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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b>AYALA DIAGO, C&eacute;sar Augusto, El populismo atrapado, la memoria   y el miedo. El caso de las elecciones de 1970, Medell&iacute;n, Departamento   de Historia, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de   Colombia, La Carreta Editores, 2006, 319 pp.</b> </p>     <p>Jairo Estrada &Aacute;lvarez<sup>1</sup></p>     <p><sup>1</sup>Profesor del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad Nacional de Colombia. <a href="mailto:jhestradaa@unal.edu.co">jhestradaa@unal.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p><i>El populismo atrapado, la memoria y el miedo. El caso de las elecciones de 1970 </i>tiene como   prop&oacute;sito principal examinar el proceso electoral que culmin&oacute; con la derrota el 19 de   abril de 1970 del m&aacute;ximo l&iacute;der de la Alianza Nacional Popular, Gustavo Rojas Pinilla,   a manos del candidato del Frente Nacional, Misael Pastrana Borrero. M&aacute;s all&aacute; del   episodio sobre el fraude en ese evento electoral, de su mayor o menor demostraci&oacute;n   documentada, que tambi&eacute;n es abordado por Ayala, lo que al autor le interesa es   &ldquo;describir, analizar y poner a pensar al lector&rdquo; en el proceso electoral que a su juicio   condensar&iacute;a &ldquo;toda la historia del siglo XX&rdquo; (p. 14). Las elecciones de 1970 estar&iacute;an plagadas de muchos significados. Sobre todo, por el hecho de que por primera vez, de manera incontrovertible, se pon&iacute;a en cuesti&oacute;n -mediante el proyecto populista de ANAPO- la ancestral dominaci&oacute;n bipartidista, cuya expresi&oacute;n era la f&oacute;rmula pol&iacute;tica del Frente Nacional.</p>     <p>Ayala recorrer&aacute; en el <i>Populismo atrapado</i> un camino de doble v&iacute;a. Por una parte, dar&aacute;   cuenta del complejo y diverso proceso de producci&oacute;n del discurso y de las narrativas   anapistas (considerados los actores y las regiones) hasta erigirse en un discurso   populista polif&oacute;nico con opci&oacute;n real de poder. Por la otra, mostrar&aacute; igualmente las   estrategias de preservaci&oacute;n del poder por parte de la coalici&oacute;n bipartidista, desde la   construcci&oacute;n del enemigo anapista en cabeza del dictador Rojas, acompa&ntilde;ada por   una pol&iacute;tica de disposici&oacute;n y socializaci&oacute;n del miedo a trav&eacute;s de los medios masivos   de comunicaci&oacute;n y del uso instrumentalizado y sesgado de la memoria hist&oacute;rica,   hasta el expediente autoritario de recorte de las libertades civiles y pol&iacute;ticas, con una   nueva declaratoria del estado de sitio, el &ldquo;r&eacute;gimen de excepci&oacute;n&rdquo; permanente del Frente Nacional.</p>     <p>Desde el punto de vista historiogr&aacute;fico la obra no permite una f&aacute;cil clasificaci&oacute;n.   Aunque a primera vista se trata de un libro de historia pol&iacute;tica, la &ldquo;m&aacute;s completa y   detallada sobre la vida pol&iacute;tica del pa&iacute;s en los a&ntilde;os sesenta que se ha escrito&rdquo;, seg&uacute;n   Herbert Braun, historiador estadounidense que prologa el texto (p. 11), <i>Populismo   atrapado</i> tambi&eacute;n podr&iacute;a ser considerada una obra multifac&eacute;tica con evidentes   elementos de historia de la cultura pol&iacute;tica colombiana, de la producci&oacute;n del discurso   anapista, de historia del pensamiento social y pol&iacute;tico (de la ANAPO) y aun de historia de la protesta social urbana.</p>     <p>Ese car&aacute;cter multifac&eacute;tico de la obra es sin duda una de sus m&aacute;s destacadas virtudes.   Desde esa perspectiva, el libro contribuye a un entendimiento amplio y profundo   de ese per&iacute;odo de la historia de nuestro pa&iacute;s, arroja nuevas luces para mejorar las   caracterizaciones sobre el r&eacute;gimen pol&iacute;tico de democracia restringida del Frente   Nacional y resaltar los rasgos civilistas de nuestra cultura pol&iacute;tica (a trav&eacute;s de las   luchas de la ANAPO). De igual manera,<i> Populismo atrapado</i> aporta a la comprensi&oacute;n   del proceso hist&oacute;rico de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica en Colombia, muestra a la ANAPO   como un caso ejemplar, una especie de &lsquo;frente nacional de los excluidos&rsquo;, que logr&oacute;   una amplia movilizaci&oacute;n social, a pesar de sus evidentes conflictos internos y de su   discurso difuso cargado de promesas sociales, y de una no muy clara tercer&iacute;a entre capitalismo y socialismo.