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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p><b><font size="4">Posada, Eduardo. La naci&oacute;n so&ntilde;ada. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma, 2006, 383 pp.<a href="#**" name="p**"><sup>**</sup></a></font></b></p>     <p>Camilo S&aacute;nchez Meertens*</p>     <p>Mar&iacute;a Luc&iacute;a Guerrero Far&iacute;as<sup>&bull;</sup></p>     <p>* Estudiante de Historia y Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de los Andes. <a href="mailto:cami-sal@uniandes.edu.co">cami-sal@uniandes.edu.co</a></p>     <p><sup>&bull;</sup> Estudiante de Historia de la Universidad de los Andes. <a href="mailto:ml.guerrero55@uniandes.edu.co">ml.guerrero55@uniandes.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p>Hegemon&iacute;a Conservadora, por ejemplo, rara vez es estudiada a la luz de sus logros   democr&aacute;ticos. Sin embargo, el autor incurre en la falla que &eacute;l mismo denuncia: a la   hora de resaltar estos logros, no se remite a ninguna suerte de evidencia emp&iacute;rica.   Asimismo, aunque durante este periodo la convivencia entre conservadores y   liberales era un hecho, Posada olvida que la violencia no se reduce a la contienda   partidista. No hace referencia al conflicto laboral y social que empezaba a manifestarse en la d&eacute;cada de 1920. Otros historiadores<a href="#1" name="p1"><sup>1</sup></a> han destacado la centralidad del problema social en este periodo, coincidiendo en calificar la actitud del Estado en esta materia como represiva. Afirmar esto no implica negar los avances econ&oacute;micos e institucionales del momento, simplemente se pretende matizar el car&aacute;cter pac&iacute;fico y democr&aacute;tico que le atribuye Posada a este periodo, y recordar que la &ldquo;paz&rdquo; no s&oacute;lo es la paz entre los partidos.</p>     <p>Para dar cuenta de la tradici&oacute;n liberal y democr&aacute;tica del pa&iacute;s, el autor busca rescatar   los logros obtenidos al respecto. Se destaca entonces las limitaciones formales y   efectivas al poder ejecutivo, la tradici&oacute;n civilista (comprendida como ausencia de dictaduras) y la tradici&oacute;n electoral.</p>     <p> En cuanto a la primera, se muestra c&oacute;mo las divisiones regionales conllevaron a   una descentralizaci&oacute;n efectiva (aunque no formal sino hasta 1991), con lo cual se   restringe el poder ejecutivo central. &Eacute;ste tambi&eacute;n se vio limitado por la acci&oacute;n de   distintas instituciones: el Congreso y las Cortes han tenido un poder de veto frente   al Ejecutivo. La Iglesia Cat&oacute;lica y en general la sociedad civil han logrado oponer   sus intereses a los estatales, gracias a la libre asociaci&oacute;n y a la libertad de prensa. El   n&uacute;mero de veces que ha sido clausurado el Congreso es reducido. Incluso durante el   periodo del Frente Nacional la necesidad de dividir milim&eacute;tricamente la repartici&oacute;n   de cargos p&uacute;blicos da cuenta de la debilidad del poder ejecutivo (p. 115). No obstante,   debe preguntarse: &iquest;Repartici&oacute;n entre qui&eacute;nes? Adem&aacute;s, no debe olvidarse que   el pa&iacute;s vivi&oacute; alrededor de medio siglo bajo el estado de sitio, siendo que en toda democracia &eacute;sta es una medida de car&aacute;cter excepcional y, por tanto, de corta duraci&oacute;n. De igual forma, puede que en la historia colombiana sea excepcional la existencia de dictaduras militares, pero &iquest;no puede acaso un gobierno civil y democr&aacute;ticamente elegido abusar de su poder y ejercer una fuerte represi&oacute;n? (Pi&eacute;nsese, por ejemplo, en las graves denuncias que hizo Amnist&iacute;a Internacional a ra&iacute;z de la violaci&oacute;n a los derechos humanos durante el gobierno del presidente Turbay).