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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UNA MERCANCÍA IRRESISTIBLE: EL CINE NORTEAMERICANO Y SU IMPACTO EN CHILE, 1910-1930]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This work analyzes the irruption of American cinema in Chile during the 1910s and 1920s with regard to its role in the formation of a market empire. Hollywood cinema became an irresistible commodity that all Chileans valued irregardless of their social position. Its social and cultural impact was enormous and turned the United States into a new paradigm of modernity. The consumption of movies, fashions, and manufactured products from the United States was regarded as a way to participate in this "American-style" modernity. This reinforced the market imperialism that the United States was forging during those decades.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b> UNA MERCANC&Iacute;A IRRESISTIBLE. EL CINE NORTEAMERICANO Y SU IMPACTO EN CHILE,  1910-1930*</b></font></p>     <p> <b>Fernando Purcell    <br> </b>Historiador del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de  Chile y doctor en Historia de la Universidad de California, Davis, Estados  Unidos. Sus intereses investigativos se han centrado &uacute;ltimamente en las  relaciones entre los Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina en el &aacute;mbito cultural  durante el siglo XX. Con anterioridad trabaj&oacute; temas migratorios en los Estados  Unidos desde una perspectiva transnacional. Motivado por el esfuerzo de  internacionalizar las miradas historiogr&aacute;ficas en Chile, ha editado un libro  junto a Alfredo Riquelme, titulado <i>Ampliando Miradas: Chile y su historia en  un tiempo global. </i>Este trabajo pronto ser&aacute; publicado por el Instituto de  Historia de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile.  <a  href="mailto:fpurcell@uc.cl"> fpurcell@uc.cl</a></p>     <p>*  Este art&iacute;culo es resultado de la investigaci&oacute;n financiada en Chile por el  proyecto Fondecyt Regular de Iniciaci&oacute;n N. 11060303.</p> <hr size="1">     <p> <b>RESUMEN</b></p>     <p> En este trabajo se analiza la irrupci&oacute;n del cine norteamericano en Chile en las  d&eacute;cadas de 1910 y 1920, desde la perspectiva de su papel en la conformaci&oacute;n de  un imperio del mercado. El cine hollywoodense se transform&oacute; en una mercanc&iacute;a  irresistible, que lleg&oacute; a ser valorada por la sociedad chilena sin mayores  distinciones sociales. Esto gener&oacute; un enorme impacto social y cultural que situ&oacute;  a los Estados Unidos como un nuevo referente de modernidad &quot;estilo  norteamericano&quot;. &eacute;ste se concibi&oacute; como alcanzable a trav&eacute;s del consumo del cine,  estilos y manufacturas norteamericanas, lo que reforz&oacute; el imperialismo del  mercado que Estados Unidos forjaba en el mundo en aquellas d&eacute;cadas.</p>     <p><b> PALABRAS CLAVE    <br> </b><i> Cine, imperialismo del mercado, cultura de masas, modernidad, Chile.</i></p> <hr size="1">     <p align="center"><font size="3"><b>AN IRRESISTIBLE COMMODITY: AMERICAN CINEMA AND ITS IMPACT IN CHILE, 1910-1930</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p> This work analyzes the irruption of American cinema in Chile during the 1910s  and 1920s with regard to its role in the formation of a market empire. Hollywood  cinema became an irresistible commodity that all Chileans valued irregardless of  their social position. Its social and cultural impact was enormous and turned  the United States into a new paradigm of modernity. The consumption of movies,  fashions, and manufactured products from the United States was regarded as a way  to participate in this &quot;American-style&quot; modernity. This reinforced the market  imperialism that the United States was forging during those decades.</p>     <p><b> KEY WORDS    <br> </b><i> Cinema, Market Imperialism, Mass Culture, Modernity, Chile</i></p>     <p> Art&iacute;culo recibido: 15 de enero de 2009; Aprobado: 20 de Abril de 2009;  modificado: 5 de mayo de 2009.</p> <hr size="1">     <p><b> INTRODUCCION </b></p>     <p> Existen pocas mercanc&iacute;as que hayan generado un impacto tan profundo en la  historia reciente de la humanidad como las pel&iacute;culas de cine. Aunque contenidas  en delgadas tiras de celuloide y constre&ntilde;idas al espacio de peque&ntilde;os recipientes  met&aacute;licos, las pel&iacute;culas se constituyeron desde su aparici&oacute;n en valiosos  productos de una industria cultural que influy&oacute; notoriamente en lo social,  cultural y econ&oacute;mico a partir de su comercializaci&oacute;n y distribuci&oacute;n a lo largo  del mundo.</p>     <p> Estados Unidos se constituy&oacute; tempranamente en el principal productor de <i>films </i>en el orbe, logrando una posici&oacute;n hegem&oacute;nica en el mercado cinematogr&aacute;fico a  partir de la Primera Guerra Mundial. La comercializaci&oacute;n del cine y sus  m&uacute;ltiples efectos contribuyeron de modo determinante a la expansi&oacute;n y posterior  consolidaci&oacute;n del singular poder imperial norteamericano de comienzos del siglo  veinte, sustentado m&aacute;s bien en la atracci&oacute;n y el consumo que en la coerci&oacute;n y la  colonizaci&oacute;n<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>.</p>     <p> El &eacute;xito del cine de Hollywood se explica tanto por su sensibilidad con los  intereses de las audiencias de los distintos mercados mundiales, como por el  decisivo papel en la construcci&oacute;n de gustos y formas de consumo estandarizados,  tanto de pel&iacute;culas como de productos publicitados en ellas. De hecho, el cine  hollywoodense ayud&oacute; a posicionar tempranamente numerosos productos gracias a la  promoci&oacute;n indirecta. Ejemplos de lo anterior son la pel&iacute;cula <i>The Girl and Her  Trust </i>de 1912, dirigida por D. W. Grifth, en la que aparece Dorothy Bernard  bebiendo de una botella de Coca Cola, y la constante aparici&oacute;n de autom&oacute;viles,  electrodom&eacute;sticos, m&aacute;quinas de escribir, ventiladores y distintos admin&iacute;culos en  las pel&iacute;culas norteamericanas.</p>     <p> En las siguientes p&aacute;ginas se analizar&aacute; el papel del cine hollywoodense en la  conformaci&oacute;n del peculiar imperialismo norteamericano, tomando como ejemplo el  impacto que &eacute;ste ocasion&oacute; en Chile<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup> en las d&eacute;cadas de 1910 y 1920,  cuando la sociedad chilena comenzaba a consolidar su propia cultura de masas.  Esto permitir&aacute; valorar la relevancia del cine en el proceso de construcci&oacute;n  imperial de los Estados Unidos en las primeras d&eacute;cadas del siglo veinte, as&iacute;  como entender las motivaciones y las formas de participaci&oacute;n de los chilenos en  dicho proceso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>     <br> <b> 1. Imperio del mercado</b></p>     <p> Debido a la posici&oacute;n que pas&oacute; a ocupar Estados Unidos dentro del orden mundial  tras el fin de la Guerra Fr&iacute;a, han proliferado una serie de estudios sobre el  imperialismo norteamericano en Am&eacute;rica Latina y el mundo desde inicios de la  d&eacute;cada de 1990. Los trabajos cubren desde lo militar hasta lo cultural, e  incluyen an&aacute;lisis monogr&aacute;ficos, comparativos y transnacionales que dan cuenta  del imperialismo de los Estados Unidos en sus variadas expresiones y formas<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>.  Para el objeto y per&iacute;odo de an&aacute;lisis que interesan en esta propuesta, considero  importante precisar que Estados Unidos se caracteriz&oacute; por ejercer lo que ha sido  definido como un imperialismo informal, en donde prevalecieron estrategias  hegem&oacute;nicas no coercitivas con la existencia de m&uacute;ltiples discursos, mediadores  y agentes involucrados, quienes lejos de concentrar sus esfuerzos en limitadas  intervenciones militares, econ&oacute;micas y diplom&aacute;ticas, manifestaron y potenciaron  sus intereses imperiales hegem&oacute;nicos a trav&eacute;s de variadas formas y expresiones  culturales como el cine<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>.</p>     <p> El imperialismo informal se caracteriz&oacute;, como ha indicado Mark Crinson, por el  esfuerzo de establecer un dominio en donde primaran la integraci&oacute;n econ&oacute;mica y  el libre mercado, los que deb&iacute;an ser conseguidos idealmente por medios pac&iacute;fcos<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>.  La caracterizaci&oacute;n de Crinson est&aacute; en la l&iacute;nea de lo expresado por Victoria de  Grazia, quien en su trabajo <i>Irresistible Empire </i>analiza para Europa el  desarrollo de lo que ha denominado &quot;imperio del mercado&quot; norteamericano. &eacute;ste  habr&iacute;a permitido la &quot;emergencia de un gran imperio con la impronta de un gran  emporio&quot;. Se habr&iacute;a distinguido desde sus inicios por la ausencia de fronteras y  la existencia de &quot;ambiciones insaciables en el mercado global de parte de las  principales corporaciones&quot;, que habr&iacute;an incorporado vastos territorios como  zonas de ventas con la ayuda de agencias gubernamentales, acu&ntilde;ando marcas  reconocidas por todo el mundo, cuyos productos habr&iacute;an estado en &quot;&iacute;ntima  familiaridad con el estilo de vida americano que engendraron en todo el mundo&quot;<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>.  Ese imperialismo del mercado, tal como es descrito por Victoria de Grazia, es  distinguible en el Chile de las d&eacute;cadas de 1910 y 1920, como podremos ver m&aacute;s  adelante.</p>     <p> A lo anterior habr&iacute;a que sumar que el imperialismo informal fue construido  gracias a una verdadera &quot;maquinaria que diseminaba variados argumentos y razones  de dominio&quot;, gracias a la labor de agentes p&uacute;blicos y privados que utilizaron  herramientas culturales como el cine para diseminar aquellas representaciones  que mostraban a un Estados Unidos esencialmente moderno y hegem&oacute;nico<sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup>.  En parte gracias a esas representaciones que se proyectaron en decenas de salas  chilenas se fue construyendo el &eacute;xito imperial norteamericano apoyado en la  &quot;producci&oacute;n de im&aacute;genes visuales y verbales de mundos y culturas for&aacute;neas, que  hicieron parecer como normal e inevitable la compra por parte de extranjeros, de  productos elaborados en Estados Unidos&quot;<sup><a name="s8" href="#8">8</a></sup>.</p>     <p> Es necesario precisar que las manifestaciones de la actitud imperial comercial  de los Estados Unidos no implicaron la imposici&oacute;n forzada de las mercanc&iacute;as que  se consum&iacute;an. En cambio, lo que se dio fueron relaciones como las descritas por  Mary Louise Pratt, quien en sus estudios poscoloniales ha identificado la  existencia de &quot;zonas de contacto&quot;, en donde hay relaciones que, si bien son  asim&eacute;tricas, no est&aacute;n marcadas por la separaci&oacute;n sino por la interacci&oacute;n, los  espacios de negociaci&oacute;n, pr&eacute;stamos e intercambios en materia cultural<sup><a name="s9" href="#9">9</a></sup>.  