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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b><font size="4">Cabrera Becerra, Gabriel. Las Nuevas Tribus y los ind&iacute;genas de la Amazonia. Historia de una presencia protestante. Bogot&aacute;: Litocamargo Ltda., 2007, 224 pp.</font></b></p>     <p>Augusto Javier G&oacute;mez L&oacute;pez*</p>     <p>* Profesor Titular, Departamento de Antropolog&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia - sede Bogot&aacute;. <a href="mailto:ajgomezl@unal.edu.co">ajgomezl@unal.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p>Quiz&aacute; no existe en nuestro planeta una regi&oacute;n sobre la cual se hayan construido y se   contin&uacute;en construyendo -desde los siglos coloniales y a&uacute;n durante los siglos XIX y   XX- los m&aacute;s diversos mitos, relatos, im&aacute;genes y leyendas: se trata de un sorprendente   universo de imaginarios que van desde lo paradis&iacute;aco hasta lo infernal, pasando   por lo maravilloso&hellip; desde la creencia del para&iacute;so terrenal y El Dorado y, en las   d&eacute;cadas m&aacute;s recientes, hasta pulm&oacute;n del mundo, para&iacute;so de la biodiversidad y mar   de agua dulce&hellip; No obstante la persistencia de esos mitos e im&aacute;genes seculares, desconocemos   la historia amaz&oacute;nica. Efectivamente, no existe una historia amaz&oacute;nica   de la Amazonia; lo que existe es una historia de las tierras bajas construida desde las   tierras altas&hellip; y es, en este sentido, que para nosotros, como sociedad, tiene un gran   valor el trabajo de investigaci&oacute;n desarrollado por Gabriel Cabrera, pues nos compenetra con otra Amazon&iacute;a que va m&aacute;s all&aacute; de los mitos.</p>     <p> Las investigaciones que Gabriel Cabrera ha emprendido, desde el a&ntilde;o de 1990, entre   los grupos de ind&iacute;genas Nukak -en compa&ntilde;&iacute;a de los investigadores Dany Mahecha y   Carlos Frankly- se han caracterizado por la combinaci&oacute;n de la labor de exploraci&oacute;n   y de sistematizaci&oacute;n de fuentes documentales primarias y por el trabajo de campo   en las selvas del Guaviare y del In&iacute;rida, no obstante las dificultades de orden p&uacute;blico   que han azotado la regi&oacute;n desde finales del siglo XX.</p>     <p> Uno de los problemas fundamentales en torno a nuestra Amazonia es, precisamente,   el apreciable desconocimiento en relaci&oacute;n con el oriente de la selva oriental colombiana.   En otras palabras, es muy poco lo que conocemos acerca del Vaup&eacute;s, del   Guain&iacute;a y del Vichada y, por ello, resulta oportuno destacar aqu&iacute; tambi&eacute;n la obra del   mismo autor titulada La Iglesia en la frontera: misiones cat&oacute;licas en el Vaup&eacute;s, 1850-1950,   publicada en el a&ntilde;o 2002. Se trata de un estudio pionero acerca de los misioneros   Montfortianos, con cuya presencia el gobierno colombiano quiso frenar en el Gran   Vaup&eacute;s, la secular influencia de caucheros, traficantes de esclavos nativos y misioneros,   desde el Brasil.</p>     <p>Las Nuevas Tribus y los ind&iacute;genas de la Amazonia es en realidad una obra original en la   que, m&aacute;s all&aacute; de la denuncia period&iacute;stica, se describe y se analiza la presencia y la   actuaci&oacute;n del protestantismo, en especial el caso de la Misi&oacute;n Nuevas Tribus de Colombia,   establecida por Sof&iacute;a M&uuml;ller en el oriente de la selva colombiana desde los   inicios de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cuarenta y su impacto cultural entre los ind&iacute;genas del &aacute;rea trifronteriza de Colombia, Venezuela y Brasil.</p>     <p> Uno de los aportes fundamentales de este trabajo consiste en el minucioso an&aacute;lisis   del impacto causado entre los grupos abor&iacute;genes aislados, como resultado del contacto   con misioneros, colonos y otros miembros de la sociedad nacional. Se trata   de las dram&aacute;ticas consecuencias en virtud del contagio de nuevas enfermedades   entre los nativos, como, por ejemplo, la gripe, que generaron verdaderas cat&aacute;strofes   demogr&aacute;ficas, similares a las descritas por los cronistas en el siglo XVI, a prop&oacute;sito   de la invasi&oacute;n europea al continente americano. As&iacute; mismo, otros de los aportes del   trabajo de Gabriel Cabrera consiste en la explicaci&oacute;n del derrumbe cultural y espiritual   de los grupos nativos aislados en proceso de asimilaci&oacute;n como resultado de las   nuevas creencias, producto &eacute;stas del proselitismo y de la evangelizaci&oacute;n, impuestas   por credos fundamentalistas que compulsivamente transformaron la vida social y la   reproducci&oacute;n de estas sociedades.