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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[HAITÍ: Una Intervención Desafortunada]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[For this author, the sending of Latin American troops to Haiti in 2004 was an unhappy decision from the beginning. The meager achievements in public order have shown the limits of this complex and risky military mission. Indeed, political murders continued, the difficulty in dismantling paramilitary groups persisted, and establishing a climate of minimum coexistence became next impossible. In spite of the paltry results in terms of assistance and financial help promised by several countries and institutions, and of the deplorable social conditions generated by hurricanes, the UN Security Council insisted basically in a military solution to the calamitous economic and political situation in Haiti. This article enumerates the errors committed, revises the Argentinean intervention in Haiti, and assesses the situation up to 2005.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana"size="2">      <p align=right> <b>Articulo/Coyuntura</b></p>      <p><font size="4">    <center><b>HAIT&Iacute;: Una Intervenci&oacute;n Desafortunada</b></center></font></p>      <p><font size="3">    <center><b>HAIT&Iacute;: An Unfortunate Intervention </b></center></font></p>      <p><b>Juan Gabriel Tokatlian </b></p>      <p>Director, Ciencia Pol&iacute;tica y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andr&eacute;s (Argentina). </p>  <hr size="1">      <p><b>Resumen</b></p>      <p>Para el autor de este art&iacute;culo el env&iacute;o de tropas latinoamericanas a Hait&iacute; en 2004 fue una decisi&oacute;n   desacertada desde el comienzo. Los exiguos logros en materia de orden p&uacute;blico en Hait&iacute; han mostrado   los l&iacute;mites de una misi&oacute;n militar cada vez m&aacute;s compleja y azarosa. En efecto, los asesinatos   pol&iacute;ticos continuaron, la dificultad de desarmar a los distintos grupos paramilitares pertrechados   persisti&oacute; y se fue haciendo imposible contar con un clima m&iacute;nimo de convivencia. A pesar de los   magros resultados en la consecuci&oacute;n de los respaldos asistenciales y financieros prometidos por   varios pa&iacute;ses e instituciones y de las deplorables condiciones sociales generadas por la temporada   de huracanes, el Consejo de Seguridad de la onu insisti&oacute; en una soluci&oacute;n b&aacute;sicamente militar para   hacer frente a la calamitosa situaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica en Hait&iacute;. El siguiente art&iacute;culo enumera los errores cometidos, revisa la intervenci&oacute;n argentina y realiza un balance de la situaci&oacute;n al 2005.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> Hait&iacute;, intervenci&oacute;n, onu, Argentina.</p>  <hr size="1">      <p><b>Summary</b></p>      <p>For this author, the sending of Latin American troops to Haiti in 2004 was an unhappy decision   from the beginning. The meager achievements in public order have shown the limits of this complex   and risky military mission. Indeed, political murders continued, the difficulty in dismantling   paramilitary groups persisted, and establishing a climate of minimum coexistence became next impossible.   In spite of the paltry results in terms of assistance and financial help promised by several   countries and institutions, and of the deplorable social conditions generated by hurricanes, the UN   Security Council insisted basically in a military solution to the calamitous economic and political   situation in Haiti. This article enumerates the errors committed, revises the Argentinean intervention in Haiti, and assesses the situation up to 2005.