Esto difiere profundamente de la aproximaci&oacute;n al entendimiento del imperialismo  cultural norteamericano a comienzos de los a&ntilde;os setenta cuando Ariel Dorfman y  Armand Mattelart, al considerar las relaciones culturales entre Estados Unidos y  Chile a partir de <i>c&oacute;mics </i>de Disney, plantearon que a trav&eacute;s de un proceso  de &quot;inversi&oacute;n&quot; los lectores infantiles aceptaban el capitalismo sin reparos, as&iacute;  como el orden social y cultural promovido por dicho modelo econ&oacute;mico, y  participaban en su propia colonizaci&oacute;n. El an&aacute;lisis dicot&oacute;mico de Dorfman y  Mattelart, tal como apunta Charles Berquist, no permite explicar el &eacute;xito de  ventas y popularidad de los <i>c&oacute;mics </i>de Disney<sup><a name="s10" href="#10">10</a></sup>. Una  aproximaci&oacute;n como esa tampoco nos ayudar&iacute;a hoy a comprender la enorme  popularidad de los westerns de Tom Dix y los dramas de Mary Pickford en las  primeras d&eacute;cadas del siglo veinte, por lo que se hace necesario estudiar  aquellos elementos y contextos que hicieron del cine de los Estados Unidos algo  irresistible en Chile. Sin embargo, es necesario profundizar tambi&eacute;n en aquellos  mecanismos utilizados para consolidar la hegemon&iacute;a del cine hollywoodense.</p>     <p> Aqu&iacute; es donde la construcci&oacute;n de un aparataje comercial de escala global con  sensibilidades hacia los mercados for&aacute;neos cobra importancia, especialmente en  un mundo en el que las principales firmas y corporaciones de los Estados Unidos  estaban especialmente preocupadas por la persuasi&oacute;n, participando junto a  sic&oacute;logos, economistas, pol&iacute;ticos y bur&oacute;cratas en el desarrollo de t&eacute;cnicas  modernas de venta a las que se le asign&oacute; un car&aacute;cter cient&iacute;fico propio de una  sociedad en expansi&oacute;n, que ve&iacute;a en pa&iacute;ses simples &quot;territorios de venta&quot; y en  ciudadanos a &quot;potenciales consumidores&quot;<sup><a name="s11" href="#11">11</a></sup>.</p>     <p> Pero el &eacute;xito del imperialismo del mercado de los Estados Unidos no s&oacute;lo estuvo  en la habilidad comercial de conocer las sensibilidades de sus consumidores a lo  largo del mundo, sino fundamentalmente en la capacidad de forjar cambios en  aquellos consumidores, quienes poco a poco fueron &quot;norteamericanizando&quot; sus  gustos, los que alcanzaron un alto grado de sinton&iacute;a con los de Estados Unidos.  Esto no fue producto de las circunstancias ni menos del azar hist&oacute;rico, sino de  esfuerzos promocionados, entre otras personas, por uno de los presidentes de los  Estados Unidos del periodo en estudio.</p>     <p> Woodrow Wilson, al hablar el 10 de julio de 1916 durante el primer <i>World&#39;s  Salemanship Congress </i>que hab&iacute;a congregado en Detroit a m&aacute;s de 3.000  vendedores, directores y ejecutivos, incluyendo al mism&iacute;simo Henry Ford, hab&iacute;a  se&ntilde;alado que la &quot;democracia de los negocios&quot; era la que deb&iacute;a triunfar una vez  que se superasen los efectos de la guerra en curso. Para conseguirlo se&ntilde;al&oacute; que  hab&iacute;an dos opciones: la de forzar la adopci&oacute;n de los gustos propios de aquellos  pa&iacute;ses manufactureros en los mercados a los que se acced&iacute;a, o la de &quot;estudiar  los gustos y necesidades de los pa&iacute;ses en donde se buscaba abrir mercados de  modo de adaptar los bienes propios a esos gustos y necesidades&quot;. Para Wilson el  camino que deb&iacute;a seguir Estados Unidos era el segundo, por ser el &uacute;nico que  permitir&iacute;a romper con lo que para &eacute;l constitu&iacute;a el principal obst&aacute;culo para el  entendimiento mundial: &quot;&#91;L&#93;a barrera de los gustos&quot;. S&oacute;lo derribando dicha  muralla Estados Unidos podr&iacute;a desarrollar lo que Wilson describi&oacute; como una  &quot;conquista pac&iacute;fica del mundo&quot;<sup><a name="s12" href="#12">12</a></sup>.</p>     <p> M&aacute;s all&aacute; de las intenciones declaradas de Woodrow Wilson, lo cierto es que  gracias a mercanc&iacute;as irresistibles como el cine, Estados Unidos logr&oacute; tambi&eacute;n  modificar muchos de los gustos internacionales, contribuyendo a la  norteame-ricanizaci&oacute;n de ciertos h&aacute;bitos de consumo y estilos de vida de  millones de personas fuera de los Estados Unidos. En dicho proceso el cine fue  un tipo de mercanc&iacute;a muy especial, que adem&aacute;s de generar redes comerciales,  posibilit&oacute; el consumo de miles de otras manufacturas que eran referidas o  visualizadas en las mismas pel&iacute;culas. Esto llev&oacute; a un miembro del <i>Bureau of  Foreign and Domestic Commerce </i>de Estados Unidos a reconocer varios a&ntilde;os m&aacute;s  tarde el trascendental papel del cine en la promoci&oacute;n del comercio  norteamericano, al destacar que</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &quot;los mercados extranjeros no son importantes para los productores de Estados  Unidos s&oacute;lo por la cantidad de dinero que se gana e ingresa a este pa&iacute;s. Tambi&eacute;n  est&aacute; el importante factor de la influencia que los films tienen, en t&eacute;rminos de  familiarizar al p&uacute;blico extranjero con el estilo de vida, estimulando de paso el  deseo de poseer prendas, muebles, utensilios e innovaciones cient&iacute;ficas que  aparecen en los films&quot;<sup><a name="s13" href="#13">13</a></sup>.</p>     <p> Se entiende mejor dicha influencia si se agrega que muy temprano las salas  chilenas daban espacio a formas impl&iacute;citas de publicidad, como ocurri&oacute; en  Valpara&iacute;so en 1924 cuando se exhibi&oacute; en el Teatro Col&oacute;n la pel&iacute;cula <i>Historia  de un Autom&oacute;vil, </i>producida nada menos que por el Departamento del Comercio  de los Estados Unidos con miras a potenciar la exportaci&oacute;n de veh&iacute;culos  norteamericanos<sup><a name="s14" href="#14">14</a></sup>. En la medida que la asistencia al cine en aquellos  a&ntilde;os supon&iacute;a normalmente la exhibici&oacute;n de varios <i>films </i>sucesivos, a  diferencia de lo que acontece hoy d&iacute;a, no era extra&ntilde;o que se intercalaran  pel&iacute;culas de ficci&oacute;n con documentales u otras cintas de car&aacute;cter publicitario.  Las salas de cine tambi&eacute;n fueron espacio para otras formas de publicidad, como  la proyecci&oacute;n de las denominadas <i>motion picture slides </i>o diapositivas,  que eran mostradas en pantalla antes del inicio de las pel&iacute;culas con mensajes  publicitarios de diversa &iacute;ndole<sup><a name="s15" href="#15">15</a></sup>. Todo esto permiti&oacute; aumentar el  consumo de productos que aparec&iacute;an en las pel&iacute;culas asociados a las estrellas  favoritas, lo que ayud&oacute; de paso a consolidar la hegemon&iacute;a del imperio del  mercado de los Estados Unidos.</p>     <p>     <br> <b> 2. Irrumpe Hollywood</b></p>     <p> Mientras Woodrow Wilson llamaba en 1916 a la &quot;conquista pac&iacute;fica del mundo&quot; a  trav&eacute;s del comercio y los negocios, la industria f&iacute;lmica comenzaba a hacer lo  propio como parte de ese desaf&iacute;o. Debido a la expansi&oacute;n del comercio mundial del  cine, el Departamento de Comercio de Estados Unidos ya hab&iacute;a comenzado a guardar  registros de la exportaci&oacute;n de pel&iacute;culas en 1912, pero fue 1916 el a&ntilde;o crucial  en que el Departamento de Estado comenz&oacute; a solicitar al creciente n&uacute;mero de  consulados instalados en todo el mundo, el env&iacute;o regular de informes que  describieran la situaci&oacute;n y posibilidades de expansi&oacute;n del mercado  cinematogr&aacute;fico. Los reportes deb&iacute;an incluir datos relativos al n&uacute;mero de salas  en cada zona, las capacidades de p&uacute;blico de los teatros, el tipo de equipos de  proyecci&oacute;n, el valor de los <i>tickets </i>y los nombres de los distribuidores,  entre otros aspectos de inter&eacute;s comercial<sup><a name="s16" href="#16">16</a></sup>.</p>     <p> Es as&iacute; como en el consulado de Estados Unidos de Valpara&iacute;so (el m&aacute;s importante  de Chile por entonces debido a que su distrito inclu&iacute;a Santiago, donde estaba la  Embajada) se prepar&oacute; el primer informe que fue enviado en febrero de 1917 por el  C&oacute;nsul Leo J. Keena. &eacute;ste mencionaba la existencia de 32 salas en Santiago  (aunque pr&aacute;cticamente todas eran de teatro y no hab&iacute;an sido construidas  espec&iacute;ficamente para cine) y nueve en Valpara&iacute;so, agregando datos sobre los  gustos al escribir que &quot;las pel&iacute;culas que se prefieren son las que tratan de  intrigas de sociedad y representan la alta sociedad. Los dramas policiales han  pasado un poco de moda al igual que las pel&iacute;culas de cowboys. Los films de  aventura en un gran n&uacute;mero de lugares son populares al igual que las comedias al  estilo de Chaplin&quot;. De acuerdo a la informaci&oacute;n recogida, las pel&iacute;culas tardaban  seis meses en ser exhibidas en la totalidad de los teatros o &quot;bi&oacute;grafos&quot; de  Chile, producto del desfase de los estrenos entre aquellas salas principales  localizadas en las grandes ciudades y las de barrios o ciudades menores. Tambi&eacute;n  se informaba de las dificultades con el tipo de idioma utilizado en los carteles  del cine mudo, explicando que &quot;cierta cr&iacute;tica ha aparecido en relaci&oacute;n al  espa&ntilde;ol usado en las pel&iacute;culas que puede estar correcto en t&eacute;rminos  gramaticales, pero no coloquiales. Cada pa&iacute;s de Sudam&eacute;rica tiene su propia  idiosincrasia expresada en el lenguaje por lo que las risas disimuladas son  frecuentes cada vez que el p&uacute;blico considera que el espa&ntilde;ol es un tanto  extra&ntilde;o&quot;. Los numerosos detalles del informe daban la idea de una industria en  expansi&oacute;n y v&iacute;vida, agregando una interesante afirmaci&oacute;n: &quot;A pesar de que la  importaci&oacute;n en ning&uacute;n caso est&aacute; limitada s&oacute;lo a pel&iacute;culas de los Estados Unidos,  son las de este pa&iacute;s las preponderantes en n&uacute;mero y calidad&quot;<sup><a name="s17" href="#17">17</a></sup>.</p>     <p> Llama la atenci&oacute;n que s&oacute;lo dos a&ntilde;os antes del informe referido, la popularidad  del cine norteamericano en Chile era baja y el mismo C&oacute;nsul General de  Valpara&iacute;so, Leo J. Keena, se mostraba absolutamente pesimista sobre las  posibilidades de &eacute;xito de la industria f&iacute;lmica norteamericana en el pa&iacute;s. En una  carta enviada a los representantes de William Sigg Films, Keena afrm&oacute; en 1915  que &quot;este pa&iacute;s fue recientemente cubierto por el representante de una firma de  venta y arriendo de films de los Estados Unidos quien me inform&oacute; que nunca hab&iacute;a  visto un lugar donde hubiera tan poco inter&eacute;s por las pel&iacute;culas&quot;<sup><a name="s18" href="#18">18</a></sup>.  Convencido de la evaluaci&oacute;n recibida Keena, expres&oacute; lo mismo un mes m&aacute;s tarde a  los representantes de otra firma de ese pa&iacute;s, a quienes les escribi&oacute; que Chile  era un mercado pobre para el cine de los Estados Unidos porque las pel&iacute;culas  nuevas de ese pa&iacute;s resultaban muy caras para el mercado chileno<sup><a name="s19" href="#19">19</a></sup>.  &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a ocurrido en relaci&oacute;n a la presencia y popularidad del cine  hollywoodense en Chile en aquellos dos a&ntilde;os? La revista Cine Gaceta lo explicaba  en febrero de 1918: </p>     <p> &quot;durante mucho tiempo las pel&iacute;culas norte-americanas estuvieron desterradas de  nuestros programas. El p&uacute;blico no quer&iacute;a verlas y no podemos negar que ten&iacute;a  raz&oacute;n. En los tiempos en que Path&eacute; presentaba &#39;Los Miserables&#39; y la Cines &#39;Quo  Vadis&#39;, parece que la cinematograf&iacute;a yankee estaba todav&iacute;a en pa&ntilde;ales o los  exportadores separaban solamente &#39;clavos&#39; para los &#39;nativos&#39; sudamericanos. Hoy  las cosas han cambiado. La guerra ha sido, como en todo orden de actividades, el  mejor auxiliar de los norte-americanos. Restringida en gran parte la producci&oacute;n  europea en los comienzos del conflicto, reducidos y dificultados los embarques  desde Italia y Francia, las casas alquiladoras tuvieron que acudir forzosamente  al mercado europeo &#91;sic&#93;. Fue la revelaci&oacute;n. El p&uacute;blico se dio cuenta poco a  poco de que tambi&eacute;n hab&iacute;a pel&iacute;culas yankees buenas. Se abrieron nuevos  horizontes al cinema&quot;<sup><a name="s20" href="#20">20</a></sup>.</p>     <p> Hasta antes de la Primera Guerra Mundial el cine de los Estados Unidos ten&iacute;a una  presencia considerable s&oacute;lo en Gran Breta&ntilde;a y Alemania en el mercado  internacional<sup><a name="s21" href="#21">21</a></sup>. La guerra hab&iacute;a causado un da&ntilde;o enorme al cine  europeo, haciendo realidad la profec&iacute;a de la revista <i>Variety </i>de Estados  Unidos (la m&aacute;s influyente por aquellos a&ntilde;os en temas de cine y espect&aacute;culos), en  la que en octubre de 1914 se afirm&oacute; que el futuro de la industria en Estados  Unidos era &quot;brillante&quot; debido a que la guerra implicar&iacute;a la &quot;pr&aacute;ctica  eliminaci&oacute;n de las producciones extranjeras como factor de amenaza para la  industria f&iacute;lmica de Estados Unidos&quot;<sup><a name="s22" href="#22">22</a></sup>. Ya en 1917 el influyente <i> Christian Science Monitor </i>anunciaba con j&uacute;bilo en un titular que,</p>     <p> &quot;todo el mundo ve a los Estados Unidos en pantalla&quot;, explicando que para el caso  de Sudam&eacute;rica las exportaciones hab&iacute;an aumentado desde 811.259 pies de pel&iacute;culas  en 1913 a 2.638.328 pies en 1916<sup><a name="s23" href="#23">23</a></sup>. El cambio hab&iacute;a sido profundo, al  punto que el cine de Hollywood hab&iacute;a comenzado tambi&eacute;n a dominar en salas  europeas. Tan s&oacute;lo Paramount ten&iacute;a 100 oficinas operando en el mundo en 1924,  las que distribu&iacute;an pel&iacute;culas en 70 pa&iacute;ses y pose&iacute;an teatros propios en Londres,  Par&iacute;s, Barcelona y Estocolmo<sup><a name="s24" href="#24">24</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El cambio era evidente, y en lugares como Chile bastaba ver las carteleras para  percibir la irrupci&oacute;n del cine hollywoodense. Sin embargo, hab&iacute;a quienes a pesar  de todo auguraban una recuperaci&oacute;n del cine europeo tras el fin de la guerra,  como defendi&oacute; alguien en la revista <i>La Pel&iacute;cula </i>en junio de 1919, en la  que se expres&oacute; que no hab&iacute;a </p>     <p> &quot;ning&uacute;n motivo para que Europa deje de producir pel&iacute;culas en cantidad  suficiente. En lo que respecta a calidad, los productores europeos no tardar&aacute;n  en asimilar las provechosas lecciones que los Americanos les han ense&ntilde;ado  durante los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Tres meses les ser&aacute;n suficientes para producir  el primer lote de pel&iacute;culas y tres meses m&aacute;s para distribuirlas por todo el  mundo. En Julio, 1919, los productos ingleses, franceses, italianos y  escandinavos constituir&aacute;n de nuevo, un factor de gran peso en la Industria&quot;<sup><a name="s25" href="#25">25</a></sup>.</p>     <p> Los hechos dijeron otra cosa, y raz&oacute;n tuvieron los pragm&aacute;ticos cr&iacute;ticos de la  revista <i>El Film </i>de Valdivia, donde se public&oacute; tres meses m&aacute;s tarde que  &quot;es ya un hecho que nadie discute, que la pel&iacute;culas de f&aacute;brica americana han  excluido del mercado a todas las de otras manufacturas; si no las ha excluido  completamente todav&iacute;a, falta muy poco&quot;<sup><a name="s26" href="#26">26</a></sup>. Esta realidad hab&iacute;a  motivado la ir&oacute;nica publicaci&oacute;n de la &quot;Oraci&oacute;n por ellos&quot;, que dedicada, &quot;a  todos los opinantes que defienden al cine europeo&quot;, comenzaba de la siguiente  forma: &quot;Son las cenizas que por el carb&oacute;n no quemado, que a&uacute;n tienen en s&iacute;, no  los mueve el viento y los lleva al &eacute;ter. Son el resto est&eacute;ril de la fecundidad.  Todo produce, todo procrea, pero llega un tiempo en que todo se acaba. Por eso  ¡oh Dios!... te ruego por ellos. Por ellos que son los aletazos de salmodia de  una agon&iacute;a. Ellos que siendo lo que fueron, quieren serlo otra vez. Ellos que  son el pasado, que son lo muerto, que son lo que jam&aacute;s revive&quot;<sup><a name="s27" href="#27">27</a></sup>.</p>     <p>     <br> <b> 3. Industria y censura</b></p>     <p> Si bien la Primera Guerra Mundial fue crucial para el posiciona-miento  hollywoodense a nivel mundial, &eacute;ste no habr&iacute;a sido posible sin la  complementaci&oacute;n y trabajo mancomunado de los grandes productores y  distribuidores de <i>films, </i>quienes r&aacute;pidamente vislumbraron que para la  explotaci&oacute;n del cine en todo el mundo deb&iacute;an confrontar el desaf&iacute;o de satisfacer  las necesidades y cuidar las sensibilidades de audiencias sumamente diversas en  lo cultural. Para esto hab&iacute;a que comenzar por la organizaci&oacute;n de las compa&ntilde;&iacute;as  productoras y distribuidoras en los Estados Unidos. La creaci&oacute;n del conglomerado  cinematogr&aacute;fico de la <i>Motion Picture Patents Company </i>en 1908 hab&iacute;a  permitido optimizar las cadenas de distribuci&oacute;n, dando origen a lo que a  mediados de la d&eacute;cada de 1910 ser&iacute;a conocido ampliamente como Hollywood. En 1916  ya se hab&iacute;a formado la <i>National Association of the Motion Picture Industry  (NAMPI) </i>con productores, distribuidores y algunos exhibido-res, quienes se  congregaron, entre otras cosas, para combatir las demandas de censura del  p&uacute;blico por escenas de sexo, alcohol y juego, pero por sobre todo para velar por  el &eacute;xito de una industria que estaba apostando por la conquista del mundo. Sin  embargo, <i>NAMPI </i>no logr&oacute; tener mucho control sobre sus asociados, por lo  que fue reemplazada en 1922 por la <i>Motion Picture Producers and Distributors  Association (MPPDA) </i>que, a diferencia de las organizaciones anteriores,  aglutin&oacute; disciplinadamente al bloque de grandes compa&ntilde;&iacute;as bajo la coordinaci&oacute;n  de quien lleg&oacute; a ser conocido como el &quot;Zar&quot; del cine norteamericano, Will H.  Hays<sup><a name="s28" href="#28">28</a></sup>.</p>     <p> La principal misi&oacute;n de Hays consisti&oacute; en expandir el comercio del cine  hollywoodense en Estados Unidos y el mundo. Por lo mismo, resultaba esencial  evitar cualquier tipo de conflicto que abriera una puerta al reposicionamiento  de las industrias europeas. Las necesidades a nivel internacional apuntaban a  encantar al p&uacute;blico evitando herir sensibilidades que produjeran reacciones  anti-norteamericanas. Para conseguir estos fines, la <i>MPPDA </i>con la ayuda  del Departamento de Estado comenz&oacute; a solicitar informes sobre los c&oacute;digos de  censura en cada pa&iacute;s del mundo, de modo de evitar lo acontecido en 1922, cuando  hubo una reacci&oacute;n furiosa del p&uacute;blico y las autoridades pol&iacute;ticas mexicanas ante  pel&iacute;culas como <i>Moran of the Lady Betty, </i>por dar una idea lastimosa de ese  pa&iacute;s, y <i>Husband&#39;s Trade Mark, </i>en la que la protagonista Lois Miller,  interpretada por la famosa estrella Gloria Swanson, era atacada por un grupo de  bandidos mexicanos quienes quer&iacute;an violarla. La respuesta del presidente de  M&eacute;xico, &aacute;lvaro Obreg&oacute;n, hab&iacute;a sido decidida y llev&oacute; a la censura temporal de  todas las pel&iacute;culas de las compa&ntilde;&iacute;as involucradas en la producci&oacute;n de esos <i> films</i><sup><a name="s29" href="#29">29</a></sup>. Debido a la creciente importancia del mercado  latinoamericano, los grandes empresarios f&iacute;lmicos norteamericanos empezaron a  tomar nota de la situaci&oacute;n y optaron entonces por evitar ese tipo de situaciones  para mantener el lucrativo negocio<sup><a name="s30" href="#30">30</a></sup>.</p>     <p> La <i>MPPDA </i>estableci&oacute; un Comit&eacute; de Relaciones Exteriores, cuya misi&oacute;n fue  mantener un contacto permanente con agentes ubicados en todos los mercados del  mundo. Este organismo inici&oacute; eficientemente la recolecci&oacute;n de los informes de  censura de todo el mundo, por lo que ya a mediados de la d&eacute;cada de 1920 se sab&iacute;a  en Hollywood por ejemplo, que en Colombia se censuraban las escenas inmorales  que exaltaban el crimen y la violencia, aquellas que ridiculizaban autoridades  p&uacute;blicas y la religi&oacute;n Cat&oacute;lica, as&iacute; como el uso de palabras contrarias a las  costumbres del pa&iacute;s<sup><a name="s31" href="#31">31</a></sup>. La <i>MPPDA </i>contaba en 1925 con la versi&oacute;n  original en castellano y la traducci&oacute;n del primer reglamento chileno de censura  cinematogr&aacute;fica que indicaba en su art&iacute;culo 3: &quot;Proh&iacute;bese la internaci&oacute;n y  exhibici&oacute;n de pel&iacute;culas cinematogr&aacute;ficas contrarias a la moral, a las buenas  costumbres y a la seguridad y tranquilidad del Estado&quot;<sup><a name="s32" href="#32">32</a></sup>. De este  modo la <i>MPPDA </i>se transform&oacute; en una instituci&oacute;n mediadora entre las  presiones de los distintos mercados (nacionales e internacionales) y los  procesos de producci&oacute;n de pel&iacute;culas en Hollywood. El apoyo de los consulados y  del Departamento de Estado para recabar este tipo de informaci&oacute;n fue crucial  para que la industria cinematogr&aacute;fica de los Estados Unidos pudiera contar con  elementos de juicio, con el fin de evitar la censura y el consecuente da&ntilde;o al  lucrativo negocio de las pel&iacute;culas. La misi&oacute;n era que las pel&iacute;culas mantuvieran  su apariencia seductora y no se transformaran en mercanc&iacute;as &quot;resistibles&quot;.