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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Artefactos técnicos: ¿Cuál es el enfoque más adecuado?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The paper describes the strengths and weaknesses of the three dominant approaches in the ontological theories of technical artifacts, which are the approaches: (1) functional, (2) intentional and (3) dual. I will show it is not appropriate to focus solely on "functions" or "intentions" to formulate a general theory of artifacts. The dual approach should not miss out on material and structural elements, but must also be consistent with symbolic elements and context in which humans live.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="4"><b>Artefactos t&eacute;cnicos: ¿Cu&aacute;l es el enfoque m&aacute;s adecuado?</b><a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title=""><b>*</b></a></font>        <p align="center"><font face="Verdana" size="3"><b>Technical Artifacts: Which approach is best?</b></font></p>  <font face="Verdana" size="2">      <p><b>Por: &aacute;lvaro David Monterroza R&iacute;os</b></p>      <p>Facultad de Ciencias</p>      <p>Instituto Tecnol&oacute;gico Metropolitano &#8211; ITM</p>      <p>Medell&iacute;n, Colombia</p>      <p>E-mail: <a href="mailto:estudiosdefilosofia@quimbaya.udea.edu.co">alvaromonterroza@itm.edu.co</a></p>      <p>Fecha de recepci&oacute;n: 24 de agosto de 2011</p>      <p>Fecha de aprobaci&oacute;n: 18 de septiembre de 2011</p>  </font> <hr size="1"> <font face="Verdana" size="2">      <p><b>Resumen: </b>El art&iacute;culo presenta las bondades y deficiencias de los tres enfoques predominantes en las teor&iacute;as ontol&oacute;gicas de los artefactos t&eacute;cnicos, que son los enfoques: (1) funcional, (2) intencional y (3) dual. Mostrar&eacute; que no es conveniente enfocarnos &uacute;nicamente en las «funciones» o «intenciones» para formular una teor&iacute;a general sobre los artefactos, sino en un enfoque «dual» que no deje por fuera los elementos materiales y estructurales, pero que tenga coherencia con los elementos simb&oacute;licos y contextuales en los que estamos sumergidos los seres humanos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Artefactos t&eacute;cnicos, filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a, enfoque dual, naturaleza dual de los artefactos t&eacute;cnicos.</p>      <p><b>Abstract:</b>The paper describes the strengths and weaknesses of the three dominant approaches in the ontological theories of technical artifacts, which are the approaches: (1) functional, (2) intentional and (3) dual. I will show it is not appropriate to focus solely on “functions” or “intentions” to formulate a general theory of artifacts. The dual approach should not miss out on material and structural elements, but must also be consistent with symbolic elements and context in which humans live.</p>      <p><b>Key words: </b>Technical artifacts, philosophy of technology, dual approach,  Dual Nature of Technical Artifacts.</p>  </font> <hr size="1"> <font face="Verdana" size="2">      <p><b>1. Introducci&oacute;n</b></p>      <p>La existencia humana es un h&iacute;brido entre lo natural y lo artificial, afirma Fernando Broncano; precisamente porque evolucionamos transformando el medio natural a trav&eacute;s de artefactos, s&iacute;mbolos, materias y procesadores de informaci&oacute;n, que han dado como resultado un universo artificial (Broncano 2008: 18). De esta manera, los seres humanos conformamos las complejas relaciones sociales, t&eacute;cnicas y artefactuales que tallaron nuestras caracter&iacute;sticas m&aacute;s sobresalientes: el lenguaje, la moralidad, los valores, las creencias, la racionalidad y la misma t&eacute;cnica y la tecnolog&iacute;a. Estas caracter&iacute;sticas, a su vez, retroalimentaron nuestro mundo artificial a trav&eacute;s de la actividad creativa que configur&oacute; continuamente el entorno, por medio de los proyectos y hazañas de distintos grupos humanos. Como derivaci&oacute;n de lo anterior, dice Broncano, lo «natural» de nuestra especie ser&iacute;a lo «artificial», ya que esto &uacute;ltimo es el invernadero que nos permite tener una vida parcialmente desacoplada del mundo natural en que la naturaleza humana reproduce sus propias condiciones de existencia (Ib&iacute;d.: 19). En esa medida somos seres t&eacute;cnicos, y por lo tanto, la t&eacute;cnica y sus productos, son genuinos objetos de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica.</p>      <p>Es f&aacute;cil darse cuenta que la preocupaci&oacute;n ontol&oacute;gica por la t&eacute;cnica (<i>techne</i>) tuvo sus or&iacute;genes en la misma Grecia, en donde nacieron los problemas filos&oacute;ficos tradicionales. De hecho, hubo una intensa pol&eacute;mica entre Arist&oacute;teles y Plat&oacute;n sobre la naturaleza de los objetos artificiales que, sin embargo, no parece haber trascendido a otras escuelas y tradiciones filos&oacute;ficas posteriores. Jes&uacute;s Vega menciona que si bien en la filosof&iacute;a han escaseado las reflexiones ontol&oacute;gicas en torno a los entes artificiales, esto no es motivo para despreciar su relevancia ni para asegurar que no existen problemas filos&oacute;ficos leg&iacute;timos (Vega 2007: 1). En efecto, con lo que sabemos de los or&iacute;genes de nuestra especie y por la historia tecnol&oacute;gica reciente, han sido las actividades t&eacute;cnica y tecnol&oacute;gica y sus productos &#8211;los artefactos&#8211;, uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s transformadores de la condici&oacute;n humana. </p>      <p>Por ello, la tradici&oacute;n filos&oacute;fica anglosajona, y recientemente en algunos trabajos en Iberoam&eacute;rica (Broncano, Lawler, Parente, Vega, etc.), se ha tratado de desarrollar nuevas teor&iacute;as y reflexiones sobre la t&eacute;cnica, la tecnolog&iacute;a, el diseño y los artefactos. En esta corriente est&aacute; escrito este art&iacute;culo, que pretende presentar los tres enfoques predominantes en las teor&iacute;as ontol&oacute;gicas de los artefactos t&eacute;cnicos y argumentar por qu&eacute; tomar partido por uno de ellos.</p>      <p><b>2. Enfoques en las teor&iacute;as ontol&oacute;gicas de los artefactos</b></p>      <p>Como lo señalan muchos autores (Vega, Lawler, Dom&iacute;nguez), podemos entender la acci&oacute;n t&eacute;cnica humana en dos sentidos: el primero, las acciones t&eacute;cnicas que se refieren a la actividad de diseñar, desarrollar y producir nuestros sistemas artefactuales; y el segundo, sus productos, los artefactos mismos, el problema central de este trabajo. Es importante aclarar que si bien pueden existir distintos tipos de artefactos &#8211;sociales, est&eacute;ticos&#8211;, me centrar&eacute; en los artefactos t&eacute;cnicos, es decir, los productos propios de los artesanos, diseñadores o ingenieros. </p>      <p>En cuanto a la naturaleza de nuestros objetos artificiales, Jes&uacute;s Vega anota que los debates ontol&oacute;gicos actuales sobre los artefactos tienden a moverse en dos frentes: para unos, la intencionalidad parece marcar un corte bien definido en la realidad; la realidad t&eacute;cnica es realidad humana por ser una intencionalidad objetivada, es decir, un mundo que conocemos privilegiadamente por responder a nuestros conceptos y descripciones, y al que podemos sumar nuestras creaciones artificiales. Para otros, este &eacute;nfasis en la intenci&oacute;n olvida un hecho: la realidad de los artefactos se sostiene sobre la posibilidad de que establezcamos patrones causales que ejecuten funciones; por lo tanto, toda ontolog&iacute;a de lo t&eacute;cnico debe tomar como punto de partida una reflexi&oacute;n sobre la realidad de las funciones (Vega, 2010: 339). Al primer frente lo llamaremos <i>enfoque intencional</i>, y al segundo, <i>enfoque funcional</i>. Adicionalmente, en los años recientes se han retomado y actualizado las ideas pioneras de Herbert Simon (1969) y planteado un <i>enfoque dual</i> el cual describiremos en detalle m&aacute;s adelante.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2.1. Enfoque Funcional</b></p>      <p>Este enfoque sugiere que debemos ver los artefactos como objetos funcionales, por ejemplo, como objetos que han sido creados y seleccionados por un grupo cultural determinado de usuarios y diseñadores para desarrollar ciertas funciones (Lawler, 2010<i>b</i>: 2). </p>      <p>Tiene sus or&iacute;genes en la noci&oacute;n de funci&oacute;n de la biolog&iacute;a, y sus autores buscan extenderla al &aacute;mbito artificial. De ellos, unos son defensores de una concepci&oacute;n sist&eacute;mica, por ejemplo Robert Cummins (1975), cuya noci&oacute;n primaria de funci&oacute;n es la contribuci&oacute;n causal a la actividad de un sistema; otros apoyan las concepciones etiol&oacute;gicas desarrolladas por Larry Wright (1976), seg&uacute;n las cuales la funci&oacute;n se elige no solo con base en lo que el elemento hace, sino tambi&eacute;n en la historia causal del mismo, es decir, de c&oacute;mo este elemento ha llegado a ser como es.