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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL ARGUMENTO SEMÁNTICO EN LA JURISPRUDENCIA COLOMBIANA UNA MANIFESTACIÓN DEL NEOCONSTITUCIONALISMO Y EL POSITIVISMO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Semantic argument in Colombian jurisprudence. A manifestation of Neoconstitutionality and positivism]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[It has been traditionally held that the semantic interpretation of legal texts is the most remarkable expression of legal formalism. This article's purpose is to disprove such belief and to show that the argument in question is a tool, which has also been used by neoconstitutionalism (inclusively for judicial activism). In order to reach its objective, this essay presents significant examples of the use of the instrument in discussion by Colombian High Courts.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right">ART&Iacute;CULO DE INVESTIGACI&Oacute;N/ RESEARCH   ARTICLES</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4"><b>EL ARGUMENTO SEM&Aacute;NTICO EN LA   JURISPRUDENCIA COLOMBIANA</b>    <br> <b>UNA MANIFESTACI&Oacute;N DEL   NEOCONSTITUCIONALISMO Y EL POSITIVISMO</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Semantic argument in Colombian   jurisprudence.    <br> A manifestation of Neoconstitutionality   and positivism</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p>Lina Marcela Escobar   Mart&iacute;nez<a href="#*">*</a></p>     <p><a name="*">*</a> Abogada de la Universidad Pontificia   Bolivariana. Mag&iacute;ster en Derecho P&uacute;blico de la Universidad Externado de   Colombia. Mag&iacute;ster en Derecho Constitucional y Parlamentario de la Universidad   Complutense de Madrid. Doctora en Derecho de la Universidad del Pa&iacute;s Vasco.   Directora del Centro de Investigaciones Jur&iacute;dicas de la Universidad de la   Sabana. <A href="mailto:lina.escobar2@unisabana.edu.co"><I>lina.escobar2@unisabana.edu.co</I></A></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I>Fecha de recepci&oacute;n: </I>24 de agosto   de 2009    <br> <I>Fecha de aceptaci&oacute;n: </I>28 de septiembre de 2009</p> <hr>     <p><B>Resumen</B></p>     <p><I>Se ha dicho tradicionalmente que el   argumento sem&aacute;ntico es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del formalismo jur&iacute;dico. Este   art&iacute;culo pretende desvirtuar dicha creencia y demostrar que el argumento en   cuesti&oacute;n es una herramienta que ha sido utilizada tambi&eacute;n por el   neoconstitucionalismo, inclusive para hacer activismo judicial. Con tal fin, a   continuaci&oacute;n se presentan ejemplos significativos del uso que de este   instrumento han hecho las altas Cortes colombianas.</I></p>     <p><B>Palabras clave: </B>Argumentaci&oacute;n   jur&iacute;dica, argumento sem&aacute;ntico, neoconstitucionalismo, positivismo   jur&iacute;dico.</p> <hr>     <p><B>Abstract</B></p>     <p><I>It has been traditionally held that   the semantic interpretation of legal texts is the most remarkable expression of   legal formalism. This article's purpose is to disprove such belief and to show   that the argument in question is a tool, which has also been used by   neoconstitutionalism (inclusively for judicial activism). In order to reach its   objective, this essay presents significant examples of the use of the instrument   in discussion by Colombian High Courts.</I></p>     <p><B>Keywords: </B>legal argumentation,   semantic interpretation, neoconstitutionalism, positivism.</p> <hr>     <p><font size="3"><B>INTRODUCCI&Oacute;N</B></font></p>     <p>Este art&iacute;culo surge en el desarrollo   del proyecto de investigaci&oacute;n denominado <I>El uso de los argumentos por parte   de los &oacute;rganos judiciales </I>dirigido por el profesor Francisco Javier Ezquiaga   Ganuzas y la participaci&oacute;n de Sebasti&aacute;n Mantilla Blanco como estudiante   investigador; en un esfuerzo conjunto, con ellos se realiza el marco te&oacute;rico de   este art&iacute;culo de reflexi&oacute;n, que se centra en el an&aacute;lisis del argumento sem&aacute;ntico   desde una perspectiva doctrinal y jurisprudencial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es este el primero de una serie de   art&iacute;culos en donde se expondr&aacute;n los diferentes argumentos y sus usos en el   contexto colombiano, ya que hace parte de una investigaci&oacute;n desarrollada en   conjunto con otros grupos de investigaci&oacute;n de Espa&ntilde;a y Brasil. El objetivo del   art&iacute;culo es evidenciar de qu&eacute; manera el argumento sem&aacute;ntico ha sido utilizado en   algunos casos como el mecanismo del neoconstitucionalismo para la creaci&oacute;n de   nuevas normas jur&iacute;dicas, a pesar de los cuestionamientos que recaen sobre &eacute;l,   por cuanto err&oacute;neamente es considerado la manifestaci&oacute;n m&aacute;s clara del   positivismo jur&iacute;dico en nuestro medio.</p>     <p>El art&iacute;culo muestra las diferentes   posibilidades de aplicaci&oacute;n del argumento y las ejemplifica con algunas de las   evidencias encontradas en las sentencias de la Corte Suprema de Justicia, el   Consejo de Estado y la Corte Constitucional.</p>     <p><font size="3">1. <B>EL ARGUMENTO SEM&Aacute;NTICO DESDE UNA   PERSPECTIVA DOCTRINAL<SUP><a href="#1" name="s1">1</a></SUP></B></font></p>     <p>El argumento sem&aacute;ntico hace parte del   contexto gramatical de interpretaci&oacute;n y su uso se precisa en aquellos casos en   los cuales se hace necesario resolver dudas o controversias ling&uuml;&iacute;sticas por   medio de las reglas del lenguaje. Es necesario recordar que los problemas de   comprensi&oacute;n e interpretaci&oacute;n del lenguaje se deben en su mayor parte a la   vaguedad y/o la ambig&uuml;edad del mismo; entonces, cuando se presenta una   indeterminaci&oacute;n del lenguaje es necesario recurrir en primera instancia al   contexto en el cual han sido utilizadas las palabras, pero si a&uacute;n as&iacute; la   indeterminaci&oacute;n contin&uacute;a, es preciso recurrir al argumento sem&aacute;ntico mediante   dos recursos: el uso del lenguaje y las reglas gramaticales del   lenguaje.</p>     <p>Por definici&oacute;n el uso del argumento   sem&aacute;ntico consiste en resolver la duda interpretativa o justificar el   significado sin salir del texto objeto de interpretaci&oacute;n, es decir, recurriendo   a las reglas de uso del lenguaje en el que est&eacute; redactado el enunciado objeto de   interpretaci&oacute;n. Sin embargo, con esa pauta las incertidumbres no necesariamente   desaparecen ya que siempre puede persistir la duda acerca de si asignar a un   t&eacute;rmino su significado ordinario, es decir, aplicarlo con su sentido com&uacute;n, o   asignarle su sentido t&eacute;cnico, t&eacute;cnico-jur&iacute;dico o tecnificado cuando los   posee.</p>     <p>En el primer caso, un medio habitual   para determinar el uso com&uacute;n de una palabra es la consulta de un diccionario.   Sin embargo, la situaci&oacute;n m&aacute;s frecuente es que los t&eacute;rminos posean m&aacute;s de un   significado vulgar, y que tengan varios sentidos. Por tanto, de cara a una   adecuada justificaci&oacute;n del significado asignado no bastar&aacute; con la invocaci&oacute;n del   diccionario, sino que deber&aacute; justificarse, a su vez, por qu&eacute; se escoge ese   concreto sentido de la palabra de entre los posibles.