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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tres claves para repensar las Ciencias Políticas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay focus on the new challenges that the increasing globalisation and the social differentiation offer to Political Sciences, like discipline and academic task. The classic approach to the object of study around the power of the State like a central power, vertical, and omnipresent and the political citizenship derived from this conception, requires new keys to reinterpret the sovereignty, the citizenship, the public-private dichotomy and the legitimacy of the relations State-society with an interdisciplinary and less authoritarian perspective.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center>   <font size="4"><b>Tres claves para repensar las Ciencias Pol&iacute;ticas</b><sup><a href="#*">*</a></sup></font> </center></p>     <p>    <center>   <font size="3"><i>Three keys to think political sciences</i></font> </center></p>     <br>     <center><font size="3"><b>Mar&iacute;a Cristina Ocampo Herr&aacute;n</b></font><sup><a href="#**">**</a></sup> </center>     <br>    <br>      <p><sup><a name="**">**</a></sup> Doctorada en Sociolog&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia. Directora de la Maestr&iacute;a en Pol&iacute;tica Social. Profesora de Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Relaciones Internacionales de La Pontificia Universidad Javeriana. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ocampom@javeriana.edu.co">ocampom@javeriana.edu.co</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <hr size="1">     <p><b>Resumen</b>    <br> Este ensayo aborda los nuevos retos que la globalizaci&oacute;n creciente y la diferenciaci&oacute;n social ofrecen para las Ciencias Pol&iacute;ticas, como disciplina y como quehacer acad&eacute;mico. El abordaje cl&aacute;sico del objeto de estudio que giraba alrededor del poder del Estado como un poder central, vertical y omnipresente, y de la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica derivada de esta concepci&oacute;n, requiere nuevas claves para reinterpretar la soberan&iacute;a, la ciudadan&iacute;a, la dicotom&iacute;a p&uacute;blico-privado y la legitimidad de las relaciones Estado-sociedad con una perspectiva m&aacute;s interdisciplinaria y menos autoritaria.</p>     <p><b>Palabras clave autor</b>    <br>  Soberan&iacute;a, nuevas ciudadan&iacute;as, ciudadan&iacute;a social, legitimidad, equidad, Ciencias Pol&iacute;ticas.</p>     <p><b>Palabras clave o descriptores</b>    <br> Sovereignty, New Citizenships, Social Citizenship, Legitimacy, Equity, Political Sciences.</p>        <br><hr size="1">     <p><b>Abstract</b>    <br> This essay focus on the new challenges that the increasing globalisation and the social differentiation offer to Political Sciences, like discipline and academic task. The classic approach to the object of study around the power of the State like a central power, vertical, and omnipresent and the political citizenship derived from this conception, requires new keys to reinterpret the sovereignty, the citizenship, the public-private dichotomy and the legitimacy of the relations State-society with an interdisciplinary and less authoritarian perspective.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words author</b>    <br> Pol&iacute;tical Science, World Citizenship, Distributive Justice.</p>     <p><b>Key words plus</b>    <br> Ciencia pol&iacute;tica, ciudadan&iacute;a mundial, Justicia distributiva.    <br></p>     <br>   <hr size="1">       <br>      <p>Los procesos de globalizaci&oacute;n y de diferenciaci&oacute;n social imponen nuevos retos al quehacer de las Ciencias Pol&iacute;ticas en los albores del tercer milenio. La crisis de soberan&iacute;a del Estado, la identidad de los actores sociales y su exigencia de nuevas formas de ciudadan&iacute;a, as&iacute; como la b&uacute;squeda de la equidad como fundamento de la legitimidad de las relaciones entre el Estado y la sociedad, son temas profundos y relevantes en escenarios de globalizaci&oacute;n creciente y en Estados y coyunturas concretas como las de nuestro pa&iacute;s.