</p>     <p>   La obra de Ayala consta de un pr&oacute;logo del historiador estadounidense y colombianista   Herbert Braun, ocho cap&iacute;tulos, una secci&oacute;n de conclusiones, otra de bibliograf&iacute;a y   contiene, adem&aacute;s, una parte de anexos documentales. <i>El populismo atrapado</i> no cuenta   de manera expl&iacute;cita con un marco te&oacute;rico ni con un cuerpo categorial de an&aacute;lisis   previamente definido. Su cap&iacute;tulo introductorio cumple en parte esa funci&oacute;n, aunque   anticipa m&aacute;s bien aspectos del an&aacute;lisis, propios del objeto de estudio abordado por el autor a lo largo de la obra. Independientemente de esta consideraci&oacute;n, la preocupaci&oacute;n   central del Ayala se ubica, desde el punto de vista te&oacute;rico, en la pregunta por la memoria   y su funci&oacute;n social en la historia, a partir del examen efectuado a las elecciones del   19 de abril de 1970. Aunque tambi&eacute;n podr&iacute;a decirse que el inter&eacute;s de Ayala se refiere   a las condiciones hist&oacute;ricas de la producci&oacute;n y al an&aacute;lisis del discurso populista   de la ANAPO, entendidos como producto de un pasado y un presente hist&oacute;ricos   (&eacute;ste, el del proceso electoral estudiado por el autor). Si se asume que all&iacute; radican las   preocupaciones te&oacute;ricas, los principales referentes de Ayala se encuentran, por una   parte, en Mijail Bajtin, Maurice Halbwachs y Paul Ricoeur, en lo relacionado con la   problem&aacute;tica sobre la memoria hist&oacute;rica, sin que haya en todo caso una presentaci&oacute;n   sistem&aacute;tica de sus tesis y de su utilidad para la investigaci&oacute;n (la referencia a estos   autores transcurre en dos p&aacute;rrafos (p. 15). Por la otra, se trata de Roland Barthes   con su noci&oacute;n de mito, y de Teun van Dijk en relaci&oacute;n con su entendimiento de las   &ldquo;ideolog&iacute;as como creencias b&aacute;sicas de los grupos socialmente compartidas&rdquo; (pp. 32-   33). Tambi&eacute;n en este caso, los seguimientos te&oacute;ricos son muy breves.</p>     <p>El hecho de que Ayala no explicite un marco te&oacute;rico no debe llevar al equ&iacute;voco de   que el libro carece de propuesta te&oacute;rica. En el estilo de Ayala la narraci&oacute;n hist&oacute;rica es   cargada de manera reiterada con consideraciones te&oacute;ricas, que van apareciendo en la   medida en que se desarrolla la trama. Lo que se extra&ntilde;a es la presentaci&oacute;n sistem&aacute;tica de   la propuesta te&oacute;rica. Este aspecto es particularmente notorio respecto de la categor&iacute;a   anal&iacute;tica de &ldquo;populismo&rdquo;. El autor queda en deuda con el lector en relaci&oacute;n con su   entendimiento te&oacute;rico sobre el &ldquo;populismo&rdquo;, fen&oacute;meno &eacute;ste que adem&aacute;s de tener   muchas definiciones tambi&eacute;n se caracteriza por la indefinici&oacute;n; con la excepci&oacute;n,   tal vez, del texto reciente de Ernesto Laclau, La raz&oacute;n populista<sup><a href="#1">1</a></sup>, en el que se aborda   una construcci&oacute;n te&oacute;rica de la categor&iacute;a. Nuevamente, no significa ello que Ayala no   posea una teor&iacute;a sobre el populismo. De hecho su producci&oacute;n historiogr&aacute;fica se ha   ocupado en gran medida de ese fen&oacute;meno. Lo que sucede en El populismo atrapado es   que se da por sentada una definici&oacute;n de populismo que no se explicita; tampoco se   muestran las especificidades del populismo anapista respecto de otras experiencias   en Am&eacute;rica Latina (salvo espor&aacute;dicas formulaciones). S&iacute; se&ntilde;ala Ayala que en el caso   de la ANAPO se transitar&iacute;a &ldquo;de un populismo pol&iacute;tico-ideol&oacute;gico [&hellip;] a uno m&aacute;s ideol&oacute;gico que pol&iacute;tico&rdquo; (p. 20).