</p>     <p>Si el t&eacute;rmino objeto de interpretaci&oacute;n   posee, adem&aacute;s de su sentido vulgar, un significado t&eacute;cnico o espec&iacute;ficamente   jur&iacute;dico, siempre puede dudarse en un acto concreto de aplicaci&oacute;n en cu&aacute;l de   ellos debe entenderse. La regla general deber&iacute;a obligar a que las palabras se   interpreten en su sentido vulgar, salvo que el legislador haya formulado una   definici&oacute;n legislativa asign&aacute;ndole un significado espec&iacute;ficamente jur&iacute;dico. Sin   embargo, las propias autoridades normativas no son lo bastante rigurosas a la   hora de respetar esta regla y las incertidumbres afloran frecuentemente: en   ocasiones, porque a pesar de existir una definici&oacute;n, el legislador usa el   t&eacute;rmino en un sentido diferente; otras veces, porque no queda claro el alcance   de la definici&oacute;n; tambi&eacute;n ocurre que var&iacute;e el significado de un t&eacute;rmino en   diferentes ramas del ordenamiento; finalmente, porque la propia definici&oacute;n puede   plantear, a su vez, problemas de comprensi&oacute;n.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, cuando se trata de aplicar   t&eacute;rminos con un significado t&eacute;cnico es probable que el int&eacute;rprete se encuentre   con las frecuentes discrepancias entre autores y escuelas que pueden llevarlo   (sobre todo en las ciencias sociales y humanas, pero tambi&eacute;n en el de las   disciplinas t&eacute;cnicas y m&eacute;dicas) a dudar sobre cu&aacute;l de los significados t&eacute;cnicos   elegir.</p>     <p>El segundo modo de resolver las dudas   ling&uuml;&iacute;sticas es acudiendo a las reglas gramaticales del lenguaje. De nuevo, en   algunos casos, es el contexto el que indica la soluci&oacute;n ante dudas derivadas del   uso de conjunciones, disyunciones, pronombres, etc., pero en otras ocasiones la   duda o discrepancia interpretativa solo puede ser resuelta recurriendo a otros   argumentos sistem&aacute;ticos o funcionales ante la insuficiencia del argumento   sem&aacute;ntico.</p>     <p>Por tanto, con car&aacute;cter general, el   argumento sem&aacute;ntico consiste en tener en cuenta las reglas del lenguaje en el   que est&aacute; redactado el enunciado y su contexto ling&uuml;&iacute;stico. No obstante, ni esas   reglas ni el contexto son capaces de eliminar todas las indeterminaciones, por   lo que resulta ineludible el recurso a argumentos de tipo sistem&aacute;tico y   funcional para resolverlas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Conforme sucede con otros muchos   argumentos, el sem&aacute;ntico no tiene una &uacute;nica utilidad interpretativa, sino que   igual desempe&ntilde;a diversas funciones: puede ser empleado para justificar el   significado asignado a un enunciado, pero tambi&eacute;n para justificar el porqu&eacute; no   se asigna a un enunciado un concreto significado que potencialmente podr&iacute;a   tener.</p>     <p>a. <B>Funci&oacute;n positiva del argumento   sem&aacute;ntico</B></p>     <p>En primer lugar, el argumento sem&aacute;ntico   es un potente medio de justificar la interpretaci&oacute;n: a un t&eacute;rmino o a un   enunciado se le debe asignar un significado sobre la base del lenguaje (el uso   ordinario o jur&iacute;dico de las palabras y/o las reglas gramaticales del lenguaje).   En ocasiones, la sola aplicaci&oacute;n del argumento es suficiente, pero otras veces   (sobre todo, cuando hay otra propuesta de significado basada tambi&eacute;n en las   reglas del lenguaje) su fuerza persuasiva aumenta si se complementa con otro   argumento que justifique que no hay motivos para asignar al enunciado un   significado diferente del gramatical (por ejemplo, siempre que corresponda con   la voluntad del legislador, pues este habr&iacute;a empleado el lenguaje correcto para   transmitirla fielmente; o cuando la finalidad es la regulaci&oacute;n).</p>     <p>b. <B>Funci&oacute;n negativa del argumento   sem&aacute;ntico</B></p>     <p>El argumento sem&aacute;ntico tambi&eacute;n puede   ser empleado para justificar el rechazo de uno de los significados posibles de   un enunciado (en caso de duda interpretativa, para indicarle al operador   jur&iacute;dico la elecci&oacute;n entre sus posibles sentidos; y en caso de discrepancia   interpretativa, para justificar indirectamente el propuesto). Consiste en   argumentar que a un enunciado normativo no se le deber&iacute;a asignar un cierto   significado sobre la base del lenguaje y sus reglas. Dentro de esta funci&oacute;n, que   aqu&iacute; se ha denominado "negativa", caben dos situaciones: que entre dos   significados posibles de una disposici&oacute;n uno sea inadmisible por razones   gramaticales, ante lo cual quedar&iacute;a justificado el otro, que ser&iacute;a un uso   negativo <I>d&eacute;bil </I>del argumento sem&aacute;ntico; o que, entre dos significados   posibles de una disposici&oacute;n, uno sea inadmisible por razones gramaticales, que   justificar&iacute;an su rechazo, siempre y cuando otro argumento diferente justifique   el significado asignado, que ser&iacute;a un uso negativo <I>fuerte </I>del argumento   sem&aacute;ntico.</p>     <p>El C&oacute;digo Civil colombiano en varias de   sus disposiciones consagra el uso del argumento sem&aacute;ntico, ejemplo de ello son   los art&iacute;culos 27, 28, 29 y 1618, entre otros.</p>     <blockquote>       <p><I>Art. 27 del C&oacute;digo Civil: </I>"Cuando el sentido de la ley sea claro, no se desatender&aacute; su tenor literal a   pretexto de consultar su esp&iacute;ritu".</p>       <p><I>Art. 28 del C&oacute;digo Civil: </I>"Las   palabras de la ley se entender&aacute;n en su sentido natural y obvio, seg&uacute;n el uso   general de las mismas palabras; pero cuando el legislador las haya definido   expresamente para ciertas materias, se les dar&aacute; en &eacute;stas su significado   legal".</p>       <p><I>Art. 29 del C&oacute;digo Civil: </I>"Las   palabras t&eacute;cnicas de toda ciencia o arte se tomar&aacute;n en el sentido que les den   los que profesan la misma ciencia o arte; a menos que aparezca claramente que se   han tomado en sentido diverso".</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><I>Art. 1618 del C&oacute;digo Civil: </I>"Conocida claramente la intenci&oacute;n de los contratantes, debe estarse a ella   m&aacute;s que a lo literal de las palabras".</p> </blockquote>     <p>Dentro de una argumentaci&oacute;n sem&aacute;ntica,   las altas Cortes colombianas emplean con relativa frecuencia los diccionarios y   las enciclopedias, tanto de la lengua como espec&iacute;ficamente jur&iacute;dicos, para   establecer el significado com&uacute;n o t&eacute;cnico-jur&iacute;dico de los t&eacute;rminos. Por ejemplo,   en las siguientes decisiones:</p>     <p>En la Sentencia C-121 de 2006 (M. P.   