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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Evolucin del Sistema de Partidos en Colombia 1972-2000. Una Mirada a Nivel Local y Regional]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This study seeks to contribute to the understanding of what happened to the Colombian party system during the last three decades. It not only refers to the opening or reconfiguration of the party system, understood in terms of incorporation of new forces to the electoral political space or of the transit to a multiparty system, but it deals also with the question of political stability. It examines the evolution of the party system in the local and regional environments, addressing the following variables: the number of parties, electoral volatility, and the presence of third forces in the period between 1972 and 2000.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana"size="2">      <p align=right> <b>Democracia</b></p>      <p><font size="4">    <center><b>Evoluci&oacute;n del Sistema de Partidos en Colombia 1972-2000.    <br>Una Mirada a Nivel Local y Regional<a href="#(1)">(1)</a></b></center></font></p>      <p><font size="3">    <center><b>The System&#39;s of Matches in Colombia 1972-2000 development.     <br> A Look to Local and Regional Level</b></center></font></p>      <p><b>Diana Hoyos G&oacute;mez </b></p>      <p>Polit&oacute;loga, Magister en Estudios Pol&iacute;ticos del IEPRI de la Universidad Nacional. </p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>    Este estudio pretende aportar elementos para comprender lo que ha sucedido con el sistema partidista   colombiano durante las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas. Para ello, no se enmarca s&oacute;lo en la discusi&oacute;n   sobre la apertura o reconfiguraci&oacute;n del sistema de partidos, entendida en t&eacute;rminos de incorporaci&oacute;n   de nuevas fuerzas al espacio pol&iacute;tico electoral o el tr&aacute;nsito a un sistema multipartidista, sino   que aborda tambi&eacute;n de manera central el asunto de la estabilidad. En esta direcci&oacute;n, examina la   evoluci&oacute;n del sistema de partidos en el &aacute;mbito local y regional, a partir del comportamiento de las   variables n&uacute;mero de partidos, volatilidad electoral y presencia de terceras fuerzas pol&iacute;ticas en el   per&iacute;odo comprendido entre 1972 y 2000. De manera general, el estudio se inscribe en la discusi&oacute;n sobre el cambio del sistema de partidos colombiano.</p>      <p><b>Palabras clave:</b> Sistema de partidos, cambio, Colombia.</p>  <hr size="1">      <p><b>Summary</b></p>      <p>This study seeks to contribute to the understanding of what happened to the Colombian party system   during the last three decades. It not only refers to the opening or reconfiguration of the party   system, understood in terms of incorporation of new forces to the electoral political space or of the   transit to a multiparty system, but it deals also with the question of political stability. It examines   the evolution of the party system in the local and regional environments, addressing the following   variables: the number of parties, electoral volatility, and the presence of third forces in the period   between 1972 and 2000.</p>      <p><b>Keywords: </b>Party System, change, Colombia.</p>  <hr size="1">      <p>Los partidos Liberal y Conservador, no s&oacute;lo han sido desde el siglo pasado actores centrales en la competencia pol&iacute;tico electoral y en el ejercicio del poder pol&iacute;tico en Colombia, sino que han cumplido un papel fundamental en la construcci&oacute;n de la historia pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Sin embargo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas este dominio del bipartidismo se constituy&oacute; en blanco de m&uacute;ltiples cr&iacute;ticas. Desde distintos sectores sociales y acad&eacute;micos se empez&oacute; a &quot;percibir el sistema bipartidista como un sistema semicerrado, poco representativo y fuente de exclusiones&quot; <sup>1</sup>. La persistencia del bipartidismo fue considerada como una de las fuentes de la crisis e inestabilidad pol&iacute;tica que viv&iacute;a el pa&iacute;s a fines de los a&ntilde;os ochenta. Argumentos en distintos sentidos fueron esbozados, tales como, la incapacidad de los partidos para representar los intereses de amplios sectores de la sociedad colombiana, el predominio de pr&aacute;cticas corruptas y clientelistas con la consecuente disminuci&oacute;n de los niveles de legitimidad del sistema, la incapacidad de los partidos tradicionales para canalizar los conflictos sociales, entre otros. </p>      <p>De ah&iacute;, que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la preocupaci&oacute;n por el cambio del sistema de partidos haya adquirido una gran relevancia en la discusi&oacute;n nacional. En esta direcci&oacute;n distintos esfuerzos de reforma institucional han sido llevados a cabo en aras de producir un cambio en el sistema partidista. En particular, las reformas de finales de los ochenta, fueron pensadas no s&oacute;lo como un instrumento que podr&iacute;a contribuir al proceso de paz, sino tambi&eacute;n como un camino para la ampliaci&oacute;n de los espacios de competici&oacute;n electoral, la incorporaci&oacute;n de fuerzas no bipartidistas a los espacios de representaci&oacute;n pol&iacute;tica y en general la democratizaci&oacute;n de la vida pol&iacute;tica local<sup>2, 3</sup>. Por su parte, las reformas de los noventa buscaron la superaci&oacute;n del bipartidismo que hab&iacute;a dominado hasta el momento el escenario pol&iacute;tico electoral, lo cual supon&iacute;a no s&oacute;lo promover el tr&aacute;nsito a un sistema multipartidista, sino adem&aacute;s un cambio del viejo escenario pol&iacute;tico a trav&eacute;s de las nuevas fuerzas. En este contexto, una serie de dise&ntilde;os institucionales fueron introducidos para abrir las oportunidades a las fuerzas no bipartidistas<a href="#(2)">(2)</a>.</p>      <p>Transcurridos algunos a&ntilde;os desde estas reformas, pueden ser planteadas algunas preguntas: &iquest;se ha producido un aumento de las fuerzas no bipartidistas? &iquest;Se ha hecho el tr&aacute;nsito a un sistema multipartidista? &iquest;En qu&eacute; medida ha sido desplazado el bipartidismo tradicional?. En relaci&oacute;n con estos interrogantes, este estudio pretende aportar elementos para la comprensi&oacute;n de lo que ha sucedido con el sistema partidista colombiano. Sin embargo, no se enmarca s&oacute;lo en la discusi&oacute;n sobre la apertura o reconfiguraci&oacute;n del sistema de partidos <sup>4 - 6</sup>, entendida en relaci&oacute;n con la incorporaci&oacute;n de nuevas fuerzas al espacio pol&iacute;tico electoral o el tr&aacute;nsito a un sistema multipartidista, sino que aborda tambi&eacute;n de manera central la dimensi&oacute;n estabilidad. Dicho aspecto resulta fundamental en el caso colombiano, particularmente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en las que empiezan a vislumbrarse importantes signos de desintitucionalizaci&oacute;n<sup>7</sup>. </p>      <p>De acuerdo con lo anterior, este trabajo se inscribe de manera m&aacute;s general en la discusi&oacute;n sobre el cambio del sistema de partidos, lo que es abordado a partir del an&aacute;lisis de dos propiedades comunes a todos los sistemas partidistas, pero que resultan centrales en la discusi&oacute;n colombiana: el n&uacute;mero de partidos y la volatilidad electoral. Adicionalmente, se incluye una variable m&aacute;s espec&iacute;fica que da cuenta del nivel de presencia de las terceras fuerzas pol&iacute;ticas. A partir de estas dimensiones se examina la evoluci&oacute;n del sistema partidista en Colombia en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas. </p>      <p>El texto est&aacute; dividido en tres partes. En la primera, se define el enfoque desde el cual se aborda el cambio del sistema de partidos en este estudio. Adicionalmente, se presentan algunas precisiones metodol&oacute;gicas. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la segunda, se trata lo relacionado con la evoluci&oacute;n del sistema partidista respecto al n&uacute;mero de partidos, poniendo especial &eacute;nfasis en qu&eacute; tan concentrados o no han sido los sistemas de partidos en lo local y regional y en qu&eacute; direcci&oacute;n ha ido cambiando esto. Por otro lado, se explora para el nivel local lo que ha sucedido con las fuerzas no bipartidistas consideradas como bloque. En relaci&oacute;n con estos aspectos, se sostiene que aunque el cambio no se ha dado en la magnitud esperada por las reformas, los resultados para las terceras fuerzas no pueden ser considerados como insignificantes. Sin embargo, esto no se ha traducido en una superaci&oacute;n significativa del unipartidismo dominante en la mayor parte de los municipios, aunque han ido aumentando los casos de bipartidismos y aquellos con tendencia al multipartidismo o multipartidistas. </p>      <p>La tercera parte se centra en la dimensi&oacute;n estabilidad. Se sugiere que tal vez uno de los cambios m&aacute;s importantes del sistema partidista se ha dado en relaci&oacute;n con esta dimensi&oacute;n. De hecho, en el nivel local se observa que despu&eacute;s de d&eacute;cadas de sorprendente estabilidad, los sistemas partidistas han registrado un aumento significativo de la volatilidad. Dicho comportamiento puede ser rastreado desde finales de los ochenta, aunque es en el periodo post-constitucional donde va a ser m&aacute;s marcado. </p>      <p><b>&iquest;Desde d&oacute;nde abordar el cambio del sistema de partidos? </b></p>      <p>En la literatura internacional, distintos analistas se han ocupado no s&oacute;lo de dar cuenta de los procesos de cambio que han experimentando los