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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La huella del fuego: Historia de los bosques nativos. Poblamiento y cambios en el paisaje del sur de Chile]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Departamento de Historia ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="left"><b><font size="4">Otero Dur&aacute;n, Luis.    <br>     <i>La huella del fuego. Historia de los bosques nativos. Poblamiento y cambios en el paisaje del sur de Chile.</i>    <br> Santiago: CONAF - kfw, gtz, ded - Pehu&eacute;n Editores, 2006, 171 pp.</font></b></p>     <p>Gabriel Cabrera Becerra</p>     <p>Antrop&oacute;logo y Mag&iacute;ster en Historia. Profesor del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia (Medellin, Colombia). <a href="mailto:gacabe@yahoo.com"><u>gacabe@yahoo.com</u></a></p> <hr size="1">     <p>Este libro elabora un seguimiento hist&oacute;rico de la situaci&oacute;n de los bosques en el sur de Chile entre los años 1600 y 1980. Luis Otero, ingeniero forestal de la Universidad de Chile, ofrece una primera caracterizaci&oacute;n del escenario, record&aacute;ndonos que existen evidencias arqueol&oacute;gicas tempranas de ocupaci&oacute;n en la zona sur de Chile, las que se remontan incluso m&aacute;s de 12.000 años antes del presente. No obstante, no es posible trazar una l&iacute;nea directa entre estos tempranos ocupantes y los que encontraron los españoles en la regi&oacute;n.</p>     <p>El estudio se centra en un &aacute;rea de predominante presencia mapuche, sociedad caracterizada por la existencia de varios grupos que pose&iacute;an una distribuci&oacute;n dispar. En tal sociedad el ambiente posibilit&oacute; que gran parte de la poblaci&oacute;n se dedicara a la caza, recolecci&oacute;n y horticultura sin que se crearan aldeas o pueblos, sino grupos pequeños familiares m&oacute;viles y muy en contacto. De tal manera, “la naturaleza abundante en recursos, permiti&oacute; el desarrollo de un sistema recolector en gran escala”<a name="s1" href="#p1"><sup>1</sup></a>. Este sistema se sustent&oacute; en un uso intenso de m&uacute;ltiples especies maderables empleadas en la construcci&oacute;n de viviendas, canoas y artefactos dom&eacute;sticos, as&iacute; como de otras especies vegetales empleadas en medicina y otros usos (pp. 51-57).</p>     <p>La zona del estudio, conocida en la literatura con el nombre de la Araucaria<a name="s2" href="#p2"><sup>2</sup></a>, se ubica al sur del r&iacute;o B&iacute;o B&iacute;o. Para aproximarnos a su conocimiento el autor ofrece una caracterizaci&oacute;n ecol&oacute;gica de sus regiones a la llegada de los españoles y en &eacute;sta se enuncian los diferentes tipos de bosques. Sin embargo, hubiera sido deseable que tal presentaci&oacute;n estuviera acompañada de un mapa. Probablemente la elaboraci&oacute;n de este tipo de cartograf&iacute;a demanda un esfuerzo mayor y con certeza debe apoyarse en otro tipo de estudios, tales como la palinolog&iacute;a, el an&aacute;lisis de ftolitos y restos bot&aacute;nicos, los que por la informaci&oacute;n contenida en el libro no es posible saber si existen en la regi&oacute;n<a name="s3" href="#p3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p>En esta primera caracterizaci&oacute;n es llamativo el uso recurrente del t&eacute;rmino ‘bosques’, cuyo empleo se mantiene a lo largo del texto, y que parece tener el sentido de asociaciones de ciertas especies, pero sobre el que el autor a&uacute;n para tiempos contempor&aacute;neos señala que su sentido no es igual pues depende de la entidad o agente que trata el tema</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>“la definici&oacute;n de bosques considera solamente aquellos con &aacute;rboles cuyo tronco tenga m&aacute;s de 20 cent&iacute;metros de di&aacute;metro, y que posean una densidad de 30 metros c&uacute;bicos por hect&aacute;rea. La definici&oacute;n del Catastro del Bosque Nativo realizado por la Corporaci&oacute;n Nacional Forestal, en 1997, incluye en el concepto ‘bosque’ a todo &aacute;rbol mayor de dos metros de altura, con una cobertura mayor al 25%, y por ello da una cifra nacional de 13 millones 400 mil hect&aacute;reas” (p. 134).