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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CURRIE Y COLOMBIA: EL ASESOR QUE VINO DE LEJOS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents and define a tesis about the impact of the Currie´s woek as economic asesor in Colombia . What made different Currie from othere ecomists maging the Colombia economic policy is his extreme independence respect to credit international organism and to the dominant theories modas. His independence was the product not only of his personal election, but the product of the special conditions involved in his arrive and steady in Colombia . Currie was independent because he could been it and because he elected it this is what this paper wants to argue.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">        <p align="right"><font size="4"><b>CURRIE Y COLOMBIA:  EL ASESOR QUE VINO DE LEJOS</b></font></p>      <p align="right">BORIS SALAZAR</p>      <p align="right">Economista. Universidad del Valle. MA. Graduate Faculty New School for Social Research.  New York. NY. Ph.D (c) en Econom&iacute;a Graduate Faculty New School for Social Research. New  York. NY. Jefe del Departamento de Econom&iacute;a, Universidad del Valle. <a href="mailto:bsalazar@emcali.net.co">bsalazar@emcali.net.co</a></p>      <p align="right">Fecha de recepci&oacute;n 17&#45;10&#45;2002 Fecha de aceptaci&oacute;n 10&#45;2&#45;2003</p>    <hr />        <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Este art&iacute;culo presenta y defiende una  tesis sobre el impacto del trabajo de  Currie como asesor econ&oacute;mico en Colombia.  Lo que diferencia a Currie de  los economistas que han dirigido despu&eacute;s  la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del pa&iacute;s es  su extrema independencia con respecto  a los organismos internacionales  de cr&eacute;dito y a las modas te&oacute;ricas dominantes.  La independencia con la  que siempre trabaj&oacute; no fue s&oacute;lo el  producto de su elecci&oacute;n individual,  sino de las muy especiales condiciones  que rodearon su arribo y permanencia  en Colombia. Currie fue independiente  porque pod&iacute;a serlo y porque  lo eligi&oacute; tambi&eacute;n. Es lo que este  art&iacute;culo pretende argumentar.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVES</b></p>      <p>Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica, Desarrollo econ&oacute;mico.  Productividad marginal, Crecimiento  end&oacute;geno, New Deal.</p>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This paper presents and define a tesis  about the impact of the Currie&acute;s  woek as economic asesor in Colombia.  What made different Currie  from othere ecomists maging the Colombia  economic policy is his extreme  independence respect to credit  international organism and to the  dominant theories modas. His independence  was the product not only  of his personal election, but the product  of the special conditions involved  in his arrive and steady in Colombia.  Currie was independent because  he could been it and because  he elected it this is what this paper  wants to argue.</p>      <p><b>KEYWORDS</b></p>      <p>Economic Policy, New Deal, Economic  Development, Marginal Productivity,  Endogenous Growth.</p>      <p><b>Clasificaci&oacute;n: B</b></p>    <hr />      <p>Cuando Lauchlin Currie lleg&oacute; a Colombia  por primera vez en 1949, como  jefe de la primera misi&oacute;n del Banco  Mundial a un pa&iacute;s en desarrollo, Colombia  estaba fuera del mundo, debati&eacute;ndose  entre las ruinas dejadas  por el asesinato de Gait&aacute;n, los miles  de muertos de la violencia cl&aacute;sica y  la liviandad intelectual del discurso  conservador que pretend&iacute;a imponerse  a sangre y fuego. La especie de los  economistas profesionales a&uacute;n no  exist&iacute;a y las decisiones de pol&iacute;tica  econ&oacute;mica eran tomadas por abogados  que se hac&iacute;an llamar hacendistas  y trataban de cuadrar las cifras  del presupuesto nacional y promover  el desarrollo con la ayuda de las ideas  de alg&uacute;n economista muerto cuyo  nombre ninguno sab&iacute;a a ciencia cierta.  Sin embargo, lo que algunos s&iacute;  sab&iacute;an era que el pa&iacute;s necesitaba ferrocarriles,  energ&iacute;a el&eacute;ctrica, equipos  agr&iacute;colas y puertos (Sandilands,  1990, 161). El arribo de la misi&oacute;n dirigida  por Currie era una respuesta  a esas inquietudes. Lo que &eacute;l hizo, lo  sabemos todos, habr&iacute;a de ir mucho  m&aacute;s all&aacute; de la aprobaci&oacute;n o desaprobaci&oacute;n  de una lista de proyectos. Estas  l&iacute;neas intentan sugerir una interpretaci&oacute;n  de lo que Currie logr&oacute; en  los casi cuarenta a&ntilde;os que vivi&oacute; y  pens&oacute; en Colombia. Tratan de resaltar  el papel de la historia, de lo contingente  y de lo particular en el desarrollo  de la pol&iacute;tica y de la teor&iacute;a  econ&oacute;mica. Tratan, tambi&eacute;n, de subrayar  el extra&ntilde;o tejido que se forma  cuando la historia de un individuo y  la de un pa&iacute;s se entrecruzan en circunstancias  particulares e irrepetibles.</p>      <p>En su primer recorrido por Colombia,  Currie se encontr&oacute; con una fiesta  para los ojos de un asesor internacional:  &quot;pobreza generalizada en medio  de una gran riqueza de recursos naturales  (...) bajo nivel de la administraci&oacute;n  p&uacute;blica y (...) falta de respeto  por la ley&quot; (Sandilands, op. cit., 164,  LC, de ahora en adelante). Cincuenta  y tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde el diagn&oacute;stico  podr&iacute;a ser el mismo, con una diferencia  terrible: el tiempo transcurrido.  Ni la pobreza generalizada ni la  desigualdad ni el bajo nivel de la administraci&oacute;n  p&uacute;blica ni la baja productividad  agr&iacute;cola ni la falta de respeto  por la ley han desaparecido.</p>      <p>Algunos rasgos, por supuesto, han  cambiado de forma, otros han empeorado,  pero el conjunto todav&iacute;a puede  pasar como una descripci&oacute;n realista  del estado de la econom&iacute;a colombiana.  Si tan poco ha cambiado, ¿cu&aacute;l fue  el efecto, entonces, del trabajo de  Currie en Colombia? ¿C&oacute;mo podemos  haber regresado al mismo punto despu&eacute;s  de m&aacute;s cincuenta a&ntilde;os de pol&iacute;tica  econ&oacute;mica para el desarrollo?  