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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">EMOCIONES Y MOVIMIENTOS SOCIALES: algunas claves &uacute;tiles para estudiar el conflicto armado</font> </p>     <p><b>Silvia Otero Baham&oacute;n</b><sup>1</sup> </p>     <p><sup>1</sup> Estudiante de &uacute;ltimo semestre de ciencia pol&iacute;tica en la Universidad de los Andes y joven investigadora del Centro de Investigaci&oacute;n y Educaci&oacute;n Popular CINEP. Agradezco a Ingrid Bol&iacute;var por su ayuda en la concepci&oacute;n y correcci&oacute;n de este art&iacute;culo. </p>     <p>recibido 26/04/06, aprobado 16/05/06 </p> <hr size="1">     <p><b>Introducci&oacute;n </b></p>     <p>En el estudio del conflicto armado colombiano han sido comunes las preguntas sobre las causas objetivas de la confrontaci&oacute;n, la l&oacute;gica estrat&eacute;gica, las relaciones de los actores armados con la sociedad civil, el v&iacute;nculo con las econom&iacute;as ilegales y la evoluci&oacute;n y expansi&oacute;n de los grupos al margen de la ley. Mucha menor preocupaci&oacute;n por parte de la comunidad acad&eacute;mica han suscitado las preguntas sobre el reclutamiento de los miembros, las motivaciones que incitan la participaci&oacute;n, o las diferencias entre sectores o grupos sociales que existen al interior de los grupos armados (diferencias tales como sexo, raza, estrato o edad). La reciente multiplicaci&oacute;n de eventos de desmovilizaci&oacute;n de los grupos armados ha permitido contar con nuevas fuentes &ndash;los excombatientes-, lo cual ha abierto el panorama para investigar estos aspectos. </p>     <p>Y es que esta particularidad en las investigaciones sobre el conflicto armado colombiano se presenta tambi&eacute;n en la tradici&oacute;n sobre movimientos sociales.All&iacute;, algunos te&oacute;ricos han se&ntilde;alado que los modelos tradicionales de racionalidad instrumental no siempre explican con satisfacci&oacute;n la participaci&oacute;n de sus miembros (Goodwin,Jasper y Pollera 2003:5-7). En consecuencia, investigadores han pensado en conceptos y m&eacute;todos para dar cuenta de las motivaciones individuales de los acto-res, y darles un lugar en la comprensi&oacute;n de los fen&oacute;menos de movilizaci&oacute;n social. Es all&iacute; donde las emociones han sido tra&iacute;das de vuelta a la investigaci&oacute;n en ciencias sociales &ndash;de donde hab&iacute;an sido excluidas durante d&eacute;cadas y han sido &uacute;tiles en el entendimiento de conceptos claves como marcos, identidades colectivas o redes sociales, y por supuesto, reclutamiento y participaci&oacute;n. </p>     <p>En este art&iacute;culo extraer&eacute; ciertos conceptos y argumentos de dichos estudios sobre emociones y movilizaci&oacute;n social para analizar los relatos de un peque&ntilde;o grupo de ocho mujeres excombatientes que fueron entrevistadas sobre sus experiencias de ingreso y estancia en el grupo armado. Las entrevistas se hicieron a desmovilizadas voluntarias de la guerrilla de las FARC y de grupos de autodefensa en el marco de mi tesis de pregrado, algunas de cuyas conclusiones presentar&eacute; aqu&iacute;. Me permitir&eacute; extrapolar conceptos de los movimientos sociales a los grupos armados, teniendo en cuenta que, como han se&ntilde;alado algunos autores, hay una gran continuidad entre diversos tipos de acci&oacute;n colectiva, e incluso la acci&oacute;n violenta es una forma hist&oacute;rica de acci&oacute;n colectiva (Archila y Bol&iacute;var 2006:14). En el caso colombiano esta asociaci&oacute;n no ha dejado de generar malestar, ya que &ldquo;la tendencia de la pol&iacute;tica colombiana a penalizar la protesta asimil&aacute;ndola a la acci&oacute;n insurgente hace que tanto los autores dedicados a este tema como los mismos dirigentes de las organizaciones sociales enfaticen las diferencias entre la acci&oacute;n social y la l&oacute;gica armada&rdquo; (Archila y Bol&iacute;var 2006:14). Como se&ntilde;al&eacute; anteriormente, hago esta asociaci&oacute;n porque he encontrado similitudes entre las atribuciones que las mujeres hacen a la organizaci&oacute;n, y las que hacen los participantes de m&uacute;ltiples movimientos sociales estudiados por los te&oacute;ricos. </p>     <p>El art&iacute;culo esta dividido en tres secciones. En la primera se har&aacute; una exposici&oacute;n de los principales aportes que las emociones han hecho a los estudios sobre movilizaciones sociales. Esto dar&aacute; paso a la segunda secci&oacute;n, d&oacute;nde se enfatizan las redes sociales y los lazos afectivos bajo los cuales operan los movimientos. En la &uacute;ltima secci&oacute;n nos ocupar&aacute;n las motivaciones individuales de los participantes, especificando aquellas que esgrimieron las mujeres excombatientes en sus relatos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Emociones y movilizaci&oacute;n social </b></p>     <p>Los estudios sobre movilizaciones sociales han silenciado sistem&aacute;ticamente a las emociones (Aminzade y McAdam 2001:14). Esto ha sucedido pues se tiende a suponer las emociones como irrupciones irracionales del estado de &aacute;nimo, que conllevan a la toma de decisiones incorrectas. Entre tanto, en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico, d&oacute;nde las movilizaciones sociales tienen lugar, la legitimidad de la acci&oacute;n proviene de la racionalidad de los agentes. Es el c&aacute;lculo costo-beneficio, y la persecuci&oacute;n de intereses &ldquo;racionales&rdquo;, y la configuraci&oacute;n de la acci&oacute;n en torno a &ldquo;ideales&rdquo; lo que motiva la acci&oacute;n colectiva: all&iacute; las emociones no tienen nada que aportar. No obstante, recientemente varios autores se han preguntado a qu&eacute; se debe