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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA IRRUPCIÓN DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA: INTERSECCIONES ENTRE HISTORIA Y MEMORIA. PRESENTACIÓN DEL DOSSIER "MEMORIA, HISTORIA Y TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA"]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b> LA IRRUPCI&Oacute;N DEL  TESTIMONIO EN AM&Eacute;RICA LATINA: INTERSECCIONES ENTRE HISTORIA Y MEMORIA.  PRESENTACI&Oacute;N DEL <i>DOSSIER </i>&quot;MEMORIA, HISTORIA Y TESTIMONIO EN AM&Eacute;RICA  LATINA&quot;</b></font></p>      <p><b> Guillermo Bustos    <br> </b>Licenciado en Ciencias Hist&oacute;ricas, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Ecuador,  Quito, Ecuador. Mag&iacute;ster en Historia, Facultad Latinoamericana de Ciencias  Sociales &#40;flacso&#41;, Quito, Ecuador, y candidato a Ph. D. en el Departamento de  Historia de la Universidad de Michigan, Ann Arbor, Estados Unidos &#40;Tesis pr&oacute;xima  a defensa: &quot;The Crafting of &#39;Historia Patria&#39; in an Andean Nation. Historical  scholarship, public commemorations and nationalism in Ecuador during the First  Half of Twentieth Century&quot;. Profesor en la  Universidad Andina Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Sede Ecuador. Miembro del Comit&eacute; Cient&iacute;fico de  la revista <i>Historia Cr&iacute;tica</i>, del Departamento de Historia de la  Universidad de los Andes, Bogot&aacute;, Colombia. Entre sus publicaciones recientes se  encuentran: &quot;La conmemoraci&oacute;n del primer centenario de la independencia  ecuatoriana: los sentidos divergentes de la memoria nacional&quot;, aparecer&aacute; en <i> Historia Mexicana </i>237 &#40;julio a septiembre de 2010&#41; y como editor, <i>La  Revoluci&oacute;n de Quito </i>1809-1812 &#40;Quito: El Comercio - Corporaci&oacute;n Editora  Nacional - Universidad Andina Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Sede Ecuador, 2009&#41;.  <a  href="mailto:gbustos09@uasb.edu.ec"> gbustos09@uasb.edu.ec</a>.</p> <hr size="1">       <p><b> I</b></p>      <p> Aunque los t&eacute;rminos  &#39;historia&#39; y &#39;memoria&#39; se empleen en el vocabulario corriente como  intercambiables, cada uno designa formas diferentes de articular el pasado y la  temporalidad. La aparente sinonimia de ambos vocablos proviene del auge que la  memoria conquist&oacute; en el mundo contempor&aacute;neo. La memoria se ha convertido en &quot;una  preocupaci&oacute;n central de la cultura y de la pol&iacute;tica&quot;<sup><a   name="s1" href="#1">1</a></sup> Aquella visi&oacute;n  tradicional que defin&iacute;a la funci&oacute;n del historiador como el guardi&aacute;n del recuerdo  de los acontecimientos p&uacute;blicos, una suerte de custodio en alerta constante  frente a la sospecha que le suscitaba lo que hoy denominamos memoria, ha sido  ampliamente desbordada<sup><a   name="s2" href="#2">2</a></sup> La curva del escalamiento de la memoria  amenaza con convertirse en la <i>pesadilla </i>del historiador de antiguo y  nuevo cu&ntilde;o. Se trata de un vasto fen&oacute;meno cultural, en una de cuyas variantes  m&aacute;s difundidas yace &quot;una memoria a la<b> </b>vez  mercanc&iacute;a y a la vez sacralizada, fragmentada y formateada, estallada y  exhaustiva&quot;, que ha quedado fuera del control del especialista y &quot;circula <i> on-line </i>&#91;o por otros canales en el espacio medi&aacute;tico&#93;, como la historia  verdadera de la &eacute;poca&quot;<sup><a   name="s3" href="#3">3</a></sup></p>      <p> La paulatina  consolidaci&oacute;n de la memoria en el espacio p&uacute;blico, en detrimento del an&aacute;lisis  hist&oacute;rico, forma parte de lo que el historiador Fran&ccedil;ois Hartog identifica como  &quot;la preeminencia de la categor&iacute;a del presente&quot;. Este autor, un estudioso de los  &quot;reg&iacute;menes de historicidad&quot; &#40;una propuesta que da cuenta de la manera c&oacute;mo se  articulan las categor&iacute;as de pasado, presente y futuro&#41;, advierte que durante los  tres o cuatro &uacute;ltimos decenios asistimos a una mutaci&oacute;n de la temporalidad, en  virtud de la cual el predominio de la categor&iacute;a de futuro est&aacute; siendo  reemplazada por la que corresponde al presente. La desconfianza en el porvenir  &#40;suscitada, por ejemplo, por la amenaza del calentamiento global&#41; y la  penetraci&oacute;n que la comunicaci&oacute;n masiva en tiempo real ha ganado en la vida  cotidiana, entre otros factores, nos han conducido a &quot;vivir en la inmediatez del  presente&quot;. Asistimos a un ensimismamiento &quot;presentista&quot;, en el que el tiempo  presente se convierte en su horizonte dominante<sup><a   name="s4" href="#4">4</a></sup></p>      <p> La &quot;ascensi&oacute;n  progresiva del testigo&quot; a la escena p&uacute;blica internacional, caracterizado como  &quot;portador de memoria&quot; o &quot;sobreviviente&quot;, empez&oacute; con los procesos judiciales que  se instauraron para perseguir