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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b>CALDER&Oacute;N, Mar&iacute;a Teresa y THIBAUD, Cl&eacute;ment (eds.), Las revoluciones   en el mundo atl&aacute;ntico, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia -   Taurus, 2006, 437 pp.</b> </p>     <p><b><font size="4">La Independencia como ruptura</font></b></p>     <p>Eduardo Posada Carb&oacute;<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Investigador Asociado del Latin American Center, St Antony&rsquo;s College, Oxford, Gran Breta&ntilde;a, donde obtuvo su M.Phil. en Estudios Latinoamericanos y D.Phil. en Historia Moderna. <a href="mailto:posadacarbo@hotmail.com">posadacarbo@hotmail.com</a></p> <hr size="1">     <p>Por muchos a&ntilde;os, la historiograf&iacute;a moderna parec&iacute;a haber abandonado el campo de la Independencia latinoamericana. Hubo por supuesto notables excepciones. Y en algunos pa&iacute;ses, como M&eacute;xico, el inter&eacute;s por el per&iacute;odo y sus actores se mantuvo -pero en otros, como en Colombia, las investigaciones sobre estos temas han sido m&aacute;s bien escasas: as&iacute; lo advierten los editores en el pr&oacute;logo de este libro-.</p>     <p>En los &uacute;ltimos tres lustros, sin embargo, su estudio ha experimentado un gran   renacimiento, acompa&ntilde;ado de nuevas y estimulantes perspectivas. Parte de este renacer   se debe a los trabajos de Fran&ccedil;ois-Xavier Guerra, cuyos significativos aportes son   reconocidos aqu&iacute; por Federica Morelli: ante todo, el haber &ldquo;inspirado [&hellip;] una serie   de estudios sobre aspectos casi olvidados de la Independencia, como los lenguajes   pol&iacute;ticos, las primeras experiencias representativas o el nacimiento de nuevos espacios de sociabilidad pol&iacute;tica&rdquo; (p. 92).</p>     <p>   El legado de Guerra es visible en algunos de los 16 cap&iacute;tulos que forman esta excelente   colecci&oacute;n de ensayos. No en todos, claro est&aacute;. Una de las tantas virtudes del libro es   acercar al lector a visiones sobre la independencia de diversas escuelas, originadas en   las Am&eacute;ricas y en Europa. En efecto, el fen&oacute;meno -&iquest;los fen&oacute;menos?- bajo estudio   abarca ambas realidades: de all&iacute; su t&iacute;tulo, Las revoluciones en el mundo atl&aacute;ntico.</p>     <p>   La mayor&iacute;a de los cap&iacute;tulos est&aacute; dedicada a examinar aspectos de la Independencia en   Hispanoam&eacute;rica, pero los hay tambi&eacute;n sobre los Estados Unidos (de Jack Green), Hait&iacute;   (de Bernard Gainot), Brasil (de Joao Paulo G. Pimienta), mientras que Federica Morelli   reflexiona sobre el revisionismo historiogr&aacute;fico frente al &ldquo;trienio republicano italiano&rdquo;   (1796-1799) y sus posibles lecciones. La Revoluci&oacute;n francesa y los acontecimientos   en Espa&ntilde;a forman parte del contexto en que se desenvuelve la narrativa. Frente a   Hispanoam&eacute;rica, la premisa revisionista -estimulada por los trabajos de Guerra-, es   considerar la Independencia como el resultado del vac&iacute;o de autoridad que produjo   la invasi&oacute;n napole&oacute;nica de la Metr&oacute;poli en 1808.</p>     <p>   El volumen abre con un ensayo de Jack Greene sobre los Estados Unidos -sede de   la &ldquo;primera revoluci&oacute;n atl&aacute;ntica&rdquo;-, un punto de referencia que deber&iacute;a tomarse m&aacute;s   en cuenta al examinar los otros procesos de independencia en el continente. Hubo   muchas similitudes. George Lomn&eacute;, por ejemplo, propone identificar una afici&oacute;n por   la antig&uuml;edad cl&aacute;sica republicana, que habr&iacute;an compartido los padres fundadores de   los nuevos pa&iacute;ses en las Am&eacute;ricas, en el Sur y en el Norte.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Sin embargo, los contrastes son quiz&aacute;s m&aacute;s significativos. Anthony McFarlane se&ntilde;ala   algunos, como el car&aacute;cter m&aacute;s violento y prolongado de las guerras en Hispanoam&eacute;rica.   Hubo tambi&eacute;n diferencias entre las actitudes de los oficiales de los respectivos   ej&eacute;rcitos imperiales: en Estados Unidos permanecieron m&aacute;s fieles a la metr&oacute;poli.