</p>     <p> Uno de los sucesos que mejor ilustra las consecuencias padecidas por los Nukak   durante los a&ntilde;os que siguieron al contacto, que fue promovido desde sus comienzos   por Sof&iacute;a M&uuml;ller y por otros miembros de la Misi&oacute;n Nuevas Tribus, es el suicidio   del l&iacute;der Nukak Mak&uacute; Mow be&rsquo;, conocido entre los mestizos del Guaviare como   Belisario S&aacute;nchez. Su biling&uuml;ismo lo convirti&oacute; en el v&iacute;nculo m&aacute;s importante entre   sus parientes y los representantes de las instancias gubernamentales de la regi&oacute;n y   del nivel nacional, lo mismo que entre los colonos, comerciantes y, en fin, entre los   llamados &ldquo;blancos&rdquo;. Las noticias del peri&oacute;dico El Tiempo del mes de octubre del a&ntilde;o   2006 informaron que el suicidio se produjo &ldquo;porque sus hermanos lo culpaban de la   desatenci&oacute;n en que estaba su pueblo&rdquo;<a href="#1" name="p1"><sup>1</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mow be&rsquo; qued&oacute; hu&eacute;rfano desde los siete a&ntilde;os cuando sus padres y su grupo, una   de las bandas occidentales de cazadores recolectores Nukak, sufrieron una fuerte   epidemia de gripa en la d&eacute;cada de 1980, durante la cual sus miembros entraron en   contacto con los cultivadores de coca de Calamar. El suicidio de Mow be&rsquo; amerita,   entonces, reflexiones m&aacute;s pausadas y profundas sobre nuestra propia sociedad que,   consider&aacute;ndose a s&iacute; misma &ldquo;civilizada&rdquo;, ha avanzado de manera violenta y destructiva   sobre los Nukak y su territorio, y ha llevado su propia guerra a quienes, parad&oacute;jicamente, contin&uacute;a estigmatizando como &ldquo;b&aacute;rbaros&rdquo; e &ldquo;incivilizados&rdquo;.</p>     <p>Siguiendo precisamente las investigaciones de Gabriel Cabrera, encontramos que al   sumar el n&uacute;mero de Nukak vivos (378 personas) con las muertes ocurridas despu&eacute;s   de 1987 (236), da como resultado que el 38.43% de la poblaci&oacute;n falleci&oacute; despu&eacute;s   del establecimiento de relaciones con la sociedad nacional. Sin embargo, esta cifra   es parcial y puede ser m&aacute;s elevada seg&uacute;n lo afirma el autor. De las 156 muertes con   datos de causa y ubicaci&oacute;n temporal conocidos, el 1.92% ocurri&oacute; antes del a&ntilde;o de   1987, es decir, antes del contacto definitivo, y el 98.07% despu&eacute;s de esta fecha, es decir, a partir del contacto con los llamados &ldquo;blancos&rdquo;.</p>     <p> Cabrera describe c&oacute;mo la guerra que hab&iacute;a empezado a librarse en territorio Nukak,   cuya invasi&oacute;n se intensific&oacute; a partir de la d&eacute;cada de 1980<a href="#2" name="p2"><sup>2</sup></a> como consecuencia del   incremento de los cultivos de coca y del creciente enfrentamiento entre las fuerzas   armadas de la insurgencia, las Fuerzas Militares del Estado y los grupos paramilitares,   hoy contin&uacute;a. Con la ejecuci&oacute;n de las masacres sobre el r&iacute;o Guaviare en Mapirip&aacute;n   y Puerto Alvira (Ca&ntilde;o Jab&oacute;n), a partir del a&ntilde;o de 1997 los paramilitares iniciaron   las disputas con las FARC por el control de la regi&oacute;n, de manera que el conflicto   armado ingres&oacute; al territorio Nukak. El enfrentamiento entre autodefensas y guerrilla   desplaz&oacute; dram&aacute;ticamente a grupos locales Nukak. Seg&uacute;n Cabrera, actualmente   la cifra de desplazamiento se estima en poco m&aacute;s del 50%, aproximadamente 222 individuos.</p>     <p> Poco a poco, desde la d&eacute;cada de 1940, las concepciones, los discursos, las perspectivas   y los prop&oacute;sitos, con base en los cuales se plante&oacute; y se proyect&oacute; continuar   desde entonces la incorporaci&oacute;n de la frontera amaz&oacute;nica colombiana, cambiaron   sustancialmente. Esos cambios se fueron asimilando y adoptando como el alfabeto   del nuevo lenguaje institucional de los sucesivos gobiernos y de las agencias internacionales,   de sus &ldquo;planes de desarrollo&rdquo;, y ese lenguaje fue difundido, generalizado   e interiorizado, pero tambi&eacute;n cre&oacute; realidades y se materializ&oacute; en pr&aacute;cticas, acciones   y proyectos. En s&iacute;ntesis, desde la Segunda Guerra Mundial se fueron planteando   y, a&uacute;n, realizando, planes y proyectos de &ldquo;integraci&oacute;n amaz&oacute;nica&rdquo;, de &ldquo;integraci&oacute;n   regional&rdquo; cuyos objetivos buscaban, en &uacute;ltima instancia, superar el &ldquo;atraso&rdquo;, salir del &ldquo;subdesarrollo&rdquo;, pretendiendo integrar al &ldquo;indio&rdquo; a la vida regional, promoviendo &ldquo;racionalmente&rdquo; su cambio &ldquo;social y cultural&rdquo;.