</p>     <p> Pese a los cuidados siempre hubo problemas en casos puntuales, pero &eacute;stos  claramente disminuyeron. En l&iacute;neas generales no se censuraron muchas pel&iacute;culas  en Chile en el per&iacute;odo en estudio, y cuando hubo censura esto fue normalmente  por posturas sobre la moralidad, en que las opiniones tendieron a estar  divididas. En la censura se expres&oacute; la resistencia a ciertos aspectos de la  influencia norteamericana. Las mayores cr&iacute;ticas provinieron de los sectores  conservadores de la sociedad, que ve&iacute;an en el cine hollywoodense una avanzada de  las representaciones de un estilo de vida moderno que consideraban atentatorio  contra las tradiciones. Eso explica la censura de pel&iacute;culas como <i>Para maridos  solamente </i>de 1919, aunque la censura en dicha ocasi&oacute;n, que por entonces era  arbitrio de las autoridades municipales, s&oacute;lo alcanzara a Santiago y no a  Valpara&iacute;so<sup><a name="s33" href="#33">33</a></sup>. Mayor revuelo hab&iacute;a causado un a&ntilde;o antes la pel&iacute;cula <i> Amores de Broadway </i>que, de acuerdo con Lucila Azagra, hab&iacute;a sido  &quot;secuestrada&quot; por el juez del crimen Rondanelli de Santiago, quien impidi&oacute; su  estreno por un a&ntilde;o. A&ntilde;ad&iacute;a en un art&iacute;culo que, &quot;con el criterio del se&ntilde;or juez  ser&iacute;a necesario destruir el noventa por ciento de las pel&iacute;culas, de los dramas,  de las &oacute;peras, de las novelas y de las obras escult&oacute;ricas y pict&oacute;ricas&quot;<sup><a name="s34" href="#34">34</a></sup>.</p>     <p> Lo que gener&oacute; algo m&aacute;s de revuelo, especialmente a nivel diplom&aacute;tico, fueron las  representaciones despectivas de Chile y Sudam&eacute;rica. Al intervenir en una comida  especial de la <i>Associated Motion Picture Advertisers </i>en 1927, el  embajador de Chile en los Estados Unidos, Miguel Cruchaga Tocornal, denost&oacute; la  producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica hollywoodense, se&ntilde;alando que &quot;la imaginaci&oacute;n en la  producci&oacute;n de pel&iacute;culas ha arropado a los hombres de otros pa&iacute;ses americanos con  una vestidura mental y material que s&oacute;lo corresponde a la de una comedia musical  disparatada&quot;. Lo que molestaba al embajador eran los estereotipos creados por  Hollywood, que hab&iacute;an caricaturizado a los latinoamericanos como cantantes de  serenatas y villanos. A cambio, Cruchaga Tocornal hizo un llamado para la  utilizaci&oacute;n del cine como un &quot;veh&iacute;culo art&iacute;stico de la comprensi&oacute;n  internacional&quot; que diera cuenta de la realidad<sup><a name="s35" href="#35">35</a></sup>. Las declaraciones  del embajador chileno tampoco quedaron exentas de pol&eacute;mica, porque Mim&iacute; Hübner  Richardson le respondi&oacute; en un art&iacute;culo de la revista <i>Hollywood, </i> defendiendo la idea del cine como un &quot;veh&iacute;culo art&iacute;stico de la imaginaci&oacute;n&quot;, por  lo que aplaudi&oacute; el &quot;Hollywoodismo que nos pinta como una tierra ex&oacute;tica y  ardiente, de grandes pasiones y grandes odios, con balcones foridos, claveles,  mantones, bailes vocingleros, rosas de emoci&oacute;n, gitanos, navajas, panderetas,  guitarras y caireles&quot;, neg&aacute;ndose a que el realismo cinematogr&aacute;fico reemplazara  todo lo ex&oacute;tico y pintoresco por &quot;bancos, rascacielos, dancings, tennis-courts,  autos, motos, aviones y espigones de atraques; es decir, realidad&quot;<sup><a name="s36" href="#36">36</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> A la <i>MPPDA </i>no s&oacute;lo le preocupaba la situaci&oacute;n de las pel&iacute;culas  norteamericanas exhibidas en el mundo, sino la de extranjeras que pudieran ir en  contra de sus intereses. El 9 de octubre de 1926, Frank Kellogg del Departamento  de Estado notificaba en forma &quot;confidencial&quot; al C&oacute;nsul de Valpara&iacute;so y a los  diplom&aacute;ticos de toda Am&eacute;rica Latina de la pr&oacute;xima exhibici&oacute;n en Colombia de la  pel&iacute;cula <i>The Dawn of Justice, </i>luego de haber sido informado al respecto  por parte de F. L. Herron de la <i>MPPDA. </i>La idea de Kellogg era que los  diplom&aacute;ticos norteamericanos tratasen de &quot;sugerir&quot; a las autoridades de sus  respectivas ciudades y pa&iacute;ses que la cinta no se exhibiera, a modo de evitar la  propagaci&oacute;n del sentimiento anti-norteamericano en Am&eacute;rica Latina. La pel&iacute;cula  iba a ser presentada el 20 de julio en Bogot&aacute; y hab&iacute;a sido producida por la  Compa&ntilde;&iacute;a Cali Films. Comenzaba con un mapa de Colombia que inclu&iacute;a Panam&aacute;, el  que luego aparec&iacute;a separado e independiente. Luego se presentaba una fotograf&iacute;a  de Theodore Roosevelt se&ntilde;alando Panam&aacute; y diciendo &quot;Yo la tom&eacute;&quot;, y al T&iacute;o Sam,  quien era denunciado impl&iacute;citamente por el pago a elites locales paname&ntilde;as para  conseguir la independencia de Panam&aacute;<sup><a name="s37" href="#37">37</a></sup>.</p>     <p>     <br> <b> 4. Popularidad y modernidad</b></p>     <p> La popularidad del cine norteamericano requiri&oacute; de la existencia de una cultura  de masas como la que se ven&iacute;a forjando en Chile en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Otros  medios de entonces como las revistas ilustradas, la prensa y la publicidad de  masas pavimentaron la irrupci&oacute;n del cine al darle una enorme visibilidad, no  s&oacute;lo en las grandes ciudades sino en lugares rec&oacute;nditos como Punta Arenas y la  pampa salitrera, en donde el &eacute;xito del cine norteamericano, de acuerdo a los  informes consulares, se torn&oacute; evidente. Un claro ejemplo del desarrollo de la  cultura de masas asociada al cine lo constituye la aparici&oacute;n de al menos ocho  revistas dedicadas al cine en el pa&iacute;s s&oacute;lo entre 1915 y 1920<sup><a name="s38" href="#38">38</a></sup>, a las  que se sumaron secciones cinematogr&aacute;ficas en la prensa como la del peri&oacute;dico <i> Las &uacute;ltimas Noticias </i>de Santiago, que comenz&oacute; a circular en 1919. As&iacute; como  aumentaron los medios dedicados al cine lo hicieron las salas y el n&uacute;mero de  pel&iacute;culas exhibidas. Las carteleras fueron abultando el n&uacute;mero de t&iacute;tulos,  desatando una gran competencia entre las distintas empresas distribuidoras y  entre los due&ntilde;os de los teatros. A tal grado lleg&oacute; la competencia por p&uacute;blico,  que algunas revistas comenzaron a quejarse del tipo de publicidad abusiva que se  hac&iacute;a a algunas pel&iacute;culas de dudosa calidad. En un art&iacute;culo titulado &quot;Los abusos  de la r&eacute;clame cinematogr&aacute;fica&quot; de la revista <i>Mundo Teatral, </i>se denunciaba  en 1918 que</p>     <p> &quot;por inconcebible capricho, por llamarlo as&iacute;, las empresas cinematogr&aacute;ficas no  son del todo sinceras para hacer la r&eacute;clame de sus pel&iacute;culas y a todas las  presentan con los mismos retumbantes ep&iacute;tetos elogiosos. As&iacute; es como el p&uacute;blico  ha llegado a desconfiar de la propaganda cinematogr&aacute;fica, pues se ha llevado  buenos chascos asistiendo a la exhibici&oacute;n de vistas sin inter&eacute;s alguno  presentados como obras &#39;sensacionales&#39;, &#39;grandiosas&#39;, &#39;colosales&#39;,  &#39;monumentales&#39;, etc.&quot;<sup><a name="s39" href="#39">39</a></sup>.</p>     <p> Las explicaciones contempor&aacute;neas para la popularidad de las pel&iacute;culas &quot;yankees&quot;  eran sumamente variadas. <i>El Film </i>de Valdivia apuntaba que &quot;el fabricante  yanqui ha sido en esto un creador insuperado, y creemos insuperable! El  &quot;director&quot; americano ha roto todos los moldes latinos y los ha hecho nuevos y  novedosos. Ha desterrado la cursiler&iacute;a latina y la ha arrojado lejos, muy a la  distancia: nada de melosidades ni de almizcle, ni de dulzuras, ni de  romanticismos, ni de ataques hist&eacute;ricos&quot;<sup><a name="s40" href="#40">40</a></sup>.</p>     <p> Para <i>El Film </i>de Santiago la respuesta estaba en el tono educativo y  moralista de las pel&iacute;culas, porque</p>     <p> &quot;no hay nada, ni a&uacute;n las farsas de Chaplin, que no tengan su ligera pretensi&oacute;n  de ense&ntilde;anza. Esta provechosa c&aacute;tedra de moral, ha contribuido grandemente a  desarrollar el cinemat&oacute;grafo. Pues, a&uacute;n cuando huya por naturaleza del hombre,  de los sermones, se siente atra&iacute;do, cuando ellos van mezclados en una agradable  mixtura de bellezas y diversiones&quot;<sup><a name="s41" href="#41">41</a></sup>.</p>     <p> Otros no se dedicaban tanto a tratar de explicar la popularidad del cine  norteamericano, sino a encausarlo hacia el consumo de lo hollywoodense,  especialmente en relaci&oacute;n a los ni&ntilde;os, porque &quot;un padre o una madre  inteligentes, pueden sacar mucho partido del cinemat&oacute;grafo para la educaci&oacute;n de  sus hijos&quot;, como indicaba Lucila Azagra en <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica. </i>La  afirmaci&oacute;n buscaba resaltar que el ni&ntilde;o de &quot;car&aacute;cter d&eacute;bil, apocado, vergonzoso,  t&iacute;mido&quot; era &quot;un ser inepto para la vida moderna, que requiere entereza, energ&iacute;a,  presencia de esp&iacute;ritu, valor, audacia, iniciativa, car&aacute;cter&quot;. Todo esto pod&iacute;a  corregirse con el popular cinemat&oacute;grafo, y para eso se instaba a padres con  ni&ntilde;os de ese perfil a enviarlos</p>     <p> &quot;a ver constantemente todas las pel&iacute;culas de audacia, de fuerza, de valor. Las  cintas yankees de aventuras son para este objeto un precioso elemento de  educaci&oacute;n. El ejemplo de una mujer audaz como Mar&iacute;a Walcamp, har&aacute; m&aacute;s por el  car&aacute;cter del ni&ntilde;o que cien discursos. Despu&eacute;s de ver a Eddie Polo, a Perla  White, a Antonio Moreno, a Rob Stewart, a William Hart, a Jorge Walsh, a Charles  Hutchinson, el ni&ntilde;o se sentir&aacute; lleno de audacia y valor, se sentir&aacute; &#39;otro&#39;. Y  estas inyecciones de energ&iacute;a y de fuerza moral, repetidas d&iacute;a a d&iacute;a durante  a&ntilde;os, se canalizar&aacute;n en el cerebro del ni&ntilde;o y trasformar&aacute;n en gran parte, sino  por completo, su modo de ser&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Por el contrario, para los ni&ntilde;os &quot;atropelladores, truhanes, inescrupulosos,  irrespetuosos, sin delicadeza, sin compasi&oacute;n, ni&ntilde;os duros, ni&ntilde;os crueles, se  puede obtener un resultado an&aacute;logo. A &eacute;stos convendr&aacute; enviarlos a ver de  preferencia aquellas pel&iacute;culas de aventuras en que la caballerosidad, la  delicadeza y la nobleza de coraz&oacute;n imperan en el protagonista&quot;, y para eso no  hab&iacute;a nada mejor que William Hart, William Russel, William Farnum, Eddie Polo,  Jorge Walsh y Roy Stewart, quienes actuaban en pel&iacute;culas &quot;que convienen a los  ni&ntilde;os sin delicadeza y sin coraz&oacute;n&quot;<sup><a name="s42" href="#42">42</a></sup>.</p>     <p> Obviamente que las razones de la popularidad de las cintas norteamericanas y sus  actores no era algo f&aacute;cil de determinar, y por lo mismo a&uacute;n en 1929 la revista <i>Vida Teatral </i>se preguntaba sobre el tema contestando simplemente:  &quot;!Misterio! Nadie ha podido explicarlo todav&iacute;a&quot;, a&ntilde;adiendo que Chaplin se hab&iacute;a  hecho famoso por sus &quot;descomunales zapatos&quot;, Pola Negri por su &quot;fuerza emotiva&quot;  y Richard Dix por su &quot;car&aacute;cter de hombre nervio y coraz&oacute;n&quot;, pero que tal vez la  &quot;verdadera causa de la popularidad de un artista sea una cualidad en la que ni  el p&uacute;blico ni el artista han pensado, pero que atrae al uno y se imprime en cada  uno de los movimientos del otro, sin que ninguno de ellos lo noten&quot;<sup><a name="s43" href="#43">43</a></sup>.  