</p>     <p>Los tipos de guerra fueron, as&iacute; mismo, distintos, con mayores variaciones regionales   en Hispanoam&eacute;rica, cuya &ldquo;experiencia&rdquo; fue, al final, &ldquo;m&aacute;s complicada que la de las   colonias brit&aacute;nicas&rdquo; (p. 186). Cuando estas &uacute;ltimas se independizaron, observa Greene, &ldquo;cambi&oacute; la forma pero no la sustancia de su gobierno&rdquo; (p. 31).</p>     <p>   Greene describe unas colonias brit&aacute;nicas donde ya exist&iacute;a una autoridad fragmentada   en un medio social en el que las relaciones ten&iacute;an &ldquo;un matiz profundamente igualitario&rdquo;   (p. 26) -un argumento dif&iacute;cil de conciliar con la existencia de la esclavitud y las   persecuciones contra los indios-. Pero el punto fundamental es que esa estructura social   no sufri&oacute; con la Independencia. Greene destaca los notables grados de continuidad: &ldquo;Los l&iacute;deres de los postreros reg&iacute;menes coloniales conservaron su autoridad durante la transici&oacute;n al republicanismo que crearon en 1776&rdquo; (p. 32). La Independencia no alter&oacute; los contratos y derechos pertinentes a la propiedad: el &ldquo;car&aacute;cter revolucionario de la Revoluci&oacute;n&rdquo; (p. 20) se habr&iacute;a sobrestimado en los Estados Unidos. La expansi&oacute;n de la rep&uacute;blica hacia el oeste fue una &ldquo;extensi&oacute;n de la expansi&oacute;n colonial&rdquo; (p. 37).</p>     <p>   Una lectura desde los archivos nacionales, como lo propone Annick Lemp&eacute;ri&egrave;re,   tal vez no sugiera que los contempor&aacute;neos -a diferencia de lo ocurrido en Franciapercibiesen   los acontecimientos hispanoamericanos como &ldquo;el advenimiento de   un tiempo institucional originario&rdquo; (p. 73). All&iacute; muchas instituciones de la Colonia &ldquo;quedaron en pie&rdquo;.</p>     <p>   No obstante, la independencia de Espa&ntilde;a marc&oacute; una ruptura extraordinaria, llena de   novedades institucionales y de profundos efectos sociales que significaron enormes   desaf&iacute;os. &ldquo;El cambio fue a veces brutal y siempre dif&iacute;cil y complejo&rdquo; (p. 366), observan   Mar&iacute;a Teresa Calder&oacute;n y Cl&eacute;ment Thibaud al examinar el tr&aacute;nsito de la majestad   imperial a la soberan&iacute;a republicana en la Nueva Granada: la construcci&oacute;n de una   nueva legitimidad sobre bases intelectuales distintas. &ldquo;La historia de esta dificultad&rdquo; -   advierten-, &ldquo;no es solamente un punto de erudici&oacute;n: contribuye a aclarar los problemas   que encontr&oacute; la naci&oacute;n colombiana para construir la rep&uacute;blica y la democracia en el   pluralismo&rdquo; (p. 373).</p>     <p>   Aunque hubo algunas continuidades en las pr&aacute;cticas jur&iacute;dicas, V&iacute;ctor Uribe Ur&aacute;n   sugiere que los sucesos de la independencia originaron &ldquo;una legalidad y una filosof&iacute;a   pol&iacute;tica verdaderamente innovadora, incluso revolucionaria&rdquo; (p. 274). Uribe Ur&aacute;n   reeval&uacute;a la &ldquo;explosi&oacute;n&rdquo; de constituciones escritas -documentos hasta entonces con   muy pocos precedentes-, que &ldquo;simbolizaban el surgimiento de un nuevo discurso   legal&rdquo; (p. 282). Y tambi&eacute;n revaloriza la irrupci&oacute;n del liberalismo, como la nueva   filosof&iacute;a pol&iacute;tica que le daba paso al ciudadano y al individuo, con su &ldquo;discurso&rdquo; que   moldeaba la &ldquo;esfera p&uacute;blica, y [&hellip;] la forma de pensar y actuar tanto de la elite como de algunos sectores populares&rdquo; (p. 275). El significado de esas primeras experiencias   con el liberalismo en todo el mundo Hisp&aacute;nico es hoy objeto de mayor inter&eacute;s, y otros   cap&iacute;tulos de este libro contribuyen a su mejor entendimiento. La relativa precocidad   de su presencia -as&iacute; como su corta intensidad-, es observada por Javier Fern&aacute;ndez   Sebasti&aacute;n.