el &ldquo;silencio&rdquo; de la sociolog&iacute;a de los movimientos sobre el papel de las emociones. Goodwin, Jasper y Polleta comentan que en los estudios iniciales, los movimientos se entend&iacute;an como expresiones reaccionarias de una multitud furiosa e iracunda.Al respecto dicen que &ldquo;la sicolog&iacute;a freudiana era generalmente apropiada para mostrar que los participantes (de las revueltas) eran inmaduros, narcisistas, sin autoestima y que necesitaban creer en algo&rdquo;, y que las protestas eran un error, un signo de inmadurez (Goodwin, Jasper y Pollera 2003: 2). En los a&ntilde;os setenta este modelo se vio fuertemente criticado cuando los soci&oacute;logos empezaron a simpatizar con los movimientos sociales que estudiaban. Su orientaci&oacute;n con respecto a las movilizaciones pas&oacute; a ser estructural, racionalista e individual: &ldquo;los manifestantes estaban sencillamente siguiendo intereses individuales y de grupo existentes, definidos por posiciones estructurales como las clases sociales&rdquo; (Goodwin, Jasper y Pollera 2003: 5). </p>     <p>Sin embargo, nuevas aproximaciones han sacado las emociones del silencio, quitando la exclusividad que sobre ellas tuvieron la biolog&iacute;a y la psicolog&iacute;a, disciplinas que suelen situar las emociones &ldquo;dentro&rdquo; de los individuos puesto que se manifiestan como sensaciones corporales. Sin embargo, de acuerdo a estas perspectivas, &eacute;stas no pertenecen &uacute;nicamente a la esfera de lo &iacute;ntimo y lo apol&iacute;tico, y afirman que las emociones tambi&eacute;n se producen en las interacciones sociales, por lo cual se expresan en significados compartidos socialmente, convenciones, valores culturales y creencias, que inciden en la valoraci&oacute;n del entorno y en la motivaci&oacute;n de la acci&oacute;n (Lutz y Abu-Lughod 1990: 5; Goodwin, Jasper y Pollera 2003: 6). Las emociones en tanto se configuran y se forjan en el orden social, son &ldquo;resultados reales, anticipados, recolectados o imaginados de las relaciones sociales&rdquo;, y por eso, pueden dar pistas de caracter&iacute;sticas estructurales como el status y el poder (Kemper: 2003: 59). Este autor insiste en que la posici&oacute;n de los actores en tales jerarqu&iacute;as tiene un correlato en las emociones que se sienten; por ejemplo el orgullo puede denotar que el status otorgado por los otros es consecuencia de los logros alcanzados por uno (Kemper 2003: 66). </p>     <p>En este punto hay que recalcar que esta aproximaci&oacute;n rompe con la dicotom&iacute;a racionalidad /emoci&oacute;n. Al respecto Jon Elster arguye que &ldquo;son varios los autores y autoras que han defendido una perspectiva revisionista seg&uacute;n la cual las emociones lejos de interferir la toma racional de decisiones pueden llegar incluso a fomentarla&rdquo; (Elster 2001: 343). Las emociones ayudan a dirimir el empate entre varias opciones igualmente racionales, al tiempo que est&aacute; demostrado que personas emocionalmente planas est&aacute;n inhabilitadas para tomar incluso las decisiones m&aacute;s cotidianas (Elster 2001: 352)<sup>2</sup>. Por &uacute;ltimo, se debe anotar que as&iacute; como las emociones que se derivan de determinadas situaciones dependen del entorno cultural del agente, aquello que se considera racional puede ser tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n cultural. </p>     <p>Volviendo a lo nuestro, los autores empezaron a notar que elementos fundamentales para la movilizaci&oacute;n social no se explicaban con los modelos tradicionales de racionalidad instrumental y c&aacute;lculo de intereses. Ron Aminzade y Doug McAdam (2001) comentan que las emociones y los procesos emocionales cuentan con gran capacidad explicativa en dos niveles de la movilizaci&oacute;n social: el individual y el colectivo. En el primero de ellos, los autores mencionados y otros m&aacute;s recalcan la importancia de apelar a las emociones en los momentos iniciales del movimiento social. As&iacute;, la frustraci&oacute;n, la indignaci&oacute;n, la rabia o la esperanza constituyen motivantes fundacionales para la acci&oacute;n colectiva. Como dicen Aminzade y McAdam, no se trata de decir que la movilizaci&oacute;n de emociones fuertes cause los movimientos o las revoluciones, pero a pesar de que existan circunstancias favorables, la ausencia de dichas emociones no permitir&aacute; la generaci&oacute;n de un movimiento (Aminzade y McAdam 2001:17). Goodwin, Jasper y Polleta hacen un aporte situado m&aacute;s en el nivel colectivo. Estos autores afirman que la identidad colectiva ha devenido un t&eacute;rmino popular en la literatura sobre movilizaci&oacute;n social, y all&iacute; las emociones tambi&eacute;n tienen mucho que ver.Adem&aacute;s de estar fundadas en caracter&iacute;sticas como sexo, raza, clase y g&eacute;nero, las identidades &ldquo;se usan para describir cierto sentido de solidaridad entre miembros de un movimiento social, sugiriendo lazos de confianza, lealtad y afecto&rdquo; (Godwin, Jasper y Pollera 2003:8).Y es que estos lazos de amistad entre miembros de un movimiento social nos conectan con el nivel individual, ya que animan la participaci&oacute;n de las personas en el movimiento (Della Porta 1998:223). Las emociones motivan el activismo individual y permiten entender por qu&eacute; los individuos deciden involucrarse incluso cuando los costos de la participaci&oacute;n son m&aacute;s altos que los beneficios. Por cuenta de estos fuertes sentimientos por el grupo la participaci&oacute;n se convierte un una actividad placentera, independientemente de los objetivos y resultados del movimiento (Aminzade y McAdam 2001:17;Wood 2003; Goodwin, Jasper y Pollera 2001:5, 9). Sin embargo se debe aclarar que estas emociones s&oacute;lo