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n Ayala, con las elecciones de 1970 se estar&iacute;a frente al proceso electoral m&aacute;s   importante del siglo XX. Tal aserto se sustenta no s&oacute;lo en el hecho de que adem&aacute;s   de las elecciones presidenciales se realizaban elecciones para todas las corporaciones   p&uacute;blicas, sino que adem&aacute;s se presentaba la probabilidad de un quiebre en las formas   de dominaci&oacute;n del Frente Nacional, del desmonte del r&eacute;gimen pol&iacute;tico de democracia   restringida (y de &ldquo;estado de excepci&oacute;n&rdquo; permanente), dada la irrupci&oacute;n hist&oacute;rica de una opci&oacute;n real de poder: la ANAPO.</p>     <p>Aunque Ayala no acoge la categor&iacute;a anal&iacute;tica de clases sociales, sus consideraciones   -a lo largo de la obra- sobre el uso de la memoria denotan que en el proceso electoral   objeto de estudio, se pusieron en escena, cuando menos, dos lecturas hist&oacute;ricas de   la memoria. Una, aqu&eacute;lla de las clases subalternas que pretend&iacute;a construir una l&iacute;nea   de continuidad entre los a&ntilde;os veinte, las movilizaciones populares de los treintas,   el gaitanismo de los cuarentas, la &ldquo;otra cara&rdquo; de la dictadura en la d&eacute;cada de 1950   y el movimiento de la ANAPO en los a&ntilde;os de 1960. La otra, aqu&eacute;lla de las clases   dominantes que cuestionaba los tiempos de la dictadura de Rojas, como experiencia   a no repetir y, desde ah&iacute;, constru&iacute;a una particular (c&iacute;nica) lectura de la democracia   colombiana. De Ayala se aprende igualmente, de manera rigurosa y documentada, c&oacute;mo se usa (o manipula) la memoria hist&oacute;rica con fines pol&iacute;ticos.</p>     <p>   En el proceso de producci&oacute;n del discurso y en la construcci&oacute;n del proyecto   anapista, sectores intelectuales provenientes de diversas vertientes y de diferentes   entendimientos de la pol&iacute;tica ocuparon un lugar central. Ayala no duda de su   contribuci&oacute;n a la cualificaci&oacute;n te&oacute;rica del proyecto anapista, a la &ldquo;sinton&iacute;a&rdquo; que se   produjo con los discursos tercermundistas, antiimperialistas y nacionalistas entonces   en boga, especialmente en los pa&iacute;ses de la llamada periferia capitalista (aunque   siempre en distancia frente al discurso de la izquierda radical, comunista, en sus   diversas vertientes). Tambi&eacute;n se trata de su contribuci&oacute;n a la movilizaci&oacute;n popular,   a la escenificaci&oacute;n de la pol&iacute;tica en la calle. De su &ldquo;ida al pueblo&rdquo;. No obstante lo   anterior, el papel de estos sectores intelectuales no deja de sorprender. Al tiempo   que se ten&iacute;a un discurso mucho m&aacute;s cualificado que el del General, tambi&eacute;n eran   claras las relaciones de subordinaci&oacute;n frente a &eacute;ste. Esa p&eacute;rdida de independencia se   expres&oacute; claramente en la actitud vacilante -y en la aceptaci&oacute;n de la posici&oacute;n de Rojas   Pinilla- frente a los resultados electorales del 19 de abril, lo cual se constituy&oacute; en otro   factor de desmovilizaci&oacute;n de la protesta popular. En ese sentido, les cabe -a estos   sectores- una gran responsabilidad en la derrota del movimiento anapista.</p>     <p>   El movimiento anapista logr&oacute; consolidarse como un proyecto multiclasista de unidad   popular desde abajo, nacido m&aacute;s de las circunstancias hist&oacute;ricas que de una estrategia   pol&iacute;tica deliberada (p. 159). Se trata de un movimiento que se fue haciendo en el   camino, y cuyo discurso se fue produciendo en ese mismo sentido. De ah&iacute; su car&aacute;cter   polif&oacute;nico. Sobre las voces de la ANAPO pesaban m&aacute;s las preocupaciones por un   enemigo com&uacute;n, el r&eacute;gimen del Frente Nacional, que las diferencias de sus discursos   diversos, contradictorios entre s&iacute;, si se consideraran desde un sentido estrictamente   te&oacute;rico y a&uacute;n program&aacute;tico. Ello explica por qu&eacute; la ANAPO ser&iacute;a el espacio de   encuentro de liberales, conservadores, emerrelistas<sup><a href="#2">2</a></sup>, lauroalzatistas<sup><a href="#3">3</a></sup>, hombres y   mujeres sin partido, j&oacute;venes, intelectuales, etc., que hicieron su frente nacional a su manera, no como el proyecto excluyente de las elites dominantes. La figura del   General cumpl&iacute;a la funci&oacute;n de buen componedor, de &ldquo;anciano sabio&rdquo; (sin serlo), del   justo medio, que llamaba de manera reiterada a la moderaci&oacute;n.