Marco Gerardo Monroy), la Corte Constitucional, bajo el subt&iacute;tulo <I>Interpretaci&oacute;n gramatical, </I>afirm&oacute;:</p>     <blockquote>       <p>"[...] Inicialmente repara la Corte en   que el art&iacute;culo demandado se encarga de definir lo que ha de entenderse por <I>actividades comerciales, </I>como hecho gravado con el impuesto de industria   y comercio. No lo que ha de entenderse por <I>actos de comercio </I>gravados con   dicho impuesto. <B>La anotaci&oacute;n es importante, pues, desde un punto de vista   estrictamente gramatical, las expresiones actividad y acto no son equivalentes. </B>En efecto, el vocablo <I>&laquo;actividad&raquo;, </I><b>de conformidad con la   definici&oacute;n que suministra el Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua, significa</b> <I>&laquo;conjunto de operaciones o tareas propias de una persona o entidad&raquo;. </I>En cambio, la palabra <I>&laquo;acto&raquo; </I>es definida por el mismo Diccionario   como el <I>&laquo;ejercicio de la posibilidad de hacer&raquo;, </I>es decir, como una   operaci&oacute;n &uacute;nica llevada a cabo por aquel que act&uacute;a (Corte Constitucional de   Colombia, 2006, p. 44). (Negrilla fuera de texto)</p> </blockquote>     <p>En la jurisprudencia de las Cortes   colombianas se detecta un par de usos del argumento sem&aacute;ntico que habitualmente   no son tenidos en cuenta al exponer su modo de funcionamiento y que revisten   gran inter&eacute;s: a) el argumento sem&aacute;ntico como medio para establecer la voluntad   del legislador; y b) la combinaci&oacute;n del argumento sem&aacute;ntico con la   interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica y la interpretaci&oacute;n funcional.</p>     <p>a. <B>El argumento sem&aacute;ntico como medio   para establecer la voluntad del legislador</B></p>     <p>Al estudiar la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica   es frecuente ver enfrentadas la letra de la ley y la voluntad del legislador,   que en ocasiones es presentada como un elemento corrector de la primera. Se   olvida, sin embargo, que la principal fuente de manifestaci&oacute;n de la intenci&oacute;n de   las autoridades normativas es precisamente el texto que redacta, es decir, los   enunciados normativos que promulga. Pues bien, en muchas circunstancias, la   fuerza persuasiva del argumento sem&aacute;ntico reside precisamente en que el lenguaje   empleado en la redacci&oacute;n de la disposici&oacute;n normativa objeto de interpretaci&oacute;n   expresa correctamente la voluntad del legislador.</p>     <p>Ve&aacute;selo con un ejemplo:</p>     <p>La Corte Constitucional considera que   si la intenci&oacute;n del legislador hubiera sido otra diferente a la que &eacute;l le   atribuye, necesariamente habr&iacute;a utilizado otras expresiones distintas, y que por   medio de la aplicaci&oacute;n combinada del argumento sem&aacute;ntico y una interpretaci&oacute;n   sistem&aacute;tica, hist&oacute;rica y teleol&oacute;gica es posible llegar a la soluci&oacute;n del caso en   estudio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>"La demanda tiene que ver con la   indeterminaci&oacute;n del hecho gravado con el impuesto de industria y comercio. En   efecto, al respecto la demanda reprocha que el legislador haya hecho una   remisi&oacute;n a la ley comercial para definir en qu&eacute; consisten las actividades   comerciales gravadas, pues como el C&oacute;digo de Comercio enumera una serie de   actos, operaciones y empresas que considera mercantiles, pero esta enumeraci&oacute;n   es declarativa y no limitativa, la remisi&oacute;n a dicho estatuto no resulta clara en   cuanto a lo que ha de entenderse por hecho gravado. La interpretaci&oacute;n de las   disposici&oacute;n acusada lleva a la Corte a concluir lo siguiente: (i) que lo gravado   son la actividades comerciales y no los actos de comercio o las personas que   llevan a cabo unas u otros; (ii) que las actividades comerciales gravadas son   las que se benefician de la infraestructura y el mercado local municipal; (iii)   que por actividades comerciales ha de entenderse &laquo;las destinadas al expendio,   compraventa o distribuci&oacute;n de bienes o mercanc&iacute;as, tanto al por mayor como al   por menor&raquo; y &laquo;las dem&aacute;s definidas como tales por el C&oacute;digo de Comercio&raquo;; y (iv),   que no pueden ser consideradas como actividades comerciales las que puedan ser   calificadas como industriales o de servicio, seg&uacute;n los art&iacute;culos 197 y 199 del   Decreto 1333 de 1986" (Sentencia C-121 de 2006).</p> </blockquote>     <p>Otro ejemplo se encuentra en la   Sentencia T-317 de 1994 (M. P. Vladimiro Naranjo Mesa) en donde se acude a la   definici&oacute;n dada por el Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola para atribuirle   significado a la palabra <I>armon&iacute;a, </I>con el fin de delimitar el contenido   del derecho a la libertad de expresi&oacute;n y precisar las facultades de los alcaldes   en relaci&oacute;n con la propaganda pol&iacute;tica, de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p>"[...] Resulta pertinente agregar que   por armon&iacute;a debe entenderse la proporcionalidad y la correlaci&oacute;n entre las   cosas, manifestada no solo a trav&eacute;s de las relaciones interpersonales, sino   tambi&eacute;n mediante el acatamiento de normas generales que conlleven a un mejor   desarrollo social... " (Corte Constitucional de Colombia, 1994).</p> </blockquote>     <p>Es de resaltar que cuando la   justificaci&oacute;n del significado atribuido a un enunciado incluye argumentos   pertenecientes a m&aacute;s de un contexto interpretativo, la fuerza persuasiva de la   motivaci&oacute;n aumenta de modo significativo, ya que el razonamiento incluye dos   niveles: por un lado, se justifica por medio de un argumento un significado,   pero, por otro, este es confirmado a trav&eacute;s de un nuevo argumento que tiene en   cuenta una distinta dimensi&oacute;n de la norma.</p>     <p>Otro ejemplo se encuentra en la   Sentencia C-666 de 1996 (M. P. Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez) que acude tambi&eacute;n al   Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola, esta vez para definir la el verbo <I>inhibir:</I></p>     <blockquote>       <p>"[...] El examen de su   constitucionalidad, empero, supone la definici&oacute;n acerca de si se aviene a la   Carta la autorizaci&oacute;n a los jueces para que, en vez de llegar al fallo de   m&eacute;rito, resuelvan inhibirse en el momento procesal correspondiente. <B>El   vocablo <I>inhibir </I>tiene varios significados, seg&uacute;n el Diccionario de la   Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua. </B>Algunos de ellos son exactamente   aplicables a la actitud judicial controvertida en este proceso: &laquo;prohibir,   estorbar, impedir&raquo;; &laquo;con sentido general, impedir o reprimir el ejercicio de   facultades o h&aacute;bitos&raquo;; &laquo;decretar que un juez no prosiga en el conocimiento de   una causa por no ser de su competencia&raquo;; &laquo;abstenerse, dejar de actuar&raquo;; &laquo;echarse   fuera de un asunto o abstenerse de entrar en &eacute;l o de tratarlo&raquo; [.]" (Corte   Constitucional de Colombia, 1996). (Negrilla fuera de texto).