</p>     <p><font size="3"><b>Reinterpretaci&oacute;n de la soberan&iacute;a</b></font></p>     <p>La crisis de soberan&iacute;a nos obliga a reinterpretar el concepto de Estado-naci&oacute;n. En primer lugar, porque nunca como ahora la soberan&iacute;a ha estado atravesada por el avance y las crisis del capitalismo y de las grandes corporaciones multinacionales que superan el poder, los recursos e incluso las capacidad normativa de los Estados, introduciendo factores de riesgo econ&oacute;mico y medioambiental que resultan incontrolables para la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, en lo que Ulrich Beck (2002) ha denominado &quot;la sociedad del riesgo global&quot;, como una sociedad donde no existe una conexi&oacute;n entre quienes generan el riesgo y quienes deben pagar sus consecuencias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un visionario texto publicado por primera vez en 2001, Beck advierte sobre las consecuencias no deseadas de una &quot;modernizaci&oacute;n radicalizada&quot;, en la cual la desregulaci&oacute;n de grandes sectores de la econom&iacute;a y de las relaciones laborales, el embate de las corporaciones multinacionales y la p&eacute;rdida de legitimidad del Estado inciden en el crecimiento del desempleo y el subempleo, en el incremento de la pobreza y el desbordamiento del consumo en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados. El nuevo riesgo de los mercados globales, contin&uacute;a, es &quot;una nueva forma de irresponsabilidad organizada, hasta el punto de carecer de responsabilidades, incluso ante s&iacute; misma (…) Como no hay un gobierno global, el riesgo del mercado global no puede regularse como el de los mercados nacionales&quot; (Beck, 2002).</p>     <p>La actual crisis econ&oacute;mica mundial ofrece la evidencia m&aacute;s contundente. La ca&iacute;da de los grandes emporios financieros de Wall Street y su efecto domin&oacute; sobre el empleo, el consumo y la producci&oacute;n en los pa&iacute;ses del primer mundo, con sus devastadoras consecuencias para los pa&iacute;ses pobres y en desarrollo, y la irresponsabilidad casi criminal de que han hecho gala los ejecutivos de las grandes corporaciones, muestran una l&oacute;gica perversa donde no hay correspondencia entre causas y consecuencias en el reparto de males y beneficios. Frente a ello, las tradicionales herramientas econ&oacute;micas y la capacidad de intervenci&oacute;n pol&iacute;tica de los Estados nacionales, a&uacute;n de los m&aacute;s poderosos, se muestran incapaces.</p>     <p>En el orden nacional se ven afectadas la factibilidad de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y la gobernabilidad. Hoy los Estados, especialmente los perif&eacute;ricos, deben lidiar simult&aacute;neamente con su inserci&oacute;n en la red global, con lo que ella implica en la aceptaci&oacute;n de reglas de juego ex&oacute;genas en materia econ&oacute;mica o pol&iacute;tica, con la presencia de grandes masas de excluidos y con la emergencia de nuevas identidades locales que exigen el pago de deudas hist&oacute;ricas. Al respecto, Castells (1998) afirma que &quot;los Estados pierden soberan&iacute;a, pero no pierden capacidad de acci&oacute;n. Y lo que se hace, qui&eacute;n lo hace, c&oacute;mo lo hace y para qui&eacute;n se hace, siguen siendo los criterios relevantes para juzgar la eficacia, equidad y solidez de una pol&iacute;tica p&uacute;blica&quot;.</p>     <p>En una paradoja en la cual los Estados poderosos han sido cada vez m&aacute;s blandos frente a los avances de las grandes corporaciones econ&oacute;micas, y cada vez m&aacute;s invasivos respecto de otros Estados y de las libertades individuales, se dan rupturas f&aacute;cticas a la soberan&iacute;a por el uso de la fuerza. Leviathan debe ser reinterpretado a la luz de doctrinas como la de &quot;leg&iacute;tima defensa&quot; en las relaciones internacionales, con la cual se legitima la superposici&oacute;n de la soberan&iacute;a de un Estado sobre otros, en funci&oacute;n del poder de las armas, el poder del dinero, el poder de la informaci&oacute;n y la capacidad para incidir sobre las decisiones de los organismos internacionales creados, supuestamente, para evitar situaciones de hecho.