los cr&iacute;menes contra la humanidad perpetrados por  el nazismo y el fascismo<sup><a   name="s5" href="#5">5</a></sup> En Am&eacute;rica latina, el salto del testimonio  al dominio p&uacute;blico se produjo inicialmente bajo el signo de la denuncia de la  maquinaria de brutalidad que envolvi&oacute; la pr&aacute;ctica del terrorismo de Estado, un  subproducto de la Guerra Fr&iacute;a que ten&iacute;a como tel&oacute;n de fondo las arraigadas  inequidades sociales de la regi&oacute;n. La entronizaci&oacute;n de este tipo de reg&iacute;menes en  Uruguay &#40;1973-85&#41; o Argentina &#40;1976-83&#41;, y el desarrollo de la Guerra Civil en  El Salvador &#40;1980-92&#41;, s&oacute;lo para mencionar los casos que funcionan como marco de  referencia para los art&iacute;culos incluidos en el presente <i>dossier, </i>y que  pueden ser extendidos a otras experiencias similares en el &aacute;rea, dejaron a las  v&iacute;ctimas &quot;sin m&aacute;s certezas que su experiencia reciente &#91;y&#93; sin otro recurso a la  mano que su memoria&quot;<sup><a   name="s6" href="#6">6</a></sup> De manera concomitante, la centralidad del  testigo y el testimonio en las ciencias sociales y humanidades contempor&aacute;neas  proviene de la mutaci&oacute;n epistemol&oacute;gica que hizo posible el &quot;retorno del sujeto&quot;.</p>      <p>El testimonio lleva la impronta de un tipo de relato estructurado en primera persona, que daba  cuenta de una experiencia apremiante, vivida en carne propia o en proximidad. La  enunciaci&oacute;n del testimonio ha brindado voz p&uacute;blica a quien carece de ella, sea  por razones de exclusi&oacute;n pol&iacute;tica o debido a la marginaci&oacute;n del &aacute;mbito  alfabetizado. Mujeres, ind&iacute;genas, guerrilleros, marginados y otros que han  sufrido alguna clase de proscripci&oacute;n pudieron  expresarse por medio de este mecanismo. Ren&eacute; Jara caracteriz&oacute; este tipo de  intervenci&oacute;n como &quot;narraci&oacute;n de urgencia&quot;, y los primeros que se acercaron a  indagar la naturaleza de la &quot;literatura testimonial&quot; en Latinoam&eacute;rica fueron los  cr&iacute;ticos literarios y culturales<sup><a   name="s7" href="#7">7</a></sup></p>      <p> Dejando de lado las  especificidades que caracterizan, por una parte, a la &quot;literatura testimonial&quot;  y, por otra, a la historia oral y los relatos de vida &#40;g&eacute;nero literario y  metodolog&iacute;as de investigaci&oacute;n, respectivamente&#41;, se puede agrupar estos &aacute;mbitos  en torno a un denominador com&uacute;n: la pertenencia a la categor&iacute;a de &quot;actos de la  memoria&quot;<sup><a   name="s8" href="#8">8</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El testimonio &#40;o  acto de memoria&#41; permiti&oacute; que el testigo retorne a la historiograf&iacute;a &#40;en cuanto  historia de la memoria&#41;, y que &eacute;sta reabra y traslade a un nivel m&aacute;s profundo  los anteriores debates de la historia oral, respecto a qu&eacute; tipo de credibilidad  se le puede otorgar a la voz del testigo en el discurso hist&oacute;rico. Uno de los  rasgos distintivos del testimonio es precisamente su dimensi&oacute;n verista. El  testimonio funda su raz&oacute;n de ser en que &quot;desprende de la huella vivida un  vestigio de ese rastro, y ese vestigio es la declaraci&oacute;n de que aquello  existi&oacute;&quot;. Al se&ntilde;alar que el testimonio representa la ausencia de aquello que  existi&oacute;, el testigo afirma, seg&uacute;n Pa&uacute;l Ricoeur, tres cosas: &quot;Yo estuve all&iacute;&quot;,  &quot;cr&eacute;eme&quot; y &quot;si no me crees, preg&uacute;ntale a otro&quot;<sup><a   name="s9" href="#9">9</a></sup></p>      <p> Al escudri&ntilde;ar la  pretensi&oacute;n de fidelidad respecto al pasado que alega el testimonio, debemos  salir necesariamente del territorio de la memoria e internarnos en la cr&iacute;tica  hist&oacute;rica. Entre el derecho a recordar y la afirmaci&oacute;n del valor de verdad de un  recuerdo no hay una equivalencia autom&aacute;tica<sup><a   name="s10" href="#10">10</a></sup> &iquest;Qu&eacute; acontece en el  cruce de los caminos entre historia y memoria? Al examinar los contenidos de la  memoria en relaci&oacute;n con su <i>locus </i>de enunciaci&oacute;n, se da inicio a un  proceso de hostilizaci&oacute;n del recuerdo. Este ejercicio anal&iacute;tico de comprensi&oacute;n  de las condiciones de posibilidad en las que se elabor&oacute; el recuerdo implica un  distanciamiento de la memoria, as&iacute; como un acercamiento al proceso de producci&oacute;n  del que proviene, dentro del cual la consideraci&oacute;n del papel que juegan las  mediaciones en la construcci&oacute;n del recuerdo resultan centrales. Las operaciones  de cotejo entre lo que dice y calla el testimonio, y la forma en que estructura  su relato, por un lado, y c&oacute;mo se sit&uacute;a ante otras memorias y huellas del  pasado, por otro lado, son algunos pasos de un protocolo m&aacute;s amplio, seg&uacute;n el  cual la historia realiza un ejercicio de expansi&oacute;n de la memoria.