sistemas partidistas de algunos pa&iacute;ses, sino tambi&eacute;n de conceptualizar y definir lo que ha de ser entendido como cambio del sistema de partidos <sup>8 - 10</sup>. En esta direcci&oacute;n, se ha tratado de dar respuesta a algunas preguntas que resultan centrales: &iquest;c&oacute;mo definir el cambio? &iquest;Cu&aacute;ndo puede considerarse que un sistema de partidos ha entrado en un proceso de cambio? &iquest;Cu&aacute;les elementos deben sufrir alteraciones para que pueda hablarse de cambio?. Sin &aacute;nimo de abarcar esta discusi&oacute;n, a continuaci&oacute;n se presentan unas breves precisiones relacionadas con el enfoque desde el cual se aborda el cambio del sistema de partidos en este estudio. </p>      <p>En primer lugar, en este texto se adopta el concepto de sistema de partidos propuesto por Sartori, de acuerdo con el cual puede ser entendido &quot;como el sistema de interacciones que es resultado de la competencia entre partidos&quot; <sup>11</sup>. Esta definici&oacute;n, implica asumir que el sistema partidista no puede ser reducido simplemente a la suma de sus partes componentes, sino que involucra elementos relacionados con el modo de interacci&oacute;n entre ellos <sup>12</sup>. En este sentido, un primer aspecto a considerar es que necesario diferenciar entre el cambio que se puede producir a nivel de los partidos y el cambio del sistema partidista, pues es claro que debido a que un sistema involucra la totalidad de relaciones entre partidos, sus propiedades no son las de sus partes componentes <sup>13</sup>.</p>      <p>Una segunda cuesti&oacute;n que adquiere relevancia es c&oacute;mo evaluar si un sistema de partidos espec&iacute;fico ha cambiado o no. En relaci&oacute;n con esto, un camino es identificar la esencia de lo que constituye un sistema de partidos dado y a partir de ello determinar si se ha producido un cambio o no. En esta perspectiva, el cambio se da cuando el sistema ha transitado de un tipo a otro, es decir, que los cambios que resultan relevantes son aquellos que se producen en el centro y no en los m&aacute;rgenes del sistema <sup>14</sup>. Este enfoque tiene la ventaja de evitar ambig&uuml;edades, pero puede resultar demasiado restrictivo, ya que pueden producirse cambios relevantes en algunas dimensiones del sistema, por ejemplo, cambios electorales, que no necesariamente implican el tr&aacute;nsito a otro tipo. </p>      <p>Otro camino es evaluar las dimensiones o propiedades del sistema de manera independiente. Diversos autores coinciden en ciertas propiedades que son vistas como relevantes en la medida en que dan forma a la estructura de competici&oacute;n y cooperaci&oacute;n partidista, como ser&iacute;an el n&uacute;mero de partidos y su tama&ntilde;o relativo, la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica y la volatilidad electoral <sup>15 - 17</sup>. Adicionalmente, aunque existe menor acuerdo sobre la importancia de otros elementos como dimensiones centrales del sistema de partidos, se han considerado tambi&eacute;n la desproporcionalidad electoral, la interacci&oacute;n entre gobierno y oposici&oacute;n y el grado de institucionalizaci&oacute;n. De lo anterior, resulta claro que no hay &uacute;nico indicador de cambio del sistema, por lo que la definici&oacute;n de los par&aacute;metros a lo largo de los cuales es medido se constituye en una cuesti&oacute;n fundamental <sup>18</sup>.</p>      <p>Este texto se sit&uacute;a en esta &uacute;ltima perspectiva de an&aacute;lisis para abordar el cambio, para lo cual se centra en dos propiedades: el n&uacute;mero de partidos y la volatilidad del sistema partidista. El primero de estos aspectos, proporciona informaci&oacute;n sobre el formato o el grado de fragmentaci&oacute;n del sistema de partidos. Por su parte, la volatilidad &quot;provee informaci&oacute;n adicional sobre los patrones de interacci&oacute;n y competici&oacute;n entre partidos y nos da una medida din&aacute;mica&quot; <sup>19</sup>, de manera que resulta muy apropiada para analizar el cambio. </p>      <p>Un tercer aspecto que debe ser considerado es que el cambio del sistema de partidos puede tener lugar en distintas arenas de interacci&oacute;n partidista: electoral, legislativa o gubernamental. En este sentido, es importante tener en cuenta que lo electoral no es sino una de las posibles dimensiones involucradas en el cambio del sistema partidista, por lo que la ausencia de cambio en este plano no puede ser interpretado como estabilidad del sistema en sus otras dimensiones. Sin desconocer la importancia que puedan tener otros espacios de competici&oacute;n para el estudio del cambio, este trabajo se centra en lo estrictamente electoral. </p>      <p><b>Precisiones metodol&oacute;gicas</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque en ocasiones nos referimos al nivel nacional –es decir, al congreso- este estudio se centra en el nivel local y de manera secundaria en el regional. En general los trabajos que de alguna manera han abordado el asunto del cambio del sistema de partidos colombiano, han puesto el &eacute;nfasis en el &aacute;mbito nacional, especialmente a nivel del congreso <sup>20, 21</sup>. Pocos, sin embargo, han sido los an&aacute;lisis que se han ocupado del cambio en los niveles territoriales del orden local o regional <sup>22 - 24</sup>, aunque con enfoques distintos al propuesto en este texto. </p>      <p>El per&iacute;odo comprendido en este estudio abarca desde 1972 hasta el 2000 <a href="#(3)">(3)</a>. Para abordar estos niveles se trabaj&oacute; con los datos para asambleas departamentales y concejos municipales, espec&iacute;ficamente los correspondientes a las curules por etiqueta partidista<a href="#(4)">(4)</a>. Para el nivel local se seleccion&oacute; una muestra aleatoria de 537 municipios y se incluyeron las 12 ciudades<a href="#(5)">(5)</a>, mientras para lo regional se trabaj&oacute; con la totalidad de los departamentos. El paso siguiente fue la agregaci&oacute;n de curules seg&uacute;n partido pol&iacute;tico y la construcci&oacute;n de los indicadores propuestos. </p>      <p>Lo anterior no deja de plantear dificultades, particularmente en el escenario postconstitucional, pues una de las estrategias de los candidatos pertenecientes a los partidos tradicionales ha sido la de ocultarse tras de nuevos r&oacute;tulos y etiquetas como una forma de ganar espacios electorales y de hacer frente al creciente desprestigio que enfrenta el bipartidismo tradicional. Sin embargo, es importante se&ntilde;alar que algunos de estos casos pueden constituir verdaderos intentos por conformar una fuerza pol&iacute;tica distinta, siendo en general dif&iacute;cil determinar en qu&eacute; momento un partido o candidato deja de ser tradicional y puede ser considerado como una tercer&iacute;a. En parte esto ha sido propiciado por la creciente desintitucionalizaci&oacute;n de los partidos tradicionales, as&iacute; como por la fragmentaci&oacute;n de las terceras fuerzas en el escenario postconstitucional. </p>      <p>En consonancia con lo anterior, un problema a afrontar es qui&eacute;nes deben ser considerados como tradicionales y qui&eacute;nes como tercer&iacute;as o independientes. Sobre este asunto autores como Pizarro y Guti&eacute;rrez <sup>25, 26</sup> han propuesto criterios para identificar las terceras fuerzas, pero no resultan aplicables en este estudio<a href="#(6)">(6)</a>. Debido al nivel de an&aacute;lisis propuesto fue necesario trabajar con un criterio m&aacute;s simple . En primer lugar, se consideraron las distintas fuerzas pol&iacute;ticas de acuerdo con la etiqueta partidista con la que se inscribieron en los comicios electorales. En segundo lugar, algunas de estas fuerzas que no se presentaron con la etiqueta liberal o conservadora fueron consideradas bajo estas agrupaciones pol&iacute;ticas pues constituyen en realidad fracciones de estos partidos <a href="#tab1">(Tabla 1)</a>. El paso siguiente fue realizar la agregaci&oacute;n de curules para los liberales y sus fracciones, los conservadores y  sus fracciones y para cada uno de los restantes movimientos y partidos pol&iacute;ticos. En este &uacute;ltimo caso, la agregaci&oacute;n de curules se hizo a partir del r&oacute;tulo partidista con el que participaron en los comicios electorales. </p>      <p>    <center> <a name ="tab1"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04tab1.gif"></center></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b>N&uacute;mero de partidos y fuerzas no bipartidistas </b></p>      <p>De acuerdo con Sartori, el n&uacute;mero de partidos es una dimensi&oacute;n importante del sistema partidista, pues &quot;indica inmediatamente, aunque s&oacute;lo sea de modo aproximado, una caracter&iacute;stica importante del sistema pol&iacute;tico: la medida en que el poder pol&iacute;tico est&aacute; fragmentado o no fragmentado, disperso o concentrado&quot;<sup>27</sup>. Adicionalmente, el n&uacute;mero de partidos tiene relevancia respecto a las posibles corrientes de interacci&oacute;n del sistema, las t&aacute;cticas de competencia y oposici&oacute;n de los partidos y la determinaci&oacute;n de si es o no necesario un gobierno de coalici&oacute;n <sup>28, 29</sup>. En general, existe acuerdo sobre la importancia del n&uacute;mero de partidos como una propiedad importante del sistema partidista, aunque no sobre la manera como han de ser contados. En este texto nos inclinamos por las reglas de conteo cuantitativas, para lo cual utilizamos el indicador propuesto por Taagepera y Shugart, conocido como n&uacute;mero efectivo de partidos (de ahora en adelante NEP)<sup>30, 31</sup><a href="#(7)">(7)</a>.