</p>      <p><b>Keywords:</b> Haiti, intervention, UN, Argentina.</p>  <hr size="1">      <p><b>El error inicial </b></p>      <p>El env&iacute;o de tropas latinoamericanas a Hait&iacute; en 2004 fue una decisi&oacute;n desacertada desde el comienzo. La met&aacute;fora usada por el ministro de Defensa de Argentina, Jos&eacute; Pampuro acerca de que&quot;por primera vez, las fuerzas armadas de Latinoam&eacute;rica se ponen los pantalones largos y toman la responsabilidad frente a la ONU de garantizar la estabilidad de Hait&iacute;&quot; <sup>1</sup> resultaba incorrecta en al menos cinco sentidos. </p>      <p>Primero, parece fundamental esclarecer que el 29 de febrero de 2004 el presidente Jean-Bertrand Aristide fue removido por la fuerza. En t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, se trat&oacute; de un muy particular golpe de Estado. No hay duda de que el mandatario haitiano hab&iacute;a abandonado las banderas progresistas y pluralistas que lo hab&iacute;an llevado al gobierno, que ejerc&iacute;a el poder de modo cada vez m&aacute;s arbitrario y agresivo y que la corrupci&oacute;n era el rasgo m&aacute;s sobresaliente de su administraci&oacute;n. Tambi&eacute;n era evidente que entre las fuerzas opositoras hab&iacute;a personalidades y sectores democr&aacute;ticos. Sin embargo, buena parte de sus oponentes armados eran grupos facinerosos vinculados al Frente para el Avance y el Progreso de Hait&iacute;, (FRAPH) criatura pol&iacute;tica creada en los noventas por la CIA y a Guy Philippe, quien hab&iacute;a recibido entrenamiento militar en Ecuador por parte de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. Cabe remarcar, asimismo, que gobierno y oposici&oacute;n en Hait&iacute; han estado atravesados por el emporio il&iacute;cito y transnacional de los narc&oacute;ticos: las drogas estuvieron en el coraz&oacute;n de lo acontecido y a&uacute;n constituye un eje clave de la realidad haitiana. </p>      <p>Durante las jornadas de caos de febrero de 2004 la oposici&oacute;n amenaz&oacute; con un ba&ntilde;o de sangre apenas llegara a Puerto Pr&iacute;ncipe. Debilitado y acosado nacional e internacionalmente, Aristide acept&oacute; una f&oacute;rmula de co-gobierno que fue, finalmente, rechazada por sus oponentes. Estados Unidos y Francia, que hab&iacute;an tenido posiciones distintas en Irak, coincidieron en Hait&iacute;: hab&iacute;a que forzar la salida de un Aristide incorregible e inmanejable. As&iacute;, el presidente haitiano fue literalmente secuestrado por funcionarios estadounidenses y enviado por avi&oacute;n a Rep&uacute;blica Centroafricana. En aras de evitar una potencial tragedia humanitaria, y por ende, proteger los derechos humanos de la poblaci&oacute;n civil, se sacrific&oacute; la muy tenue democracia en el pa&iacute;s, colocando en el poder con dudosa legitimidad, al presidente provisional, Boniface Alexandre (reputado miembro de la Corte Suprema ) y al primer ministro interino, Gerard Latortue (hombre de negocios a quien algunos denominaban el primer ministro...de Boca Rat&oacute;n). Todo esto hizo que en el golpe de Estado en Hait&iacute; se entrecruzaran varios principios y valores de la pol&iacute;tica internacional. Este es un ejemplo con muchos claroscuros: el env&iacute;o de tropas no pod&iacute;a invocar la defensa de la democracia como su principal insignia de identificaci&oacute;n. </p>      <p>Segundo, dada la naturaleza intrincada del caso haitiano la voz de los pa&iacute;ses m&aacute;s pr&oacute;ximos de la zona debi&oacute; tomarse en consideraci&oacute;n. Durante los d&iacute;as cr&iacute;ticos de febrero de 2004, las 14 naciones democr&aacute;ticas de Caricom (Comunidad de Caribe) se&ntilde;alaron que era indispensable hallar una soluci&oacute;n institucional a la