</p>      <p>La actividad intelectual de trabajar sobre la memoria, seg&uacute;n Ricoeur, cumple la funci&oacute;n  pol&iacute;tica y hermen&eacute;utica de abrir en el pasado otros futuros.</p>      <p>Aunque la frase &quot;historizaci&oacute;n de la memoria&quot; sugiera en primera instancia que en esta operaci&oacute;n  la historia desempe&ntilde;a un papel activo frente a la memoria, en verdad, la  interpelaci&oacute;n que el testimonio regularmente dirige al presente de una sociedad  &#40;y por lo tanto a su pasado&#41; es de crucial importancia. En este intercambio,  Hartog propone mantener la distinci&oacute;n entre veracidad y fiabilidad, verdad y  prueba<sup><a   name="s11" href="#11">11</a></sup> Sin embargo, la credibilidad de la memoria en cuanto fuente  oral no depende, como se&ntilde;ala Portelli, de la falta de correspondencia con lo que  probablemente ocurri&oacute;, pues &quot;las discrepancias y los errores son hechos en s&iacute;  mismos, signos reveladores que remiten al tiempo del deseo y del dolor y a la  dif&iacute;cil b&uacute;squeda de sentido&quot;<sup><a   name="s12" href="#12">12</a></sup> Como se sabe, ni la memoria es la  fiel reproducci&oacute;n de la realidad pasada ni el olvido constituye una falla o  error.</p>       <p><b>     <br> II</b></p>      <p> La memoria y el  olvido son construcciones sociales que van de la mano. El recuerdo es un relato  selectivo, elaborado a trav&eacute;s de mediaciones socioculturales, y anclado en un  contexto espacio-temporal espec&iacute;fico, desde el cual se construye un significado  de la experiencia individual y grupal. Aunque se traslapen entre s&iacute;, la memoria  y la disciplina hist&oacute;rica elaboran representaciones del pasado de diferente tipo  y pueden interpelarse mutuamente.</p>      <p>La memoria es una dimensi&oacute;n constitutiva de todo ordenamiento social. Por esta raz&oacute;n, los procesos  de creaci&oacute;n y desarrollo de identidades sociales dependen centralmente de la elaboraci&oacute;n de alg&uacute;n tipo de memoria. Entre memoria e identidad hay una relaci&oacute;n de mutua interdependencia.</p>      <p> La historia y  memoria son arenas de disputa del poder y de contestaci&oacute;n social. La memoria y  la historia son relatos que est&aacute;n generalmente estructurados mediante una  combinaci&oacute;n de par&aacute;metros de clase, etnicidad, g&eacute;nero y naci&oacute;n.</p>       <p><b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> III</b></p>      <p> A partir de los  criterios enunciados y de la enumeraci&oacute;n de un amplio abanico de posibles temas  se lanz&oacute; la convocatoria internacional del presente <i>dossier </i>sobre  historia y memoria<sup><a   name="s13" href="#13">13</a></sup> Como ocurre en estos casos, unos temas  concitaron m&aacute;s atenci&oacute;n que otros.</p>      <p> Los trabajos que  finalmente componen este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de <i>Historia Cr&iacute;tica </i>se  presentan ordenados en tres grupos que en conjunto nos remiten a una cartograf&iacute;a  vasta de &quot;actos de memoria&quot; procedentes de Centroam&eacute;rica, la regi&oacute;n andina y el  Cono Sur. Si bien la cuesti&oacute;n testimonial atraviesa la mayor&iacute;a de trabajos aqu&iacute;  reunidos, su tratamiento, los acentos y las experiencias analizadas dibujan el  amplio, complejo y rico espectro de las posibilidades de historizar la memoria  en Latinoam&eacute;rica. Como es usual en el discurso acad&eacute;mico, de la lectura de cada  uno de los estudios aqu&iacute; reunidos surgir&aacute; tambi&eacute;n un abanico de desaf&iacute;os e  interrogaciones que esperamos alienten la investigaci&oacute;n en este campo.</p>       <p><b> Primera parte: el  edificio-monumento  y los pasados de la naci&oacute;n</b></p>      <p> A la luz del debate  historiogr&aacute;fico e interdisciplinario sobre el nacionalismo, la memoria y la  identidad, la consideraci&oacute;n de los reg&iacute;menes de historicidad y la mutaci&oacute;n de  sensibilidades, la identidad nacional ha dejado de ser le&iacute;da en t&eacute;rminos de un  ejercicio intelectual autocomplaciente que alimenta mec&aacute;nicamente una suerte de  certeza historiogr&aacute;fica. El relato fundador de la naci&oacute;n ha sido puesto bajo una  mirada escrutadora y la identidad nacional pas&oacute; a ser considerada en t&eacute;rminos de  &quot;un interrogante&quot;<sup><a   name="s14" href="#14">14</a></sup> Este tipo de aproximaci&oacute;n puede permitir abrir  la exploraci&oacute;n de nuevos territorios como los que se proponen en esta primera  parte.