</p>      <p>En la concepci&oacute;n sist&eacute;mica, la atribuci&oacute;n de funciones a componentes o partes de un artefacto se ajusta bien, pero no permite determinar la funci&oacute;n del artefacto en cuanto tal, a la que normalmente nos referimos como aquello «para lo cual» est&aacute; ah&iacute;. En la concepci&oacute;n etiol&oacute;gica se tiene un problema: no es sencillo determinar los factores que contribuyen a fijar aquellos efectos propios de la funci&oacute;n en esta historia causal, adem&aacute;s de que esa historia de selecci&oacute;n es una historia de selecci&oacute;n <i>intencional</i> (Vega, 2010: 326); el problema, pues, es adem&aacute;s explicativo. </p>      <p>Es evidente que hay algunas similitudes entre las funciones biol&oacute;gicas y las artefactuales; por ejemplo, ambas consideran las capacidades f&iacute;sicas del objeto en la adscripci&oacute;n de funciones; tambi&eacute;n, que la funci&oacute;n est&aacute; justificada en t&eacute;rminos de la historia causal de determinado objeto, lo que involucra una noci&oacute;n de tipo hist&oacute;rico que proviene de la idea de selecci&oacute;n natural para el caso de los &oacute;rganos, o de la historia deliberativa para el caso de los artefactos.</p>      <p>No obstante, si bien tanto las funciones biol&oacute;gicas como las artefactuales aluden a una historia causal, se diferencian profundamente en el tipo de historia que determina la funci&oacute;n. A diferencia de las biol&oacute;gicas, las funciones artefactuales involucran directamente la acci&oacute;n intencional. Por esta causa, la funci&oacute;n en los artefactos est&aacute; parcialmente determinada por el uso del objeto y las pr&aacute;cticas y contenidos intencionales de los agentes involucrados en las acciones t&eacute;cnicas. De esta manera, puedo afirmar que las funciones artefactuales propias, su uso y significado, se hallan parcialmente determinados por el ambiente social en el cual el artefacto est&aacute; inmerso. En contraste, las funciones biol&oacute;gicas responden a una l&oacute;gica interna de selecci&oacute;n natural involucrada en su filog&eacute;nesis, en la que su &eacute;xito depende de su relevancia para la supervivencia del organismo. Marcada esta diferencia, concluyo que los artefactos pueden ser pensados como objetos intencionales, caracterizados por disponer de una funci&oacute;n propia comprensible para una comunidad de usuarios. De este modo, cada funci&oacute;n artefactual contiene un determinado plan de uso, mientras que una actividad de uso involucra ninguna o pocas funciones biol&oacute;gicas, entendiendo «uso» como una decisi&oacute;n consciente que opera seg&uacute;n una prescripci&oacute;n externa (Parente, 2010: 3).</p>      <p>Otra diferencia importante señalada por Diego Parente (2010) (que tambi&eacute;n anota en el enfoque intencional, que veremos m&aacute;s adelante) es que en la creaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de artefactos se requiere de una instancia o agente que lleve a cabo un diseño, mientras que la funci&oacute;n biol&oacute;gica aparentemente no requiere de un diseñador para crear un organismo u &oacute;rgano con funciones.</p>      <p>Este autor tambi&eacute;n señala otra diferencia: que las funciones biol&oacute;gicas, en el caso de los &oacute;rganos, se manifiestan incorporadas al agente que las utiliza, cosa que no ocurre con los artefactos t&eacute;cnicos. Seg&uacute;n Parente, herramienta y &oacute;rgano parecen compartir solo una similitud superficial, ya que, a diferencia de los &oacute;rganos, las herramientas son externas al usuario y no se desarrollan del modo en que lo que hacen los entes biol&oacute;gicos (2010: 3). Esta diferencia no me parece tan importante, por la sencilla raz&oacute;n de que no todos los artefactos son herramientas &#8211;no tienen que verse como extensiones del cuerpo&#8211;. De hecho, la noci&oacute;n de artefactos como la pr&oacute;tesis ha sido cuestionada por varios autores: Fernando Broncano (2008), Carl Mitcham (1989) o Ra&uacute;l Dom&iacute;nguez (2010); adem&aacute;s, hay artefactos con funciones, que pueden estar dentro de un usuario &#8211;&oacute;rganos artificiales, pr&oacute;tesis, etc.&#8211;.  En este sentido esta diferencia no es tan estricta y puede superarse.</p>      <p>Al tratar de aplicar los conceptos procedentes de las explicaciones biol&oacute;gicas en t&eacute;rminos de selecci&oacute;n natural y reproducci&oacute;n diferencial, surgen, obviamente, los siguientes problemas: por un lado, que se podr&iacute;a usar de forma inadecuada el concepto de «reproducci&oacute;n» en los artefactos, y entonces, ¿c&oacute;mo podr&iacute;a ser su ciclo reproductivo?; por el otro, ¿c&oacute;mo explicar la selecci&oacute;n en t&eacute;rminos de variaciones en competencia o en la que, adem&aacute;s, se involucren agentes intencionales?</p>      <p>A pesar de estas dificultades, no han sido pocos los intentos por desarrollar teor&iacute;as en las que la funci&oacute;n sea la que d&eacute; una identidad propia a los objetos artificiales. Algunos autores han propuesto varios tipos de teor&iacute;as funcionales reproductivas en las que no es necesario postular una estructura f&iacute;sica com&uacute;n, sino &uacute;nicamente una historia funcional com&uacute;n, donde tambi&eacute;n se involucra el entorno de tales objetos; tal es el caso de las «clases copiadas» de Carwford Elder (2004). Seg&uacute;n este autor, las clases copiadas se caracterizan por las siguientes propiedades: 1. Una configuraci&oacute;n cualitativa particular; 2. Una «funci&oacute;n propia» que se identifica seg&uacute;n un mecanismo de copia de miembros anteriores, con base en las consecuencias causales de las realizaciones de esos miembros, de tal modo que pueda decirse que lo que hacen sea lo que se «supone» que habr&iacute;an de hacer; y 3. Un «emplazamiento hist&oacute;ricamente apropiado» en el que se ha llevado a cabo el proceso de copia. Seg&uacute;n Jes&uacute;s Vega, en esta teor&iacute;a de Elder no se cree que todos los artefactos est&eacute;n bajo una clase copiada, ya que nuestras categor&iacute;as comunes de artefactos son demasiado amplias y no se ajustan a los criterios estrictos de esta denominaci&oacute;n (Vega, 2010: 327).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de esta explicaci&oacute;n te&oacute;rica, son muchas las dificultades que han encontrado los defensores de la existencia de un proceso de «copia» o, en general, de las teor&iacute;as reproductivas para el caso de los artefactos. Para comenzar, ¿c&oacute;mo explicar&iacute;an la aparici&oacute;n constante de innovaciones t&eacute;cnicas?; y, seguidamente, no parecen existir leyes que determinen los procesos de copia ni generalizaciones inductivas estables. Tampoco cabr&iacute;a hablar de reproducci&oacute;n de los mismos «modelos» dentro de tradiciones bien establecidas, que bastar&iacute;a para motivar un proceso de copia estricto, pues distintas tradiciones podr&iacute;an haber coincidido en un mismo diseño (Vega, 2010: 327).</p>      <p>Para terminar esta descripci&oacute;n del enfoque funcional, hay que resaltar que la gran diferencia entre las funciones biol&oacute;gicas y las artefactuales es que estas &uacute;ltimas involucran directamente la acci&oacute;n intencional. En este sentido, ¿no ser&iacute;a m&aacute;s importante estudiar con m&aacute;s detalle las intenciones de los agentes que participan de la creaci&oacute;n y uso de los artefactos que la funci&oacute;n por s&iacute; misma? Este es el asunto que enfrenta el enfoque intencional, que describir&eacute; a continuaci&oacute;n.</p>      <p><b>2.2. Enfoque Intencional</b></p>      <p>Su tesis b&aacute;sica propone que un artefacto es el objeto <i>que es</i>, debido a que ha sido creado con la intenci&oacute;n de ser precisamente ese objeto y no otro. Entre los representantes de este enfoque se encuentran Risto Hilpinen (2004) y Amie Thomasson (2007), que sostienen que lo que distingue a un artefacto de un objeto natural no es el hecho de que el primero presente propiedades funcionales, puesto que muchos objetos naturales &#8211;como los &oacute;rganos&#8211; las presentan; la diferencia est&aacute; relacionada, no con su presencia sino con su origen, pues en ellos &#8211;los artefactos&#8211; dichas propiedades dependen de los estados mentales de los diseñadores, productores y usuarios (Lawler, 2010<i>b</i>: 2). </p>      <p>La noci&oacute;n b&aacute;sica de las teor&iacute;as intencionales es la siguiente: un ente se incluye dentro de la categor&iacute;a de artefacto x cuando ha sido producido con la intenci&oacute;n de que caiga bajo esa categor&iacute;a, propia de los artefactos pasados similares; por esta raz&oacute;n, muchos autores llaman a este el enfoque «hist&oacute;rico-intencional» (Vega, 2009: 328). Amie Thomasson recientemente ha dado un nuevo impulso al enfoque intencional afirmando que la ontolog&iacute;a de un artefacto «est&aacute; constituida por los contenidos mentales e intencionales de sus hacedores» (2007: 53); por ejemplo, un martillo es el resultado de una intenci&oacute;n humana de producir un objeto que pertenezca a la clase «martillo». </p>      <p>Seg&uacute;n Thomasson, habr&iacute;a que decir que una intenci&oacute;n como esta «no puede ser meramente entendida de manera transparente, como una intenci&oacute;n desnuda de producir “uno de esos” &#8211;señalando hacia un ejemplo&#8211;» (2007: 58). La intenci&oacute;n humana de hacer un objeto que pertenezca a cierta clase artificial se debe entender adecuadamente en estos t&eacute;rminos: “&#91;…&#93; the relevant sort of intention to make a thing of artifactual kind <i>k</i> must thus involve a substantive (and substantively correct) concept of what a <i>k</i> is, including an understanding of what sorts of properties are <i>k</i>-relevant and an intention to realize many of them in the object created” (Thomasson, 2007: 59).