M&aacute;s a&uacute;n, ¿c&oacute;mo podemos estar en la  misma situaci&oacute;n si hoy el pa&iacute;s cuenta  con el grupo de economistas mejor  preparado que ha tenido en toda su  historia? Dejando a un lado cualquier  pretensi&oacute;n de interpretar la historia  colombiana de los &uacute;ltimos cuarenta  a&ntilde;os, y tratando de entender el papel  de la profesi&oacute;n en lo ocurrido,  adelanto la siguiente hip&oacute;tesis: los  resultados obtenidos por Currie como  asesor son el efecto de su independencia  relativa frente a las modas te&oacute;ricas,  a los organismos internacionales,  a las comunidades acad&eacute;micas y  al poder en general. Quiz&aacute;s el paralelo  con Keynes sea v&aacute;lido: s&oacute;lo asesores  o hacedores de pol&iacute;tica econ&oacute;mica  de una independencia extrema,  que ya se encuentren m&aacute;s all&aacute; del  bien y del mal con respecto a sus carreras y al &eacute;xito, pueden protegerse  de las tentaciones normales del  poder y de las modas. Las pol&iacute;ticas  econ&oacute;micas aplicadas en Colombia  despu&eacute;s de la intervenci&oacute;n de Currie  han sido de este mundo y han seguido  el vaiv&eacute;n de las modas te&oacute;ricas y  del poder de los organismos internacionales,  sin olvidar las peque&ntilde;as  disputas internas. Repito: es s&oacute;lo  una hip&oacute;tesis con respecto al papel  de la profesi&oacute;n econ&oacute;mica en lo ocurrido.  La historia del per&iacute;odo est&aacute; por  hacerse.</p>      <p><font size="3"><b>AFUERA, ADENTRO</b></font></p>      <p>¿De d&oacute;nde ven&iacute;a Currie? Los datos no  dejan lugar para la duda: Currie era  un economista canadiense que hab&iacute;a  participado en forma activa y crucial  en la planeaci&oacute;n y puesta en marcha  del <i>New Deal</i> del gobierno de Roosevelt.  Era, adem&aacute;s, un pensador original  que hab&iacute;a formulado, por su  cuenta, algunas de las ideas b&aacute;sicas  de lo que, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, habr&iacute;a  de proponer Keynes (Sweezy,  1993). Y era, tambi&eacute;n, un investigador  emp&iacute;rico que hab&iacute;a construido las  primeras series sobre la oferta monetaria  en los Estados Unidos, y en  el mundo conocido, en un tiempo en  el que los economistas m&aacute;s importantes  confund&iacute;an el cr&eacute;dito con el dinero.  Como habr&iacute;a de decirlo, muchos  a&ntilde;os despu&eacute;s, Richard M. Goodwin:  ¡Despu&eacute;s de un siglo de estar hablando  de dinero, nadie hab&iacute;a intentado  contarlo! (<i>LC</i>, 26).</p>      <p>En el a&ntilde;o de la llegada de Currie a  Colombia, el macartismo estaba en  pleno furor en los Estados Unidos, y  &eacute;l mismo (<i>LC</i>, 145) debi&oacute; declarar  ante el famoso Comit&eacute; de Actividades  Antiamericanas del Congreso  (HUAC, en ingl&eacute;s), que dirig&iacute;a el c&eacute;lebre  senador McCarthy. Para bien de  Colombia, Currie no pod&iacute;a regresar  a los Estados Unidos. Aunque Sandilands  (<i>LC</i>, 160), en su biograf&iacute;a, no  lo dice as&iacute;, es claro que optar por quedarse  en Colombia y renunciar a la  ciudadan&iacute;a estadounidense, en lugar  de regresar a los Estados Unidos,  implicaba que regresar al Norte en  esas condiciones era demasiado  arriesgado y costoso. En este mundo  posible Currie se qued&oacute; en Colombia,  dirigi&oacute; la misi&oacute;n del Banco Mundial  y se entreg&oacute;, despu&eacute;s del golpe de  Rojas Pinilla, a los suaves placeres  de la ganader&iacute;a de leche en la sabana  de Bogot&aacute;. Hay otros mundos posibles,  por supuesto. En otro, por  ejemplo, Currie habr&iacute;a regresado a  los Estados Unidos, habr&iacute;a superado  con valent&iacute;a la persecuci&oacute;n del macartismo  y alg&uacute;n director de Hollywood  habr&iacute;a hecho una pel&iacute;cula, ganadora  del Oscar, contando sus tribulaciones  en la pantalla. En otro mundo  posible habr&iacute;a sido exonerado de todo  cargo y habr&iacute;a regresado a Washington  como el gran art&iacute;fice de la nueva  pol&iacute;tica de desarrollo acelerado del  Banco Mundial. Pero esos mundos no  ocurrieron, y el &uacute;nico que conocemos  es &eacute;ste en el que Currie se queda en  Colombia y participa, como asesor,  investigador, profesor y escritor, en lo  que ser&iacute;a la &quot;invenci&oacute;n&quot; de la econom&iacute;a  colombiana, como profesi&oacute;n y  como realidad para el estudio y para  la transformaci&oacute;n. Aunque suene a  lugar com&uacute;n, a vano homenaje tard&iacute;o,  debo decir que la econom&iacute;a colombiana  de hoy no ser&iacute;a lo que es de no  haber mediado la presencia y la actividad  infatigable de Lauchlin Currie.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La llegada de Currie pone a la Colombia  de masacres, pobreza y bellos paisajes en contacto con un mundo  que le era extra&ntilde;o. El mundo de los  economistas profesionales, que hab&iacute;a  surgido del <i>New Deal</i>, y de las ideas  de Keynes, implicaba la existencia de  un pu&ntilde;ado de personajes a quienes  la divisi&oacute;n social e intelectual del trabajo  les hab&iacute;a concedido un poder inusitado:  el poder de cambiar el orden  econ&oacute;mico, a trav&eacute;s de usar las posibilidades  potenciales que ofrec&iacute;a el  sistema de mercado. Y Currie era uno  de los supremos y m&aacute;s entusiastas  practicantes de ese poder. Pi&eacute;nsese,  entonces, en lo que pudo haber producido  ese encuentro entre uno de los  economistas m&aacute;s fuertes del mundo  desarrollado, y un pa&iacute;s cuyo &uacute;nico  contacto con el mundo era el caf&eacute; que  exportaba hacia Estados Unidos y  Europa y los viajes de estudio o de  recreo de los miembros de su &eacute;lite. La  historia del impacto de Currie sobre  la econom&iacute;a colombiana es la historia  de este encuentro y de los distintos  caminos que tom&oacute; en el tiempo.</p>      <p>La precaria situaci&oacute;n colombiana le  permiti&oacute; a Currie pensar, como un  enigma o como un rompecabezas, entendido  a la manera de Kuhn, el problema  de c&oacute;mo lograr el desarrollo  sostenido de una econom&iacute;a aquejada  de la mayor parte de los males que  garantizaban el atraso y el estancamiento.  Ten&iacute;a la ventaja de venir de  afuera, de no ser colombiano, de no  pertenecer a la &eacute;lite del pa&iacute;s, o alguna  de sus facciones, de no estar matriculado  en ninguna de las escuelas  conocidas del pensamiento econ&oacute;mico,  de no estar a la moda de las &uacute;ltimas  corrientes de la teor&iacute;a econ&oacute;mica,  de no figurar (m&aacute;s tarde) en la  n&oacute;mina de las entidades internacionales  de cr&eacute;dito y fomento. Todo esto  llevaba a una sola conclusi&oacute;n verdadera:  sin compromisos con nadie, y  sobre todo sin compromisos directos  con la &eacute;lite colombiana, Currie siempre  pudo ser un pensador independiente.  