explican por qu&eacute; existen lazos de amistad y redes sociales fuertes en los movimientos sociales, pero no hablan de las condiciones objetivas que permiten la emergencia de los mismos (estructura de oportunidad, presi&oacute;n social, presencia de organizaciones establecidas, etc.) (Della Porta 1998:236; Aminzade y McAdam 2001:17). Esta salvedad indica que el inter&eacute;s por las motivaciones individuales y por las emociones no implica que se desconozca la existencia de condiciones estructurales. Al contrario, al enfocarnos en la forma como los actores &ldquo;sienten&rdquo; la participaci&oacute;n, estamos dando oportunidad para encontrar all&iacute; indicios de c&oacute;mo experimentan la objetividad de lo social. Esto ser&aacute; importante en los apartados siguientes, en los que se profundizar&aacute; en la capacidad explicativa de las emociones en los dos niveles &ndash;individual y colectivo- recogiendo los relatos de un grupo de mujeres excombatientes con respecto a su ingreso y permanencia en los grupos armados. </p>     <p><b>Redes sociales y lazos de amistad </b></p>     <p>Al preguntarle a un peque&ntilde;o grupo de mujeres excombatientes<Sup><a href="#n3">3</a></Sup> por aquello que rescataban como agradable o positivo de su paso por el grupo armado, todas coincidieron en responder que la solidaridad, la amistad entre los compa&ntilde;eros y la camarader&iacute;a, pues hac&iacute;an amena y grata la vida clandestina: </p>     <blockquote>       <p>Lo que me gustaba m&aacute;s era el ambiente de camarader&iacute;a (...) a los comandantes les interesaba eso, porque si no ellos saben que los combatientes se aburren, y se vuelan. Por eso mismo a mi no me dejaron ir para la casa, porque sino hab&iacute;a que mandar a un hombre del frente para la radio. A los comandantes les conviene tener a la gente contenta, ah&iacute; (Entrevista No. 2 - AUC). </p>       <p>Me gustaba estar en el grupo porque me la llevaba bien con los compa&ntilde;eros, and&aacute;bamos y conoc&iacute;amos, ten&iacute;amos muchas experiencias. Hab&iacute;a mucha solidaridad. Los comandantes daban charlas, nos reun&iacute;an para que habl&aacute;ramos entre nosotros.Ellos se la pasaban dando charlas sobre el reglamento y all&iacute; est&aacute; contemplado todo eso, que la solidaridad, la camarader&iacute;a, que un ej&eacute;rcito tiene que estar unido&hellip; todo eso (Entrevista No. 3 - FARC). </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se sent&iacute;a uno bien... sobre todo por los amigos que uno se hace all&aacute;. Eso me hace falta. Hab&iacute;a un esfuerzo porque uno se la llevara bien con los otros&hellip;. Ellos hac&iacute;an charlas de toda clase, por ejemplo sobre c&oacute;mo tratar a la poblaci&oacute;n civil, o por ejemplo que uno no puede pelear con otro guerrillero, que tienen que tratarse bien, todo eso (Entrevista No. 4 - FARC). </p> </blockquote>     <p>Las mujeres atribuyen al clima organizacional de los grupos armados atributos similares a aquellos asignados a los movimientos sociales. En organizaciones como las FARC y las AUC existen esfuerzos &ldquo;institucionales&rdquo; orientados a fortalecer los lazos de afecto entre los miembros, prolongando el v&iacute;nculo entre el individuo y el grupo armado. Los fuertes sentimientos de solidaridad, lealtad y amistad encontrados permiten entrender que la organizaci&oacute;n hace las veces de grupo social de base o &ldquo;patria social&rdquo; para los participantes<Sup><a href="#n4">4</a></Sup>. Aquellos que ingresan a los grupos armados suelen romper con sus antiguas redes sociales, perdiendo contacto con la familia, amigos y vecinos. En palabras de Donatella Della Porta (1998:221), se trata de una segunda socializaci&oacute;n &ndash;casi tan fuerte como la primaria-. Una ex paramilitar lo expresa as&iacute;: </p>     <blockquote>       <p>Yo sab&iacute;a que estar en el grupo estaba mal, pero igual yo me sent&iacute;a bien, all&iacute; encontr&eacute; cari&ntilde;o, all&aacute; hablaba uno lo que quisiera con quien quisiera y nadie lo estaba juzgando (Entrevista No. 2- AUC). </p> </blockquote>     <p>Della Porta a&ntilde;ade que estos lazos cumplen una funci&oacute;n vital en la implicaci&oacute;n pol&iacute;tica de los sujetos, &ldquo;ya que proporcionan un sentido de cohesi&oacute;n frente a la oposici&oacute;n de la comunidad que les rodea, fomentan un deseo de aceptaci&oacute;n y coherencia cognitiva que produce conformidad y filtran los mensajes e informaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo; (Della Porta 1998:221). Por otro lado Jeff Goodwin y Steven Pfaff (2003:288) sustentan que las relaciones estrechas entre los miembros de los movimientos sociales ayudan a sostener su compromiso de cara a la represi&oacute;n y al aislamiento social, adem&aacute;s de alentarlos en sus actividades y de aumentar los costos de retirarse o de sucumbir ante la presi&oacute;n externa. </p>     <p>A la hora de explicar por qu&eacute; se construyen estas redes sociales y lazos afectivos tan fuertes, los autores tambi&eacute;n hacen significativos aportes. De nuevo Della Porta hace un estudio sobre la transici&oacute;n que ciertos movimientos sociales hacen a organizaciones clandestinas, y encuentra que en estas &uacute;ltimas la densidad y fortaleza de las redes sociales se debe en parte a la juventud de los miembros. Esto por cuanto la participaci&oacute;n del activista en organizaciones clandestinas a menudo &ldquo;coincide con la b&uacute;squeda de independencia emocional de su familia, y la lealtad al grupo de iguales&rdquo; (Della Porta 1998: 223).Y es que dichas caracter&iacute;sticas de la juventud hacen que los adolescentes sean bastante vulnerables a las ofertas de los grupos armados. As&iacute; lo afirman las autoras Rachel Brett e Irma Specht en un estudio sobre j&oacute;venes combatientes de distintos pa&iacute;ses, cuando comentan que en dicho periodo surge una nueva gama de oportunidades, consecuencia de la libertad adquirida al dejar de ser un/a ni&ntilde;o/a.