</blockquote>     <p>Este elemento es de gran importancia, pues estudios en otras zonas en el momento de la temprana presencia española han revelado que el empleo en las fuentes coloniales de t&eacute;rminos como “monte” se torna problem&aacute;tico, teniendo en cuenta que “puede significar un lugar alto, uno cubierto de &aacute;rboles o uno donde crecen pequeños arbustos; puede significar tierras repletas de &aacute;rboles o arbustos o boques densos”<a name="s4" href="#p4"><sup>4</sup></a>. Entonces valdr&iacute;a la pena profundizar si en fuentes primarias sobre Chile se emplea el t&eacute;rmino ‘bosques’ y sus sentidos reales.</p>     <p>En el periodo colonial (1600-1850), los efectos de las nuevas enfermedades y las formas de sujeci&oacute;n forzadas redujeron las poblaciones nativas enormemente. Este hecho parad&oacute;jicamente permiti&oacute; la conservaci&oacute;n o regeneraci&oacute;n natural en amplias zonas, siempre y cuando hubiera disponibilidad de semillas en sus alrededores (p. 61). Esta &uacute;ltima condici&oacute;n ecol&oacute;gica en particular es un elemento vital para la comprensi&oacute;n de la vida de las especies, aspecto sobre el que pocos o ning&uacute;n elemento adicional se menciona en el libro<a name="s5" href="#p5"><sup>5</sup></a>. El autor señala que el impacto en el periodo de colonial se circunscribi&oacute; mayormente a las &aacute;reas pr&oacute;ximas de los asentamientos coloniales (p. 63), en tanto que el &aacute;rea agr&iacute;cola colonial continu&oacute; siendo similar a la encontrada por los españoles al momento de su arribo (p. 69).</p>     <p>En cuanto a la madera, &eacute;sta fue una de las principales materias primas explotadas en el periodo colonial, su explotaci&oacute;n se concentr&oacute; en las provincias de Valdivia y Chilo&eacute; y su uso se destin&oacute; principalmente a la construcci&oacute;n de viviendas y embarcaciones. De este modo, se alcanz&oacute; un nivel de desarrollo significativo en Valdivia, en donde se establecieron los primeros aserraderos con energ&iacute;a hidr&aacute;ulica (p. 71). El alerce o <i>lahu&eacute;n </i>fue la madera de mayor explotaci&oacute;n durante el periodo colonial y se export&oacute; en cantidades significativas al Per&uacute;. El &aacute;rea principal de explotaci&oacute;n de esta especie fue la Provincia de Chilo&eacute; y en menor medida la de Valdivia. La especie, que en 1550 lleg&oacute; a cubrir cerca de 520.000 hect&aacute;reas, cubre hoy una superficie de tan s&oacute;lo 260.000 hect&aacute;reas. Esta notable reducci&oacute;n se debe especialmente a su tala para extraer madera o a los incendios de los bosques. El comercio de alerce tuvo tal importancia que sus tablas se convirtieron en moneda, e incluso llegaron a emplearse las expresiones “real de madera” o “real de alerce” (p. 73).</p>     <p>La explotaci&oacute;n de alerce se adelant&oacute; por medio de la esclavitud de los ind&iacute;genas, quienes eran enviados a los sitios de corte para pagar sus tributos. Los maltratos recibidos produjeron una rebeli&oacute;n ind&iacute;gena en 1712, la que llev&oacute; a la corona a exigir a los encomenderos que suavizaran el trabajo de los ind&iacute;genas (p. 75). Un uso adicional de la madera en tiempos coloniales era su empleo en postes para las minas de Villarrica y Valdivia o en la zona del r&iacute;o Pichoy o como leña para fundiciones ubicadas principalmente en Quintos en la zona de Valdivia. Aunque su utilizaci&oacute;n intent&oacute; ser regulada con el llamado “denuncio de bosques”, la medida no tuvo efectos y los bosques se destruyeron.