</p>     <p>Una de las rupturas m&aacute;s dr&aacute;sticas con al antiguo r&eacute;gimen fue la adopci&oacute;n del sistema   representativo, a partir de la convocatoria a elecciones para la Junta Central en   1809. Si bien estas primeras elecciones conservaron un car&aacute;cter restringido, pronto   la constituci&oacute;n aprobada en C&aacute;diz en 1812 acogi&oacute; un amplio sufragio, cercano al   voto universal masculino. La naturaleza radical de esta medida expresa de por s&iacute; una   profunda transformaci&oacute;n en la forma de concebir las fuentes del gobierno. El car&aacute;cter   abrupto del cambio es quiz&aacute; uno de los mayores contrastes con la experiencia de los   Estados Unidos. En su ensayo comparativo, Juan Carlos Chiaramonti observa que &ldquo;se   puede arg&uuml;ir que la falta de [&hellip;] pr&aacute;cticas representativas durante el pasado colonial,   como s&iacute; la hab&iacute;an tenido los colonos angloamericanos es uno de los principales factores   que explican ese prolongado fracaso de un r&eacute;gimen representativo&rdquo; (p. 138), aunque no todo fue fracaso y los experimentos variaron de pa&iacute;s en pa&iacute;s.</p>     <p>   Ning&uacute;n cap&iacute;tulo se detiene a examinar los procesos electorales durante el per&iacute;odo de   las luchas de independencia. Alejandro E. G&oacute;mez, sin embargo, muestra c&oacute;mo los   reclamos de igualdad ciudadana se expresaron muy temprano entre la poblaci&oacute;n parda   venezolana, influenciados por los eventos de Hait&iacute; y favorecidos por las actividades   de Francisco de Miranda. Crist&oacute;bal Aljov&iacute;n de Losada analiza aspectos de la historia   electoral del Per&uacute; post-independiente, que ilustran la ruptura del mundo republicano   con el orden colonial. La diversidad de caminos electorales que siguieron los distintos   pa&iacute;ses latinoamericanos no permite f&aacute;ciles generalizaciones. En el Per&uacute;, s&oacute;lo hasta   la d&eacute;cada de 1870 el liderazgo de los civiles parece irrumpir con alguna fuerza en un   panorama electoral dominado por oficiales del Ej&eacute;rcito. En cualquier caso, consolidar   un sistema de gobierno estable, basado en las elecciones, fue un reto institucional de   dimensiones extraordinarias.</p>     <p>   La consolidaci&oacute;n del orden nacional tras la independencia -en uno y otro pa&iacute;s, en el   norte y en el sur-, enfrent&oacute; m&uacute;ltiples barreras. El mismo proceso de independencia   en sus inicios tuvo claras connotaciones de guerra civil, como lo muestra el trabajo   de Mar&iacute;a Luisa Soux sobre Oruro, en el Alto Per&uacute;, cuyas lealtades se dividieron entre   Buenos Aires y Lima. La naturaleza de estos conflictos debi&oacute; cambiar con la formaci&oacute;n   de nuevos estados independientes. En unos pa&iacute;ses, el caos inicial fue sofocado por   reg&iacute;menes dictatoriales, prolongados como el caso de Rosas en Argentina. En otros,   la irrupci&oacute;n frecuente de rebeliones fue quiz&aacute; la se&ntilde;al m&aacute;s clara de ese dificultoso   tr&aacute;nsito hacia la vida independiente. Graciela Soriano, al examinar los significados de   las &ldquo;revoluciones&rdquo;, se&ntilde;ala un listado de las ocurridas en Venezuela a lo largo del siglo   XIX. Fern&aacute;n Gonz&aacute;lez cierra el volumen con un ensayo sobre las guerras civiles y la formaci&oacute;n del Estado colombiano, entre 1839 y 1854, de cuyo recorrido sugiere   algunas hip&oacute;tesis sobre la configuraci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos. &Eacute;stos, sin embargo,   no se formaron s&oacute;lo en su participaci&oacute;n en esas guerras civiles: hubo desde antes   importantes contiendas electorales que tambi&eacute;n los definieron, que perseveraron, y   de manera m&aacute;s intensa, en las d&eacute;cadas siguientes (bajo sufragio universal masculino   en 1856).</p>     <p>   En su conjunto, los cap&iacute;tulos de este libro son sugerentes de una ambiciosa agenda   investigativa sobre un per&iacute;odo fascinante que merece m&aacute;s atenci&oacute;n por parte de la   historiograf&iacute;a iberoamericana. Frente a las prontas celebraciones del bicentenario   de la Independencia, esta valiosa publicaci&oacute;n es adem&aacute;s oportuna. Los editores   enumeran algunos de los cambios m&aacute;s importantes producidos por las revoluciones   del Atl&aacute;ntico: &ldquo;La soberan&iacute;a del pueblo, el gobierno representativo, la rep&uacute;blica, el   ciudadano, las elecciones, las constituciones, el espacio p&uacute;blico, el papel de la prensa   y de las sociabilidades nuevas&rdquo; (p. 15). El mejor entendimiento de c&oacute;mo se desarroll&oacute;   este mundo moderno en los distintos pa&iacute;ses exige abordar su estudio desde una   perspectiva comparativa que este libro precisamente estimula.</p> </font>     ]]></body>
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