</p>      <p> El <i>dossier </i> se abre con la investigaci&oacute;n de Catalina Mu&ntilde;oz sobre las controversias que  desat&oacute; la implementaci&oacute;n del plan de modernizaci&oacute;n urbana que los liberales  emprendieron en la ciudad de Bogot&aacute;, a lo largo de los a&ntilde;os treinta y cuarenta  del siglo anterior. Seg&uacute;n la autora, este proyecto inclu&iacute;a la demolici&oacute;n de  algunos edificios de origen colonial, ubicados en el centro de la ciudad, con el  objetivo de ampliar las condiciones de movilidad urbana. En este contexto, la  conservaci&oacute;n arquitect&oacute;nica o el derrocamiento de determinados segmentos de la  ciudad adquirieron, a un doble nivel, un valor simb&oacute;lico sin precedentes. Por un  lado, la arquitectura se &quot;volvi&oacute; un lugar donde se depositaban diferentes formas  de representar la naci&oacute;n&quot;. Por otro, aquellas edificaciones fueron investidas de  unos valores que expresaban las identidades pol&iacute;ticas que en aquel contexto se  hab&iacute;an puesto en juego.</p>      <p> En &quot;Redefiniendo la  memoria nacional: debates en torno a la conservaci&oacute;n arquitect&oacute;nica en Bogot&aacute;,  1930-1946&quot;, Catalina Mu&ntilde;oz destaca la serie de justificaciones que se elaboraron  respecto a si la arquitectura objeto de la disputa encarnaba o no los valores  con que se designaba, en aquella coyuntura, a la naci&oacute;n colombiana. La autora  analiza el repertorio de significados que diferentes actores sociales  atribuyeron a las edificaciones, como parte de un ejercicio m&aacute;s amplio de  adoptar una posici&oacute;n ante el espectro del debate pol&iacute;tico.</p>       <p><b> Segunda parte: los  marcos sociales del testimonio</b></p>      <p> El testimonio nos  inscribe en un registro en el que los hechos son intensamente recordados y  conflictivamente narrados, seg&uacute;n la aguda observaci&oacute;n de Alessandro Portelli. En  ese marco, los testimonios se elaboraron para contarnos relatos que ninguna  historia corriente los incluir&iacute;a por su acento marcadamente subjetivo, personal,  afectivo, privado o porque simplemente aborda lo &quot;negado&quot; en una sociedad. El  contenido especialmente de dos de los art&iacute;culos que componen esta secci&oacute;n  presenta desaf&iacute;os complejos al an&aacute;lisis hist&oacute;rico del pasado reciente. Al  respecto pregunta la voz po&eacute;tica de Juan Gelman: &quot;La palabra que cruz&oacute; el horror  &iquest;qu&eacute; hace? &iquest;Pasa los campos del delirio sin protecci&oacute;n? &iquest;Se amansa? &iquest;Se pudre?  &iquest;No quiere tener alma? &#91;...&#93; La palabra que vuelve del horror, &iquest;lo nombra en el  inferno de su inocencia?&quot;<sup><a   name="s15" href="#15">15</a></sup></p>      <p> &iquest;C&oacute;mo se construye  la memoria del terror de Estado en el espacio de la ficci&oacute;n? Anna Forn&eacute; en &quot;La  materialidad de la memoria en <i>Las Cartas que no llegaron </i>de Mauricio  Rosencof &#40;Uruguay, 1930-2000&#41;&quot; ofrece un ejercicio de indagaci&oacute;n acerca de la  manera como se elabora la memoria en el territorio de la novela. Vali&eacute;ndose de  herramientas provenientes de la cr&iacute;tica literaria, los estudios culturales y la  historia, se ocupa de la obra de un autor &#40;Rosencof&#41;, cuya vida y producci&oacute;n  literaria est&aacute;n atravesadas por el ancestro migratorio, la experiencia  guerrillera, el padecimiento de la represi&oacute;n y el encarcelamiento, y el disenso  ante la impunidad del per&iacute;odo posdictatorial. Ante el silencio oficial respecto  a las violaciones de derechos humanos perpetradas durante la dictadura militar  en Uruguay entre 1973 y 1985, Forn&eacute; sostiene que la producci&oacute;n de una prosa  carcelaria, de la que Rosencof es uno de sus m&aacute;s destacados exponentes, asumi&oacute;  el papel acusador que el testimonio desempe&ntilde;&oacute; en otras experiencias hist&oacute;ricas  en que campe&oacute; una violencia pol&iacute;tica estatal cruenta. As&iacute;, este tipo de  literatura testimonial de ficci&oacute;n alcanzar&iacute;a una funci&oacute;n emancipadora en la  medida en que funciona como el registro discursivo en el que las experiencias de  la represi&oacute;n se tornaron audibles y pueden ser comunicables.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Acudiendo al  concepto de &quot;posmemoria&quot;, formulado por Mariann Hirsch, Anna Forn&eacute; analiza la  funci&oacute;n que el marco de la familia juega en la econom&iacute;a del relato. Las  fotograf&iacute;as de parientes exterminados &#40;que &quot;producen una diseminaci&oacute;n compleja  de significados&quot;&#41; y la correspondencia familiar enviada desde un gueto polaco  componen, en el relato de ficci&oacute;n, un conjunto de huellas materiales de la  memoria. Por un lado, estas huellas permiten que el protagonista de la novela,  desde un calabozo de la dictadura uruguaya, reconstruya su infancia en  Montevideo; y por otro, que restablezca su genealog&iacute;a familiar y recree el  v&iacute;nculo con el padre, como parte de la reformulaci&oacute;n de una identidad personal  que le sirva de instrumento de resistencia ante la adversidad.