&ldquo;Es un momento clave para la configuraci&oacute;n de la propia identidad y para encontrar su lugar en la comunidad y la sociedad, adem&aacute;s de ser un momento en el que se adquiere una nueva capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilidades&rdquo;(Brett y Specht 2004:3). </p>     <p>Las anteriores consideraciones sobre la juventud son &uacute;tiles para pensar el conflicto armado colombiano. Sobre todo si se tiene en cuenta que algunos estudios revelan que el 70% de los miembros de grupos armados en Colombia se componen por j&oacute;venes menores de 25 a&ntilde;os (Alvarrez-Correa y Aguirre 2002). Esta tendencia se repiti&oacute; en la peque&ntilde;a muestra de mujeres entrevistadas, de donde seis ingresaron a grupos armados entre los 13 y los 17 a&ntilde;os. Lo que preocupa es que esta generalidad ha pasado casi desapercibida por la investigaci&oacute;n. Por eso debemos hacernos la pregunta por &iquest;qu&eacute; es lo que les ofrece el grupo armado a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes que la familia, escuela y comunidad no est&aacute;n ofreciendo? &iquest;Por qu&eacute; el grupo armado resulta ser una opci&oacute;n tan atractiva para la juventud? Las entrevistas realizadas junto con otros estudios realizados sobre ni&ntilde;os y j&oacute;venes en el conflicto, permiten esbozar una posible respuesta: al ser part&iacute;cipes de las actividades de la guerra los j&oacute;venes dotan sus vidas de &ldquo;sentido&rdquo; de varias maneras. Primero, por la v&iacute;a de llevar a cabo lo que ellos definen como aventuras excitantes y novedosas. Segundo, las personas otorgan una nueva dimensi&oacute;n a las relaciones con sus pares (l&eacute;ase otros combatientes) afianzando las amistades y afectos, ya que hacen parte de un grupo donde prevalecen las relaciones de camarader&iacute;a y fraternidad. Tercero, teniendo en cuenta que la formaci&oacute;n de la propia identidad es otra caracter&iacute;stica de la adolescencia (al ser una parte importante del crecimiento y un factor que determina la vida adulta), hacer parte del grupo armado es conformar un todo, es sentir un respaldo institucional que conforma la identidad individual con base en la identidad colectiva. </p>     <p>En conclusi&oacute;n, las redes sociales y los lazos afectivos son notablemente fuertes en los movimientos sociales y en este art&iacute;culo se ha sostenido que similares caracter&iacute;sticas se encuentran en los grupos armados. Esto sucede por cuenta (en parte) de la juventud de sus integrantes, lo cual facilita el compromiso y la vinculaci&oacute;n a actividades de alto riesgo. Sin embargo estas explicaciones no responden a la pregunta m&aacute;s general sobre cu&aacute;les son las condiciones sociales que permiten que las redes sociales emerjan y se construyan, ni tampoco contestan por qu&eacute; las organizaciones optan por la clandestinidad. Evidentemente los movimientos o los grupos armados no existen porque sus miembros sean j&oacute;venes, pero el hecho de que la mayor&iacute;a de sus miembros pertenezcan a este sector de la sociedad debe ser tomado m&aacute;s seriamente. </p>     <p><b>Motivaciones individuales de la participaci&oacute;n </b></p>     <p>Como se expuso anteriormente, la solidaridad, la lealtad y la camarader&iacute;a son emociones que constituyen por s&iacute; mismas motivos preponderantes para participar en el grupo armado o para permanecer en &eacute;l. No obstante, adem&aacute;s de estos tres, las conversaciones con las mujeres excombatientes permitieron dar cuenta de otros motivos importantes para ingresar al grupo, como la b&uacute;squeda de aventuras, el hacerse respetar o el gusto por la milicia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, antes de trabajar las motivaciones particulares para ingresar a grupos armados, quisiera profundizar en la importancia de tenerlas en cuenta. Volviendo a la secci&oacute;n inicial del art&iacute;culo, los estudios sobre conflicto armado han cubierto con mayor amplitud temas sobre la expansi&oacute;n de los grupos ilegales, su l&oacute;gica estrat&eacute;gica, los impactos sobre la poblaci&oacute;n civil o los v&iacute;nculos con la econom&iacute;a del narcotr&aacute;fico. Mucho menos se ha escrito sobre las razones de los miembros de los grupos para estar all&iacute;, o sobre los beneficios de la participaci&oacute;n o sobre las din&aacute;micas de reclutamiento. En adici&oacute;n, la literatura sobre movilizaciones sociales presenta carencias semejantes<Sup><a href="#n5">5</a></Sup>. &iquest;Por qu&eacute; esta pregunta se ha relegado a un segundo plano? &iquest;Por qu&eacute; no ha sido importante estudiar las motivaciones individuales? En el proceso de involucrarse a grupos o movimientos de seguido se toma por hecho la existencia de intereses por condiciones dadas objetivamente (Goodwin, Jasper, Pollera 2003:7). Es decir, condiciones estructurales como la represi&oacute;n o la marginaci&oacute;n son tomadas como motivaciones suficientes para los participantes de movimientos sociales. Adem&aacute;s, hablar de motivaciones individuales da la idea de simplificar los procesos sociales al desagregarlos de su car&aacute;cter colectivo. Desde esta perspectiva, la existencia de movimientos sociales, o extrapolando, la existencia de grupos armados no se explica por motivaciones particulares de ciertos individuos, y por consecuencia, estudiarlos puede tergiversar la interpretaci&oacute;n de la realidad. </p>     <p>No obstante, el que sea necesario situar la