</p>     <p>A nivel nacional esta crisis de soberan&iacute;a tiene relaci&oacute;n con el segundo tema: el de la identidad y el quehacer de los actores sociales. En el caso colombiano es muy doloroso, pero muy real, constatar que los actores sociales m&aacute;s relevantes han sido aquellos que le disputan al Estado la soberan&iacute;a en el uso leg&iacute;timo de la fuerza, de modo que a trav&eacute;s de varias generaciones se ha intimidado la voz de la sociedad desarmada, para escuchar la &quot;voz&quot; armada de quienes atentan no solamente contra el Estado, sino, sobre todo, contra la poblaci&oacute;n civil.</p>     <p>La grave preocupaci&oacute;n es que la retoma de la soberan&iacute;a del Estado en el uso de la violencia se haga por una v&iacute;a no democr&aacute;tica, por una v&iacute;a cada vez m&aacute;s autoritaria, cada vez m&aacute;s enajenadora de los derechos de la sociedad y cada vez m&aacute;s amenazante para aquellos que puedan tener una voz disidente.</p>     <p>En este contexto cobran inusitada actualidad las reflexiones de Karl Schmitt sobre la dictadura en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. La situaci&oacute;n de las cosas exige actuaciones concretas. Esa situaci&oacute;n de las cosas no es otra que enfrentar una guerra externa o apaciguar una rebeli&oacute;n interna; en ambos casos se trata de relaciones extraordinarias que exigen medidas extraordinarias. Aqu&iacute; el dictador es visto como un comisario de acci&oacute;n, no el que delibera o consulta, sino el que ejecuta (Schmitt, 1985).</p>     <p>Mientras que en situaciones ordinarias el gobernante est&aacute; sometido a la ley natural y al orden civil, en los estados de excepci&oacute;n el gobernante s&oacute;lo est&aacute; sometido a la ley divina, y por tanto en el Estado tiene capacidad para intervenir el ordenamiento jur&iacute;dico, los derechos adquiridos y los cargos existentes: &quot;quien domina al estado de excepci&oacute;n, domina con ello al Estado, porque decide cu&aacute;ndo debe existir el Estado y que es lo que la situaci&oacute;n de las cosas exige&quot;. Como dir&iacute;a Hobbes, es el soberano quien decide &quot;lo que puede valer como inter&eacute;s p&uacute;blico.&quot;</p>     <p>El problema de las decisiones y las actuaciones p&uacute;blicas deja de ser ontol&oacute;gico o moral, pues en los estados de excepci&oacute;n poco importa la finalidad del Estado o la moralidad de las actuaciones. En este sentido, el gobernante ha de ser juzgado por cuanto sus decisiones contribuyen o no a solucionar el estado de las cosas. Al respecto, Schmitt se&ntilde;ala que &quot;… donde todo depende del estado de cosas concreto, del &eacute;xito a alcanzar, la diferencia entre lo justo y lo injusto se convierte en una formalidad in&uacute;til (…) en los asuntos p&uacute;blicos, en el derecho de guerra, en la misi&oacute;n estatal no decide la equidad, sino la dominaci&oacute;n, es decir alianzas, soldados y dinero…&quot;85).</p>     <p>Un escrito reciente de Gabriel Negretto (2004) arroja luces sobre el decisionismo propuesto por Schmitt, como concepto enfrentado a dos criterios fundamentales del pensamiento liberal: el imperio del derecho y la discusi&oacute;n racional como bases del quehacer pol&iacute;tico. Para Schmitt &quot;La decisi&oacute;n es lo opuesto de la discusi&oacute;n&quot;. Como lo explica Negretto, el autor niega la discusi&oacute;n en dos sentidos: por una parte, al establecer que el dictador es &quot;el que dicta&quot;, y por lo tanto niega toda deliberaci&oacute;n o argumentaci&oacute;n racional, y por otra al enfilar todas sus bater&iacute;as contra el parlamento, &oacute;rgano de discusi&oacute;n por excelencia. As&iacute;, las nociones de opini&oacute;n p&uacute;blica, pluralismo pol&iacute;tico, publicidad de las decisiones del Estado, son para Schmitt in&uacute;tiles ejercicios rom&aacute;nticos &quot;de conversaciones sin fin&quot;, anacr&oacute;nicas en la sociedad de masas, cuando no obst&aacute;culos para las decisiones de gobierno.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas categor&iacute;as, as&iacute; como los desarrollos sobre el concepto de amigo/enemigo, que en estados de excepci&oacute;n habilitan moralmente al gobernante para proceder a la exterminaci&oacute;n f&iacute;sica del adversario en una especie de derecho de guerra, han regresado a la academia con renovado inter&eacute;s, no exento de cierto af&aacute;n &quot;revanchista&quot; frente a las tesis liberales, dado que en muchos escenarios, aun los ilustrados, se confunden y se valoran negativamente el liberalismo econ&oacute;mico y el pol&iacute;tico.