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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[INCIDENCIA DE LA INFLACIÓN SOBRE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO: EL CASO COLOMBIANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper tries to assess, for the Colombian case, if inflation raises income inequality by damaging the poorest people. With the help of the lagged wages and debtor-creditor theories, among other, as well as empirical works at international level, it shows the ways inflation affects income distribution. It finds that inflation does not necessarily affect the poorest people and, on the contrary, inflation may be progressive as it has happened in other countries. In Colombia, the empirical evidence shows that inflation has been not regressive because there was an inertial inflation very fixed for a long period, without getting hyperinflation levels as in other Latin-American economies.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>INCIDENCIA DE LA INFLACI&Oacute;N SOBRE LA DISTRIBUCI&Oacute;N DEL INGRESO. EL CASO COLOMBIANO</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>C&eacute;sar Merch&aacute;n H.</b></p>     <p>Este art&iacute;culo es una s&iacute;ntesis del trabajo de grado para optar por el t&iacute;tulo de Mag&iacute;ster de Econom&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia. El autor agradece al director de la tesis, profesor Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez, por su valiosa asesor&iacute;a. Art&iacute;culo recibido el 31 de julio de 2002 y aprobado por Consejo Editorial el 27 de septiembre de 2002.</p><hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>Este trabajo pretende evaluar, para el caso colombiano, si la inflaci&oacute;n aumenta la desigualdad del ingreso al perjudicar a los m&aacute;s pobres. Con la ayuda de las teor&iacute;as de salarios rezagados y deudor-prestamista, as&oacute; como tambi&eacute;n de estudios emp&iacute;ricos a nivel internacional, se presentan las formas c&oacute;mo la inflaci&oacute;n afecta la distribuci&oacute;n del ingreso. Se encuentra que la inflaci&oacute;n no afecta necesariamente a los m&aacute;s pobres y, por el contrario, puede ser progresiva como ha ocurrido en otros pa&iacute;ses. Para Colombia, la evidencia emp&iacute;rica indica que la inflaci&oacute;n no ha sido regresiva debido a que hubo una inflaci&oacute;n de tipo inercial muy estable durante un largo per&iacute;odo, sin haber llegado a niveles de hiperinflaci&oacute;n como en otras econom&iacute;as latinoamericanas.</i></p>     <p><b>Palabras claves</b>: ingreso, distribuci&oacute;n del ingreso, inflaci&oacute;n. <b>JEL</b>: D6, E3, H2, I3, N3</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>This paper tries to assess, for the Colombian case, if inflation raises income inequality by damaging the poorest people. With the help of the lagged wages and debtor-creditor theories, among other, as well as empirical works at international level, it shows the ways inflation affects income distribution. It finds that inflation does not necessarily affect the poorest people and, on the contrary, inflation may be progressive as it has happened in other countries. In Colombia, the empirical evidence shows that inflation has been not regressive because there was an inertial inflation very fixed for a long period, without getting hyperinflation levels as in other Latin-American economies.</i></p>     <p><b>Key words</b>: income, income distribution, inflation. <b>JEL</b>: D6, E3, H2, I3, N3</p><hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Algunos estudios encuentran, a nivel te&oacute;rico y emp&iacute;rico, que la inflaci&oacute;n incide negativamente sobre grupos de la poblaci&oacute;n con bajos ingresos, otros muestran que son los de altos ingresos los m&aacute;s desfavorecidos, aunque tambi&eacute;n hay evidencia de la neutralidad de la inflaci&oacute;n para efectos distributivos.</p>     <p>La diversidad de resultados pone de manifiesto la complejidad de esa relaci&oacute;n y advierte sobre el cuidado de postular conclusiones generales y definitivas. Sin embargo, analistas econ&oacute;micos y diseñadores de pol&iacute;tica argumentan que la inflaci&oacute;n empeora la distribuci&oacute;n del ingreso, calific&aacute;ndola como el peor impuesto para los pobres. Ese efecto nocivo de la inflaci&oacute;n constituye una de las razones m&aacute;s importantes para su an&aacute;lisis.</p>     <p>El presente trabajo indaga qu&eacute; tanto la inflaci&oacute;n ha podido afectar la distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia. Para ello, en la segunda secci&oacute;n se exponen las principales tendencias de esas dos variables durante los &uacute;ltimos 20 años. Tambi&eacute;n pretende mostrar los diferentes hallazgos te&oacute;ricos y emp&iacute;ricos del efecto de la inflaci&oacute;n en la distribuci&oacute;n del ingreso a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de los estudios m&aacute;s influyentes sobre el tema a escala nacional e internacional, lo cual se desarrollar&aacute; en las secciones tercera y cuarta. Una vez revisadas las diversas estructuras te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas, en la quinta secci&oacute;n se realiza un ejercicio emp&iacute;rico para Colombia. Y para terminar se presentan las conclusiones.</p>     <p><b>2. EVIDENCIA COLOMBIANA</b></p>     <p>Se ha constatado que la distribuci&oacute;n del ingreso, medida con el coeficiente Gini, mejor&oacute; en la d&eacute;cada de los setenta, se estanc&oacute; durante los ochenta y se deterior&oacute; en los noventa. El Gini pas&oacute; de 0.55 en 1964 a 0.45 en 1983, y retorn&oacute; a 0.55 en el año 2000 &#91;Londoño 1998; y C&aacute;rdenas <i>et al</i>. 1998&#93;.</p>     <p>Por su parte, la inflaci&oacute;n colombiana es muy particular. Despu&eacute;s de mantenerse en niveles de un d&iacute;gito en los años cincuenta y sesenta, a partir de la primera mitad de los setenta oscil&oacute; alrededor del 20% hasta la segunda mitad de los noventa, sin degenerar en un proceso de hiperinflaci&oacute;n como ocurri&oacute; en otros pa&iacute;ses latinoamericanos por esa misma &eacute;poca. Esa moderada estabilidad gener&oacute; cierto comportamiento de adaptaci&oacute;n de los agentes, promoviendo una inflaci&oacute;n inercial entendida como aquella que se espera y se incorpora en contratos y acuerdos informales, convirti&eacute;ndose en un fen&oacute;meno end&eacute;mico vulnerado s&oacute;lo luego de radicales cambios en la estructura institucional y en la forma de efectuar la pol&iacute;tica anti-inflacionaria.</p>     <p>En pa&iacute;ses de la regi&oacute;n como Chile, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Per&uacute; y M&eacute;xico hubo gran variabilidad de la inflaci&oacute;n y presencia de hiperinflaciones que llevaron a los gobiernos a adoptar diferentes programas de estabilizaci&oacute;n -populistas, ortodoxos y heterodoxos- como lo documentan Ag&eacute;nor y Montiel &#91;1996, 265&#93;. Tanto por efectos comparativos como por la particularidad del caso colombiano, se pod&iacute;a esperar que los costos de la inflaci&oacute;n no llegaran a ser muy altos en Colombia, incluyendo los redistributivos.</p>     <p>La Gr&aacute;fica <a href="#a5e1">1</a> presenta el comportamiento de las dos variables de inter&eacute;s con datos trimestrales para el per&iacute;odo comprendido entre septiembre de 1982 y diciembre de 2000. Las l&iacute;neas discontinuas representan la inflaci&oacute;n anual, <font size="-1">IAT</font>, (Gr&aacute;fica <a href="#a5e1">1a</a>) y la inflaci&oacute;n acumulada en el trimestre desestacionalizada con el filtro Hodrick-Prescott, hpitt, el cual a&iacute;sla los componentes c&iacute;clicos de la serie (Gr&aacute;fica <a href="#a5e1">1b</a>). La l&iacute;nea continua corresponde al coeficiente Gini,<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> el cual tambi&eacute;n se presenta desestacionalizado, <font size="-1">HPGINI</font>.