</p>      <p>En la discusi&oacute;n colombiana sobre el cambio del sistema partidista, el n&uacute;mero de partidos tiene una especial relevancia. Como sostuvimos, dos de los procesos de reforma institucional que han sido llevados a cabo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas –la elecci&oacute;n popular de alcaldes y la reforma constitucional de 1991- buscaron promover la incorporaci&oacute;n de distintas corrientes y fuerzas pol&iacute;ticas a los espacios de competencia electoral y en particular a los de representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Adicionalmente, se esperaba que la reforma constitucional y los dise&ntilde;os incorporados a principios de los noventa permitir&iacute;an superar el tradicional esquema bipartidista mediante el tr&aacute;nsito a un sistema de multipartidismo. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En relaci&oacute;n con las expectativas generadas por estas reformas pueden identificarse dos aspectos que aunque est&aacute;n estrechamente relacionados aluden a componentes distintos del cambio. En primer lugar, el aumento del n&uacute;mero de partidos y el tr&aacute;nsito a un sistema multipartidista, pueden ser abordados m&aacute;s bien como un asunto de diversidad, lo que no necesariamente supone la desaparici&oacute;n de los partidos tradicionales, pero si que otros partidos y fuerzas pol&iacute;ticas puedan tener expresi&oacute;n en la arena electoral y acceso a los espacios de representaci&oacute;n. En concreto se trata de saber si la estructura de representaci&oacute;n se concentra en un partido o pocos partidos, o si m&aacute;s bien distintas fuerzas tienen acceso a estos espacios dando lugar a sistemas relativamente desconcentrados o muy desconcentrados. Sin embargo, este indicador no nos habla del tipo de diversidad, es decir si se trata de tradicionales o nuevas fuerzas y movimientos pol&iacute;ticos o qu&eacute; tan presentes est&aacute;n los unos y los otros, cuesti&oacute;n que como hemos visto tiene una gran relevancia en el contexto colombiano. En relaci&oacute;n con esto, un segundo aspecto del cambio es la medida en que las nuevas fuerzas han desplazado a los partidos tradicionales. Para ello se incorpor&oacute; una variable que da cuenta del nivel de presencia de las terceras fuerzas pol&iacute;ticas, medida a partir de la proporci&oacute;n de curules obtenidas por estas fuerzas <a href="#(8)">(8)</a>. </p>      <p><b>&iquest;Se ha producido un aumento en el n&uacute;mero de partidos? </b></p>      <p>El congreso ha sido un escenario donde el liberalismo y el conservatismo han tenido una presencia mayoritaria durante toda la historia del pa&iacute;s, y aunque espor&aacute;dicamente otras fuerzas pol&iacute;ticas han accedido a este espacio no han logrado consolidarse. En los noventa, sin embargo, se observa un aumento de la pluralidad por efecto de la incorporaci&oacute;n de nuevas fuerzas pol&iacute;ticas, lo que podr&iacute;a estar conduciendo a un declive del bipartidismo perfecto <sup>32</sup>. Por su parte, los niveles regional y local tambi&eacute;n han experimentado un aumento de la diversidad. Al examinar cu&aacute;l ha sido la evoluci&oacute;n del NEP para asambleas y concejos a partir de las medias para cada elecci&oacute;n, puede verse que desde un poco antes de mediados de los ochenta empez&oacute; a producirse un paulatino aumento del NEP <a href="#gr1">(Gr&aacute;fico 1).</a></p>      <p>    <center> <a name ="gr1"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04gr1.gif"></center></p>      <p>Aunque no es improbable que en los departamentos y municipios se reproduzca el esquema bipartidista del nivel nacional, dado que constituyen en realidad espacios aut&oacute;nomos de la vida pol&iacute;tica es dable esperar que en estos &aacute;mbitos los sistemas partidistas sigan esquemas de competici&oacute;n distintos. En esta direcci&oacute;n, una primera cuesti&oacute;n que pretendemos responder es &iquest;c&oacute;mo pueden ser caracterizados los sistemas partidistas en lo regional y local en cuanto al n&uacute;mero de partidos?. Para facilitar el an&aacute;lisis he considerado cuatro grupos de acuerdo con los valores del NEP registrados por asambleas y concejos municipales: a- unipartidismo fuerte (entre 1 y &lt;1.6); b- unipartidismo atenuado (entre 1.6 y &lt;2.0); c- sistemas de dos partidos (entre 2.0 y &lt;2.7); d- sistemas con tendencia al multipartidismo o multipartidistas (2.7 o superior). </p> Al remitirnos a las <a href="#tab2">Tablas 2</a> y <a href="#tab3">3</a>, un primer aspecto que se observa es que mientras a principios de los setenta los sistemas partidistas del nivel local y regional registraban un comportamiento favorable a la diversidad, en los a&ntilde;os posteriores se producir&iacute;a en general una tendencia contraria, pr&aacute;cticamente desapareciendo los casos de multipartidismo y disminuyendo los casos de bipartidismo. De hecho, en el periodo comprendido entre mediados de los setenta y finales de los ochenta, puede verse que mientras la gran parte de los departamentos presentan sistemas de dos partidos o de unipartidismo atenuado, en el &aacute;mbito de los concejos han tenido preponderancia los unipartidismos fuertes o atenuados. En relaci&oacute;n con esto, llama la atenci&oacute;n el hecho de que las asambleas muestren un comportamiento m&aacute;s favorable a la diversidad mientras en el nivel local tienen preponderancia los sistemas partidistas concentrados.</p>      <p>    <center> <a name ="tab2"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04tab2.gif"></center></p>      <p>    <center> <a name ="tab3"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04tab3.gif"></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es posible que uno de los factores que tenga incidencia en este comportamiento sea la magnitud del distrito electoral, pues en general el n&uacute;mero de curules para las asambleas es mayor que para gran parte de los concejos municipales<sup>33 - 35</sup><a href="#(9)">(9)</a>. Sin embargo, tambi&eacute;n puede ser que este comportamiento no se explique exclusiva o principalmente por los efectos del sistema electoral sobre el n&uacute;mero de partidos. De acuerdo con Rouqui&eacute;, &quot;a menudo, los sistemas pol&iacute;ticos que ofrecen las apariencias de democracias liberales y donde una pluralidad de formaciones coexisten y se oponen en principio en igualdad de condiciones, s&oacute;lo conocen en realidad escrutinios competitivos en el plano de las estad&iacute;sticas nacionales. Su pluralismo no es m&aacute;s que la resultante de una yuxtaposici&oacute;n de dominaciones monopartidistas locales o regionales&quot;<sup>36</sup>. </p>      <p>Esta hip&oacute;tesis parece ser cierta para el caso colombiano, pues durante este periodo, en el &aacute;mbito de los concejos municipales la representaci&oacute;n pol&iacute;tica pr&aacute;cticamente se concentr&oacute; en un solo partido –el Liberal o el Conservador- en un n&uacute;mero muy significativo de municipios, mientras los sistemas de dos partidos fueron escasos, en contraste con el predominio del bipartidismo a nivel nacional <a href="#(10)">(10)</a> e incluso departamental. Cabe mencionar que la preponderancia de los unipartidismos en los municipios colombianos, no es un comportamiento exclusivo de los a&ntilde;os setenta y ochenta, pues como muestra Oquist, en 1930 y 1946 la mayor parte de los municipios se hallaba bajo la hegemon&iacute;a absoluta o el control pol&iacute;tico relativo de uno de los dos partidos tradicionales, mientras s&oacute;lo cerca de una cuarta parte pod&iacute;an ser considerados como competitivos <sup>37, 38</sup>.</p>      <p>Desde finales de los ochenta en el &aacute;mbito de las asambleas se observan ligeros cambios en el comportamiento de los sistemas de partidos en lo relativo a los niveles de concentraci&oacute;n, sin embargo, es desde 1992 cuando se produce en el nivel regional y local un aumento de los sistemas con tendencia al multipartidismo o multipartidistas y de los sistemas de dos partidos. En este sentido, puede decirse que el cambio en la configuraci&oacute;n partidista en el &aacute;mbito municipal empieza a producirse m&aacute;s bien como consecuencia de las reformas de los noventa, en contraste con el m&iacute;nimo efecto que la reforma descentralista de finales de los ochenta tuvo sobre esta dimensi&oacute;n del sistema. </p>      <p>Ahora bien, a la luz de las expectativas generadas por la reforma de 1991 los resultados para el nivel municipal pueden ser considerados como mixtos: han aparecido casos de multipartidismo, pero a&uacute;n persisten los sistemas de dos partidos y los unipartidismos fuertes y atenuados. De acuerdo con esto, puede decirse que parece estar produci&eacute;ndose un aumento de la heterogeneidad en el camino que han seguido los sistemas partidistas en el &aacute;mbito municipal, cont&aacute;ndose hoy no s&oacute;lo con sistemas unipartidistas, sino tambi&eacute;n con otros que han empezado a aproximarse al multipartidismo. Esto, sin embargo, deber&iacute;a ser considerado con m&aacute;s cuidado, pues es posible que buena parte de estos casos hayan estado fluctuando –particularmente en los noventa- sin alcanzar a&uacute;n una situaci&oacute;n definitiva. </p>      <p><b>Las fuerzas no bipartidistas en los concejos municipales</b></p>      <p> Aunque es de esperar que este aumento en el n&uacute;mero efectivo de partidos guarde relaci&oacute;n con la aparici&oacute;n de nuevas fuerzas pol&iacute;ticas, es necesario dar cuenta de la magnitud en la cual estas fuerzas han desplazado al bipartidismo tradicional. Como sostuvimos antes, aunque ambos aspectos pueden guardar estrecha relaci&oacute;n no necesariamente tienen que ir de la mano. Por ejemplo, es posible que en un municipio tradicionalmente liberal una fuerza no bipartidista obtenga todas las curules, sin que esto tenga efectos sobre los niveles de concentraci&oacute;n partidista. En la <a href="#tab4">Tabla 4</a>, se presenta la evoluci&oacute;n de las terceras fuerzas en el &aacute;mbito local a partir del nivel de presencia que han tenido en los concejos municipales. </p>      <p>    <center> <a name ="tab4"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04tab4.gif"></center></p>      <p>Pueden identificarse tres momentos. A principios de los setenta, las tercer&iacute;as hab&iacute;an alcanzado un importante espacio en los concejos municipales, lo que puede explicarse por el auge de la Anapo y algunas fuerzas pol&iacute;ticas de izquierda durante estos a&ntilde;os. Sin embargo, esta situaci&oacute;n fue en realidad bastante ef&iacute;mera, pues para las elecciones de 1976 los partidos tradicionales hab&iacute;an recuperado buena parte de los espacios perdidos, situaci&oacute;n que se acent&uacute;a por lo menos hasta un poco antes de mediados de los ochenta. A partir de entonces se inicia una tendencia en sentido contrario, observ&aacute;ndose una lenta recuperaci&oacute;n de las tercer&iacute;as. En dicho comportamiento, posiblemente tenga relevancia la importancia que en los ochenta fueron cobrando los movimientos pol&iacute;ticos regionales en distintas regiones del pa&iacute;s. Sin embargo, este proceso se dio de manera muy lenta, pues en las elecciones de 1986 apenas se hab&iacute;a alcanzado una situaci&oacute;n equiparable a la de 1978.