crisis en Hait&iacute;. Corresponde recordar que est&aacute; agrupaci&oacute;n, creada hace 32 a&ntilde;os, s&oacute;lo acepta en su seno gobiernos electos democr&aacute;ticamente y que desde el comienzo de las acciones violentas en la isla propuso una salida consensual y en el marco de la ley. La leg&iacute;tima preocupaci&oacute;n de los pa&iacute;ses del Caricom fue instrumentada por Washington y Par&iacute;s para acelerar el empuj&oacute;n de Aristide. Ante el hecho consumado del golpe, los miembros de Caricom rechazaron reconocer al nuevo gobierno y pidieron a Naciones Unidas una investigaci&oacute;n a fondo de lo acontecido. El Secretario General de la ONU , Kofi Annan, condicionado por la presi&oacute;n cruzada y simult&aacute;nea de Estados Unidos y Francia, no dio inici&oacute; a ninguna indagaci&oacute;n. As&iacute;, se lleg&oacute; a la Resoluci&oacute;n 1542 del Consejo de Seguridad de la ONU que, en el marco expl&iacute;cito del cap&iacute;tulo VII, determin&oacute; el env&iacute;o de 6.700 soldados y 1622 polic&iacute;as a Hait&iacute;. Adicionalmente, meses m&aacute;s tarde, Washington comenz&oacute; a amenazar—en particular, a trav&eacute;s de la entonces Consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice--a los pa&iacute;ses de Caricom para que abandonen la pr&aacute;ctica de admitir en la organizaci&oacute;n s&oacute;lo a gobiernos democr&aacute;ticos y la insistencia en la investigaci&oacute;n por parte de la ONU. </p>      <p>Tercero, es sorprendente que en 2004 se pensara que a trav&eacute;s del despliegue de cuerpos de seguridad se lograr&iacute;a la estabilidad pol&iacute;tica y el fortalecimiento democr&aacute;tico en Hait&iacute;. Esta operaci&oacute;n militar en territorio haitiano parec&iacute;a ser un operativo de compensaci&oacute;n y coqueteo a Estados Unidos por parte de Francia, que preanunci&oacute; su veto en el caso de Irak; de Canad&aacute;, que no alcanzaba entonces a redefinir su relaci&oacute;n con Washington despu&eacute;s de sus ambig&uuml;edades en el caso iraqu&iacute;; de Chile, que deseaba restaurar una interlocuci&oacute;n m&aacute;s fluida con la Casa Blanca despu&eacute;s de haber resistido sus apremios antes del ataque a Bagdad; de Brasil que se mostr&oacute; cr&iacute;tico del lanzamiento de la guerra contra Saddam Hussein sin respaldo de la ONU pero que buscaba visibilidad para su postulaci&oacute;n como miembro permanente ante el Consejo de Seguridad; y de Argentina que no deseaba quedar aislada respecto a sus pares del Cono Sur y que cada vez necesitaba m&aacute;s a Washington para el manejo de sus negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. La decisi&oacute;n&quot;latinoamericana&quot; en torno a Hait&iacute; no puede ser interpretada en t&eacute;rminos principistas o altruistas; una mezcla de cierta empat&iacute;a y bastante pragmatismo parece haber guiado el comportamiento de Buenos Aires, Brasilia y Santiago. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuarto, pareci&oacute; que los pa&iacute;ses de Sudam&eacute;rica estaban pocos interesados sobre el antecedente que generaba la resoluci&oacute;n que estableci&oacute; la misi&oacute;n de estabilizaci&oacute;n de Naciones Unidas en Hait&iacute; (Minustah). Imaginemos por un momento un escenario hipot&eacute;tico, pero no descabellado: en Bolivia se producen grandes manifestaciones de grupos heterog&eacute;neos de opositores que parecen preanunciar actos de horror a su llegada a La Paz y Estados Unidos, con el respaldo de alg&uacute;n pa&iacute;s extra-hemisf&eacute;rico, fuerza la salida del electo mandatario de turno para reemplazarlo por alguien cercano a Washington. Ni antes ni despu&eacute;s de la ca&iacute;da del gobierno democr&aacute;tico en Bolivia los pa&iacute;ses de la