emergencia de intereses y motivaciones objetivas en las condiciones estructurales, no quiere decir que las motivaciones individuales no existan, o incluso, que &eacute;stas no se desprendan igualmente de la estructura social. &iquest;Cu&aacute;les son esas otras motivaciones y beneficios? &iquest;Sirven para complementar en vez de simplificar las conclusiones sobre los procesos sociales? </p>     <p>Las emociones han jugado un papel importante en darle un sentido a este tipo de motivaciones. Como afirma Elisabeth Wood, la participaci&oacute;n en movimientos sociales o en grupos armados trae para sus miembros ciertos beneficios que pueden considerarse emocionales, tales como el empoderamiento, el hacerse admirar o respetar, los lazos de amistad y afecto, o el suplir un estado de aburrimiento dotando la vida de sentido. Dichos beneficios no se identifican con los objetivos &uacute;ltimos de la organizaci&oacute;n, pero ayudan a entender por qu&eacute; ciertos miembros se involucran o permanecen. Ella indica que cuando los costos de la participaci&oacute;n superan los beneficios materiales de la misma &ndash;como tierras, derechos o incluso participaci&oacute;n-, es necesario tener en cuenta tales beneficios emocionales (Wood 2003:267) </p>     <p>No es cierto que tener en cuenta estos beneficios y motivaciones diga menos de la complejidad de la realidad social. Al contrario, &eacute;stos tambi&eacute;n se dibujan como correlatos de las condiciones estructurales de una sociedad. Para ejemplificar, y anticip&aacute;ndonos a lo que se expondr&aacute; a continuaci&oacute;n, varias mujeres excombatientes asignaron al &ldquo;aburrimiento&rdquo; un peso importante a la hora de decidir ingresar al grupo armado. De all&iacute; no se quiere concluir que los grupos armados existen porque los j&oacute;venes est&aacute;n aburridos. Por el contrario, se trata de tomar la emoci&oacute;n del aburrimiento como un resultado de condiciones estructurales de las relaciones sociales (Kemper 2003). De hecho, el aburrimiento puede ser visto como la conjunci&oacute;n entre la desilusi&oacute;n y la decepci&oacute;n,y la existencia sistem&aacute;tica de un sentimiento tal en j&oacute;venes que pertenecen a grupos armados da pistas sobre la estrechez de los canales de realizaci&oacute;n personal en la sociedad colombiana (Serrano 2004:203). </p>     <p>En las entrevistas que se han aludido se pregunt&oacute; a las mujeres excombatientes por las razones que tuvieron para ingresar al grupo armado.Aunque se trata de un trabajo exploratorio por la peque&ntilde;ez de la muestra, los resultados que se presentar&aacute;n buscan apenas abrir el espectro de investigaci&oacute;n y llamar la atenci&oacute;n sobre la importancia de tener en cuenta los beneficios individuales de la participaci&oacute;n. Esto se dice porque en sus relatos, las mujeres esgrimieron como razones muy importantes el aburrimiento, la b&uacute;squeda de aventuras, el gusto por la milicia y el hacerse respetar. Ninguna de ellas esgrimi&oacute; motivos reconocidos como &ldquo;ideol&oacute;gicos&rdquo; &ndash;tales como la defensa de las comunidades, o la lucha de clases- y en menor proporci&oacute;n se habl&oacute; de pobreza o maltrato dom&eacute;stico. Esto no quiere decir que estas &uacute;ltimas no se presentan en el universo de los combatientes pero quiero recalcar aqu&iacute; el hecho de que las primeras se hubieran nombrado repetidamente tanto por las que estuvieron en las FARC como por las que hicieron parte de grupos de autodefensa<Sup><a href="#n6">6</a></Sup>. </p>     <p>Recordemos el car&aacute;cter emocional de estas motivaciones: por ejemplo, el gusto por la milicia est&aacute; fundamentado en la admiraci&oacute;n y el respeto que las mujeres sienten frente a los combatientes. El deseo de tener aventuras muestra una b&uacute;squeda de excitaci&oacute;n y exaltaci&oacute;n en una idea de vivir el presente, y el aburrimiento, como ya se mencion&oacute;, da muestra de la desilusi&oacute;n y decepci&oacute;n. A continuaci&oacute;n se profundizaran en tres de estos beneficios: la admiraci&oacute;n y respeto, el hacerse respetar y la dotaci&oacute;n de sentido. </p>     <p>Empecemos con el primero de ellos. El gusto por la milicia se refleja en el gusto por las armas y los uniformes dando cuenta de la importancia otorgada a los elementos de poder en los imaginarios colectivos.Veamos algunos testimonios: </p>     <blockquote>       <p>Uno piensa que porque lo ven armado, entonces lo respetan m&aacute;s a uno, y s&iacute;, eso es as&iacute;. Los civiles respetan mucho a esa gente, y eso me gustaba (Entrevista No. 4 - FARC). </p>       <p>Si, me trataban todos con respeto porque ya uno con arma lo tratan distinto, lo tratan a uno con respeto. A mi me gustaba eso aunque esas son ideas de uno.Yo ve&iacute;a de vez en cuando a mis vecinos, y si, a uno lo tratan mejor, le hablan con m&aacute;s respeto (Entrevista No. 8 - AUC). </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como denotan las palabras de las mujeres, las armas como fuente de poder est&aacute;n asociadas con emociones como admiraci&oacute;n y respeto por quienes las poseen. </p>     <blockquote>       <p>Los civiles quieren mucho a las mujeres guerrilleras, dicen que las admiran mucho por valientes, por guapas, por lo duro que es estar all&aacute;. Las admiran mucho. Uno se siente bien de eso porque en los pueblos hacen reuniones con los civiles y a uno lo tratan muy bien. All&aacute; quieren mucho a la guerrilla y eso lo hace sentir bien a uno (Entrevista No. 3 - FARC). </p> </blockquote>     <p>Una motivaci&oacute;n importante para ingresar a los grupos armados consiste en aspirar ser merecedor de dichas emociones. As&iacute;, ingresar al grupo armado puede ser una apuesta pol&iacute;tica