</p> </blockquote>     <p>En la Corte Suprema de Justicia tambi&eacute;n   se encuentra ejemplos del uso del argumento sem&aacute;ntico. En efecto, en sentencia   del 21 de marzo de 2007 (M.P. Sigifredo Espinoza), la Sala de Casaci&oacute;n Penal de   dicha Corporaci&oacute;n cit&oacute; al diccionario en los siguientes t&eacute;rminos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>"[.] Como bien cabe observar, dentro de   las conductas alternativas por medio de las cuales se puede llegar a infringir   el tipo penal que reprime la reproducci&oacute;n il&iacute;cita de la creaci&oacute;n intelectual de   su autor, no se halla contemplada la que describe la acci&oacute;n de <I><U>portar,</U> </I>entre cuyas acepciones y para lo que es de inter&eacute;s en la soluci&oacute;n del caso,   el Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola de la Real Academia Espa&ntilde;ola -vig&eacute;sima   primera edici&oacute;n, Madrid, 1992- le asigna el significado de <I>&laquo;Llevar o traer&raquo;, </I>en tanto que <I><U>conservar</U> </I>-modalidad conductual atribuida a <I>ALVAREZ RIVERA- </I>denota, entre otras acciones, la de <I>&laquo;Mantener una cosa   o cuidar de su permanencia ([...]) Guardar con cuidado una cosa&raquo; </I>[...]"   (Corte Suprema de Justicia- Sala de Casaci&oacute;n Penal, 2007).</p> </blockquote>     <p>Siguiendo la misma l&iacute;nea de la Corte   Constitucional y la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado en la   Sentencia NE013 del 19 de mayo de 1987 reconoce un gran valor al Diccionario de   la Real Academia Espa&ntilde;ola al decir:</p>     <blockquote>       <p>"[...]Est&aacute; de acuerdo la Sala en que no   constituye firma un nombre escrito al pie de un documento por persona distinta   de aquella a quien designa. Lo que quiere decir que puede ser firma el nombre   escrito por la persona a quien &eacute;l pertenece, aunque carezca de r&uacute;brica.   Considera la Sala que no es necesario definir que se entiende por firma, pues   son suficientes las definiciones del Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola y   de diversos autores que transcribe el apoderado del actor[.]" (Consejo de   Estado, 1987).</p> </blockquote>     <p>Algo similar puede observarse en la   Sentencia N7726 del 30 de agosto de 1996, cuando la misma Corporaci&oacute;n   afirma:</p>     <blockquote>       <p>"[...] La Ley 49 de 1990 se refiere a   la tarifa cero por ciento (0), se considera que en la pr&aacute;ctica la mencionada   tarifa cero no existe, dado que cualquier valor multiplicado por la tarifa cero   por ciento (0) da cero (0), es decir, carece de cuantificaci&oacute;n. Y es que, como   lo dice la sociedad actora, cero, seg&uacute;n el Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola, es   el &laquo;vac&iacute;o o exento de cantidad o n&uacute;mero". Tambi&eacute;n es un &laquo;signo sin valor propio   [.]&raquo; (Real Academia Espa&ntilde;ola, Madrid, edici&oacute;n 1992, p&aacute;gina 327) [.]" (Consejo   de Estado, 1996).</p> </blockquote>     <p>As&iacute; entonces, estas sentencias hacen   expl&iacute;cita la variedad de significados del vocablo y explican en su motivaci&oacute;n   las razones por las cuales se elige uno y se desechan los restantes para el caso   concreto, cumpliendo con ello con los deberes de la motivaci&oacute;n judicial aun en   los casos en los cuales se utiliza el argumento sem&aacute;ntico que al parecer de   muchos no plantea exigencias argumentativas.</p>     <p>b.<b> El argumento sem&aacute;ntico en   combinaci&oacute;n con la interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica y con la   interpretaci&oacute;n funcional</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando el argumento sem&aacute;ntico despliega   su m&aacute;xima capacidad de justificaci&oacute;n es en combinaci&oacute;n con medios de   interpretaci&oacute;n que act&uacute;an en los otros contextos. Las altas Cortes colombianas   han sido siempre muy conscientes de esta circunstancia y en su af&aacute;n de motivar   del modo m&aacute;s contundente posible sus decisiones interpretativas, muy   frecuentemente conectan instrumentos gramaticales, sistem&aacute;ticos y funcionales   con una triple finalidad: para confirmar el significado asignado a un enunciado,   para corregir el significado gramatical por medio de una interpretaci&oacute;n   sistem&aacute;tica y funcional, o para resolver la insuficiencia de la interpretaci&oacute;n   gramatical.</p>     <p>1. Como medio de confirmaci&oacute;n de un   significado:</p>     <p>La primera modalidad de uso combinado   del argumento sem&aacute;ntico con la interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica y la interpretaci&oacute;n   funcional tiene por finalidad la confirmaci&oacute;n de un significado, bien sugerido   por aquel y ratificado por &eacute;stas o a la inversa.</p>     <p>Un ejemplo de confirmaci&oacute;n del   significado sugerido por el argumento sem&aacute;ntico por medio de la interpretaci&oacute;n   sistem&aacute;tica y de la interpretaci&oacute;n funcional es el siguiente p&aacute;rrafo de la misma   decisi&oacute;n:</p>     <blockquote>       <p>"Ahora bien, la Corte admite que &laquo;las   dem&aacute;s&raquo; actividades comerciales que define el C&oacute;digo de Comercio no constituyen   una lista taxativa o cerrada; sin embargo, en modo alguno estima que esa   circunstancia devenga en la inconstitucionalidad de la norma acusada, que remite   a ese Estatuto. <B>Lo anterior por cuanto dicha remisi&oacute;n constituye tan solo una   pauta adicional a otras que, como se vio, emanan de la norma bajo examen   interpretada literal, hist&oacute;rica, teleol&oacute;gica y sistem&aacute;ticamente. </B>As&iacute; pues,   la Corte estima que norma parcialmente acusada, correctamente interpretada,   proporciona pautas generales suficientes que permiten establecer qu&eacute; actividades   pueden ser calificadas como comerciales para efectos de ser gravadas con el   impuesto de industria y comercio. En este sentido responde adecuadamente a las   exigencias del principio de legalidad y certeza del tributo". (Negrilla fuera de   texto).</p> </blockquote>     <p>Como puede observarse, en esta tesis la   interpretaci&oacute;n funcional (en este caso los argumentos psicol&oacute;gico y teleol&oacute;gico)   sirve para confirmar el significado gramatical: el sugerido por el lenguaje   empleado se corresponde con el objetivo perseguido por el legislador. Por tanto,   como la voluntad del legislador est&aacute; bien expresada en el lenguaje por &eacute;l   utilizado, no hay motivos para rechazar el significado que se corresponde con la   intenci&oacute;n del autor del enunciado. En otras ocasiones el sentido de la   argumentaci&oacute;n es el inverso, es decir, el significado sugerido por el argumento   sistem&aacute;tico sirve para confirmar el propuesto por los criterios sistem&aacute;tico y   funcional, con lo cual el uso del argumento se convierte en un mecanismo de   validaci&oacute;n de la interpretaci&oacute;n realizada por el juez para extraer las normas   derivadas de la disposici&oacute;n y darles plena validez.</p>     <p>Un ejemplo de esto se encuentra en la   Sentencia C-078 de 2005 (M. P. Manuel Jos&eacute; Cepeda), que cita el Diccionario de   la Real Academia Espa&ntilde;ola en los siguientes t&eacute;rminos:</p>     <blockquote>       <p>"[...] T&eacute;ngase en cuenta as&iacute; mismo que   el significado literal de las expresiones &laquo;&uacute;nicamente&raquo; y &laquo;exclusivamente&raquo; de   acuerdo con el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Espa&ntilde;ola es   pr&aacute;cticamente el mismo y desde esta perspectiva la adici&oacute;n aludida no comporta   ning&uacute;n elemento nuevo que pueda significar un mandato diferente al que fue   enunciado por el Constituyente derivado en el art&iacute;culo 5 del Acto Legislativo 02   de 2003[...]" (Corte Constitucional de Colombia, 2005, p. 17).