</p>     <p>No obstante, los verdaderos efectos del pensamiento de Schmitt deben revisarse en el quehacer pol&iacute;tico de algunos gobernantes contempor&aacute;neos cercanos a nuestra cotidianidad, que encuentran en su pensamiento un importante respaldo te&oacute;rico para sus actuaciones.</p>     <p>Frente a las tendencias hegem&oacute;nicas tanto en el orden interno como internacional, surgen nuevas propuestas contra-hegem&oacute;nicas: la defensa de valores comunes a toda la humanidad como el derecho a la vida o al medio ambiente, respecto de los cuales se abren paso instrumentos que traspasan las fronteras nacionales; o el surgimiento de lo que Soussa Santos y Beck llaman una &quot;ciudadan&iacute;a cosmopolita&quot;, cuyos valores y objetivos apelan a principios universales como la libertad, la tolerancia y la solidaridad, y se sienten obligados no hacia sus lazos nacionales, sino hacia la humanidad en su conjunto.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>Re-significaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a</b></font></p>     <p>Como lo se&ntilde;ala Lechner (1999), tradicionalmente se ha concebido la ciudadan&iacute;a tomando como referente el &aacute;mbito pol&iacute;tico-estatal: &quot;… quien otorga reconocimiento a los ciudadanos, los integra como miembros de la comunidad y les otorga la seguridad debida&quot;, y con ese mismo referente las personas han construido su identidad p&uacute;blica, han defendido sus intereses y han manifestado sus opiniones. Hoy, debido a los grandes procesos de diferenciaci&oacute;n, el Estado ha perdido su centralidad, su jerarqu&iacute;a vertical y su neutralidad formal. Por otra parte, la pol&iacute;tica ha perdido su capacidad simb&oacute;lica, de modo que las ideolog&iacute;as ya no interpretan los grandes sue&ntilde;os colectivos.</p>     <p>En este contexto se abren paso dos tipos de ciudadan&iacute;a, contin&uacute;a Lechner, una &quot;instrumental&quot;, en la que los ciudadanos consideran lo p&uacute;blico como algo ajeno, pero le exigen la soluci&oacute;n a los problemas sociales; no legitiman la capacidad del Estado para conducir la marcha del pa&iacute;s hacia grandes proyectos de car&aacute;cter colectivo, pero requieren soluciones concretas para la vida en com&uacute;n: &quot;la ciudadan&iacute;a instrumental descree de la pol&iacute;tica pero cree en la administraci&oacute;n, especialmente la municipal&quot; (1999).</p>     <p>El segundo tipo es la que llamar&iacute;amos una ciudadan&iacute;a &quot;social&quot;, que se aleja de los canales institucionalizados del quehacer pol&iacute;tico: los partidos, los sindicatos, las agremiaciones, para buscar nuevas formas de representaci&oacute;n desde las condiciones subjetivas: el g&eacute;nero, las preferencias sexuales o las condiciones &eacute;tnicas, raciales o culturales. Las personas no solamente exigen la ciudadan&iacute;a formal de la &quot;igualdad ante la ley&quot; en el marco de un Estado de derecho; exigen tambi&eacute;n el reconocimiento de la diferencia y aspiran a la igualdad esencial, aquella que &quot;da trato desigual a los desiguales&quot; en el marco de un Estado social de derecho.</p>     <p>Sin duda estas nuevas realidades constituyen retos para las Ciencias Pol&iacute;ticas. El viejo estatuto que propon&iacute;a al Estado como el pivote alrededor del cual debe girar la disciplina, debe ser objeto de nuevas reflexiones te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas sobre el papel de otros actores en la construcci&oacute;n del poder y de la identidad ciudadana:</p>     <p>Los agentes del mercado, cada vez m&aacute;s influyentes en la construcci&oacute;n y desarrollo de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, no solamente desde el punto de vista de la asignaci&oacute;n y provisi&oacute;n de bienes y servicios, sino en la b&uacute;squeda de expresiones de responsabilidad social empresarial; las ONG, que logran convocar y agrupar ciudadanos en el orden nacional e internacional no solamente en torno a intereses de grupo o de clase, sino tambi&eacute;n alrededor de derechos colectivos como el medio ambiente, los derechos humanos o la paz; y los ciudadanos mismos, como &quot;singularidades&quot; entre la multitud , como lo dicen Negri y Hardt (2004) en cuanto ya no son simples sujetos pasivos de los medios de comunicaci&oacute;n de masas, sino que forman redes auto-referenciadas a trav&eacute;s de Internet.