</p>      <p> En &quot;Heridas en la  memoria: la guerra civil salvadore&ntilde;a en el recuerdo de la ni&ntilde;ez de un  pandillero&quot;, Mario Z&uacute;&ntilde;iga nos entrega una impactante aproximaci&oacute;n al &quot;relato de  vida&quot; de un sobreviviente de un conflicto en el que perecieron m&aacute;s de setenta  mil personas a lo largo de los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado. Mediante el relato  de H&eacute;ctor &#40;nombre ficticio del narrador del testimonio&#41;, este estudio nos  introduce en la demencial y dolorosa experiencia colectiva del pasado reciente  de El Salvador. La singularidad del testimonio de H&eacute;ctor proviene de la manera  indisoluble como junta sobre un suelo de violencia extrema las experiencias de  la guerrilla, el ej&eacute;rcito, la migraci&oacute;n, el exilio y la pandilla. Como se sabe,  las memorias de la guerra civil salvadore&ntilde;a portan una gama de significados  dis&iacute;miles. Empero, frente a las memorias de los distintos actores sociales y  pol&iacute;ticos del drama salvadore&ntilde;o, incluido el discurso acad&eacute;mico, el relato de  vida de H&eacute;ctor, seg&uacute;n advierte el autor del estudio, se diferencia en dos  aspectos cruciales: se trata de la memoria de la infancia del testimoniante, y  esta rememoraci&oacute;n no busca tomar ninguna posici&oacute;n en el campo pol&iacute;tico actual.</p>      <p> Z&uacute;&ntilde;iga subraya que  estamos ante &quot;una memoria de la violencia desnuda, que se inscribe en &#91;el  presente de&#93; la cultura de las pandillas de Los &Aacute;ngeles, caracterizada por una  ausencia de visi&oacute;n de futuro&quot;. Para este integrante de la Mara Salvatrucha  &#40;nombre de su pandilla&#41;, el recuerdo de la Guerra Civil &#40;participando  sucesivamente del lado de la poblaci&oacute;n civil, la guerrilla y, luego, el  ej&eacute;rcito&#41; y del exilio en Estados Unidos est&aacute; articulado por un hilo de &quot;heridas  corporales y ps&iacute;quicas&quot; y &quot;rupturas&quot; psicoafectivas, culturales y axiol&oacute;gicas.  La historizaci&oacute;n del testimonio de H&eacute;ctor permite que Mario Z&uacute;&ntilde;iga pueda  explorar el lado oscuro de todas las memorias e historias de la Guerra Civil,  puesto que los asesinatos, la violencia interminable y las peleas callejeras  constituyen, como &eacute;l mismo puntualiza, &quot;lo negado en las relaciones sociales&quot;.</p>      <p> El cierre del  campamento minero de Chuquicamata, ocurrido en el 2007, y la relocalizaci&oacute;n de  su poblaci&oacute;n en Calama, poblados pertenecientes a la II regi&oacute;n de  Antofagasta, al norte de Chile, forman el objeto de la reflexi&oacute;n que Daniela  ib&aacute;&ntilde;ez Carvajal presenta bajo el t&iacute;tulo &quot;Ser chuquicamatino: la construcci&oacute;n de  la memoria de los desplazados de Chuquicamata en el norte de Chile, 2002-2007&quot;.  Chuquicamata es uno de los yacimientos mineros de cobre a cielo abierto m&aacute;s  grandes del mundo. El campamento minero contiguo apareci&oacute; con el inicio de la  explotaci&oacute;n minera en 1915 y, al cabo de casi un siglo, fue clausurado  definitivamente debido a la contaminaci&oacute;n ambiental que le afectaba y a la  necesidad de la empresa minera estatal Codelco de ocupar ese espacio. Daniela  Ib&aacute;&ntilde;ez se ocupa en este art&iacute;culo de reconocer algunos de los efectos  socioculturales que la reubicaci&oacute;n forzada produjo en los desplazados, mediante  el empleo de la metodolog&iacute;a de la historia oral. Su indagaci&oacute;n se centra en la  emergencia de un recuerdo colectivo de tipo nost&aacute;lgico que idealiza la vida  social en el campamento  minero y que se constituy&oacute; en el soporte de la identidad social de los  relocalizados. Adicionalmente, la autora pasa revista al proyecto de  patrimonializaci&oacute;n del centro c&iacute;vico del campamento minero.</p>       <p><b> Tercera parte:  abrirle al pasado otro futuro</b></p>      <p> La trascendencia y  el vigor que alcanz&oacute; ele los derechos humanos en Argentina ha  impedido que durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el tema sea cerrado como ciertos  sectores pol&iacute;ticos, institucionales y medi&aacute;ticos se propusieron. Alejandra  Oberti y Roberto Pittaluga se&ntilde;alan que la penetraci&oacute;n de este movimiento en la  sociedad ha dejado un impacto indeleble, pues luego de haber alcanzado en los  a&ntilde;os ochenta el rango de une masas, el t&oacute;pico se ha enraizado de  manera significativa en el &aacute;mbito de los valores p&uacute;blicos del pasado reciente<sup><a   name="s16" href="#16">16</a></sup>  &iquest;Qu&eacute; funci&oacute;n social se le atribuy&oacute; al testimonio en este contexto? Seg&uacute;n Beatriz  Sarlo, el testimonio desempe&ntilde;&oacute; un papel pol&iacute;tico y cultural crucial: &quot;Hizo  posible la condena del terrorismo de Estado&quot;. As&iacute;, los &quot;actos de memoria&quot;  alcanzaron un estatus &eacute;tico y moral notable durante la transici&oacute;n democr&aacute;tica,  al punto que &quot;ninguna condena hubiera sido posible si esos actos de