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro ejemplo particularmente   interesante del uso del argumento sem&aacute;ntico se encuentra en la Sentencia T-317   de 1994 (M. P. Vladimiro Naranjo Mesa), en la que la Corte utiliza el ya aludido   recurso para justificar la existencia de l&iacute;mites a la libertad de expresi&oacute;n.   Dijo la Corporaci&oacute;n:</p>     <blockquote>       <p>"[.] Las disposiciones constitucionales   citadas, as&iacute; como los instrumentos internacionales a los que se ha hecho   referencia, llevan a una conclusi&oacute;n &uacute;nica: la expresi&oacute;n del hombre es libre.   Pero como toda libertad, debe ser responsable. Si se entiende por expresi&oacute;n   &laquo;especificaci&oacute;n, declaraci&oacute;n de una cosa para darla a entender&raquo;4 o   &laquo;reconocimiento de la posibilidad de manifestar ideas o los estados an&iacute;micos, de   acuerdo con la espontaneidad individual, singularmente, cuando trasciende a lo   p&uacute;blico&raquo;5 , entonces debe aceptarse que esa libertad implica la emisi&oacute;n de una   idea o de un juicio, cuyo contenido debe ser valorado &eacute;tica y jur&iacute;dicamente de   forma tal que lo que se expresa no atente contra el ordenamiento establecido y,   por ende, contra la libertad misma. Por ello, la libertad de expresi&oacute;n, como   todo derecho, no es absoluto [.]" (Corte Constitucional de Colombia,   1994).</p> </blockquote>     <p>En estos casos, el diccionario (que es   citado en dicho fallo directamente en dos notas a pie de p&aacute;gina), juega   nuevamente un rol importante en la justificaci&oacute;n de la exequibilidad de una   norma jur&iacute;dica y el argumento sem&aacute;ntico en uni&oacute;n con el sistem&aacute;tico son los   criterios de decisi&oacute;n para determinar la <I>ratio decidendi </I>del   fallo.</p>     <p>Por su parte, la Sala de Casaci&oacute;n Penal   de la Corte Suprema de Justicia utiliza el argumento en menci&oacute;n para determinar   si un magistrado del Tribunal Superior de Bogot&aacute; estaba impedido o no para   decidir acerca de cierto proceso, de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p>"[.] Ahora bien, recu&eacute;rdese que la   palabra <I>"enemistad", </I>desde el punto de vista sem&aacute;ntico, es la <I>"aversi&oacute;n u odio entre dos o m&aacute;s personas", </I>seg&uacute;n la define el   Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola. En consecuencia, la enemistad lleva   impl&iacute;cita la idea de la reciprocidad, pues es un sentimiento que plantea una   situaci&oacute;n entre dos o m&aacute;s personas, como es la aversi&oacute;n o el odio, implicando   que, por regla general, no pueda haber enemistad sin correspondencia, es decir,   de un solo individuo hacia otro que ignore tales desafectos que despierta o   produce. En otras palabras, no es factible el fen&oacute;meno de la enemistad   unilateral [.]" (Corte Suprema de Justicia - Sala de Casaci&oacute;n Penal,   2006).</p> </blockquote>     <p>En este caso, la Sala Penal concluye de   forma extensiva que la enemistad es siempre bilateral y no es posible que se   presente de forma unilateral, aunando al argumento sem&aacute;ntico uno funcional.   Ahora bien, la Sala de Casaci&oacute;n Laboral de la Corte Suprema de Justicia ha   recurrido tambi&eacute;n al uso del argumento sem&aacute;ntico como raz&oacute;n suficiente para   tomar la decisi&oacute;n en uni&oacute;n con el argumento sistem&aacute;tico. En efecto, en Sentencia   del 26 de febrero de 2003 (M. P. Germ&aacute;n Vald&eacute;s) dijo dicha   Corporaci&oacute;n:</p>     <blockquote>       <p>"[.] Estima la censura que la citada   Ley 33 de 1973 es aplicable al caso controvertido, por considerar que la   demandante ten&iacute;a la condici&oacute;n de viuda del trabajador debido a que era la   compa&ntilde;era permanente del mismo, y que la Ley 12 de 1975 hace expl&iacute;cita esta   situaci&oacute;n, lo que no es cierto, puesto que al respecto el Diccionario de la   Lengua Espa&ntilde;ola, define el vocablo <I>"viudo, da.", </I>as&iacute;: <I>"(Del lat.   Viduus). adj. Se dice de la persona a quien se le ha muerto su c&oacute;nyuge y no ha   vuelto a casarse" </I>(Real Academia Espa&ntilde;ola, vig&eacute;sima segunda edici&oacute;n, 2001,   p&aacute;gina 2311), lo cual significa que frente a la primera ley no ten&iacute;a la calidad   jur&iacute;dica exigida por esta y en relaci&oacute;n con la segunda, no se daban los   supuestos requeridos por ella debido a que lo previsto es un derecho para los   beneficiarios que en su texto identifica, cuando quien fallece no ha cumplido la   edad pensional, aunque haya laborado el tiempo se&ntilde;alado legal o   convencionalmente [.]" (Corte Suprema de Justicia - Sala de Casaci&oacute;n Laboral,   2003).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; la definici&oacute;n dada por el   diccionario del vocablo viudo, se convierte en el argumento determinante de la   interpretaci&oacute;n realizada frente a la discusi&oacute;n sobre la existencia o no de un   derecho pensional.</p>     <p>2. Para corregir la interpretaci&oacute;n   gramatical por medio de la funcional y la sistem&aacute;tica.</p>     <p>En segundo lugar, la combinaci&oacute;n de los   criterios gramatical, sistem&aacute;tico y funcional puede conducir a corregir el   significado inicialmente sugerido por el argumento sem&aacute;ntico, confirm&aacute;ndose as&iacute;   la importancia de someter el sentido gramatical al control de los otros dos   contextos:</p>     <blockquote>       <p>"El principio de no discriminaci&oacute;n, por   su parte, asociado con el perfil negativo de la igualdad, da cuenta de ciertos   criterios que deben ser irrelevantes a la hora de distinguir situaciones para   otorgar tratamientos distintos. Estos motivos o criterios que en la Constituci&oacute;n   se enuncian, aunque no en forma taxativa, aluden a aquellas categor&iacute;as que se   consideran sospechosas, pues su uso ha estado hist&oacute;ricamente asociado a   pr&aacute;cticas que tienden a subvalorar y a colocar en situaciones de desventaja a   ciertas personas o grupos, v.vgr. mujeres, negros, homosexuales, ind&iacute;genas,   entre otros. Los criterios sospechosos son, en &uacute;ltimas, categor&iacute;as que &laquo;(i) se   fundan en rasgos permanentes de las personas, de las cuales &eacute;stas no pueden   prescindir por voluntad propia a riesgo de perder su identidad; (ii) han estado   sometidas, hist&oacute;ricamente, a patrones de valoraci&oacute;n cultural que tienden a   menospreciarlas; y, (iii) no constituyen, per se, criterios con base en los   cuales sea posible efectuar una distribuci&oacute;n o reparto racional y equitativo de   bienes, derechos o cargas sociales&raquo;. El constituyente consider&oacute;, entonces, que   cuando se acude a esas caracter&iacute;sticas o factores para establecer diferencias en   el trato, se presume que se ha incurrido en una conducta injusta y arbitraria   que viola el derecho a la igualdad" (Sentencia C-371/00).