</p>     <p>En el periodo de la primera colonizaci&oacute;n y retroceso de los bosques (1850-1880), el Estado volc&oacute; sus ojos hacia las tierras del sur y busc&oacute; su incorporaci&oacute;n. Con tal prop&oacute;sito busc&oacute; atraer inmigrantes. Hacia 1845 mediante la Ley de colonizaci&oacute;n y tierras bald&iacute;as se ofrecieron algunas garant&iacute;as, las que dieron sus frutos cuando al año siguiente el primer grupo de inmigrantes de nacionalidad alemana lleg&oacute; a Chile. Por supuesto estos inmigrantes se dirig&iacute;an hacia las zonas de bosques y lo particular de esta iniciativa fue que en ella “no se establec&iacute;a ning&uacute;n tipo de requisitos a los colonos en cuanto al manejo del recurso, formas de explotaci&oacute;n o conocimientos para ello” (p. 80). La pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n fue exitosa y se estima que unos 8.000 europeos de nacionalidades española, belga, francesa, italiana, alemana y suiza llegaron a Chile.</p>     <p>El establecimiento de estos nuevos colonos ocasion&oacute; tensiones, pues algunos de los llamados “territorios de colonizaci&oacute;n” se ubicaron en tierras ind&iacute;genas. Como medida de control el Estado opt&oacute; por someter tales tierras a reducciones y de este modo liber&oacute; dos millones de hect&aacute;reas con el fin de repartirlas entre los colonos (p. 82). Durante su proceso de ocupaci&oacute;n, los nuevos colonos causaron un gran impacto sobre el medio ambiente, pues ante la ausencia de v&iacute;as y la distancia de los mercados quemaron extensas &aacute;reas de bosque para establecer all&iacute; ganados y cultivos. De nuevo anota el autor que al igual que en la &eacute;poca colonial “las pol&iacute;ticas de colonizaci&oacute;n persegu&iacute;an el ejercicio de la soberan&iacute;a en los territorios extremos o desconectados del sur del pa&iacute;s y ampliar la frontera agr&iacute;cola, sin considerar el uso racional de los recursos” (p. 83).</p>     <p>A comienzos de la rep&uacute;blica la explotaci&oacute;n de alerce continu&oacute;. Por otro lado, se produjo una mayor destrucci&oacute;n de los bosques a causa del impulso del cultivo de trigo, el que dio inicio a procesos locales de erosi&oacute;n o desertificaci&oacute;n en algunas zonas (p. 89). Como factores adicionales a la destrucci&oacute;n se sumaron la extracci&oacute;n de otras especies tales como el cipr&eacute;s, ampliamente empleado en la construcci&oacute;n de viviendas, o la corteza del lingue, empleada en la industria del cuero y cuya madera se desperdiciaba (p. 93).</p>     <p>Durante la segunda colonizaci&oacute;n y la cat&aacute;strofe de los recursos naturales (1880-1940) tuvo lugar la llamada “pacificaci&oacute;n de la Araucania”, que nuevamente impuls&oacute; la ocupaci&oacute;n de los bosques. Sin embargo, los colonos que se establecieron all&iacute; no contaban con una infraestructura adecuada de v&iacute;as, mercados y asistencia t&eacute;cnica, por lo que se vieron obligados a quemar el bosque para asentarse y aprovechar la madera como recurso (p. 98). Paralelamente y como iniciativa gubernamental, desde 1862 se inici&oacute; la construcci&oacute;n de un ferrocarril hacia el sur. Su construcci&oacute;n implic&oacute; no s&oacute;lo el despeje del &aacute;rea de bosque por donde la l&iacute;nea f&eacute;rrea corr&iacute;a, sino tambi&eacute;n la tala para fabricar con madera los durmientes de la l&iacute;nea. Cerca de 1.700 durmientes se emplearon por kil&oacute;metro de v&iacute;a (p. 100). En un lapso de 40 años el ferrocarril hab&iacute;a llegado a las principales ciudades del sur. Este hecho aument&oacute; el crecimiento urbano, la actividad agropecuaria y, por supuesto, una mayor demanda de madera para la construcci&oacute;n de viviendas y la elaboraci&oacute;n de postes o polines para la instalaci&oacute;n de redes el&eacute;ctricas y telegr&aacute;ficas (p. 101). En este periodo la destrucci&oacute;n de los bosques estuvo acompañada de la introducci&oacute;n de los aserraderos a vapor o “locom&oacute;viles”. El primero de &eacute;stos lleg&oacute; en 1890 y hacia 1912 eran ya 200 (p. 115).