sub-regi&oacute;n—en especial, los de Mercosur—avalan un golpe de Estado camuflado. Supongamos ahora que Estados Unidos y su aliado extra-hemisf&eacute;rico llevan el tema al Consejo de Seguridad de la ONU y que los dos asientos rotativos latinoamericanos del Consejo lo ocupan aliados activos de Washington. Vayamos m&aacute;s all&aacute;, y supongamos la aprobaci&oacute;n de una resoluci&oacute;n que, como en el caso de Hait&iacute;, se llame de&quot;estabilizaci&oacute;n en Bolivia&quot;. Tres pa&iacute;ses de Am&eacute;rica del Norte, por ejemplo, M&eacute;xico, Honduras y Rep&uacute;blica Dominicana—bien distantes del pa&iacute;s objeto del env&iacute;o de tropas—aceptan ser parte de un contingente internacional para estabilizar la naci&oacute;n andina. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la interpretaci&oacute;n de lo ocurrido? &iquest;C&oacute;mo reaccionar&iacute;an Argentina, Brasil y Chile? &iquest;Qu&eacute; impacto estrat&eacute;gico previsible tendr&iacute;a tal operaci&oacute;n en el coraz&oacute;n de Sudam&eacute;rica? </p>      <p><b>El caso argentino </b></p>      <p>Una lectura de los argumentos usados en Argentina a favor del env&iacute;o de tropas Hait&iacute; permite detectar que prevalecieron, en general, visiones parciales, precipitadas y paternalistas. En esa direcci&oacute;n, resulta interesante presentar y dilucidar cr&iacute;ticamente los argumentos impl&iacute;citos y expl&iacute;citos de los funcionarios, pol&iacute;ticos, observadores, analistas y periodistas favorables a la operaci&oacute;n militar. </p>      <p>En primer lugar, se indic&oacute; que una posici&oacute;n liberal moderna y s&oacute;lida en relaci&oacute;n con la defensa de los derechos humanos implica el impulso y la pr&aacute;ctica de un intervencionismo humanitario. No obstante, la tradici&oacute;n liberal cl&aacute;sica--Kant, Mill, Cobden--es anti-intervencionista: ni la democracia, ni los derechos humanos se pueden o deben imponer, sino que a cada sociedad corresponde alcanzarlas, instaurarlas y consolidarlas. El respaldo externo a la democracia es trascendental, pero es cuestionable afirmar que la democracia interna se alcanza y consolida debido a que se impone desde afuera. La ocupaci&oacute;n estadounidense de Hait&iacute; entre 1915-1934 y la fuerza de la ONU liderada por Washington que en 1994 reinstaur&oacute; en el poder al hoy depuesto presidente Aristide, no lograron por la fuerza arraigar la democracia y los derechos humanos en Hait&iacute;. </p>      <p>En segundo lugar, se subray&oacute; que nuestra regi&oacute;n asist&iacute;a a un intervencionismo in&eacute;dito. Se trataba de una suerte de&quot;intervencionismo justo&quot;, ya que ahora las democracias asist&iacute;an a otra democracia: en el caso de Hait&iacute;, el gobierno interino despu&eacute;s de la salida de Aristide solicit&oacute; y consinti&oacute; esta intervenci&oacute;n. Este no era, en realidad, un proceso nuevo ni superador. La intromisi&oacute;n consentida en los asuntos internos de otros estados fue caracter&iacute;stica de los reg&iacute;menes autoritarios del Cono Sur. Por ejemplo, el Plan C&oacute;ndor permiti&oacute; la intervenci&oacute;n de los cuerpos de seguridad de un pa&iacute;s en otro para perseguir, asesinar y desaparecer ciudadanos. El actual estacionamiento de tropas extranjeras en Hait&iacute; no tiene mucho que ver con la protecci&oacute;n de la democracia, ya que el presidente Aristide, releecto en 2000 (en ese entonces el hemisferio acept&oacute; resignadamente su victoria fraudulenta), fue depuesto por la fuerza. M&aacute;s all&aacute; de lo que se piense del estilo refractario y arbitrario de Aristide, se estaba convalidando un golpe de Estado exactamente a 200 a&ntilde;os de la primera emancipaci&oacute;n