Fuera del mundo de Washington,  sin el control directo de los organismos  internacionales de cr&eacute;dito,  trabajando como asesor en un pa&iacute;s  extranjero, Currie era el extra&ntilde;o que  pod&iacute;a ver mucho m&aacute;s que los nativos,  porque no ten&iacute;a compromisos con  nadie, salvo con su propio pensamiento.  En una profesi&oacute;n tan marcada por  la existencia de corrientes dominantes  (<i>mainstream</i>), por la presencia de  paradigmas con impacto real sobre lo  que se hace y c&oacute;mo se hace, y por instituciones  que generan lealtad y formas  cerradas de ortodoxia, trabajar  desde la posici&oacute;n del extra&ntilde;o que s&oacute;lo  responde a sus propios procesos de  pensamiento, y a sus interacciones  con colaboradores y cr&iacute;ticos, es algo  fuera de lo com&uacute;n, un evento extraordinario.</p>      <p>La presencia de Currie gener&oacute; una  ventaja adicional para el surgimiento  y consolidaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n  econ&oacute;mica y de la econom&iacute;a como profesi&oacute;n  en Colombia:</p>  <ul><i>&quot;Por su conocimiento de la teor&iacute;a econ&oacute;mica  contemp&oacute;ranea, por su situaci&oacute;n  privilegiada como asesor del gobierno  de Roosevelt (en pleno auge del  keynesianismo en los Estados Unidos),  por su vasta experiencia como asesor  internacional, Currie era el &uacute;nico economista  en Colombia que pod&iacute;a conversar  con la teor&iacute;a del momento y usarla,  adem&aacute;s, para fines de diagn&oacute;stico  y de pol&iacute;tica&quot; </i>(Jalil y Salazar, 1999,  subrayado en el original).    </ul>      <p><font size="3"><b>TEOR&Iacute;A DESPU&Eacute;S DE LA TEOR&Iacute;A</b></font></p>      <p>De un momento a otro, los economistas  colombianos &#45;y los que aspiraban  a serlo, sobre todo&#45; pod&iacute;an conversar con alguien que estaba en capacidad  de conversar con la teor&iacute;a  econ&oacute;mica contempor&aacute;nea, que ten&iacute;a  preguntas propias sin resolver, y que  al aplicar lo que sab&iacute;a no dejaba de  pensar en la formulaci&oacute;n te&oacute;rica m&aacute;s  adecuada para las ideas que la intuici&oacute;n  le hab&iacute;a dado. Pero esto no debe  conducir a la idea err&oacute;nea de la llegada,  desde tierras lejanas, del sabio  que lo sab&iacute;a todo. Si hubiera sido as&iacute;,  habr&iacute;a habido muy poco que aprender  de Currie. Lo que ocurri&oacute; fue distinto.  Currie lleg&oacute; con algunas intuiciones  acerca de la teor&iacute;a del crecimiento  sostenido. Buena parte de  ellas proven&iacute;a de su interacci&oacute;n con  Allyn Young, su profesor en Harvard  en los a&ntilde;os treinta. Pero no eran m&aacute;s  que intuiciones, fragmentos de un  todo posible que Currie todav&iacute;a no  hab&iacute;a logrado armar. El caso colombiano  le brind&oacute; la oportunidad de  buscar la teor&iacute;a que le permitiera formular  una pol&iacute;tica coherente de crecimiento  para la estancada econom&iacute;a  colombiana de esa &eacute;poca. Currie conoc&iacute;a  la teor&iacute;a de Allyn Young, pero  no ten&iacute;a una formulaci&oacute;n precisa de  ella. Le faltaba construirla y generar,  adem&aacute;s, las intuiciones que le permitieran  aplicarla al caso colombiano.  De alguna forma, sin embargo, la teor&iacute;a  ya estaba trabajando en su cerebro.  El propio Currie lo dice as&iacute; en  un art&iacute;culo sobre la ense&ntilde;anza de la  econom&iacute;a:</p>  <ul><i>&quot;Por ejemplo, yo supongo que durante  casi toda mi vida he sabido el significado  de la expresi&oacute;n <b>desempleo disfrazado</b>.  Sin embargo, no fue sino hasta  1961 que s&uacute;bitamente comprend&iacute; su  significado con respecto al problema  colombiano. El s&uacute;bito descubrimiento  de que en t&eacute;rminos econ&oacute;micos la mitad  de la fuerza laboral colombiana se  hallaba desempleada, fue la clave para  todo el an&aacute;lisis de contenido en la Operaci&oacute;n  Colombia. Si se perdona la pretensi&oacute;n  de la analog&iacute;a, vino a ser la  tradicional manzana que cay&oacute; sobre la  cabeza de Newton&quot; </i>(Currie, 1993, 337).    </ul>      <p>N&oacute;tese la forma en que Currie plantea  su llegada a una intuici&oacute;n decisiva.  Mediante procesos que no podemos  descifrar aqu&iacute;, Currie conoc&iacute;a el  significado del concepto de &quot;desempleo  disfrazado&quot;, pero no sab&iacute;a c&oacute;mo  aplicarlo a la econom&iacute;a colombiana.  La teor&iacute;a ya estaba all&iacute;, sin haber sido  encontrada una formulaci&oacute;n apropiada,  pero antes de llegar a &eacute;sta apareci&oacute;,  de repente, la intuici&oacute;n que aclarar&iacute;a  las implicaciones del concepto  para el problema colombiano. Esta  intuici&oacute;n, sin embargo, estaba atravesada  por lo anal&iacute;tico. La mitad de  la fuerza laboral colombiana estaba  desempleada, no seg&uacute;n la definici&oacute;n  del Dane, sino seg&uacute;n lo planteado por  la teor&iacute;a econ&oacute;mica: su producto estaba  muy por debajo de su nivel potencial.</p>      <p>Es en la <i>Operaci&oacute;n Colombia</i> en donde  aparece por primera vez su famoso  diagn&oacute;stico acerca de la deficiencia  de demanda en la forma de desempleo  disfrazado en el campo. Currie,  el pragm&aacute;tico que debe producir  un plan de desarrollo cualititativo  en muy poco tiempo se une al Currie  te&oacute;rico para desechar las teor&iacute;as  del desarrollo dominantes en el momento.  El cap&iacute;tulo 6 de su <i>Desarrollo  econ&oacute;mico acelerado</i> (1968) puede  leerse como un ajuste de cuentas con  esa fiesta metaf&oacute;rica que era la teor&iacute;a  del desarrollo de la &eacute;poca. Desde  la teor&iacute;a del &quot;despegue&quot; de Rostow,  pasando por las distorsiones del lado  de la oferta de Nurkse, y por la teor&iacute;a  de la causaci&oacute;n circular y acumulativa  de Myrdal (con el que, debe decirse, Currie &#91; 1968, 95&#45;96&#93; es injusto  en su evaluaci&oacute;n, quiz&aacute;s por que  en ese momento todav&iacute;a no hab&iacute;a resuelto  su propio problema te&oacute;rico),  hasta el Gran Empuj&oacute;n de Rosensestein&#45;  Rodan, el pragm&aacute;tico revisa con  los ojos de la intuici&oacute;n que dan muchos  a&ntilde;os de asesor&iacute;a internacional  las limitaciones de los diagn&oacute;sticos y  recomendaciones de las figuras dominantes  en ese campo. Como se trataba  de un festival metaf&oacute;rico (s&iacute;ntoma  de que las cosas no andaban del todo  bien en la teor&iacute;a existente), Currie  tambi&eacute;n acu&ntilde;a su propia met&aacute;fora:  la del rompimiento o de la ruptura  con el desempleo disfrazado del campo,  a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n de empleos  con mayor ingreso per c&aacute;pita en  sectores con elasticidades&#45;ingreso de  la demanda mayores a uno.