</p> </blockquote>     <p>Se ve claramente en esta decisi&oacute;n la   importancia de "contextuali-zar" el significado inicialmente sugerido por el   texto normativo. La interpretaci&oacute;n gramatical aislada de un enunciado puede   conducir a resultados equivocados. Debe tenerse siempre presente que el discurso   legislativo se inserta en un conjunto ordenado de normas: el sistema jur&iacute;dico,   por lo que cualquier propuesta de asignaci&oacute;n de significado a un enunciado debe   someterse a este control sistem&aacute;tico.</p>     <p>3. Para resolver la insuficiencia de la   interpretaci&oacute;n gramatical.</p>     <p>Puede suceder, por &uacute;ltimo, que el uso   del argumento sem&aacute;ntico conduzca al fracaso y, por diferentes motivos, no   concluya con una propuesta satisfactoria de asignaci&oacute;n de significado. As&iacute; pas&oacute;   en el siguiente caso:</p>     <blockquote>       <p>"En los art&iacute;culos 2.&deg; y 3.&deg; se definen   los conceptos de "m&aacute;ximo nivel decisorio" y "otros niveles   decisorios".</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas definiciones buscan aclarar   cu&aacute;les cargos del Estado quedan sujetos a la regla de selecci&oacute;n que se establece   en el art&iacute;culo 4&deg; (una cuota m&iacute;nima del 30% para las mujeres). <B>No obstante su   evidente ambig&uuml;edad e indeterminaci&oacute;n, por tratarse de simples definiciones, la   Corte considera que los art&iacute;culos 2.&deg; y 3.&deg; no adolecen de vicios de   inconstitucionalidad. Empero, frente a ellos debe hacer las siguientes   precisiones:</B></p>       <p>1)&nbsp;De los   empleos a los que se refieren las normas bajo examen, quedan excluidos los que   pertenecen a la carrera administrativa, judicial, o a otras carreras especiales,   los que se proveen por el sistema de ternas y listas, y los cargos de elecci&oacute;n,   tal y como lo dispone el art&iacute;culo 5.&deg; del proyecto, que se estudiar&aacute; en su   momento.</p>       <p>2)&nbsp;A pesar de   que en las normas que se revisan, no se hace una enumeraci&oacute;n taxativa de los   cargos que conforman el "m&aacute;ximo nivel decisorio" y los "otros niveles   decisorios", y de que no corresponde hacerla a la Corte, es claro que tales   empleos se deber&aacute;n determinar de acuerdo con los estatutos en los que se   establece la nomenclatura de los empleos, los manuales de funciones y   requisitos, y las plantas de personal.</p>       <p>3)&nbsp;En cuanto   al art&iacute;culo 2.&deg;, debe se&ntilde;alarse que a nivel departamental, regional, provincial,   distrital y municipal, no hay tres ramas del poder p&uacute;blico, como bien lo se&ntilde;ala   uno de los intervinientes. La norma pues, adolece de falta de t&eacute;cnica   legislativa, lo que no significa que por ello sea inconstitucional. Simplemente,   la Corte aclara que la referencia a las tres ramas del poder p&uacute;blico debe   entenderse para el nivel nacional.</p>       <p>As&iacute; pues, los art&iacute;culos 2.&deg; y 3.&deg; se   declarar&aacute;n exequibles" (Sentencia C -371/00).</p> </blockquote>     <p>Este es un caso que ejemplifica c&oacute;mo   mediante uno de los usos del argumento sem&aacute;ntico la Corte rechaza una   interpretaci&oacute;n literal y precisa los t&eacute;rminos en los cuales debe ser entendida   la disposici&oacute;n, con lo que crea una sentencia interpretativa, que a su vez   tambi&eacute;n configura los presupuestos de una sentencia manipulativa de tipo   reductor, en tanto en cuanto considera que la referencia a las tres ramas del   poder p&uacute;blico se debe entender para el nivel nacional, descartando su aplicaci&oacute;n   en los dem&aacute;s ordenes.</p>     <p>M&aacute;s recientemente, en la Sentencia   C-1260 de 2001 (M. P. Rodrigo Uprimny Yepes), la Corte Constitucional declar&oacute;   exequibles ciertas expresiones del art&iacute;culo 1 de la Ley 226 de 1995,   interpretando el art&iacute;culo 60 de la Carta Pol&iacute;tica de 1991 seg&uacute;n los c&aacute;nones (la   Corte los llama en la sentencia, a la manera de Robert Alexy, <I>argumentos) </I>literal y gramatical; hist&oacute;rico; sistem&aacute;tico; y l&oacute;gico y teleol&oacute;gico. Debe   resaltarse que la Corte aplica inicialmente el <I>argumento literal y   gramatical, </I>y determina que el supuesto normativo no era gramaticalmente   claro, y habiendo tal contradicci&oacute;n interna, acude a los dem&aacute;s criterios   hermen&eacute;uticos (Corte Constitucional de Colombia, 2001). El magistrado Marco   Gerardo Monroy salva su voto en dicha ocasi&oacute;n y utiliza los mismos c&aacute;nones   empleados por la Corte, para llegar a la respuesta contraria (inexequibilidad).   Tambi&eacute;n &eacute;l comienza por la interpretaci&oacute;n gramatical, concluyendo que s&iacute; daba   lugar a una respuesta clara, pero acudi&oacute; a los dem&aacute;s criterios para reforzar su   argumento (Monroy, 2001).</p>     <p>Por su parte, en la Sala de Casaci&oacute;n   Civil de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Edgardo Villamil Portilla   utiliza el argumento sem&aacute;ntico en su salvedad de voto a la Sentencia del SC 038   de 2008, de la siguiente manera:</p>     <blockquote>       <p>"[...] Precisamente, los antecedentes   legislativos dejan ver que en la discusi&oacute;n del proyecto de ley se argument&oacute; c&oacute;mo   era <I>&laquo;oportuno <U>precisar</U> normativamente que la prescripci&oacute;n&raquo; </I>la   pod&iacute;a <I>&laquo;hacer valer el interesado, tanto por v&iacute;a de acci&oacute;n como por v&iacute;a de   excepci&oacute;n&raquo; </I>y que era pertinente poner de presente que el interesado ten&iacute;a la   potestad de <I>&laquo;ejercer la acci&oacute;n y no tener que esperar a que el acreedor o   titular del derecho&raquo; </I>lo demandara <I>&laquo;para poder clarificar su posici&oacute;n&raquo; </I>(Gaceta del Congreso, a&ntilde;o X, N.&deg; 179, 7 de mayo de 2001, p&aacute;g. 4). Desde   luego, <I>&laquo;<U>precisar</U>&raquo; </I>no es otra cosa que <I>&laquo;fijar o determinar de   modo preciso&raquo;y </I>preciso es aquello <I>&laquo;puntual, fijo, exacto, cierto,   determinado&raquo;, </I>de donde se sigue que el inter&eacute;s del legislador era   fundamentalmente aclarar el art&iacute;culo 2513 del C&oacute;digo Civil, lo cual acompasa con   la definici&oacute;n de interpretar: <I>&laquo;explicar o declarar el sentido de algo&raquo; y   principalmente el de un texto. </I>Por ende, a la luz del art&iacute;culo 14 <I>ib&iacute;dem, </I>el art&iacute;culo 2.&deg; de la Ley 791 de 2001 pod&iacute;a entenderse incorporado en la   regla 2513 del C&oacute;digo Civil para el momento en que fue desatada la controversia   en segunda instancia, por su indudable car&aacute;cter interpretativo[...]" (Villamil,   2008, p. 35).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El magistrado Villamil cita tres veces   al Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola en este p&aacute;rrafo, en notas a pie de   p&aacute;gina, y adicionalmente al argumento sem&aacute;ntico utiliza el argumento sistem&aacute;tico   y funcional para estructurar su argumentaci&oacute;n.