memoria  manifestados en los relatos de testigos y v&iacute;ctimas, no hubieran existido&quot;<sup><a   name="s17" href="#17">17</a></sup>  H&eacute;ctor Schmucler ha se&ntilde;alado con agudeza que la figura del desaparecido encarna  el atroz intento de instaurar el olvido del olvido, una suerte de proyecto de  &quot;olvido total&quot;<sup><a   name="s18" href="#18">18</a></sup></p>      <p> El testimonio ha  seguido una trayectoria que lo desplaz&oacute; de un entorno marcado por la urgencia de  la denuncia y la sed de justicia, volcado a los procesos judiciales, hacia un  escenario diferente en el que la distancia permiti&oacute; una cavilaci&oacute;n de nuevo  tipo. A las voces de los familiares de las v&iacute;ctimas y de los sobrevivientes les  sucedieron los testimonios de los militantes de los setenta, los exiliados y los  descendientes de los desaparecidos<sup><a   name="s19" href="#19">19</a></sup> La reflexi&oacute;n interdisciplinaria  de la memoria sobre c&oacute;mo actu&oacute; este &quot;poder desaparecedor&quot; tambi&eacute;n ha seguido un  derrotero de renovaci&oacute;n. En esa l&iacute;nea, Beatriz Sarlo aboga precisamente por  emprender un cuestionario diferente al testimonio, en el marco de una dial&eacute;ctica  entre recordar y entender. Nos invita a reflexionar en torno a &quot;&iquest;qu&eacute; garantiza  la memoria y la primera persona &#91;del testigo&#93; como captaci&oacute;n de un sentido de la  experiencia?&quot;. Retomando la afirmaci&oacute;n de Primo Levi respecto a que &quot;el campo de  concentraci&oacute;n no ennoblece a sus v&iacute;ctimas&quot;, Sarlo agrega &quot;que tampoco el horror  padecido les permite conocerlo mejor&quot;. Por eso insiste en que bajo el imperativo del  conocimiento, si la memoria identitaria es fundamental, tambi&eacute;n salir para  volver a ella, con un tono reflexivo, resulta decisivo<sup><a   name="s20" href="#20">20</a></sup></p>      <p> En ese marco  interdisciplinario de estudio de la memoria, en el que el aporte de la escritura  hist&oacute;rica se volvi&oacute; paulatinamente reconocible, el &uacute;ltimo segmento de este <i> dossier </i>est&aacute; dedicado a poner sobre la mesa de discusi&oacute;n las experiencias  relativas, precisamente, de dos grupos que reclamaron un lugar y el derecho a  hacer escuchar su voz en la escena p&uacute;blica del pasado reciente de Argentina. Se  trata de sendos estudios sobre las mujeres militantes &#40;de los setenta&#41; detenidas  y los descendientes de los desaparecidos.</p>      <p> Las experiencias  por las que atravesaron los detenidos pol&iacute;ticos en las c&aacute;rceles de m&aacute;xima  seguridad durante la dictadura militar argentina se revelan, en este caso, a  trav&eacute;s de uno de sus prismas de g&eacute;nero. &quot;&#39;Romper la vidriera, para que se vea la  trastienda&#39;. Sentidos, valores morales y pr&aacute;cticas de &#39;resistencia&#39; entre las  presas pol&iacute;ticas de la c&aacute;rcel de Villa Devoto durante la &uacute;ltima dictadura  militar argentina &#40;1976-1983&#41;&quot; es el estudio que Santiago Gara&ntilde;o dedica al  t&oacute;pico de la violencia carcelaria. Por una parte, el autor investiga la cara  represiva de este r&eacute;gimen reclusorio y, por otra, explora la respuesta que las  presas elaboraron ante el poder carcelario. Analizando el testimonio de una de  las confinadas en el recinto de Villa Devoto, el autor explora los tipos de  reacciones que integraron el repertorio de la &quot;resistencia&quot;, un conjunto de  pr&aacute;cticas que las reclusas pusieron en acci&oacute;n dentro del espacio carcelario,  siguiendo las l&iacute;neas de mando que manten&iacute;an las organizaciones pol&iacute;ticas a las  que hab&iacute;an pertenecido. Esas acciones de resistencia funcionaron, seg&uacute;n el  autor, como el fundamento de la recreaci&oacute;n de las identidades pol&iacute;ticas de las  recluidas. El contenido de la investigaci&oacute;n se muestra tributario del enfoque  etnogr&aacute;fico con que el autor concurri&oacute; a la realizaci&oacute;n de la historia oral y al  cotejo de la informaci&oacute;n proveniente de la burocracia estatal, las ex presas y  sus familiares, y las organizaciones de derechos humanos.</p>      <p> En &quot;<i>hijos</i> de v&iacute;ctimas del terrorismo de Estado. Justicia, identidad y memoria en el  movimiento de derechos humanos en Argentina, 1995-2008&quot;, Santiago Cueto analiza  la trayectoria de esta agrupaci&oacute;n que re&uacute;ne a los descendientes de quienes  fueron desaparecidos o aniquilados por la dictadura militar a partir del golpe  de Estado de 1976. Se trata de un estudio que se propone dar cuenta de la  singularidad de este colectivo social frente al tel&oacute;n de fondo dele  los derechos humanos a nivel nacional. Como se sabe, la lucha que emprendieron  las organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos les convirti&oacute;  en la fuerza opositora m&aacute;s importante a la dictadura militar argentina. De ese  conjunto de