</p>      <p>Pero lo que Currie no encuentra satisfactorio  en las teor&iacute;as existentes no  est&aacute; en el orden de lo pragm&aacute;tico. No  se trataba de hallar la poca pertinencia  o la ineficacia de las pol&iacute;ticas provenientes  de los te&oacute;ricos de moda. No.  El problema, aunque Currie no lo dijera  en forma expl&iacute;cita, era te&oacute;rico.  Lo que no hab&iacute;a en ninguno de ellos  era una teor&iacute;a del crecimiento que  permitiera fundamentar sus propuestas  pol&iacute;ticas. Currie, el pragm&aacute;tico,  detecta un problema del lado de la  demanda que los otros no han visto  (salvo Myrdal, para ser justos), embelesados  como est&aacute;n con la oferta,  el ahorro insuficiente, y las brechas  de capital y divisas. Pero el problema  que Currie se&ntilde;ala como de falta  de movilidad de la fuerza de trabajo  y por tanto, de deficiencia en la demanda,  tampoco est&aacute; fundamentado  en su trabajo, por la sencilla raz&oacute;n  que Currie, el pragm&aacute;tico, no le ha  dado suficiente tiempo a Currie, el  te&oacute;rico, para que hiciera la reflexi&oacute;n  requerida para llegar a una soluci&oacute;n  te&oacute;rica a un problema te&oacute;rico. Es tal  el ajuste de cuentas te&oacute;rico de Currie  que hasta se atreve a poner en duda  la secuencia optimista del desarrollo  econ&oacute;mico proveniente de la teor&iacute;a de  Smith &#45;la misma de la que su maestro  Young derivara la teor&iacute;a que vendr&iacute;a  m&aacute;s tarde a resolverlo todo&#45; y  en un arrebato subdesarrollista castiga  el optimismo de los que quer&iacute;an  aplicar la secuencia cl&aacute;sica a los pa&iacute;ses  subdesarrollados.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>¿Cu&aacute;ndo, entonces, lleg&oacute; el tiempo de  formular la teor&iacute;a del crecimiento en  forma expl&iacute;cita? Una vez planteada  la intuici&oacute;n que aparece en la Operaci&oacute;n  Colombia, y una vez planteada  y puesta en marcha la estrategia del  sector l&iacute;der, Currie se dedic&oacute; a pensar,  otra vez, el problema del crecimiento.  Es emocionante ver la serie  de art&iacute;culos que sobre los problemas  de las teor&iacute;as del crecimiento y del  desarrollo aparecen a comienzos de  los a&ntilde;os ochenta (como resultado de  reflexiones surgidas a finales de los  setenta en un grupo de discusi&oacute;n del  DNP, y en un curso de posgrado de  alguna universidad de Bogot&aacute; &#91;Currie,  1993, 195&#93;), y que s&oacute;lo terminan  muy cerca de su muerte, en 1993. Un  solo problema parece obsesionarlo:  c&oacute;mo encontrar una formulaci&oacute;n  exacta, exhaustiva y satisfactoria del  n&uacute;cleo de la teor&iacute;a del crecimiento  que su profesor de Harvard, Allyn  Young, hab&iacute;a planteado en su famoso  discurso de 1928, ante la secci&oacute;n F  de la Asociaci&oacute;n Brit&aacute;nica para el  Progreso de la Ciencia. Es el regreso  a una teor&iacute;a que no hab&iacute;a dejado de  estar, en forma impl&iacute;cita, pero siempre  activa, en el centro de sus trabajos  pragm&aacute;ticos en el campo del crecimiento econ&oacute;mico. El propio Currie  lo cuenta as&iacute;:</p>    <ul><i>&quot;El paso final de mi pensamiento sobre  el crecimiento &#45;al menos hasta la  fecha (1981: nota del autor)&#45; surgi&oacute;  como resultado de mis clases sobre el  tema en un grupo de discusi&oacute;n en el  Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n  y en una escuela de posgrado en Colombia,  a finales de la d&eacute;cada de 1970.  Esto me llev&oacute; a releer, despu&eacute;s de 50  a&ntilde;os, el notable discurso presidencial  de Allyn Young a la Secci&oacute;n F de la  Asociaci&oacute;n Brit&aacute;nica para el Progreso  de la Ciencia. Result&oacute; ser una experiencia  excitante, ya que me ofreci&oacute; la  necesaria acci&oacute;n catal&iacute;stica (sic) para  ligar muchas ideas aisladas&quot;. </i>(Currie,  1993, 195).    </ul>      <p>Entre el Currie del art&iacute;culo de 1981  y el Currie de su &uacute;ltimo art&iacute;culo sobre  la teor&iacute;a del crecimiento, hay una  diferencia decisiva. Mientras el primero  intentaba (como lo seguir&aacute; haciendo  en dos art&iacute;culos posteriores)  postular y demostrar la existencia de  una l&iacute;nea de continuidad neocl&aacute;sica  en la teor&iacute;a del crecimiento &#45;una l&iacute;nea  que comenzar&iacute;a con Smith, continuar&iacute;a  con Marshall y Young, y vendr&iacute;a  a completarse en nuestros d&iacute;as  con los trabajos de Solow y Fabricant  (Currie, 1993, 214)&#45;, el segundo  mostraba, en detalle, los puntos de  ruptura de la secuencia Smith&#45;Young  con los postulados de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica  del crecimiento, basada en la productividad  marginal de los factores.  En efecto, Currie introduce la distinci&oacute;n  indispensable, y muy poco notada  en la literatura sobre el tema, entre  la participaci&oacute;n de la mano de  obra, o de otro factor, en el ingreso  nacional y su contribuci&oacute;n al producto  y al crecimiento de &eacute;ste. La raz&oacute;n  es doble: de un lado, la relaci&oacute;n entre  contribuci&oacute;n y rendimientos es demasiado  tenue (expresi&oacute;n de Currie):</p>  <ul><i>&quot;La contribuci&oacute;n vendr&aacute; con el uso creciente  del invento, traducida en una  disminuci&oacute;n en los costos en general,  o en una mejora de la calidad&quot; </i>(Currie,  1993, 384).    </ul>      <p>Del otro, la verdadera magnitud de  la contribuci&oacute;n de un factor al crecimiento  no puede localizarse en un  sector sino que se extiende al conjunto  de la econom&iacute;a y es el producto de  las m&uacute;ltiples interacciones entre factores,  productos y mercados en una  econom&iacute;a capitalista. Dice Currie:</p>  <ul><i>&quot;El incremento de la productividad por  hora de trabajo en la agricultura de los  Estados Unidos da una cifra que est&aacute;  por encima de la del sector industrial.  Sin embargo, la mayor parte del incremento,  en t&eacute;rminos f&iacute;sicos, deber&iacute;a ser  atribuida a los avances logrados fuera  de la agricultura, especialmente en la  industria qu&iacute;mica. Por esta raz&oacute;n, Denison  (1989) cuestiona el valor de cualquiera  de los estudios sobre productividad  de la industria&quot; </i>(Currie, op. cit., 364).    </ul>      <p>El punto decisivo de Currie es que no  hay ninguna conexi&oacute;n necesaria entre  la teor&iacute;a de la productividad marginal  de los factores y la teor&iacute;a del  crecimiento. Incluso el art&iacute;fice de la  teor&iacute;a neocl&aacute;sica del crecimiento,  Robert Solow (1957) encuentra que  s&oacute;lo una m&iacute;nima parte del crecimiento  puede atribuirse a la contribuci&oacute;n  de los factores, y que la mayor parte  parece pertenecer al c&eacute;lebre residuo  en el que todo cabe: desde el cambio  t&eacute;cnico hasta el cambio institucional,  pasando por la cultura y el clima. Es  obvio que el haber elegido la funci&oacute;n  de producci&oacute;n neocl&aacute;sica para construir  una teor&iacute;a del crecimiento fue un recurso brillante para alguien que  trabajaba en la tradici&oacute;n de construir  modelos neocl&aacute;sicos. Pero Currie  nunca perteneci&oacute; a esa tradici&oacute;n. &Eacute;l  mismo confesaba que su capacidad  para trabajar con s&iacute;mbolos ni siquiera  se acercaba al promedio de los humanos  y que, por eso, prefer&iacute;a formulaciones  de tipo literario.</p>      <p>Sin embargo, el realismo de Currie  con respecto a sus capacidades matem&aacute;ticas  no explica del todo lo ocurrido.  En realidad, lo que hizo Currie fue  elegir una teor&iacute;a del crecimiento (que  podr&iacute;a convertirse en un modelo<a href="#nota1"><sup>1</sup></a>) por  fuera de la tradici&oacute;n neocl&aacute;sica del  equilibrio (aunque no lo viera as&iacute; en  un comienzo). Eligi&oacute; la olvidada y  muy poco usada teor&iacute;a del crecimiento  de Allyn Young, que combinaba un  mecanismo de crecimiento, que se  perpetuaba a s&iacute; mismo, con una econom&iacute;a  en desequilibrio. Young, modesto,  como no se cansaba de repetirlo  Currie, se hab&iacute;a limitado a afirmar  que lo suyo no era m&aacute;s que una variaci&oacute;n  en la obra maestra de Adam  Smith. Pero la variaci&oacute;n iba m&aacute;s all&aacute;  de la obra maestra hasta el punto de  lograr otra peque&ntilde;a obra maestra  independiente de la primera. En lugar  de plantear que el tama&ntilde;o del  mercado limitaba la extensi&oacute;n de la  divisi&oacute;n del trabajo, Young propuso  una variaci&oacute;n que consist&iacute;a en hacer  que la extensi&oacute;n y la profundidad de  la divisi&oacute;n del trabajo dependieran de  la extensi&oacute;n y de la profundidad de  la divisi&oacute;n del trabajo. Y no era una  tautolog&iacute;a, como lo aclar&oacute; Currie varias  veces, sino una forma distinta de  pensar el problema del crecimiento:  en lugar de verlo, en t&eacute;rminos contables,  como el efecto de la acumulaci&oacute;n  de capital, el crecimiento es visto  como una secuencia que se refuerza  a s&iacute; misma. Seg&uacute;n Currie:</p>  <ul><i>&quot;En otras palabras, la divisi&oacute;n del trabajo  determina la divisi&oacute;n del trabajo.  Esto no es tautol&oacute;gico si el proceso es  considerado en t&eacute;rminos de secuencias.  Tenemos entonces que el crecimiento  genera crecimiento, o que el crecimiento  es un proceso end&oacute;geno </i>(Currie,  1993, 381).    </ul>      <p>As&iacute; mismo, el Currie del &uacute;ltimo art&iacute;culo  cuestiona la novedad y pertinencia  de la nueva teor&iacute;a del crecimiento.  Siguiendo las premisas te&oacute;ricas de  Young, Currie encontr&oacute; un eslab&oacute;n  suelto en la armaz&oacute;n de la nueva teor&iacute;a  del crecimiento de Romer y Lucas:  no s&oacute;lo la nueva teor&iacute;a estaba  orientada hacia el lado de la oferta,  dejando a un lado el papel de la demanda,  sino que no presentaba una  conexi&oacute;n necesaria entre la disminuci&oacute;n  de los costos (v&iacute;a tecnolog&iacute;a y la  adopci&oacute;n de bienes no&#45;rivales) y el  aumento de la demanda (Currie, Ibid. ,  387). Currie reconoci&oacute; que en el enfoque  de Romer hab&iacute;a elementos de las  teor&iacute;as de Marshall y Young, pero detect&oacute;  que las imposiciones formales  de la teor&iacute;a del equilibrio general no  le permitieron ir lo suficientemente  lejos en la construcci&oacute;n de una teor&iacute;a  del crecimiento end&oacute;geno.<a href="#nota2"><sup>2</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero como lo se&ntilde;alaba Luis Bernardo  Fl&oacute;rez (1993, 450&#45;451), ninguno de  estos aportes originales de Currie a  la reconstrucci&oacute;n de la teor&iacute;a del crecimiento  y a la cr&iacute;tica de la teor&iacute;a  neocl&aacute;sica del crecimiento tuvieron  consecuencia alguna sobre el desarrollo  de la investigaci&oacute;n econ&oacute;mica en  Colombia. Por eso, no es sorprendente  que la arrogancia de los presentadores  y ejecutores del plan de desarrollo  del gobierno de Gaviria &#45;supuestamente  basados en las ense&ntilde;anzas  de la nueva teor&iacute;a del crecimiento&#45;  no les haya permitido, al menos,  hacer una lectura informativa del  aporte te&oacute;rico de Currie al problema  del crecimiento, antes de lanzarse a  las aguas peligrosas de los estudios y  modelos de moda y de la descalificaci&oacute;n  a ultranza de todo lo que no se  moviera dentro del horizonte de la  &uacute;ltima onda acad&eacute;mica del Norte.</p>      <p><font size="3"><b>EL PAPEL DE LOS  ECONOMISTAS</b></font></p>      <p>Esto me lleva de nuevo a la pregunta  que hiciera m&aacute;s arriba: ¿qu&eacute; ocurri&oacute;  en estos treinta a&ntilde;os, desde la puesta  en marcha del Plan de las Cuatro  Estrategias, para que todo est&eacute; de  nuevo tal como estaba<a href="#nota3"><sup>3</sup></a> a la llegada  de Currie en 1949? No voy a hacer ni  una lista ni voy a intentar una narrativa  r&aacute;pida de lo ocurrido en estas  tres d&eacute;cadas. Voy a concentrarme en  los cambios ocurridos en la profesi&oacute;n  y en la forma de hacer pol&iacute;tica econ&oacute;mica  en Colombia. El cambio m&aacute;s  fuerte ha sido la consolidaci&oacute;n de la  econom&iacute;a como una profesi&oacute;n a la  manera que existe en los Estados  Unidos. Es obvio que este cambio ha  estado restringido a las pr&aacute;cticas m&aacute;s  sofisticadas: aquellas que combinan  la asesor&iacute;a de alto nivel con la investigaci&oacute;n  y con la ense&ntilde;anza en ciertas  facultades de Econom&iacute;a. Lo que  no es equivalente a postular la existencia  de una comunidad acad&eacute;mica  en Econom&iacute;a en Colombia. Como lo  plante&eacute; en un trabajo anterior, no s&oacute;lo  no existe esa comunidad, sino que en  episodios como el del desencuentro de  Currie con los marxistas, como