de una rep&uacute;blica negra en este continente. </p>      <p>En tercer lugar, se se&ntilde;al&oacute; que moralmente era intolerable para las naciones del hemisferio y para Francia convertirse en testigos pasivos de una eventual hecatombe humanitaria en Hait&iacute;; en especial despu&eacute;s de que la oposici&oacute;n anunciara un ba&ntilde;o de sangre a su llegada a la capital. M&aacute;s que la expresi&oacute;n de un principio profundo, este argumento parec&iacute;a un sofisma conveniente y coyuntural. Por ejemplo, ni los pa&iacute;ses del continente ni alguna naci&oacute;n europea se han mostrado muy conmovidos por los m&aacute;s de 25.000 asesinatos anuales que se vienen produciendo en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os en Colombia, ni por los casi 2.000.000 de desplazados internos que hay ese pa&iacute;s, ni por los casi 3000 secuestros al a&ntilde;o desde finales de los noventa hasta 2003. Los incidentes violentos de 2004 en Hait&iacute; produjeron casi 300 muertos. Sin embargo, la raz&oacute;n vital para el despliegue inmediato de la multinacional&quot;Operaci&oacute;n Secure Tomorrow&quot; comandada por Estados Unidos no descansaba, principalmente, en el lamentable estado de los derechos humanos en Hait&iacute;. La generosidad y la grandeza no parecieron estar en el centro de la decisi&oacute;n de Estados Unidos y Francia al momento de empujar a Aristide fuera del gobierno; lo cual se ha hecho m&aacute;s evidente al observar los montos de ayuda efectivos que han llegado al pa&iacute;s para su reconstrucci&oacute;n institucional y material. </p>      <p>En cuarto lugar, se destac&oacute; que era injustificado que los haitianos continuaran sufriendo; hab&iacute;a que proceder de inmediato para que no se ahondara el drama social en ese pa&iacute;s. La privaci&oacute;n del pueblo de Hait&iacute; no es nueva y se agudiz&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os porque desde 2001 Estados Unidos impuso, <i>de facto, </i> un bloqueo a la asistencia internacional. Aproximadamente 500 millones de d&oacute;lares dejaron de llegar al gobierno de Aristide; entre ellos el desembolso de 146 millones en cr&eacute;ditos del Banco Interamericano de Desarrollo que Washington paraliz&oacute;. La grave situaci&oacute;n interna de la sociedad haitiana no fue tenida en cuenta al momento de sancionar, de hecho, al Estado de Hait&iacute;. La distinci&oacute;n usual entre pueblo y gobierno que se enfatiza, en muchos casos, a los fines de cimentar los argumentos humanitarios orientados a no castigar a&uacute;n m&aacute;s a las personas que viven bajo un determinado r&eacute;gimen, no se aplic&oacute; entre 2000-2004 en el ejemplo de Hait&iacute;. </p>      <p>En quinto lugar, se dijo que hab&iacute;a que evitar que se consolidara un eje Cuba-Venezuela-Hait&iacute; dado que Fidel Castro y Hugo Ch&aacute;vez estaban detr&aacute;s del soporte material al gobierno de Aristide. Hasta la fecha no ha habido evidencia alguna de tal contubernio: ni Estados Unidos present&oacute; pruebas, ni la OEA o la ONU debatieron sobre ese eje andino-caribe&ntilde;o y sus planes de alianza trilateral y desestabilizaci&oacute;n regional. Lo que s&iacute; se conoci&oacute;, a trav&eacute;s de medios de comunicaci&oacute;n caribe&ntilde;os, estadounidenses y europeos, y mediante la acci&oacute;n de ONGs africano-estadounidenses y de congresistas como Barbara Lee (dem&oacute;crata de California) era que desde hac&iacute;a a&ntilde;os Estados Unidos ven&iacute;a financiando a grupos y personas de la oposici&oacute;n (un abanico de fuerzas que iba desde dem&oacute;cratas genuinos hasta malhechores consumados) con m&aacute;s de 70 millones de d&oacute;lares por conducto de varias entidades; entre otras de la <i>International