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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El proceso de descentralización regional chileno: avances y "asignaturas pendientes"]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The process of regional decentralization in Chile shows that significant advances have eased the traditional centrality of the political system. However, these reforms are evaluated as insufficient by the relevant actors involved, evidence that is confirmed when the contrasts with the results of two international experiences: that of the Colombian provinces and the French regions.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>El proceso de descentralizaci&oacute;n regional chileno: avances y &quot;asignaturas pendientes&quot;</b><sup><a href="#*">*</a></sup></font> </center></p>     <p>    <center>   <font size="3"><i>Regional decentralizing chilean: progress and &quot;remaining subjects&quot;</i></font> </center></p>     <br>     <p>    <center><font size="3"><b>Carlos Fabi&aacute;n Pressacco</b></font><sup><a href="#**">**</a></sup> </center></p>     <br>     <p>Recibido: 20/08/09    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Aprobado evaluador interno: 30/09/09     <br> Aprobado evaluador externo: 18/09/09</p>      <p><sup><a name="**">**</a></sup> Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica. Licenciado en Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad Cat&oacute;lica de C&oacute;rdoba. Mag&iacute;ster en Ciencias Sociales, ILADES/Universidad Alberto Hurtado. Director del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica y Relaciones Internacionales de La Universidad Alberto Hurtado-Chile. Correo electr&oacute;nico:<a href="mailto: fpressac@uahurtado.cl"> fpressac@uahurtado.cl</a>.</p>  <hr size="1">     <p><b>Resumen</b>    <br> El proceso de descentralizaci&oacute;n regional en Chile muestra avances significativos que han moderado el tradicional car&aacute;cter centralista del sistema pol&iacute;tico. Sin embargo, dichas reformas son evaluadas como insuficientes por los actores relevantes del proceso, evidencia que es confirmada cuando se las contrasta con los resultados de dos experiencias internacionales: la de los departamentos colombianos y la de las regiones francesas.</p>     <p><b>Palabras clave autor</b>    <br>  Descentralizaci&oacute;n, Chile, regiones, actores pol&iacute;ticos.</p>      <p><b>Palabras clave o descriptores</b>    <br>    Descentralizaci&oacute;n Administrativa, Chile, estudio de casos.    <br>  </p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b>    <br> The process of regional decentralization in Chile shows that significant advances have eased the traditional centrality of the political system. However, these reforms are evaluated as insufficient by the relevant actors involved, evidence that is confirmed when the contrasts with the results of two international experiences: that of the Colombian provinces and the French regions.</p>     <p><b>Key words author</b>    <br> Descentralization, Chile - regions - political actors.</p>     <p><b>Key words plus</b>    <br>   Decentralization in government, Chile, Decentralization in government, Case studies.</p>       <br> <hr size="1">     <br>     <p><font size="3"><b>1. La dimensi&oacute;n te&oacute;rica</b></font></p>     <p>Desde un punto de vista conceptual, el debate sobre la descentralizaci&oacute;n se inserta en el contexto de uno m&aacute;s amplio sobre la forma jur&iacute;dica del Estado. Ello tradicionalmente, ha significado situar el an&aacute;lisis entre dos extremos claramente diferenciados: el Estado unitario y el Estado federal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, la claridad con que se pretende distinguir ambas opciones se aleja de la realidad, en donde el federalismo y el unitarismo se presentan matizados por al menos dos datos propios del proceso pol&iacute;tico. Por un lado, los Estados federales han experimentado durante gran parte del siglo XX procesos de centralizaci&oacute;n que han debilitado la autonom&iacute;a pol&iacute;tica y administrativa de los gobiernos subnacionales, proceso &eacute;ste claramente observable en aquellos sistemas pol&iacute;ticos que avanzaron en la construcci&oacute;n del Estado de bienestar. Por otro lado, los Estados unitarios, incluso aquellos altamente centralizados, han conservado un espacio de autonom&iacute;a al menos en el nivel del gobierno municipal.</p>     <p>De todas maneras, las diferencias existen. El Estado federal se caracteriza por contar con un r&eacute;gimen pol&iacute;tico que asegura la participaci&oacute;n de sus estados miembros en las instituciones del gobierno central, al tiempo que un espacio de autonom&iacute;a para resolver sobre los asuntos que la Constituci&oacute;n define como propios. De los m&uacute;ltiples argumentos a los que se puede recurrir para precisar el elemento que distingue al Estado federal, son tres los que marcan la diferencia: la inexistencia de controles de tutela, la existencia de &oacute;rganos jurisdiccionales aut&oacute;nomos y la existencia de mecanismos de colaboraci&oacute;n que garantizan la participaci&oacute;n de los poderes subnacionales en los poderes nacionales, por medio de una c&aacute;mara donde est&eacute;n representados paritariamente los estados miembros de la federaci&oacute;n (por ejemplo, el Senado estadounidense).</p>     <p>Complementariamente, los Estados federales se caracterizan por:</p> <ul>a) Distribuci&oacute;n constitucional de competencias que define con precisi&oacute;n el &quot;espacio&quot; del gobierno federal dejando un amplio espacio para el despliegue de la autonom&iacute;a estadual.    <br> b) Existencia de un ordenamiento constitucional que reconoce la existencia de poderes aut&oacute;nomos en el &aacute;mbito judicial, legislativo y ejecutivo de los estados miembros.     <br>c) Definici&oacute;n de mecanismos o instancias judiciales que puedan resolver las contiendas entre el Estado federal y los estados miembros.    </ul>     <p>Por el contrario, los Estados unitarios son considerados &quot;simples&quot; en la medida que no es posible distinguir una multiplicidad de entidades pol&iacute;ticas y administrativas y s&oacute;lo existe un &uacute;nico centro importante de toma de decisiones que reconoce, en la mayor&iacute;a de los casos, solamente a entes locales con un grado relativo de autonom&iacute;a administrativa.</p>     <p>Ahora bien, en la medida que la sociedad y la pol&iacute;tica se han complejizado, las posibilidades de asegurar una gobernabilidad democr&aacute;tica desde un esquema tan simple se han ido deteriorando. Estas y otras razones, como las relacionadas con la crisis fiscal, y las interpretaciones que se elaboran desde la &quot;tesis de la sobrecarga&quot; del Estado de bienestar europeo o del Estado desarrollista latinoamericano &mdash;y que est&aacute;n en la base de las orientaciones neoliberales y neoconservadoras&mdash; han presionado por impulsar procesos de reordenamiento del esquema de distribuci&oacute;n territorial del poder.</p>     <p>En tal sentido, los sistemas pol&iacute;ticos han avanzado en el fortalecimiento y/o creaci&oacute;n de gobiernos subnacionales (en algunos casos, donde se verifica un grado elevado de fraccionamiento municipal, esto ha sido acompa&ntilde;ado por un proceso de agrupaci&oacute;n de municipios) por medio del desarrollo combinado de procesos de descentralizaci&oacute;n y desconcentraci&oacute;n.</p>     <p>Si bien no encontramos procesos &quot;puros&quot; de descentralizaci&oacute;n o de desconcentraci&oacute;n, es importante fijar las distinciones conceptuales para luego analizar los procesos concretos. Desde el punto de vista conceptual, la descentralizaci&oacute;n corresponde a un proceso en donde se traspasan competencias desde el nivel central a los niveles subnacionales dotados (o dot&aacute;ndolos) de autarqu&iacute;a y de personalidad jur&iacute;dica y patrimonio propio. Esta descentralizaci&oacute;n de car&aacute;cter administrativo se distingue de la descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica ya que &eacute;sta supone, adicionalmente, una redistribuci&oacute;n vertical del poder en el sentido de fortalecer los entes subnacionales, la generaci&oacute;n de las autoridades mediante alg&uacute;n procedimiento considerado democr&aacute;tico y la posibilidad de desarrollar funciones normativas de car&aacute;cter obligatorio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El concepto central en el proceso de descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica es el de autonom&iacute;a, noci&oacute;n que alude a la capacidad de los entes subnacionales descentralizados pol&iacute;ticamente de generar sus propias normas, las cuales son reconocidas por el gobierno central.