</p>     <p>El ferrocarril fue un elemento que posibilit&oacute; el avance hacia zonas m&aacute;s distantes de explotaci&oacute;n de los bosques. Este aspecto ha sido estudiado en otras zonas, tales como el nororiente de Norteam&eacute;rica. En esta regi&oacute;n el tren propici&oacute; el aumento de la productividad en cuanto a la explotaci&oacute;n maderera, pues modific&oacute; el tiempo y la estructura de la mano de obra. La estaci&oacute;n de tala o corte se extendi&oacute; m&aacute;s tiempo, y hab&iacute;a menos individuos dedicados al transporte de la madera extra&iacute;da. Por el contrario, se dispon&iacute;a de m&aacute;s personal para la tala<a name="s6" href="#p6"><sup>6</sup></a>. Es probable que se haya producido un efecto similar en Chile, los que desde luego merecen una mayor indagaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El incendio de los bosques fue el mecanismo m&aacute;s utilizado por los colonos para su establecimiento. Hacia mediados del siglo XX los incendios se estimaron en 50.000 hect&aacute;reas. Sin embargo, la presencia de los colonos obedeci&oacute; tambi&eacute;n a iniciativas pol&iacute;ticas para la defensa de la soberan&iacute;a. Una vez superadas las disputas entre Argentina y Chile con intervenci&oacute;n de la corona inglesa en 1902, el Estado chileno alent&oacute; la colonizaci&oacute;n en el sector de Ays&eacute;n en 1928 con la repatriaci&oacute;n de los chilenos y sus rebaños. Estos nuevos colonos hab&iacute;an sido desplazados hacia la Patagonia transandina, pues la ley de colonizaci&oacute;n de 1874 privilegi&oacute; la presencia de familias europeas (pp. 106-107). Otros renglones productivos, tales como la industria sider&uacute;rgica asentada tambi&eacute;n en el sur y cuyo funcionamiento depend&iacute;a de la leña, llevaron al Estado a entregar una concesi&oacute;n de 80.000 hect&aacute;reas de bosques nativos en la costa de Valdivia para extraer madera.</p>     <p>Los bosques fueron sustituidos por &aacute;reas de cultivo o pastos para ganado. Por otro lado, la deforestaci&oacute;n tuvo tambi&eacute;n un impacto fuerte sobre los r&iacute;os B&iacute;o B&iacute;o, Imperial, Calle Calle, los que antes de la presencia colonizadora eran navegables en la mayor&iacute;a de su curso, pero que dejaron de serlo debido a la sedimentaci&oacute;n (p. 127). Adicionalmente, la enorme destrucci&oacute;n de los bosques afect&oacute; las especies de fauna nativa y llev&oacute; varias de ellas a la extinci&oacute;n.</p>     <p>El auge de las plantaciones y el surgimiento de una visi&oacute;n conservacionista (1940-1980) mostraron un cambio en la estrategia de explotaci&oacute;n maderera mediante el denominado “foreo”. Éste consist&iacute;a en la extracci&oacute;n selectiva de los mejores individuos y especies, lo que produjo una mayor destrucci&oacute;n de los bosques, pues dejo en pie “las especies de menor valor y los ejemplares de peor calidad” (p. 142). El proceso de urbanizaci&oacute;n en Chile y los esfuerzos iniciales en los años sesenta por generar plantaciones, as&iacute; como la modernizaci&oacute;n alcanzada para entonces con la generaci&oacute;n de energ&iacute;a hidroel&eacute;ctrica redujeron en alg&uacute;n grado el impacto sobre los bosques. Pese a que desde 1845 la pol&iacute;tica de colonizaci&oacute;n afectaba