Esa causa misteriosa que le daba un car&aacute;cter irresistible a las pel&iacute;culas de los  Estados Unidos estaba directamente vinculada a la &quot;modernidad&quot; que el cine  norteamericano encarnaba, gracias a su estilo, contenidos y perfeccionamiento  t&eacute;cnico. Esta modernidad era deseada, si es que no vivida, por gran parte de la  sociedad chilena de entonces que imitaba y amaba a sus estrellas. Tal como ha  se&ntilde;alado Stefan Rinke, las grandes actrices hollywoodenses de aquellos a&ntilde;os como  Mary Pickford eran el ejemplo de ideales de belleza y moda femenina sofisticados  y modernos, que incluso romp&iacute;an por completo con las &quot;normas tradicionales de la  decencia&quot;<sup><a name="s44" href="#44">44</a></sup>.</p>     <p> La industria hollywoodense fue capaz de explotar con &eacute;xito la imagen moderna,  generando un sistema de estrellas presente en salas, revistas, peri&oacute;dicos,  publicidad y envases de muchos productos<sup><a name="s45" href="#45">45</a></sup>. Este sistema y sus formas  de difusi&oacute;n pueden ser interpretados como parte constitutiva de lo que Ricardo  Salvatore ha denominado la maquinaria representacional imperial de los Estados  Unidos. Las estrellas, consciente o inconscientemente, se convirtieron en  enviadas del imperio del mercado de los Estados Unidos en el mundo, por lo que  tenemos que entender que el proyecto imperial estadounidense no depend&iacute;a  exclusivamente del gobierno de los Estados Unidos o de sus Departamentos de  Estado y Comercio. Las pel&iacute;culas se constituyeron en un veh&iacute;culo a trav&eacute;s del  cual se propagaron enunciados sobre un Estados Unidos &quot;imitable&quot; en su  modernidad a trav&eacute;s del consumo de sus mercanc&iacute;as, todo lo cual vino a reforzar  el imperialismo del mercado<sup><a name="s46" href="#46">46</a></sup>.</p>     <p> La sociedad chilena fue extremadamente receptiva con el cine de Hollywood y  tendi&oacute; a imitar a las grandes estrellas del cine, que no s&oacute;lo los acompa&ntilde;aban en  las salas, la prensa y las revistas, sino incluso en cajetillas de cigarro que  ofrec&iacute;an rostros de artistas de cine en tarjetas coleccionables. Se cita a  continuaci&oacute;n uno de los m&uacute;ltiples ejemplos que se pueden encontrar en las  revistas de la &eacute;poca y que reflejan el fen&oacute;meno de la imitaci&oacute;n de las estrellas  norteamericanas:</p>     <p> &quot;Es verdad. El Cine tiene su influencia. No hay m&aacute;s que dedicarse a observar a  los j&oacute;venes de hoy d&iacute;a: muchos hay que se dedican ahora a parodiar a Wallace  Reid, pein&aacute;ndose para atr&aacute;s con la lengua de un gato m&aacute;s o menos familiar; a  vestir con trajes llenos de cinturones y tableados, dignos de personas muy  contrarias a nuestro sexo; a fumar en cachimba para darle m&aacute;s energ&iacute;a a la cara,  aunque eso les cueste cincuenta y tres estornudos y sus correspondientes dolores  de garganta; algunos a adquirir un verdadero juego de cejas, de mover labios y  cerrar de ojos que causan asombro; otros han llegado al extremo de estudiar  poses y movimientos cinematogr&aacute;ficos y, por &uacute;ltimo, a amar peliculescamente  &#91;sic&#93; y fabricar un drama de cualquier tonter&iacute;a&quot;<sup><a name="s47" href="#47">47</a></sup>.</p>     <p><b>     <br> 5.</b> <b>Audiencia, impacto y sociedad</b></p>     <p> En noviembre de 1928 el agregado comercial de los Estados Unidos en Santiago  informaba del impacto del cine en la compra de manufacturas de los Estados  Unidos en Chile, gracias a que las pel&iacute;culas de ese pa&iacute;s &quot;representaban la  &uacute;ltima palabra&quot; en el dise&ntilde;o de casas, amoblados y cientos de productos. La  autoridad comercial norteamericana explicaba c&oacute;mo Santiago comenzaba a cambiar  el estilo &quot;anticuado de tipo espa&ntilde;ol&quot; de sus casas por los &uacute;ltimos dise&ntilde;os de  los Estados Unidos, agregando que &quot;sin exageraci&oacute;n, el 80 % de las nuevas  construcciones son de estilo norteamericano&quot;, a lo que agregaba las ba&ntilde;eras, los  roperos, cocinas y comedores que adher&iacute;an a los gustos est&eacute;ticos  norteamericanos. Mencionaba tambi&eacute;n que los chilenos consum&iacute;an autom&oacute;viles de  los Estados Unidos, siendo posible ver en las calles de Santiago &quot;finos autos  deportivos americanos conducidos por se&ntilde;oritas chilenas que llevan la &uacute;ltima  moda, lo que cinco a&ntilde;os atr&aacute;s hubiese sido imposible por considerarse poco digno  del protocolo femenino&quot;. La explicaci&oacute;n del agregado comercial estaba en que las  j&oacute;venes chilenas, al haberse acostumbrado a ver a lindas mujeres conduciendo en  las pel&iacute;culas, hab&iacute;an roto las viejas tradiciones en Chile. Culminaba el informe  apuntando que los chilenos estaban &quot;sobresaturados con la idea de modernizaci&oacute;n  por lo que cualquier cosa nueva que aparece en las pel&iacute;culas o es visto en los  peri&oacute;dicos o revistas, pronto aparece en Chile&quot;<sup><a name="s48" href="#48">48</a></sup>.</p>     <p> El cine hollywoodense fue tambi&eacute;n uno de los grandes responsables de la  aparici&oacute;n de modas revolucionarias para la &eacute;poca, que causaron m&aacute;s de una  pol&eacute;mica, como el pelo corto y el denominado &quot;flapperismo&quot; de j&oacute;venes mujeres  que adem&aacute;s de cortarse el pelo comenzaron a usar trajes cortos y a fumar, todo  lo cual escandaliz&oacute; a quienes buscaban mantener los ideales femeninos  tradicionales. Algunos suplementos de cine cobijaron este tipo de denuncias en  defensa del rol tradicional de la mujer en el hogar: &quot;faldas cortas, melenas,  rouge, shimmies, cigarrillos, desenvoltura, provocaci&oacute;n, alardes a de audacia y  de libertad, &iquest;pueden acaso contribuir a formar un hogar y a mantener su uni&oacute;n?&quot;<sup><a name="s49" href="#49">49</a></sup>.  A fines de la d&eacute;cada incluso se le dedicaron l&iacute;neas po&eacute;ticas a las &quot;flappers&quot;  pecadoras:</p>     <p> &quot;Desde Eva, la primera pecadora A la Flapper de fr&iacute;volos anhelos, La mujer  enga&ntilde;osa y seductora. Para Ad&aacute;n siempre ha sido tentadora Y la causa de todos  sus desvelos... Eva, con gesto inocente, Hip&oacute;crita y casquivana, Mientras oye a  la serpiente, Da vueltas a la manzana&quot;<sup><a name="s50" href="#50">50</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> L&oacute;gicamente que no hab&iacute;a opiniones &uacute;nicas al respecto, y por lo mismo <i>El Film </i>de Valdivia defend&iacute;a los cambios de la &quot;mujer moderna&quot; como positivos,  reconociendo que &quot;ha hecho m&aacute;s la film por independizar el esp&iacute;ritu de la mujer  que todos los otros factores de la educaci&oacute;n individual&quot;, destacando que &quot;las  mujeres de la pr&oacute;xima generaci&oacute;n ser&aacute;n desde todo punto de vista m&aacute;s  interesantes que las de la actual por el efecto estimulante que el cinemat&oacute;grafo  habr&aacute; ejercido en sus vidas&quot;<sup><a name="s51" href="#51">51</a></sup>.</p>     <p> Hollywood, que impact&oacute; especialmente en centros urbanos, tambi&eacute;n influy&oacute; en las  formas de sociabilidad y en los gustos por el baile y la m&uacute;sica, porque el cine  de aquellos a&ntilde;os nunca fue mudo de verdad. <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica </i> destacaba con cierta raz&oacute;n que, &quot;la mitad por lo menos del poder emocional de  una pel&iacute;cula deriva de la m&uacute;sica que la acompa&ntilde;a&quot;, a&ntilde;adiendo que &quot;la m&uacute;sica es  el alma del cinemat&oacute;grafo&quot;<sup><a name="s52" href="#52">52</a></sup>. En la mayor&iacute;a de los teatros, incluso  en los de barrio, sol&iacute;a haber m&uacute;sicos e incluso orquestas que popularizaban las  nuevas tendencias musicales de los Estados Unidos que ven&iacute;an aparejadas al cine.  A esto hay que agregar la creciente importancia de la radio como medio masivo de  difusi&oacute;n de nuevos estilos musicales como el jazz, fox trot, shimmy y charleston  de aquellos a&ntilde;os<sup><a name="s53" href="#53">53</a></sup>. Algunos de los bailes importados de Estados  Unidos fueron considerados extremadamente escandalosos como el shimmy o el  charleston, que eran de gusto de las &quot;flappers&quot; de pelo y vestidos cortos. El  shimmy era considerado un baile sensual y pecaminoso por algunos, pero su  popularidad estaba fuera de todo cuestionamiento porque se bailaba, &quot;a todas  horas, en todos los sitios y con cualquier pretexto se toca y se baila el  shimmy. En los cines, en los restaurants, en las filarm&oacute;nicas, las parejas  ejecutan el mismo contorneo perezoso y sensual&quot;<sup><a name="s54" href="#54">54</a></sup>. El charleston fue  descrito por la revista Zig-Zag como una &quot;epilepsia danzante&quot; y fue vilipendiado  sin dejar de lado comentarios racistas como el siguiente:</p>     <p> &quot;El mundo social est&aacute; otra vez convulsionado con un nuevo baile: el charleston.  Otra vez han cargado tambi&eacute;n con este pecado de origen los negros de  Yanquilandia. El charleston es una locura m&aacute;s para que se diviertan los blancos  en medio de su decadencia. Despu&eacute;s del shimmy y el jazz que cre&iacute;amos el <i>sumum </i>del desequilibrio actual, nos env&iacute;an ahora los negros de Carolina del Sur,  esta nueva epilepsia danzante&quot;<sup><a name="s55" href="#55">55</a></sup>.</p>     <p> Las cr&iacute;ticas tambi&eacute;n surgieron por las modas femeninas de la &eacute;poca, y es as&iacute;  como <i>El Diario Ilustrado </i>denunciaba en 1919 la moda norteamericana,  calific&aacute;ndola como una donde predominaban la exhibici&oacute;n y el desnudo, se&ntilde;alando  en tono ir&oacute;nico que luego de que las mujeres se cubrieran el rostro, &quot;que  importa que se vea lo dem&aacute;s&quot;<sup><a name="s56" href="#56">56</a></sup>. <i>El Industrial </i>de Antofagasta  se sumaba a las cr&iacute;ticas, diciendo que &quot;las ni&ntilde;as de hoy sienten una rendida  admiraci&oacute;n por la &quot;flapper&quot; norteamericana. Y tratan de imitarla lo m&aacute;s  fielmente posible&quot;, pase&aacute;ndose por la calle con las piernas desnudas<sup><a name="s57" href="#57">57</a></sup>.</p>      <p align=center><a name=f1><img src="img/revistas/rhc/n38/38a05f1.jpg"></a></p>     <p> Todas estas reacciones del mundo conservador chileno son el mejor ejemplo de la  cambiante sociedad chilena de los a&ntilde;os veinte, que justo en el momento de  consolidaci&oacute;n de la cultura moderna de masas tuvo al cine como principal  engranaje de la maquinaria representacional de la modernidad norteamericana. Si  bien es cierto que p&aacute;ginas de diarios y revistas tendieron a resaltar aquellos  aspectos que los sectores conservadores de la sociedad chilena consideraron  nocivos del cine hollywoodense, predominaron las impresiones silenciosas que  tendieron a validar y popularizar un cine que fue mucho m&aacute;s atractivo que  escandaloso para la gran mayor&iacute;a de los chilenos.