</p>     <p> Tambi&eacute;n es muy discutible el papel que se otorga a la Iglesia Cat&oacute;lica como alentador   de una sociedad liberal. En t&eacute;rminos generales, la actuaci&oacute;n de esta instituci&oacute;n   ha sido en favor de los sectores dirigentes, defendiendo una concepci&oacute;n de sociedad   totalmente jerarquizada. Un orden excluyente que rechaza y ubica en una categor&iacute;a inferior a las minor&iacute;as &eacute;tnicas, religiosas, pol&iacute;ticas y sexuales. Adem&aacute;s, exist&iacute;a, hasta hace poco, un acuerdo expl&iacute;cito con el Estado que otorgaba prerrogativas a la Iglesia<a href="#2" name="p2"><sup>2</sup></a>, actuaci&oacute;n lejos de estar conforme con una tradici&oacute;n liberal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para rescatar la tradici&oacute;n civilista, Posada expone las ideas de pol&iacute;ticos e intelectuales   tales como Alfonso L&oacute;pez Michelsen y Alberto Lleras Camargo, que defienden con   vehemencia principios liberales y sienten una fuerte antipat&iacute;a frente a los porfirismos.   Se afirma incluso que durante la Hegemon&iacute;a Conservadora toman fuerza las corrientes   republicanas en el Partido Conservador (p. 108). Sin embargo, esto no es garant&iacute;a   de una actuaci&oacute;n conforme a esos ideales: sectores mayoritarios del Partido Conservador apoyaron abiertamente el franquismo<a href="#3" name="p3"><sup>3</sup></a>. Es m&aacute;s, defensores en un principio de la democracia como en el caso de Laureano G&oacute;mez, terminaron apoyando durante la Segunda Guerra Mundial las potencias del Eje. Su actuaci&oacute;n como Presidente de la Rep&uacute;blica tampoco sigui&oacute; los lineamientos liberales y democr&aacute;ticos. En 1953, por ejemplo, se celebraron elecciones a la C&aacute;mara, en las cuales liberales y sectores conservadores tuvieron que abstenerse por falta de garant&iacute;as<a href="#4" name="p4"><sup>4</sup></a>. No se trata de un personaje aislado y excepcional, se trata del director del Partido Conservador, lo que supone cierto apoyo a su proyecto. Adem&aacute;s, Posada no hace menci&oacute;n alguna de grupos de intelectuales que defendieran reg&iacute;menes totalitarios, tal como era el caso de Los Leopardos<a href="#5" name="p5"><sup>5</sup></a>. Esto se trae a colaci&oacute;n no con el prop&oacute;sito de afirmar que Colombia haya sido un pa&iacute;s &ldquo;fascista&rdquo;. Tan s&oacute;lo pretende mostrar que las ideas no-liberales no constituyeron un fen&oacute;meno secundario y excepcional. Las ideas liberales no necesariamente fueron aceptadas sin mayor resistencia, como a veces pareciera dar a entender Posada.</p>     <p> Por &uacute;ltimo, en cuanto a la tradici&oacute;n electoral se muestra que desde 1853 se instauraron elecciones   bastante incluyentes (la mujer no pod&iacute;a votar, pero igual suced&iacute;a en el resto del mundo).   Adem&aacute;s de s&oacute;lo haber sido detenidas excepcionalmente, casi siempre tuvieron un alto   grado de competitividad, incluso durante el periodo del Frente Nacional. Pero &iquest;c&oacute;mo es   posible hablar de competitividad en un r&eacute;gimen resultado de un pacto bipartidista? Seg&uacute;n   Posada, suele olvidarse que durante este periodo la competencia se hab&iacute;a desplazado hac&iacute;a   el interior de los partidos (p. 191). Claro, las divisiones internas s&oacute;lo pudieron manifestarse   como partido con el aval de liberales o conservadores, pero, a&uacute;n as&iacute;, militantes del Partido   Comunista pudieron ser part&iacute;cipes de la contienda electoral (p. 192).