<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title=""><sup><sup>[1]</sup></sup></a></p>      <p>Y luego agrega: “One other condition is also necessary: For a member of any essentially artifactual kind <i>k</i> to be created, it is also necessary that intention be at least largely successfully realized” (Thomasson, 2007: 59).<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title=""><sup><sup>[2]</sup></sup></a></p>      <p>En general, el enfoque expuesto por Thomasson puede resumirse, seg&uacute;n Diego Lawler, diciendo: « &#91;…&#93; la existencia de un artefacto particular es el resultado de la realizaci&oacute;n de la intenci&oacute;n de un agente, cuyo contenido comporta una idea de la clase de cosa que se produce o se trae al mundo» (Lawler, 2010b: 4). Tambi&eacute;n podr&iacute;a escribirse de manera m&aacute;s precisa y formal as&iacute;: </p>      <blockquote>Dado un hacedor <i>H</i> y un artefacto <i>x</i>, se afirma que <i>H</i> produce <i>x</i> si se dan las siguientes condiciones:</blockquote>       <blockquote>1. <i>H</i> tiene la intenci&oacute;n <i>i</i> de producir <i>x</i>;</blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>   2.     El contenido de la intenci&oacute;n <i>i</i> de <i>H</i> comporta una     idea de qu&eacute; clase de cosa es x, la cual puede involucrar una o varias     propiedades de <i>x</i>, por ejemplo, sus funciones, su forma y su estructura   f&iacute;sica, entre otras; </blockquote>       <blockquote><i>H</i>     realiza la intenci&oacute;n <i>i</i>;</blockquote>               <blockquote>3.   La intenci&oacute;n <i>i</i> se satisface con cierto &eacute;xito;</blockquote>       <blockquote>4.     <i>H</i> est&aacute; en     condiciones de evaluar el grado de &eacute;xito de la satisfacci&oacute;n de su intenci&oacute;n <i>i</i>   de producir <i>x</i> (Lawler, 2010<i>b</i>: 4).</blockquote>       <p>Seg&uacute;n Jes&uacute;s Vega, hay     un acuerdo en que cualquier concepci&oacute;n intencional podr&iacute;a acomodar     adecuadamente el requisito de novedad. Un hacedor <i>H</i> &#8211;un carpintero, por     ejemplo&#8211;<a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title=""><sup><sup>[3]</sup></sup></a> que tenga la intenci&oacute;n de hacer un artefacto <i>x</i> &#8211;una mesa&#8211;,     debe tener cierta idea sustantiva de lo que un artefacto <i>x</i> es &#8211;la mesa&#8211;     y tambi&eacute;n cumplir exitosamente su intenci&oacute;n i. Es determinante que quien hace     el artefacto <i>x</i> establezca los criterios normativos de &eacute;xito de su     intenci&oacute;n y, por ello mismo, los criterios de identidad y pertenencia a la     clase artificial <i>x</i> (Vega, 2010: 328).</p>      <p><font size="2" face="Verdana">El criterio de la   intenci&oacute;n no est&aacute; exento de dificultades. Acerca del enfoque intencional,   Fernando Broncano (2001) hace las siguientes preguntas: ¿qu&eacute; es lo que nos   representamos? ¿Es el objeto?, ¿es la forma?, ¿es su materia?, ¿es el modo en   que llegamos a construirlo? Y para ello propone el ejemplo del sendero   construido por el uso continuo de sus habitantes y no por sus intenciones   preconcebidas: “Pensemos en un grupo de cazadores y recolectores que vuelve   todas las tardes a su aldea. Se representan el final del camino, se representan   los paisajes que deben atravesar, quieren llegar del modo m&aacute;s sencillo y r&aacute;pido   y todos los d&iacute;as hacen el mismo trayecto. El resultado es un sendero que es un   subproducto de sus acciones intencionales, pero que en s&iacute; mismo nunca fue   intentado como tal” (Broncano, 2001: 102). </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Observamos en este   ejemplo que se podr&iacute;a poner en duda que los autores del sendero <i>x</i> tengan   una idea sustantiva de lo que es un sendero, y que parece evidente que fue un   resultado exitoso, sin establecer criterios normativos claros de su intenci&oacute;n   ni de su identidad y pertenencia a la clase artificial «sendero».</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Quiz&aacute; por esto mismo   Jes&uacute;s Vega hace los siguientes cuestionamientos: </font></p>      <blockquote><font size="2" face="Verdana">¿En qu&eacute;   consiste poseer el concepto del artefacto <i>x</i> que es parte del contenido   de la intenci&oacute;n que gu&iacute;a y controla la acci&oacute;n de producir un «nuevo»   artefacto?; ¿qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre la idea sustantiva de <i>x</i> y la   posesi&oacute;n del concepto? En segundo lugar, en el caso de la creaci&oacute;n de «nuevos»   artefactos, ¿puede decirse que hay una comprensi&oacute;n de las condiciones de &eacute;xito   de las acciones que se emprenden en vistas a la producci&oacute;n de un artefacto   antes de que se descubra que cierta estructura (o conjunto de patrones   causales) efectivamente realiza una funci&oacute;n? (Vega, 2010: 328).</font></blockquote>      <p><font size="2" face="Verdana">Estas objeciones se   centran en la intuici&oacute;n de que es dudoso, por parte del enfoque   hist&oacute;rico-intencional, que la creaci&oacute;n de un «nuevo» artefacto o una nueva   clase artificial requiera <i>necesariamente</i> de la existencia previa de un   concepto bien definido del «nuevo» objeto o clase que habr&aacute; de ser hecho, y que   la hechura del artefacto o de la clase deba estar guiada precisamente por este   concepto.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Recientemente Diego   Lawler (2010<i>a</i>) ha planteado en este mismo sentido algunos   cuestionamientos al enfoque hist&oacute;rico-intencional, defendiendo que las   intenciones no est&aacute;n completamente formadas hasta que alg&uacute;n hecho, como una   nueva clase artificial, no haya sido realizado completamente. Los artefactos   son una parte importante de nuestra cultura material; ellos pueblan nuestro   mundo ordinario, el mundo con el que b&aacute;sicamente interactuamos. Lawler   considera, sobre la base de las contribuciones de Herbert Simon (1969), que un   artefacto debe ser visto como unas interfaces entre la estructura interna de un   objeto y su medio ambiente. En particular, estas interfaces se caracterizan por   un conjunto de regularidades basadas en la naturaleza misma de los objetos, y   este conjunto de regularidades comprende dos tipos: 1. Patrones causales   derivados del enlace entre las disposiciones causales de la estructura interna   del objeto y las formas en que se lo manipula; 2. Lazos establecidos entre el   objeto y un medio ambiente de agentes intencionales y acciones &#8211;disposiciones   enlazadas a la construcci&oacute;n de planes y a las actividades orientadas a fines&#8211;   (Lawler, 2010<i>a</i>: 601). Desde mi punto de vista, la naturaleza del objeto   est&aacute; determinada por ambos tipos de regularidades.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Estas objeciones   podr&iacute;an abonar el terreno para retomar las ideas pioneras de Herbert Simon   (1969) sobre los objetos artificiales y plantear un enfoque distinto que tenga   en cuenta tanto las intenciones de los agentes como la estructura material   sobre la cual se ha de plasmar la transformaci&oacute;n de esa materia, con el fin de   producir un artefacto funcional.  Este es el llamado <i>enfoque dual</i>, que   describir&eacute; a continuaci&oacute;n.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"><b>2.3. Enfoque Dual</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Este enfoque sostiene   que los artefactos poseen una doble naturaleza: son entidades materiales   &#8211;objetos con descripciones f&iacute;sico-qu&iacute;micas completas&#8211; y entidades intencionales   &#8211;objetos que incorporan planes de acci&oacute;n incrustados por sus diseñadores y que,   adem&aacute;s, ingresan como contenidos o recursos a los planes propios de acci&oacute;n de   los usuarios, que pueden o no pueden coincidir con los planes de los   diseñadores&#8211; (Lawler, 2010<i>b</i>: 2). En este sentido, los artefactos son seres   h&iacute;bridos que no pueden ser descritos exhaustivamente solo por teor&iacute;as f&iacute;sicas   causales, ya que no tendr&iacute;an cabida las caracter&iacute;sticas intencionales; tampoco   pueden ser descritos en su integridad desde la conceptualizaci&oacute;n netamente   intencional, ya que su funcionalidad se tiene que plasmar en una estructura   f&iacute;sica adecuada para ella.  Este enfoque requiere de mayor atenci&oacute;n, pues es la   propuesta que hago para tener una teor&iacute;a m&aacute;s completa de las creaciones   t&eacute;cnicas artificiales, centr&aacute;ndome particularmente en el trabajo de la escuela   holandesa de la Universidad Tecnol&oacute;gica de Delft <i>La Naturaleza Dual de los     Artefactos T&eacute;cnicos</i> (DNTA).  El programa de investigaci&oacute;n DNTA   surgi&oacute; en los primeros años de la d&eacute;cada de 2000 de la mano de los profesores   Peter Kroes y Anthonie Meijers, de las Universidades Tecnol&oacute;gicas de Delft y   Eindhoven. Este programa se concibi&oacute; para trabajar de forma interdisciplinaria   la ontolog&iacute;a, la epistemolog&iacute;a, la axiolog&iacute;a y otros aspectos filos&oacute;ficos de   los artefactos t&eacute;cnicos, en los que deber&iacute;an participar diferentes ramas de la   filosof&iacute;a y otras disciplinas complementarias.