en el  posterior desconocimiento sistem&aacute;tico  de su aporte a la teor&iacute;a del crecimiento,  puede leerse la historia del  desplazamiento de la reflexi&oacute;n te&oacute;rica  por la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica  econ&oacute;mica del Estado. En el episodio  relatado en Jalil y Salazar (1999) el  desencuentro fue el resultado de la  evidente inconmensurabilidad de los  paradigmas desde los cuales se intentaba  pensar el problema del desarrollo  econ&oacute;mico. En el olvido sistem&aacute;tico  del trabajo posterior de Currie y  sus consecuencias te&oacute;ricas, el problema  va m&aacute;s all&aacute;: se trata de la inexistencia  en Colombia de las condiciones  y del clima para que la reflexi&oacute;n  te&oacute;rica genere rendimientos crecientes  y cree la masa cr&iacute;tica para la consolidaci&oacute;n  de un di&aacute;logo alrededor de  la teor&iacute;a econ&oacute;mica. En el caso de  Currie, su par&aacute;bola vital nos deja una  lecci&oacute;n: la reflexi&oacute;n te&oacute;rica no se detiene  nunca, los problemas siguen  all&iacute;, generando preguntas, buscando  la formulaci&oacute;n m&aacute;s precisa, reconstruyendo  el campo de la reflexi&oacute;n.</p>      <p>M&aacute;s a&uacute;n: el tiempo de la reflexi&oacute;n es  distinto del tiempo de la intervenci&oacute;n pragm&aacute;tica. Currie s&oacute;lo alcanz&oacute; las  consecuencias te&oacute;ricas de su intervenci&oacute;n  pr&aacute;ctica mucho tiempo despu&eacute;s,  en un tiempo que estaba m&aacute;s  relacionado con el famoso art&iacute;culo de  su maestro Young, m&aacute;s de cincuenta  a&ntilde;os atr&aacute;s, que con el presente de  pol&iacute;ticas pasajeras y planes de desarrollo  olvidables. Que su &uacute;ltimo art&iacute;culo  sea una cr&iacute;tica radical del uso  de la teor&iacute;a de la productividad marginal  de los factores para explicar el  crecimiento econ&oacute;mico es mucho m&aacute;s  que una an&eacute;cdota: es una lecci&oacute;n contundente  para los que al llegar al para&iacute;so  prometido del dise&ntilde;o y ejecuci&oacute;n  de pol&iacute;tica econ&oacute;mica cierran para  siempre las puertas de la reflexi&oacute;n y  se entregan a los placeres f&aacute;ciles de  la propaganda y de la repetici&oacute;n pedante  de las &uacute;ltimas modas.</p>      <p>La concentraci&oacute;n de los mejores recursos  de la profesi&oacute;n en la asesor&iacute;a  al Estado en materia de pol&iacute;tica econ&oacute;mica  debe ser considerada en sus  implicaciones fundamentales. Que  esa concentraci&oacute;n ha sido considerada,  desde hace tiempo, como decisiva  por los miembros m&aacute;s reconocidos  de la profesi&oacute;n puede verse en la dif&iacute;cil  relaci&oacute;n que Currie tuvo con sus  colegas de aqu&iacute; y de otros lugares en  los tiempos en que sus propuestas de  pol&iacute;tica estaban sobre la mesa. Sandilands  cuenta la violenta oposici&oacute;n  que el Plan de las Cuatro Estrategias  tuvo entre 1971 y 1972. Miguel Urrutia,  el actual gerente de la Junta Directiva  del Banco de la Rep&uacute;blica, y  en ese entonces ya miembro de esa  misma Junta, decidi&oacute; no s&oacute;lo dirigir  una oposici&oacute;n cerrada y radical al  plan de Currie, sino que trajo desde  Canad&aacute; a un par de Currie, y contradictor  suyo en pol&iacute;tica econ&oacute;mica  para el desarrollo, Gustav Ranis, con  el prop&oacute;sito expl&iacute;cito de arruinar la  aplicaci&oacute;n del plan (<i>LC</i>; 255). Ranis  defendi&oacute; la tesis de moda en el momento  en materia de desarrollo: la de  Harris y Todaro, y recibi&oacute; una respuesta  muy dura por parte de Currie.  El debate termin&oacute; en las p&aacute;ginas del  <i>Economic Journal</i>, a d&oacute;nde Ranis  envi&oacute; una nota cr&iacute;tica que Currie respondi&oacute;  en la misma forma. Como lo  narra Sandilands (<i>LC</i>, 256), el efecto  de la conferencia celebrada en la Universidad  de los Andes fue contraproducente  para sus organizadores: la  moral de los seguidores del plan se  elev&oacute; con la lucha y el llamado Grupo  de los Mi&eacute;rcoles comenz&oacute; a reunirse  en forma semanal. Uno de los seguidores  de Currie era Eduardo Sarmiento.  De nuevo, las cosas no parecen  haber cambiado mucho en estos  treinta a&ntilde;os.</p>      <p>Aunque el plan de Currie fue puesto  en marcha con evidente &eacute;xito, y aunque  las altas tasas de crecimiento de  los a&ntilde;os setenta nunca volvieron a  repetirse en Colombia, sus ideas fundamentales  dejaron de ser la gu&iacute;a de  la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en las d&eacute;cadas  de los a&ntilde;os ochenta y noventa. No  apareci&oacute; tampoco un nuevo Currie.  En lugar del pensador que pon&iacute;a en  marcha sus intuiciones, se consolid&oacute;  un sistema de relevos, a trav&eacute;s del  cual equipos de economistas, conectados  a distintas entidades internacionales  (el Fondo Mundial, el Banco  Mundial, la Cepal), propon&iacute;an alg&uacute;n  plan al pr&iacute;ncipe de turno, y lo ejecutaban  despu&eacute;s de los ajustes y cambios  correspondientes. Dos factores  contaban en forma crucial en el tipo  de plan y en sus alcances: la teor&iacute;a  del ajuste o de la estabilizaci&oacute;n que  el equipo profesaba y las instituciones  internacionales con la que estaba ligado. El primero variaba seg&uacute;n  la moda te&oacute;rica predominante en el  momento, v&iacute;a la orientaci&oacute;n de los  departamentos de Econom&iacute;a del Norte  en los que se graduaban sus practicantes.  El segundo depend&iacute;a de la  historia y de las preferencias de cada  uno. En ambos casos, la historia de  la orientaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica  en Colombia, tal como ocurre con  la historia de la teor&iacute;a econ&oacute;mica,  dependi&oacute; en una proporci&oacute;n muy alta  de las contingencias hist&oacute;ricas, sociales  y personales de la formaci&oacute;n de  los economistas participantes y de los  contextos en los que debieron interactuar.  E. Roy Weintraub, uno de los  historiadores contempor&aacute;neos del  pensamiento econ&oacute;mico lo plantea as&iacute;  en su &uacute;ltimo libro:</p>  <ul><i>&quot;Las contingencias de tiempo, lugar y  experiencia no son independientes de  las ideas que se expresan en tiempo,  en lugar y en experiencia. La gente tiene  opiniones acerca de la econom&iacute;a, y  las opiniones son formadas por la experiencia  social y personal (...) Las t&eacute;cnicas  particulares, las herramientas,  y los h&aacute;bitos mentales de los economistas  no llegan completos de la cabeza  de J&uacute;piter: m&aacute;s bien emergen en forma  imperfecta de las pr&aacute;cticas educativas  que inculcan ciertos h&aacute;bitos mentales  y ciertas t&eacute;cnicas del oficio&quot;</i>  (Weintraub, 2002, 270).    </ul>      <p>En el caso colombiano, esas contingencias  de tiempo, de lugar y de experiencia  condujeron a un giro radical  en el objeto de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica.  Mientras que para Currie, como  para las dos generaciones de economistas  que se forjaron o crecieron con  el New Deal, el objetivo de la pol&iacute;tica  econ&oacute;mica era buscar el pleno empleo  de la fuerza laboral y el crecimiento  acelerado de la econom&iacute;a, para las  generaciones posteriores el objetivo  era lograr las reformas estructurales  que garantizaran la acci&oacute;n plena y  libre del mercado. Sin embargo, la  orientaci&oacute;n de Currie, por su heterodoxia  particular, no puede interpretarse  con los ojos de hoy. Que nadie  intente situarlo, por fuera del tiempo,  en el campo de los opositores al  mercado o a la globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a.  Currie cre&iacute;a firmemente en  las explicaciones de mano invisible y  confiaba en la acci&oacute;n de las fuerzas  del mercado. Sus recomendaciones  apuntaban hacia lograr la mayor  movilidad posible de los factores y los  arreglos institucionales que permitieran  la acci&oacute;n plena del mercado. Un  observador desprevenido podr&iacute;a verlo  como un precursor de los asesores  de hoy. Pero no hay tal: a diferencia  de los asesores de hoy, Currie cre&iacute;a  que era posible alcanzar la senda de  m&aacute;ximo crecimiento a trav&eacute;s de acciones  de pol&iacute;tica econ&oacute;mica que,  como el sector l&iacute;der, garantizaran la  transici&oacute;n hacia un crecimiento m&aacute;s  acelerado.</p>      <p>A diferencia de lo que ocurre hoy con  la &eacute;lite de economistas colombianos,  Currie era un pensador que conoc&iacute;a  muy bien los vac&iacute;os te&oacute;ricos de su influyente  obra en materia de pol&iacute;tica  econ&oacute;mica. Esto puede parecer extra&ntilde;o  en un pensador que insist&iacute;a en  usar los conceptos te&oacute;ricos m&aacute;s sencillos  y elementales para producir  an&aacute;lisis y pol&iacute;ticas acerca de la realidad.  Si se trata de usar los conceptos  m&aacute;s b&aacute;sicos, ¿no bastar&iacute;a con ir al libro  de texto, encontrar el concepto  requerido y aplicarlo sin demora? He  aqu&iacute; la respuesta de Currie:</p>  <ul><i>&quot;Volviendo al problema central, el de  c&oacute;mo explicar un nivel de vida generalmente  bajo, yo sostengo que la teor&iacute;a m&aacute;s significativa se compone de los  conceptos muy sencillos pero muy b&aacute;sicos  que se encuentran en la econom&iacute;a  elemental. Lo que en apariencia  es extraordinariamente dif&iacute;cil es distinguir  su aplicabilidad y el modo de  usarlos adecuadamente&quot;</i> (Currie, 1993,  337).    </ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Podr&iacute;a decirse que se trata de la versi&oacute;n  econ&oacute;mica de aquel dicho que  todos conocemos, &quot;la prueba del bud&iacute;n  est&aacute; en com&eacute;rselo&quot;, pero no es as&iacute;.  El que quiera aprender a usar los conceptos  b&aacute;sicos de la teor&iacute;a econ&oacute;mica  de ese modo podr&iacute;a indigestarse con  ellos, o hasta disfrutarlos y engordar,  pero no aprender&aacute; mucho acerca de  su uso. El punto es que los conceptos  de la teor&iacute;a no vienen listos para ser  usados ni para ser consumidos. Hay  que aprender a usarlos y esto s&oacute;lo se  puede hacer a trav&eacute;s de su aplicaci&oacute;n  sistem&aacute;tica. Entre la teor&iacute;a del libro  de texto, o del art&iacute;culo de revista especializada,  y su aplicaci&oacute;n efectiva  a la soluci&oacute;n de problemas hay una  distancia muy grande que s&oacute;lo puede  ser superada mediante el oficio y la  construcci&oacute;n paciente de una heur&iacute;stica  propia.<a href="#nota4"><sup>4</sup></a> Por eso, en el caso de  Currie, la m&aacute;xima claridad acerca del  problema del crecimiento lleg&oacute; al final  de su vida, cuando hab&iacute;a logrado  decantar las intuiciones y las teor&iacute;as  con las que hab&iacute;a luchado durante  d&eacute;cadas. Se dir&aacute; que hay v&iacute;as o caminos  m&aacute;s econ&oacute;micos para llegar al  conocimiento. Que un economista  matem&aacute;tico podr&iacute;a haber llegado a los  mismos resultados por un atajo m&aacute;s  corto, con armas anal&iacute;ticas m&aacute;s potentes,  sin tantos rodeos verbales innecesarios.  Es posible. Pero es tambi&eacute;n  posible que ese joven economista  brillante no se hubiera atrevido a  jugar por fuera del paradigma dominante  y no se hubiera arriesgado a  perder su escaso tiempo en problemas  que no estuvieran en la agenda competitiva  del presente. Esto nos conduce  al problema decisivo del conocimiento  en cualquier disciplina: ¿vale  la pena apostar por una teor&iacute;a o por  un problema que no produce ning&uacute;n  dividendo te&oacute;rico en el presente y que  tiene, adem&aacute;s, un futuro incierto? La  respuesta m&aacute;s directa es que s&oacute;lo lo  har&aacute;n los que siguen el principio b&aacute;sico  de la tenacidad y se desv&iacute;an de  alguna forma, en una proporci&oacute;n  mayor o menor, del camino que produce  la utilidad m&aacute;s segura.</p>      <p>Dicho esto, debo colocar mi caso en  una perspectiva m&aacute;s exigente. Creo  que es dif&iacute;cil imitar la lecci&oacute;n de Currie  en toda sus implicaciones. Creo,  incluso, que no puede ser un modelo  a seguir para las nuevas generaciones.  Las mismas razones que lo hicieron  el economista m&aacute;s independiente  que uno pueda imaginar en  este mundo de comunidades acad&eacute;micas,  organismos internacionales y  altos salones de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica,  son las que lo hacen casi imposible  de imitar por alguien que quiera  realizar una carrera que, como la  suya, logr&oacute; combinar la influencia  pol&iacute;tica del m&aacute;s alto nivel, muy cerca  del o&iacute;do y del cerebro del pr&iacute;ncipe, con  la independencia m&aacute;s absoluta de pensamiento. Es posible lograr lo segundo,  al precio de olvidarse de lo  primero. O es muy probable lograr el  &eacute;xito al precio de sacrificar la independencia.  