</p>     <p><a name="a5e1"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e1.jpg"></td>			   </tbody> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hasta finales de los ochenta, parece haber una correlaci&oacute;n positiva entre las dos variables, pues a mayor inflaci&oacute;n mayor desigualdad. En cambio, a partir de los noventa, la relaci&oacute;n parece negativa.</p>     <p><b>2.1	Lo ocurrido en los ochenta</b></p>     <p>Frente al decenio de los noventa, en los ochenta hab&iacute;a menos mecanismos de indexaci&oacute;n y de protecci&oacute;n contra la inflaci&oacute;n para los m&aacute;s pobres. Esta situaci&oacute;n hubiera podido propiciar que el aumento de la inflaci&oacute;n llevara a incrementos en la desigualdad del ingreso.</p>     <p>Sin embargo esa supuesta causalidad no se respalda con otros hechos. Para esa &eacute;poca ya exist&iacute;an varias formas de indexaci&oacute;n: <font size="-1">UPAC</font>, negociaciones de contratos salariales frecuentes -anuales- e incorporando la inflaci&oacute;n pasada, precios de sustentaci&oacute;n para productos agr&iacute;colas, controles en c&aacute;nones de arrendamiento, aumentos de precios de combustibles con efectos sobre tarifas de transporte de carga y pasajeros, entre otros.</p>     <p>Algunos de esos mecanismos de indexaci&oacute;n pudieron proteger a los m&aacute;s pobres. Por ejemplo, con los contratos salariales frecuentes e indexados, durante la primera mitad de los ochenta, el salario m&iacute;nimo present&oacute; incrementos reales significativos manteni&eacute;ndose en esos niveles desde esa &eacute;poca (Gr&aacute;fica <a href="#a5e2">2</a>), beneficiando a quienes devengan ese nivel de remuneraci&oacute;n.<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup></p>     <p><a name="a5e2"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e2.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>Todos estos hechos ponen en duda la conveniencia de postular que la inflaci&oacute;n haya ocasionado un aumento en la concentraci&oacute;n del ingreso en los ochenta.</p>     <p><b>2.2 Los noventa</b></p>     <p>Para los noventa tampoco existen hechos contundentes que permitan afirmar, por ejemplo, que la disminuci&oacute;n en la inflaci&oacute;n haya ocasionado directamente el aumento del Gini. Se presentaron acciones de pol&iacute;tica tendientes a reducir la indexaci&oacute;n, los cuales pudieron dejar a las personas pobres m&aacute;s desprotegidas frente a la inflaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n hubo otros hechos en direcci&oacute;n contraria -es decir, mayor indexaci&oacute;n pudo favorecer a las personas m&aacute;s pobres-.</p>     <p>Entre los hechos tendientes a la desindexaci&oacute;n se puede mencionar que los aumentos de precios del transporte se empezaron a realizar en &eacute;pocas diferentes a la de los combustibles, y se inici&oacute; la liberaci&oacute;n parcial del mercado de estos &uacute;ltimos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a los hechos tendientes a aumentar la indexaci&oacute;n, adem&aacute;s de los heredados desde los ochentas, est&aacute; la mayor incorporaci&oacute;n de la inflaci&oacute;n en muchos de los t&iacute;tulos del mercado de valores.<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup> Adem&aacute;s y como resultado de una nueva Carta Pol&iacute;tica expedida en 1991 y de la Ley 100 de 1993, el sistema pensional comienza a garantizar que las mesadas de las personas jubiladas no pierdan poder adquisitivo, constituyendo otro elemento de indexaci&oacute;n.</p>     <p>Un hecho caracter&iacute;stico de los noventa fue la forma como empez&oacute; a realizarse la pol&iacute;tica anti-inflacionaria y sus efectos sobre las expectativas inflacionarias. Las autoridades econ&oacute;micas empezaron a definir metas de inflaci&oacute;n de forma expl&iacute;cita, que se difundieron entre los agentes econ&oacute;micos. De esta manera, muchos de los contratos y precios empezaron a establecerse con base en la meta de inflaci&oacute;n, es decir, con la inflaci&oacute;n esperada.</p>     <p>Por ejemplo, el incremento anual del salario m&iacute;nimo estuvo basado en la inflaci&oacute;n esperada m&aacute;s algunos puntos por productividad.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup> Este hecho es significativo si se tiene en cuenta que el salario m&iacute;nimo ejerce, a su vez, influencia sobre otros precios ya que es tomado como otro factor de referencia o de indexaci&oacute;n &#91;Montenegro 1994; Rubio 1991&#93;.</p>     <p>¿Qu&eacute; tanto pudo haber influido esta nueva forma de pol&iacute;tica anti-inflacionaria? La falta de estad&iacute;sticas acerca de los tipos de ingreso que fueron o no indexados con la inflaci&oacute;n esperada, no permite postular alguna hip&oacute;tesis concreta al respecto. Lo cierto es que las previsiones subestimaron la inflaci&oacute;n durante buena parte de la d&eacute;cada y la sobreestimaron a finales de la misma (Gr&aacute;fica <a href="#a5e3">3</a>).</p>     <p><a name="a5e3"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e3.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>Se tiene que los hechos referentes al grado de protecci&oacute;n contra la inflaci&oacute;n, no sustentan que &eacute;sta haya sido la causa directa del deterioro en la distribuci&oacute;n del ingreso durante los noventa. Sin embargo, la relaci&oacute;n negativa podr&iacute;a sugerir que la ampliaci&oacute;n de la brecha entre ricos y pobres fue la &quot;tasa de sacrificio&quot; experimentada por los colombianos por lograr menores niveles de inflaci&oacute;n. Dicha tasa de sacrificio se entiende como el costo que tienen las medidas monetarias (en este caso para controlar la inflaci&oacute;n) en el mundo real &#91;Sarmiento y Gonz&aacute;lez 1999&#93;.</p>     <p>Las medidas encaminadas a reducir la inflaci&oacute;n pudieron haber afectado otras variables que s&iacute; fueron regresivas, como el desempleo. Sarmiento y Gonz&aacute;lez &#91;1999&#93; y Birchenall &#91;1999&#93; detectaron validez de la curva de Phillips de corto plazo en la pol&iacute;tica anti-inflacionaria durante los noventa. Al restringir la oferta monetaria para reducir la demanda y as&iacute; disminuir los precios, las tasas de inter&eacute;s aumentaron debilitando la inversi&oacute;n e incrementando el desempleo, el cual ha sido regresivo como se expondr&aacute; en las secciones 4 y 5.</p>     <p>Al tomar todo el per&iacute;odo de estudio, septiembre de 1982 a diciembre de 2000, el diagrama de dispersi&oacute;n muestra una relaci&oacute;n negativa, sugiriendo la predominancia de lo acontecido en los noventa: disminuciones de la inflaci&oacute;n acompañadas de aumentos en el coeficiente Gini (Gr&aacute;fica <a href="#a5e4">4</a>).</p>     <p><a name="a5e4"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e4.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p><a name="a5e5"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e5.jpg"></td>   </tbody> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Gr&aacute;fica <a href="#a5e5">5</a> muestra pocas diferencias entre la trayectoria de la inflaci&oacute;n experimentada por grupos de bajos ingresos (<font size="-1">IAB</font>) y la que afecta a los de ingresos medios (<font size="-1">IAM</font>).<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> Sin embargo, permite observar una mayor variabilidad en la inflaci&oacute;n de los grupos de ingresos bajos, la cual podr&iacute;a explicar la relaci&oacute;n negativa de la Gr&aacute;fica <a href="#a5e4">4</a>. De lo contrario, no existir&iacute;a evidencia de una influencia marcada de la inflaci&oacute;n sobre la distribuci&oacute;n del ingreso. As&iacute;, los cambios en la distribuci&oacute;n del ingreso registrados durante el per&iacute;odo de estudio, no ser&iacute;an el resultado de variaciones en el nivel general de precios sino de otros factores (desempleo, gasto p&uacute;blico, tasa de cambio, entre otros) como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.