se dedique   a analizar las distintas relaciones entre memoria e historia alrededor de   las guerras que ya pasaron y de la que est&aacute; en curso, tenga un cap&iacute;tulo   dedicado al futuro. El cap&iacute;tulo d&eacute;cimo, sobre la transnacionalizaci&oacute;n   de la guerra interna, los nuevos retos de la memoria, no s&oacute;lo ilustra   sobre las implicaciones internacionales de nuestro conflicto y sobre la   necesaria contextualizaci&oacute;n internacional de todo lo que hacemos dentro   de nuestro territorio, sino que deja planteada una alarma sobre la manera   en que le demos soluci&oacute;n a las negociaciones actuales. Si antes bastaba   respetar o al menos tener en cuenta las leyes y las costumbres nacionales,   ahora tambi&eacute;n hay que respetar el derecho internacional humanitario.</p>      <p align="CENTER">El bien com&uacute;n, tantas veces invocado para otorgar amnist&iacute;as e indultos,   para poner punto final, para enterrar las atrocidades en el olvido, ya no   puede ser meramente el bien com&uacute;n nacional, sino el bien com&uacute;n de la humanidad.&rdquo;.</p>     <p>   Quisiera devolverle la palabra a una estudiante, mujer (la periodista Marta Ruiz), que en un solo p&aacute;rrafo plantea buena parte de los nudos centrales del libro:</p>     <p align="CENTER"> &ldquo;Lo primero que hace el texto de Gonzalo S&aacute;nchez Guerras, Memoria e   Historia es conectar la experiencia (colectiva) con la propia, en el prefacio. &Eacute;l, como casi todos nosotros, tenemos una historia vinculada, m&aacute;s que a   la guerra, a la violencia. Y es muy dif&iacute;cil hablar de la historia del pa&iacute;s sin   hacer una referencia casi personal a los episodios de sangre. Nos pone de   frente a una realidad: la violencia est&aacute; en el fondo de nuestra identidad.   De la construcci&oacute;n de la identidad. Pero el texto se mueve en el doble   filo de la memoria traum&aacute;tica: el duelo y la expiaci&oacute;n. La memoria de la   v&iacute;ctima, que busca ser reivindicada. Los recuerdos del victimario, que   quieren olvido. Posiblemente el borroso l&iacute;mite entre ambos hace que   vayamos como una veleta de la venganza a la amnesia, o de la amnist&iacute;a   al desquite, pr&aacute;cticamente sin mediaciones. O un continuo donde en   un momento somos v&iacute;ctimas regode&aacute;ndonos en el duelo, y en el otro   victimarios, que encontramos en los medios de violencia bien sea la   satisfacci&oacute;n de un deseo, o la realizaci&oacute;n de una raz&oacute;n.&rdquo;.</p>     <p>   Los estudiantes han visto, pues, muchas cosas en este libro: est&iacute;mulos sensoriales,   invitaci&oacute;n a la escritura, puesta en escena de un arsenal pedag&oacute;gico, instrumentos para   la movilizaci&oacute;n y la transformaci&oacute;n pol&iacute;tica, destellos de una l&aacute;mpara de Di&oacute;genes   apuntando al futuro. Una multiplicidad de significados en acci&oacute;n.</p>     <p>   Cada uno ha ido destacando, a su juicio, lo m&aacute;s cercano, lo m&aacute;s acertado o lo que lo   deja inconforme. Ser&iacute;a abusivo someter todos esos fragmentos, ese mosaico, a una   operaci&oacute;n de sumatoria. Porque lo que queda en evidencia despu&eacute;s de este ejercicio   de lectura plural es algo ya sabido, pero que no est&aacute; de m&aacute;s recordar: que un texto,   una vez publicado, deja de pertenecerle al autor y pasa a ser reinventado y reescrito   por sus lectores.</p>    <hr size="1">     <p></p>      <p><a name="1">1</a> SILVA, Ren&aacute;n, &ldquo;Rese&ntilde;a de Guerras, Memoria e Historia&rdquo;, en An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 51, Bogot&aacute;, IEPRI, mayo-agosto    <br> de 2004, pp. 93-97.</p>     <p>   <a name="2">2</a> En el mismo acto se hac&iacute;a lanzamiento del libro SILVA, Ren&aacute;n, Rep&uacute;blica Liberal, Intelectuales y Cultura Popular,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Medell&iacute;n, La Carreta Hist&oacute;rica, 2005.</p> </font>      ]]></body>
</article>