por parte de los miembros por cambiar su posici&oacute;n en las jerarqu&iacute;as de status, -en la medida en que son beneficiarios del respeto y la admiraci&oacute;n que se le otorga a quienes llevan acabo estas actividades-; pero tambi&eacute;n en las relaciones de poder, en la medida en que participan, forjan y ordenan lo p&uacute;blico, y se convierten en agentes que intervienen y regulan la vida social. Esto adquiere sentido si tenemos en cuenta que ingresar al grupo armado es una v&iacute;a de acceso a posibilidades y beneficios que est&aacute;n cerradas para las mujeres de extracci&oacute;n rural, inscritas en una l&oacute;gica patriarcal que destina para ellas el &aacute;mbito dom&eacute;stico. </p>     <p>Ahora bien, varias mujeres afirmaron que una de las principales ganancias de haber pasado por el grupo fue aprender a hacerse respetar por los otros. Dicho respeto se gana puesto que la mujer es capaz de hacer lo que se le pide en el grupo armado, e incluso es capaz de hacer lo mismo que los hombres. Esto genera en ellas mucha satisfacci&oacute;n, volvi&eacute;ndose un beneficio emocional de la participaci&oacute;n.Veamos algunos testimonios: </p>     <blockquote>       <p>All&aacute; uno se gana el respeto uno mismo, haci&eacute;ndose respetar, no dej&aacute;ndose coger, no dej&aacute;ndose sabotear. All&aacute; lo ense&ntilde;an a uno a valorarse uno mismo, a hacerse respetar (Entrevista No. 1 &ndash; AUC). </p>       <p>Los civiles saben que uno no es cualquier mujer, mientras que a veces a uno le tienen miedo. A los soldados se les hace incre&iacute;ble que uno de mujer sea m&aacute;s capaz que ellos. La experiencia que uno tiene y lo que uno sabe no lo sabe ning&uacute;n raso del ej&eacute;rcito (Entrevista No. 5 &ndash; FARC). </p> </blockquote>     <p>Como se ha insistido desde el inicio de este art&iacute;culo, las emociones, en este caso el respeto, dan cuenta de caracter&iacute;sticas estructurales de las relaciones sociales. El respeto otorgado por los otros da cuenta de una ganancia en t&eacute;rminos de status. Por eso, ellas ya no son consideradas como &ldquo;una mujer cualquiera&rdquo; y tienen la posibilidad de exigir otro trato, de &ldquo;no dejarse sabotear&rdquo;. Por haber vivido lo que vivieron las mujeres se sienten orgullosas, y experimentan cierto placer de la agencia. En sus palabras: </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Yo siento que soy m&aacute;s valiente en cierto modo. Estar en la guerrilla es en general, es una experiencia buena porque uno aprende, pero mala porque en cualquier momento le llega la hora de morir. (Entrevista No. 3 &ndash; FARC) </p>       <p>Uno madura, para la edad que yo tengo soy demasiado madura.Yo no soy cualquier boba.Uno sufre mucho all&aacute; y por eso uno ac&aacute; sufre y no pasa nada. Ac&aacute; uno consigue de todo, mientras que all&aacute; es lo que le quieran dar a uno. (Entrevista No. 5 - FARC) </p> </blockquote>     <p>Sin entrar a discutir aqu&iacute; si lo que se deriva de las armas es efectivamente respeto;y si ese respeto puede compararse con el que se tiene a figuras prominentes y admirables, lo importante aqu&iacute; es mostrar que as&iacute; es identificado por las entrevistadas. Es necesario dar un lugar anal&iacute;tico a estas formulaciones, a&uacute;n para cuando en la concepci&oacute;n generalizada el respeto no lo irradian los actores armados. </p>     <p>Por &uacute;ltimo deseo concluir esta exposici&oacute;n con el aburrimiento y la falta de sentido.Varias entrevistadas aludieron que el aburrimiento frente a sus vidas motiv&oacute; el ingreso al grupo. Traducido en falta de motivaciones y percepci&oacute;n de un futuro sin perspectivas, &ldquo;el aburrimiento&rdquo; nos hace pensar que, de alguna manera, participar en las actividades b&eacute;licas les permiti&oacute; dotar sus vidas de sentido. As&iacute; la situaci&oacute;n de &ldquo;aburrimiento&rdquo; constante se solucionaba por la v&iacute;a de tener &ldquo;aventuras&rdquo;, &ldquo;experiencias&rdquo; o de &ldquo;vivir el presente&rdquo;. </p>     <p>En su libro Los Alemanes, Norbert El&iacute;as estudia el surgimiento de grupos terroristas en Alemania durante la Rep&uacute;blica de Weimar, afirmando que &ldquo;no es dif&iacute;cil ver que esa p&eacute;rdida de sentido para una parte no despreciable de los j&oacute;venes ya sea debido a las leyes, al desempleo o a lo que sea, constituye un terreno f&eacute;rtil no solo para los traficantes de drogas del presente, sino tambi&eacute;n para las futuras guerrillas urbanas y para los movimientos radicales del ma&ntilde;ana de izquierda o de derecha&rdquo; (El&iacute;as 1994:239). Tal como lo afirma este autor, en el caso que nos ocupa, los s&iacute;ntomas de aburrimiento esgrimidos por la juventud hablan tambi&eacute;n sobre la posici&oacute;n relacional de los mismos en sus sociedades y sobre las condiciones estructurales que conllevan a la participaci&oacute;n. </p>     <p>Esta &uacute;ltima frase nos hace volver a la discusi&oacute;n planteada anteriormente: los beneficios y motivaciones emocionales individuales esbozados aqu&iacute; explican en parte por qu&eacute; algunas mujeres ingresan en grupos armados y persisten en ellos. Otras investigaciones realizadas entre j&oacute;venes combatientes muestran tambi&eacute;n la existencia de beneficios similares. Ahora bien, esto no quiere decir, nuevamente, que los grupos armados existan porque hay j&oacute;venes aburridos, irrespetados y con conflictos de identidad. Pero estas motivaciones tambi&eacute;n son un correlato de condiciones estructurales de la sociedad. Desde sus relatos tambi&eacute;n se sugiere que en ciertas regiones en Colombia, los canales para ascender socio-econ&oacute;micamente, para alcanzar reconocimiento