</p>     <p>Al contrario de la descentralizaci&oacute;n (en cualquiera de sus variantes), la desconcentraci&oacute;n es un proceso exclusivamente administrativo mediante el cual se trasladan funciones desde la c&uacute;spide de una organizaci&oacute;n hacia su base con el objetivo de acercar la realizaci&oacute;n de las tareas del gobierno a los ciudadanos-usuarios de los servicios p&uacute;blicos. El concepto central es el de delegaci&oacute;n, ya que al existir una relaci&oacute;n jer&aacute;rquica, el &oacute;rgano delegante conserva la responsabilidad sobre las decisiones que tome el &oacute;rgano desconcentrado.</p>     <p>Esta claridad conceptual se diluye cuando analizamos los procesos de reforma de las relaciones intergubernamentales. All&iacute; conviven componentes descentralizadores de tipo administrativo y pol&iacute;tico con elementos desconcentradores, tal como podemos observar en el proceso de descentralizaci&oacute;n regional en Chile.</p>     <p>El proceso de reformas descentralizadoras llevado a cabo en Chile, teniendo especificidades propias, comparte al mismo tiempo un debate m&aacute;s global sobre el espacio de la pol&iacute;tica, el rol del mercado y las articulaciones entre lo local y lo global. Este debate, predominantemente le&iacute;do desde la tesis del debilitamiento del Estado nacional es, desde la perspectiva de los poderes subnacionales, una oportunidad de fortalecimiento y de repensar los l&iacute;mites de la democracia. </p>     <p>Desde este punto de vista, en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas se han desarrollado procesos de reformas descentralizadoras que han tenido como uno de sus ejes centrales la creaci&oacute;n y/o fortalecimiento de los gobiernos intermedios. En casi todos los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, especialmente aquellos con estructuras estatales unitarias, se han modificado las competencias, funciones, regimenes pol&iacute;ticos de las regiones, provincias o departamentos, lo cual ha sido paralelo a una creciente valoraci&oacute;n positiva ciudadana del rol de los poderes locales.</p>     <p>Este proceso se inserta en otro de alcance m&aacute;s global que implica la reforma del Estado y una transformaci&oacute;n profunda de las relaciones entre Estado y sociedad. Si bien el principal referente de este proceso de reforma ha sido el modelo neoliberal implementado en la d&eacute;cada de los 80, y cuyas principales caracter&iacute;sticas son la privatizaci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos, el predominio del mercado como mecanismo regulador de conflictos sociales y la apertura de la econom&iacute;a, existe toda una l&iacute;nea de reflexi&oacute;n que evita la ecuaci&oacute;n &quot;Estado-mercado&quot; para dar paso al fortalecimiento de espacios p&uacute;blicos no-estatales en lo que se denomina &quot;tercer sector&quot;.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>2. El proceso de reforma regional en Chile</b></font></p>     <p>El debate sobre la forma de Estado ha sido parte de la construcci&oacute;n del Estado nacional. Chile no fue una excepci&oacute;n. A lo largo de su historia, la preocupaci&oacute;n por la estructura territorial del poder estatal ha estado presente con distinta intensidad. Los conflictos regionales (1851-52 y 1859), la Ley de la Comuna Aut&oacute;noma (1891) que modifica la Ley Org&aacute;nica de Municipalidades de 1854, as&iacute; como la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n de 1925, que el debate sobre la descentralizaci&oacute;n deja de estar focalizado en el &aacute;mbito municipal para incorporar el nivel provincial, son una muestra de ello.</p>     <p>En el &uacute;ltimo cuarto del siglo XX, y en el contexto del r&eacute;gimen autoritario, reaparece el tema en la agenda de reformas, el cual quedar&aacute; plasmado en la nueva Constituci&oacute;n de 1980: se configura una nueva divisi&oacute;n territorial, con trece nuevas regiones y 54 provincias; se establece la estructura, funciones y competencias del gobierno regional y se define un intendente designado por la Presidencia de la Rep&uacute;blica, as&iacute; como un Consejo Regional de Desarrollo (Corede) que instalaba una estructura de participaci&oacute;n ciudadana de tipo estamental con exclusi&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Recuperada la democracia (1990), la preocupaci&oacute;n del primer gobierno de la Concertaci&oacute;n en esta materia fue redemocratizar el gobierno local, tal como ya lo hab&iacute;a propuesto, entre otros, el &quot;Grupo de los 24&quot;. Ello condujo a la reforma de la Ley Org&aacute;nica Constitucional de Municipalidades (n&ordm;. 18.695) que adem&aacute;s de reestablecer la elecci&oacute;n democr&aacute;tica de alcaldes y concejales, consagraba dos mecanismos o instancias de participaci&oacute;n ciudadana, los plebiscitos comunales y el Consejo Econ&oacute;mico y Social Comunal (CESCO).</p>     <p>Pero la reforma municipal signific&oacute;, dada la presi&oacute;n de la oposici&oacute;n, abrir el debate al &aacute;mbito regional, asunto que inicialmente no estaba en los planes del gobierno de Aylwin. El resultado fue que la reforma constitucional incluy&oacute; modificaciones al cap&iacute;tulo XIII de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y la posterior sanci&oacute;n de la Ley Org&aacute;nica sobre Gobierno y Administraci&oacute;n Regional (n&ordm;. 19.175) en 1991.</p>     <p>En ella se establece que el Consejo Regional ser&aacute; presidido por el Intendente (que desde este punto de vista, es el presidente del Consejo Regional) y ser&aacute; integrado por consejeros elegidos por los concejales municipales de los municipios de cada provincia. Se elegir&aacute;n dos consejeros por provincia. En las regiones que tengan menos de un mill&oacute;n de habitantes se elegir&aacute;n 10 consejeros adicionales, y las que tengan m&aacute;s de un mill&oacute;n, 14, distribuidos proporcionalmente en funci&oacute;n de la poblaci&oacute;n de cada provincia. </p>     <p>Se destaca tambi&eacute;n el establecimiento de la planta de funcionarios, as&iacute; como nuevos instrumentos de gesti&oacute;n y de inversi&oacute;n como los convenios de programaci&oacute;n, Inversi&oacute;n Sectorial de Asignaci&oacute;n Regional (ISAR) e Inversi&oacute;n Regional de Asignaci&oacute;n Local (IRAL). Es esta plataforma la que permitir&aacute; notables avances en materia de inversi&oacute;n de decisi&oacute;n regional, la cual se increment&oacute; de 13,7% en 1990 a 54,3% en 2007. El notable incremento de los recursos de decisi&oacute;n regional se contrapone a las limitaciones del r&eacute;gimen pol&iacute;tico regional, cuya legitimidad se ve restringida por el proceso de constituci&oacute;n del Consejo Regional.</p>     <p>A partir de la d&eacute;cada de los 90 la descentralizaci&oacute;n &mdash;entendida ahora como forma de organizar la administraci&oacute;n del Estado, hacer m&aacute;s eficiente el alcance de pol&iacute;ticas, planes y programas y de acercar el Estado a las personas&mdash; se ha manifestado en un conjunto de reformas legales y en la creaci&oacute;n de diversos instrumentos descentralizadores, que han ido conformando un cierto marco general el que, no obstante, se encuentra condicionado por los siguientes aspectos:</p> <ul>a) En t&eacute;rminos pol&iacute;tico-culturales, el planteamiento del Estado unitario como marco inamovible del proceso descentralizador condiciona el traspaso de competencias, funciones, atribuciones y recursos desde el nivel central hacia los organismos subnacionales.    <br> b) El car&aacute;cter fuertemente presidencialista del r&eacute;gimen pol&iacute;tico delimita la dispersi&oacute;n del poder pol&iacute;tico; la cultura centralista se resiste en distintas esferas a avanzar en procesos de descentralizaci&oacute;n.     <br>c) La estructura centralizada de los partidos pol&iacute;ticos y el sistema binominal de elecciones marcan la tendencia hacia la creaci&oacute;n de dos bloques pol&iacute;ticos, lo que entorpece el dise&ntilde;o de escenarios pol&iacute;tico-partidistas que sean un efectivo reflejo de la realidad de los territorios.     <br>d) En t&eacute;rminos normativos, nuestro cuerpo legal distingue entre los conceptos de gobierno y administraci&oacute;n del Estado, en donde la facultad de gobernar s&oacute;lo puede desconcentrarse y es la administraci&oacute;n del Estado la que se descentraliza.    </ul>     <p>Con todo, es posible argumentar que a partir de los 90 el proceso ha sido gradual y selectivo, sin una referencia expl&iacute;cita a un modelo particular de descentralizaci&oacute;n. Ello significa que el marco general expresado m&aacute;s arriba es el resultado de iniciativas que han sido capaces de plasmarse en reformas bajo particulares condiciones favorables; en efecto, uno de grandes hitos en materia de descentralizaci&oacute;n, cual es la creaci&oacute;n de los gobiernos regionales, surge como una reforma legal complementaria a la original que deseaba democratizar a trav&eacute;s de elecciones directas las autoridades al nivel municipal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proceso de descentralizaci&oacute;n en Chile en la &uacute;ltima d&eacute;cada surge entonces desde un anhelo por mayor eficiencia, por mayor democracia y participaci&oacute;n, anhelos todos que enfrentan el desaf&iacute;o de avanzar en un Estado unitario, pero descentralizado. La imagen pa&iacute;s que el documento de pol&iacute;tica p&uacute;blica<a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a> intent&oacute; plasmar era el de un pa&iacute;s moderno, eficaz y transparente, capaz de interpretar las aspiraciones de desarrollo de cada una de sus regiones y comunas, contribuyendo efectivamente a su realizaci&oacute;n. Es decir, el debate que reposiciona a los Estados nacionales como conductores de desarrollo, agentes de gobernabilidad y cultura c&iacute;vica sirve tambi&eacute;n de fundamento a este proceso.</p>     <p>La descentralizaci&oacute;n fiscal, entendida como la forma de asignar recursos p&uacute;blicos por parte de los niveles subnacionales es un factor cr&iacute;tico para el avance del proceso de descentralizaci&oacute;n. En Chile ha tomado la forma de la asignaci&oacute;n de recursos por parte del nivel nacional hacia el regional a trav&eacute;s de transferencias.</p>     <p>Desde la propia creaci&oacute;n del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), el modelo ha optado por una descentralizaci&oacute;n del gasto, en donde la premisa ha sido que &eacute;ste sea ejecutado en el nivel m&aacute;s cercano a las preferencias de las personas, lo que se traduce en que son los ministerios quienes entregan sus recursos a las regiones para gastarlos en funci&oacute;n de sus intereses.</p>     <p>Con todo, los esfuerzos m&aacute;s significativos en materia de aumento de la descentralizaci&oacute;n fiscal en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os han apuntado a fortalecer el instrumento Inversi&oacute;n de Decisi&oacute;n Regional (IDR),<a name="top2"></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a> para que sean las regiones las que mayormente participen en el destino de los recursos previstos en sus presupuestos.</p>     <p>La IDR ha crecido en el per&iacute;odo comprendido entre los a&ntilde;os 1990 y 2007 pasando de 13,7 a 54,3% de la inversi&oacute;n estatal. Si bien es cierto que tanto los instrumentos medidos por este concepto, como los montos asociados a los mismos han aumentado en el per&iacute;odo mencionado, existen discrepancias respecto a su efectivo impacto. Uno de los argumentos indica que en su medici&oacute;n se incorporan los montos aprobados en la Ley de Presupuesto de la Naci&oacute;n, no ajust&aacute;ndose posteriormente a los cambios que &eacute;sta tiene en su per&iacute;odo de aplicaci&oacute;n. Otro aspecto que rescata la discusi&oacute;n es que los niveles de decisi&oacute;n respecto a los montos de los componentes de la IDR son muy variables; en efecto, la decisi&oacute;n sobre proyectos de inversi&oacute;n del FNDR son de libre disposici&oacute;n, sin embrago, un importante porcentaje corresponde a proyectos de inversi&oacute;n que se encuentran condicionados por el sector que origina dichos recursos. Numerosos estudios de la Subsecretar&iacute;a de Desarrollo Regional y Administrativo afirman que la decisi&oacute;n de inversi&oacute;n de los gobiernos regionales es significativamente alta respecto a proyectos espec&iacute;ficos.</p>     <p>Por lo anterior, variadas reflexiones apuntan a generar nuevos instrumentos que fortalezcan efectivamente el proceso de descentralizaci&oacute;n fiscal. Entre ellos destacan los Anteprogramas Regionales de Inversi&oacute;n (ARI) y los Programas P&uacute;blicos de Inversi&oacute;n en la Regi&oacute;n (Propir); ambos representan el conjunto posible de inversi&oacute;n en una regi&oacute;n y es en el gobierno regional en donde se discuten como anteproyectos de inversi&oacute;n.</p>     <p>El mecanismo a trav&eacute;s del cual se llega a distinguir la IDR comienza naturalmente en el proceso de elaboraci&oacute;n presupuestaria en cada regi&oacute;n, la que se inicia durante el primer trimestre de cada a&ntilde;o con la formulaci&oacute;n del anteproyecto de inversi&oacute;n regional para la formulaci&oacute;n presupuestaria y de actividades para el a&ntilde;o siguiente. Este anteproyecto de inversi&oacute;n regional constituye una verdadera carta de navegaci&oacute;n presupuestaria; en su dise&ntilde;o, y a partir de las definiciones estrat&eacute;gicas de las estrategias de desarrollo regional, participan representantes del consejo regional, de los secretarios regionales ministeriales y de las direcciones regionales de los servicios que operan en la regi&oacute;n. De esta manera, son los propios ministerios los que, a partir de este detalle, deben hacer llegar la informaci&oacute;n requerida para su sector, siendo esta instancia el mecanismo de comunicaci&oacute;n entre lo que un sector estima en t&eacute;rminos de planes, programas y recursos para una regi&oacute;n y lo que la propia regi&oacute;n le representa como necesidad. Producto de este trabajo se elabora un proyecto de presupuesto lo m&aacute;s ajustado posible a las necesidades de la regi&oacute;n, el que es remitido finalmente a los respectivos ministerios para que se consideren en la formulaci&oacute;n de sus propios presupuestos.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>3. Balance del proceso de descentralizacion regional en Chile</b></font><a name="top3"></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a></p>     <p>El proceso de descentralizaci&oacute;n regional en Chile muestra avances en materia pol&iacute;tica, administrativa y fiscal. Las reformas introducidas han cambiado la configuraci&oacute;n administrativa y pol&iacute;tica del pa&iacute;s ampliando la capacidad de las sociedades regionales de incidir en el proceso de toma de decisiones. Estos avances son especialmente significativos si se compara la situaci&oacute;n actual con su punto de partida del proceso hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Sin embargo, las innovaciones introducidas son menos relevantes si se comparan las transformaciones logradas con las expectativas de los actores relevantes del sistema pol&iacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En t&eacute;rminos generales, los avances en materia de descentralizaci&oacute;n son escasos y m&aacute;s bien nos encontramos frente a hitos como la creaci&oacute;n de los gobiernos regionales y algunos avances en materia fiscal, pero el &eacute;nfasis ha estado en el &aacute;mbito local y no en el regional. Ello ha generado que la incorporaci&oacute;n de la descentralizaci&oacute;n regional en la agenda pol&iacute;tica haya estado guiada por el predominio de aspectos formales y/o institucionales en materia de descentralizaci&oacute;n. Dicho de otra manera: hay un amplio consenso en cuanto a la necesidad y los beneficios que tiene para el pa&iacute;s profundizar dicho proceso (todo los actores pol&iacute;ticos y sociales destacan las bondades de la descentralizaci&oacute;n y que dicho proceso mejora el proceso de toma de decisiones, haci&eacute;ndolas m&aacute;s eficientes, efectivas y pertinentes), pero escasa concreci&oacute;n en materia de atribuciones, recursos y autonom&iacute;a.</p>     <p>A la valoraci&oacute;n de este cambio institucional contribuyen dos argumentos: en primer lugar, la trayectoria fuertemente centralista del pa&iacute;s provoca que cambios que pudieran ser menores en otros contextos, sean valorados como pasos significativos. Se se&ntilde;ala, y con raz&oacute;n, que Chile constituye un pa&iacute;s con un Estado tempranamente organizado y que parte de esa organizaci&oacute;n se vincula con capacidad de resolver las tensiones entre la capital y &quot;las provincias&quot; con mucha m&aacute;s anticipaci&oacute;n que algunos de sus vecinos enfrascados en largas guerras civiles. En tal sentido, la creaci&oacute;n de los gobiernos regionales es un paso muy importante:</p> <ul>Lo que se hace en el a&ntilde;o 93 con el env&iacute;o de la Ley 19175, es crear una figura completamente novedosa en la legislaci&oacute;n chilena, que son los Gobiernos Regionales; que son gobiernos y a la vez administraci&oacute;n. Don Arturo Aylwin dice que los Gobiernos regionales tienen mucho de administraci&oacute;n y nada de gobierno, lo que efectivamente es as&iacute;, pero la figura es gobierno y administraci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; es lo importante de esta figura? Que por ser una figura jur&iacute;dica, entrega personalidad jur&iacute;dica propia, es decir, ninguno de los gobiernos regionales act&uacute;a bajo la personalidad jur&iacute;dica de otra entidad p&uacute;blica. Por lo tanto tiene plena potestad de su responsabilidad jur&iacute;dica administrativa, para efectos del gobierno y la administraci&oacute;n regional. Para efectos de gobierno interior depende bajo la figura jur&iacute;dica del Ministerio del Interior a trav&eacute;s de la Subsecretar&iacute;a de Interior. Pero en tanto y cu&aacute;nto gobierno y administraci&oacute;n tienen una personalidad jur&iacute;dica y patrimonio propio. (Ex jefe de servicio Subdere).    </ul>     <p>En segundo lugar, se trata de un cambio significativo porque se hace sobre las reformas introducidas desde 1974 por el r&eacute;gimen autoritario. La regionalizaci&oacute;n es un tema del cual se apropia el gobierno militar y que es visto con desconfianza por parte importante de la Concertaci&oacute;n que asume el gobierno en marzo de 1990, especialmente si se considera que el esquema de gobierno y administraci&oacute;n regional consagrado en la Constituci&oacute;n del 80 era corporativista y autoritario.</p>     <p>Finalmente, los avances no son menores si se considera que el gobierno instalado en 1990 enfrenta desaf&iacute;os centrales propios de un proceso de transici&oacute;n pactada que conserva elementos de continuidad institucional y, a juicio de los actores de la &eacute;poca, posibilidades ciertas de regresi&oacute;n autoritaria.</p>     <p>En estos juicios positivos hay consenso en el conjunto de los entrevistados, pero al mismo tiempo emerge una valoraci&oacute;n negativa sobre la velocidad del proceso que es relativamente m&aacute;s fuerte en el caso de los entrevistados de la Alianza.</p> <ul>No habido real voluntad pol&iacute;tica de avanzar en esta materia (…) s&oacute;lo se ha avanzado en temas de desconcentraci&oacute;n, porque la descentralizaci&oacute;n es dotar de autonom&iacute;a y poder de decisi&oacute;n a los territorios y eso no ha ocurrido (…) No es posible hablar de autoridades regionales, hoy las autoridades tales como el intendente y seremis son designadas por el presidente de la Rep&uacute;blica. (Senador de la Alianza).    </ul>     <p>Estas cr&iacute;ticas apuntan, por supuesto, al r&eacute;gimen pol&iacute;tico (las atribuciones y forma de elecci&oacute;n de intendente y consejo regional), pero tambi&eacute;n a la debilidad de la autonom&iacute;a fiscal y presupuestaria y a las carencias de la sociedad civil y los partidos pol&iacute;ticos.</p>     <p> Claramente los entrevistados coinciden en que hace falta mayor decisi&oacute;n en esta materia para avanzar en la mejora de la gesti&oacute;n regional, y aun cuando &quot;el tema est&aacute; instalado&quot; es necesario dotar a los gobiernos regionales de mayores recursos, competencias y personal id&oacute;neo para ejercer la labor de liderar el desarrollo en las regiones del pa&iacute;s.</p> <ul>pienso que en alg&uacute;n punto vamos a llegar a una descentralizaci&oacute;n mayor porque es pol&iacute;ticamente correcto, pero no porque la gente est&eacute; plenamente convencida. Si eso hubiera pasado, te aseguro que ya habr&iacute;amos logrado una descentralizaci&oacute;n mucho mayor. (Ex intendente).    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n existe una opini&oacute;n compartida de que el gobierno regional no es una instituci&oacute;n de gobierno, sino s&oacute;lo de administraci&oacute;n, y el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil lo constituye el CORE, porque adem&aacute;s de no estar legitimado por una elecci&oacute;n directa, cuenta con una capacidad excesiva para incidir en el proceso de toma de decisiones sobre la asignaci&oacute;n de los recursos.</p>     <p>Tanto el diputado como el senador de la Alianza est&aacute;n de acuerdo en dos aspectos con sus pares de la Concertaci&oacute;n:</p> <ul>Que la autoridad pol&iacute;tica surja de la regi&oacute;n, con votaci&oacute;n directa de consejeros regionales, con base electoral en la provincia; la provincia es el territorio que cuenta con m&aacute;s identidad en el territorio y ello hay que reconocerlo al menos en la elecci&oacute;n de los consejeros regionales y que de entre sus miembros elijan al presidente del Consejo Regional. (Diputado Alianza) Transferir competencias desde el nivel central, con el respectivo financiamiento, y que dichas transferencias lleguen a &quot;servicios p&uacute;blicos regionales&quot;. La petici&oacute;n de estas transferencias desde la regi&oacute;n al nivel central deber&iacute;a tener el respaldo de 2/3 del Consejo Regional; si la decisi&oacute;n no es tomada a tiempo en el nivel central, debe definir el Senado su traspaso. En cualquier caso deber&iacute;an ser competencias claras y precisas, por lo que los servicios p&uacute;blicos regionales deben tambi&eacute;n tener funciones espec&iacute;ficas. (Senador Alianza)    </ul>     <p>Por lo tanto, el desaf&iacute;o est&aacute; en c&oacute;mo definir el equilibrio en la gesti&oacute;n de un Estado unitario descentralizado, puesto que para todos los entrevistados el traspaso de poder real tiene que ver con el traspaso de recursos hacia las regiones, y ninguno cuestiona la necesidad de seguir avanzando en materia de descentralizaci&oacute;n.</p>     <p>Ya que la capacidad t&eacute;cnica y de gesti&oacute;n, tanto del gobierno regional como del Consejo Regional, es el aspecto que m&aacute;s dificulta avanzar en descentralizaci&oacute;n existe el reconocimiento de que ciertos instrumentos y/o instancias de gesti&oacute;n est&aacute;n siendo subutilizadas; tal es el caso de la estrategia de desarrollo regional:</p> <ul>no se valora y/o utiliza de manera adecuada (…) la estrategia es a la regi&oacute;n lo que la partitura es a una orquesta sinf&oacute;nica (…) por ejemplo, si a m&iacute; me aumentaban el FNDR en un 20%, que era imposible, o en un 100% (m&aacute;s imposible), no se resolv&iacute;an los temas, pero si yo, como lo hice, organizaba una mesa presupuestaria en que el FNDR, a trav&eacute;s m&iacute;o ven&iacute;a como un afluente de un r&iacute;o m&aacute;s grande pero tambi&eacute;n se sentaban, obras p&uacute;blicas, agricultura, educaci&oacute;n, salud… (Ex intendente)    </ul>     <p><font size="3">3.1. La dimensi&oacute;n fiscal</font></p>     <p>En general, existe coincidencia en se&ntilde;alar la importancia de la creaci&oacute;n de instrumentos de inversi&oacute;n y de decisi&oacute;n del gasto que incrementan el protagonismo de las regiones. Desde este punto de vista, la creaci&oacute;n del FNDR y el aumento de los recursos por esta v&iacute;a distribuidos a las regiones, as&iacute; como el porcentaje de Inversi&oacute;n de Decisi&oacute;n Regional (IDR), muestra incrementos que lo sit&uacute;an en la actualidad en m&aacute;s del 50% de los recursos invertidos en las regiones.</p> <ul>Una cuesti&oacute;n importante es la creaci&oacute;n de otros instrumentos de asignaci&oacute;n regional, como las inversiones sectoriales de asignaci&oacute;n regional, las inversiones regionales de asignaci&oacute;n local. Hay muchos instrumentos que antes no exist&iacute;an. (Ex subsecretario de Desarrollo Regional)    </ul>     <p>Sin embargo, estos porcentajes que tienden a crear la percepci&oacute;n de un importante volumen de recursos decididos regionalmente, tiene mucho de espejismo. Por un lado, y si bien los convenios de programaci&oacute;n crean incentivos para que los gobiernos regionales y los ministerios act&uacute;en de manera cooperativa, dicha negociaci&oacute;n se desarrolla en un marco de asimetr&iacute;a en donde el ministerio tiene mayor capacidad de, finalmente, imponer su criterio.