</p>     <p> En este contexto, el ingreso de nuevas &ldquo;misiones&rdquo; desde mediados del siglo XX fue   tan s&oacute;lo una se&ntilde;al de los inicios de cambios sustanciales y, si se quiere, estructurales,   en cuanto al lugar y a la funci&oacute;n de regiones de frontera dentro de los procesos de trasformaci&oacute;n internos y externos, nacionales e internacionales, en lo referente a la   agricultura y la industria; igualmente, en relaci&oacute;n con los movimientos sociales y de   protesta campesina, y con los mercados externos de materias primas, de hidrocarburos   y de recursos energ&eacute;ticos. La Alianza para el Progreso, CARE y C&Aacute;RITAS,   los Cuerpos de Paz, la Misi&oacute;n Nuevas Tribus y el Instituto Ling&uuml;&iacute;stico de Verano   representaron la imposici&oacute;n del nuevo reto, de la nueva promesa llamada &ldquo;desarrollo&rdquo;.   Desde mediados de la d&eacute;cada de 1940, misioneros, &ldquo;cristianos&rdquo;, miembros de   iglesias protestantes, lo mismo que miembros del Instituto Ling&uuml;&iacute;stico de Verano   ILV, establecidos en Lomalinda, Departamento del Meta (y en Ecuador, cerca del   r&iacute;o Putumayo) hab&iacute;an empezado ya a ejercer una fuerte influencia religiosa sobre   poblaciones ind&iacute;genas colombianas en &aacute;reas espec&iacute;ficas de la Amazonia.</p>     <p> All&iacute; en el oriente, en los ri&ntilde;ones de la selva, quedan los &uacute;ltimos refugios de los reductos   ind&iacute;genas sobrevivientes, donde contin&uacute;a hoy la evangelizaci&oacute;n por parte de los   m&aacute;s diversos grupos misioneros&hellip;, as&iacute; mismo, los procesos econ&oacute;micos extractivos   y de colonizaci&oacute;n que siguen el curso de ca&ntilde;os y r&iacute;os. La nueva &ldquo;fiebre del oro&rdquo;, la   fiebre del &ldquo;oro blanco&rdquo; (la coca), al igual que el nuevo auge de las exploraciones en   busca del &ldquo;oro negro&rdquo; (petr&oacute;leo) amenazan con destruir esos reductos nativos, en   cuyos territorios se libran hoy guerras que comprometen a la guerrilla, a las Fuerzas   Militares regulares del Estado, a grupos paramilitares y a organizaciones armadas dedicados al narcotr&aacute;fico y al tr&aacute;fico de armas.</p>     <p> No sin raz&oacute;n los Nukak pensaron desde el comienzo del contacto con los llamados   &ldquo;blancos&rdquo; que &eacute;stos eran can&iacute;bales. Los Yurut&iacute;, un grupo ind&iacute;gena de la familia   Tukano del Vaup&eacute;s, designa a los blancos como &ldquo;peka masa ye&rdquo;, que significa &ldquo;la gente   de le&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;la gente que quema&rdquo;, &ldquo;la gente que hace la guerra&rdquo;&hellip;</p>     <p> No obstante las atrocidades cometidas por los &ldquo;blancos&rdquo; durante los tiempos de las   caucher&iacute;as, que provocaron precisamente los grandes levantamientos de c&eacute;lebres   Mes&iacute;as como Venancio y Venancio Cristo en el gran Vaup&eacute;s y en el Isana desde   mediados del siglo XIX, hoy la Amazonia sigue siendo un lugar de esperanza, una &ldquo;Tierra Prometida&rdquo; si se observa que cientos de familias peruanas, ecuatorianas y colombianas, seguidores de la iglesia llamada a s&iacute; misma Israelitas, han hecho de la selva su hogar y con su laborioso esfuerzo recogen los frutos que les brinda esa vasta e infinita tierra, la cual ellos mismos creen que es la &ldquo;Nueva Jerusal&eacute;n&rdquo;.</p> <hr size"1">     <P><a name="1" href="#p1"><sup>1</sup></a> El Tiempo, octubre 18 del 2006.</P>     <P><a name="2" href="#p2"><sup>2</sup></a> Las exploraciones petroleras en la Amazonia colombiana, iniciadas en la d&eacute;cada de 1920, han   continuado en el curso de las d&eacute;cadas recientes e incluso han alcanzado los otrora remotos territorios   de las &uacute;ltimas sociedades abor&iacute;genes cazadoras recolectoras de la selva, como los Nukak   Mak&uacute;: en el a&ntilde;o de 1992 se adelantaron los trabajos de exploraci&oacute;n petrolera en territorio   Nukak mediante licencia otorgada por ECOPETROL a la empresa Fronteras de Explotaci&oacute;n Colombiana, Inc.</P> </font>     ]]></body>
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