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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">The Political Economy of Food</font></p>     <p>Friedmann, H. (1982). The political economy of food: the rise and fall of the postwar international food order. The American Journal of Sociology. Vol. 88. Supplement, Marxist inquiries: studies of labor, class and states, 248-246.</p>     <p>Friedmann, H. (1982). The political economy of food: a global crisis. New left review, 197, 29-57.</p>     <p><b>Juana   Afanador</b>*</p>     <p>* Estudiante, Departamento de Lenguajes y Estudios   Socioculturales, Universidad de los Andes. Correo electr&oacute;nico: <A href="mailto:juafana@uniandes.edu.co">juafana@uniandes.edu.co</A></p> <hr size="1">     <p>La Segunda Guerra Mundial transform&oacute; definitivamente el orden geopol&iacute;tico   mundial: Estados Unidos se erigi&oacute; como gran potencia y el mundo se dividi&oacute; en   dos bloques pol&iacute;ticos claramente divididos. En esta serie de dos art&iacute;culos muy   influyentes, Harriet Friedmann usa el concepto de R&eacute;gimen Alimentario para   describir el sistema bajo el que se reorganizaron las relaciones alimentarias   mundiales en la posguerra. En el primer art&iacute;culo, de 1982, Friedmann hace un   an&aacute;lisis del primer r&eacute;gimen alimentario, que va desde la posguerra hasta los   a&ntilde;os setenta, y en el que Estados Unidos se ratifica como potencia y mayor   exportador agr&iacute;cola del momento. Debido a los subsidios e incentivos que se   establecieron desde finales de los 30, as&iacute; como al alto grado de   industrializaci&oacute;n de la agricultura, la producci&oacute;n de granos en Estados Unidos   comenz&oacute; a exceder ampliamente la demanda interna. A esta sobreproducci&oacute;n se   sumaba un problema de tipo pol&iacute;tico: el recrudecimiento de la Guerra Fr&iacute;a hac&iacute;a   imperativo que Estados Unidos fortaleciera su esfera de influencia en los pa&iacute;ses   del Tercer Mundo. Con la Ley P&uacute;blica (PL) 480 de 1954, mediante la cual se   aprobaron grandes donaciones de trigo y otros cereales a pa&iacute;ses pobres, se   "mataron dos p&aacute;jaros de un solo tiro". Estados Unidos utiliz&oacute; las donaciones   para ganar adeptos durante la Guerra Fr&iacute;a y, al mismo tiempo, deshacerse de la   sobreproducci&oacute;n de trigo. Sin embargo, esta medida tuvo un impacto profundo   sobre la sociedad, la econom&iacute;a y las pr&aacute;cticas alimenticias de muchos   pa&iacute;ses.</p>        <p>  El mayor problema, seg&uacute;n Friedmann, es que las ayudas   alimentarias desincentivaron la producci&oacute;n interna de granos en los pa&iacute;ses del   Tercer Mundo y convirtieron las otrora sociedades agr&iacute;colas autosuficientes en   sociedades de consumo masificado, anticipando la dependencia agr&iacute;cola que se   vive actualmente. El caso que se usa como ejemplo de los efectos nocivos de la   PL 480 es justamente el del trigo en Colombia. Debido a la entrada masiva de   trigo estadounidense, el consumo de grano importado pas&oacute; de 22% en 1951 a cerca   de 90% en 1971. Este r&eacute;gimen alimentario de la posguerra caer&iacute;a en los a&ntilde;os   setenta con las grandes compras de grano por parte de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (que   eliminaron, de hecho, las grandes reservas de grano estadounidense), y se   instaurar&iacute;a un nuevo r&eacute;gimen alimentario, que la autora analiza 11 a&ntilde;os despu&eacute;s,   en su art&iacute;culo "The Political Economy of Food: A Global Crisis".</p>          <p>  En su   escrito de 1993, Friedmann describe las nuevas relaciones y reglas posteriores a   la crisis de los setenta y la ca&iacute;da del r&eacute;gimen de la posguerra. A diferencia   del primer art&iacute;culo, en &eacute;ste discute los roles del bloque sovi&eacute;tico y asi&aacute;tico,   y deja claras las consecuencias y el legado del r&eacute;gimen alimentario de la   posguerra. Por un lado, el bloque sovi&eacute;tico se convirti&oacute; en uno de los mayores   compradores de granos norteamericanos, abriendo de esta manera una grieta   irreparable en el orden alimentario posterior. Por otra parte, pa&iacute;ses como   Jap&oacute;n, con importantes pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n agraria, despu&eacute;s de la ca&iacute;da del   socialismo se vuelven importantes importadores de soya y trigo, que se empiezan   a integrar a su dieta. Es importante ver c&oacute;mo Friedmann resalta la integraci&oacute;n   de un nuevo producto en la dieta de una naci&oacute;n y la significativa penetraci&oacute;n   cultural que esto implica.</p>          <p>  Otro de los cambios reveladores del orden o   desorden alimentario es la aparici&oacute;n de nuevos pa&iacute;ses agr&iacute;colas que abren sus   puertas al mercado y que facilitan nuevos intercambios, que desestabilizan el   panorama alimentario de la posguerra, lo que deja en evidencia la diferencia   entre los pa&iacute;ses del Tercer Mundo que exportan y aprovechan el auge del petr&oacute;leo   y los que cada vez son m&aacute;s pobres. Un ejemplo interesante que utiliza Friedmann   es Brasil como pa&iacute;s exportador y en proceso de industrializaci&oacute;n, que no   descuida su producci&oacute;n agr&iacute;cola y al mismo tiempo desarrolla la industria,   creando un equilibrio, a diferencia de la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses del Tercer   Mundo.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Independientemente de las configuraciones m&aacute;s recientes, Friedmann   enfatiza que el antiguo r&eacute;gimen alimentario dej&oacute; un legado de dependencia y   subordinaci&oacute;n alimentaria como consecuencia de las nuevas jerarqu&iacute;as globales   entre pa&iacute;ses del norte y pa&iacute;ses del sur, que intensifican la desigualdad y la   desestabilizaci&oacute;n pol&iacute;tica de los pa&iacute;ses subdesarrollados.</p>          <p>  Lo que   seguir&iacute;a despu&eacute;s de este r&eacute;gimen alimentario tampoco ser&iacute;a muy alentador, seg&uacute;n   Friedmann, ya que las condiciones agroalimentarias ser&iacute;an reguladas por   corporaciones agroalimentarias que se centran en la comida como una industria de   bienes y servicios, que cambian el rol de la agricultura. La autora propone   pensar en una base social para una pol&iacute;tica alimentaria democr&aacute;tica, que parta   de movimientos para generar empleo, seguridad alimentaria, cuidado ambiental e   integridad cultural, y que vaya m&aacute;s all&aacute; de la promoci&oacute;n de la comida   norteamericana que ya se ha insertado en los niveles locales. Esto sin olvidar   que el &eacute;xito local agroalimentario depende de la creaci&oacute;n de nuevas   instituciones internacionales que integren las escalas local y   global.</p>          <p>  Los dos art&iacute;culos de Friedmann, que pueden verse como una serie   coherente, son fundamentales a la hora de aproximarse y tratar de entender el   r&eacute;gimen y el orden alimentario mundial. As&iacute; mismo, nos abren el espacio para   preguntarnos sobre la naturaleza de algunos de los fen&oacute;menos de dependencia   alimentaria del Tercer Mundo, sus causas y consecuencias, y los efectos que   vivimos hoy en d&iacute;a como resultado de procesos hist&oacute;ricos.</p>     </font>      ]]></body>
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