</p>     <p>Se observa entonces que los c&aacute;nones de   interpretaci&oacute;n importados por el clasicismo local <I>prekelseniano </I>siguen   vigentes en la vida jur&iacute;dica colombiana. Es elemental advertir que la primac&iacute;a   del canon gramatical, establecida legalmente en el derecho civil colombiano y   que ha irradiado el resto del ordenamiento, no es te&oacute;ricamente neutral, en la   medida en que sirve tanto para la argumentaci&oacute;n dada desde un enfoque   estrictamente positivista como desde uno del neoconstitucionalismo, en donde se   llega incluso a modificar la voluntad del legislador so pretexto de estar   interpretando su voluntad mediante las palabras consagradas en la   disposici&oacute;n.</p>     <p>Es de aclarar que dicha dicotom&iacute;a, no   es exclusiva del ordenamiento colombiano o de la pr&aacute;ctica interpretativa de los   jueces, ya que Alexy hace veinte a&ntilde;os llamaba la atenci&oacute;n sobre la imposibilidad   de generar una jerarqu&iacute;a interpretativa entre los diferentes c&aacute;nones o   argumentos, pues el contexto y el int&eacute;rprete, en definitiva, es quien decide la   escala de valor entre los diferentes tipos de argumentos que utiliza para la   construcci&oacute;n y demostraci&oacute;n de la tesis que plantea en su exposici&oacute;n, sea esta   oral o escrita, afirma entonces el autor lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p>"[.] La cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre   los argumentos de formas distintas se discute como un problema de establecer un   cat&aacute;logo de grados o una jerarqu&iacute;a de c&aacute;nones. Hasta hoy, ninguna propuesta de   tal cat&aacute;logo ha encontrado un reconocimiento general [.]" (Alexy, 1989, p. 237).</p> </blockquote>     <p>En definitiva, el gran interrogante que   permanece vigente es en torno a los elementos que los int&eacute;rpretes tienen en   cuenta para atribuir el significado a las palabras, pues en ese solo acto hay   una manifestaci&oacute;n de su discrecionalidad para elegir entre varios posibles,   aquel que consideran m&aacute;s pertinente. As&iacute; entonces, para evitar que el arbitrio   se convierta en arbitrariedad aun en el uso del argumento sem&aacute;ntico, se debe   justificar la elecci&oacute;n o, si el caso lo permite, limitarse a la explicaci&oacute;n de   la misma.</p>     <p>La ejemplificaci&oacute;n de esta duda se   encuentra en la Sentencia T-552 de 1995 (M. P. Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez), en la   que se acudi&oacute; a una definici&oacute;n del Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola de   la Lengua para expresar en realidad un significado atribuido por la Corte y no   por el diccionario.</p>     <p>La sentencia dice:</p>     <blockquote>       <p>"[...] No puede perderse de vista que,   seg&uacute;n reiterada jurisprudencia de esta Corte, los derechos a la honra y al buen   nombre, reconocidos a toda persona por el art&iacute;culo 15 de la Constituci&oacute;n y cuyo   n&uacute;cleo esencial debe ser respetado y hecho respetar por el Estado, &uacute;nicamente   pueden reclamarse sobre el supuesto de la conducta irreprochable y limpia de su   titular. El concepto p&uacute;blico favorable acerca del comportamiento de un   individuo, que es propio del buen nombre, no menos que la estima y el respeto de   la propia dignidad que implica la honra, <B>seg&uacute;n el Diccionario de la Real   Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua, constituyen logros que no son gratuitos para   nadie sino que fluyen, con el paso del tiempo, de la evaluaci&oacute;n que el propio   sujeto, en el interior de su conciencia, y la colectividad a la que pertenece   hacen de su comportamiento, en la medida en que lo estimen acorde con los   valores imperantes en su seno[...]" </B>(Corte Constitucional de Colombia, 1995,   p. 8). (Negrilla fuera de texto).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Diccionario de la Real Academia de   la Lengua Espa&ntilde;ola define la palabra <B>honra </B>como: "Estima y respeto de la   dignidad propia, Buena opini&oacute;n y fama, adquirida por la virtud y el m&eacute;rito;   Demostraci&oacute;n de aprecio que se hace de alguien por su virtud y m&eacute;rito; Pudor,   honestidad y recato de las mujeres". Mientras, la palabra <B>Dignidad </B>es   definida como: "Cualidad de digno, Excelencia, realce, Gravedad y decoro de las   personas en la manera de comportarse, Cargo o empleo honor&iacute;fico y de autoridad;   en las catedrales y colegiatas, prebenda que corresponde a un oficio honor&iacute;fico   y preeminente, como el deanato, el arcedianato", etc. Es de resaltar que la   palabra <B>Buen nombre no aparece definida en el texto. </B>Por consiguiente, es   evidente que la definici&oacute;n de <I>buen nombre </I>ha sido creada por la Corte   mediante una interpretaci&oacute;n extensiva de las palabras honra y dignidad, con el   fin de determinar ciertas caracter&iacute;sticas de un derecho fundamental.</p>     <p>En el mismo sentido, se encuentra un   ejemplo en la sentencia de la Sala de Casaci&oacute;n Civil de la Corte Suprema de   Justicia, proferida el 30 de septiembre de 2002 (M. P. Carlos Ignacio   Jaramillo), en la cual tratando sobre la garant&iacute;a en el contrato de seguro,   expres&oacute; lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p>"[...] Puede expresarse en cualquier   forma que indique el prop&oacute;sito manifiesto, am&eacute;n de fidedigno de otorgarla,   "[...] vale decir, que debe pactarse de tal manera que, seg&uacute;n lo define el   Diccionario de la Real Academia de la Lengua, "no admita duda", ni se preste a   equ&iacute;vocos" (Sentencia de 19 de noviembre de 2001, Exp. 5978; Vid. en el mismo   sentido, Sentencia de 14 de diciembre de 2001, Exp. 6230). Ello significa que el   lenguaje usado por los contratantes debe ser lo suficientemente claro y   expl&iacute;cito, para deducir, atendida la naturaleza del riesgo, que determinada   declaraci&oacute;n del asegurado, o conducta futura (positiva o negativa), ha sido dada   o asumida en forma inequ&iacute;voca, como garant&iacute;a a favor del asegurador [.]" (Corte   Suprema de Justicia-Sala de Casaci&oacute;n Civil, 2002, p. 61).</p> </blockquote>     <p>Estos significados al ser buscados en   el diccionario no corresponden con las definiciones dadas en la sentencia. Una   vez m&aacute;s se evidencia una aplicaci&oacute;n de los art&iacute;culos del C&oacute;digo Civil (27 y ss.)   antes citados, pero bajo el argumento sem&aacute;ntico.</p>     <p><font size="3"><B>CONCLUSI&Oacute;N</B></font></p>     <p>En Colombia, el uso del argumento   sem&aacute;ntico es bastante frecuente por parte de todas las altas Cortes que   constituyen los &oacute;rganos de cierre de la jurisdicci&oacute;n. En algunos casos el   argumento es utilizado bajo un enfoque interpretativo de corte exeg&eacute;tico; pero,   en otros, bajo uno neoconstitucional y si se quiere de car&aacute;cter activista, con   lo cual la creencia de que dicho argumento es la m&aacute;xima expresi&oacute;n del formalismo   jur&iacute;dico queda desvirtuada.</p>     <p>Por otra parte, se observa que el uso   de este argumento adquiere mayor relevancia dentro de los contextos de   justificaci&oacute;n y explicaci&oacute;n cuando se une al argumento sistem&aacute;tico y/o   final&iacute;stico, pero que al mismo tiempo estas uniones ya implican una   intencionalidad manipuladora del significado de las palabras en pro de la   construcci&oacute;n o la comprobaci&oacute;n de la tesis que sostiene el   int&eacute;rprete.