</p>     <p>El car&aacute;cter populista del movimiento resulta no s&oacute;lo de su propuesta program&aacute;tica, en   todo caso no antisist&eacute;mica; tambi&eacute;n de sus pr&aacute;cticas, de sus formas de organizaci&oacute;n,   de la manera como en el camino va &ldquo;construyendo el pueblo&rdquo;, guiado por un l&iacute;der   que -sin representar la vehemencia, la pasi&oacute;n y cierto histrionismo propio de los   l&iacute;deres populistas- lograba concitar un masivo respaldo para la movilizaci&oacute;n popular.   El carisma de Rojas ser&iacute;a muy particular; como lo hace recordar Ayala, el General   lograba, incluso, arrodillar a sus seguidores en las plazas p&uacute;blicas para jurarle fidelidad.   El populismo de la ANAPO ser&aacute;, en todo caso, un populismo urbano, que recoge la   memoria de la escenificaci&oacute;n de la pol&iacute;tica en la calle y los productos de la conflictividad del desarrollo capitalista de las d&eacute;cadas precedentes.</p>     <p>   La experiencia populista de la ANAPO contrar&iacute;a algunas tesis sobre la naturaleza   violenta de los colombianos, sobre su inclinaci&oacute;n a la soluci&oacute;n de los conflictos por   las v&iacute;as de la fuerza. Ayala hace hincapi&eacute; en el car&aacute;cter esencialmente civilista del   anapismo y demuestra, m&aacute;s bien, que han sido las elites dominantes las que han   recurrido al uso de la violencia y al recurso autoritario para garantizar la preservaci&oacute;n   de su poder. En ese sentido, el texto de Ayala es muy &uacute;til para un entendimiento   de nuestro presente. La activaci&oacute;n de dispositivos de producci&oacute;n de discursos para   contrarrestar las fuerzas opositoras, la orquestaci&oacute;n de verdaderas campa&ntilde;as a trav&eacute;s   de los medios de comunicaci&oacute;n, antes como ahora, siguen cumpliendo las mismas   funciones de legitimaci&oacute;n y de dominaci&oacute;n.</p>     <p>   Trat&aacute;ndose de una obra de gran valor politol&oacute;gico, sociol&oacute;gico y antropol&oacute;gico   social, el libro no deja de ser esencialmente hist&oacute;rico. Ayala no ahorra esfuerzos en   demostrar el oficio y el arte del historiador.<i> El populismo atrapado</i> es un texto hecho   con base en una cuidadosa y exhaustiva revisi&oacute;n de fuentes primarias y secundarias,   que le dan consistencia y rigor. En particular, debe destacarse el esfuerzo de Ayala por   reconstruir y sistematizar el discurso populista de la ANAPO, as&iacute; como los eventos   en torno al proceso electoral de 1970 a partir del examen a las fuentes producidas   por la misma organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero tambi&eacute;n por los militantes anapistas;   igualmente, merced al seguimiento a los <i>Anales del Congreso</i>, a la &ldquo;gran prensa&rdquo; de las   principales ciudades y a algunas publicaciones regionales de las fuerzas opositoras,   especialmente del departamento de Santander (<i>El Tr&oacute;pico</i> de San Vicente de Chucur&iacute;   y<i> El Momento </i>de San Gil), y a muchas otras publicaciones peri&oacute;dicas que aparecen   referenciadas en la secci&oacute;n bibliogr&aacute;fica. A ello se le adiciona la revisi&oacute;n de los   archivos personales del dirigente anapista Hern&aacute;n Vergara, as&iacute; como las entrevistas   con dirigentes de la ANAPO, entre ellas la realizada a Ignacio Vives Echeverr&iacute;a<sup><a href="#4">4</a></sup>. Esto se vuelve a mencionar en el siguiente p&aacute;rrafo. El trabajo de Ayala en este sentido   merece el mayor reconocimiento; la contribuci&oacute;n a la reconstrucci&oacute;n de la memoria   hist&oacute;rica, en especial aqu&eacute;lla de los movimientos pol&iacute;ticos distintos al bipartidismo,   es inobjetable. El uso exquisito de las fuentes le permiti&oacute; a Ayala elaborar una trama   y desarrollar una narraci&oacute;n, que sin perder su car&aacute;cter de historia y sin menoscabar la &ldquo;objetividad admirable&rdquo; que sorprende a Braun (p. 11), hace de El<i> populismo atrapado</i>   una obra de amena lectura, que por momentos pareciera trasladar al lector al terreno de la novela hist&oacute;rica.