</p>     <p> El cine norteamericano impact&oacute; al conjunto de la sociedad chilena en variados  aspectos adem&aacute;s de los mencionados, convirti&eacute;ndose en fuente de inspiraci&oacute;n para  tiras c&oacute;micas de la prensa e irrumpiendo en la literatura infantil y las  revistas femeninas de la &eacute;poca, y en la pol&iacute;tica algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Esto  fue posible debido a que el cine, como espect&aacute;culo de masas, fue esencialmente  democr&aacute;tico en el sentido de que se transform&oacute; en una forma de entretenci&oacute;n a la  que tuvo acceso el grueso de la poblaci&oacute;n, a diferencia de lo ocurrido con el  teatro durante gran parte del siglo diecinueve, que mantuvo el car&aacute;cter elitista  de su audiencia. C. Silva Vild&oacute;sola afirmaba con convicci&oacute;n en la revista  Hollywood en 1926 que &quot;el cine es igualitario, es barato, es f&aacute;cil. Es el arte  de nuestro tiempo. Es la propiedad del pueblo&quot;<sup><a name="s58" href="#58">58</a></sup>. Esto no implica que  el cine haya hecho desaparecer las diferencias de clase, sino muy por el  contrario, tendi&oacute; a reforzarlas como se detall&oacute; en un informe consular relativo  a las salas de Santiago en las que: &quot;es necesario hacer notar que no existen  teatros con un piso principal que contenga todos los asientos y con un costo  igual para todos los espectadores. Las distinciones de clase son demasiado  fuertes para ese tipo de organizaci&oacute;n de los espacios&quot;<sup><a name="s59" href="#59">59</a></sup>. El punto  est&aacute; en que si bien la existencia de plateas, balcones o lugares preferenciales  generaba una segregaci&oacute;n social en las salas, no negaba la posibilidad de que en  aposentadur&iacute;as m&aacute;s baratas o en cines de barrio la gente humilde tuviera la  posibilidad de ver las mismas pel&iacute;culas, aunque fuera semanas o meses despu&eacute;s de  los estrenos en las principales salas. A esto hay que agregar las exhibiciones  gratuitas que tanta indignaci&oacute;n causaron a empresarios cinematogr&aacute;ficos y que  aumentaron las posibilidades de que el conjunto de la sociedad chilena se viera  expuesta a la irresistible mercanc&iacute;a del cine norteamericano<sup><a name="s60" href="#60">60</a></sup>. Estas  exhibiciones gratuitas eran organizadas por municipios o instituciones de  beneficencia con fines educativos o de entretenci&oacute;n y sol&iacute;an realizarse en  espacios abiertos. Si bien nunca se presentaban estrenos, se daba la oportunidad  a las clases m&aacute;s pobres de ser parte del popular fen&oacute;meno del cine.</p>     <p> Para Lucila Azagra las distinciones sociales se expresaban tambi&eacute;n en los  gustos. De acuerdo a su opini&oacute;n el p&uacute;blico se divid&iacute;a entre quienes buscaban  ideas en el cine, quienes se motivaban por la pasi&oacute;n y quienes buscaban acci&oacute;n o  movimiento. En el grupo que buscaba ideas, que era &quot;el m&aacute;s dif&iacute;cil de dominar&quot;,  se encontraban intelectuales y &quot;en general todas las personas de gran cultura&quot;,  que se caracterizaban por asistir muy poco al cine. El grupo que buscaba la  pasi&oacute;n estaba compuesto principalmente por mujeres y era &quot;f&aacute;cil de contentar&quot;,  mientras que quienes buscaban la acci&oacute;n constitu&iacute;an la mayor&iacute;a, &quot;el grueso del  p&uacute;blico como se le llama&quot;, compuesto</p>     <p> &quot;por las gentes vulgares de todas las edades y condiciones, por los obreros, los  estudiantes, por los agricultores, por los comerciantes, por los empleados de  oficina, por los industriales, y en general, por todas aquellas personas de alta  o baja cuna que, por cualquier motivo, no han logrado intelectualizarse lo  bastante para figurar en el grupo de los privilegiados de la cultura&quot;<sup><a name="s61" href="#61">61</a></sup>.</p>     <p> La distinci&oacute;n de los p&uacute;blicos fue hecha por Azagra en 1918, cuando el cine  todav&iacute;a pugnaba con lo que las revistas de cine denominaron despectivamente como  &quot;el teatro chico&quot;, aquel espacio tradicional de la alta sociedad. Sin embargo,  la cultura de masas y la poderosa industria cultural del cine pronto seducir&iacute;an  al conjunto de la sociedad diluyendo las diferencias de gustos de acuerdo a  status social. El cine norteamericano, ya fuese de cowboys o dramas, se  transform&oacute; en un referente transversal en materia social, independientemente de  que el visionado de las pel&iacute;culas se hiciera desde sectores m&aacute;s o menos  acomodados de una misma sala. A fn de cuentas, Hollywood hab&iacute;a conquistado a  toda la sociedad chilena que hab&iacute;a ca&iacute;do &quot;como una mujer...alegremente en sus  brazos&quot;<sup><a name="s62" href="#62">62</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>     <br> CONCLUSION</b></p>     <p> Como hemos visto en las p&aacute;ginas anteriores, la propia sociedad chilena reconoc&iacute;a  en la d&eacute;cada de 1920 el impacto social y cultural del cine. Esto se prest&oacute; para  el humor de una revista que se mofaba al afirmar que, &quot;al paso que vamos, es  casi seguro que dir&aacute;n: el terrible temporal que azot&oacute; hace poco a Valpara&iacute;so ha  sido impulsado por el Cine&quot;<sup><a name="s63" href="#63">63</a></sup>. El hecho de que se culpara al cine de  muchos de los males de la sociedad que ten&iacute;an que ver, entre otras cosas, con la  desenfadada actitud de la mujer y los problemas causados por la &quot;modernidad&quot;  eran un reconocimiento t&aacute;cito de la presencia cotidiana del cine como referente  para todos y todas.</p>     <p> Carlos Ossand&oacute;n y Eduardo Santa Cruz han destacado que lo que hizo la industria  cultural a comienzos del siglo XX fue precisamente &quot;cotidianizar la modernidad,  es decir naturalizarla&quot;<sup><a name="s64" href="#64">64</a></sup>. Agregar&iacute;a que el consumo del cine y de los  estilos de vida y materialidad asociados a las grandes estrellas produjeron una  ilusi&oacute;n de alcance de un tipo de modernidad de &quot;estilo norteamericano&quot;. Tal como  ha explicado Arnold Bauer, el fen&oacute;meno de concebir objetos materiales como  elementos modernizadores no era nuevo, porque ya a lo largo del siglo diecinueve  se hab&iacute;a establecido dicha asociaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina<sup><a name="s65" href="#65">65</a></sup>. La novedad  de inicios del siglo veinte tuvo que ver con dos aspectos esenciales: primero,  con la masificaci&oacute;n que el cine le dio a la ilusi&oacute;n de modernidad a trav&eacute;s del  consumo tanto del cine como de otros objetos o mercanc&iacute;as norteamericanas; y  segundo, con la emergencia de los Estados Unidos como referente de modernidad en  tensi&oacute;n y competencia con los modelos europeos que hab&iacute;an predominado hasta  entonces en Chile.</p>     <p> Stefan Rinke ha afirmado que &quot;el cine se transform&oacute; en el medio m&aacute;s importante  de la cultura moderna de masas del Chile de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX&quot;<sup><a name="s66" href="#66">66</a></sup>.  Si agregamos que fue el cine norteamericano espec&iacute;ficamente el que domin&oacute; casi  por completo la industria cinematogr&aacute;fica desde fines de la d&eacute;cada de 1910,  podr&iacute;amos preguntarnos si es que acaso Chile consolid&oacute; una cultura de masas  &quot;norteamericanizada&quot; en la d&eacute;cada siguiente. La respuesta es que por esos a&ntilde;os  Chile transit&oacute; por primera vez en forma decidida y sistem&aacute;tica hacia la  valoraci&oacute;n de referentes sociales y culturales norteamericanos como nunca antes  en su historia. Independiente del enorme impacto de la radio, el cine tuvo mucho  que ver este proceso y as&iacute; se destac&oacute; en aquellos a&ntilde;os en Chile:</p>     <p> &quot;Se puede decir que las pel&iacute;culas norteamericanas son los m&aacute;s importantes  medios de propaganda de los ideales y costumbres de ese pa&iacute;s, y a&uacute;n de los  innumerables art&iacute;culos que los Estados Unidos producen. Este pa&iacute;s es conocido en  el mundo entero m&aacute;s que ning&uacute;n otro, debido, en no peque&ntilde;a parte, a que en &eacute;l  prospera la industria cinematogr&aacute;fica mejor organizada del mundo. Cada pel&iacute;cula,  por insignificante que sea, lleva la misi&oacute;n inconsciente de dar a conocer las  costumbres o ideales del pueblo donde se hace e incidentalmente ayuda a crear la  demanda por todo cuanto en ella aparece&quot;<sup><a name="s67" href="#67">67</a></sup>.</p>     <p> Al consumir el cine de los Estados Unidos y todo lo que hab&iacute;a detr&aacute;s de esta  mercanc&iacute;a irresistible (estilos de vida, peinados, actitudes, formas de  sociabilidad, m&uacute;sica y otros objetos de consumo), la sociedad chilena y  especialmente quienes viv&iacute;an en centros urbanos se sintieron m&aacute;s cerca de un  ideal de modernidad, que se consideraba alcanzable a trav&eacute;s de ese mismo consumo  y de la imitaci&oacute;n. De ese modo los chilenos participaron activamente de un  proceso globalizador que a partir del consumo los conect&oacute; con sistemas sociales,  pol&iacute;ticos y comerciales internacionales. En ese proceso los chilenos fueron  activos agentes en la construcci&oacute;n de formas de relaciones internacionales que  ayudaron al fortalecimiento del imperio comercial de los Estados Unidos. La  conquista pac&iacute;fica del mundo a la que hab&iacute;a llamado el presidente Woodrow Wilson  en 1916 hab&iacute;a funcionado en Chile, gracias a las caracter&iacute;sticas peculiares de  un imperio del mercado tremendamente seductor que hab&iacute;a irrumpido con fuerza en  una sociedad encandilada por la modernidad.</p>  <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a name="1" href="#s1">1</a></sup>.  No se pueden desconocer acciones imperiales coercitivas por parte de los Estados  Unidos en el per&iacute;odo, incluidas las numerosas intervenciones militares en  Am&eacute;rica Latina y el proyecto colonial de las islas Filipinas. Sin embargo, lo  que prim&oacute; en definitiva fue un proyecto con afanes hegem&oacute;nicos que no se  sustent&oacute; primordialmente en el colonialismo, como ocurri&oacute; en el caso europeo.</p>     <p><sup><a name="2" href="#s2">2</a></sup>.  La relevancia e impacto de la escaza producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica chilena en el  per&iacute;odo fue m&iacute;nima y el objeto de estudio del art&iacute;culo escapa al cine chileno,  por lo que ha quedado fuera del an&aacute;lisis. Importantes publicaciones y trabajos  sobre cine chileno han sido elaborados por Mario Godoy, Eliana Jara, Julio  L&oacute;pez, Jacqueline Mouesca, Hans Mülchi, Carlos Ossa y Alicia Vega, entre otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="3" href="#s3" >3</a></sup>.  Algunos de los trabajos m&aacute;s influyentes que incorporan aspectos culturales  relativos a Am&eacute;rica Latina son: Amy Kaplan y Donald E, Pease eds., <i>Cultures  of United States Imperialism </i>(Durham: Duke University Press, 1993); Gilbert  M. Joseph, Catherine C. Legrand y Ricardo D. Salvatore eds., <i>Close Encounters  of Empire. </i><i> Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations </i> (Durham-London: Duke University Press, 1998); Ricardo Salvatore, <i>Im&aacute;genes de  un imperio. Estados Unidos y las formas de representaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina </i> (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2006) y Fred Rosen ed., <i>Empire and  Dissent, The United States and Latin America </i>(Durham: Duke University Press,  2008).</p>     <p><sup><a name="4" href="#s4" >4</a></sup>.  