</p> <hr>     <p><SUP><a href="#s1" name="1">1</a> </SUP>Este apartado corresponde   a un trabajo escrito conjuntamente por el director de la investigaci&oacute;n y la   autora del art&iacute;culo.</p> <hr>     <p><font size="3"><B>Referencias</B></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Alexy, R. (1989). <I>Una teor&iacute;a de la   argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica. </I>Madrid: Centro de Estudios   Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-8697200900020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Asociaci&oacute;n de Academias de la Lengua   Espa&ntilde;ola. (2009). <I>Informaci&oacute;n Institucional. </I>Recuperado el 7 de abril de   2009, de Asociaci&oacute;n de Academias de la Lengua Espa&ntilde;ola: <a href="http://asale.org/ASALE/ConAALEBD7IDDOC=1&amp;menu=1" target="_blank">http://asale.org/ASALE/ConAALEBD7IDDOC=1&amp; menu=1</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697200900020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">Brice&ntilde;o, M. (1971). La Academia   Colombiana de la Lengua, cien a&ntilde;os de centinela. <I>Revista Javeriana. Tomo   LXXV</I>, 432-436. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-8697200900020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana"><I>C&oacute;digo Civil Colombiano. </I>(2008). Bogot&aacute;:   Legis.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697200900020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo de Estado. (1996, 30 de   agosto). <I>Sentencia N.&deg;7726. </I>Recuperado el 6 de abril de 2009, de V-Lex   Colombia: <a href="http://co.vlex.com/vid/sentencia-n-n7726-34843244" target="_blank">http://co.vlex.com/vid/sentencia-n-n7726-34843244</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697200900020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo de Estado. (1987, 19 de mayo). <I>Sentencia N.&deg; NE013. </I>Recuperado el 6 de abril de 2009, de V-Lex Colombia: <A href="http://co.vlex.com/vid/sentencia-n-ne013-35292230" target="_blank">http://co.vlex.com/vid/sentencia-n-ne013-35292230</A>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697200900020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><I>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia-   1886. </I>(1957). Bogot&aacute;: Voluntad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697200900020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><I>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia-1991. </I>(2008). Bogot&aacute;: Leyer. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697200900020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (2007). <I>Sentencia C-076/07. </I>Recuperado el 22 de agosto de 2008 desde <A href="http://actualicese.com/normatividad/2007/02/07/sentencia-c-076-de-07-02-2007/" target="_blank">http://actualicese.com/normatividad/2007/02/07/sentencia-c-076-de-07-02-2007/</A>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-8697200900020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">Corte Constitucional de Colombia.   (2005, 6 de julio). <I>Sentencia C-078/05.</I> Recuperado el 6 de abril de 2009, de   Casa del Abogado: <A href="http://www.casadelabogado-asf.org/article.php3?id_article=126" target="_blank">www.casadelabogado-asf.org/article.php3?id_article=126</A> </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697200900020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (2006, 22 de febrero). <I>Sentencia   C-121/06.</I> Recuperado el 5 de abril de 2009 desde: <A href="http://www.acolgen.org.co/mod/docs/docs/C-121-06.pdf" target="_blank">http://www.acolgen.org.co/mod/docs/docs/C-121-06.pdf</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-8697200900020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (2001, 20 de noviembre). <i>Sentencia C-1260/01. </i>Recuperado el 5 de   abril de 2009 desde <A href="http://www.acj.org.co/sentencias/c-1260-01.htm" target="_blank">http://www.acj.org.co/sentencias/c-1260-01.htm</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697200900020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (2002). <I>Sentencia C-245/02. </I>Recuperado el 22 de agosto de 2008 desde: <A href="http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=6262" target="_blank">http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=6262</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-8697200900020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (1993). <I>Sentencia C-270/93. </I>Recuperado el 22 de agosto de 2008 desde:<A href="http://web.minjusticia.gov.co/jurisprudencia/CorteConstitucional/1993/Constitucionalidad/C-270-93.htm" target="_blank">http://web.minjusticia.gov.co/jurisprudencia/CorteConstitucional/1993/Constitucionalidad/C-270-93.htm</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697200900020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (1994). <I>Sentencia C-424/94. </I>Recuperado el 22 de agosto de 2008, desde: <A href="http://www.secretariasenado.gov.co/leyes/SC424_94.HTM" target="_blank">http://www.secretariasenado.gov.co/leyes/SC424_94.HTM</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-8697200900020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (1992, 6 de agosto). <I>Sentencia   C-477/92.</I> Recuperado el 5 de abril de 2009 desde: <A href="http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/cc_sc_nf/1992/c-477_1992.html" target="_blank">http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/cc_sc_nf/1992/c-477_1992.html</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697200900020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (1996, 28 de noviembre). <I>Sentencia   C-666/96. </I>Recuperado el 6 de abril de 2009 desde <A href="http://www.dmsjuridica.com/CODIGOS/CODIGOS/COD_PROCEDIMIENTO_CIVIL/SENTENCIAS/C-666-96.rtf" target="_blank">www.dmsjuridica.com/CODIGOS/CODIGOS/COD_PROCEDIMIENTO_CIVIL/SENTENCIAS/C-666-96.rtf</A> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-8697200900020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. (1994, 13 de julio). <I>Sentencia   T-317/94.</I> Recuperado el 6 de abril de 2009 desde <A href="http://www.ideam.gov.co8080/legal/sentens/1994/t-317-1994.html" target="_blank">http://www.ideam.gov.co8080/legal/sentens/1994/t-317-1994.html</A>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697200900020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia.   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(1995). <I>Cultura jur&iacute;dica   y pol&iacute;tica del derecho. </I>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-8697200900020001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Uprimny, R. (1997). Estado social de   derecho y respuesta judicial correcta. <I>VV.AA. Hermen&eacute;utica Jur&iacute;dica </I>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-8697200900020001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Valencia Villa, A. (1992). <I>El   pensamiento constitucional de Miguel Antonio Caro. </I>Bogot&aacute;: Instituto Caro y   Cuervo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-8697200900020001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Valencia Zea, A. &amp; Ortiz Monsalve,   &Aacute;. (1994). <I>Derecho Civil. </I>Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697200900020001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Villa, V. 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