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">El programa parte de   dos supuestos: 1. Que nuestro universo humano est&aacute; constituido por dos   concepciones de mundo; y 2. Que estas concepciones se manifiestan efectivamente   en nuestra manera de pensar, hablar y desenvolvernos. En primer lugar, existe   un mundo compuesto por objetos f&iacute;sicos, que interact&uacute;an entre s&iacute; a trav&eacute;s de   conexiones causales en el orden f&iacute;sico, qu&iacute;mico, biol&oacute;gico, etc.; en segundo   lugar, existe otro mundo con agentes que interact&uacute;an a trav&eacute;s de elementos   mentales &#8211;individuales o colectivos&#8211; como creencias, intenciones, percepciones   o deseos, que intencionalmente representan la realidad y la forma de actuar en   ella. A partir de estos postulados, el programa afirma que las creaciones t&eacute;cnicas   humanas &#8211; los artefactos&#8211; son un h&iacute;brido entre estas dos concepciones del   mundo. Por ejemplo, una casa tiene elementos materiales e intencionales, pues   debe ser capaz de mantenerse sobre s&iacute; misma y sostener a sus habitantes   venciendo la gravedad, y debe estar construida con materiales lo   suficientemente resistentes al clima y al ambiente para que pueda tener cierta   duraci&oacute;n; adem&aacute;s, debe cumplir ciertas intenciones &#8211;fines, funciones y   prop&oacute;sitos&#8211;, supliendo una necesidad o un deseo: crear un espacio de refugio,   abrigo, comodidad o territorialidad, incluso funciones m&aacute;s simb&oacute;licas, como la   de definir el estatus, los gustos y los rangos de sus habitantes en su cultura.   Con este ejemplo dejo en claro que esta conceptualizaci&oacute;n mental-intencional va   m&aacute;s all&aacute; de las intenciones de los individuos y se extiende a las entidades y   grupos sociales.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Los artefactos, al   ser h&iacute;bridos, no pueden ser descritos exhaustivamente con una conceptualizaci&oacute;n   f&iacute;sica causal &#8211;a trav&eacute;s de las ciencias naturales o ingenieriles&#8211;, ya que en   ellas no tienen cabida las caracter&iacute;sticas intencionales. Tampoco pueden ser   descritos detalladamente en la conceptualizaci&oacute;n puramente intencional, ya que   su funcionalidad se tiene que plasmar en una estructura f&iacute;sica adecuada para   ella (Kroes y Meijers, 2006: 4).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Debo señalar que la   noci&oacute;n de que los artefactos tienen incorporados tanto leyes naturales como   intenciones o actos humanos no es nueva, pues ya hab&iacute;a sido presentada en el   trabajo pionero de Herbert Simon: su cl&aacute;sico texto <i>The Sciences of the     Artificial</i> (1969); as&iacute; lo señala Kroes (2002), que toma la teor&iacute;a de Simon   para formular el programa dnta.   Este &uacute;ltimo autor afirma que una entidad artificial incorpora tanto prop&oacute;sitos   humanos como leyes naturales; por consiguiente, podr&iacute;a caracterizarse   atendiendo a sus funciones y a sus componentes materiales. Las primeras   dependen de los objetivos o prop&oacute;sitos humanos asignados al artefacto, y los   segundos demarcan eso que Simon llama «medio ambiente interno» o «car&aacute;cter» de   un artefacto. Estos componentes agrupan sus propiedades f&iacute;sicas y qu&iacute;micas,   cuya interacci&oacute;n causal especifica su estructura y organizaci&oacute;n interna. Este   concepto elemental ha sido promovido por Simon, cuando sugiere considerar los   artefactos como «interfaces» o «puntos de encuentro» entre tres jurisdicciones:   el medio ambiente externo, el medio ambiente interno y la esfera de los deseos   humanos. Este autor resalta que el medio ambiente (f&iacute;sico) externo es muy   importante para caracterizar un artefacto, y cita como ejemplo un reloj solar:   el Prop&oacute;sito (<i>Purpose</i>) es dar la hora; el Car&aacute;cter (<i>Character</i>) se   refiere a su diseño f&iacute;sico, en este caso la barra que sirve para hacer una   sombra; y el Medio Ambiente Externo (<i>Enviroment</i>) es el hecho de estar   instalado en una regi&oacute;n donde exista normalmente un clima soleado. Este esquema   se representa en la Figura 1 (Simon, 1969).</font></p>  <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    <blockquote><font size="2">Figura 1.    Representaci&oacute;n   esquem&aacute;tica del an&aacute;lisis de Herbert Simon sobre los artefactos, con el ejemplo   del reloj solar</font></blockquote></font>  <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    <p align="center"><font size="2"><img src="img/revistas/ef/n44/n44a10g02 .jpg"/></font></p></font>        <blockquote><font size="2" face="Verdana">Fuente:                       Peter Kroes (2002). «<i>Design Methodology   and the Nature of Technical Artifacts». Design     Studies</i>. &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 23, n&uacute;m. 3,   mayo, p. 293.</font></blockquote>   <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2">Kroes (2002) cambia   parcialmente este esquema de Simon para proponer la semilla que se convertir&aacute;   en el programa DNTA, al   incorporar el Contexto de la acci&oacute;n humana (<i>Context of human action</i>).   Seg&uacute;n &eacute;l, no tiene sentido hablar de funci&oacute;n t&eacute;cnica dentro de un contexto no   humano; de hecho, este contexto es una parte constitutiva determinante de una   ontolog&iacute;a de los artefactos. De esta manera recategoriza la teor&iacute;a de Simon,   agreg&aacute;ndole el Contexto de la acci&oacute;n humana y poniendo el Car&aacute;cter y el Medio   Ambiente (f&iacute;sico) Externo en una sola clasificaci&oacute;n, tal como aparece en la   Figura 2.</font></p></font>  <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    <blockquote><font size="2">Figura 2.    Naturaleza   dual de los artefactos t&eacute;cnicos, con el ejemplo del reloj solar</font></blockquote></font>   <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    <p align="center"><font size="2"><img src="img/revistas/ef/n44/n44a10g03.jpg"/></font></p></font>        <blockquote><font size="2" face="Verdana">Fuente:                       Peter Kroes (2002). « <i>Design   Methodology and the Nature of Technical Artifacts ». Design Studies</i>.   &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 23, n&uacute;m. 3, mayo, p. 293.</font></blockquote>         <p><font size="2" face="Verdana">En este esquema, el   concepto de Prop&oacute;sito (<i>Goal/Purpose</i>) es cambiado por el de Funci&oacute;n (<i>Function</i>);   as&iacute;, se evita referirse a los artefactos como objetos que tienen un telos.   Consecuentemente, Funci&oacute;n solo tiene sentido dentro del contexto de la acci&oacute;n   humana, por lo que esta noci&oacute;n se remplaza por la del Medio ambiente externo. </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Agrega Kroes que el   Contexto de acci&oacute;n humana es a&uacute;n muy general, y que se pueden identificar   f&aacute;cilmente los dos campos en los que se divide: el Contexto de diseño (<i>Context     of design</i>) y el Contexto de uso (<i>Context of use</i>) (Figura 3), donde   los artefactos t&eacute;cnicos se manifiestan a s&iacute; mismos en diferentes sentidos   (2002). En el Contexto de diseño el &eacute;nfasis principal reside en c&oacute;mo construir   el sistema f&iacute;sico del objeto para realizar una funci&oacute;n; esta funci&oacute;n a veces es   descrita en t&eacute;rminos de una lista de especificaciones que un objeto tiene que   satisfacer; aqu&iacute; encontramos lo que Simon llama «medio ambiente interno» del   artefacto. En el Contexto de uso, el «medio ambiente externo» se representa a   s&iacute; mismo; adem&aacute;s, la funci&oacute;n de un artefacto en relaci&oacute;n con la realizaci&oacute;n de   sus fines prima sobre su constituci&oacute;n f&iacute;sica (Kroes, 2002: 297). </font></p>   <font size="2" face="Verdana">&nbsp;  </font><font face="Verdana">    <blockquote><font size="2">Figura 3.    Artefactos   t&eacute;cnicos y sus contextos de diseño y de uso</font></blockquote></font>  <font size="2" face="Verdana">&nbsp; </font><font face="Verdana">    <p align="center"><font size="2"><img src="img/revistas/ef/n44/n44a10g04.jpg"/></font></p></font>       <blockquote><font size="2" face="Verdana">Fuente:                       Peter   Kroes (2002). « <i>Design Methodology and the Nature of     Technical Artifacts </i>». <i>Design Studies</i>.   &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 23, n&uacute;m. 3, mayo, p. 293.</font></blockquote>        <p><font size="2" face="Verdana">Ahora, aunque aparentemente los   artefactos est&eacute;n constituidos en su ontolog&iacute;a por tres ramas, es f&aacute;cil ver que   tanto las Funciones como los Contextos de acci&oacute;n humana hacen parte del   universo intencional humano. Si acudimos a la teor&iacute;a de la intenci&oacute;n colectiva   de John Searle (1997), se puede demostrar que est&aacute;n ontol&oacute;gicamente del lado de   los objetos mentales. De esta manera quedan establecidas dos naturalezas ontol&oacute;gicas   de los artefactos: la de origen mental-intencional, señalada en las Funciones y   los Contextos de acci&oacute;n humana, y la de origen material, formada por la   estructura, con sus cualidades f&iacute;sicas y qu&iacute;micas sumergidas dentro de un mundo   causalmente cerrado.