</p>     <p> Este retrato del pa&iacute;s no debe ignorarse, pero es necesario tener en cuenta que la definici&oacute;n   de democracia que adopta el autor se identifica exclusivamente con el poder de las mayor&iacute;as y, por tanto, con la libre contienda electoral (pp. 152-153). Semejante   definici&oacute;n resulta &uacute;til en la medida en que es f&aacute;cilmente cuantificable (observable)   y que el sufragio presupone a la vez ciertas garant&iacute;as de corte liberal. Pero ofrece   una imagen incompleta del pasado: la garant&iacute;a de derechos sociales y econ&oacute;micos   es tambi&eacute;n fundamental si se quiere garantizar libertad e igualdad, ambos pilares de   toda democracia. En Colombia, intentos deliberados por garantizar el acceso a la   propiedad, tales como los de Alfonso L&oacute;pez Pumarejo en 1936 o de Carlos Lleras   Restrepo 1961, fueron contrarrestados<a href="#6" name="p6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p>El panorama electoral no es mejor: el hecho de que se realicen elecciones no dice   nada sobre c&oacute;mo ocurren. No hay que olvidar las diferencias regionales al respecto:   las pr&aacute;cticas electorales en Bogot&aacute; no se asemejan a las de muchas regiones con   fuerte presencia de actores armados, que sabotean o ejercen presi&oacute;n para que se vote   o no por cierto candidato. El mero hecho de las elecciones no dice nada tampoco   sobre qui&eacute;nes tienen derecho a participar en ellas: la masacre de los militantes de   la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, UP, no impidi&oacute; la realizaci&oacute;n del sufragio, pero eso no vuelve   al pa&iacute;s m&aacute;s democr&aacute;tico y tolerante. Este no es un fen&oacute;meno aislado, candidatos a   distintos cargos son asesinados todos los a&ntilde;os, cosa que no sucede en otros pa&iacute;ses   de Latinoam&eacute;rica. Por otro lado, que se permita el voto tampoco dice nada sobre   los candidatos: &eacute;stos, en muchos casos, son apoyados directa o indirectamente por actores ilegales. Su elecci&oacute;n puede ser democr&aacute;tica, su actuaci&oacute;n no.</p>     <p> En conclusi&oacute;n, el intento por revertir las im&aacute;genes tradicionales sobre el pa&iacute;s es   valioso en tanto permite, por un lado, visualizar un futuro m&aacute;s esperanzador para   la Naci&oacute;n y, por otro, mostrar una realidad m&aacute;s compleja y menos estereotipada del   pasado pol&iacute;tico colombiano. Aunque ello lo lleve a formular importantes aportes   para la historiograf&iacute;a colombiana, Posada incurre en imprecisiones hist&oacute;ricas y conceptuales,   que debilitan la argumentaci&oacute;n del libro.</p> <hr size"1">     <P><a name="**" href="#p**"><sup>**</sup></a> Esta rese&ntilde;a es producto de un trabajo realizado para la clase de Historia de Colombia, dictada en el   segundo semestre de 2007, por el profesor Ricardo Arias del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes, a quien agradecemos la revisi&oacute;n del manuscrito, as&iacute; como sus sugerencias.</P>     <P><a name="1" href="#p1"><sup>1</sup></a> Ver David Bushnell, Colombia: Una naci&oacute;n a pesar de s&iacute; misma (Bogot&aacute;: Editorial Planeta, 1997).   Tambi&eacute;n, Marco Palacios, Entre la legitimidad y la violencia: Colombia 1875-1994 (Bogot&aacute;: Norma, 1995).</P>     <P><a name="2" href="#p2"><sup>2</sup></a> Nos referimos al Concordato de 1887, que estuvo vigente hasta 1993.</P>     <P><a name="3" href="#p3"><sup>3</sup></a> &Aacute;lvaro Tirado, &ldquo;El gobierno de Laureano G&oacute;mez: de la dictadura civil a la dictadura militar&rdquo;, en Nueva Historia De Colombia (Bogot&aacute;: Editorial Planeta, 1989), 83.</P>     <P><a name="4" href="#p4"><sup>4</sup></a> &Aacute;lvaro Tirado, &ldquo;El gobierno de Laureano G&oacute;mez&rdquo;, 97.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><a name="5" href="#p5"><sup>5</sup></a> Al respecto ver Ricardo Arias, Los Leopardos. Una historia intelectual de los a&ntilde;os 1920 (Bogot&aacute;:   Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales - CESO, Departamento de Historia, 2007).</P>     <P><a name="6" href="#p6"><sup>6</sup></a> Ricardo Arias, &ldquo;Del Frente Nacional a Nuestros D&iacute;as&rdquo;, en Historia de Colombia. Todo lo que hay que saber (Bogot&aacute;: Taurus, 2006), 332.</P> </font>      ]]></body>
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