los bosques, varias disposiciones posteriores siguieron la misma tendencia en los años 1874, 1928 y 1931. Esta &uacute;ltima norma llamada la Ley de bosques penalizaba el uso del fuego y restring&iacute;a el corte de bosques cercanos a los cursos de agua. El sector de los bosques s&oacute;lo adquiri&oacute; estatus institucional hacia 1957 cuando se cre&oacute; el Departamento Forestal en el Ministerio de Agricultura. Algunos años antes se hab&iacute;a creado el Programa de Ingenier&iacute;a Forestal en la Universidad de Chile en 1952 y en la Universidad Austral en 1954. En 1967 una nueva norma impuls&oacute; la creaci&oacute;n de parques y reservas y en 1971 otra disposici&oacute;n prohibi&oacute; la comercializaci&oacute;n internacional de araucaria y alerce, a la vez que se constituy&oacute; la Corporaci&oacute;n Nacional Forestal, CONAF. Finalmente en 1974 la Ley de Fomento Forestal impuls&oacute; la forestaci&oacute;n con especies ex&oacute;ticas.</p>     <p>Los efectos sobre el ambiente y en particular de la apropiaci&oacute;n de los recursos naturales “depende de las caracter&iacute;sticas mismas del recurso en cuesti&oacute;n, de las t&eacute;cnicas de extracci&oacute;n, de los procesos sociales relacionados y de la duraci&oacute;n del ciclo extractivo”<a name="s7" href="#p7"><sup>7</sup></a>. Sin lugar a dudas y pese a los elementos discutibles aqu&iacute; señalados, el libro es un claro refejo de c&oacute;mo cada vez m&aacute;s los profesionales de otras disciplinas en apariencia muy t&eacute;cnicas ven la indagaci&oacute;n social como indispensable para la compresi&oacute;n de las realidades que les interesan. El mundo de los bosques y su historia no es un asunto puramente bi&oacute;tico. El componente antr&oacute;pico es vital para su comprensi&oacute;n y contin&uacute;a siendo un tema no resuelto. En efecto, como lo anota el autor la discusi&oacute;n hoy gira en torno a dos posturas: las ideas preservacionistas y las propuestas de sustituci&oacute;n de bosques nativos por plantaciones (p. 149).</p>     <p>Vale destacar la alta calidad de la edici&oacute;n de este texto y la belleza del material gr&aacute;fico que se incluy&oacute;. Ambas revelan un esfuerzo adicional por hacer m&aacute;s comprensivo el contenido del trabajo. Sin duda, esta investigaci&oacute;n se complementa con fuentes primarias o documentos de archivo -el trabajo no las aborda- y el trabajo directo con descendientes de viejos colonos, dueños o empleados de aserraderos y empresas de explotaci&oacute;n. Tal perspectiva enriquece enormemente el trabajo. Considero que la propuesta cronol&oacute;gica que se formul&oacute; hubiera podido cartografarse colocando sobre un mapa actual trazos que delimitaran la temporalidad de los periodos<a name="s8" href="#p8"><sup>8</sup></a>. Los anexos tambi&eacute;n son un material de gran valor. El anexo 1 incluye una cronolog&iacute;a de la historia de los bosques chilenos, en tanto que los restantes anexos contienen series sobre diversos aspectos cuya temporalidad se circunscribe al siglo XX. Entre tales aspectos es importante mencionar los que se referen a la madera aserrada, la erosi&oacute;n, la importaci&oacute;n y la exportaci&oacute;n, la urbanizaci&oacute;n, la superficie de los bosques y las &aacute;reas protegidas entre otros.</p> <hr size="1">     <p><a name="p1" href="#s1">1</a>. Jos&eacute; Bengoa, <i>Historia</i><i> </i><i>del</i><i> </i><i>pueblo mapuche. Siglo XIX y XX, </i>Biblioteca del Bicentenario, Libro 7 (Santiago: Lom Eds. 6ª ed., 2000), 27.