</p>     <p>Antes de probar dicha hip&oacute;tesis se presentan las teor&iacute;as m&aacute;s importantes que explican c&oacute;mo la inflaci&oacute;n puede afectar la distribuci&oacute;n del ingreso y los hallazgos para Colombia y otros pa&iacute;ses.</p>     <p><b>3. APROXIMACIONES TE&Oacute;RICAS</b></p>     <p>La forma m&aacute;s usual de analizar el tema ha sido observar las consecuencias distributivas de la inflaci&oacute;n al interior del sector privado y aquellas que toman lugar entre el sector privado y el gobierno &#91;Laidler y Parkin 1975, 786&#93;.</p>     <p>Bajo ese tipo de an&aacute;lisis, las principales teor&iacute;as han adoptado como criterio del impacto de la inflaci&oacute;n a los tipos de ingresos, activos o pasivos que posean diversos grupos de personas. En este sentido se establecen las teor&iacute;as deudor-prestamista y salarios retardados, en las cuales se instauran categor&iacute;as como prestamistas netos, deudores, asalariados, capitalistas, pensionados, entre otras. En la medida en que la inflaci&oacute;n altere cierto tipo de activos, pasivos o ingresos, de esa misma manera afectar&aacute; la posici&oacute;n relativa a los poseedores.</p>     <p>Para observar los efectos entre grupos seg&uacute;n el nivel de ingreso, es decir, entre pobres y ricos -por deciles, quintiles, por ejemplo- se cuenta con los modelos de Schultz &#91;1969&#93;, Blinder-Esaki &#91;1978&#93; y la hip&oacute;tesis de Kuznets aumentada propuesta por Bulir &#91;1998&#93;, los cuales explican el nivel de la distribuci&oacute;n del ingreso en funci&oacute;n de variables macroecon&oacute;micas, entre ellas la inflaci&oacute;n.</p>     <p><b>3.1 Efectos dentro del sector privado</b></p>     <p>Para el caso del sector privado se tienen en cuenta las hip&oacute;tesis de salarios retardados y deudor-prestamista con base en inflaci&oacute;n no anticipada.<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup></p>     <p><i>3.1.1	Hip&oacute;tesis de salarios retardados</i></p>     <p>La hip&oacute;tesis de salarios retardados describe un proceso inflacionario donde los precios tienden a aumentar primero que los salarios nominales, llevando los salarios reales a niveles m&aacute;s bajos que en una situaci&oacute;n de estabilidad de precios. Opera bajo inflaci&oacute;n de demanda no anticipada: la desigualdad crece durante alg&uacute;n tiempo porque los precios aumentan m&aacute;s r&aacute;pido que los costos incrementando la participaci&oacute;n de las ganancias y, por tanto, la participaci&oacute;n de los grupos de ingresos m&aacute;s altos &#91;Schultz 1969&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con un nivel de producto constante, un salario real menor conduce a una mayor participaci&oacute;n de las ganancias, aumentando el ahorro y, a su vez, el crecimiento. Los perdedores son los asalariados, y los ganadores son los que perciben las ganancias de capital.<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup></p>     <p>Con inflaci&oacute;n de costos, la distribuci&oacute;n del ingreso puede mejorar si el aumento de los costos es provocado por alzas de salarios ya que la participaci&oacute;n de las ganancias disminuye con respecto a la de los salarios. Como se puede observar, que la inflaci&oacute;n mejore o no la distribuci&oacute;n, depende de su naturaleza.</p>     <p>A nivel emp&iacute;rico, la hip&oacute;tesis se apoy&oacute; en algunos trabajos sobre el comportamiento de la inflaci&oacute;n y los salarios en Europa y Estados Unidos en varios per&iacute;odos de tiempo. Hamilton &#91;1934; 1936 y 1947&#93; describe series de inflaci&oacute;n y salarios para España, Mitchell &#91;1903&#93; y Lerner &#91;1954&#93; muestran lo acontecido en la Guerra Civil de Estados Unidos. Para el per&iacute;odo de la Primera Guerra Mundial se encuentran los estudios de Hansen &#91;1925&#93;, para el caso de los Estados Unidos, y Bresciani y Turroni &#91;1937&#93;, para Alemania.</p>     <p>Kessel y Alchian &#91;1960&#93; muestran que esos estudios no soportan la hip&oacute;tesis de salarios rezagados. Al mismo resultado llega Cargill &#91;1969&#93;, quien concluye que los movimientos de salarios y precios son coincidentes en el tiempo y no habr&iacute;an alteraciones en la distribuci&oacute;n del ingreso por efecto de la inflaci&oacute;n.</p>     <p><i>3.1.2	Teor&iacute;a deudor-prestamista</i></p>     <p>La teor&iacute;a deudor-prestamista argumenta que en &eacute;pocas de inflaci&oacute;n los prestamistas pierden y los deudores ganan si las tasas de inter&eacute;s de los activos denominados en dinero no se ajustan completamente a la inflaci&oacute;n. En otras palabras, est&aacute; presente en situaciones donde no opera completamente el efecto Fisher. Irving Fisher &#91;1896&#93; sugiri&oacute; que las expectativas inflacionarias ejerc&iacute;an una fuerte influencia sobre el nivel de las tasas de inter&eacute;s nominal; en este sentido, la tasa de inter&eacute;s nominal aumentar&iacute;a en la misma proporci&oacute;n de la inflaci&oacute;n esperada.</p>     <p>Pero aunque las expectativas inflacionarias ejercen un fuerte poder sobre las tasas de inter&eacute;s nominal, nada compensa a los prestamistas con cr&eacute;ditos de largo plazo emitidos antes de aumentos imprevistos en el nivel general de precios. Las tasas de inter&eacute;s pueden tomar bastante tiempo para compensar el aumento de la inflaci&oacute;n.<sup><a name="nr8"></a><a href="#8">8</a></sup> propiciando redistribuciones de bienestar de los acreedores a los deudores. El esquema puede aplicarse a cualquier activo con rendimientos nominales.</p>     <p>El efecto total de una inflaci&oacute;n no anticipada sobre cada agente depender&aacute; de su posici&oacute;n de activos netos. Un acreedor neto en activos nominales sufrir&aacute; una p&eacute;rdida y un deudor neto mejorar&aacute; su posici&oacute;n. Si las familias son acreedores nominales netos y las empresas y el gobierno son deudores netos, un incremento no anticipado de la inflaci&oacute;n beneficia a las empresas y al gobierno a expensas de las familias &#91;Sachs 1994&#93;. Pero al ser las familias propietarias de las empresas y pagar impuestos al gobierno, el an&aacute;lisis se complica mostrando que la naturaleza global de la redistribuci&oacute;n no es tan sencilla.<sup><a name="nr9"></a><a href="#9">9</a></sup></p>     <p><b>3.2 Gobierno y sector privado</b></p>     <p>Bach y Stephenson &#91;1974&#93; muestran que el principal ganador de un proceso inflacionario es el gobierno, y que lo hace por medio de tres formas. Si est&aacute; endeudado, situaci&oacute;n muy frecuente, el gobierno se beneficia bajo el mecanismo deudor-prestamista ya descrito. Una segunda forma es la influencia de una inflaci&oacute;n anticipada sobre el sistema tributario. Si los tramos de impuestos progresivos se definen en t&eacute;rminos nominales, con el paso del tiempo y ante aumentos en el ingreso nominal, los contribuyentes se desplazan a tramos tributarios m&aacute;s altos, aumentando la tasa impositiva marginal beneficiando al gobierno. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero el gobierno tambi&eacute;n podr&iacute;a resultar perjudicado a trav&eacute;s del denominado efecto Olivera-Tanzi<sup><a name="nr10"></a><a href="#10">10</a></sup> que opera cuando hay retrasos significativos en el recaudo de los ingresos tributarios.<sup><a name="nr11"></a><a href="#11">11</a></sup> El impuesto inflacionario es la tercera forma en que el gobierno puede sacar provecho del aumento general de precios. Este impuesto es generado cuando el gobierno est&aacute; financiando su gasto a trav&eacute;s de emisi&oacute;n de dinero el cual provoca inflaci&oacute;n.<sup><a name="nr12"></a><a href="#12">12</a></sup></p>     <p>El costo en el bienestar, es decir en t&eacute;rminos de reducci&oacute;n del <font size="-1">PIB</font>, de la financiaci&oacute;n con inflaci&oacute;n fue inicialmente medido por Bailey &#91;1956&#93; a trav&eacute;s de funciones de demanda de dinero. Aunque Bailey encuentra ineficiente dicho impuesto con respecto a otros tributos -se pierde m&aacute;s producto que con la aplicaci&oacute;n de otro impuesto-, su an&aacute;lisis no dice mucho frente a los efectos redistributivos.