</p> <ul>Es que mira, yo te dir&iacute;a lo siguiente, son dos cosas, una son los convenios de programaci&oacute;n, que hoy d&iacute;a existen, que son dif&iacute;ciles, pero que son para m&iacute; fundamentales, un tema no s&oacute;lo por sacar adelante las grandes obras, sino porque eso le da una dignidad a la regi&oacute;n respecto del nivel central muy importante. Yo te pongo y el que pone la plata pone la m&uacute;sica. Pero lo otro que me parece muy significativo es que habiendo recursos en el nivel central, no puedan aplicarse en una regi&oacute;n, sin estar previamente concordado con la regi&oacute;n. (Ex intendente)    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Por otro lado, se trata de un proceso que conserva una serie de resguardos que garantizan y refuerzan el poder del ejecutivo central:</p> <ul>Contra el proceso de descentralizaci&oacute;n financiera, act&uacute;a Hacienda. O sea, una cosa est&aacute; en el discurso, pero parte del aumento, es un aumento sumamente digitado, controlado por presupuesto, por la DIPRES, por Hacienda. Dicho en estricto rigor, de todas las platas, que te permiten hablar de &eacute;ste 58%, la plata verdaderamente descentralizada, en el sentido que es una plata disponible, para que la autoridad regional y su consejo regional dispongan de ella a su arbitrio, es s&oacute;lo el FNDR. Todo lo dem&aacute;s, claro, es de aplicaci&oacute;n regional, es de decisi&oacute;n regional en un &aacute;mbito m&aacute;s estrecho. (Ex subsecretario de Desarrollo Regional)    </ul>     <p>Otro aspecto relevante por considerar son los nulos avances en materia de descentralizaci&oacute;n fiscal, especialmente si se comparan el nivel regional y el nivel municipal. Los municipios tienen y pueden generar ingresos propios, lo cual marca una diferencia en su cuota de poder respecto al nivel regional.</p>     <p>La descentralizaci&oacute;n fiscal, si bien aparece como un aspecto clave para avanzar en el proceso de descentralizaci&oacute;n, se aprecia como estancada, tanto en lo relativo al traspaso de recursos de libre disposici&oacute;n al gobierno regional, como en la posibilidad de instalar alg&uacute;n instrumento que le permita generar recursos propios a los gobierno regionales.</p>     <p>El destino del FNDR es m&aacute;s local que regional y por tanto es un instrumento ineficiente. De acuerdo con Orpis, uno de los principales desaf&iacute;os, y que tambi&eacute;n fue objeto de estudio del senador, fue el relativo a la composici&oacute;n y forma de gasto del FNDR.</p> <ul>Hoy el 70% de los proyectos que financia el FNDR son locales, y el &iacute;tem que integra los &lsquo;otros tipos de gastos&rsquo; cada d&iacute;a crece m&aacute;s (…) el FNDR tiene escaso impacto directo en la inversi&oacute;n netamente regional, conformando un fondo capturado por los intereses de los municipios y de los sectores en el componente provisiones, por lo tanto no financia efectivamente inversiones regionales. (Senador de la Alianza)    </ul>     <p>Otro representante de la Alianza va m&aacute;s all&aacute; y plantea derechamente que ser&iacute;a mejor traspasarlo directamente a los municipios. En cualquier caso, existe consenso entre los entrevistados en destacar que los avances que se puedan producir en materia de r&eacute;gimen pol&iacute;tico o de descentralizaci&oacute;n fiscal y presupuestaria deben ir acompa&ntilde;ados de una mejora sustancial en la capacidad t&eacute;cnica de las plantas regionales y de los consejos regionales. Sin esa capacidad t&eacute;cnica, no ser&aacute; posible avanzar en un adecuado uso de los recursos asignados y esas ineficiencias justifican el no avanzar en el proceso de descentralizaci&oacute;n regional.</p>     <p>Es imprescindible, por otra parte, mejorar las plantas de personal de los gobiernos regionales. En el momento de su constituci&oacute;n</p> <ul>… los Ministerios aprovecharon la ocasi&oacute;n para sacarse de encima a aquellos funcionarios y funcionarias que no les interesaba mucho mantener. (Ex jefe de divisi&oacute;n Subdere)    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La dimensi&oacute;n fiscal tiene, finalmente, otra dimensi&oacute;n: la de los l&iacute;mites de la autonom&iacute;a regional y el rol del Estado. Es claro, como sostiene el teorema de la descentralizaci&oacute;n fiscal, que el escenario &oacute;ptimo es aquel en el que la sociedad que habita un territorio espec&iacute;fico tenga la posibilidad y capacidad para generar los recursos que financien la producci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos que se consideran fundamentales para una vida digna y respetuosa de los derechos humanos.</p>     <p>Sin embargo, este &oacute;ptimo es imposible de lograr en la mayor&iacute;a de los territorios. Si esto es as&iacute; en las regiones y municipios de los pa&iacute;ses desarrollados, m&aacute;s a&uacute;n lo es en pa&iacute;ses como los nuestros atravesados por profundas desigualdades territoriales. En tal sentido, se debe repensar el rol del Estado en materia de compensaci&oacute;n y subsidio a la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos en regiones con carencias tales que les impiden generar los recursos b&aacute;sicos.</p> <ul>Y de intervenci&oacute;n directa del Estado en esos territorios. Lo que se presupone hoy es que los gobiernos regionales deben hacerse cargo de eso, de territorios extremos y aislados. Lo que pasa es que por poblaci&oacute;n y por importancia, pasan a la cuenta de los l&iacute;os de la regi&oacute;n, porque hay que priorizar los recursos y los recursos se destinan a donde hay m&aacute;s poblaci&oacute;n, en donde hay m&aacute;s necesidades, en donde hay m&aacute;s demanda y hay m&aacute;s capacidad de protesta por &uacute;ltimo. Lo que se propon&iacute;a ah&iacute; era que hubiera un m&iacute;nimo garantizado para todos los chilenos que habitan el territorio nacional, respecto a servicios y a un m&iacute;nimo de vida de calidad, y eso garantizado por el Estado. Eso independiente de lo que hiciera la comuna o la regi&oacute;n. (Ex jefe de divisi&oacute;n Subdere).    </ul>     <p>Este &uacute;ltimo punto abre un debate acerca de una de las caracter&iacute;sticas del proceso de descentralizaci&oacute;n chileno tanto en lo local como en lo regional: su excesiva homogeneidad y rigidez. Otros procesos de descentralizaci&oacute;n son m&aacute;s flexibles en la pr&aacute;ctica (el caso franc&eacute;s) o en las normas que regulan el proceso de construcci&oacute;n de las regiones. El caso espa&ntilde;ol, uno de los m&aacute;s claros en este segundo ejemplo, define un punto de llegada que potencialmente puede ser igual para todas las comunidades aut&oacute;nomas, pero los avances de cada una de ellas depender&aacute; de sus posibilidades y del resultado de las negociaciones entre el gobierno central y el gobierno auton&oacute;mico. Eso es lo que genera que las diversas comunidades aut&oacute;nomas tengan distintas competencias.</p>     <p>Por el contrario, en el proceso chileno, no hay diversidad en el marco normativo e institucional (o muy m&iacute;nimas) con lo que algunas regiones son sobrepasadas por las competencias asignadas por la ley y otras perciben que dicho marco es insuficiente de acuerdo con sus capacidades.</p>     <p><font size="3">3.2. La dimensi&oacute;n pol&iacute;tica</font></p>     <p>En t&eacute;rminos de descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica, y si bien se comprende que era tal vez la mejor f&oacute;rmula en el contexto del proceso de transici&oacute;n, de la desconfianza que el tema generaba en la Concertaci&oacute;n y la falta de experiencia en la materia, destaca la necesidad por parte de todos los sectores de cambiar la forma de elecci&oacute;n de los consejeros regionales.</p>     <p>Se reconoce, adem&aacute;s, que ello tiene directa relaci&oacute;n con las competencias, la eficiencia y transparencia que tienen los consejos regionales para asignar recursos. El problema de los consejos regionales radica en la forma en que son electos, problema que a&uacute;n no ha sido resuelto por el legislador, que ve en el consejo regional electo directa y democr&aacute;ticamente por la ciudadan&iacute;a a un futuro competidor por un sill&oacute;n en el Parlamento.</p> <ul>… ellos, entregan obras, lo cual constituye una clara competencia para los parlamentarios, quienes no est&aacute;n dispuestos a legislar a favor de una nueva autoridad que luego le compita en las elecciones. En consecuencia, no hay elecci&oacute;n directa de consejero regional, porque para el mundo parlamentario que ha debido legislar, al tener un consejo regional elegido directamente por la ciudadan&iacute;a, incluso en un &aacute;mbito provincial como colegio electoral, es un tipo claramente, pero claramente, competencia del parlamentario (…) en mi opini&oacute;n la &uacute;nica fortaleza de legitimidad es la elecci&oacute;n directa (…) (lo cual) est&aacute; s&uacute;per acotado (…) lo acotaron por la v&iacute;a de la inhabilidad&quot;. (Ex subsecretario Subdere)    <br> T&uacute; comprender&aacute;s que una regi&oacute;n que escoja directamente a sus consejeros regionales por ejemplo, perfectamente puede ocurrir que un consejero regional tenga m&aacute;s votos que un diputado y m&aacute;s votos que un senador, lo mismo ocurre con la elecci&oacute;n de un presidente regional. Por lo tanto la importancia pol&iacute;tica de un Consejero o de un Intendente o un ejecutivo del gobierno regional, pasa a tener un rol preponderantes versus el parlamentario de la regi&oacute;n. (Ex jefe de divisi&oacute;n Subdere)    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien la elecci&oacute;n directa de consejero regional es percibida como una necesidad fundamental, una reforma de este tipo no asegura cambios en el rol del consejo regional tal como est&aacute; definido hasta este momento. Resulta interesante que ninguno de los entrevistados haya reparado en el hecho de que los parlamentarios son de la Rep&uacute;blica y por tanto autoridades nacionales, no territoriales y que dicha labor se encuentra fuera del &aacute;mbito de competencia que le ha dispuesto la ley. Por lo que la labor de lobby que hoy puede generar un core que convive con autoridades regionales es superior a la de un parlamentario, pero m&aacute;s importante que eso, es leg&iacute;tima.