Republican </i><i> Institute </i> asociada al partido republicano. En la pr&aacute;ctica, la remoci&oacute;n forzada de Aristide le ha brindado a Ch&aacute;vez y Castro un argumento adicional para reforzar sus v&iacute;nculos bilaterales y denunciar a Estados Unidos en los foros caribe&ntilde;os e internacionales. </p>      <p>En sexto lugar, se mencion&oacute; el hecho de que institucionalmente la participaci&oacute;n de los cuerpos de seguridad argentinos en misiones de paz resultaba muy positiva. La experiencia lograda en la &uacute;ltima d&eacute;cada por las fuerzas armadas en ese tipo de ejercicios pac&iacute;ficos ha sido importante y constituye una pol&iacute;tica consensuada entre las principales fuerzas pol&iacute;ticas y a nivel de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Sin embargo, la naturaleza y el alcance de esta particular misi&oacute;n no fueron suficientemente debatidas. La tendencia del liderazgo civil de creer que desplegar a los militares en misiones en el exterior significa tener una pol&iacute;tica de defensa es inquietante. La presunci&oacute;n de que tal despliegue significa una proyecci&oacute;n de poder en el exterior es ilusoria. </p>      <p><b><i>&iquest;Rumbo a la anarqu&iacute;a? </i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A comienzos de 2005 los exiguos logros en materia de orden p&uacute;blico en Hait&iacute; mostraban los l&iacute;mites de una misi&oacute;n militar cada vez m&aacute;s compleja y azarosa. En efecto, los asesinatos pol&iacute;ticos continuaron, la dificultad de desarmar a los distintos grupos paramilitares pertrechados persisti&oacute; y se fue haciendo imposible contar con un clima m&iacute;nimo de convivencia. A pesar de los magros resultados en la consecuci&oacute;n de los respaldos asistenciales y financieros prometidos por varios pa&iacute;ses e instituciones y de las deplorables condiciones sociales generadas por la temporada de huracanes (que produjo m&aacute;s muertes y devastaci&oacute;n que los acontecimientos previos a la ca&iacute;da de Aristide), el Consejo de Seguridad de la ONU insisti&oacute; en una soluci&oacute;n b&aacute;sicamente militar para hacer frente a la calamitosa situaci&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica en Hait&iacute;. De igual forma, a pesar de que la estructura de ilicitud--20% de la coca&iacute;na colombiana pasa a trav&eacute;s de Hait&iacute;--segu&iacute;a prosperando y de que Rep&uacute;blica Dominicana estaba crecientemente afectada por la inestabilidad institucional de su vecino, los pa&iacute;ses latinoamericanos participantes de la misi&oacute;n eludieron, al menos de cara a sus respectivas sociedades, hacer un balance realista y concertado de la situaci&oacute;n. </p>      <p>As&iacute;, a un a&ntilde;o de la intervenci&oacute;n militar en Hait&iacute; resultaba dif&iacute;cil hallar se&ntilde;ales alentadoras. Los m&aacute;s recientes informes sobre este caso—“ <i>Spoiling Security in Haiti </i>&quot; del International Crisis Group,&quot; <i>Keeping the Peace in Haiti? </i>&quot; del Harvard Law Student Advocates for Human Rights y del Centro de Justicia Global de Brasil,&quot; <i>Haiti: Disarmament Delayed, Justice Denied </i>&quot; de Amnist&iacute;a Internacional y&quot; <i>Securing Haiti&#39;s Transition </i>&quot; de Robert Muggash—apuntan en esa direcci&oacute;n: la misi&oacute;n de estabilizaci&oacute;n de Naciones Unidas en la isla ha fracasado en t&eacute;rminos de pacificar el pa&iacute;s, estabilizar la situaci&oacute;n pol&iacute;tica y reconciliar la sociedad. </p>      <p>El nudo gordiano de este estropicio, al menos en lo que respecta a la determinaci&oacute;n de varios pa&iacute;ses latinoamericanos que se han involucrado activamente en Minustah, es la ausencia