</p>      <p> Para las elecciones de 1988, las tercer&iacute;as hab&iacute;an alcanzado representaci&oacute;n en aproximadamente un 40% de los municipios del pa&iacute;s, siendo significativa su presencia en un 17%, lo que no resulta nada despreciable si se considera que en las elecciones anteriores liberales y conservadores mantuvieron el control absoluto de los cargos de representaci&oacute;n en por lo menos el 80% de los municipios. Sin embargo, es en el periodo postconstitucional donde puede observarse el comportamiento m&aacute;s favorable a las fuerzas no bipartidistas. Siguiendo la tabla 4, puede verse que en por lo menos la mitad de los municipios los partidos tradicionales perdieron espacio en los cuerpos de representaci&oacute;n del nivel local, siendo 1992 y el 2000 los a&ntilde;os en los que las tercer&iacute;as obtienen mejores resultados. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En relaci&oacute;n con las expectativas generadas por la reforma constitucional respecto a las fuerzas no bipartidistas por lo menos tres escenarios podr&iacute;an hacer parte de los posibles desenlaces: 1-los partidos Liberal y/o Conservador o no aparecen o han quedado reducidos a una m&iacute;nima expresi&oacute;n; 2-el cambio parece m&aacute;s lento y gradual, persistiendo el bipartidismo en un nivel medio o relativamente alto, pero con una p&eacute;rdida de espacio ante la entrada de otras fuerzas pol&iacute;ticas; 3-aunque puede haberse producido desplazamientos entre liberales y conservadores, la caracter&iacute;stica del sistema frente al nivel de presencia conjunto de los partidos tradicionales parece ser el no cambio. En principio podr&iacute;a decirse que respecto a la situaci&oacute;n de los municipios colombianos es posible encontrar estos tres escenarios, aunque los predominantes parecen ser el segundo y tercero. De hecho, se observa que durante el periodo postconstitucional no es muy grande el n&uacute;mero de casos en los que el nivel de presencia de las fuerzas no bipartidistas es alto o muy alto –entre un 5 y 23%. </p>      <p>Siguiendo lo expuesto, puede decirse que aunque la presencia de las terceras fuerzas no se ha dado en la magnitud esperada por las reformas constitucionales, es indudable que en los noventa se han producido algunos cambios importantes, reflejados en el aumento de municipios en los cuales las fuerzas no bipartidistas han logrado acceder en mayor o menor medida a los espacios de representaci&oacute;n. Pero, &iquest;puede ser interpretado esto como un cambio en la estructura de representaci&oacute;n en el &aacute;mbito local?. Una forma de aproximarse a este asunto es examinando si las terceras fuerzas han logrado alg&uacute;n grado de consolidaci&oacute;n. </p>      <p>En relaci&oacute;n con lo anterior, se esperar&iacute;a que el acceso de las terceras fuerzas a los espacios de representaci&oacute;n no se produzca como algo espor&aacute;dico y transitorio. Los niveles de presencia observados pueden estar poniendo de relieve un cambio importante en el comportamiento pol&iacute;tico-electoral, pero no necesariamente se traduce en la consolidaci&oacute;n de un voto no bipartidista. En esta perspectiva es posible que aunque estas fuerzas consideradas como bloque tengan presencia en los cuerpos colegiados del nivel local de una elecci&oacute;n a otra, en algunos de estos municipios su permanencia haya sido ef&iacute;mera o fluctuante. Por otro lado, tambi&eacute;n puede suceder que el voto no bipartidista tenga continuidad de una elecci&oacute;n a otra en un importante n&uacute;mero de municipios, sin que ello implique una consolidaci&oacute;n de las terceras fuerzas consideradas individualmente. </p>      <p>Podemos aproximarnos en un primer nivel de an&aacute;lisis a estas cuestiones examinando si las terceras fuerzas pol&iacute;ticas consideradas como bloque han persistido o si su presencia ha sido m&aacute;s bien espor&aacute;dica en los municipios donde han tenido acceso a los cuerpos colegiados de representaci&oacute;n. En la <a href="#tab5">Tabla 5</a> se presenta la distribuci&oacute;n de municipios seg&uacute;n el n&uacute;mero de veces en los que las tercer&iacute;as han estado presentes en el periodo 1988-2000 y el nivel de presencia que han tenido en estos cuerpos<a href="#(11)">(11)</a></p>      <p>    <center> <a name ="tab5"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04tab5.gif"></center></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>De acuerdo con los datos, en un 31.5% de los municipios los resultados para las terceras fuerzas han sido buenos, pues presentan no s&oacute;lo niveles de presencia importantes (medio, alto o muy alto) sino una alta permanencia (entre el 60 y el 100% de las elecciones consideradas). Entre estos casos un 5.8% del total de municipios han mostrado un comportamiento muy favorable a las fuerzas no bipartidistas. Estos municipios que representan una peque&ntilde;a parte del pa&iacute;s, registran altos o muy altos niveles de presencia y de permanencia<a href="#(12)">(12)</a>. Por otro lado, en un 35% de los municipios la presencia de las tercer&iacute;as ha sido m&aacute;s bien ef&iacute;mera (2 o 1 elecci&oacute;n), con niveles de presencia bajos o medios, por lo que resulta dif&iacute;cil sostener que en estos casos se ha producido alg&uacute;n tipo de consolidaci&oacute;n. Finalmente, el 27% restante de municipios ha mostrado una alta permanencia, pero niveles bajos de presencia. </p>      <p>En definitiva, puede decirse que a pesar de la persistencia de los dos partidos tradicionales en el escenario local, las terceras fuerzas han tenido algunos logros importantes. En por lo menos una tercera parte de los municipios de la muestra considerada las fuerzas no bipartidistas no s&oacute;lo han tenido un importante acceso a los cuerpos de representaci&oacute;n, sino que adem&aacute;s han alcanzado altos niveles de permanencia. Sin embargo, en los municipios restantes la presencia de estas fuerzas o no ha sido muy significativa aunque logren cierto nivel de permanencia o ha sido m&aacute;s bien ef&iacute;mera. </p>      <p><b>La estabilidad del sistema de partidos </b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La estabilidad del sistema de partidos es un factor relevante, pues como sostiene Mainwaring, cuando existe un alto grado de inestabilidad en la competici&oacute;n partidista los resultados electorales son menos predecibles, siendo m&aacute;s f&aacute;cil para los nuevos partidos su entrada a la escena electoral y la competici&oacute;n por el poder <sup>39</sup>. Sin embargo, es claro que altos niveles de volatilidad pueden tener consecuencias importantes para el ejercicio democr&aacute;tico, tales como el aumento de la incertidumbre pol&iacute;tica, cambios en la pol&iacute;tica derivados de variaciones en la distribuci&oacute;n de curules y poder o incluso una mayor dificultad de los ciudadanos para identificar lo que los distintos competidores representan y para reconocer etiquetas partidistas <sup>40</sup>. </p>      <p>Siguiendo a Ersson y Lane <sup>41</sup>, es importante mencionar que cuando se habla de inestabilidad electoral y cambio del sistema de partidos es necesario distinguir entre el nivel micro y macro, pues mientras el primero hace referencia al comportamiento individual del votante, el segundo alude al sistema de partidos. En este sentido, lo micro est&aacute; relacionado con variaciones en las preferencias del votante y lo macro da cuenta m&aacute;s bien de las variaciones que se producen en el apoyo electoral para los partidos de una elecci&oacute;n a otra. Ahora bien, aunque es claro que estas dos medidas est&aacute;n relacionadas, los cambios en el nivel micro pueden reflejarse parcialmente en el nivel macro o incluso pueden no afectarlo sustancialmente, pues, como sostienen estos autores, es evidente que medidas agregadas s&oacute;lo capturan parcialmente el nivel de volatilidad individual. </p>      <p>Puesto que en este estudio nos interesa el nivel agregado, el an&aacute;lisis estar&aacute; centrado en la variabilidad de la configuraci&oacute;n del sistema de partidos de una elecci&oacute;n a otra. Para dar cuenta de lo anterior, nos apoyamos en una medida de estabilidad partidaria que ha sido ampliamente aceptada en literatura internacional, el &iacute;ndice de volatilidad electoral de Pedersen. Dicho indicador mide el cambio neto de participaci&oacute;n en los cargos parlamentarios o votos de todos los partidos de una elecci&oacute;n