</p> <ul>Por eso se ha dado muchas veces la garant&iacute;a o se ha pedido la garant&iacute;a que esto sea limitado por circunscripciones o modelos de circunscripciones, y eso es un estudio que nosotros hicimos, porque nos parec&iacute;a que lo importante era elegir y no poner en riesgo el liderazgo de nadie y se busc&oacute; una estructura de elecci&oacute;n, de electores que no se superpusiera ni a las circunscripciones ni a los distritos, y se jug&oacute; por una l&oacute;gica provincial, en una l&oacute;gica provincial cuando t&uacute; los eliges por provincias no corresponde ni a una regi&oacute;n ni a un distrito, y muchas veces en una provincia hay dos o m&aacute;s distritos. Solamente en dos casos en Chile coinciden provincia y distrito, por tanto ese argumento se ca&iacute;a en contra de los consejeros regionales, porque la configuraci&oacute;n era distinta. (Ex jefe de divisi&oacute;n Subdere)    </ul>     <p>Aun cuando existe consenso en que es necesario avanzar hacia una mayor descentralizaci&oacute;n, hay dos l&iacute;mites que contienen el proceso: la idea del Estado unitario y la disciplina fiscal. En la fortaleza de ambos aspectos contribuye la experiencia comparada de Am&eacute;rica Latina en donde (aunque sobre este punto cabe se&ntilde;alar que el diagn&oacute;stico sobre el cual se basa el an&aacute;lisis requiere m&aacute;s detalles) pa&iacute;ses federales (como Argentina) han enfrentado profundas y reiteradas crisis econ&oacute;micas e institucionales, o como Colombia que para el caso del nivel municipal constituye un ejemplo de las consecuencias de la falta de responsabilidad fiscal por la v&iacute;a del endeudamiento.</p>     <p>La fortaleza del centralismo se explica por muchos en que ha sido uno de los componentes centrales de nuestra vida republicana.</p> <ul>… de alguna manera, hasta el m&aacute;s cr&iacute;tico de este centralismo, encuentra que en alg&uacute;n punto Chile ha sido ordenado, de alguna manera a partir de ese control fuerte central. (Ex intendente)    </ul>     <p>Es por ello que la reforma de la forma jur&iacute;dica para dejar de lado el Estado unitario y constituir un estado federal no es parte de la agenda. Sobre este punto hay una cierta controversia. Para algunos, avanzar en la profundizaci&oacute;n de la autonom&iacute;a regional no es obst&aacute;culo para mantener una estructura descentralizada representada por los intendentes. Para otros,</p> <ul>… la expresi&oacute;n de una real descentralizaci&oacute;n tiene un punto decisivo y definitivo: que la elecci&oacute;n de los intendentes sea por la ciudadan&iacute;a en la regi&oacute;n correspondiente y no sean desconcentrados del poder central (Ex intendente)    </ul>     <p>Hay dos aspectos adicionales que tenemos que considerar para explicar las dificultades del proceso. En primer t&eacute;rmino, el proceso de descentralizaci&oacute;n no es una prioridad para la sociedad chilena (ni siquiera para las sociedades regionales), y ello tiene una posible explicaci&oacute;n en la debilidad de la sociedad civil.</p> <ul>Muy d&eacute;bil, ha sido muy d&eacute;bil, porque podemos hablar de la sociedad civil en su conjunto, pero eso s&iacute; es algo mucho m&aacute;s de fondo. Tiene que ver con un modelo que tiene una cierta dimensi&oacute;n hacia la conducta personal y es m&aacute;s bien de la sociolog&iacute;a o de la psicolog&iacute;a social. Pero en lo concreto no hay fuerza. El CORE, en t&eacute;rminos de presi&oacute;n, tiene m&aacute;s fuerza en regiones que en Santiago, pero no hay fuerza, salvo en unas zonas del pa&iacute;s con tradici&oacute;n de mayor autonom&iacute;a o de mayor identidad, en el caso concreto Concepci&oacute;n, Valdivia, Magallanes por su aislamiento. Valdivia es un ejemplo cuya materializaci&oacute;n es la regi&oacute;n. Ellos pelearon desde los ochentas, yo not&eacute; ah&iacute; una identidad evidente, fuerte, que adem&aacute;s se constru&iacute;a sobre la rivalidad con Osorno, la rivalidad con Puerto Montt, pero finalmente result&oacute;. (Ex subsecretario Subdere)    </ul>     <p>La debilidad de las sociedades civiles regionales explica la falta de cumplimiento de compromisos pol&iacute;ticos orientados a profundizar la descentralizaci&oacute;n, pero que nunca se cumplen.</p> <ul>Entonces ah&iacute; yo creo que hay un proceso que falta, que es el que la ciudadan&iacute;a empiece a exigir los compromisos pol&iacute;ticos que se toman. Porque el compromiso de los parlamentarios fue amplio a favor de una agenda completa de descentralizaci&oacute;n. Hasta ah&iacute; quedamos y este gobierno, yo dir&iacute;a, ten&iacute;a como la puerta abierta a un proceso que ya ten&iacute;a valor de construcci&oacute;n de proceso y ten&iacute;a valor ciudadano agregado y hab&iacute;a sido discutido en todo el pa&iacute;s, que tra&iacute;a organizaciones detr&aacute;s de esto, ten&iacute;as un ablandamiento de la clase pol&iacute;tica. (Ex jefe de divisi&oacute;n Subdere)    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Pero tampoco es una prioridad para los partidos pol&iacute;ticos. Se podr&iacute;a pensar que en un contexto de tan amplia centralizaci&oacute;n y de &quot;presidencializaci&oacute;n&quot; de la pol&iacute;tica, los partidos de oposici&oacute;n y de la denominada izquierda extraparlamentaria ser&iacute;an los m&aacute;s interesados en multiplicar los espacios democr&aacute;ticos del sistema pol&iacute;tico y, con ellos, sus posibilidades de ampliar sus oportunidades de obtener espacios de representaci&oacute;n. Sin embargo, predomina, a juicio de los entrevistados, una din&aacute;mica de &quot;todo o nada&quot;. Incluso, algunos opinan que m&aacute;s all&aacute; de los partidos debiera ser rol de los parlamentarios regionales instalar el asunto en la agenda p&uacute;blica.</p>     <p>El escaso protagonismo de los partidos pol&iacute;ticos y de los parlamentarios en el debate sobre el proceso de descentralizaci&oacute;n tiene, a juicio de uno de los entrevistados, ra&iacute;ces m&aacute;s profundas que apuntan al deterioro de la pol&iacute;tica chilena y el debilitamiento de lo que podr&iacute;amos denominar su capacidad de crear proyectos de pa&iacute;s.</p>     <p>Desde este punto de vista, las carencias de los partidos y de los parlamentarios en lo relativo a la descentralizaci&oacute;n, tienen su origen no s&oacute;lo en los c&aacute;lculos de corto plazo, sino tambi&eacute;n en la ausencia de un proyecto y un discurso pol&iacute;tico que integre en el plano del modelo de pa&iacute;s que se quiere construir, una nueva relaci&oacute;n entre la capital y las regiones. En definitiva, se trata de entender que el proceso de descentralizaci&oacute;n regional avanzar&aacute; en la medida que la sociedad y los partidos pol&iacute;ticos constituyan un nuevo sentido.</p>     <p>En el marco de un proceso en donde se observan importantes avances, y m&aacute;s all&aacute; del d&eacute;ficit en materia de r&eacute;gimen pol&iacute;tico y de descentralizaci&oacute;n fiscal, hay tambi&eacute;n rezagos importantes que es urgente abordar:</p> <ul>a) La gesti&oacute;n de los zonas especiales, lo cual implica una redefinici&oacute;n del rol del Estado central.     <br>b) Un mecanismo de dise&ntilde;o de la divisi&oacute;n pol&iacute;tica del pa&iacute;s m&aacute;s flexible que vaya m&aacute;s all&aacute; de la consideraci&oacute;n del tama&ntilde;o del territorio y que tenga en cuenta otras variables tales como la capacidad econ&oacute;mica y productiva y la dimensi&oacute;n identitaria.    <br> c) La gesti&oacute;n de las &aacute;reas metropolitanas.     <br>d) El ordenamiento territorial como factor cr&iacute;tico del desarrollo en el territorio.     <br>e) La creaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos regionales dependientes del gobierno regional.