de una raz&oacute;n estrat&eacute;gica justificada para involucrarse militarmente en Hait&iacute;. Los errores fueron varios. </p>      <p>Primero, es err&oacute;neo insistir que el despliegue latinoamericano en Hait&iacute; fue el resultado concertado y aut&oacute;nomo de los pa&iacute;ses del &aacute;rea. Como ya se indic&oacute; Argentina, Brasil y Chile se comprometieron inicialmente por motivos distintos y de forma desordenada. Los tres, por razones diferentes y no planeadas, se integraron a una&quot; <i>coalition of the willing </i>&quot; zonal instrumentada por Estados Unidos. Hait&iacute; es, en el plano regional y con las obvias diferencias el caso, lo que han sido otros esfuerzos internacionales de&quot;coaliciones de voluntarios&quot; (como Irak y Afganist&aacute;n). La esencia de la similitud conceptual de los ejemplos nombrados es que Washington determina el objetivo y luego invita y moviliza el consorcio de pa&iacute;ses participantes en una acci&oacute;n militar. En breve, se trata de lo que algunos han denominado la&quot;Doctrina Rumsfeld &quot;: Washington establece la misi&oacute;n y despu&eacute;s forma la coalici&oacute;n: lo cual implica no permitir que otros fijen la agenda pol&iacute;tico-militar de Estados Unidos, afirmar una suerte de&quot;multilateralismo al gusto&quot; (si Estados Unidos decide sin condicionamientos ex&oacute;genos y otros acompa&ntilde;an, mejor), y concebir la resoluci&oacute;n de los llamados&quot;puntos calientes de crisis&quot; ( <i>crisis </i><i>hotspots </i>) del mundo mediante instrumentos de fuerza preferiblemente. </p>      <p>Segundo, nunca fue claro el objetivo pol&iacute;tico de la misi&oacute;n en Hait&iacute;: &iquest;Avalar y sostener un&quot;cambio de r&eacute;gimen&quot;? &iquest;Imponer la ley y el orden en todo el territorio? &iquest;Reconstruir un&quot;estado fallido&quot;? &iquest;Desarrollar una pol&iacute;tica limitada y temporal de desarme y desmovilizaci&oacute;n? &iquest;Avanzar en la configuraci&oacute;n, <i>de facto </i>, de una suerte de neo-protectorado? &iquest;Llevar a cabo una tarea de reconstrucci&oacute;n institucional completa y prolongada? &iquest;Reducir los incentivos para que los haitianos no migraran masivamente hacia las costas de la Florida en un a&ntilde;o electoral como fue 2004 en Estados Unidos? &iquest;Lograr un entrenamiento para eventuales tareas urbanas anti-drogas o anti-insurgencia en los respectivos pa&iacute;ses? Las acciones militares sin metas pol&iacute;ticas precisas alientan una mayor inestabilidad. En el caso espec&iacute;fico de lo que se denomina un&quot; <i>failed state </i>&quot;, una intervenci&oacute;n militar que se dise&ntilde;a y ejecuta equ&iacute;vocamente puede conducir a una profec&iacute;a auto-cumplida; esto es, que el Estado realmente colapse. </p>      <p>Tercero, resulta patente que los problemas estructurales de Hait&iacute; se fueron posponiendo en la medida en que la operaci&oacute;n militar resultaba m&aacute;s ambigua y la racionalidad pol&iacute;tica para su despliegue m&aacute;s confusa. En el segundo semestre de 2004, los potenciales donantes de recursos aseguraron el desembolso de 1.085 millones de d&oacute;lares para hacer algo m&aacute;s viable la situaci&oacute;n haitiana. Cuando Argentina lleg&oacute; al Consejo de Seguridad en enero de 2005, alent&oacute; un mayor compromiso material a favor de Hait&iacute;—el Canciller Rabel Bielsa presidi&oacute; una sesi&oacute;n especial al respecto. Sin embargo, la re-elecci&oacute;n de Bush, el tsunami asi&aacute;tico, el atolladero de Estados Unidos en Irak, entre otros factores, significaron que el radar de atenci&oacute;n mundial se fijara en otras prioridades y que los recursos m&aacute;s usados fueran los militares. Hoy Hait&iacute; debe seguir viviendo con su penuria social y la miseria econ&oacute;mica pues s&oacute;lo una peque&ntilde;a fracci&oacute;n de aquel aporte se ha hecho efectivo. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional—que reconoce que desde 2000 se ahondado el estado socio-econ&oacute;mico deplorable del pa&iacute;s—insiste en su &uacute;ltimo informe sobre Hait&iacute; acerca de la importancia de implementar&quot;reformas estructurales&quot; en la isla. Es enigm&aacute;tico concebir c&oacute;mo se puede sugerir m&aacute;s ajuste para resolver el caso haitiano. </p>      <p>Cuarto, en un contexto de deterioro creciente—incremento de asesinatos pol&iacute;ticos, de secuestros indiscriminados y de abusos a los derechos humanos, aumento de bandas criminales y grupos de narcotraficantes, mayor descontrol institucional y hostilidad frente al contingente de la ONU —se decidi&oacute; apresurar el llamado a elecciones, sin que ello implique la superaci&oacute;n del caos existente. El manejo ineficaz del proceso electoral y sus consecuencias puede conducir a un total colapso nacional. Los datos son preocupantes: de los aproximadamente 4.500.000 de posibles electores, hasta finales de julio s&oacute;lo se han inscripto unas 600.000 personas; la contienda electoral se lleva a cabo con actores fuertemente armados que responden a diversos grupos facinerosos; y no se ha avanzado en una m&iacute;nima reconciliaci&oacute;n entre sectores pol&iacute;ticos. Este entorno puede contribuir a que el nuevo ensayo de democracia haitiana sea a&uacute;n peor que los anteriores. </p>      <p>Y quinto, el comportamiento militar de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n que participan en Minustah est&aacute;n cada vez m&aacute;s condicionados por factores que est&aacute;n fueran de su control pol&iacute;tico. La violencia en Hait&iacute; hizo que Naciones Unidas aprobara en junio pasado un incremento de efectivos en el pa&iacute;s: ahora se pasar&aacute; de 6.700 a 7.500 soldados y de 1.622 a 1.897 polic&iacute;as. Sin embargo, varios observadores han indicado que esa nueva cifra a&uacute;n no ser&aacute; suficiente; algunos hablan de la necesidad de triplicar los efectivos, otros—como Canad&aacute; que tiene 100 soldados y polic&iacute;as en la isla—reh&uacute;san incrementar sus tropas. Adem&aacute;s, a principios de julio, el Embajador de Estados Unidos en Hait&iacute;, James Foley, ha dicho que el nivel de violencia pol&iacute;tica contra civiles en la isla equivale&quot;a la definici&oacute;n de terrorismo&quot;. Esto suma una complejidad adicional por cuanto hace imposible tener una evaluaci&oacute;n militar m&aacute;s realista sobre lo que realmente sucede en Hait&iacute; y subordina el an&aacute;lisis pol&iacute;tico-diplom&aacute;tico de los pa&iacute;ses latinoamericanos a argumentos ideol&oacute;gicos: si alguien piensa dejar la misi&oacute;n o le desea colocar un l&iacute;mite razonable aparecer&aacute; como un desertor en la guerra contra el terrorismo. </p>      <p>La ansiedad de&quot;hacer algo&quot; por Hait&iacute; condujo a varios pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica ha emprender una intervenci&oacute;n diplom&aacute;tica y militarmente mal concebida en su origen; pobremente implementada en su ejecuci&oacute;n y carente de prop&oacute;sitos pol&iacute;ticos rigurosos y mensurables. No sabemos c&oacute;mo salir de Hait&iacute; porque nunca supimos para qu&eacute; entramos. </p>  <hr size="1">      <p><b>REFERENCIAS</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. <i>Clar&iacute;n </i>, 22 de mayo de 2004, p. 24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0121-4705200500030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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