y respetabilidad, y para dotar de sentido la vida, est&aacute;n relativamente cerrados para las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Para esas personas los grupos armados son v&iacute;as de acceso a esos beneficios, y no la escuela, o la comunidad. Por la v&iacute;a de identificar las emociones de las excombatientes se llega a conclusiones semejantes a las obtenidas por la v&iacute;a del an&aacute;lisis de las condiciones estructurales. </p>     <p>El hecho que beneficios y motivaciones emocionales &ndash;y no s&oacute;lo materiales o &ldquo;ideol&oacute;gicos&rdquo;- sean importantes para ingresar al grupo armado, tambi&eacute;n obliga a hacer algunas reflexiones<Sup><a href="#n7">7</a></Sup>. De hecho, cuando algunas mujeres comentaron a sus familias que estaban en las FARC o en las autodefensas, &eacute;stas les preguntaron por qu&eacute; se hab&iacute;an ido si &ldquo;en sus casas no les hac&iacute;a falta nada&rdquo;. Sus familias consideraron que si a ellas no les hace falta la ropa, la comida, el techo o el descanso, no deber&iacute;an estar en el grupo buscando nada m&aacute;s. Esto es lo que las familias &ldquo;deben&rdquo; proveer a los j&oacute;venes, y si lo hacen satisfactoriamente, &iquest;qu&eacute; les puede hacer falta? La cuesti&oacute;n es fundamental, sobre todo si se tiene en cuenta que entre los colombianos es cada vez m&aacute;s generalizada la idea de que la pobreza y la miseria obliga a las personas a ingresar a grupos armados, y que al estar all&iacute; el &aacute;nimo por el lucro y la ambici&oacute;n determinan la permanencia. Es decir, se tiene a pensar que las privaciones de alimentos y el inter&eacute;s material mantienen a los grupos ilegales. Pero las motivaciones a las que se ha hecho alusi&oacute;n ac&aacute; permiten atreverse a pensar que los j&oacute;venes colombianos sufren otras privaciones adem&aacute;s de las econ&oacute;micas, y que esas motivan el ingreso y permanencia en grupos armados: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo llamarlas? &iquest;Privaci&oacute;n de valor? o &iquest;de sentido? &iquest;de amor propio y autoestima?&rdquo; (El&iacute;as 1976:111). </p>     <p>El hecho de que las mujeres y otros j&oacute;venes ex miembros de grupos armados hablen de estas motivaciones, que suelen ser vistas como nomateriales, no es muestra de la banalidad de objetivos, ni de la falta de justificaci&oacute;n que se suele asignar al recurso de la violencia pol&iacute;tica. Al contrario, habla precisamente sobre &ldquo;lo que les ha hecho falta&rdquo;; -y usando las reflexiones que El&iacute;as escribi&oacute; sobre los marginados de un barrio ingl&eacute;s-, esto sugiere que los j&oacute;venes &ldquo;cuanto m&aacute;s se elevan por encima del nivel de subsistencia, tanto m&aacute;s emplean sus ingresos, sus recursos econ&oacute;micos para la satisfacci&oacute;n tambi&eacute;n de otras necesidades humanas que van m&aacute;s all&aacute; de sus urgencias m&aacute;s elementales naturales o &ldquo;materiales&rdquo;; entonces tambi&eacute;n sienten m&aacute;s agudamente la espina de su inferioridad social, es decir, su poder inferior, su bajo estatus (...)la lucha deja de enfocarse prioritariamente sobre el hambre, sobre los medios de supervivencia f&iacute;sica y entonces se torna una lucha por la satisfacci&oacute;n de otras necesidades humanas&rdquo; (El&iacute;as 1976:108). </p>     <p>El malestar y disgusto que en muchas personas genera el hecho de que los j&oacute;venes esgriman motivaciones individuales como &ldquo;aburrimiento&rdquo;o &ldquo;gusto por la milicia&rdquo; debe tambi&eacute;n hacernos pensar sobre cu&aacute;les son las justificaciones que la sociedad acepta sobre la utilizaci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; resulta m&aacute;s f&aacute;cil aceptar el hambre que la desilusi&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; es m&aacute;s aceptable el deseo de comer que el deseo de hacerse respetar? &iquest;Por qu&eacute; cuesta m&aacute;s reconocer la privaci&oacute;n de status y de poder que la privaci&oacute;n de alimentos? &ldquo;&iquest;Qu&eacute; otras privaciones, aparte de las econ&oacute;micas, tienen que sufrir los marginados?&rdquo; (El&iacute;as1976:107). Empezar a plantearnos estas preguntas es tambi&eacute;n abrir una nueva ventana en el estudio del conflicto armado. </p>     <p>En conclusi&oacute;n, la pregunta por las motivaciones individuales y por las emociones como resultado de las relaciones sociales, ha permitido darle un lugar a unos relatos que un grupo de mujeres excombatientes hizo sobre su ingreso y permanencia en el grupo armado. Las similitudes en las atribuciones que las mujeres hac&iacute;an a las FARC o las AUC con aquellas que participantes hacen a sus movimientos sociales permiti&oacute; tambi&eacute;n alimentar la discusi&oacute;n con esas perspectivas te&oacute;ricas. Como se dijo al iniciar este art&iacute;culo, la reciente disponibilidad de fuentes como los excombatientes o ex milicianos de grupos armados puede ser aprovechado por la investigaci&oacute;n para hacerse otras preguntas y poder corroborarlas m&aacute;s f&aacute;cilmente. Los ejemplos aqu&iacute; mostrados sobre las mujeres excombatientes solo intentan ser una peque&ntilde;a muestra de esta tendencia. La invitaci&oacute;n es a seguir investigando. </p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n2">2</a> Elster toma esta idea de Damasio (2001). </p>     <p><a name="n3">3</a> Se entrevistaron 8 mujeres desmovilizadas voluntarias, 5 provenientes de las FARC y 3 de las AUC. </p>     <p><a name="n4">4</a> Para una profundizaci&oacute;n sobre la guerrilla de las FARC como &ldquo;patria social&rdquo; de sus miembros ver Bol&iacute;var (2005). </p>     <p><a name="n5">5</a> La literatura