</p>     <p>Por otra parte, el an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre gobierno y sector privado debe complementarse con los efectos redistributivos producidos por las transferencias que hace el gobierno a trav&eacute;s del gasto p&uacute;blico.</p>     <p><b>3.3 Efectos entre ricos y pobres</b></p>     <p>Algunos enfoques consideran la inflaci&oacute;n como parte de un conjunto de determinantes de la distribuci&oacute;n del ingreso. Las formas reducidas de esos modelos permiten conocer, en el campo emp&iacute;rico, los efectos de las variables explicativas sobre los diversos grupos de la poblaci&oacute;n de acuerdo con su nivel de ingreso. Seg&uacute;n Bulir y Gulde &#91;1995, 10&#93; el modelo de Schultz explica el nivel de la distribuci&oacute;n global del ingreso como funci&oacute;n de las siguientes variables:</p>     <p><a name="a5e6"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e6.jpg"></td> 			<td width="16">&#91;1&#93; </p></td> 	  </tr>   </tbody> </table>     <p><i>G(t)</i> es el coeficiente Gini, <i>&pi;(t)</i> la inflaci&oacute;n, <i>U(t)</i>, la tasa de desempleo global, <i>T(t)</i>, una tendencia lineal para controlar influencias c&iacute;clicas y <i>e(t)</i> corresponde al t&eacute;rmino de error.</p>     <p>El modelo Blinder-Esaki &#91;1978&#93; es una refinaci&oacute;n del anterior. Postula que las participaciones de los ingresos relativos de diferentes segmentos de la poblaci&oacute;n pueden verse afectadas por el desempleo y la inflaci&oacute;n. Su estructura es similar:</p>     <p><a name="a5e7"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e7.jpg"></td> 			<td width="16">&#91;2&#93; </p></td> 	  </tr>   </tbody> </table>     <p>con <i>S<sub>i</sub>(t)</i> como la participaci&oacute;n del i-&eacute;simo quintil (<i>i</i> = 1,...,5) en el ingreso total de los hogares en el t-&eacute;simo año y las dem&aacute;s variables id&eacute;nticas al modelo de Schultz. Su ventaja frente al de Schultz es reflejar los cambios a nivel de los diferentes quintiles aunque el Gini permanezca constante.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al prescindir de otras variables explicativas, estas dos especificaciones son limitadas. Por ejemplo, prescinden del legado de la hip&oacute;tesis de Kuznets, la cual postula una relaci&oacute;n no lineal de una medida de la distribuci&oacute;n del ingreso y el nivel de desarrollo econ&oacute;mico. Sin embargo, la hip&oacute;tesis de Kuznets tambi&eacute;n ignora otros determinantes de la distribuci&oacute;n del ingreso como la inflaci&oacute;n, el gasto p&uacute;blico y la tasa de cambio.</p>     <p>Formas reducidas de modelos m&aacute;s comprensivos, conocidas como <i>hip&oacute;tesis de Kuznets aumentada</i>, son las presentadas por Bulir y Gulde &#91;1995&#93; y Bulir &#91;1998&#93;. Una especificaci&oacute;n general es la siguiente:</p>     <p><a name="a5e8"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e8.jpg"></td> 			<td width="16">&#91;3&#93; </p></td> 	  </tr>   </tbody> </table>     <p>Y es el ingreso per c&aacute;pita y Y2 el ingreso per c&aacute;pita al cuadrado. Si la distribuci&oacute;n del ingreso es una funci&oacute;n en forma de U invertida del pib per c&aacute;pita (la hip&oacute;tesis de Kuznets est&aacute;ndar), se esperar&iacute;a un signo positivo sobre Y, indicando que el crecimiento inicialmente empeora la distribuci&oacute;n del ingreso, y para Y2 se esperar&iacute;a un signo negativo para capturar la no linealidad del proceso.</p>     <p>El t&eacute;rmino <i>&alpha;&pi;</i>(t)  representa el efecto de la incertidumbre frente a la inflaci&oacute;n, que suele ser medida como la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar. Por su parte, <i>&pi;e(t)</i> contiene la hip&oacute;tesis de que la inestabilidad financiera, ocasionada en parte por fluctuaciones externas, afecta en diversas proporciones a los poseedores de activos nominales, por lo cual se esperar&iacute;a un signo positivo si la variable utilizada es la variabilidad de la tasa de cambio nominal.</p>     <p>La introducci&oacute;n del gasto p&uacute;blico<sup><a name="nr13"></a><a href="#13">13</a></sup> como porcentaje del <font size="-1">PIB</font> (<i><font size="-1">GPPIB</font></i>) tiene en cuenta el esfuerzo del gobierno por mejorar la distribuci&oacute;n del ingreso traducido, de una forma directa, a trav&eacute;s del gasto social. As&iacute;, el gasto total no se dirige directamente a redistribuir el ingreso sino a beneficiar a toda la sociedad.</p>     <p>Por su parte, la profundizaci&oacute;n financiera (<font size="-1">PFIN</font>)<sup><a name="nr14"></a><a href="#14">14</a></sup> disminuir&iacute;a la brecha en el ingreso si las personas m&aacute;s pobres tienen mayor acceso al capital. Al capital f&iacute;sico, entendido como el necesario para financiar el funcionamiento de sus actividades empresariales, y al capital humano, en el sentido de la financiaci&oacute;n para educaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n, aspectos que pueden mejorar su condici&oacute;n en el mercado laboral.</p>     <p>La profundizaci&oacute;n financiera, entendida como la capacidad de los intermediarios financieros de distribuir de forma eficiente los recursos captados de los ahorradores hacia las empresas del sector productivo, puede estar en estrecha relaci&oacute;n con la hip&oacute;tesis de Kuznets. Greenwood y Jovanovic &#91;1990&#93; estudian c&oacute;mo el desarrollo del sector financiero se relaciona positivamente con el crecimiento econ&oacute;mico afectando, por tanto, la distribuci&oacute;n del ingreso.</p>     <p><b>4. HALLAZGOS EMP&Iacute;RICOS</b></p>     <p>Algunos de los trabajos disponibles sobre el tema se basan en simulaciones con diversos niveles de inflaci&oacute;n. Otros se fundamentan en ejercicios de series de tiempo y de corte transversal para varios pa&iacute;ses. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con datos de 1962 para Estados Unidos, y simulando inflaciones no anticipadas sobre el ingreso y la riqueza, Budd y Seiders &#91;1971&#93; no encuentran evidencia de la hip&oacute;tesis de salarios rezagados pero s&iacute; de la hip&oacute;tesis deudor-prestamista. Con simulaciones sobre la riqueza, se tiene un leve cambio hacia una menor desigualdad por el hecho de que la relaci&oacute;n deuda/activo cae dr&aacute;sticamente con el aumento en la riqueza.<sup><a name="nr15"></a><a href="#15">15</a></sup> En cuanto al ingreso, quienes m&aacute;s pierden son los ubicados en los extremos de la distribuci&oacute;n.<sup><a name="nr16"></a><a href="#16">16</a></sup> Nordhaus &#91;1973&#93; utilizando la misma base de datos de Budd y Seiders y analizando el efecto de choques transitorios y permanentes de la inflaci&oacute;n, concluye que la inflaci&oacute;n es progresiva.</p>     <p>Minarik &#91;1979&#93;, con datos de 1970 para Estados Unidos, simula inflaciones de corto y largo plazo, encontrando perfecta indexaci&oacute;n de los salarios -no acepta la hip&oacute;tesis de salarios rezagados- y que los grupos de bajos ingresos sufren p&eacute;rdidas con cualquier tipo de ingreso, pero m&aacute;s cuando la inflaci&oacute;n se concentra en alimentos.</p>     <p>Los estudios de Schultz &#91;1969&#93;, Blinder-Esaki &#91;1978&#93;, Blank-Blinder &#91;1986&#93; y Jänti &#91;1994&#93; encuentran cierta evidencia de un impacto progresivo de la inflaci&oacute;n sobre la distribuci&oacute;n del ingreso en Estados Unidos.</p>     <p>Buse &#91;1982&#93; basado en datos de declaraciones de renta de Canad&aacute; para el per&iacute;odo 1947-1987, encuentra el desempleo y la inflaci&oacute;n no significativos ni ante el Gini ni ante la participaci&oacute;n de cada uno de los quintiles de la distribuci&oacute;n del ingreso.