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><b>2.3.1. Cualidades del Programa Dual</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">El programa dual es interesante   porque, por un lado, pone el problema de las acciones t&eacute;cnicas en t&eacute;rminos de   intenciones, intentando crear una teor&iacute;a coherente sobre la acci&oacute;n intencional.   Recordemos que el mundo intencional de un agente o grupo de agentes es aquel   que en un principio imagina y proyecta un artefacto para que act&uacute;e en el mundo   material. Justamente la innovaci&oacute;n y la creatividad mental &#8211;colectiva o   individual&#8211; son las que permiten superar los obst&aacute;culos causales que impone el   mundo natural. Por otro lado, el programa dual resalta la importancia del papel   del artesano, diseñador o ingeniero, los encargados de un proceso de producci&oacute;n   intencional que progresivamente explota las posibilidades del mundo f&iacute;sico a   partir de representaciones basadas en el mejor conocimiento posible. Con esto   desechamos la noci&oacute;n de que los artefactos son solo un encuentro entre una   forma ideal plat&oacute;nica y una materia amorfa y d&oacute;cil.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">El programa dual tambi&eacute;n es   interesante por la respuesta que ofrece a las preguntas propuestas por Fernando   Broncano (2008): ¿<i>podr&iacute;an ser las intenciones independientes de la     estructura</i>? O, por el contrario, ¿<i>determina       una estructura las intenciones de uso</i>? Estas   preguntas se refieren al problema de la desconexi&oacute;n que puede haber entre las   estructuras y las intenciones, de forma similar al problema mente-cuerpo, y   espec&iacute;ficamente al problema de la causaci&oacute;n mental que existe en filosof&iacute;a de   la mente.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5" title=""><sup><sup>[4]</sup></sup></a> Como mencion&eacute; anteriormente, Pieter Vermaas y Wybo   Houkes (2006) acudieron al concepto de «funci&oacute;n t&eacute;cnica» como puente levadizo   entre dos mundos aparentemente desconectados; es decir, que aunque los   artefactos tienen dos componentes distintos &#8211;estructurales e intencionales&#8211;,   est&aacute;n unidos por una funci&oacute;n usada como enlace de ellos, pero que logra   mantener separadas sus dos ontolog&iacute;as.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Vermaas y Houkes desarrollaron   recientemente una teor&iacute;a dual m&aacute;s elaborada: la teor&iacute;a de la funci&oacute;n ICE   (intencional, causal y evolutiva), para definir c&oacute;mo se hace la atribuci&oacute;n de   funciones a un artefacto. Presentada en 2006, es una evoluci&oacute;n del programa   original DNTA, y est&aacute; basada en   las versiones abstractas de tres teor&iacute;as generales de la funci&oacute;n, disponibles   en la literatura filos&oacute;fica anglosajona: Karen Neander (1991), Robert Cummins   (1975) y Ruth Garreth Millikan (1984): las teor&iacute;as intencionalista (<i>I</i>), del papel causal (<i>C</i>) y evolucionista (<i>E</i>). Estas   propuestas son incluidas en una perspectiva de acci&oacute;n te&oacute;rica, y se combinan   as&iacute;:</font></p>      <blockquote><font size="2" face="Verdana">Un agente a adscribe (atribuye) la capacidad a &#966;   como una funci&oacute;n a un artefacto <i>X</i>,   relacionada con un plan de uso <i>P</i> para <i>X</i> y relacionada con una teor&iacute;a <i>A</i>, si:</font></blockquote>      <blockquote><font size="2" face="Verdana"><i>I</i> (intencional): el agente a   tiene la capacidad &#8211;creencia&#8211; de que el artefacto <i>X</i> tiene la capacidad para la funci&oacute;n &#966;   cuando es manipulado en la ejecuci&oacute;n del plan de uso    <i>P</i>   , y el agente a tiene la contribuci&oacute;n &#8211;creencia&#8211; de   que si esta ejecuci&oacute;n de <i>P</i> conduce   exitosamente a sus objetivos, el &eacute;xito se debe en parte a la capacidad de <i>X </i>para &#966;.</font></blockquote>      <blockquote><font size="2" face="Verdana"><i>C</i> (papel causal): el agente a   puede justificar estas dos creencias sobre la base de la teor&iacute;a <i>A</i>.</font></blockquote>      <blockquote><font size="2" face="Verdana"><i>E</i> (evolucionista): los   agentes <i>D</i>, que desarrollaron el plan<i> P</i>, han seleccionado intencionalmente el artefacto <i>X</i>   por la capacidad para la funci&oacute;n &#966;, y han comunicado   intencionalmente <i>P</i> a otros agentes <i>U </i>(Vermaas y Houkes, 2006: 9).</font></blockquote>      <p><font size="2" face="Verdana">La condici&oacute;n <i>I</i> expresa que en la atribuci&oacute;n de funciones de un   artefacto, un agente<i> a</i> debe creer que el artefacto tiene la capacidad para la   funci&oacute;n &#966; cuando es manipulado seg&uacute;n un plan, y que el   artefacto tiene la capacidad de contribuir a realizarlo. Segundo, como lo   expresa la condici&oacute;n <i>C</i>, el agente debe   ser capaz de justificar esas creencias, por ejemplo, mediante una teor&iacute;a   cient&iacute;fica. Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n se requiere de la condici&oacute;n <i>E</i> para que los diseñadores comuniquen a sus futuros   usuarios <i>U</i> que ellos han producido o   seleccionado ciertos artefactos para las capacidades correspondientes a sus   funciones (Vermaas y Houkes, 2006: 9). Las ventajas de esta teor&iacute;a son significativas,   como lo ha señalado Broncano (2008), ya que admiten un cierto nivel de   normatividad; el &eacute;xito de los artefactos se explica por la doble fuente de la   intenci&oacute;n de uso; adem&aacute;s, tienen la capacidad explicativa de la selecci&oacute;n de   artefactos en un determinado medio.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">En este sentido, a las   preguntas <i>¿podr&iacute;an ser las intenciones independientes de la estructura?</i>; o, por el contrario, <i>¿determina una     estructura las intenciones de uso?</i>, el programa   DNTA podr&iacute;a responder que   efectivamente hay una comunicaci&oacute;n bidireccional entre las intenciones y la   estructura, comenzando porque las intenciones act&uacute;an con base en las   representaciones y el conocimiento del mundo material, para as&iacute; evaluar las   posibilidades de transformaci&oacute;n del mismo. No se puede perder de vista que en   la creaci&oacute;n de un artefacto pueden surgir nuevas restricciones materiales,   especialmente las que se refieren a las limitaciones de las leyes causales y la   composici&oacute;n de la estructura de los materiales usados.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">A pesar de estas ventajas, se   puede ver que el programa DNTA   parte de supuestos que pueden ser problem&aacute;ticos; en particular, deja la   sensaci&oacute;n de ser una teor&iacute;a esencialista en la que los artefactos podr&iacute;an tener   propiedades intr&iacute;nsecas o propiedades dependientes de respuestas o dependientes   del origen. A continuaci&oacute;n veremos con m&aacute;s detalle las limitaciones que parecen   surgir con las teor&iacute;as del programa DNTA.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana"><b>2.3.2. Algunas cr&iacute;ticas al Programa Dual</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En la presentaci&oacute;n misma del   programa, Carl Mitcham (2002), fil&oacute;sofo estadounidense de la tecnolog&iacute;a, hace   importantes cuestionamientos que incluyen los t&eacute;rminos usados en &eacute;l. Considera   Mitcham que cuando el programa se nombra como una teor&iacute;a dualista, parece   reflejar el viejo dualismo mente-cuerpo, esta vez en los artefactos. Por otro   lado: ¿no podr&iacute;an ser tres, cuatro o m&aacute;s las naturalezas?, ¿por qu&eacute; solo dual?   Este autor tambi&eacute;n señala que cuando se nombra al proyecto como «naturaleza»,   parece remitir a un cierto tipo de esencialismo poco aceptado en la filosof&iacute;a   contempor&aacute;nea por la dificultad que trae esta noci&oacute;n, y propone usar un t&eacute;rmino   distinto que no traiga la carga sem&aacute;ntica esencialista de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica   y moderna; tambi&eacute;n pregunta: <i>¿por qu&eacute; artefactos     t&eacute;cnicos y no de otro tipo? ¿No     todos los artefactos son t&eacute;cnicos?</i> Si es as&iacute;: ¿<i>por qu&eacute; no decirles simplemente </i>artefactos? Y si no lo es: <i>¿qu&eacute; pasa con los       otros tipos?</i> Finalmente, objeta que a los   artefactos no se les asignan descripciones m&aacute;s precisas: por ejemplo,   «m&aacute;quinas», «herramientas», «estructuras», «aplicaciones», «obras de arte»,   «poemas», etc. (2002). </font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Peter Kroes y Anthonie Meijers   (2002) responden de forma sint&eacute;tica los cuestionamientos de Carl Mitcham: en   cuanto al hecho de llamar a los objetos artificiales «artefactos t&eacute;cnicos»,   dicen que esto delimita el problema a los artefactos que diseñan y desarrollan   los ingenieros; as&iacute;, las obras de arte y los poemas no har&iacute;an parte del   programa. El t&eacute;rmino «artefacto t&eacute;cnico» es usado para distinguirlo de los   artefactos sociales, como los matrimonios, las instituciones o las normas.