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ello conduce a una resignificaci&oacute;n de los conceptos p&uacute;blico-privado. Al respecto Negri y Hardt (2004) cuestionan c&oacute;mo en el modelo vigente todo lo social se ha considerado &quot;p&uacute;blico&quot;, y por tanto sujeto a la vigilancia estatal, mientras que lo econ&oacute;mico ha sido cada vez mas &quot;privado&quot; y ajeno al control del Estado. Proponen, entonces, una estrategia alternativa en la cual lo privado &quot;exprese singularidades sociales m&aacute;s all&aacute; de la propiedad de los bienes materiales&quot; y lo p&uacute;blico, &quot;exprese lo com&uacute;n, m&aacute;s all&aacute; del control estatal&quot;. La discusi&oacute;n apenas empieza pero, sin duda, propone nuevos retos te&oacute;ricos, metodol&oacute;gicos y f&aacute;cticos.</p>     <p>En esta propuesta las nociones de inter&eacute;s general o inter&eacute;s p&uacute;blico deben ser sustituidas por las de &quot;inter&eacute;s com&uacute;n&quot; como una producci&oacute;n de la multitud. Se trata de un inter&eacute;s de todos, no reducido al control del Estado, si no recuperado por las singularidades que cooperan en la producci&oacute;n social y permiten llegar a una nueva forma de soberan&iacute;a mucho m&aacute;s democr&aacute;tica.</p>     <p>Frente a estas nuevas realidades en las que los ciudadanos desde&ntilde;an la participaci&oacute;n pol&iacute;tica tradicional, pero se ven a s&iacute; mismos como parte de colectivos caracterizados por sus rasgos sociales y culturales, se impone una visi&oacute;n mucho m&aacute;s interdisciplinar, que enriquezca las Ciencias Pol&iacute;ticas con otros saberes.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>Equidad como resignificaci&oacute;n de la legitimidad</b></font></p>     <p>La voluntad de obediencia por parte de los ciudadanos y el reconocimiento del derecho a gobernar, que constituyen la base de la legitimidad (Habermas, 2005), pasan por la b&uacute;squeda de la equidad en el marco del Estado social de derecho. No basta ya con el mantenimiento del orden p&uacute;blico o con la defensa frente a las amenazas externas como funci&oacute;n estatal por excelencia; pese a las dificultades del Estado benefactor para garantizar su sostenibilidad en el marco del modelo econ&oacute;mico vigente, los ciudadanos esperan cada vez m&aacute;s el cumplimiento de la promesa sobre los derechos fundamentales.</p>     <p>Mientras que en el Estado liberal la ciudadan&iacute;a civil y pol&iacute;tica es una construcci&oacute;n formal avalada por normas jur&iacute;dicas y consensos pol&iacute;ticos, en el Estado social la ciudadan&iacute;a se construye como un &quot;conjunto de expectativas que cada ciudadano en cuanto tal, expresa frente al Estado para obtener las garant&iacute;as de seguridad necesarias, en la vida y en el trabajo, para dar contenidos de dignidad a la existencia individual&quot; (Barcellona, 1991). La ley, como instrumento de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, y la intervenci&oacute;n del Estado en las diversas esferas de la vida econ&oacute;mica y social ser&aacute;n indispensables para construir la justicia distributiva a partir de la solidaridad como principio.</p>     <p>Los &quot;derechos distributivos&quot; que caracterizan el Estado social son intereses o necesidades de los individuos que deben satisfacerse con la correspondiente obligaci&oacute;n del gobierno o de cualquier otra parte obligada. Lo que define su naturaleza, sin embargo, es la necesidad de una intervenci&oacute;n del Estado sobre los procesos de asignaci&oacute;n de beneficios y cargas, no solamente mediante la definici&oacute;n de &quot;condiciones previas&quot; para el funcionamiento del mercado, sino sobre todo para modificar sus efectos en el acceso a ciertos bienes que como la salud o la educaci&oacute;n se consideran &quot;meritorios&quot; en cuanto satisfacen necesidades humanas esenciales.