</p>     <p>Por otra parte, se ha evidenciado un impacto progresivo de la inflaci&oacute;n sobre la distribuci&oacute;n del ingreso en el Reino Unido, Suiza y Brasil. Sin embargo, para los casos de Filipinas, Suecia e Israel existen estudios que muestran lo contrario. Esto indicar&iacute;a que aun al interior de los pa&iacute;ses desarrollados, los cuales cuentan con sistemas financieros avanzados, no existe una tendencia clara. Bulir &#91;1998&#93;, con un ejercicio econom&eacute;trico de corte transversal para 75 pa&iacute;ses incluido Colombia, encuentra regresiva la alta inflaci&oacute;n y progresivo un alto grado de profundizaci&oacute;n financiera. Tambi&eacute;n evidencia que pa&iacute;ses con hiperinflaciones -superior a 300% anual- experimentan mayor desigualdad, y que la estabilizaci&oacute;n de precios reduce la desigualdad en forma significativa en pa&iacute;ses con inflaciones entre 6 y 40%, con escasos beneficios en pa&iacute;ses con inflaciones inferiores al 5%.</p>     <p><b>4.1 El caso colombiano</b></p>     <p>Los estudios sobre los costos de la inflaci&oacute;n en distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia, han utilizado versiones <i>ad-hoc</i> de los modelos de Schultz y Blinder-Esaki, tomando la inflaci&oacute;n como parte de un conjunto de variables ex&oacute;genas.<sup><a name="nr17"></a><a href="#17">17</a></sup></p>     <p>Ocampo <i>et al</i>. &#91;1998&#93;, con datos trimestrales para el per&iacute;odo 1984-1996, encuentran que la inflaci&oacute;n y la tasa de cambio real no son significativas en la determinaci&oacute;n de la desigualdad, y que el aumento del salario m&iacute;nimo y la disminuci&oacute;n del desempleo son las &uacute;nicas variables que contribuyen a mejorar la equidad y a disminuir la pobreza.</p>     <p>Para un per&iacute;odo m&aacute;s amplio (1976-1996), C&aacute;rdenas <i>et al</i>. &#91;1998&#93; encuentran que tasas de inflaci&oacute;n m&aacute;s altas llevan a niveles crecientes de desigualdad medida por la relaci&oacute;n quintil superior/quintil inferior y por el coeficiente Gini.</p>     <p>Echeverry y Eslava &#91;1997&#93;, aunque no pretenden abordar la distribuci&oacute;n del ingreso, argumentan la presencia de una inflaci&oacute;n no costosa en Colombia porque los agentes han podido predecir con fiabilidad la evoluci&oacute;n futura de esta variable ajustando sus precios absolutos de tal manera que han dejado pr&aacute;cticamente inalterados a los relativos, pudiendo no haber afectado la distribuci&oacute;n del ingreso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5. UN EJERCICIO PARA COLOMBIA</b></p>     <p>A continuaci&oacute;n se realizan estimaciones de las funciones de comportamiento especificadas en las ecuaciones &#91;<a href="#a5e6">1</a>&#93; &#91;<a href="#a5e7">2</a>&#93; y &#91;<a href="#a5e8">3</a>&#93; correspondientes a los modelos de Schultz, Blinder-Esaki y la hip&oacute;tesis de Kuznets aumentada, respectivamente.</p>     <p>Ello requiere de diversos indicadores de la distribuci&oacute;n del ingreso como tambi&eacute;n de otras variables que la determinan. Las estimaciones corresponden al per&iacute;odo septiembre de 1982 a diciembre de 2000, con datos trimestrales. Las variables utilizadas son las siguientes:</p>     <p><a name="a5e9"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e9.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p><a name="a5e10"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e10.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>La Gr&aacute;fica <a href="#a5e11">6</a> muestra que los grupos m&aacute;s ricos (decil 10 y quintil 5) tienden a aumentar su participaci&oacute;n en el ingreso de una manera continua, en detrimento de los grupos de ingresos medios (quintiles 2, 3 y 4) y de los m&aacute;s pobres (decil 1 y quintil 1).</p>     <p><a name="a5e11"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e11.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p><a name="a5e12"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e12.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>Las pruebas de ra&iacute;z unitaria sugieren que esas tendencias se pueden perpetuar, ampliando a&uacute;n m&aacute;s la brecha entre ricos y pobres (ver <a name="A1"></a><a href="#AA1">anexo</a>). La mayor&iacute;a de las series indicativas de la distribuci&oacute;n del ingreso no es estacionaria a un nivel de significancia de 5%. Esto revela que cualquier alteraci&oacute;n en alguna de estas variables, va a tener efectos permanentes sobre el nivel de la serie. En otras palabras, la tendencia creciente de una serie, por ejemplo las relaciones Q5/Q1 o D10/D1, se presentar&iacute;a de manera indefinida sin posibilidad de desacelerarse o decrecer con el tiempo, a menos que experimente un choque.</p>     <p>Estas interpretaciones de tipo estad&iacute;stico dan cuenta de la gravedad de la desigualdad del ingreso en Colombia. Y tambi&eacute;n sugieren que las estimaciones de las ecuaciones &#91;<a href="#a5e6">1</a>&#93; y &#91;<a href="#a5e7">2</a>&#93; a trav&eacute;s de m&iacute;nimos cuadrados ordinarios, s&oacute;lo podr&iacute;an realizarse si se acepta un nivel de significancia de 2.5% en la prueba de ra&iacute;z unitaria KPSS<sup><a name="nr18"></a><a href="#18">18</a></sup> para las series de distribuci&oacute;n del ingreso y se incluye la tendencia en el modelo. Las otras series asociadas a empleo e inflaci&oacute;n son estacionarias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No se podr&iacute;a utilizar otro m&eacute;todo como la metodolog&iacute;a de vectores de correcci&oacute;n de errores (<font size="-1">VEC</font>) propuesta por Johansen (1988), ya que es necesaria la existencia de, al menos, dos series no estacionarias para que su combinaci&oacute;n pueda dar origen a una serie estacionaria, siempre y cuando est&eacute;n cointegradas &#91;Suriñach <i>et al</i>. 1995&#93;.</p>     <p><b>5.1 Resultados de modelos de Schultz y Blinder-Esaki</b></p>     <p>Las estimaciones de los modelos de Schultz y Blinder-Esaki se presentan en el cuadro adjunto con diversas y adecuadas medidas de desigualdad, inflaci&oacute;n y empleo, seg&uacute;n los grupos de ingreso.<sup><a name="nr19"></a><a href="#19">19</a></sup> Los resultados muestran consistencia en las diferentes especificaciones. No existe autocorrelaci&oacute;n serial de orden uno, medida con el estad&iacute;stico Durbin-Watson, y hay una alta explicaci&oacute;n de las medidas de distribuci&oacute;n del ingreso (los R&sup2; son mayores que 0.73), aunque se evidencia la ausencia de otras variables ex&oacute;genas (valores altos en los estad&iacute;sticos de las constantes).</p>     <p>El primer resultado general extra&iacute;do del cuadro es la no significancia, a niveles de 5%, de las variables de inflaci&oacute;n en todas las especificaciones. Esto acentuar&iacute;a la sospecha de que la inflaci&oacute;n no ha sido un determinante relevante en la distribuci&oacute;n del ingreso.<sup><a name="nr20"></a><a href="#20">20</a></sup> Al parecer, la variabilidad de la inflaci&oacute;n, medida con su desviaci&oacute;n est&aacute;ndar, s&iacute; ser&iacute;a regresiva; aumentar&iacute;a la participaci&oacute;n del quintil 5 y disminuir&iacute;a la del quintil 1 (ecuaciones 9 y 10).</p>     <p>El otro resultado general es el indiscutible efecto regresivo de la tasa de desempleo. En todas las especificaciones esta variable es significativa, ampl&iacute;a la brecha entre ricos y pobres (signos positivos en ecuaciones 1, 7 y 8), disminuye la participaci&oacute;n de los grupos de ingresos bajos y medios (signos negativos en ecuaciones 2, 4, 5 y 9) y aumenta la de los grupos de la parte superior de la distribuci&oacute;n (signos positivos en ecuaciones 3, 6 y 10).</p>     <p><a name="a5e13"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e13.