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En cuanto al parecido con el   dualismo cartesiano del cl&aacute;sico problema mente-cuerpo, los autores responden   que hay una importante diferencia, porque es diferente al de la causaci&oacute;n   mental en la filosof&iacute;a de la mente, ya que se refiere m&aacute;s bien a que las   propiedades f&iacute;sicas de los artefactos no se pueden reducir a propiedades   simplemente intencionales. Debido a esto, no hay una similitud directa con el   problema de la filosof&iacute;a de la mente (Kroes y Meijers, 2002).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En lo concerniente a la cr&iacute;tica   de por qu&eacute; una naturaleza dual y no triple &#8211;o incluso mayor&#8211;, Kroes y Meijers   responden que existe una gran divisi&oacute;n entre las propiedades intencionales y no   intencionales de los artefactos, y que otras de sus propiedades y   caracterizaciones pueden perfectamente ser subsumidas bajo estas dos categor&iacute;as   fundamentales; por &uacute;ltimo, agregan que usar el t&eacute;rmino «naturaleza» no tiene   por qu&eacute; ser problem&aacute;tico, pues se refiere al «car&aacute;cter fundamental» de las   cuestiones ontol&oacute;gicas de los artefactos, y que, por lo tanto, no debe ser   abandonado (2002).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">No obstante, la cr&iacute;tica   reciente m&aacute;s atractiva que he encontrado al programa dnta proviene del español Fernando Broncano (2008), que   afirma que la teor&iacute;a ICE parece   responder bien en cuanto a que explica a trav&eacute;s de una cierta «selecci&oacute;n   natural» las condiciones de &eacute;xito que hacen de un artefacto un posibilitador,   pero que no es tan exitosa cuando define esas condiciones independientes del   contexto, o solamente como un par&aacute;metro externo. La teor&iacute;a ICE y otros acercamientos filos&oacute;ficos   del programa tienen, en su an&aacute;lisis, ese lastre del atomismo de los artefactos,   similar al conocido en el an&aacute;lisis l&oacute;gico del lenguaje. Debemos que tener en   cuenta que nada puede ser artefacto sin la intervenci&oacute;n de los seres humanos;   por lo tanto, no existen artefactos aislados, y al ver este asunto con m&aacute;s   cuidado se observa que los artefactos nacieron en <i>redes de artefactos</i>. Un ejemplo de esto es un auto de carreras   estacionado en las aisladas estepas de Mongolia: all&iacute; no existen carreteras, ni   combustible, ni talleres, ni mec&aacute;nicos que logren ponerlo en marcha; en este   caso, el auto no es un artefacto por s&iacute; mismo, sino que su existencia como tal   depende del contexto. Esto muestra que para que existan los artefactos se   requiere de los seres humanos, no solo porque est&aacute;n concebidos, diseñados y   ejecutados por ellos, sino porque requieren de mantenimiento para que perduren   en el tiempo. En estos casos, dice Broncano, estas «redes de artefactos» tienen   su sustento en las pr&aacute;cticas humanas que se sustancian en los aspectos   materiales de tales pr&aacute;cticas.  No podemos olvidar que nuestra cultura es tanto   informacional como material, ya que nuestros s&iacute;mbolos e imaginarios est&aacute;n   plasmados en el «invernadero» artefactual donde vivimos. La mayor parte de lo   que conocemos de los antiguos egipcios o de los mayas es justamente los   productos de sus acciones t&eacute;cnicas: sus artefactos. En esta medida Broncano   tiene raz&oacute;n cuando afirma: «Un artefacto est&aacute; inserto en un nudo de relaciones   de distintos &oacute;rdenes con otros artefactos: relaciones de intercambio de   materia, energ&iacute;a o informaci&oacute;n, relaciones de composici&oacute;n, relaciones de   suposici&oacute;n […]» (Broncano: 2008, 22). No se trata solo de elaborar un plan y   creer que el plan puede ser llevado a cabo por un artefacto <i>X</i> de acuerdo con   cierta teor&iacute;a <i>A</i>, como lo plantea la teor&iacute;a ICE:   aqu&iacute; la idea de plan <i>P</i>, artefacto <i>X</i> y teor&iacute;a tecnol&oacute;gica justificadora<i> A </i>deben   ser situados en el contexto que requiere la soluci&oacute;n: no hay un espacio   plat&oacute;nico de soluciones, sino un paisaje lleno de sendas que han de ser   exploradas para ser comprendidas. Las trayectorias de los diseños encadenan las   soluciones de modos que no pueden explicarse en t&eacute;rminos puramente aut&oacute;nomos,   como si hubiera principios de evoluci&oacute;n de las m&aacute;quinas (Broncano: 2008, 31).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Aunque Peter Kroes ya hab&iacute;a   mencionado las condiciones de contexto a trav&eacute;s de las nociones del Contexto de   uso y el Contexto de diseño (2002), s&iacute; es cierto que el planteamiento de la   teor&iacute;a de las funciones ICE no   menciona expl&iacute;citamente las condiciones de uso que determinan la funci&oacute;n de un   artefacto &#8211;y tambi&eacute;n sus propiedades f&iacute;sicas&#8211;; de ah&iacute; que las cr&iacute;ticas de   Broncano sean justificadas.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Para responder de alguna manera   a esta cr&iacute;tica &#8211;la de no tener en cuenta las condiciones de entorno social&#8211;,   Marcel Scheele (2006), de la Universidad Tecnol&oacute;gica de Delft, argumenta que no   se puede entender la noci&oacute;n de funci&oacute;n propia (<i>proper function</i>) de un artefacto sin los elementos sociales, ya que   en muchos casos su uso colectivo termina determinando su funci&oacute;n. Las funciones   de los artefactos est&aacute;n relacionadas con los hechos sociales, por el mismo uso   social que se les da. Propone entonces mejorar la teor&iacute;a ICE teniendo en cuenta las condiciones   sociales, debido principalmente a que la atribuci&oacute;n de funciones que se les da   a los artefactos est&aacute; constituida necesariamente por intenciones colectivas   (Scheele, 2006: 26). Sin embargo, aclara Scheele, si bien las condiciones   sociales <i>son necesarias</i> para la   constituci&oacute;n de una teor&iacute;a de la funci&oacute;n de los artefactos, no son <i>suficientes</i>. Sobre estas consideraciones, Beth Preston, de la   Universidad de Georgia, ha aclarado que, en general, Scheele tiene raz&oacute;n en sus   planteamientos para mejorar la teor&iacute;a ICE   del programa DNTA, pero lleva a&uacute;n   m&aacute;s lejos la noci&oacute;n de condiciones sociales al afirmar que no solo en algunos   casos el contexto social es una condici&oacute;n necesaria para determinar la funci&oacute;n,   sino que debe aplicarse en<i> todos</i> los   casos (Preston, 2006: 41).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Recientemente Pablo Schyfter   (2009), de la Universidad de Edimburgo, ha revisado los planteamientos   principales del programa DNTA &#8211;la   ontolog&iacute;a, las funciones propias y la normatividad&#8211;, y ha afirmado que el   programa dual no ha problematizado lo suficiente los fen&oacute;menos sociales. Afirma   que se pueden usar las tesis del <i>Programa Fuerte</i> sobre las instituciones sociales, que pueden ayudar a entender mejor la   naturaleza de las tecnolog&iacute;as materiales. Basado en el trabajo de Martin Kusch   (1997), Schyfter argumenta que los artefactos hacen parte de las «clases   artificiales» (<i>artificial kinds</i>) que,   seg&uacute;n &eacute;l, ofrecen una elaboraci&oacute;n &uacute;til sobre la importante cuesti&oacute;n que est&aacute;n   desarrollando los te&oacute;ricos del programa dual. En cuanto a la ontolog&iacute;a de los   artefactos, este autor afirma que, si bien los artefactos existen en el tiempo   y el espacio como elementos materiales, su estatus ontol&oacute;gico es un producto de   las instituciones sociales, y no que existen como artefactos por fuera de las   pr&aacute;cticas sociales (Schyfter, 2009: 108). De esta manera, la ontolog&iacute;a de un   artefacto no ser&aacute; dual &#8211;material e intencional&#8211; sino &uacute;nicamente social, es   decir, se desarrollar&aacute; en el &aacute;mbito de las intenciones colectivas.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Debo aclarar que, si bien el   sociologismo de Marcel Schyfter puede reconsiderar las condiciones de contexto   de un artefacto, la teor&iacute;a del programa dual parece ser m&aacute;s sugestiva en el   sentido de que las condiciones de contexto, si bien son <i>necesarias</i>, no son   <i>suficientes</i> para tener una teor&iacute;a coherente de los artefactos. Si acept&aacute;ramos   su propuesta, quedar&iacute;an en el aire estas preguntas: <i>¿c&oacute;mo es posible que     hechos sociales causen efectos causales?; ¿un     artefacto, no puede ser individual?</i> De cierta   manera, asociar el ser de los artefactos a «causas sociales» es un tipo de   reduccionismo. ¿De qu&eacute; manera es posible que los hechos sociales tengan una   influencia causal sobre las acciones humanas? Parece que hasta el momento la   visi&oacute;n sociol&oacute;gica no ha podido responder esta pregunta.