Acerca de la participaci&oacute;n de diversos agentes en el proceso de construcci&oacute;n del  imperialismo norteamericano ver Ricardo Salvatore, &quot;The Enterprise of  Knowledge.  Representational Machines of Informal Empire&quot;, en <i>Close Encounters of Empire, </i>70-76.</p>     <p><sup><a name="5" href="#s5" >5</a></sup>.  Mark Crinson, <i>Empire Building: Orientalism and Victorian Architecture </i> (New York: Routledge, 1996), 2.</p>     <p><sup><a name="6" href="#s6" >6</a></sup>.  Victoria de Grazia, <i>Irresistible Empire. </i><i> America&#39;s Advance through 20th-Century Europe </i> (Cambridge: Harvard University Press, 2005), 3.  Todas las traducciones al castellano de las citas tomadas de fuentes originales  en ingl&eacute;s fueron realizadas por el autor.</p>     <p><sup><a name="7" href="#s7" >7</a></sup>.  Ricardo Salvatore, <i>Im&aacute;genes de un imperio, </i>19.</p>     <p><sup><a name="8" href="#s8" >8</a></sup>.  Mona Domosh, <i>American Commodities in an Age of Empire </i>(New York:  Routledge, 2006), 4.</p>     <p><sup><a name="9" href="#s9" >9</a></sup>.  Mary Louise Pratt, <i>Imperial Eyes. Travel Writing and Transculturation </i> (London-New York: Routledge, 1992), 6-7.</p>     <p><sup><a name="10" href="#s10" >10</a></sup>. Charles Bergquist, &quot;Releyendo El Pato Donald, El trabajo, la autoridad y la  moneda en los c&oacute;mics Disney&quot;, en <i>Naciones, gentes y territorios. Ensayos de  historia e historiograf&iacute;a comparada de Am&eacute;rica Latina y el Caribe, </i>eds.  V&iacute;ctor Manuel Uribe Ur&aacute;n y Luis Javier Ortiz Mesa (Medell&iacute;n: Editorial  Universidad de Antioquia, 2000), 212.</p>     <p><sup><a name="11" href="#s11" >11</a></sup>.  Walter A. Friedman, <i>Birth of a Salesman. The Transformation of Selling in  America </i>(Cambridge-London: Harvard University Press, 2004), 5.  Desde mediados de la d&eacute;cada de 1910 se publicaron en Estados Unidos varios  libros destinados a quienes quer&iacute;an emprender negocios en Am&eacute;rica Latina.  Ejemplos de t&iacute;tulos muy elocuentes son los siguientes: <i>Selling in Latin  America: A problem of International Salesmanship, The Future of South America y  Straight Business in South America. </i>&eacute;stos y otros libros de aquellos a&ntilde;os han sido estudiados por Ricardo Salvatore  en &quot;Panamericanismo pr&aacute;ctico. Acerca de la mec&aacute;nica de penetraci&oacute;n comercial  norteamericana&quot;, en <i>Culturas imperiales. Experiencia y representaci&oacute;n en  Am&eacute;rica, Asia y &aacute;frica, </i>comp. Ricardo Salvatore (Rosario: Beatriz Viterbo  Editora, 2005), 269-300.</p>     <p><sup><a name="12" href="#s12" >12</a></sup>.  Citado en Victoria de Grazia, <i>Irresistible Empire, </i>2-3.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="13" href="#s13" >13</a></sup>.  John E. Harley, <i>World-Wide Influences of the Cinema. A study of ofcial  censorship and the international cultural aspects of motion pictures </i>(Los  Angeles: The University of Southern California Press, 1940), 245.g</p>     <p><sup><a name="14" href="#s14" >14</a></sup>.  Carta de C. F. Deichman, C&oacute;nsul General de Estados Unidos en Valpara&iacute;so, a Ralph  Ackerman, agregado comercial, Valpara&iacute;so, 9 de mayo de 1924, en National  Archives, College Park EEUU (en adelante NACP), RG 84, Valpara&iacute;so, Chile  Consular Post, Vol. 160, 1924, s/f.</p>     <p><sup><a name="15" href="#s15" >15</a></sup>.  En las salas de Valpara&iacute;so de inicios de la d&eacute;cada de 1920 se manten&iacute;an en  exhibici&oacute;n por 15 d&iacute;as en Valpara&iacute;so y por un mes en Santiago, de modo que  fueran vistas por la totalidad del p&uacute;blico asistente a las salas de cine. Ver  reporte del ViceC&oacute;nsul de los Estados Unidos en Valpara&iacute;so Edwin H. Livingstone  al Departamento de Comercio titulado &quot;Advertising Mediums and Methods&quot;,  Valpara&iacute;so 23 de octubre de 1922, en NACP, RG 84, Valpara&iacute;so, Chile Consular  Post, Vol. 140, 1922, s/f.</p>     <p><sup><a name="16" href="#s16" >16</a></sup>.  Kerry Segrave, <i>American Films Abroad. Hoüywood&#39;s Domination of the World&#39;s  Movie Screens from the 1890s to the Present </i>(Jeferson: McFarland &amp; Company  Publishers, 1997), 9.</p>     <p><sup><a name="17" href="#s17" >17</a></sup>.  Reporte enviado por el C&oacute;nsul General de Estados Unidosen Valpara&iacute;so Leo J. Keena al Departamento de Estado, Valpara&iacute;so, 26 de febrero  de 1917, en NACP, RG 84, Valpara&iacute;so, Chile Consular Post, Vol. 103, 1917, s/f.</p>     <p><sup><a name="18" href="#s18" >18</a></sup>.  Carta del C&oacute;nsul General de Estados Unidos en Valpara&iacute;so Leo J. Keena a William  Sigg Films Inc., Valpara&iacute;so, 8 de junio de 1915, en NACP, RG 84, Valpara&iacute;so,  Chile Consular Post, Vol. 84, 1915, s/f.</p>     <p><sup><a name="19" href="#s19" >19</a></sup>.  Carta del C&oacute;nsul General de Estados Unidos en Valpara&iacute;so Leo J. Keena a The Exploitation &amp; Agency Co., Valpara&iacute;so, 27 de julio de 1915 en NACP, RG 84,  Valpara&iacute;so, Chile Consular Post, Vol. 84, 1915, s/f.</p>     <p><sup><a name="20" href="#s20" >20</a></sup>. <i>Cine Gaceta, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 11, segunda quincena de febrero de 1918.</p>     <p><sup><a name="21" href="#s21" >21</a></sup>.  Kerry Segrave, <i>American Films Abroad, </i>4.</p>     <p><sup><a name="22" href="#s22" >22</a></sup>. <i>Variety, </i>Nueva York, n&uacute;m. 36, 10 de octubre de 1914.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="23" href="#s23" >23</a></sup>. <i>Christian Science Monitor, </i>Boston, 17 de julio de 1917.</p>     <p><sup><a name="24" href="#s24" >24</a></sup>.  Kerry Segrave, <i>American Films Abroad, </i>28. Sobre el tema del  posicionamiento del cine norteamericano en Europa se puede revisar tambi&eacute;n: Ian  Jarvie, <i>Hollywood&#39;s Overseas Campaign: The North Atlantic Movie Trade,  1920-1950 </i>(Cambridge: Cambridge University Press, 1992) y Kristin Thompson, <i>Exporting Entertainment: America in the World Film Market 1907-1934 </i>(London: BFI, 1985).</p>     <p><sup><a name="25" href="#s25" >25</a></sup>. <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 12, 4 de junio de 1919.</p>     <p><sup><a name="26" href="#s26" >26</a></sup>. <i>El Film, </i>Valdivia, n&uacute;m. 2, 15 de septiembre de 1919.</p>     <p><sup><a name="27" href="#s27" >27</a></sup>. <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 23, 7 de febrero de 1920.</p>     <p><sup><a name="28" href="#s28" >28</a></sup>.  Kerry Segrave, <i>American Films Abroad, </i>8.</p>     <p><sup><a name="29" href="#s29" >29</a></sup>.  Aurelio de los Reyes, <i>Cine y sociedad en M&eacute;xico 1896-1930 </i>(Ciudad de  M&eacute;xico: Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas-Universidad Nacional Aut&oacute;noma de  M&eacute;xico, 1993), Vol. II, 185-189.</p>     <p><sup><a name="30" href="#s30" >30</a></sup>.  Ruth Vasey, <i>The World According to Hollywood 1918-1939 </i>(Madison:  University of Wisconsin Press, 1997), 19-20.</p>     <p><sup><a name="31" href="#s31" >31</a></sup>.  &quot;Censorship requirements Colombia&quot;, Motion Picture Producers and Distributors of  America Records, en Margaret Herrick Library, EEUU (en adelante MHL), Box 6,  File Censorship-Foreign, s/f.</p>     <p><sup><a name="32" href="#s32" >32</a></sup>.  &quot;Censorship requirements Chile&quot;, Motion Picture Producers and Distributors of  America Records, en MHL, Box 6, File Censorship-Foreign, s/f.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="33" href="#s33" >33</a></sup>. <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 11, 10 de mayo de 1919.</p>     <p><sup><a name="34" href="#s34" >34</a></sup>. <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i>Santiago, n&uacute;m. 9, 4 de julio de 1918.</p>     <p><sup><a name="35" href="#s35" >35</a></sup>. <i>New York Times, </i>Nueva York, 3 de abril de 1927.</p>     <p><sup><a name="36" href="#s36" >36</a></sup>. <i>Hollywood, </i>Santiago, n&uacute;m. 6, abril de 1927.</p>     <p><sup><a name="37" href="#s37" >37</a></sup>.  Carta de Frank Kellogg al cuerpo de diplom&aacute;ticos y agentes consulares en Am&eacute;rica  Latina, Washington 9 de octubre de 1926 en NACP, RG 84, Valpara&iacute;so, Chile  Consular Post, Vol. 181, 1926, s/f.</p>     <p><sup><a name="38" href="#s38" >38</a></sup>.  Carlos Ossand&oacute;n y Eduardo Santa Cruz, <i>El estallido de las formas. Chile en  los albores de la &quot;cultura de masas&quot; </i>(Santiago: Lom Ediciones-ARCIS, 2005),  215.</p>     <p><sup><a name="39" href="#s39" >39</a></sup>. <i>Mundo Teatral, </i>Santiago, n&uacute;m. 3, primera quincena de diciembre de 1918.  Similares cr&iacute;ticas fueron expresadas un a&ntilde;o m&aacute;s tarde en <i>El Film, </i> Valdivia, n&uacute;m. 8, 22 de septiembre de 1919.</p>     <p><sup><a name="40" href="#s40" >40</a></sup>. <i>El Film, </i>Valdivia, n&uacute;m. 3, 16 de septiembre de 1919.</p>     <p><sup><a name="41" href="#s41" >41</a></sup>. <i>El Film, </i>Santiago, n&uacute;m. 34, 4 de enero de 1919.</p>     <p><sup><a name="42" href="#s42" >42</a></sup>. <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i>Santiago, n&uacute;m. 101, 8 de abril de 1920.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="43" href="#s43" >43</a></sup>. <i>Vida Teatral, </i>Santiago, n&uacute;m. 87, 31 de marzo de 1929.</p>     <p><sup><a name="44" href="#s44" >44</a></sup>.  Stefan Rinke, <i>Cultura de masas: reforma y nacionalismo en Chile 1910-1931 </i> (Santiago: Centro de Investigaciones Barros Arana-Universidad Cat&oacute;lica de  Valpara&iacute;so-Katholische Universitat Eichstatt, 2002), 67.</p>     <p><sup><a name="45" href="#s45" >45</a></sup>.  En relaci&oacute;n al tema del cine y la modernidad en Am&eacute;rica Latina ver: Ana L&oacute;pez,  &quot;Early Cinema and Modernity in Latin America&quot;. <i>Cinema Journal </i>1 (Fall  2000): 48-78.</p>     <p><sup><a name="46" href="#s46" >46</a></sup>.  Ricardo Salvatore, &quot;The Enterprise of &quot;, 26.</p>     <p><sup><a name="47" href="#s47" >47</a></sup>. <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 16, 8 de septiembre 1919.</p>     <p><sup><a name="48" href="#s48" >48</a></sup>.  El informe preparado en Chile est&aacute; contenido en la carta de F.L. Herron a  William Hays, 2 de febrero de 1929, Motion Picture Producers and Distributors of  America Records, en MHL, General Correspondence Files, Roll 1, s/f.</p>     <p><sup><a name="49" href="#s49" >49</a></sup>. <i>Suplemento de Actualidades Heraldo, </i>Santiago, n&uacute;m. 13, 12 de junio de 1927.</p>     <p><sup><a name="50" href="#s50" >50</a></sup>. <i>Suplemento de Actualidades Heraldo, </i>Santiago, n&uacute;m. 5, 10 de abril de  1927.</p>     <p><sup><a name="51" href="#s51" >51</a></sup>. <i>El Film, </i>Valdivia, n&uacute;m. 20, 4 de octubre 1919.</p>     <p><sup><a name="52" href="#s52" >52</a></sup>. <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i>Santiago, n&uacute;m. 13, 1 de agosto 1918.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="53" href="#s53" >53</a></sup>.  Juan Pablo Gonz&aacute;lez y Claudio Rolle, Historia social de la m&uacute;sica popular en  Chile, 1890-1950 (Santiago: Ediciones Universidad Cat&oacute;lica de Chile, 2005), 539.</p>     <p><sup><a name="54" href="#s54" >54</a></sup>.  Las &uacute;ltimas Noticias, Santiago, 13 de marzo de 1922.