</p>     <p>   No obstante lo anterior, debo se&ntilde;alar un aspecto que a mi juicio merecer&iacute;a una mejor   atenci&oacute;n en el uso de las fuentes. Me refiero a que hubiera sido deseable un mayor   di&aacute;logo de Ayala con la historiograf&iacute;a que se ha producido sobre el per&iacute;odo objeto   de estudio. Si bien es cierto que &eacute;sta aparece referenciada en la secci&oacute;n bibliogr&aacute;fica,   en el texto mismo -salvo algunas excepciones- no se deja traslucir el uso que hace de   ella, bien sea para distanciarse o para acogerla como parte de su argumentaci&oacute;n. El   asunto se torna importante si se considera que buena parte de la historiograf&iacute;a no logra   desprenderse de los tintes partidistas, especialmente liberales, o frentenacionalistas.</p>     <p>Un reclamo se le puede hacer a la obra de Ayala: la desatenci&oacute;n de un an&aacute;lisis del contexto   econ&oacute;mico bajo el cual se desenvuelven los acontecimientos. Esa perspectiva hubiera   enriquecido, sin duda, la investigaci&oacute;n. En el per&iacute;odo objeto de estudio produjeron   definiciones importantes respecto de la estrategia de acumulaci&oacute;n capitalista (debido   a las expresiones de crisis que registraba el proyecto de industrializaci&oacute;n dirigida por   el Estado). Se hab&iacute;an aprobado decisiones de trascendencia en materia de pol&iacute;tica   econ&oacute;mica, fiscal y monetaria; se hab&iacute;a impuesto una reforma constitucional con   grandes implicaciones econ&oacute;micas y se hab&iacute;a emprendido un proceso de reforma   (y modernizaci&oacute;n) del Estado. As&iacute; mismo, eran notorios los impactos sociales de la   pol&iacute;tica econ&oacute;mica. &iquest;C&oacute;mo pudo haber incidido esa situaci&oacute;n en la construcci&oacute;n del   proyecto anapista? Ello no es evidente para el lector (salvo la menci&oacute;n a la posici&oacute;n   de la ANAPO en el Congreso frente a la Reforma Constitucional de 1968). Si bien es   conveniente advertir sobre l&iacute;mites del determinismo econ&oacute;mico, tambi&eacute;n lo es sobre   la desatenci&oacute;n de la influencia de la econom&iacute;a en la pol&iacute;tica. &iquest;C&oacute;mo opera la l&oacute;gica   de la econom&iacute;a para explicar las elecciones del 19 de abril de 1970? &iquest;Qu&eacute; intereses   econ&oacute;micos est&aacute;n en juego? &iquest;Cu&aacute;les son los ingredientes econ&oacute;micos del debate pol&iacute;tico? Esas son preguntas que quedan por resolver en la obra de Ayala.</p> <hr size="1">     <p><a name="1">1</a> LACLAU, Ernesto, <i>La raz&oacute;n populista</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2005.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="2">2</a> Se trata de sectores de la militancia del Movimiento Revolucionario Liberal desencantados con la incorporaci&oacute;n de Alfonso L&oacute;pez Michelsen en el sistema del Frente Nacional.</p>     <p><a name="3">3</a> Se trata de sectores de seguidores de Laureano G&oacute;mez y de Gilberto Alzate Avenda&ntilde;o.</p>     <p><a name="4">4</a> Esta &uacute;ltima, as&iacute; como la in&eacute;dita carta de Hern&aacute;n Vergara a Gustavo Rojas Pinilla (publicadas en los anexos) se constituyen, dada la forma como Ayala construye la narrativa hist&oacute;rica, en piezas importantes para comprender   la posici&oacute;n desmovilizadora de Rojas Pinilla frente al movimiento popular durante los d&iacute;as inmediatamente   posteriores a la elecci&oacute;n del 19 de abril. Ayala le concede a Vergara el haber inclinado la balanza a favor de una   aceptaci&oacute;n de la derrota por parte de Rojas Pinilla, mediante la apelaci&oacute;n a las profundas convicciones religiosas   de &eacute;ste (pp. 220-222). Vives deja en entredicho la posici&oacute;n del candidato presidencial anapista y sugiere una entrega del movimiento en la sede de la Nunciatura (pp. 311-312).</p> </font>      ]]></body>
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