ha trabajado el problema de los freeriders o excitement-seekers, pero poco se ha dicho sobre otra clase de participantes. </p>     <p><a name="n6">6</a> Miguel Alvarez-Correa y Juli&aacute;n Aguirre (2002) tambi&eacute;n llaman la atenci&oacute;n sobre estas motivaciones, sobre todo el gusto por la milicia y el deseo de tener aventuras. La investigaci&oacute;n Aprender&aacute;s a no llorar (2003) de Humans Rights Watch tambi&eacute;n menciona la existencia de estas motivaciones en el grupo de ni&ntilde;os encuestados. </p>     <p><a name="n7">7</a> Recordemos que esta distinci&oacute;n parte del trabajo de Word (2001), donde los beneficios materiales como dinero, tierras, participaci&oacute;n pol&iacute;tica o derechos se diferencian de los emocionales, como el placer de la agencia y el orgullo. </p> <hr size="1">     <p><b>Bibliograf&iacute;a </b></p>     <p>&Aacute;lvarez-Correa, Miguel y Juli&aacute;n Aguirre. 2002. <i>Guerreros sin sombra, ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y j&oacute;venes vinculados al conflicto armado</i>. Bogot&aacute;: Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n-Instituto de Bienestar Familiar ICBF </p>     <p>Aminzade, Ron y Doug McAdam. 2001.&ldquo;Emotions and Contentious politics&rdquo; en Aminzade Ron (et al), <i>Silence and voice in contentious politics</i>. Cambridge: Cambridge University Press. 14-50 </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Archila, Mauricio y Bol&iacute;var Ingrid. 2006. &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; en Archila, Mauricio (et al) <i>Conflictos, poderes e identidades en el Magdalena Medio 1990-2001</i>. Bogot&aacute;: Cinep </p>     <p>Bol&iacute;var, Ingrid. 2005. <i>Discursos emocionales y experiencias de la pol&iacute;tica. Las Farc y las Auc en los procesos de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica</i>. Bogot&aacute;: Tesis de maestr&iacute;a en antropolog&iacute;a social &ndash; Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes </p>     <p>Brett, Rachel e Irma Specht. 2004. <i>Young soldiers. Why they chose to fight?</i> Suiza: International Labour Organization </p>     <p>Calhoun, Craig. 2003. &ldquo;Putting emotions in their place&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. 45-57 </p>     <p>Collins, Randall. 2003. &ldquo;Social Movements and the Focus of Emotional Attention&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. 27-44 </p>     <p>Damasio,A. 2001. <i>El error de Descartes: la raz&oacute;n, la emoci&oacute;n y el cerebro humano</i>. Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica </p>     <p>Della Porta Donatella. 1998. &ldquo;Las motivaciones individuales en las organizaciones pol&iacute;ticas clandestinas&rdquo;en Ibarra, Pedro y Benjam&iacute;n Tejerina (eds.) <i>Los movimientos sociales</i>. Madrid: Editorial Trotta </p>     <p>El&iacute;as, Norbert. 1994. <i>Los Alemanes</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica </p>     <p>El&iacute;as, Norbert. 1998 [1976]. &ldquo;Ensayo te&oacute;rico sobre las relaciones entre establecidos y marginados&rdquo; en <i>La civilizaci&oacute;n de los padres y otros ensayos</i>. Bogot&aacute;: Norma-EUN </p>     <p>Elster, Jon. 2002. <i>Alquimias de la mente, la racionalidad y las emociones</i>. Barcelona: Paid&oacute;s </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Goodwin Jeff, James Jasper y Francesca Pollera. 2003. &ldquo;Why emotions matter&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. 1 - 26 </p>     <p>Goodwin Jeff y Pfaff Steven. 2003. &ldquo;Emotion work in high risk social movement: managing fear in the U.S. and East German Civil Rights Movement&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. 282-302 </p>     <p>Human Rights Watch.2003. <i>Aprender&aacute;s a no llorar, ni&ntilde;os combatientes en Colombia</i>. Disponible en <a href="http://www.hrw.org/spanish/informes/2003/colombia_ninos.pdf" target="_blank">http://www.hrw.org/spanish/informes/2003/colombia_ninos.pdf</a> </p>     <p>Kemper, Theodore. 2003.&ldquo;A structural approach to social movement emotions&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago:The University of Chicago Press. 58-73 </p>     <p>Lutz, Catherine y Abu-Lughod (Eds.) 1990. <i>Language and the politics of emotion</i>, Cambridge: Cambridge University Press. </p>     <p>Otero Baham&oacute;n, Silvia. 2005. <i>Mujeres en armas, experiencias de ingreso, combate y reinserci&oacute;n. Una aproximaci&oacute;n desde la sociolog&iacute;a de las emociones</i>. Tesis polit&oacute;logo, Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica- Facultad de Ciencias Sociales,Universidad de los Andes. </p>     <p>Otero Baham&oacute;n, Silvia. 2006.&ldquo;Mujeres en armas: lo femenino de las FARC y de las AUC&rdquo;. En <i>Actualidad Colombiana</i> No. 425, Marzo de 2006. Disponible en: <a href="http://www.actualidadcolombiana.org" target="_blank">www.actualidadcolombiana.org</a> </p>     <p>Otero Baham&oacute;n, Silvia. 2006.&ldquo;Ni&ntilde;os vinculados al conflicto armado: &iquest;v&iacute;ctimas y victimarios?&rdquo; En <i>Actualidad Colombiana</i> No. 427, Mayo 02 de 2006. Disponible en: <a href="http://www.actualidadcolombiana.org" target="_blank">www.actualidadcolombiana.org</a> </p>     <p>Serrano Amaya, Jos&eacute; Fernando. 2004. <i>Menos querer m&aacute;s de la vida. Concepciones de vida y muerte en j&oacute;venes urbanos</i>. Bogot&aacute;: Departamento de Investigaciones Universidad Central </p>     <p>Wood Elisabeth Jean. 2001. &ldquo;The emotional benefits of insurgency in El Salvador&rdquo; en Goodwin, Jeff, James Jasper y Francesca Polleta (eds.) <i>Passionate politics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. 267-281 </p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