</p>     <p>Las normas, y muy especialmente el marco constitucional, son un buen par&aacute;metro sobre lo que los ciudadanos pueden esperar, pero no bastan. En el enfoque de derechos que propone Dworkin (1993) es necesario avanzar sobre principios, normas y directrices. Mientras que frente a las normas es indispensable revisar su legalidad, &quot;las directrices hacen referencia a objetivos sociales que se deben alcanzar y que se consideran socialmente beneficiosos y los principios hacen referencia a la justicia y la equidad.&quot; Estos criterios, que recogen la herencia de Rawls en su <i>Teor&iacute;a de la Justicia</i> (1997), y que en el modelo de Dworkin deben orientar la &quot;decisi&oacute;n correcta&quot; del juez, son tambi&eacute;n el punto de partida para comprender el papel de las pol&iacute;ticas sociales como pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</p>     <p>En un sugerente trabajo sobre la justicia, Jon Elster (1998) pone sobre la mesa los problemas de los tomadores de decisiones para la asignaci&oacute;n de los recursos, sean &eacute;stos para el conjunto de la sociedad (justicia &quot;global&quot;) o para casos concretos de individuos particulares (justicia &quot;local&quot;), y distingue tres tipos de bienes por asignar o distribuir: primero, aquellos que pueden asignarse como el dinero, los bienes materiales o los servicios; segundo, aquellos &quot;intangibles&quot; que como el autorrespeto, el bienestar o las &quot;aptitudes b&aacute;sicas&quot; a las que se refiere Senn, pueden modificarse favorable o desfavorablemente con la asignaci&oacute;n de los bienes del primer grupo, y tercero, aquellos que no pueden asignarse o distribuirse porque dependen de la gen&eacute;tica o de accidentes irreversibles, tales como las capacidades o discapacidades f&iacute;sicas y mentales. Las concepciones igualitaristas de la justicia, contin&uacute;a Elster, ofrecen tres estrategias: la igualaci&oacute;n directa o indirecta, mediante una asignaci&oacute;n equitativa de los bienes del primer tipo o su distribuci&oacute;n al azar si son indivisibles, y la compensaci&oacute;n para aquellos que tienen carencias del tercer tipo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tales estrategias nos dejan todav&iacute;a perplejos. &iquest;Qu&eacute; significa una asignaci&oacute;n equitativa en una sociedad donde las principales inequidades tienen su origen en las condiciones sociales y no en el azar de la gen&eacute;tica? M&aacute;s all&aacute; del dilema filos&oacute;fico o moral de la distribuci&oacute;n, de qu&eacute; monto de recursos y de qu&eacute; magnitud de necesidades estamos hablando en una sociedad donde la mayor&iacute;a es pobre y la masa de recursos es irrisoria, pues s&oacute;lo tiene capacidad de tributar una peque&ntilde;&iacute;sima porci&oacute;n de la sociedad, &iquest;c&oacute;mo definir la asignaci&oacute;n de recursos no solamente entre individuos, sino tambi&eacute;n entre prioridades de gasto social? &iquest;Debemos sacrificar la salud en aras de la educaci&oacute;n o dejar salud y educaci&oacute;n en un segundo plano para privilegiar la seguridad del Estado y de los ciudadanos?</p>     <p>En el Estado social toda pol&iacute;tica p&uacute;blica deber&aacute; enfrentar el dilema de la justicia cuando quiera que independientemente del tipo de servicio o cargas por distribuir haya de tomarse una decisi&oacute;n en torno a la equidad en la asignaci&oacute;n. Pero no bastan los criterios de equidad. A menudo la exigibilidad de los derechos sociales es difusa y por ello es necesario hacer claridad sobre las obligaciones del Estado y los particulares en la garant&iacute;a de estos derechos.</p>     <p>A diferencia de los derechos pol&iacute;ticos, cuya exigibilidad es inmediata, los derechos prestacionales como la salud, la educaci&oacute;n, la vivienda digna o la protecci&oacute;n a poblaciones vulnerables refieren a un servicio p&uacute;blico, requieren un desarrollo legal y una reglamentaci&oacute;n por parte del gobierno. Es aqu&iacute; donde se establece la conexi&oacute;n con las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, con todo lo que ellas implican de consensos pol&iacute;ticos y de esfuerzo fiscal. Si bien las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas son en un sentido &quot;normativas&quot;, en cuanto formulan un deber ser, una orientaci&oacute;n de la sociedad hacia unas metas deseables, son tambi&eacute;n un polo a tierra acerca de cu&aacute;nto es posible alcanzar dadas las limitaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y organizacionales.