</p>     <p><sup><a name="55" href="#s55" >55</a></sup>.  Zig-Zag, Santiago, 12 de junio de 1926.</p>     <p><sup><a name="56" href="#s56" >56</a></sup>.  El Diario Ilustrado, Santiago, 26 de diciembre de 1919.</p>     <p><sup><a name="57" href="#s57" >57</a></sup>.  El Industrial, Antofagasta, 7 de marzo de 1928.</p>     <p><sup><a name="58" href="#s58" >58</a></sup>. <i>Hollywood, </i>Santiago, n&uacute;m. 1, noviembre de 1926.</p>     <p><sup><a name="59" href="#s59" >59</a></sup>.  Reporte enviado por el C&oacute;nsul General de Estados Unidos en Valpara&iacute;so Leo J.  Keena al Departamento de Estado, Valpara&iacute;so, 26 de febrero de 1917, en NACP, RG  84, Valpara&iacute;so, Chile Consular Post, Vol. 103, 1917, s/f.</p>     <p><sup><a name="60" href="#s60" >60</a></sup>.  Sobre las exhibiciones gratuitas ver <i>Cine Gaceta, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 1, primera quincena de octubre de 1915 y <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i> Santiago, n&uacute;m. 4, 30 de mayo de 1918.</p>     <p><sup><a name="61" href="#s61" >61</a></sup>. <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i>Santiago, n&uacute;m. 2, 16 de mayo de 1918.</p>     <p><sup><a name="62" href="#s62" >62</a></sup>. <i>Las &uacute;ltimas Noticias, </i>Santiago, 22 de junio de 1926.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="63" href="#s63" >63</a></sup>. <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, n&uacute;m. 16, 8 de septiembre de 1919.</p>     <p><sup><a name="64" href="#s64" >64</a></sup>.  Carlos Ossand&oacute;n y Eduardo Santa Cruz, <i>El estallido de, </i>23.</p>     <p><sup><a name="65" href="#s65" >65</a></sup>.  Arnold J. Bauer, <i>Goods, Power, History. Latin America&#39;s Material Culture </i>(Cambridge: Cambridge University Press, 2001), 129-164.</p>     <p><sup><a name="66" href="#s66" >66</a></sup>. Stefan Rinke, <i>Cultura de masas, </i>76.</p>     <p><sup><a name="67">67</a></sup>. <i>Hollywood, </i>Santiago, n&uacute;m. 1, noviembre de 1926.</p> <hr size="1">     <p><b>     <br> BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <p><b> Fuentes Primarias </b></p>     <p><b> Archivos:</b></p>     <!-- ref --><p> Margaret Herrick Library (MHL), Los Angeles-Estados Unidos, Motion Picture  Producers and Distributors of America Records, Box 6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-1617200900020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> National  Archives (NACP), College Park-Estados Unidos, Valpara&iacute;so, Chile Consular  Post, 1915-1929.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-1617200900020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>   Publicaciones  peri&oacute;dicas:</b></p>     <!-- ref --><p><i> Christian Science Monitor, </i> Boston, 1917;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-1617200900020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Cine Gaceta, </i>Valpara&iacute;so, 1918;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-1617200900020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>El Diario Ilustrado, </i> Santiago, 1919;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-1617200900020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>El Film, </i>Santiago, 1919;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-1617200900020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>El Film, </i>Valdivia 1919;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-1617200900020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Hollywood, </i>Santiago, 1926-1927;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-1617200900020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>El Industrial, </i>Antofagasta, 1928;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-1617200900020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Mundo Teatral, </i>Santiago, 1918;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-1617200900020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>New York Times, </i>Nueva York, 1927;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-1617200900020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>La Pel&iacute;cula, </i>Valpara&iacute;so, 1919-1920;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-1617200900020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>La Semana Cinematogr&aacute;fica, </i> Santiago, 1918-1920;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-1617200900020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Suplemento de Actualidades El Heraldo, </i>Santiago,  1927;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-1617200900020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Las &uacute;ltimas Noticias, </i>Santiago 1922 y 1926;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-1617200900020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Variety, </i>Nueva  York, 1914;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-1617200900020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Vida Teatral, </i>Santiago, 1929;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-1617200900020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> <i>Zig-Zag, </i>Santiago, 1926.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-1617200900020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b> Fuentes Secundarias</b></p>     <!-- ref --><p> Bauer, Arnold J. <i>Goods, Power, History. Latin America&#39;s Material Culture. </i> Cambridge: Cambridge University Press, 2001. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-1617200900020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Crinson, Mark. <i>Empire Building: Orientalism and Victorian Architecture. </i> New York: Routledge, 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-1617200900020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> De Grazia, Victoria. <i>Irresistible Empire. America&#39;s Advance through  20th-Century Europe. </i>Cambridge:  Harvard University Press, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-1617200900020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dde los  Reyes, Aurelio <i>Cine y sociedad en M&eacute;xico 1896-1930, </i>2 vols.  Ciudad de M&eacute;xico: Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas-Universidad Nacional  Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1993. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-1617200900020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Domosh, Mona. <i>American Commodities in an Age of Empire. </i>New York:  Routledge, 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-1617200900020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Friedman, Walter A. <i>Birth of a Salesman. The Transformation of Selling in  America. </i>Cambridge-London: Harvard University Press, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-1617200900020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gonz&aacute;lez, Juan Pablo y Claudio Rolle. <i>Historia social de la m&uacute;sica popular en  Chile, 1890-1950. </i>Santiago: Ediciones Universidad Cat&oacute;lica de Chile, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-1617200900020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Harley, John E. <i>World-Wide Influences of the Cinema. A study of official  censorship and the international cultural aspects of motion pictures. </i>Los  Angeles: The University of Southern California Press, 1940. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-1617200900020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Jarvie, Ian. <i>Hollywood&#39;s Overseas Campaign: The North Atlantic Movie Trade,  1920-1950. </i>Cambridge: Cambridge University Press, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-1617200900020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Joseph, Gilbert M., Catherine Legrand y Ricardo Salvatore eds. <i>Close  Encounters of Empire. Writing the Cultural History of U.S.-Latin American  Relations. </i>Durham-London: Duke University Press, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-1617200900020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kaplan, Amy y Donald E. Pease eds. <i>Cultures of United States Imperialism </i> (Durham: Duke University Press, 1993). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-1617200900020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> L&oacute;pez, Ana. &quot;Early Cinema and Modernity in Latin America&quot;. <i> Cinema Journal, </i> 1 (Fall 2000): 48-78. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-1617200900020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Ossand&oacute;n Carlos y Eduardo Santa Cruz. <i>El estallido de las formas. Chile en  los albores de la &quot;cultura de masas&quot;. </i>Santiago: Lom Ediciones-ARCIS, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-1617200900020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Pratt, Mary Louise. <i>Imperial Eyes. Travel Writing and Transculturation. </i> London-New York: Routledge, 1992. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-1617200900020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rinke,  Stefan. <i> Cultura de masas: reforma y nacionalismo en Chile 1910-1931. </i> Santiago: Centro de Investigaciones Barros Arana-Universidad Cat&oacute;lica de  Valpara&iacute;so-Katholische Universitat Eichstatt,  2002. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-1617200900020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rosen, Fred ed. <i>Empire and Dissent, The United States and Latin America. </i> Durham: Duke University Press, 2008. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-1617200900020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Salvatore, Ricardo comp. Culturas imperiales. <i>Experiencia y representaci&oacute;n en  Am&eacute;rica, Asia y &aacute;frica. </i>Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-1617200900020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Salvatore, Ricardo. <i>Im&aacute;genes de un imperio. Estados Unidos y las formas de  representaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina. </i>Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 2006. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-1617200900020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Segrave, Kerry <i>American. Films Abroad. Hollywood&#39;s Domination of the World&#39;s  Movie Screens from the 1890s to the Present. </i>Jefferson: McFarland &amp; Company  Publishers, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-1617200900020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Thompson, Kristin. <i>Exporting Entertainment: America in the World Film Market  1907-1934. </i>London:  BFI, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-1617200900020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Uribe  Ur&aacute;n, V&iacute;ctor Manuel y Luis Javier Mesa eds. <i>Naciones, gentes y territorios.  Ensayos de historia e his</i><i>toriograf&iacute;a  comparada de Am&eacute;rica Latina y el Caribe. </i> Medell&iacute;n: Editorial Universidad de Antioquia, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-1617200900020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Vasey, Ruth. <i>The World According to Hollywood 1918-1939. </i>Madison:  University of Wisconsin Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-1617200900020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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