a la siguiente. Se obtiene sumando el cambio neto en el porcentaje de cargos (o votos) ganados o perdidos por cada partido en una elecci&oacute;n y la siguiente, y luego dividiendo por dos<sup>42</sup><a href="#(13)">(13)</a>. Entre mayor sea el valor del &iacute;ndice se puede decir que el sistema de partidos es m&aacute;s inestable y al contrario, entre menor sea el valor del &iacute;ndice se estar&aacute; en presencia de un sistema m&aacute;s estable. </p>      <p><b>&iquest;Han disminuido los niveles de estabilidad? </b></p>      <p>En general el congreso presenta una gran estabilidad durante casi todo el periodo considerado, registrando niveles de volatilidad muy bajos. En los noventa, sin embargo, se observa un aumento de la volatilidad, particularmente en las &uacute;ltimas elecciones. En efecto, durante los ochenta, liberalismo y conservatismo logran mantener de una elecci&oacute;n a otra, pr&aacute;cticamente los mismos niveles de presencia para c&aacute;mara y senado. En general durante este periodo no se observan cambios significativos en la configuraci&oacute;n del sistema partidista, a pesar de que los partidos liberal y conservador mantuvieron un importante nivel de competencia por el control de estos cargos de elecci&oacute;n y que otras fuerzas pol&iacute;ticas lograron acceder espor&aacute;dicamente al escenario legislativo<sup>43</sup><a href="#(14)">(14)</a>. En los noventa, los liberales contin&uacute;an conservando casi el mismo nivel de presencia, los conservadores presentan un paulatino descenso, mientras gran parte de las nuevas fuerzas pol&iacute;ticas no logran mantener de una elecci&oacute;n a la siguiente los espacios de representaci&oacute;n conquistados<sup>44</sup> <a href="#(15)">(15)</a>. </p>      <p><b>La estabilidad en los esquemas de competencia en el nivel local y regional</b></p>       <p>En el &aacute;mbito regional los sistemas partidistas van a presentar una gran estabilidad durante los setenta, registrando un aumento paulatino en los niveles de volatilidad desde principios de los ochenta <a href="#gr2">(Gr&aacute;fico 2)</a>. El comportamiento de la estabilidad en este &aacute;mbito contrasta de manera importante con lo sucedido en el nivel nacional, pues, mientras para congreso la volatilidad aumenta de manera significativa es en el periodo postconstitucional, en las asambleas esto se produce desde mucho antes, sin que en los noventa se observe un aumento significativo en relaci&oacute;n con los niveles alcanzados a finales de los ochenta.</p>      <p>    <center> <a name ="gr2"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04gr2.gif"></center></p>       <p>En cuanto a lo local, los sistemas partidistas van a mantener niveles de estabilidad muy altos desde mediados de los setenta y hasta mitad de los ochenta, presentando tan s&oacute;lo a finales de la d&eacute;cada un aumento en los niveles de volatilidad <a href="#gr2">(Gr&aacute;fico 2)</a>. En este primer periodo, el comportamiento de la estabilidad va a ser particularmente interesante, pues en general o no se observan cambios en la configuraci&oacute;n de los sistemas partidistas o estos van a producirse muy lentamente. De hecho, en un 25% de los municipios podr&iacute;a hablarse incluso de un congelamiento en la configuraci&oacute;n del sistema de partidos en el periodo comprendido entre 1980 y 1986.<a href="#(16)">(16)</a> Por otro lado, si se observa la tabla 3, puede verse que el n&uacute;mero de municipios que no present&oacute; ninguna variaci&oacute;n en dos elecciones consecutivas es muy alto (cerca de un 50% en cada elecci&oacute;n).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este comportamiento en lo local, resulta bastante sorprendente si se tiene en cuenta que es el periodo inmediatamente posterior al Frente Nacional. Dicha f&oacute;rmula consocionalista que consagr&oacute; durante diecis&eacute;is a&ntilde;os la paridad en el ejecutivo y en general en los &oacute;rganos de car&aacute;cter electivo, produjo un cambio sustancial en la competencia entre los partidos tradicionales pues se pas&oacute; de una competencia interpartidista a una intrapartidista. Si antes del Frente Nacional los partidos liberal y conservador hab&iacute;an mantenido relaciones de enfrentamiento abierto, con las reglas incorporadas, particularmente las garant&iacute;as de acceso al poder y los recursos estatales que ten&iacute;a cada uno de los partidos tradicionales, la competencia empez&oacute; a ser m&aacute;s un asunto de distribuci&oacute;n y lucha por el reparto burocr&aacute;tico entre las diversas facciones pertenecientes a un mismo partido<sup>45</sup>. </p>      <p>Finalizado el pacto frente nacionalista podr&iacute;a esperarse un resurgimiento de la competencia interpartidista y por tanto un mayor nivel de variabilidad en el nivel de presencia de liberales y conservadores de una elecci&oacute;n a otra e incluso de otras fuerzas pol&iacute;ticas. Sin embargo, en el periodo posterior al Frente Nacional esta no parece ser la situaci&oacute;n de gran parte de los municipios colombianos. Este comportamiento posiblemente pueda explicarse por el peso conjunto de dos factores: la tendencia de gran parte de los municipios a mantener altos niveles de concentraci&oacute;n –reflejado en el alto n&uacute;mero de casos que presentaron unipartidismos fuertes– y el hecho de que en la mayor parte de los municipios las &uacute;nicas fuerzas disput&aacute;ndose el poder fueron los partidos tradicionales. </p>      <p><b>Las reformas y el aumento de los niveles de volatilidad en el nivel local</b></p>      <p>A diferencia de lo que sucede a nivel departamental, en lo local el aumento de los niveles de volatilidad va a darse hasta finales de los ochenta. Como puede verse en la  <a href="#tab4">Tabla 4</a> en las elecciones de 1988 casi todos los municipios experimentaron alguna variaci&oacute;n en la configuraci&oacute;n de sus sistemas partidistas, lo que contrasta de manera clara con el comportamiento en las elecciones previas. Como mostramos antes, esto no tuvo un gran impacto en cuanto a producir una reconfiguraci&oacute;n del sistema de partidos, por lo menos en lo que tiene que ver con el n&uacute;mero de partidos. Adem&aacute;s, de acuerdo con el <a href="#gr3">(Gr&aacute;fico 3)</a>, el n&uacute;mero de municipios que para estas elecciones experimenta variaciones a favor de otras fuerzas pol&iacute;ticas no es en realidad muy alto (un 30%), aunque cabe mencionar que en ellos las ganancias netas en promedio a favor de otros partidos no son insignificantes (un 21% de los puestos a proveer fueron perdidos por los tradicionales). &iquest;C&oacute;mo puede interpretarse los datos anteriores frente a los prop&oacute;sitos de la reforma descentralista de finales de los ochenta? </p>      <p>    <center> <a name ="gr3"></a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04gr3.gif"></center></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>Aunque con la reforma se esperaba que las fuerzas pol&iacute;ticas no bipartidistas conquistar&iacute;an el espacio de las alcald&iacute;as, tambi&eacute;n pod&iacute;an preverse cambios en los cuerpos colegiados en el &aacute;mbito local –concejos municipales–. En relaci&oacute;n con este &uacute;ltimo aspecto, como ya se se&ntilde;al&oacute;, cerca de dos terceras partes de los municipios se mostraron insensibles a los prop&oacute;sitos de ampliaci&oacute;n del espectro pol&iacute;tico promovidos por la reforma, al menos en las elecciones que correspondieron a la primera elecci&oacute;n popular de alcaldes. Sin embargo, al mismo tiempo gran parte de los sistemas partidistas experimentaron un incremento en los niveles de volatilidad. Este comportamiento seguramente guarde relaci&oacute;n con las p&eacute;rdidas y ganancias de las fuerzas no bipartidistas en esta elecci&oacute;n; sin embargo, dado que un importante n&uacute;mero de municipios no present&oacute; variaciones a favor o en contra de las tercer&iacute;as, este aumento de los niveles de volatilidad tambi&eacute;n puede ser explicado por las recomposiciones en el nivel de presencia de los dos partidos tradicionales debido a p&eacute;rdidas y ganancias entre ellos. </p>      <p>Siguiendo lo expuesto, puede sugerirse a manera de hip&oacute;tesis que la reforma de finales de los ochenta permiti&oacute; una reactivaci&oacute;n de la competencia partidista en el &aacute;mbito local, al propiciar la participaci&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas distintas a los partidos tradicionales, pero sobretodo al incentivar una mayor competencia entre los partidos Conservador y Liberal. Posiblemente debido a lo anterior, se pueda explicar por qu&eacute; aunque no se produjo una apertura significativa del sistema partidista en la mayor parte de los municipios, si se registra un aumento de los niveles de volatilidad en un n&uacute;mero importante de ellos. </p>      <p>En concordancia con lo anterior, es posible que uno de los principales efectos de la reforma se haya producido sobre la estabilidad del sistema, reflejado en el aumento de los niveles de volatilidad a partir de entonces. Lastimosamente no contamos con los datos correspondientes a las elecciones de 1990, siendo imposible saber si en estas elecciones se mantiene dicho comportamiento. Lo que s&iacute; resulta claro es que en las elecciones siguientes para las que se tienen datos no se vuelve a retornar a la situaci&oacute;n de los ochenta; por el contrario, en la d&eacute;cada de los noventa se va a presentar una acentuaci&oacute;n en los niveles de volatilidad, observ&aacute;ndose que en contraste con las elecciones precedentes, gran parte de los municipios van a presentar de una elecci&oacute;n a la siguiente un nivel de volatilidad medio, alto o muy alto. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo anterior, nos remite a preguntarnos por los factores que pueden haber incidido en el aumento de los niveles de volatilidad en los noventa. Puesto que esto no se somete a comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica en este texto, no tenemos forma de saber cu&aacute;les factores han incidido realmente o qu&eacute; tanto peso pueden tener. Sin embargo, a manera de hip&oacute;tesis consideramos que este aumento puede ser explicado principalmente por el incremento del n&uacute;mero de partidos y la inestabilidad en la oferta partidista propia del escenario post-constitucional<sup>46</sup><a href="#(17)">(17)</a>. </p>      <p>En efecto, autores como Pedersen sostienen que el n&uacute;mero de partidos cuenta como un factor central en el nivel de volatilidad electoral del sistema, ya que si &quot;una expansi&oacute;n num&eacute;rica del sistema de partidos toma lugar, esto crear&aacute; una situaci&oacute;n inestable&quot;, conduciendo a un cambio en la distribuci&oacute;n de la fuerza de los partidos, y en consecuencia tambi&eacute;n en el valor de la volatilidad agregada<sup>47</sup>. As&iacute; mismo, la desaparici&oacute;n de partidos existentes puede desembocar en un aumento de la volatilidad, pues supone que los electores que votaban por esos partidos tendr&aacute;n que apostarle a otras opciones pol&iacute;ticas o simplemente se mantendr&aacute;n al margen de la participaci&oacute;n electoral. En el caso colombiano, es claro que particularmente en los noventa el n&uacute;mero de partidos que se disputan los espacios de representaci&oacute;n ha ido en aumento, propiciando en general una mayor competencia electoral. Incluso en algunos municipios que hab&iacute;an sido de dominio tradicional de uno de los dos partidos tradicionales es posible ver cierto nivel de competencia por parte de otras fuerzas no bipartidistas. </p>      <p>Por otro lado, si bien es cierto que se ha producido un aumento del n&uacute;mero de fuerzas pol&iacute;ticas en competencia, este fen&oacute;meno ha estado marcado por una gran inestabilidad en la oferta partidista, pues, aunque los partidos liberal y conservador han logrado mantenerse en la competencia electoral en la mayor parte de los municipios, tambi&eacute;n ha aparecido una amplia gama de opciones pol&iacute;ticas que en muchos casos no tienen continuidad por m&aacute;s de dos elecciones. </p>      <p><b>PARA CONCLUIR</b></p>      <p>En este texto hemos evaluado lo que ha sucedido con el sistema partidista colombiano en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas considerando dos propiedades: el n&uacute;mero de partidos y la volatilidad electoral. De manera general, se mostr&oacute; que el sistema partidista ha experimentado cambios importantes, reflejados en un aumento de la pluralidad pero tambi&eacute;n en una disminuci&oacute;n de los niveles de estabilidad. </p>      <p>En relaci&oacute;n con el primer aspecto, se encontr&oacute; que en contraste con el predominio de unipartidismos fuertes y atenuados en el escenario local durante los setenta y parte de los ochenta, desde los noventa se ha iniciado un proceso de desconcentraci&oacute;n de los sistemas partidistas. Sin embargo, los resultados han sido m&aacute;s bien mixtos, pues aunque han aumentado los casos de bipartidismo y de multipartidismo, en otros municipios a&uacute;n persisten los unipartidismos fuertes y atenuados. Respecto a las terceras fuerzas pol&iacute;ticas el panorama es semejante, pues aunque cerca de una tercera parte de los municipios han mostrado un comportamiento favorable en t&eacute;rminos de presencia y permanencia, en los restantes los resultados no han sido tan alentadores. </p>      <p>Por otro lado, se evidenci&oacute; que los cambios no se han producido s&oacute;lo en el sentido esperado por las reformas. De hecho, sugerimos que tal vez uno de los m&aacute;s importantes se ha dado en la dimensi&oacute;n estabilidad, lo que se refleja en el aumento significativo de la volatilidad que han experimentado los sistemas partidistas en lo local desde finales de los ochenta y particularmente en los noventa. De acuerdo con esto, es posible que aunque desde un an&aacute;lisis agregado un importante n&uacute;mero de sistemas de partidos locales muestren tendencia a la desconcentraci&oacute;n, en algunos de ellos se trate de un comportamiento fluctuante que a&uacute;n dista de alcanzar una situaci&oacute;n definitiva. </p>      <p>Para finalizar, es importante mencionar que algunas cuestiones resultan significativas para entender las din&aacute;micas de cambio del sistema partidista colombiano, no han sido consideradas en este estudio. En primer lugar, aunque parece estar abri&eacute;ndose paso un voto no bipartidista en un importante n&uacute;mero de municipios del pa&iacute;s, las terceras fuerzas est&aacute;n altamente fragmentadas y es muy posible que su nivel de consolidaci&oacute;n individual sea bajo. En este texto las tercer&iacute;as fueron consideradas como bloque, pero es claro que detr&aacute;s de esta noci&oacute;n se agrupan movimientos de diversa &iacute;ndole que deber&iacute;an analizarse con algo m&aacute;s de detalle. </p>      <p>Por otro lado, este texto ha avanzado en mostrar en qu&eacute; direcci&oacute;n han ido cambiando los sistemas partidistas del nivel local respecto a las dimensiones consideradas, pero no se ha ocupado de explicar por qu&eacute; estos resultados han sido diferenciados en los municipios del pa&iacute;s. En particular, ser&iacute;a importante indagar si las diferencias de resultados guardan relaci&oacute;n con ciertas caracter&iacute;sticas de estos municipios o si se pueden explicar por la incidencia de algunos factores. Esta direcci&oacute;n de an&aacute;lisis podr&iacute;a aportar importantes pistas para entender por qu&eacute; algunos municipios se han mostrado m&aacute;s resistentes al cambio que otros. Para poner un ejemplo, es posible que mayores o menores niveles de apertura o de volatilidad del sistema est&eacute;n asociados a determinadas caracter&iacute;sticas socioecon&oacute;micas de los municipios o guarden relaci&oacute;n con la intensidad del conflicto armado. Explorar estas y otras relaciones puede constituir un buen punto de partida para entender las diferencias en la evoluci&oacute;n del sistema de partidos en los distintos municipios. </p>  <hr size="1">      <p><b>COMENTARIOS</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(1)">1.</a> Agradezco los comentarios y sugerencias realizados por el profesor Eduardo Pizarro. </p>      <p><a name="(2)">2.</a>Dentro de estos pueden mencionarse la flexibilizaci&oacute;n de las reglas para la constituci&oacute;n de partidos, movimientos y agrupaciones pol&iacute;ticas, la creaci&oacute;n de la circunscripci&oacute;n nacional para senado, las circunscripciones especiales para minor&iacute;as pol&iacute;ticas y la ampliaci&oacute;n de los espacios de competencia electoral a trav&eacute;s de la elecci&oacute;n popular de gobernadores. </p>      <p><a name="(3)">3.</a>Para el nivel regional y local se consideraron 14 periodos electorales: 1972, 1974, 1976, 1978, 1980, 1982, 1984, 1986, 1988, 1990, 1992, 1994, 1997, 2000. Para Concejos municipales, no se trabaj&oacute; con los datos de composici&oacute;n correspondientes a 1990, ya que esta informaci&oacute;n s&oacute;lo existe para municipios zonificados (aproximadamente 70). </p>      <p><a name="(4)">4.</a> Los indicadores propuestos en este estudio pueden ser calculados con base en datos de votaciones o de curules por partido pol&iacute;tico. Sin embargo, debido a que durante el periodo 1988-1994 no existe informaci&oacute;n de votos para concejo desagregada por partido y municipio, se trabaj&oacute; con los datos de composici&oacute;n por partido tanto para asambleas como para concejos. Para ello se construy&oacute; una base de datos que recoge esta informaci&oacute;n para cada uno de los municipios de la muestra en los 14 periodos electorales considerados en este estudio. Se consultaron los tomos de la Registradur&iacute;a Nacional donde aparece todos los concejales elegidos en cada municipio con su respectiva etiqueta partidista, en cada una de las elecciones celebradas entre 1972 y 1986. Para los datos restantes se consultaron las publicaciones de las Estad&iacute;sticas Electorales de la Registradur&iacute;a Nacional del Estado Civil. </p>      <p><a name="(5)">5.</a> De acuerdo con el criterio de la Fundaci&oacute;n Social. </p>      <p><a name="(6)">6.</a>Es pr&aacute;cticamente imposible obtener informaci&oacute;n de participaci&oacute;n de las fuerzas pol&iacute;ticas del &aacute;mbito local en las convenciones partidistas en un periodo de tiempo como el considerado en esta investigaci&oacute;n. Por otro lado, el criterio de Guti&eacute;rrez tambi&eacute;n resulta inaplicable no s&oacute;lo por la informaci&oacute;n requerida sino porque el nivel de an&aacute;lisis es el candidato y no la fuerza pol&iacute;tica, lo que implicar&iacute;a que muchos casos tendr&iacute;an que ser sometidos a prueba en aras de establecer si se trata de un tradicional o un independiente. </p>      <p><a name="(7)">7.