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Por esta raz&oacute;n, defiendo las   cr&iacute;ticas de Broncano y los aportes de Scheele, pero no descarto la teor&iacute;a dual   de los artefactos t&eacute;cnicos, sino que propongo la modificaci&oacute;n parcial de la   teor&iacute;a ICE. Tal como lo menciona   este &uacute;ltimo, es posible cambiar la tercera condici&oacute;n aqu&iacute; descrita &#8211;<i>E</i>:   evolutiva&#8211;, que tiene que ver con la historia del diseño del artefacto; esta   condici&oacute;n puede ser modificada para incluir los aspectos sociales de la   atribuci&oacute;n de funciones (Scheele, 2006: 34).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En su forma actual, en la   tercera condici&oacute;n de la teor&iacute;a ice,   el diseñador es privilegiado respecto a la adscripci&oacute;n de funciones, debido a   que &eacute;l o el equipo de diseñadores son los que intencionalmente seleccionan el   artefacto para la capacidad &#966; y explican la manera correcta de usarlo a trav&eacute;s de   un acto de comunicaci&oacute;n. El diseñador no necesita ser privilegiado en este   sentido: hay casos en los cuales las intenciones de los diseñadores para   atribuir funciones no son las m&aacute;s relevantes.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><b>2.3.3. Aportes al Enfoque dual</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Considero que las cr&iacute;ticas y   aportes de Fernando Broncano, Marcel Scheele, Beth Preston, Pablo Schyfter y   otros autores sobre la desatenci&oacute;n de las condiciones de contexto, est&aacute;n   relacionadas con el problema de la intenci&oacute;n. La teor&iacute;a dual supone que la   intenci&oacute;n para formular una funci&oacute;n en un artefacto est&aacute; principalmente en los   diseñadores; sin embargo, vamos a encontrar que la intenci&oacute;n est&aacute; repartida   entre los diseñadores y los usuarios, eso s&iacute;, en diferentes proporciones seg&uacute;n   el caso particular. Por ejemplo, Scheele (2005; 2006) señala dos ejemplos: una   argolla de alpinismo en forma de ocho y una iglesia medieval, en los cuales los   usuarios hicieron caso omiso de las intenciones de los creadores y utilizaron   los objetos de una forma alternativa, con funciones tan «propias» (o   apropiadas) como las del uso previsto por el diseñador. Esta es la posibilidad   que se puede incorporar a la teor&iacute;a ICE   (Scheele, 2005: 58). En otro ejemplo, el diseño de una casa, el diseñador &#8211;un   arquitecto en este caso&#8211; ha concebido la distribuci&oacute;n de los espacios f&iacute;sicos   seg&uacute;n sus intenciones, que considera las m&aacute;s adecuadas; sin embargo, al momento   de habitar dicha casa, los habitantes empezar&aacute;n a usar los espacios seg&uacute;n sus   gustos y necesidades, posiblemente har&aacute;n incluso redistribuciones para lo que   consideran lo m&aacute;s adecuado; es posible que las funciones que cumplan los   espacios interiores se hayan transformado de una forma irreconocible para el   diseñador original. Tambi&eacute;n vamos a encontrar casos de los artefactos sociales   con intencionalidad colectiva, en los que pr&aacute;cticamente no existen los   diseñadores, como en el ejemplo del sendero propuesto por Fernando Broncano   (2001).</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Entramos entonces en el   problema de c&oacute;mo explicar una intenci&oacute;n colectiva y la manera como se pueden   comunicar las intenciones de los usuarios con los creadores. La respuesta que   se me ocurre es recurrir a las «condiciones de contexto». Solo con los   referentes de estas condiciones &#8211;sociales, culturales, ambientales, normativos,   etc.&#8211; podr&iacute;a ser posible la comunicaci&oacute;n entre las intenciones de los usuarios   y los diseñadores.  Ilustro esta idea con un ejemplo: el diseño de un filtro de   agua familiar; aunque para ello han existido muchas soluciones en la historia,   ahora lo interesante sucede cuando se restringe el problema: no se trata de   diseñar <i>cualquier</i> filtro de agua para <i>cualquier</i> familia: aqu&iacute; se pide purificar el agua proveniente   de pozos subterr&aacute;neos para las familias de las rancher&iacute;as de la des&eacute;rtica   regi&oacute;n del norte de La Guajira colombiana, con un artefacto que sea lo   suficientemente resistente y liviano para ser usado por cualquiera, de   fabricaci&oacute;n econ&oacute;mica, con repuestos y material filtrante de remplazo f&aacute;ciles   de conseguir en el entorno. Aqu&iacute; observamos que el ingeniero o ingenieros que   emprendan el diseño de esta soluci&oacute;n tendr&aacute;n que usar m&aacute;s que sus intenciones y   deseos, y tener en cuenta necesariamente los condicionantes del contexto. De   esta manera, con plena seguridad, las intenciones de los ingenieros con los   futuros usuarios podr&aacute;n ser compartidas. A este punto llega, pues, la   importancia de las condiciones de contexto: se trata, nada m&aacute;s y nada menos, de   lo que permite que compartamos las intenciones, para as&iacute; construir el mundo   artificial colectivo en el que los seres humanos nos podamos desenvolver.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">De esta manera, las condiciones   de contexto, que aparentemente eran perif&eacute;ricas para las teor&iacute;as de los artefactos   &#8211;como la del enfoque dual&#8211;, ser&aacute;n las que finalmente cohesionar&iacute;an las    intenciones con las propiedades de los materiales.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><b>3.   Conclusiones</b></font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">En el art&iacute;culo mostr&eacute; que la   funci&oacute;n por s&iacute; misma no ser&iacute;a suficiente para dar una descripci&oacute;n completa de   un artefacto; adem&aacute;s, dicha funci&oacute;n no ser&iacute;a una caracter&iacute;stica proveniente una   selecci&oacute;n natural causal &#8211;como en los seres vivos&#8211;, sino de las acciones   intencionales de los agentes que participan en su creaci&oacute;n. En cuanto al   enfoque intencional, es evidente que se requiere de acciones intencionales para   realizar un artefacto determinado y no otro; sin embargo, las teor&iacute;as   hist&oacute;rico-intencionales plantean el problema de tener un concepto claro y bien   definido, lo que me llev&oacute; a afirmar que la creaci&oacute;n de un artefacto es una   comunicaci&oacute;n bidireccional entre las intenciones y los materiales y no solo la   aplicaci&oacute;n de una forma ideal plat&oacute;nica sobre una masa amorfa. En consecuencia,   no es conveniente enfocarnos &uacute;nicamente en las «funciones» o «intenciones» para   formular una teor&iacute;a general sobre los artefactos t&eacute;cnicos, sino en una teor&iacute;a   dual que no deje por fuera los elementos materiales y estructurales, pero que   tenga coherencia con los elementos simb&oacute;licos y contextuales.</font></p>      <p><font size="2" face="Verdana">Como consecuencia, present&eacute; una   descripci&oacute;n y una discusi&oacute;n detalladas de la propuesta del <i>enfoque dual</i> planteado por la escuela holandesa, con sus   m&uacute;ltiples fortalezas y deficiencias &#8211;manifestadas, estas &uacute;ltimas,   principalmente, en el aire esencialista de su ontolog&iacute;a y el descuido en la   menci&oacute;n de las condiciones de contexto&#8211;. Como resultado, propuse una   modificaci&oacute;n parcial de la teor&iacute;a ICE   (intencional, causal, evolutiva), hecha en 2006, en el mismo sentido de Marcel   Scheele, modificando la tercera condici&oacute;n &#8211;el car&aacute;cter evolutivo&#8211;, para anotar   las condiciones de contexto; tambi&eacute;n suger&iacute; un cambio en la suposici&oacute;n de que   las intenciones de un artefacto solo se encuentran en los diseñadores, y   propuse que est&aacute;n repartidas entre los usuarios y los creadores &#8211;diseñadores&#8211;.   Esta suposici&oacute;n plantea el problema de c&oacute;mo explicar una intenci&oacute;n colectiva y   la manera como se pueden comunicar las intenciones de los usuarios con los   creadores; la respuesta que ofrec&iacute; fue la de recurrir a las «condiciones de   contexto», ya que solo con sus referentes &#8211;sociales, culturales, ambientales,   normativos, etc.&#8211; puede ser posible la comunicaci&oacute;n entre las intenciones de   los usuarios y los creadores.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">En definitiva afirmo que el   enfoque m&aacute;s acertado es el <i>enfoque dual</i>,   es decir, que es adecuado pensar que los artefactos t&eacute;cnicos son entidades   h&iacute;bridas entre elementos mentales-intencionales y elementos   f&iacute;sico-estructurales cohesionados ontol&oacute;gicamente por las condiciones de   contexto determinadas por nuestro universo simb&oacute;lico humano.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p> </blockquote>      <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="">*</a> Este art&iacute;culo es producto del proyecto   de investigaci&oacute;n P09226-<i>La naturaleza dual de los artefactos t&eacute;cnicos</i> patrocinado por el Instituto Tecnol&oacute;gico   Metropolitano de Medell&iacute;n. Noviembre   de 2009 a Julio de 2011.