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p><b>5.2 Resultados bajo la hip&oacute;tesis de Kuznets aumentada</b></p>     <p>La forma reducida de la Hip&oacute;tesis de Kuznets, ecuaci&oacute;n &#91;<a href="#a5e8">3</a>&#93; admite una estimaci&oacute;n a trav&eacute;s de la metodolog&iacute;a <font size="-1">VEC</font> ya que existir&iacute;an dos variables no estacionarias, la relativa a la distribuci&oacute;n del ingreso (Gini) y la relativa al sector p&uacute;blico (<font size="-1">GGC</font>). La combinaci&oacute;n de estas dos variables puede resultar estacionaria, permitiendo as&iacute; la estimaci&oacute;n de todo el sistema -la funci&oacute;n de regresi&oacute;n Kernel intuye esa situaci&oacute;n al indicar una relaci&oacute;n creciente entre Gini y <font size="-1">GGC</font> (Gr&aacute;fica <a href="#a5e14">7</a>)-.</p>     <p><a name="a5e14"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e14.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>Se incluyeron Gini, <font size="-1">PIB, TD7, ITT, CARTERA E ITCR</font> como variables end&oacute;genas, y <font size="-1">PIB2</font> como ex&oacute;gena. Los resultados de las funciones de impulso-respuesta, para 50 per&iacute;odos (12 años) se observan en la Gr&aacute;fica <a href="#a5e15">8</a>. De acuerdo con el estudio de Misas <i>et al</i>. &#91;2001, 21&#93; el an&aacute;lisis debe hacerse con las funciones de impulso-respuesta y asociar al concepto de elasticidad la respuesta en el largo plazo,<sup><a name="nr21"></a><a href="#21">21</a></sup> con lo cual se puede identificar la direcci&oacute;n y el grado de respuesta del Gini ante las otras variables macroecon&oacute;micas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="a5e15"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e15.jpg"></td>   </tbody> </table>     <p>As&iacute;, la Gr&aacute;fica <a href="#a5e15">8</a> indicar&iacute;a que todas las variables incluidas en el sistema son significativas<sup><a name="nr22"></a><a href="#22">22</a></sup> excepto la inflaci&oacute;n (<font size="-1">ITT</font>) lo cual concuerda con los resultados de los modelos de Schultz y Blinder-Esaki, y los hechos estilizados.</p>     <p>De nuevo el desempleo resulta regresivo. Las personas m&aacute;s pobres de la poblaci&oacute;n han sido las m&aacute;s perjudicadas por el desempleo,<sup><a name="nr23"></a><a href="#23">23</a></sup> ya que el ser menos escolarizados y el tener menos redes sociales para obtener informaci&oacute;n y referencias, reducen sus posibilidades de empleo. </p>     <p>El <font size="-1">PIB</font> per c&aacute;pita tambi&eacute;n resulta regresivo, lo cual indicar&iacute;a que durante el per&iacute;odo de estudio, los ingresos de las personas de los deciles altos han aumentado relativamente m&aacute;s que los de la poblaci&oacute;n de bajos ingresos. Esta situaci&oacute;n pudo haber dinamizado el proceso de acumulaci&oacute;n de capital, a trav&eacute;s de m&aacute;s inversi&oacute;n. Por su parte, la regresividad de la tasa de cambio (<font size="-1">ITCR</font>) indicar&iacute;a que un choque de devaluaci&oacute;n afecta los salarios relativos en los sectores transables y no transables.</p>     <p>La variable del gasto p&uacute;blico resulta regresiva. El resultado no coincide con algunos estudios &#91;V&eacute;lez 1996 y 1997&#93; que encuentran progresivo el gasto social, por efecto de incluir todo el gasto p&uacute;blico. El gasto p&uacute;blico total incluye gasto en infraestructura, en pago de salarios de empleados p&uacute;blicos y otros rubros que no necesariamente han sido redistributivos. Siguiendo a Ocampo <i>et al</i>. &#91;1998&#93; esto reflejar&iacute;a el sesgo en la demanda de mano de obra del sector p&uacute;blico hacia altos niveles de calificaci&oacute;n.</p>     <p>Por su parte, el efecto progresivo de la profundizaci&oacute;n financiera, medida como la cartera de los establecimientos financieros, indicar&iacute;a aumento en el acceso a recursos de capital para financiar educaci&oacute;n o pequeñas, medianas y micro empresas. Tambi&eacute;n podr&iacute;a recoger el efecto del sistema de financiaci&oacute;n de vivienda bajo el sistema <font size="-1">UPAC</font> (Unidad de poder adquisitivo constante), el cual fue ejemplo a seguir en Latinoam&eacute;rica.</p>     <p><b>6. CONCLUSIONES</b></p>     <p>Del presente trabajo se derivan diversas conclusiones en cuanto al desarrollo te&oacute;rico del tema, a los hallazgos emp&iacute;ricos a nivel internacional, y a lo acontecido en Colombia.</p>     <p>En el an&aacute;lisis redistributivo cobra gran importancia identificar la naturaleza y severidad de la inflaci&oacute;n al igual que la capacidad de previsi&oacute;n de los agentes frente a dicha variable. Una inflaci&oacute;n de costos basada en aumentos de salarios podr&iacute;a ser progresiva, en tanto el sentido de que mejora la distribuci&oacute;n del ingreso; una inflaci&oacute;n de demanda ser&iacute;a regresiva. Bajos niveles de inflaci&oacute;n no tendr&iacute;an mayores efectos redistributivos. En la medida en que los agentes se adapten y aumenten la capacidad de previsi&oacute;n frente a la inflaci&oacute;n, esta variable puede resultar neutral en cuanto a los aspectos redistributivos.</p>     <p>La evidencia internacional muestra que los efectos de la inflaci&oacute;n dependen tanto de su nivel o severidad como del grado de desarrollo de las econom&iacute;as. En general, los choques inflacionarios resultan ser progresivos en pa&iacute;ses con bajos niveles de inflaci&oacute;n -alrededor del 10% anual- y con mercados financieros avanzados los cuales permiten un mayor acceso al capital por parte de las personas de m&aacute;s bajos ingresos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La presencia de una inflaci&oacute;n moderada y de tipo inercial, parece no haber tenido efectos significativos sobre la distribuci&oacute;n del ingreso en Colombia. Sin embargo, cabe la posibilidad de que las medidas preventivas para evitar la aceleraci&oacute;n del aumento de precios y, a su vez, para reducir su nivel, afectaron otras variables, como el desempleo, que s&iacute; han tenido efectos regresivos.</p>     <p>Los determinantes m&aacute;s nocivos en la distribuci&oacute;n del ingreso han sido el desempleo, el gasto p&uacute;blico y el crecimiento del pib, mientras que la profundizaci&oacute;n financiera pudo haber ejercido un eventual efecto progresivo.</p>     <p>Estos hechos pueden derivar en orientaciones de pol&iacute;tica para Colombia. Por ejemplo, las medidas tendientes a reducir el nivel general de precios, encuentran mayor justificaci&oacute;n si son dirigidas a evitar costos diferentes a los redistributivos, como eficiencia econ&oacute;mica, costos del men&uacute;, entre otros. Si la inflaci&oacute;n no originara costos considerables en t&eacute;rminos de producto, o en la distorsi&oacute;n de los precios relativos, entre otros, no habr&iacute;a mucha justificaci&oacute;n para disminuir la inflaci&oacute;n.</p>     <p>NOTAS AL PIE</p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a> Estimado con el ingreso total per c&aacute;pita de la unidad de gasto del hogar, calculado por el Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n (<font size="-1">DNP</font>), tomando como fuente primaria diferentes etapas de la Encuesta Nacional de Hogares. </p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> Seg&uacute;n la funci&oacute;n de densidad no param&eacute;trica de tipo kernel, cuyos par&aacute;metros son estimados a partir de los datos observados de la propia variable, no existe ninguna tendencia definida, bien sea positiva o negativa, entre salario m&iacute;nimo e inflaci&oacute;n.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> Por ejemplo, los <font size="-1">TES</font> del gobierno, cuya tasa de inter&eacute;s ha sido positiva en t&eacute;rminos reales, de tal forma que los tenedores de estos bonos pudieron haber sido favorecidos relativamente.</p>     <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> A partir del año 2000, la Corte Constitucional orden&oacute; incrementos con base en la inflaci&oacute;n causada.</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> Estos grupos son los definidos por el dane seg&uacute;n canastas de consumo de las personas.