</p>     <p>Desde la academia, y particularmente desde una facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas, se impone la necesidad de participar en la b&uacute;squeda de respuestas para estos dilemas que hasta ahora han estado m&aacute;s en los terrenos del derecho, la filosof&iacute;a pol&iacute;tica o la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Sin duda, el campo de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, particularmente de las pol&iacute;ticas sociales, constituye terreno promisorio para el avance de la disciplina, pero sobre todo para el avance de las respuestas a una ciudadan&iacute;a que entiende la legitimidad de las relaciones entre Estado y sociedad a partir de la equidad.</p> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="*">*</a></sup> Ensayo sobre los nuevos desaf&iacute;os que enfrenta la Ciencia Pol&iacute;tica en un mundo en globalizaci&oacute;n.</p>     <br> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Barcellona, P. (1991). Los sujetos y las normas. El concepto de Estado Social. En E. Olivas (Comp.), <i>Problemas de legitimaci&oacute;n en el estado social </i>( pp. 29-47) Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0122-4409200900020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Beck, U. (2002). <i>La sociedad del riesgo global</i>. Madrid: Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0122-4409200900020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Caldwell, P. (2005). Controversies over Carl Schmitt, a review of recent literature. Chicago: Chicago University Press. Recuperado el 22 de enero de 2009 de <a href="http://www. find.galegroup.com" target="_blank">www. find.galegroup.com</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0122-4409200900020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Dworkin, R. (1993). <i>Los derechos en serio</i>. Buenos Aires: Planeta-De Agostini.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0122-4409200900020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Elster, J. (1998). <i>Justicia local</i>. Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0122-4409200900020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Hardt, M., y Negri, A. (2004). <i>Multitud: guerra y democracia en la era del imperio</i>. Barcelona: Random House-Mondadori.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0122-4409200900020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Habermas, J. (2005). <i>Facticidad y validez</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0122-4409200900020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Lechner, R. (1999). Las condiciones sociopol&iacute;ticas de la ciudadan&iacute;a. &#91;Conferencia de clausura del IX Curso Interamericano de Elecciones y Democracia, M&eacute;xico, Instituto Interamericano de Derechos Humanos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0122-4409200900020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Negretto, G. (2004). <i>El concepto de decisionismo en Carl Schmitt. El poder negativo de la excepci&oacute;n</i>. Buenos Aires: Flacso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0122-4409200900020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Ocampo, M. C. (2007). Pol&iacute;ticas sociales en el Estado social de derecho. En <i>Memorias del Segundo Coloquio de Profesores de la Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Relaciones Internacionales</i> (pp. 94-116) Bogot&aacute;: Editorial Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0122-4409200900020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Preuss, U. (1991). El concepto de los derechos y el Estado de bienestar. En E. Olivas (Comp.), <i>Problemas de legitimaci&oacute;n en el Estado social</i> (pp. 65-90) Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0122-4409200900020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Rawls, J. (1997). <i>Teor&iacute;a de la justicia</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0122-4409200900020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Schmitt, C. (1985). <i>La dictadura</i>. Madrid: Alianza. p. 46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0122-4409200900020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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