</p>     <p><a name="p2" href="#s2">2</a>. Fernando Oper&eacute; señala que “los t&eacute;rminos araucano, Araucania y cultura araucana tienen m&aacute;s significado si se aplican a los abor&iacute;genes chilenos actuales que a los naturales con los que se encontraron los españoles en el siglo XVI. Estos compon&iacute;an tribus dispersas entre s&iacute; pero que compart&iacute;an ciertas afinidades culturales, entre ellas la lengua. Para los españoles las diferencias eran m&aacute;s militares que &eacute;tnicas. El gentilicio che (gente) y la localizaci&oacute;n de los distintos grupos, permite distinguir los pucunches (gentes del norte) y huillliches (gente del sur), todos ellos dentro del grupo mapuche o araucano; este segundo t&eacute;rmino dado y usado por los españoles”. Fernando Oper&eacute;, <i>Historias de la frontera: el cautiverio en la Am&eacute;rica hisp&aacute;nica </i>(M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2001), 67.</p>     <p><a name="p3" href="#s3">3</a>. Un buen ejemplo sobre la importancia de los estudios de polen para la reconstrucci&oacute;n ambiental del pasado puede leerse en Warwick Bray, “¿A d&oacute;nde han ido los bosques? El hombre y el medio ambiente en la Colombia prehisp&aacute;nica”, <i>Bolet&iacute;n Museo del Oro </i>30 (1991): 43-65.</p>     <p><a name="p4" href="#s4">4</a>. Elinor G. K. Melvilla, <i>Plaga</i><i> </i><i>de</i><i> </i><i>ovejas. Consecuencias ambientales de la Conquista de M&eacute;xico </i>(M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1999), 105.</p>     <p><a name="p5" href="#s5">5</a>. Pablo A. Palacios, “Vulnerabilidad de las poblaciones naturales de especies maderables de la Amazonia colombiana. <i>Brosimum Rubescens </i>(palo sangre)”, en <i>Control social y coordinaci&oacute;n: un camino hacia la sostenibilidad amaz&oacute;nica. Caso maderas del Trapecio amaz&oacute;nico. </i>(s.l.: Corpoamazonia - Parques Nacionales - Defensor&iacute;a del Pueblo - Universidad Nacional de Colombia, sede Leticia, s.f.), 189-200. El estudio citado nos da un buen ejemplo de esta circunstancia en la Amazon&iacute;a, donde una especie como el llamado ‘palo de sangre’, intensamente usado hoy en la talla, tiene una distribuci&oacute;n particular. Se encuentra mayormente en las terrazas de desborde del r&iacute;o Amazonas, que adicionalmente es de lento crecimiento, capaz de prosperar s&oacute;lo en el bosque maduro y umbrofla es decir incapaz de desarrollar individuos en bosque secundarios o bosques clareados. La presencia en particular de esta especie parece ocurrir bajo el &aacute;rbol parental, donde se concentran las pl&aacute;ntulas que compiten y son susceptibles al consumo de herb&iacute;voros y pat&oacute;genos. Este rasgo, sin embargo, permitir&iacute;a manipular las pl&aacute;ntulas y as&iacute; mejorar su posibilidad de supervivencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="p6" href="#s6">6</a>. Graeme Wynn, “Hacia una historia ambiental de los bosques de pino de la Norteam&eacute;rica nororiental (1700-1900)”, 125-140. <i>Estudios sobre historia y ambiente en Am&eacute;rica. Norteam&eacute;rica, Sudam&eacute;rica y el Pac&iacute;fico. </i>Vol. II., comps. Bernardo Garc&iacute;a Mart&iacute;nez y Mar&iacute;a del Rosario Prieto (M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico - Instituto Panamericano de Geograf&iacute;a e Historia, 2002), 134-136.</p>     <p><a name="p7" href="#s7">7</a>. Claudia Leal y Eduardo Restrepo, <i>Unos bosques sembrados de aserr&iacute;os. Historia de la extracci&oacute;n maderera en el Pac&iacute;fico colombiano </i>(Medell&iacute;n: ICANH - Universidad Nacional de Colombia, sede Medell&iacute;n - Editorial Universidad de Antioquia, 2003), 35.</p>     <p><a name="p8" href="#s8">8</a>. Claudia Leal y Eduardo Restrepo, <i>Unos bosques sembrados, </i>43 y 67. Ofrecen en dos mapas los bosques del pac&iacute;fico y la industria maderera, ejes y &aacute;reas de infuencia. Todos aquellos, ejemplos concretos de esta posibilidad cartogr&aacute;fica.</p> </font>      ]]></body>
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