organizaciones, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, as&iacute; como la  figura de P&eacute;rez Esquivel, de <i>serpaj</i>, son las m&aacute;s conocidas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Santiago Cueto  identifica que la base de la agenda de las organizaciones humanitarias, entre  finales de los setenta e inicios de los ochenta, consolid&oacute; &quot;un v&iacute;nculo entre  demanda de justicia y la despolitizaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas&quot;. A partir del empleo  de la &quot;entrevista antropol&oacute;gica&quot;, as&iacute; como de la observaci&oacute;n participante, el  autor reconstruye la trayectoria de <i>HIJOS</i>, desde su constituci&oacute;n en 1994, y da cuenta de las controversias internas  que estructuraron la agenda de la organizaci&oacute;n, concentr&aacute;ndose especialmente en  la rama regional de La Plata. El art&iacute;culo se concentra en los debates sobre la  membres&iacute;a de la organizaci&oacute;n, la pr&aacute;ctica del &quot;escrache&quot; como una interpelaci&oacute;n  al clima de impunidad que se desprendi&oacute; de las leyes del Punto Final y  Obediencia Debida, y la reevaluaci&oacute;n de la memoria de sus padres, a quienes se  deja de representar como &quot;v&iacute;ctimas&quot; y se pasa a caracterizar como &quot;luchadores  populares&quot;, en medio de una pendular tensi&oacute;n.</p>       <p><b>     <br> IV</b></p>      <p> &iquest;De qu&eacute; nos habla  la memoria que resulta tan importante para individuos y sociedades? Quiz&aacute; sea,  como ya se ha dicho, que la memoria indefectiblemente nos remita a la identidad  y que ambas se sustenten de manera rec&iacute;proca, como alegaba Elie Wiesel. No  obstante, quiz&aacute; el sentido proteico del que se halla investida la memoria  provenga de la dimensi&oacute;n subjetiva que conecta la fibra de humanidad de que  disponemos con los territorios de los afectos, el deseo, el dolor y la b&uacute;squeda  de sentido. Somos lo que recordamos, lo que sentimos y lo que interpretamos. La  voz po&eacute;tica de Juan Gelman, aquella que indaga: &quot;&iquest;A la memoria le falta  realidad?&quot;, &quot;&iquest;a la realidad le falta memoria? o &iquest;qu&eacute; hacer con la memoria/con la  realidad?&quot;, puede ayudarnos a cerrar este dossier, en el que la memoria/ la  historia y la realidad no han cesado de interrogarse. &quot;Yo no me voy a avergonzar  de mis tristezas, mis nostalgias &#91;nos dice Gelman&#93;. Extra&ntilde;o la callecita donde  mataron a mi perro, y yo llor&eacute; junto a su muerte, y estoy pegado al empedrado  con sangre donde mi perro se muri&oacute;, existo todav&iacute;a a partir de eso, existo de  eso, soy eso, a nadie pedir&eacute; permiso para tener nostalgia de eso&quot;<sup><a   name="s21" href="#21">21</a></sup></p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><sup><a href="#s1"  name="1">1</a></sup>  Andreas Huyssen, <i>En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de  globalizaci</i><i>&oacute;n </i>&#40;M&eacute;xico:  Fondo de Cultura Econ&oacute;mica: 2007&#41;, 13.</p>      <p><sup><a href="#s2"  name="2">2</a></sup>  Peter Burke, &quot;La historia como memoria colectiva&quot;, en <i>Formas de historia  cultural </i>&#40;Madrid: Alianza Editorial, 2000&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s3"  name="3">3</a></sup>  Fran&ccedil;ois Hartog, &quot;El testigo y el historiador&quot;, <i>Historia y Graf&iacute;a </i>18  &#40;2002&#41;: 59-60.</p>      <p><sup><a href="#s4"  name="4">4</a></sup>  Ver Fran&ccedil;ois Hartog, &quot;&Oacute;rdenes del tiempo, reg&iacute;menes de historicidad&quot;, <i> Historia y Graf&iacute;a </i>21 &#40;2003&#41;: 83. El autor vincula la &quot;monstruosa industria  de muerte&quot; del siglo XX con &quot;esas oleadas de la memoria que alcanzaron y afectaron  de manera profunda a nuestras sociedades contempor&aacute;neas.&quot;; &quot;Ser en el tiempo:  Entrevista al historiador franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Hartog&quot;, realizada por Gabriel Entin  y Adrien Delmas. Se la puede consultar en &nbsp;<a  href="http://www.escueladeletras.com/bagdad" target="_blank">http://www.escueladeletras.com/bagdad</a>  &#40;Fecha de consulta: 6 de febrero de 2010&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s5"  name="5">5</a></sup>  Ver &quot;El testigo y el historiador&quot;, 40-41. All&iacute; tambi&eacute;n se anota que el vocablo  &quot;testigo&quot; proviene del lat&iacute;n <i>superstes </i>&#40;&quot;el que se sostiene sobre la cosa  misma o el que subsiste m&aacute;s all&aacute;&quot;&#41;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s6"  name="6">6</a></sup>  Gabriel Salazar, <i>La historia desde abajo y desde adentro </i>&#40;Santiago: LOM  Ediciones, 2003&#41;, 8.