</p>     <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a> Bajo el supuesto de inflaci&oacute;n anticipada no habr&iacute;an mayores efectos redistributivos en tal sector ya que, por definici&oacute;n, (ver anexo) este tipo de inflaci&oacute;n le permite a la gente estar preparada para afrontar las variaciones de precios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> No obstante, bajo situaciones de pleno empleo o cercanas a ella, podr&iacute;a no haber efectos redistributivos ya que cualquier nueva demanda de bienes y servicios implica mayores costos en dichas situaciones. Si hay pleno empleo, la nueva demanda obliga a subir los salarios nominales y ello modifica la conclusi&oacute;n previa seg&uacute;n la cual los grupos de ingresos altos terminan favorecidos con la inflaci&oacute;n.</p>     <p><a href="#nr8">8</a><a name="8"></a> Para Estados Unidos este lapso de tiempo ha llegado a ser de dos d&eacute;cadas &#91;Laidler y Parkin 1975&#93;.</p>      <p><a href="#nr9">9</a><a name="9"></a> Entre familias, las perdedoras parecen ser las m&aacute;s pobres y las de mayor ingreso. Las familias con ingresos medios resultan favorecidas porque tienen m&aacute;s deudas nominales que las otras clases de familias. Otra posible v&iacute;a de redistribuci&oacute;n es la presentada por Bach y Stephenson &#91;1974&#93;, en la que los m&aacute;s perjudicados son las personas de m&aacute;s edad pues ellas tienden a mantener m&aacute;s activos nominales netos que la gente joven.</p>     <p><a href="#nr10">10</a><a name="10"></a> Ver Olivera &#91;1964&#93; y Tanzi &#91;1977&#93;.</p>     <p><a href="#nr11">11</a><a name="11"></a> El problema surge porque las obligaciones tributarias se generan en determinado momento, pero el pago se efect&uacute;a en una fecha posterior. Sin embargo, esta posibilidad puede ser un sencillo problema contable sin mayores efectos redistributivos &#91;Laidler y Parkin 1975&#93;.</p>     <p><a href="#nr12">12</a><a name="12"></a> Un aumento de la oferta de dinero nominal provoca inflaci&oacute;n que puede ser perfectamente anticipada, disminuyendo el valor real de los saldos nominales. En su af&aacute;n por mantener constantes sus saldos reales de dinero, las familias demandan m&aacute;s dinero obligando al gobierno a imprimir m&aacute;s billetes. As&iacute;, el gobierno puede pagar sus gastos imprimiendo moneda. Los bienes y servicios comprados por el gobierno con el dinero que imprime en cada per&iacute;odo son la medida del ingreso tributario recaudado como resultado de esta pol&iacute;tica inflacionaria.</p>     <p><a href="#nr13">13</a><a name="13"></a>  La inclusi&oacute;n de variables de gasto p&uacute;blico fue sugerida por Milanovic &#91;1994&#93;, quien cuestiona la hip&oacute;tesis de Kuznets al observar persistencia de desigualdad en sociedades avanzadas, donde deber&iacute;a haber mejores niveles de equidad dado que se encontraban en la fase final del ciclo señalado por Kuznets. Por tanto, la inequidad en esas sociedades respond&iacute;a tambi&eacute;n a factores de escogencia social, como el direccionamiento y monto del gasto p&uacute;blico (tal es el origen de la <i>hip&oacute;tesis de Kuznets aumentada</i>).</p>     <p><a href="#nr14">14</a><a name="14"></a> Los indicadores de profundizaci&oacute;n financiera m&aacute;s usados son m3/<font size="-1">PIB</font> o la cartera del sector financiero/<font size="-1">PIB</font>.</p>     <p><a href="#nr15">15</a><a name="15"></a> En la medida que las deudas no est&eacute;n indexadas los grupos que las poseen en mayor proporci&oacute;n se ver&aacute;n m&aacute;s favorecidos por la inflaci&oacute;n.</p>     <p><a href="#nr16">16</a><a name="16"></a> Los deciles bajos derivan la mayor parte de sus ingresos de algunas ganancias y de los subsidios del gobierno, y los de arriba de ingresos de la propiedad, lo cual los hace m&aacute;s susceptibles a los cambios de precios. Como los deciles intermedios dependen m&aacute;s de los salarios y dado que no se cumple la hip&oacute;tesis de salarios rezagados, resultan menos desfavorecidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr17">17</a><a name="17"></a> En Colombia la mayor parte de la literatura se ha concentrado en estimar tanto los costos en el bienestar general en t&eacute;rminos de p&eacute;rdida del producto, como los ingresos del gobierno por impuesto inflacionario y señoreaje. Los principales hallazgos se resumen en el trabajo de L&oacute;pez &#91;2000&#93;.</p>     <p><a href="#nr18">18</a><a name="18"></a> Las pruebas de ra&iacute;z unitaria se realizaron con la metodolog&iacute;a de Kwiatkowski, Phillips, Schmidt y Shin, 1992, conocida como prueba de KPSS. En ella la hip&oacute;tesis nula supone que no existe ra&iacute;z unitaria por lo cual la verificaci&oacute;n debiera hacerse a niveles de significancia altos, 5 y 10% por ejemplo.</p>     <p><a href="#nr19">19</a><a name="19"></a> Por ejemplo, si la variable end&oacute;gena es la participaci&oacute;n en el ingreso del decil 1 (D1) las variables explicativas son la inflaci&oacute;n de perceptores de ingresos bajos, (ITB) y la tasa de desempleo del decil 1 (TDD1).</p>     <p><a href="#nr20">20</a><a name="20"></a> Sin embargo, los signos podr&iacute;an indicar, eventualmente, que la inflaci&oacute;n beneficiar&iacute;a a los grupos de ingresos bajos y medios al aumentar su participaci&oacute;n en el ingreso total (signos positivos en ecuaciones 2, 4 y 5). Lo contrario suceder&iacute;a para los grupos de ingresos altos (signos negativos en ecuaciones 3 y 6). De esta forma, la inflaci&oacute;n afectar&iacute;a progresivamente la distribuci&oacute;n del ingreso, lo cual tiende a confirmarse con los resultados tomando como variables end&oacute;genas el Gini, RD10D1 y RQ5Q1 (signos negativos en ecuaciones 1, 7 y 8). </p>     <p><a href="#nr21">21</a><a name="21"></a> Misas <i>et al</i>. &#91;2001&#93; señala que la interpretaci&oacute;n de los coeficientes del vector de cointegraci&oacute;n como elasticidades de largo plazo es inadecuada porque se ignora la din&aacute;mica del sistema.</p>     <p><a href="#nr22">22</a><a name="22"></a> Si la l&iacute;nea que indica la tendencia del choque corta la l&iacute;nea horizontal correspondiente a cero, la variable que emite el choque no es significativa.</p>     <p><a href="#nr23">23</a><a name="23"></a> En promedio, la tasa de desempleo en el quintil 1 fue de 26% mientras que en el quintil 5 fue de 4%, durante el per&iacute;odo septiembre/1982 a diciembre/2001.</p>     <p><a name="A<sub>1</sub>"><a  name="AA1" href="#A1"><b>ANEXO</b></a></p>     <p><a name="a5e16"></a></p>   <table width=580 border=0> 	<tbody> 		<tr> 			<td><img src="img/revistas/ceco/v21n37/v21n37a05e16.jpg"></td>   </tbody> </table> <hr>    <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Ag&eacute;nor P-R. y Montiel, P. 1996. <i>Development Macroeconomics</i>, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4772200200020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bach y Stephenson. 1974. &quot;Inflation and the Distribution of Wealth&quot;, <i>Review of Economic Statistics</i>, febrero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4772200200020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bailey, M. J. 1956. &quot;The Welfare Cost of Inflationary Finance. <i>Journal of Political Economy</i>, v. 64, n. 2, 93-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4772200200020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Birchenall, Javier. 1999. &quot;La curva de Phillips, la cr&iacute;tica de Lucas y la persistencia de la inflaci&oacute;n en Colombia&quot;. <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i>, n. 102, <font size="-1">DNP</font>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4772200200020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Blank R. y Blinder, A. 1986. &quot;Macroeconomics, Income Distribution and Poverty&quot;, en Sheldon y Weinberg &#91;1986&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4772200200020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Blinder, A. y Esaki, Howard. 