Comprendo que el caso de  Joseph Stiglitz podr&iacute;a usarse como  contra ejemplo. Stiglitz fue primero  un te&oacute;rico del m&aacute;s alto nivel, que corri&oacute;  el riesgo de apostar a teor&iacute;as alejadas  de la ortodoxia, aunque dentro  de sus l&iacute;mites, y que s&oacute;lo despu&eacute;s lleg&oacute;  al ejercicio exitoso e independiente  de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Pero hay  dos elementos hist&oacute;ricos y contingentes  que podr&iacute;an hacer su caso un poco  m&aacute;s d&eacute;bil como contra ejemplo. Se  requiri&oacute;, tambi&eacute;n, de la existencia de  un presidente amante del riesgo que,  como Clinton, apostara por el te&oacute;rico  de la excepci&oacute;n extra&ntilde;a &#45;como le  gustaba llamarlo a Dornbusch, desde  la orilla de la ortodoxia&#45;, y de un  extraordinario per&iacute;odo de prosperidad  inesperada para que este caso  parad&oacute;jico pudiera ocurrir.</p>      <p><font size="3"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>      <p>La relaci&oacute;n entre Currie y Colombia  es uno de esos extra&ntilde;os procesos que  resultan del cruce privilegiado y &uacute;nico  de m&uacute;ltiples factores hist&oacute;ricos y  de eventos personales. El que Currie  viniera del Norte y nunca perteneciera  del todo a Colombia (a pesar de sus  evidentes lazos con el pa&iacute;s en todos  los sentidos), le dio la independencia  que s&oacute;lo unos pocos pueden alcanzar  en el mundo de la pol&iacute;tica y de la teor&iacute;a  econ&oacute;mica. Viendo el estado actual  de la econom&iacute;a colombiana, los  tiempos de Currie suenan como una  &eacute;poca legendaria y lejana, casi irreal,  en la que la econom&iacute;a crec&iacute;a por encima  del 6% anual, y el asesor econ&oacute;mico  m&aacute;s importante pensaba que  era posible crecer con estabilidad en  los precios. Descontando los evidentes  cambios hist&oacute;ricos ocurridos, queda  la pregunta: ¿qu&eacute; les ha ocurrido,  en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, a los economistas  mejor preparados que ha  tenido el pa&iacute;s en toda su historia?</p>      <p><b>NOTAS AL PIE DE P&Aacute;GINA</b></p>      <p><a name="nota1">1. </a>Como de hecho lo hizo con Alvaro Montenegro (<i>LC</i>, 341, nota 11). El t&iacute;tulo del art&iacute;culo es muy elocuente:  &quot;Crecimiento con estabilidad: Un modelo&quot;.</p>      <p><a name="nota2">2. </a>La evoluci&oacute;n posterior del pensamiento de Romer en la materia lo condujo a romper con las formas de  modelar de la econom&iacute;a ortodoxa. La intuici&oacute;n de Currie result&oacute; correcta despu&eacute;s de todo.</p>      <p><a name="nota3">3. </a>Es obvio que hay diferencias entre los dos momentos, incluso progreso evidente. Lo que quiero resaltar es  la persistencia de ciertos hechos y la profundizaci&oacute;n de los rasgos m&aacute;s negativos.</p>      <p><a name="nota4">4. </a>Alguna vez en Cali, en 1982, Currie afirm&oacute; que no cre&iacute;a mucho en la sabidur&iacute;a de los economistas j&oacute;venes.  Dec&iacute;a que un buen economista necesitaba de la experiencia para alcanzar la sabidur&iacute;a. No hablaba  s&oacute;lo de su caso. Los economistas j&oacute;venes pueden construir modelos brillantes, sin duda. Pero la sabidur&iacute;a  requiere de algo m&aacute;s.</p>      <hr />      <p><font size="3"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Currie, L. 1993. &quot;Los objetivos del  desarrollo&quot;, <i>Cuadernos de  Econom&iacute;a</i>, No. 18&#45;19, pp. 163&#45;  188.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-5923200300010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1993. &quot;La teor&iacute;a en que se basa la  estrategia del sector l&iacute;der&quot;,    <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>,  No. 18&#45;19, pp. 225&#45;230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-5923200300010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1993. &quot;Allyn Young y el desarrollo  de la teor&iacute;a del crecimiento&quot;,    <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>, No.  18&#45;19, pp. 207&#45;224.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0123-5923200300010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1993/1965. &quot;La Ense&ntilde;anza de la  Econom&iacute;a (I). La Econom&iacute;a en  un pa&iacute;s en desarrollo&quot;. <i>Cuadernos  de Econom&iacute;a</i>, No. 18&#45;19,  pp. 329&#45;344.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-5923200300010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1993. &quot;La teor&iacute;a del crecimiento&quot;, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>,  No. 18&#45;19, pp. 377&#45;390.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0123-5923200300010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1984. <i>Evaluaci&oacute;n de la asesor&iacute;a  econ&oacute;mica a los pa&iacute;ses en desarrollo</i>.  Bogot&aacute;: Cerec&#45;Fescol.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-5923200300010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1968. <i>Desarrollo econ&oacute;mico acelerado:  La necesidad y los medios</i>.  M&eacute;xico: Fondo de Cultura  Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0123-5923200300010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Currie, L. 1961. <i>Operaci&oacute;n Colombia</i>.  Bogot&aacute;: C&aacute;mara Colombiana  de la Construcci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-5923200300010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, L.B. 1993. &quot;Pol&iacute;ticas econ&oacute;micas  y crecimiento: Temas de  reflexi&oacute;n para esta d&eacute;cada&quot;,    <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>,  No. 18&#45;19, pp. 439&#45;461.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0123-5923200300010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jalil, M. y B. Salazar. 1999. &quot;La investigaci&oacute;n  acad&eacute;mica en Colombia:  Del vac&iacute;o a la comunidad  virtual&quot;, en J.A. Bejarano,  ed., <i>¿Hacia d&oacute;nde va la  ciencia econ&oacute;mica en Colombia?</i> Bogot&aacute;: Tercer Mundo,  Colciencias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0123-5923200300010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sandilands, R.J. 1990. <i>Vida y Pol&iacute;tica  Econ&oacute;mica de Lauchlin  Currie</i>. Bogot&aacute;: Legis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0123-5923200300010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Weintraub, E.R. 2002. <i>How Economics  Became a Mathematical  Science</i>. Durham: Duke University  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0123-5923200300010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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