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title=""><sup><sup>[1]</sup></sup></a>&nbsp; &laquo; [&hellip;] la clase relevante de intenci&oacute;n para hacer una cosa artificial   de la clase <i>k</i> debe, por lo tanto,   involucrar un concepto sustantivo (y sustancialmente correcto) de lo que es la   clase <i>k</i>, incluyendo un entendimiento de   qu&eacute; clase de propiedades son relevantes a la clase<i> k</i> para la especificar la pertenencia, adem&aacute;s de la   intenci&oacute;n de realizar o plasmar muchas de esas propiedades en el objeto creado&raquo;   (trad. del autor).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title=""><sup><sup>[2]</sup></sup></a>&nbsp; &laquo; [&hellip;] otra condici&oacute;n es necesaria: para crear un miembro de la clase   artificial <i>k</i>, es necesario tambi&eacute;n que   la intenci&oacute;n sea al menos realizada de manera exitosa&raquo; (trad. del autor).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title=""><sup><sup>[3]</sup></sup></a>&nbsp; No es necesario que un hacedor sea un artesano individual; podr&iacute;a ser   una organizaci&oacute;n productiva, como una f&aacute;brica, en la que las intenciones sean   colectivas. De todas formas, seg&uacute;n los defensores del enfoque intencional, el   modelo funcionar&iacute;a.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5" title=""><sup><sup>[4]</sup></sup></a>&nbsp; El problema de la causaci&oacute;n mental busca solucionar la pregunta de   c&oacute;mo las entidades mentales &ndash;intenciones o deseos&ndash; pueden actuar efectivamente   en un mundo material causalmente cerrado.</font></p> <font face="Verdana" size="2">      <p><font face="Verdana" size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>1.   BRONCANO, F. (2001) Mundos artificiales. Filosof&iacute;a del cambio tecnol&oacute;gico. Barcelona. Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-3628201100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.   BRONCANO, F. (2008) In media res:   cultura material y artefactos.<i> ArtefaCToS</i>. Madrid. Universidad Carlos III. Vol. 1, n&uacute;m. 1, noviembre, p&aacute;gs. 18-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-3628201100020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.   CUMMINS, R. (1975) Functional Analysis.   <i>The Journal of Philosophy</i>. Nueva York. Columbia University Press. Vol. 72, n&uacute;m. 20, p&aacute;gs. 741-765.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-3628201100020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.   DOM&iacute;NGUEZ, R. (2010) <i>El     diseño industrial en la sociedad de consumo: Su rol en la configuraci&oacute;n     funcional y en la representaci&oacute;n est&eacute;tica de los artefactos</i>. Medell&iacute;n. Fondo Editorial ITM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-3628201100020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. ELDER, C. (2004) <i>Real Natures and Familiar Object</i>s. Cambridge. The MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-3628201100020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.   HILPINEN, R. (2004) Artifact. En: Edward N. Zalta, ed. <i>The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Sitio web: Stanford Encyclopedia or Philosophy</i>. En: <a href="http://plato.stanford.edu/entries/artifact/" target="_blank">http://plato.stanford.edu/entries/artifact/</a>. Recuperado: 20 abril 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-3628201100020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.   KROES, P. (2002)   Design Methodology and the Nature of Technical Artifacts. <i>Design Studies</i>. &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 23, n&uacute;m. 3, p&aacute;gs. 287-302.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-3628201100020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.   KROES, P. y MEIJERS, A. (2002). Reply to Critics &#91;Carl<b> </b>Mitcham,<b> </b>David Baird y   Daniel Rothbart&#93;. <i>Techn&eacute;: Research in Philosophy and     Technology</i>. Blacksburg. Virginia Tech Press. Vol. 6, n&uacute;m. 2, invierno, p&aacute;gs. 34-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-3628201100020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.   KROES, P. y MEIJERS, A. (2006). The dual nature of technical artifacts. <i>Studies in History and Philosophy of Science, Part A</i>. Londres y &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 37, n&uacute;m 1, marzo, p&aacute;gs. 1-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-3628201100020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. KUSCH, M. (1997) «The Sociophilosophy of   Folk Psychology». <i>Studies in History and  Philosophy of     Science, Part A</i>. Londres y   &aacute;msterdam. Elsevier., n&uacute;m, 28, , p&aacute;gs. 1-25&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-3628201100020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. LAWLER, D. (2010a) «La creaci&oacute;n de clases   artefactuales». En: C. Lorenzano y P. Lorenzano, eds. <i>Libro de abstracts     y res&uacute;menes</i>. III Congreso Iberoamericano de   Filosof&iacute;a de la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a. Buenos Aires. Universidad Nacional de   Tres de Febrero (EDUNTREF). P&aacute;gs. 600-602.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-3628201100020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.   LAWLER, D. (2010b) «Intenciones y   artificios».<i> Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnolog&iacute;a y Sociedad</i> (CTS). Buenos Aires. Vol.5, n&uacute;m.&nbsp;14, abril, p&aacute;gs. 117-124.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-3628201100020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. MILLIKAN, R. G. (1984) <i>Language, Thought, and Other Biological Categories: New Foundations for Realism</i>. Cambridge. The MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-3628201100020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.   MITCHAM, C.(1989) <i>¿Qu&eacute; es     la filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a?</i> (trad. C. C. Stingl). Barcelona. Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-3628201100020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>15.   MITCHAM, C. (2002) Do   Artifacts Have Dual Natures? Two Points of Commentary on the Delft Project. <i>Techn&eacute;: Research in Philosophy and Technology</i>. Blacksburg. Virginia Tech Press. Vol. 6, n&uacute;m. 2, invierno, p&aacute;gs. 1-4.</p>      <p>16. NEANDER, K. (1991) Function as Selected   Effects: The Computational Analyst’s Defense. <i>Philosophy     of Science</i>. Chicago. The University of Chicago Press. Vol. 58, n&uacute;m. 2, junio, p&aacute;gs. 168-184.</p>      <p>17.   PARENTE, D. (2010) «La idea de   malfunci&oacute;n en artefactos t&eacute;cnicos». <i>Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnolog&iacute;a y Sociedad</i> (CTS). Buenos Aires. Vol.5, n&uacute;m.&nbsp;14, abril, p&aacute;gs. 1-8.</p>      <p>18.   PRESTON, B. (2006)   Social Context and Artifact function. <i>Studies in     History and Philosophy of Science, Part A.</i> Londres y &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 37, n&uacute;m 1, marzo, p&aacute;gs. 37-41.</p>      <p>19.   SCHEELE, M. (2006)   Function and Use Technical Artifacts: Social Conditions of Function Ascription.   <i>Studies in History and Philosophy of Science, Part A</i>. Londres y &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 37, n&uacute;m 1, marzo, p&aacute;gs. 23-36.</p>      <p>20. SCHYFTER, P. (2009) The Bootstrapped   Artifact: A Collectivist Account of Technological Ontology, Functions, and   Normativity. <i>Studies in History and Philosophy of     Science, Part A</i>. Londres y   &aacute;msterdam. Elsevier». Vol. 40, n&uacute;m. 1, marzo, p&aacute;gs. 102-111.</p>      <!-- ref --><p>21.   SEARLE, J.(1997) <i>La construcci&oacute;n de la realidad social</i>. Barcelona. Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-3628201100020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. SIMON, H. (1969) <i>The Sciences of the Artificial</i>. Cambridge. The MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-3628201100020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>23.   THOMASSON, A. (2007)   Artifacts and Human Concepts. En: E.   Margolis y S. Laurence. <i>Creations of the Mind</i>. Oxford. Oxford University Press. P&aacute;gs. 52-73.</p>      <p>24. VEGA, J. (2007) La sustancialidad de los artefactos. En:   Diego Parente, ed. <i>Encrucijadas de la t&eacute;cnica: Ensayos sobre tecnolog&iacute;a,     sociedad y valores</i>. La Plata. Universidad Nacional de La Plata (EDULP).</p>      <p>25.   VEGA, J. (2010) Estado de la   cuesti&oacute;n: Filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a. <i>Theoria</i>. Pa&iacute;s Vasco. Universidad del Pa&iacute;s Vasco. N&uacute;m. 66, p&aacute;gs. 323-341.</p>      <!-- ref --><p>26.   VERMAAS, P. y WYBO H.   (2006) Technical Functions: A drawbridge between the intentional and structural   natures of technical artifacts. <i>Studies in History and     Philosophy of Science, Part A</i>. Londres y &aacute;msterdam. Elsevier. Vol. 37, n&uacute;m 1, marzo, p&aacute;gs. 5-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-3628201100020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. WRIGHT, L. (1976<i>) Teleological   Explanations: An Etiological Analysis of Goals and Functions</i>. Berkeley. University of California Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-3628201100020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>      </font>       ]]></body><back>
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