1978. &quot;Macroeconomic activity and income distribution in the postwar United States&quot;, <i>The Review of Economics and Statistics</i>, v. 60, noviembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4772200200020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Bresciani, C. y Turroni. 1937. <i>The Economics of Inflation</i>. Londres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4772200200020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Budd E. y Seiders, D. 1971. &quot;The impact of inflation on the distribution of income and wealth&quot;. <i>The American Economic Review</i>, v. 61, n. 2, 128-138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4772200200020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Bulir, A. 1998. &quot;Income inequality: does inflation matter?&quot;, <i>IMF Working Paper</i>, n. 7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4772200200020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Bulir, A. y Gulde, A. M.. 1995. &quot;Inflation and Income Distribution: Further Evidence on Empirical Links&quot;, <i>IMF Working Paper</i>, n. 86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4772200200020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Buse, A. 1982. &quot;The Cyclical Behaviour of the Size Distribution of Income in Canada: 1947-78&quot;, <i>Canadian Journal of Economics</i>, v. 15, n. 2, mayo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4772200200020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. C&aacute;rdenas, M., S&aacute;nchez, F., Bernal, R. y N&uacute;ñez, J. 1998. &quot;El desempeño de la macroeconom&iacute;a y la desigualdad: 1976-1996&quot;, en S&aacute;nchez &#91;1998, 87-128&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4772200200020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Cargill, T. 1969. &quot;An Empirical Investigation of the Wage-Lag Hypothesis&quot;, <i>The American Economic Review</i>, v. 59, n. 5, diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4772200200020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Echeverry G. y Eslava, M. 1997. &quot;Notas sobre la Tasa de Inter&eacute;s y la Inflaci&oacute;n en Colombia&quot;, <i>Borradores Semanales de Econom&iacute;a</i>, n. 78.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4772200200020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Greenwood, J. y Jovanovic, B. 1990. &quot;Financial Development, Growth, and the Ditribution of Income&quot;, <i>Journal of Political Economy</i>, v. 98, n. 5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4772200200020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Hamilton, E.J. 1934. <i>American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650</i>. Cambridge, Mass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4772200200020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Hamilton, E.J. 1936. <i>Money, Prices, and Wages in Valencia, Aragon, and Navarre, 1351- 1500</i>, Cambridge, Mass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4772200200020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Hamilton, E. J. 1947. <i>War and Prices in Spain, 1651-1800</i>. Cambridge, Mass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4772200200020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Hansen, A.H. 1925. &quot;Factors affecting trend of real wages&quot;, <i>The American Economic Review</i>, v. 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4772200200020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Fisher, Irving. 1896. <i>Appreciation and Interest</i>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4772200200020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Jänti, M. 1994. &quot;A More Efficient Estimate of the Effects of Macroeconomic Activity on the Distribution of Income&quot;, <i>The Review of Economics and Statistics</i>, v. 76, n. 2, mayo, 372-378.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-4772200200020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Kessel y Alchian. 1960. &quot;The Meaning and Validity of the Inflation-Induced Lag of Wages Behind Prices&quot;, <i>American Economic Review</i>, v. 50, n. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4772200200020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Laidler, D. y Parkin, Michael. 1975. &quot;Inflation: a Survey&quot;, <i>The Economic Journal</i>, v. 85, n. 340&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4772200200020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Lerner, E.M. 1954. &quot;The monetary and Fiscal Programs of the Confederate Government, 1861-65&quot;, <i>Journal of Political Economy</i>, diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4772200200020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Londoño, J.L. 1998. &quot;Brechas sociales&quot;, en S&aacute;nchez &#91;1998, 1-35&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4772200200020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. L&oacute;pez, M. 2000. &quot;Seigniorage and the Welfare Cost of Inflation in Colombia&quot;, <i>Borradores Semanales de Econom&iacute;a</i>, n. 151. Banco de la Rep&uacute;blica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4772200200020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Milanovic. 1994. &quot;Determinants of Cross-Country Income Inequality: An Augmented Kuznets Hypothesis&quot;, <i>Policy Research Working Paper</i>, n. 1246, World Bank, enero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4772200200020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Minarik, J. 1979. &quot;The Size Distribution of Income during Inflation&quot;, <i>The Review of Income and Wealth</i>, v. 25, 377-392.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-4772200200020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Misas <i>et al</i>. 2001. &quot;Exportaciones no tradicionales en Colombia y sus determinantes&quot;, <i>Borradores Semanales de Econom&iacute;a</i>, n. 178. Banco de la Rep&uacute;blica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4772200200020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Mitchell, W.C. 1903. <i>A History of the Greenbacks</i>. Chicago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4772200200020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Montenegro, &Aacute;lvaro. 1994. &quot;El salario m&iacute;nimo y la inflaci&oacute;n&quot;. <i>Documento <font size="-1">CEDE</font></i> n. 95. Universidad de los Andes, junio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4772200200020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Nordhaus, W. 1973. &quot;The Effects of Inflation on the Distribution of Economic Welfare&quot;, <i>Journal of Money, Credit and Banking</i>, v. 5, n. 1, 465-504.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-4772200200020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Ocampo, J. A. P&eacute;rez, M. J., Tovar, C. E. y Lasso, F. J. 1998. &quot;Macroeconom&iacute;a, ajuste estructural y equidad: 1978-1996&quot;, en S&aacute;nchez, F. &#91;1998, 37-86&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-4772200200020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Olivera, J. &#91;1964&#93;. &quot;On Structural Inflation and Latin America&acute;s Structuralism&quot;, <i>Oxford Economics Papers</i>, noviembre, &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-4772200200020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Rubio, Mauricio. 1991. &quot;Salario m&iacute;nimo, criterios para su fijaci&oacute;n&quot;, <i>Serie Documentos de Empleo y Modernizaci&oacute;n Econ&oacute;mica</i>. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social – <font size="-1">OIT - PNUD</font>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-4772200200020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. S&aacute;nchez, Fabio. 1998. Compilador. <i>La distribuci&oacute;n del Ingreso en Colombia. 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