</a>De acuerdo con Lijphart la ventaja del &iacute;ndice propuesto por Taagepera y Shugart es que puede interpretarse en t&eacute;rminos del n&uacute;mero de partidos. As&iacute;, &quot;en un sistema bipartidista con dos partidos igual de fuertes, el n&uacute;mero efectivo de partidos es exactamente 2,00. Si un partido es considerablemente m&aacute;s fuerte que el otro, con un porcentaje de votos o esca&ntilde;os respectivo de, por ejemplo, un 70 y un 30%, el n&uacute;mero efectivo de partidos es de 1,72, una cifra que concuerda con nuestro juicio intuitivo de que nos alejamos de un sistema bipartidista puro en direcci&oacute;n hacia un sistema unipartidista. De modo similar, con tres partidos exactamente iguales, la f&oacute;rmula del n&uacute;mero efectivo da un valor de 3.00. Si uno de estos partidos es m&aacute;s d&eacute;bil que los otros dos, el n&uacute;mero efectivo de partidos tendr&aacute; un valor entre 2,00 y 3,00, dependiendo de la fuerza relativa del tercer partido&quot;. En Lijphart Arend, <i>Sistemas electorales y sistemas de partidos </i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995, pp. 114-118. La f&oacute;rmula para calcular este &iacute;ndice est&aacute; dada por N = (?pi2)-1; donde pi es la proporci&oacute;n de votos o curules ganados por el ith partido. Laakso Markku y Taagepera Rein, &quot;Effective number of parties. A measure with application to West Europe&quot;, en <i>Comparative Political Studies </i>, Vol 12, No 1, Abril, 1979, pp. 3-27. Cabe mencionar, que este &iacute;ndice tambi&eacute;n puede ser calculado a partir del n&uacute;mero de curules obtenidas por partido.</p>      <p><a name="(8)">8.</a>Aqu&iacute; hemos considerado estas fuerzas como bloque. Un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado supondr&iacute;a ver de qu&eacute; tipo de fuerzas se trata y cu&aacute;l ha sido su nivel de consolidaci&oacute;n individual dentro del sistema partidista. </p>      <p><a name="(9)">9.</a> Como algunos autores han demostrado, el sistema electoral, espec&iacute;ficamente la magnitud del distrito electoral, tiene efectos sobre el n&uacute;mero de partidos. </p>      <p><a name="(10)">10.</a> Para el nivel nacional los valores del n&uacute;mero efectivo de partidos correspondientes a los a&ntilde;os 1982, 1986, 1990, 1991, 1994, 1998, 2002 son respectivamente: senado: 2.04, 2.47, 2.19, 2.42, 2.37, 2.94, 3.07; c&aacute;mara: 1.98, 2.46, 2.14, 2.53, 2.32, 2.63, 2.57. C&aacute;lculos propios a partir de Estad&iacute;sticas electorales de la Registradur&iacute;a Nacional del Estado civil. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="(11)">11.</a> Se consider&oacute; el nivel de presencia promedio. En cada municipio, este valor se calcul&oacute; respecto al n&uacute;mero de elecciones en los que las tercer&iacute;as estuvieron presentes durante el periodo considerado (1988-2000). </p>      <p> <a name="(12)">12.</a> En su gran mayor&iacute;a pertenecen a los departamentos de Cauca (12 casos) o Nari&ntilde;o (11 casos). Los otros casos se distribuyen as&iacute;: Tolima (1); Huila (1); Choc&oacute; (2); Antioquia (1); Caquet&aacute; (1); Santander (1). </p>      <p><a name="(13)">13.</a> 0 <u>&lt;</u> Vt <u>&lt;</u> 100, donde Vt son las ganancias acumuladas para todos los partidos ganadores en el sistema de partidos o el valor num&eacute;rico de las p&eacute;rdidas acumuladas para todos los partidos perdedores. Puede ser expresado en t&eacute;rminos de porcentaje. La f&oacute;rmula es</p>      <p>    <center> </a><img src ="img/revistas/anpol/v18n55/v18n55a04f1.gif"></center></p>      <p>donde <i> pi </i> es la proporci&oacute;n de curules o votos obtenidos por el partido i ( Pedersen Mogens, &quot;The dynamics of European party systems: changing patterns of electoral volatility&quot;, en <i>European Journal of Political Research </i>, No 7, 1979, p 4). Puede ser le&iacute;do de la siguiente manera: si por ejemplo, el &iacute;ndice de volatilidad electoral de Pedersen presenta un valor de 15%, esto es equivalente a decir que algunos partidos han presentado ganancias agregadas de un 15% de puestos (o votos) de una elecci&oacute;n a la siguiente, mientras otros han perdido un total del 15% .</p>      <p><a name="(14)">14.</a> Los valores del &iacute;ndice de volatilidad obtenidos para c&aacute;mara y senado para los a&ntilde;os 1982, 1986, 1990, 1991, 1994 y 1998 son respectivamente (0.07, 0.10, 0.16, 0.13, 0.23, 0.20 para el caso de senado y 0.07, 0.14, 0.15, 0.13, 0.17, 0.16 para el caso de la c&aacute;mara). </p>      <p><a name="(15)">15.</a> Un claro ejemplo de esto, es lo que sucedi&oacute; con el M19, que despu&eacute;s de obtener en 1991 9 curules para senado y 13 para c&aacute;mara, para las elecciones de 1994 pr&aacute;cticamente desaparece del congreso, al obtener tan s&oacute;lo una curul para c&aacute;mara.</p>      <p><a name="(16)">16.</a> Entre el periodo comprendido entre 1976 y 1986 un 10% del total de municipios muestran un comportamiento en el mismo sentido. </p>      <p><a name="(17)">17.</a> Seguramente, tambi&eacute;n cuente de manera importante el debilitamiento de las identificaciones partidistas, pero este no es un factor exclusivo de la d&eacute;cada de los noventa. Siguiendo a Ersson y Lane, puede decirse que dado que las identificaciones partidistas fuertes contribuyen a la estabilidad en el comportamiento del votante individual, un debilitamiento de dichas identificaciones implicar&aacute; una mayor inestabilidad en la volatilidad individual. Puesto que estamos trabajando con volatilidad en un nivel agregado, la anterior hip&oacute;tesis supondr&iacute;a asumir que el aumento de la volatilidad individual ha tenido consecuencias importantes para el apoyo electoral de los partidos y por tanto para la volatilidad agregada. </p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. Pizarro Eduardo, &quot;&iquest;Hacia un sistema multipartidista? Las terceras fuerzas en Colombia hoy&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 31, 1997, p 82. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-4705200500030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Gait&aacute;n Pilar y Moreno Carlos, <i>Poder local. Realidad y utop&iacute;a de la descentralizaci&oacute;n en Colombia </i>, Bogot&aacute;, IEPRI/Tercer Mundo Editores, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4705200500030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Garc&iacute;a Miguel, &quot;Elecci&oacute;n popular de alcaldes y terceras fuerzas. El sistema de partidos en el &aacute;mbito municipal. 1988- 1997&quot; , en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 41, 2000, pp. 84-97. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4705200500030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Guti&eacute;rrez Francisco, &quot;&iquest;Se ha abierto el sistema pol&iacute;tico colombiano? Una evaluaci&oacute;n de los procesos de cambio (1970-1998)&quot;, en <i>Am&eacute;rica Latina Hoy </i>, No 27, 2001, pp.189-215.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4705200500030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Rodr&iacute;guez Juan Carlos, &quot;&iquest;Cambiar todo para que nada cambie? Representaci&oacute;n, sistema electoral y sistema de partidos en Colombia: capacidad de adaptaci&oacute;n de las &eacute;lites pol&iacute;ticas a cambios en el entorno institucional&quot;, en Francisco Guti&eacute;rrez (comp.) <i>, Degradaci&oacute;n o cambio. Evoluci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico colombiano </i>, Bogot&aacute;, IEPRI/Norma, 2001, pp. 223-260.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4705200500030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Garc&iacute;a Miguel, &quot;Elecci&oacute;n popular de alcaldes y terceras fuerzas. El sistema de partidos en el &aacute;mbito municipal. 1988- 1997&quot; , en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 41, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4705200500030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Mainwaring Scott y Scully Timothy, &quot;Introducci&oacute;n. Sistemas de partidos en Am&eacute;rica Latina&quot;, e n Scott Mainwaring y Timothy Scully (eds.), <i>La construcci&oacute;n de instituciones democr&aacute;ticas. Sistemas de partidos en Am&eacute;rica Latina </i>, Santiago, Corporaci&oacute;n de Investigaciones econ&oacute;micas para Am&eacute;rica Latina, 1996, pp. 1-28. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4705200500030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Mair Peter, <i>Party System Change. Approaches and Interpretations </i>, Oxford, Clarendon Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4705200500030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Smith Gordon, &quot;A system perspective on party system change&quot;, en <i>Journal of Theoretical Politics </i>, No 3, 1989, pp. 349-363.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4705200500030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Paul Pennings y Jan Lane, &quot;Introduction&quot;, en Paul Pennings y Jan Lane (eds.), <i>Comparing party system change </i>, Londres, Routledge, 1998, pp. 1-19. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4705200500030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Sartori Giovanni, <i>Partidos y Sistemas de Partidos. Marco para un an&aacute;lisis </i>, Vol 1, Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 69. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4705200500030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Mair Peter, <i>Party System Change. Approaches and Interpretations </i>, Oxford, Clarendon Press, 1997, p. 51. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4705200500030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Smith Gordon, &quot;A system perspective on party system change&quot;, en <i>Journal of Theoretical Politics </i>, No 3, 1989, p. 349. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4705200500030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Mair Peter, <i>Party System Change. Approaches and Interpretations </i>, Oxford, Clarendon Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4705200500030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Paul Pennings y Jan Lane, &quot;Introduction&quot;, en Paul Pennings y Jan Lane (eds.), <i>Comparing party system change </i>, Londres, Routledge, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4705200500030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Sartori Giovanni, <i>Partidos y Sistemas de Partidos. Marco para un an&aacute;lisis </i>, Vol 1, Madrid, Alianza Editorial, 1987. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4705200500030000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Smith Gordon, &quot;A system perspective on party system change&quot;, en <i>Journal of Theoretical Politics </i>, No 3, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4705200500030000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Mair Peter, <i>Party System Change. Approaches and Interpretations </i>, Oxford, Clarendon Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4705200500030000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Bennett Anne, &quot;Party system change in redemocratizing countries&quot;, en Paul Pennings y Jan Lane (eds.), <i>Comparing party system change </i>, Londres, Routledge, 1998, p. 187. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4705200500030000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Pizarro Eduardo, &quot;&iquest;Hacia un sistema multipartidista? Las terceras fuerzas en Colombia hoy&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 31, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4705200500030000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Rodr&iacute;guez Juan Carlos, &quot;&iquest;Cambiar todo para que nada cambie? Representaci&oacute;n, sistema electoral y sistema de partidos en Colombia: capacidad de adaptaci&oacute;n de las &eacute;lites pol&iacute;ticas a cambios en el entorno institucional&quot;, en Francisco Guti&eacute;rrez (comp.) <i>, Degradaci&oacute;n o cambio. Evoluci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico colombiano </i>, Bogot&aacute;, IEPRI/Norma, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4705200500030000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Garc&iacute;a Miguel, &quot;Elecci&oacute;n popular de alcaldes y terceras fuerzas. El sistema de partidos en el &aacute;mbito municipal. 1988- 1997&quot; , en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 41, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4705200500030000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Pinz&oacute;n Patricia, <i>Pueblos, Regiones y Partidos. La regionalizaci&oacute;n Electoral </i>, Bogot&aacute;, Uniandes/CEREC, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4705200500030000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Guti&eacute;rrez Francisco, &quot;&iquest;Se ha abierto el sistema pol&iacute;tico colombiano? Una evaluaci&oacute;n de los procesos de cambio (1970-1998)&quot;, en <i>Am&eacute;rica Latina Hoy </i>, No 27, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4705200500030000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Pizarro Eduardo, &quot;&iquest;Hacia un sistema multipartidista? Las terceras fuerzas en Colombia hoy&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 31, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4705200500030000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Guti&eacute;rrez Francisco, &quot;Agregando votos en un sistema altamente desinstitucionalizado&quot;, en <i>Archivos de Econom&iacute;a </i>, documento 157, 2001, pp. 1-16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4705200500030000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Sartori Giovanni, <i>Partidos y Sistemas de Partidos. Marco para un an&aacute;lisis </i>, Vol 1, Madrid, Alianza Editorial, 1987, p. 153. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4705200500030000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Smith Gordon, &quot;A system perspective on party system change&quot;, en <i>Journal of Theoretical Politics </i>, No 3, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4705200500030000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Mainwaring Scott y Scully Timothy, &quot;Introducci&oacute;n. Sistemas de partidos en Am&eacute;rica Latina&quot;, en Scott Mainwaring y Timothy Scully (eds.), <i>La construcci&oacute;n de instituciones democr&aacute;ticas. Sistemas de partidos en Am&eacute;rica Latina </i>, Santiago, Corporaci&oacute;n de Investigaciones econ&oacute;micas para Am&eacute;rica Latina, 1996, pp. 1-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4705200500030000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Lijphart Arend, <i>Sistemas electorales y sistemas de partidos </i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995, pp. 114-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4705200500030000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Laakso Markku y Taagepera Rein, &quot;Effective number of parties. A measure with application to West Europe&quot;, en <i>Comparative Political Studies </i>, Vol 12, No 1, Abril, 1979, pp. 3-27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4705200500030000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Pizarro Eduardo, &quot;&iquest;Hacia un sistema multipartidista? Las terceras fuerzas en Colombia hoy&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 31, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4705200500030000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Taagepera Rein, &quot;The number of parties as a function of heterogeneity and electoral system&quot;, en <i>Comparative political studies </i>, Vol 32, No 5, Agosto, 1999, pp. 531-548. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4705200500030000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Lijphart Arend, <i>Sistemas electorales y sistemas de partidos </i>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995, pp. 114-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4705200500030000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Ordeshook Peter y Shvetsova Olga,&quot;Ethnic heterogeneity, district magnitude, and the number of parties&quot;, en <i>American journal of political science </i>, Vol 38, No 1, febrero, 1994, pp. 100-123. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4705200500030000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Rouqui&eacute; Alain, &quot;El an&aacute;lisis de las elecciones no competitivas: control clientelista y situaciones autoritarias&quot;, en Guy Hermet, Alain Rouqui&eacute; y Juan Linz, <i>&iquest;Para qu&eacute; sirven las elecciones? </i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1982, p. 59. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4705200500030000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Oquist Paul, &quot;Las elecciones presidenciales 1930- 1970&quot; , en <i>Bolet&iacute;n Mensual de Estad&iacute;stica </i>, No. 259-260, 1973, p. 63. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4705200500030000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Pinz&oacute;n Patricia, <i>Pueblos, Regiones y Partidos. La regionalizaci&oacute;n Electoral </i>, Bogot&aacute;, Uniandes/CEREC, 1989. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4705200500030000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Mainwaring Scott, <i>Rethinking Party Sytems in the Third Wave of Democratization. The case of Brazil </i>, California , Stanford University Press, 1999, p. 323. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4705200500030000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Mainwaring Scott, <i>Rethinking Party Sytems in the Third Wave of Democratization. The case of Brazil </i>, California , Stanford University Press, 1999<i>,</i> pp. 322-325. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4705200500030000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Paul Pennings y Jan Lane, &quot;Introduction&quot;, en Paul Pennings y Jan Lane (eds.), <i>Comparing party system change </i>, Londres, Routledge, 1998,  pp. 23-39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4705200500030000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Pedersen Mogens, &quot;The dynamics of European party systems: changing patterns of electoral volatility&quot;, en <i>European Journal of Political Research </i>, No 7, 1979, p 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4705200500030000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Scott Mainwaring y Timothy Scully (eds.), <i>La construcci&oacute;n de instituciones democr&aacute;ticas. Sistemas de partidos en Am&eacute;rica Latina </i>, Santiago, Corporaci&oacute;n de Investigaciones econ&oacute;micas para Am&eacute;rica Latina, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4705200500030000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Pizarro Eduardo, &quot;&iquest;Hacia un sistema multipartidista? Las terceras fuerzas en Colombia hoy&quot;, en <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico </i>, No 31, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4705200500030000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Hartlyn Jonathan, <i>La pol&iacute;tica del R&eacute;gimen de coalici&oacute;n en Colombia. La experiencia del Frente Nacional en Colombia </i>, Bogot&aacute;, Uniandes/Tercer Mundo Editores, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4705200500030000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Paul Pennings y Jan Lane, &quot;Introduction&quot;, en Paul Pennings y Jan Lane (eds.), <i>Comparing party system change </i>, Londres, Routledge, 1998, pp. 23-39. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4705200500030000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Pedersen Mogens, &quot;Changing Patterns of Electoral Volatility in European Party Systems; 1948-1977: Explorations in Explanation&quot;, en Hans Daalder y Peter Mair <i>, Western European Party Systems. Continuity and Change </i>, London , Sage plublications, 1985, p. 57. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4705200500030000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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