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><font size="3"><b>4. Conclusiones</b></font></p>     <p>Es posible argumentar que el proceso de descentralizaci&oacute;n en Chile se encuentra en permanente actividad, y es que a partir del nuevo escenario democr&aacute;tico de principios de los 90 nuestro pa&iacute;s ha realizado innumerables esfuerzos por profundizar un proceso de descentralizaci&oacute;n enmarcado en primera instancia en la modernizaci&oacute;n del Estado y en el ajuste institucional despu&eacute;s. Con todo, a partir del an&aacute;lisis de las entrevistas a los actores claves del presente estudio, a&uacute;n resta mucho para dar un paso significativo que dote de efectivo poder a los gobiernos regionales y a los municipios, les entregue mayor capacidad de gesti&oacute;n y aumente su autonom&iacute;a fiscal, lo anterior, en la convicci&oacute;n de que la descentralizaci&oacute;n, adem&aacute;s de ser un proceso &quot;pol&iacute;ticamente correcto&quot;, se entiende como una herramienta eficaz para alcanzar el desarrollo equitativo de los territorios del pa&iacute;s; ello si se analizan las reformas introducidas en el proceso de descentralizaci&oacute;n regional chileno con dos procesos que constituyen importantes referencias a nivel mundial: el colombiano, en el plano de los departamentos, y el franc&eacute;s.</p>     <p>Al observar la experiencia colombiana en materia de descentralizaci&oacute;n, espec&iacute;ficamente a partir de la reforma de su Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica en 1991, ya la propia envergadura legal del marco que determina un nuevo &quot;pacto social&quot; da cuenta de una profunda intenci&oacute;n de dotar de mayor credibilidad a las instituciones, aumentar la participaci&oacute;n de la comunidad en el proceso de toma de decisiones y hacer m&aacute;s eficiente la gesti&oacute;n p&uacute;blica. A partir del an&aacute;lisis de los avances y la experiencia colombiana resalta el hecho de que contar con un marco legal constitucional permite profundizar efectivamente un modelo descentralizador que transfiere competencias desde el nivel central al subnacional y legitima tanto en t&eacute;rminos de gesti&oacute;n como de participaci&oacute;n su estructura institucional subnacional; en efecto, los departamentos, los distritos, los municipios y distritos ind&iacute;genas &mdash;unidades pol&iacute;tico-administrativas en la cuales se divide el territorio&mdash; tienen derecho de gobernarse por autoridades propias, ejercer las competencias que le correspondan, administrar sus recursos, establecer los tributos necesarios para el cumplimiento de sus funciones y participar en las rentas nacionales.</p>     <p>El caso colombiano resulta particularmente interesante ya que muestra avances en materias que todav&iacute;a no se resuelven en el proceso chileno de descentralizaci&oacute;n regional. Entre ellos:</p> <ul>a) El mayor logro a nivel de descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica ha sido la elecci&oacute;n popular de alcaldes y gobernadores, que sin lugar a dudas entrega a los ciudadanos, bajo criterios democr&aacute;ticos, la posibilidad de elegir seg&uacute;n sus intereses.     <br>b) Aunque en la pr&aacute;ctica hayan sido pocos los mecanismos de participaci&oacute;n materializados, la inserci&oacute;n de ellos en la Constituci&oacute;n de 1991 abre un espacio real y bastante ambicioso para el ejercicio democr&aacute;tico por ser desarrollado en el campo jur&iacute;dico, m&aacute;s all&aacute; del pol&iacute;tico, frente a la incapacidad del Estado para garantizarlos. La revocatoria al mandato de los gobernadores, aunque no se ha concretado, ya tiene varios ejercicios donde la iniciativa ciudadana ha sido de vital impulso.    <br> c) Es evidente dentro de este proceso la aparici&oacute;n lenta sobre la escena pol&iacute;tica territorial de nuevos partidos de izquierda y movimientos sociales al margen de los partidos pol&iacute;ticos tradicionales, los cuales tienen una fuerte vinculaci&oacute;n con la comunidad y refuerzan los procesos de participaci&oacute;n.    <br> d) Los sistemas de transferencias por regal&iacute;as y de cofinanciaci&oacute;n, pese a ser tan inequitativamente redistribuidos, ser botines electorales y no estar articulados, han logrado contribuir en cierta medida a la creaci&oacute;n de una infraestructura de servicios necesaria para promover el desarrollo territorial.    </ul>     <p>Comparativamente, el caso colombiano difiere del chileno y constituye un potencial referente b&aacute;sicamente por los siguientes factores: marco constitucional que consagra una serie de principios descentralizadores que dan cuenta de un modelo por alcanzar; elecci&oacute;n democr&aacute;tica directa y popular de todas las autoridades del nivel departamental &mdash;s&iacute;mil al nuestro regional&mdash;; rol del nivel departamental como intermedio entre el gobierno central y el municipio, subsidiario y complementario del accionar del nivel local; por &uacute;ltimo, el amplio espectro de controles de la gesti&oacute;n p&uacute;blica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proceso de descentralizaci&oacute;n franc&eacute;s, por su parte ha superado las rigideces tanto del sistema antiguo como de aquellas resultantes del nuevo ordenamiento administrativo regional, por medio de la creaci&oacute;n de nuevas formas organizativas basadas en la coordinaci&oacute;n (algunas novedosas y otras antiguas) como las diversas comunidades, sindicatos, entidades de coordinaci&oacute;n o los pa&iacute;ses de proyecto. La reforma introdujo un fuerte dinamismo en el sistema administrativo; la regionalizaci&oacute;n impuls&oacute; mejoras en los resultados de servicios traspasados como en educaci&oacute;n, urbanismo vivienda y desarrollo econ&oacute;mico, mejorando la imagen ciudadana del Estado por la v&iacute;a de los buenos resultados de las colectividades territoriales; as&iacute; mismo, la combinaci&oacute;n, en el plano de las responsabilidades fiscales, de autonom&iacute;a impositiva con impuestos propios para las colectividades territoriales y m&aacute;rgenes para incrementar los impuestos que permanecen en manos del Estado central, con la mantenci&oacute;n de un conjunto de fondos que provienen del nivel central orientados a asegurar equidad interterritorial.</p>     <p>Este principio resulta referente al observarlo desde la experiencia chilena, en donde el conjunto de iniciativas en esta materia est&aacute; lejos de unir la estrategia institucional con la autonom&iacute;a fiscal. Tal relaci&oacute;n claramente establecida en el modelo franc&eacute;s evita superposiciones, asumiendo eficientemente tanto los principios de subsidiariedad como el de proximidad en la gesti&oacute;n subnacional.</p>     <p>Otro aspecto por considerar es el hecho de que en Francia la apuesta por el desarrollo tiene una mirada supraregional: los m&uacute;ltiples modelos asociativos intentan superar la rigidez burocr&aacute;tica y apuestan por la subsidiariedad y la coparticipaci&oacute;n, en tanto que en Chile el desaf&iacute;o por llevar hacia el desarrollo territorios deprimidos ha sido exactamente el contrario: modificando la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa se crean comunas y regiones, en respuesta a la heterog&eacute;nea composici&oacute;n competitiva de nuestros territorios.</p>     <p>Finalmente, un aspecto relevante que potencialmente puede dinamizar el proceso de regionalizaci&oacute;n en Francia es la constituci&oacute;n del Comit&eacute; de las Regiones, tal como lo establece el art&iacute;culo 263 del Tratado de la Comunidad Europea (Maastritch, 1992), &oacute;rgano de car&aacute;cter consultivo y con miembros proporcionales a la cantidad de habitantes de cada pa&iacute;s y que ha ido fortaleciendo su rol en el sentido de aumentar los asuntos sobre los cuales emite dict&aacute;menes prescriptitos y sobre los cuales se le debe consultar, as&iacute; como el reconocimiento del derecho de las colectividades territoriales a recurrir al Tribunal de Justicia Europeo en defensa de sus atribuciones y del principio de subsidiaridad en aquellas materias que requieren la consulta del Comit&eacute; de las Regiones.</p>     <p>Sobre la base de lo expuesto en los cap&iacute;tulos de este estudio, el proceso de descentralizaci&oacute;n en Chile enfrenta un escenario institucional subnacional deficitario, tanto en t&eacute;rminos de competencias como de gesti&oacute;n, en donde la falta de autonom&iacute;a fiscal, de legitimidad pol&iacute;tica del nivel regional y de demanda ciudadana desde las regiones por m&aacute;s descentralizaci&oacute;n hace m&aacute;s lenta la instalaci&oacute;n de iniciativas que intentan llevar el proceso un paso m&aacute;s all&aacute;. Si a lo anterior se suma la a&uacute;n no clara, pero necesaria, reforma del Estado a partir de la crisis econ&oacute;mica global, nuestro pa&iacute;s enfrenta el desaf&iacute;o de decidir un nuevo acuerdo en esta materia.