</p>      <p><sup><a href="#s7"  name="7">7</a></sup>  John Beverly, <i>Against Literature </i>&#40;Minneapolis: University of Minnesota  Press, 1993&#41;, especialmente los cap&iacute;tulos 4 y 5. Dos de los t&iacute;tulos  emblem&aacute;ticos del g&eacute;nero testimonial fueron: <i>Si me permiten hablar. Testimonio  de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia </i>&#40;1980&#41;; y <i>Me llamo  Rigoberta Mench&uacute; </i>&#40;1985&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s8"  name="8">8</a></sup>  La denominaci&oacute;n de &quot;actos&quot; se desprende de la comprensi&oacute;n de las fuentes orales  en su singularidad frente a las escritas. Ver al respecto Alessandro Portelli, <i>La orden ya fue ejecutada </i>&#40;M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003&#41;; y  Beatriz Sarlo, <i>Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una  discusi&oacute;n </i>&#40;Buenos Aires: Siglo XXI, 2005&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s9"  name="9">9</a></sup>  Pa&uacute;l Ricoeur, &quot;Definici&oacute;n de la memoria desde un punto de vista filos&oacute;fico&quot;, en  Varios, <i>&iquest;Por qu&eacute; recordar? </i>&#40;Barcelona: Granica, 2002&#41;, 26-27. Este  argumento se desarrolla m&aacute;s ampliamente en Paul Ricoeur, <i>La memoria, la  historia, el olvido </i>&#40;Madrid: Editorial Trotta, 2003&#41;. All&iacute; se establece que  el testimonio forma parte del espacio de transici&oacute;n entre la memoria y la  historia.</p>      <p><sup><a href="#s10"  name="10">10</a></sup>  Beatriz Sarlo, <i>Tiempo pasado, </i>57.</p>      <p><sup><a href="#s11"  name="11">11</a></sup>  Fran&ccedil;ois Hartog, &quot;El testigo y el historiador&quot;, 61.</p>      <p><sup><a href="#s12"  name="12">12</a></sup>  Alessandro Portelli, <i>La orden ya fue ejecutada, </i>27.</p>      <p><sup><a href="#s13"  name="13">13</a></sup>&nbsp;  En la convocatoria se indicaba que: &quot;Los t&oacute;picos de estudio que podr&iacute;an integrar  el dossier son, entre otros, el an&aacute;lisis de testimonios &#40;orales, diarios de  vida, autobiograf&iacute;as, confesiones, relatos de viajes&#41;; modos de transmisi&oacute;n y  usos sociales y culturales del pasado &#40;rituales, tradiciones, s&iacute;mbolos,  narrativas de resistencia&#41;; im&aacute;genes y fotograf&iacute;as &#40;como soportes de la  memoria&#41;; maneras en que la literatura de ficci&oacute;n y el teatro articulan las  representaciones de hechos y personajes hist&oacute;ricos; conmemoraciones locales,  regionales y nacionales &#40;aniversarios de ciudades e instituciones, celebraciones de la  independencia&#41;; imaginarios fundacionales de la naci&oacute;n; memoria escolar  &#40;tradiciones y rituales&#41;; memorias de la represi&oacute;n &#40;asociadas a experiencias de  violencia pol&iacute;tica y social&#41;; memoria hist&oacute;rica &#40;construcciones y tradiciones  historiogr&aacute;ficas&#41;; museos y colecciones etnogr&aacute;ficas &#40;como articuladores de  representaciones del pasado&#41;; monumentos y exposiciones nacionales e  internacionales &#40;representaciones de la memoria nacional&#41;&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s14"  name="14">14</a></sup>  Jacques Revel, &quot;La carga de la memoria: historia frente a memoria en Francia  hoy&quot;, en <i>Un momento historiogr&aacute;fco </i>&#40;Buenos Aires: Manantial, 2005&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s15"  name="15">15</a></sup>  Juan Gelman, &quot;Regresos&quot;, en <i>pesar todo. Antolog&iacute;a</i>. Selecci&oacute;n, compilaci&oacute;n  y pr&oacute;logo de Eduardo Mill&aacute;n &#40;M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2008&#41;, 395.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s16"  name="16">16</a></sup>  Alejandra Oberti y Roberto Pitta-luga, &quot;Temas para una agenda de debate en torno  al pasado reciente&quot;, en <i>Pol&iacute;ticas de la memoria. Anuario de informaci&oacute;n e  investigaci&oacute;n del CeDInCI </i>5 &#40;Buenos Aires, 2004/2005&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s17"  name="17">17</a></sup>  Beatriz Sarlo, <i>Tiempo pasado, </i>24.</p>      <p><sup><a href="#s18"  name="18">18</a></sup>  Citado por Alejandra Oberti y Roberto Pittaluga en &quot;Temas para una agenda de  debate&quot;. En este mismo estudio se reproduce la afirmaci&oacute;n del dictador Jorge  Videla, aparecida en el <i>Clar&iacute;n, </i>edici&oacute;n de 14 de diciembre de 1979,  respecto a que el desaparecido &quot;es una inc&oacute;gnita... no tiene entidad; no est&aacute;  muerto ni vivo&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s19"  name="19">19</a></sup>  Alejandra Oberti y Roberto Pittaluga, &quot;Temas para una agenda de debate&quot;.</p>      <p><sup><a href="#s20"  name="20">20</a></sup>  Beatriz Sarlo, <i>Tiempo pasado</i>, ver su cap&iacute;tulo 2: &quot;Cr&iacute;tica del testimonio:  sujeto y experiencia&quot;. La cita proviene de las p&aacute;ginas 52 y 54.</p>      <p><sup><a href="#s21"  name="21">21</a></sup>  Juan Gelman, &quot;Bajo la lluvia ajena &#40;notas al pie de una derrota&#41;&quot;, en <i>pesar  todo</i>, 231.</p>     </font>      ]]></body>
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