</p>     <br> <hr size=”1”>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="*">*</a></sup> Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n sobre el avance del proceso de descentralizaci&oacute;n en Chile. </p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> Nos referimos al libro publicado por la Subsecretaria de Desarrollo Regional y Administrativo (dependiente del Ministerio del Interior), <i>El Chile descentralizado que queremos</i> (2002).</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> La IDR corresponde a: la inversi&oacute;n de los gobiernos regionales, la inversi&oacute;n de asignaci&oacute;n regional, la inversi&oacute;n regional de asignaci&oacute;n local, los convenios de programaci&oacute;n y otros proyectos y programas que pueden variar anualmente. Se calcula mediante la siguiente expresi&oacute;n: (Inversi&oacute;n regionalizada / Inversi&oacute;n p&uacute;blica nacional) * 100.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> Uno de los objetivos de este documento es detectar, por medio de la aplicaci&oacute;n de metodolog&iacute;as cualitativas (espec&iacute;ficamente, aplicaci&oacute;n de entrevistas semiestructuradas), potenciales obst&aacute;culos a la profundizaci&oacute;n y perfeccionamiento del proceso de descentralizaci&oacute;n regional, especialmente cuando la agenda legislativa incluye uno de los puntos centrales sobre los cuales hay un amplio consenso, pero sobre el que ha sido muy costoso avanzar: el r&eacute;gimen pol&iacute;tico del gobierno regional. El an&aacute;lisis de las entrevistas realizadas se desarrolla a partir de las siguientes dimensiones: descentralizaci&oacute;n como proceso, en t&eacute;rminos fiscales y en el &aacute;mbito pol&iacute;tico; cada una de las dimensiones tiene un primer acercamiento relativo a las reflexiones expresadas por los entrevistados y luego se establecen los desaf&iacute;os mencionados para cada una de ellas.</p> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Arocena, J. (1997).<i> El desarrollo local. Un desaf&iacute;o para Am&eacute;rica Latina</i>. Caracas: Nueva Sociedad/Fundaci&oacute;n F. Ebert.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0122-4409200900020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Asociaci&oacute;n Chilena de Municipalidades. (2004). <i>Historia del gobierno local en Chile: 1541-2004</i>. Santiago: ACHM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0122-4409200900020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Borja, J., et al. (1987). <i>Descentralizaci&oacute;n del Estado. Movimiento social y gesti&oacute;n local</i>. Santiago: ICI/FLACSO/CLACSO.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0122-4409200900020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bossier, S. (1990). <i>Territorio, Estado y sociedad</i>. Santiago: Pehu&eacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0122-4409200900020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Boisier, S. (2000). Chile: la vocaci&oacute;n regionalista del gobierno militar. <i>Revista EURE</i>, 26 (77), 81-107.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0122-4409200900020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Brugu&eacute;, Q., y Gom&aacute;, R. (Comps.) (1998). <i>Gobiernos locales y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas</i>. Barcelona: Ariel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0122-4409200900020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Cohen, J., y Arato, A. (2000). <i>Sociedad civil y teor&iacute;a pol&iacute;tica</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0122-4409200900020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Coraggio, J. L. (1997). <i>La descentralizaci&oacute;n, el d&iacute;a despu&eacute;s..</i>. Buenos Aires: UBA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0122-4409200900020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Cunill, N. (1997). <i>Repensando lo p&uacute;blico a trav&eacute;s de la sociedad</i>. Caracas: CLAD-Nueva Sociedad. p. 48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0122-4409200900020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Cunill, N. (1992). <i>Participaci&oacute;n ciudadana</i>. Caracas: CLAD.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0122-4409200900020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Cunill, N., y Bresser Pereira, C. (1998). <i>Lo p&uacute;blico no estatal en la reforma del Estado</i>. Buenos Aires: CLAD/Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0122-4409200900020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Fern&aacute;ndez, J., y Jara, J. (2008). <i>Evoluci&oacute;n y an&aacute;lisis de la inversi&oacute;n de decisi&oacute;n regional (IDR) 1990-2007</i>. Santiago: Subdere.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0122-4409200900020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Huerta, M., Pressacco, F., et al. (2000). <i>Descentralizaci&oacute;n, municipio y participaci&oacute;n ciudadana: Chile, Colombia y Guatemala</i>. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0122-4409200900020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Irarr&aacute;zaval, I. (Ed.). (1993). <i>Desaf&iacute;os de la descentralizaci&oacute;n</i>. Santiago: CEP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0122-4409200900020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Jordana, J. (2001). <i>Relaciones intergubernamentales y descentralizaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina: una perspectiva Institucional</i>. Washington: INDES.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0122-4409200900020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Kliksberg, B. (Comp.). (1994). <i>El redise&ntilde;o del Estado</i>. M&eacute;xico: INAP/FCE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0122-4409200900020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Lira, L., y Marinovic, F. (1999). Estructuras participativas y descentralizaci&oacute;n: el caso de los Consejo Regionales en Chile. En VV.AA, <i>Instituciones y actores de desarrollo territorial en el marco de la globalizaci&oacute;n</i>. Talcahuano: ILPES/CEPALUniversidad del B&iacute;o-B&iacute;o.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0122-4409200900020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Mu&ntilde;oz, O. (Ed.). (1992). <i>Hacia el Estado regulador</i>. Santiago: CIEPLAN.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0122-4409200900020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Nogueira, H. (s/f). <i>El gobierno regional en Chile y la experiencia comparativa</i>. Santiago: UNAB.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0122-4409200900020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Raczynski, D., y Serrano, C. (Eds.). (2001). <i>Descentralizaci&oacute;n: nudos cr&iacute;ticos</i>. Santiago: CIEPLAN/Asear&iacute;as para el Desarrollo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0122-4409200900020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Salazar, G. (Comp.). (1998). <i>Autonom&iacute;a, espacio y gesti&oacute;n</i>. Santiago: LOM.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0122-4409200900020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Subdere. (2008). <i>Evoluci&oacute;n y an&aacute;lisis de la Inversi&oacute;n de Decisi&oacute;n Regional (IDR), 1990-2007</i>. Santiago: Autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0122-4409200900020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Subdere. (2001). <i>Descentralizaci&oacute;n y desarrollo regional</i>. Santiago: Gobierno de Chile.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0122-4409200900020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Subdere. (2002). <i>El Chile descentralizado que queremos</i>. Santiago: Autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0122-4409200900020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Tomassini, L., y Kliksberg, B. (Comps.). (2000). <i>Capital social y cultura: claves estrat&eacute;gicas para el desarrollo</i>. Buenos Aires: FCE-BID.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0122-4409200900020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Vall&eacute;s, J. (2007). <i>Ciencia pol&iacute;tica</i>. Barcelona: Ariel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0122-4409200900020000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Vandelli, L. (1992). <i>El poder local</i>. Madrid: MAP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0122-4409200900020000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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